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viernes, 13 de febrero de 2015

Mr. Turner


Un pintor ´iluminado`

La película Mr. Turner tiene dos figuras principales como protagonistas destacables, ambos son británicos y estudiantes en la Real Academia de Arte Dramático, dónde comenzaron sus carreras en el teatro y el cine. Además, el director Mike Leigh es hijo de un médico inmigrante judío, quizás de ahí su interés por las enfermedades y las clases sociales trabajadoras, mientras que el entrañable y estimulante actor Timothy Spall amante del arte y los retratos de personajes de época nació del vientre de una peluquera.
Estas características, sin importancia para su trabajo inicialmente, si tienen que ver con Sir Joseph Mallord William Turner, Mr. Turner nacido en 1775 y criado en las raíces culturales del Romanticismo, que durante su niñez observaría la vocación empresarial de su padre por las pelucas y los pelos.

Sin embargo, tras la muerte de su hermana pequeña a los once años, desconectaría de ese mundo hermético de cuatro paredes para adentrarse en los viajes y fijarse en lo externo, en la arquitectura y la naturaleza, en su poder para destruir y cambiar los paisajes.
Por ello, su carácter fue cambiando (aunque siempre jovial) para adentrarse en la observación y la ambigüedad solitaria del artista, pues poco después ingresaría en la Royal Academy of Art de Londres, cuando había dado muestras de su precoz genialidad para la pintura.
En 1802 se convertiría en miembro destacado de una generación romántica que exponía sus obras ante las principales familias nobles y regias de la Inglaterra victoriana.

Timothy Spall hace uno de los papeles de su vida, esperado desde el comienzo de su carrera en la mítica y musical Quadrophenia, ahora como Mr. Turner aguardando una luz determinada y los colores naturales adecuados para comenzar a interpretar su obra. Siempre atento a la fuerza de los fenómenos atmosféricos, del paisajismo cambiante y los cambios tecnológicos y artísticos, se dedicaba a tomar notas a sanguina en pequeños cuadernos de dibujo para captar el instante. Decía: “ Pintar lo que se ve, no lo que se conoce”.
En la película es difícil atrapar esos momentos de inmovilidad del artista, ensimismado con los colores y la luz, concentrado en sus bocetos y alimentado por los viajes a través de su amado río Támesis y el océano. Barcos al óleo representando circunstancias históricas, mitología mezclada entre azul cobalto y toda la gama de amarillos existente, escupía sobre sus cuadros y pincelaba sus acuarelas como un animal excitado busca un momento de placer o éxtasis.

Así era su vida, alrededor del arte más variado, desde la música que veía con los ojos, la poesía que meditaba entre gruñidos o la fotografía que abría las puertas a otra generación de artistas. Pero, como el sabía, la inmovilidad de su trabajo y las temáticas pictóricas estaban envueltas de todo lo contrario, masas de agua y aire que formaban sus pinturas o cambios drásticos en su estilo naturalista y paisajista. Cambios que provinieron, en gran medida, de sus viajes por Francia y el Louvre, Suiza u Holanda e Italia, conociendo los movimientos de sus distinguidos camaradas y tomando prestado las ideas de otros genios como Albert Cuyp, Claudio de Lorena, Rembrandt o Tiziano.
Seguramente muy distinto a lo aprendido de sus maestros Sir Josuah Reynolds y Paul Sandby, que consiguieron de Mr. Turner uno de sus alumnos más brillantes y personales de la época.

La película de Leigh también dibuja un escenario personal durante sus últimas décadas de vida, desde su enfermedad respiratoria (probablemente inducida por el ambiente húmedo de la ciudad) y las relaciones con su padre o sus mujeres. Una madre que enloqueció siendo aún muy joven, una hermana dramáticamente fallecida, una ex-mujer que desprecia su forma de vida pero ama su dinero, una criada que es tomada sexualmente al asalto salvaje y negada en su personalidad de mujer, y por último, una amante en una estancia luminosa que le lleva a una doble identidad.
Son los rasgos nasales que siempre le traen el recuerdo de otra de sus pasiones, la mitología y la historia clásicas, a golpe de pincel y comidas sabrosas mezcladas con sexo en la ventana, alcohol o drogas, identificado con la libertad del hombre y des espíritu renovador.
Leigh idealiza en su cine las clases sociales más bajas, pero en Mr. Turner se combinan con la aristocracia de las clases adineradas y su pomposidad de palabra u obra, de forma magistral y con sentido crítico. A la vez que Timothy Spall escandaliza a sus coetáneos con un proceso de abstracción y confusión, adelantando otra época caracterizada por el impresionismo, las formas y la claridad onírica de nuevos paisajes.
De aquí nacen su Ulises mofándose de Polifemo, dónde el héroe arranca el ojo al monstruo, más La Valiente Teméraire remolcada desde el último punto de anclaje para ser destruida, dónde el Sol Poniente y la Luna Creciente rivalizan por el cambio de era tecnológica, y Lluvia, Vapor y Velocidad dónde ya es un hecho la entrada de nuevos motores en la ciencia y el arte.

Obras de un maestro que tendría por delante muchos amaneceres antes de que la enfermedad le robara los últimos alientos de vida y su anticipada visión de la pintura. Después de que El Amanecer con Monstruos Marinos, quedara como tributo a los ciudadanos de manera libre y gratuita, contra la especulación del dinero y a favor de la dedicación solitaria del artista.
Aunque, actuara alguna vez como mascarón de proa de una generación contra los críticos, sus ojos se fijaban en la nariz de diosas, de manos musicales o de criadas abandonadas a su suerte, en un mundo dirigido por los hombres, pero reinado por una mujer.

Leigh ha construido su última gran película, entre la vejez marcada por los rasgos geniales de la locura, esa depresión jovial y la enfermedad, con que ha regalado a su amigo y compañero (en cinco ocasiones) Timothy Spall este personaje visionario y ganador como mejor actor en el Festival de Cannes.
Ojalá su colaboración por muchos años más, a pesar de la crónica leucemia mieloide del actor londinense, que le lleva a pensar cosas geniales como ésta: “No sabía lo que me había enfermado, pero el estrés tiene algo que ver con ello y el punto ahora es enfrentar al estrés. Hizo darme cuenta de las cosas y llegar a ser más selectivo. Estoy menos preocupado por el empleo. Realmente hago mi trabajo, por lo cual no estoy tenso en el set, porque realmente no sé lo que estoy haciendo”.

Toda una revelación y otra joya del arte pictórico y de la fotografía, como no podía ser de otro modo tratándose de Mr. Turner, cuando se disponía a preparar su último gran lienzo, junto a la ventana de su pequeña habitación de Chelsea.
Esta película es un homenaje a todo los amantes... de la pintura.

**** Notable ****

Mr. Turner – Soundtrack by Gary Yershon.


Mr. Turner and the Summer Exhibition (Making-Of)

Nightcrawler.


Monstruos retratados.

Pocas veces habíamos visto a un Jake Gyllenhaal tan oscuros y con semejantes ojeras. Es normal al ir arrastrándose como una araña por la noche en busca de nuevos encuentros para ser filmados, así sus ojeras han ido ampliándose desde que se le vaciasen las cuencas en las extrañas pesadillas que le visitaran en Donnie Darko.
Ahora acercándose a la cuarentena, se ha oscurecido más si cabe, tras sus interpretaciones en películas con fondo criminal como Prisioneros y Enemy, y se pone tras la cámara (la propia de su personaje Lou Bloom) con el rostro de Frankenstein de las filmaciones truculentas para llevarse un codiciado dinero. Sin embargo, ni Nightcrawler es el mejor vehículo para lucirse ni sus ojos se parecen al gran Boris Karloff para inquietar al personal, a pesar de sus esfuerzos por mantener a flote la película.

Tampoco, las imágenes que graba y edita, a su vez, son rodadas con buen pulso y un argumento arrollador para competir con otras producciones que se presentan este año en los Oscar´s. Pues, el guionista Dan Gilroy (The Fall, El Legado de Bourne), que aquí se sitúa tras la cámara, se ha dejado arrastrar por unas secuencias demasiado estereotipadas sobre la violencia y las imágenes que aparecen en las cadenas de televisión, ni reproduce el temor que éstas producen en los telespectadores. Los grandes olvidados del filme.
Desarrollar una película sobre esta amoralidad que se expande por nuestras calles, con la consecuente devaluación de los valores humanos, centrándola a la vez en el ámbito del periodismo y sus agregados sin título, es una evidencia del debate que se abre en la mayoría de sociedades en la actualidad. También del futuro de algunas profesiones que pudieran estar siendo invadidas por "arañas" falsas y manipuladoras.

Sería evidente traducir el problema de los infiltrados en cualquier profesión haciendo una mayor crítica sobre los pasos que llevan a alguien a lanzarse de esa forma a la vida nocturna, y la muerte. También, el poder que ejercen los medios y profesionales angustiados por sus situaciones personales, que se vuelcan en la charcutería fina para continuar en los primeros puestos de las audiencias, aunque haya que tratar con individuos de tan baja calidad moral. Convirtiéndose en una sombra peor que ellos.

La sociedad que abandona unas reglas de comportamiento se verán abocadas a la desintegración y la manipulación, en definitiva al imperio del miedo. Porque esta invasión furtiva de personajes ilegales será a la larga una lacra para todos los estamentos, tanto públicos como privados, y las profesiones que hasta ahora parecían limpias y respetables, se convertirán en un basurero de imágenes impactantes y ninguna solución.
Dan Gilroy escribe con cierta repetición las secuencias por las calles de Los Ángeles, pareciendo conocer bien lo que esconden sus anocheceres y la fauna que circula en busca de víctimas propicias (normalmente la clase media y blanca) como protagonistas de los noticieros y sus aperturas con los sucesos diarios. Sin embargo, siento que Nightcrawler fotocopia excesivamente algunas secuencias y no denuncia ni avisa de los peligros que sugiere, muy de lejos.

