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jueves, 16 de agosto de 2018

Daredevil (Season I - II).


El Diablo y el Gordo.

Matt Murdock o como nombraría el bueno de Stan Lee, MM.
Él es Daredevil, el hombre "aparentemente" sin miedo. Respetuoso con la decadencia moral del individuo, a la hora de ajustar cuentas. Astuto y sexualmente activo, a veces, está interpretado en la serie producida por Marvel Tv y ABC Studios, por el simpático actor londinense Charlie Cox (Stardust, Boardwalk Empire). Durante años estudió leyes, para dedicarse a la justicia callejera o afrontar alguna que otra calamidad o perversión de sus conciudadanos, u otros visitantes foráneos. Va resolviendo los casos del pasado con pulso firme, eficaz y equilibrado, o no, pues sus manos van de los archivos a los rostros de sus contrincantes, judiciales o noctámbulos. Al igual que su increíble visión para los conflictos sociales, los gustos anónimos de los criminales y ciertos compañeros letrados, que están pendientes de sus relaciones privadas. Muchos son los casos más peliagudos de solucionar, sin cometer una acción irreversible, porque por su alma transcurre el aliento del infierno, o algo parecido.
A la vez, dicho ánima se justifica con palabras en busca de un perdón superior que, sin embargo, no responde. Divaga como su carácter disociado, ya que posee una estrategia moral que resulta pecaminosa, violenta o filamentosa en la sombras de la mente. Como una endiablada cornamenta roja sobre su cabeza, que se balanceará desde 1964, sobre los edificios del Hell´s Kitchen de Manhattan.

Aquí estamos de nuevo recreando el tebeo de un universo bifurcado y letal, que el año próximo cumplirá 80 años de diversión, desastres y balanceos en el aire, sobre los tejados de la gran ciudad. Continuando una aventura editorial que no para de crecer en los ambientes cinematográficos, en el ideario cinéfilo o siguiendo los saltos vacilantes o recreando el movimiento de la actualidad; y coloreando aquellas tardes de lectura de nuestra juventud que vuelven como una bocanada de aire fresco o una pesadilla reincidente. O más objetivamente, enseñando la historia del cómic norteamericano de las diversas edades, de oro o plateadas, a las nuevas generaciones de fans.

En cambio, como Jessica Jones o Luke Cage, antiguos contemporáneos, este abogado atormentado por la sonoridad a su alrededor, investiga en su aparente oscuridad, encubierto en su bastón telescópico, preparado para el próximo lanzamiento a la base, del cráneo de sus enemigos. A ello se aúna, ese sentido práctico del derecho y una excelente mirada para la amistad, por ahora. Pues, las gotas de lluvia tienen su belleza visual, pero no permanecen para siempre...
DD pertenece a estos personajes o vigilantes, que recorren los callejones en la noche, desde los tejados o las tiras coloristas, ideadas tras el enfoque mágico de Stan Lee y otro precursor de la antigua Marvel Comics, como el dibujante Bill Everett. Este creador ambivalente, de otro antihéroe como el llamado Hijo Vengador, Sub-Mariner o Namor, antiguo Defensor junto a tres mutantes mágicos, como coetáneo acuático del Capitán América de Joe Simon y Jack Kirby. Justo dos décadas antes de la llegada de este hijo accidentado de un castigado boxeador, llamado Jack El Batallador, curtido y cosido en mil batallas perdidas... salvo una. Padre, ¿qué has hecho?

El héroe en indecisión eterna con los criminales, actúa tras su pensamiento disgregado a ras de la calle y la resiliencia de su historia vital a la altura de los sufridos ciudadanos, vecinos, macarras, vagabundos, esclavos, yonquis o prostitutas. Intentará ir transmitiendo otro enfoque de los viejos protectores de la ciudad de New York, vigilantes del viejo Tbo cuestionados por sus movimientos destructores con el ambiente circundantes, con los edificios y habitantes, esos denominados en mayúsculas, Superhéroes de Marvel. Aquellos "monstruos" incipientes (algunos hasta se transformarían en zombies o lucharían en guerras civiles), con el deseo de legalidad en su corazón, aunque tuvieran que pelear contra un ejército de malnacidos y esos llamados daños colaterales. Pero, incluso así, queridos por los lectores.

El atractivo de los poderosos con habilidades especiales, se ve complementado con sus contrarios perversos o mitos caídos en desgracia. Más crueles con los ciudadanos y, simplemente, inevitables para los relatos, los discursos y acciones parasitarias, necesarios para sus vidas complementarias, nocivos por sus proezas siniestras. Echando la vista atrás, o ese sentido casi arácnido, de este grupo criminalizado formarían parte los míticos, Seis Siniestros.
Además con la imagen más actualizada y seria, la nueva producción de Daredevil toma un nuevo pulso a aquellos mitos dibujados de la juventud, ya que la narración no pierde la esencia de los personajes y es fiel, más o menos, a sus pasos. Marvel nos hace olvidar la película de 2003 dirigida por Mark Steven Johnson (que destrozaría al Motorista Fantasma igual y paralelamente) y esa otra versión disyuntiva e inconexa, rodada en Los Ángeles y encarnada sin relevancia, por Ben Affleck.
Algunas críticas actuales que recorren la historia de aquellos viejos defensores (nuevos por su carácter) y la efigie desdoblada de este enmascarado del diablo, un cancerbero o Guardian de la Cocina del Infierno, excepto para los que le titulan como Spiderman de segunda, reconocen que es una de la mejores adaptaciones de aquella historia primeriza, oscura y subyugante, coleccionada como #1 y titulada con el sombrenombre de: The Man Without Fear!

Enmascarado llamativo, con una lucha interna y eterna, convive con contactos faciales o epidérmicos reprimidos, yo también lo noto o siento, antes de vestir de encarnado fuego infernal o convertirse en pagano, a manos de un oscuro, licencioso y siniestro Frank Miller.
Bienvenidos, seres del averno a la Gran Manzana, que disfruten del resto de sus vidas.
Otra vez, a través de Netflix, que posee un excelente OjO para la violencia, la venganza sangrienta... y el éxito televisivo.

DD, 2 seres enlazados.

Para ello, se han tenido que cruzar en el camino del mal absoluto y la justicia, los nombres de otros dos productores que se han esmerado en el producto de calidad, enfocando el entretenimiento moderno en una serie de trabajos para la televisión. El magnífico y renombrado, General Lee y un texano de Houston, llamado Drew Goddard, al parecer próximo director del filme X-Force. Salido de la Universidad de Mcguill, se forma como creador de historias en serie, hasta convertirse en guionista que empezara a recrear las vidas ocultas de otras personalidades femeninas, como Buffy, Angel o Arias, y que en un suspiro o vuelo accidentado, anduviera vagando perdido en una Isla surrealista. Un salto mayúsculo durante buena parte del crecimiento exponencial de artista multifacético, pasando a escribir para la gran pantalla, con buenos resultados de crítica y público, títulos como Cloverfield y The Martian (además de ese sonado error llamado World War Z) y que se atreviera a dirigir una de las sensaciones del terror actual, conceptualmente aclamada por gran parte de los espectadores del mundo y titulada The Cabin in the Woods.

Hubo un tiempo atrás, que de las sombras de un maldito siniestro se cruzaron. Apareció distorsionada por el ácido vertido y el destino, la mirada de un joven obstinado y superviviente, como otros cercanos. Fracturado como el rostro de su padre, forjado a base de golpes comprados y quejidos ahogados, siempre dispuesto a una puntada con hilo de ley. Presagiando bajo su ceguera virtual, la existencia de una máscara, con la que esconder su pasado... tal vez, la identidad.
Aquel chaval, otrora divertido, dedicado y afable, se convertiría en auténtico fantasma de mueca indecisa. Ser subdividido en la conciencia, como la noche y el día, en un casi inmortalizado conflicto moral y justiciero, que sería nombrado de intrépido anónimo y apellidado por ciudadanos compungidos de esta gran ciudad del este norteamericano, como Diablo. Sus heridas le delatan...

Sin embargo, el terror no provenía de Él, ni siquiera de las circunstancias que afloran en un tribunal del estado de N.Y., sino de los engendros que pertenecían a otra época, ¡y menuda época! Eran básicos en su nomenclatura química y física, los mejores enemigos de los denominados superhéroes, que cohabitan con habilidades divertidas o curiosas mutaciones fisiológicas de nueva generación. Formando un grupo que no dejaba títere sobre cabeza, ni escudo sobre América o araña sobre tela, ni siquiera esa mínima ecolocalización sobre la ceguera ´murcieguil`... próxima a Batman.
Los Seis nombrados, eran temidos por su novedosa estampa y respetados por todos los jóvenes que crecieron con sus maldades, atravesando los gustos de lectores adultos hacia esta nueva frontera llamada cómic que empezó en tira de diario. Reconocidos como un voladizo e irascible Buitre (volverá a serlo Michael Keaton), el intangible Sandman, la chispa casi cómica de Electro, la doblez psicológica de un Mysterio, que se presentará con la piel de Jake Gyllenhaal en la próxima Spider-Man: Far From Home, más un emplumado Kraven o El Cazador (precursor de otros elementos armados), y aquel increíble, metálico y frío por fuera, Doc Octopus.
Pronto, se sumarían otros: el extraño Hydro-man y el sibilino Lizzard, el eléctrico Shocker (sin los voltios de terror del estimado Wes Craven), un inimitable Rhino y alucinante Duende Verde, al calor de la radiactividad que proclamara a Peter Parker como ejemplo de la intrépida y rebelde juventud. De aquel enamoradizo o apasionado, como tantos en el mundo, sin dones, emergería uno de mis favoritos enemigos mortales, protagonista de la primera temporada, el plomizo, truculento y obsesionado con la tragedia shakespeariana, música clásica y pintura compleja, Mr. W... no, mejor dicho... El Kingpin.

Sin un enemigo más que resultón, no existe la imagen del héroe.
El Kingpin, es la figura imperecedera de una de esas aventuras pasionales y relaciones con el hampa más legendaria. Diabólicas y violentas, paralelas con la inocencia perdida a golpes. Ser enamorado, convulso y extraño, una especia de Romeo obeso y obsesionado, con latidos románticos hacia la recordada Vanessa de nuestra infancia, alter ego de género que surgiera de un brochazo.
Duelo visceral que, además, no podría existir ni maldecir, apenas suspirar, con la ausencia de ese otro diablo que cambia, de traje corbata, a ajustado fuego del averno. Semejante explosión de visceralidad, que sorprendiera con el encontronazo virginal del Asombroso Hombre Araña hace décadas, con J. Jonah Jameson de espaldas a la trascendencia cultural de aquel exitoso número 50, y presagiara el alzamiento de este imperio sangriento, encofrado entre la emisión de Netflix, y la producción de ABC, DeKnight Prods., Goddard Textiles con Marvel Television.
Algunos recordarán su volumen y calva, pero no, el fino cigarrillo, sus rayos ´bastonianos` y cabezazos, los caros zapatos italianos que retumbaban el suelo, los trajes rayados o aquel gabán blanco impoluto, que irían encadenando una serie de golpes, casi mortales. Tanto a enemigos como amores. Ahora, tal que en 1964 se encuentra de cara al invidente de la sonrisa oculta, cautivadora y astuta, algo bobalicona por la psicología dividida, haciendo hervir con sus ambas miradas, el ambiente alrededor, al igual que sus almas. Amor y odio, paroxismo extremo que se enfrenta a diferentes niveles de una sociedad condenada, enfangada por las instituciones infectas y... el indómito corazón.

Esencia Diabólica.

Desde los primeros instantes de la serie, o escarceos dentro de un ring emocional, nos sentimos a gusto con esta relación revitalizada en el tiempo y el espacio visual. Comprobamos con placer, ciego, los distintos comportamientos de recordados secundarios y edecanes con galones, ante el enfrentamiento visceral del pasado del héroe frente a sus diferentes y principales némesis. Si bien, a diferencia de otros defensores cercanos, este Diablo Judicial o Daredevil sin toga, mantiene la esencia del tebeo de Marvel, por encima de todo. Principalmente, debido a la excelencia en la traslación de los personajes, los lugares de la memoria y su historia diversificada en el tiempo; así como, por la elección de los actores que reinterpretan el recordado y admirado cómic de antaño, los golpes de ambientación cuidada dentro de estas nuevas geografías o urbanismo moderno, que acompaña las ´viñetas` animadas, con unos efectos visuales que se mantienen por encima de la media, en comparación de otros compañeros coetáneos. Excepto, uno...

