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domingo, 22 de junio de 2014

Saving Mr. Banks: Una película dedicada a los Banks del mundo.


Verdad y Fantasía.


Esta es una película desdoblada, es decir, basada en la doble personalidad de sus personajes. Sin duda, el título original está más en correspondencia con el guion firmado por Sue Smith y Kelly Marcel (ambas dedicadas a escribir para la tv y la última encargada de la próxima adaptación de 50 Sombras de Grey). El director John Lee Hancock nacido en Texas, ya hizo sus primeros escarceos con aventuras de superación en la película The Blind Side, con el sobrenombre español de Un Sueño posible, cuestión de ellos.

También es un filme sobre la redención de la figura paternal, que apuesta por la familia y su doble imagen en la sociedad y en lo privado. Quizá de ahí el segundo sobrenombre en español como El Sueño de Walt Disney, pues hace un paralelismo con la imagen real de los personajes y el mundo onírico que dibujaba el director y dibujante en sus películas infantiles (o no tanto), y su representación como padre e hijo dentro de la historia.

Por supuesto, tiene como hecho principal la lucha titánica de Walt Disney para conseguir los derechos de la novela Mary Poppins de su autora Pamela Lyndon Travers, y la historia oculta de su familia en la tinta de tan afamada novela y posterior película. Una lucha entre egos, entre la pasión por el trabajo y la excelencia, y el mundo de la fantasía, el musical y los dibujos animados. Un intento por comprender dos estilos de vida tan diferentes como parecidos en sus comienzos, en plena lucha contra las dificultades económicas de sus cabezas de familia, ambos diferentes en la educación de sus hijos, pero con semejanzas en algunos reproches debido a sus trabajos.

Elias Disney y Travers Goff (interpretado por Colin Farrell) son la misma cara, de dos monedas diferentes, la de la rigidez en la educación contra la libertad y los sueños, que acabarían educando dos mentes en el fondo parecidas, e interpretadas con rigor y agradable amabilidad por Tom Hanks y Emma Thompson. Aún a pesar de la diferencia de mentalidad para los negocios y de su estabilidad económica, ambos estarán obligados a entenderse por medio de conocer sus vidas personales, y como he dicho anteriormente, la redención de la figura del padre por sus obligaciones laborales o por la enfermedad. Una visión traumática de su época infantil y un reconocimiento por sus formas de ver el espectáculo y el arte.

Existe, a su vez, una lucha interior de la novelista para proteger la memoria, a costa de ocultar la realidad que emergerá a ritmo de canciones de los hermanos Sherman (son los oídos y voces cantantes de B.J. Novak y Jason Schwartzman) y los diálogos cargados de flema británica con el mundo armonioso del guionista Don Dagradi (interpretado por Bradley Withford), en confrontación por el carácter cerrado y autoritario de la novelista en el marco de los estudios Walt Disney en California. Dos viajes uno al pasado mediante la realidad de la novelista australiana cruzando el continente para encontrar la estabilidad o la perdición, y otro actual, en limusina con un chófer que entregará su propio mundo de lucha bajo el enorme prisma emocional del magnífico Paul Giamatti.

Enamorados y apasionados por sus trabajos o sus funciones, chocan y se encuentran, cantan y se emocionan, en sus mundos de letras de calidad con los éxitos en los negocios. Del amargo té, a la dulzura casi empalagosa (de un imperio que comenzara como fábrica de mermeladas), del repartidor de periódicos a los disfraces de Disneyland y creador de dibujos animados, de la enfermedad o la pobreza al triunfo del capitalismo; y de la rudeza antagónica de los personajes reales con la felicidad de millones de niños y mayores ante una historia cambiante, pero con carga de profundidad en su historia oculta. La imagen de una niñera idealizada como educadora infantil que, sin embargo, esconde la imposibilidad de la lucha contra las dolencias y el vicio.

Los niños fueron la excusa para contar una historia de redención. De un abrazo a los padres sufridos, como cometas a las que dar hilo para poder cumplir los sueños prohibidos, una metáfora sobre las ínfulas de libertad y la tenaza de la sociedad y el dinero. Todos en el filme Saving Mr. Banks parecen tener pliegues y dobleces de personalidad, la idealización contra la realidad viciada y enferma.
También ante la tragedia, la película muestra su lado amable, mediante la tensión dramática y transformación de una gran actriz cómica como Emma Thompson, y con el pequeño papel de la actriz Michelle Arthur como secretaria sufrida y servidora a los placeres más dulcificados. Acidez contra exceso de glucosa, el té de las cinco y la botella de whisky en su vivienda del Londres acogedor. Un lugar para recibir a los amigos, sino se olvidan de una en los compromisos. Aunque, se sudara sangre para conseguir esa amistad.

