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martes, 2 de diciembre de 2014

Interstellar.


Padre Nolan, qué estás en los cielos...

Es manifiestamente evidente que el mundo de la cinematografía en su género más fantasioso, la ciencia ficción, ha cambiado mucho en las últimas décadas, prevaleciendo la acción sobre el atrevimiento y las ideas. Las películas dedicadas al scifi en tiempos pasados se recreaban con historias repletas de criaturas inventadas llegadas desde otros planetas y viajes lineales en el tiempo y el espacio, ahora se tiende hacia el cómic o la posible búsqueda de respuestas para establecer teorías basadas en la nueva realidad.
Pero, como todo ha cambiado con los nuevos éxitos cosechados en el terreno de la cosmología y los avances técnicos en las expediciones espaciales. El cine de los últimos tiempos, trata de convertir las guerras de las galaxias en aventuras épicas y sesudas sobre la supervivencia humana, volcándose en el realismo más que en la imaginación.

No es de extrañar, de tal manera, que uno de los filmes imprescindibles de todo buen aficionado a la ciencia ficción sea de los favoritos del director de Christopher Nolan. Ya que muchas de las suposiciones que el gran Stanley Kubrick ideó en la historia del hombre moderno mirando al espacio exterior, han ido apareciendo en el horizonte de Interstellar, con más o menos bríos, sirviendo de fuente o ejemplo para muchos cineastas actuales. Entre ellos C. Nolan director nacido en Londres, con películas como Memento o The Dark Knight Rises. Lógicamente, algunas cosas han cambiado desde que el mono se alzase al espacio en los años ochenta, sobre todo, técnica y visualmente, pues el desarrollo digital ha revolucionado la forma de concebir el cine.
Si es para bueno o no, ya se verá con más perspectiva ´kubrickiana`.

2001: una odisea del espacio, fue resultado de una mente privilegiada para aspectos visuales y el estudio de las posibles capacidades técnicas del hombre en el futuro. Esto es, la imaginación.
Kubrick confeccionó una de las historias fantásticas más relevantes en el devenir de la historia del Séptimo Arte; ya que aparecían las grandes preguntas que han inquietado y sugestionado a los cineastas y artistas de nuestra época, dirigiendo los comportamientos o aptitudes del ser humano en el pasado hacia una nueva visión.
Una perspectiva evolutiva que aún no ha cerrado su círculo, y al que se van añadiendo nuevas capas. Magnitudes esféricas que se van convirtiendo en las protagonistas de estas aventuras cósmicas, ya mostradas en el filme relativo a la odisea espacial y ahora modificadas con las imágenes espectaculares de los rastreadores humanos.

Personalmente, he intentado desprenderme de los rasgos de la pieza maestra de Stanley Kubrick (con mucha dificultad) y no fijarme en todas las opiniones positivas más los prejuicios ocasionados por la crítica más agresiva frente al llamado “nolanismo”.
Sentado en la buta, dispuesto a orbitar en una gozosa aventura, me entregué a la observación de un espectáculo visual y sus innovaciones cinematográficas. Sin embargo, no he hallado muestras de dicha espectacularidad (las imágenes de diferentes universos, ya no es tan eficaz como antaño), ni restos de una epopeya dramática, fuera de los vórtices del sentimentalismo más ñoño.

Más al contrario, me he alargado como una extensión de la mente en el cuerpo vacilante, y he cubierto las dos horas y cuarenta minutos de duración entre frustración intelectual y aburrimiento generalizado. Poco o nada, se recuerda de la existencia de conceptos artísticos o miradas conceptuales del diseño de escenarios, y mucho menos de la poesía visual de la Odisea de Stanley. Los recursos técnicos no son suficiente carga para abastecer los deseos de un buen aficionado a la ciencia ficción, viendo espectaculares imágenes por las ventanas de una nave y una parte de su fuselaje. A no ser por la tecnología de una nave que parece aprovechar los nuevos avances en la resistencia de las estructuras frente a la velocidad y la atmósfera, para significar una mayor maniobrabilidad en las acciones del vuelo espacial.
La ambientación requería más explicaciones en el espacio exterior, pero principalmente aquí, en la Tierra.

No voy a profundizar demasiado en el aspecto científico y las derivadas que florecen del filme Interstellar, pues aparecen como un falso maquillaje de profundidad. Por ejemplo, si nos centramos en elementos esenciales como el mantenimiento de una vez que permanece en el espacio por un periodo tan extenso, o se oculta el proceso involutivo de una persona abandonada en el insondable vacío existencial. La singularidad del universo multiplicado en el abastecimiento de provisiones o la amenazante reserva de oxígeno tan relajada como obviada, para conseguir avanzar en el tramo final.
Tampoco haré demasiada “sangre” con ciertas resoluciones al considerar un robot como paradigma de la evolución científica del cerebro humano, cuando se asemeja más a una "gacheto" torre de alta fidelidad al estilo de los noventa, convertible en rueda dentada o remolino salvador.

Me he plegado entre agujeros negros, intentado penetrar en el horizonte de sucesos sin tener claro como alcanzar la velocidad de la luz, abarcando todo el espacio y tiempo necesario para doblegar el bostezo, con una propulsión extraordinaria aportada por un litro de café y paciencia infinita ante unos diálogos bastante mediocres, y he conseguido que el Tirón de Gargantúa no me tragara como un gigante hambriento de sueños, aguantando hasta los títulos de crédito. Pues, en su parte última está la esencia de una película que no necesitaba de tanta abstracción ni mensaje pesado durante tantos minutos de metraje.
Jaleado por los universos paralelos, me he estirado como la espina dorsal de un gato, entrando en el núcleo a través de la ergosfera en estado inmaculado, y no me he quedado traspuesto entre la cuarta o quinta dimensión de mi butaca del cine. Entre las estrellas, descafeinado, he resistido hasta el final. Quizá, lo más interesante.

¡Quédate! Decía mi mente... Pero, esta se debatía entre alterar el estado de las cosas o mirar de soslayo la esfera de mi reloj, en unos minutos que parecían no avanzar las manecillas.
No he contemplado aquella ansiada poesía conceptual, ni explicaciones de las incógnitas que surgen en la Tierra apocalíptica ni en un viaje de millones de kilómetros, por el intento de salvación de toda una especie.
Sólo me encuentro, una y otra vez, con palabras cargadas de contenido letárgico.
Y rostros cansados, demacrados, sin fuerzas para cumplir la misión de entretener, son los restos de una civilización que se destruye a sí misma, o es la imagen de unos actores circunspectos ante las pretensiones del director.

He visto cosas que vosotros no creeríais... a Matthew McConaughey entre sollozos, gimoteos y sentimentalismo barato, a la interpretación con menos brillo en la carrera de Jessica Chastain de las que he podido ver. A un robot con carisma entre una cafetera y un chistoso de sin gracia, a Matt Damon alejado de papeles de héroe y con sus músculos perdidos en la inmensidad gravitatoria, con Michael Caine centrado como siempre pero lejos también de ser recordado por este papel. Siento que tengo a Anne Hathaway atragantada (no en la garganta de Gargantúa) desde hace alguna película... y a Nolan creyéndose un máster del universo con su cámara de última generación, olvidándose de los buenos diálogos.

Interestellar no me aporta mucho artística ni visualmente aunque entiendo la fascinación por teorías nuevas, sobre todo de los más jóvenes, pero escasea de ideas científicas o premoniciones de algo más intangible. Así que estamos ante la lucha de la ciencia ficción o la imaginación, por supuesto, y un filme de entretenimiento.
Lejos de la obra maestra de Kubrick, siento esta película desprovista de emoción o suspense más allá del infinito, y con cierta tendencia al lagrimeo artificial. Una ocasión perdida de rememorar odiseas y consagran personajes míticos.
Es mi opinión... Recordando que no por tener opiniones contrapuestas sobre una obra, se es enemigo de nadie.

** Regular **

INTERSTELLAR Soundtrack - 05. Stay (Hans Zimmer)


INTERSTELLAR Soundtrack - 07. The Wormhole


2001: A Space Odyssey 1968 - Movie Soundtrack(Music By: Aram Khachaturian, Richard Strauss...)


jueves, 27 de noviembre de 2014

The Zero Theorem.


Del 75 al cero.

Lleva en su espíritu observador y curioso, la pasión por la imagen y las historias que cuestionan conceptos únicos en el ser humano. En el conocimiento y la experiencia de sus setenta y cuatro años (recientemente cumplidos, felicidades por muchos más) ha concebido una carrera como director de cine, simplemente, peculiar y atractiva. Siempre al borde de la frontera de lo real y lo imaginario, naciendo desde sus comienzos como animador y dibujante cuando sus ideas se impregnaban de surrealismo mágico, ácidas interpretaciones de la sociedad y el comportamiento humanos, y un sentido del humor que llamaría a las puertas de los cinco ingleses más alocados en el mundo cinematográfico, the Monty Python.
Terry Gilliam nacido en Minneapolis, fue el único no inglés del grupo cómico que se convertiría a la nueva religión británica de la metafísica filosófica, la crítica más atinada y la magia del conocimiento.

Sin duda, los que nos vemos atrapados por esos mundos plagados de surrealismo, nos acercamos a Gilliam y sus películas como los adeptos a una droga con necesidad de sentir efectos distintos a la realidad del exterior.
El problema es que sus aportaciones se van espaciando cada vez más en el tiempo, y este sentimos que se nos agota. Estamos ante los comienzos de una nueva época y aquellos que se preguntaron ciertas cosas en su existencia, se acercan con curiosidad e imaginación a la época que se aproxima inexorablemente. Quizás en un ejercicio de autocrítica, para ver en que estado se encuentran esos sueños que se cumplieron, y otros no.
Como aquel superhéroe que tendría que escapar de la injusticia y los crímenes cometidos por una sociedad retrógrada, estancada en su visión del mundo, así tendrían que bautizarle con el sobrenombre de Capitán Caos.

