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domingo, 20 de enero de 2019

Daredevil. Season III


El Defensor maldito, renacerá...

El año 1957 dibujó una parábola gráfica, respecto a la condición humana... y a veces hasta inhumana. Ya que en la población de Olney (Maryland) nacería un niño con una sombra en la mirada, que vislumbraría el futuro con la doblez de una hoja de papel y sus recónditos escondrijos en la mente. Vericuetos para la poderosa imaginación y la oportunidad, que le llegaría con el esfuerzo y la creatividad, años más tarde. Se convertiría en guionista multifunción, con tendencia a aquellos lápices de colores, que sirven para crear historias pintadas y se transforman en ráfagas de metafísicas de nuestra realidad. El historietista gráfico, conocido como Frank Miller, abrazó esa vida profesional a través de los fanzines que le abrirían la puerta a su trabajo más exitoso, entre las universalmente rivales, Marvel y DC Comics posteriormente, un ring no cruento que definía el colorido de los superhéroes y su lado reverso tan glorificado.

En un intento por renovar su cofradía de muertos vivientes, se relacionaría con otras alternativas paralelas o renacimientos dramáticos de última hora. Ese punto de inflexión de su pensamiento gráfico, maduraría durante el año de 1980 cuando se establecerían las bases críticas de próximas obras, con un carácter más ácido y violento. A través de una reflexión profunda sobre las conciencias enfrentadas de la sociedad, los debates internos que perseguían a sus personajes, tanto heredados como nuevas creaciones estilizadas.
Comenzando por aquel demonio de rojo, abogado sin miedo, que se debatía entre los despachos judiciales y las defensas moralizadoras de sus hazañas, para las que parecía predestinado (o condenado desde las alturas), con retos contraproducentes a los propios sentimientos. El romanticismo colgado de un bastón para invidentes del amor o sobre un cuadro tormentoso.

Allí junto a ellos, dos rivales sin toalla, nacieron también los artefactos cortantes o materiales explosivos del agente Ben Poindexter, más reconocido como Bullseye, la agilidad de cualquier tipo de movimiento, tanto guerrero como sexual, con que se presentaría la bella Elektra o la extraña obsesión, del individuo inmenso llamado Wilson Fisk o The Kingpin, por el surrealismo abstracto. Al reconocer que un conejo blanco en la nieve, puede ser invisible, como un amor exótico y amenazante, o que un enemigo es para siempre, sobre todo si está dibujado con cuernos. Él que parece tan impoluto... o no.
Todos los ejemplares de la nueva Marvel, serían parte de su historia a partir del número 168, mientras que las reminiscencias violentas se debatirían sobre su serie Ronin, que acabarían derribando las fronteras del cómic. Ese fue el número del nacimiento, que aquellos dibujos de David Mazzuchelli alargarían la figura de Born Again (1986), con el futuro en la mente, asaltando otros medios audiovisuales... pongamos una visión de 2025.

Una desequilibrada presencia en la gran pantalla y ahora, más cuidada y potente elaboración en esta serie de Marvel TV con el asesoramiento de nuestro admirado Stan Lee, que nos dejó sin otro defensor, del cómic. La gran pantalla ya es otra cosa, como pronto adivinaréis, en la Web...

Daredevil ha ido conviviendo en una época de confusión tecnológica y binaria, que terminaría sumergiéndose en la oscuridad resiliente como lo fuera aquel viejo confundido y torturado, The Dark Knight Return, aunque albergando en su interior la esencia del héroe. También ocurriría en su posterior resurrección, dibujando Batman: Año Uno. Después, los reinventados años noventa, servirían el ambiente de para novelas gráficas más impactantes, guiadas también en el mundo cinematográfico, para la edición de las primeras bocanadas históricas en Los 300 y aquella pecaminosa oscuridad de Sin City, retomando algunas de sus principales influencias en la memoria juvenil. Sin duda, lo mejor de aquel pequeño ´Franky` cargado de sueños.
Sus ojos profundos, veían con fascinación, los actos heroicos de otras eras convulsas, la película del director de origen polaco Rudolph Maté en 1962, se acercaba a la épica con el título original de The 300 Spartans o el más felino de El León de Esparta. Mientras que el espíritu más introspectivo, se iría a las penumbras estereotipadas del cine negro, que se dirimían en las novelas negras de Micky Spillane a través de la sonora contundencia de Mike Hammer, y anticipaciones de los guiones para Capitán América y el próximo Capitán Marvel, o Shazam para no caer en discrepancias entre universos.

El cuadrilátero callejero iba creciendo con enemigos poderosos, múltiples presencias, sin artificio ni misericordia. Ideas y trajes almacenados en la reserva de su cerebro, esperando su despertar clarificador en el Universo, pero aumentando la violencia ciegamente. Ésta sería una constante en su carrera como dibujante de novelas gráficas y un estímulo para el rojo de sus rotuladores. Así como ese punto de sacrificio heroico, que sobrepasa el carácter mortal de sus personajes, que golpea con dos temas esenciales, la condena y la redención personal. Hasta, en último lugar, caer sobre la redes de aquel mítico Spiderman, condimentando su nueva salsa, a la limón marvelita entre el dibujante Steve Dilko o el siempre idolatrado por todos, gran "general" Lee... Por cierto, ¿qué será de sus apariciones al estilo Don Alfred Hitchcock?
Yo apostaría a que siguieran respetando su imagen y forma, como un homenaje al creador de futuros, o alma máter de héroes y villanos, descanse en paz Mr. Stan sobre las alturas en que siempre se balanceaban sus creaciones.

Toda una carrera para Frank Miller cubierta de esperanzas, revelaciones y ensayos, que finalizan mediante sus controvertidos trabajos de la última época, por ahora. Los dibujos compaginados con guiones de cine, girando alrededor de los tebeos o participando como asesor de dirección, hasta el turbulento 2000 que amenazara con el fin de los tiempos tecnológicos, y que terminaría minando su resistencia casi sobrehumana. Ya a la espera de otras nuevas visiones sobre nuestro querido hombre murciélago y el humano sensitivo que no tenía miedo... a nada. O nadie... si es que existe.
Mr. Miller abrió su mente y expandió las habilidades del Diablo de Hell´s Kitchen, formalizó su idiosincrasia y pensamiento, de una manera ambivalente, como la ciudad de Nueva York. Luminosa vidriera de día, caleidoscopio de realidades, también recalcitrante en el subsuelo o maquiavélicamente oscura a partes iguales. El diablo rojo se vistió de gala, reclamando el anonimato deseado, envuelto en gasas espartanas, de soga y máscara de espadachín negro, una especie de guerrero filosófico, con emociones enfrentadas.

Born Again creó las sentencias de una historia más complicada, distante para los más reacios al pensamiento crítico o las creencias del alma. Así que ¡adiós!, no creyentes. Si no aparece otro medio audiovisual sobre el fuego pecaminoso, del que ya existe alguna noticia... y recibamos con un ´hola` sincrético, a esta controvertida y bipolar tercera temporada. Sobre un diablo aparentemente cegado por las creencias, es decir de un superhumano mentalmente desequilibrado, o Daredevil del demonio.

Aunque esa otra discrepancia televisiva, sería una historia paralela, o el final de Daredevil...

¿Ángel o Diablo?

Intentando no caerse en la sartén del maligno, saltando a través de dibujos que alimentaban el suspense y esa espiritualidad en conflicto continuo, luminosa o tenebrosa, según el punto de mira, confluyen los valores arquetípicos del ser humano y las preguntas sin respuesta. Por tanto, para mi entendimiento personal, he consultado con algunos otros iluminados de los cómics y las series de nuestra época, y no sostienen la táctica envolvente empleada en la narración, en su gran mayoría, reticentes ante esos aspectos metafísicos, que desarrollan la confusión ética del individuo. Los que se nutren de una fe (no tan ciega) que sería catalogada de tortuosa o fuera de un contexto atractivo, de una historia actualizada con nuestra realidad contemporánea o las exigencias científicas.

Quizás por ello, después de dos maravillosos pretéritos televisivos anteriores, o antecedentes junto a Drew Goddard y Steven S. DeKnight, se piense en prescindir de Él, con últimas tendencias sociológicas, tan desfasadas en el ambiente revolucionario que sonrojarían al mismo Lenin o un destructor Terminator venido del futuro y conocedor de lo inimaginable. Por ende, la serie Daredevil vuelve de manera conflictiva, preguntándose (con la reticencia monumental del Kingpin, siempre el otro), si dar finiquito a la mafia con matarile y la religión, sin ninguna remisión.
En ese mismo punto de arranque o angustia espiritual, del personaje que participaría en un, no retorno, o vestido de otra cosa menos diabólica o más terrenal. Polémica existencial, descrita en la mayoría de nuestras conciencias o en las reflexiones de los protagonistas de un Universo muy particular. Igual que los ramalazos oscuros de un Punisher, etiquetado en el sentido contrario, como muchos de esos personajes de Marvel en el tiempo, que confrontan dos percepciones de la realidad, su mediática función sacrificada y su propia identidad.

Opciones contrapuestas, como la percepción o la imaginación, siguiendo dos tonos que se neutralizan el uno al otro, tal que la noche y el día. Con la muerte recurrente, de tonalidades blancas y sentencias épicas, diseñada sobre el pecho, o los últimos estertores de una personalidad difuminada por el miedo y el peso de la culpa, extraviada en las cuencas vacías de una calavera, hasta la negrura total y radicalizada que recorrería las terminaciones de su espalda. El buen Murdock y sus debilidades.
Físicas o humanas, comprometen el comportamiento del héroe en la serie... o más allá, ante el engaño de su propia alma humana en continua contradicción, semántica e ideológica. Tanto que sería necesario, de cara al futuro para despejar incógnitas que le apuntan con el dedo desde ciertas alturas, aquellos juicios paralelos que se reflejan, una y otra vez, en la historia o las páginas escritas de una sociedad golpeada por desigualdad y corrupción. Las mentiras y fake news, mirando de frente de nuevo, con más actitud, con otro nombre más castigado o ajado, si acaso... se define como... ángel o diablo.
La respuesta está en los colores o los cuadros... Partículas de leve grisáceo en su estructura, se desprenden de las paredes, arrancando bocadillos de las hojas de papel tintado. Lanzándolas al aire de Hell´s Kitchen, frente a las estilizadas vidrieras, coloreadas por la imaginación y una doble intención, arrancadas por dedos desnudos y mundanos, propios de un creador que, apunta a esos pensamientos más elevados del ser humano, alejándose de cualquier arraigo que pudiera significar un obstáculo insalvable, dentro de su idea sobre la acción heroica y la justicia.

Precisamente, es ángel... porque teme que, ella "la justa" de la balanza, no tenga poder para proteger a sus seres queridos y mortales, de amigos que serían perseguidos tras el antifaz de su cara. Rústico y deshilachado como su pasado, ante las vidas inocentes puestas en peligro frente a la oronda luminosidad del mal. Debido a su propia indecisión o debilidad, sería el diablo, pues Murdock tendrá que enfrentarse a sus propios demonios, de cara a estas interacciones privadas o las hazañas inacabadas... que llegarán, o no.
También es prófugo de incógnito, porque va vestido como la noche, acorralado por los pensamientos, las instituciones y medios, la némesis. Más reniega de su fe, adquirida en penumbras pretéritas, como los recuerdos familiares de un ánima atormentada por el fracaso y olvido. Renacido sí, con puntos de sutura, ante un futuro incierto como su misión o juramento elevado.
Su alma se desdobla a cada instante, capitulando dos caras que se sumergen en una vorágine depredadora, parecieran cuatro, uno en cada esquina del cuadrilátero.