Aunque, el guion solamente se trate de una ficción, si que hay algunos elementos enjuiciables que se dirigen hacia prácticas ilegales, casi esperpénticas delante de los cuerpos de protección ciudadana. Pareciera un panorama tan increíble que cuesta bastante digerir y encima se permita en favor de una libertad indebida y el nulo esfuerzo para conseguir un trabajo en que prima la espera, y las carreras con la competencia.
Creo que el personaje de Gyllenhaal es tan execrable como estúpido, y la cinta se deshace con una desvirtualización que lleva al desencuentro con los profesionales, o por último con un público que se encuentra perdido. He leído algunas referencias a otras películas que pudieran ser las antecesoras de Nightcrawler en cuanto a temática, pero no hallo demasiadas coincidencias ni interpretativas ni artísticas, como Driver o Taxi Driver, o El Gran Carnaval y Network. Creo que nos hemos vuelto un poco locos, además al comparar a Gilroy con estos directores o el mismísimo David Lynch, pero bueno, son interpretaciones y gustos.

El Frankenstein creado por la presencia exultante de Internet queda bastante diluida, y la búsqueda de carnaza con que alimentar la voracidad de los medios de comunicación, parece ser presa de esas imágenes violentas que no son tan impactantes viendo la actualidad. Tampoco la competencia entre las distintas productoras dedicadas a aumentar las audiencias a cualquier coste.
Realmente este monstruo (y otros que delinquen) se debate entre las exigencias, más bien extorsiones para alcanzar lustrosos contratos y la manipulación de los contenidos o las pruebas. Para ello, se convierte en algo distinto a un ladrón menor, dirigiendo los pasos a invadir la intimidad de las víctimas, propagando el terror entre los ciudadanos, en un ciclo sin fin que entra en el salón de nuestros hogares.

Ni Rene Russo, ni Bill Paxton con tablas suficientes en el mundo del cine han logrado que me interese por sus noticias, más impactantes o truculentas que eficaces para mis intereses críticos. Mientras la gente se encierra herméticamente con cámaras y altas vallas en sus propiedades y comunidades, con sus hijos protegidos como en cárceles del nuevo milenio.
Toda una temática de actualidad que hubiera necesitado más amplias miras para construir una historia creciente en interés y tensión, mirando más allá de los acontecimientos de extrema violencia y que producen un debate diario en los profesionales y el público en general. La presentación cinematográfica me ha parecido demasiado retenida y falta de dicha tensión dramática, en concreto algo reiterativa con los momentos de espera.

Y una reflexión. Si se propagan en las noches este tipo de personajes deambulando por nuestros barrios e invadiendo domicilios privados con nula moralidad, será sin duda una pésima noticia para la palabra más ultrajada de nuestros días. La libertad.
Por otro lado, la profesionalidad y legalidad en la información de los medios de comunicación estarían en serios problemas de credibilidad, observando un horizonte dónde los monstruos andan a sus anchas.
Como un verdadero Depredador Nocturno.

Pienso que hubiera dado de sí en manos de otros directores como Dennis Villeneuve (por no decir de las referencias que se han comparado) y he visto suficiente pulso en la denuncia que subyace en Nightcrawler.

** Pasable ***

Nightcrawler Soundtrack - Faith in Love

Judas Priest - Night Crawler


Judas Priest - Night Crawler

miércoles, 11 de febrero de 2015

Foxcatcher.


Amigos para siempre...

Un escrito puede edificarse mediante una simple anécdota, al igual que una película puede construirse alrededor de una historia poco interesante a priori.
He podido observar que este año, las películas que compiten por hacerse con un Oscar (siempre vistas hasta ahora) tienen algunos rasgos en común poco relevantes. Además de desarrollar historias basadas en ciertos momentos históricos o representativos, biográficos y destructivos para algunos de sus protagonistas.
Con causas internas y personales o acciones de personas a su alrededor que producen la decadencia, tanto en escenarios propios de Pennsylvania y hechos reales como imaginarios.

Uno de esos rasgos emparentados, tiene que ver con el físico de los personajes a quienes se interpretan los actores, bien por su personalidad manejando unas baquetas, a través de dos científicos con olfato para los grandes descubrimientos, cómicos y héroes, o un hombre-pájaro a ritmo de jazz con cambios emocionales y profesionales.
En la cinta Foxcatcher dirigida con impactante y resolutiva tensión, a manos de un director Bennett Miller que aporta un puñado de obras cinematográficas en conjunto gratificantes (aunque escasas) como Truman Capote o Monneyball, toda la emoción se esconde tras las interpretaciones de un reparto de peso pesado. Quizá un director dedicado al mundo del deporte rodado para la gran pantalla.

Sobre todo, lo que tapan los trajes o disfraces entre la lucha y el estado catártico es una atmósfera extraña, tras músculos y armas, barbas y postizos, encontramos caballos y jeringas. Esto es, bajo la goma de alguna prótesis nasal que otra, esta hornada de filmes tiende a la aportación dramática y cómica especialmente ácida, son algunos de los protagonistas de la noche de los Oscars. Se podría comentar que los directores, actores y guionistas de este año se caracterizan por su gran olfato.
Foxcatcher además, es un lugar singular, apartado del exterior y de apariencias.

La película es una vuelta al pasado más próximo a mi generación. Los ochenta con sus dudas y sus brillos, con la esperanza de conseguir nuevos retos (físicos e intelectuales), con consumo de drogas y la personalidad individual alterada (escondida y visceral) bajo los lazos familiares, que a veces aprisionaban más que una llave estranguladora sobre un ring de lucha libre.
Foxcatcher es, también, una hacienda millonaria, con ricos excéntricos y secretos ocultos en soledad. Tras otra nariz exuberante como su actor protagonista Steve Carell, hallamos una capa gruesa de mentiras y miradas separadas. Mediante la construcción de un personaje entre lo histriónico y lo divertidamente patético que lucha mediante la constancia con su doble cara. Sensacional junto al resto del reparto.

Su familia, los Du Pont han edificado un imperio de exhibicionismo y su papel es un reflejo de las posibilidades de un actor que viene demostrando su calidad con otros proyectos profesionales. En una historia con alta carga ideológica sobre el paradigma humano, entre la ambición o el valor personal y los defectos o rasgos que acentúan las decisiones personales. Se asoma la rentabilidad de una actividad minoritaria y la representación de unos valores patriotas frente a los egos. Todo parece poco rentable a priori, como todo lo existente, como enigmas, como Birdman y la batalla del viejo jazz en Whiplash. Tendencias a la desaparición provocada por la cabeza del águila dorada, semejante a la calidad del material de aquel Halcón Maltés, sobre el que se forjaban los sueños.
Sin embargo, odiamos lo que representa la imagen de alguien o lo que le rodeaba. Good.
Esas son las relaciones que rodean la eterna pelea, las discrepancias y actitudes irresolubles ya, entre una madre e hijo corriendo paralelamente a el duelo de un hermano mayor y otro menor, y la amistad confusa que confluye entre ellas.
Son individuos tan diferentes como aunados en el terreno emocional.

Foxcatcher reparte la fisicidad del deporte, la crítica de ciertos comportamientos y el egoísmo del éxito personal. Mientras los actores que compiten cuerpo a cuerpo entre sí, entrelazando sudor e historias, marcan el sorprendente escenario flemático y visión nasal de un cómico abriendo nuevas etapas (tanto monta Carell como Keaton con sus diferencias), y el director Miller.
Por supuesto, sin desdeñar el magnífico trabajo de sus compañeros de reparto, a Channing Tatum creciendo y forcejeando con su hermanado Mark Ruffalo, siempre convincente y seleccionando buenos papeles. También junto a Sienna Miller y Vanessa Redgrave en pequeñas apariciones en una película de hombres, pero con papeles de guía como madres esforzadas enseñando músculo ante sus familias tan separadas en el tiempo y la realidad.

Todo acompañado por un guion resuelto en la construcción de unos personajes (en principio tan indiferentes), marcados por sus comportamientos y aptitudes morales tan dispares, que ayudan a magnificar esta trama real de pasiones olímpicas, héroes y deportes íntimos.
De ellos parte su estructura decadente, su atmósfera sofisticadamente enferma y los retratos de una época que tiene dos direcciones, una denunciable respecto a su moralidad y otra, paradójicamente, entrañable. Por tanto, gran trabajo de sus guionistas acostumbrados a manejar la sonrisa como Dan Futterman y E. Max Frye encaminado hacia un retrato de parafernalia deportiva que desconocía. Todo compactado en unas imágenes impolutas por su rodaje y montaje, y el trabajo de una banda sonora minimalista y convulsa por la utilización de instrumentos, compuesta por Rob Simonsen que funciona como un trabajo de desgaste en la lucha.

No será la gran favorita, pero rebosa calidad a raudales, gracias a la nariz de un zorro como Steve Carell y el jefe dirigiendo Bennett Miller. Pues, se debe descubrir lo que esconde esta película en los vestuarios, al quitar el fango del ring y hallar vidas perdidas, inexistentes.
Tragarse el barro pisoteado en una cacería que salpica a todos los personajes, entre sangre, droga o miedos al fracaso, a asimilar el oro del triunfo. Por medio quedarán los reproches y las falsedades, incluidas narices postizas y postureo ante la realidad de vidas fracasadas, también de unas interpretaciones renovadoras en algunos casos y academicistas en otros.

La competición que va a comenzar y será salvaje por acceder al podio, tan salvaje como algunos relatos de este año... y unos directores bastante disfrazados, inteligentemente “zorros”.

**** Notable ****

Rob Simonsen – Olympic Losses ( Foxcatcher Soundtrack ) .


Jóhann Jóhannsson - Escape ( Foxcatcher Soundtrack)


Arvo Pärt & Alexander Malter - Für Alina ( Foxcatcher Soundtrack)

lunes, 9 de febrero de 2015

Whiplash.


El Jazz pugilístico con Whiplash.

