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viernes, 16 de enero de 2015

Obvious Child.


Humor Femenino.

Algún tiempo ha transcurrido desde que el humor se empapaba en los clubs nocturnos de humo y de risas compartidas, luchando a brazo partido contra las conversaciones y los gritos derivados de una atención descuidada.
Aquellos lugares de copas y comedias clandestinas, dónde se podía despotricar contra cualquier idea sin repercusión multitudinaria en los medios, sólo podrías temer que a alguien del público se le cruzaran los cables por un gaznate jaleado por los efluvios del alcohol.

La risa en los escenarios, por sus comienzos, no estaba demasiado concurrida de exposiciones ni posturas femeninas. Contadas eran las mujeres que se atrevían a hacer competencia a aquellos humoristas forzados por la situación económica, normalmente.
Profesionales del humor, como el maestro Woody Allen rodaba el surrealismo sexual y vivaz en sus primeros filmes, y encarnaba la inteligencia mezclada con el criticismo más arrollador abriendo las puertas para otros actores que triunfarían en sus carreras como Robin Williams, Eddie Murphy y Billy Crystal con elementos atribuibles a ese estilo de humor. Se seguirán incluyendo principalmente chistes sobre las relaciones sociales o privadas entre géneros y una carga crítica por bandera. Por supuesto, a través de una mirada especial, siempre bajo la condición de judío y hombre de Mr. Allen dada la vuelta en Obvious Child hacia las dificultades de la mujer para conseguir un lugar común en la Stand-up Comedy americana.

Ahora, las cosas han cambiado.
Las féminas han alcanzado semejantes niveles en la comicidad de los monólogos, tanto en directo como en televisión, y en el caso de la película Obvious Child, la actriz Jenny Slate se encarga de recordarnos que existe la visión femenina del humor, con la misma carga ácida y de gusto dudoso que puede expresar un hombre. Y hacer la misma crítica de las relaciones de pareja con el punto de vista de una treintañera lenguaraz y omnipresente en todas las secuencias de principio a fin.

Es complicado calificar un filme como Obvious Child sin caer en cierta contradicción o remarcar las distancias que nos separan de las opiniones en ella establecidas. Pues, todos tenemos una postura determinada por nuestra experiencia en la vida. Pero, intentaré obviar la realidad para acercarme a la crítica cinematográfica.

Primero, se trata de una producción independiente USA, rodada en Brooklyn por una directora Gillian Robespierre que alumbra su primer largometraje y ha intentado que rueden cabezas dejando algunas temas al libre albedrío, o más bien, al control total del ritmo que marca la comediante en escena. Tanto en las tablas como en la privacidad, demuestra un repertorio de gags y muletillas propios de los primeros chistes sociales, al lado de estrellas como los recordados Georges Burns o Jack Benny. Una muestra serían los trabajos alocados realizados en su primer guion para el cine What's new, Pussy Cat? y en películas como Toma el dinero y corre, Bananas o sobre todo Todo Lo Que Usted Siempre Quiso Saber Sobre el Sexo, Pero Nunca Se Atrevió a Preguntar, que regirían el destino crítico y sexual comenzado en aquel local Blue Angel sobre 1960.
Por tanto, la narración depende del ritmo de ella con un guion a su medida, aunque resulte algo floja cuando tiene que enfrentarse con los obstáculos personales que pone la vida delante del micrófono. Con un guion de la propia directora que se pierde en determinadas discrepancias y dudas sobre la pareja o la fidelidad.

Segundo, el método utilizado se basa en el denostado sentido del ridículo, porque el humor se lanza como defensa personal y ataque, dependiendo de las situaciones que acosen a la protagonista en cada momento. Feminismo, sexo y paro, frente al escaparate del humor escatológico.
Así, puedes tomar partida por una postura u otra, atendiendo a tu parecer sobre la protagonista, pues su rostro y palabras dirigen la escena haciendo que tomes partido en algún sentido sobre su trabajo confeccionado para escandalizar. Parecida en la contradicción, el aspecto físico y el mental con Woody, siempre desde el otro lado del campo.

Tercero, la primera impresión no es la que cuenta.
Porque alrededor de una comedia disparatada y ´bizarra` se esconde una acción ideológica, a cierta distancia aunque persiguiendo un sueño de la idea que Martin Scorsese presentara en El Rey de la Comedia y la carrera de un actor cómico en la piel de Robert De Niro que pretende triunfar profesionalmente en dicho campo o Burnie... . Una mujer dedicada profesionalmente a hacer reír y cercana al Lenny interpretado por Dustin Hoffman en la notable película de Bob Fosse con el mismo título sobre la vida del humorista Lenny Bruce (también se podría relacionar en muchos aspectos con la cara femenina de Tootsie dirigida por Sidney Pollack), o otro estado en el filo del chiste que lleva a Adam Sandler a reírse entre la vida y la muerte en Funny People con Judd Apatow tras la cámara.
En su avance, deja algo de lado la vida azarosa del profesional del chiste en clubs nocturnos, para dirigirse hacia una comedia romántica con tendencias obsesivas, pero manteniendo un cierto rechazo a las películas ñoñas que pertenecen al género más edulcorado del amor. Aquí su pareja cinematográfica Jake Lacy comparte elementos críticos, su vida con el humor y una complicidad entre la diversión, el sexo y la realidad de las relaciones entre hombres y mujeres. O viceversa.

Por último, un cómico de la lengua irreverente con similitudes a Mr. Allen más joven y con tetas, que va desapareciendo poco a poco, para dar lugar a un personaje iracundo y frustrado que cambia su humor para ajustar cuentas con la vida a su alrededor es la parte más deficiente en el filme. Y, a una pareja masculina que deambula primero por el desconocimiento y luego por la ambigüedad frente a las implicaciones tras una noche de excesos. Más marcada por los mismos rasgos humorísticos y escatológicos que por su peso en la historia de los protagonistas.
Como decía el personaje de Woody en Delitos y Faltas, “Comedia es tragedia más tiempo”.

Creo que el papel de la monologuista es más atractivo en su comienzo que cuando afronta las cuestiones decisivas, aunque el reposo de tanta frustración algo psicopática, se analice frente al televisor compartido en el sofá observando una película.
Siempre que se produzcan las ideas ocurrentes y frescas habrá posibilidad de llegar a acuerdos, elaborar un texto cómico o a rodar una película, pero sin deseos, aptitudes coincidentes o gustos semejantes en la pareja no podremos compartir sensaciones, más allá del sexo.
Está pequeña producción con varios premios en 2014, me ha recordado lejanamente a aquel inolvidable carnicero interpretado por un magnífico Ernest Borgnine, no muy agraciado físicamente pero determinado a dejar de lado la soledad que invade nuestra sociedad, en la obra maestra de Delbert Mann con el título de Marty. Una recomendación personal.

El amor duradero (si existe) podría ser cuestión de tiempo... e interés.


** Pasable ***


domingo, 11 de enero de 2015

Clouds of Sils Maria.


La Serpiente y

Poéticamente en este filme se recrea una situación proveniente de la experiencia, y por ende del paso del tiempo mientras esperamos un acontecimiento (pudiera ser natural o de índole mística) que nos proporcione las respuestas universales que deseamos conocer. Como por ejemplo, ¿cuál es nuestra misión en el mundo o hacia adónde nos dirigimos después de la vida?
También el porqué tomamos algunas decisiones que marcan y rigen nuestro destino.

Clouds of Sils Maria es una coproducción entre Suiza, Francia y Alemania con unos protagonistas comunes en dos franceses. Por un lado, el director y escritor de París, Olivier Assayas que abandona sus registros artificiales (apuntados en una secuencia del filme) por un paisaje cinematográfico más naturalista; y por otro la carismática actriz Juliette Binoche que viaja a su pasado real (ya trabajo junto a Assayas en este cambio con Las Horas del Verano) para contarnos aspectos metafísicos e intimistas, dando una relevancia principal al conocimiento de la personalidad femenina respecto a determinados temas como la atracción, la vejez y la muerte. Es decir, una ramificación de anteriores temáticas de su cine en que prevalece la supervivencia de la mujer frente a la violencia social o la sexualidad.

Por ejemplo, confluye en una relación triangular con varias de esas personalidades atraídas por una labor profesional como actrices o su momento crucial atendiendo a la diferenciación por edades. Y una idealización de la juventud como respuesta a las inquietudes, que sería la atracción sexual e intelectual entre mujeres con similitudes, pero comportamientos más existenciales que físicos.
De ahí, que el director Assayas se olvide de una acción frenética o la fantasía (incluso del cine negro con mirada tecnológica) enfrentándose con un mundo dominado por los sentimientos femeninos y las inquietudes espirituales, encuadrado en un evento onírico del paisaje o en las relaciones privadas dentro de un contexto teatral.
Por tanto, se desplaza entre diversas localizaciones al cantón suizo de Graubünden deteniéndose con las vistas de St. Moritz, Maloja y Sils María, fotografiada en 35 mms. y presentada a concurso en Cannes.

Posicionamiento y sentencias públicas respecto a los medios de comunicación, con aparición del sensacionalismo en busca del escándalo, pero siempre manejado desde la distancia como si alguien oteara el panorama desde lo alto de una colina. Y, sin embargo, tuviera toda la atención puesta en ella, esperando nuevos acontecimientos o pérdidas.
También, trata sobre la desaparición del amor en todos los sentidos incluida la amistad, tanto personal como profesionalmente. Cuando una actriz madura comienza a discutir su propia realidad y las decisiones tomadas en el pasado, que influyeron sobre terceros. Quizás por ello, Assayas se muestra aparte de sus diálogos, como dejando construir los personajes o destruir su trabajo.
De esta situación al margen de la historia, se apodera la interpretación por encima de todo, de dónde proviene todo lo bueno y malo de esta cinta, dominada por la espontaneidad en la piel de una correcta Kristen Stewart, y la estrella titubeante Chloé Grace Moretz, de la que desearía más participación y peso en la historia.

