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sábado, 7 de marzo de 2015
Fading Gigolo.
El Gigoló y la... Celestina.
Nos hemos acostumbrado tanto a los ritmos jazzísticos y a los escenarios por los que pasea Woody Allen y sus personajes, que si los sacamos de sus escenas costumbristas en el variopinto Nueva York, pensamos que ya no es lo mismo. Esto le llevaba pasando a su cine en los anteriores trabajos hasta su reaparición en Blue Jasmine, con su nueva musa Cate Blanchett, otra de las características de sus películas. Porque evidentemente, la figura femenina se ha establecido en toda la imaginería o realidad sarcástica sacada de su brillante cerebro, como la protagonista principal de sus guiones.
Ahora, cumpliendo su dualidad de director y actor (como ya ocurriera en otras ocasiones, por ejemplo la magnífica Sueños de Seductor) entrega su personalidad problemática, contestona e protestona, en las manos de un actor que se deja caer de vez en cuando por detrás de la cámara como John Turturro. Y éste, le hace divagar por las calles de su ciudad natal cambiando el protagonismo principal de la mujer, en una pareja masculina compuesta por "alcahueta" y prostituto. Porque no todas las putas van a ser mujeres, y menos en los tiempos que corren. Un trabajo que busca su sitio en una sociedad de metas conseguidas por féminas directivas y triunfadoras.
Yo Turturro, yo puto genial. Que comenzase en esto de Hollywood con un pequeño papel en la mítica cinta de Martin Scorsese, Toro Salvaje allá por 1980. De procedencia italiana, padre contador de historias y soldado en el famoso día D del desembarco y su madre una cantante de jazz (otra guía de sus producciones musicales), llegaría a participar en una capítulo de aquella Miami Vice.
Unos años después se pondría a Buscar a Susan Desesperadamente y convertirse en una figura del cine independiente, tras participar en el reparto del filme rodado en 1986, Hannah y sus hermanas. Años más tarde antes de convertirse en social sexual de Allen, escribiría con su vecino de Brooklyn una historia para Broadway titulada Relativity Speaking, alrededor de la misma temática de Fading Gigoló.
Es curioso el despertar de estos instintos comerciales, con Turturro entregado a los placeres de la carne y las tarjetas de crédito (tras su paso por producciones del estilo Transformers, con lo que había sido), y observar a Woody como Celestina, proporcionalmente a sus experiencias acumuladas con el sexo opuesto. Pues, su dilatada carrera cinematográfica está plagada de momentos amorosos (y sexuales) resueltos entre reproches, pasión y sábanas a medianoche.
Es Fading Gigoló, una curiosidad de este momento en que los años van cayendo, y empieza a consolarte el entretenimiento y el surrealismo emocional, mezclado con unas gotitas de voyeurismo llamando a las puertas del deseo. Como un Casanova de los barrios judíos, pero con su carabina de Brooklyn.
Sin embargo, no es una película del maestro de la dualidad mental, Woody Allen se entrega a un juego entre el exhibicionismo y las diferencias sociales y culturales. Pero, bajo la mano del director de orígenes italianos, como un maestro titiritero manejando a su alter ego sexual con el control de sus órganos en los dedos. Una gracia sobre su imposibilidad con las mujeres de bandera... lógicamente es una broma, pues todos le deseamos a Allen muchos años más de sexo salvaje o tántrico.
Y esta especulación sobre la masculinidad deseada, se rodea de mujeres de distintos vuelos aunque sobradamente preparadas para las cuestiones sensuales, como Sharon Stone y Sofía Vergara, y más recatada pero con indudable atractivo en la perdida para cuestiones cinematográficas Vanessa Paradis. Esta última en lucha con los estereotipos y los mandamientos religiosos, y con las coletas del judaísmo arcaico fuera de lugar. Así como su entregado admirador, un Liev Schreiber atrapado entre el deber y el amor.
Como Woody Allen ha delegado sus funciones habituales, se encuentra con el protagonismo vocal mientras que John Turturro se maneja en las escenas de "acción" y un conciencia precavida respecto al nuevo trabajo, pragmático y silenciado en su figura largilucha de potencial latin lover. No será su película en la dirección más redonda, pues Fading Gigoló es la quinta en esta faceta y tiene elementos suficientes para dibujarte una sonrisa en el rostro, haciéndote sentir a gusto, paseando por las calles y locales del neoyorquino mundo alleniano. Seguro, echamos de menos una entrega más ácida y atrevida en determinados momentos, pero se trata de una comedia ligera sin demasiadas pretensiones de escandalizar.
Las relaciones comerciales fuera de la legalidad, se decantan por cuadros de composición esporádicos y aquella cosa llamada amor. Mientras vemos desfilar el choque cultural y diferencias de edad por apartamentos o barrios a ritmo de saxofón, junto a levitas y postizos rizados, también encontramos una familia semi-oculta, poco convincente e irreal. Chistes sobre la convivencia con hijos traída por los pelos contra el humos de sofisticación sexual en dormitorios y hoteles de lujo.
Sin duda, este juego es más atrayente para el espectador, ávido de encuentros sorprendentes, tríos de ensueño y juegos léxicos de amantes lenguaraces, con un Allen entregado a la comedia picantona. Un juego entregado a la cámara que no a la cama del de Brooklyn.
Con todos estos mimbres, el cesto se queda deshilachado por el lado romántico, sobre todo en el poco creíble de la familia numerosa desajustada. Pues, el verdadero fondo del recipiente se encontraba en el profesional comercio carnal, no en consejos sumarísimos sobre la castidad religiosa.
Es su parte final dónde se pierde el terreno conquistado, con gracias ajadas y añejas, como un sofisticado vino con sus propiedades embriagadoras apagadas por la soda. El absurdo se desvía hacia un potencial sin demasiado interés y las situaciones correctas sobre el amor, en lugar de posiciones sexuales más atrevidas.
Turturro no pretendía el crecimiento de este medio latino judío llamado Fioravante. No estaba por esa labor y ha perdido una ocasión de sofisticar este argumento y las opciones con las que contaba a priori, por supuesto, esa vuelta de tuerca supondría cambiar el estilo y pisar terrenos sobre cambios de registro o de papeles, convertirse en un cine cercano a La Venus de las Pieles. Más bien, se quedó en un reclamo a las segundas oportunidades por contraposición a la soledad por decreto.
He leído algunas críticas que señalan a Fading Gigoló como un intento de copiar las películas de Allen, de forma negativa.
Vamos a considerar que participa en papel relevante el propio director y cómico, que se desarrolla en los ambientes propios a su filmografía, recorriendo semejantes escenarios y recurrentes frases, con personajes rocambolescos de sus comedias y guiños relativos a las relaciones de pareja y el sexo... además de su humor y su música.
Pero, nadie ha pensado en un sencillo homenaje a su cine, con Woody de protagonista.
Claro, por supuesto, no es lo mismo. Aunque el director se haya transformado en una judío sefardí reconvertido del latino.
** Pasable ***
Third Person.
Tu Vuò Fa' L'Americano...
e i suoi bambini.
El cine es la forma artística que se cuenta en primera persona.
Desde detrás de la lente, el ojo del director retrata las impresiones que un conjunto de factores le llevan a contar una historia como sucede también con la literatura, y permite indagar en la trama como si otra persona relatara lo sucedido. Es el tratamiento En Tercera Persona.
Así, nos alejamos de la perspectiva como si se tratara de un fantasma observando desde su mundo de historias cruzadas.
Pero, en el caso del canadiense nacido en London (Ontario), con ese pasado de Paul Haggis como escritor y guionista de raíces televisivas e importantes directores (como los autores del nuevo 007, Martin Campbell y Marc Forster, o anteriormente del gran Clint Eastwood) le permite establecer esa misma mirada para alejarse de las situaciones creadas. Igualmente, deesde su punto de vista también tras la cámara, con notables películas como Crash, En el Valle de Elah, y ahora, con Third Person.
Como antiguo cienciólogo, el director experimenta con las sensaciones y las palabras para establecer un juego cruzado, en el que se mezclan las historias paralelas sin llegar a tocarse del todo. Como un encontronazo imprevisto y sugerente, una bata que se desliza por un cuerpo desnudo, un móvil que trasmite el pasado o los coches antiguos que circulan a buen ritmo por las calles estrechas de Roma.
Porque, En Tercera Persona se desarrolla en tres ciudades que representan la libertad de sus personajes, y la atadura moral de sus comportamientos hacia terceros.
Paul Haggis es un magnífico contador de vidas y vouyeur de las pequeñas cosas, por tanto, el comienzo de la película te arrastra por una turbulencia de olores y sabores a Limoncello, a taxis de colores y vestidos para matar. Uno rojo pasional en el cuerpo exuberante de una Katy Louise Saunders, una actriz inglesa de pertenencia italiana y personaje de sangre mitad gitana y rumana.
Luego, un traje en blanco y negro elegante, realzado en su fina silueta y copado por unas gafas al estilo Audrey Hepburn en Paris y el cuerpo vertiginoso de Olivia Wilde, en frente de la esposa de su amante y abandonada en un traje de baño seco por el miedo, recuperando del olvido a Kim Basinger.
Y por último, otra belleza en uniforme azul de servicio, atendiendo a su abogada interpretada por Maria Bello, y acercándose a otra joven belleza, sin enfrentamientos sangrientos entre ellas. Son Mila Kunis y la actriz y modelo parisina Loan Chabanol (Aprendiz de Gigoló).
Estos relatos cruzados, no son tan salvajes aunque hieren igualmente, se podría decir que Haggis ha tomado prestado los cruces argumentales de otros directores que jugaron con historias del cine, la radio o el teatro, incluido el mexicano oscarizado Alejandro González Iñárritu; y los ha adaptado a su particular visión dramática. Si bien en esta Third Person, sorprende con un comienzo prometedor cargado de sentido del humor y sensualidad, como si cruzaras un bar que te recibiera con un tono latino y olor a champú de hotel.
Aquí, la tercera persona se puede conjugar en singular con los nombres propios de los actores, en los que creo, ganan las mujeres por más del doble de bella participación. Sus repartos siempre han sido eficientes (mejor notables), y entre el plural se distinguen estos “ellos” compuestos siempre por ella y él.
El filme está plagado (como dije en la primera mitad) de encuentros y desencuentros, que se desarrollan (como si fuera un tres en uno con Woody Allen) entre Roma, París y Nueva York, entre el tráfico y los turistas, en habitaciones lujosas de hotel con escritos y materiales de limpieza, carreras simpáticas por callejones y pasillos, retratos y piscinas inundados por las lágrimas o profanaciones familiares.
Ella y él, se entregan o enfrentan en un juego adulto, de palabras afiladas o divertidas, dónde los actores son maestros o marionetas en sus manos. Son Liam Neeson pacificado, Adrien Brody espía y espiado, James Franco arrebatado y arrebatador, y otras figuras fantasmales.
Todo bien, hasta que aparecen las semillas del pasado, invadiendo las intimidades y juegos sexuales, las llamadas incansables al celular y fotografías de aquellas invisibles entre juicios y cantidades de dinero. Pienso que la tercera persona a partir de la mitad del visionado, hubiera sido más interesante como elemento desestabilizador y oscuro, que entregado a una cadena de errores y consecuencias.