Esta acertada estrategia identitaria de Mr. Goddard con nuestros recuerdos, contrasta las dibujados trazos de los personajes con los rostros de sus actores actuales, como dije bien elegidos. Como la autentificación del hombre rebelado, en los cortes "educativos" y tutor pugilístico en dermis lacerada de John Patrick Hayden, hasta guiar su imagen tras la muerte, como mártir combatiente de la indecencia y la amoralidad. El Batallador sustituido de manera sacrílega por un confesor conocido como Father Lantom y su actor disfrazado tras el escocés Peter McRobbie (Inherent Vice, The Visit). En crecimiento marcial junto a aquel Stick, gélido manco y cortante ´vidente`, emparentado con el volátil Kung-fú de los setenta, sobre la efigie del siempre notable Scott Glenn, antes de embarcarse en la serie Castle Rock basada en narraciones de otro King del Mal, Stephen.
Así le observamos, aleccionado por aquel viejo cabal y obstinado periodista Ben Ulrich, interpretado por Vondie Curtis-Hall (detective en Black Rain, compañero de Bruce Willis en Die Hard 2), mítico colega del trepador o esposo de Adriane Lenox en sufrida ficción catatónica; y en contraposición a esa Dulcinea del crimen, pintado, en la piel blanquecina de la actriz Ayelet Zurer o Vanessa, mientras los trapos sucios se lavan con el incalificable Mr. Leland de un obrero del cine y televisión como Bob Gunton o el acólito del mal absoluto, interpretado por un estilizado Toby Leonard Moore (John Wick).

Un magnífico casting que se complementa con otros secundarios relevantes y pertenecientes a la serie del Diablo de Hell´s Kitchen, cuidados por la bella Rosario Dawson como la carismática y polifacética Claire Temple, ya reconocida en serie, y esta confidente Marci, fiscal sexual con una sugerente, ambición rubia de Amy Rutberg. Geoffrey Cantor como el director-jefe del New York Bulletin, el peligroso ninja rojo o Nobu del reencarnado Peter Sinkoda o el Vladimir del australiano con nombre curioso Nikolai Nikolaeff. La reclusión de un extraño inventor con el actor Matt Gerald y la Madame Gao de todas las salsas, agridulces, Wai Ching Ho.... Aquellos que forman parte de este círculo vicioso, rodeando un cuadrilátero protagonista, amistoso o antagónico.
Porque Daredevil tiene la divergencia metafísica a flor de piel, la duda vengativa incrustada en su carne, su doblez pecadora, cortada en dorsales como los recuerdos del padre, mutilada en mil batallas. Mientras paralelamente, un chico de clase humilde como él, secuestrado por las ideas políticas de su, digamos, mentor, se acostumbra a los golpes que inflige la sangre y las frustraciones que cruzan su cerebro, para convertirle en lo que será el rey del Hampa en Hell´s Kitchen y otras zonas de su influencia nociva.

Así, ambos construyen el futuro con los clavos de su fe o esa redención diabólica o sentimental venganza sobre las burlas pasadas, con la idea de crear una ciudad mejor... pero, muy distinta de concepción, o tendencia diabólica. Porque los dos enemigos, poseen esa esencia inoculada en sus venas o moléculas. Ambos pertenecen a esa antigua generación de héroes y archienemigos de Marvel, que poseen diferencias insalvables infundidas por un odio ancestral, dentro de los límites del mito, la religión y la esencia del ser humano. Incombustible y innata, como esa lucha final que significa uno de los grandes enfrentamientos físicos y psicológicos, dentro de la historia moderna de la televisión y sus grandes producciones en este siglo XXI.

Los 3 amigos + 1, Fantástico.

Son poderosos egos que, mutaron con la experiencia y el dolor. Dos sombras que emergen en la noche o se ocultan bajo una tormenta de nieve, la conciencia o el miedo. Divertidos, silenciosos, bulliciosos, salvajes... en la perspectiva de un vigilante nocturno sobre un edificio, estampa reconocible, o como ejecutores en las calles teñidas de sangre. Es otro dilema o indecisión ética, ¿a favor o al margen de la ley?
No sabremos, si a través de confidencias del que escucha sin tener voz o súplicas sin respuesta concisa, cuando todavía no existe medicina o terapias alternativas para discernir sus próximos pasos... quizás el amor.

El invidente casi divino, inteligente en los despachos y silente solitario, se pliega a las exigencias de su educación católica y el recuerdo de la amistad. Frente a ese otro yo, que a veces, lucha por emerger bajo la piel y las heridas, como otro vengativo redentor o salvador. El dios que se hizo a sí mismo y su volumen, pisoteador de propias cucarachas, reventador de cráneos acólitos, levantando su peso en el otro rincón del cuadrilátero, con esa presencia que dejaría sin aliento al mismísimo diablo. Porque, frente a este joven sigiloso, amigo de sus amigos y simpático de mirada limpia, Charlie Cox el actor risueño que naciera de El Punto sobre la I, tenemos al otro inmaculado por fuera, ayer.
Hoy negrísimo en su enorme carcasa exterior y por sus adentros, más aún. Mr. Wilson Fisk, el rey omnipresente del Hampa en Hell´s Kitchen, es el otro Kingpin más corporativo y tenebroso, confeccionado con garantías por el gran Vincent D´Onofrio. Resulta escalofriante, dando un recital de incomodidad emocional y plasticidad física, salpicado de irrefrenables ataques de ira y complacencia amato-culinaria. Simplemente, resulta un duelo genial, avasallador y mortal, con esa escena final.

El invidente casi divino y el ciego representante del Mal, prendieron la mecha de su heroísmo mitigado o las bases de su imperio de sangre, sobre las arterias abiertas de sus ancestros. Esperando en los rincones del sufrimiento o el duelo eterno, sentados sobre un pedestal de falsedad, corrupción y podredumbre existencial... persiguen sus sueños, los de sus padres. Construidos con los estudios instigados, las retinas heridas o los huesos de sus enemigos, y simplemente, sobre los desechos de desdichados que se cruzan con sus puños o las pesadas huellas de sus zapatos. Los ojos de DDevil y las 140 libras de Fisk en canal, son esas dos caras de la moneda con la se acuñaron los cómics o las efigies de la historia de nuestra denominada Humanidad.
Estos antagonistas y sus prebendas metafísicas, se extienden hasta nuestros días como un bastón desplegable o arma electromagnética, sobredimensionado por la mente del fabuloso Jack Kirby y los colores de John Romita Sr., sobre aquel pasado jovial, mas luctuoso y trágico del estudiante Peter Parker. La verdad es que estos superhéroes de Marvel, o simples marionetas del azar, luchan y luchan, y sufren. Es lo que hay...

Para complacer a los más eclécticos, entre la amistad del estudiante y el romanticismo utópico, descubrimos a esos otros dos fantásticos, personajes necesarios en la trama violenta, que forman el triunviratum del bien, con la aterciopelada actriz de Brooklyn, Deborah Ann Woll (Ruby Sparks, True Blood) y el divertido melenudo Elden Henson, nacido en Rockville (junto al parque de Rock Creek) y firme como una ídem, en sus convicciones como abogado... no aguacate.
Sin habilidades físicas o extraordinarias, para la difícil existencia en el averno de Manhattan, toparse con estos enemigos tan inmensos, sudorosos, podría ser contraproducente para su salud. O incompatible con la vida, dada la extrema violencia, ya que los temibles y burlones, se mueven por el tablero con sus propios peones y reglas, flexibles o veloces a pesar de su enorme volumen e insuficiencia emotiva. Que mutan de justicieros a vengadores, de legos a prácticos... al menos, hasta que aparezca en la escena de Hell´s Kitchen, la próxima figura negra o ejecutor.

Pero eso es otra batalla, otra bala que digerir o tortura que soportar como tantas... semejante a la aparición de alguien venenoso, de un espíritu cautivo dentro de la poliédrica y fantasmal HYDRA, con múltiples cabezas y dos caras reconocibles. ¿Verdad, Nick Fury?.
Aquella serpiente indisciplinada, que fundara el sibilino Red Skull en la época de gran Guerra y compatriotas, que en un alarde globalizado e hiriente, enredarían en Japón con las técnicas de su ancestral arte marcial o ninjutsu, en contacto directo y siniestro hasta traernos a "La Mano".
De momento, en esas estamos, esperando la llegada del torturado, The Punisher, y la bella pero vengativa, capoeira cortante de Elektra.

DD, el Amor Vengativo.

¿Qué es un héroe?

En la mitología clásica, se hablaría o cantaría, sobre un hombre nacido de la unión de un dios/a y un ser humano, por lo cual era considerado más que hombre y menos que deidad. Desde la cuna de la civilización, ya se empezarían a configurar las clases sociales...
Desde entonces hasta la actualidad (incluyendo al Hell´s Kitchen del universo Marvel), las cosas han cambiado y nos referimos al héroe, como aquella figura mediática o persona capaz de abarcar un hecho sobredimensionado y convertirse en un ejemplo para la sociedad civil, valorada y idolatrada por los medios de comunicación, incluso, a costa de su propia existencia.
Para Daredevil, un héroe pertenece a un barrio que posee un alma, dónde dicho hombre o mujer heroica, no pueden disfrazarlo.

Nueva York se forjó a base de la sangre de muchos que huyeron de la masacre ejercida por dichos "héroes" (no los que conocemos ahora en las noticias), sino los que calentarían sus fogones con la violencia y alumbrarían los condimentos de aquella demencial Hell´s Kitchen, que el director nacido en Queens, Martin Scorsese, describirían a golpe de machetazos o hachazos en su película Gags of New York. Toda una revelación del pasado, donde los clanes ciudadanos, los sindicatos y las familias llegadas de distintos lugares, como judíos, irlandeses, alemanes, rusos, italianos, chinos o japoneses, forjarían el mito regado con sucesos sangrientos que comandarías la próxima hornada del Sindicato del Crimen o ´Murder Inc."

A la vez que el cine se hacía eco de sus dementes y peligrosos negocios, durante los siguientes años de la Ley Seca, se embarcarían acetato, dinero negro, desmembramientos, heroína y alcohol, desde los callejones de aquel llamado Clinton, hasta los fríos muelles del río Hudson, segando millares de vidas y cosechando de esqueletos sus aguas. Donde las películas de Hollywood retrataban la fracturación de la justicia, la podredumbre incipiente y esa violencia que empezara en las pandillas juveniles del East Side, mitigada bajo los rostros que las estrellas más duras como Paul Muni, James Cagney, Fred MacMurray o el gran Edward G. Robinson.
Tanto que el ambiente se haría irrespirables y acabarían apareciendo los héroes, los que luchaban en los medios o ciudadanos respetables a pie de barrio, como algunos personajes de West Side Story luchando contra su destino y, que en la década de los ochenta bajo el auspicio del alcalde Giuliani, producirían un revolución inmobiliaria que introduciría un término como la gentrificación. O el cambio de un barrio destartalado y salvaje, a una convivencia de marcado carácter comercial o inmobiliario, urbanita, bohemio, luminoso y algo aburguesado.

Sin embargo, en la década de los 50, Lee Strasberg colocaría los cimientos del Actors Studio Training School en Manhattan, proyectando todos los conceptos de la nueva bohemia norteamericana a sus calles aledañas y lanzando al estrellato a profesionales que marcarían con sangre, la información genética del nacimiento de la Gran Manzana. Como Paul Newman en las conexiones del hampa en Chicago con El Golpe, en Los Ángeles con El Buscavidas o The Hustler, y la historia de un campeón llamado Rocky Graziano.

Sin embargo, en la década de los 50, estos negocios de nuevo cuño, ya empezaron a instalarse sobre las calles de Manhattan con la llegada del Actors Studio Training Scholl, proyectando todos los conceptos novedosos de la bohemia neoyorquina y norteamericana, a sus calles aledañas. Lanzando al estrellato con su carisma, a profesionales que marcarían con trampas o sangre, aquella información genética del nacimiento de la Gran Manzana.
Las efigies de las estrellas surcaron el cielo de N.Y, pronosticando un futuro de máscaras y la farándula con nombres notables, reflejando o combatiendo la violencia anterior. Como Paul Newman y sus historias que llegaban desde Chicago en forma de El Golpe o The Sting, la imagen acosada de El Buscavidas o The Hustler, la trena vigilada de la gran Leyenda o Cool Hand Luke, y tocando este mundo oculto del boxeo con el campeón Rocky Graziano en aquella pequeña maravilla de Robert Wise titulada Marcado por el Odio. O más metafóricamente hablando Somebody Up There Likes Me. También saldrían otros ejemplos de actores inmortales ya, con papeles recordados dentro del mundillo criminal o mafioso cinematográfico, como Marilyn Monroe, James Dean, Eli Wallach, Eva Marie Saint, Steve McQueen, Jane Fonda, Dustin Hoffman, y por supuesto, la sangre temperamental con conexiones de Marlon Brando, Al Pacino, Robert De Niro o Jack Nicholson.

