Siempre… desde hace décadas… se ha
relacionado a la fantasía con el cine, desde los cuentos clásicos a la ciencia
ficción, desde el gran Méliès al no menos, maestro Fritz Lang. Y una de las incursiones más frecuentadas, han sido las invasiones
extraterrestres que viajarían a la velocidad de 24 fotogramas por segundo, más
o menos… primero en blanco y negro, como ultracuerpos, después teñidas de verde y rojo sangre. Más visceral...
Su terrible carácter insectoide y voraz, se
haría evidente… ¿Por qué? Pues seguramente, porque sus chasquidos y chirridos, con esos irritantes placeres alimenticios y a determinados tamaños, hasta terroríficamente vomitivos. Gracias a mandíbulas, garras y espinas que te pueden ahogar los gritos, agrios hasta en el espacio.
¡Qué es un hecho por la acidez! Y esos élitros tras caparazones blindados, y esas patas con
ganchos y otros artilugios para desgarrar, que dan bastante dentera cuando se cruzan con la
carne de asustadizos humanos… De aquí, a la vuelta del 8 a los Starship Troopers.
Inclusive esas formaciones dantescas, con hábitos sociales en manada y de alimentación tan particular, como el vómito de un hombre mosca… comportamientos acomunados, conectados en telequinesis, o aromas propios para la sangrante invasión que se aproxima, debido a los usos de guerra y comunicación entre miembros de la especie, sin tocarse. A veces con el sexo vírico, que te contagian hasta un viaje de Aliens a la Earth, esa. Especies atrevidas, o en lo oculto.
Desde luego, Ridley Scott dio un
pequeño salto al vacío, y humidificó el cine de terror en el insectoide cosmos en expansión,
con un trazado amplio de violencia en incremento y una parasitación, que ha
llegado a la televisión con grandes réplicas… ejemplos son otras Invasiones, calamares en Dc o las lluvias entre Watchmen, y los
superpuestos bichejos starwarianos, por doquier. Verdes o de cualquier color, vaqueros turquesa, rojo diablo,
Grogus a parte, pobre boy.
Y sin remedios, sin saberlos, simios... podíamos ser nosotros mismos, eh.
El Caso… Argento.
No es de ahora tampoco, pues la
historia ha calibrado sobrepasar la atmósfera de nuestros salones, balanceada
en el Buenos Aires querido, y con la efigie cercana de Ricardo Darín. Claro
que, tenía ya algunos episodios desde los cómics setenteros, y un orden
argentino en contradicción, que el dibujante Francisco Solano, y sobre todo, el
guionista creador Héctor Germán Oesterheld, tuvieron en su mente. Y en el
cuerpo, que ya no se podría adaptar más a las lindes del scifi patrio,
consecuente a las invasiones de poder y los actos de violencia.
Aquel relato de éxito argento y
rotundo, se convierte ahora en más interplanetario si cabe… con el nombre
conocido de El Eternauta para la Netflix de los altos vuelos y un sobrenombre
que acecha en la obscuridad futura, Memoria de un Navegante del Porvenir, ya
veremos. Sin embargo, su primera andadura en la revista Hora Cero sería en
1957, pasando a la Frontera, y marcando diferencias en la serie.
Donde la trama del viajero de la
eternidad – así como del éter en los cielos -, que visitaba la propia casa de
Mr. Oesterheld y contaba su historia de la invasión extraterrestre, se situá en
otra época y otro carácter, que entronca con la llaneza de las interpretaciones
actuales. Aunque, la original tuvo diferentes versiones adaptadas a la situación
contemporánea del país del sol y el linde celeste, con ese hielo, llevando a
tomar a su pensador a la posesión de las armas, dicen… Sin duda, en cambio,
nadie le contaría, las relaciones de los Perón con los mismísimos seguidores de
Hitler, supongo… Pues luego, la rebeldía se conduciría al Eternauta 2.
Así, otra curiosa anécdota, son las
raíces con acento criollo, vasco-español y alemán, casi nada. ¡Menudo menjunje!