Sin embargo, surcando su mediometraje Third Person empieza a decaer en interés (lógicamente por excesivo) hasta que desencadena las últimas secuencias que explican los diferentes argumentos. Pero, ya es demasiado tarde.
Esa otra Tercera Persona que descubrimos, son los hijos o fantasmas que provienen de las cruentas batallas de sus progenitores, y que resultan los verdaderos perdedores de su juego. Esas pequeñas mentes atrapadas en los vaivenes adultos, no poseen apenas peso, pero están presentes sufriendo en silencio, avergonzados o con miedo, inventados o enterrados en vida, sin continuación para ´ellos`.
En fin, que si las sonrisas, los reproches y enfados, o las casualidades hubieran recortado el estilo inherente en Paul Haggis, todo hubiera sido un viaje más ameno entre cambios de escenario. Pues la Tercera Persona, la más importante, es el yo y el nosotros como público.
Quizá la repetición en estancias cerradas y encuentros convencionales han producido que la cinta se estrene algo más tarde, ya que no sirven en conjunto para avanzar en estas tres historias casi románticas... y algún funeral.
*** Pasable **
Moby - The only thing (The Third Person Soundtrack)
Third Person (Soundtrack by Dario Marianelli) - Watch Me
"Tu Vuò Fa' L'Americano" de Renato Carosone
jueves, 5 de marzo de 2015
Tusk.
En ocasiones veo... ¡Morsas!
En el mundo de Kevin Smith no había sitio para jugar con los animales, todo era jugar con la religión, la pornografía, las drogas o Ben Affleck. Hasta este momento en que las morsas han entrado en liza en los primeros puestos de su ´frikiteka` particular e intransferible, sin desechar un humor vitriólico y bastante mala leche de mamífero marino.
Precisamente ahora que, el antes menospreciado Ben, se ha separado (no sabemos si indefinidamente) del director norteamericano, cuando en sus mismas funciones en el cine han tomado una especial relevancia con películas como The Town, Adiós Pequeña Adiós y sobre todo, su oscarizada Argo.
Mientras Kevin Smith el director originario de New Jersey, también guionista y productor de su nuevo film Tusk, se dedica a aterrorizar utilizando sus maquillajes de espuma de látex, las formas bizarras y algunas estrellas nuevas a su elenco de protagonistas. Como Justin Long, Haley Joel Osment o Genesis Rodríguez, así como otros miembros ´tarantinianos` reputados como Michael Parks, o un Johnny Depp caracterizado de un peculiar y divertido inspector Clouseau a la canadiense.
Sin saber muy bien de su relación de amistad con Jason Mewes y sus aficiones, sólo que TruEarth Entertainment anunció el lanzamiento de su nueva película "Deet n Bax salvar el mundo" protagonizada por el mismo actor de Jay y Bob el silencioso, luchando contra el narcotráfico o consumiéndolo por Sudamérica. Más, eso es otra historia de película.
Volviendo a Tusk, en la que curiosamente ofrece sus primeros coletazos su hija, de nombre homenaje al cómic de Batman, Harley Quinn Smith.
Ideológica y paródicamente, Kevin Smith ha echado cargas de profundidad mezcladas con colmillos vitriólicos (no sé si algo de autocríticos pues pareciera estar en eterna lucha con la industria de su país y sus compatriotas), al tratar al protagonista de una suerte de inmigrante en busca de lucrarse con la moda de vídeos virales y postcats de broma. Una moda que no cesa, para criticar.
Y Canadá como espejo dónde mirar las frustraciones y el postureo frente a sus vecinos del Sur.
Pero eso no es todo, en Tusk existe un mundo para el terror psicológico y el surrealismo al estilo El Ciempiés Humano, aunque sin pies ni cabeza. O más bien, con cabezota incluida plagada de risas y colmillos hirientes.
La ideología de la estupidez humana se refleja ante la parte animal escondida y una lengua tan afilada como los dientes de una morsa con ganas de venganza ante la ideología americana y la violencia como válvula de escape. De esta forma, el humor se convierte en lanza y el terror en crítica social, al viejo estilo de sus películas monstruosas más anti-religiosas como Dogma o Red State.
La comicidad es surreal a la par que paródica, de personajes en el filo del paroxismo humano y animal.
Tanto que podemos llegar a confundir los términos e identificar los personajes con sus determinados comportamientos y opiniones, en caricaturas de sí mismos, siempre con una base argumental que delata su pensamiento a la contra.
A veces, Tusk se encuentra en una isla ocupada por dos protagonistas abandonados y solitarios, igual que muchos otros personajes que pertenecen a otra nueva vida en su cine, lejos de las pandillas juveniles y la diversión escatológica, plagada de tacos o sustancias psicotrópicas. Ya que su nuevo trabajo se encarga de recordarnos que la edad te lleva a enfrentamientos más filosóficos, antropomórficos, y definitivamente, alocados criminalmente hablando. Mr. Smith se va convirtiendo en "el Morsa" de los bandazos y las dentelladas.
También, el filme es una fantasía en forma de pesadilla y una paradoja de la vida solitaria, comparándola con individuos separados de la sociedad que se convierten, o bien en víctimas o en verdugos. Y las actividades atroces que pueden llegar a ejercer con sentimientos de posesión diabólicos, se nutren de las mentes débiles y la desesperación, con un humor sarcástico que puede llegar a confundir al espectador.
En parte, resulta extraña la atracción enfermiza que embarga durante algunos minutos de esta historia (podríamos denominar autodestructiva) y jugamos a confundirnos entre esa naturaleza inhumana y nuestra parte más animalizada. Sin embargo, también se mezcla la carcajada y la sonrisa inteligente con otra sección llena de tristeza, cuando se compara a los hombres y su supervivencia con el posterior rechazo a la compasión, el sadismo o el sadismo del secuestro de mentes.
Tanto que al final, no conocemos bien los límites del mal, ni si Kevin ha querido mostrarnos una especie nueva de la que reírnos o sentir vergüenza.
Demasiada inmersión en la psique humana del psicópata, del vecino y del espíritu solitario.
Sin duda, lo más recalcitrantemente provocador es presentar la maldad del ser humano en forma de, yo animal. Esa parte interior de la naturaleza que permanece escondida y que se rebela como injusta hacia la naturaleza salvaje de los animales. Creo.
Me pregunto algunas cosas como... ¿Hay que sobreestimar la amistad o todo lo contrario? ¿Son más beneficiosos los intereses personales y la mentira? ¿Serán mejores personas los que aparecen en Internet o las redes sociales?
U otras como... ¿Son más válidas las personas que se mueren en el intento o los supervivientes? ¿Es justa la civilización con los débiles? ¿Serían las morsas nuestros antepasados directos?
Kevin Smith como autor, desde luego, te descoloca (o todo lo contrario) con sus humos ilegalizados por las autoridades del cine. Aunque no parece que amenace de nuevo, con entregar sus bártulos cinematográficos y se destierre a otra isla virgen, habitada tan solo por determinadas especies marinas y dentudas, porque volverá con los mismos protagonistas (y otros muchos) en Yoga Hosers y nuevos Clerks de tercera generación.
O intenta explicarnos algo más sustancialmente prohibido y desconocido, tan enrevesado y maquiavélico que un ser humano corriente de la calle es incapaz de descifrar.
Tendremos que liberar nuestra parte animal y psicópata para descubrir sus aviesas intenciones, tras los alaridos y las dentelladas en las costuras, o acabaremos nutriéndonos con los restos de supuestos amigos, para ´descelebrar` las posiciones de la industria ´cárnica`.
No se vayan sin hincar el diente a toda esta parafernalia, pues muchos verán los reflejos dorados del Sol sobre sus ojos de morsa.
*** Curiosa **
Fleetwood Mac - Tusk
JUSTIN LONG & KEVIN SMITH talk TUSK (Nerdist Special Report)
Debussy: Clair de Lune.
jueves, 26 de febrero de 2015
Selma.
La salvación está en nosotros mismos.
No sé si alguna vez se podrá concebir el cine sin distinciones de raza, sexo o condición, ya que se suele decir que las películas son como la vida misma. Por este hecho coincidente en intereses, seguirán haciendo falta películas que protesten o reivindiquen las injusticias sociales y morales. Como ejemplo tenemos a una figura que aprendió a combatir sin armas del mismo Mahatma Gandhi, y cuyo nombre es un ejemplo para la sociedad, Martin Luther King tuvo un sueño un día y pudo observar por un periodo corto de tiempo, cómo se establecieron los derechos y la igualdad para todos los ciudadanos de USA, desde Selma hasta Washington.
Contra la violencia, a favor de que los pequeños tengan un futuro sin atender a cuestiones raciales y haciendo una justicia que represente a todos los ciudadanos por igual.
Esta película dirigida por una directora con las mismas raíces que el doctor King y de nombre Ava Duvernay, es multicolor con ciertos retazos históricos y olor a blanco y negro. Como todos los actos representativos de una sociedad en su contexto histórico, marca los trascendentes momentos que se sucedieron antes de la proclamación de la ley que permitía el derecho a voto de los hombres y mujeres negros sin condiciones. Una decisión que hay que ponerla en su época concreta, estudiada con dificultades y decidida por la mano de Lyndon Johnson, interpretado con seguridad y cruel realismo por Tom Wilkinson. Y el panorama (algo menos expuesto en el filme) que el mundo empezaba a dibujar respecto a los enfrentamientos bélicos y movimientos sociales, el injustificable terrorismo contra los inocentes y la violencia en general.
En mi opinión, el filme Selma se puede contemplar desde diferentes puntos de vista.
En primer lugar, y lógicamente partiendo del hecho que su directora refleja la visión de las mujeres que conocieron o apoyaron la mayor representante por los derechos de su raza (junto también al asesinado Malcolm X) contra la conciencia egoísta y cruel que debieron de soportar durante siglos de torturas y vejaciones sus anteriores generaciones.
Gracias a esa lucha, que comenzaría desde un asiento de un autobús público, un hombre tuvo un sueño que se convirtió en premio Nobel de la Paz, liberó a un pueblo de sus pesadas cadenas, y gestionó como mejor pudo los momentos dramáticos que se cuentan desde la ciudad de Selma en Alabama.
En este sentido, aquella mujer viajó un pequeño trayecto que sería un paso enorme contra la frustración y la violación de sus derechos como ciudadana. Los siguientes pasos se llenarían de sangre de niños y pérdidas sin sentido, fruto de un terrorismo nauseabundo y un conjunto de blancos prepotentes que pensaban con un cerebro del tamaño de una bala amartillada. Planos.
Las mujeres y las dos hijas de Mr. Luther King sirven como inspiración al personaje (cuando son comparadas con las hijas de otras familias que morirían criminalmente en un atentado) para intentar que su futuro no tenga que estar obligado a la reverencia y a los insultos, aunque su dedicación infringiera duros golpes para su vida personal.
Mr. King es un personaje tan cinematográfico que su imagen protectora, nacería como organista en una iglesia de Atlanta y se trasladaría a la palabra con intención de líder. Curiosamente en el camino hacia la Historia, cantaría ante un público habituado a la grandes producciones de la época en el cine y su coro en el estreno en su ciudad de Lo que el Viento se Llevó.