Así se compone el universo de Daredevil y su bimorfismos, haciendo sombra a aquellas antiguas películas de James Cagney o su vecino del Upper West Side de Manhattan, Humphrey Bogart. Donde el color negro se abate en aquel triángulo del Midtown, sobre sus fachadas, callejones plagados de Brasco´s, Prizzi´s o Serpico´s.... Corleone´s todos... y estas escaleras de emergencia que descendían al averno callejero con su sonido característico. Los irlandeses ya no estaban tan presentes, otros comenzaron a pedir su tortuosa parte de la tarta sangrienta.
En este cruce fatídico otrora, de Broadway, Madison y la efervescente 5ª Avenida, se estaba diagnosticando la expansión de bandas residuales aún, latinas y afroamericanas, prevaleciendo la ley u omertá de las italianas, con sus protegidos padrinos y renombrando a los atávicos Westies por una piramidal mafia en los años 20 y 30. Las balas se extenderían sobre un territorio casi virginal para las grandes empresas turbias o turbulentas que se reivindicaban bajo el auspicio de la corrupción y la prohibición. La etapa en que crecieron los chicos de la Cosa Nostra, los dones o capo di tutti i capi y sus secuaces, los oficiales y políticos comprados, los bloques de cemento y las cabezas de caballo en el cine. Esto es, los relatos de un conocido Mario Puzzo y la historia de Érase una Vez en América, del ´romántico` estilizado, Sergio Leone.

Son los relatos inmortalizados que recoge Stan Lee y los suyos a golpe de estilográficas, con el afán de ir recomponiendo el saneamiento de esa imagen peligrosa, creando un nuevo conflicto étnico o racial, con ghettos (vocablo latino que indica emplazamientos con fundición de hierro) o territorios urbanos, dedicados al abastecimiento a diferentes escalas, en mercados clandestinos. Desplazados o proscritos, en el inicio de otras siniestras bandas e ideologías, dentro de un ambiente creciente de cohecho político y esa catarsis inmobiliaria de doble filo en los 70. La fuente de estas nuevas historias con personajes de Marvel, que paseaban por sus barrios marginales, escindidos del lujo de lugares como Tiffany, los palacetes del Gran Gastby o la Fashion Ave, así como aquellos viajes comerciales o artísticos, a las deslumbrantes y coloristas, La Habana, Miami y California. La sangre del cómic se unía a esa marginalidad que se limpiaba del centro de Nueva York, para contarnos otras posibles vidas y muertes.

La era Daredevil y Spiderman.

Apenas dos años de diferencia en su nacimiento, con sentidos especiales para perseguir el mal y la percepción de sus robustos némesis en el horizonte, incluido, el parco de la calavera. Algunas de ellas compartidas y sufridas, contrapuestas, vestidas de metal, blanco o negro. Sin embargo, eran chicos arraigados a sus barrios salvajes y dispares familias de indisciplinados, estudiantes que se forjaron a golpe de duras visitas, de reclusiones eternas. Aunque en su mente se distinguieran por confiar en la justicia, más que en el castigo supremo. Uno hecho a sí mismo, balanceándose entre la sátira y el inconformismo adolescente, el otro educado a golpe de katana y lucha ciega. Hasta convertirse en el Chico de la Araña y el Hombre sin Miedo.
Crecieron en el Manhattan diseñado o dibujado, hasta arrinconar lo sucio en otros barrios adyacentes o sitios emergentes de ese feísmo cotidiano. O la inmundicia social a ocultar, que producía contenedores de cuerpos inertes, de vagabundos, enfermos mentales, condenados y drogatas, cruzando aquel río de almas del Hudson. Curiosamente, empieza con h, como hombre hambriento y el Hades.

Rescatando las imágenes de figuras que llevaría el Séptimo Arte a la gran pantalla, desde los jóvenes Sleepers de un próximo El Clan de los Irlandeses, que sería desplazado con carreras torcidas y sus carritos incendiados o lanzados sobre las escalerillas del metro en el Lower East Side. Transporte cinematográfico, también, fundado en 1904 sobre la Avenida Lexington o de Lex "Luthor", coloreando el transbordo en rojo, desde el pasado y la infectación de los famosos Gangs of New York retratados por Mr. Scorsese. Pasando por la furia de Taxi Driver al volante o la lucha de los sindicatos de cualquier especie, que descomponía la ley en las imágenes más conocidas como Scarface o el Corleone de Godfather II, saltando de costa a cota, como los verdaderos Capone y Elliot Ness, el Toro Salvaje, Bugsy, los Gambino y demás ´famiglia`, anclando las conexiones por toda Norteamérica, desde los Blinders de Boston, Atlantic City y los Genovese, el denominado Outfit de Chicago, Las Vegas, los televisivos Soprano o ambientes selectos de Los Ángeles, caminantes de la histórica Route 66. ¿Cómo no iba a existir en el camino, más de un demonio?

Incluso referencias filmadas, con el guion y dirección de Sylvester Stallone en La Cocina del Infierno o Paradise Alley, se hacen eco de esta calentura a plazos o enfrentando dos siglos de sanguinolenta historia; entre luchas fraticidas como en The Warriors de Walter Hill, el filme State of Grace de Phil Joanou, el cómic de Dick Tracy y los filibusteros de Gotham, Los Sobornados y Los Intocables, la Ciudad del Pecado de Frank Miller y la masacre de Chicago en San Valentín, el terror de una Bloody Mama con Roger Corman (a imagen de la mamma de Puzzo) o la diversión en un Miami divergente de Some Like It Hot, con la música de club y el maestro Wilder.
El control de prostíbulos en la excitante serie The Deuce, nutriéndose del vicio, como los chicos de la policía o el surgimiento del FBI, en tantas narraciones, desde James Stewart o sus muchachos de Mindhunter, los duros detectives tipo Robert Mitchum, contra el advenimiento de los actuales corruptos políticos, los yakuzas, los filántropos fingidos tras torturas o desapariciones flagrantes, las cárceles inhóspitas, guionistas enclaustrados y la invasión creadora de Europa, algunos contactos de las estrellas con mafiosos iluminados, Cautivos con Sed de Mal. Las femmes fatales como Gloria Grahame, Joan Bennett, Lana Turner, Marlene o la gran Bacall, sus bacanales y el Crepúsculo, sus muertes mediáticas y hechos ocultos en periódicos, el ritmo del jazz, el sudor y la noche. Clark Gable, Jean Harlow, Cooper, Grant o Sinatra... Y otra futuras mujeres con mano y cabezas de Hydra, desde la incipiente Hell´s Kitchen recogidas por los jodidos Peaky Blinders británicos, que saltaran a escena tras la guerra y en nuestra pequeña pantalla, hacia una próxima The Kitchen.

Todas estas vías oscuras y vidriosas, son en las que se fijaría Stan Lee para recrear la violencia descarnada y dibujar sobre vidrieras en red, e idealizar la figura de otro justiciero que abandona las leyes, la amistad y el amor, o no. Se cubre el alma intranquila, para enfundarse la careta del dolor y los cuernos del diablo. En esta segunda ocasión para enfrentarse a un mar de dudas y la llegada de la Mano, la valiente, mítica y fatídica Elektra o el percutor amartillado, con menos compasión al oeste de Hell´s Kitchen, al salvamento de policías desmoralizados.
Todo este cóctel violento, defensor o heroico, salpicó las páginas de nuestra infancia y juventud, todo este amor ciego se esconde tras un máscara del tiempo, fragmentado la realidad con la ficción. Toda la lucha necesita de sacrificio individual, toda la mugre merece un destino entre rejas, toda cárcel, una llave, toda ciudad un resquicio para huir... como diría el bueno de Philip Seymour Hoffman en el filme de Sidney Lumet, Antes que el Diablo Sepa que has Muerto.
Bajo las manos de Ejecutores.... R.i.p. the Kignpin, or not...

La Mano de The Punisher.

Wilson Fisk, esa bestia salida de las entrañas del arte moderno, el asesinato de Rigoletto (no el de la ópera de Verdi) y el maltrato infantil, que igual te compone una estrofa con bellos sinónimos y un lirismo embriagador, como una catarsis de poder eufórico, tormentoso y aplastante. Nació en el 67, antes de la llegada de The Punisher, ambos ensombrecidos por el dibujante John Romita Sr., entre Stan Lee y Gerry Conway. Enemigos declarados por un ¡quítame estas pajas!, del ojo, que crecieron hasta hacerse vigas con las que golpearse como verdaderos demonios invidentes y recalcitrantes traseros. A uno y otro lado del mal, la función social o el honor. Un soldado-marine con ínfulas de venganza y el gordo chef, de todas las salsas, como una especie de renovado y sibarita Hannibal de la tele. Amante del arte y el vino, el buen vivir o yantar, la música. Iracundo, no olvida una afrenta, algo clásico y magalómano.
Parecía acabado, pero ante las decisiones justas de Spiderman o Daredevil, sería un pecado no contar con él, para próximas excursiones por el nuevo universo, además con la piel y la calva de Vincent D'Onofrio... ¡da miedo!. Si bien no es él, he leído que existe una serie plural titulada así, la parte oculta de otros, Kingpin.

El primer round con el inexperto Matty, terminó con su dura osamenta en la prisión de la isla Ryker, cercana a la exclusiva La Balsa, demostrando que el Rojo es demasiado demonio. Pero, los usos y el fatídico destino, le harán cruzarse en negocios truculentos y demás salpicaduras carcelarias, con el soldadito con el cerebro atravesado por el plomo. The Punisher entra en acción y todo tiembla en esta segunda temporada, hasta los subterfugios del pasado, las fiscales con grandes ambiciones o los distintos puntos de vista de M&N con su socia husmeadora Karen Page y el ´aguacate` en ambiciosas y próximas misiones; mientras en la Corte de Justicia se desarrollará uno de los juicios marvelitas más interesantes de su historia, con ramificaciones en el ejército y los chanchullos de la política, las incursiones en campañas actuales, o una triangulación de bandas acusadas de un antiguo crimen, ocultado, que terminará en la líneas cruzadas de una Mano.

Daredevil no está aparentemente, dedicado a otras distracciones, como curarse en salud, distracciones con otras secuencias de alegre amistad y bebidas juveniles, encuentros en el ring del sexo, fatigas mentales proporcionadas por una antigua novia, alguna pequeña retención de líquidos, proporcionada por el hombre de la camiseta de la calavera, antes de precipitarse a una orgía de fluidos, un cara a cara que terminará con la suya partida y con un aviso clavado en el alma... Como no me matas, tendré que reorganizarme desde aquí a Japón, y cuando vuelva te pisaré, te repatearé y, posiblemente, iremos a pescar al fondo del Hudson.
La organización criminal y terrorista conocida como La Mano, está planeando sobre la ciudad, encendiendo las calderas del infierno como lo haría Frank Miller a principios de los ochenta con la resurrección de su Daredevil y Born Again. Influencias renacidas, cubriendo las cocinas internas de los negocios negros, con una multitud de acólitos callejeros o fanáticos de la sangre y las nuevas estrellas ninja, en busca del nuevo Cielo Negro. Tan próximo como un corazón carbonizado.

Los miembros fundadores se tendrán que ver con Wilson Fisk, para barajar las cartas y bien quien tiene la mano ganadora en la Costa Este, a costa de la famosa Casta. Son Alexandra tan conocida en espacios exteriores, Madame Gao que ve las sombras y huele la chamusquina en la cocción de sus muros, el Bakuto de Ramón Rodríguez (ojo avizor a los siguientes defensores), Sowande y el inflexible Murakami. Leland tiene el pensamiento en otros lugares...
No obstante, quedará para el recuerdo la batalla mayúscula del Rey Pelón y el Diablo de Hell´s Kitchen, tras los tejidos fabricados para el mamporreo masoca y el fornido papel de The Punisher, hablando bien clarito, o no, con su dialéctica ramboniana, seguridad esquizoide a la fuerza, ante la acusación del estado de Nueva York y el discurso del especialista en armas, en la mente de un psicópata. Forzado por la necesidad, el oficio bajo el mando y un entramado que acabara con la muerte de una familia, entre sus brazos y las astillas de su calavera. Normal que se diera a la pintura monocromática, sobre el textil.