El guion del propio director se basa en la parte estructural de la obra, en el aprendizaje de un texto que habla sobre esas mismas relaciones que se intuyen (más que se admiten) dentro de la lucha de egos y atracciones interesadas, en dura pugna entre el raciocinio y los deseos.
Claro está, es una dramatización idealizada y llevada al límite de la resistencia de una trabajadora, también algo forzada a mi parecer, pero con plena vigencia en las actuales actividades profesionales o de amistad.

La figura cartesiana con forma vaginal y perspectiva clitoriana define distintas aptitudes ante la vida según las edades de las protagonistas, y un misterioso comportamiento entre lo irreal y lo confuso, como una niebla que invade la clara visión de las cosas. Un argumento que transita a bandazos, debido en parte a los pocos datos que conocemos de los personajes centrados más en la teatralidad que en algunas emociones ocultadas al espectador.
La observación de Clouds of Sils Maria es fría y manipuladora como el personaje de Madame Binoche, pues adereza la interpretación teatral con una ambientación mágica, cuando se está hablando de sentimientos.

En el sentido esotérico, las nubes se presentan como metáfora del engaño que representa la serpiente, creando una atmósfera demasiado irreal para la aptitud crítica que se quiere contar y perdiendo la perspectiva de los hechos acometidos en primer término por el director. La asunción de elementos peligrosos como la superioridad moral o la prepotencia cultural, como medio para destruir la comunicación entre el ampuloso posicionamiento del amor propio.
El valle nebuloso aparece como un velo de ocultación o una sensible amenaza que nos visita desde el pasado, para dejar escondida esa parte débil que todos tenemos frente a los demás.

El ecologismo y la elección de variados estilos musicales para esta aparición fantasmagórica, acompañan al espectador como una expresión artística del autor, aunque también confieren un carácter dramático sobre la perspectiva vital de una actriz cercana a la vejez.
La confusión juega con los estados emocionales, como la niebla se adapta a todas las superficies, con excelso cuidado estético marcado por la fotografía. En detrimento de la realidad, que se apunta con la función teatral y el aprendizaje de un texto, está la doble intención de enmascarar los verdaderos motivos y la personalidad dentro de los lados de este triángulo de Venus.

En el ámbito interpretativo, para Cinecomio resulta ganadora Kristen Stewart por una naturalidad excesiva pero necesaria para alcanzar otros papeles en el futuro, una Juliette Binoche que vive de las rentas como presagio este papel en el presente, y a Chloé Grace Moretz que pareciera sentirse observada, como el fantasma que emerge por las montañas y desaparece sin volver a saber de él, cuando se esperaba un reptil más venenoso.

En definitiva, zigzagueante y fría como la serpiente e inconsistente como la niebla.

** Pasable ***

Das Wolkenphaenomen von Maloja (Arnold Fanck, Short of 1924)


Largo from the opera Serse by George Frideric Handel (Clouds of Sils Maria Soundtrack)

sábado, 10 de enero de 2015

Jauja.


En el viaje nos encontraremos...

Desde luego, hay gente de todas las épocas que ha enloquecido buscando las promesas de prosperidad o fortuna, desde los inicios de la humanidad hasta épocas más cercanas. Como ocurriese durante el siglo XIX, en la lejana y fría Patagonia, en el que los hombres se dispusieron ha encontrarse con sus ancestros superados por la imaginación, aquellas antiguas leyendas o los propios terrores.

Por entonces, muchas otras regiones que prometían un enriquecimiento con sus tesoros o misteriosos efectos en las aptitudes humanas (pongamos como ejemplo el cáliz sagrado y las leyendas artúricas) fueron víctimas de la voracidad de exploradores y soldados temerarios. Hombres dispuestos a los excesos y una fisicidad a prueba de cualquier reto a su resistencia, que se dedicaron a hallar los vestigios de antiguas civilizaciones plagadas de riquezas y oro.

Y el arte fue testigo de aquellas viejas leyendas, a través de la poesía o la prosa, actualmente el cine. Como ocurriera con territorios imaginarios que cruzaban por parajes inhóspitos casi prohibidos para los hombres foráneos, protegidos por terribles seres o dioses. A esas regiones cargadas de posibilidades se les llamó Xanadú, Shangri-Lá, Las famosas minas del Rey Salomón, otras más físicas en Potosí, la ciudad más enigmática de la Atlántida, o en el caso que nos ocupa, como Jauja.
Esta historia de la Jauja argentina, está conducida por un hombre que gusta especialmente del estudio del comportamiento humano y ganador del premio Fipresci en el Festival de Cannes. Por eso, no se centra tan sólo en la búsqueda de la riqueza prometida, sino en valores más profundos y ocultos en el ser humano, como la pertenencia a la sangre.

Si el director nacido en Buenos Aires, Lisandro Alonso, hubiera nacido en Dinamarca como el protagonista y mercenario capitán Gunar Dinesen interpretado por un contemplativo y adecuadamente físico Viggo Mortensen (autor también de dos temas musicales del filme), los paisajes retratados tendrían el aspecto europeo y costero del Atlántico, con otros paisajes y temperaturas, también colores propios del invierno en el país de la Península de Jutlandia aunque con vegetación y fauna autóctona del continente europeo. O tal vez, en una mansión aristocrática rodeada de excelsos bosques con abundante vegetación de coníferas y olmos, salpicados de lagos que guardan aún terribles secretos. Pues, el perro es el mejor amigo del hombre, dicen.
Pero, en la tierra de Jauja, las llanuras y los parajes desérticos que se adentran en una afilada y elevada costa en medio de la nada, fueron testigo de enfrentamientos entre el indigenismo y el avance de la tecnología. En cierta forma, semejante al western crepuscular con la llegada de la ciencia montada sobre caballos de vapor.

Las bajas temperaturas en charcas naturales que servían de reposo de los guerreros, se llenaban de sangre y violentos actos, mientras un padre perseguía como un fantasma a algo muy diferente por lo que llegó a esta región. Durante cientos de kilómetros en solitario, su cabalgadura y luego sus botas, se adentraron en la quietud salvaje, en la contemplación dramática o los momentos dónde el único movimiento proviene del viento o los animales. Y durante la noche, te abandonas a soñar con un encuentro que parece ya imposible. Aunque fotografiado por Timo Salminen compañero de fatigas y aventuras de Aki Kaurismaki, el resultado llega a la perfección en los encuadres.

Aquel tesoro que buscamos, es una probabilidad o una pesadilla. Ahora el oro no importa, pues buscamos una personalidad que forma parte de nuestra existencia, todavía a medio construir por la joven edad. La falta de esta respiración o el agotamiento puede causar la locura en el protagonista y sus sueños.
Y entonces, el soldado quedará a la merced de la naturaleza, abandonado y tirado en el campo de una batalla sólo existe en el recuerdo, como las tierras que intentaban descubrir. Entre lo onírico y lo salvaje. Hasta desaparecer en otro tiempo y espacio.

Porque, la búsqueda es una excusa para contar una relación perdida con los hijos, y esconder aquellas relaciones personales a cambio de la libertad, bajo el prisma de unos ojos tan azules como fríos. Aquí, cerca de la inexistente Jauja, prometida tierra, el explorador con espada como tantas otras veces, se queda en la frontera de la realidad apabullante y la imaginación más traidora, al igual de un espectador que observa entre incrédulo y sorprendido. Tal vez, perdido a su vez como la Tierra, los indígenas o como una hija de nuestra propia sangre.
La decisión de continuar es vuestra.

El cine, como dije, ha tratado en bastantes ocasiones este tipo de viajes al encuentro de uno mismo, con diferentes versiones de la realidad. Dónde se enfrentan esas dos visiones del mundo, una natural y otra moderna, en un espacio imaginario que pertenece a la literatura de nuestros antepasados o a los sueños en 24 fotogramas por segundo, creo que de ahí el reencuentro con un formato que recuerda a tiempos pretéritos. Entre lo real o lo onírico.
En Jauja, como en otras circunstancias utópicas imaginadas en la historia de la humanidad, se mezcla cinematográficamente la esencia de lo natural con el naturalismo, con tratamiento contemplativo que pone a prueba la paciencia y entrega por el cine a sus artistas y equipo de rodaje, por supuesto, también a sus espectadores.

También son un arma para el lucimiento de sus protagonistas, encuadrado con perfección milimétrica y sensaciones plagadas de sonidos o aromas, entregados a la espiritualidad o el encuentro de la causa o persona perdida.
La obra de algunos directores circula por las venas de esta Patagonia agreste, con similitudes con ciertos aspectos del cine documental, por ejemplo de Werner Herzog, o las aventuras detenidas en lo minúsculo de David Lynch, o mucho más prolongado por los magníficos recorridos que emprenden sus personajes en las películas de Terrence Malick.

En estas películas sobre viajes que se alimentan de un combustible propio basado en los sueños, buscando una meta personal o un tesoro de valor incalculable... Pero, ojo que algunas cosas no son materiales y se pueden convertir en una obsesión.
Como le ocurriera a otro capitán llamado Ahab con la persecución de una venganza blanca y enorme dirigida por John Huston e interpretado por una caricaturesco y entrañable Gregory Peck.
De igual factura y con el mismo maestro tras la cámara, se hallaría un viaje que es a la vez una huida y una búsqueda del conocimiento de uno mismo, con todas las dudas, vicios y errores que cometemos a lo largo de nuestra vida. Aquí, el viajero es una pareja encarnada por el incomparable Humphrey Bogart, y no menos inolvidable Katharine Hepburn, por las aguas espesas del río Lualaba en Uganda. Una aventura cinéfila de título La Reina de África en honor a un paquebote.

Dando un salto cualitativo hacia los mitos concentrados en el nombre de una ciudad legendaria y perdida, Frank Capra se embarcó en un viaje a la fantástica Shangri-La ubicada supuestamente en el Himalaya, y un grupo de visitantes encabezados por Ronald Colman y una compañera valiente que lucharía contra el McCarthismo Jane Wyatt, hasta estos Horizontes Perdidos.

