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domingo, 8 de febrero de 2015

Birdman.


Volar o no volar... 
he ahí la cuestión.

Se podría decir que los momentos más reflexivos de los seres humanos, se afrontan desde las alturas a través de las ventanas que separan nuestra realidad del exterior. Así, cada individuo lucha con la Insoportable Levedad del Ser o no Ser. Esa es la cuestión, que expresaba el gran William.
Si bien, los caminos o representaciones ficticias son tan variados como los personajes de una obra de teatro, que cambian a cada instante mostrando sus diferentes caras, fingiendo o engañando a cada paso hacia el triunfo o el poder. También se puede ganar jugando a otras cosas, apostando por la verdad o el amor. ¿O no?

El amor se mimetiza a través de la función teatral, que se confunde con el engaño de la vida, de alguna forma revive en Birdman los escenarios que otros directores visitaron en su cine en el pasado. Ejemplos como Robert Altman desmontando El Juego de Hollywood o La Última Función invadida por un cínico sentido del humor, con Woody Harrelson a la cabeza, enloquecida. Por otro lado, sentimos que La Inesperada Virtud tiene mucho que ver con Peter Bogdanovich en The Last Picture Show con el cambio de una época mítica del cine, y otras dónde los protagonistas usan Máscara para ocultarse de la fealdad que les rodea, hasta conseguir que el teatro sea un reflejo de sus vidas y se debate entre una buena obra o ¡Qué Ruina de Función! (Noises Off!).
Pero, sin duda La Ignorancia tiene mucho que agradecerle al gran Ernst Lubitsch su aportación a la comedia salvaje y despiadada, al doble sentido y al amor por el teatro, la literatura universal de Shakespeare y el cine.

En Birdman o La Inesperada Virtud de la Ignorancia, las ventanas de la libertad se enfrentan con las puertas que separan las distintas realidades, siendo éstas pertenecientes a un teatro de Broadway. Mientras, los actores que deambulan por la obra de textos erráticos como los personajes, algunos de What We Talk About When We Talk About Love de Raymond Carver, además de hacerse la preguntas transcendentales sobre el amor, la vida y el éxito personal, se introducen en su mundo literario del llamado realismo sucio. Quizá, el hiperrealismo que se pronuncia en algún momento del filme dirigido por otro autor nacido en Ciudad de México, Alejandro González Iñarritu. Demostrando de nuevo, el mágico y poco volátil instante del cine mexicano actual como ocurriese en épocas doradas de su pasado cinematográfico.

Las puertas en Birdman no se abren para enseñar los sentimientos ni las dudas solamente, sino que sirven para enlazar la característica principal del cine de Iñarritu (Amores Perros) en la utilización de la cámara y adentrar al público en su espectáculo de imágenes y sensaciones. En esta ocasión, el héroe o actor de Broadway interpretado por un Michael Keaton renacido con su esfuerzo, es un compendio de experiencias vitales y del rodaje con travelling continuo, arriesgado y fascinante, mediante una producción que rinde homenaje a sus determinantes pasados. Uno como figura universal de éxito emergente tras su vida personal (con marcados parecidos) y el otro de estudiante.
Iñárritu estudió dirección de teatro durante 3 años de la mano de un maestro dramaturgo y director de teatro polaco Ludwik Margules y con Judith Weston en Los Ángeles. Demostrando en este nuevo trabajo, el estado personal adecuado de sus carreras, lo que significa o lo hará para cada uno de los participantes en el proyecto, sus fobias y dudas, sus anhelos y sueños, mediante la magia del cine y el teatro. Para demostrar si es amor o trabajo lo que llena nuestras vidas o si su falta es un hoyo de decadencia, que entierra nuestros defectos o miedos con capas de sedimentos, historia o de detritus del pasado.

Cada puerta que se abre o cierra, puede ser una entrada a un espacio luminoso dónde el humor se mezcla con los ácidos del estómago, funcionando como un resplandor que lucha contra las máscaras impuestas por la sociedad. O también, puede ser la salida o fundido en negro, que marca lo oscuro de las decisiones humanas, dónde descubrimos el sentido trágico de nuestras decisiones, cuando algunos personajes tienden al realismo al subirse o sobrevolar las tablas de un escenario. O de la vida.
Esta forma de rodar, tiene un mérito que confiere a Birdman un viaje hacia lo desconocido, a lo novedoso, con una banda sonora atrevida y absorbente, sirviendo de vehículo para el lucimiento de unos actores en completa simbiosis con el director.

Una vez conocidos los premios otorgados por la Academia (atención que algunas personas creen que los Oscars están votados únicamente por los críticos) se observa que los profesionales del cine, directores y actores, sienten una atracción muy edificante por los argumentos que tienen que ver con el mundo del teatro y sus dificultades para llevar a escena una obra cualquiera. Por eso, estoy contento con las categorías que han volado tan alto ayer para esta película y el cine mexicano, no por ninguna motivación especial pues realmente no tengo demasiado interés personal en apoyar ninguna producción en particular. Dicho de otra forma, tampoco me hiere no haber acertado otros años alguno de los premiados.
Si tengo que matizar que Michael Keaton se merecía el Oscar a mejor actor por un papel lleno de matices, con un lenguaje no muy habitual en el cine y aspectos técnicos que hacen de Birdman una colección de sensaciones que transitan desde las luces de Broadway hasta los entresijos de las bambalinas plagadas de polvo y lágrimas. Otra vez será, o no será.

El carácter minimalista de la música jazz, a través de un batería esencial en la historia llamado Antonio Sánchez (Pat Metheny Group) que aporta un ritmo y una impronta que sugiere la ciudad de New York y las multitudes en sus calles, o los encuentros azarosos de los personajes entre sí, o con las disquisiciones del personaje principal entre frustraciones y esperanzas de cambio.
Todos tienen algo que ofrecernos, pues el guion demuestra que Birdman es una película esencialmente de actores y su mundo, de hombres y mujeres con sus miedos, de un director con un conocimiento perfecto de los mecanismos de comunicación... y con un Michael Keaton, intenso y desdoblado en dos personalidades propias de su profesión, con una estatuilla dorada prácticamente asegurada en sus manos. Porque ha demostrado que es un actor con todas las letras, y me alegro.
De igual forma que señala la gran fotografía, de un profesional como Emmanuel Lubezki que ya se hiciera con el premio Oscar por su trabajo en Gravity el año pasado.
El cine mexicano, ha dado un paso hacia un futuro brillante, de nuevo. Enhorabuena por el éxito en la gala de anoche.

Acá, muchos han ahondado en la inesperada virtud de la ignorancia para renacer (o algo parecido) de sus cenizas, director, actores o personajes de ficción; en una lucha interna que intenta separar el personaje del contenido. Dónde las máscaras funcionan como fondo para ocultar los sentimientos, dónde los fantasmas viven en la sombra, en las profundidades de una ciudad y sus barrios, se quedan ocultos con su nueva personalidad (nariz) o miran por una ventana al futuro. Preguntas sobre si dicho amor absoluto existe en realidad sobre el tejado de un edificio que sirve también como escenario.
Ya que la máscara se usa en las más diversas ocasiones, desde una función y su producción inherente que arriesga la estabilidad económica de los que apuestan por el arte. Hasta el mundo de la crítica y los espectadores, deseosos de llamar su atención o de marcar las diferencias con los artistas y sus caprichos, obsesiones y tics, cuando todos formamos parte del proceso de la creación. Pero, hay que ser humildes y reconocer que sólo son opiniones personales aunque escribas para un medio multitudinario o te hagas famoso con unas imágenes furtivas y virales.

Por otra parte reconocer una gran labor de casting, con este reparto compuesto por Emma Stone, Edward Norton, Andrea Riseborough, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Andrea Riseborough y Amy Ryan. Es curioso que la parte cabreada e irresistible de su conciencia, esté protagonizada por un actor semi-oculto, tanto en la transfiguración de su disfraz como en el eco resonante que trae reminiscencias de un personaje exitoso como Batman, en la figura de un actor poco conocido como Benjamin Kanes.

Podría estar escribiendo infinidad de páginas sobre las sensaciones y circunstancias que rodean la película, o de la Insoportable Levedad del Ser sugerida con los iconos que se representan en la pantalla y que forman (de alguna forma) parte de nuestra existencia, pero tengo o tenemos UNA vida propia que se aleja del mundo de la farándula. Y el éxito económico o social, tiene muchos caminos que al final pueden estrellarse contra la acera o comenzar una nueva. Por lo que la existencia entraría en el mundo de la fantasía y la imaginación de cada uno, de la máscara que estuviéramos dispuestos a usar o fingir, a desear o compartir.
Como está de moda ofrecer los premios y triunfos profesionales a los miembros recordados de nuestra familia, este comentario va dedicado a todos aquellos que luchan por la felicidad de sus seres queridos, y no se arrastran por los derroteros del ridículo y superficial éxito personal.

Si Birdman o La Inesperada Virtud de la Ignorancia, cree que el éxito personal se basa en el amor, veremos si se convierte en realidad el próximo día 22 de Febrero de 2015 en el Teatro Dolby de Los Ángeles, y los miembros de la Academia le otorgan las mieles del éxito. Esta vez, muy merecidas a mi juicio.
Si no, volveremos a las caretas que olfatean con dificultad la magia y la convierten en desfigurada ignorancia.

***** Excelente ****

Birdman SOUNDTRACK - Flying Theme


Birdman soundtrack - Antonio Sánchez

sábado, 7 de febrero de 2015

Still Alice.


¿El Oscar para Julianne Moore?

Still Alice proviene de un libro de Lisa Genova sobre la enfermedad y los procesos degenerativos que se producen dentro del seno de la familia y de las reacciones físicas que evolucionan en el organismo del enfermo.
El caso particular de esta profesora lingüista de Columbia, con un problema genético que propaga la enfermedad de Alzheimer en su mente equilibrada y culta, así como de su pertenencia a una familia de clase acomodada, reviste a su historia de un grado de diferencia significativa con otros posibles enfermos que no tienen los medios para proporcionar un ambiente médico tan comprensivo. Ya que de la eficacia de los tratamientos o los consejos médicos se abre un abismo respecto a familias con menos poder económico y deficiencias culturales. Desde luego, sería otra película para aquellos que no tienen voz ni derechos sociales.