Sacrificio doloroso, manos y rostros congestionados, humanidades sudorosas y sangrantes, curiosamente, justo lo contrario a aquello que referirían los manuscritos bíblicos de bondad vecinal, en su enseñanza académica y mística... Por consiguiente, es el juego habitual, del tópico bien y el mal, enfrentados o sentados en los cuatro ángulos de la historia, hasta el infinito.
Así arrastra su personalidad el Diablo Rojo, a través de una condena personal como héroe por iluminación, con la responsabilidad cargada a sus espaldas doloridas, sopesando su propia vida y esa herencia adquirida en el ring sentimental, pues los pecados o miedos reprimidos, existen, son parte de su piel.
Terminarán enrareciendo la tarea de un púgil combativo, su referente familiar, o antihéroe forzado para ciertas consciencias, enrollándose sobre sus puños, como serpientes pecaminosas o muescas diseñadas sobre las incipientes arrugas de su frente. Algo parecido a las del padre contra los guantes ajustados con peso de tornillos y tuercas, para desequilibrar un combate.

Confeccionada la quemadura emocional, con el esparto protector que utilizase un guerrero de antaño, ninja tal vez... y que enraizara en su carne para desgarrar los recuerdos de otros. El hombre sin miedo se aparta del dolor ajeno, de Karen, temeroso, aunque temerario a la vez, frente a otros rostros ampulosos del mal, con próximas dianas frontales.
Esta antigualla de traje heroico, es una visión, que ya no defiende la libertad porque se emborrona con intereses reflejados, ni luce cuernos diabólicos, pues los perdió en un fuego incesante que son la punta de lanza sobre una amenaza. Un juramento infinito desde la esquina del cuadrilátero opuesta, que será la obesa respuesta. Ese si que es un peso pesado... y no las confusiones del ánima.
Tampoco es auténtico el poder adquirido, cuando la propia osamenta está fracturada en mil pedazos negros. Cuando la sangre hierve en un pequeño caldero de ubicuidad sin luz. Cuando sus palabras confusas, van saltando por los aires una y otra vez, rebotando sobre las imágenes, los recuerdos y los bancos para reclinados, donde las cruces se convierten en una especie de broma asesina... Algo etéreo y eterno, que podría recordar a ese hombre murciélago de DC y su Jocker, repitiendo el dolor en un bucle interminable en el universo de los tebeos... pues eso.

Ahora... perros de la guerra moderna, seréis convertidos en eslabones de una cadena que, reproduce una especie de condena mortal, una suerte crítica y solitaria, para nostálgicos de Marvel y su maestro. Que ya no volverá... El héroe tendrá que asumir su culpa en esta batalla de los tiempos, saboreando la sangre que dejó derramar tantas veces, como mártir... esto es, la suya. Y la parada obligatoria e incierta que se cuece sobre la Cocina, que le podría llevar extraordinariamente al nacimiento de su personal problema, o inevitablemente al otro, a esa heroína blancuzca que ataca al héroe (volverá The Punisher muy pronto) y que todos conocemos por el pretérito y el cómic... una sebosa, pero irresistible némesis.

... Fe de Mafia.

El niño abrió sus ojos, sin paz ni amor materno, resolviendo dilemas internos. Cada quién, se pregunta por el beneficio de la pérdida, la redención de la culpa y la buena voluntad, así que fue golpeado, o se dejó golpear hasta sangrar, como rey de reyes, desdoblado en un tablero. Oscuro y blanco, un fantasma de las sombras o del poder.
Este otro, se alimentó de odio, al igual que un ser supremo, notara la necesidad de una lucha a otro nivel superior. Más sangrante que las ideas de su obcecado padre, engendradas por cautiverio social y violencia doméstica, que crecería engañado por las circunstancias ajenas, envenenado por el color de un dinero parduzco y sacrílego. Rival como su realidad pintada sobre la pared, y la del hijo futuro. O la de cada uno de nosotros, hijos de héroes o víctimas.

Después, cuando todo parezca perdido, se acordarán de las firmes sentencias. Se encontrarán frente a frente, sobre este ring apasionado entre el dolor intenso y el amor ciego. Distanciados por estas cuerdas, que tocan o no, fibras que se enredan en su fisionomía y amenazan con asfixiarles, de diferente manera. Uno moviendo sus peones, otros conservándolos. Ya que no da igual el color, en su vestimenta exterior o en el alma.
Es la típica pelea histórica, sobre un tablero encasillado por las circunstancias familiares. Blanco sobre negro, con matices que mutan sus rasgos característicos en situaciones contrarias, que otorgan las virtudes o pecados, que les hacen empáticos o desacreditan mediáticamente, dependiendo de oídos extraños o los voceros de periódicos y televisiones.
Son dos boxeadores con guante blanco, y rivales con una herradura escondida en ellos, la fe o la fuerza. Luchando frente a los pusilánimes, interesados, confundid@s, violent@s, práctic@s, just@s, olvidad@s, etc... tú que lo tuviste en tu mano, no lo terminaste, por los siglos de los siglos... ¿Qué clase de religión, es ésta?

Durante su Born Again, se entreven las trazas de ese pasado infausto, del envilecimiento que se vuelve contra ellos y convirtió al gran Gordo en salvaje colmillo sobre su montaña dorada. En este combate, parece que no podrá haber nunca, vencedores o vencidos, porque los dibujos son así, a veces. Sabiendo el lobo blanquecino, rey del hampa internacional, aunque luchen en diferentes rincones, que la lona bajo sus pies, está tan corrompida como desee, su alma y su dinero, ínclitos e infectos. Sería más, un acto de fe, enterrarla bajo tierra, ya que es más fácil para el héroe o su némesis, acabar derrotados, que renacidos y estirados de nuevo, sobre inmortales letras doradas. El odio mutuo... el miedo que lo envuelve todo.
Así tendremos de nuevo, amamantado en su Hell´s Kitchen de dolor, a otro Mr. Kingpin, lobezno engalanado con su traje inmaculado (un disfraz de lo derramado anteriormente) si cabe, disimulando la inocencia que se perdiera en un "quítame esos pelos de la cabeza".

Posee una testa repleta de ideas desnortadas y amenazantes, que debieron ablandarse a martillazos, desterradas por una generación más radicalizada y que ahora, ha crecido hasta convertirse en serpiente de varias cabezas, quizás dos. Víbora que ama a sus hijos e hijas, bautizadas con sangre, acólitos de las armas. Hasta ese sentido, son divergentes, el diablo y el más blasfemo. Resilientes contrariados en manos de recuerdos perpetuos. La imagen de una madre que señaló el mal, pero mandó a sus diferentes guerreros para luchar contra él, en dos versiones distintas. Como el sol imperial y la sombra. Un par de mentes distanciadas por un universo, unidas en el odio, con sacralización de la amistad o la pasión mística del momento, disuadidas o siseadas al oído por aquellas voces de, ellas. Una angustiada por el maltrato y otra por la irresponsabilidad, mientras los padres, se machacan la cabeza, a golpes sobre otro ring imaginario... la sociedad.

Esta es la fe del individuo solitario y arrepentido, contra la masacre y la irreverencia del absolutismo que tiene ojos en todas partes. Invisible e insonora, gracias a la fe del dinero y el poder sin medida. Más bien, dando las gracias a aquel único, brazo de hierro o Stick del magnífico Scott Glenn, para sentirse y volver a curtirse, en mil batallas con el crimen re-organizado en la grasa corporal. Gracias a consejos (ahora vestidos de sacerdote de negro o esta, algo maternal Joanne Whalley) frente a los enrevesados vaivenes de una amante tardía...
El tablero se moderniza, es la visión de la antigua guerra de sentimientos, oculta bajo el cemento de la city. O una colmena que va distanciado amigos, destruyendo piezas, cada vez con más responsabilidades y menos personalidad diferencial (interpretados por Elden Henson y una mosqueada Deborah Ann Woll), para enfrentarse con una imagen arcaica de sí mismos. Enclaustrada bajo el manto protector de sus hazañas pretéritas, esto es, lo que ocurre sistemáticamente con el otrora agente del FBI, encarnado por un certero Wilson Bethel, mirando a próximas dianas. Por tanto, nunca mejor expresado, entre Wilson´s anda el podrido juego...

Tras barrotes que se doblan a voluntad (con miedo o plata), por un ojeador bestial, irá reapareciendo sobre aquellas brasas mantenidas en la casillas de la policía del nuevo Hell´s Kitchen, que se une al vestido de rojo para la caústica ocasión. Difuminado entre la sangre, la muerte aparente, la pasión profesional y los "fucking" amigos del buen Charlie Cox.
Múltiples fracturas de superhéroes, se reproducen sobre prisiones cristalinas, creando una factura acorde a las necesidades televisivas (excepto apreciaciones narrativas), intentando mantener nuestra atención al máximo, potenciando varias coreografías de lucha y estrategias planificadas con tino televisivo. Por otro lado, se crean simultáneamente dos formatos definidos de iluminación o ambientación, llenos de alternativas contradictorias, como la blancura de una celda o la espesura de una capilla, según se vean los temas mundanos o los pensamientos místicos. Cuyas creencias se muestran reflejadas en personalidades antagónicas, protagonistas al cien por cien, si bien se alimentarían incesantemente. Fisk-Murdock, tanto monta, monta tanto... blanco y negro, o viceversa.

En este caso nos hemos detenido, espiando en la penumbra al blanco resplandeciente, desde lo alto de un edificio gangrenado por desahucios de antaño que vuelven. Del supuesto héroe frustrado y solitario, que otea el mismo negro porvenir sobre sus puños. Él, que ahora, es un zorro justiciero (sin marca de ZZ), asustadizo, cautivo y sin espada, camuflado de negro para pasar desapercibido ante tanta obscuridad alrededor, posee mente blanca y una pena en el alma... por su historia genética y perdida. Los hombres en los tiempos que corren, tan globalizados como herméticos, sí que parecen condenados al olvido, la soledad, e incluso silenciados para no levantar sospechas o exhibidos ante los focos para ser desacreditados públicamente en un linchamiento... Otro puede que confinado en una prisión-tapadera, de forma que pareciera una exhibición de siameses falseados, felinos dispuestos a sacar sus uñas, por su carácter salvaje. Así que los formatos se desdoblan a su vez, ocupando los rincones del maldito cuadrilátero y eterno, de ajedrecistas a cuatro manos. Sí, pareciendo identidades representativas de todos nosotros (como si fueran 27 o 29 múltiples), pero irreproducibles en un solo cuerpo y mente...
¿O no?

Bestia en blanco, alma oscura.

Indudablemente, si esta temporada de Daredevil en Netflix se define (fuera del cómic) o se mantiene, gracias a algo, es a la inmaculada reproducción de Wilson Fisk, ya nombrado como el Kingpin, gracias a la arrolladora interpretación de un radical Vincent D´Onofrio. Tan espectacular como las decisiones paralelas que debe tomar el personaje, respecto a la amistad, el amor y el futuro. Es el verdadero maestro de ceremonias, vestido para la ocasión.
Ya estaba en los dibujos de antaño, en los bocadillos que expresaban la contradicción del éxtasis o el dolor, el sentido espiritual o coronario de la maldad, que se encaminaba al libre albedrío de la ciudad marvelita del pecado. Como la estancia quirúrgica en una prisión, ante la extirpación temporal de su pasión, ese instinto de supervivencia sin sentido (llamado Vanessa) o el derrumbe de su criminal imperio, por un quítame esas pajas odiosas de mi rostro.