En este aspecto más aventurero del viaje, hallamos muchos territorios que reúnen tras ellos, una leyenda más o menos afortunada. Pero que marcan los senderos por los que sobreviven y sueñan sus protagonistas, como Robert Redford fundiéndose con el ecosistema en
Las aventuras de Jeremiah Johnson, dirigida por el Sydney Pollack más salvaje.
O las famosas Minas del rey Salomón, en varias ocasiones visitadas por el séptimo arte, siendo una de las más famosas la interpretada por una pareja tocada por salacot y las picaduras de insectos, Stewart Granger con Deborah Kerr. Una búsqueda de tesoros que arraiga con la más famosa aventura en la selva, junto a Johnny Weissmüller y Maureen O'Sullivan de carabinas raptados por insaciables y peligrosos individuos en busca del oculto Cementerio de los Elefantes.

Por otro lado, la más divertida y alucinante se rodaría alrededor del mundo por Norman Z. McLeod con un personaje que ha sido actualizado últimamente por Ben Stiller interpretando en La vida secreta de Walter Mitty, aquella especie anti-explorador con las muecas y la simpatía de Danny Kaye. Sólo que cambiando a Virginia Mayo por Kristen Wiig.
En este descanso para comer un tentempié y echar un traguito de la cantimplora, podríamos adentrarnos junto a Werner Herzog por La Cueva de los Sueños Olvidados y encontrarnos con el Fin del Mundo, como aquel hombre que se perdía con sus amigos, los osos buscando formar parte de la naturaleza como uno más, y desafiaba la voz rugiente del animal interior.

Sin embargo, poco tendrían que ver estas aventuras arquetípicas de Hollywood con la presencia más minuciosa de una cámara rodando el silencio, o mejor dicho los sonidos de la naturaleza. Al igual que Howard Hawks con su western se diferencia de El Dorado de Carlos Saura, o más irreal y sangriento dirigido por el mismo Herzog mostrando la visión europea y polémica del hombre blanco con su Aguirre, la cólera de Dios.
En este aspecto, la aventura entronca más con la forma de rodar de un norteamericano de Illinois llamado Terrence Malick que se entretiene igualmente con el vuelo de las balas que con el sustento en el aire de un insecto o colibrí. Pero, que mantiene en sus dos facetas (natura y violencia) el mismo sentido para bucear en su poética narrativa. Como desmostrase en El nuevo Mundo o la más reciente El Árbol de la Vida, aunque personalmente nos quedemos siempre con su gran obra contemplativa, La Delgada Línea Roja que trata sobre esquivar los peligros de las aventuras más peligrosas, las guerras.

En un buen momento para introducir en la ecuación kilométrica, al maestro del surrealismo natural David Lynch, imbuidos por las drogas más potentes, los influjos del alcohol o los viajes por las mentes maquiavélicas de sus personajes. Aunque también denota la pausa necesaria para recrearse en el detalle como en Blue Velvet, y muy especialmente en la búsqueda de la movilidad castigada por los años o la agilidad mental de un experimentado de la vida interpretado inolvidablemente por Richard Farnsworth en Una Historia Verdadera. Lynch está mparentado con un alter ego ruso de nombre Andrei Tarkovksy.
Y ya que estamos, recordar a otro simpático abuelo que viaja con la idea de alcanzar ese tesoro en la piel y pelo canoso del genial Bruce Dern, que realmente será un encuentro con los seres queridos, como en Jauja pero obra de un creciente autor como Alexander Payne por tierras de Nebraska.

Por último, aunque hay muchas experiencias relevantes en la carretera que se podrían mencionar en este apartado plagado de aventureros, con recorridos por cielo, tierra o mar (como Los Viajes de Julio Verne que veremos revisitados en su faceta submarina muy pronto), no quería olvidarme de la aventura del hombre a solas con la naturaleza que supuso la curiosa vida y muerte de Christopher McCandless en Into the Wild adoptando la figura idealista a estilo del Quijote, con el alias de Alexander Supertramp en un trabajo soberbio del joven Emile Hirsch. Y rodada por un hombre acostumbrado a este tipo de desarrollos personales en este caso con la salvaje Alaska.

Mientras unos se divierten e imaginan los lingotes o piedras preciosas, mientras se sumergen en el mundo de la fantasía para acariciar la Jauja como un paraíso dónde gobierna la felicidad por siempre... siempre existirá un momento de reflexión o de echar la mirada hacia ninguna parte (o al todo) para encontrarnos con la sangre y los sueños.

*** Interesante ****

Tráiler JAUJA, de Lisandro Alonso. Reparto: Viggo Mortensen, Diego Roman, Ghita Nørby, Mariano Arce, Viilbjørk Malling Agger, Misael Saavedra, Adrián Fondari.




miércoles, 7 de enero de 2015

Las Horas Muertas.


Fumando espero...

Creemos que la transcendencia de nuestras vidas reside en los momentos señalados que han acontecido durante la misma, pero proverbialmente, ésta se compone de infinidad de tiempos muertos en los que no sucede realmente nada relevante. Y mucho menos, si resides en el estado de Veracruz y te faltan algunos meses para alcanzar la mayoría de edad.

En la película dirigida por Aarón Fernández Lesur, el joven actor Kristyan Ferrer (magnífico en el filme de Cary Fukunaga, Sin Nombre) interpreta a un muchacho de la capital del estado, Xalapa, que se hace cargo del negocio de su tío en la costa debido a una enfermedad, y entre las tareas de limpieza o atención a los clientes, encuentra esos momentos indeterminados que sugieren el título Las Horas Muertas, en una coproducción entre México, Francia y España.

Demuestra que la existencia está plagada de pequeños instantes, en los que no sucede nada especialmente importante para el acontecer futuro, y son meras distracciones en las que pasa el tiempo esperando a que suceda algo significativo para contar a los demás o simplemente mantener en el recuerdo.
Así, hombres y mujeres se obnubilan con estados de espera mientras su conciencia navega a la deriva, imbuidos en la insignificancia de algunas cosas que nos rodean, mirando las musarañas en una esquina de la habitación, sintiendo pasar la imperceptible nada delante de nuestros ojos. En definitiva, ensimismados.

Y el director Aarón a caballo entre su tierra natal y Brasil, presenta esos motivos con una tranquilidad e imágenes desoladas en una paraje luminoso, en plena costa rodeada de cocoteros salvajes y un negocio dedicado a los placeres terrenales. Todo en un rodaje que duraría cuatro semanas, y que significó la presentación de Las Horas Muertas en el festival de cine de Morelia.
Aunque, por supuesto, el resultado depende de los lugares elegidos para efectuar dicha espera, pues la situación en la que nos encontremos varía con el estado de ánimo y el ambiente.

No es lo mismo estar aburrido e intentar distraerse con juegos solitarios, sobre todo en la edad de la adolescencia, que haber alcanzado ese grado de madurez necesario (que no de seguridad) para que la espera, en la mayoría de ocasiones resulte desesperación.
La espera del desesperado que ya no puede resistir más. Pues las circunstancias y comportamientos de otras personas a nuestro alrededor, te obligan irremediablemente a pasar Las Horas Muertas. Aquellas que nunca se recuperarán, tanto por el desgaste neuronal que nos infligen como por el vacío sentimental que depararán a las próximas relaciones que se afronten en el futuro. Ya que el paso del tiempo, te confiere una especie de coraza o carcasa vegetal (como la del coco esperando la madurez para abandonar las alturas).

Mientras el joven embelesado con investigaciones nada trascendentales, observa a los visitantes con pasotismo o curiosidad, observando el techo desde la hamaca o estudiando la manera de cambiar un colchón gastado. Habrá novedades que le parapeten bajo la techumbre de un garaje a la espera de escampar el chaparrón costero, o escuchando los sonidos misteriosos (o no tanto) que proceden de habitaciones prohibidas, ranuras para el voyeurismo y los quejidos compartidos por actos sexuales en el motel Palma Beach.
Sexo clandestino a orillas del océano atlántico, dentro de un negocio familiar que necesita del muchacho para asistir a los clientes sexuales y que será la puerta para conocer a una mujer más adulta, que inicia una transformación marinera en sirena.

Así, rodeado de palmeras y hablando con nuevos desconocidos, el sobrino se embarca en el sexo esporádico y pasional, cuando efectivamente las tareas aburridas se apoderan de su estancia en el motel, limpiando la suciedad de la acción gratificante para el que no limpia, recogida de condones usados que fueron la semilla olvidada de aquellos encuentros entre amantes.

Esta espera también puede traer el azar, cuando la bella y refrescante sirena interpretada por la actriz Adriana Paz, decide que este puerto está demasiado alejado de sus pretensiones, pues la soledad no está hecha para marineras con amores en cada puerto. Aunque éste se encuentre en la Costa Esmeralda en pleno golfo de México.
Un día te das cuenta que tu existencia se concentra en una mancha en la pared que presagia el desembarco diario en el mismo lugar, cuando no necesitas amarrarte ni sentir el paso de las horas en abrazos sin futuro.

El director Aarón Fernández se decida a acaricias con pausa y detenerse en partes de la naturaleza insignificantes, sean insectos o conversaciones, cuando la soledad dirige los tiempos muertos y la mente divaga entre un cigarrillo y unas palabras frías a través del teléfono.
La pausa para fumar que se alarga para abarcan Las Horas Muertas y mirar la situación de quietud desde una ventana, como si ya no estuviéramos allí.

Este filme ha reflejado (según retrataba con minuciosidad David Lynch) aquellos trabajos contemplativos y un cierto placer en dedicarse a la nada más absoluta, en habitaciones si televisión por cable, a ritmo de son o a la sombra del viejo Quetzalcóatl. Viendo el tiempo pasar, como si dedicasen una canción en la orilla contraria en la marroquí Casablanca, sólo que sin amor y tomando agua de coco.

*** Interesante ****

Tráiler Birdman, de Alejandro González Iñarritu. Reparto:
Michael Keaton, Emma Stone, Edward Norton, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Andrea Riseborough.


domingo, 4 de enero de 2015

Open Windows.
















Una habitación con vistas... 
a la fama.