Aquí, además de dicha diferencia se comparte con cualquier paciente con este grave problema, la inevitable caída de nuestros organismos ante el envejecimiento y la destrucción de células sanas, aunque en el caso de la película dirigida por un norteamericano Richard Glatzer y un británico Wash Westmoreland, se refiera a un proceso de destrucción demasiado temprano y agresivo por culpa de la precocidad genética. Por lo cual, cualquier espectador se puede identificar en el miedo, el nerviosismo y la impotencia con la protagonista interpretada por Julianne Moore, eficaz como siempre en un trabajo que opta de nuevo al Oscar a mejor actriz femenina.
Los cuerpos abandonados a la suerte del olvido que proporciona una de las enfermedades más temibles para los seres humanos, es una lucha interna sin fin, y la medicina algo demasiado caro que no debemos pasar por alto (si bien el filme tiene otra mirada) para un enfermo corriente que pelea con el sentimiento de culpa y el día a día. Ya que la desaparición de la personalidad es un proceso demasiado duro y penoso.

En cualquier etapa de la historia y por tanto de nuestras vidas, toma una relevancia fundamental el lenguaje o comunicación con los demás, a través de la memoria y el conocimiento, al igual que su importancia en una obra o película cualquiera. En especial ésta, Still Alice se fundamenta en un caso tan cercano para tantas personas, que produce un pánico a la pérdida de los valores esenciales del ser humano.
También se necesita que un historia crezca, convenza y prospere en nuestra mente, por medio e personajes bien reflejados en la pantalla y de las interpretaciones de los actores, que deben lograr el difícil propósito que el espectador olvide durante dos horas que sólo está viendo una película. Gracias, por supuesto, al talento de un equipo.

Pero, me temo que Still Alice, el siempre no significa calidad de principio a fin. Ni los actores (exceptuando a la pareja protagonista con Julianne Moore y un sólido Alec Baldwin) producen el efecto deseado de la naturalidad, lo cual me abre una serie de dudas en el futuro.
En cuanto al guion adaptado entre ambos directores tiene lagunas y cierto exceso de velocidad para llegar al proceso de deterioro del personaje, perdiendo la cara en más de una ocasión a lo más importante: ¿preferirías o no conocer el futuro de tu estado de salud? Si el año próximo se presentara como el último dónde fueras tu mismo... ¿Qué es más importante, el amor o la paciencia en la pareja?

Estos juegos de palabras propulsan el camino para una recuperación imposible, una lucha por el estudio que se convierte en una carrera contra el reloj, y las posturas necesarias para que una persona enferma sea lo más feliz posible en esos dramáticos momentos. Para ello, Alice necesita el arropo de su familia, marido e hijos, para mantener firme una labor tremenda de recordar los momentos importantes día a día, sin complejos ni humillación. Una labor que aunque no nos complace es incuestionable, pues saber quienes somos y quién está a nuestro alrededor, es ser uno mismo. Sino estás perdido para siempre antes de tu muerte.

El conocimiento es la base de la existencia y la comunicación la única fórmula que tienen los seres vivos de adquirir la experiencia y conservarla en nuestra memoria.
Cuando perdemos alguna de ellas como le ocurre a la protagonista, los archivos neuronales dejan de suministrar lo que confiere nuestra personalidad, y se produce el hecho infructuoso de volver a nacer. ¿Por qué? Porque a partir de ese momento, vas retrocediendo indefectiblemente hasta el principio, pero sin la posibilidad de un nuevo proceso cognitivo, por lo que la enfermedad de Alzheimer produce una especie de muerte en vida. Lo más terrible y bien representado en la película con algunas secuencias de mérito interpretativo.
Además, sin las ayudas externas y médicas, aunque sobre todo internas, podríamos decir que el enfermo se convierte en un apestado social y peor aún en su propia familia, derrotado por la incapacidad laboral y la soledad que atrae los peores sentimientos autodestructivos.

Algunos médicos dictan en sus indicaciones, un proceso estresante en los pacientes (el mal de moda en la sociedad actual), sin embargo, las consecuencias pueden llevar al mal entendido de la realidad del enfermo. Los pequeños olvidos seguidos de ocurrencias obsesivas deben tener todo la calma posible en el seno de la familia, aunque el deterioro se produzca sin un dolor físico.
Por otro lado, ese carácter genético abre otras discusiones en dicho ámbito familia, al preguntarse si se preferiría conocer o no el futuro de la salud. Creo que sería un tema que tendría que haber tenido mayor repercusión en Still Alice.

Así que, aunque la cinta tiene el interés máximo de la actualidad, la película se queda a medio camino en algunos aspectos. Y tengo algunas dudas respecto a las interpretaciones. No por el lado protagónico principal, sino algunas réplicas. Por tanto, no tengo demasiado claro a pesar de ser la gran favorita, que Julianne Moore se alce con la estatuilla. Veremos.

Por otro lado, Still Alice sigue una pauta en cine comercial norteamericano, que se especializa en temas impactantes en familias de clase media-alta, cuando sería interesante reflejar los problemas en otras menos agraciadas económicamente. Conseguir todas las pruebas necesarias (los principales especialistas, con resonancias y tomografías) hubiera sido casi imposible para esas personas, la innovación y la ciencia está alejada de los pobres sentenciados. Aún así, es de agradecer cualquier representación que intenta abrir el debate y la pelea contra enfermedades tan agresivas.

*** Interesante ***

Still Alice OST | If I Had A Boat by Karen Elson


martes, 3 de febrero de 2015

La Isla Mínima.


El Niño sin bromas.

Este próximo fin de semana se otorgan en Madrid los premios Goya del cine español, en una ceremonia en la que ellos se lo guisan y se lo reparten, es decir, debes poseer la uniformidad necesaria para entrar en su exclusivo club, tanto cultural como ideológico.
En una época que me recuerda a la aparición de un joven político de izquierdas que lanzaba consignas sobre superar la crisis y una antigua etapa negra en España. Eran los 80, un periodo de tiempo tras una dictadura forjada en una cruenta guerra civil que separaría para siempre a los ciudadanos y que los aromas de la venganza fluyen hasta nuestros días. Triste.

Por tanto, en los años siguientes de aperturismo y democracia, yo tenía una edad demasiado temprana para comprender esa situación de la sociedad española. Durante principios de los 80, vivía en la tranquilidad de una familia humilde que trabajaba (si podía) para mantener un nivel de vida adecuado y tranquilo, sin excesos. A pesar de la amenaza terrorista, se podría decir que éramos más o menos felices. Si es que se puede considerar así.

35 años después cuando la cosa tendría que haber cambiado, todo sigue parecido.
Los medios y la noticias siguen asustando al personal con crímenes de todo tipo, y si cabe, mucho más crueles y dolorosos, da igual el tipo de terror que se quiera imponer en nuestras ciudades.
Ahora, el director sevillano Alberto Rodríguez visita los escenarios de su tierra con las marismas del Guadalquivir como escenario truculento, tanto que por momentos parece irreconocible, por la excelente calidad fotográfica y el tema tratado en su nueva película La Isla Mínima.

Contada en los inicios de dicha década, los niños de barrio del sur de Madrid o de Sevilla, vivíamos con el pensamiento puesto en los juegos y estudios, mientras que los mayores miraban al futuro con esperanza. Así, ocurre con dos policías cambiados de su destino madrileño y con las niñas aparecidas muertas, violadas y seccionadas violentamente en la película. Señalando un panorama tan truculento que me cuesta trabajo reconocer sin hacer una mueca, lo siento pero no acabo de entender que una población tan jovial y animosa se encontrara en tales condiciones de decadencia y salvajismo. Siempre se han cometido asesinatos, pero recuerdo que el caso de las niñas de Alcáser se produjo en los noventa y la procedencia de los incriminados era de clases sociales bajas y entornos enfermizos. Es así habitualmente.

Por esos motivos, me acerco con cuidado a todas aquellas empresas cinematográficas que manejan datos históricos o ahondan en los sufrimientos del franquismo y la guerra civil. Hombres y mujeres que formaron parte de la esperanza y separados por el retrato oscurantista que reflejan los personajes que habitan La Isla Mínima. No se salva ninguno.

Si bien la cinta es correcta en términos de producción y realización técnica, con unos actores bien elegidos encabezados por Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo en la piel de dos policías destinados desde Madrid que se ven inmersos en la investigación, el panorama que dibuja es tan negro y decadente que cuesta trabajo asimilar.
Sin embargo, el guion tiene diversos aspectos confusos y con errores que te distraen de la trama principal, como la suciedad en un pueblo tan luminoso y alegre como el andaluz, que produce una sensación de irrealidad profunda. Una especie de fotocopia de otros éxitos policiacos como Memories of Murder, Seven o la serie True Detective, salvando las distancias en sentido del humor la primera y científica, o los diálogos cargados de metafísica y de la visión innovadora de un director como Cary Fukunaga. Vamos que se han pasado en la comparación, creo yo.

Encontramos secuencias que chocan con ese ruralismo sucio, como la selección de una madre demasiado joven e idealizada como para ser creíble, por no comentar las compañeras de la escuela que parecen sacadas de una pasarela y perfección en sus rasgos físicos. Tampoco me complace, la investigación policial cargada de tópicos para atrapar a un psicópata de ese calibre inhumano, con pesquisas enfangadas y apariciones periodísticas, al igual que turnos de vigilancia dentro de un coche aparcado sin escudos frente a fincas completamente aisladas y silenciosas, sin levantar sospechas ni ruidos en los alrededores. Todos tan cercanos, que hasta parece incomprensible que pudieran ser sorprendidos.