Siendo la verdadera protagonista la vida de Pamela Travers, nos acercamos de refilón al carácter de la familia Disney, por una infancia dura y gélida en Kansas City, contrapuesta al calor australiano, para acabar en un Londres húmedo en comparación con el sol californiano. La obligación al trabajo duro en la madrugada en contra de sus inicios campestres, rodeados de animales y trenes, para cruzar extensas llanuras hacia un banco y el cuidado de la casa. De una ayuda exigente al padre por una vida truncada de niños, cambiando los juegos por los números y el mantenimiento alimenticio. Hasta encontrar la pasión por contar historias, por el dibujo y la creación de personajes de fantasía.

Walt Disney creó un mundo temático para la ilusión, partiendo desde una pequeña calle como recuerdo a sus mejores tiempos de cuando era un niño feliz en la granja, en una pequeña población de Missouri hasta la enfermedad que obligó a su padre a venderla. Cuenta la historia de la pequeña y futura novelista, que cruzó el continente para acabar escribiendo su propia fantasía, contra los elementos y la imagen pétrea, no con acción sólo con las letras, para terminar cediendo a los sueños (recomendación explícita de su padre) para poner en movimiento a una Mary Poppins idealizada que salvaría al padre de unos niños, en su propio mundo infantil. Como siempre debería ser.

Walt podría ser la Mary de la escritora, podría ser el padre que promete a sus hijas contar una historia sobre la difícil labor educacional, incluso, podría ser el deshollinador (omitido y cubierto de hollín asesino) que crea un mundo de fantasía y canciones desde su trabajo desagradable, para hacer reír, crecer y ver con esperanza el futuro de padre e hijos. A pesar de las dificultades y la enfermedad.

Al final, un vicio oculto e inconfesable acabaría con él, Mr. Banks volaría la cometa con sus pequeños, y el mundo cantaría sin conocer el reverso del sombrero y de la magia.

*** Buena ****

Saving Mr Banks Deleted Scene Goodbye Pamela


Saving Mr. Banks Let's Go Fly A Kite

Supercalifragilisticexpialidocious

jueves, 19 de junio de 2014

Pompeii: Romanticismo volcánico.


Ciudades históricas para la eternidad, y el cine.

Aquel día, durante una jornada de fiesta dónde todo eran risas, viandas y vino, se desató el infierno en la tierra, en una porción del nuevo Imperio Romano (gobernado por Tito), y los hombres y las mujeres dejaron sellado su destino para recordatorio de las fuerzas de la naturaleza en generaciones futuras. Como un mensaje de advertencia sobre el devenir de la causalidad, tal que un movimiento o corrimiento del terreno puede provocar que la gran montaña se convierta en un dragón ígneo.

Pompeii (e igualmente Herculano) a las faldas del Gran Vesubio quedaron enterradas bajo metros de cenizas y piedras volcánicas lanzadas a kilómetros, precedidos por el calor del flujo piroclástico viajando a varios cientos de metros por segundo, arrasando las sonrisas, las luchas en el circo y la pasión de los enamorados. La historia se puede disfrazar en una ficción para adecuarla al gusto de los espectadores de hoy, de la aventura y la glorificación de unos personajes ficticios en un guion preparado para la ocasión de un blockbuster.

Así, en aquellos ojos románticos se queda la impronta de una despedida y del deseo, no les dio tiempo a cerciorarse de las cenizas revoloteando a su alrededor, de su cálido abrazo y un beso que les hizo cerrarlos en un momento eterno. Antes, la sangre de los gladiadores luchando por su libertad (supuesta) saltaba a borbotones en la vieja Pompeya, una ciudad que emprendía una reconstrucción moderna y se mantuvo como un molde en la historia. El fuego se encargó de ello, y la tierra y el mar, todo al sur de los Apeninos.
Después han visitado millones de turistas aquel complejo desempolvado, más bien desenterrado tras varios siglos, ascendiendo por distintos medios (desde vehículos hasta telesillas) a la boca del Dios Heracles o Hércules que devoró la desaparecida Oplantis.

Vinieron diferentes directores de cine y recrearon la terrible epopeya, la fatalidad de aquellas gentes sorprendidas por el terremoto premonitorio, volcando los efectos especiales en la propulsión de lava y una explosión que creo una nube de polvo y material volcánico que cubrió el cielo, se hizo de noche y se alzó por kilómetros al cielo. Enterrándolos a todos, descritos los acontecimientos por el historiador y naturalista Plinio el Joven.

