El Deporte Rey por antonomasia, es el
Balompié… Y es sólo Fútbol sí, pero dentro de la caja tonta en esta serie de
Apple TV (emisión en Prime Video), con nombre de un extravagante entrenador
procedente del fútbol americano, que no se trata de una tediosa franquicia
deportiva sin historia. Sino que posee un interés para otros espectadores no
aficionados a un juego inventado por los británicos.
Aunque para algunos determinados de
cierto país… En su guión se reitera intencionadamente, creo, nombrando a un
listado de los equipos más importantes de Europa, haciendo paradiña de un par
de segundos, a continuación, le niega una posición en el podio al mítico club
blanco, mejor del mundo… el Real Madrid C.F. Y eso, particularmente por esa
negación burlesca y guardiolesca, ¡no se lo perdonamos! ¡Qué vuelva Mou!
Dicho esto, la serie Ted Lasso es un
enfrentamiento a cara partida, de una sonrisa atravesada y, a veces muy
alienada, entre sus queridos personajes, que poseen luces y sombras. Como
todos… Excepto que, en la mayoría de los casos que propone, pertenecen a un
club de privilegiados, comparados con el resto de la sociedad normal. Que, eso
sí, tienen devaneos amorosos-sexuales, que forman parte esencial de ese apogeo
clasista más cercano a la mayoría.
Todo proviene de un descenso anterior
a los infiernos, pero llevado con resignación y paciencia, que sin embargo, en
esta segunda temporada, se vuelve más problemático, en términos personales. Y
ahí radica la diferencia psicológica, donde los protagonistas reflexionan y
bailan alrededor de los excesos, como el
nivel económico, el éxito social o profesional, y los designios caprichosos del
corazón. Sin olvidarse, en ningún momento por ejemplo, a los guiños contemporáneos
sobre la música, el cine y los medios de distinta rigurosidad crítica.
Evidentemente, esto se complementa
con la personalidad de los dos creadores principales de Ted Lasso, el guionista
y productor Bill Lawrence, que escribió capítulos para Friends, Scrubs y The
Nanny, o las más actuales Shrinking con Harrison Ford y Rooster con Steve
Carell. Y claro, el principal protagonista de la serie, que lleva todo el peso
de la comedia y los llantos a sus hombros, el actor procedente del programa
Saturday Night Live, Daniel Jason Sudeikis, que no es texano pistolero, sino un
virginiano, que curiosamente, homónima al estado, tiene de capital la ciudad de
Richmond. Como, esta locura de sociedad deportiva y amorosamente, inestable.
Mr. Sudeikis nació al Este en
Fairfax, cerquita de la ciudad capitalina, y otro dato interesante – que
desconocía por no interesarme la privacidad demasiado – es que la siempre
interesante actriz y también directora, Olivia Wilde, estuvo unido a él durante
una época. Quizá sobre eso igualmente, reflexiona en la serie de manera constante,
así como de su residencia de la infancia, en Kansas, y no tener capacidad para
degustar dulces, cervezas y esa infusión de sus pesadillas. Con orígenes
europeos, posee la habilidad de trasladar en su entrenador, las frustraciones y
las contradicciones, a ambos lados del océano Atlántico. Con un premio de
comedia en las maletas, y en años de pandemia mundial.
Una época inolvidable para todos… en
la que unos, sudaron y se rallaron en casa… y otros se pusieron las botas. En
fin…
Alineación… de alienados.
Una de las reflexiones de esta
comedia balompédica es, además de ser capaz de creer en ti mismo y en el grupo,
que positivamente, sus reflexiones, incluidas los tacos e improperios variados,
te podrían llevar a ser mejor persona. Y para ello, el ramillete de
privilegiados económicos, buscan otras necesidades básica, incluyendo a un
multimillonario africano que se ofrece como candidato, a la donación de la
herencia paterna, para hechos más prácticos y altruistas… Bueno, eso dice…
aunque no te lo creas… ¡Pues, fuck cree!
Estas batallas, como las menos
importantes, pero necesarias, sobre el terreno de juego… sugieren estrategias a
un muy alto nivel. Gracias a estos intérpretes que se vacilan o reniegan
coordinadamente, a un ritmo de virtuosismo que va en aumento. Siendo la
cercanía con las relaciones personales de la gente humilde, o fanáticos de unos
colores deportivos, la relevancia con la que transitan por la vida. O, en
determinados episodios, se embarcan en una alocada noche, que nos recuerda a
películas, como After Hours – conocida en España como ¡Jó qué noche! – del
maestro Martin Scorsese, Punch-Drunk Love de Paul Thomas Anderson, la más
radical Last Night in Soho, y las enseñanzas positivas dentro de una pesadilla
psicológica, de James Stewart en la mítica It´s a Wonderful Life, ¡Qué Bello es
Vivir! De otro maestro como Frank Capra.