Típico dos policías obstinados, pero tan silenciosos que no parecen compañeros ni sabemos apenas nadas de sus vidas y rasgos psicológicos (todo lo contrario a los ejemplos anteriores) y una historia que se desmadra en tramas tan enmarañadas que extienden la confusión a cualquier tipo de luz sobre la investigación. El comienzo de la situación criminal es prometedor y la dirección de Alberto muy acertada, pero según llegan las subtramas desarrolladas por su guionista habitual Rafael Cobos, todo se vuelve fangoso y artificial con aparición de personajes que ahondan en la degradación moral, volviendo todo demasiado horrendo. No hay un papel que se salve de la excesiva negatividad y amoralidad.

Para acercarme y criticar esta falta de héroes, debo explicar algunas de las características que reflejan sus personajes oscuros y el pesimismo que produce esta película en los jóvenes que vivieron durante la época de los ochenta en España.
En primer lugar, unas menores de edad que piensan que para salir de su círculo natural es mejor socializar con extraños y creer promesas demasiado ostentosas. Con un pequeño pueblo dónde cohabitan los cazadores furtivos que chantajean a la policía, dónde se trafica con drogas duras y los investigadores miran hacia otro lado, y con familias tan alocadas como irreconocibles.

Porque los asesinos múltiples tienen otro tipo de rasgos psicológicos y procesos traumatizantes, aunque se quiera convertir al poderoso en el ser más vil y odioso. Porque un padre de pueblo, vende a sus hijas por ocuparse de un fardo muy peligroso, como si fuera un verdadero mafioso, mientras la madre acepta y mira hacia otro lado. Y se mantienen relaciones extrañas en una casa regentada por una mujer igualmente corrupta y poco comprometida con sus vecinos.
Además, aparece Jesús Castro una promesa del cine patrio que debe empezar a encajar en otros registros, pues de El Niño guaperas que se levanta a la chicas y pone cara de póker en cualquier escena, no va a alcanzar la aceptación de la crítica. Aunque tenga el don del sigilo y la mirada perdida, yo le animo a completar su aprendizaje en la interpretación. Desde luego, yo me quedo con la primera y más divertida que también compite al premio a mejor película del 2014.

Más decadencia, el periodista aparece de la nada y comienza a pedir información a cambio de sus pequeñas revelaciones, solamente para alcanzar el éxito profesional. Los miembros de la guardia civil son estereotipos de brutalidad y falta de competencia, sin ninguna reflexión ni empatía. Vamos lo normal en una película crítica contra las fuerzas del orden de la época.
Y por último, tenemos a un duro comisario que emplea su fuerza para sacar información, pero que se vuelve un ogro cuando se sugiere que iba disparando a manifestantes pacíficos y trabajadores en huelga. Más o menos así debería ser su final, pero se justifica la brutalidad cuando se encara con un aromático y execrable terrateniente.
Al final, el único que parece cabal y ecuánime, el papel interpretado por Raúl Arévalo, es el peor. Pues deja libre a un compañero tan criminal como el verdadero psicópata, para que disfrute del alcohol y las mujeres sin ningún miramiento. Aquí no hay ningún héroe ni rasgo positivo, La Isla Mínima ha resultado demasiado pesimista para una sociedad y un chaval que jugaba en su barrio en los “terribles” ochenta.

Dicho esto, ahora ganará todos los premios Goya y mi opinión será como los restos humanos esparcidos sin orden aparente. Tendré que visionar alguna película española más, que me haga cambiar la perfección de tan atroz crimen, pues a este cuerpo se le ven demasiado las costuras.

** Pasable ***

domingo, 1 de febrero de 2015

The Imitation Game.


El Año de la Máquina y la Inteligencia.

Noruega es una país que se declaró neutral durante la Primera gran Guerra en Europa, su política reflexionaba por las justificaciones de un juego peligroso que causaría la muerte a millones de personas. La misma postura que tomaría durante la Segunda Guerra Mundial, pero que debido al ansia y megalomanía de un dictador nazi se vería invadida por el Tercer Reich con la oposición de otro de sus amigos europeos, los británicos. Y en esta película, el director noruego Morten Tyldum (Headhunters) tiene algo que decir respecto a la historia de un hombre que nos libraría de ese terrible dominio.


Cuando los políticos hablaban (y lo siguen haciendo) en términos prebélicos, se transforman en soldados que disparan palabras asesinas de millares de ciudadanos, millones de inteligencias que acaban perdiéndose para siempre. Entonces, el miedo se instala en la sociedad ante unos individuos, que en muchas ocasiones, producen corrupción y hambre con sus juegos de guerra.

- Leones con piel de cordero (alguien dijo).
- Si fueras Clarice Starling no pensarías así.
- ¿Cómo que no. Acaso un reputado médico psiquiatra como Hannibal no se puede disfrazar de despiadado criminal culinario...?
- Clarice te diría que en una carnicería (similar a una guerra), todos, incluso los leones acaban cayendo como corderitos.
- Me has recordado a la máquina de picar carne, recreada en El Muro de Pink Floyd, amigo.
- Oh, me han dado la idea para construir una máquina que combata a dicha máquina.
- Veo, tu Juego de la Imitación.

En 1940 en plena expansión sangrienta del Reich, la invasión de Noruega supuso la entrada en la guerra de Gran Bretaña por la importancia de las comunicaciones para mantener la industria bélica y las materias primas, además de luchar contra la carnicería xenófoba que negaba el derecho a existir de la diferencia.
Miles de vidas se pondrían en peligro en lo más crudo de aquella guerra, pues en apenas un año, el ejército alemán con la fuerza aérea más potente de Europa se había propuesto la conquista de Polonia, con cierta protección táctica de Inglaterra que sería insuficiente para detener a la Luftwaffe y las posteriores crímenes contra la Humanidad.

¿Pero, qué significa un año en nuestras vidas?
En el caso extremo de la Segunda Guerra Mundial, un periodo de tiempo así supone una decisión de participar contra el Mal. En un año se puede dilucidar entre la vida y la muerte, o marcar a millones de personas para el resto de sus vidas. Padres, hijos o hermanos que lucharían por la libertad de todos, contra los que se autodenominaron jueces y salvadores del mundo, solamente asesinos de la humanidad. Matarifes gamados asestando el golpe, sobre hombres como corderos asustados.
Por tanto, en un año se puede derramar litros y litros de lágrimas.

En 365 días, un cerebro puede dedicar todo su empeño en desarrollar una idea y una solución.
Todas las pretensiones del intelecto dedicadas a convertir un sueño en realidad, se puede pasar de realizar sencillos juegos de palabras sobre un periódico cualquiera, hasta leer en primera página a cinco columnas que la guerra ha terminado.
Y tú con tu computadora (semejante al nacimiento imberbe de HAL9000 cantando a Daisy) que tanto estudiaste para evolucionar, luchaste, y por supuesto, amaste durante la paz... puedes acabar arrinconado y olvidado, recordando que tu propia vida ha sido programada como una vulgar imitación.
En un año, la realidad se puede convertir en una máscara de ocultación.

Son aquellas caretas que nos colocamos (o nos imponen por reglas absurdas de sociedades intransigentes) para confundir a nuestra mente con un rostro diferente al verdadero. En una especie de involución hacia posturas idealizadas que no tienen sentido en la sociedad actual, menos la de 1940.
Durante ese año del pasado, por tanto, se puede perder el amor de tu vida o ahogarte en un océano incendiado por los torpedos defendiendo el pan de las familias y el acero para construir bombas que acaban con un mar de lágrimas y recuerdos.

Mientras en la actualidad, en el mundo del cine, el dinero hace posible comprar y evolucionar un libro que cuenta la historia de un hombre semi-oculto y brillante que sería capaz de diluir todo el sufrimiento por esperanza. A pesar de que fuera uno de los perjudicados en primera línea de batalla con las palabras.
Y un joven escritor de cine, adapta la novela de Andrew Hodges sobre la vida y el trabajo fundamental para finiquitar la guerra de Alan Turing. Un traumatizado y prudente matemático británico que se dedicó a elaborar los comienzos de la tecnología digital y la informática, desarrollando una máquina que descifrara y mintiera sobre las acciones a realizar para eludir la eficacia de los servicios de inteligencia, alemán y soviético.
Para ello, tendría que llevar una careta hasta su muerte.

The Imitation Game, se basa en Enigma como otras películas que han visitado tan transcendental hecho de la historia británica y mundial, pero abarcando varios años de la vida de Turing y ciertas supuestas relaciones con su equipo de colaboradores, los mandatarios del ejército acuciados por resolver la ecuación y detener la devastación nazi y algún hecho oculto que se mantuvo para proteger las claves de la nueva tecnología. Incluida una carta amorosa que resultaría clave en un encuentro azaroso para doblegar el oscurantismo de un tirano. Al final, estamos indefensos ante un golpe de suerte o la poca fortuna de una enfermedad temprana.
En un año de producción, el director Morten Tyldum se ha colocado en primera línea de las nominaciones (con 8 para optar al Oscar) y distribuida en USA por los todopoderosos Weinstein que fabrican un buen puñado de películas o juegos de imitación cada año. Por tanto, tienen opciones a conquistar el terreno perdido y consagrar a los héroes anónimos que solucionaron un crucigrama mortal.

También, en esa cantidad de tiempo, una tecnología puede crecer hasta convertirse en inteligente (a su manera como explicaba Alan Turing), como un compañero maquinal e independiente de nombre Christopher, en busca de la salvación para muchos otros inocentes de la guerra como él.
Benedict Cumberbatch se encarga de dibujar un complejo personaje con muchos matices y secretos, como el antígeno de Enigma. Un personaje caricaturizado y que propone un juego continuo y mortal contra el imperio del bien en la piel del hombre murciélago, tras noches y noches de investigación y vigilancia en su cueva tecnológica. Y para ello, necesitará a su lado un equipo de colaboradores que oculten su verdadera personalidad e intenciones, aunque tenga que mentir o diluir sus emociones por el bien de la civilización. Aunque, tenga que casarse con una joven interpretada por Keira Knightley dispuesta a tirar por la borda su futuro a cambio del éxito de la inteligencia sobre el terror.