La factura criminal del Kingpin se desarrolla en los ambientes carcelarios (fuera del interior sibarita), para intentar dar un vuelco a la situación y quemar definitivamente el viejo traje del Diablo Rojo, dejando que se consuma hasta la última fibra o introduciendo otro cuerpo tras su escudo protector. Para ello, deberá engañar y prevaricar, ejercer de matón, que por otro lado, siempre se le ha dado bien, proteger su corazón... por muy frío que este sea o de las procedencias gélidas que anticipen su nueva gestión. Y por último, contratando a otros fieles (o no) disfrazados de amigabilidad, que dejen aparcados sus problemas personales en las instituciones del estado o potencien sus próximas recomendaciones contra los protagonistas de la serie o la mediática ciudad de Nueva York.
El Rey de los cabezazos, no encuentra su pintura preferida y construye un ring de afectos, desafectos, para volver a la batalla interminable con los superhéroes, contra la ceguera de la justicia, la conjura interna en la policía o el FBI, el valor de la verdadera amistad; mediante los paraísos fiscales en generosas aportaciones falseadas para la sociedad, la contrapartida, el servilismo... la sangre y el terror.

Como consecuencia de su personalidad alterada, surge un atractivo punto romántico y alocado, parece un juvenil Romeo de exterior blanco cubierto de seca hemoglobina de sibarita, que se rinde al odio megalómano cuando se enfrenta al arte frente al muro, a la toxicidad de una heroicidad en la que no cree. Cayendo en la simplicidad de opositores empedernidos, que a la vez, poseen puntos encontrados, cuando la violencia les visitara durante su terrible infancia, construyendo el mito de un boxeador y el de ´guía espiritual` de un imperio maligno y asesino.
Por contra, algún desterrado se confina y hace sangrar sus poros, pecadores o cegados, desubicado en busca de parecidas respuestas o la fuerza perdida, que se ve en su rincón invadido, cegado por terribles remordimientos ante su misión elevada, el pretérito y la anticipación a ese otro dios malvado.
Sin embargo, el miedo se pliega sobre sí mismo, en la piel heredada del pequeño Matty y su Adn heroico, sobre las costuras de un uniforme del pasado, confeccionado con el color de la sangre, hoy derramada en mil batallas psicológicas y sociales, donde tarde o temprano, estarán sobre el tablero las dos piezas, rey blanco vs. rey negro... y ¡podría ser épico!

Aquellos pesados augurios, se calzan un traje inmaculado aparentemente ante el público, y su expectante voz, crea una cortina de humo que le hace estirarse sobre la penumbra y la sangre de sus zapatos infantiles... el amor. Es necesario el zumo artístico, la media naranja de su deseo, mitad cerebro para organizar una próxima función, tal vez mas.
Y volver a crecer como los amantes de los cómics. Es la ciega representación sacrílega sobre el impoluto blanco, novia él en una pareja, pero reservando cantidad de ojos condicionados para la sacrílega ceremonia, en distintas instituciones, oficiales y sagradas. Por tanto, Wilson Fisk y su amada Vanessa Marianna (interpretada por Ayelet Zurer), están dispuestos a no tirar la toalla fácilmente. Capaces de convertir su particular escenario de lucha, en recreo amatorio, en un tormenta de odio que destroce las cuerdas enrolladas de ese conejo... o el roedor es Fisk... destrozar el colegueo engolado, la justicia cambiante y esa mirada pura de su religión.

Jóvenes ahuyentados de una fe elevada, son recuerdos, próceres perdidos en estas cotas extrañas del perdón, recuerdos... niños que no reconocen la abstracción entre la amistad y el amor. Ahora, lo comprendemos todo, ese odio acervado que nos visita, observamos a adultos somnolientos en estado aletargamiento navideño, bocas más desdentadas, con trozos de pavo y cordero, con el regusto a mazapán y polvorón... digamos que, "de aquellos polvos diabólicos y contundentes pisadas o cabezadas, estos lodos psicológicos". Ya que, la Gran Mafia de Marvel se vuelve a vestir de gala para una ocasión real.

Es decir, el héroe ha vuelto a caminar, entre viejos y nuevos demonios. Ha renacido sólo, con sus sentidos ampliados, y se unirá porque no tiene más remedio, si quiere conservar su propia entidad, con un aliado como Frank Miller disfrazado de converso y fiel a su estirpe estilográfica. Con la atracción visual de Marvel y la interpretación de los actores, los guiones trabajados de Douglas Petrie, Marco Ramírez y Steven S. Knight, con la pasión del bueno de Stan, en la memoria. Con los estigmas de Disney en la grande y la necesidad de amparo de Netflix. Se mantiene la pelea, gracias a dos gigantes, sobre todo, el enorme oso blanco... un D´Onofrio omnipresente, todopoderoso, de blanco nuclear.
Su eco es diferente, más ampuloso y turbio, mancillado por la pérdida, un simple ápice blanquecino en la nieve, que maldice a aquel mediático diablo rojo, ¿será la presa o el conejo? Ya que nunca acaba de finiquitar su misión oscura... pero, que siente materializada en el rincón próximo. Los puños espartanos, para arrancar todo mal de raíz, quieren hurgar en su obtusa cabeza, antes aplastada por el hierro, premonitoriamente redonda como un globo sonda, y despedazar sus convincentes ideas con golpes directos hacia el corazón.

Es un doloroso cambio, pretensión de políticos de nueva generación, corromperse o entregarse, ante las muchas palabras necias y pensamientos sin libertad. Rendirse a algo pragmático e insustancial, como el poder, comprar voluntades en las cloacas del FBI involucrado en la prevaricación institucional. Acciones promovidas por el siguiente Kingpin, ante el desangelado defensor callejero, ninja sin máscara roja, héroe negro ante el odio. En definitiva, el pequeño diablo, dividido y preparado para la defensa contra blancas, abrazaría la fe en la amistad y las decisiones judiciales, abrazando el miedo, mirando de soslayo, esta obscenidad de tribunales supremos, de ayer y hoy, oscurecidos bajo los rascacielos de N.Y. y la sombra de un individuo caprichoso que controla desde su guarida tecnológica, el mal.

Ahora es adulto, igual de confuso que en la infancia, tratando de dominar el arte marcial menos irracional del enemigo a cabezazos. Querrá someterlo con flexibilidad y sus coreografías, contra propios y extraños, que recuerdan al cine oriental de Oldboy o The Yellow Sea (luego tan reproducidas), sin martillazos. A partes iguales en gloria y gore, para intentar doblegar sus tendencias suicidas, mutiladoras o la muerte terminal del héroe, por incesante derramamiento. Divinos o demonios, por la gracia de un dios sordo.
El hombre de negro y su casco de tela ajustado, remueve la conciencia, buscando un hilo desprendido, algún hueco perdido, que otee un pintarrajo en la pared desnuda, un desliz para hallar al huidizo conejo blanco... o el lobo astuto. Cazador dividido en dos, masculino y femenino, sobre aquella ilusoria, cortina de nieve.

¿La caída de the Devil?

Stan Lee y Bill Everett, desarrolladores del combate cuadriculado, no llegaron a esta profundización reflexiva del héroe sin miedo, que teme finalmente como todos, ni a la exaltación del amor romántico con un ciega pasión. Pusieron las bases y los cimientos de la caza interminable desarrollada en la superficie y las interioridades del corazón.
Daredevil Season III, más que resurrección cardíaca, sufre el oscuro despertar de un sueño o reafirmación de una pesadilla recurrente que algunos desearían acabar en venganza. Porque Born Again describe la mortalidad de unos personajes con defectos o sus confusiones mentales, supuestos ángeles o regordetes diablillos, enfrascados en una guerra social interminable, edificada sobre las creencias y algunas diferencias románticas. La decisión espiritual de un contador de historias a través de dibujos, llamado Frank Miller, que no para de hacerse preguntas metafísicas, a través de la acción y la introspección.

Indicando que la educación lo pervirtió todo, o su falta más bien, debido a extremadas dificultades ambientales y los negocios oscuros de otras épocas, en la política y en el deporte. Creció como pequeño huérfano con habilidades, en el sentido contrario al ejecutor del martillo, procurándose sus propias heridas en la vida. Contraindicaciones propias de un "diablo" demasiado legal, ahora zarandeado por su cuestionada fe y la debilidad, con visión extrema para los casos más sangrantes o las inaudibles, a veces, reivindicaciones de sus humildes vecinos.
Estos Anónimos sin éxito o desterrados por la sociedad mediática, son los ausentes de la serie. Dando paso a un cegado guerrero de negro, saltimbanqui que en la siniestra noche, desterró el disfraz rojizo de exterminador incompleto, estereotipado y vapuleado, que no se resigna hasta el final del combate. Que... ¿será épico? Tendrás que esperar hasta el último capítulo de la tercera temporada...
Siempre que existe un ring, dos fuerzas se cruzan los puños, y una de ellas termina sobreviviendo a duras penas o cayendo sobre la lona con jaque maté. En el cuadrilátero del amor o la televisión actual, sucede lo mismo... Las diversas percepciones acaban fracturándose en un caleidoscopio de opiniones o ideologías, dependiendo de los intereses personales, las inclinaciones de grupo o esta doble moralidad que nos rodea, intercambiando sus papeles como dos púgiles que combaten por una cuantiosa cartera y el respeto de su imagen profesional o social.

Los enemigos acérrimos (humanos ambos), se intercambian las emociones, disfrutan o se flagelan con relativa frecuencia sobre el tablero, condicionando los siguientes movimientos del cómic. Surge el pensamiento más racional frente a las creencias, los colores ajedrecísticos se transforma en nubarrones grises en la mente, que representan sus diferentes estrategias respecto a las interferencias del corazón.
El diablo negro se distancia de la reina y sus peones, por contra, el blanco llora la pérdida como un niño, incluso de alguno de sus acólitos y se aferra con fuerza a un romanticismo tenebroso, más ciego que los ojos justicieros. Más propio de diablos que de amantes incondicionales del arte moderno y el buen yantar. ¿Estará un buscando un conejo espiatorio? ¿Es el miedo, la sociedad sin pausa o el amor? La tormenta alrededor esconde la respuesta, como el conejo blanco huía a la carrera del tiempo pasado, mientras la hemoglobina recorre las venillas oculares.

El amor absoluto es una prueba de fe, capaz de mover montañas o alterar la verdad, de cegar indefinidamente... hasta de crear imperios corrompidos o su caída. El olvido es una necesidad, que se mete en tu aparato circulatorio como el veneno y su capacidad para matar, puede dejarte sumergido en la penumbra. Sentado en tu rincón, lejos de cualquier escenario mediático. Es mejor vestirse de negro y morderse el labio hasta sangrar, olvidar el momento de debilidad y meterse en las sombras del corazón, antes que alimentarse con almas de posibles inocentes. O de su carne, como lo haría un lobo durante la cacería de un camuflado conejo en la nieve, alimentarse con la extraña ambición y la lujuria de otra Elektra... también curiosamente de rojo y negro.
Además en esta Born Again, el depredador amoroso, tiene de parte a la tecnología, el amaño y la tergiversación, mientras que la víctima procuraría las viejas piezas que conformaron su camada. Es decir, la Familia de un Kingpin.