Salvando distorsiones en las épocas y
los hechos narrados, que señalan a diferencias de creencias, o la era de simple
fama en las redes, y en los volúmenes de sus carteras o cuentas corrientes,
atribuidos a campañas de publicidad. El caso esencial es que, los efectos del
amor en Ted Lasso sirven como modelos para las tristes míseras vidas de los
demás mortales, así como, las consecuencias de las humillaciones de padres a hijos,
o de los poderosos a sus parejas. Por ende, esto es la serie, y con otro
letrero que exprese… y sin embargo, te quiero. Te lo crees…
Tal vez, no se trate de un viaje de
vuelta, al romanticismo homérico de Odiseo y Penélope en la Odisea, pero
mantiene la perspectiva de un posible encuentro, al menos, con su hijo
Telémaco, el de los chats como si fuera un arco con sus flechas envenenadas. Ni
que, tú en su papel, o cualquiera de los seguidores comunes, tenga nada
parecido, porque los jefes normalmente no se comportan así… Por tanto, a los
humanos sólo nos queda subsistir, resistiendo a los embates de la economía.
Qué, sin duda, puede destruir matrimonios, imbuidos por el consumo de alcohol y
estupefacientes…
Aquí, de momento son fiestas con
nocturnidad, y paradoja de la coincidencia en las calles y otras peleas
callejeras.
Risas victoriosas… y otras
celebraciones.
El comienzo es de comedia navideña,
pasando por Nothing Hill, Tú y yo, o 4 Bodas y un Funeral, y la caída de un
campanario frente al City de los Oasis, contra todos sus montones de pasta… una Champions!
Pasta crítica, servida en pubs clásicos y rostros casi anónimos, que dotan de
una flexibilidad o habilidad transitoria a los episodios. Como un tatu en el
culo…
Al final, parece que lo importante, -
además del creer…-, es la amistad y ese querer no tan habitual en reciprocidad,
ocasionalmente, tan difícil de encontrar en estos momentos de conexión
fantasmagórica… Y los fantasmas paradójicos de ese amor, es la visión temerosa del
propia Mr. Lasso en sus recuerdos con el pasado y el matrimonio. El paralelismo
con el personaje de la mandamás, creada por la actriz Hannah Waddingham, que
refleja la complejidad de una venganza en primer término, para acabar
reivindicándose como espíritu libre… y racial. Su voz ya había triunfado en el
West End, como Bruja Mala del Oeste en El Mago de Oz, o dramáticamente como
Septa Unella en la quinta de Juego de Tronos.
Jeremy Swift como opuesta
ejemplaridad de la unidad familiar, eso sí, con extraños comportamientos que
distan entre lo enfermizo y la hilaridad máxima, con cierta flema que ya
paseara por Downton Abbey. Los dos machos alfa en celo, el también guionista Brett
Goldstein y Phil Dunster como Jamie Tartt, a cornadas complejas y palabrotas
cruzadas, por el amor de una radiante y simpática Juno Temple – distanciada
emocionalmente de su papel en la quinta de Fargo -, y ambos con distintas
camisetas, la roja del maltrato paterno, y la negra como una especie de bandera
pirata o rebelde.
Pero el equipo de Richmond, no estaría
completo sin las píldoras de todos sus componentes en papeles de protagonismo
deportivo o lectivo, como el tercero Nathan del actor Nich Mohammed, el
nigeriano interpretado por el comprometido Toheeb Jimoh, el mexicano de pies
delicados – como otros…- el futbolista
Cristo Fernández… o ese segundo preparador Beard, oso amoroso, dejado o
reparado con pantacas a lo Elton, por Brendan Hunt.
Por supuesto, hay cameos de renombre,
pero… como curiosidad a parte… diremos que el padre de Jamie, en la piel del
actor británico Kieran O´Brien, fue partícipe en películas como la genial 24
Hour Party People, The Look of Love o 9 Songs, del gran Michael Winterbottom. Y
del elenco de dos grandes series de éxito mayúsculo como Band of Brothers y
Chernobyl… píldoras ácidas como su papel extremo paterno.
Y para finalizar, antes de ver cantar
como un negro al Rick Astley, demostraremos que el Richmond es un club de
fútbol de Australia, y que verdaderamente, el de la serie se inspira en el
famoso Ipswich Town de Suffolk, que volverá esta temporada próxima a la Primera
de Inglaterra. Son los chicos del Tractor iniciados en 1878, no amarillo sino
como Los Blues del Este… quizás por eso, lo del episodio con la Blue Moon en el
horizonte lobezno, junto al más allá, pues fueron machos alfa de la Liga en
1961 y de la Copa de la UEFA en 1980.
Una lágrima lunera… pues el mítico
Pelé jugó en el viejo estadio Portmand Road del Ipswich Town en la película
Evasión o Victoria, - antes de su excelente documental -, y con aquel gol
geométricamente diseñado… que luego marcaría el mismo Cristiano Ronaldo. Pero
no… para derrotar a Mussolini. Ser o no ser, a poder ser querido… al
reencontrarnos con ellos, protagónicos, y con Ella… No, la Victoria o Vicky reina del pinball,
sino el paso de vuelta a casa… lanzando una mirada a la resistecia de John
Wayne y su mueca medio sonriente… como un oasis en el desierto tejano. This is the Way, grogus y marineros, espartanos futboleros, todos… ¡O no!
Colorín, colorado, ¿hablaremos de
mundiales…? Ya veremos, y comprobaremos si metemos en la tercera… un golazo al
Pep entre las piernas… o patas ya, para un ¡no banco!