Con Open Windows ha sido la primera vez que el director de Cantabria (España), Nacho Vigalondo ha ideado y rodado en Madrid, una historia sobre crímenes (su tema preferido en el cine) con las repercusiones psicológicas que Alfred Hitchcock y su cine han establecido en las producciones modernas. En las que el aspecto visual toman una relevancia mayúscula a la hora de establecer la estética del suspense, en este caso, acompañado de un sentido del humor poco significativo. Cosa que me sorprende en el director español.
Para la ocasión cibernética, el método de ventanas a modo de viñetas de cómic se apoderan de una gran parte de la duración del filme, y también refleja el interés de Vigalondo por los matices y diferentes personalidades de los protagonistas de sus películas, desde que en 2007 sorprendiera a los aficionados a la ciencia ficción con su primer largometraje Los Cronocrímenes con la versatilidad y giros argumentales al servicio del suspense. En el mismo sentido que la acción, en un increscendo de posibilidades paralelas.

La tecnología informática en esta ocasión se muestra como mecanismo de rodaje, con múltiples observaciones desde las ventanas digitales a las físicas demostrando un voyeurismo que roza la perversión, pero sin la carga de emoción de La Indiscreta del maestro londinense. Con el que establece otra relación al viajar a Hollywood en busca de nuevos proyectos y la maquinaría que la industria pone en manos de los directores europeos, ahora con la participación de los Estudios Spiderwood localizados en Austin (Texas) y escaso bagaje todavía en la producción especializada en la animación digital y los efectos visuales para cine y Tv.
Esta nueva empresa con su fundador Tommy G. Warren a la cabeza, se involucra en pequeñas producciones de género (Plan de Escape, Exits) esperando llamar a las puertas de un éxito internacional que les lleve a ocupar puestos más significativos.

Mientras, ofrece esta oportunidad de navegar por las atracciones fanáticas de los seguidores a los famosos, en la piel de un curioso y despistado Elijah Wood el ex-hobbit (siempre coqueteando con la criminología o el scifi, The Faculty, Enredos en Cadena, Miércoles de Ceniza, Olvídate de Mí, Sin City, Todo está Iluminado, Bobby , Número 9 y sus dos trabajos con directores españoles en Los Crímenes de Oxford y Grand Piano, sin olvidar su despiadado asesino en Maniac) vigilante forzado del físico y la vida de una actriz con pasado guiado por los excesos y las relaciones sentimentales interesadas. Para ello, la imagen idealizada de otra profesional con reconocidos encantos sirve como portada de sus escrituras blogueras, con la mirada sugestiva de una Sasha Grey tan reinventada como artificial, que se verá involucrada en una trama algo confusa con tantas entradas y salidas de personajes poco atractivos.
Al cliquear sobre su icono, se abre un mundo dónde la observación fuera de los cauces legales se apodera de nuestros ojos de espectador para convertirnos en meros fisgones de una realidad forzada. Multitud de ventanas emergentes se ofrecen sin conocer exactamente sus intenciones, con significados demasiado variables para mantener la atención en todas las propuestas sin sentido. El mecanismo digital explota en la pantalla y marea con idas y venidas, que desvían el interés general hasta la resolución en las secuencias en su último tramo.

Creo que la intención de Nacho Vigalondo es que cuando empiezas a visionar su Open Windows, te encuentres igual de perdido que sus personajes, buscando su relación impredecible, más por los efectos visuales que por un guion bien estructurado, al menos hasta su clímax final. Este estado sorpresivo del espectador por los diferentes puntos de vista, se aparta del bagaje y la calidad de los diálogos (algo chabacanos) que emprenden unos personajes con escaso bagaje personal. Algo que no cuadra con el cine de Hitchcock más interesado por esas ramificaciones de sus acosadas heroínas y asesinos despiadados.
La exposición de los hechos se muestra atropellada en algunos instantes, falta de seriedad con un camino repleto de trampas poco convincentes y que se alejan del aspecto dramático para caer en el exhibicionismo tecnológico.

El resultado de tanta intervención de Internet y los chat en redes sociales, abren en esta ventana discreta, un disfraz excesivamente programado, con artilugios preparados para el engaño y ciertas intenciones de convertir al protagonista en una especie de todopoderoso. Pero, como todo será una ilusión que deparará en la humanidad escondida detrás de la máscara, trasladando que sólo se trata de hombrecillos jugando con datos privados de vidas que no les pertenecen. Gracias a Bill Gates o cualquier otra divinidad microinformática, los usuarios pedimos más protecciones contra estos comportamientos crecientes y repudiados por la mayoría.
Es lo que nos gustaría realmente, pero estimo que las empresas no están demasiado interesadas a proteger a sus clientes, pues es más beneficioso la eterna lucha entre la legalidad y lo inconveniente.

Si la gracia de las relaciones en el futuro es esto, mi intención es abandonar cualquier pertenencia a un mundo caótico debido al espionaje en la llamada nube, más una sopa de sentimientos encontrados, y convertirme en un anónimo cualquiera de la calle, aburrido y desconectado de tantos gadgets invasores, miradas con intenciones delictivas y apoderamiento de ideas. Esas ventanas que ya no dan más de sí, como los irreales franceses y las burlas a las investigaciones policiales.
Nacho Vigalondo, vuelve a tomar el interés por los personajes en la definición fuera de los artificios poco elaborados, cuando una parte del recorrido que nos trajo hasta aquí se ha perdido por links poco creíbles, en un file not found de un público más exigente con los guiones y la evolución dramática. Algunos han sido estimulantes confeccionados para la avidez y la satisfacción de los deseos primarios.

Estimulación del confusionismo como método de crear el suspense, girando sobre el fanatismo por la imagen pública más que por los sentimientos, de unas apariciones casi fantasmales que no dejarán ninguna huella en su carrera profesional, como un ratón sin batería en las manos de un director del que se esperaba un crecimiento hacia metas más relevantes o una mayor variedad y peso en las intervenciones de los papeles secundarios.
Por supuesto, respeto la forma arriesgada y la complejidad a la hora de abarcar el rodaje, pero no me atraen las conversaciones que se establecen ni la carga interpretativa de actores que no dejan una huella en la retina. Porque, en la ventana de enfrente se hallaban James Stewart con gesto apurado por la inmovilidad, y una Grace Kelly haciendo gala de toda la fuerza de las estrellas de la época dorada de Hollywood.

Bueno, aunque no se interactue de la manera que a mi me gustaría o los avances informáticos se encajen como una retahíla de sucesos emergentes por lo imprevisible, debo aceptar la valentía de Vigalondo por ofrecer temáticas y retos distintos al resto de la producción cinematográfica española, la utilización de la cámara en primera persona (a pesar de los artificios y trampas) y una resolución adecuada tras las escenas de acción sacadas de un vehículo involucrado en una persecución sin sentido, y claro, más trampas.

No he podido ver su anterior película Extraterrestre ni su parte en el rodaje viral de V/H/S, así que espero que no haya comenzado el declive de un director llamado a mayores logros comenzados con un imaginativo corto llamado 7:35 de la mañana, que le valdría una merecida nominación a los Oscars hace ahora diez años.

Ojalá que sea capaz de abrir la ventana para airear sus ideas, con nuevos proyectos y una mayor continuidad en su labor de contar historias, sean o no de género fantástico o negro.

** Regular **

Tráiler The Scribbler, de John Suits. Reparto: Katie Cassidy, Garret Dillahunt, Michelle Trachtenberg, Gina Gershon, Michael Imperioli, Sasha Grey.


Elijah Wood and Jack McBrayer talk 'Cooties' at Sundance


Tráiler de Set Fire to the Stars, de Andy Goddard. Reparto: Elijah Wood, Celyn Jones, Kelly Reilly, Steven Mackintosh, Shirley Henderson, Kevin Eldon.


Coming Soon, The Last Witch Hunter de Breck Eisner. Reparto: Vin Diesel, Rose Leslie, Elijah Wood, Michael Caine, Ólafur Darri Ólafsson, Julie Engelbrecht, Rena Owen.

viernes, 2 de enero de 2015

The Judge.


Lista para Sentencia.

La madre del verdadero protagonista de esta película El Juez, debería estar muy orgullosa de que su hijo continuara su afición por la interpretación y haya conseguido alcanzar las más altas cotas en el difícil mundo del cine. Porque aquel muchacho de San Diego (California) ha trabajado con los directores más importantes desde que apareciera en el filme dirigido por Robert Wise, Marcado por el Odio, en el que tan siquiera estaba acreditado en los títulos de crédito. De ahí, pasaría a la televisión y a participar en la obra maestra de Robert Mulligan, Matar a un Ruiseñor.
Efectivamente, este increíble actor es Robert Duvall y celebramos sus participaciones en los diferentes proyectos en la actualidad, pues a pesar de sus casi 74 años (los cumplirá el próximo día 5) le recordamos siempre por aquellos papeles por los que fue nominado (El Padrino, Apocalipsis Now) y les fue arrebatados. Felicidades y espero que siga teniendo esa valentía de escoger personajes con esa fuerza y el riesgo en complicadas escenas, como en este caso judicial.

El Juez del director David Dobkin (por edad podría ser el hijo de Mr. Duvall) ejecutor de comedias de dudosa calidad y casi olvidadas en nuestra memoria, pues bien, la película se fundamenta en la relación padre-hijo, tan extendida como personas existen sobre la Tierra. En esta ocasión, bajo el manto de la justicia y los guiños de respeto de Robert Downey Jr. por la personalidad que le da la réplica y ejerce como padre de familia.
Para el guión ha contado con la ayuda del autor de Gran Torino rodada por Clint Eastwood, Nick Schenk, y desarrolla la investigación de una supuesta acción criminal con protagonismo y las diferentes repercusiones que afectan a su familia y a su propio estado físico atacado por la enfermedad y la vejez. Dichas aristas pasarán por convertir al sentenciador en juzgado.