Aunque las condenas no son definitorias, y menos hablando de superhéroes vs. villanos, donde las penas se conmutan por necesidad del guión y los terroristas se sacan una ley del bolsillo para salirse con la suya... tampoco las decisiones de jueces en las cadenas de tv, que pueden mutar en cuestión de segundos, o temporadas. Cómo lo iba a ser el amor...
Reconocemos que existen contrarios a Daredevil y sus dos caras, y otros permanecen fieles a la liviandad del sibarita malvado, proporcionando una confusión que altera los habituales pálpitos... de un ´hannibal` en potencia que se alimenta de surrealismo a cabezazos. Que condiciona la vida de Hell´s Kitchen, la madriguera, mediante puñetazos de realismo y sangre en las calles. A la espera del espartano, de los puños de esparto claro, en la última pelea para lograr hacerse con el cinturón o perder definitivamente, una amistad... un amor.
Quizás una serie... otearemos desde la altura.

Hoy, por otro lado, la tele de cómic recuerda a nuestro admirado Stan Lee, aún sin lágrimas por el escaso tiempo transcurrido desde su pérdida, aunque se ha hecho eco del sufrimiento de sus creaciones u obras, en nuestras sociedades. De esta especie de disyuntiva ideológica, sin héroes ni zorros, que nos separa más que nos une. Creando personalidades contrariadas y no maleables, que amenaza la sociedad con un rumor sordo de podredumbre, la tormenta una y otra vez, desdibujando o reafirmando las ideas del pasado, de las páginas, de la historia, y entregándose a la violencia. A nudillos descubiertos, con interesantes coreografías en pelea y algunos buenos trucos de cámara... No son héroes como Rocky, sino perdidos dimensionales y villanos, transformados en retratos opuestos de personalidad dubitativa y arrolladora o magnética.

El altruista Blanco en su catastrófica tormenta nival, golpea con puño de acero, a la mística venganza de negro, arropado por ganancias y el odio mutuo, que desbancaría la personalidad inflamada por los fanáticos del crimen. Junto a los coqueteos del viejo Romeo de Shakespeare, al envenenarse de una "enrevesada" Julieta... ¿o conejo? ¿Será el mismo el roedor?
Aquí han dado las Tres, la Una vino de La Mano de Fisk y Elektra, la Dos de una Ejecución y excelente The Punisher... la tres más abstracta y multiplicada en las crítica, eso sí, sin huesos de cristal... El vencedor es el corrupto que se hace con las riendas de Nueva York y los puños de Frank Miller, impactando sobre el universo Marvel y sacrificando el ensueño por la sufrida pesadilla. Pero, ¿quién es el Sombrerero Loco?
Y sobre todo, ¿quién será Alicia...?

Sabemos que Él es el p... amo. El miedo en manos de un endogámico enemigo de la sociedad, con dos caras o más. Su voz resuena como una condena... a cadena perpetua revisable. Tic, tac, tic, tac... como el tiempo.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Taboo. Season I


Los gruñidos de la bestia.


La Compañía Británica de las Indias Orientales fue inaugurada en 1600 con la aceptación de Isabel I o la Reina Virgen, otorgando un permiso comercial de 15 años con riesgo de pérdida de capital para los nombres firmantes y estos dominadores del comercio exterior, que aquí se representan desafiantes. Aquel riesgo económico que deseaba terminar con el monopolio neerlandés en la ruta de las especias, hasta que en 1612 se convertiría en sociedad anónima, enfrentada a sus fuertes rivales internacionales y desnivelara el filón. Con la emisión de acciones dirigidas a sus ricos inversores o aristócratas interesados, se reproduce un paralelismo en otras naciones de Europa, que competían por ese mercado de productos esenciales como algodón, seda, sal, opio, salitre o, el deseado té (para sus cinco de la tarde); estableciéndose en paralelo, como otras denominadas Compañías de Indias Orientales: Francesa, Holandesa, Sueca o Danesa.
Nos hallamos ante una época de grandes viajes y arriesgadas travesías, desafortunadas para marineros arrinconados por las circunstancias y seres humanos esclavizados, que eran tratados como simples mercancías.

Cuando un padre y su inquieto vástago, solamente en sus acciones más físicas, en el interior de su cerebro es otra cosa más pausada, vigilante y obtusa, se embarcarían en la creación de una épica historia. Tan lucrativa como vengativa, resistente y profética, basada en hechos reales relacionados con la antigua Inglaterra imperialista y algunos mercaderes con la filosofía corsaria. Ante la aparente insignificancia de una pequeña isla del Pacífico y su influencia circunstancial. Tierra silenciosa cercana a la costa americana, interesante por su ruidoso estrecho, que significara el paso de navíos mercantes, esclavistas y militares. Desoyendo las atenciones a otros propietarios, esta serie no se centra en ciertas históricas referencias, con sus descubridores españoles. Edward “Chips” Hardy y su ´pequeño` Tom, hijo de la interpretación y la fuerza productora de Londres, trazarían las premisas de una aventura que pretendía parecerse a antiguos procesos imaginativos frente a la realidad, de novelas románticas con asuntos criminales, altos secretos de estado y personalidades feroces chocando entre sí. Materiales típicos de la historia de la humanidad, desarrollados por grandes escritores de la literatura universal o una pareja con lazos de sangre...

Él, Tom Hardy, quedó impresionado por alguno de aquellos personajes arrolladores y raciales, con los que trataría de identificarse para su trabajo interpretativo en pantalla. Acercándose a la piel de aquel asesino de la novela Oliver Twist conocido con el nombre de Bill Sykes o metiéndose en el complejo mundo interior de un indescifrable Heathcliff, otro de esos hijos adoptados, inadaptados e introvertidos, descrito en una de las grandes sagas románticas de todos los tiempos, dentro de las páginas de Cumbres Borrascosas elaboradas por Emily Brontë. Papeles por otra parte, que ya habría afrontado el artista anteriormente, en productos televisivos que le señalarían de alguna forma el camino a otear. Los pasos de futuros trabajos y desarrollos argumentales de un vigía del cine y la televisión, desentrañando la inteligencia natural y salvaje de hombres/mujeres, deambulando por su sapiencia, la serenidad o, esa pasmosa seguridad del increíble Sherlock Holmes. Al menos fugazmente en su cometido, tan separados de lo correcto e inclinados por sus características personales. Incluso, se unió a la mente farragosa y aterciopelada, sin aprecio de humanidad de Hannibal Lecter, o uno de los grandes viajeros de lo exótico y profundo en el ser humano, ante los avances de la sociedad moderna y la globalización, a través de los medios de transporte (la comunicación ya llegaría), de mano de aquel marino llamado Charlie Marlow. Con el libro El Corazón de las Tinieblas, los viajes exóticos serían el gran salto literario de Joseph Conrad, por un no tan imaginario Congo, luego, contextualizado en nuestra propia visión moderna en Apocalypse Now…

De esta forma, nos hallaríamos con un personaje construido a base de golpes, retazos apócrifos de la sociedad post-barroca y continuando sus negras pinceladas. Las paletas grisáceas en el alma, que marcan a una especie de Doctor Jeckyll y Mr. Hyde, máquina de la química, el cuchillo y el sexo, entre la premonición y los cambios misteriosos de personalidad, casi en silencio. ¡Hmmmms, guturales! Con algunas extrañas implicaciones familiares pertenecientes al ayer y el destino de una herencia, que le harán deambular en los extremos sociales de esta atípica serie. Calles turbulentas, entresijos y grandes estancias, reproducidas con garantía estética por la BBC One, que llevan el título de Taboo, en referencia a los complejos mecanismos de la psique humana y su colisión ideológica, con razonamientos repletos de diferencias clasistas. Es decir, de un pensamiento estratégico sobre el poder, frente a cierta osadía combativa, convulsa de un líder rebelde... También, muy "Star Wars" todo, cambiando el lado oscuro de los tejidos.
veces, es una opinión personal como otra, este personaje ideado por los creadores y conocido con el exótico nombre de James Keziah Delaney, se bifurca en ambos sentidos, entre la tranquilidad de un sabio reflexivo y la irascibilidad de un sádico. Apareciendo como una mezcla de un Robin Hood poco convencional y enfático, frente a la apariencia remarcada de un inflexible guerrero maorí, de tatuajes y espíritu neozelandés en África, con daga corta en lugar de espada jedi. Pero, acumulador de todos los ramalazos violentos y oscuros de aquel sombrío Salomon Kane del siglo anterior. Esta parece una serie discutida en Gran Bretaña, por las inclinaciones estatales del Taboo industrial y la consecuencia de describir personajes al límite de la verdadera historia o sobre la vida real de una época desproporcionada... cosecha automática de los parados, engañados o arrinconados de hoy.

En todo caso, se trata de seres atormentados que se rebelan al destino y la clarividencia de la fuerza institucional, a los designios del poder económico o político, atrapados por recuerdos de un pasado como peones dirigidos y condenados al ostracismo. Inherente al caos reinante, durante una época cambiante, de oscurantismo, incertidumbre y la degradación de una sociedad desequilibrada o silenciada por el miedo.
País en manos de un regente ´pintoresco`, de barriga blanda, nariz aguileña y andares intransigentes, demasiado cómicos para un pavo real. Además de una clase nobiliaria con pretensiones discutidas o incluso criminales, donde una especie de Renacido, fénix de las cenizas de una África exprimida, sepultada por cadenas de otra época y mentes aciagas, paseara ciertos brillos ensangrentados, para cambiar las cosas de casa. El valor de su nombre...
El capitán que tomaría las riendas de su fortuna heredada, romances tortuosos y futuro incierto, tomando prestadas costumbres de ancestros sobre la magia de su estirpe y algunos rituales chamánicos de otras tierras. De esencias en peligro de extinción, la exacerbación de la carne propia, la marginalidad y el canibalismo callejero, a través de luchas ancestrales entre clases y repudiados encuentros sobre camas revueltas. De piel marcada con tinta de dinero sustraído y el hierro candente de los injustos, de la ejecución de los tramposos y traidores… se posterga una tarea o misión imposible, la de ajustes de cuentas míticos. Es una venganza servida entre platos calientes y ollas frías, explosivas, sobre la inteligencia individual, la experiencia distópica de una era compleja y los retos fuera del alcance de la debilidad.

En definitiva, la descripción de una especie de monstruo herido, por dentro y fuera, que tiene que ocultarse de sus poderosos enemigos, ahuyentar los miedos a un territorio extraño, quedarse sólo aparentemente. Perseguido por un conspirativo gobierno londinense, a comienzos del siglo XIX y ese ansia desmedido de poder, ocultándose de sus propias sombras y ensueños, mediante acciones descoordinadas entre la inteligencia y el gozo sacrílego. Hechos que le recordarían su participación en sucesos escandalosos de antaño, robo de diamantes y crímenes sin escrúpulos, en una etapa convulsa. Visiones, castigos desmedidos, retos de alta alcurnia, devaneos con los oprimidos sociales, hijos furtivos… muerte. Siempre encarando sus propios temores, e incluso, deseando más de lo permitido, sugestionado por la sangre y el tormentoso encuentro con algún tipo de incesto. Mirando al horizonte de barras y estrellas, el futuro embarcándose al destino incierto, al encuentro con la monstruosidad de un Prometeo moderno y la guerra, echándose a la mar como corsario, emparentado con todo y con nadie, acariciando letras engendradas por la pluma aventurera, la posesión y la crítica hoy, sepultando el terciopelo de la negrura, entre pólvora, cruzando el imperio de norte a sur, entre unas tibias, tripas, salitre, orina, semen y una calavera. Bienvenido, Mr. Dead Man, como diría Jim Jarmusch...


Comercio... Negro.