Ya tenemos a otro rostro pétreo, con la conexión nasal del hijo de un boxeador, cambiando la conciencia de Murdock por la idea fija de algunos personajes o las efigies de sus películas anteriores, como si fuera un muerto viviente, por dentro no por fuera. El actor Jon Bernthal es Frank Castle, un proscrito con identidad propia, además de un Lobo de Wall Street, un Sicario, un Corazón de Acero, un hermano asesino de Contable´s, un acosado defensor en Wind River, un guardián del Baby Driver, de la Sweet Virginia y de las reliquias de Pilgrimage; y próximo macho entre las Viudas del estupendo director Steve McQueen, andará con una banda punk en la roadmovie de divertido nombre, Viena and The Fantomes, y protagonista de la lucha de Ford v. Ferrari en Le Mans, junto a Matt Damon y Christian Bale.

Se han cambiado balas, por cabezazos descomunales y abrazos del oso, cargas explosivas y rompehuesos, frente a los poderes controlados por una ceguera extendida, de aquí a alguna deidad, sanaciones de última generación contra la magia negra venida del Sol Naciente, sacudidas del cráneo y sus conexiones rotas por los golpes, ante el dolor de corazones rotos, combatiendo en un lucha mitológica y una sensación interna, cuando Daredevil parece un muñeco entre sus manos, entre sus atléticos saltos y voluntad para acabar una historia del pasado... cuando ella, no necesita de pistolas, sino de una espada o dos cuchillos con forma de tridente corto o Sai.
Ellos, Nobu o El Diablo, se extienden mecánicamente hasta Ella, y la alcanzarán... en esta u otra vida.

El Corazón de Elektra.

El héroe teme al amor... El Hombre sin Miedo resbala en la lluvia, quizá, se encarame en un cuadrilátero, recordando su sangre y así, el diablo compungido se entrega a Ella. Hasta el asesinato de un asesino.
Es la tortura que les queda, a los llamados superhumanos y su maldita fe, al igual que a los villanos, les queda el ruido del exterior y la carcoma, cada quien encerrado en su propia celda. En definitiva, los corazones de unos y otras, se retuercen con el dolor, se pervierten con el poder de la mente y se consuelan con la venganza, como The Punisher. Pero éste, necesitará de su propia serie de aventuras para comenzar una nueva andadura, fuera del ejército y del recuerdo.

De la Mano de Stick, se produce una estampida de sensaciones que empezaron en la educación de dos jóvenes inexpertos, de cara a una cruenta y transcendental guerra. Lucharon de su mano, pero se hieren de corazón, porque los ancestros son tan diferentes entre Matty (es el único habilitado para pronunciar este apelativo) y la eléctrica morena nacida en aquel Daredevil de 1981 y flexible como el mambú o la salsa brasileña, conocida como Elektra Natchios, que ante una ejecución, se salpican con palabras huecas y desplantes metafísicos. Desprecios libidinosos entre la venganza y la justicia.
Ella se vende al mejor postor y a su carácter ampliamente nihilista, que desprecia la vida cuando se trata de los Yakuza o los asesinos nipones y la mafia rusa, sería una especie de Vanessa, pero con el tormentoso devenir de la muerte y el cambio de existencia. Ella es la actriz parisina, marcado acento en todas sus lenguas, Elodie Yung con ascendencia exótica a la camboyana y formada en La Sorbona y las mejores escuelas artísticas de Londres. Una diosa de ébano, una diosa de Egipto y de la Tercera Dinastía, que se conservará con su espíritu inmortal.

Fue Fragile en Francia, endurecida en los G.I. Joe y en la copia de Milleniun a la fuerza, y eso que estaba detrás David Fincher, aunque se ven en el futuro incipiente, algo bastante más Negro. Sobre todo, observando el pasado fílmico de su personaje, junto Bullseye y las posibles consecuencias de sus nuevas vidas (como una gata indomable en las garras de Wolverine) o frente a la Hydra de muchas cabezas, a través del ojo de Mr. Fury.
Sin embargo, en el baile que nos ocupa y el restregón con Daredevil, observamos ya que se vuelve loca con la sangre y otros menesteres, que sus fiebres internas se contagian en la piel de la hermosa Miss Page, que la echa miradas de muerte, que Stick la induce al enfrentamiento a sabiendas de que se le podría caer el Cielo encima y, que la muerte tiene dos caminos, sobre todo, entre las gentes de antiguas civilizaciones como la egipcia. Ah, y los muertos, entre sus manos... muertos son. With love, MM.


Tráiler King of Thieves, de James Marsh.


Tráiler Widows (Viudas), de Steve McQueen.


sábado, 4 de agosto de 2018

Gold / American Made (Barry Seal).

El verano más sudoroso, por otro lado, lúdico, aventurero y vicioso.
Aquel que entre los diferentes estados de la antimateria, digamos humana, deja un hueco divulgativo, para conocer a personajes (digamos, más o menos reales) que mitigan los vapores alcohólicos y la alta gradación del ambiente casero. Pongámonos las gafas de aviador y volemos a parajes inolvidables o incomparables, para descubrir lo que esconden las existencias de aquellos que volvieron al asiento pegajoso de un Cadillac clásico o a un lugar indeterminado, entre la riqueza material o el deceso.

Dos vidas encauzadas a la acumulación y la urdimbre financiera, tenebrosa como una mina en la lluviosa selva Indonesia, plagada de enfermedades tropicales, o devastada como un vuelo de emergencia que portara un cargamento peligroso.
Así, tras temporada y temporada de esas últimas series, las más buscadas de esta o aquella estación, nos embarcamos en la memoria próxima, para surcar los cielos más disparatados u osados, sofocarnos al mando de ventilador manual e ineficiente, alrededor de la canícula que nos invita a meternos con otras historias incontables de cine.
Es tiempo para visitar la historia inconfesable, comentar algunas películas ya licenciadas, que se quedaron atrapadas en un buzón de la memoria sobre la isla de Borneo o abandonando la identidad de estrella fulgurante del Hollywood actual. Para colarnos de polizones de un piloto cuestionado, desde su tierra natal de Baton Rouge, pasando por arco iris químicos en Arkansas y fiesta de altos vuelos, hasta calzarse un viaje por las tierras nicaragüenses y el conflicto político-social. Sin complejos, una travesía por la ilegalidad, el engaño y el estraperlo, en busca de una vida de película.


Gold... o el porqué de un Torrente Dorado.

Un americano del Norte, no tiene porqué conocer a un personaje del cine patrio, discordante y pringoso, como el Sr. Torrente y su bazo. Pero, no cabe duda que la interpretación del actor Matthew McConaughey emula las andanzas de cualquier tipo interesado, que confabula interiormente y maquina un asunto, con todos sus movimientos patosos y los desafueros económicos. Si bien, ambos caminen por diferentes aceras de la verdad (ficción con realismo) o en sentidos "opuestos" de la ley. Que no apuestos, indudablemente...

Para ello, la historia verdadera se ve camuflada tras el aspecto de un individuo, entre simpático y desafortunado, que comienza una odisea hacia la degradación personal y la sorpresa de un negocio dorado, como la orina de un enfermo de fiebre amarilla.
Sirviéndose de otra transformación camaleónica, el irreverente Mr. Matthew se convierte en el empresario encargado de un Gold aumentado, de fortuna áurea, antes de que la herencia de su padre se evapore del todo, como un castillo hecho de polvos, no dorados. En este estado rocambolesco de la epopeya financiera, se alía de un geólogo intrépido, que alberga la esperanza de convertir otra montaña onírica en sociedad, con un apretón de manos. Sita en la isla de Borneo, en un valle repleto de oro, la combustión será inminente, viendo el futuro que el espera al de Texas, junto al actor de origen venezolano, Edgar Ramírez (Zero Dark Thirty, La Chica del Tren), dejando embarrada, esta vez sin dinosaurios, pero con dientes como aquella, a la bella y divertida Bryce Dallas Howard.

El director de todo este despropósito histórico, aunque rebozado de datos camuflados con su realidad, como tramas paralelas y panzas de postín, es aquel guionista del filme Traffic y director de la extravagante Syriana, Stephen Gaghan. Divertido recreando otra metáfora insaciable de la economía y el poder ilimitado, basado en mentiras o patrañas. Eso sí, aquí con un lujurioso sentido del humor y cierta mala uva como ramalazos dicotómicos, emprendedor Robin Hood o bobo estratégico, donde prevalece la interpretación de Mr. McConaughey y los giros dramáticos de este personaje acorralado por las deudas, o eufórico por la gran mentira y estafa.
Sin complejos, se ríen en el espejo físico y el descaro del relato macroeconómico, junto al padre interpretado por Craig T. Nelson (aquel marido acosado de Poltergeist, Increíble y en los Gritos del Silencio), Corey Stoll (involucrado en La Buena Mentira y El Hombre Hormiga), Bill Camp (Molly´s Game, Gorrión Rojo) o Tobby Kebbell, acostumbrado a transformaciones del tipo El Amanecer del Planeta de los Simios, Kong: La Isla Calavera o Un Monstruo Viene a Verme.

Sin duda, uno de los atractivos de la película, además de los grasientos peinados y las desproporcionadas interpretaciones, es la fotografía natural que acompaña a este submundo transversal entre aventura y negocio mayúsculo de grandes cuentas. Parajes espectaculares para un biopic relativo y romántico, que acompaña el guión aderezado de un ácido sentido del humor, que desengrasa la esperanza inmutable, la resistencia al fracaso y las consumiciones desproporcionadas.
Sin olvidar que una guerra es más cruenta, cuando el dinero está por medio. Que tras la caída de una endeble Torre Oscura, queda vida tras la MM con futuros papeles en White Rick Boy (un asunto de drogas juveniles), una comedia desenfadad titulada The Beach Bum y una travesía accidentada en Serenity junto a Diane Lane y Anne Hathaway. Que una peli de aventuras en la selva, está bien acompasada con ritmos de New Order, Joy Division, Pixies e Iggy Pop, y recuerdos de la voz tranquila del recientemente desaparecido Leonard Cohen.

Gold, quizá no sea la película más redonda, pero te desintoxica de una noche caliente de verano, te entretiene con un argumento enrevesado que crece como una estafa piramidal, observas los cambios e inteligencia de un actor como el gran Matthew, se sostiene cinematográficamente dentro de unos parámetros de calidad con el sueño americano o la gran pifia... aún sin un cheque en blanco en la producción de Black Bear Pictures... Más bien sin fondos o condicionados... o, a través de un contrato firmado en un servilleta. Auspiciado por la propia palabra, esa "verdad" y una amistad.

American Made (Barry Seal).

En esta divertida doble sesión veraniega (y algo volatilizada en el año 2017), tendríamos al inefable, incombustible y radiante Tom Cruise, vestido en cueros como piloto atípico. Juerguista imaginativo y falsario contrabandista, destaca en este filme como notable intérprete de confusiones reales y removedor de mierdas varias en la gratificante ficción que desarrolla del pasado. Pues, la no demasiado remarcada por la crítica, Barry Seal, o El Traficante, o allá en tierras del otro lado del Atlántico, American Made, es una entretenida versión del personaje histórico, polémico y algo desconocido para el gran público.
Barry Seal, ex-piloto de la Trans World Airlines o TWA, envuelto en extrañas y explosivas circunstancias, que reflejarán el destino próximo de sus andanzas y otras voladuras de tarro. Convertido en traficante de pequeñas cantidades de anfetaminas, al estilo voladizo de Breaking Bad, sin tanta fórmula o catástrofe aérea en el jardín de casa, aunque si tensión competitiva con aquellos cocineros. Real convicto y retenido por las autoridades por sus frecuentes juergas y elegido como confidente de la CIA, sino la invariable y húmeda trena, durante las siguientes horas y dramáticas actividades en las peligrosas o sufridas tierras de Nicaragua. Sombra de una época, sobre suelo y cielo americano.

El gran sueño americano, hacerse poderoso y activar todos los centros recreativos de tu cuerpo, en el menor tiempo posible, al mando de un Mr. Cruise desaforado en el tramo acrobático y adictivo por tierra o aire. Bastante desfasado en el sentido etimológico del buen actor y dirigido por un buen amigo neoyorquino, conocido como Doug Liman. El mismo de El Caso de Bourne y productor de la serie Impulse, el próximo director de la esperada película Chaos Walking basada en un guion de Charlie Kaufman, con la galáctica Daisy Ridley, Tom Holland y Mads Mikkelsen, y otra vez compañero de fatigas fílmicas, dirigiendo a Tom en una Live Die Repeat and Repeat (segunda parte de Al Filo del Mañana) más un scifi titulado Luna Park.
Mientras en estas tierras movedizas de American Made, aterrizando sobre campos de marihuana en Sudamérica, infectados de RR, no Rock&Roll de la banda sonora, sino del recuerdo histórico de Ronald Reagan, del Irangate, con el negocio de la Contra nicaragüense y los movimientos de los carteles de la droga colombiana. Con las figuras destacadas de los capos Jorge Ochoa y Pablo Escobar, interpretados por el actor mexicano Alejandro Edda (Narcos) y el colombiano Mauricio Mejía.