Con Zero Theoreme vuelve a acometer alguno de aquellos temas que le inquietaban en el pasado, como el hecho preguntarse cuál es el motivo de todo lo que nos rodea, el destino de los hombres y su objeto, y sobre todo, si es cierto lo que estamos viviendo o sólo somos una pequeña cantidad de energía que está separada (y a la vez unida) del resto de los ciudadanos.
Esta búsqueda astronómica, con una premisa en forma de teorema matemático, es la excusa para que Gilliam nos vuelva a recrear el estado de las cosas en una historia entre lo futurista y la distopía, y con un amor desdibujado entre la frialdad sexual y el absurdo distanciamiento.

En muchas ocasiones, el mundo de Terry Gilliam pertenece a los personajes atrapados en su conciencia, (simplemente un espejo personal y crítico) dónde las pesadillas surrealistas y las relaciones tiene su sello característico, repletas de cierto barroquismo estético y los rostros ampulosos. Observamos a través de su mirada, los planos que identifican su abstracta opinión también seña de identidad del grupo británico, jugueteando con los tiros de cámara más excitantes sobrecargados de información y los grandes claroscuros que ocultan personalidades obtusas. Seres atrapados en un destino incierto.
Sus protagonistas poseen actitudes entre la locura y la genialidad, ocultos en un halo de misterio en sus pensamientos caóticos.

Estéticamente Zero Theoreme tiene recuerdos de anteriores filmes, paralelismos con otras famosas películas míticas construidas con su ingenio. Pero, en esta ocasión el director y sus sueños han tenido que contar con un recorte (no sé si buscado u obligado) en la producción, limitando las habituales y monumentales estructuras que derivaron de su privilegiada cabeza. Así, se da un vuelco al aspecto visual y espectacular, por la interpretación más cercana si cabe aún de este singular reparto encabezado por Christoph Waltz y un guion no firmado por el director, como habitualmente nos tenía acostumbrados.
El personaje de Qohen Leth, interpretado entre la convulsión y la contemplación de un hombre maduro, se envuelve de una aventura filosófica y metafísica para intentar acercarnos a la mente del director, con semejanzas a El Rey Pescador, algún viaje de Doce Monos o el Brasil de la década de los ochenta. Hermanas de sangre, aunque separadas por una calidad técnica fruto del recorte y los formatos digitales a modo de postal o videojuego barato.

En la película, el papel de Waltz tiene tantos matices que es fácil perderse en ellos (incluso pienso que él mismo anduvo algo errático en el trayecto), así como de algunos compañeros que se envuelven e esta locura racional y onírica a partes iguales. Una bella y sexy actriz francesa Mélanie Thierry se convierte en su escudera de andanzas y pensamientos lúdicos, lúbricos; Matt Damon y Tilda Swinton en sus registros cada vez más habituales, el excéntrico personaje de David Thewlis y el joven Lucas Hedges proveniente de los mundos igualmente imaginarios de Wes Anderson.
Sin embargo, no todo es tan fácil como visualizar sus interpretaciones, pues identificarse con ellos requiere de un esfuerzo supremo en este filme porque deambulamos por momentos de lucidez con otros que abren puertas a la confusión absoluta. El público puede salir con demasiadas preguntas, o simplemente olvidándose de la historia en un abrir y cerrar de, sueños.

Preguntas sobre la racionalidad y la imaginación, lo personal y lo universal.
Un mundo en que los sueños, como alucinaciones ocultas, se viven dentro de una realidad virtual que chocaría con ciertas disquisiciones moralistas o científicas, en trabajos que transforman a los seres humanos en meros observadores sin participación. Y cuyo motor final es la investigación para llegar a alcanzar el nirvana o la muerte física, por una puesta de sol infinita.
El guion de Pat Rushin está confeccionado con una mixtura de materiales y ecuaciones secundarias al personaje de Waltz, con una relación sentimental tan fría como poco creíble, definitivamente desarmada de atractivos visuales y descompuesta psicológicamente hacia una profunda superficialidad. La mujer irá perdiendo sus rasgos atractivos e inteligentes para convertirse en una extravagancia manufacturada y falsa.

Sin embargo, la película se fundamenta en los procesos internos del cerebro y la inteligencia artificial que se potencia hasta el infinito, creando una sociedad paralela de deseos e inquietudes sobre el existencialismo del hombre, y en general del mundo. Un individuo solitario que siente su vacío existencial entre diferentes presiones sociales, como el trabajo o la religión, el amor o el sexo, buscando una respuesta a mayor escala. La respuesta poética estaría en un futuro universal retratado como una secuencia perdida, que pudiera significar la marcha atrás en nuestra existencia. O el paraíso inmóvil.
El problema es que la instantánea que nos ofrece el filme es demasiado errático visualmente, y su aspecto estético se diluye entre procesos digitales de calidad dudosa y escenarios poco edificantes tratados en un proceso de editado simplista. Así que, en cierta forma, el resultado visual es algo decepcionante para un admirador de la filmografía de Terry Gilliam.

El punto de fuga este Teorema que tiende al infinito o al final más estático, es que sus estructuras son rancias (poca originalidad probablemente debido al presupuesto) y la escasa profundidad en las distintas ramificaciones temáticas, entre la desgana o las lagunas argumentales. Con ideas poco trabajadas, diálogos que van decayendo tragados por un agujero negro que engulle todo lo que empezó animosamente, o secuencias diluidas en una trama que se pierde por este desagüe estelar, tanto el trabajo dedicado de los actores como su interesante premisa inicial. Por tanto, el desarrollo es tan errático como sus dos últimas películas Tideland o The Imaginarium of Doctor Parnassus. Creo que estamos perdiendo a Terry para el Séptimo Arte, cuando necesitaríamos de su Sentido de la Vida de nuevo.

Exponencialmente, hecho en falta unos personajes secundarios con más importancia en el artificioso orden que se pierde en un todo, es decir más estratificación de las partes del guion, e igualmente más diversidad de escenarios. Codo contribuye a esta extrañeza, a esta situación de pérdida en el Teorema de Zero.
¿Al final seremos ángeles o demonios, despreocupados?
Como podrían haber dicho algunos de los componentes satíricos de los Monty Python, todo el producto predestinado al fracaso, tiente al cero o al infinito.

** Regular **

Karen Souza - Creep (The Zero Theorem Soundtrack)

The Zero Theorem - Main theme (Soundtrack/OST by George Fenton)


Creep - Radiohead

Karen Souza - Creep (Live)

sábado, 22 de noviembre de 2014

Boyhood.


Educando la Personalidad.

Producir y filmar una película requiere su tiempo, por supuesto, y esfuerzos hercúleos en los tiempos que vivimos, se podría decir que es semejante a un parto. Pero, en el caso de Boyhood el hecho diferencial es que se trata de un proyecto que tiene la perspectiva de una vida.
Este chico interpretado por Ellar Coltrane en distintas edades, puede significar el relanzamiento de una carrera y un futuro para él, si consigue centrarse en el trabajo de actor.

En el filme dirigido por Richard Linklater se produce un hecho curioso, consistente en que las secuencias rodadas como pequeñas entidades separadas tienen el objeto de construir una historia sobre la familia americana. Aunque, bien visto, en la actualidad los núcleos familiares se han ido mimetizando en la mayoría de sociedades modernas y los episodios que se cuentan en Boyhood son universalmente conocidos.

Los hijos, esa entidad familiar que sufre los vaivenes emocionales de sus padres. El fruto de sus relaciones personales, y una visión particular de los comportamientos internos de las familias, así como un reflejo al exterior de sus actitudes desproporcionadas para su tiernas mentes. Sin embargo, el protagonista de esta esforzada película se convierte en un espejo de la inteligencia endurecida por las circunstancias personales y por la mirada de Linklater.
Los adultos y su complejidad son la excusa perfecta para recrear la institución familiar desestructurada y los cambios en la personalidad según afecten los factores externos a sus protagonistas, tanto mayores como jóvenes.

Pero, el verdadero fruto de esta concepción es el tiempo.
Boyhood se convierte en las manos del director en una extensión de su punto de vista, el fruto de su trabajo durante un periodo extenso de contactos entre él y los actores (algunos de ellos comenzarían como en una especie de juego y acabarían como verdaderos profesionales), exhaustiva realización y evolutiva concepción de un rodaje impactante. Que captará tanto los aciertos como los errores de su propia idiosincrasia en los diferentes momentos en los que se planta la cámara sobre ellos.
Atrapados o libres dependiendo de su propia edad, sobre todo cuando se producen las decisiones que marcarán sus vidas, y cómo éstas se ven a través de los ojos infantiles de dos hermanos. Chico y chica, amigo e hija propia.

En esta película, el protagonista es el tiempo en los cuerpos y las mentes de sus protagonistas, principalmente del joven Coltrane, pero también para unos actores acertadísimos especialmente seleccionados por el propio director, ya que han pertenecido en su mayoría a su lista de elegidos en otras producciones anteriores. Observamos su conversión dramática o rutinaria, desde la edad temprana de los juegos a otras etapas más turbulentas en cuánto a la toma de decisiones, es decir la madurez emocional. Pasando por etapas que reflejarán los defectos y virtudes de los diferentes miembros del reparto, influyendo en el crecimiento y desarrollo social del niño. Todo contribuye a su realización como adulto, impregnándose de métodos educativos y faltas graves en la conducta por parte de los mayores que le acompañan, familia y amistades. Hasta llegar a establecer sus propias relaciones personales con el sexo femenino.