Un año en que todo cambia para estos grandes actores, cuando tu mundo imaginario ha pasado por un romance musicalizado que vuelve siempre una y otra vez, encaminándose hacia un nuevo proyecto en la cima del éxito con el dramatismo y la lucha por la supervivencia en el Everest. Mientras que el actor de moda, un monstruo en la gran y pequeña pantalla, investiga la forma de pasar de la piel de un dragón envuelto en otra terrible batalla en El Hobbit o de un Sherlock con ciertos parecidos razonables a Turing, hacia el futuro de una Ciudad Perdida de Z o de la mafia política den Black Mass. Múltiples proyectos de Cumberbatch que llevarán a interpretar o jugar con el Extraño mundo de Marvel, u otros paralelos.
Mientras Alexandre Desplat compone otra banda sonora interesante que opta al premio de este año con The Imitation Game.

Mientras observas la película, piensas si encontrarás en ella más alicientes que los interpretativos para estimar bien invertidos los euros que cuesta la entrada, sobre todo, viendo que hay precedentes anteriores que funcionaron bastante correctamente en el pasado. Sin embargo, cuando ves el flequillo descuidado y enigmático de una personalidad como Benedict "Turing" y su enamoramiento intelectual por una mujer siempre impecable con el rostro de Keira (Begin Again), o el sueño de vencer a la guerra con sus enfrentamientos silenciosos y paradigmas, a través de la ciencia y el conocimiento, apuestas por esta película definitivamente (aunque tenga pendiente el anterior trabajo del director noruego) y por un reparto definitivamente inglés, bien seleccionado en sus puestos con Matthew Goode (Watchmen, Stoker), Mark Strong (El Topo, Zero Dark Thirty), Charles Dance, Rory Kinnear (Quantum of Solace, Skyfall) o los jóvenes Allen Leech (The Sweeney, Gran Piano) o Matthew Beard (An Education, Chatroom), entre otros.

En definitiva, en un año se puede ganar a un tirano y acabar una carnicería de inocentes.
En un año se pueden salvar las vidas de 14 millones de nuevas víctimas.
En un año es posible ganar uno o varios Oscar´s en el festival de la Academia de Hollywood.
Pero, en ese año también puedes perder el contacto con todo a pesar de haber construido el futuro, siendo la información tan importante (como ahora), tanto que una invasión se puede detener con mentiras, y ver al vencedor relegado al olvido.
Todo por perder el amor en un año.

**** Notable ****

Alexandre Desplat conducting the London symphony Orchestra performing The Imitation Game Suite.


Black Mass Shoot Video with Benedict Cumberbatch -- School Bussing Scene


Tráiler Laggies, de Lynn Shelton. Reparto: Keira Knightley, Chloë Grace Moretz, Sam Rockwell, Mark Webber, Gretchen Mol.


Tráiler Kingsman: The Secret Service, de Matthew Vaughn. Reparto: Colin Firth, Michael Caine, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Hamill, Sofia Boutella, Jack Davenport, Mark Strong.


jueves, 29 de enero de 2015

God´s Pocket.


Entre dioses o diablos.

Mickey Scarpeto es un miembro como otro cualquiera de un pequeño barrio, casi un suburbio o gueto, en el que se mira de soslayo a cualquier individuo que no venga de fuera. Que no pertenezca a la familia, y más si sus orígenes italianos pasan inadvertidos en una sociedad de raíces irlandesas como God´s Pocket.
En realidad se hace referencia en la novela de Peter Dexter a Devil´s Pocket en el sur de Philadelphia, un lugar dónde Scarpeto se encuentra en muchas ocasiones fuera de lugar, ejerciendo unas labores y actividades que le han llevado a esta última situación en la que se halla. Aquí, sentado y esperando a que las cosas tomen su camino natural basado en la violencia.

Cuando pasas por sus calles o entras en sus pequeños bares de reunión, miras con extrañeza y hablas con tus vecinos como si fuera una pesadilla o un divertimento muy negro. Las expresiones con escasez de educación son acusaciones lanzadas a propósito, se convierten en un reguero de sentimientos encontrados, avisos o amenazas que relegan a esta población a una especie de pesadilla social, tan real como sus personajes nos puedan hacer creer con situaciones tan viciosas como risibles.
Quizás hasta peligrosas, pues sus ciudadanos se confunden en la masa y pueden surgir como una jauría humana en la oscuridad o una mano empuñando cualquier tipo de arma. El hombre que se siente extranjero en su propia casa, la mujer reprochando su apatía, un amigo que apuesta su último riñón en una carrera, un enterrador que no sabemos si busca dinero o su muerte, un escritor que se encuentra sólo con el alcohol, y otros muchos vecinos hablando de las cosas de la comunidad en su lugar habitual.
Todo parece fuera de la ley, con humor negro aceptado, e igualmente silenciado para los extraños.

Como se dice en el texto, en God´s Pocket (presentada en el Festival de Sundance) todo el mundo ha robado algo a otro alguna vez... Y este Scarpeto con el rostro inolvidable de la profesionalidad y el vicio, se mueve en los ojos sombríos aunque vivaces del gran Philip Seymour Hoffman. Otro ladrón de escenas y carne que si bien no pertenece a dichas raíces sanguíneas, también participa de la vida salvaje a veces y contemplativa en otras de la idiosincrasia particular que envuelve a sus habitantes misteriosos, o cómicos.
God´s Pocket podría nombrarse como la Sin City de lo cutre, con lo anti-higiénico de la muerte, la violencia que se mezcla con los vicios, sexo, alcohol y juegos, o las mujeres transformándose en las defensoras del negocio familiar, como figuras emergiendo de una película de Scorsese (The Wolf of Wall Street) o de los hermanos Coen, asumiendo parecidos razonables.

Aquí en el primer largometraje dirigido por un actor llamado John Slattery y autor del guion adaptado junto a Alex Metclaf, junto a unos personajes bien interpretados por buenos actores, se halla la defensa de unos valores erróneos en el tiempo que vivimos, el rigor de la mafia y el ensalzamiento de la venganza, confundida por la xenofobia, los efluvios de alta graduación o el linchamiento público como escarnio.
El vicio y los comportamientos alterados es la clave para desarrollar una historia entre la marginalidad y la delincuencia, con toques de lúcida ironía humorística, como si fuera una parte de la sociedad que acepta un mundo sin reglas, la corrupción o la búsqueda de pruebas a cualquier precio. Y esto se advierte con un elenco preciso y de nivel, con Christina Hendricks (Drive), Richard Jenkins (The Cabin in the Woods, Jack Reacher), John Turturro o Eddie Marsan (Tyrannosaur, The World End´s). Y el aprendiz de psicópata Caleb Landry Jones (Antiviral, Byzantium), con una presencia pequeña aunque relevante e inerte.

Los personajes que giran alrededor son lo más eficiente y divertido de la peli (incluso los papeles que no tienen un nombre conocido detrás), a través de sus conversaciones entre tensas e irracionales se muestra su ecosistema en crisis, dónde la cultura es vista como un enemigo indiscreto, y los muchachos juegan a ser los psicópatas del futuro, puede que ninguno. También dónde las madres practican el tiro en los parques, esperando juntos el momento en que la familia se acerque a reclamar, presionar y sentenciar.
Dónde se busca una fortuna rápida y sin esfuerzo, porque el hastío de la gente busca el placer en otras materias más perjudiciales, también nos volvemos erráticos respecto del amor y el sexo. God´s Pocket es una muestra de cine independiente significado por la vida que nos rodea; o sino, miren a su alrededor y comprueben que muchos comportamientos están flotando en el aire. Simplemente, es un reflejo de la decadencia y la corrupción moral, y un enfrentamiento de un actor que se planteó demasiadas cosas a la vez o se vio superado por su entorno.

El caso es que cuando se abre el telón, el último viajante de Arthur Miller, se mueve con la tranquilidad o la gesticulación adecuada a cada secuencia, como si un dios pisará la escena o un pobre diablo entregara su propia alma con su trabajo. La profesionalidad de Philip Seymour hace que te olvides de su terrible destino, porque la película se ve como un homenaje a los espectadores por su parte. Y nosotros se lo devolvemos, con admiración.
Porque sí, es el último buen regalo que nos ofreció el vencedor tantas otras veces con su magnética presencia, desde que empezara interpretando a un abogado en la serie Ley y Orden hasta su magnífico trabajo sin fisuras en Capote, y tantos otros.

No podemos ver esta película sin emocionarnos un poco, porque oímos su voz ofreciéndonos un recital y le sentimos vivo, como una figura eterna y reconocida por la crítica y la industria cinematográfica.
Pero, además de cierta tristeza, Philip Seymour permanecerá siempre en los papeles que nos regaló a los aficionados y nosotros seguiremos aplaudiendo a este actor neoyorquino, con la cara tan jovial como triste... igual que la vida misma.

Así que God´s Pocket es una experiencia no del todo triste, gracias Philip. R.i.p.

*** Buena ****

martes, 27 de enero de 2015

Into the Woods.


Ten cuidado con lo deseas... te puede salir al contrario.

Algo que parece nuevo pero que no lo es. Así es el desarrollo interno (y externo) que se esconde en lo más recóndito de Into the Woods, una película con marcadas raíces teatrales, cómicas y musicales. Es decir, funciona en la más pura y tradicional trayectoria de las producciones de Walt Disney Pictures, pero con un ligero aroma a desmitificar y modernizar aquellas leyendas de antaño. (Cuentos en el cine)

Siempre en los cuentos infantiles (o no tanto) cuando algún determinado personaje se introducía en la oscuridad de un bosque frondoso, intervenían los factores moralizantes para desentramar comportamientos o acciones que se desviaban del camino recto, para aquellos que regían los destinos de los ciudadanos o como respuesta a los designios naturales inamovibles. Cosas increíbles y aventuras fantásticas o extravagantes les ocurrían a los protagonistas, con animales que se comportaban con rasgos humanos o seres exotéricos dentro de un mundo irreal o ejemplarizante.
Los grandes fabulistas y cuentistas como los Hermanos Grimm, se centraban en rancias tradiciones transmitidas oralmente entre generaciones, que se irían modificando a través del tiempo para adaptarse con las nuevas épocas.