El último recreador de Pompeii, ha sido Paul W.S. Anderson (la mano de adaptaciones primerizas de videojuegos al cine, entregado a los F/X y al 3D) que tiene aciertos y errores en esta producción que viaja al pasado. Un diagnóstico entre efectista poco creíble y una dirección artística con decorados y vestuario de lujo, brillantes corazas y luchas internas por el poder político y la gloria en la arena. Sin duda, debido a sus antecedentes entre Mortal Combat, Resident Evil y Alien vs. Predator, la historia se le queda demasiado pequeña y necesita inventarse unos acontecimientos al servicio del romanticismo. Bueno, algo es algo.

El británico Anderson se traslada para coproducir entre Alemania y Canadá, maquilla la realidad de la catástrofe e inventa personajes celtas, de musculatura lustrosa y exótica procedencia. Kit Harington llega desde Londres de la isla de Britania (tras su paso por las tierras del Norte en la televisiva Juego de Tronos) al igual que dos actores ya veteranos como Jared Harris (hijo de Richard Harris) y un malvado algo caricaturizado pero carismático en la piel de Kiefer Sutherland; además su pareja Emily Browning es la Julieta, en tan caliente epopeya, una Cassia de origen australiano y crecida figura desde su aparición en Lemony Snicket´s hasta su chica sexy del horrible CGI de Sucker Punch. Por otra parte, la concesión canadiense viene representada por Carrie-Anne Moss otrora figura de acción cambiando el cuero por la gasa romana y la joven Jessica Lucas, proveniente de producciones terroríficas. Se completa el exotismo con dos hombres enfrentados en el foso, interpretados por un actor de origen israelí Sasha Roiz y el británico de padres nigerianos Adewale Akinnuoye-Agbaje, el guardián del mundo oscuro de Thor y próximo protagonista en el musical Annie.

Si visitas las ruinas de Pompeya, antes a orillas del Mar Tirreno en la Bahía de Nápoles región de Campania, ahora está incrustada en terreno seco, polvoriento y ruinoso. Vestigios de una civilización carbonizada y de miles de personas que murieron ante el terror vesubiano. Ahora, grandes volcanes europeos llevan dormidos desde hace muchos años (excepto el Etna en la isla siciliana), pero estos moldes calcinados son el recuerdo de los monstruos y su posible despertar futuro.
La erupción duraría 19 horas consecutivas, lanzando 4 km cúbicos de cenizas candentes, sepultando con más de 3 metros de tefra y un calor de más de 350º estas ciudades al sur, aplastando literalmente Herculano y alejando a Pompeya del mar por un levantamiento tectónico y un posterior tsunami.

A pesar de la rigurosidad artística, hay boquetes sísmicos y arquitectura derrumbada a golpe de CGI tras las relucientes corazas y cuidadas sedas. Hay acción acelerada envuelta de falsedad técnica y científica, para contar una historia vestida a lo Shakespeare y toques libertarios a lo Espartaco.

En la actualidad, los guerreros ancestrales y dioses de montañas dormidas se han sustituido por más de 3 millones de habitantes a sus costales, esperando al ojo del gran monstruo que dormita. Como el Teide en nuestras tierras tinerfeñas. Monstruos de piedra de carácter explosivamente vesubiano.

*** Entretenida **

The Seventh Son, de Sergey Bodrov. Reparto: Jeff Bridges, Julianne Moore, Kit Harington, Ben Barnes, Alicia Vikander, Lilah Fitzgerald, Antje Traue, Olivia Williams.


sábado, 14 de junio de 2014

El Gran Hotel Budapest: in the Wes.


Wes to Europe.

Esta película debido a la concepción que tiene todo el mundo de sus 7, se puede comentar de dos formas, por su singular director norteamericano Wes Anderson, con su mano especial para el rodaje de secuencias disparatadas y elaboración de escenarios, y por los rostros que en ella aparecen.
Debido a las características en las películas de Wes, ya de por sí conocidas por todos los aficionados al cine y a su legión invariable de acólitos (yo me encuentro entre la espada y la pared, entre cal y arena, entre unas películas que me atraen y otras que aborrezco), prefiero dedicar los designios de este comentario a la expresividad.

El Gran Hotel Budapest, como otras del mismo director, pretende ejercer su poderío visual sobre el espectador. Abrumado por la diversidad de encuadres y travellings, de secuencias desenfrenadas y estatismo de los actores entregados a su locuacidad e irreverencia interpretativa. Se mantiene en sus trece de, ofrecer su amplia gama colorista entre los tonos ´pasteloides` y el gris ceniciento azulado, enmarcando los diferentes estados de ánimo de los personajes. Buscando que sus secuencias sean recordadas y mantenidas en la retina, sin embargo, es posible que pasado un primer visionado se olviden como un sueño colorista.