Siempre con el punto de vista de Liklater que realiza su trabajo más minucioso, aunque con alguna fuga de interés. Se esfuerza durante los años de rodaje y montaje en captar escenas importantes o cotidianas de las relaciones de esta familia, compuesta por padre y madre divorciados y dos hermanos con personalidades diferentes. Sobre ellos, recaen las continuas observaciones a modo de amenazas que tratan de influir en sus jóvenes vidas, y los sacrificios que tendrán que afrontar para desarrollar sus personalidades en construcción.

Comenzamos como los nuevos tiempos, mostrando una sociedad convulsa desde el núcleo familiar hasta el mundo educativo y laboral, la toma de decisiones erróneas que marcarán su evolución cuándo los padres (demasiado jóvenes a su vez) se deslizaron entre el deseo y la responsabilidad. Y las consecuencia, como siempre, las sufrieron los vástagos. Es verdad que, ahora, es corriente este tipo de separaciones mas no deja de ser una frustración para los pequeños ver que sus padres no se comprenden. Con el tiempo, llegarán otras relaciones que harán buenas las primeras barreras o distancias físicas entre la paternidad de primera instancia.

Para Cinecomio, el filme se divide en tres partes diferenciadas según la edad de los protagonistas, en especial de Boyhood. Enmarcadas en las diferentes etapas de su desarrollo y la complejidad argumental de la situaciones, pues los momentos elegidos deambulan entre lo trascendente y lo cotidiano, entre causas-efectos y anécdotas en conversaciones privadas. Parecido a echar un ojo a la cerradura de una casa particular, pero conocida por todos.
Fundamental el trabajo de post-producción, imaginamos a Linklater y su equipo devanándose los sesos para encajar las piezas, en un puzzle del tamaño de una pequeña vida. O al menos, de esos doce años de trabajo cinematográfico e interpretativo. Un aprendizaje para todos, incluso los más maduros intelectualmente.

En esta selección de secuencias, momentos señalados más o menos importantes como las instantáneas de un fotógrafo oculto tras las cuatro paredes de su propia hogar, descubrimos a unos actores elegidos por su gran talento y profesionalidad. Como los maravillosos Patricia Arquette y Ethan Hawke, con Marco Perella, Steven Chester Prince que participaron en anteriores rodajes del director de Houston (Texas) y el crecimiento paralelo de su hija Lorelei Linklater.

Primera etapa. El estadio infantil de juegos, que observan y no comprenden los comportamientos de los mayores, como si el juego se hubiera detenido demasiado pronto y los chicos tuvieran que profundizar en temas que no afrontan otros compañeros de su colegio. Esta época es la más significativa porque marcará el carácter y la personalidad en su vida adulta, tomando en consideración las promesas incumplidas y las faltas de cariño, así como, el esfuerzo en la educación de una madre que no se verá recompensado. Al menos, en esta película.
Los protagonistas durante este primer tercio están absolutamente brillantes y conmueve su trabajo.

Segunda etapa. La variable e indefinible pubertad, que demuestra los altibajos en el carácter de los jóvenes y también de sus interpretaciones, pues se desdibuja su trabajo entre acnés y personalidades demasiado endebles. Como si no tuvieran (y no tenían) bastante asumido su responsabilidad ante la cámara, con escenas algo forzadas y demasiado violentas que subrayan esta volatilidad y credibilidad ante las escenas que se suceden ante nuestros ojos. El alcohol se presenta amenazador, pero a la vez impredecible, así que nos agarra desprevenidos sin protección y nos zarandea, de igual forma que a los jóvenes aprendices de actor. Es un período grave y necesario, aunque coquetea con un cierto desbarajuste que enfría el guion.
Este argumento errático que funciona a saltos en este tramo, también provoca cierto enfriamiento en parte del elenco. Aunque claro, esto es un hecho particular que probablemente otros espectadores no detecten, o no piense de igual forma.

Tercera etapa. La toma de responsabilidades, aparece cuando empezábamos a salir de la historia y nos vuelve a sumergir en procesos reconocibles por la mayoría. Siempre desde un punto de vista político y social particular del director.
Los pequeños han crecido en profesionalismo y su trabajo hace bien al resto de la producción o de nuestra atención como público, además de las nuevas incorporaciones a la trama que dan empaque a los sentimientos. Se produce el síndrome del nido vacío que proporciona el dramatismo y la frugalidad de la convivencia bajo el mismo techo. A partir de ahí, cada uno elegirá su camino para bien o para mal y tomará responsabilidad de sus propias acciones. Incluso tendrá el derecho a confundirse como sus propios padres, quizá no se vuelvan a encontrar a menudo y las comunicaciones serán más frías y distantes. Es posible que se reúnan en ciertas celebraciones, y la atracción comience en un amanecer cualquiera de su vida en el futuro.

La música generacional acompaña a la acción, siempre desde la decisión personal de Linklater, lo cual es muy de agradecer por tener una melodía que sintoniza con el buen gusto.
A pesar de esa etapa intermedia, de cambios y vaivenes interpretativos, mi calificación que tendía a lo interesante, volvió a tomar el camino del notable.

**** Notable ****

En la Banda Sonora de Boyhood:

Family of the Year - Hero


Gotye - Somebody That I Used To Know


The Hives - Hate to Say I Told You So



The Black Keys - She's Long Gone


Gnarls Barkley - Crazy

jueves, 13 de noviembre de 2014

Locke.


Una noche sin manos libres.

Aquella noche, un tono de llamada del móvil todo lo puso en movimiento. Al otro lado de la comunicación, un hombre de gesticulación ruda se ponía al celular.
- Hi, I´m Ivan Locke!


Pero, curiosamente lo que parecía ser una película atractiva y de acción trepidante, se quedó colgada a la escucha de un nuevo aviso. Tan solo hace unos meses, Ivan Locke no pensaba que su vida cambiaría de una forma tan radical y repentinamente, y sin apenas moverse de su asiento al volante.
Pues, aquello que sustentaba su esforzada vida como técnico de la construcción se venía al suelo, no por el hormigón endurecido con el que levantaba sus edificios sino por las decisiones que había tomado en algún momento concreto. Errores o decisiones críticas, lo suelen llamar.

En la película Locke, el director británico Steven Knight se conecta con su personalidad doble de guionista para adentrarse en la dirección de su segundo largometraje. Y, paradójicamente cuenta con la personalidad de un actor como Tom Hardy (Warrior, El Caballero Oscuro: la leyenda renace) que se reconoce por sus dotes interpretativas y un aspecto físico llamado para empresas colosales. Sin embargo, Knight se propone otra visión muy distinta para su protagonista, entre deslumbramientos en la lluvia y luces intermitentes en la carretera como si fuera un espejismo o ilusión.

Es singular que un filme con un puñado de personajes que entran y salen constantemente de la historia, sin embargo no aparezcan visualmente en ella. Porque la totalidad del aspecto fotográfico recae en las sensaciones de su encorsetada filmación, y en la fisonomía de Hardy que ofrece un recital de gesticulación y estados de ánimo, en una interpretación casi perfecta.
Aunque, como diría Edgar Allan Poe, allá por el siglo XIX: "No tengo fe en la perfección humana. El hombre es ahora más activo, no más feliz, ni más inteligente, de lo que lo fuera hace 6000 años". Y a esa supuesta fe, que el hombre es más activo dedicándose a muchas cosas sistemáticamente, sus momentos de ocio, sus relaciones, el trabajo, su familia... pero, no ha demostrado ningún atisbo de resultar más inteligente, ni mucho menos, feliz.

Como todo intento de perfección, el filme Locke con su simbología de irrealidad demuestra que algunos aspectos repetitivos en las imágenes que retrata, no son favorecedores de los momentos dramáticos del argumento, muy al contrario se embarca en un viaje monótono de sonidos y reflejos en nuestro vidrioso ojo, como tics que resecan e irritan por igual.
Está claro que el director nacido en Marlborough (condado de Wiltshire) quería acercarse a la city londinense, en una apariencia fantasmal y para ello, le corta las piernas. Porque Tom Hardy, se coloca en el asiento de piloto y observamos sus gestos de cara al espectador a través, desde fuera y dentro del parabrisas, demostrando que el músculo no está reñido con la personalidad y el saber estar.

Durante algo menos de hora y media, se propone a un Hardy con amplio abanico de registros y expresividad gesticular, igualmente que su voz en todas las tonalidades de dolor, duda, profesionalidad, enfado, desconfianza, ira, angustia, tristeza, hilaridad, compasión, locura, irreverencia, debilidad o resignación. Con aquellas otras voces de rostros que no aparecen, más bien son etapas en el transcurso de su éxodo hacia otro lugar.

Todas esas palabras que conforman la historia de Locke provienen de personas que no conocemos, pero que se hacen imprescindibles para que el interés del espectador no se venga abajo, por falta de una planificación anterior. Para ello, el guión en las ´manos libres` de Knight se vuelve la parte, iba a decir más importante, más bien única que alimenta el motor de esta película. Por tanto, es una pena no reconocer el bello rostro de su compañera Ruth Wilson (El Llanero Solitario, Saving Mr. Banks) o Olivia Colman (Arma Fatal o la voz británica de Arrietty); mientras que por el lado masculino nos hallamos un buen número de actores británicos de diferentes registros y generaciones, proponiendo sus voces como acompañamiento a Hardy.
Ellos son Ben Daniels (Jack el Cazagigantes, Andrew Scott, Danny Webb (Alien 3, Sherlock), Tom Holland (Lo Imposible) o Bill Milner (Son of Rambow, X-men: Primera Generación).