Algo así como un ácido por sangre, ¿no? Pero bueno, dejando cosas extrañas…
amargas conexiones… contraindicaciones superpuestas como élitros… alucinaciones
de comuna insectívora; otra paradoja de la existencia nos dejaría una mueca,
del que llega más lejos sonriendo, que disparando. No sé, depende, del bicho,
de quién seas… o en lo que te transformes…
Pongamos que… hablo de un político.
Que se pasaría el tiempo atusando su cabello y ejerciendo esa bobalicona mueca,
constantemente, parecido a un gesto falsario, infinito en bucle, como las
masticaduras de alguno de esos insectos o parásitos, tal vez, cris, cris, cris…
Y de repente, la interina decadencia, de un poder políticamente incorrecto,
necesitaría de evaluación judicial, para aclarar los puntos ocultos de su
alimentación…
¡Qué te devora por dentro…! Y con una
viralidad mortífera, que se enmarca en la furibunda maldad y el crimen, la
depravación se va extendiendo, junto a la adicción y el odio… y se parece a las
esporas de un gigantesco hongo, que va invadiendo, consumiendo los organismos
vivos, llegando la nube venenosa, a construir una monstruosa nebulosa de otro
mundo, dirigida por un cerebro irracional o simiesco. Es así.
En fin, casos contados por eternautas
del tiempo, ha habido y los habrá, a colmenas centenarias o milenarias… Menos
mal, que estos tristes insectos, carnívoros casi siempre, de la carne propia y
ajena, se propagan por las películas de ficción… sino, para qué… y no son
lenguaraces, capaces de confundirlo todo, tan solo con chasquidos
irreproducibles. Como diría Mr. Darín…:
“Soy noctámbulo… porque en soledad –
no Villamil -, con el silencio de la noche, es momento de encontrarse con uno
mismo. De día se responde a exigencia sociales y urbanitas, pero, de noche y en
soledad, creo que es cuando más próximo estoy, de recordar quién soy…”. Yo
pienso, lejos de aquellos virus cotidianos…
Y otra, “si uno es humorista, tratar
de ponerse en lugar del otro, especialmente si se recibe una agresión externa…
(invasión dolorosa)… es primordial, porque la bola de nieve que produce la
violencia es fácil de generar y muy difícil de contener…”. Tal que un liquen, o
un parásito.
Y el Oscar… colmenero…
Siempre diría alguien, podemos estar
metidos en otra piel o trasplantados a una mente desequilibrada, y eso, ¿nos
hace monstruos… o duendecillos amarillos? Quizá no, puede que más humanos, frugívoros…
y cercanos a la huerta del tío Oscar. 1 a 0.
Y en ocasiones, podríamos quedar en
las tinieblas, agazapados o criogenizados en el viaje, esperando sembrar la
semilla para esparcir nuestra misión, contaminarlo todo, producir el daño… y la
serie El Eternauta, se desmarca de las grandes muestras de arrogancia, como
expliqué… las interpretaciones nos relajan como en una partida de mus, es
decir, que pasan de una sonrisa a esa mueca; parecidamente a la representación
de una obra de William Shakespeare, donde los máximos protagonistas de tal
magna cumbre teatral, siempre son los favoritos para ganar el aplauso, las
lágrimas… y el Todo. Por Ham y net, 2 a 0.
Y sin embargo, como en el patrio de
mi casa, en el argento no tienen esos medios hollywoodienses, ni el presupuesto
entero de la plataforma, por lo que se tienen que satisfacer a sí mismos.
Estableciendo una comunicación humilde con los demás, y esperando que la
condena de la acción sea ligerita en comparación. Pero, el suspense… por no
decir el terror, no, eh, no debería… y aquí, es donde aparece la sorpresa de
una transfusión sanguínea con la música, que daría la campanada, el 3 a 0.
Ya que una gala de premios, es como
una termitera, o colmena, que puede magnificarse con las ideas, en una especie
de confabulación universal, ejem. Una batalla tras otra, y así sucesivamente,
hasta que ya no se le hace caso, porque… ¿para qué? Si Leo, no puede ganar,
aunque sí que podría radicalizarse en el reparto, digamos el 4 a 0.
