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domingo, 27 de septiembre de 2026

The Pitt. Season II.

 

La vida es como un campo de batalla, donde tarde o temprano, todos salimos heridos. Así, desde milenios, los primeros pacientes atendidos en camas de urgencias, fueron los que terminaron heridos en las diversas guerras, como ocurrió con los cirujanos que debían hacer frente a aquellas campañas sangrientas… y con los medios existentes. Dominique-Jean Larrey organizó las incipientes ambulancias volantes y fue el primer cirujano, en proceso administrativo, que aplicó el sistema de triaje… Todo por un nivel de sufrimiento según la gravedad del caso.

Pero, mucho más antiguo es el código hipocrático, como su propio nombre indica… clasifica un reconocimiento a través de juramento gracias a un médico griego de nombre Hipócrates, que durante el s. V a.C., recapacitaba sobre el comportamiento ético de los profesionales de la medicina. Esta regla jurada ha permanecido hasta la actualidad.

Un compromiso de labor y estudio, hacia el lado correcto de dicha profesión ejemplar, siempre encaminada a la atención del paciente y la confidencialidad de sus datos personales. Igualmente a la no utilización de sustancias letales en la administración farmacéutica y el no uso de conductas abusivas o lascivas, respecto a esos mismos clientes. Nos… La base ancestral de ese compromiso, jurado o escrito, giraba alrededor de sus dioses, como cultura helenística, que rendía culto a los primeros entendidos en la materia. La cúspide de Apolo y derivados del maestro como Escolapio, Higia o Panacea…

Hipócrates, el sabio expresaba “Qué tu alimento sea tu medicina, y tu medicina sea tu alimento…”. Eso debió escuchar en algún momento, el serial Dr. Robinavitch, quizá uno de los grandes personajes de origen judío, que es aceptado en cualquier planta y situación… ¡menudo crack! Hacia el Corpus hipocraticum de dos hojas, me dirijo con sus personajes en la serie The Pitt, de fantástica gloria realista, para indicar en su principio: “Juro por Apolo médico, Escolapio, Higia y Panacea, (esto es por todos los dioses y diosas), tomándolos como testigos según mi leal saber, y entender, este juramento y compromiso… Venerar como a mi padre, a quién me enseñó este arte…etc”.

Los creadores, sin duda, han debido estudiar a la perfección, milimétricamente cosida al tejido visual, lo que allí se perfeccionaba en el sentido moral, como se mantendría en la escuela de pitagóricos o Galeno a continuación… otro que ofrece su nombre a la cuestión. Pues se someten a las acciones universales de la ciencia terapéutica, con dedicación, velar y respetar, comprometidos con la vida humana. No permitir clasificaciones, o descalificación por edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social… u otros factores cualquiera que se

Es parte del credo hipocrático a seguir, guardar y respetar, ejercer, promover conocimiento y técnica, otorgar a mis maestros, colegas y estudiantes, el respeto y la gratitud que merecen… así mismo, compartir conocimientos y cuidar de mi propia salud y capacidades. Con la no violación de derechos humanos… ¡Hago esta promesa! En 15 horas, ¡sudor!... sin lágrimas… o sí… y sangre.

En un lugar… de la Mancha.

El propio padre de Miguel de Cervantes Saavedra, era un cirujano-sangrador, y su abuelo materno era médico, por lo que aprendió de primera mano, los muchos términos clínicos que incluye en su obra monumental El Quijote. Terapias tradicionales, sangrías y lavativas, todo muy escatológico visto a través de las letras… humores diversos, plantas curativas y el papel de aquellos, barberos que operaban mulas, aplicaban sanguijuelas y otras lindezas, de andar por clínica incierta.

Sin embargo, hay algo que prevalecía siempre, levitando alrededor del protagonista universal de la obra, y que tendría que ver con los antecedentes de determinados personajes, aquí descritos, por granjas, ciudades y tramontanas sociales… Serían los trastornos mentales, en forma de conducta diagnosticada de monomanía, o cuadro delirante crónico, provocado por el exceso… En aquel caso, de lectura obsesiva y compulsiva, sobre los libros de caballería. Hablando de hidalgos… o damas… O por defectos con la tecnología, actualmente.