Parece como si algo rodeara la vida del activista y pastor norteamericano. Y así sería, pues conseguiría que otras familias procedentes u orígenes africanos, los tatarabuelos nombrados como ejemplo por la Srta. Boynton (en la piel de la actriz Lorraine Toussaint) que derramaron en aquellos barcos del infierno el sudor, las lágrimas y la sangre, para que niños de raza negra tuvieran intactas sus posibilidades de una convivencia en paz con oportunidades nuevas de libertad.
Entre Selma y Montgomery se vieron las cargas de la historia emergiendo del antiguo espíritu exclavista, pesando como porrazos en el alma y más sangre diluida a orillas del río con su famoso puente Pettus. Los pasos que dieron aquel día, aquellas personas, se aproximaron a esa ansiada libertad y otearon al otro lado del puente, otra mentalidad más abierta para prosperar como comunidad. Y la necesidad de la educación para derribar barreras y odios.
Aquellos heridos contra la segregación racial impuesta por los administradores de protección y justicia durante décadas de una supremacía absurda, supusieron otro paso tan importante como el que poco después daría el hombre en su visita a la luna.
De aquí parte la segunda forma de estudiar unos hechos tan dramáticos, y a la vez tan definitorios de los próximos cambios que se iniciarían hasta la actualidad. A raíz de actos criminales injustificados y golpes de mano contra la razón humana, el derecho se elevó para igualar a todos sea cual fuere el color de su piel (el término de pobreza queda fuera de la ecuación, como bien leí en algún comentario por las redes sociales), si bien las barreras cayeron en los tribunales de justicia, en las calles de nuestras ciudades, los humildes siguen sufriendo la violencia y el ultraje de la superioridad económica.
El actor David Oyelowo que interpreta al reverendo, demócrata y racial Mr. Martin, va marcando bien los tiempos entre la desesperación por las injusticias hacia su pueblo oprimido y la lucha mediática, silenciosa y pacífica, en forma de grandes discursos para la historia de América y el mundo. Y la actriz Carmen Ejogo, es una guapa réplica femenina a sus deseos igualitarios.
Sin embargo, noto una pequeña falta de carga emocional que enfría el devenir de la pareja y las reacciones externas a esos sucesos tan marcados en la retina.
Este camino de resistencia contra la violencia y la vejación mediante las palabras, comienza en las escuelas y abre un resquicio para la necesidad de una unión que acerque voluntades negociando y no tener que hacer uso de la protesta para solucionar los problemas en el futuro.
Aunque, evidencie el peso de la educación religiosa y las creencias en todo momento de su vida, con sus equipos de reverendos proclamando la bondad de las religiones, cuando en realidad siempre han sido fuente de enfrentamientos y muerte.
La educación no puede, ni debe ser manipulada ni impuesta por la fe, aunque pregone la igualdad entre los humildes que, en definitiva, se queda en agua de borrajas.
Este cambio a la edad contemporánea que comenzara en la revolución francesa, necesita de un nuevo brío, pues todavía queda alejado de la realidad actual, cuando existen discriminaciones ideológicas y raciales por todas las latitudes del globo. Cuando aún existen hombres que piensan en la superioridad por encima de otros, por infieles o diferentes en el color de su piel o pensamiento, como personajes oscuros que aparecen en Selma interpretando a un sheriff o un gobernador extralimitándose en sus obligaciones. Cuando la policía, los jueces y los políticos sólo deben estar al servicio de los ciudadanos comunes que les pagan sus trabajos para la comunidad.
Paso a paso, como repite Luther King en algunas ocasiones, se logrará erradicar las ideologías separatistas y violentas del planeta. Puente a puente.
Paramount Pictures ha entregado para los Oscars este año, una buena película que nos toca a todos por igual. A ricos o pobres, porque trata sobre las ideologías que confieren a los hombres sus rasgos característicos, con dioses y humanos mortales que sufren sin su intervención divina. Y también, ha conseguido un merecido premio a la mejor canción con Glory, dada la competencia.
La última forma que tengo de observar la película es haciendo referencia a una interesante serie firmada por Tom Hanks, Los 60 emitida en el canal Discovery y que ha coincidido en el tiempo con la visualización del filme Selma.
Estos capítulos sobre los disturbios raciales en la época de los 60, coincidiendo con la muerte de J.F. Kennedy, la guerra de Vietnam y los comienzos de la televisión, impresionan por la visceralidad y las emociones expresadas por los mensajeros de la historia. De la historia de Estados Unidos y de todos nosotros, pues representó un cambio que aún estamos viviendo.
Por tanto, la película es apropiada y necesaria, aunque los actores (un buen reparto por cierto) hacen todo lo posible para representar aquellos valores y emociones, pienso que los verdaderos destellos de emoción provienen de las imágenes y las palabras pronunciadas... caminadas, vividas por sus protagonistas en la realidad.
Ellos y sus actos, nos hacen reflexionar y así debe de ser siempre, pues ningún dios vendrá a arreglar nuestros propios problemas. Aunque lo pidiera el mismo de forma tan vehemente, el mismo Martin Luther King, Jr.
*** Buena ***
Common, John Legend - Glory (Selma Soundtrack)
Ole Man Trouble - Otis Redding
Ñ
Walk With Me - Martha Bass
sábado, 21 de febrero de 2015
American Sniper.
La ´Humanidad` escogió mal, de nuevo.
Si mirásemos atrás en el tiempo, veríamos la cantidad de decisiones que han tomado los hombres (gobiernos) con repercusiones fatales para los ciudadanos y la sociedad civil pacífica. Elementos con motivación económica o política, tan dramáticos que son una huella indeleble para todos aquellos que han sufrido la violencia en sus propias carnes o las de sus familias.
American Sniper dirigida por un Clint Eastwood en plena forma, cuenta la historia de algunos de esos personajes de procedencia humilde que tuvieron que enfrentarse a enemigos invisibles, a vida o muerte para defender a su país y sobre todo a sus compañeros. No obviando otras razones institucionalizadas por motivos religiosos o culturales, se trata de una involución que nos retrotrae como convivencia a la Edad Media.
Tenemos el deber de encontrar otras soluciones capaces de detener ataques o acciones suicidas demandadas por otros, con el fin de asesinar a personas humildes y trabajadores, mujeres o niños. Todo ello es consecuencia de las guerras, evoluciones de los poderosos en contra de la libertad del individuo.
La película será polémica desde todos los puntos de vista, pues desarrolla las labores armamentísticas de una u otra actitud, con jóvenes (y no tanto) que se ven abocados al manejo de situaciones de absoluta violencia en instantes de gran presión, como el protagonista interpretado por Bradley Cooper en toda la extensión de su buen hacer. Su personaje tomó decisiones que causaron víctimas y dolor en sus allegados próximos, incluso en sí mismos, pero también funciona como defensa de sus compañeros. En un caldo de cultivo que alimentará las hostilidades y un deseo de venganza sin fin.
El soldado Chris Kyle ejerció realmente como francotirador en los territorios más conflictivos del planeta, además es autor de la autobiografía adaptada por el guionista y actor Jason Hall. De aquí parte el hecho más polémico de esta historia verdadera, y es calificar de trabajo una acción consistente en matar personas. Aunque, recordando que las armas se empuñan por ambos lados.
En ciertos aspectos, recuerda a otras películas cargadas de realismo belicista como En Tierra Hostil de Kathryn Bigelow o en otras latitudes con Black Hawk Derribado de Ridley Scott. Pero, más concretamente en la competencia sangrienta entre las dos conciencias separadas ideológicamente y en sus creencias místicas o producciones cercanas al western, uno contra otro en un duelo sangriento. También los textos ecuménicos que pregonan ambas religiones entre sus fieles, con el ojo por ojo por bandera, que le emparenta directamente con otro filme de crueldad olímpica y aptitudes irreconciliables, en Enemigo a la puertas de Jean-Jacques Annaud.
Ahora, el director del poncho y devorador de espagueti cuenta las vicisitudes y actos sangrientos que vivió El Francotirador como miembro perteneciente a los Navy SEAL norteamericanos, su acción en batalla frente a los grupos armados iraquíes y de otras nacionalidades con ideología yihadista.
Hasta una vuelta a casa sin solución de continuidad, pues el conflicto no ha parado de crecer en todo el tiempo transcurrido hasta hoy mismo, día en que escribo este comentario y existen más muertos caídos entre el polvo y la ruina. Moral y humana en crecimiento continuo.
Clint Eastwood enfoca su cámara en las acciones rodadas con buen pulso y aquellas repercusiones personales o familiares de los soldados, también muestra de manera aséptica a los ciudadanos que sufren la incursión de la guerra en sus barrios, ya que cualquier tipo de conflicto armado produce daños físicos y sicológicos que perdurarán de por vida en las diferentes conciencias, tanto de soldados como de civiles.
La mayoría de espectadores de American Sniper valorarán esta película atendiendo a los factores ideológicos, y se posicionará en uno u otro sentido dependiendo de una visión traumatizada de la historia sangrienta que se está escribiendo diariamente. Porque, la realidad es que el argumento cuenta con dos francotiradores, uno por cada bando y muchas armas escupiendo fuego.
Así que no comprendo bien, cierta polémica al intentar justificar alguna de las partes cuando realmente se debería buscar una solución que termine para siempre toda esta masacre.
Eso incluye, la opinión de ciertos artistas y polemistas como Alan Moore, volcándose en la repercusión más que en lo verdaderamente importante, un uso mecánico de las armas para resolver las diferencias culturales, religiosas o políticas.
Los hechos dramáticos, que se cuentan en El Francotirador, tienen una carácter universalista y ha afectado a la mayoría de sociedades de una manera u otra, por lo que todo el mundo se siente legitimado para elevar la voz de su opinión.
Aquí, en cualquier lugar del mundo, se acusa del polémico y arraigado concepto que no diferencia a nadie, el patriotismo unido al sentimiento religioso por encima de la vida de los inocentes.
Por tanto, que se convierte en una parte sustancial del problema.
Precisamente, ahí radica la dificultad para calificar este filme.
En el terreno técnico, Clint Eastwood se rodea de unos actores novedosos en su carrera, ya que no han participado de anteriores proyectos del genial y maduro director, no olvidemos que pertenece a los USA como el protagonista de la cinta. Y no sólo rueda la historia con precisión histórica, sino que ha viajado con su equipo a localizaciones que van desde California a Marruecos, con todos los problemas que acarrea el traslado de los equipos técnicos, el calor o las miradas furtivas.
Los momentos de acción caótica y respiración controlada, desprenden un marchamo de realidad que intriga, emociona y asusta a partes iguales, con una pareja protagonista deudora del sueño americano y frustrada por la separación y las obligaciones patrióticas de cara a su país y la opinión pública, completada por una atractiva Sienna Miller.
No falta, por supuesto, el sufrimiento de la población musulmana que vive diariamente sometida a regímenes tan autoritarios como violentos. Decadencia o nulidad por el valor de la vida, agravada por sus condiciones económicas y un futuro en manos del petróleo. Por ahora.