Aquella jornada no iba a ser como otra cualquiera de su vida, ya que durante los días precedentes de su existencia su mente había soñado con estar en la situación actual. Las tensiones se había ido acumulando, entre él y los participantes en las primeras escaramuzas.
El joven llamada Andrew Neyman se desvivía por tener un bis a bis, había pasado toda la noche sin pegar ojo pensando en reencontrarse con su rostro ejecutor, alguien que tanto le estaba alterando física y psicológicamente.
Parecía que el reloj se detenía a cada segundo, resonando en el silencio de la noche. Eran las 6 o las 9 de la mañana, quién sabe. Aunque el canto del gallo había dado plantón a su nerviosismo, éste le indujo a saltar precipitadamente a la calle antes de que los primeros rayos del sol alumbraran su rostro cansado y apareciera sobre los tejados de los edificios. ¡Mueve tus pies Andrew, rápido!

Tanta prisa para reencontrarse con el temible Terence Fletcher, y ahora una larga espera con las armas preparadas y enfundadas como las baquetas de una batería. Era otro intento por demostrar que dominaba el temblor en sus manos y se distinguiría por ser el más rápido sobre el terreno.
Andrew lo sabía, estaba preparado pues había estado practicando durante largo tiempo, ejercitando sus músculos y concentrándose en el objetivo. Toda una vida para intentar alcanzar a los más grandes, tentados por el alcohol o las drogas, con lanzamientos cortantes a sus cabezas y bravuconerías de todo índole, insultos graves hacia sus parientes más cercanos, que intentaron minar sus esfuerzos. Ser el mejor.

Andrew se había adelantado, el enfrentamiento no se produciría hasta tres horas más tardes ya con el sol luciendo con cierta fuerza. Tres horas para mentalizarse y hacer frente al gran combate que se avecinaba en el horizonte. Un duelo a muerte, no entre 6 cuerdas de bajo u 8 como en una guitarra, porque este ring estaba cubierto de sombras y sangre reseca de otros combates.
Su estrategia sería plantear un combate con impactos bien sonoros, retumbando en todas las cabezas presentes, tanto amigos o conocidos como los espectadores que hubieran pagado su entrada para presenciar el duelo desde sus butacas.
En el lejano Oeste, hace un par de siglos, las cosas se habrían solucionado de otra forma con el Duque (no Ellington) marcando los pasos. Sólo podría haber quedado uno en pie, mientras el otro permanecería tirado en medio de la calle, agujereado y lleno de polvo.

Sin embargo, el boxeo como el jazz era más caballeroso. Sus sonoridades parecidas en la escala habían sido retratadas en multitud de ocasiones por la literatura negra y el cine de Hollywood. Se parecía en los movimientos agresivos y las improvisaciones, en la libertad con que se ejecutaban los movimientos, las notas.
Se asemejaban con los golpes precisos, el ritmo y la cadencia con que los púgiles sueltan sus manos sobre el rostro del contrario. Y las reacciones que provocaban en la audiencia, en un baile con su swing característico. Porque en Whiplash (una canción para el recuerdo) o Caravan (no hacia el Oeste), el sudor, las lágrimas y la sangre, teñían la piel tensa como la superficie de un bombo.

También de agravios personales resueltos a bofetadas, forzando las diferencias hasta límites insospechados para artistas sin guantes. E incluso, con la muerte rondando en el ambiente cargado de clubes nocturnos, pues muchos habían dejado aquel escenario musical perdido en el tiempo, incapaces de aguantar aquellos tremendos golpes de la fortuna y el éxito, con sus puños desnudos.
Otros, tenían la soga al cuello permanentemente, como seña de la responsabilidad y la frustración por no alzarse con el gran premio destinado a los genios. O maestros sin piedad.

Cinco horas golpeándose sin descanso en aquel infausto ring, era demasiado.
Aquellos compañeros caídos se ocultaban en las sombras, presenciando un ritual que estaba lejos de terminar, para al fin formar parte de la banda. La competencia era tan extrema que las familias sufrían con ellos, por sus manos descarnadas y objetivo de una lengua tan afilada y ponzoñosa como las fauces de una serpiente en el desierto. Así, era esta industria de vencedores y vencidos. De desaparecidos.
Las notas surgiendo como crochets diabólicos, no se perdían por el recinto (de todo menos deportivo) ya que ahondaban como las huellas que marcaron sus caras en otros tiempos.

Después de aquella lucha sin cuartel, de despellejarse por fuera y por dentro, ahora tirados sobre la lona gimoteando como hienas hambrientas, era una batalla sin fin. Continuaban golpeándose e injuriando entre dientes. Maldiciendo una y mil veces.
El joven y el viejo, el maestro titular y el aspirante, que buscan la perfección y la sincronía como un baile estudiado, perfecto como lograsen el gran Buddy Rich o el Pájaro interpretando temas inolvidables como los ángeles, la figura de Charlie Parker planea siempre por la película (otra especie de Birdman a ritmo de batería de jazz). Como infinidad de genios que abrirían sus venas para que corriese la sangre de la música y los caballos se desbocasen hacia una muerte prematura. Aunque desapareciera la gran música, como el blues o el rock& roll sentenciados a una muerte bajo el sol. Quizás, alguno lograse convertirse en el nuevo rey del swing, en este ring salvaje de Oeste a Este, de Los Ángeles y San Francisco hasta el New York de Woody Allen por los alrededores del Cotton Club, lejos de la tierra prometida que inventase los nuevos ritmos.

Esta competición a muerte, está rodada con una visceralidad a prueba de otro joven aprendiz de maestro como Damien Chazelle (guionista también de El Último Exorcismo 2 o Grand Piano) que ha dado un paso excelso en su carrera como director de cine. Una fuerza tan asfixiante a cada plano, en cada hora de espera que se eleva por encima de la media artística en la próxima entrega de premios, desde su estreno en el Festival de Sundance, con unas actuaciones impecables de los dos pugilistas rítmicos. Enormes Miles Teller con su nariz de boxeador y manos de músico y, sobre todo, un inconmensurable J.K. Simmons.
Es posible que la cinta busque demasiado la excelencia, pero como en el boxeo... ¿quién no desearía el golpe perfecto?
Aquí, en Whiplash, el guion del mismo Chazelle se convierte en la obra maestra, con suficientes arpegios de calidad para tumbar al boxeador más bregado y conquistar al buen aficionado a la gran música, al viento y la percusión. A aquellos combates cuerpo a cuerpo, marcados por el oído o la Fama en las escuelas de arte (te echamos de menos en el mundillo actual Alan Parker) y de las calles y clubes por las que interpretara el gran Bird retratado magistralmente por
>Clint Eastwood
.

Whiplash es una lucha constante, pero es la vida del músico dispuesto a alcanzar la gloria con el sufrimiento, o quedarse en la cuneta de la miseria.
El duelo interpretativo y de montaje, hace de Whiplash una velada tan excepcional como sorpresiva, en la que jazz (y boxeo poético) chocan sus puños en el centro del fotograma, el ring de las pasiones. Pero, dónde los golpes bajos y el todo vale, se apodera de numerosos asaltos en forma de secuencias magistrales.
Y el joven Teller no tira la toalla frente un Simmons desbordante, inmisericorde. Sino que lucha con todos sus medios a costa de perder las cosas que más parecía querer en la vida, mejor dicho en el filme o esta batalla jazzística.

Al final como en la inmortalidad, sólo puede quedar uno. Sólo ante el peligro, un Pájaro que canta con su plumaje desplegado al mundo, afinando sus ojos lacrimosos al triunfo, aunque aguantando los designios de unos impactos tan brutales y despreciables. Pues, el vencedor se alzará con los aplausos de un público y crítica entregados, en sintonía con aquellos viejos pistoleros que abandonaron el ring con el fracaso, sin volver la mirada cambiada atrás.
Para siempre, formarán parte la leyenda de la vieja Música y el cine.

**** Muy Buena *****

Caravan" is a jazz standard composed by Juan Tizol and first performed by Duke Ellington in 1936.
Martin Denny, Arthur Lyman, and Gordon Jenkins all covered it. Woody Allen used the song in two of his films, Alice and Sweet and Lowdown.
Duke Ellington - Caravan (with
>Ella Fitzgerald
)


Whiplash written for Hank Levy (Whiplash Soundtrack).

domingo, 8 de febrero de 2015

Birdman.


Volar o no volar... 
he ahí la cuestión.

Se podría decir que los momentos más reflexivos de los seres humanos, se afrontan desde las alturas a través de las ventanas que separan nuestra realidad del exterior. Así, cada individuo lucha con la Insoportable Levedad del Ser o no Ser. Esa es la cuestión, que expresaba el gran William.
Si bien, los caminos o representaciones ficticias son tan variados como los personajes de una obra de teatro, que cambian a cada instante mostrando sus diferentes caras, fingiendo o engañando a cada paso hacia el triunfo o el poder. También se puede ganar jugando a otras cosas, apostando por la verdad o el amor. ¿O no?

El amor se mimetiza a través de la función teatral, que se confunde con el engaño de la vida, de alguna forma revive en Birdman los escenarios que otros directores visitaron en su cine en el pasado. Ejemplos como Robert Altman desmontando El Juego de Hollywood o La Última Función invadida por un cínico sentido del humor, con Woody Harrelson a la cabeza, enloquecida. Por otro lado, sentimos que La Inesperada Virtud tiene mucho que ver con Peter Bogdanovich en The Last Picture Show con el cambio de una época mítica del cine, y otras dónde los protagonistas usan Máscara para ocultarse de la fealdad que les rodea, hasta conseguir que el teatro sea un reflejo de sus vidas y se debate entre una buena obra o ¡Qué Ruina de Función! (Noises Off!).
Pero, sin duda La Ignorancia tiene mucho que agradecerle al gran Ernst Lubitsch su aportación a la comedia salvaje y despiadada, al doble sentido y al amor por el teatro, la literatura universal de Shakespeare y el cine.

En Birdman o La Inesperada Virtud de la Ignorancia, las ventanas de la libertad se enfrentan con las puertas que separan las distintas realidades, siendo éstas pertenecientes a un teatro de Broadway. Mientras, los actores que deambulan por la obra de textos erráticos como los personajes, algunos de What We Talk About When We Talk About Love de Raymond Carver, además de hacerse la preguntas transcendentales sobre el amor, la vida y el éxito personal, se introducen en su mundo literario del llamado realismo sucio. Quizá, el hiperrealismo que se pronuncia en algún momento del filme dirigido por otro autor nacido en Ciudad de México, Alejandro González Iñarritu. Demostrando de nuevo, el mágico y poco volátil instante del cine mexicano actual como ocurriese en épocas doradas de su pasado cinematográfico.