Quedarán los rostros de su elenco, maquillaje y vestuario que presentan a rostros de grandes actores y el juego del reconocimiento por parte del público. Caras que demuestran un máster del pagano por la representación del esnobismo (disfrazado de nostalgia), de unos europeos que quedan atrás en el tiempo, ya casi irreconocibles. De unos personajes en una Europa de entreguerras que se reconocen por una pulcritud y estilismo sofisticado, de ricos. Solamente una cara nueva y otra emergente, en enamoramiento juvenil del agrado del director, pero distantes y fríos. Expresiones de romanticismo asexuado, entre el botones Tony Revolory y la pastelera Saoirse Ronan.

El Gran Peso del Budapest, recae en las estrellas y en la dicción británica, desde el siempre correcto Ralph Fiennes hasta los minutos de cameo de nuestro estimado Bill Murray. Una colección sin tregua para caricaturizar a simpáticos personajes, letrados y familiares encarados, asesinos de ceja levantada, policías militarizados de ceño fruncido. Así, nos hallamos con la recuperación esporádica de Jeff Goldblum, Edward Norton, F. Murray Abraham o Adrien Brody, con escarceos maquillados de Harvey Keitel o Tilda Swinton, como un cluedo o un vagón plagado de invitados a la fiesta, o mejor dicho al robo como leitmotiv para contar una historia sin demasiado interés. A pesar del cuadro histórico, que yo creo desperdiciado en parte.

Se compara en determinados círculos con una screwball de viejos tiempos cinematográficos, en los que los actores se relacionaban entre ellos, emergían los problemas y los gags graciosos, aquí todo queda enmascarado en la música grandilocuente de Alexadre Desplat y la comedia que no da más de sí. Aceleración por comedia, pero sin el silencio de los grandes como Charlot, ni el toque de Lubisth, ni que hablar de los diálogos brillantes de Billy Wilder, of course.
Todo por culpa, mejor dicho, debido a un guion con manierismo Andersoniano, junto a su compañero de letras (a veces cansinas) Hugo Guinness, decantados al surrealismo y a la epopeya engañosa del cuadro de marras, como método de desvío de la acción y las peleas entre familiares de alta cuna, y asesinos contratados a sueldo, dónde Willem Dafoe brilla entre los demás, por su caricatura a lo malvado de Hitchcock, a lo Pierre Nodoyuna. Desenfrenado, impertérrito, desmembrador y “desfelinizado”.

Entre tanto rostro, tanto cameo, Ralph Fiennes se entrega con su flema británica, otorga carisma a la historia perdida en el medio metraje, distrae con sus corredurías sexuales (aunque con falta de riesgo, como infantiloide), hostelería para ricachones y cercanía con su aprendiz silencioso, a veces, porque en ocasiones le invade una verborrea algo inaguantable. Mejor mudo, como Keaton como Lloyd. Como Charles Chaplin.

Esos eran rostros que presentaban la expresividad como nadie, como los genios del expresionismo alemán, cercanos a este Hotel Budapest alejado de aquella brillantez de antaño. Aunque el maquillaje del onirismo del cine de Wes Anderson te deja con la boca abierta, los ojos se te pierden entre tanto movimiento sin sentido, viajes de trenes incompletos, personajes que se mueven hacia ningún lado. Pura nostalgia, sin la fuerza de los clásicos.

Wes Anderson es un director de Texas que pareciera renegar de ello (en el sentido cinematográfico), constantemente está divagando con mundos alejados de aquellos parajes desérticos faltos del líquido elemento, haciendo largos viajes en vías paralelas de colorido abrumador y poético. Sueños los llaman.
El director norteamericano juega con el amaneramiento lineal, como un pequeño caleidoscopio de imágenes en movimiento (podían ser mudas pero su empeño se queda en simple intención pues las inunda de palabras), a mí me hubieran bastado sustituciones gestuales o mímicas del lenguaje.

Uno, dos, tres... cierre los ojos, está Ud. Entrando en la vieja Europa, en el Gran Hotel Budapest.
A una olvidada, tierra de zares y emperadores (tan denostados en la actualidad cotidiana), de duques y vagabundos, de grandes jefes de sociedades y corporaciones hosteleras, de marquesas enjoyadas y propietarios de fortunas inmensas, de herederos ávidos de obras artísticas incunables, de renacentistas o barrocos e historietas cómicas del cine mudo. Como tiras satíricas en periódicos impresos en otro siglo.
Miras el cartel promocional, cierras los ojos y recuerdas el color que baña esta gran fachada continental.