Por otro lado, Locke es un filme elaborado en un espacio reducido, semejante a otros que se verían atrapados en la mínima expresión de escenarios como El Coleccionista de William Wyler o Sola en la Oscuridad de Terence Young. Luego, vendría la recordada y magistral Cabina de Antonio Mercero, que lanzaría una moda de encierros y fosos o zulos, hasta llegar a la conocida por todos Buried recreándose en el reduccionismo de espacios.
Está escasez de movilidad puede producir un agotamiento en las formas de interpretación y su relación con el público, cansado y excitado por la repetición de planos, la reducida visibilidad o la limitación de espacio para actuar y colocar la cámara. Es un hecho que el director se encuentra con sus manos atadas, recreando la libertad de movimientos al celular del protagonista y produciéndose una paradoja.

La película en su totalidad es como este comentario que escribo, que parece entregado a las características de la acción (escueta) y por el contrario no se conoce muy bien la ruta de su argumento. Esto es, que lo aparente no es siempre el motivo para acercarse a un personaje, pues se puede estar produciendo una evasión de su finalidad, dando al traste con las expectativas creadas.
Está claro que el director demuestra su buen gusto por la conversación y la palabra (dadas sus aptitudes de narrador y guionista), y que Tom Hardy es uno de los actores actuales más singulares, paradigmáticos y virtuosos, con sus trabajos en el cine. Pero, el guión se ve arrinconado o en un punto muerto, cuando miramos por el retrovisor al camino recorrido... y no lo reconocemos.
¡Nos hallamos perdidos!

Todo el trayecto hemos estado mascullando con Hardy, metiéndonos en la piel de Locke y sus esfuerzos para hacerse entender a través de una aparato diabólico. Hemos aguantado, cláxones y luces caleidoscópicas discurriendo por gotas de lluvia en el parabrisas, soportado chillidos y llantos de sus hijos y las mujeres que han pasado por su vida, teléfonos de jefes y empleados jadeantes como perros ante la presa. Y aún así, estamos perdidos en un final que ha jugado con nuestras mentes, sin saber muy bien para qué.
Los viajes suelen ser de dos sentidos, hacia el interior o el exterior, como la comunicación que depende del emisor y el receptor. O nuestro amado cine.

Al menos, el recorrido no ha sido muy largo, hemos pasado un buen "o mal" rato con el protagonista de su aparente vida, aunque el resultado haya sido esquivo y diluido, como un fantasma en el asiento trasero.

- I´m Locke, Ivan Locke... and I´m very lost.
And You?

*** Pasable **

lunes, 10 de noviembre de 2014

12 Years a Slave.


12 Years a Slave, ni un minuto más.

12 años en la vida era en el siglo XIX, momento de la historia de esta ignominia, con la trata de seres humanos. Doce años era una quinta parte de sus vidas. El perderse el crecimiento de un hijo pequeño.
Esta no es una mala película. Quizás no esté a la altura enorme de otras competidoras de este año en los Oscar´s, pero es necesaria de contar y dar a conocer al gran público.

Un viaje intenso a la bella y musical Nueva Orleans (Louisiana) puerto de entrada de los esclavistas y recreada en 4 plantaciones existentes. En ellas (se pueden visitar en la actualidad), recorremos las difíciles vidas y los espacios donde eran explotados los hombres, mujeres y niños de raza negra. Salir de una conjuntada y divertida New Orleans, con sus calles pintorescas y edificios coloridos del centro junto a esas vías comerciales modernizadas, es muy recomendable para ver in situ las grandes casonas a campo abierto.
Adentrarse en la naturaleza más salvaje junto al río Mississippi, ver extensiones de campos de maíz o algodón y visitar las casas coloniales, es una joya para el viajero. Moverse en verano, por esta región y comprobar el asfixiante calor en sus riberas, refleja la dureza del trabajo a la intemperie de aquella época. Observas las estancias de los amos y la de los esclavos, y sus catres para descansar sus cuerpos lacerados por el cuero del patrón o Massa.

El director londinense Steve McQueen en 12 Years a Slave, viene de rodar una obra colosal con su anterior filme Shame. Y ahora nos presenta otra diferente aún más vergonzosa historia, sobre las capacidades horrorosas de los seres humanos con sus semejantes. La explotación en el trabajo no es demasiado importante, comparado con la esclavitud del alma, ambas cosas sumadas producen una muesca fatídica en la Historia del Hombre.

Sin embargo en el aspecto técnico, compruebo un guion de John Ridley un poco lineal, sin demasiadas particularidades además de lo ya comentado. La extensa duración tampoco le hace justicia al proceso de deshumanización de su protagonista y escritor del original, Solomon Northup interpretado por Chiwetel Ejiofor, muy correcto.
Otra causa de esa línea sin picos prometedores o de calidad, son unas interpretaciones poco motivadoras para el espectador, con escasos matices que busquen la sorpresa. Prácticamente, el recorrido de Solomon por las manos y látigos de sus distintos negreros, se mueve dentro de un mismo registro de actuación. Y eso, que todos son grandes actores.
El montaje es otro punto conflictivo, pues encadena sonidos con secuencias siguiendo un patrón que puede llegar a confundir. Haciendo hincapié en un virtuosismo fotográfico y un abuso de la planificación y del uso machacón de la música creada por Hans Zimmer. Repetitiva hasta la saciedad.

Sin duda el acierto anterior de películas como El Color Púrpura o incluso de series reconocidas mundialmente como Raíces, marcaban con mayor altura emocional, la vida de los explotados como cosechadores, y de los hombres que les hacían aquella imposible. En la cinta Spielberg daba una relevancia a la música, convirtiéndose en otro personaje esencial de la historia. En 12 Años de Esclavitud es una excusa… una pena tratándose de Nueva Orleans.
Recordar que el jazz del sur de Norteamérica tiene aquí su sede, captando las influencias de la música antillana y afroamericana. Después nacería en Nueva Orleans el rhythm and blues (delta blues) influyente de mi pasión, el rock and roll. Tiene su frío reflejo en escasas escenas de la película.

Por último no creo que nos actores estén mal, sería muy injusto por mi parte, solamente no puedo destacar a ninguno por su excelencia. Aunque alguno en particular me parece un poquito por debajo de sus enormes posibilidades ya demostradas.
En definitiva, un visionado necesario.

El conocimiento del terror de nuestra historia es evidente para no volver a repetirse, pues la sangrante separación de los seres queridos es demasiado cruel para cualquier ser humano. Y los trabajos forzados actuales no llegan a esas circunstancias, pero deben de ser denunciados. Cinematográficamente he echado en falta más inspiración, más acusación de los terribles sucesos y de los explotadores… y un Steve McQueen con mucha más Hunger.

*** Interesante ***

Call Girl


La corrupción de finales del 70... nos invade.

Suecia a pesar de su avanzada sociedad, también sufriría los excesos de sus representantes públicos, malgastando el dinero de los impuestos de sus ciudadanos. Lo que ocurre es que sucedió en la década de los setenta, y el mundo o sus naciones no estaban preparados para la lucha contra las corruptelas de todo tipo, incluido los EEUU.
En cambio, en España llevábamos un retraso de varias décadas, ante los avances de los demás países de nuestro entorno debido en gran parte a la salida de la guerra civil y el terrorismo, que golpearía durante años y todavía sufrimos sus consecuencias. Call Girl es una película que hace referencia en sus título a las jóvenes muchachas que trabajan como chicas de compañía de aquellos poderosos y de mente casquivana.

Una nueva cinta de calidad de la cinematografía escandinava, dirigida por Mikael Marcimain en su primer trabajo para la gran pantalla y ha conseguido cierta relevancia en determinados festivales. Gracias a un elaborado guión de Marietta von Hausswolff, libre de prejuicios y convincente en la factura de la historia contada, basada en hechos reales acaecidos y no esclarecidos durante el gobierno del socialdemócrata Olof Palme.
La factura en la recreación de la sociedad sueca de 1976 que mantiene la película es adecuada y precisa, con vestuario y ambientación perfectamente conseguidos, bajo los efectos de la investigación casi policiaca y las fiestas privadas con elevado caché de sus participantes.

Call Girl se divide en dos historias paralelas que reconstruyen los hechos que discurrieron durante las elecciones, con miembros de la alta sociedad (e invitados de otras nacionalidades) sumergidos en una trama corrupta de alcohol, drogas y prostitución. Una vía transcurre por la exhibición de la prepotencia de una banda organizada y las fiestas enfebrecidas que realizan para sus clientes, siguiendo los pasos de dos menores de edad que caen en las redes de esta red de proxenetismo en unos momentos de libertad exacerbada. Pero, también remarca los abusos por el consumo y la trata de blancas con violencia, en un mundo en que se ven imbuidas las dos jóvenes, escapadas de un centro de integración social.
Por otro lado, se desarrolla la preocupación del mundo que las rodea y la investigación policial, ambas separadas pero interesadas en desentrañar las oscuras relaciones entre las protagonistas y el antes distanciado mundo político de excesos.

El asunto es tan fangoso que recuerda otras épocas más actuales, e incluso me recuerda que hubo invitaciones de políticos españoles y de otras nacionalidades a esa especie de burdel para delegados y diplomáticos. Pero, realmente se basa en la figura del Ministro de Justicia llamado Lennart Geijer y los intentos del gobierno de Palme por silenciar las informaciones aparecidas en algún periódico de la época, e incluso, los miembros policiales que se vieron obligados a quemar la famosa lista de clientes.
Así, como acallar su relevancia en la campaña política.

Uno de los puntos más importantes, además de la laboriosidad del equipo, es la interpretación de todos sus actores participantes, con realismo y eficacia. Entre ellos, destacan como dos ángulos de acción la joven Sofia Karemyr y el actor también sueco Simon J. Berger que interpreta al detective que investiga la trama, a pesar de las presiones. Y también, la entregada fisonomía y expresividad de Pernilla August (desde Fanny y Alexander hasta Star Wars: la amenaza fantasma) para dibujar el retrato de esta madame alocada y casquivana. Este triángulo de actores y generaciones dan empaque a Call Girl para resolver la historia con garantías de éxito.