Las puertas en Birdman no se abren para enseñar los sentimientos ni las dudas solamente, sino que sirven para enlazar la característica principal del cine de Iñarritu (Amores Perros) en la utilización de la cámara y adentrar al público en su espectáculo de imágenes y sensaciones. En esta ocasión, el héroe o actor de Broadway interpretado por un Michael Keaton renacido con su esfuerzo, es un compendio de experiencias vitales y del rodaje con travelling continuo, arriesgado y fascinante, mediante una producción que rinde homenaje a sus determinantes pasados. Uno como figura universal de éxito emergente tras su vida personal (con marcados parecidos) y el otro de estudiante.
Iñárritu estudió dirección de teatro durante 3 años de la mano de un maestro dramaturgo y director de teatro polaco Ludwik Margules y con Judith Weston en Los Ángeles. Demostrando en este nuevo trabajo, el estado personal adecuado de sus carreras, lo que significa o lo hará para cada uno de los participantes en el proyecto, sus fobias y dudas, sus anhelos y sueños, mediante la magia del cine y el teatro. Para demostrar si es amor o trabajo lo que llena nuestras vidas o si su falta es un hoyo de decadencia, que entierra nuestros defectos o miedos con capas de sedimentos, historia o de detritus del pasado.

Cada puerta que se abre o cierra, puede ser una entrada a un espacio luminoso dónde el humor se mezcla con los ácidos del estómago, funcionando como un resplandor que lucha contra las máscaras impuestas por la sociedad. O también, puede ser la salida o fundido en negro, que marca lo oscuro de las decisiones humanas, dónde descubrimos el sentido trágico de nuestras decisiones, cuando algunos personajes tienden al realismo al subirse o sobrevolar las tablas de un escenario. O de la vida.
Esta forma de rodar, tiene un mérito que confiere a Birdman un viaje hacia lo desconocido, a lo novedoso, con una banda sonora atrevida y absorbente, sirviendo de vehículo para el lucimiento de unos actores en completa simbiosis con el director.

Una vez conocidos los premios otorgados por la Academia (atención que algunas personas creen que los Oscars están votados únicamente por los críticos) se observa que los profesionales del cine, directores y actores, sienten una atracción muy edificante por los argumentos que tienen que ver con el mundo del teatro y sus dificultades para llevar a escena una obra cualquiera. Por eso, estoy contento con las categorías que han volado tan alto ayer para esta película y el cine mexicano, no por ninguna motivación especial pues realmente no tengo demasiado interés personal en apoyar ninguna producción en particular. Dicho de otra forma, tampoco me hiere no haber acertado otros años alguno de los premiados.
Si tengo que matizar que Michael Keaton se merecía el Oscar a mejor actor por un papel lleno de matices, con un lenguaje no muy habitual en el cine y aspectos técnicos que hacen de Birdman una colección de sensaciones que transitan desde las luces de Broadway hasta los entresijos de las bambalinas plagadas de polvo y lágrimas. Otra vez será, o no será.

El carácter minimalista de la música jazz, a través de un batería esencial en la historia llamado Antonio Sánchez (Pat Metheny Group) que aporta un ritmo y una impronta que sugiere la ciudad de New York y las multitudes en sus calles, o los encuentros azarosos de los personajes entre sí, o con las disquisiciones del personaje principal entre frustraciones y esperanzas de cambio.
Todos tienen algo que ofrecernos, pues el guion demuestra que Birdman es una película esencialmente de actores y su mundo, de hombres y mujeres con sus miedos, de un director con un conocimiento perfecto de los mecanismos de comunicación... y con un Michael Keaton, intenso y desdoblado en dos personalidades propias de su profesión, con una estatuilla dorada prácticamente asegurada en sus manos. Porque ha demostrado que es un actor con todas las letras, y me alegro.
De igual forma que señala la gran fotografía, de un profesional como Emmanuel Lubezki que ya se hiciera con el premio Oscar por su trabajo en Gravity el año pasado.
El cine mexicano, ha dado un paso hacia un futuro brillante, de nuevo. Enhorabuena por el éxito en la gala de anoche.

Acá, muchos han ahondado en la inesperada virtud de la ignorancia para renacer (o algo parecido) de sus cenizas, director, actores o personajes de ficción; en una lucha interna que intenta separar el personaje del contenido. Dónde las máscaras funcionan como fondo para ocultar los sentimientos, dónde los fantasmas viven en la sombra, en las profundidades de una ciudad y sus barrios, se quedan ocultos con su nueva personalidad (nariz) o miran por una ventana al futuro. Preguntas sobre si dicho amor absoluto existe en realidad sobre el tejado de un edificio que sirve también como escenario.
Ya que la máscara se usa en las más diversas ocasiones, desde una función y su producción inherente que arriesga la estabilidad económica de los que apuestan por el arte. Hasta el mundo de la crítica y los espectadores, deseosos de llamar su atención o de marcar las diferencias con los artistas y sus caprichos, obsesiones y tics, cuando todos formamos parte del proceso de la creación. Pero, hay que ser humildes y reconocer que sólo son opiniones personales aunque escribas para un medio multitudinario o te hagas famoso con unas imágenes furtivas y virales.

Por otra parte reconocer una gran labor de casting, con este reparto compuesto por Emma Stone, Edward Norton, Andrea Riseborough, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Andrea Riseborough y Amy Ryan. Es curioso que la parte cabreada e irresistible de su conciencia, esté protagonizada por un actor semi-oculto, tanto en la transfiguración de su disfraz como en el eco resonante que trae reminiscencias de un personaje exitoso como Batman, en la figura de un actor poco conocido como Benjamin Kanes.

Podría estar escribiendo infinidad de páginas sobre las sensaciones y circunstancias que rodean la película, o de la Insoportable Levedad del Ser sugerida con los iconos que se representan en la pantalla y que forman (de alguna forma) parte de nuestra existencia, pero tengo o tenemos UNA vida propia que se aleja del mundo de la farándula. Y el éxito económico o social, tiene muchos caminos que al final pueden estrellarse contra la acera o comenzar una nueva. Por lo que la existencia entraría en el mundo de la fantasía y la imaginación de cada uno, de la máscara que estuviéramos dispuestos a usar o fingir, a desear o compartir.
Como está de moda ofrecer los premios y triunfos profesionales a los miembros recordados de nuestra familia, este comentario va dedicado a todos aquellos que luchan por la felicidad de sus seres queridos, y no se arrastran por los derroteros del ridículo y superficial éxito personal.

Si Birdman o La Inesperada Virtud de la Ignorancia, cree que el éxito personal se basa en el amor, veremos si se convierte en realidad el próximo día 22 de Febrero de 2015 en el Teatro Dolby de Los Ángeles, y los miembros de la Academia le otorgan las mieles del éxito. Esta vez, muy merecidas a mi juicio.
Si no, volveremos a las caretas que olfatean con dificultad la magia y la convierten en desfigurada ignorancia.

***** Excelente ****

Birdman SOUNDTRACK - Flying Theme


Birdman soundtrack - Antonio Sánchez

sábado, 7 de febrero de 2015

Still Alice.


¿El Oscar para Julianne Moore?

Still Alice proviene de un libro de Lisa Genova sobre la enfermedad y los procesos degenerativos que se producen dentro del seno de la familia y de las reacciones físicas que evolucionan en el organismo del enfermo.
El caso particular de esta profesora lingüista de Columbia, con un problema genético que propaga la enfermedad de Alzheimer en su mente equilibrada y culta, así como de su pertenencia a una familia de clase acomodada, reviste a su historia de un grado de diferencia significativa con otros posibles enfermos que no tienen los medios para proporcionar un ambiente médico tan comprensivo. Ya que de la eficacia de los tratamientos o los consejos médicos se abre un abismo respecto a familias con menos poder económico y deficiencias culturales. Desde luego, sería otra película para aquellos que no tienen voz ni derechos sociales.

Aquí, además de dicha diferencia se comparte con cualquier paciente con este grave problema, la inevitable caída de nuestros organismos ante el envejecimiento y la destrucción de células sanas, aunque en el caso de la película dirigida por un norteamericano Richard Glatzer y un británico Wash Westmoreland, se refiera a un proceso de destrucción demasiado temprano y agresivo por culpa de la precocidad genética. Por lo cual, cualquier espectador se puede identificar en el miedo, el nerviosismo y la impotencia con la protagonista interpretada por Julianne Moore, eficaz como siempre en un trabajo que opta de nuevo al Oscar a mejor actriz femenina.
Los cuerpos abandonados a la suerte del olvido que proporciona una de las enfermedades más temibles para los seres humanos, es una lucha interna sin fin, y la medicina algo demasiado caro que no debemos pasar por alto (si bien el filme tiene otra mirada) para un enfermo corriente que pelea con el sentimiento de culpa y el día a día. Ya que la desaparición de la personalidad es un proceso demasiado duro y penoso.

En cualquier etapa de la historia y por tanto de nuestras vidas, toma una relevancia fundamental el lenguaje o comunicación con los demás, a través de la memoria y el conocimiento, al igual que su importancia en una obra o película cualquiera. En especial ésta, Still Alice se fundamenta en un caso tan cercano para tantas personas, que produce un pánico a la pérdida de los valores esenciales del ser humano.
También se necesita que un historia crezca, convenza y prospere en nuestra mente, por medio e personajes bien reflejados en la pantalla y de las interpretaciones de los actores, que deben lograr el difícil propósito que el espectador olvide durante dos horas que sólo está viendo una película. Gracias, por supuesto, al talento de un equipo.