Como en todos los conflictos bélicos, desde el comienzo de los enfrentamientos entre humanos, los que pierden son los humildes. Serán los trabajadores y los niños, porque pierden sus casas y vecinos, abandonan sus trabajos y métodos de manutención para embarcarse en legiones sangrientas que empobrecen a su país, aun más si cabe... mientras el cadáver de un niño inocente, forzado a una guerra adulta se ve ensangrentado sobre el suelo de la incomprensión. Fin de la educación.
Quedan las viudas y los huérfanos, mientras los señores de la guerra se siguen frotando las manos con su negocio de las armas y la muerte. No hemos avanzado tanto, porque cuando no hay soluciones, todos somos víctimas.
Creo que Mr. Eastwood, no es culpable de la controversia ni de las manifestaciones en contra de la labor de un soldado, simplemente ha mostrado las circunstancias vividas por esa persona y descritas en una biografía (evidentemente con una única visión del conflicto) en un caso que, desgraciadamente, estamos todos viviendo y padeciendo. Y parece que no tiene visos de terminar.
Como anécdota, si que el director tiene la culpa de la elección de un robot-maniquí bebé. Cosas de la tecnología.
Chirs Kyle fue otro de aquellos niños que crecieron en una sociedad que admite el uso de las armas en su vida cotidiana, y una víctima más de el concepto equivocado que se baraja en el mundo... la guerra como forma de vida.
Cuando en realidad, es todo lo contrario.
- Sin Calificar -
Ennio Morricone - The Funeral
American Sniper Movie Official "Van Morrison- Someone Like You" Soundtrack / Song
Marvin Allen - A Hero's Sorrow [American Sniper Soundtrack]
viernes, 20 de febrero de 2015
Leviathan.
Leviathan: grados de violencia.
Como en la numerología bíblica, el 6 ha sido fuente reiterativa en la representación del ángel caído sobre la Tierra en su forma humana. De igual modo, que la palabra Leviathan viene nombrada en el Antiguo Testamento otras tantas veces, en referencia a un Satán monstruoso y marino que abandona sus dominios fríos, azules y espumosos, para dominar a la raza humana y pecadora con sus terribles fauces. De ahí, el significado de leviatán en hebreo sin H intercalada, tan solo quiera decir ´ballena`.
Se suele decir que las ballenas son muy protectoras con su descendencia, pero en una pequeña localidad costera de Rusia, el leviatán al que nos referimos es uno de los cuatro príncipes del averno, junto a Satán, Lucifer y Belial.
Al estilo de la anciana Moby Dick, con un peso en el alma, unos arpones clavados y una mirada velada por la sangre de la pierna de Ahab. Este le llamaba monstruo asesino y diablo del mar. Y se persiguieron sin descanso para cumplir un designio de los hombres. Una marejada de sentimientos con un único final, la muerte de uno de ellos.
La lucha de lo masculino con lo femenino, la muerte del monstruo de sexo femenino, la salvación para los justos. Behemot es la Tierra y Leviathan el Mar. Y el mar siempre tiene las de perder por la fuerza bruta de los hombres, hasta que la tierra que los cobija sea destruida por sus propios monstruos.
Un Leviathan, creado por las palabras y la fe religiosa como contrapunto al Dios omnipresente y salvador de almas (o eso pregonan), que fuera despojado de su parte femenina para evitar la reproducción del Mal. Mientras, otra parte de la Biblia se encarga de desarrollar como el Mal puede ser interpretable, dependiendo de algunos factores o acciones de los poderosos.
Desde el punto de vista del Libro de Job, en el que el justo es castigado con un penoso devenir familiar, se convertirá en un paria arruinado y consumido por el alcohol. Un reflejo de los tiempos que unas generaciones delegan a otras. Pues en algunos casos, o la mayoría, los inocentes son los niños.
En el lado contrario, tenemos al corrupto y traicionero que es premiado con una vida espléndida y holgada, gracias a un comportamiento fuera de toda lógica y legalidad. Y al que protege el silencio de los justos, si la justicia no remedia su corrupción.
El número 6 aparece sobre el Mar de Barents en la costa norte que visita Rusia al Océano Ártico, cerca de Noruega. El rodaje en los pequeños pueblecitos de la federación de Múrmansk con una mayoría dedicada a la pesca y las manufacturas, y muy transitado por los mayores mamíferos marinos, mucho más pacíficos y sanos que aquel.
Se disfraza con distintas formas, como alcalde avaro y cruel con los desfavorecidos que manipula los poderes administrativos para lograr acaparar los terrenos que le proporcionen un mayor beneficio. O como un almacén de botellas de vodka vacías, tiradas por el suelo de la cocina y el salón, a la vista de la mujer y el hijo, y observadas como una situación tan normal que produce escalofríos. Ya, este alcohol siquiera tiene la excusa de ahuyentar las radicales heladas del invierno, son vapores que nublan la razón y los sentimientos, en una confusión tan irracional como las olas de una tempestad destructiva. Ni aleja los dientes metálicos de la demolición de nuestra conciencia.
Las religiones ideadas por los hombres, han servido como escudo para detener el avance de aquella conciencia libre, sean del tipo o en la latitud que se produzca algún cambio. En la actual Rusia, los resquicios del poder tienen preponderancia y se manejan paralelos a las instituciones religiosas, cuando los gobiernos deberían mantener apartados de sus tentáculos y garras marinas, la fe y las creencias divinas. Como en cualquier lugar verdaderamente libre.
Es la vieja lucha, entre los elementos que pueden hacer caer a los protagonistas de Leviathan tentados por viejos vicios o debilidades humanas. Un hombre empobrecido, hasta el desahucio. Un hijo que no comprende el consumo desproporcionado de alcohol. Y una esposa que sufre el machismo violento con desencanto, sin poder escapar de ese abrazo mortal con que Leviathan intenta llevarla a las profundidades con él. Mientras, la maquinaria del corrupto sigue derribando a los débiles.
He leído algunas críticas sobre la excesiva duración de la película, pero no estoy muy de acuerdo, pues la mayoría de escenas tienen su fuerza y sentido concreto para aparecer en el desarrollo de la historia. Quizás, se deberían haber delimitado un par de secuencias demasiado leguleyas, que no aportan nada más que elucubrar sobre los encasillamientos de una justicia lenta y algo farragosa en sus términos. Pero, su alma destila pureza y realismo.
Por tanto, veo bastantes lógico el Globo de Oro, por la fotografía de calidad entre espuma y sal, rompientes junto a cementerios marinos, ballena en plena natura y naturaleza humana incomprensible. La verdad de la que habla la película sería, conseguir detener algún día los procesos violentos que impiden los avances sociales, evitar la corrupción con unos medios y fuerzas de seguridad aceptables, el machismo (que separa a ambos sexos en una guerra inacabable) y la libertad para escoger pareja, domicilio y un futuro. Sea en Madrid, Nueva York, Egipto o Moscú.
Sin embargo, con todos estos elementos que aumentan la calidad de la cinta rusa, prima la forma artística de seleccionar una ambientación salvaje y apartada de todo, con una densidad que se respira o emerge como el chorro salado en la respiración de una ballena sobre la superficie. Y, con la misma vitalidad que sugiere la propia naturaleza viva, luchando por la supervivencia de las familias matriarcales cercenadas por la debilidad y los comportamientos poco inteligentes. Aquellos de los que sólo los humanos son capaces, por delante de los irracionales animales salvajes.
La violencia se ha encaramado en lo más alto de las perspectivas humanas, expandiéndose por cualquier frontera en forma de ideologías y el poder económico o político. El comunismo ha abandonado los huesos de aquellos gigantes consumidos hasta las entrañas por la pobreza y la desesperación, creando un cementerio de ilusiones sugestionadas por los efluvios, los maltratos y las armas.
Pero, no está todo perdido. Seguimos necesitando de países tan grandes como Rusia con sus hombres y mujeres para seguir avanzando hacia una humanidad más justa y sin derramamientos de sangre. Sumar a la conciencia general a aquellos escritores, actores y creadores que aportan su grano de arena marítima y diabólica o sus letras fotografiadas con excelencia, como el guionista y director Andrei Zvyagintsev a que sigan ofreciendo una visión crítica de los resortes que dominan y esclavizan nuestra existencia.
Leviatán es una amenaza para todos nosotros, emergiendo de la oscuridad con la apariencia que cada sociedad quiera esbozar, produciendo el terror en las mujeres o empobreciendo los valores educacionales de los hijos, en definitiva, anulando nuestra libertad como ciudadanos. Tema que ya tratara en su filmografía Andrei Zvyagintsev en su primer largometraje, El Regreso, ganadora del León dorado en el Festival de Venecia en 2003.
Porque al final, como decía la expresión “Todos los caminos te conducen a Roma”. Siendo el nombre del hijo que sufrirá las consecuencias de las decisiones erróneas de sus padres, o de las conflagraciones que producen los cauces gubernamentales en el presente de una generación golpeada por el oleaje continuo y sin piedad contra las rocas.
Pero, como buenas rocas, de aquí somos y aquí nos quedaremos... hasta que cambien los cementerios por estancias menos luctuosas.
La esperanza de un cambio real, no de fotografía colgadas en la pared.
**** Notable ****
Philip Glass - Akhnaten HQ [Prelude; Refrain, Verse 1, Verse 2] (Leviathan Soundtrack)
Posted by Nino
SIRIUS-III
martes, 17 de febrero de 2015
Ida.
Holocaustos de religión.
Nos encontramos quince años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, pasando por diversas localidades de la región de Lodzkie (Polonia) que han cambiado en el tiempo y el espíritu desde aquellas atroces consecuencias de la masacre. Ahora, su capital Lodz es una ciudad moderna con atractivos espectáculos musicales que tienen como protagonistas grupos del tamaño de Deep Purple o Judas Priest.
Sin embargo, no estoy en una sección de cine para comentar la participación de un sacerdote llamado Judas con sus poderosas guitarras, porque la película que entra en Cinecomio habla sobre la religión desde una perspectiva mucho más clasicista, más bien sus jóvenes novicias y la búsqueda de restos familiares que fueron enterrados y masacrados durante los años del terrible holocausto.
Ida, es una joven como podría ser cualquiera de las demás de su época, aunque creo que el pensamiento de aquella etapa de la historia, a veces puede confundir a los espectadores al trasladarlo a la época actual. En 1960, las heridas estaban aún demasiado abiertas para gran parte de la sociedad polaca y judía, estampa que podemos comprobar en el papel de la actriz Agata Kulesza, una mujer de armas tomar e ideológicamente presionada por los actos acontecidos desde la izquierda, en una venganza que ahora arrastra su decadencia por las camas regadas de alcohol.
En contraposición hallamos a esta guapa muchacha, encuadrada con su pequeña nariz respingona y sus ojos de inocencia angelical dentro de una vestimenta demasiado seria para su edad. Pero, se trataba de otra época y la educación otorgada a una huérfana por aquellos tiempos podía llevar a equivocaciones irresolubles.
Exactamente como ahora.
En este aspecto de una enseñanza propia de otros tiempos, no laica, el filme Ida podría entroncar con el drama contado en La Cinta Blanca de Michael Haneke, pero se queda en una formalidad que deriva hacia lugares más lúdicos de la mente religiosa, en lugar de extenderse en los efectos de ese aprendizaje. Aunque sea voluntario es injustificable, ya que también existen sociedades que educan a los hijos entre armas para su dedicación posterior al negocio inmoral de la guerra.