La corrupción generalizada de una sociedad debe ser analizada y denunciada, aunque hayan pasado años de su aparición, para recordarnos que la actividad pública tiene que ser transparente y justa. Los estamentos y sus miembros de alto standing, aparecen como el auténtico fraude de nuestra aparente libertad, que se convierte en un teatro para títeres recordando que nosotros somos los únicos capaces de cortar los hilos de la esclavitud ideológica. Como la prensa y la policía fuera de los ámbitos de intimidación u ocultación.
Aquí, tenemos a unos inspectores de policía, más o menos comprometidos con el caso. Luchando contra el fraude y la propia integridad de sus acciones como defensores de los ciudadanos. De aquellas chicas que se envuelven en la misma decrepitud moral que la sociedad, en manos sucias de sus captadores y manipuladas para guardar silencio. Todo bajo el reclamo de una vida de lujos económicos y relaciones de representación que se verá encauzada a la fuerza hacia la esclavitud sexual.
Y sino, entienden a razones... ya saben a lo que se enfrentan.

Curiosamente, quedaría como otra cinta o thriller político sin más, a no ser de la relevancia actual y su paralelismo con otras circunstancias más cercanas a nuestro país. Sin embargo, no es la única conexión con España pues en Call Girl, participa una actriz que pertenece al ámbito profesional del director sueco con la participación en capítulos del Inspector Wallander y nacida en las Islas Canarias, ella es Ruth Vega Fernández, realiza un pequeño papel pero interesante por su atractivo; además de la selección a concurso del filme en el festival de Sevilla (SEFF) que se desarrolla en estas fechas.
En definitiva, es una acumulación de características que hacen atractiva la visualización del filme, en sentido emocional o artístico de los acontecimientos que cuentan en la realización de Call Girl.

Cuando la recaudación de los dineros del ciudadano se malversan en otros beneficios personales, a través de las redes mafiosas, se produce una relación bipolar entre los poderosos y los vilipendiados. Chicas y ciudadanos maltratados por los resortes de estos peligrosos juegos de vicio y crimen organizado.

*** Buena ****

Nota: aquí aprovecharé a anunciar que el tema de la corrupción institucional, será recurrente en mi próximo relato largo (porque no me atrevo a llamarlo libro) y primero en escribir de mis propias manos. Un reto y una satisfacción personal.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Jack Ryan: Shadow Recruit.


Jack no era Bond.

Kenneth Branagh ha vuelto a dirigir, el británico se ha decidido a intervenir de urgencia en la política y los hombres de acción norteamericanos, para rescatarles de su aspecto desgarbado y demasiado llamativo, para darles un poco de su flema flemingniana.

Jack Ryan vuelve a su comienzos novelescos, y posa sus pies en una novela que recuerda a espionajes de grandes corporaciones, a guerra fría entre países del viejo telón de acero. Busca a su primera novia, para contar la historia de un error convertido en amor, de un silencio por su actividad secreta que la lleva al peligro y la muerte comunista. Comunismo convertido en capitalismo, en vil dinero, el terror de la gulag transformada en cuentas bancarias internacionales y primas de riesgo. Al hundimiento de la nación como en los viejos tiempos, por caídas de los muros monetarios mediante el terrorismo y el crack bursátil.

Kenneth se reserva el papel del terror silencioso, y ronroneante del gato siamés soviético, con viejas cuentas a saldar con el imperialismo yanqui (ahora huele un poco pero como no precisan el tiempo en que transcurre), más con el estilo sobrio del conquistador enfebrecido con las bellas damas, encarnadas por la novia Keira Knightley, y de paso dar un golpe en los morros al Jack de turno, interpretado por un esmerado Chris Pine.

Todas estas buenas intenciones, de sacar a relucir el lado más OO7 del agente del FBI, se quedan en los primeros minutos o secuencias en lujosos hoteles a la orilla del Kremlin, porque allá se va Ryan, a dar vueltas sin parar por las cercanías de la Plaza Roja (como reclamo, por otro lado, una maravilla para visitantes foráneos empequeñecidos ante tanta magnificencia), y alguna prometedora escena de acción con sabor al Bond luchando por su vida. Luego, todo se vuelve más mecánico, artificial y menos novelesco. Por no decir, romántico o sexual.
Resulta hasta empalagosa, en cierta forma, en las relaciones entre parejas. Él con ella, el ruso con Jack, y con ella. Entre agente y jefe del FBI, interpretado por un recuperado Kevin Costner conservando el tipo, entre hijos y padres enloquecidos por la causa, pero fríos como el hielo en un vaso de vodka. Para terminar con una parafernalia en el centro de Manhattan, llevada por los pelos, las bombillas, las alcantarillas, y acabando en explosión de sentimientos encontrados. Lo típico.

Te queda como un regusto a buena película desperdiciada, de espionaje empresarial, de asesinos a sueldo exóticos, frases grandilocuentes pero predecibles del futuro de la cinta, escenarios repetidos en exceso, demasiado viaje en coche, avión o helicóptero, y un amor algo distante para el caso en que se desarrollan los miedos, o celos, o nada. Vamos que no me los creo, ni con sub-trama de rehabilitación de heridos en guerra.

Esta es la última película sobre el personaje creado por la imaginación del autor Tom Clancy, con diferentes resultados en la gran pantalla, como en el caso de nuestro inolvidable James Bond, que unas pican y otras no, como pimientos de padrón. Veamos:
La caza del Octubre Rojo (1990) - Alec Baldwin
Juego de patriotas (1992) – Harrison Ford
Peligro inminente (1994) – Harrison Ford
Pánico nuclear (2002) - Ben Affleck.


Yo las veo, un poco faltas de ese picante sexual y atractivo a lo galán de Bond, por no comentar, las chavalas o malvadas de la muerte orgásmica. Quizás debido a los autores de la adaptación Adam Cozad y David Koepp, resultan complicadas en su concepción, pero simples como el mecanismo de un chupete-rodaje, nada que ver con los gadgets ideados para combatir el mal de antaño.

Kenneth araña el viejo polvo, pero se queda en lo superficial. Una pequeña marca sobre la madera de roble, y sin fumar, ni reír, no daiquiris en la playa ni trajes de baños, ni tiburones con dientes de acero, sólo él y Jack, un duelo.
Hubiera hecho gracia verle algún cara a cara con el bueno de Kevin. Lo mismo partírsela entre ambos por unos minutos habría tenido más chispa. Cosas del guion escrito originalmente, supongo.

Mi nombre es Ryan, Jack... cualquier parecido con otros es pura casualidad. Buen acompañante al título, esta Operación Sombra. Pues eso.

** Pasable **

domingo, 2 de noviembre de 2014

El Niño.


Fronteras profundas.

En cada franja de terreno los jóvenes se aferran a sus héroes o mitos, según determinados roles sociales o culturales. Según el dinero, u otras fronteras espirituales.

Los norteamericanos inventaron a seres mirando las estrellas, hombres y mujeres enmascarados o irreales, éstos les hacían vivir otras vidas y recorrer otros mundos.

Sus amigos protagonistas en filmes y cómics les sacaban de los estragos de la guerra y de sus barrios repletos de racismo y desajustes clasistas, barridos por las drogas y la violencia. Desde las grandes ciudades del norte hasta los desiertos del sur y sus pasos fronterizos se marcaban las diferencias por el color de la piel o el dinero, que no de sus necesidades o sueños.

Gibraltar un territorio comercial influido por varias culturas y enlace de conexiones con el narcotráfico. En esta encrucijada entre dos mundos y dos masas de agua (Mediterráneo y Atlántico) existía un chaval de nombre Mohamed alias el Nene, que se hizo valedor de una historia contada por un director de Mallorca de nombre Daniel Monzón (la premiada Celda 211) y un guionista asturiano Jorge Guerricaechevarría (habitual de las películas dirigidas por Álex de la Iglesia, también coescritor de la Celda 211).

Ellos saben que aquellos héroes anglosajones combatían a los malvados con sus grandes poderes, o transitaban el espacio combatiendo amenazas fantasmas y guardando las galaxias de peligros exóticos. Sin embargo, la realidad es una batalla diaria más terrenal.

Estos héroes forzados tendrán que luchar en la cartelera con Guardianes y extraterrestres, deberán embarcarse en motos fuera de la ley y surcarán estrechos confines alrededor de sus sueños. Pobres diablos a uno y otro lado del charco.

Este Niño en busca de su princesa, es uno de ellos. Ha dejado sus raíces africanas por una mirada azulada (a lo Paul Newman de Jerez), pensando en una fuga por las olas de la marginación y el dinero fácil. Que en realidad no es tan fácil ni tiene marginalidad para aquellos que viven a sus anchas de otras vidas.

Podrían ser de cualquier frontera, pero nacieron en la Línea de la Concepción con su deje y su gracia para acercarnos el mal a la nuestra, la frontera marítima de la costa almeriense hacia las montañas del valle del Rif.

El Niño sueña con una mujer de otro planeta, se embarca para luchar contra las mafias comerciales de la droga o las personas, y evitar a los policías en la negra corriente marítima entre África y Europa. El director Daniel Monzón ha puesto su complexión morena en un rostro pálido de facciones más occidentales buscando una nueva estrella. Si lo conseguirá o no, dependerá que el estudio de la interpretación le lleve a lugares insospechables si pule bien sus errores primerizos y expresividad perdida. De momento, el actor Jesús Castro ha conseguido un nuevo papel en la película española La Isla Mínima, con buenas críticas generales.

Si ha nacido un posible Skywalker de la península ibérica con escalas a otros mercados, se verá en sus poderes para robar escenas en el futuro. De momento, es una promesa con buena fisonomía.