Por tanto, los premios se suman a la
nube de incoherencia, pues la atmósfera está cargada y confusa, creando micro
partículas en el aire, entre el pudor, la injusticia, los recuerdos de otras
entregas… las zancadillas, y las confusiones, los gritos… y en el vacío, ya se
sabe… pues qué no se oye, gilipo… y entonces, aparece una Bugonia, y te lo
arrebata todo, y te quedas con cara de flor amarillenta, 5 a 0.
Esa realidad es, de la que se
carcajea The Studio de Seth Rogen, y de las caóticas ceremonias, con rollos
perdidos y cuestiones adictivas, kilos, etc… y entonces te das cuenta, que solo
queda la música, la creativa poesía… y el amor. Esto es, principalmente, lo que
te contaría el ganador sorpresa bajo la luz azul de la Luna, y 6 a 0.
La ideología, tras las numerosas
batallas de la noche… se debería desprender del lujo con el mismo desparpajo,
de los rendimientos e intereses comerciales, de las herencias de los grandes miembros,
de tal palo a tal astilla… tal vez… y esa coherencia tendría alguna claridad en
el horizonte. Y se verían a un inspector en gabardina entrando en el set, como
Roger Rabbit en busca del rollo perdido, y de manera clandestina,
descubriríamos que, muchas veces el cine dentro del cine, triunfa normalmente.
Acercar la piel a la piel, con pensamiento crítico, sueco, danés o noruego, y
viendo que aquella violencia, humana o bugoniana, es otra escena inacabada… de
esencias vampíricas… y sabes que el terror institucional o el de las bombas
terroristas se denominan, se retroalimentan en la dispersión nebulosa. Nada de
hermandad, cinéfila o amorosa, 7 a 0.
Entonces llegando a este punto, no arribaré
a los 10, ¿para qué…? Entre pudores e injusticias varias, gritos parturientos,
vemos a Mr. Rogen Rabbit, carcajeándose en el fondo… y como si del ARN
mensajero se tratara, toma el camino, This is the way! Y se lanza a la senda de
los ganadores, ganaderos, colmeneros o no… Contagiados ya, en esa forma de éter
universalizado, con nieve utópica por doquier, unidos a ritmo de aquella grabación
del fantasma, llamado John Lennon, imagina tú.
Ni una partida de tenis en miniatura,
ni una Fórmula ni un desierto, ya solo nos queda hablar de Irán… Pero, ¡para
qué! Si está todo dicho, y la película es el miedo, y la venganza contenida,
por la humanidad. Que, al final no se entiende demasiado… como cualquier otra
locura… Como un raquetazo en la cara, nos despertamos de una mal sueño… y
hostia, un insecto… que te masculla los test… el camino. “Eres un mamonazo,
violento, sin humanidad, que pegas y castigas a los demás, inocentes,
seguramente… o no… y los haces orinarse y sangrar, haces que pierdan a sus
familias, a ellos mismos… y ya estaría. El 8 a 0, es infinito.
Al final, ganaría un monstruo, tras
otro… de aquí o de allá, desde la China o el Irán, de los USA a Israel, surgida
de la violencia de aquellos que te cuentan en Noruega… plagados de túneles,
búnkeres y demás, como insectos metidos bajo tierra, o emigrando a otro
planeta…
Pues éste, el de los óscares y egos
domesticados, a lo mejor… peor… nos lleva a esa película interminable,
inacabada, a otra danza condenada del poder devorador, que lamenta o implora
con lágrimas en los ojos, no quedarse en la efigie de los monstruos,
solitarios… Pero, te crees que me importa lo que te creas… o lo que pienses de
mí, nah.
Y siempre, siempre, te dirán… En la
Colmena se vive fetén… O no. Redención y perdón, de hermanos y hermanas. Como Pecadores
de los coj… que diría el poeta, de la bragueta, azul. Que, de la mochila… ya
hablaré… y de otros mordiscos por venir. Por no ser…