Pero, me temo que Still Alice, el siempre no significa calidad de principio a fin. Ni los actores (exceptuando a la pareja protagonista con Julianne Moore y un sólido Alec Baldwin) producen el efecto deseado de la naturalidad, lo cual me abre una serie de dudas en el futuro.
En cuanto al guion adaptado entre ambos directores tiene lagunas y cierto exceso de velocidad para llegar al proceso de deterioro del personaje, perdiendo la cara en más de una ocasión a lo más importante: ¿preferirías o no conocer el futuro de tu estado de salud? Si el año próximo se presentara como el último dónde fueras tu mismo... ¿Qué es más importante, el amor o la paciencia en la pareja?

Estos juegos de palabras propulsan el camino para una recuperación imposible, una lucha por el estudio que se convierte en una carrera contra el reloj, y las posturas necesarias para que una persona enferma sea lo más feliz posible en esos dramáticos momentos. Para ello, Alice necesita el arropo de su familia, marido e hijos, para mantener firme una labor tremenda de recordar los momentos importantes día a día, sin complejos ni humillación. Una labor que aunque no nos complace es incuestionable, pues saber quienes somos y quién está a nuestro alrededor, es ser uno mismo. Sino estás perdido para siempre antes de tu muerte.

El conocimiento es la base de la existencia y la comunicación la única fórmula que tienen los seres vivos de adquirir la experiencia y conservarla en nuestra memoria.
Cuando perdemos alguna de ellas como le ocurre a la protagonista, los archivos neuronales dejan de suministrar lo que confiere nuestra personalidad, y se produce el hecho infructuoso de volver a nacer. ¿Por qué? Porque a partir de ese momento, vas retrocediendo indefectiblemente hasta el principio, pero sin la posibilidad de un nuevo proceso cognitivo, por lo que la enfermedad de Alzheimer produce una especie de muerte en vida. Lo más terrible y bien representado en la película con algunas secuencias de mérito interpretativo.
Además, sin las ayudas externas y médicas, aunque sobre todo internas, podríamos decir que el enfermo se convierte en un apestado social y peor aún en su propia familia, derrotado por la incapacidad laboral y la soledad que atrae los peores sentimientos autodestructivos.

Algunos médicos dictan en sus indicaciones, un proceso estresante en los pacientes (el mal de moda en la sociedad actual), sin embargo, las consecuencias pueden llevar al mal entendido de la realidad del enfermo. Los pequeños olvidos seguidos de ocurrencias obsesivas deben tener todo la calma posible en el seno de la familia, aunque el deterioro se produzca sin un dolor físico.
Por otro lado, ese carácter genético abre otras discusiones en dicho ámbito familia, al preguntarse si se preferiría conocer o no el futuro de la salud. Creo que sería un tema que tendría que haber tenido mayor repercusión en Still Alice.

Así que, aunque la cinta tiene el interés máximo de la actualidad, la película se queda a medio camino en algunos aspectos. Y tengo algunas dudas respecto a las interpretaciones. No por el lado protagónico principal, sino algunas réplicas. Por tanto, no tengo demasiado claro a pesar de ser la gran favorita, que Julianne Moore se alce con la estatuilla. Veremos.

Por otro lado, Still Alice sigue una pauta en cine comercial norteamericano, que se especializa en temas impactantes en familias de clase media-alta, cuando sería interesante reflejar los problemas en otras menos agraciadas económicamente. Conseguir todas las pruebas necesarias (los principales especialistas, con resonancias y tomografías) hubiera sido casi imposible para esas personas, la innovación y la ciencia está alejada de los pobres sentenciados. Aún así, es de agradecer cualquier representación que intenta abrir el debate y la pelea contra enfermedades tan agresivas.

*** Interesante ***

Still Alice OST | If I Had A Boat by Karen Elson


martes, 3 de febrero de 2015

La Isla Mínima.


El Niño sin bromas.

Este próximo fin de semana se otorgan en Madrid los premios Goya del cine español, en una ceremonia en la que ellos se lo guisan y se lo reparten, es decir, debes poseer la uniformidad necesaria para entrar en su exclusivo club, tanto cultural como ideológico.
En una época que me recuerda a la aparición de un joven político de izquierdas que lanzaba consignas sobre superar la crisis y una antigua etapa negra en España. Eran los 80, un periodo de tiempo tras una dictadura forjada en una cruenta guerra civil que separaría para siempre a los ciudadanos y que los aromas de la venganza fluyen hasta nuestros días. Triste.

Por tanto, en los años siguientes de aperturismo y democracia, yo tenía una edad demasiado temprana para comprender esa situación de la sociedad española. Durante principios de los 80, vivía en la tranquilidad de una familia humilde que trabajaba (si podía) para mantener un nivel de vida adecuado y tranquilo, sin excesos. A pesar de la amenaza terrorista, se podría decir que éramos más o menos felices. Si es que se puede considerar así.

35 años después cuando la cosa tendría que haber cambiado, todo sigue parecido.
Los medios y la noticias siguen asustando al personal con crímenes de todo tipo, y si cabe, mucho más crueles y dolorosos, da igual el tipo de terror que se quiera imponer en nuestras ciudades.
Ahora, el director sevillano Alberto Rodríguez visita los escenarios de su tierra con las marismas del Guadalquivir como escenario truculento, tanto que por momentos parece irreconocible, por la excelente calidad fotográfica y el tema tratado en su nueva película La Isla Mínima.

Contada en los inicios de dicha década, los niños de barrio del sur de Madrid o de Sevilla, vivíamos con el pensamiento puesto en los juegos y estudios, mientras que los mayores miraban al futuro con esperanza. Así, ocurre con dos policías cambiados de su destino madrileño y con las niñas aparecidas muertas, violadas y seccionadas violentamente en la película. Señalando un panorama tan truculento que me cuesta trabajo reconocer sin hacer una mueca, lo siento pero no acabo de entender que una población tan jovial y animosa se encontrara en tales condiciones de decadencia y salvajismo. Siempre se han cometido asesinatos, pero recuerdo que el caso de las niñas de Alcáser se produjo en los noventa y la procedencia de los incriminados era de clases sociales bajas y entornos enfermizos. Es así habitualmente.

Por esos motivos, me acerco con cuidado a todas aquellas empresas cinematográficas que manejan datos históricos o ahondan en los sufrimientos del franquismo y la guerra civil. Hombres y mujeres que formaron parte de la esperanza y separados por el retrato oscurantista que reflejan los personajes que habitan La Isla Mínima. No se salva ninguno.

Si bien la cinta es correcta en términos de producción y realización técnica, con unos actores bien elegidos encabezados por Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo en la piel de dos policías destinados desde Madrid que se ven inmersos en la investigación, el panorama que dibuja es tan negro y decadente que cuesta trabajo asimilar.
Sin embargo, el guion tiene diversos aspectos confusos y con errores que te distraen de la trama principal, como la suciedad en un pueblo tan luminoso y alegre como el andaluz, que produce una sensación de irrealidad profunda. Una especie de fotocopia de otros éxitos policiacos como Memories of Murder, Seven o la serie True Detective, salvando las distancias en sentido del humor la primera y científica, o los diálogos cargados de metafísica y de la visión innovadora de un director como Cary Fukunaga. Vamos que se han pasado en la comparación, creo yo.

Encontramos secuencias que chocan con ese ruralismo sucio, como la selección de una madre demasiado joven e idealizada como para ser creíble, por no comentar las compañeras de la escuela que parecen sacadas de una pasarela y perfección en sus rasgos físicos. Tampoco me complace, la investigación policial cargada de tópicos para atrapar a un psicópata de ese calibre inhumano, con pesquisas enfangadas y apariciones periodísticas, al igual que turnos de vigilancia dentro de un coche aparcado sin escudos frente a fincas completamente aisladas y silenciosas, sin levantar sospechas ni ruidos en los alrededores. Todos tan cercanos, que hasta parece incomprensible que pudieran ser sorprendidos.

Típico dos policías obstinados, pero tan silenciosos que no parecen compañeros ni sabemos apenas nadas de sus vidas y rasgos psicológicos (todo lo contrario a los ejemplos anteriores) y una historia que se desmadra en tramas tan enmarañadas que extienden la confusión a cualquier tipo de luz sobre la investigación. El comienzo de la situación criminal es prometedor y la dirección de Alberto muy acertada, pero según llegan las subtramas desarrolladas por su guionista habitual Rafael Cobos, todo se vuelve fangoso y artificial con aparición de personajes que ahondan en la degradación moral, volviendo todo demasiado horrendo. No hay un papel que se salve de la excesiva negatividad y amoralidad.

Para acercarme y criticar esta falta de héroes, debo explicar algunas de las características que reflejan sus personajes oscuros y el pesimismo que produce esta película en los jóvenes que vivieron durante la época de los ochenta en España.
En primer lugar, unas menores de edad que piensan que para salir de su círculo natural es mejor socializar con extraños y creer promesas demasiado ostentosas. Con un pequeño pueblo dónde cohabitan los cazadores furtivos que chantajean a la policía, dónde se trafica con drogas duras y los investigadores miran hacia otro lado, y con familias tan alocadas como irreconocibles.

Porque los asesinos múltiples tienen otro tipo de rasgos psicológicos y procesos traumatizantes, aunque se quiera convertir al poderoso en el ser más vil y odioso. Porque un padre de pueblo, vende a sus hijas por ocuparse de un fardo muy peligroso, como si fuera un verdadero mafioso, mientras la madre acepta y mira hacia otro lado. Y se mantienen relaciones extrañas en una casa regentada por una mujer igualmente corrupta y poco comprometida con sus vecinos.
Además, aparece Jesús Castro una promesa del cine patrio que debe empezar a encajar en otros registros, pues de El Niño guaperas que se levanta a la chicas y pone cara de póker en cualquier escena, no va a alcanzar la aceptación de la crítica. Aunque tenga el don del sigilo y la mirada perdida, yo le animo a completar su aprendizaje en la interpretación. Desde luego, yo me quedo con la primera y más divertida que también compite al premio a mejor película del 2014.