Lo principal de esta historia verídica, es que está tratada como una auténtica aventura cinematográfica al estilo clásico de Hollywood, con claros contrastes ochenteros y gracias al ágil guion de Gary Spinelli, animado de otros interesantes actores como Sarah Wright, E. Roger Mitchell (Sully), el camaleónico Caleb Landry Jones (Get Out, Three Billboards Outside Ebbing, Missouri), Lola Kirke (Gone Girl, The Leftovers), Domhnall Gleeson (Ex-Maquina, The Revenant) y un actor subido en la cresta de la ola permanente como Jesse Plemons (Fargo, The Post).
Toda una evolución psicotrópica de aspectos individuales, mezclados con la política y la sociedad de 1984, que debería termina dramáticamente, como una paradoja diabólica del alias Barryman. Entre el entretenimiento nihilista y libertino del personaje, la situación económica o los entresijos internos de CIA, DEA, el NFLS de plena actualidad y aquel cartel de Medellín (Colombia). Con el sentido estratégico de un golpe final majestuoso de espionaje, sonado cambalache en labores de inteligencia e infiltrado sobre un peligroso avión militar, de apellido televisivo y cinematográfico, como el Fairchild C-123 Provider. Ah, y un solitario asiento de un Cadillac.

Tom Cruise lo clava como vividor sin límites y mercenario clandestino, refresca la noche calórica con esta divertida película que toca todos los palos de un buen suspense. Traidor en beneficio propio, a través del lavado de dinero, traicionado en condescendiente perspectiva y seguridad, que termina en el silencio de Florida.
Según dictan los grabados periodísticos de la época, la CIA habría movido grandes cantidades de dinero para salvaguardar el futuro de aquella Nicaragua, con la globalización del consumo de cocaína y un paso a EEUU, que se confundiría aún más, tras negaciones de todo tipo y un misterioso suicidio. Además, como dato anecdótico del personaje, existe una producción de 1991 de la mano de HBO, de padre racista, fue compañero del infausto Lee Harvey Oswald y aquel piloto del mito Howard Hughes, se convertiría en el más joven en dirigir un Boeing 747 y ser despedido. Todo un carácter de aterrizajes aguerridos...

Si no acabas desquiciado por el consumo y los tratos gubernamentales, con tus huesos entumecidos por la humedad selvática, machacados por un episodio trágico, recordemos a dos profesionales y dobles de acción fallecidos durante el rodaje sobre los departamentos más polémicos de Colombia... si te has salvado del derretimiento en el sofá... ¡qué son casi 4 horas! Sobre todo, transgresoras, emocionantes y recalcitrantes... algo sudorosas.
Lo dicho, se trata de una buena época para revivir aventuras de todo tipo y con historias atípicas, adentrarse en estas personalidades increíbles que, sin ser demasiado conocidas, trasmiten pasión por el cine, situaciones verídicas y te pueden hacer saltar alguna que otra... carcajada. O no, una mueca risueña... por el calor.
Siempre de humor cítrico y turbio, como una buena y refrescante limonada. Otra interesante propuesta de cine selvático... Con Matthew y Tom... ¡qué monada!

Tráiler Serenity, de Steven Knight.


martes, 24 de julio de 2018

Jessica Jones.


Una Joya Oscura de Marvel.

Los primeros héroes del Universo Marvel, comenzaron a levantar el vuelo en el año 1940, con la arcaica primera Antorcha Humana, la cual daría nombre a la editora Timely de Goodman, y la imaginación de los jóvenes Joe Simon (dibujante) y Stanley Martin Lieber, más archi-conocido como general en ilusiones, Stan Lee. Después llegaría un ser profundo como Namor, el guerrero atlántico del cómic, antes del advenimiento epidérmico de su gran jefe con el tridente en mano y fuerte carácter en Dc, tan en boga en la actualidad. Por supuesto, de la mano del norteamericano más estrellado, con aquel escudo forjado en la factoría Stark y su lucha contra el supremacismo nazi... ¡eran otros tiempos! O no. Más personajes comenzaron a llegar de la mano maestra de Jack Kirby, dando origen a las primeras series con interrupciones narrativas y saltos temporales, que indagaban en los primeros pasos de los superhéroes del próximo Universo de Marvel y sus diferentes dimensiones.
Pero tras la Guerra Mundial, si está claro que muchos de ellos, comenzaron su camino borroso como aprendices de héroes, con sus variopintas personalidades y aptitudes, así sea el clásico Whizzer (velocidad presente en esta serie que converge en el tiempo), o los posteriores de la generación de plata en los años sesenta.

Si bien el público habitual del tbo, prefería historias bélicas, de terror o vaqueros, Stan Lee siguió apostando por las narraciones de sus poderosos personajes enmascarados, acercando el mundo juvenil con sus instintos joviales como alguno de los componentes de Los 4 Fantásticos. Así el Hombre Hormiga y la Avispa, Hulk y el incombustible Hombre Araña, formarían parte de los cinematográficos The Avengers en aquel año de 1963.
La mayoría adquiriría sus poderes de forma traumática, aunque siempre mantuvieron ese espíritu heroico del mito, que subyace en la mente de los seguidores más bajitos e ilusionados con la historia. Ardorosos y fervientes admiradores de héroes todopoderosos como Thor o Loki, u otros monstruos típicos de la Literatura. Viéndose a través del espejo deformado e irreal de su abrupta y corrupta sociedad, con los miedos cambiantes de hoy. Seremos individuos desprotegidos, no ingenuos seres humanos.
Es decir que, ante sus usos o algunos abusos, se elevaban las costumbres poderosas de sus puños y acciones catastróficas, sugeridos defectos de poca sensibilidad al prójimo, aunque sus palabras dictaran otra cosa, consultando este asunto con el moderno Luke Cage. Algo funesto para la salud, que hoy llamarían la atención o sobreprotección de nuestros niños y adolescentes, dadas las circunstanciales referencias de sus peligrosas hazañas con el pensamiento crítico de los padres contemporáneos. Hasta que comenzarían a sobredimensionar el caos o sufrir las consecuencias de estos elementos desbocados, debido a sus graves efectos contra los enemigos casquivanos en nuestros barrios, esto es, la Gran Manzana. Si no, que se lo pregunten al principal accionista de las famosas industrias Stark, of course.

Sus familias e historias paralelas coqueteaban con antiguas deidades y mitos de la literatura clásica, mientras una estudiante, jovencita morena pululaba o se balanceaba alrededor de la tela de araña a distancia, con el objetivo de establecer lazos en común. Una casi desconocida, simpática, contando con sus cerebros fogosos, se sumergiría en baños radiactivos durante el curso de un viaje recreativo promocionado por el célebre Tony Stark, esto es pagado a su padre obrero y con la misión de domesticar o endulzar, esa personalidad subversiva, aún disgregada y en formación.

Otras superheroinas fueron acomodando sus bríos junto a los antiguos Invasores, triunfando por Vengadores u otros más mutables, como The Defenders. Con ellas Clea, Valkiria, Avispa y varias gatas de color negro, no los actuales defensores, estuvimos alternando Howard el Pato con la mujer maravillosa de DC y olvidando a las Blonde Phantom, Sun Girl, Namora o Venus, de la primera era en Marvel Magazine. Hasta formar parte de estos grupos rivales con más peso y rivalidad cromática, con cierta igualdad, ajustada en los trajes hacia las acciones llamativas de una nueva Marvel Comics q finales de los sesenta. Vemos combinando sus trazos curvilíneos y mentales, sobre mundos complejos y la imaginación de Jack Kirby, gracias a sus fogosos mutantes. Rememoramos al recientemente desaparecido Steve Ditko (mítico creador de Spiderman o Dr. Strange) para fusionar ambas eras, la época Dorada y de Plata, con Don Heck (al lado "metálico" de Iron Man), el longevo Joe Sinnott (Fantastic Four, los otros Defenders,Invaders o Fantastics), Dick Ayers (Ghost Rider, Sargent Fury), Bill Everett (amo de Daredevil y descendiente del romántico William Blake), Gil Kane junto al editor-guionista Roy Thomas creador de (Conan, Iron Fist y Ghost Rider), Gene Colan con Arnold Drake (Guardians of the Galaxy) o más cercano el colorista dúo Roger Stern y John Romita Jr, creadores también de asombrosos, ciclópeos y recordados villanos.

Sin olvidar a muchos otros profesionales de la tinta y guionistas. Como consecuencia, es cierto que, durante las siguientes décadas, se establecieron otras relaciones más complicadas entre ellas, las poderosas y liberadas féminas, con sus enemigos acérrimos, más frecuentes y protagonistas, hombres, hombres... con aquella piel tostada por la radiactividad sobre carne de acero mutante y temperamentos de macho alienado. Machacando a la sociedad (bueno salvándola) y sus neutros habitantes, desgraciados de cada tiempo narrado, que iban modelando el espíritu de resistencia, también el femenino a la contra. Eso sí, todavía sin víctimas demasiado evidentes, dibujadas con mutilaciones o sangre evidente... mucho menos desmembramientos o decapitaciones.
Eran los desarraigad@s del cómic, parias de aquella determinada época que les tocaba vivir o combatir, frente a las divas o musas de la acción. Por tanto, sus atributos siguieron alejados del lápiz, de ciertos atractivos vitales de andar por casa o familia, cuando sus tensiones marchaban en aumento de testosterona y perseguidos por futuras malas decisiones con sus "rollitos" amorosos.

De aquellos nacimientos dramáticos, más elaborados en los perfiles sociológicos, si izarían las amalgamas de próximas familias voladoras, con determinados super-poderes adquiridos, en diferentes ratios que nos llegan ahora en la tele, bebiendo con Manos inmortales. Sus eventos privados nos fueron contagiando de acciones peculiares y tramas más enrevesadas, conociéndoles internamente por sus decisiones erróneas y a través de contactos con el mal, saltando de uno a otro lado.
Además de esas otras nimiedades, pequeñas particularidades u obviedades dentro del mundo terrícola, digamos prohibidas en las elaboraciones de sus contenidos, hasta entonces. Mutando o creciendo, en dependencia con la situación o la época. También, sorteando ciertas imágenes esquivas o más directas, que se saldrían de coordenadas clásicas en cuanto al sexo o la violencia, dibujadas por autores más pícaros y guionistas variopintos, cada vez más abiertos a todo tipo de enfermedades, adicciones, luchas sociales, o aquellos denominados "daños colaterales"... y el ampuloso o sudoroso espacio sexual en la intimidad o los medios.
Por supuesto, los cómics siguen siendo territorio de los niños o eses nuevos aprendices, hoy avanzados por la globalización a muchos adultos, intercambiando con móviles, datos de internet para acceder a todos los contenidos a su alcance... y la posible derrota de los ciegos tutores. ¡Llamen a Daredevil o Dan Defensor en su memoria!

Algunos de aquellos superhéroes se adentraban en la marginalidad, depende del cristal o cabello oscuro que se mire, tras la pantalla amiga, o no... Pues sus estilos variados, tendrían que afrontar la dura realidad de sus actos o decisiones, y dándose de bruces con esos otros personajes desdichados que revoloteaban sin destino en las viñetas, solventar la papeleta, el rollo o el voto. Seres marginales y lectores de tebeos, que irían acompañando sus espectaculares vuelos y exhibiciones musculosas, con escabechinas a pie de calle, de propias diferencias entre los de su clase y calaña en contra, que parecían dioses expulsados del paraíso terrenal vs. demonios o autoelegidos.
Ella, la "Joya de Hell´s Kitchen", comenzó siendo uno de esos seres atávicos, cercanos a la mitología radiactiva, maldiciendo sobre los enemigos de Spiderman como titanes en duelo. Compatibilizando la debilidad física con el destino de hombres y mujeres, empoderadas o como sea, y acaparando múltiples problemas de todo tipo en su odisea con vecinos y transeúntes. Creciendo con maltratadores mentales, elitistas o torturadores sexuales, despreciando víctimas con sus guiones mayestáticos, cayendo en desgracias mayores y otros problemas epidérmicos, a posteriori.
Las marvelitas de nuevo cuño, estrechaban los lazos hacia esta identidad común, dentro de una sociedad nada uniforma que, anteriormente, sentían alejada del combate. Como relegad@s a simples relaciones juveniles o comparsas de estrellas fugaces, ataviad@s de atractivos trajes, rotundidad musculada y atributos informes. Se acabaron los refugios laborales para ocultar la identidad, ahora prevalecerán los sitios oscuros, la adicción y los besos, toqueteos metafísicos, placer con otros casamientos que terminarían en nacimientos inesperados. Mutaciones espaciales, guardianes animales y defensores musicales, psicopatías modernas u otras pésimas noticias para su especie, sobre todo, cuando descubrieron a esos congéneres más débiles del cuento. Los humanos desafortunados o patosos, caídos en desgracia o en el apartamento equivocado de al lado. Figurantes del advenimiento en este nuevo milenio, que nos iba a enterrar a todos. Cambiamos... y aquí seguimos, atontados con Jessica de los Campbell de toda la vida... o muerte.

