A todo caballero, más si no lo es… le
llega su San Martín… Y un Huevo. Todo parecía indicar que un, Gran Miembro, de
aquella primera época de los Juegos de Tronos, iba a ser un grandilocuente
caballero. Pero no, se erigió en un errante, silencioso excepto por el chascar
de sus nudillos en el escudero y el reverendo trípode. Y su deceso, se transformó en una justa a vida
o muerte, que llevaría la serie a un torneo de los de vieja escuela… de cine con
mayúsculas, a través de una pequeña historia de confirmación.
Todos nos hemos ido acercando a sus
protagonistas, quijotesco y sanchista, con un montón de sonrisas, salpicadas
antes de la sangría... Ya que la justa pensada, no es muy justa, qué digamos… Quijano
con su pequeño amigo y escudero, servidor de casa grande, es un paralelismo a un
Mandaloriano sin espacio, con devorador de bichejos a las espaldas, hambriento
de bocatas con huevos, nunca mejor dicho. Enseñanzas de un escudero, reconvertido
en Caballero Errante, con leyes de caballería y justicia, conocido como Duncan
El Alto, del cedro y la estrella solitaria…
No entona, pero si baila, en su nueva
faceta… no de rudo caballero, sino de jugador de rugby con toques de humorista.
Y encima, cabalgando el mundo oscuro que caracteriza a Baratheon y losTargaryen, una vez, consumido el fuego que pareciera inmortal, del último
Dragón. Él ha venido para salvar a la princesa, que además es titiritera, y no
posadera. Mas la sorpresa, con 3 caballos en arrendamiento, escudo de nuevo
cuño cuasi regalado, y espada sincronizada con un pasado indefinido, se ha
convertido en revelación entre lores y demás anfitriones al torneo… y algún
espectador despistado. Esta pequeña lección, crece cada minuto.
La algarabía sido gratamente inmensa,
pues, de pequeños placeres, el yantar, defecar en la natura, el reír sin
sentido, ver una pequeña obra de títeres, un espectáculo con ella, emborracharse
y jodienda, es decir, fornicar… y otros por conocer… se sustenta la esencia de
esta pequeña joya, tanto hercúlea como pelona. Y tú deber es disfrutarla… Ser.
Ya lo he pregonado, el spaceman y el
Grogu, pareja de hecho… Y su característico humor, que se ha demostrado
imbatible. Indestructible.
Todo Caballero… necesita un Escudero.
¡Amigo!
Y tú pareces necesitarle, más que nadie.
Aunque te valgas por ti mismo, Ser Peter Claffey de los reinos confusos, entre
nueve y cinco… por el c… te la h… Y él, ha de ser especial, con pelo o sin él…
mejor sin… porque la realidad es tozuda como una mula, y tu aprendiz sabe
hablar al oído de los caballos. Sí… RR, erre que erre.
El caso es que tras 7 años, sobre 7
reinos casados en la exuberancia de escenarios, 7 cabezas afeitadas… nos
hallamos con estos dos, en mundo minúsculo, con mucho músculo. Un tornero rodeado
por la humildad y lo básico, con telón de fondo de un amor en la trastienda, y
un trono de hierro y fuego, que sería confeccionado de sombras. El mito será
una fábula de bichejos, de cigarras y hormigas, liebres que quieren ganar enseguida,
y pacientes tortugas que otearán la meta en el horizonte… tal que lectores de
palmas de la mano. Heridas ya… pero sin meñique aún…
Esto ya es, historia de la
Literatura, ahora en televisión. Esencialmente, transportando un mundo ficticio
y fantástico, hacia un mundo de las plataformas, con un juego lacerante y
pérfido, junto al humor desenfadado. En verdad te digo… el nuevo imperio,
paciente, alargado en el tiempo, errante, claro, entre caminos y espadas… se
vislumbra deslumbrante, ya que acercara el juego a lo divino, lo económico como
trasfondo y el poder, a la humildad. Porque un verdadero caballero… tiene que
luchar por la defensa, de los inocentes.
Esto es ya… sea a través del cosmos o
de la tierra casi media, un Juego de sires y príncipe inexperto, al nivel, de
una historia verdadera a lo Fargo, o autenticidad por horas de The Pitt. Te lo
aviso… Mira y disfruta.