Más decadencia, el periodista aparece de la nada y comienza a pedir información a cambio de sus pequeñas revelaciones, solamente para alcanzar el éxito profesional. Los miembros de la guardia civil son estereotipos de brutalidad y falta de competencia, sin ninguna reflexión ni empatía. Vamos lo normal en una película crítica contra las fuerzas del orden de la época.
Y por último, tenemos a un duro comisario que emplea su fuerza para sacar información, pero que se vuelve un ogro cuando se sugiere que iba disparando a manifestantes pacíficos y trabajadores en huelga. Más o menos así debería ser su final, pero se justifica la brutalidad cuando se encara con un aromático y execrable terrateniente.
Al final, el único que parece cabal y ecuánime, el papel interpretado por Raúl Arévalo, es el peor. Pues deja libre a un compañero tan criminal como el verdadero psicópata, para que disfrute del alcohol y las mujeres sin ningún miramiento. Aquí no hay ningún héroe ni rasgo positivo, La Isla Mínima ha resultado demasiado pesimista para una sociedad y un chaval que jugaba en su barrio en los “terribles” ochenta.

Dicho esto, ahora ganará todos los premios Goya y mi opinión será como los restos humanos esparcidos sin orden aparente. Tendré que visionar alguna película española más, que me haga cambiar la perfección de tan atroz crimen, pues a este cuerpo se le ven demasiado las costuras.

** Pasable ***

domingo, 1 de febrero de 2015

The Imitation Game.


El Año de la Máquina y la Inteligencia.

Noruega es una país que se declaró neutral durante la Primera gran Guerra en Europa, su política reflexionaba por las justificaciones de un juego peligroso que causaría la muerte a millones de personas. La misma postura que tomaría durante la Segunda Guerra Mundial, pero que debido al ansia y megalomanía de un dictador nazi se vería invadida por el Tercer Reich con la oposición de otro de sus amigos europeos, los británicos. Y en esta película, el director noruego Morten Tyldum (Headhunters) tiene algo que decir respecto a la historia de un hombre que nos libraría de ese terrible dominio.


Cuando los políticos hablaban (y lo siguen haciendo) en términos prebélicos, se transforman en soldados que disparan palabras asesinas de millares de ciudadanos, millones de inteligencias que acaban perdiéndose para siempre. Entonces, el miedo se instala en la sociedad ante unos individuos, que en muchas ocasiones, producen corrupción y hambre con sus juegos de guerra.

- Leones con piel de cordero (alguien dijo).
- Si fueras Clarice Starling no pensarías así.
- ¿Cómo que no. Acaso un reputado médico psiquiatra como Hannibal no se puede disfrazar de despiadado criminal culinario...?
- Clarice te diría que en una carnicería (similar a una guerra), todos, incluso los leones acaban cayendo como corderitos.
- Me has recordado a la máquina de picar carne, recreada en El Muro de Pink Floyd, amigo.
- Oh, me han dado la idea para construir una máquina que combata a dicha máquina.
- Veo, tu Juego de la Imitación.

En 1940 en plena expansión sangrienta del Reich, la invasión de Noruega supuso la entrada en la guerra de Gran Bretaña por la importancia de las comunicaciones para mantener la industria bélica y las materias primas, además de luchar contra la carnicería xenófoba que negaba el derecho a existir de la diferencia.
Miles de vidas se pondrían en peligro en lo más crudo de aquella guerra, pues en apenas un año, el ejército alemán con la fuerza aérea más potente de Europa se había propuesto la conquista de Polonia, con cierta protección táctica de Inglaterra que sería insuficiente para detener a la Luftwaffe y las posteriores crímenes contra la Humanidad.

¿Pero, qué significa un año en nuestras vidas?
En el caso extremo de la Segunda Guerra Mundial, un periodo de tiempo así supone una decisión de participar contra el Mal. En un año se puede dilucidar entre la vida y la muerte, o marcar a millones de personas para el resto de sus vidas. Padres, hijos o hermanos que lucharían por la libertad de todos, contra los que se autodenominaron jueces y salvadores del mundo, solamente asesinos de la humanidad. Matarifes gamados asestando el golpe, sobre hombres como corderos asustados.
Por tanto, en un año se puede derramar litros y litros de lágrimas.

En 365 días, un cerebro puede dedicar todo su empeño en desarrollar una idea y una solución.
Todas las pretensiones del intelecto dedicadas a convertir un sueño en realidad, se puede pasar de realizar sencillos juegos de palabras sobre un periódico cualquiera, hasta leer en primera página a cinco columnas que la guerra ha terminado.
Y tú con tu computadora (semejante al nacimiento imberbe de HAL9000 cantando a Daisy) que tanto estudiaste para evolucionar, luchaste, y por supuesto, amaste durante la paz... puedes acabar arrinconado y olvidado, recordando que tu propia vida ha sido programada como una vulgar imitación.
En un año, la realidad se puede convertir en una máscara de ocultación.

Son aquellas caretas que nos colocamos (o nos imponen por reglas absurdas de sociedades intransigentes) para confundir a nuestra mente con un rostro diferente al verdadero. En una especie de involución hacia posturas idealizadas que no tienen sentido en la sociedad actual, menos la de 1940.
Durante ese año del pasado, por tanto, se puede perder el amor de tu vida o ahogarte en un océano incendiado por los torpedos defendiendo el pan de las familias y el acero para construir bombas que acaban con un mar de lágrimas y recuerdos.

Mientras en la actualidad, en el mundo del cine, el dinero hace posible comprar y evolucionar un libro que cuenta la historia de un hombre semi-oculto y brillante que sería capaz de diluir todo el sufrimiento por esperanza. A pesar de que fuera uno de los perjudicados en primera línea de batalla con las palabras.
Y un joven escritor de cine, adapta la novela de Andrew Hodges sobre la vida y el trabajo fundamental para finiquitar la guerra de Alan Turing. Un traumatizado y prudente matemático británico que se dedicó a elaborar los comienzos de la tecnología digital y la informática, desarrollando una máquina que descifrara y mintiera sobre las acciones a realizar para eludir la eficacia de los servicios de inteligencia, alemán y soviético.
Para ello, tendría que llevar una careta hasta su muerte.

The Imitation Game, se basa en Enigma como otras películas que han visitado tan transcendental hecho de la historia británica y mundial, pero abarcando varios años de la vida de Turing y ciertas supuestas relaciones con su equipo de colaboradores, los mandatarios del ejército acuciados por resolver la ecuación y detener la devastación nazi y algún hecho oculto que se mantuvo para proteger las claves de la nueva tecnología. Incluida una carta amorosa que resultaría clave en un encuentro azaroso para doblegar el oscurantismo de un tirano. Al final, estamos indefensos ante un golpe de suerte o la poca fortuna de una enfermedad temprana.
En un año de producción, el director Morten Tyldum se ha colocado en primera línea de las nominaciones (con 8 para optar al Oscar) y distribuida en USA por los todopoderosos Weinstein que fabrican un buen puñado de películas o juegos de imitación cada año. Por tanto, tienen opciones a conquistar el terreno perdido y consagrar a los héroes anónimos que solucionaron un crucigrama mortal.

También, en esa cantidad de tiempo, una tecnología puede crecer hasta convertirse en inteligente (a su manera como explicaba Alan Turing), como un compañero maquinal e independiente de nombre Christopher, en busca de la salvación para muchos otros inocentes de la guerra como él.
Benedict Cumberbatch se encarga de dibujar un complejo personaje con muchos matices y secretos, como el antígeno de Enigma. Un personaje caricaturizado y que propone un juego continuo y mortal contra el imperio del bien en la piel del hombre murciélago, tras noches y noches de investigación y vigilancia en su cueva tecnológica. Y para ello, necesitará a su lado un equipo de colaboradores que oculten su verdadera personalidad e intenciones, aunque tenga que mentir o diluir sus emociones por el bien de la civilización. Aunque, tenga que casarse con una joven interpretada por Keira Knightley dispuesta a tirar por la borda su futuro a cambio del éxito de la inteligencia sobre el terror.

Un año en que todo cambia para estos grandes actores, cuando tu mundo imaginario ha pasado por un romance musicalizado que vuelve siempre una y otra vez, encaminándose hacia un nuevo proyecto en la cima del éxito con el dramatismo y la lucha por la supervivencia en el Everest. Mientras que el actor de moda, un monstruo en la gran y pequeña pantalla, investiga la forma de pasar de la piel de un dragón envuelto en otra terrible batalla en El Hobbit o de un Sherlock con ciertos parecidos razonables a Turing, hacia el futuro de una Ciudad Perdida de Z o de la mafia política den Black Mass. Múltiples proyectos de Cumberbatch que llevarán a interpretar o jugar con el Extraño mundo de Marvel, u otros paralelos.
Mientras Alexandre Desplat compone otra banda sonora interesante que opta al premio de este año con The Imitation Game.

Mientras observas la película, piensas si encontrarás en ella más alicientes que los interpretativos para estimar bien invertidos los euros que cuesta la entrada, sobre todo, viendo que hay precedentes anteriores que funcionaron bastante correctamente en el pasado. Sin embargo, cuando ves el flequillo descuidado y enigmático de una personalidad como Benedict "Turing" y su enamoramiento intelectual por una mujer siempre impecable con el rostro de Keira (Begin Again), o el sueño de vencer a la guerra con sus enfrentamientos silenciosos y paradigmas, a través de la ciencia y el conocimiento, apuestas por esta película definitivamente (aunque tenga pendiente el anterior trabajo del director noruego) y por un reparto definitivamente inglés, bien seleccionado en sus puestos con Matthew Goode (Watchmen, Stoker), Mark Strong (El Topo, Zero Dark Thirty), Charles Dance, Rory Kinnear (Quantum of Solace, Skyfall) o los jóvenes Allen Leech (The Sweeney, Gran Piano) o Matthew Beard (An Education, Chatroom), entre otros.

En definitiva, en un año se puede ganar a un tirano y acabar una carnicería de inocentes.
En un año se pueden salvar las vidas de 14 millones de nuevas víctimas.
En un año es posible ganar uno o varios Oscar´s en el festival de la Academia de Hollywood.
Pero, en ese año también puedes perder el contacto con todo a pesar de haber construido el futuro, siendo la información tan importante (como ahora), tanto que una invasión se puede detener con mentiras, y ver al vencedor relegado al olvido.
Todo por perder el amor en un año.