Cuatro, cinco, seis... bienvenidos a un mundo onírico.
Un caminar o viajar en trenes de época y maderas nobles, sueños coloridos que van desde el tono pastel o carmín a el azul grisáceo de la época de entreguerras. Una avanzada histórica a medias, de soldados y espías asesinos, luchadores por o contra la revolución o la inminente llegada del nacionalismo más peligroso y rancio. Imágenes de antaño que rebotan en nuestra actualidad como en un espejo o un cuadro de niño con manzana. El Apple del pasado. El dinero.

Cuando la guerra está próxima y la sociedad se tambalea, Wes se preocupa por un robo sin sentido, una excusa para contar otra idea que él tiene en la cabeza (para unos privilegiada, escatimada en brillantez para otros más a menudo), embaucando con su universo a los espectadores que esperan su película definitiva, pero que nos acaba derivando a sus frenéticas persecuciones y resplandecientes secuencias de postal navideña. Trucos de cámara, enfoques y travellings imposibles, en una cinta sin fin de correrías de sus personajes enmascarados en el cómic o minuciosamente maquillados con magnánimos mostachos.

El Gran Hotel Budapest se define en la crítica por términos y calificativos, como screwball de otras épocas, con sus potentes líos humorísticos que se quedan alejados de aquel cine perdido. Excesos estilísticos de su puño y cámara, con guion a la par con uno de los miembros habituales de su equipo artístico Hugo Guinness, en una especie de parodia u homenaje de directores que encumbraron el género. Imágenes basadas en las representaciones escritas con detalle en la novelas del austrohúngaro Stefan Zweig (Carta a una Desconocida, María Antonieta).
Sin embargo, los personajes que dibuja Anderson son fríos en comparación, viven en su propio mundo y son caricaturas en sí mismos, de estos grandes actores que aparecen desperdigados en las secuencias animadas. No veo a las persecuciones de Hitchcock, ni al toque alocado de Lubitsch, y ni mucho menos se acerca a los lustrosos diálogos y chispeantes del gran jefe de todo esto, Billy Wilder. Son intentos, sueños.

Siete, ocho... viajamos, eso sí, en trenes. Desplazamientos por escenarios de ensueño. ¿Y? Por dónde se mueven estas caricaturas, son meros soportes para contar su historia de robo y engaño, deambulan y desaparecen porque lo requiere su cerebro. A excepción del maestro de ceremonias Ralph Fiennes, omnipresente, y su inexpresivo furtivo aprendiz. Yo le hubiera hecho callar más tiempo, sin tanta diatriba poética, inacabada, entrecortada, vacía. Más al estilo de los grandes mudos, Chaplin o Keaton, con gags míticos para recordar y carcajearse a gusto. Así, sólo recordaremos su incipiente bigotito, y nada más. Wes prefiere la repetición de miradas, de expresiones huecas y acción alocada desde el punto de vista ignoto de su cámara, sin el surrealismo mágico de Jeunet ni el ácido de los Monty Phyton. Ya sé, son palabras mayores, como comparar su cine con el de Terry Gilliam, más o menos.

Nueve, diez!! Ha entrado y salido del Gran Hotel Budapest, sin apenas haber pisado la Europa de comienzos de siglo pasado, si escenarios sobrecargados, como oteando a lo lejos las caricaturas de Hergé o juegos de guerra con espionajes familiares, introducirse en el humo de comedias con sabor a otra época, mirar por una puerta entreabierta los crímenes y la marcha en trenes con inconexo desenlace. Más, claro está, el siempre incrédulo romanticismo juvenil del autor, irreal como sus besos sin lascivia.
Aquí, se abalanza sobre cameos como trofeos del gran público, a descubrir como el juego del Cluedo en grandes mansiones imperiales.

El cine de Wes Anderson para algunos es la gloria del sueño post-moderno, del cubismo cinematográfico, para otros el vacío de lo expresivo y la nada comunicativa en lo referente a contar una historia. Seguramente haya un término intermedio, y seguir esperando la gran obra de este singular, colorista y extravagante director americano.

*** Interesante ***


Tráiler Bad Country, de Chris Brinker. Reparto: Matt Dillon, Willem Dafoe, Neal McDonough, Amy Smart, Tom Berenger, Bill Duke, J.D. Evermore, Chris Marquette.


Grand Budapest Hotel Soundtrack - S'Rothe Zauerli.



domingo, 1 de junio de 2014

Venus in Fur: La Venus de Ives y Polanski.


Seigneur à la fourrure, diosa de las tablas.