El director Pawel Pawlikowski sincroniza con imágenes en blanco y negro (con medida televisiva de 4:3) como una trampa cerebral de la protagonista interpretada por una jovial encorsetada Agata Trzebuchowska. Actriz que despierta a la pasión dentro y fuera de la pantalla seccionada desde los encuadres preciosistas en su descuidada estructura técnica. Como si fuera una película densa de Ingmar Bergman, pero desprovista de demasiadas tensiones conceptuales, porque todo el dramatismo de las secuencias funciona con la evidencia de un guion que podría haberse convertido en una búsqueda más girada hacia el suspense. Una pena.
Igualmente, Ida propone una fotografía contundente para tratarse de una película que habla sobre la religión católica, dónde los rincones retratados reflejan, en todo momento, la oscuridad de esos instantes tan luctuosos y la ambientación cargada de pesimismo. Viene a remarcar ese carácter de pérdida de sus protagonistas, vista desde dos vertientes tan distantes como problemáticas respectivamente. Tendrán consecuencias para cada una de ellas, viviendo a su manera.
La huérfana y la tía Wanda se enfrentan con factores ideológicos que no se comprenden ni aceptan, ya que su vida ha estado repleta de muerte y miseria, sólo que una lo ha vivido en sus carnes mientras que la otra, ha sido borrada de su existencia primera.
Tanto que, casi todo, lo que se respira en el filme (producido entre Canal+ en Polonia, Italia y Dinamarca) es extremadamente oscuro. Salvo unos zapatos de tacón y, algo que pudiera cambiar el sentido de aquel escenario tan negativo. Algo como la música que elevará el espíritu de cualquier jovencita a la apertura y el descubrimiento.
A aquellos que no están acostumbrados a la contemplación y el éxtasis carnal, desprovisto de cualquier otro artificio que la imagen, provocadora o no depende de cada uno, verán en Ida una tratamiento narcoléptico de primera magnitud. Mientras que, los críticos y entendidos en cine, que disfrutan con la moralidad compleja (aunque demasiado escondida en el silencio) o los espacios arquitectónicos y las formas reflejadas con excesivo estudio de la composición, encontrarán resquicios en el velo para iluminar un rostro tan dulce y discreto, como poco comunicativo.
No sabemos en ningún momento que le pasa por la cabeza a la protagonista, sólo los efectos que causa a su alrededor. Excepto alguna cana al aire que otra, que funciona como un espejismo de la realidad claroscura.
Así Ida conseguiría en los Premios del Cine Europeo con los principales galardones y alzarse como mejor película de habla extrajera en diferentes academias europeas. Ahora, veremos si los Oscars perseveran o dirigen su mirada hacia un relato más salvaje que la cinta polaca, como un leviatán que se alimenta de las almas de ciudadanos rusos en plena vorágine depredadora, otros protagonistas en la resolución de aquella barbarie ideológica.
Música de Marino Marini compositor ya fallecido que facilitara el ambiente con sus letras y canciones, a grandes películas como Rocco y sus hermanos. Y encontrarnos con la voz de una cantante y actriz de rostro tan impactante como Joanna Kulig, esforzándose en dotar de empaque la música italiana o acompañar al saxo tenor que interpreta piezas maestras de John Coltrane y música clásica.
A pesar de todo la complejidad en la composición de unos personajes atrapados en su propia historia, se escapan ciertos rasgos extraños que hacen dudar del relato en su tramo final. Son pequeñas decisiones que funcionan como una escala musical perdida en una escalera vacía hacia el cielo, que no sabemos si suben o bajan. Que no dibujan un sentimiento de culpa pecaminosa ni una sensación de libertad, únicamente un hermetismo reflejo del argumento.
Tiene un referente lejano en el rostro idílico de Audrey Hepburn en Historia de una monja de Fred Zinneman, estrenada en 1959 cuenta la historia reflejada durante la misma campaña bélica y una amplia indecisión crítica del estamento religioso ante los elementos criminales. Algo con la misma raíz pero en diferente dirección, para esta monja dedicada y el papel principal de Ida.
Por tanto, el riesgo queda embellecido por la fastuosa fotografía y el dramatismo de una memoria histórica que sólo trae más oscuridad, a través de ventanas que dejan entrar aquellos ecos de muerte entre vecinos, entre niños que jugaron una vez juntos sin mirar su entidad familiar ni creencia. Pero echo en falta, algo más de atrevimiento.
Ida aporta un romanticismo que pierde la partida ante la educación más moralista.
Reflexión: Tanta Monja, Moja Tanto. :D
*** Buena ****
John Coltrane - Naima
Adriano Celentano - 24000 Baci
IDA, reż P. Pawlikowski
Posted by Nino
SIRIUS-III
domingo, 15 de febrero de 2015
Wild (Alma Salvaje)
La Gata con Botas.
Desde que el director canadiense Jean-Marc Vallée iniciara su viaje personal por los entresijos de la producción cinematográfica, ha conseguido interesar a crítica y público con sus pasos hacia la psicología humana y los sentimientos de culpa. Desde la genial C.R.A.Z.Y. Hasta Dallas Buyers Club había circundado el inmovilismo que atenaza la idea de libertad del individuo. Su próxima visita sentimental tendrá el título de Demolition, como premonición de una sociedad que deambula perdida entre el amor/desamor y las almas en pena, antes de sumergirse en el infierno personal y el cielo musical de Janis Joplin.
Demolition tendrá como protagonista a un trío conformado por Jake Gyllenhaal, Naomi Watts y Chris Cooper, sin duda una configuración de partida salvaje, como el título de la película que presenta este año a los Oscar´s con varias nominaciones. Incluidas mejor actriz femenina para Reese Whiterspoon y de reparto para Laura Dern, su madre abnegada en la película Wild y lleva la sangre del cine en sus venas.
En todo viaje cultural que se precie, no está de más contar con algunas escrituras motivadoras de experiencias. Y en el caso de Wild, Vallée ha contado con un libro que cuenta las andanzas autobiográficas de la escritora Cheryl Strayed y la adaptación de un guionista de recorridos largos como Nick Hornby (Alta Fidelidad, An Education) y un escritor muy interesante. Para una experiencia vital por la vía de dureza turística denominada Pacific Crest Trail (El Sendero de las Crestas del Pacífico), con una ruta que cruzaría su protagonista real de Sur a Norte de los USA.
Si bien, el filme se podría haber titulado, ¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste?, dada la poca experiencia viajera de la joven en aquella época y sus raíces ancladas a una gran ciudad como Minneapolis.
Wild es un desafío de redención personal que cuenta con distintas velocidades, ya que una actriz como Reese Whiterspoon se propone compartir esta experiencia que no se expone del todo hasta mediada la duración de la penitencia. Porque los primeros momentos son una pequeña broma a los hombros y un reto difícil para una muchacha de ciudad como Reese/Cheryld, además del cruce con personajes que poco aportan a la historia.
En esta primera parte, el camino parece demasiado Salvaje para tan pocos recursos aventureros y gráciles, como unas botas asfixiantes de pasos o una dieta a base de alimentos fríos. Aunque se esté dispuesta al sufrimiento, es demasiada carga para el despecho, la ira o la culpa.
Sin embargo, en estos trayectos sentimentales e ideológicos mezclados con la aventura (un recuerdo para la impresionante Hacia Rutas Salvajes con otra figura real), los obstáculos se los impone uno mismo en su mente. Viendo el panorama como una ventana al futuro y una aceptación de los hechos pasados, la segunda parte del viaje se desarrolla sobre unas coordenadas emocionantes con la mente de la protagonista más abierta a las percepciones, tanto internas como del paisaje. En definitiva, más entretenida.
En ella, la confusión de Reese se acerca a la naturaleza que la rodea y a las personas que dejó en un rincón escondido de la memoria, y que producen los mejores instantes rodados por un director tan emocional como Jean-Marc Vallée. Sentimientos enfrentados habituales en sus películas, entre la soledad del viajero y la angustia de la naturaleza humana.
Una vez se ha despojado de todos los personajes irrelevantes y cargas neutras, el film funciona en su vertiente de descubrimiento y necesidad de cariño, en el proceso de cambio que lleva a la madurez emocional. Hasta germinar en otro lugar e, incluso, crecer como una persona distinta. De una niña bien, saturada por infinidad de decisiones errantes como las páginas marcadas de un libro para viajeros, y personas que no significaron nada para ella. Sólo recuerdos y dolor.
En el aspecto artístico y visual, no entiendo la poca presencia (hasta bien avanzada la historia) de los resortes naturales con un desierto de Mojave casi irrelevante. Con la naturaleza que parece un invitado más que un personaje vivo, ni deslumbrante ni amenazador. Apenas, pequeñas anécdotas.
En el desierto salvaje hay que pisar el terreno con mayor seguridad, y sentirse parte del camino para averiguar el porqué hemos tomado la decisión de emprender dicha búsqueda.
Aún, con el ralentí puesto durante gran parte de la cinta, Reese y Laura Dern ofrecen algunos consejos y perspectivas vitales que se convierten en lo mejor de Wild, demostrando que su director controla todos los mecanismos para impactar en los momentos cumbre. A pesar de gritos a los animales, hombres que recogen chicas sin nada que contarse, excursionistas presuntuosos y preguntones, periodistas del vagabundeo o surferos de la nieve.
Hasta que todo el aburrimiento que profieren a las serpientes de cascabel, la sangre en las botas y el peso de la mochila, se entremezcla con el sentido de pérdida para salir a flote. Con algo rebeldía y feminismo de cantimplora, tras su comportamiento inestable.
En el lado de esta montaña iluminada por el feminismo que declara igualdad y derechos me parece bien, pero si este movimiento trata de crear más enfrentamientos entre sexos y por tanto separación, no me interesa en absoluto.
Y lo que pudiera haber derivado en un filme ñoño y soporífero (como sus últimas bocanadas del metraje), si sabes esperar el momento, da muestras de personalidad, franqueza, poesía y un puñado de buenas canciones como compañía.
Creo que esta vez, el Club del canadiense se conformará con las nominaciones.
*** Interesante ***
Simon & Garfunkel – Homeward Bound
David Bowie & Stevie Ray Vaughan - Wild Is The Wind (Not Soundtrack)
Bruce Springsteen – Tougher Than The Rest
viernes, 13 de febrero de 2015
Mr. Turner
Un pintor ´iluminado`
La película Mr. Turner tiene dos figuras principales como protagonistas destacables, ambos son británicos y estudiantes en la Real Academia de Arte Dramático, dónde comenzaron sus carreras en el teatro y el cine. Además, el director Mike Leigh es hijo de un médico inmigrante judío, quizás de ahí su interés por las enfermedades y las clases sociales trabajadoras, mientras que el entrañable y estimulante actor Timothy Spall amante del arte y los retratos de personajes de época nació del vientre de una peluquera.
Estas características, sin importancia para su trabajo inicialmente, si tienen que ver con Sir Joseph Mallord William Turner, Mr. Turner nacido en 1775 y criado en las raíces culturales del Romanticismo, que durante su niñez observaría la vocación empresarial de su padre por las pelucas y los pelos.