Lo inmortal… Excalibur.
Si lo televisivo habitualmente, nos
hunde en el abismo de lo efímero, a veces nos quedamos mudos, como limitados
por un Proyecto inacabado y cegado, del Lázaro; otras las menos, es bocanada de
aire, que se inhala, exhala, a través de un casco bruñido, cubierto de barro y
otros pegajosos fluidos, o sea, con ínfimas estrellas errantes en parrilla… Pues
eso, amigo Sancho, es inmortal… y queda grabado, como los torneos luminosos y
coloridos de Ivanhoe y Star Wars, o como aquel final del Excalibur de John
Boorman, para siempre.
Así esta propuesta, desenfadada – y
desconocida para bastantes caballeros errados…-, significa una vuelta a la
niñez. O a la juventud que descubrió cómo se fornicaba con armaduras pesadas,
metálicas y brillantes… sin cinturones de castidad, ni nada de las atrocidades
mentales de otras edades. Así, El Caballero de los Siete Reinos sigue teniendo
esa parte animal, tal que caballo desbocado, fogosa como aliento de Dragón,
voraz como Lobo Solitario… de esa parte salvaje y bestial. A la muerte
inesperada.
Oscura como traje de Cuervo, radiante
del amanecer en el campo, rojiza enlazando el asesinato de padre a manos del
hijo, o viceversa… que sería una justa, justa, en aquel caso redondo… Sin
embargo, este Egg tiene algo más, oculto en el alma, y el novel actor Dexter
Sol Ansell, mantiene un espíritu libre, transgresor, alegre, disparatado,
perspicaz, audaz, lazarillo, hambrón, ágil, trasnochador, espía, destronado,
san sagaz y aventurado, aventurero… Teatral acaso, ser vinculante al Sir, de
espíritu y visión, algo irlandesa.
Allí es donde se acercaron a rodar la
serie, efectivamente, naturalmente… y sociológicamente, hablando. Un amigo
reverenciado, ya, sin más, uno de los nuestros, desde esa Edad Media cenicienta,
hasta hoy, por los siglos de los siglos. Y verduzca…
Nada de tecnologías F/X.
Aquí, en el campo y las fojas de los
herreros, en pequeños recintos de artes y tabernas de los pueblos, sin ellos, no
es necesario, escatimar en esfuerzos, que sí, en los gastos por efectos
especiales. Todo es más directo, tanto, qué te llega al corazón. O al tuétano…
En este asunto, de batallas a caballo
y a mano, aunque de efectos salvados como se debe, recuerda a leyendas de
fantasía medieval y seres extraordinarios que, si bien aparecían con prótesis y
mucha imaginación… se apreciaba esa sana intención, como salvamos a la película
DeathStalker, que sigue las andanzas sangrientas de un ladrón, con seres de la
muerte, risueños… No, obra magna para recordar, mantiene ese sacrificio de los
viejos héroes, con los esfuerzos por sacar a flote un filme de bajo
presupuesto, y canadiense… algo de olorcillo a pasión por el cine de aventuras,
y color de obras llamadas de culto. Sin más, eh… En cambio, El Caballero es
mucho más qué eso.
Posee unos personajes alrededor que
se recordarán, como los nobles sin apellidos conocidos, los otros aún por
conocer más. La servidumbre, granjeros y el público de alta cuña, tirapedos,
los oficiales de guardia real u otros de oficios sudorosos, los duelistas de
diferentes orígenes, las grietas en la famila, hermanos tocados y pasotas, los
que cambian de coraza por unas tierrras, héroes, cobardes, los borrachos y las
putas. En estas, justas y prebendas… nos señala y envía a enfrentamientos
sexuales no grabados, vagos de amor declarado, más de otras épocas y reinos, de
desfogue… Sólo, aquí falta la magia, ni Merlines ni Morganas.