Desde la Grecia Clásica de Afrodita hasta la obra de teatro, 'Venus in Fur', creada por David Ives y adaptada junto al mismo director Roman Polanski, han pasado los siglos y las civilizaciones, las ideas y el avance en la sexualidad. Sin embargo, sin los dos sexos enfrentados (incluso a veces revueltos) de nada hubiera servido escribir sobre esta batalla cruenta o no, entre la mujer venusiana y los hombres marcianos. Así como la lucha entre este escenario en el barro de las tablas y el cuero, con la bella y enigmática actriz Vanda frente al director de la obra Thomas, o mejor deberíamos nombrarle como su alter ego novelesco Severin von Kusiemski, según las piezas literarias en las que se basa del escritor austriaco Leopold von Sacher-Masoch. Llevada varias veces a la gran pantalla (incluso por Jesús Franco), triunfando en los escenarios de Broadway y todo el mundo, e incluso hecha canción por The Velvet Underground.

Esta especie de Venus no se parece a aquellas clásicas sin brazos de belleza marmórea, si por su fuerza afrodisiaca o vengativa. Ni siquiera a aquella semidesnuda y arropada, de nuestro Velázquez, la pictórica Venus frente al Espejo, pero en esta película existen cuadros filmados por Polanski que son de belleza prácticamente al óleo teatralizado. La obra hace referencia a una lucha sexual, a una denominación de las desviaciones sexuales y atracciones psicológicas mediante el nombre del apellido del autor, nacimiento del masoquismo, con permiso del marqués, no Vicente sino Sade (aunque ese es otro sado). Una relación entre hombre y mujer, ama con esclavo. Un contrato en el que se vende el deseo como si fuera la propia alma.

Una mujer que se comiera a mordiscos la luna, que bailara una danza frenética frente al macho dominante, abre no por novena vez sino por cuarta la puerta de su actuación con Polanski. Un director cada vez más adaptado a las tablas, rueda con devoción clásica una partida entre lo atractivo y lo siniestro, entre la dama oculta y fantasmal, y el escritor y director teatral que pareciese haber tomado prestadas las maneras del propio autor, aunque desconozcamos los pormenores de la historia interna del cineasta.

En este tablero formado por cuadros repetitivos por los intenso, se mezclan los negros del cuero y el guion, con los blancos rostros pálidos del pistolero. En el escenario teatral, de una diligencia sin ruedas pero sobre ellas, dirige con paso firme y atrevido, las diferencias del héroe fordiano atrapado en la tela de la dama (¿puta, de mala pécora que no por vender su carne, o diosa?). Un Wayne guapo, débil e informal. La transformación del duque en mariposa, atrapado en ligaduras femeninas en un juego sexual que nunca puede quedar en tablas.

La de las cuatro pelis es la dominadora, dama o ama Emmanuelle Seigner, en plan Venus vengadora y licenciada en artes del clásico romano y la oratoria. Emergente altivez y atractiva lengua a punto de cumplir años este mismo mes. Atada a Polanski y a las Chicas de Yasmina Reza, en trío teatralizado. El Wayne excitado, contratante y vilipendiado es Mathieu Amalric (magnífico co-partenaire de la Seigner en la Escafandra y la Mariposa de Julian Schnabel) como padrino piel roja, atado al tótem fálico de la discriminación.

En fin, 'La Venus de las Pieles' entronca con el teatro clásico y las relaciones humanas de hombres y diosas de la antigüedad, señales del poder de la maternidad sobre la simple inseminación masculina. De las raíces de un director curtido en la historia cinematográfica, Roman que no bacanal romana, desde la repulsión femenina hacia el macho, hasta 'Un Dios Salvaje' sobre el escenario, iluminación con puesta en escena incluidos. Y la excelente música del compositor de 'Philomena', 'El curioso caso de Benjamin Button' o 'Argo', entre otras, Alexandre Desplat in crescendo. Adaptación que se toca de cerca también con el cine de Ingmar Bergman en su relación vital con el sexo y la muerte, entre el caballero y esta misma en su ajedrez de la vida, o más cercano e inevitable juego de La Huella, con el cazador cazado, del siempre magnífico Joseph Leo Mankiewicz. Paralelismo entre lo cinematográfico y el lenguaje vivo de dos personajes en el escenario.

Algunos puedan calificar esta película de pretenciosa, pero, acaso los clásicos no lo eran. Sin embargo, embauca y atrae a ambos géneros por igual, caemos de bruces ante sus botas, babeando ante la belleza de un corpiño ajustados como unas medias de seda. Valiente y graciosa, como un disfraz de payaso ante un detective vestido de espectador absorto en su butaca; y llamativa como un juego de depredación sexual, entre superiores e inferiores, entre clases e inteligencias de género. Polanski se decanta al igual que la obra por la idolatría ante la inteligencia femenina frente al maniatado esclavo masculino, con un cebo en forma de fusta de abedul en el ojo desorbitado del exceso sexual (en lugar del alfiler del guiño autómata del vencido).