A pesar de la historia formal y habitual con problemas de personalidad con un hijo díscolo, la película se desarrolla por unos derroteros clásicos pecando de solemnidad y de las típicas ocurrencias chistosas del actor mejor pagado del mundo y del que esperamos unos registros mucho más arriesgados y variados. Aunque la cinta mantiene el interés por la participación de los rostros tan afamados que dan empaque a la historia plagada de tópicos y momentos intensos en la actuación.
Sin embargo, El Juez divaga entre la vuelta a casa y los recuerdos de un tiempo fotografiado en la memoria como un antiguo amor (aquí interpretado por la actriz Vera Farmiga), y que sale a la luz con un caso actualizado que cambiará las relaciones personales de los protagonistas. Sin demasiadas sorpresas en el guion y una resolución que se hace demasiado prolongada sobre nuestra butaca.

En un contexto diferente, la producción de Warner Bros. rodada en Boston y diferentes localizaciones del estado de Indiana y Massachusetts, podría haber tomado el nombre de El Padre y olvidar ese oficio tan señalado; pero cualquier otro cisma experimentado en el seno familiar no se hubiera podido juzgar de la misma manera que siendo el titular de un juzgado. Ni la mayestática figura de Robert Duvall hubiera dramatizado su posición y una lucha ancestral entre el juez y su defensor o abogado de sangre.
Por ello, este cabeza de familia (de rostro impenetrable) debe hacer gala de aquellos valores aprehendidos durante años de estudio y posterior ejercicio de sus funciones sociales, una liturgia diferenciada del resto de ciudadanos sin esa responsabilidad y que necesita de la presencia de un actorazo como Mr. Duvall.
Además, de la trama judicial emergen los litigios con la vida, la familia y la muerte, al margen o paralelamente con su actividad profesional de representante de la ley.

El caso que pertenece al pasado, vuelve a visitarle para recordar que tiene demasiadas cuotas pendientes en una ciudad en la que todos se conocen, y por ello, algunos abandonaron en busca de nuevas perspectivas. O huyendo.
La fuerza en la interpretación le ha valido una nominación a los Globos de Oro (y posiblemente su asistencia también a los Oscars del año 2014) concentrada en una sola escena que demuestra una seguridad fuera de toda duda. Con su presencia Robert Duvall, es capaz de tranquilizar cualquier tipo de ansiedad a su alrededor, pues pareciera actuar como calmante de todos los enfoques posibles en las secuencias en las que participa. Algo que no resulta al alcance de la mayoría en la actuación, ya que se le echa en falta en todas las escenas en la que se encuentra fuera de cámara, resultado que las demás ramificaciones del argumento son meras extensiones de su personaje y profesionalidad.
Así resulta que si no aparece en pantalla, la historia se estanca, mientras que el antiguo asesor de mafiosos intenta limpiar su imagen de la incomprensión o la injusticia frente a la acusación, atendiendo a los muchos juicios abiertos como el moral y personal, el familiar, médico o profesional.

En esa primera instancia con Robert Downey se encara y sale ganador por seriedad, intentando éste no ser eclipsado por una fisicidad tan descomunal. Aunque intenta combatir con su habitual sentido del humor, resulta algo forzado por su carácter sempiterno (quizá demasiado parecido al mío) que no gana en las situaciones dramáticas con su intento de sofocar la tensión. Si es agradecido por parte de un público entregado al elegante neoyorquino, pero también denota una cierta falta de versatilidad en sus últimas apariciones en la gran pantalla. Bien con reservas, a expensas de que su situación no sea devorada por esa capa de buen rollo en detrimento del dramatismo o papeles con mayor calado u otras facetas interpretativas.

En un segundo juicio, vemos a Jeremy Strong (Lincoln, y proyectos como Selma o Black Mass) y el inolvidable Vincent D´Onofrio como el resto de la camada dirigida por el juez en su casa. Con papeles poco lucidos, entre el gris de sus personalidades y la incapacidad, son carne de cañón para las andanadas de los principales personajes y de un hermano que siempre pensó primero en sí mismo hasta ahora. Significan la redención y el paño de lágrimas de los demás, aproximándose a ellos en busca de ese perdón en contra del olvido y sus vidas divergentes.
Por último, en la oposición se halla un hombre con un comportamiento tan profesional como frío, es Billy Bob Thornton, un elemento tan estirado como necesario para crear la tensión en el último tramo. De otra forma se declararía culpable por falta de emoción y excesiva previsibilidad, exactamente el estereotipo que representa su personaje enfrentándose a aquellos valores de la vieja escuela y la defensa de una estirpe familiar.

El Juez, tenía mimbres para haberse convertido en un éxito mayor, pero lo previsible de su trama le alejan de otras historias del pasado que sorprendieron en mayor medida a los espectadores el año anterior como el caso de August: Osage County, de John Wells; un vehículo para la nominación de su elenco paralelo en perspectiva de féminas con Meryl Streep y Julia Roberts.

Este año, puede ser el de Mr. Duvall como mejor actor secundario que resultaría el segundo premio tras el conseguido en 1983 por su trabajo en Gracias y Favores de Bruce Beresford, y que ahora salva a este juez del desastre.
Pero, se queda alejada de otras posibles candidaturas con pretensión a la dorada estatuilla.

** Floja **

sábado, 27 de diciembre de 2014

I Origins.


El misterio del universo, en los ojos.

Al acometer una obra que trata de descubrir los orígenes de alguna circunstancia, se pueden cometer errores, ya que ninguno estaba allí en ese preciso momento. Normalmente se encuentran datos escritos, ancianos papiros, que ofrecen una versión de los acontecimientos demasiado escueta, o indudablemente se adorne con la imaginación. Incluso pudiera basarse en la poesía (como El Cantar de los Cantares) para manifestar una etapa mágica de cambios y de traumáticas acciones naturales o humanas.
Cuando me dispuse a visionar la película dirigida por Mike Cahill tenía preconcebida una idea sobre ella, pues I Origens había sido tratada de dos formas muy diferentes ante la crítica leída por un servidor.

Orígenes habla sobre la personalidad y los sentimientos, de la personalidad intransferible y de la unicidad, por lo que la mezcla puede fundamentarse en los descubrimientos científicos. Pero siempre queda en la retina, en el cerebro del individuo su forma de ver los hechos ocultos. Las pruebas que llevan a una proposición.
Y para los críticos, estas evidencias manifestadas por un director interesado en la ciencia ficción y la imaginación, pueden constituir una experiencia inolvidable al visualizar las imágenes o algo totalmente contrario. Una manida o curiosa idea rodada con inteligencia, y acusada por sus detractores de cursilería o aventura prepotente.
Yo, me hallo en el medio de las dos corrientes, comprobando la fantasía de cuestiones metafísicas, por lo que se me hace muy difícil adentrarme en esta historia presentada en el Festival de Sundance y ganadora del premio a mejor película en el Festival de Sitges, ejerciendo una visión personal, dogmática y nada prosaica.

Algo así he decidido en mi comentario sobre I Origins, una estructura caótica (entre sentimentalismos y sentencias desconocidas por nuestros antepasados) como una poesía sin medida. Nada de rimas para describir unos ojos que despiertan esta discrepancia en dos facciones. Como dos ojos que se necesitan para sobrevivir y contemplar. Estudiar.

Fui de los que observé en el primer trabajo de director también guionista, Otra Tierra como una curiosidad con elementos románticos pero que se perdía en el universo imposible, ocultando la verdadera historia en una halo de mentira fantasiosa.
En I Origins, ocurre algo semejante, pues un hecho azaroso provoca una experiencia demasiado dramática, con una bella joven con un magnetismo especial en sus ojos interpretada por Astrid Bergès-Frisbey, que justificará la relación profesional perdida con el tercer ojo del conocimiento, en la persona de la actriz Brit Marling. Ella, amiga de la universidad del realizador Mike Cahill será la llave a lo esotérico desde la razón, incongruencias de la creación. A modo de doctora Frankenstein con la ceguera de invertebrados anélidos, descubrirá otra mirada, la sustituta en la mente del investigador interpretado por Michael Pitt (también imbuido en la producción del proyecto), que se verá arrastrado a un viaje experimental, entre la ciencia, el amor idealizado y el horror.

Un viaje entre Brooklyn y Nueva Delhi (India) que intentará profundizar en la huella ancestral. Buscando una demostración real de que no hemos estado equivocados a lo largo de nuestra vida, de nuestra existencia. Cuando el conocimiento siempre había vencido a aquellas revelaciones de carácter mágico, contra natura y las leyes universales. Ahora, ya no queda nada a lo que aferrarse.

Si encuentra esa marca digital, tendrá que ceder ante lo predestinado, el origen del universo en aquellos ojos. Nacidos para provocar sensaciones únicas en los demás y estimular la aventura de su búsqueda imposible. Quizá esa energía emergida de la nada o del Todo, esté encapsulada por otros motivos en el interior de una mirada cristalina o más allá, como el descubrimiento del legado metafísico de una existencia creadora.
Es la eterna controversia entre la tecnología científica, y los que creen en el carácter divino o la resurrección (posiblemente a través de la reencarnación). Porque estamos en la capital de la India dónde confluye la fe y la modernidad, en el mayor centro urbano del mundo y los mitos ancestrales.

Particularmente, I Origins me ha parecido atractiva hasta el momento de tomar partido por una de las opciones que propone el director de New Haven (Connecticut) Mike Cahill.

La Nebulosa de la Mariposa.


Nos conocimos,
como llegados de otra Tierra.
En el origen temporal de todo,
la formación del espacio y las estrellas,
dentro de la galaxia de tus ojos.
Dos almas paralelas,
así, tan extraños,
como la foto ampliada de este,
nuestro pequeño universo.
Irisado.

Amábamos, en fotos, el mundo,
imágenes de naufragios en el cosmos,
concéntrico.
Hacia otro agujero negro,
que nos devoraba, desapareciendo,
viviendo en la brisa del pestañeo.
Cayendo dentro de ti.
Sobrevolando tus matices,
ocres, verdes, amarillos y azules.
Son grietas de esta Tierra.


Y unimos nuestras mentes,
corazón, las manos y oídos,
al ritmo de nuestra música, mágica,
entre huracanes y espirales.
Multicolores.
Pero, ay... descenso vertiginoso,
apagado, vacío, el horror del silencio.
Acabé engullido por ese círculo,
oscuro, turbio por las lágrimas.
Magnético que atrae, inane, casi muerto.