**** Notable ****

Alexandre Desplat conducting the London symphony Orchestra performing The Imitation Game Suite.


Black Mass Shoot Video with Benedict Cumberbatch -- School Bussing Scene


Tráiler Laggies, de Lynn Shelton. Reparto: Keira Knightley, Chloë Grace Moretz, Sam Rockwell, Mark Webber, Gretchen Mol.


Tráiler Kingsman: The Secret Service, de Matthew Vaughn. Reparto: Colin Firth, Michael Caine, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Hamill, Sofia Boutella, Jack Davenport, Mark Strong.


jueves, 29 de enero de 2015

God´s Pocket.


Entre dioses o diablos.

Mickey Scarpeto es un miembro como otro cualquiera de un pequeño barrio, casi un suburbio o gueto, en el que se mira de soslayo a cualquier individuo que no venga de fuera. Que no pertenezca a la familia, y más si sus orígenes italianos pasan inadvertidos en una sociedad de raíces irlandesas como God´s Pocket.
En realidad se hace referencia en la novela de Peter Dexter a Devil´s Pocket en el sur de Philadelphia, un lugar dónde Scarpeto se encuentra en muchas ocasiones fuera de lugar, ejerciendo unas labores y actividades que le han llevado a esta última situación en la que se halla. Aquí, sentado y esperando a que las cosas tomen su camino natural basado en la violencia.

Cuando pasas por sus calles o entras en sus pequeños bares de reunión, miras con extrañeza y hablas con tus vecinos como si fuera una pesadilla o un divertimento muy negro. Las expresiones con escasez de educación son acusaciones lanzadas a propósito, se convierten en un reguero de sentimientos encontrados, avisos o amenazas que relegan a esta población a una especie de pesadilla social, tan real como sus personajes nos puedan hacer creer con situaciones tan viciosas como risibles.
Quizás hasta peligrosas, pues sus ciudadanos se confunden en la masa y pueden surgir como una jauría humana en la oscuridad o una mano empuñando cualquier tipo de arma. El hombre que se siente extranjero en su propia casa, la mujer reprochando su apatía, un amigo que apuesta su último riñón en una carrera, un enterrador que no sabemos si busca dinero o su muerte, un escritor que se encuentra sólo con el alcohol, y otros muchos vecinos hablando de las cosas de la comunidad en su lugar habitual.
Todo parece fuera de la ley, con humor negro aceptado, e igualmente silenciado para los extraños.

Como se dice en el texto, en God´s Pocket (presentada en el Festival de Sundance) todo el mundo ha robado algo a otro alguna vez... Y este Scarpeto con el rostro inolvidable de la profesionalidad y el vicio, se mueve en los ojos sombríos aunque vivaces del gran Philip Seymour Hoffman. Otro ladrón de escenas y carne que si bien no pertenece a dichas raíces sanguíneas, también participa de la vida salvaje a veces y contemplativa en otras de la idiosincrasia particular que envuelve a sus habitantes misteriosos, o cómicos.
God´s Pocket podría nombrarse como la Sin City de lo cutre, con lo anti-higiénico de la muerte, la violencia que se mezcla con los vicios, sexo, alcohol y juegos, o las mujeres transformándose en las defensoras del negocio familiar, como figuras emergiendo de una película de Scorsese (The Wolf of Wall Street) o de los hermanos Coen, asumiendo parecidos razonables.

Aquí en el primer largometraje dirigido por un actor llamado John Slattery y autor del guion adaptado junto a Alex Metclaf, junto a unos personajes bien interpretados por buenos actores, se halla la defensa de unos valores erróneos en el tiempo que vivimos, el rigor de la mafia y el ensalzamiento de la venganza, confundida por la xenofobia, los efluvios de alta graduación o el linchamiento público como escarnio.
El vicio y los comportamientos alterados es la clave para desarrollar una historia entre la marginalidad y la delincuencia, con toques de lúcida ironía humorística, como si fuera una parte de la sociedad que acepta un mundo sin reglas, la corrupción o la búsqueda de pruebas a cualquier precio. Y esto se advierte con un elenco preciso y de nivel, con Christina Hendricks (Drive), Richard Jenkins (The Cabin in the Woods, Jack Reacher), John Turturro o Eddie Marsan (Tyrannosaur, The World End´s). Y el aprendiz de psicópata Caleb Landry Jones (Antiviral, Byzantium), con una presencia pequeña aunque relevante e inerte.

Los personajes que giran alrededor son lo más eficiente y divertido de la peli (incluso los papeles que no tienen un nombre conocido detrás), a través de sus conversaciones entre tensas e irracionales se muestra su ecosistema en crisis, dónde la cultura es vista como un enemigo indiscreto, y los muchachos juegan a ser los psicópatas del futuro, puede que ninguno. También dónde las madres practican el tiro en los parques, esperando juntos el momento en que la familia se acerque a reclamar, presionar y sentenciar.
Dónde se busca una fortuna rápida y sin esfuerzo, porque el hastío de la gente busca el placer en otras materias más perjudiciales, también nos volvemos erráticos respecto del amor y el sexo. God´s Pocket es una muestra de cine independiente significado por la vida que nos rodea; o sino, miren a su alrededor y comprueben que muchos comportamientos están flotando en el aire. Simplemente, es un reflejo de la decadencia y la corrupción moral, y un enfrentamiento de un actor que se planteó demasiadas cosas a la vez o se vio superado por su entorno.

El caso es que cuando se abre el telón, el último viajante de Arthur Miller, se mueve con la tranquilidad o la gesticulación adecuada a cada secuencia, como si un dios pisará la escena o un pobre diablo entregara su propia alma con su trabajo. La profesionalidad de Philip Seymour hace que te olvides de su terrible destino, porque la película se ve como un homenaje a los espectadores por su parte. Y nosotros se lo devolvemos, con admiración.
Porque sí, es el último buen regalo que nos ofreció el vencedor tantas otras veces con su magnética presencia, desde que empezara interpretando a un abogado en la serie Ley y Orden hasta su magnífico trabajo sin fisuras en Capote, y tantos otros.

No podemos ver esta película sin emocionarnos un poco, porque oímos su voz ofreciéndonos un recital y le sentimos vivo, como una figura eterna y reconocida por la crítica y la industria cinematográfica.
Pero, además de cierta tristeza, Philip Seymour permanecerá siempre en los papeles que nos regaló a los aficionados y nosotros seguiremos aplaudiendo a este actor neoyorquino, con la cara tan jovial como triste... igual que la vida misma.

Así que God´s Pocket es una experiencia no del todo triste, gracias Philip. R.i.p.

*** Buena ****

martes, 27 de enero de 2015

Into the Woods.


Ten cuidado con lo deseas... te puede salir al contrario.

Algo que parece nuevo pero que no lo es. Así es el desarrollo interno (y externo) que se esconde en lo más recóndito de Into the Woods, una película con marcadas raíces teatrales, cómicas y musicales. Es decir, funciona en la más pura y tradicional trayectoria de las producciones de Walt Disney Pictures, pero con un ligero aroma a desmitificar y modernizar aquellas leyendas de antaño. (Cuentos en el cine)

Siempre en los cuentos infantiles (o no tanto) cuando algún determinado personaje se introducía en la oscuridad de un bosque frondoso, intervenían los factores moralizantes para desentramar comportamientos o acciones que se desviaban del camino recto, para aquellos que regían los destinos de los ciudadanos o como respuesta a los designios naturales inamovibles. Cosas increíbles y aventuras fantásticas o extravagantes les ocurrían a los protagonistas, con animales que se comportaban con rasgos humanos o seres exotéricos dentro de un mundo irreal o ejemplarizante.
Los grandes fabulistas y cuentistas como los Hermanos Grimm, se centraban en rancias tradiciones transmitidas oralmente entre generaciones, que se irían modificando a través del tiempo para adaptarse con las nuevas épocas.

Aunque se mantuviera la raíz etimológica de la historia, algunas pequeñas circunstancias podían adaptarse dependiendo de las zonas geográficas y las costumbres que contaban sus habitantes.

En Into the Woods del director Rob Marshall y guion escrito para Broadway por otro antiguo realizador de nombre James Lapine (mientras la composición estaba en manos de Stephen Sondheim conocido por multitud de partituras para cine y televisión), la tradición norteamericana del musical se esparce sobre los cuentos entrelazados, mayormente, embarullados. Que mantienen el mismo hilo argumental y la cadencia monótona de unas letras poco atractivas para Cinecomio, pues el paralelismo confluye por un guion poco atractivo, la música y canciones repetitivas y las interpretaciones esforzadas de sus protagonistas.

Por tanto, me parece que los aspectos que hacer de Into the Woods un desarrollo novedoso, se quedan en una estratagema para enrevesar dichos caminos hasta que los ilustres personajes se pierden en un laberinto sin interés ni gracia. Los cuentos, se transforman en mera formalidad para mostrar la industria de Hollywood a la hora de ambientar sus películas, con un vestuario profesional y ciertos escenarios naturales (como el Castillo de Dover, la abadía de Waverley o Richmond Park) mezclados con el diseño de los estudios Shepperton de Londres.
Otro punto nefasto para nosotros, es la producción de unos efectos especiales bastante desdibujados para ser una obra que debería brillar en todos los aspectos visuales.

Sin embargo, todo lo que parece brillar como un huevo de oro, se ve empañado por el batiburrillo de encuentros y desencuentros que terminan por desorientar hasta el tenor o la soprano más pintado o privilegiado en su voz. Nada que reprochar a los intérpretes que se esmeran por acompasar sus escenas a un guion que abarca demasiado y unas canciones o números musicales que pronto desaparecen de nuestras retinas y recuerdos.
Sin escatimar los esfuerzos de todo el equipo (a pesar de que Marshall no es de mi gusto), el guion se decanta por la confusión y un halo de realidad-fantástica que no acaba de funcionar, ni sus secuencias fluyen eficazmente por la pantalla.