Antes de que la corona británica se quedara con la soberanía territorial de la India en 1858, bastante de que el comercio negrero quedará borrado del lecho marino y poco tiempo antes de que Tom Hardy, vestido de negro en esa etapa victoriana, quedara ligado a Andrew Dominik, director de cuna neozelandesa, errantes en el filme War Party o a ese viejo mafioso conocido coloquialmente en la prisión estatal de Alcatraz, como el pequeño Fonzo; pues bien, anteriormente comprobamos la alargada transcendencia tumultuosa de la palabra Taboo y sus condicionantes estéticos. Algo que formaba parte del folklore tradicional de ciertas tribus, cuando ancianos jefes defendían el destino de las siguientes generaciones, practicando su magia o la sapiencia ancestral, frente a unos sortilegios más terribles o tapu… de aquí, la acepción lingüística consagrada a los tabúes.

Quizás, por ello, la familia inglesa tutelada como the Hardy´s, se puso en contacto con otro creador y productor conocido como Ridley Scott y su ´free` productora londinense, para desentramar entuertos y encaramarse a la simbología histórica y su aire tormentoso. Una serie que tendría que ver con este lado más salvaje de los viajes realizados o descubrimientos en épocas pretéritas, presagios de The Terror, en inflamadas velas por el viento y otros apoyos incondicionales como son la emisora BBC o la productora FX, y las palabras del escritor-director Steven Knight. Este guionista que descifrara asuntos nebulosos en el interior de la mente, junto a Scorsese en la película Shutter Island (algo tiene que ver con el filme Gangs of New York también), ofreciendo divagaciones al borde de lo legal y lo reflexivo; y frente a la tortura en Promesas del Este o con otra conexión británica en la serie Peaky Blinders, además de aquel retórico, pero, envolvente argumento para la película titulada Locke. Con el mismo protagonista, el omnipresente Tom Hardy... por mucho tiempo.

En determinadas ocasiones, aquellas empresas vinculadas a los intereses de políticos, de ayudas con dinero público y las más altas finanzas secretas de las naciones, sobre todo en la época del 1814, se van humidificando y oxidando, corrompiendo desde los tuétanos, enfermando de odio. Debido a una búsqueda nefasta de alternativas lucrativas e individualistas, tan poco edificantes como insanas, que revivimos en muchos procesos judiciales durante estas últimas décadas que nos acompañaron. De implicaciones nefastas, de muchos individuos dispuestos a ser juzgados a cambio de un buen pellizco, gracias al exceso, al engaño, la ocultación y ciertas ganancias, fáciles con el dinero negro de mordidas o los asuntos más sucios. Quizás en esta materia esencial, se regodea principalmente la serie Taboo, más allá de otras enmiendas o sentimientos, emitidos ahora por HBO España. Mediante esa constatación de que el poder corrompe invariablemente y la definición de un grupo dispuesto a pelear contra poderes fácticos, extremadamente enfáticos, con sus medios escasamente humanos. Monstruos alimentados del vil metal y los prejuicios.
Tal vez, por ello también, el inmenso Tom Hardy se haya interesado en personajes marcados, capitanes prófugos en dicha frontera de la estabilidad mental, mirando al horizonte con profundidad o teniendo en el catalejo, la piel enfermiza del padrino Alfonso Capone. Parentescos viciados o llenos de tentáculos, con demasiadas vinculaciones alrededor de este elefantiásico territorio, entre el poder corrupto, la política o la justicia interesada.

Retratando a este otro hombre inflexible más, dentro de su carrera en la actuación, unido a negocios fraudulentos, investigador de huellas marcadas y demostrador de matices sanguinarios. Aunque introspectivo, hablando entre exhalaciones o gruñidos, quejas con un punto cabal. Algo dubitativa entre la justicia callejera y esta mirada excesiva de animal herido, extremadamente vengativa hacia sus contrincantes, que por otra parte, desean acabar con su molesta actitud y conocimiento esotérico. La imagen de James Delaney transita por determinadas coordenadas, conflictos internos que se diluyen en el agrio exterior, golpeando duro a sus enemigos (si es necesario abriendo en canal la estulticia), tomando decisiones que comprometerán la seguridad de sus colaboradores, y después volviéndose con el ánimo rebelde, unos justos proscritos, justicieros sociales o perseguidos por las altas instancias que deberían regir el destino y preservar los derechos de los ciudadanos.
Entonces, diríamos que este aventurero del sexo prohibido, la sonora química y las artes nigromantes, se parece al antihéroe típico, a esos personajes contradictorios de Marvel como el marine bajo la efigie de The Punisher, donde lo sustancial ha mutado por la disfunción profesional, entre violencia extrema, negación y venganza.

En aquella historia de desagravios marvelitas, una carretera marcó el comienzo, aquí es el océano en una estampa pictórica de otro siglo y una tierra virgen. No el amor, que parece terreno baldío, siquiera la amistad diluida, es el recuerdo carnal de una hermana de sangre en contraposición a los tiempos y la errática herencia. Del rifle con mira telescópica, hemos pasado a un tipo de daga curva, para desentrañar los misterios del macilento interior y marcar para siempre, el camino a seguir por seguidores y el humo. Igual que el dinero significó una trampa para Frank Castle, en este lado oscuro, es un arma para conseguir propósitos y alcanzar una alianza segura. Sin embargo, ambas posturas persiguen una misión suicida aparentemente, contra un complot tan ruidoso ya, como una traca final con pólvora que reventara un barco por los aires, o un poderoso temerario o un gobierno totalitario.


Química vs. Magia.

Un castigador no discute aquellos medios empleados en su misión, no confunde la estrategia, ni cree en la redención del enemigo; porque con estas armas, se combate un mal peor, incluida la certera química para derrumbar el poder o magia negra para tentar al mismo diablo. Tras fracasos en su vida profesional y privada, confusiones de cuerpo y alma, en aquella jungla africana pudo adquirir la visión del animal herido, de los ancestros emparentados con el lado salvaje, mediante un ojo abierto, revelado a través de la caza, el destino y la muerte. Ya que se ha podido levantar tantas veces de ella, como Fausto del siglo XIX en la Inglaterra victoriana, seguirá luchando al timón, ante lo que vendría marcado por una imparable revolución industrial. En los primeros años, podemos observar ese salto potencial en empresas y medios de transporte, antes de que la futura globalización alcanzase niveles nunca adquiridos, con un simple dato ejemplar, el paso de elementos mágicos o la alquimia, a la primera constatación de otros procesos químicos más explicables, científicos o naturales.

Doce años, por ejemplo, que tardaría el protagonista Mr. Delaney en regresar a su hogar, viendo que la inmundicia se extiende, cargado de cristales robados y misterios no transparentes. Para dar el último adiós al padre, reencontrarse con una pasión volátil y carnal o, recordar aquellos clavos oxidados de su propia sepultura. El ritmo de sus pasos en la obscuridad, retumba en ecos familiares, semejante a un futuro incierto que luchara por abrirse camino, frente al cruel pasado, al poder infinito de sus enemigos. Bien sean gobernantes, abogados y asesores, ingleses o americanos. El ritmo de una banda sonora, del compositor Max Ritcher, que nos acompaña una y otra vez, machaconamente, regurgitando el deseo escondido, imaginando banderas, creando situaciones alucinógenas o abiertas en canal, marcando la marginalidad y el horror. Agravando la situación a cada capítulo, a cada caída profunda del cuerpo y el ánima, exorcizando demonios, que se vestirán con la piel de cordero, creando una escena “lecteriana”, de aquí a la China o la sometida India, en un futuro infausto, salpicado de cañones. Tal vez... Aplicando recetas que bien combinadas, servirían para fracturar el acoso social, hasta el nuevo mundo y el desmedido castigo. El triunfo militar de un espíritu heroico… pero no, él es la estampa del típico antihéroe.

Aunque la química viene confirmada por actores como Tom Hollander y su fiel aprendiz, el pequeño Louis Ashbourne Serkis, Ella de nuevo, es el motor y la vela que inflama su mente. El espacio sensual que provoca frente a la pelirroja interpretada por Jessie Buckley, o te distancia saltando desde un puente infranqueable, frente al amor ruinoso y comercial de Franka Potente. Ella es la actriz Oona Chaplin, extraña mezcla de raíces y miradas, musitando palabras que quedarán sepultadas como el pasado. Un precipicio para los suyos propios, los que acabaron con el sufrimiento tutorial, encarnado en el justiciero servidor compuesto por David Hayman y otros amigos “buenos” como el Atticus de Stephen Graham. Frente a la vía del mal, los muy muy malos, interpretados por el quijote galés Jonathan Pryce o Richard Dixon, los traicioneros marcados por el rostro del actor Michael Kelly, los orondos extravagantes y rancios elaborados por Mark Gatiss como Jorge IV duque de Brunswick-Lúneburg, príncipe regente de la apariencia. A los heridos en batallas amorosas o comerciales radicalizados en el actor Jefferson Hall… apuntalando a los desvergonzados carniceros y asesinos más sanguinarios que llegarían, como Jack el Destripador, rostros ensangrentados a cuchilladas en caminos baldíos, en cenicientas ciudades o entrañas privadas, de sus penumbras públicas. Señaladas por escritores especiales como el gran maestro, Charles Dickens y los maestros literarios del terror clásico.

Las entrañas del sexo, se enturbian con las traiciones y los asesinatos, se aparecen entre sucias estancias neorrealistas de Roberto Rosselini y aquellos cantos de denuncia social por sus calles grises, por la visual poética de Visconti, la extravagancia satírica de Fellini, a retazos o puntualmente, sobre algunas escenas surrealistas de Pier Paolo Pasolini; así de extraña es la mezcla, la explosiva o maleable aleación, química removida que se convierte en algo esencial para conquistar estados y corazones perdidos. Cambiando los presagios por visiones alucinógenas del futuro genérico, concepciones alteradas del pasado que evolucionaran hasta hundirse en la psique, el credo social y las profundidades individuales de una prisión férrea. O vuelan por los aires con una fabricación exhaustiva, que dio la vuelta a las pretensiones arcanas de la lascivia, la alquimia romántica y los viejos tabúes.
Digamos que el sexo es una de las actividades fisiológicas, que nos acerca y diferencia a la vez, de animales, como en aquel escaparate retratado en neón, sobre las calles desproporcionadas de la serie The Deuce y sus gargantas profundas. Aquí, la degradación social es radical y tumultuosa, se alinea al lado de un revolucionario en busca de la libertad… pero, el futuro dirá si individual o colectiva. El nuevo príncipe de proscritos y condenados, abrazando ese punto viciado y salvaje de la naturaleza humana, junto al dolor y el sacrificio. La serie instaura la imaginativa diversidad entre distintos padecimientos, con perspectivas diversas de vida, tratamientos y comportamientos, desde el contacto más directo, al pensamiento único. Contra la verdadera opresión, la incautación no pacífica, la tortura de la máscara de hierro y el crimen de estado.


El Fin de la Historia…

Hace mucho tiempo, un joven explorador español (mallorquín para más señas), sería tachado de irrelevante en las páginas geográficas, gracias al borrado de su memoria. Con nombramientos silenciados sobre su descubrimiento en una isla, hoy, denominada de Vancouver, su rival de nomenclatura histórica. Con el tiempo, España (la nación invisible ahora), abandonaría ciertas pretensiones culturales o comerciales, como esa y otras ubicaciones más cruciales, debido a asuntos de fuerza mayor. Como la Guerra de Independencia Española contra las tropas de Napoleón y el intruso, su hermano mayor José Bonaparte o Pepe Botella… y esa inmensa distancia húmeda entre la costa oeste de Norteamérica y el gobierno errante de Madrid. Luego llegaría la victoria sangrienta, la pérdida paulatina de alta costura, la calidad de paños y alta costura francesa, la herrumbre de espacios enfrentados, la sanguinolencia salpicando de ven en cuando, cada rincón del recuerdo, la frustración de siempre.
Aquel mal negocio, devendría con una división de los territorios o colonias más silvestres o salvajes del norte, la división ente el oeste californiano y el estado en manos de gobierno español, no de Texas aún, y la evolución de la antigua Florida.