Aquellas pupilas de vida,
nacieron del Big Bang humano,
como galaxias creadas por la locura.
Buscando la escalera al cielo,
evitando al maldito azar.
Ese día funesto, que acaba apagando
la melodía y el recuerdo,
como un susurro, y todo termina.
Fue ciencia infusa, o mitológica,
tu mirada desaparecida, magia ilusa.

Abarcar el cosmos desde tu visión,
porque en la letanía, sobre los tejados.
rostros, amor y números, quedaron divididos.
Sus planetas ajados, en mi infierno,
del ojo derecho al izquierdo.
Bus del averno.
Y el suspiro sordo quedó convertido,
en incomprensibles gritos de horror.
Aquel once, fue un presagio,
del apocalipsis en sus ojos ígneos.

Tú, mi peor destino, de la ceguera al fracaso.
El tiempo pasado, no siempre cura,
simplemente se desvanece en la luz,
del recuerdo retenido.
Maldita y ácida, retina.
Como un gusano ciego,
entre creación y conocimiento.
Todo vuelve a comenzar, en otro alma.
Otro diafragma para respirar, obturando,
cuando pase el peligro.

Soy una cobaya, experimentando el sueño.
No sé si creer,
descubrir lo imposible, lo eterno.
Viajando a orillas del Ganges,
¿hallaré aquel arco iris?
Alma o disfraz.
Quién sabe de su existencia, cromática.
La nada en la distancia, o el todo,
en el abrazo... desde el alfa
hasta el fin de su abecedario.

Para renacer a la soledad,
para sentir de nuevo.

En medio del Big Eyes,
amor o capricho, ¡que sé yo!
Tal vez sólo un deseo.
Entre la arena, sobre la mar,
bajo el cielo.
Colores.
Del beso de intensas pestañas,
raciales y eternas.
Encontré otro verso a su galaxia,
enterrando la razón.

Anunció al mundo su llegada,
para juntar nuestros perdidos planetas.

Neurona de la retina de un ratón.


Post-verso:

En la época tecnológica, digital,
somos rebelados.
Apartada la máscara, de otra vida,
más difusa.
Generadora de luz,
imágenes de genios o monstruos,
de nombres,
que conforman nuestra identidad.

Moribundos de la soledad,
del ser humano.
Reflejos expertos de retinas,
son sus cerebros.
Fotografías olvidadas de caras.
Toda la historia del hombre,
en un instante,
reconocible en sus niñas.
Vidas.

Universos de conocimiento,
guerras, ciencia o amores,
besos con letras.
En el suceso del horizonte,
que lleva su nombre.
Salve Salomina,
bienvenida al fin o el comienzo,
de otras existencias.

*** Interesante ***



THE DØ - Dust it Off (I Origins Soundtrack)


I ORIGINS: "A Window to the Soul" featurette

lunes, 22 de diciembre de 2014

A Walk Among the Tombstones.


Con Tombs, Nee-son.

No voy a hacer una retahíla de los últimos trabajos en que había participado Liam Neeson, pero lo que no cabe duda (hablando de encasillamientos) es una cierta tendencia a un tipo de papeles con semejanzas y desarrollos con acción maniquea. Esto significa que sin dudar de sus capacidades interpretativas demostradas en otras ocasiones, su carrera desfilaba en la penumbra de un jardín de ultratumba salpicado con algunas comedias olvidables. Perdido.

Pero, algo parece estar cambiando por los próximos proyectos que pasarán por sus manos, con directores españoles. Y además, también tenemos esta sencilla película que airea su futuro aunque participe de las mismas sensaciones y gestos del pasado.
Debe ser gratificante y a la vez, una subida de moral que te haga sentir en primera línea de nuevo. Algo así como si tus venas acostumbradas a la circulación cotidiana y sanguínea, se cargaran de adrenalina ante las miradas de aquellos que dejaron de creer en ti.

El actor nacido en Ballymena (Irlanda), necesitaba un nuevo horizonte con aplicación de nuevos bríos para sentirse cómodo en un nuevo filme, como cualquier otro trabajador con deseos de sentirse útil. Con este Paseo entre las Tumbas, tanto actor como director han conseguido mantener aquel escurridizo respeto de la crítica y público, que si bien no había desaparecido del todo, si daba muestras de enterrarse con los mismos personajes, heroicos retirados y salvadores de sus familias, con algunas inclinaciones a representar a hombres de acción poco creíbles.
Recordando que participará en Taken 3 y después dirigido por dos españoles como Jaume Collet-Serra o Juan Antonio Bayona antes de caer en las manos "nada silenciosas" de D. Martin Scorsese.

En la película A Walk among the Tombstones, el director y guionista de Florida, Scott Frank (más reconocido por esta última faceta desde comienzos de los 90 firmando conocidos guiones como Morir Todavía, Pequeño Tate, Malice, Heaven´s Prisoners, Out of Sight, Minority Report, The Interpreter o The Wolverine) hace entrega de un papel más elaborado con muchas más aristas y sensaciones a piel, acorde con la personalidad del irlandés. Los tiempos de crisis han cambiado el antiguo orden heroico, por la supervivencia.
El detective que interpreta aquí Neeson, tiene algún parecido con aquellos otros policías de tiempos pretéritos, guardapolvos o chupas de cuero cubiertas por el alquitrán de las calles y las salpicaduras de sangre. El cine negro vuelve a pasear por estos cementerios en una época diferente con sabor y penumbras matizadas por el color, pero sin humo, recordando que la edad es un valor a tener en cuenta a la hora de enfrentarse con los criminales o los monstruos modernos.

Sobre todo, si tienes ese aire circunspecto y enigmático que se escondía tras la gabardina o tres cuartos raídos por el uso, como una capa que te permitía alejarte de las presiones y trabajar independientemente. Tantos casos que se grabaron a fuego en el rostro de aquellos duros policías, aunque ahora ya no estén empleados en el cuerpo con honores, son los fantasmas del cine negro.
Ambos, actor y director (Lookout) han retornado a aquel pasado y han limpiado el barro de sus bajos, dedicándose a una historia policial con la tensión y terror necesarios para despertar las viejas pesquisas fuera de la administración leguleya.
Individuos incorruptibles, sin escrúpulos ante el mal que lucharán contra las bajezas del ser humano con todos los medios a su alcance, sin importarles sus propias vidas. Incluso defendiendo a esos que no eran trigo limpio en la sociedad.

En este panorama de sacrificados por la ley, tendríamos a Nicholson cortado en Chinatown, Mickey Rourke engalanado en Manhattan Sur (o endemoniado en El Corazón del Diablo), a James Corburn de Flint, Robert Mitchum de Philip Marlowe o contra los yakuza, de Steve McQueen a toda velocidad a Al Pacino por los bajos fondos, Harrison Ford litigando con replicantes en el futuro, Robert Shaw sufriendo en Domingo Negro, o una pareja llevada al extremo por los pecados en Seven. Lógicamente hay muchos otros a reivindicar en Technicolor.
Todos ellos realizaron su trabajo con vitalidad y credibilidad, con sus drásticos métodos se enfrentaron con los asesinos más peligrosos y, no sólo haciendo uso de la fuerza bruta sino también de sus particulares técnicas en investigación. Pero vamos que no le hacían ascos a una lluvia de plomo en la ciudad, cuando sacaban el arma de su pistolera, la noche retumbaba y los recuerdos hacían desempolvar al mítico Bogart en los gloriosos tiempos del blanco y negro.

Ahora, en A Walk among the Tombstones ha tomado su relevo con garantías y devuelve los valores perdidos en tantas otras películas de medio pelo, dónde prevalecían las situaciones más inverosímiles. Los malos de la actualidad requieren enfrentamientos con aquellas caras circunspectas, entre la oscuridad de sus actos y los nichos preparados para ellos, con el fin de poner fecha de caducidad a su megalomanía salvaje. Liam Neeson a vuelto a las calles para tomar declaraciones de testigos y defendernos de los monstruos, cercarlos en sus cubiles sangrientos hasta terminar con sus asesinatos.
Queda claro que, aunque los viejos tiempos ya no volverán, algunos cinéfilos agradecemos aquella revisión romántica del antihéroe, solitario, alcohólico o ex-drogadicto, sabueso a la antigua, sherlockianos sin escrúpulos, halcones de las calles y barrenderos internos de la mugre en las propias instituciones. Eran aquellos buscadores de su propio final en un frío cementerio.

Los monstruos se esconden en cualquier resquicio social, buscando la presa más tierna o indefensa para hincarles sus colmillos de hiel. Frank Scott (resolutivo y clásico en la forma de rodar) ha tratado de identificar a esos detectives marginales con el nuevo siglo, devolviendo a la realidad a Neeson con este guion resultón, recordando que los antiguos mecanismos para crear el suspense siguen funcionando. Aunque los delitos sean más depravados y la moralidad más deshumanizada.
Con este guion firmado junto a Lawrence Block (My Blueberry Nights) agradecemos la sencillez, siempre estaremos atraídos por un buen argumento, presentando a los personajes en flashbacks que ayuden a avanzar la historia, por contra de los secundarios lineales (niños en el punto débil) que sirven para justificar ciertas maniobras o recursos cinematográficos.

Entonces, bien por las huellas y los procesos deductivos, con buenos tiroteos y persecuciones, así como por las mentes frías que intentan redimirse del pasado. En una especie de penitencia personal que motiva a combatir a monstruos peores que ellos, y con sus propias armas. Sin piedad.
“Dejen lo que estén haciendo, y levanten las manos... ¡he dicho manos arriba! Estáis sordos o el Señor Rubio os ha cortado una oreja... Bang, bang... Os avisé".
Y a Liam que le dure la nueva chaqueta. Le sienta mejor...

** Pasable ***

Nouela- Black Hole Sun (A Walk among the Tombstones Soundtrack)


Nouela – The Sound of Silence (The Leftlovers)

domingo, 14 de diciembre de 2014

Gone Girl.


A veces 1 + 1 no suman.