Aunque se mantuviera la raíz etimológica de la historia, algunas pequeñas circunstancias podían adaptarse dependiendo de las zonas geográficas y las costumbres que contaban sus habitantes.

En Into the Woods del director Rob Marshall y guion escrito para Broadway por otro antiguo realizador de nombre James Lapine (mientras la composición estaba en manos de Stephen Sondheim conocido por multitud de partituras para cine y televisión), la tradición norteamericana del musical se esparce sobre los cuentos entrelazados, mayormente, embarullados. Que mantienen el mismo hilo argumental y la cadencia monótona de unas letras poco atractivas para Cinecomio, pues el paralelismo confluye por un guion poco atractivo, la música y canciones repetitivas y las interpretaciones esforzadas de sus protagonistas.

Por tanto, me parece que los aspectos que hacer de Into the Woods un desarrollo novedoso, se quedan en una estratagema para enrevesar dichos caminos hasta que los ilustres personajes se pierden en un laberinto sin interés ni gracia. Los cuentos, se transforman en mera formalidad para mostrar la industria de Hollywood a la hora de ambientar sus películas, con un vestuario profesional y ciertos escenarios naturales (como el Castillo de Dover, la abadía de Waverley o Richmond Park) mezclados con el diseño de los estudios Shepperton de Londres.
Otro punto nefasto para nosotros, es la producción de unos efectos especiales bastante desdibujados para ser una obra que debería brillar en todos los aspectos visuales.

Sin embargo, todo lo que parece brillar como un huevo de oro, se ve empañado por el batiburrillo de encuentros y desencuentros que terminan por desorientar hasta el tenor o la soprano más pintado o privilegiado en su voz. Nada que reprochar a los intérpretes que se esmeran por acompasar sus escenas a un guion que abarca demasiado y unas canciones o números musicales que pronto desaparecen de nuestras retinas y recuerdos.
Sin escatimar los esfuerzos de todo el equipo (a pesar de que Marshall no es de mi gusto), el guion se decanta por la confusión y un halo de realidad-fantástica que no acaba de funcionar, ni sus secuencias fluyen eficazmente por la pantalla.

La monotonía y la ambientación de cuento de princesas, se mezcla con chistes trillados sobre las relaciones o emociones que influyen para la desconexión de un humilde espectador, bombardeado con ciertos aspectos dramáticos forzados y las moralizadoras respuestas de los personajes. Demasiado semejantes a las tradicionales animaciones del pasado de la productora, que probablemente en el intento de versión por parte de Jim Henson Productions hubiera creado una visión de este mundo, mucho más mágico y divertido. Sin duda.

Si sumamos la modernización inevitable de la antigua batalla entre el bien y el mal, que se lleva desarrollando durante siglos en los cuentos, la moraleja se vuelve más disparatada y contraproducente con las transformaciones de bruja con guiños benévolos a dama distinguida con intereses ocultos. Vamos que ni Meryl Streep llega a estar convincente con sus expresiones y cambios de voz para seleccionar ambas caras de una misma bruja, o reconocer a Liv Ullman en un papel sin demasiado ángel, ni diablo.

Para diferenciar proyectos anteriores del dirigido por Rob Marshall, tenemos que observar los cambios en los rostros, de Meryl a Cher o Susan Sarandon, o el panadero interpretado por James Corden con Robin Williams o Billy Cristal. De Emily Blunt (Looper, Al Filo del Mañana y próxima protagonista en Sicario del director Dennis Villeneuve) como esposa del panadero a Goldie Hawn o Meg Ryan, y personajes secundarios con Danny de Vito como gigante o Steve Martin como ese lobo humano en la corta aparición de Johnny Depp. Es un ejemplo de como cambiaría el cuento, aunque preferiría unos buenos diseños de marionetas y mundos creados por la imaginación desbordante del genio de Henson.

Los premios son otra historia aparte, dependen de muchos otros factores como intereses comerciales o el peso de los nombres en el reparto. Por tanto, si Into the Woods gana alguna estatuilla será una sorpresa para mí, así que vayan con el cuento a otra parte.
Vamos que casi me quedo con la aparición de los más jóvenes, como Daniel Huttlestone (Los Miserables), la inquietante expresión de Lilla Crawford, y a las estimulantes McKenzie Mauzy y Anna Kendrick con sus respectivos príncipes liados en la más divertida intervención musical y coreográfica.

Pues, sin más me despido de ustedes, esperando que les haya convencido este cuento... colorín, colorado, estas dos horas confusas han terminado.

** Regular **

Into the Woods in Tony Adwards 1988 (Broadway version)


Entrevista con Rick Springfield por su trabajo en Ricki and the Flash de Jonathan Demme, junto a Maryl Streep, Kevin Kline, Sebastian Stan.


domingo, 25 de enero de 2015

The Dissapearance of Eleanor Rigby.


Ella y él, con Ellos.

Como un tema mundialmente conocido de The Beatles, muchas canciones o algunos instantes de nuestras vidas que pueden desaparecer de los recuerdos, para quedar impregnados por un aire fantasmal que tememos revivir. Por ello, las películas basadas en estos momentos vitales y sentimentales, es decir la realidad más cruda, se identifican con la elaboración de los personajes como método de otorgar una mayor credibilidad a los diálogos que establezcan entre sí.
Luego, en alguno o varios de ellos, la memoria selectiva rellenará con pensamientos o decidirá con las imágenes del pasado que acciones emprender en nuestro presente.
Rememoramos una y olvidamos otras, o al menos lo intentamos.

Así, en la película The Disappearance de Eleanor Rigby (que no es aquella mujer solitaria que cantara Paul McCartney o pudieran ser todas) se toma prestado el título de un recuerdo fantasmagórico en Liverpool. La figura de la mujer o Ella, se establece en contraposición al cerebro masculino y sus distintas formas de interpretar algunas cuestiones, dónde se refugia el director neoyorquino, a seguir en su carrera recién iniciada en el largometraje Ned Benson, para emprender el viaje en el tiempo de las relaciones en pareja. Con un guion propio que indica los cambios dramáticos cuando dos personas dejan de confiar el uno en el otro, pasando por todas las etapas posibles en dos formatos que se convirtieron en tres.
Dos películas, de ella y él según la visión de cada protagonista, para confluir en un único filme remontado bajo la batuta de Weinstein para reducir el resultado estético en la pantalla.

Por tanto, he decidido que la partícula (Re-) sea la indicada para guiar los pasos de este retrato del tiempo en este comentario.
Siento que esta desaparición se transforma visualmente en Reaparición con Jessica Chastain tras su explosión interpretativa en 2011, remontando su participación en producciones no demasiado complacientes digamos. Una actriz que desarma a los espectadores con su presencia pálida y cobriza, una fuerza e intérprete natural a pesar de la estatura y un trabajo entre el énfasis dramático y la predisposición para enamorar a la cámara. Creo que su valor aumenta cuando se enfrenta a papeles alejados del cariz comercial o fácil, por lo que me alegra su vuelta a personajes intensos y llenos de alternativas en su mundo interior. Veremos a la actriz pelirroja en El Año más violento, de J.C. Chandor junto a Oscar Isaac, David Oyelowo, Alessandro Nivola y Albert Brooks.


También, es un filme de reencuentros. Cuyos personajes retoman las conversaciones pendientes tras una fractura, en busca de sus propios caminos y revelados sus cambios mediante cierta brillantez en las palabras expresadas. Unas veces usadas como puñales y otras como salvavidas en el naufragio.
Cuando es necesario abrir una ventana para la renovación del aire pero el impulso se queda en intenciones, entonces aparece James McAvoy (Él) para aligerar algo de tensión, o aumentarla. Restablecer el estado caótico sucesivamente hasta refugiarse en la soledad de un club o un restaurante golpeado por la crisis económica y espiritual. Sus errores provocan la reparación o el rechazo, sin término medio, o le quieres o le dejas con sus recuerdos selectivos como fiel representante del género masculino. Dispuesto a tomar las cosas como vienen, o quizá no. Aquí su próximo estreno Victor Frankenstein de Paul McGuigan, con Daniel Radcliffe y Jessica Brown Findlay.


Incluso con las tontadas y bravatas junto a su amigo interpretado por Bill Hader, se reencuentra livianamente con el humor dramático, a mucha distancia de sus voces en películas de animación o de las colaboraciones de éste con Greg Mottola o Judd Apatow. Con más campos a frecuentar como su participación en Her y próximos atrayentes proyectos.
Mientras la atmósfera se espesa o diluye con las resonancias que remarcan los estados de ánimo temporales, acercamientos o tragos para olvidar, mediante los sonidos musicales de Son Lux, un joven compositor y mezclador (Looper). Y también de los ambientes musicales, anteriores a las resacas emocionales. Estará en el nueva película de David O. Russell, Accidental Love. Reparto: Kirstie Alley, Jake Gyllenhaal, Jessica Biel, Catherine Keener, Beverly D'Angelo, James Brolin.


En esta película (o dos más) de La Desaparición de Eleanor Rigby, también destaca por el reparto con renombres famosos, pues los padres tienen algo que decir con su experiencia vital. Y, a veces, es lo más recalcable e importante con secuencias repletas de expresiones, sentimientos y reproches, intentando buscar una luz que alumbre las sombras de su pasado.
En este camino lleno de tropiezos y apertura de nuevas etapas, se entonan frase que actúan como resortes hacia otros comienzos y perspectivas. Aquí, nos reencontramos con actores cercanos (por sus extensas y ejemplares carreras) como William Hurt e Isabelle Huppert, los padres de ella.