Sin embargo, tras la muerte de su hermana pequeña a los once años, desconectaría de ese mundo hermético de cuatro paredes para adentrarse en los viajes y fijarse en lo externo, en la arquitectura y la naturaleza, en su poder para destruir y cambiar los paisajes.
Por ello, su carácter fue cambiando (aunque siempre jovial) para adentrarse en la observación y la ambigüedad solitaria del artista, pues poco después ingresaría en la Royal Academy of Art de Londres, cuando había dado muestras de su precoz genialidad para la pintura.
En 1802 se convertiría en miembro destacado de una generación romántica que exponía sus obras ante las principales familias nobles y regias de la Inglaterra victoriana.
Timothy Spall hace uno de los papeles de su vida, esperado desde el comienzo de su carrera en la mítica y musical Quadrophenia, ahora como Mr. Turner aguardando una luz determinada y los colores naturales adecuados para comenzar a interpretar su obra. Siempre atento a la fuerza de los fenómenos atmosféricos, del paisajismo cambiante y los cambios tecnológicos y artísticos, se dedicaba a tomar notas a sanguina en pequeños cuadernos de dibujo para captar el instante. Decía: “ Pintar lo que se ve, no lo que se conoce”.
En la película es difícil atrapar esos momentos de inmovilidad del artista, ensimismado con los colores y la luz, concentrado en sus bocetos y alimentado por los viajes a través de su amado río Támesis y el océano. Barcos al óleo representando circunstancias históricas, mitología mezclada entre azul cobalto y toda la gama de amarillos existente, escupía sobre sus cuadros y pincelaba sus acuarelas como un animal excitado busca un momento de placer o éxtasis.
Así era su vida, alrededor del arte más variado, desde la música que veía con los ojos, la poesía que meditaba entre gruñidos o la fotografía que abría las puertas a otra generación de artistas. Pero, como el sabía, la inmovilidad de su trabajo y las temáticas pictóricas estaban envueltas de todo lo contrario, masas de agua y aire que formaban sus pinturas o cambios drásticos en su estilo naturalista y paisajista. Cambios que provinieron, en gran medida, de sus viajes por Francia y el Louvre, Suiza u Holanda e Italia, conociendo los movimientos de sus distinguidos camaradas y tomando prestado las ideas de otros genios como Albert Cuyp, Claudio de Lorena, Rembrandt o Tiziano.
Seguramente muy distinto a lo aprendido de sus maestros Sir Josuah Reynolds y Paul Sandby, que consiguieron de Mr. Turner uno de sus alumnos más brillantes y personales de la época.
La película de Leigh también dibuja un escenario personal durante sus últimas décadas de vida, desde su enfermedad respiratoria (probablemente inducida por el ambiente húmedo de la ciudad) y las relaciones con su padre o sus mujeres. Una madre que enloqueció siendo aún muy joven, una hermana dramáticamente fallecida, una ex-mujer que desprecia su forma de vida pero ama su dinero, una criada que es tomada sexualmente al asalto salvaje y negada en su personalidad de mujer, y por último, una amante en una estancia luminosa que le lleva a una doble identidad.
Son los rasgos nasales que siempre le traen el recuerdo de otra de sus pasiones, la mitología y la historia clásicas, a golpe de pincel y comidas sabrosas mezcladas con sexo en la ventana, alcohol o drogas, identificado con la libertad del hombre y des espíritu renovador.
Leigh idealiza en su cine las clases sociales más bajas, pero en Mr. Turner se combinan con la aristocracia de las clases adineradas y su pomposidad de palabra u obra, de forma magistral y con sentido crítico. A la vez que Timothy Spall escandaliza a sus coetáneos con un proceso de abstracción y confusión, adelantando otra época caracterizada por el impresionismo, las formas y la claridad onírica de nuevos paisajes.
De aquí nacen su Ulises mofándose de Polifemo, dónde el héroe arranca el ojo al monstruo, más La Valiente Teméraire remolcada desde el último punto de anclaje para ser destruida, dónde el Sol Poniente y la Luna Creciente rivalizan por el cambio de era tecnológica, y Lluvia, Vapor y Velocidad dónde ya es un hecho la entrada de nuevos motores en la ciencia y el arte.
Obras de un maestro que tendría por delante muchos amaneceres antes de que la enfermedad le robara los últimos alientos de vida y su anticipada visión de la pintura. Después de que El Amanecer con Monstruos Marinos, quedara como tributo a los ciudadanos de manera libre y gratuita, contra la especulación del dinero y a favor de la dedicación solitaria del artista.
Aunque, actuara alguna vez como mascarón de proa de una generación contra los críticos, sus ojos se fijaban en la nariz de diosas, de manos musicales o de criadas abandonadas a su suerte, en un mundo dirigido por los hombres, pero reinado por una mujer.
Leigh ha construido su última gran película, entre la vejez marcada por los rasgos geniales de la locura, esa depresión jovial y la enfermedad, con que ha regalado a su amigo y compañero (en cinco ocasiones) Timothy Spall este personaje visionario y ganador como mejor actor en el Festival de Cannes.
Ojalá su colaboración por muchos años más, a pesar de la crónica leucemia mieloide del actor londinense, que le lleva a pensar cosas geniales como ésta: “No sabía lo que me había enfermado, pero el estrés tiene algo que ver con ello y el punto ahora es enfrentar al estrés. Hizo darme cuenta de las cosas y llegar a ser más selectivo. Estoy menos preocupado por el empleo. Realmente hago mi trabajo, por lo cual no estoy tenso en el set, porque realmente no sé lo que estoy haciendo”.
Toda una revelación y otra joya del arte pictórico y de la fotografía, como no podía ser de otro modo tratándose de Mr. Turner, cuando se disponía a preparar su último gran lienzo, junto a la ventana de su pequeña habitación de Chelsea.
Esta película es un homenaje a todo los amantes... de la pintura.
**** Notable ****
Mr. Turner – Soundtrack by Gary Yershon.
Mr. Turner and the Summer Exhibition (Making-Of)
Nightcrawler.
Monstruos retratados.
Pocas veces habíamos visto a un Jake Gyllenhaal tan oscuros y con semejantes ojeras. Es normal al ir arrastrándose como una araña por la noche en busca de nuevos encuentros para ser filmados, así sus ojeras han ido ampliándose desde que se le vaciasen las cuencas en las extrañas pesadillas que le visitaran en Donnie Darko.
Ahora acercándose a la cuarentena, se ha oscurecido más si cabe, tras sus interpretaciones en películas con fondo criminal como Prisioneros y Enemy, y se pone tras la cámara (la propia de su personaje Lou Bloom) con el rostro de Frankenstein de las filmaciones truculentas para llevarse un codiciado dinero. Sin embargo, ni Nightcrawler es el mejor vehículo para lucirse ni sus ojos se parecen al gran Boris Karloff para inquietar al personal, a pesar de sus esfuerzos por mantener a flote la película.
Tampoco, las imágenes que graba y edita, a su vez, son rodadas con buen pulso y un argumento arrollador para competir con otras producciones que se presentan este año en los Oscar´s. Pues, el guionista Dan Gilroy (The Fall, El Legado de Bourne), que aquí se sitúa tras la cámara, se ha dejado arrastrar por unas secuencias demasiado estereotipadas sobre la violencia y las imágenes que aparecen en las cadenas de televisión, ni reproduce el temor que éstas producen en los telespectadores. Los grandes olvidados del filme.
Desarrollar una película sobre esta amoralidad que se expande por nuestras calles, con la consecuente devaluación de los valores humanos, centrándola a la vez en el ámbito del periodismo y sus agregados sin título, es una evidencia del debate que se abre en la mayoría de sociedades en la actualidad. También del futuro de algunas profesiones que pudieran estar siendo invadidas por "arañas" falsas y manipuladoras.
Sería evidente traducir el problema de los infiltrados en cualquier profesión haciendo una mayor crítica sobre los pasos que llevan a alguien a lanzarse de esa forma a la vida nocturna, y la muerte. También, el poder que ejercen los medios y profesionales angustiados por sus situaciones personales, que se vuelcan en la charcutería fina para continuar en los primeros puestos de las audiencias, aunque haya que tratar con individuos de tan baja calidad moral. Convirtiéndose en una sombra peor que ellos.
La sociedad que abandona unas reglas de comportamiento se verán abocadas a la desintegración y la manipulación, en definitiva al imperio del miedo. Porque esta invasión furtiva de personajes ilegales será a la larga una lacra para todos los estamentos, tanto públicos como privados, y las profesiones que hasta ahora parecían limpias y respetables, se convertirán en un basurero de imágenes impactantes y ninguna solución.
Dan Gilroy escribe con cierta repetición las secuencias por las calles de Los Ángeles, pareciendo conocer bien lo que esconden sus anocheceres y la fauna que circula en busca de víctimas propicias (normalmente la clase media y blanca) como protagonistas de los noticieros y sus aperturas con los sucesos diarios. Sin embargo, siento que Nightcrawler fotocopia excesivamente algunas secuencias y no denuncia ni avisa de los peligros que sugiere, muy de lejos.
Aunque, el guion solamente se trate de una ficción, si que hay algunos elementos enjuiciables que se dirigen hacia prácticas ilegales, casi esperpénticas delante de los cuerpos de protección ciudadana. Pareciera un panorama tan increíble que cuesta bastante digerir y encima se permita en favor de una libertad indebida y el nulo esfuerzo para conseguir un trabajo en que prima la espera, y las carreras con la competencia.
Creo que el personaje de Gyllenhaal es tan execrable como estúpido, y la cinta se deshace con una desvirtualización que lleva al desencuentro con los profesionales, o por último con un público que se encuentra perdido. He leído algunas referencias a otras películas que pudieran ser las antecesoras de Nightcrawler en cuanto a temática, pero no hallo demasiadas coincidencias ni interpretativas ni artísticas, como Driver o Taxi Driver, o El Gran Carnaval y Network. Creo que nos hemos vuelto un poco locos, además al comparar a Gilroy con estos directores o el mismísimo David Lynch, pero bueno, son interpretaciones y gustos.
El Frankenstein creado por la presencia exultante de Internet queda bastante diluida, y la búsqueda de carnaza con que alimentar la voracidad de los medios de comunicación, parece ser presa de esas imágenes violentas que no son tan impactantes viendo la actualidad. Tampoco la competencia entre las distintas productoras dedicadas a aumentar las audiencias a cualquier coste.
Realmente este monstruo (y otros que delinquen) se debate entre las exigencias, más bien extorsiones para alcanzar lustrosos contratos y la manipulación de los contenidos o las pruebas. Para ello, se convierte en algo distinto a un ladrón menor, dirigiendo los pasos a invadir la intimidad de las víctimas, propagando el terror entre los ciudadanos, en un ciclo sin fin que entra en el salón de nuestros hogares.
Ni Rene Russo, ni Bill Paxton con tablas suficientes en el mundo del cine han logrado que me interese por sus noticias, más impactantes o truculentas que eficaces para mis intereses críticos. Mientras la gente se encierra herméticamente con cámaras y altas vallas en sus propiedades y comunidades, con sus hijos protegidos como en cárceles del nuevo milenio.