Ahora está de moda hablar de la corrupción en todas las escalas sociales, desde los ricos mandatarios hasta los cuerpos policiales (se necesitan medidas para controlar internamente los medios. Ellos, los duros Luis Tosar, Sergi López, Bárbara Lennie o Eduard Fernández, se preguntan si todo es válido o si merece la pena la lucha contra los ocultos interpretados en la figura de Ian McShane y sobre los que no aparecen en el filme defendiendo con sus tentáculos a manos ejecutoras provistas de martillo y katana.

Pues parece que sí, porque son los profesionales auténticos que permanecen con su carismática cabeza en la pantalla.

Daniel Monzón se ha interesado por los que sufren, los héroes anónimos a ambos lados de la ley. Los que en Europa crecieron mirando al mar y leyeron los cómics llegados desde el otro lado atlántico, viendo las películas de exploradores espaciales e intentando conseguir un hueco en las estrellas.

Para ello, ha competido con sus armas, la acción y los primeros planos. Y ha dotado de humor de Cádiz y romanticismo juvenil a una historia real con aromas a Ketama y a pescaíto frito. A humo y persecuciones de narcos, a marginación y Roca blanca.

Aunque se haya alejado del estereotipo físico mantiene la forma, dando una de cal y otra de arena del Estrecho, viendo el gran negocio y alejándose de polémicas con los políticos. Es una historia de un Niño y su compañeros nodrizas, queriendo salir de su vida hacia visiones televisivas en Miami Vice.

El humor salva en muchas ocasiones de la reflexión más cruel y mantiene al espectador atento a los héroes con sus compañeros como robots en una guerra espacial de consecuencias planetarias, y amor con princesas de diferente piel.

Esta Roca ha ejercido de faro entre dos culturas y cárcel para muchos que buscaron una fantasía por medio del tráfico clandestino. Vidas con altibajos y rodajes de realidad.

Mucho ha pasado desde su primer Corazón de Guerrero, ahora Monzón se centra en el realismo... entreteniendo al público. Al menos en la taquilla tiene su rédito.

*** Interesante ***

Bernardo Vázquez - La Goma, BSO "El Niño"


India Martinez feat. Rachid Taha - Niño Sin Miedo

sábado, 1 de noviembre de 2014

Begin Again: Compás dos x dos.


¿Qué significa para vosotros la música?

Para los protagonistas de la película Begin Again, la música lo es todo en sus vidas. Lo bueno, mágico y lo malo, dolor. Una forma de sentir, comunicarse, amar... vivir.
El director dublinés John Carney ha construido una historia a base de errores, estudio y ganas de seguir avanzando en lo que realmente le gusta, el cine. Y, los personajes con sus canciones que, son ellos mismos.

Desde los comienzos, y traspiés de un músico, dando esos pasos callejeros, sombrero en el suelo, o visitando los pequeños locales dónde las melodías se mezclan con el ruido y las risas, como el vapor etílico (ya no tanto el humo) y las ganas en un cóctel de sensaciones únicas. Irrepetibles.
Mientras en la penumbra de aquella barra, unos ojos aparcados en el vacío existencial se fijan en la voz y los futuros arreglos de aquella chica, fracasada en el amor y abierta al mundo con sus ideas poéticas y canciones. Un corazón herido más, sin miedo.

En una de las secuencias más brillantes sobre la creación, ambas miradas se encuentran unos segundos que desarrollarán su historia, más allá de los recuerdos. La magia de un bar se encierra en los puntos de vista, para identificarse con ellos. Todo lo que rezuma en el aire, en Begin Again, parece la banda sonora de algunas vidas (o al menos, unas notas) porque son de verdad, aunque con una tendencia al positivismo. Esas construcciones musicales con tendencia hacia la amistad y el amor, también lo contrario. Y sobre todo, a la ciudad de Nueva York.

Este New York callejero y multicolor, que se desvive por magnificar su historia, la de la cantante novel y el productor en retirada forzosa, forzado, pero unidos por auriculares compartidos, algún baile y la calidad en los temas desde el exterior hacia el corazón. Emocionantes Keira Knightley y Mark Ruffalo. en sus papeles compenetrados, musicalizando perspectivas laborales de futuro y vitalidad en los boquiabiertos espectadores. Un trabajo en sintonía redonda, blanca y cómplice.

Para muchos de nosotros, la música es un trabajo de grupo, o una sensación en vibración dentro del cuerpo. Con sus componentes entregados a mover emociones, cada uno con su habilidad en la yema de los dedos, aunque se comience como ambulante solitario. Begin Again, tiene esas dos caras diferenciadas, que confluyen en el medio comercial o se distancian en el reconocimiento de la expresión artística. Los elementos son profesionales arropando a la voz cantante, una cara delicada que interpreta con frescura y traspasa la gran pantalla directa a nuestra retina o más allá. Si ves el filme, es probable que te enamores un poco de ella, de Keira. O de él, de Mark.

Porque ellos son la composición perfecta, incluyendo a los demás intérpretes que conforman un conjunto sin desafinación de esta obra pintoresca. No sabemos mucho de sus vidas respectivas, pues no importa demasiado, el éxito está asegurado con el dúo principal. Eso sí, con una especial mención a una actriz siempre cómplice y atinada como Catherine Keener.
Secuencias cargadas de belleza rítmica, visual y sonora. Reencuentros familiares rotos por los egos y la convivencia, y separaciones matizadas por sensaciones callejeras y el trabajo bien realizado.

Los artífices de esta fábula, son instrumentos mágicos con una mano dirigida a hacer reír, soñar o llorar, con personajes inolvidables y un guión confeccionado con gusto por el mismo Carney y retratado de una manera alleniana. Por tanto, la música también enseña un camino a algunos.

Y en el viaje, nos encontramos perdidos o queridos, variabilidad de cálidos y fríos, como las notas de una canción que sonará una y otra vez, en los corazones. Resonando por los callejones de ciudades inmortales o parajes ocultos de nuestras vidas.
Once upon a time... again. The music!

**** Notable ****

A Step You Cant Take Back - Keira Knightley


Keira Knightley - Like A Fool (Begin Again Soundtrack)


Keira Knightley - Tell Me If You Wanna Go Home (Begin Again Soundtrack)


Adam Levine - Lost Stars

viernes, 31 de octubre de 2014

The Wolf of Wall Street


Entre lobos y niños.

La estrategia de este lobo alfa sería no dejar ni rastro de sus devaneos.

En la manada estarían de acuerdo, una cacería limpia buscando nuevas víctimas desprevenidas. Pero no será fácil.
Como un círculo vicioso en el que los depredadores o triunfadores, son los desgraciados a la larga. Cuando llegan los tiempos de carencias, los lobos se convierten en tiburones y se devoran los unos a los otros. Los escualos de las finanzas.
Pero, el verdadero lobo primigenio está a la sombra de todo. Con sus ojos enrojecidos por la rabia, escribe o dirige para abrir los pensamientos de los demás. Su mano derecha como un Soprano y su mano izquierda como novelista, mientras el embiste y reflexiona como un toro salvaje ante la cacería.

El otro gran Lobo, no rival, más bien hermano de sangre tiene carácter(ambos comparten su ascendencia italiana que no mafiosa, aunque lo pareciera por sus trabajos), y bien seguro que no será su último trabajo juntos. Podrían incluso bailar entre lobos.
Posee en su nombre la fortaleza del león. Llevará a la manada al triunfo, con su fino y rayado olfato, de fiesta en fiesta, globo por globo, oro sobre oro. Es un león con piel de cordero, interpretando con pasión, la carne y la codicia como un gran actor.
Protector Martin y exhibicionista Leonardo, junto a otros caninos con sexo consumido forman una gran manada. Mientras desde la colina, Jonah afila sus colmillos y se ríe.

Bajarán carcajadas e histrionismo, los dientes y las garras de las hienas en busca de la carroña. Moviendo sus rabos al unísono… otros clientes a los que hincar el diente. Depredadores del exceso y de los números, convirtiendo a los tiburones en peces payaso.
El status social del individuo como premio, es la diversión sin medida, hienas copulando y marcando su territorio fuera de la ley. ¡Qué no es tonta!

El reino del exceso es la patria de los parias. La cámara lo demuestra sobrevolando las oficinas del teléfono de la esperanza, con engaños.
Todos los cánidos reunidos por la batuta del alfa, Martin Scorsese muestra pero no juzga, en apariencia porque es el capitán. Y lo dice… y bien que hace ante las críticas, no querer mojarse pues muchos tiburones intentarían ponerse en la cúspide de la depredación para dejarle en los huesos.

Los lobos (como los tiburones) cubren sus necesidades básicas, pero haciendo gala de sus aptitudes y su magnífica estampa. Los instintos del cromosoma, conseguir la presa con el engaño y las artes del acecho, la obscenidad del banquete, diversificación de objetivos. Este documental sobre la naturaleza (humana) es un escaparate en la calle Wall, largo e intenso. Un orgasmo de sensaciones y crudas imágenes de caza y divertida reproducción.
Tres horas de algunos para indignarse, otros girados y balbuceando por el escándalo. Ese era el gran premio a los 71, estar en plena forma. Aquí algunos se relamerán con la sangre, otros babearán con la lujuria, algunos disfrutarán con el cine. Yo felicito a DiCaprio y Scorsese, por su trabajo y sus carreras impresionantes.

Risas con mala baba atravesando las estepas financieras, cuando la piel del canis lupus se disfraza con carcajadas de hiena. Descontroladas o hacia adentro, quemando en las entrañas como una droga mal digerida. Asfixiante.
A veces esa ansiedad te destroza. Tanto poder, mujeres y vicio, rock & roll, te pasa factura en el tiempo. Para los tiburones la soledad del oscuro océano, para los lobos, la amistad y los premios.