(Picture The Moon and the Sun, Sean McNamara. Reparto: Pierce Brosnan, William Hurt, Benjamin Walker)


Una mujer rebasada por la vida y re-viciada con elementos sacados de su lujosa pinacoteca, comparte las verdades con efluvios aunque éstas duelan, o las equivocaciones se conviertan en cariño en el futuro. A su lado, a distancia en la misma mansión, reside un Hurt anclado en la resistencia, como forma de lucha contra la monotonía y la pérdida de la pasión.
Ya que, sobre todo, la Desaparición de Eleanor Rigby es una historia sobre la pérdida, el reencuentro y la vuelta a la pérdida, sucesivamente. Incluida la relación con una hermana menor, confidente e interpretada por Jess Weisler.


El otro profesor, es un actor que encarna al padre de él como Ciarán Hinds, destinado para papeles de carácter, que esta vez revierte su carisma en la relación paterno-filial con intervenciones que dejan huella. Una relación olvidada por sus propios traumas personales y la separación de su chico ya convertido en hombre en busca de un guía luminoso sobre su cabeza.
La reestructuración de todos los acontecimientos que se relatan en esta revisión, es según muchos críticos su punto débil. Pues ha sido remontada en un Ellos, que parece no reflejar el trabajo completo de la interpretación ni complejo del montaje de Ned Benson. A lo cual no puedo dar respuesta porque no he podido contemplar la idea inicial. Otro misterio a resolver en el futuro de sus resueltos protagonistas, incluida Jessica Chastain como productora.

Un último reencuentro, sería a través de una profesora con gesto impertérrito y duro de Viola Davis, que comienza con una reprobación abierta hacia la amistad, como un resorte de su propia incapacidad o un rebote con el género humano. Capaz de expulsar cualquier acercamiento sentimental y acercarse a la intimidad de una chica perdida, hasta reconvertirse en una especie de confesionario que ayude a ambas a reconocer sus defectos y tener otra actitud. Es como la madre comprensiva de Eleanor, aunque más oyente que consejera, pues lo esencial lo debe afrontar uno mismo. En definitiva, es otra magnífica peca de naturalidad en la blanca piel de su amiga, la Chastain (Criadas y Señoras). El próximo trabajo de la Davis está a punto de estrenarse con el título Blackhat - Amenaza en la red, de Michael Mann y protagonismo de Chris Hemsworth.

Al parecer podría haberse obrado de forma distinta, y el resultado de la post-producción más experimental tenga un componente más contundente que el reciclado. Pero, el comportamiento humano y de pareja queda patente, con conversaciones brillantes e interpretaciones francas. Eleanor es delicada y fuerte, a la vez... a pesar de espejismos y juegos de azar finales.

*** Buena ***

The Beatles - Eleanor Rigby

viernes, 23 de enero de 2015

Fury.


De Furia Bastarda.

En abril de 1945 el ejército alemán de la Wehrmacht se batía en retirada sobre su propio territorio hacia la capital Berlín y los grupos de combatientes nazis cumplían las órdenes transmitidas por el alto mando, con la figura decrépita y enferma de Hitler desde la Guarida del Lobo antes de su suicidio en la búnker de la Cancillería.
En esos momentos de repliegue final de la guerra, se incendiaban y arrasaban las propias poblaciones, sus materias primas y a todos aquellos que se negaban a la defensa a ultranza contra las tropas aliadas. Mientras, un grupo de la caballería acorazada norteamericana a bordo de los ágiles Sherman M4 servía como avanzadilla de protección a la infantería, a través de la campiña en la cuenca del Ruhr, sembrada por cadáveres. Sólo algunos de entre los 50 y 70 millones de víctimas totales.

El filme Fury hace referencia a la potencia del odio y del fuego. Aunque no entiendo muy bien el porqué del título en español y el gusto por llevar la contraria a los productores y el director David Ayer para nombrar su trabajo. Así que me sumo a esta corriente crítica de cambiar los títulos elegidos por los creadores.
En primer lugar, queda claro que lo tripulantes en esta aventura bélica comandan un unidad de carros de combate compuesta por personalidades entre el trastorno y la psicopatía, manchados sus rostros con la sangre de compañeros y enemigos mientras les rodea la locura. Ellos son Brad Pitt, Shia LaBeouf, Michael Peña, Jon Bernthal, Jason Isaacs, Logan Lerman y Scott Eastwood, este último hijo del director californiano de American Sniper.

Podemos sentir como los carros blindados se comportan en el campo de batalla, a modo de abrelatas todoterreno con gran potencia de fuego que surgieron de prototipos antiguos, para cambiar para siempre la estructura de las guerras modernas. En su interior, los soldados conviven, injurian y mueren, atrapados sus corazones en una coraza metálica cubierta con sus restos vitales.
Pero el verdadero nombre Fury, proviene del sobrenombre de un cañón de 76mm., tal vez recuerdo de una incursión bélica o una relación amorosa (o homenajeando posteriormente a un caballo protagonista de una serie de televisión), con carros históricos rodados a caballo entre California e Inglaterra.

Pienso que Fury, se deba a la mala estampa que se propagó por todos los rincones de la vieja Europa durante la masacre en la 2ª Guerra Mundial. Furia por el odio intrínseco que invadió la sociedad. Furia por el carácter violento de unos hombres enfrentados, con un jefe rebautizado como Wardaddy y sus unidades denominadas con Amor. Furia contra las terribles e inhumanas acciones emprendidas por los miembros criminales que componían las Waffen de las SS hitlerianas. También Fury, por los carros enemigos y su potencia de fuego de 88mms., con una protección blindada frontalmente impenetrable para los tanques yanquis y la afinada vista de un Tiger1, conocidos por la tripulación sobre las arenas ardientes contra el Africa Korps. Furia por una guerra de hombres-niño que se aprovechan de las mujeres del ejército derrotado, como un derecho inalienable.

Y finalmente, Fury es el cambio de un joven dedicado a las letras que se ve inmerso en las tripas de la bestia, reclutado para una carnicería y con unos 19 se ve tratado como carnaza para tiburones, hasta que los veteranos de África le bautizan con su primer baño de sangre enemiga.
Es curioso que Wardaddy sea interpretado por el jefe de Hollywood en la cruzada de cambiar la historia con Malditos Bastardos (con un guion indefinible de Quentin Tarantino), pues Brad Pitt está en guerra contra los nazis en pleno siglo XXI, y olvidado la selección de papeles que le ofrecieron su status entre los mejores actores pagados del mundo, como otros. Con este ánimo que parece invadir la sociedad actual hacia un nuevo conflicto, pero... eso es otra historia.

Hay un lugarteniente en el guion del propio Ayer que se decanta por el refugio de la religión, y se convierte en una película como Fury en un elemento extraño y metido con calzador en esta lata para sardinas sin cabeza. Mientras se nombra a la Biblia, se defiende el sexo con mujeres del eje derrotado como escarnio y justificación de un conflicto bélico.
Igualmente, es bastante raro el camino que toman los protagonistas, con situaciones reflejadas que provocan incredulidad, como disparadas por el director a discreción a ciegas, en una vorágine de puntos de fuga de lo realmente importante y trazando la confusión de una encrucijada de egos planos. A veces, las conversaciones son misiles lanzados sin coordenadas correctas ni hacia objetivos reales y certeros, solamente muestra interés por la psicopatía del guerrero mientras se destrozan unos a otros. Son los perros de la guerra lamiéndose las heridas y escondiendo lo peor del ser humano, aunque me falta más sensibilidad en contra de la muerte que la escalada patriótica y la exhibición armamentística.
Existen momentos en que es difícil entender tanto gusto por la sangre y la propagación de trozos de cerebelo salpicando la pantalla, con el único motivo de alimentar el efectismo con planos salvajes, pero nulo sentido de la crítica ante los efectos del odio.

Por tanto, David Ayer que se desvive por mostrar la brutalidad en el campo de batalla, se refugia en una guerra de balas trazadoras al estilo láser de Star Wars, aunque planeando confusamente entre ambas filas ya que tiñen de sangre todo alrededor hacia un desenlace tan heroico como increíble.
Y es que dos bombas de mano sirven para rodar una secuencia ñoña y sin sentido, como una ligera explosión ante un recital de cuerpos desmembrados.
Me ha dejado frío esta Furia sin sentimientos, cuyos protagonistas se enzarzan en la violencia buscando un final sin romanticismo ni crítica.

Mucho carácter ególatra sin demasiadas aristas que desentramar y nula capacidad de emoción. Y una presencia que derrotaría a Hitler con sus motores diesel y su fuerte protección acorazada con una cañón de 85mms. Era el T-34 ruso, un destroza Panzer en toda regla que queda excluido de la ecuación y la Furia.

** Floja **

Tráiler Mad Max: Fury Road, de George Miller. Reparto: Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Hugh Keays-Byrne, Zoë Kravitz, Angus Sampson, Rosie Huntington-Whiteley, Riley Keough, Nathan Jones.

martes, 20 de enero de 2015

The Inmigrant (o El Sueño de Ellis).


Érase otra vez... Un Sueño.

En los inseguros años 20, en la ciudad de Nueva York circulaba en sus puertos un profuso movimiento de seres humanos provenientes de distintos puntos del mundo, especialmente de Asia y Europa. Se había convertido en un punto de confluencia de hombres y mujeres que llegaban en busca de un futuro y una mejor vida, alejados del hambre y la enfermedad.
En estos momentos, Norteamérica era el refugio de muchos europeos que decidieron abandonar sus orígenes (incluidos sus familiares y amigos) para escapar de una Primera Guerra Mundial y sus posteriores efectos en la población más humilde.

Aquella guerra que era sólo el inicio de los problemas o la continuación de los enfrentamientos de una larga y vieja historia con enfrentamientos políticos y territoriales. También la ruina de una Europa unida, con semejantes intereses para los ciudadanos de los distintos países, que cambiaría la esperanza por una verdadera carnicería.