Muchos cambios drásticos en los comportamientos que, apenas, eran pinceladas furibundas en el pasado dibujado y que perpetuaron su historia en los cómics modernos. Hasta conformar una nueva generación de guionistas y dibujantes más osados o libres, como un joven llamado Frank Miller, pasando por el Kick-ass de Mark Millar a este triunfador de Cleveland llamado Brian Michael Bendis.
Se buscan degenerados, técnicas de viejos detectives, fotografías comprometidas, una vuelta al noir en papel de imprenta, giros decadentes, torpeza policial y ciencia infusa. Desde donde nacería la nueva "heroína" articulada con su propia serie de exabruptos e identidad adulta. Extrema, adictiva, coherente, oscura, sugerente, Joya sexual, opaca de cara al exterior...
¡Qué hay de nuevo Jessica Jones!

Jessica Jones, season I: Luke Cage y Killgrave.

La humanidad apesta y no merece que la salven...
Ha tardado un tiempo desde los dibujos de Michael Gaydos, en submundo conflictivo, se expresaran con claridad compareciendo ante las cámaras de Estudios Marvel y rebelándose ante las caprichosas evoluciones del novedoso destino filmado. Jessica Jones va manteniendo los comportamientos y rotulación drástica, adquiridos en las páginas del cómic, propagándolos y transformándolos en señas de identidad para diferentes generaciones. Hoy decididamente, más volcadas en la socialización de las diferencias y luchadoras frente a la injusticia o esa desigualdad que derribaría el mito masculino. Voces que guían al personaje hacia los terrenos movedizos de la actualidad violenta, el derecho y el feminismo.

De una zancada, sin titubeos o sí, al menos tres años, aunque sin mareos provocados por los balanceos fotográficos a gran altura o la ingesta etílica, el personaje pertenece ya a una esta serie de televisión lanzada una noche, durante el Día Internacional de la Mujer. ¿De qué otra forma más atinada o consecuente...?
Si bien adaptada, aconsejada o mal animada, ya veremos... sus nuevos dueños de la productora Marvel, se decantan por la definida imagen del creador, bajo la batuta de su acertada refundadora para la televisión de Netflix. Melissa Rosenberg (Dexter, Red Widow), porque ya nadie se acuerda de los guiones de Crepúsculo, acierta en estrecha colaboración con una serie protegida de trabajadoras de la dirección y desarrolladoras de guiones en extensa plantilla. Salvo a algún perdido "macho" divulgador de leyendas, entre ellas.
Sus legiones humanistas se aferran a la muchacha de la tragicomedia, con una tendencia cinematográfica al cine negro de detectives, mutando los roles. Sus pasos por el cómic, han establecido las distintas circunstancias sociales y revelaciones personales de la actualidad, que hacen de esta Jessica, un éxito moderno, con una atractiva joven, de ´extraña carrera`, emancipada por necesidad y mérito, algo inclinada a ese consumismo, sólo alcohólico, algo diabólica, propensa al amor libre, que derriba fronteras y músculos, deslenguada... vamos una roquera con ciertos efluvios y ciegos Defensores del underground. Compañera solitaria de liberales desintoxicados y feministas, amiga de su hermana del alma, no la de Gata Infernal, contra el poder, los estereotipos y la clase establecida, que embriaga al más pintado... como el de morado, claro.

Si no que se lo digan al invidente Daredevil y sus devaneos sensoriales, o mejor a Killgrave o Hombre Púrpura, denominado así por estos lares metafísicos y psicológicos, con su manía persecutoria. Ya que ella, parece decidir su propio camino, enturbiado por la mente maniática, tras luchas enrevesadas con el yo y el otro, un acosador sistemático. La oscuridad la observamos a través de esas fotografías adultas, muestras gráficas de espionaje nocturno y desproporcionadas tensiones sexuales, roturas de vidrios que cuadran la primera opción, la de investigadora con un Alias, La Joya.
Una mujer adulta con aristas, entre notas de sombras y luces, sin las retinas soportan las del día. Incorpora el lenguaje corporal que resulta más adecuado, para conquistar a las últimas generaciones de revolucionarias seguidoras... y complacidos fans, con intenciones de acoplarse a su mente. Definitivamente, JJ está amoldada a su nuevo trabajo, tras pasar por una cama no muy afortunada y los restos familiares, por lo que no está muy preocupada por su outfit o estilo. La chaqueta de cuero se ajusta a su atrevimiento, combinada con camisetas básicas de comodidad interior, jeans sucios y rotos como su alma, y para acabar unos botines de inspiración militar, para la lucha diaria de la calle u otros menesteres.

Su look particularmente uniforme, no le resta pizca de atractivo, ya que todos la recuerdan de su etapa pasada junto a WW, cuando todos nos quedamos colgados con su brillante aparición y aquel teléfono traspuesto de anfetas. Con más cortes que la vidriera quebrada de su puerta oficial y parecido peso en la conciencia, que deberá llevar como un rímel oscuro, corrido bajo su mirada y pasado, esta chica es mitad ángel, mitad demonio de gruesos labios, gracias a la actriz de Bloomsburg (Pennsylvania), la atractiva Krysten Ritter.
Comenzamos con Jessica Jones en esta primera y psicológica temporada, donde existen estos dos paradigmas simbólicos de su existencia traumática, que deberían representar la imagen de esa mujer liberada y batalladora. En primer lugar, uno más positivo que proviene de su propia naturaleza, la realización personal de una identidad sin complejos, sin máscaras, a priori. Y otro, siniestro que se abalanza en las noches de su conciencia, tan espeso como la graduación, una fractura accidental sobre el asfalto o el peso de la culpa.
Para definir en la noche almas gemelas, frustradas y entrecruzadas, en acción postural y combustión recíproca, del ciudadano negro con pensamiento meditado o corazón blanco, y una dama traslucida de piel, con el alma muy oscura... como el cuero o el bourbon.

Por consiguiente, tenemos a una Jessica que pisa firme al futuro en el novedoso universo marvelita, algo incierto como el de todo héroe que se precie, sin buscarlo o necesitarlo. Aquella caída que se produjo junto a la familia y que derivo en productos químicos y otros más adictivos, dañinos para la mente, que no para el hígado a prueba de... bueno, ¡bombas no!... de duros golpes o animosos encuentros, junto al farragoso Killgrave, El Hombre Púrpura, el fantasma que cría malvas, aparentemente. Porque, el actor escocés David Tennant criado a los pechos de la tele y Shakespeare, es uno de las mayores exponentes de esta jaula de grillos con poderes físicos o parapsicológicos, que no deja títere con cabeza centrada. Tanto que recordamos sus ecos viciados, sus pasos con el hechicero Harry Potter, sus voces animadas o la revisitación de ese clásico contemporáneo conocido como Fright Night. Es un espíritu inquieto, indeformable, de humor vitriólico y necesario para el éxito de la serie Jessica Jones, of course.

Pero ella, Jessica la divina, no busca el conformismo en ningún lado, menos en la cama, tampoco el heroísmo, sólo la supervivencia... y dar un par de mamporros bien dados, a maltratadores, violadores o dominantes sin escrúpulos, ni aceptación. Sus movimientos son simple necesidad, una respuesta visceral a sus propios deseos, o miedos, una identificación con sus rasgos femeninos y necesidad de igualdad. Sobre todo, con la piel de Luke Cage.
El otro paradigma, significaría una idealización del amor que se cae por el abismo izquierdo de la cama, cuando la diversión se apropia de otras necesidades aparentes, como la amistad. A Mike Colter, ya le conocemos, no necesita otra presentación, ni mucho menos, duro empellón.
Frente al poder intelectual y la fuerza bruta, se ponen a debate las relaciones personales, como el control metal del prójimo, o pareja, obteniendo este triángulo colorista, entre el negro real de JJ, el rojo apasionado con L.K. y el peligroso morado o picoteo neuronal de Killgrave. Por tanto, esta libertad versus la atadura temporal, la obsesión y el sometimiento, es lo que hace realmente atractiva esta temporada de la serie.

El futuro se presenta con un cuadro postraumático, cercano al thriller psicológico y una reunión de ovejas descarriadas, nada crítico con el alcoholismo, como le ocurriera a aquellos personajes de Dashiell Hammett o Raymond Chandler, de ahí su total acierto. Si bien la acción, es más de andar por casa, o edificio de apartamentos amontonados sobre el Hell´s Kitchen y sus aromas, sito en las cercanías del famoso bar de Josie. Algo defectuosa, porque algunos movimientos son traicioneros, expresado cortés y físicamente. También hecho en falta la oscuridad en esos rincones ambientales, no mentales que están realzados por las interpretaciones, sino callejeros, y alguna muestra más extendida de sonoridad identificativa con ritmos de N.Y:, a pesar de los títulos de crédito con base comiquera de David Mack y la banda sonora de Sean Callery.

Por tanto, se mantiene en buena forma, con guiones acertados en general, Salvo alguna cuestión temporal que depende de numerosos factores interrelacionados, como la economía o la producción televisiva. Prevalece sobre Jessica J., esta dicotomía psicológica entre géneros y distancias temporales con el personaje creado con múltiples aristas, con las distintas generaciones en liza, la estructura narrativa en pos del suspense y sus encadenados con otras series en perspectiva. Al igual que la valentía de los artistas para adentrarse en esas penumbrosas fronteras de una psiquis superior, chocando con la nueva perspectiva femenina.
Las adicciones que subyacen, que te devuelven a ese otro planeta enfrentado a la infancia y la factura derivada del éxito, más revolucionario, así como, las conexiones sintomáticas con los viejos detectives de otras épocas. Vemos en el Marvel adulto, las diversas posturas sobre el tejido social actual y las que se producen sobre las tórridas sábanas, al lado de sus complacientes mega-penes en tensión dramática, estirados hacia sus virtuosas super-vaginas, autodestructivas, y rociadas con sudor y whisky barato. ¡Qué lo disfruten! Salutem.

Jessica Jones, season II: The Past & Mother.

Por descontado que, la forma compleja de la actual Jessica Jones y su guitarra gótica (Killing Bono, The Defenders) en expresión corporal, sensual pero convaleciente, pertenece por completo a aquella actriz que nos alteró genéticamente e hizo suspirar bajo los ansiolíticos azulados de última generación. Recuerdos sacrílegos de la fantástica serie Breaking Bad, junto a otro traslúcido, efervescente, Mr. Pinkman. Como dije, dejándonos destrozados, quedamos descorazonados y colgados del auricular. Reconocida en la distancia, es la sonrisa omnipresente y adictiva de Krysten Ritter, más madura y absorbente tras toparse en la escuela con aquel imberbe Peter Parker, Sandman y los tentáculos del Pulpo. Ahora busca, tragar otras telarañas de alta graduación, que le arropen más, para deslizamientos autónomos, a pesar de ir tejiendo a contracorriente adoptada.
Ese comportamiento marginal, vaginal y rebelde, sacado de madre, hasta el ingrato y reducido recuerdo familiar de una mancha en el asfalto, se comunica con su marcha por aquellos senderos desde Alias al siguiente salto o The Pulse de los cómics que, por el momento, han rematado en esta buena primera temporada sobre la confundida heroína de Marvel... y su Alias convaleciente, ¡qué Joya!

Su autor y parturienta ideológica, BB o Brian Bendis, ideó la transgresión más adulta de Marvel hacia la puerta de la agencia, como un Alias Private Investigations, arropado tras la lente. Con la inspiración oculta, de dibujar el personaje alternativo de esta joven morena con tendencia contestataria y algo punk. Si sus células se lo permiten... por descontado, fuera cirrosis.
Mr. Bendis se ha encaramado a la primera posición de guionistas alabados, terminados dentro de la nómina del Universo Marvel, que apuntan al cambio DC con sus creaciones bipolares. Animado por la calidad de sus temas sobregirados y los conceptos actualizados de los personajes míticos. Siendo sus números los más vendidos de la marca actual de Stan Lee, se proclama vencedor por algunos, entre los que destacan la revitalización de ciertas historias de Los Vengadores, tanto los Poderosos como los Oscuros (de los cuáles, siento decir que no conozco nada), las nuevas estructuras metafísicas, o no, de otros héroes del pasado como Luke Cage, Nick Furia, Daredevil y los novedosos Illuminati... creo que debo ponerme al día... ¡Si todavía hay tiempo para unos tragos finales!