No son Ivanhoe con Elizabeth Taylor,
al King Arthur de Lanzarote, por la Ginebra, o el último duelo por capítulos, entre
Sir Driver, Sir Damon, para la pasión de Jodie Comer. Rosáceo, con todo el olor
acre, a incienso y azufre, a lodo y excrementos… como si fuera una lucha en uno
de aquellos rings o rines, tirándose de todos los pelos, habidos o por teñir…
de krull´s a Paladines italianos pasando por un Conan de Cuenca. Ay, el amor…
haberlo, había.
Una Edad de Samuráis.
Las espadas, son una pasión, desde la
época de Hood, Tell, temibles burlones, Scaramouche, vikingos, caballeros
negros, verdes, rojos, nibelungos, highlanders y otros cazadores de cabezas…
tal vez hasta próximos habitantes de Eternia… hasta los sucesores de Mifune y Kurosawa,
que terminan en este la muerte, según este Lone Samurái del que se pueden
destacar la batalla a estocadas, cara a cara, en horizontes salvajes y
cautivadores, como si fuera Dersu Uzala, de corazón bañado de sangre indígena o
caníbal. Alejado de la poesía épica de los Duelistas, y en Ran se multiplicaría
hasta espacios coloridos y desbordantes.
En Tierra, nada de inteligencias
artificiales aquí. Sino verdadera chicha, fugaz y candente, gracias a una pluma
en el paraíso de los argumentos vivaces, tras desaparición de Aziza. Nos queda
el propio George R.R. Martin, creador en serie con Ira Parker y la visión
trásfuga de Owen Harris, que pasó del humor de Monty Python´s y la transgresión
de palabra a lo Dark Mirror, a esa parte indefinida de The Twilight Zone, que
provenía del increíble fin de los 50 y el inicio de un mito recordado en Rod
Serling. Ahora mismo no recuerdo ninguna con espadas, pero en ello estoy,
visitando el pasado… sí, cohetes espaciales y demás viajes.
Para prescindir de toda esa
tecnología, trucos digitales, es una aventura a ese pretérito, a un reencuentro
de cabalgadas, y lentes manchadas de salpicaduras, de materias untosas. Subirse
a horcajadas de una cámara como si de una caballería se tratara… ese es su
mérito, el de HBO robándonos la memoria, con los Cuentos de Dunk y Egg. xDio, y
sus canciones mágicas, todo un caballero del metal.
Nos guarda un salado acorazado,
basado en la antigüedad y el humor, de pareja ambigua y amistosa, descerebrada
y natural… para volver a combatir el sopor cotidiano de nuestras vidas, con el
honor… o esa gloria. De los elegidos… Frecuentar los caminos… comer, reír y
llorar. Dar el postrero aliento, hasta morir de amor… Siempre, siempre…
existieron dos mundos en colisión, del colapso de los medievales en el fondo,
camino a la perdición o la supervivencia… No, no os debo hablar de Thor, el
Dios del Trueno, porque es cosa pequeña, pero grandísima bobada.
El de los cazadores y el de sus
presas… Y esta serie, desprende también esos enfrentamientos, esos encuentros
casuales, amistosos o fraternales, infernales, cegados por el odio, comprando
en mercados del medievo, sagradas justas, de rivales por el poder, frente a revolucionarios… Por eso, El Caballero, desprende
sabor a autenticidad, frente a la siniestra, que se juega a los Tronos, con esa
inteligencia, que posiblemente recree un nuevo mito de la modernidad.
Tanto monta Dunk como Egg, Mr. Walter
Matthau con John Lemmon, entrañas en las parejas, extraño protagonismo innato
de las que se quedan en la memoria; pues
dos estrellas en ascenso, rampante y errante, con el brillo que desprenden
aquellas salidas de Star Wars, y mentes adyacentes… solitarias, defendieron a
muerte, para Centauros en el Desierto. Así que, es más que un Caballero y un
chico de armas… es una pareja de ases para HBO.
Un reino de cabezas plagadas de inteligencia igualmente, esos diálogos servidos en bandeja de plata, pertenecen al bien hablar y sentir, y al vincularse como lenguas fraternales, o bien del padre, o viceversa del hijo… a Él es una fuerza de la naturaleza, ya sin balón ovalado, con un par de huevos… y el muchacho, el chaval… es el símil de Sancho, pero ansioso de vivir aventuras… Sin capacidad fantástica de Grogu, eso sí.