La filmografía del director nacido en Denver, David Fincher está repleta de características y evoluciones intransferibles como método para elaborar una historia entrelazada, tanto visualmente como en la manera que tiene de contar los sucesos en el horizonte personal hacia el entretenimiento artístico.
Desde la alienada, Alien 3 (quizá su trabajo más cuestionable) ya demostraría que su visión del terror, y del cine en general, tenía que ver con ciertos aspectos que luego serían su seña de identidad en los siguientes proyectos; con su pulcra y perfeccionista forma de rodar llegaría a desarrollar un complejo sistema de parámetros que circularían por sus nuevas películas. Siempre con una ambientación perfecta y la conjunción de un equipo bien engranado.

Cuando aparece el terror, Fincher pierde la sugestión por los escrúpulos y se zambulle plenamente en perturbar y conmocionar al espectador con giros inesperados y comportamientos escandalosos de ciertos personajes, también pudieran ser llamados monstruos. Esto se puede comprobar en El Club de la Lucha y su visión pretenciosa del terrorismo, pero más sensiblemente en su escalofriante Seven dónde priman los bajos instintos de la humanidad. Además de contar con otra de sus temáticas preferidas, la siempre cinematográfica Venganza con mayúsculas.
Es evidente que en el último film Pérdida (la Gone girl podría ser una Refugiada en el Acecho) lleva este aspecto de los ajustes de cuentas hasta su última gota de sangre en el terreno de la moralidad.

Todo aquello que pudiera desprenderse de su sencillo y nada llamativo título, gira alrededor de la mentira como su refugio exclusivo. Lógicamente como buen contador de historias, el cineasta se apoya en aquellas consecuencias que establecen estos comportamientos criminales, tanto en el ámbito de pérdida individual como en los diferentes juicios que plantean en la sociedad. Siento el público del cine, sus más ávidos seguidores de su plasmación cinematográfica sin comprometerse de manera personal. David Fincher se convierte en voyeur de la información que generan los demás en la sociedad.

Esta Perdida, está relacionada con algunos aspectos del cine de uno de los directores más gratificantes e inquietantes de la industria norteamericana, entre las grandes taquillas y una independencia que parece recuperarse de la mercadotecnia. Fincher no ha perdido su mano templada para reflejar la angustia que suscitan los celos o el sentimiento de posesión sentimental, luchando contra los convencionalismos y plantándole cara al tedio (a pesar de una duración extensa de dos horas y media), manteniendo los rasgos reconocibles por el espectador en anteriores trabajos.
Desde las zonas restringidas y cerradas de La Habitación del Pánico hasta la elaborada estrategia de las investigaciones policiales enfrentadas a las pretensiones económicas de los abogados y la temida justicia paralela que se produce en los medios de comunicación (Zodiac o The Social Network).

Sin embargo, tras todo este maquillaje exterior relacionado con la sociedad y sus preocupantes canales, Fincher propone hábilmente, y como es habitual, el juego entre un argumento práctico y la mente imaginativa del espectador. Reconociendo no haber leído el best-seller de Gillian Flynn sobre el que está basada la película Gone Girl, se muestran las intenciones del guión (adaptado por la misma escritora) que se bifurca en el amplio sentido del extravío en todos los sentidos. Desde el inicio, en lo interno y hacia fuera de la gran pantalla, resonando como un eco cuando se ha terminado el pase.
Por un lado, nos trasladamos a una desazón de los protagonistas (también con ese reto interior) mediante la colección de momentos extraños dentro de la institución matrimonial, es decir, con mediación del engaño, la ocultación y el sentido de posesión.

Mientras paralelamente a la lucha emocional que ejercen Ben Affleck (Argo) y Rosamund Pike, nuevos personajes aparecerán en la búsqueda por los distintos departamentos sociales que son para el director de Colorado parte del problema o de la solución.
Ambos actores se lanzan al juego, ofreciendo lo mejor de sí mismos, uno contraído por las circunstancias y empequeñecido ante las noticias que va descubriendo, sereno ante la cámara aunque los críticos con su faceta de actor prefieren a un Affleck suelto tras ella. La otra, dando una muestra de los registros contenidos en una mujer herida, con un aire de suficiencia que le permite haber construido uno de sus mejores papeles (junto a An Education) hasta la fecha. Enhorabuena, su interpretación bien vale algún premio.

En Perdida se abren esos juicios paralelos entre la prensa amarillista, la policía deseosa de una rápida resolución y la justicia, unido todo ello a un sentido del humor negro... negrísimo, casi imperceptible ante los traumáticos hechos difundidos.
Por el otro lado, mientras Mr. Fincher mantiene un escrupuloso rigor visual, se decanta por confundir con imágenes su propia opinión y dejar la sentencia en manos del público, zarandeado de una banda a otra como una caja de cartón con un misterioso contenido rodando a su libre albedrío. Y aunque, todo parece perdido, salpicado por la sangre y fuera de la ley, está atado con inteligencia y bien atado.

Este juego entre el argumento y el voyeurismo mediático, despierta la participación o la curiosidad, por lo que es imposible desprenderse de la acción sin emitir juicios continuamente y ejerciendo una fatal atracción hasta la última secuencia. No por casualidad, su filmografía contiene un título llamado The Game.
Gone Girl encuentra lo que buscaba, la pérdida en distintos niveles del emisor y el receptor, con preámbulos de otras películas para envolver una sociedad enferma con los lazos del amor. El juego y la lucha, el compromiso o la pasión desenfrenada.

Aquí, perdidos, nada parece lo que verdaderamente es, pues los puntos de vista son infinitos. Tantos como ojos observen los dramáticos, esperpénticos, sucedáneos sucesos. Zarandeándonos con la maldad intrínseca sacada de los pecados capitales, hasta jugar al gato y el ratón en tiempos del zodiaco. Todo encerrado y controlado desde su cámara que es la antesala del pánico y el caos psicológico, con tendencias al terror y el frío asesinato; siempre ayudado desde la interpretación de un elenco perfecto y sus colaboradores musicales Trent Reznor y Atticus Ross, acrecentado con una partitura tensa y enigmática, ese sentimiento de pérdida en una frontera u otra de la historia.

Si nos convertimos en una especie de juez, el filme y su carismático director habrán conseguido su desafío. La hipocresía tiene un carácter surrealista como una fotografía a destiempo, o exhibicionista, según las repercusiones lleguen a las redes sociales y medios de comunicación. Observar como el amor es un personaje más, que puede recorrer el sentido contrario al romanticismo exacerbado, al contemplar como Benjamin Button se deshace como un azucarillo en el tiempo y es devuelto por la corriente de lo aparente y aceptado socialmente.

Una de mis pasiones, es imaginar.
Imaginemos pues, esta relación enfermiza con síntomas de psicopatía como podría desarrollarse sin cámaras de televisión ni juicios al margen. Solamente en la intimidad de cuatro paredes cargadas de reproches y miedos... acaso, la pareja no se transformaría en los personajes cínicos y mentirosos de La Guerra de los Rose, dirigida por un Danny DeVito en plenas facultades.
Ya casi estoy viendo a Michael Douglas y Kathleen Turner colgados del techo, vapuleándose con tumores gangrenados y sentido del humor ácido salido de sus estómagos devorados por el odio. Recuperar los viejos tiempos y el amor perdido, o morir en el intento a base de vitriolo.

David Fincher ha sido seleccionado a los Globos de Oro a mejor dirección, junto a tres premios más. En Cinecomio aún restan un puñado de filmes académicos por visualizar, pero su candidatura no parece perdida en saco roto, por los comentarios emitidos en la red social.

*** Notable ****

Tráiler The War of the Roses (1989)


The Way he looks at Me - Trent Reznor y Atticus Ross (Gone Girl Soundtrack)

2



domingo, 7 de diciembre de 2014

Magic in the Moonlight.


El Último Romántico.

Magic in the Moonlight. Una danza entre los recuerdos de tres, ellos son el sempiterno (para su público) y genial Woody Allen, aunque no para su propia conciencia crítica y sugestionada por el realismo. Y sus actores principales, Colin Firth en la piel de dos actitudes contrapuestas entre el espectáculo y la vida sensorial, junto a la bella Emma Stone entre sus deseos y sus artimañas sentimentales.
En ciertos aspectos, el filme es una vuelta a los mágicos atributos del cine del neoyorquino.

A vueltas con lo real y lo imaginario.
Desde luego que la vida es semejante a un engaño, pero pareciera que Mr. Woody pensara que si ésta se desarrolla entre los sentimientos y la Costa Azul es un trago más llevadero.
Incluso si tienes que luchar por un amor que se oculta tras la diferencia de edad o los dardos envenenados de la maquinaría de la conciencia personal y la posición social.
Dice Allen: “No representa ningún problema en absoluto. Las personas que se enamoran, se enamoran y ya. Si la mujer es 20 años mayor, si el hombre 50 años más viejo, si son de la misma edad, si son de la misma religión, color de piel, hablan el mismo idioma, o no, eso no importa. Para mí es un ´no-tema`”.
Probablemente tenga razón y sea la sociedad la que mira con displicencia esta barrera física, pero la realidad es que en la carrera de la supervivencia y el recuerdo, uno llega antes que el otro.

Personalmente, hace pocos días me encontré haciendo un recorrido al azar por las distintas cuentas en redes sociales. Poco había oído hablar de su nueva película Magia a la Luz de la Luna (por deseo propio) y sinceramente creo que es mejor así.
Porque Allen ha vuelto a conseguir el truco antiguo de convertirnos en protagonistas románticos de su nueva comedia. Quizás, el último romántico en sus fotogramas de siempre.
En aquel paseo digital, me hallé con una crítica respecto a otra película que, confabulaba con argumentos negativos a esa producción pues contaba con los designios de una familia poderosa en un momento determinado. Y que no se merecía ser contada por su clasismo. Como si F. Scott FitzGerald, Jane Austen o el mismo Charles Dickens no tuvieran algo que decir al respecto, enfrentándose a la filosofía germánica y racionalista de Nietzsche.