Creo que, un creador de la serie The Pitt ganadora de premios de televisión, como R. Scott Gemmill, ha echado un vistazo, a algunas condiciones universales médicas, a los terribles dolores de cabeza en una sociedad polifacética y social o mentalmente inestable. Ver cómo afecta a los instructores sanitarios, residentes o no, en el día a día de su profesión, como un profiláctico esencial, que atraiga a los fans de la serie, a mantener el ritmo frenético de la productora Warner Bros Tv y en la plataforma HBO Max…

Sigue siendo muy grande, el papel que cumple y el entretenimiento – a pesar del lenguaje técnico en determinadas ocasiones-, que The Pitt tras la masacre de la primera temporada del PittFest y el postrero cervecismo clínico en el parque… ha mantenido el día de la mayor festividad de USA… Un 4 de Julio, con fuegos artificiales, abandonos, sol, alcohol, bocados indigestos, desplazamientos en vehiculares o arteriales, vistas a las vacaciones terapéuticas… o no, según las amistades… y todo sin perder el sentido artístico y visual, dramático, humorístico, social, estructural, científico, laboral… e interpretativo.

Tal vez, personalmente, tendría algunas cosas que contar, lo prometo… I promiss for Hipócrates… Pues las manchas están ahí, y en esta segunda temporada, han ido a mucho más, con urgencia y dedicación.

Organismo… ese ser escatológico…

Vale… funciones orgánicas de nuestro cuerpo humano. Nos ofrecen un catálogo completo, como el de aquellos animales que aprenden por las sensaciones innatas, lo que sienta bien o mal… Y ese comportamiento, que en ciertas circunstancias médicas y sociales, rebasan lo establecido socialmente en los procedimientos naturales.

Definido por la emisión de ruidos extraños, blasfemas y fluidos… en  distintas intensidades, tonos y texturas. Por eso, más presentes que nunca, son prueba de realismo en esta segunda temporada de The Pitt, con imágenes superrealistas… No voy a hacer un listado de ellos, ni describirlos mínimamente, pues hay que disfrutarlos… como verías una buena prótesis construida por manos hábiles… y porque todos los conocemos, cuando afloran los momentos de debilidad física o emocional. Y sin embargo, no producen rechazo concreto, creo.

Ningún espectador, se siente atacado, pues son observados como esa parte circunstancial de la Medicina, las sustancias corporales, anomalías y secreciones. A los que se deben acostumbrar… más o menos… los profesionales de la sanidad. Y no sólo, médicos o cirujanos, sino también los guardas, asistentes, estudiantes, celadores, enfermeras, y el resto de los pacientes en distintos estados asistenciales.

Así, esta temporada II, empieza con un catálogo imprevisible, durante otro esforzado rendimiento… para describir nuevos casos paradigmáticos, en el interior de las urgencias de un hospital. Ya sea en un supuesto Pittsburgh, como beneficiarios o defraudadores, usuarios todos en la estimulación de los ganglios y la cartera. Un prurito entre lo privado y lo público, con singularidades corporativas y nacionales, que sirven como referencia en cualquier rincón verídico del planeta. Sea cual sea, su sanidad y su gobierno.

Ejemplarmente, este Te Pitt caustico y emocional, dedicado fundamentalmente, a la formación de los llamados novatos, o futuros médicos salidos de las clases universitarias, constituirán las siguientes generaciones de galenos, atrevidos, vilipendiados, abstraídos, siempre sufridos... En sus capítulos dan cabida, a lágrimas y humores… datos, curiosidades,  rivalidades, métodos, experiencias vitales y luchas desaforadas, a través de obsesiones o defectos congénitos.

Es la derivada del paradigma entre funciones vitales, adicciones, reglas, personalidades, entregas, discursos, pensamientos imperfectos, efectos especiales, y aquel juramento. Claro, y tú… y yo. Nos.

Entre Bioética… la receta.

El público… Observadores de una especialidad, tan necesaria, como miembros patéticos, clientes sufridos, alguna vez… tras el dolor, la impaciencia y el temor. O la valentía, como en un caso del jodido tumor que es el cáncer…

Este acercamiento en serie, puede producir un estallido de emociones, pasar del rechazo a la satisfacción, sacarte un sarpullido en la dermis, o una sonrisa, radical o delicada. En definitiva, un cúmulo de sensaciones… que se agolpan como recetas del día a día, ante nuestros propios comportamientos… y los extraños.

El prospectos debería indicar, que la idiotez puede provocar contraindicaciones o efectos secundarios, mutismo con esas relaciones retransmitidas en directo, espectáculos deplorables, o todo lo contrario… y ese reconocimiento que, nos hace a todos, un poco más humanos. Algo que, no solamente se consigue con la muestra de los variopintos y extraordinarios casos – que enfrentamos encantados como seguidores de The Pitt -, sino, además gracias a la magnífica selección de personalidades, representadas con excelencia por los actores.

Firmantes, especializados, a uno u otro lado, de cada departamento, cama o bata. Cerrada por delante, o abierta por detrás… si la informática lo permite, y los ciberterroristas. A la cárcel… si atacan los medios que nos protegen, y más necesitamos, todos.