La ruta entre el Atlántico y el Pacífico (con aquel viaje catastrófico identificado en la serie The Terror), mantiene una ambientación lujosa, en estancias y ciudades, pero también cruda, fría y tenebrosa. Los duelos y las falacias, entre Mr. Delaney y su antagonista Sir Stuart Strange, se basan en el ansia de poder, los celos o la envidia, la prepotencia del último. Taboo fue la búsqueda de la piedra filosofal para muchas naciones y, algún imperio en decadencia, que finalmente se decantaría al control violento.
Todas aquellas historias de posesiones, se concentran en los tabúes sepultados de una época cubierta de oscuridad, afrentas y aires de cambio, surcada por peligrosos viajes, negocios intracontinentales y conflictos internos, que terminarían en una serie de guerras, como la norteamericana con la corona británica.
El odio, el valor y la resistencia, condicionan el regreso del antihéroe descosido de su raíz, encadenado a los recuerdos torcidos, borrados, fabricados en la cabeza de Tom Hardy y su desinterés por la redención. Habilitando sus diferentes conocimientos en una nueva perspectiva histórica, que deberían aproximarse en el futuro, más a la épica aventura. Desde esos factores mágicos, ilusiones con el tesón para finiquitar una misión oceánica, sin complejos… un viaje a lo desconocido, orgullo en tierra propia.

Este era el Taboo de una era conflictiva, llena de putas, orines, hijos ocultos, sangre espesada e individuos travestidos, con inclinación a los usos más abusivos, hirientes y melodramáticos. A las marcas en el interior de habitáculos cardíacos desvalidos y otros sistemas ocultos de la mente. Estereotipos visuales de la actualidad televisiva, desde la cuidada ambientación a otros cambios producidos en la sociedad decimonónica, que se ve anclada en la decadencia, con calles repletas de sombras, vísceras enfermizas y miseria, extendiéndose como la pólvora. Vicios sobre barrios marginales y perfumados en grandes mansiones prohibitivas con pachuli, donde todo se comerciaría, entre abusos silenciados por la fuerza y aroma a podredumbre costumbrista... hasta llegar a esas denominadas, actualmente, cloacas del estado.
Fueron produciéndose poco a poco, extendiendo el olor fétido, hasta la exaltación de ciertos comportamientos y la respuesta de protestas colectivas, revoluciones que apuntaban a aquellos comerciantes todopoderosos y los administradores de justicia. Contra los residuos temporales del esclavismo, la manipulación procesal, la glotonería de mandatarios o la desigualdad de género.

Para un nuevo mundo, necesitado de héroes como aquel espadachín insolente, o Solomon Kane sin miedo ante monstruos veraces, la figura estilizada por el creador Robert E. Howard (Conan el Bárbaro) durante los años treinta. Que, aunque puritano de pura cepa, poseía un espíritu sombrío y maldito, mas hábil enfrentándose a peligrosas garras y fauces. Con su faz alargada, su capa sin sayo y ojos penetrantes, vería la apertura de nuevos ideales a grandes trancos, vistiendo ropa inquietante como hombre de negro y sombrero calado sobre su horizonte púrpura, muy estilo al señor de los anillos. Por cierto, también era portador de un talismán vudú, ojo facilitado por su compañero y amigo africano, reconocido como N´Longa.

El paralelismo con Mr. Delaney es evidente, por su intención incansable de combatir la maldad, su osadía a prueba de dolor, los embargos injustificados y el control del comercio de pieles en el estrecho de Nutka o isla de Nootka. Con ese lado salvaje, fijado a la tierra, el hombre que susurraba onomatopeyas a los caballos. Tierra perenne frente a Canadá, que se transformaría en potente tráfico de especias con oriente y la colisión de ejércitos, condimentado por algunos componentes para la fabricación de explosivos y las codiciadas bolsitas de té.
Al final, todo terminará con otro sortilegio o segunda estrategia visual… dejando atrás, técnicas de destripado y la venganza vestida de negro frente a la tortura desmesurada y algo peor. O quizás, comenzará con otra vía… con otro viaje a lo desconocido.
Kane Delaney, Dr. Jeckyll and Lecter, jedi navegante bajo las estrellas... un marino con el corazón de corsario.

domingo, 2 de diciembre de 2018

The Haunting of Hill House (Season I),


Con el título en español de The Haunting, o La Mansión Encantada como si fuera un antiguo programa de la tele, se infiltraba el refinamiento sobre posesiones inmobiliarias y otras esferas personales, enterradas en una colina extraña del pasado... Así, se presentó uno de los principales casos para una investigación paranormal en el cine. Sin embargo, ya ha transcurrido tiempo suficiente para que aquellos jóvenes fantasmas se volatilicen de nuevo, muy juguetones o no, en aquella etapa de retos y sacrificios que todos vivimos en la osbcuridad. Qué se desperecen de cierto óxido gangrenado sobre sus cadenas... Porque sus venas, ya se secaron y sólo quedan los recuerdos de tiempos aciagos.

Es decir, basta de lírica poeniana, nos hallamos ante una mansión decimonónica. No tan descuidada como otras, condimentada con una especie de domótica enfurecida, en blanco y negro, con efectos especiales sin artilugios digitales ni electrónica... ¡eran otros tiempos y otra mentalidad! Solamente el tiempo, surcado por pasos de baile y quejidos emparedados, por sugerentes susurros o corrientes airadas del alma, serpenteantes contornos en huecos de escalera, apariciones no contrastadas, difusos reflejos en los espejos cubiertos de pátina y olvido, vidrios rotos como la conciencia, marcas de arañazos, candelabros candentes y huesos crujientes.
El profesor de lo paranormal o Dr. John Markway, en su búsqueda de una realidad sin insidia, promovió el comienzo de este caso cinematográfico, que se distinguiría de otros presentados en otras eras posteriores, en la levedad de las sorpresas y las imágenes recogidas por la cámara. Otro estudioso, más interesado en descubrir los secretos de esta "no vida", de un posible existencia de habitantes incómodos, pesadas cargas en nuestra cabeza, en otras esferas perdidas dentro de un gran escenario barroco e introspectivo. La casa con mayúsculas, es protagonista, con grandes dimensiones que se deforman o estiran al infinito, techos y ángulos invisibles en las habitaciones, no perfeccionados por los constructores de época para engañar los sentidos... El cine también, pero ¿qué trataban de esconder o simular...?

El actor Richard Johnson (esposo de Kim Novak) iría en búsqueda de una fuerza descomunal, denominada sobrenatural, únicamente proporcionada por aquel deseo arrastrado o la capacidad energética desmesurada, surgida del dolor de tan fantasmagóricos huéspedes. Un filme sosegado (no en las mentes), con las interpretaciones de sus extrovertidos visitantes, airados, salvo alguna entidad femenina y amigos, como Nell en la piel de Julie Harris de Al Este del Edén, la Theo de Claire Bloom de Candilejas y el Luke de Russ Tamblyn, con sus apariciones sobrenaturales venideras.
Aquí, echando una vista tras el cuello descolgado bajo los nudos y las conclusiones, balanceado sobre las estatuas, en una luchan entre la vida y la muerte, recordamos a un excelente autor, discípulo que debería estar reconocido entre cierta élite de directores de cine. Quizá no los más representativos del miedo en otras eras, recordando al director norteamericano de Winchester (Indiana), promovido por el sonido con el nombre de Robert Wise... De aquella casa de la colina, que no era la misma de hoy, pero si parecida en algunos ingredientes que dejan su huella, visible o no, osó quebrantar los ecos habituales y cuyas raíces enquistadas, crecerían sobre modernas efigies marmóleas.

El padre del pequeño Robert, de los Wise de West Side Story, fue descendiente de alemanes buscando otras perspectivas. No las que vería él años más tarde, en la silla de director, sobre aquella escalera de caracol que se incrustaba como un esqueleto, en los pensamientos y miedos ancestrales del ser humano. Eran necesitados inmigrantes buscando otra, ... casa, lejos de los terrores que se cernían sobre la vieja Europa, como fantasmas de un pretérito incivilizado, sádico y oscuro, con nombres fantasmas que quedaron en las cunetas. Comenzarían una nueva vida como tratantes de viandas, sí, era el camino, separados de otros cuchillos más carniceros. Edificar un hogar, levantando sus muros y espejos, dedicándose a lo suyo y a esa función educativa de tutor de genio. Guiando las alternativas educacionales, manejando los problemas diarios y sorteando los miedos comunes de las familias, hasta aquella pequeña ciudad del medio oeste llamada Winchester. Sin embargo, en aquel filme no tiraría con bala... sino, de ingenio y de novela.

De esas aventuras y sombras habituales, paseos entre la vida y el arte, de la imaginación y la putrefacción con la carne no recortada, invisible como los huesos en otra dimensión, el joven Robert comenzaría una fructífera aventura cinematográfica... danzando y soñando, y viceversa. Hacia la edificación de una próspera y diversa carrera, encaramada a grandes títulos, soportada por diferentes géneros, que esparcían su semilla imaginativa. Primero, trabajando como montador de efectos sonoros al lado de John Cromwell en Cautivo del Deseo, o dejando su impronta en El Delator de John Ford y amenizando algunos musicales junto a Fred Astaire y Ginger Rogers. Sonorizando sobre títulos de acetato gris, como La Alegre Divorciada y Sombrero de Copa. Fue allí, junto a la mesa de montaje y esos grandes directores, donde comenzaría su relación laboral con la mítica RKO Radio Pictures.

Pero, anterior a la búsqueda de una "realidad teatral", asustadiza y espectral en el año de 1963, etapa fantasma entre dos estilos, marcaría su propia historia sobre otras esquelas temporales, algo antes de la famosa novela de Shirley Jackson, la titulada The Haunting of Hill House (no confundir con el trabajo de William Castle protagonizado por subyugante Vincent Price y su fuerza escénica como maestro de ceremonias y otras ofrendas)..., elucubraciones sangrientas que no se corresponde con esta sensibilidad... digamos más silente.
En fin, con el crédito y la experiencia de sus maestros, Mr. Wise se haría montador sobre títulos de la archiconocida productora como Mamá a la Fuerza, Esmeralda la Zíngara, El Hombre que vendió su Alma y, especialmente, su colaboración con el gran Orson Welles en Ciudadano Kane. El maestro que le indicaría con penumbras, sugerencias narrativas y demás perspectivas, ese camino a seguir en el futuro, hasta convertirse en ampuloso director de escenas para The Magnificent Ambersons o la apertura al cine negro. Y también, por descontado, gracias a su incursión en el terror clásico o la ciencia ficción desde 1944, con La Venganza de la Mujer Pantera. Posteriormente llegarían otros maravillas atemporales, como la magnífica El Ladrón de Cuerpos, Nacido para Matar, la otra casa sobre las colinas de San Francisco o The House on Telegraph Hill, y la visita caliente en El Día en que la Tierra Se Detuvo o Ultimátum a la Tierra.