La muchacha polaca interpretada por Marion Cotillard en el filme The Inmigrant, se desplaza llevada por la necesidad como tantos miles, con ganas de comenzar de nuevo junto a su hermana. Pero, la fatalidad y el contagio vírico le obligará a quedar confiscada en la Isla de Ellis (nombre que da título en español a la película) a causa de la expansión de tuberculosis.
Esta plaga de comienzos de siglo, se uniría a otras como el hambre, el paro, la burocracia, el miedo, y por último, la prostitución.
Reconozco una belleza algo atípica en la francesa Marion Cotillard. Sin duda, una interesante actriz con una carrera oscilante, pero creo que sus grandes papeles aún no han llegado y espero que siga creciendo en los próximos proyectos en una línea ascendente. No sé porqué razón en esta película no me acaba de convencer su interpretación distante y gélida como la niebla de la bahía de New York o Upper Bay.

En principio, la historia dirigida por James Gray y coescrita junto a Ric Menello (también autor conjunto de la notable Two Lovers) no pareciera tomar los sentidos que van secuenciándose en imágenes particularmente sexuales, pero las vías de la pobreza y la inmigración se tuercen hacia derroteros más marginales si cabe. De la misma forma que El Sueño de Ellis visita algunas de los temas y espacios comunes a anteriores películas del director de ascendencia rusa y judía, incluso otorga un papel protagonista a uno de sus habituales actores como Joaquin Phoenix.

Los escenarios tienen una ambientación de época excelente, con la ciudad de los rascacielos ´en construcción` desde el desembarco a los estudios Kaufman Astoria de Queens, hasta las calles del Bronx, Manhattan y alrededores del puentes de Brooklyn. Sin embargo, la fotografía y el montaje de la cinta se distancian un poco con las interpretaciones, que curiosamente pecan de cierto exceso de teatralidad o frialdad, acordes con la época y el invierno neoyorquino.
Otro aspecto secundario que refleja el punto de vista de Gray, es la decadencia de la actividad policial convertida en una asociación con motivaciones mafiosas, todo al margen de las leyes como ocurriese en familias precedentes en Little Odessa (su primer largometraje), La Otra Cara del Crimen o, sobre todo, La Noche es Nuestra.

Joaquin Phoenix aparece como una balsa salvadora, frío y distante como la atmósfera generalizada que recrea la película, un hombre dedicado a los inicios del vodevil, cuando las almas perdidas de la gran ciudad se unían en un foro, mezcla de personajes siniestros, prepotentes negociantes, jóvenes en busca de sexo de pago, insultadores y faltones profesionales. El salto al comercio del sexo resulta algo forzado, oculto ante un espectáculo de variedades que aparenta una familia más fiable del resultado real. Y es que la necesidad del estómago pasa necesariamente por las camas de alquiler. O bajo los puentes.

El Sueño de Ellis es un retrato documental de las oportunidades y fracasos de los inmigrantes procedentes del Este de Europa u otros lugares, antes de su escapada a la conquista de las nuevas rutas del hambre, hacia el prometedor y caliente Oeste. Porque, aquí a este lado, todo parece rollizo invadido por una ola de frío, sin luz, una calamidad que denota demasiada asepsia.
Solamente cuando entra en escena la magia, el tercer lado del triángulo interpretado por Jeremy Renner, se ofrece un resquicio de claridad y variedades fuera del mundo regido por el forzado proxenetismo. Pero, será un mero espejismo para volver a las calles y la tensión, a los Miserables y Juegos del Hambre, lanzándose unos cuchillos demasiado afilados para tragárselos.
Si bien la carga dramática rebosa en el metraje, echamos de menos más podredumbre y montañas de ratas a uno y otro lado de esta alcantarilla.

Lo mejor, el comienzo en el circo de los horrores dónde se trafica con las vidas y la carne, aunque la distancia no haga brillar las situaciones ni empatizar con los personajes. Tampoco sabemos si la terminación del invierno depara consigo un mundo más amable y respetuoso con las mujeres inmigrantes.
Aunque el futuro vislumbre algo de libertad y luz a esta Inmigrante prisionera de su mismo diseño y ambientación.

** Pasable **

Nino Rota - Godfather Soundtrack 

lunes, 19 de enero de 2015

The Theory of Everything.


Todo no significa Nada.

Creo que la lucha contra las enfermedades degenerativas será uno de los retos que afrontará el ser humano y la medicina moderna, para intentar alcanzar unas mayores cuotas de calidad de vida y supervivencia. Todas aquellas relacionadas con el deterioro del organismo y el cerebro por motivos de la edad o genéticos, así como de una vida sedentaria, con problemas de alimentación o consumo irracional de otras sustancias, serán objetivo de la ciencia. Y enemigo de las barreras económicas.

Stephen Hawking cosmólogo y científico nacido en Oxford (Inglaterra) fue diagnosticado de la terrible enfermedad de ELA a los 21 años, cuando comenzaba a despuntar en su faceta intelectual por encima de la media de investigadores universitarios. Ese dramático encuentro con la inmovilidad le supondría una larga enfermedad necesitado de ayuda externa para las acciones más comunes e importantes del hombre, como por ejemplo alimentarse, comunicarse o respirar.
Sin embargo, el hubo ciertos órganos que mantuvieron su funcionamiento, en plenas condiciones de uso, siguió racionalizando o expresando sus pensamientos gracias al motor de su vida, la ciencia. Y también, demostrando afectos o amando mientras el corazón siga latiendo a sus 73 años.

Su vida es una película continua vivida desde su butaca especial, y por ello el cine ha demostrado su interés por el personaje observando las experiencias descritas por Jane su primera mujer y profesora de lenguas romance, en sus libros titulados Travelling to Infinity y Music to Move the Stars. Por lo que el director James Marsh junto al guionista Anthony McCarten, han dado su punto de vista sobre una época determinada y fundamental en sus vidas, con el título abstracto y matemático, La Teoría del Todo.

Se pueden calificar este tipo de películas o biopics, de un acercamiento a la personalidad y la naturaleza humana con raíces en los inventos científicos, pues sus vidas son retratadas por aparatos fotográficos creados por los inventores e intelectuales. También, son expresiones determinadas por los recuerdos (de uno mismo o los que convivieron con el personaje) y en muchas ocasiones, propiciadas por una visión foránea, de un escritor o director. Aunque, se cuente o no con la opinión personal del individuo diseccionado emocionalmente ante el público.
Por tanto, el resultado siempre será bastante partidista.

En The Theory of Everything, la mayoría de escenas se desarrollan en el aspecto más personal de los Hawking, enseñando su lado más humano y dramático. Aquellos primeros momentos dónde todo brillaba alrededor, desde una celebración en el firmamento hasta una mirada, terminando (o sólo comenzando) con los síntomas de una larga batalla, a la que se predecían dos escasos, y extremadamente duros, años. Una parálisis motora que muestra en pantalla la crudeza de las etapas, con los primeros lazos sentimentales hacia su futura esposa y madre de sus tres hijos, junto a los avances cruciales de su pensamiento respecto a la creación del universo.

Por supuesto, James Marsh está habituado al contacto con el documental y vidas de determinados personajes públicos, así en La Teoría del Todo amalgama lo profesional y lo privado, relativo a un superviviente como Stephen. Pero, al basarse de primera mano en las experiencias de su ex-mujer Jane, el mundo científico y universitario giran en una órbita más limitada para acercarse al público en general. En cierta forma, es adecuado porque Hawking peleó para que su voz fuera oída y entendida por todos.
Los términos sociales, académicos y sentimentales prevalecen sobre los científicos, no borrados del todo (algunos están presentes como refuerzo a la historia) como ejemplo del esfuerzo físico y mental. A través, de otros personajes que se acercaron en aquellos duros momentos a la familia y que señalan los diferentes estados de ánimo por los que pasó su relación íntima.

Los puntos fuertes de la película se hallan en las personas y sus sentimientos, primero con romanticismo y después con esfuerzo denodado para alimentar un amor herido mortalmente. Siendo Jane, principal protagonista como juez y parte interpretada por la premiada Felicity Jones (Spiderman 2 El poder de Electro, La Mujer Invisible) junto al poseedor de las estrellas y la poesía, encarnado por un actor también en continua expansión como Eddie Redmayne (Los Miserables, Mi Semana con Marilyn). Un universo de nuevas estrellas confabuladas para brillar en una poética y emocionante interpretación, más que para elaborar una teoría sobre los designios de la humanidad.
Se exponen las bases de la teoría caótica del Todo, pero el fracaso sentimental y el enfriamiento pasional demuestra que todo sigue en movimiento, hasta el cambio constante del todo es posible en pugna con la antigua postura de un Dios inamovible.

Stephen Hawking sigue en la actualidad haciéndose preguntas semejantes desde aquella época que le causara las lágrimas y la fatalidad, aquellas sobre la vida y la existencia de una divinidad, negándola como científico y convirtiéndose en un auténtico explorador incansable. Poniendo en marcha su cerebro con la ayuda de manos y pies de otros más agraciados físicamente por voluntades divinas o, diría más bien, por el carácter hereditario de nuestro ADN.
Como una ruleta rusa que reparte enfermedades o capacidades fuera de lo común, revitalizadas con la dedicación y el estudio, inmersas en una espiral semejante a una pequeña mancha de leche sobre la superficie del café diario. Enfrentándose como galaxias que se devoran, hasta la extinción del amor o expandiéndose más allá de los límites humanos hasta el infinito, de nuestra mente.

Estudiando a Hawking se observa que la resistencia humana no pareciera tener límites, pues creo que la unión construye una fortaleza que sólo puede derribar la falta de fe o la desaparición del deseo. A opciones como éstas, nos aferramos para vencer el dolor o el sufrimiento.
Entonces, para la inmensa mayoría, La Teoría del Todo es el cariño. Un auténtico motor de esperanza, de cambio de vida y respeto. Del todo que se confunde con la nada.

Si la muerte es el destino final u otro paraíso onírico (e indemostrable) deberíamos escuchar más a la ciencia e intentar comprender el origen de la guerra, las ideas o... el amor.

*** Buena ****

Samuel Karl Bohn – Unlocking the Mind (The Theory of Everything Music Trailer)


Tráiler Jupiter Ascending, de Andy y Lana Wachowski. Reparto: Mila Kunis, Channing Tatum, Eddie Redmayne, Sean Bean, Doona Bae, Douglas Booth, Vanessa Kirby.