Woody Allen se expresaba así, a la pregunta de un periodista: “La razón por la que hago películas es que, si te distraes, si ves el baloncesto, si practicas magia, si haces películas... te concentras en eso y no piensas en la muerte”.
Me hubiera parecido una respuesta apabullante, para un crítico que deseaba eliminar del cine, aquellos filmes basados en la alta sociedad. Sería como mutilar la historia del mundo y sus personajes. A pesar de las odiosas diferencias sociales.
Es probable que la gente, en general, obtiene la ideología basada en su propia vida, y que las mentes calenturientas dividen a los hombres según su posición económica y social para su propios beneficios. Pero, la realidad es que la magia puede surgir en cualquier familia, independientemente de los trucos con los que se acerquen las tentaciones. Como Eva y Adán a mordiscos con ellas.

Decía en otro momento, Mr. Allen: “Durante 50 años de trabajo nunca he leído una crítica, ni positiva ni negativa. Nunca leo mis entrevistas o artículos sobre mí. Quito mis películas de la tele cuando veo que empiezan. Nunca participo en homenajes, no me gusta mirar hacia atrás. Hace años una distribuidora me llamó para decirme lo bien que había ido una de mis películas en taquilla el primer fin de semana... y les pedí que no me llamaran más”.
A pesar de las diferencias enormes entre el genio del cine y yo principiante, tenemos pensamientos semejantes ante el éxito. Pienso que nuestro deseo interno es practicar y sentir experiencias. Lo importante es realizar proyectos según nuestro entendimiento o capacidad, porque en el futuro nada de ello, existirá.

Si se pudiera boicotear una historia para no ser contada en el cine (o la Literatura) estaríamos negando partes de nuestra experiencia, aunque fuera negativa. Algunos de los directores más interesantes o los prodigiosos escritores que basaron sus pensamientos en la vida de la alta sociedad, dejarían huérfanas las pantallas y plantillas de aquellos argumentos manchados de sangre azul o cuentas obscenas.

Otra aseveración con fundamento, del director neoyorquino: “Vivimos en un mundo que no tiene sentido, ni propósito. Somos mortales, y todas las preguntas importantes… Para mí lo importante no ha sido nunca quién es el presidente de EEUU, esas cuestiones van y vienen. Las preguntas importantes se quedan con nosotros y no tienen respuesta. ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿De qué va esto? ¿Por qué es importante que envejezcamos, por qué morimos? ¿Qué significa la vida? Y si no significa nada, ¿de qué sirve? Esas son las grandes cuestiones que nos vuelven locos, no tienen respuesta, y uno tiene que seguir adelante y olvidarse de ellas”.
Pues, adelante con la magia y la luna.


En esta ocasión, como ocurriese en proyectos anteriores como Balas sobre Broadway, La Maldición del Escorpión de Jade o la maravillosa La Rosa Púrpura del Cairo, se ha producido el milagro de la comedia romántica mezclada con el truco de la vida. Magic in the Moonlight vuelve a acercar aquellas historias sobre sueños que se hacen realidad, a pesar de la timidez o otras actitudes o intenciones de personas alrededor de los protagonistas.
Es posible que la edad sea una barrera infranqueable, pero Colin Firth y Emma Stone, se han refugiado en la atracción de sus miradas y unos diálogos brillantes elaborado con su saber y sabor de siempre.
El romanticismo no está de moda, por eso a los más experimentados nos atraen los personajes que afrontan sus sentimientos (supuesto amor sin aristas) por encima de los lujos de una vida confortable. Y sino, que se lo digan a Marilyn Monroe (no me refiero a su vida privada), más en la película Some Like it Hot, de otro grande de la comedia Billy Wilder.
Allen se expresa así: “Ojalá no hubiera sido tan tímido, hubiera tenido una vida mejor si no llego a ser de esta forma”.
Debido a esa timidez, encuadra el sexo entre un orgasmo fingido entre las estrellas o el mundo de la imaginación y el fálico objeto de la razón en forma de telescopio abandonado en sus funciones sexuales o estelares.

Woody Allen sería uno de los grandes damnificados por estas discriminaciones estúpidas. Un autocrítico, dejándonos a algunos cinéfilos y seguidores arrinconados entre guiones plagados de miseria, hambre o retazos de vidas cotidianas y aburridas, como las nuestras. Se refugia en la luz de la Costa Azul francesa entre Antibes y Niza, con grandes mansiones y locales de ocio.
Allen ha demostrado que es mejor caminar entre las vías, sin importar quién es el pasajero en el interior del tren, sea millonario, humilde polizón o mago.
Así, se expresa el genio de Brooklyn: “Necesitamos espejismos, la vida es demasiado terrible y no podemos afrontar la verdad de ella porque es demasiado horrible. La vida es una situación tan trágica que solo negando la realidad sobrevives”.

Si en el anterior filme Blue Jasmine, la protagonista era una mujer madura con una etapa vital extensa y terminada, que recorría las vías en sentido inverso a la pareja de Magia a la Luz de la Luna. Pues, su vida se ve desmantelaba por la mentira, mientras que ahora, la magia o el paso en falso intercede entre los sentimientos y la razón, para enamorar a los protagonistas. Aunque, la visión de la luna se encuadre con un objeto abandonado y racional, lejos de la atracción gravitatoria de la sexualidad.
Allen dixit: “No estoy en contra del formato digital, pero las películas actuales dedicadas a efectos no me interesan”.
Es cierto Woody, a veces pienso que el romanticismo ha quedado enterrado entre las acciones efectistas, los sentimientos camuflados como un truco de desaparición, o diálogos desdibujados en líneas de insultos y gritos con bandas sonoras atronadoras.
Usted, siga con tu brillantez e hilaridad acostumbrada y mágica.

Sobre los premios y los Oscar´s, opina: “Se puede decir cuál es la película favorita de uno, pero no cuál es la mejor película. ¿Quién puede decir eso? Son valoraciones personales, no significan nada”.
Pues bien, has vuelto al camino de siempre, creando dos mundos contrapuestos en el mismo encuadre, acercando y creando la curiosidad a cabezas separadas a kilómetros de ideología, luchando entre besos o egos, que puede llevar al traste un futuro común o unas vacaciones por las islas griegas o Bora Bora.

No vamos a desentrañar el misterio oculto en el mágico Oriente, ni los enredos entre realidad y fantasía que se ciernen sobre los protagonistas. Tan siquiera, la comparación con otras obras de Woody Allen con predominio de la razón sobre la magia... o viceversa, cada una tiene su atractivo romántico.
En Magic in the Moonlight nos hallamos con todo oculto en un sombrero (no de copa sino un tocado de mujer de los años 20, elegante) y nos encariñamos con los personajes de siempre, de la vida también de Woody y de la nuestra, porque crecimos viendo las comedias disparatadas o screwballs de la época dorada. Seguro que, Cary Grant y Catherine Hepburn se alegrarían de recrear sus antiguas batallas dialécticas, mentales o físicas, entre ciencia y la sentimental magia al acecho, como una pantera agazapada entre los huesos de un dinosaurio. O con Henry Fonda atraído por una jugadora de cartas marcadas y largas piernas como Barbara Stanwyck en The Lady Eve.
Aquí en esta nueva película, son los rostros de la madurez ascética impregnada de flema británica y la frescura roja de una nariz respingona apuntalando unos ojos azulados como la Costa, la nueva musa que frota la bola imaginaria del universo ´alleniano` cuasi embrujado. Ante la racionalidad del propio director, no creyente y crítico exacerbado, ha escrito otro mágico papel para una mujer.


Sobre la copia, proclama el director neoyorquino: "Oh, yo he robado de los mejores. Quiero decir que he robado a Bergman. Yo he robado de Groucho, he robado a Chaplin, he robado cosas de Buster Keaton, de Martha Graham, de Fellini. Quiero decir que soy un ladrón desvergonzado" para la revista TIME, 2009.
Este tipo de robos, basados en tomar referencias o experiencias anteriores con respeto a sus autores por supuesto, son un truco de magia comparado con el panorama actual y social. Dónde los grandes ilusionistas dirigen los designios del mundo.
Tranquilo, seguimos confiando en tu inigualable talento. Nosotros al menos.

Si se verá tanta batalla recompensada por el espacio estelar, en un golpe del destino o de nuestros deseos. Para ello, deberás aguantar con una sonrisa en los labios, los trucos en su carrera que hicieron un genio del prestidigitador llamado Woody Allen. Hasta el final de otro guion elaborado con su habitual buen gusto y unas actuaciones perfectas, que probablemente le proveerá de una nueva nominación (a la que no asistirá) y quizá una cuarta estatuilla dorada en esta categoría.

Probablemente, la noche a la luz de la Luna de este cuento, entre aristócratas, ´artisteo` y una chica o ´truhana` de humilde condición e intenciones cambiantes como la marea, no sea su mejor película pero si un homenaje a dos mundos diseccionados en la literatura de Dickens. Apartados aunque tocantes en cuanto al romanticismo, una de las bases de su cinematografía. Además, de filmar entre la realidad y la fantasía sirve para admirar su ingenio como cineasta y escritor de ayer y de siempre.

Ella creía en la magia (que no es posible en este mundo pues prevalece la mentira sobre el truco de lo científico) y él no se enfrentaría con la realidad, intimidado por lo desconocido. Pero, se unirían en un baile enloquecido por los nuevos ritmos sin ukelele ni yates de millonarios o no aceptarían el perdón en sus cabezas.
El futuro es una incógnita, que sólo Woody conoce en su fuero interno... ha vuelto a meter un elefante enorme por el ojo de la aguja con nuestra complicidad en la oscuridad del anfiteatro. La fiera de mi niña sigue resistiendo los embates del efectismo digital, con chispeantes conversaciones y el reconocimiento de las estrellas de Hollywood ante su cámara.
Como si Sugar Kane hubiera intentado seducir de nuevo al millonario, escondido tras el disfraz de marinero, o de mago.

**** Notable ****


Apuntando al destino incierto.


Beethoven: Symphony No. 9 in D Minor, Op. 125: Molto vivace - Presto


Sonny Rollins - Moritat (Mack the Knife)


Bix Beiderbecke - Sorry

Cinemomio: Thank you

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