Pero, el segundo trago ya es otra cosa. Desmaterializado en el sofá, adentrándonos en este trabajo de carácter más feminista y antisocial de la historia, dado el matarile con Zevediah Killgrave, volvemos a un lesbianismo de andar por casa y visitas de vecinos cansinos. Nos sumergimos en un agujero, farragoso y profundo, de amores tardíos y envidias, como un recuerdo sin gracia, ni grunge, ni heavy, ni psicodelia, ni neo-noir, ni underground... sólo ni-ni, frente a padre con maletero infantil.
En esas aventuras paralelas que no terminan por convencerme del todo, acrecentado por el patrón ambiental de algunos habitantes secundarios o vecinos de Jessica Jones, en destartalada concurrencia, por este barrio colindante antes del renacimiento del Harlem de Luke Cage.
Perdiéndonos en vicisitudes pasadas con extrañas, sobre repercusiones de doctores con sonoridad rusa o sucesos sin trascendencia, ni suficiente desestabilización psíquica. Me distraigo y doy cuenta que algo ha pasado con la mitad de capítulos respecto a lo anterior, distanciado o sumergido en otro ambiente, que tiene menos que ver con un Bogart femenino. Especialmente, en comparación con el buen sabor de boca paladeado en la primera y psicológica entrega, hasta que regresamos al pasado, al ambiente carcelario, para adentrarnos en el sendero luminoso, o mejor dicho de nuevo, oscuro.

Así, el control mental de Killgrave muta en salmodia, los moratones se fijan en las pesadillas, los vecinos toman las de villadiego, Luke Cage se centra en el propio pellejo, acá invisible como Rosario Dawson, sanadora de superhéroes desde Spiderman al menos mimoso Powerman, una pena y pene. La hermana Trish se convierte en rana, despampanante, el pasado es más atractivo y ochentero, discotequero y chupitero de J. Walker, la sangre brota como el engaño al lado de la inconfundible Carrie-Anne Moss (y su papel mutado) y su lucha silenciosa con la paraplejia y defensora del derecho, o los tejemanejes de la no menos poderosa Rebecca de Mornay, sra. de Lucifer... La investigadora racial se sube a una noria sensitiva, obstinada y esquiva, junto a la mamma enloquecida interpretada por Janet Mcteer como Alisa o en alias des-deletreado juego temporal. Angustiada con los ojos irisados de la actriz y modelo australiana Rachael Taylor (Gold, Transformers) con el don de la teletransportación y lo que surja...
Todos van olvidando las vitaminas del Doc Malus para la transgénica IGH y su intérprete galáctico Callum Keith Rennie, mientras Eka Darville (ex de los Power Rangers) sigue su proceso de compostura e indagación privada como rehabilitado Malcolm y con el fantasma de Killgrave, siempre presente en la memoria. El polícia Clemons interpretado por Clarke Peters, sustituido por fuerza como el actor Will Traval, el soldado hormonado, por varipintos secundarios en esta temporada, como los canadienses Terry Chen y Leah Gibson, Susie Abromeit, secretaria sexy y ambiciosa, John Ventimiglia de los Soprano de toda la vida o J.R. Ramírez de Arrow, alias el pintor Oscar.

En fin, que de mitad de la historia materna hacia el final, mejora, si bien las escenas de acción podrían superarse, lo mismo ocurre con la serie de su pareja extraviada y hallada próximamente en un cuarteto más activo.
La nueva vía de la envolvente Krysten Ritter, podría seguir encontrándose con fantasmas, hacia un trabajo en algún periódico local, suplantando su vocación original, tener una buena, mala Mano y encontrarse con Daredevil entre Defensores, o frecuentar la Mansión de los Vengadores, hasta el poder psíquico de una Jean Grey (que veremos en Fénix Oscura). Follón de grupos con los X-Men (ojo, aún no los Nuevos Mutantes), en otra "dramática" secuela, precuela, yo qué sé... Hasta apuntarse a una terapia para dejar la bebida, tener una hija, disfrazarse y volar... montarse por su cuenta, qué sabe... nadie.
Además en el cine se podría cruzar con el director David Petrarca (Juego de Tronos, Marceau) y volver a reencontrarse con David Tennant. Lo seguro es que Jessica Jones, no defraudará con máscara ennegrecida o sin ella, maullará en la tele con Netflix o en pantalla grande, si el presupuesto expulsa bolas de pelos y esos dobles de acción se compenetren armoniosamente. Semejante a una escena de sexo duro con Luke Cage. Más Rock&Roll \,,,/ y Venom.

Tráiler Venom, de Ruben Fleischer.


Tráiler Aquaman, de James Wan


Tráiler The New Mutants, de Josh Boone.

domingo, 24 de junio de 2018

Luke Cage.


El Color del Dinero.


En aquel año en que el polémico presidente Richard Nixon, aprueba el desarrollo del programa sobre un nuevo transbordador espacial, se producen varios hechos remarcables alrededor de la historia de los afroamericanos en los EEUU. Como que, la activista por los derechos civiles Angela Davis es liberada de la cárcel, un número de manifestantes del grupo Black Panther son detenidos en un espectáculo al aire libre, por perturbar la paz y consumir marihuana; y también, que se nombra a la primera congresista afroamericana en el gobierno o el baloncestista Bob Douglas fuera elegido para entrar como primer afroamericano en el Salón de la Fama del Basket... Además, en el mundo del escándalo político y finaciero, estalla aquel caso Watergate que después sería tratado por la notable película Todos los Hombres del Presidente y según la consiguiente mafia cinematográfica, se estrena en USA, la celebérrima película The Godfather.

Una época convulsa, donde se empiezan a retirar las tropas norteamericanas sobre territorio vietnamita, aunque aún queda un tiempo para una posible resolución del conflicto. Por entonces, corría ese año 1972, cuando siguiendo las indicaciones abiertas por un personaje conocido como Shaft (construido por el novelista inglés Ernest Tidyman), se iniciarían las andaduras negras por el género denominado "blaxploitation". Aquí es, donde la editorial del cómic Marvel, ve la oportunidad de extender las raíces afroamericanas en las obras gráficas, a través del trabajo de sus recordados autores, protagonistas de aquel retrato histórico del arte juvenil. Así, desarrollarían un nuevo héroe, totalmente diferente que se ajustaría a esos tiempos de consignas contestarias o trajes elásticos, carreras xenófobas, carga social y rebeldía. Reclamaciones de la comunidad negra sobre el barrio neoyorquino de Harlem pasadas a papel y dibujos, que combatían las "equivocaciones" carcelarias y otros episodios de mal recuerdo, dirigidas a una guerra que dura hasta ahora. Con un pantalón ajustado, camisa abierta de colores llamativos y corona metalizada en la frente, las historias sangrantes nunca vistas hasta entonces comenzaron a llegar ante nuestros ojos, adaptados a los típicos superhéroes... Algunos le reconocerán como Powerman en el pasado, pero realmente se hace llamar Carl Lucas. Bienvenidos al mundo violento de Luke Cage.

Por supuesto, la serie Luke Cage creada por Cheo Hodari Coker próximo guionista de Creed II, de un filme sobre el marvelita Nightwatch y otra para los dibujos del equipo M.A.S.K. Significa otra nueva producción de Netflix, que mantiene la esencia de aquella época y los rincones pintorescos de un barrio representado por sus habitantes cosmopolitas y de su pragmática barbería de otra década. Sólo que bien adaptada a los tiempos modernos que padecemos hoy en día.
Por ejemplo, destacan los reveses de la corrupción política, que se manifestaban en un escenario con ese Watergate en pleno apogeo del espionaje y la investigación periodística, convertidos de corrupción urbanística y las transacciones de sustancias ilegales.

Además, continua la tradición de aquellos superhéroes forzosos, surgidos del universo marvelita con toda clase de mutaciones generadas por exposición a radiaciones gamma, mordeduras de animales radiactivos o accidentes derivados de cualquier tipo de investigación o tratamiento. Hechos que generan cambios poderosos a nivel subatómico y, tal vez, mental o psicológico.
Quizás su poder, sea una respuesta imaginativa a todo tipo de intimidatorios viajes, para aquella era de arriesgadas aventuras espaciales y sueños con visitas inesperadas, o coloristas plasmaciones cosmológicas que ese mismo año, en que la fuerza nuclear del Sol se haría evidente sobre el planeta azul con una gigantesca llamarada que freiría el cableado de las comunicaciones en los USA de principios de los setenta. Más exposiciones a pruebas genéticas que pronostican efectos sobre jóvenes góticas, la dureza mística de un puño de hierro o invidentes con poderes extranaturales, que incluyen nuevos concursos nucleares del intelecto, cuando los científicos Herbert Boyer y Stanley N. Cohen, dedicaron sus investigaciones a crear el concepto de un ADN recombinante. Acaso defensor... ¿No ves la conexión?

Por cierto, también dentro de cierto ambiente de reivindicación feminista, se hallan algunas respuestas el año en que nació o imprimió Luke Cage. Pues, dentro del hermético panorama del FBI, se abrían las puertas para contratar a sus primeras agentes femeninas o cómo, las deportistas pudieron por primera vez, salir a correr libremente en la maratón de Boston.
Si no tienes suficiente, con estos cuentos de amos y criadas (aquí hay ama y subordinados machos), de igual forma para una cadena de televisión de pago, similar fonéticamente al Tbo, se transmuta en HBO y comienza la andadura de su larga emisión... esperando otros detectives de la verdad.

Un Boxeador de dura piel.

Cae la lluvia sobre Manhattan y las luces de la gran ciudad ensombrecen los rincones más insospechados o ténebres, donde las ratas comienzan a desperezarse en busca de alimento o muerte. Mientras en un desfiladero de metal y cemento, un coche avanza por ese paisaje colgante durante una longitud de 1825 metros, cruzando el Puente de Brooklyn en dirección contraria al midtown. Es una estructura de acero, como los puños de un gigante oscuro... al menos, así lo recuerdo yo. Una montaña de músculo caoba y sangre espesa, algo desgarrado, elástico y ágil, como un pantera negra en tensión, arrastrada y herida por los gruesos eslabones de una rotunda cadena. En su caso, el del antihéroe afroamericano, apalancada a su cintura. Aunque, apenas le pese, sobre sus 121 kilos de pura fibra irrompible y escasa dote para la lírica.

Recorriendo el sentido inverso a la refriega callejera, la cámara recoge los últimos compases del atípico sonido de un héroe a la fuerza, hermano le llaman, a través del compás de un piano mayestático, que reproduce el drama social a sus espaldas, la vanagloria del poderoso y el abandono de una zona de combate o aquel ring pugilístico. No el que le transformaría en un convicto, perseguido por la justicia y la ciencia, sino el de los vítores de los conciudadanos o fanáticos del ring.
Dos pares de puños de hierro templado, forjado en las catatumbas familiares y carcelarias, se cruzan en un debate no cerrado, dejando una mácula imborrable en el torrente sanguíneo que acaba por esbozar un retrato adaptado a los nuevos tiempos. Cuando los simples mortales, tratan de amortiguar los rebotes de fragmentos o vidrios en la batalla, y otros detritus humanos saltando por las calles que les vieron nacer y convertirse en lo que son... Antagónicos.

Ciudadanos con los mismos deberes y derechos, descendientes de cadenas e injurias montadas en un bus racista, salvo que accidentalmente, se convirtieron en depredador de pupilas inyectadas y el otro, en un ´monstruo` perseguido por miradas vengativas y las instituciones, que se aprovechan de la recaudación de impuestos, las luchas clandestinas a muerte y la inversiones inflacionistas. Son las mafias de uno u otro lado, el reverso del dinero marcado, que le condena a vagar ocultando la identidad, por ahora. Hasta que alquile su brazo poderoso, contra el hombre que se sentó en el banquillo de su rincón. Un desconocido esperando un amor que estallaría en mil pedazos. ¿Eh, Carl Lucas? ¿No lo sientes en tu piel, bro? Ella te llama, en sueños.