Al final, un silencio del ridículo ante los aplausos del público como autómatas de la función, ante el talento a raudales y el riesgo de la puesta en escena "polanskiana".

Hace más de 25 años que no rueda en producciones americanas, pero entre Francia e Inglaterra, Polanski ha encontrado un filón a su creatividad... y el ardor.

***** Muy Buena ****


Las dos caras del mismo mármol,
macho y fémina.
Esculpido en tablas de teatro,
esclavo y dómina.

De vetas de Vestales a Venus,
inocencia a cuero.
De Afrodita la griega, a guerrera
en látigos.

De Venus de la Hayworth en gasa,
a Seigneur en gracia.
De comedia americana e ilesa,
a botas a la francesa.

Hombres atrapados en escena,
mujeres a sus pistolas.
Sexo en vena,
macho sin cola.

Los dueños atados por femme fatale,
en falos de tótem, cartón piedra.
Venus dominante, de piedra nada,
más cuero sagrado que las avale.

Venus salida de Puerta Tannhauser,
sin sangre, incendios ni autómatas,
ni venganza de estilo "slasher",
sólo un baile sexual de acróbata.

Vuelve al macho en travestido,
de director a escena, convertido,
por actriz de melena y carmín,
este es su alegre y triste fin.

El cine jugando a teatralizar,
Polasnki practicando el sado,
fuste y botas a fotografiar,
como cuadro de pintor romano.

La Venus de las Pieles,
un clásico adaptado,
el pellejo han dejado,
director e intérpretes.
¡De visionado obligado!

Hasta el próximo día D, de Polanski. Os dejo con unas canciones esclavas. Chau.

Venus in Fur, by The Velvet Underground.


Polanski y el Ardor. La Negra:


The velvet Underground-Femme fatale.

jueves, 8 de mayo de 2014

Enemy: La crisis dual y la madre araña.


Enemy: un enfrentamiento maternal.


Es curioso que el protagonista de una novela de José Saramago llamada El Hombre Duplicado (como tema recurrente leer El Doble de Fiódor Mijailovich Dostoievski) esté pasando por la crisis existencial de los 40, sin embargo, el protagonista de la adaptación cinematográfica interpretado por Jacob "Jake" Benjamin Gyllenhaal recae sobre un actor que tiene la edad de Jesucristo en la hora de su muerte, 33 años. Esa edad que marcó existencialmente en lo personal, a quién os habla. Aunque ese es otro tema.

El director canadiense Denis Villeneuve (comentario Prisioneros en Madrid Actual) se introduce en la mente masculina de un hombre, entre la locura y el cine abstracto heredero de David Lynch o David Cronenberg, en que los sueños dan forma y estructura a una red de araña, en la que el espectador se encuentra obnubilado o atrapado. Como su protagonista. También como en el cine de Luis Buñuel, la sexualidad es un tercer invitado en las relaciones con las mujeres, y más concretamente, relacionada con el rol de la primera paternidad durante una larga época de dedicarse a uno mismo. El protagonista deambula entre la realidad de la docencia con el mundo mágico de las películas, aunque sólo sea como intérprete a través del espejo.

Villeneuve nacido en Québec, dibuja una sociedad fantasmal del moderno Toronto, usando las lentes más frías y alejadas posibles, sólo acercándose a la dualidad masculina en la intimidad y el desasosiego por la relación devoradora con el concepto del sexo opuesto. Una vida dedicada al estudio que naufraga en las relaciones personales, por una faceta de actor y abstracta de sí mismo (pudiera considerarse un clon o tan solo un reflejo en la mente del público) se presenta para cambiar todo lo construido hasta entonces, en una larga carrera de estudio. Una telaraña de la personalidad del hombre y sus miedos internos, si bien el propio director reconoce que la idea de araña proviene de una inteligencia, no sabemos si real, ilusoria o sobrehumana.

El sueño del profesor universitario de historia, repitiendo las consecuencias de una educación controlada y dirigida por las mentes más pragmáticas dejando poco espacio a la imaginación, se ve truncada o impulsada por los sueños y los deseos ocultos a través de la pura casualidad. Deseo como salida de una doble personalidad, recortada por la educación familiar y la idea de la figura materna controladora de los designios del hijo.

Otro dato curioso es que Jake Gyllenhaal (Zodiac) provenga de una familia dedicada al séptimo arte, ya que su padre es el director Stephen Gyllenhaal, su madre la guionista Naomi Foner, y hermano de Maggie; por lo que el reflejo de su vida se ha visto encauzado de alguna u otra manera, en este hilo argumental relacionado con las películas. Aunque Jake pasara directamente a la fama interpretando al hijo de Billy Cristal en City Slickers o Cowboys de Ciudad. Hasta su primer gran papel en la interesante Cielo de Octubre, y es que, la sangre está predestinada a altos vuelos. Ahora, es un buen actor encaramado con facilidad en papeles de individuos con personalidades discrepantes o enigmáticas.