A partir de aquí, Mr. Wise conformaría una carrera plagada de aplausos multinacionales, en western, aventuras alrededor del globo y varios relatos con tensas relaciones entre sus personajes, familias que recordamos en títulos inolvidables sobre la lona, las arenas o las tablas danzantes del Séptimo Arte.
Ahora, cómo hemos cambiado... que lejos han quedado, las miradas del pasado, las sensaciones han mutado, los rastros del ayer se desvanecen y no son tan evidentes las efigies, pero sí las marcas. Son otras estatuas de mármol, estereotipos sociales, los bailes..., las percepciones de aquella novelista californiana, inconformistas, autora también del cuento de terror distópico The Lottery.
Se han dividido en cápsulas de nuestro tiempo, como nuevas arterias abiertas. Más acorde a nuestras visiones contemporáneas que, a los registros de posibles magnetófonos y experiencias extrasensoriales... si bien haberlas, haylas... tantas como personajes.

La experimentación televisiva, propaga una nueva condena, poniendo de moda, otra vez, la historia de nuestras vidas y las otras, con esta adaptación maquillada como los rostros cenicientos, de The Haunting of Hill House. Donde algunas conciencias y rostros, no apellidos, rincones o apodos, son piezas intercambiables entre las distintas versiones, que no buscan el efectismo visual. Excepto la revisión en aquella película dirigida por Jan de Bont, fotógrafo de algunas primeras de Paul Verhoeven y La Jungla de Cristal, con el mismo sobrenombre de The Haunting, que si bien se basa en la historia de esta intensa familia Crain y sus visitantes científicos o esotéricos, ponía en el candelero de su herencia fantasmal, dicha superficialidad visual y los numerosos efectos especiales ´de última generación`... o más bien, de aquella era durante el cambio de siglo.

Poco que ver o percibir, con el ambiente atmosférico creado con una puesta en escena actual, los movimientos de cámara escondidos, la psicología vital de los personajes y las palabras metafísicas más teatrales. Las energías sobresalientes, absorben todas las conexiones presentes o presencias que nos visitan desde el pasado, se bifurcan por los diferentes episodios, desmantelando la falsedad, la ocultación y los miedos antropológicos, construyendo sus vidas y desvelando, poco a poco, sus fantasmas... por muy insustanciales o estratégicos que sean, orgánica y mentalmente hablando. Bienvenidos al hogar, su hogar... nuestro hogar.

La Casa de los Espíritus.

Las palabras se amontonan en nuestro interior, rascan y patalean, vibran en el aire clasicista, pelean por salir a la superficie de sus profundas condenas, y se arrastran por los nuevos espacios de una lujosa, cadenciosa y vívida, mansión. la misma estructura arquitectónica, con otras mañas y artes.
Recorriendo sus pasillos, nos encontramos con sus actos, subiendo las escaleras a espaciosas habitaciones, hallamos a los pequeños ruidosos, sus voces y gritos de juegos inocentes, están recubiertos de terciopelo antiguo y espejos mirados de soslayo, con marcos polvorientos, antiguos poseedores y poseídos, que conoceremos gracias... a sus alegres inquilinos. Los reales, los de la historia, los otros se irán apareciendo, o no, como sílabas destartaladas, presencias amortiguadas y gemidos intimidatorios. Intentando hacer mella en la nueva mentalidad...

La tensión narrativa conserva las formas, con rendijas por las que se escapa la luz y convergen otros focos impensables, recordada con el nombre de sus héroes, seres humanos normales y víctimas, diferenciados con los horrores del pasado. Algo oscuro esculpido en sus muros y emergido de nuevo, de las profundidades de espíritus inquietos y vicios inconfesables.
Son nuevos arañazos, insertados en la piel en blanco y negro de otros tiempos, en los dientes amarillentos y uñas macilentas, tan verdosas que no retrató Mr. Wise, porque querría cubrirlas con sus sombras inhóspitas, sensaciones de su confusión mental y sutiles giros dramáticos.
Esta casa de los Espíritus, incide en complejas estrategias para diluir esa confusión, tratándolas con diálogos familiares que sorprenden y emocionan, de manera incontrolable para los seguidores frente a la televisión, y desempolvando conversaciones, que van dando un novedoso giro a los acontecimientos conocidos. Cambiando esos estereotipos del ayer y trasplantando las personalidades de sus protagonistas, con ciertas sugerencias espirituales y males de nuestro tiempo.

Esta lucha ancestral, de diferentes generaciones enfrentadas a sus actos o decisiones comprometidas, está conseguida bajo la curiosidad de la novelista y el prisma cinematográfico, la sangre no derramada sobre títulos como en las venas sensitivas de Absentia, en los espejos de Oculus, los terribles silencios de Hush, los sueños de Somnia, los rastros confusos de la segunda Quija, la "enfermedad mental" del otro Stephen, el King y lo tenebroso en El Juego de Gerald... y por descontado, gracias a la habilidosa imaginación del guionista y director Mike Flanagan.
Las influencias ejercen una atracción melodramática y caústica en esta producción del director norteamericano, gracias a la producción de Paramount, Amblin Television y su ambiciosa Flanagan Film, recordando otras maldiciones en inmuebles del cine. Sabiendo que es difícil innovar o sorprender a los resabiados en estos menesteres fantasmales, de vencer el escrutinio, estudiando aquellas historias distorsionadas o sacrílegas, viendo que algunas merecen un mejor reconocimiento hoy.

Historias de ultratumba, entre paredes y energías, vistas desde la demencia, la fatalidad, el desespero, la imprudencia, el sacrilegio, la banalización, el crimen desconcertante, el deseo, el descrédito, el engaño... u otra cosa intangible... hasta la perspectiva real de un aficionado al terror psicológico y su atmosférico suspense.
Mirando de soslayo al espejo, a la aparente inmovilidad de la muerte, rozando las hojas con un aliento sepulcral y gélido, como el silencio invadiría al existencialismo mágico de Isabel Allende y sus entes familiares, vamos descubriendo sus debilidades y viendo cómo se descompone la verdad. La experiencia vital de cada vehículo invitado, en varias confabulaciones o saltos temporales, que nos hacen desencadenar otros miedos. Que se desmarca de dicha realidad y las viejas páginas, en ocasiones, como del título correspondiente de este comentario, para adentramos en una estructura más compleja y articulada, que combina ambos mundos, en una especie de Macondo y sus propios muertos.
Nos acordamos de ellos, a través de los vivos o los aparentemente lustrosos, con un compromiso, dejarnos temblando o espantados con nuestros propios temores o errores en la vida. Echando combustible y sonidos, al comportamiento obsceno, libidinoso, enfermizo o criminal, según los escenarios y los ancestros familiares pertenecientes a dicha ubicación.

La gran mansión con sus alcobas y salón de entrada, muy concreta, alambicada o barroca, pertenece a otro tiempo y se aclara en el presente, con nuevo brío y sensibilidad. No tan apegada a la historia general de la patria uniformada de García Márquez, sino a lo fantástico, que sobresale entre aquellas raíces reafirmadas dentro de una perspectiva privada y sincera. Miembros luctuosos de un pensamiento generacional, que va mutando y enquistando los errores o problemas mentales, las otras herencias primitivas del ser humano con su intelecto. Los subterráneos surcados en nuestro cerebro.
Por encima, principalmente, de esas relacionadas con todo aquello que pulula, empaña, chirría o ulula en los rincones separados entre el alma y la mente, cercano al cerebro en formación de los más jóvenes en contraposición al mundo de los adultos. Pero sin perderlas de vista, como en su Quija... o sí.


Ante todo y sobre las sombras del tiempo, comprobando las diferentes posturas y sensibilidades de los personajes, o sobre la visión particular alrededor de la muerte de cada individuo de nuestra realidad. Quizás, sólo falta el sentido del humor (para completar la excelencia narrativa), aunque no es primordial en esta situación de anomalías orgánicas o apariciones borrosas.
Si percibimos aromas, a las Mansiones cinematográficas desde ese lado oscuro y estilizado de Poe, al terror gótico y paranormal que nos deslumbró en la habitación mínimamente iluminada, leyendo la Caída de la Mansión Usher, el Barril de Amontillado o El Corazón Delator. Degustando los castillos y mansiones estilizadas en las películas de la antigua Paramount o las hipnóticas posesiones vampíricas y demás monstruosidades, de la posterior productora Hammer. Con sus personajes opuestos, longitudinales y prominentes, frente a los introspectivos y enjutos, que nacerían de las antiguas leyendas de poblaciones perdidas de Europa o las fábulas de Perrault, los hermanos Grimm con sus casitas del bosque (anticipaciones de cabañas, hogares para niños peculiares o nieblas invasoras) y la bipolaridad entre los estados de pobreza y riqueza, de Hans Christian Andersen; lugares comunes de lo primitivo frente a la modernidad del siglo XIX, donde se enfrentaba lo salvaje y la fealdad incorporada a los seres humanos, con la nueva perspectiva social más orientada a el movimiento esteticista, que los uniría a creadores como el gran J.R.R. Tolkien.

Allí, surgieron los cuentos góticos más tenebrosos y las construcciones renacentistas de las novelas, cuando el romanticismo junto ambos extremos: belleza y la violencia, humanidad y ciencia... violencia y amor prohibido. Junto al bello relato atmosférico de Allan Poe y sus palabras sincronizadas, junto a al Dr. Jeckyll y Mr. Hide o Sherlock Holmes en investigaciones lujuriosas o criminales victorianas, aparecían escritores románticos que se fijaban en muros de piedra elevados al cielo. El apodado Cuervo Gris o autor de los poetas guiados por la mano de Byron, El Retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde, Gaston Leroux y su Fantasma de la Ópera, el romántico Jorobado de Notre Dame de Paris descrito por Victor Hugo, la americana leyenda de Sleepy Hollow de Washington Irving, la claustrofobia psicológica o anti-natura de Lovecraft y su universo rodeando La Mansión de Cthulhu o The Haunted Palace. Incluso sus versiones lóbregas de las fiestas navideñas comandadas por la visión cívica de Charles Dickens, y el paso a la magia infantil de Roald Dahl o Dr. Seuss. Pero, esa sí que es otra historia, con recientes estrenos...

Esas casas aisladas en la naturaleza o grandes extensiones apartadas de las ciudades, se han ido combinando en las participaciones en el cine, combinando las épocas de otros siglos con la actualidad más espectral, desde el estilo rústico a las grandes almenas o vidrieras "acojonantes", con tormentas eléctricas y turbulentos vendavales, aparecieron sobre las penumbras del corazón y el pensamiento. Del estilo versallesco con enormes espacios físicos empolvados a la suciedad de la naturaleza humana, en rincones enfermizos y sanguinolentos. Desde cualquier rincón, por ejemplo los dóciles orientales o los fantasiosos latinos, atraídos por novelas de Daphne de Maurier como Rebeca, los diferentes "Barbas Azules" escondidos de la sociedad en cubículos infectos o edificaciones gloriosas, pasando por exorcistas y sus apartamentos del centro, House of darkness, junto a la Torre de Londres o los 13 fantasmas, como las ánimas de Canterville o de la casa Roja, aquellas otras al lado del cementerio, posesiones infernales, perros de Baskerville, carnavales de almas, matanzas en Texas, herencias, entes sexuales, venenos familiares, telarañas y risas con Adams y Monsters.
A los reveses actuales de James Wang, sus expedientes en áticos o sótanos, que pertenecen a historias como la Otra vuelta de tuerca de Henry Miller o Al Final de la Escalera, a las puertas de Poltergeist entre Tobe Hooper y Steven Spielberg, o más allá como diría un muñeco (no de porcelana china)... más retrayéndonos a otro tiempos por revivir a La mansión Manderlay de Rebecca, al Suspense de Jack Clayton, The Innocentes o Suspense de Jack Clayton (con guion de Truman Capote) y La Mansión Infernal. Por qué no, a apariciones estelares de gemelos en El Resplandor e infantes seculares o monstruos con Guillermo del Toro, a las entidades desaparecidas entre guerras, vicios y pecados, damas de negro, como en el hogar de Miss Peregrine y sus niños peculiares, o aquellos de las residencias modernas de The Leftovers y sus ambientes viciados. Pues bien, todos esos aromas se sienten sobre las vigas de piedra y madera de la serie The Haunting of Hill House.