Toda una temática de actualidad que hubiera necesitado más amplias miras para construir una historia creciente en interés y tensión, mirando más allá de los acontecimientos de extrema violencia y que producen un debate diario en los profesionales y el público en general. La presentación cinematográfica me ha parecido demasiado retenida y falta de dicha tensión dramática, en concreto algo reiterativa con los momentos de espera.
Y una reflexión. Si se propagan en las noches este tipo de personajes deambulando por nuestros barrios e invadiendo domicilios privados con nula moralidad, será sin duda una pésima noticia para la palabra más ultrajada de nuestros días. La libertad.
Por otro lado, la profesionalidad y legalidad en la información de los medios de comunicación estarían en serios problemas de credibilidad, observando un horizonte dónde los monstruos andan a sus anchas.
Como un verdadero Depredador Nocturno.
Pienso que hubiera dado de sí en manos de otros directores como Dennis Villeneuve (por no decir de las referencias que se han comparado) y he visto suficiente pulso en la denuncia que subyace en Nightcrawler.
** Pasable ***
Nightcrawler Soundtrack - Faith in Love
Judas Priest - Night Crawler
Judas Priest - Night Crawler
Pocas veces habíamos visto a un Jake Gyllenhaal tan oscuros y con semejantes ojeras. Es normal al ir arrastrándose como una araña por la noche en busca de nuevos encuentros para ser filmados, así sus ojeras han ido ampliándose desde que se le vaciasen las cuencas en las extrañas pesadillas que le visitaran en Donnie Darko.
Ahora acercándose a la cuarentena, se ha oscurecido más si cabe, tras sus interpretaciones en películas con fondo criminal como Prisioneros y Enemy, y se pone tras la cámara (la propia de su personaje Lou Bloom) con el rostro de Frankenstein de las filmaciones truculentas para llevarse un codiciado dinero. Sin embargo, ni Nightcrawler es el mejor vehículo para lucirse ni sus ojos se parecen al gran Boris Karloff para inquietar al personal, a pesar de sus esfuerzos por mantener a flote la película.
Tampoco, las imágenes que graba y edita, a su vez, son rodadas con buen pulso y un argumento arrollador para competir con otras producciones que se presentan este año en los Oscar´s. Pues, el guionista Dan Gilroy (The Fall, El Legado de Bourne), que aquí se sitúa tras la cámara, se ha dejado arrastrar por unas secuencias demasiado estereotipadas sobre la violencia y las imágenes que aparecen en las cadenas de televisión, ni reproduce el temor que éstas producen en los telespectadores. Los grandes olvidados del filme.
Desarrollar una película sobre esta amoralidad que se expande por nuestras calles, con la consecuente devaluación de los valores humanos, centrándola a la vez en el ámbito del periodismo y sus agregados sin título, es una evidencia del debate que se abre en la mayoría de sociedades en la actualidad. También del futuro de algunas profesiones que pudieran estar siendo invadidas por "arañas" falsas y manipuladoras.
Sería evidente traducir el problema de los infiltrados en cualquier profesión haciendo una mayor crítica sobre los pasos que llevan a alguien a lanzarse de esa forma a la vida nocturna, y la muerte. También, el poder que ejercen los medios y profesionales angustiados por sus situaciones personales, que se vuelcan en la charcutería fina para continuar en los primeros puestos de las audiencias, aunque haya que tratar con individuos de tan baja calidad moral. Convirtiéndose en una sombra peor que ellos.
La sociedad que abandona unas reglas de comportamiento se verán abocadas a la desintegración y la manipulación, en definitiva al imperio del miedo. Porque esta invasión furtiva de personajes ilegales será a la larga una lacra para todos los estamentos, tanto públicos como privados, y las profesiones que hasta ahora parecían limpias y respetables, se convertirán en un basurero de imágenes impactantes y ninguna solución.
Dan Gilroy escribe con cierta repetición las secuencias por las calles de Los Ángeles, pareciendo conocer bien lo que esconden sus anocheceres y la fauna que circula en busca de víctimas propicias (normalmente la clase media y blanca) como protagonistas de los noticieros y sus aperturas con los sucesos diarios. Sin embargo, siento que Nightcrawler fotocopia excesivamente algunas secuencias y no denuncia ni avisa de los peligros que sugiere, muy de lejos.
Aunque, el guion solamente se trate de una ficción, si que hay algunos elementos enjuiciables que se dirigen hacia prácticas ilegales, casi esperpénticas delante de los cuerpos de protección ciudadana. Pareciera un panorama tan increíble que cuesta bastante digerir y encima se permita en favor de una libertad indebida y el nulo esfuerzo para conseguir un trabajo en que prima la espera, y las carreras con la competencia.
Creo que el personaje de Gyllenhaal es tan execrable como estúpido, y la cinta se deshace con una desvirtualización que lleva al desencuentro con los profesionales, o por último con un público que se encuentra perdido. He leído algunas referencias a otras películas que pudieran ser las antecesoras de Nightcrawler en cuanto a temática, pero no hallo demasiadas coincidencias ni interpretativas ni artísticas, como Driver o Taxi Driver, o El Gran Carnaval y Network. Creo que nos hemos vuelto un poco locos, además al comparar a Gilroy con estos directores o el mismísimo David Lynch, pero bueno, son interpretaciones y gustos.
El Frankenstein creado por la presencia exultante de Internet queda bastante diluida, y la búsqueda de carnaza con que alimentar la voracidad de los medios de comunicación, parece ser presa de esas imágenes violentas que no son tan impactantes viendo la actualidad. Tampoco la competencia entre las distintas productoras dedicadas a aumentar las audiencias a cualquier coste.
Realmente este monstruo (y otros que delinquen) se debate entre las exigencias, más bien extorsiones para alcanzar lustrosos contratos y la manipulación de los contenidos o las pruebas. Para ello, se convierte en algo distinto a un ladrón menor, dirigiendo los pasos a invadir la intimidad de las víctimas, propagando el terror entre los ciudadanos, en un ciclo sin fin que entra en el salón de nuestros hogares.
Ni Rene Russo, ni Bill Paxton con tablas suficientes en el mundo del cine han logrado que me interese por sus noticias, más impactantes o truculentas que eficaces para mis intereses críticos. Mientras la gente se encierra herméticamente con cámaras y altas vallas en sus propiedades y comunidades, con sus hijos protegidos como en cárceles del nuevo milenio.
Toda una temática de actualidad que hubiera necesitado más amplias miras para construir una historia creciente en interés y tensión, mirando más allá de los acontecimientos de extrema violencia y que producen un debate diario en los profesionales y el público en general. La presentación cinematográfica me ha parecido demasiado retenida y falta de dicha tensión dramática, en concreto algo reiterativa con los momentos de espera.
Y una reflexión. Si se propagan en las noches este tipo de personajes deambulando por nuestros barrios e invadiendo domicilios privados con nula moralidad, será sin duda una pésima noticia para la palabra más ultrajada de nuestros días. La libertad.
Por otro lado, la profesionalidad y legalidad en la información de los medios de comunicación estarían en serios problemas de credibilidad, observando un horizonte dónde los monstruos andan a sus anchas.
Como un verdadero Depredador Nocturno.
Pienso que hubiera dado de sí en manos de otros directores como Dennis Villeneuve (por no decir de las referencias que se han comparado) y he visto suficiente pulso en la denuncia que subyace en Nightcrawler.
** Pasable ***
Nightcrawler Soundtrack - Faith in Love
Judas Priest - Night Crawler
Judas Priest - Night Crawler
miércoles, 11 de febrero de 2015
Foxcatcher.
Amigos para siempre...
Un escrito puede edificarse mediante una simple anécdota, al igual que una película puede construirse alrededor de una historia poco interesante a priori.
He podido observar que este año, las películas que compiten por hacerse con un Oscar (siempre vistas hasta ahora) tienen algunos rasgos en común poco relevantes. Además de desarrollar historias basadas en ciertos momentos históricos o representativos, biográficos y destructivos para algunos de sus protagonistas.
Con causas internas y personales o acciones de personas a su alrededor que producen la decadencia, tanto en escenarios propios de Pennsylvania y hechos reales como imaginarios.
Uno de esos rasgos emparentados, tiene que ver con el físico de los personajes a quienes se interpretan los actores, bien por su personalidad manejando unas baquetas, a través de dos científicos con olfato para los grandes descubrimientos, cómicos y héroes, o un hombre-pájaro a ritmo de jazz con cambios emocionales y profesionales.
En la cinta Foxcatcher dirigida con impactante y resolutiva tensión, a manos de un director Bennett Miller que aporta un puñado de obras cinematográficas en conjunto gratificantes (aunque escasas) como Truman Capote o Monneyball, toda la emoción se esconde tras las interpretaciones de un reparto de peso pesado. Quizá un director dedicado al mundo del deporte rodado para la gran pantalla.
Sobre todo, lo que tapan los trajes o disfraces entre la lucha y el estado catártico es una atmósfera extraña, tras músculos y armas, barbas y postizos, encontramos caballos y jeringas. Esto es, bajo la goma de alguna prótesis nasal que otra, esta hornada de filmes tiende a la aportación dramática y cómica especialmente ácida, son algunos de los protagonistas de la noche de los Oscars. Se podría comentar que los directores, actores y guionistas de este año se caracterizan por su gran olfato.
Foxcatcher además, es un lugar singular, apartado del exterior y de apariencias.
La película es una vuelta al pasado más próximo a mi generación. Los ochenta con sus dudas y sus brillos, con la esperanza de conseguir nuevos retos (físicos e intelectuales), con consumo de drogas y la personalidad individual alterada (escondida y visceral) bajo los lazos familiares, que a veces aprisionaban más que una llave estranguladora sobre un ring de lucha libre.
Foxcatcher es, también, una hacienda millonaria, con ricos excéntricos y secretos ocultos en soledad. Tras otra nariz exuberante como su actor protagonista Steve Carell, hallamos una capa gruesa de mentiras y miradas separadas. Mediante la construcción de un personaje entre lo histriónico y lo divertidamente patético que lucha mediante la constancia con su doble cara. Sensacional junto al resto del reparto.
Su familia, los Du Pont han edificado un imperio de exhibicionismo y su papel es un reflejo de las posibilidades de un actor que viene demostrando su calidad con otros proyectos profesionales. En una historia con alta carga ideológica sobre el paradigma humano, entre la ambición o el valor personal y los defectos o rasgos que acentúan las decisiones personales. Se asoma la rentabilidad de una actividad minoritaria y la representación de unos valores patriotas frente a los egos. Todo parece poco rentable a priori, como todo lo existente, como enigmas, como Birdman y la batalla del viejo jazz en Whiplash. Tendencias a la desaparición provocada por la cabeza del águila dorada, semejante a la calidad del material de aquel Halcón Maltés, sobre el que se forjaban los sueños.
Sin embargo, odiamos lo que representa la imagen de alguien o lo que le rodeaba. Good.
Esas son las relaciones que rodean la eterna pelea, las discrepancias y actitudes irresolubles ya, entre una madre e hijo corriendo paralelamente a el duelo de un hermano mayor y otro menor, y la amistad confusa que confluye entre ellas.
Son individuos tan diferentes como aunados en el terreno emocional.