Yo soy felino que no lobo. Subo a mi árbol y espero a la noche. Escuchando su gran banda sonora.
Contemplo las apuestas arriesgadas, de la experiencia. La gran talla del lobo aullador, y su manejo de los tiempos del ataque y la defensa. Un juicio sumarísimo sobre las manadas.

¿Tú como lo venderías?
Creando la necesidad… si no tienes ganas de verla, no entenderás al gran Lobo.

Es tu decisión… escribir, ver y opinar.

**** Muy Buena *****

Howlin Wolf - Spoonful


Ian Dury - Hit Me With Your Rhythm Stick


John Lee Hooker - Boom Boom


Howlin' Wolf - Smokestack Lightnin'

Dallas Buyers Club


Matthew y Jared, pareja de oro.

Vivimos en la sociedad marcada por la desilusión, despiadado Far West.
Aquellos vaqueros han sido trasladados de antiguas películas del western, a este caótico y salvaje oeste de la gran ciudad. A través de la incomprensión y el aislamiento.

Vaqueros atrapados por su machismo desfasado (cabalgando toros y hembras) en la medianoche texana, y montando su particular Drugstore Cowboy para alimentar su miseria y sus venas. Olfato para el vicio y el negocio que está perfectamente representado por unos protagonistas antagónicos que, sin embargo, tendrán que compartir los negocios y los quebraderos de cabeza por motivos de la enfermedad y su especial personalidad.
Un buen día su mundo se derrumba. Los amigos y compañeros giran sus ojos a tu paso, insultos y repulsa. Es el fucking Cowboy de Medianoche buscando su camino final.

Como en los alocados años finales de los 80 y comienzos de los 90, reinos de drogas, nos llega un cowboy de medianoche en la piel escuálida y blanquecina de Matthew McConaughey para intentar aullar a la luna de Scorsese. Porque Dallas Buyers Club comparte año cinematográfico con El Lobo de Wall Street, en diferentes festivales y premios. Un duelo colosal entre el vaquero y el lobo, con interpretaciones, tan distintas y tan cercanas a la vez. Magistrales trabajos.

Ocurre que la pareja formada entre Matthew y Jared Leto se ha convertido en la sombra alargada de Dustin Hoffman y Jon Voight en el nuevo milenio. De Nueva York a una Texas más cerrada pero igual de despiadada, pasando por el ámbito salvaje de la incomprensión social, ante una enfermedad traída de la mano del diablo. Un demonio convertido en virus asesino y travestido.
Uno es el consumismo exacerbado, el otro es la máquina dispensadora de vida, dispuestos a luchar contra los círculos viciosos de los tiburones financieros. Ambos son un poco con su comportamiento, como una especie de Robin Hood´s modernos, a su manera. Como lobos perseguidos por la caza furtiva.

El cowboy McConaughey luchará hasta el final por el premio, la vida o el Oscar, está dispuesto a morir con las botas puestas y el culo al aire, en su traje de superviviente. Es decir, la ´fucking` bata de hospital. En un círculo se rodea de un grupo diferente, también de los suyos (por ejemplo, con una Jennifer Garner en su mejor papel a mi juicio hasta la fecha), defenderá su posición indoblegable ante las leyes de los políticos intentan imponer, por el control de la vida. Aunque con este enfrentamiento, le pueda costar la soledad.

Jean Marc Vallée se mantiene firme en su toro mecánico durante toda la película. Comprometido y echando un vistazo a atrás, a través de Schlesinger o Van Sant, pero con un estilo propio que ya demostrara en anteriores trabajos. Y parece que próximamente volverá más Salvaje. Se consagra como director de culto con esta magnífica Dallas Buyers Club.
Esto no es Philadelphia y el lujo. En Texas sobrevivir curte la piel, disparando balas envenenadas contra los malos, o los tiburones financieros de las grandes compañías farmacéuticas y las leyes de políticos que las controlan. Frías como el cañón de un revólver sin usar, pero amenazantes.
La mala sangre corroe las mentes, hacia el interior y el exterior, pero la enfermedad hace que te yergas cada día. En su Idaho Privado, McConaughey se mete de lleno en los huesos y la cabeza de una realidad apabullante, una máquina de la interpretación perfecta. Su duelo con DiCaprio promete ser sonado. Qué grande es el cine.

Y con Leto, de gran dama en busca de hombres, quizás le caiga uno dorado. Porque han creado una pareja de cine perfecta. El director canadiense Vallée es atrevido, adapta historias comprometidas, con el punto de vista de su cámara (delicada o despiadada) capta la marginalidad de una lacra social y del rechazo. Algo se ha avanzado y los tabúes van cayendo con las botas puestas.
Ni Errol Flynn con su general Custer (en su carácter más agrio) o la desgraciada caída de Rock Hudson en sus últimos tiempos, se ven reflejados en la interpretación de Matthew, con un papel más semejante a un tipo algo frío y duro como Henry Fonda llevando a sus hombres a la victoria (o mejor dicho, la derrota) en Ford Apache. Todo se compra y vende desde los deseos hasta la propia vida, llevada hasta las últimas consecuencias.

Desde luego, yo entré desde su comienzo en ese Club de compradores de sustancias prohibidas en Dallas y me fascinó este trío enorme formado por Vallée y su visión del cine, la creación de Leto y el camaleónico poder de McConaughey.
Cabalgar en un toro salvaje corriendo por las venas, es más difícil que aguantar los 8 segundos encima de un verdadero en un rodeo. Si no la has visto, mucho más recomendable romperse la espalda en este club que en almibaradas montañas.

***** Excelente ****

Shuggie Otis - Sweet Thang


The Airborne Toxic Event - Hell And Back


T.Rex - Life Is Strange (1973)

sábado, 25 de octubre de 2014

The Double.


¿Quién me mira al otro lado del espejo?


En la actualidad, muchos individuos llevan una careta para desviar la atención que recaería en ellos, una forma de evadir las responsabilidades frente a la sociedad. Son como fotocopias de sí mismos, una cara para demostrar que manejan todas las situaciones, cuando en realidad se lanzarían al vacío desde una vida sin objetivos ni brillantez.

El joven Simon, o James es su reflejo, interpretado por un actor que sigue creciendo como Jesse Eisenberg, se suma al curioso clan de los voyeurs del cine, oteando las vidas paralelas que transcurren en el edificio de enfrente. The Double es un ejercicio metafísico, complicado para los neófitos en películas de carácter surrealista, dónde todo lo que vemos tiene un doble sentido hacia la enfermedad de la actualidad, la soledad y la incomprensión. Es un mundo suicida de seres atrapados en la incomunicación y los actos, moralmente, reprobables.

El director británico Richard Ayoade, compone con El Doble su segundo largometraje tras Submarine (ganadora al mejor guión del cine independiente británico), con calidad en las secuencias engañosas y maniobras de camuflaje en la personalidad de los protagonistas. Se acerca al mundo del trastorno bipolar, con dosis elevadas de esquizofrenia, fingiendo realidades que sólo existen en nuestra mente y en el protagonista, que posee el control único de la mirada del director. La película fue rodada hace un año, pero si nos fijamos en la actualidad española, bien podría ser una ´seria` parodia del caso de un chico que se hace pasar por otra persona y se codea con las figuras más representativas de la sociedad, solo que dirigido hacia la tragedia. Eisenberg, es decir Simon/James, esconde la trama en giros, jugando al despiste para hacernos creer lo que no sucede en realidad.

El autor Ayoade compone un guión alejado del tratamiento fácil. Adaptación de la obra de Fyodor Dostoevsky, refleja una vida repleta de inseguridades, trucos de cámara y angustia existencialista, pero alejándose de la política (cosa de agradecer ante el panorama actual) para decantarse por el mundo laboral y un lado oscuro de sensaciones o sentimientos. Y rodando en su ciudad natal, Londres, que pareciera sacada de un mundo tenebroso creado por los dos David, Lynch o Cronenberg, prácticamente irreconocible e irrespirable.

Para aumentar la extrañeza del espectador, se rodea de un reparto fantasmal con múltiples personalidades, creando un caos interpretativo y argumental, compuesto por Mia Wasikowska, James Fox o Noah Taylor entre otros. Simplemente, una mención especial al actor creador de voces en películas de animación e incombustible, Wallace Shawn que bien merece un homenaje a su carrera. Toda la carga surreal se adorna con la banda sonora compuesta por Andrew Hewitt, autor de los coros épicos en El Señor de los Anillos, Harry Potter o Star Wars.

Sin embargo, la oscuridad paga su precio en la comprensión de la historia, convirtiéndose en una obra difícil para un público no especializado en temas filosóficos. Pues, poco a poco, el personaje de Eissenberg va cambiando del terror al drama personal, llegando a convertirse en una especie de Dr. Jeckyll y Mr. Hide desmejorado, una caricatura de sí mismo, con tendencias a la exageración y la violación de las reglas de convivencia. Se convierte en la peor competencia que pudiera tener.

Al final, el creador y el monstruo son devorados por la oculta realidad, una verdad que se antoja algo artificiosa y atropellada. Pero que no hubiera sido posible terminar de otra forma, a no ser que nos hubiera sumergido en el mundo caótico de la ciencia ficción o los sueños. Más bien, terribles pesadillas, sobre la condición del ciudadano moderno. Nota mental: "intentaré desarrollar esta idea más extensamente en mi primer libro". Sólo hay una salida posible.

Aviso a navegantes y amantes del cine digital, no será sencillo que vuestros ojos se acostumbren a tal oscuridad. Buen viaje.


*** Interesante ***

Sukiyaki - The Double (2013) OST - Andrew Hewitt


Star Wars Episode I Soundtrack - Duel of the Fates


The Lord of the Rings Symphony

sábado, 18 de octubre de 2014

Las Dos Caras de Enero: las dos facetas de Amini.