A todas esas casas fogosas, quejumbrosas, estancias palaciegas de antepasados, que se torcieron bajo la suela de los pies de inocentes... y se quejaron del peso de nuestra existencia... o la simple levedad del ser, o el no ser... ¡esa es la cuestión!

La extensión temporal de las pesadillas.

Las casas terroríficas de Alfred Hitchcock tenían más que ver más, con miedos físicos (salvo pájaros de mal agüero) que con procesos cautivos del alma. Pecados no confesables y tocantes a la idiosincrasia criminal que nos rodea tan a menudo. O mejor dicho, que rodeaba a sus temerosas rubias brillando en pantalla como estrellas asustadas o agonizantes... Ya que sus películas se recreaban en el suspense, en la trascendencia de lo descrito por imágenes impactantes y otras vueltas de tuerca. Zonas oscuras de nuestra propia piel, que describían a ciertos monstruos o algunas especies más cercanas, como los pájaros habituales entre rejas. O menos ligeras, como las drásticas transformaciones de una personalidad psicosomática, trágica y peligrosa para otros conciudadanos, perseguidos por M y sus vampiros no tan muertos. Ya que sus cadenas eran mucho más reales, de lo que imaginaron ciertos contemporáneos al maestro, por nuestras atracciones subyugantes. Críticos, muy críticos... con el tío Alfred.

La escritora Shirley Jackson en unión a la nueva sangre de Flanagan, pone filtros de enfoque y visillos en el alma, junto a otros discípulos guionistas que adaptan su memoria como Jeff Howard, que se instalaron en las conciencias vigentes de hoy, como él maestro en su gran momento. Su intención es promover los terrores básicos y otros provenientes de nuestras acciones, presentes, futuras o pasadas, dotándolas de un punto de sacrificio monumental, mirándose hacia los adentros. Cada personaje se arrastra como las cadenas de un condenado, sobre su existencia y aquel recuerdo, volviéndose enfermo o fantasma.
Salpicado con la sangre seca del pasado, la memoria escrita y relatada por Mr. Wise después, tocando todas las puertas, de morgues y funerarias, de camellos de la historia o del corazón. Canalizando las energías y la confusión generada en esta especie de prisión vital, que es la vida, aunque sin más implicaciones sangrientas, que restos de una batalla pretérita. Mike Flanagan retrata sensaciones ahogadas, como el gusto de Hitchcock por sus depredadores y víctimas, con sus escenas de cuchillos, garras humanas, nudos o corbatas en 10 pasos atrayentes y magnánimos.

La Maldición de la Casa de la Colina, la serie de Netflix con fx adecuados de 11:11 Mediaworks, en alguna ocasión no tan sugerentes... chssss!, fascina por su narración compleja y se yergue esbelta ante la cámara. Perfectamente ambientada por la música entrevelada de The Newton Brothers, protagonistas de las bandas sonoras en las últimas producciones del director. Además, aporta una visión de los males de una sociedad que se entretiene en banas redes sociales, significando el peso en el alma de la familia Crain, como nuestro propio. Si bien multiplicado por 4, 5 o 6, incluso 7 pares de ojos, contando al gran padre y su diferentes visiones de la realidad.
Visitando aquellos compartimentos perdidos entre sus capítulos, nos damos cuenta de la muerte... la física, compartiéndola con la residencia de anteriores allegados y vecinos, que se escondían en las manijas del tiempo, en sombras y picaportes, en los planos secuencia sin cortes, más teatrales... y bajo las estatuas seculares de aquella histórica y maldita casa, danzando como ayer.
Los misterios escondidos y las sorpresas por saborear, se reviven con ese aura a resolución perfecta, a buen trabajo narrativo y visual, replanteando factores vitales que se respiran por cada uno de sus poros, rendijas, paredes y sótanos, sobre todo, a sus personajes enfrentados al resto... y por supuesto, a sí mismos.

Toda una lección de conocimiento del espacio y los tiempos presenciales, para filmar terror con mayúsculas, tanto que incluso el mismo Stephen King ha comentado en su red social que: "The HAUNTING OF HILL HOUSE, revised and remodeled by Mike Flanagan. I don't usually care for this kind of revisionism, but this is great. Close to a work of genius, really. I think Shirley Jackson would approve, but who knows for sure".
Este pasado triunfa, tiene diferencias con la novela y las anteriores propuestas, sobregira la importancia de esas decisiones que tomamos en nuestra infancia y sufrimos en la juventud, que con el paso de los años y otros reflejos sufridos, en espejos del tiempo perdido, se transforman en temerosas costumbres, pasiones inconfesables o increíbles pesadillas. Muy complicadas de vencer sin ayuda, sin el apoyo de los tuyos.
Por descontado, esta toma de decisiones hay que afrontarla, como ellos. Sin necesidad, a ser posible, de gestos extraños o provocados, a la medicina psicológica y profesional, aunque a veces, pueda ser imprescindible una mano externa, para no acabar colgados del silencio.

Una conversación, algo menos fría, al ser posible, que la de algunos residentes que se asoman a la vida de los personajes de The Haunting of Hill House, buscándoles las vueltas, los defectos y miedos. Estos otros protagonistas que se entreven sobre sus diferentes fotogramas y posiciones personales: paternidad, escritura, sensibilidad, profesionalidad, enfermedad, adicción o locura. A algunos nos gusta llamarles, sombras tras las estrellas del cine o la televisión, según este caso de aspectos intangible... pero tan real y cercano.

La Recapitulación de los Fantasmas. (Epílogo de luces y sombras)

Toda la serie se basa en flashbacks sucesivos de esta familia, no tan ejemplar... como casi todas. Los primeros cinco episodios nos muestra la vida de cada uno de los hermanos en la actualidad y además, su infancia en la casa con sus simpáticos actores participantes, inocentes que ven cosas que los mayores no descubren, o dotarán de significado...
Los sucesos que allí sucedieron, incluso en camas o montacargas, les marcaron para siempre. Gracias a esta primera mitad les entendemos o padecemos con ellos, y se hace fácil empatizar con algunos pequeños como la presencia de Violet McGraw (joven Nell y jugadora en Ready Player One), el simpático Julian Hilliard (joven Luke achuchable como los aventureros de Stand by Me o Stranger Things), Lulu Wilson (joven Shirley, ya contrastada en Ouija 2 o Annabelle: Creation), la triste Abigail, interpretada por Olive Elise Abercrombie, el actor ´cegado` Paxton Singleton como el joven Steven o Mckenna Grace, la Theo joven y patinadora en I, Tonya, próximamente en Capitana Marvel.

los otros actores (igual de principales o importantes), se convierten en ramificaciones actuales de aquellas rancias fragancias de muerte y espectáculos efectistas olvidables, haciendo su magnífico trabajo teatralizado entre las pompas fúnebres y la pomposidad de lo real... Son Michiel Huisman (Steven), Juego de Tronos o La Invitación y protagonista en la peli de Mike Newell, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, con la incombustible Carla Gugino (de Watchmen a El Juego de Gerald, próximamente en Charlie Says y Elizabeth Harvest), Henry Thomas (el texano padre Hugh Crain más joven) o el hombre que gritó a E.T. en el pasado en E.T. y viceversa), titular Flanagan en Ouija 2, El Juego de Gerald. Más otras habituales en la filmografía del director, como la actriz Kate Siegel (Theo, prácticamente todas las de Flanagan, incluida la víctima silenciosa de Hush), Elizabeth Reaser como Shirley (la madre ´atacada` de Ouija 2 y serie Unamomber); o no tan habituales como Oliver Jackson-Cohen (Luke, también de serie Emerald City), Victoria Pedretti (Nell en su primera peli)... y especialmente, un ganador del Oscar, Timothy Hutton, que saboreamos en Gente Corriente. De Beautiful Girls a El Escritor, más 3 trabajos basados en historias de Stephen King como La Mitad Oscura y últimamente, en Todo el Dinero del Mundo dirigida por Ridley Scott o la serie Jack Ryan. Después lo veremos en siguiente peli dirigida por James Franco y una serie basada en el cómic apocalíptico Y: The Last Man. Mi predilección, porque lleva el papel más allá...

Pero la serie es algo más que un drama familiar sobre dos sucesos terribles que les hace unirse. Tiene algunos momentos que te ponen la piel de gallina y algunos finales de episodios impactantes, con otros seres pululando a su alrededor y mirándoles por encima de la barandilla o el hombro. Uno de sus aciertos para mí, ha sido evitar los jump scares baratos, y acercarse a esos niños y sus fantasías recurrentes. Juegos cubiertos de un velo de irrealidad, cierto, un tanto parapsicológica, ya que mostraría la debilidad de sus actos o pensamientos, frente a lo desconocido. Luego, casi siempre, confundidos sobre ciertas normas de la nocturnidad y los sueños, entres estos dos mundos traspasados por el tiempo y el no espacio.
Algo tangible como las pesadillas, que diferencian la perspectiva de los individuos adultos y sus tormentosas relaciones, con la capacidad imaginativa de la inocencia infantil y las huellas que atraviesan la fragilidad de sus pensamientos en dichos momentos. Con otros rostros reconocibles como el viejo Dr. Montague interpretado por el amigo de Robert Wise, Russ Tamblyn, la actriz Annabeth Gish (Somnia, serie Bag of Bones), Samantha Sloyan (Hush), Robert Longstreet (Mr. Dudley) próximamente en Doctor Sueño dirigida por el mismo Mike Flanagan, junto a Rebecca Ferguson, Jacob Tremblay y Ewan McGregor.

Datos técnicos curiosos, un episodio dividido en 5 cortes tan solo, cuya duración de cada es 14, 7, 17, 6 y 5 minutos, con toda la familia flanqueada por los actores del presente y su pasado, saltando entre muertos además por dos localizaciones, tanto en el tiempo como en el espacio.
Para mí, otro enorme trabajo de la televisión actual, guiados por una mano, de un preferido en el cine, Mike Flanagan y II, que aventura grandes proezas y entretenidas muertes en otras casas. Demostrando que puede controlar todas las teclas, visuales, sonoras, técnicas, interpretativas, coreografiadas, en post-producción, durante tantas horas... y no salir indemne, sino entonando victoria... ¡Larga vida! ... en todos los sentidos, profesional y artística, claro.

A posteriori, únicamente nos quedaría por conocer... ¿quién residirá en la próxima estancia de Miss Jackson?
Siempre hemos vivido en su Castillo. No tardes en descubrir ésta, ni nosotros a todos aquellos que llamen a las puertas. ¡Estamos en casa!

Tráiler Nightmare Cinema, de Alejandro Brugués, Ryûhei Kitamura, David Slade, Joe Dante y Mick Garris.


Tráiler La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, de Mike Newell.


Tráiler Elizabeth Harvest, de Sebastian Gutierrez


Cinemomio: Thank you

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