Foxcatcher reparte la fisicidad del deporte, la crítica de ciertos comportamientos y el egoísmo del éxito personal. Mientras los actores que compiten cuerpo a cuerpo entre sí, entrelazando sudor e historias, marcan el sorprendente escenario flemático y visión nasal de un cómico abriendo nuevas etapas (tanto monta Carell como Keaton con sus diferencias), y el director Miller.
Por supuesto, sin desdeñar el magnífico trabajo de sus compañeros de reparto, a Channing Tatum creciendo y forcejeando con su hermanado Mark Ruffalo, siempre convincente y seleccionando buenos papeles. También junto a Sienna Miller y Vanessa Redgrave en pequeñas apariciones en una película de hombres, pero con papeles de guía como madres esforzadas enseñando músculo ante sus familias tan separadas en el tiempo y la realidad.
Todo acompañado por un guion resuelto en la construcción de unos personajes (en principio tan indiferentes), marcados por sus comportamientos y aptitudes morales tan dispares, que ayudan a magnificar esta trama real de pasiones olímpicas, héroes y deportes íntimos.
De ellos parte su estructura decadente, su atmósfera sofisticadamente enferma y los retratos de una época que tiene dos direcciones, una denunciable respecto a su moralidad y otra, paradójicamente, entrañable. Por tanto, gran trabajo de sus guionistas acostumbrados a manejar la sonrisa como Dan Futterman y E. Max Frye encaminado hacia un retrato de parafernalia deportiva que desconocía. Todo compactado en unas imágenes impolutas por su rodaje y montaje, y el trabajo de una banda sonora minimalista y convulsa por la utilización de instrumentos, compuesta por Rob Simonsen que funciona como un trabajo de desgaste en la lucha.
No será la gran favorita, pero rebosa calidad a raudales, gracias a la nariz de un zorro como Steve Carell y el jefe dirigiendo Bennett Miller. Pues, se debe descubrir lo que esconde esta película en los vestuarios, al quitar el fango del ring y hallar vidas perdidas, inexistentes.
Tragarse el barro pisoteado en una cacería que salpica a todos los personajes, entre sangre, droga o miedos al fracaso, a asimilar el oro del triunfo. Por medio quedarán los reproches y las falsedades, incluidas narices postizas y postureo ante la realidad de vidas fracasadas, también de unas interpretaciones renovadoras en algunos casos y academicistas en otros.
La competición que va a comenzar y será salvaje por acceder al podio, tan salvaje como algunos relatos de este año... y unos directores bastante disfrazados, inteligentemente “zorros”.
**** Notable ****
Rob Simonsen – Olympic Losses ( Foxcatcher Soundtrack ) .
Jóhann Jóhannsson - Escape ( Foxcatcher Soundtrack)
Arvo Pärt & Alexander Malter - Für Alina ( Foxcatcher Soundtrack)
Posted by Nino
SIRIUS-III
lunes, 9 de febrero de 2015
Whiplash.
El Jazz pugilístico con Whiplash.
Aquella jornada no iba a ser como otra cualquiera de su vida, ya que durante los días precedentes de su existencia su mente había soñado con estar en la situación actual. Las tensiones se había ido acumulando, entre él y los participantes en las primeras escaramuzas.
El joven llamada Andrew Neyman se desvivía por tener un bis a bis, había pasado toda la noche sin pegar ojo pensando en reencontrarse con su rostro ejecutor, alguien que tanto le estaba alterando física y psicológicamente.
Parecía que el reloj se detenía a cada segundo, resonando en el silencio de la noche. Eran las 6 o las 9 de la mañana, quién sabe. Aunque el canto del gallo había dado plantón a su nerviosismo, éste le indujo a saltar precipitadamente a la calle antes de que los primeros rayos del sol alumbraran su rostro cansado y apareciera sobre los tejados de los edificios. ¡Mueve tus pies Andrew, rápido!
Tanta prisa para reencontrarse con el temible Terence Fletcher, y ahora una larga espera con las armas preparadas y enfundadas como las baquetas de una batería. Era otro intento por demostrar que dominaba el temblor en sus manos y se distinguiría por ser el más rápido sobre el terreno.
Andrew lo sabía, estaba preparado pues había estado practicando durante largo tiempo, ejercitando sus músculos y concentrándose en el objetivo. Toda una vida para intentar alcanzar a los más grandes, tentados por el alcohol o las drogas, con lanzamientos cortantes a sus cabezas y bravuconerías de todo índole, insultos graves hacia sus parientes más cercanos, que intentaron minar sus esfuerzos. Ser el mejor.
Andrew se había adelantado, el enfrentamiento no se produciría hasta tres horas más tardes ya con el sol luciendo con cierta fuerza. Tres horas para mentalizarse y hacer frente al gran combate que se avecinaba en el horizonte. Un duelo a muerte, no entre 6 cuerdas de bajo u 8 como en una guitarra, porque este ring estaba cubierto de sombras y sangre reseca de otros combates.
Su estrategia sería plantear un combate con impactos bien sonoros, retumbando en todas las cabezas presentes, tanto amigos o conocidos como los espectadores que hubieran pagado su entrada para presenciar el duelo desde sus butacas.
En el lejano Oeste, hace un par de siglos, las cosas se habrían solucionado de otra forma con el Duque (no Ellington) marcando los pasos. Sólo podría haber quedado uno en pie, mientras el otro permanecería tirado en medio de la calle, agujereado y lleno de polvo.
Sin embargo, el boxeo como el jazz era más caballeroso. Sus sonoridades parecidas en la escala habían sido retratadas en multitud de ocasiones por la literatura negra y el cine de Hollywood. Se parecía en los movimientos agresivos y las improvisaciones, en la libertad con que se ejecutaban los movimientos, las notas.
Se asemejaban con los golpes precisos, el ritmo y la cadencia con que los púgiles sueltan sus manos sobre el rostro del contrario. Y las reacciones que provocaban en la audiencia, en un baile con su swing característico. Porque en Whiplash (una canción para el recuerdo) o Caravan (no hacia el Oeste), el sudor, las lágrimas y la sangre, teñían la piel tensa como la superficie de un bombo.
También de agravios personales resueltos a bofetadas, forzando las diferencias hasta límites insospechados para artistas sin guantes. E incluso, con la muerte rondando en el ambiente cargado de clubes nocturnos, pues muchos habían dejado aquel escenario musical perdido en el tiempo, incapaces de aguantar aquellos tremendos golpes de la fortuna y el éxito, con sus puños desnudos.
Otros, tenían la soga al cuello permanentemente, como seña de la responsabilidad y la frustración por no alzarse con el gran premio destinado a los genios. O maestros sin piedad.
Cinco horas golpeándose sin descanso en aquel infausto ring, era demasiado.
Aquellos compañeros caídos se ocultaban en las sombras, presenciando un ritual que estaba lejos de terminar, para al fin formar parte de la banda. La competencia era tan extrema que las familias sufrían con ellos, por sus manos descarnadas y objetivo de una lengua tan afilada y ponzoñosa como las fauces de una serpiente en el desierto. Así, era esta industria de vencedores y vencidos. De desaparecidos.
Las notas surgiendo como crochets diabólicos, no se perdían por el recinto (de todo menos deportivo) ya que ahondaban como las huellas que marcaron sus caras en otros tiempos.
Después de aquella lucha sin cuartel, de despellejarse por fuera y por dentro, ahora tirados sobre la lona gimoteando como hienas hambrientas, era una batalla sin fin. Continuaban golpeándose e injuriando entre dientes. Maldiciendo una y mil veces.
El joven y el viejo, el maestro titular y el aspirante, que buscan la perfección y la sincronía como un baile estudiado, perfecto como lograsen el gran Buddy Rich o el Pájaro interpretando temas inolvidables como los ángeles, la figura de Charlie Parker planea siempre por la película (otra especie de Birdman a ritmo de batería de jazz). Como infinidad de genios que abrirían sus venas para que corriese la sangre de la música y los caballos se desbocasen hacia una muerte prematura. Aunque desapareciera la gran música, como el blues o el rock& roll sentenciados a una muerte bajo el sol. Quizás, alguno lograse convertirse en el nuevo rey del swing, en este ring salvaje de Oeste a Este, de Los Ángeles y San Francisco hasta el New York de Woody Allen por los alrededores del Cotton Club, lejos de la tierra prometida que inventase los nuevos ritmos.
Esta competición a muerte, está rodada con una visceralidad a prueba de otro joven aprendiz de maestro como Damien Chazelle (guionista también de El Último Exorcismo 2 o Grand Piano) que ha dado un paso excelso en su carrera como director de cine. Una fuerza tan asfixiante a cada plano, en cada hora de espera que se eleva por encima de la media artística en la próxima entrega de premios, desde su estreno en el Festival de Sundance, con unas actuaciones impecables de los dos pugilistas rítmicos. Enormes Miles Teller con su nariz de boxeador y manos de músico y, sobre todo, un inconmensurable J.K. Simmons.
Es posible que la cinta busque demasiado la excelencia, pero como en el boxeo... ¿quién no desearía el golpe perfecto?
Aquí, en Whiplash, el guion del mismo Chazelle se convierte en la obra maestra, con suficientes arpegios de calidad para tumbar al boxeador más bregado y conquistar al buen aficionado a la gran música, al viento y la percusión. A aquellos combates cuerpo a cuerpo, marcados por el oído o la Fama en las escuelas de arte (te echamos de menos en el mundillo actual Alan Parker) y de las calles y clubes por las que interpretara el gran Bird retratado magistralmente por
>Clint Eastwood.
Whiplash es una lucha constante, pero es la vida del músico dispuesto a alcanzar la gloria con el sufrimiento, o quedarse en la cuneta de la miseria.
El duelo interpretativo y de montaje, hace de Whiplash una velada tan excepcional como sorpresiva, en la que jazz (y boxeo poético) chocan sus puños en el centro del fotograma, el ring de las pasiones. Pero, dónde los golpes bajos y el todo vale, se apodera de numerosos asaltos en forma de secuencias magistrales.
Y el joven Teller no tira la toalla frente un Simmons desbordante, inmisericorde. Sino que lucha con todos sus medios a costa de perder las cosas que más parecía querer en la vida, mejor dicho en el filme o esta batalla jazzística.
Al final como en la inmortalidad, sólo puede quedar uno. Sólo ante el peligro, un Pájaro que canta con su plumaje desplegado al mundo, afinando sus ojos lacrimosos al triunfo, aunque aguantando los designios de unos impactos tan brutales y despreciables. Pues, el vencedor se alzará con los aplausos de un público y crítica entregados, en sintonía con aquellos viejos pistoleros que abandonaron el ring con el fracaso, sin volver la mirada cambiada atrás.
Para siempre, formarán parte la leyenda de la vieja Música y el cine.
**** Muy Buena *****
Caravan" is a jazz standard composed by Juan Tizol and first performed by Duke Ellington in 1936.
Martin Denny, Arthur Lyman, and Gordon Jenkins all covered it. Woody Allen used the song in two of his films, Alice and Sweet and Lowdown.
Duke Ellington - Caravan (with
>Ella Fitzgerald)
Whiplash written for Hank Levy (Whiplash Soundtrack).
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