Basado en la novela de Patricia Highsmith.

Todo en este mundo parece moverse entre dos, como número mágico para la transformación y el crecimiento.

Semejante dualidad concurre en las personalidades de los hombres en sus novelas, pero las mujeres también se caracterizan por mostrar o esconder estas dos facetas. En el caso de Patricia-Highsmith, la novelista texana de Fort Worth, con sus problemas con el alcohol y el divorcio de sus padres, que le llevó a no conocer a su padre hasta la pubertad. Posteriormente, a la edad de 21 años descubriría su homosexualidad de la que se siente culpable como estigma familiar, y con 29 sería descubierta como escritora por el mismísimo Alfred Hitchcock, a través de su primera novela con el título de Extraños en un Tren.

Creo no descubrir nada, al decir que el maestro del suspense también se definía por una doble y acusada personalidad, entre el humor negro y los hechos más truculentos.

Highsmith comienza su serie del personaje de Ripley con A Pleno Sol, la película del director francés Réné Clément (un codirector junto al gigante Jean Cocteau en La Bella y la Bestia). Luego sería rodada de nuevo por Anthony Minghella, conocida por su nombre original El Talento de Mr. Ripley, con protagonismo de Matt Damon y Jude Law.

Si era común representar la dualidad en los protagonistas reales de las películas y las adaptaciones de sus novelas, no será menos representativo de los personajes de ficción. Patricia Highsmith se decanta por individuos resplandecientes y positivos, que ocultan en el paso y peso de las páginas terribles circunstancias, más cercanas a las pesadillas de Hitchcock y los crímenes enfermizos o sentimentales, que con los lugares turísticos de ensueño en que se centran sus tramas.

Unos años después de Ripley, llega la hora de la novela en la que se basa la película del director iraní Hossein Amini con el mismo título de Las Dos Caras de Enero, protagonizada por Viggo Mortensen acorralado entre Atenas y sus famosos monumentos, la isla de Creta y Estambul, aunque perseguido por los avatares con su pareja matrimonial en el filme, interpretado por la delicada y elegante Kirsten Dunst. Mientras, toda la trama de celos y cambio de roles, es observada desde la vorágine timadora de un Oscar Isaac dedicado a aligerar las cuentas corrientes de los despistados turistas. Recordar a Isaac protagonizando la notable película de los hermanos Coen, Inside Llewyn Davis.

Amini proviene de la escritura como forma habitual de vida (sólo había realizado un corto) como guionista de interesantes películas, entre las que destacan Jude de Michael Winterbottom, Blancanieves y la leyenda del cazador, y sobre todo, Drive. Una de las sorpresas de 2011 con la eficacia del danés Nicolas Winding Refn.
Ahora, en su primer largometraje desarrolla temas que confluyen en los mismos que se aproximan a los personajes de sus argumentos, con un romanticismo llevado al límite, el clasicismo de los rodajes de Hollywood, y especialmente, el thriller con protagonismo de la envidia, los celos y la venganza. Todo resuelto por la violencia con tintes emocionales, ya sea debida a un destino preconcebido o la casualidad.

The Two Faces of January, juega con las mismas reglas del juego de Ripley y los triángulos de pasión. Además, de un personaje amoral fuera de los cauces habituales, que reúne a su alrededor desde la violencia al hedonismo, pasando por la venganza personal de la autora ante el esnobismo clasista de aquella época. Sin embargo, el destino femenino (a veces tachado de misoginia) en esta película y en otras dibuja un panorama de cataclismo en su parte final, reconocido en la obra de Highsmith.

En definitiva, se echa de menos el sentido criminal de otras novelas, pero la participación de los actores y su fiel manera de rodar, convierte a Las Dos Caras de Enero, en un buen inicio de esta nueva cara del director iraní. Aunque, podría haber indagado más en los personajes.


*** Interesante ***

The Two Faces of January - Alberto Iglesias

sábado, 4 de octubre de 2014

The Captive: sí, pero no cautivado.






Atom cautivo del tiempo.

El tiempo esa frontera del subconsciente que lo cambia todo, la oxidación o la personalidad del individuo.
El transcurrir de los años, puede hacerte perder la perspectiva del todo, convertirte en otra persona diferente debido a la experiencia que hayas vivido o la educación que te hayan prestado.
El metabolismo se transforma hacia su fase adulta, pero también tu postura frente a las cosas o tus sentimientos. Porque todo es susceptible de un posible cambio, tus ideas, habilidades o incluso capacidad artística.

Un director de cine se podría dejar tentar por el paso del tiempo, abandonar los temas que le ofrecieron fama y respeto en otras circunstancias, mudar sus prácticas habituales por métodos más confortables, perder los temas recurrentes por los que te diste a conocer para crear otro cine distinto o liquidar proyectos.
Atom Egoyan, el director que avanzase vertiginosamente con sus trabajos alternativos y osados, ha bajado poco a poco la guardia, y se dirige hacia un lugar habitual en la historia del cine, el ostracismo del público.

Un cerebro cambiante que transforma lo imaginario en real, lo bueno en malo. ¿Cómo considerarán los espectadores esta desvinculación con las raíces? Si el público acepta este cambio, el creador habrá conquistado a sus seguidores y posiblemente habrá abierto las puertas para nuevas consciencias. Sin embargo, en el caso actual de Egoyan y su último largometraje Captive, el tiempo parece congelarse, o al menos funcionar a dos velocidades, tan diferentes como la atracción o el rechazo. Hasta este momento, no me había sentido en estos dos extremos viendo alguna de sus películas.

Atom me había cautivado con su visión de la violencia y los "enfrentamientos" entre ambos sexos con liquidadores de por medio, desde lo exótico de su comienzo hasta el dulce porvenir. Mi interés morboso había celebrado ese exceso del morbo y el peligro, pero hasta ahora, nunca había estado tan perdido con su mirada tras la cámara, la deficiencia del montaje o la interpretación sin sentimiento.
Y esto, a pesar de atreverse a tratar un tema tan problemático y denunciable como el maltrato de los niños.

Captive, tiene un comienzo más o menos prometedor, dividiendo los dos mundos que vamos a conocer, uno limpio familiarmente y otro oculto y terrible. Con una sucesión de imágenes y ambientaciones cambiantes a la hora de presentarnos a los protagonistas, vamos a descubrir lentamente el proceso de esta transformación psíquica, mediante la fluctuación de distintos tipos de música y variantes en la historia (pero incongruentes y aburridas según avanza la trama). Corre de la mano de David Fraser habitual guionista para la televisión y del propio director nacido en El Cairo y de sangre armenia.

En Captive, el secuestro se produce en el momento en que el espectador está partiendo hacia lugares fuera de la sala de cine, y vuelve a meterte en el argumento para conseguir ver una leit motiv aceptable, donde prima la emotividad, las imágenes representativas del sufrimiento de unos padres heridos por un descuido (interpretados por Ryan Reynolds y Mireille Enos) y sus primeras actitudes frente a la desolación y la pérdida del ser querido. A partir de ahí pareciera que todo se tuerce o se fuerza, que los sentimientos que afloran no son del todo sinceros, y la historia se descompone con tremendos bandazos poco creíbles. Se vuelve a embragar esa segunda velocidad que juega con lo tramposo y facilón.

Viendo sus últimas aventuras dentro de la comercialidad, aunque Chloe tenía su gracia, se echa de menos su espíritu más desconcertante, ese atrevimiento de la juventud quizá. La desconexión con la parte final de La Cautiva es mayúsculo. Transcurriendo las secuencias con demasiada solemnidad y escasa actitud crítica ante el espinoso tema que trata, con secuestros, manipulación de la conciencia y explotación infantil. Pedofilia encaminada a un sencillo y poco emocional thriller, que olvida la crítica y la denuncia con estos monstruos ocultos en los más variados ámbitos sociales.

Nada queda en última instancia del formato de Atom Egoyan, ni su estilo ni sus personajes. El filme parece estar tomando aire continuamente, como si se ahogara con la envergadura del problema, y los actores no se incorporan a la trama con el interés suficiente, ninguno resulta determinante ni excesivo.

Solamente tenemos una actriz que aguanta el tipo e intenta dibujar aristas a su personaje, se trata de Rosario Dawson. Pero, acabará sucumbiendo a la escasez de ideas, arrastrada por la trama confusa. El reparto está ensombrecido, gira con los acontecimientos pero no llama la atención, ni Scott Speedman, Kevin Durand, Bruce Greenwood o la joven Alexia Fast consiguen aguantar un final que se estrella estrepitosamente, con un trabajo de dirección lánguido y un montaje sin conexión.

En definitiva, un tema candente tirado por el retrete.
Con un ritmo equivocado y una resolución del conflicto que no traspasa la pantalla, se visiona como un torpe aspaviento sin dejar ninguna huella para discutir con tus acompañantes. Parece, por momentos, como si el rodaje en Ontario (Canadá) hubiera sido forzado y un poco caótico. La primera velocidad se ha quedado atascada definitivamente, y no podemos más que dejar este ficticio vehículo en punto muerto. Hasta la música que acompaña la acción, resulta confusa en su mezcla de clasicismo y percusiones, casi tanto como su título original que unos señalan en singular (como yo) y otros en un plural liante y Captives.

Un Atom Egoyan lejano de sus interesantes películas.


* Mala **

Tráiler Gone Girl, de David Fincher. Reparto: Ben Affleck, Rosamund Pike, Neil Patrick Harris, Tyler Perry, Kim Dickens, Patrick Fugit, Carrie Coon, Missi Pyle, Kathleen Rose Perkins.


Tráiler And So It Goes (Así nos va), de Rob Reiner. Reparto: Michael Douglas, Diane Keaton, Sterling Jerins, Frances Sternhagen, Paloma Guzmán, Annie Parisse, Austin Lysy.


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