La monotonía y la ambientación de cuento de princesas, se mezcla con chistes trillados sobre las relaciones o emociones que influyen para la desconexión de un humilde espectador, bombardeado con ciertos aspectos dramáticos forzados y las moralizadoras respuestas de los personajes. Demasiado semejantes a las tradicionales animaciones del pasado de la productora, que probablemente en el intento de versión por parte de Jim Henson Productions hubiera creado una visión de este mundo, mucho más mágico y divertido. Sin duda.

Si sumamos la modernización inevitable de la antigua batalla entre el bien y el mal, que se lleva desarrollando durante siglos en los cuentos, la moraleja se vuelve más disparatada y contraproducente con las transformaciones de bruja con guiños benévolos a dama distinguida con intereses ocultos. Vamos que ni Meryl Streep llega a estar convincente con sus expresiones y cambios de voz para seleccionar ambas caras de una misma bruja, o reconocer a Liv Ullman en un papel sin demasiado ángel, ni diablo.

Para diferenciar proyectos anteriores del dirigido por Rob Marshall, tenemos que observar los cambios en los rostros, de Meryl a Cher o Susan Sarandon, o el panadero interpretado por James Corden con Robin Williams o Billy Cristal. De Emily Blunt (Looper, Al Filo del Mañana y próxima protagonista en Sicario del director Dennis Villeneuve) como esposa del panadero a Goldie Hawn o Meg Ryan, y personajes secundarios con Danny de Vito como gigante o Steve Martin como ese lobo humano en la corta aparición de Johnny Depp. Es un ejemplo de como cambiaría el cuento, aunque preferiría unos buenos diseños de marionetas y mundos creados por la imaginación desbordante del genio de Henson.

Los premios son otra historia aparte, dependen de muchos otros factores como intereses comerciales o el peso de los nombres en el reparto. Por tanto, si Into the Woods gana alguna estatuilla será una sorpresa para mí, así que vayan con el cuento a otra parte.
Vamos que casi me quedo con la aparición de los más jóvenes, como Daniel Huttlestone (Los Miserables), la inquietante expresión de Lilla Crawford, y a las estimulantes McKenzie Mauzy y Anna Kendrick con sus respectivos príncipes liados en la más divertida intervención musical y coreográfica.

Pues, sin más me despido de ustedes, esperando que les haya convencido este cuento... colorín, colorado, estas dos horas confusas han terminado.

** Regular **

Into the Woods in Tony Adwards 1988 (Broadway version)


Entrevista con Rick Springfield por su trabajo en Ricki and the Flash de Jonathan Demme, junto a Maryl Streep, Kevin Kline, Sebastian Stan.


domingo, 25 de enero de 2015

The Dissapearance of Eleanor Rigby.


Ella y él, con Ellos.

Como un tema mundialmente conocido de The Beatles, muchas canciones o algunos instantes de nuestras vidas que pueden desaparecer de los recuerdos, para quedar impregnados por un aire fantasmal que tememos revivir. Por ello, las películas basadas en estos momentos vitales y sentimentales, es decir la realidad más cruda, se identifican con la elaboración de los personajes como método de otorgar una mayor credibilidad a los diálogos que establezcan entre sí.
Luego, en alguno o varios de ellos, la memoria selectiva rellenará con pensamientos o decidirá con las imágenes del pasado que acciones emprender en nuestro presente.
Rememoramos una y olvidamos otras, o al menos lo intentamos.

Así, en la película The Disappearance de Eleanor Rigby (que no es aquella mujer solitaria que cantara Paul McCartney o pudieran ser todas) se toma prestado el título de un recuerdo fantasmagórico en Liverpool. La figura de la mujer o Ella, se establece en contraposición al cerebro masculino y sus distintas formas de interpretar algunas cuestiones, dónde se refugia el director neoyorquino, a seguir en su carrera recién iniciada en el largometraje Ned Benson, para emprender el viaje en el tiempo de las relaciones en pareja. Con un guion propio que indica los cambios dramáticos cuando dos personas dejan de confiar el uno en el otro, pasando por todas las etapas posibles en dos formatos que se convirtieron en tres.
Dos películas, de ella y él según la visión de cada protagonista, para confluir en un único filme remontado bajo la batuta de Weinstein para reducir el resultado estético en la pantalla.

Por tanto, he decidido que la partícula (Re-) sea la indicada para guiar los pasos de este retrato del tiempo en este comentario.
Siento que esta desaparición se transforma visualmente en Reaparición con Jessica Chastain tras su explosión interpretativa en 2011, remontando su participación en producciones no demasiado complacientes digamos. Una actriz que desarma a los espectadores con su presencia pálida y cobriza, una fuerza e intérprete natural a pesar de la estatura y un trabajo entre el énfasis dramático y la predisposición para enamorar a la cámara. Creo que su valor aumenta cuando se enfrenta a papeles alejados del cariz comercial o fácil, por lo que me alegra su vuelta a personajes intensos y llenos de alternativas en su mundo interior. Veremos a la actriz pelirroja en El Año más violento, de J.C. Chandor junto a Oscar Isaac, David Oyelowo, Alessandro Nivola y Albert Brooks.


También, es un filme de reencuentros. Cuyos personajes retoman las conversaciones pendientes tras una fractura, en busca de sus propios caminos y revelados sus cambios mediante cierta brillantez en las palabras expresadas. Unas veces usadas como puñales y otras como salvavidas en el naufragio.
Cuando es necesario abrir una ventana para la renovación del aire pero el impulso se queda en intenciones, entonces aparece James McAvoy (Él) para aligerar algo de tensión, o aumentarla. Restablecer el estado caótico sucesivamente hasta refugiarse en la soledad de un club o un restaurante golpeado por la crisis económica y espiritual. Sus errores provocan la reparación o el rechazo, sin término medio, o le quieres o le dejas con sus recuerdos selectivos como fiel representante del género masculino. Dispuesto a tomar las cosas como vienen, o quizá no. Aquí su próximo estreno Victor Frankenstein de Paul McGuigan, con Daniel Radcliffe y Jessica Brown Findlay.


Incluso con las tontadas y bravatas junto a su amigo interpretado por Bill Hader, se reencuentra livianamente con el humor dramático, a mucha distancia de sus voces en películas de animación o de las colaboraciones de éste con Greg Mottola o Judd Apatow. Con más campos a frecuentar como su participación en Her y próximos atrayentes proyectos.
Mientras la atmósfera se espesa o diluye con las resonancias que remarcan los estados de ánimo temporales, acercamientos o tragos para olvidar, mediante los sonidos musicales de Son Lux, un joven compositor y mezclador (Looper). Y también de los ambientes musicales, anteriores a las resacas emocionales. Estará en el nueva película de David O. Russell, Accidental Love. Reparto: Kirstie Alley, Jake Gyllenhaal, Jessica Biel, Catherine Keener, Beverly D'Angelo, James Brolin.


En esta película (o dos más) de La Desaparición de Eleanor Rigby, también destaca por el reparto con renombres famosos, pues los padres tienen algo que decir con su experiencia vital. Y, a veces, es lo más recalcable e importante con secuencias repletas de expresiones, sentimientos y reproches, intentando buscar una luz que alumbre las sombras de su pasado.
En este camino lleno de tropiezos y apertura de nuevas etapas, se entonan frase que actúan como resortes hacia otros comienzos y perspectivas. Aquí, nos reencontramos con actores cercanos (por sus extensas y ejemplares carreras) como William Hurt e Isabelle Huppert, los padres de ella.

(Picture The Moon and the Sun, Sean McNamara. Reparto: Pierce Brosnan, William Hurt, Benjamin Walker)


Una mujer rebasada por la vida y re-viciada con elementos sacados de su lujosa pinacoteca, comparte las verdades con efluvios aunque éstas duelan, o las equivocaciones se conviertan en cariño en el futuro. A su lado, a distancia en la misma mansión, reside un Hurt anclado en la resistencia, como forma de lucha contra la monotonía y la pérdida de la pasión.
Ya que, sobre todo, la Desaparición de Eleanor Rigby es una historia sobre la pérdida, el reencuentro y la vuelta a la pérdida, sucesivamente. Incluida la relación con una hermana menor, confidente e interpretada por Jess Weisler.


El otro profesor, es un actor que encarna al padre de él como Ciarán Hinds, destinado para papeles de carácter, que esta vez revierte su carisma en la relación paterno-filial con intervenciones que dejan huella. Una relación olvidada por sus propios traumas personales y la separación de su chico ya convertido en hombre en busca de un guía luminoso sobre su cabeza.
La reestructuración de todos los acontecimientos que se relatan en esta revisión, es según muchos críticos su punto débil. Pues ha sido remontada en un Ellos, que parece no reflejar el trabajo completo de la interpretación ni complejo del montaje de Ned Benson. A lo cual no puedo dar respuesta porque no he podido contemplar la idea inicial. Otro misterio a resolver en el futuro de sus resueltos protagonistas, incluida Jessica Chastain como productora.

Un último reencuentro, sería a través de una profesora con gesto impertérrito y duro de Viola Davis, que comienza con una reprobación abierta hacia la amistad, como un resorte de su propia incapacidad o un rebote con el género humano. Capaz de expulsar cualquier acercamiento sentimental y acercarse a la intimidad de una chica perdida, hasta reconvertirse en una especie de confesionario que ayude a ambas a reconocer sus defectos y tener otra actitud. Es como la madre comprensiva de Eleanor, aunque más oyente que consejera, pues lo esencial lo debe afrontar uno mismo. En definitiva, es otra magnífica peca de naturalidad en la blanca piel de su amiga, la Chastain (Criadas y Señoras). El próximo trabajo de la Davis está a punto de estrenarse con el título Blackhat - Amenaza en la red, de Michael Mann y protagonismo de Chris Hemsworth.

Al parecer podría haberse obrado de forma distinta, y el resultado de la post-producción más experimental tenga un componente más contundente que el reciclado. Pero, el comportamiento humano y de pareja queda patente, con conversaciones brillantes e interpretaciones francas. Eleanor es delicada y fuerte, a la vez... a pesar de espejismos y juegos de azar finales.

*** Buena ***

The Beatles - Eleanor Rigby

Cinemomio: Thank you

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