En la receta, la bioética, que Escolapio como dios de la Medicina, precursor funcional de dicha especialidad, y que se enseña en las universidades. También se debería enseñar… en las calles.

Un tal, centauro Quirón… no digo más, por si los cascos igualmente mediáticos o monstruosos… se especializó apolíneamente, tras los trasfondos sexuales de sus padres… en un reconocido animal de las artes médica, y los jóvenes… teniendo en su protección a héroes, como Acteón, Jasón y su hijo Medo, Patroclo y hasta, el Aquiles sin Pitt.

Pero bueno… hablando de la bioética, vamos a contar algo de la enfermería… Florence Nightingale, nombrada en la serie, fue fundadora de la enfermería moderna. Próspero en las estadísticas sanitarias durante su labor de cuidar vidas y mitigar estigmas patológicos o estímulos dolorosos o psicológicos. Y aquí, en la serie, existen varias grandes heroínas, más cercanas… sinceras y sarcásticas.

Otro sentido, donde se comprueba la variabilidad de sus componentes, junto a este equipo profesional entre realidad, y la ficción. Muestras extendidas de Mary Mahoney, enfermera afroamericana y luchadora por la igualdad profesional o los derechos de trabajadoras sanitarias, sin discriminación por motivos raciales… Por tanto, una parte esencial de la diversidad que representa la serie The Pitt. La bio moral, de todos los miembros que establecen una participación internacional, con estudios universitarios, nóminas, o… seguros.

Te espero… Robby en la III, guerra.

A través de su creador R. Scott Gemmill, nos encontramos con los grandes aciertos en los nombres por turnos… todos esenciales… como el director John Wells entre otros, o el genial Hatosy… inolvidable amigo de los cacos introspectivos, en la genial Animal Kingdom. Así como el mismo, omnipresente, dios de la medicina en la tele, Noah Wyle, que hizo sus pinitos en la serie creada por Michael Crichton – sí el de los dinosaurios de Spielberg -, recordada como Urgencias… y E/R, donde casi nacería con George Clooney.

Por eso, se agarra a una manta… para sentirse cobijado, seguro y positivo… ¡tomaremos nota!

Sin duda, a su lado, no sé si se sentirá segura… ha crecido y nos reencontramos con la actriz Sepideh Moafi, que ya se las tuvo socialmente en las calles de The Deuce y en Encerrado con el Diablo… y se mantienen con sus entregados seguidores, el Doc Langdon, interpretado cuestionando el juramento aquel, por Patrick Ball, como equilibrista cervical. Fiona Dourif, hija de gran corazón y tino con las técnicas punzantes, con las emociones privadas con Taylor Dearden, o Katherine LaNasa, más reivindicativa que Aquiles en rubio.

Los jóvenes del herbático Quirón, siguen en la brecha y aciertan con sus rectas interpretativas, la música en karaokes con Isa Briones, y Gerran Howell, que le da al funky de toda la vida… lejos de la muerte. Donde otros, otras, se quedan más consternados… Shabana Azeez, la Javadi junior, Supriya Ganesh, indecisa ante las resoluciones dramáticas… y dos nuevas caras, Irene Choi y Lucas Iverson.

Además de los geniales episodios, por horas veraces y enloquecidas, iba a comentar otros casos graves, como si fueran pacientes más convalecientes y delicados… Evil Dead Burn, que dirigida por Sébastian Vanicek (Vermin, La Plaga), nos transforma la saga en una locura de andar por casa, es decir, de posesión familiar. Por otro lado, con Good Luck, Have Fun, Don´t Die, nos enfrentamos con otro tipo de tratamientos asistencial, a base de pildoras indoloras, pero muy locas, de Sam Rockwell y Juno Temple (esperando 3a Ted Lasso), porque estado tras cámara Gore Verbinski, todo puede pasar… y tiempo.

Y hablando de tiempo enfermizo, poseso, tenemos The Mummy de apellido Lee Cronin, otro sacado de las entrañas infernales… que, en su visión del clásico, sin parecidos… se acerca, psicológica y espiritualmente, a las derivaciones de aquel capítulo, del Libro de los Muertos y sus fantasmas… Porque, me está costando terminarla y sacar una conclusión… En definitiva, no sé si lanzarme al vacío, en un Head-Smashed in Buffalo Jump… o acudir a un exorcista, o qué…

Hala matayonkis… no, sanos, no, a base de afeitado y corte… a cuidarse, subsistir a los antecedentes clínicos, defenderse de uno mismo y las sombras… y no entorpecer la labor… Más de lo necesario, of course, descerebrados, en cualquier proceso. ¡Siempre nos quedará Pittsburg, para enloquecer… opositar u objetar!

 

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