Tráiler True Story, de Rupert Goold. Reparto: Jonah Hill, James Franco, Felicity Jones, Ethan Suplee, Gretchen Mol.


The Theory of Everything Soundtrack – Jóhann Jóhannsson, nominado al Oscar.

domingo, 18 de enero de 2015

Big Eyes.


El Arte que entre por los Ojos.

Dos años habían pasado desde que Tim Burton dirigiera la revisión de Frankenweenie y ha demostrado que un periodo corto de tiempo puede hacer cambiar muchas cosas en la vida. Y relaciones, igual que le sucediera a la pareja protagonista de su nuevo filme Big Eyes, en una historia real y deformada por las emociones interesadas.
Para ello, ha contado de nuevo con algunos de sus colaboradores habituales y que dan un sentido singular y humorístico a las historias que interesan al director nacido en Burbank (California), los guionistas de Ed Wood. Aligerando algo su interés por la muerte y los crímenes pasionales hacia otro de sus temas favoritos, el vacío existencial y el amor-odio entre géneros. Todo difuminado por el mundo de la pintura y las melodías de Danny Elfman en la voz de Lana del Rey interviniendo en dos temas compuestos para la película producida por Silverwood Films y The Weinstein Company.

(Dibujaré una especie de conversación mantenida con sus dos protagonistas principales encarnados por Amy Adams y Christoph Waltz tras una interpretación ficticia, y con ligero toque de humor cínico)

¡Hola Señorita Margaret! Me he quedado contemplando tus Grandes Ojos y he decidido que me gustas más que todas esas otras.
Un amigo llamado Tim Burton, me dijo que los ojos son como las ventanas del alma. Pero, no sé qué alma. Una cariñosa y benefactora, u otra que piensa únicamente en sí misma, oscura como algunas películas.
La tuya es de una artista dulce e inteligente. ¿Te quieres casar conmigo?
Lo haría si creyera en el matrimonio... ¿te diste cuenta que tengo una hija? ¿Me quieres?
Sí, Ojos Grandes, a ti y a tu pequeña princesa. Cuál era su nombre... ah sí, Arte. Me encanta tu pintura como si fuera mi propia obra.
Gracias Walter... aunque no sé si me dices toda la verdad.
¡Corten, corteeen! Os necesito por ese camino, la dulce y tímida Margaret junto al atropellado y lenguaraz Walter Keane.

Así, Tim Burton construye una obra fuera de sus habituales escenarios entre penumbras (aunque tras esta ventana se esconde algún que otro monstruoso ser) y de las líneas rectas, espirales y demás objetos animados sacados del universo del cómic.
Aquí abraza a la pintura, con el sentido de reflexionar sobre la propiedad intelectual y los individuos llevados por su poca estima a la ocultación o incluso la desaparición.

Esta intensidad emocional es la que andaba buscando el director norteamericano, una película que se reflejara en un mundo real pero con una ventana hacia las personalidades alteradas, con un punto de maldad en sus comportamientos. Más bien, un cuadro.
El filme que ha titulado Big Eyes, está centrado en el engaño de la vista respecto a los mecanismos ocultos en el cerebro, pues éste cree que la realidad es lo evidente cuando se esconde en los sentimientos más recónditos.

Para ello, ha elegido a dos protagonistas en plena cresta de popularidad y buen trabajo en los últimos tiempos, para que se luzcan en unas interpretaciones bis a bis, con un estilo marcadamente burtoniano, porque el director ha intentado mantenerlos dentro de su mundo particular siempre con una pincelada de creatividad propia. Eso me gusta pensar al menos.
Aunque en este caso, haya abandonado algunos temas evidentes para tratarlos como un reflejo de la fantasía en el mundo real, una ventana de la realidad que abriría aquellos escenarios imaginarios, a través de su mirada de creador.

Amy Adams: Crees que el público podrá entender este cambio, al tratar una temática con el punto de partida de las relaciones personales en la pareja.

Tim Burton: Pues claro, siempre ha sido una materia relacionada con mi cine y los temas fantásticos que me apasionan. Desde mis orígenes en el cine, he desarrollado personajes con esas reminiscencias reales en un mundo oculto a los demás. Viviendo su propia historia, tras el horizonte visual de mis seguidores, que crecieron entre seres de cuentos y héroes legendarios, pero que se enfrentaban a la ciencia ficción deslizándose por sus historias dramáticas, sus parejas y desarrollos infantiles con características adultas en la oscuridad.
Muchas de ellas, eran aventuras amorosas casi inaccesibles, sólo posibles en ese mundo de fantasía o en los sueños de los espectadores, como yo mismo.

Christoph Waltz: Gracias Tim, gracias por ofrecernos ambos papeles. Grandes posibilidades para satisfacer otras visiones, de como un artista que intenta realizar una obra maestra se esconde entre la multitud de colores ajenos para venderse como producto de mercadotecnia. Me he sentido así tratado, alguna vez.
Siempre tienes un gran Ojo para mezclar cierta amabilidad con las pasiones contrarias, como la insufrible avaricia que persigue a algunos personajes de tus películas, en la más tradicional costumbre de los malvados de Hollywood. Espero estar a la altura.

Tim Burton: Tranquilo Christoph lo estarás, aunque nos costará un riñón convencer a los fans más recalcitrantes.

C.W.: Me he divertido muchísimo, caricaturizando al personaje en Big Eyes. Pues, los laberintos de la mente por los que discurre su aptitud, son propios de tu imaginería este pintor, hacedor de billetes y vendedor de mentiras. Se mueve entre el malo de un cómic y aquellos dibujos animados desvergonzados, pero con un hilo de histrión. Incluso, me ha recordado a Christopher Lloyd como Juez Doom, en Quién engaño a Roger Rabbit u otras animaciones de tus películas que jugaron con el reverso tenebroso de los seres humanos con cierta comicidad patética. Seres con una luz, bastante siniestra.

T.B.: He querido demostrar ambas caras de la moneda. El arte con los pinceles enseña a unas niñas tristes, con un futuro oculto en sus ojos enormes como si pidieran una oportunidad para vivir. Su negritud se enfrenta a la búsqueda de cariño necesario en todos nosotros, porque para seguir adelante necesitan relacionarse y crecer tanto personal como artísticamente.
Por tanto, Amy y sus niñas pintadas son los verdaderos protagonistas de esta y otras películas, aunque tú te levantes una mayoría de las escenas en la película con tu personalidad arrolladora.
Los niños dentro y al otro lado de la pantalla, son el objetivo de mis oscuros pensamientos como en un cuento o una fábula. Aprendizaje del comportamiento, a través de algunos pequeños sustos y la diversión, por supuesto.

Amy Adams: Gracias a Mr. Waltz mi papel luce más aún. Tus heroínas lo pasan mal en la mayoría de ocasiones (sino en todas) porque en el fondo buscas la redención o el perdón por los comportamientos de hombres (monstruos) contra ellas, o también la reivindicación del espíritu femenino en contra de la injusticia. Ánimo de superación que celebro por el egoismo que demuestran elementos secundarios de tus películas y algún que otro protagonista machista.
Mira Tim, como en nuestra industria sucede a menudo. Las directoras piden más oportunidades de trabajo para realizar y pensar sus proyectos, ya que el mundo masculino controla el Séptimo Arte para mantener ese dominio.

T. B.: Vaya Amy, muy acertada en la comparación con mi película Big Eyes, pues el esfuerzo de todos en ella ha tratado de valorar el proceso creativo de la mujer, para evitar que sea un objeto a vender sin ninguna personalidad y valor propio. Te agradezco tu participación en la batalla que habéis iniciado, pintoras, directoras... y en general artistas.
También a Christoph por su gran trabajo como vendedor de humo, tu interpretación da la réplica necesaria entre la genialidad y el sarcasmo cómico, casi de tebeo. Habéis retratado el verdadero espíritu del artista contra el negocio, como Dos Caras separadas contra el archienemigo.

C.W.: La mente del artista no difiere mucho de la realidad en la sociedad, pues todos los ciudadanos buscan ese reconocimiento personal y profesional, también buena posición económica (o sustento legítimo) y aquella cosa indeterminada llamada amor.
La historia se llena de vidas, de hombres y mujeres que enloquecieron al no poder alcanzar alguna de esas metas, aunque el divertimento domine a la frustración con el patetismo, y el mito sobreviva con métodos propagandísticos y la mentira.

T.B.: Big Eyes, se empeña en reconocer los méritos personales por encima de intereses ocultos, con el poder de la publicidad y los contactos mediáticos logrando construir esta gran trampa escondida en los Grandes Ojos. Una historia para defender la verdadera personalidad a costa de las lágrimas, silencio y olvido.

A.A.: Me enorgullece interpretar a esta pintora y espero que sirva para devolver algo del crédito perdido. Ahora, me encuentro en mi mejor época, una niña de ojos limpios dispuesta a abrirlos para abarcar todas las perspectivas posibles. Aunque este año, nos hallamos quedado sin ninguna nominación a los Oscar´s, otra vez será.

C.W.: Ya te digo Amy, te esperan trabajos con Jean Marc Vallée y Janis, con Denis Villeneuve y Zack Snyder, casi nada... te veremos por estos lares. Yo mientras termino Spectre con Sam Mendes y me alisto a un nuevo Tarzán con David Yates.

T.B.: Suerte amigos, pues yo tengo también interesantes proyectos en el camino. Esperemos que las personas no se alimenten de méritos ajenos, ojo avizor, pues el talento y la justicia nos deparará nuevos éxitos.

*** Buena ****

Big Eyes – Lana del Rey (Soundtrack)



Tráiler Jupiter Ascending, de Andy y Lana Wachowski. Reparto: Mila Kunis, Channing Tatum, Eddie Redmayne, Sean Bean, Donna Bae, Douglas Booth, Vanessa Kirby.

Cinemomio: Thank you

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