Pero, para esos recuerdos alojados en tu mente, hay que remontarse a aquel 1972. Para descifrar los cambios de época y observar la moda que se llevaba entonces, con sus pantalones ceñidos, camisas con chorreras y acampanados bajos, listos para coronarse con un cinturón de aleación, semejante a su piel oscura. También aquellos cardados que parecían electrificaciones descontroladas sobre los hombros, de locales hundidos bajo la acera o el sufrido asfalto, y tiros descerrajados. Urdimbre de cortes a navaja a la altura del gaznate, novias presentes y familias futuras, cobijo de acorralados, huidizos profesionales de la defensa y emprendedores de nuevo cuño. Probable escenario de otras experiencias traumáticas, que volverán a contratar ´puños de acero` por partida doble, cuatreros desmitificados, altares de Cage vs. JJ, frutos del alcohol y las drogas, cobijo secreto para tareas solidarias o luchas contra el poderoso. Sea cual sea su estirpe, color, tebeo o voto.
Se podrían considerar, pieles mutantes que saltaron del un ring de la prisión racial y las provocaciones racistas, hasta nuestro presente.

Futuro al servicio de reclamaciones actualizadas y nuevas plagas, boca-chanclas de verano en la costa este, víctimas sin derechos, voz o capacidad económica. Enfrentamientos desiguales, entre combatientes del mal sustanciado en la corrupción inmobiliaria o el crimen, engendrado en garitos intocables (que suenan a poder y a gloria musical), extrañas parejas que apenas se rozan, incompletas, aderezadas con el odio. Para el saqueo de bolsillos, en conexiones distorsionadas con la política y los medios manipulados, estableciendo nuevos imperios económicos, en forma de corruptibles vías institucionales. Es decir, lo de siempre, tugurios que generan beneficios a costa de esos pobres marginales de la calle, los tiroteados olvidados y los sin nombre. Como tú, el nuevo y perfeccionado, Luke Cage.

El Gesto de Furia.

Recuerdo, cuando todos los superhéroes (o de categoría mediática), portaban sus máscaras cobijando sus verdaderas identidades y el riesgo de atentados contra sus familias o amigos, la aparición de algunos que se vanagloriaban de sus rasgos, se defendían de oprobios públicos y amenazas... que nunca, ocultaban su dolor y su descontrolada furia.
Así, ocurría entonces, que la piel era perturbada por las heridas profundas, aunque tuviera la resistencia de un absorbente tejido antibalas. Que los amigos podían caer, reventados por la maldad o la locura criminal, y las novias o amantes sin rehuir a escenas de cama, que se podían ver involucradas en algunos destinos fraudulentos, altercados visionarios, guerras entre poderes sobrehumanos, investigaciones condicionadas por el odio y otras muertes traumáticas. Imposibles de olvidar o desprenderse de ellas, a pesar de la dureza de la piel.

Por supuesto, todo tiene su recorrido lógico, mirando el pasado y los cómics que caían cambiados en nuestras manos. Más o menos acondicionados, mezclados en números y tramas, como los referentes televisivos de la actualidad, barajados eternamente con otro brillo o persecución, pasión de adolescentes y memoria reciclada de crecidos, física y mentalmente. O no... Es otra visión contemporánea, diferente, adaptada a las novedosas expresiones narrativas o gráficas, que irán regenerando las poderosas células en la dermis de Marvel, en la metafísica de sus universos paralelos, ayer y hoy. No cabe duda, es el ejemplo de algunas series y sus retrospectivos cambalaches temporales sobre las viñetas y expresiones entre dientes apretados, a pesar de ciertos condicionantes de la producción televisiva. Esto es, con determinadas limitaciones presupuestarias y esa lucha interna por mantenerse dentro de una calificación adecuada.
Pero, este no es el caso... ni de la rotundidad de Misty Knight, ni por la temática adulta, del mundo subterráneo de Power Man y sus viciados alrededores.

Lo observamos en las corruptelas que desperezan sus puños ferruginosos, las desviaciones ideológicas que se esconden tras aquella mirada encolerizada, sobre los tocamientos en la oscuridad y demás perversiones ocultas, del mundo siniestro de mercenarios y acólitos sangrientos, entresacados de frases y expresiones directas a la provocación, que deshacen la dulzura como algodón en sus bocas. De imperios furiosos en continuo cambio, prevaricaciones, presiones psicológicas y ajustes de cuentas, que recrean catedrales sonoras a base de tiros, voladuras corporales y asesinatos insospechados; mientras el héroe rotundo se retira de la escena, silencioso, con las notas de un inspirado piano.
Siguiendo los pasos del creador musical para series de los setenta, Alan Tew y su socio Cat Stevens, de aquellas bandas sonoras identitarias del género desarrollado por profesionales como Curtis Mayfield, Isaac Hayes, Roy Ayers, Bobby Womack y James Brown, nos proveemos de notas de color como sonidos de un nuevo Bang Bang Bar.

Pero, ahora revisitado por dos compositores como Adrian Younge y Ali Shaheed Muhammad, fans de aquel Blaxploitation sonoro con raíces bajo el soul y el funky, flotando en el fragor del jazz y las mezclas con hip-hop moderno, rompedor de la música de Marvin Gaye y Stevie Wonder, y por consiguiente, trasladando su oído a la ambientación de esta serie de ABC y Marvel Televisión para Netflix, o poniéndose al servicio de la voz de Method-Man, entre otros artistas o músicos de la escena negra actual.
De acuerdo que estamos en pleno siglo XXI, y aquel movimiento social o cultural ha dejado una huella necesaria en la población, que se nombra en la serie como un alegórico Reborn. El término 'blaxploitation' se identifica también con el género musical que constituían las bandas sonoras de dichas películas en la época y se extendió a la imagen indivisiblemente. Algunos de los principales artífices del género fueron Ossie Davis, Pam Grier y Richard Roundtree, siguiendo los pasos del mítico Sidney Poitier.

El ambiente está bien adaptado a los nuevos tiempos durante la primera temporada de Luke Cage, combinando una etapa de indecisión judicial y convulsión callejera, que salta a esta actualidad en manos de la corrupción generalizada y la multiplicación de eufemismos baratos. Por eso, Luke se mira a su propio ombligo, sin cadenas ni antifaces, transformado accidentalmente en una especie de dios mutante e independiente, protector de los de su especie o condición, marcado por los lazos sanguíneos coagulados por la irracional memoria o el deseo de venganza. En el pasado, el motivo desencadenante fue un amor, como mañana, ahora la envidia y otras fracturas emocionales.
Con los dientes apretados, mirando la pasado, vuelve la agitación en su rostro, que proviene de la acumulación de riqueza ajena y el poder político, como entonces, en un momento en que los hombres y mujeres desaprovechados, hoy, vuelven a reclamar sus derechos civiles, la valía de su esencia y la libertad.

Ahora no existe la amenaza de la guerra abierta, esperemos, ni la generación perdida en aquel conflicto armado en el lejano Vietnam, sino que las fracturas se generan bajo el asfalto de las calles. No se producen errores fatídicos sobre la ribera del Mississippi, en alienados campos de algodón, sino que la semilla puede germinar en cualquier lugar del planeta... La muerte violenta en cualquier oficina o centro penitenciario, peluquería de barrio o antro nocturno. Son los ecos del odio y las balas, rebotando en nuestras propias calles o aceras, avenidas atestadas de transeúntes y tráfico rodado.
Además, esto es el viejo Harlem y ha comenzado la guerra... en serie.


Razas de Noche.

Como el título de aquella novela oscura y película descafeinada de Clive Barker, Night Breed (ahora se ofrece su historia para una nueva adaptación o versión televisiva, veremos), el universo marvelita se cruza con numerosos rostros e identidades, con pálidas nenas de músculo y cerebro extraviado, que van cambiando de escenario y reflejos nocturnos. Donde los superhéroes y villanos, entrecruzan sus vidas, pasiones y miradas, ya sea en el Nueva York cinematográfico de las grandes ocasiones, o en las apartadas regiones de su hermano pequeño y más transgresor, el Harlem racial o el Hell´s Kitchen televisivo. Buscando la carnaza, el aliento o el sexo, que alimente nuestros voraces deseos...

En primer plano, el héroe reencarnado en las penumbras de su pasado en el cómic, interpretado por un Mike Colter bien formado en asuntos turbios, desde el Million Dollar Baby de Clint Eastwood o la alienación divertida de Men In Black 3, hasta la acción de series como Halo, The Following o Agent X. Y continuando los pasos por otras secciones de Marvel como Jessica Jones y The Defenders. Volverá a repetir con este Luke Cage, cabal, pragmático y observador, que nos ofrece en la primera temporada, movimientos más pesados a los que la imaginación desarrolló sobre aquella mole de músculo comiquera, plagada de saltos ágiles y pensamientos reflexivos.
Si bien los estragos y las decisiones fatídicas, recaen en otros actores como Theo Rossi (Sons of Anarchy y próximo Ghosts of War) interpretando a un ´viejo amigo` de Lucas, Erik LaRay Harvey (Proud Mary) como el desequilibrado dúo Diamondback-Stryker o Mahershala Ali (Moonlight, True Detective season 3) como un magnífico Cottonmouth y que participaría en Alita de Robert Rodríguez. Por otro lado, las mujeres son principales protagonistas en esta historia próxima al cine negro clásico con tintes románticos y tecnológicos, como la detective encarnada por una increíble e intrépida Simone Missick, la joven actriz londinense Deborah Ayorinde o la inspectora interpretada por Karen Pittman (Detroit). Además, la bella neoyorquina Rosario Dawson (Sin City, Cautivos) en el mismo papel de Claire para Jessica Jones, Daredevil e Iron Fist. Además de una Alfre Woodard que abarca todas las facetas descentradas del mal, próxima voz en The Lion King de Jon Favreau y que ya participara en algunos capítulos de la mítica Hill Street Blues, del recientemente desaparecido Steven Bochco.

Sin embargo, en la serie creada por Cheo Hodari Coker (Notorius) existen esos otros personajes carismáticos que producen curiosidad en el espectador y desentraman historias paralelas interesantes, como la de un carismático Frankie Faison (Pop) que ya aparecería en El Príncipe de Zamunda o El Silencio de los Corderos, Ron Cephas Jones (Bobby Fish) próximamente The Wizard en Shazam!, Jeremiah Craft (Kid), Jaiden Kaine (Zip) y Michael Kostroff (Molly´s Game, The Deuce) como el Doctor Noah Burstein. En el lado de la ley, el detective típico por Justin Swain o el bipolar Scarfe interpretado por Frank Whaley (quizás no le recuerdes pero estaba en una señalada escena de Pulp Fiction), guiados por una pléyade de directores diferentes para cada episodio. Antes de las esperadas reentradas del socio del alquiler Danny Rand con Finn Jones, o el nuevo malvado llamado Bushmaster interpretado por Mustafa Shakir (Brawl in Cell Block 99) y próxima estrella invitada por James Franco en su nueva película Pretenders.

En la raza de los superhéroes, este Luke Cage luce atípico, circunscrito en su bigote y perilla, potenciado sexualmente, aunque no mantenga sus calzas ajustadas, la camisa amarilla desabrochada y aquella turbadora corona. Como de un príncipe caído en desgracia, asexual, pero con la fuerza de un dios setentero. Ornamenta metálica de un azul forzoso para un baile actualizado, lejos de cualquier sometimiento al orden establecido, haciendo juego con su frente caoba, reluciente defensora de los marginados. Nada de piel de cordero, sino de un luchador nato, acariciado por las ráfagas superficiales. La sangre nueva de la conciencia negra y americana, amigo de la calle... y de sus amigos.
Su linaje nació en unos EEUU al borde de un ataque de nervios, sumergidos en una mar de conflictos xenófobos, reclamaciones judiciales, respuestas ante magnicidios, increíbles maltratos o vejaciones personales, persecuciones mediáticas, represiones o jaurías que, hoy, vuelven a reinterpretar la realidad, libertad y justicia. Pide la desconexión de aquella máquina de picar carne joven, inocentes sin oficio, condenados al ostracismo social o la desaparición total.

La estirpe resistente de Luke Cage, como aquel Kunta Kinte de Raíces de otras épocas, nace de nuevo, algo tardíamente con aquellos acontecimientos pasados y sus efectos en la calle, recordando la tensión acumulada en los edificios con escaleras en la fachada y barrios oscuros, hoy gobernados por otro tipo de descrédito, hipocresía y la corrupción inmobiliaria. Powerman reencarnado para la genealogía heroica, desde el polvo en su natal y sufrida Georgia, reinstalado entre los dos Harlem´s por sus creadores ideológicos Archie Goodwin y el mítico dibujante John Romita Sr.
Frente a la nueva generación, preparada para verle junto a Iron Fist en su oficina de Time Square, el conocido como Dan Defensor y por supuesto, en la cama de Jessica... nuevos enfoques por las esquinas penumbrosas del gran plató o de la actual, Nueva York.


Tráiler Alita: Battle Angel, de Robert Rodríguez.


Cinemomio: Thank you

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