Volviendo a la adaptación de la novela de Saramago, interviene el guionista español Javier Gullón, en lo que puede considerarse un paso de calidad en su carrera. Su trabajo junto a Villeneuve dota al guion de una libertad conceptual e imaginativa, de la doble personalidad y el juego de imágenes con lo verdadero o lo fantástico. Algo alejado de sus anteriores notables trabajos Incendies y Prisoners, pero con la misma preocupación de la imagen fecunda de la mujer. Eso sí, desde puntos de vista completamente diferentes.
Los demás papeles principales se los reparten un trío de mujeres muy distintas entre sí, pero de marcada belleza. La madura e irrepetible Isabella Rossellini (otra con grandiosos antecedentes cinéfilos), la francesa Mélanie Laurent de certeras amistades “bastardas” y una prometedora y bellísima canadiense llamada Sarah Gadon (Un Método Peligroso, Antiviral) que participará en la próxima película de David Cronenberg, Maps to the Stars.

Por tanto, una película llena de dicotomías sobre la personalidad y la irrealidad de la cámara, fotografiando sueños entre finos hilos de seda. Representaciones majestuosas de la maternidad como una gran araña y amenaza del mundo masculino, sacada del museo Guggenheim por la mente de la escultora Louise Bourgeois y su obra Mamá.

Como dice el propio Denis Villeneuve, Enemy quizás sea su obra más arriesgada y experimental, una abstracción conceptual y visual de la realidad del hombre en crisis. Desproveerse del pasado que ata, a costa de matar la personalidad aferrada al pasado, es una difícil apuesta para todos. Pero, también, un imaginativo reto a desentrañar en la red mental del espectador.

Ya espero su siguiente película, que está en proyecto con el título preliminar de Sicario, y que parecerá contar con dos nombres reconocidos internacionalmente como Emily Blunt y Benicio del Toro. ¡Qué continúen los retos, Denis!


**** Buena ***

Danny Bensi & Saunder Jurriaans - Enemy Soundtrack


Evolución de Proporciones Godzilla-Humano:


miércoles, 18 de diciembre de 2013

The World´s End: risa hasta el fin.


Nos vemos en el Fin del Mundo.

(Esta es una representación ficticia que nunca se llevó a cabo... Para aquellos que me acusaron de alimentar mi egolatría).

- Buenos días, somos unos cineastas y guionistas que estamos haciendo unas preguntas sobre cine para un nuevo proyecto. ¿Estaría dispuesto a darnos alguna aportación?
- Por supuesto, ¿de qué se trata?

- Buscamos una buena idea para una película de ciencia ficción.
- Es lo más complicado. El camino más fácil sería introducir una trama que atraiga a jóvenes y cuarentones. Unas gotitas de humor no le vendrían mal.

- Somos dos actores y productores de Gloucester y Essex. Nuestros nombres van unidos a la comedia, casi somos pareja de hecho. Cuando algo funciona para qué vamos a cambiarlo.
- Si sois conocidos en este mundillo, debéis no defraudar a vuestros seguidores. Haced cargo del proyecto, a alguien que comprenda vuestras intenciones. Es decir, que ya os conozca y aproveche vuestras cualidades con afilado y camorrista humor británico.

- Lo tenemos, su nombre es Edgar Wright (ya ha trabajado con nosotros den Zombies Party y Arma Fatal).
- Perfecto. Además, como este año comenzó con predicciones apocalípticas de tiempos pasados, nada mejor que aderezar la historia con un derrumbe de la sociedad moderna.

- Nosotros queríamos marcianos. Es un momento idóneo.
- Anda, uno de mis temas favoritos. Me habéis abierto los ojos, pensando en una invasión apocalíptica… no mejor, embarrado con una utopía sobre el Gran Hermano conectado y universal.

- Jo, nosotros queríamos acción sin miramientos.
- Bueno, bueno… pero no os paséis, eh.

- ¿Y el protagonista? Danos una idea hablándonos de ti.
- Alguien que ha vivido ya lo suficiente, que mira al futuro como un abismo insalvable. Por tanto, no le importa mucho lo que sucede a su alrededor. Prefiere una buena noche con sus amigos (desconocidos), en busca de una charla y un viaje a los viejos recuerdos, una jornada con alcohol y otras sustancias. Y música divertida, bailable y rock.

- Qué tipo de música le gustaría en su juventud a nuestro héroe.
- Ja, ja. Algo que se salga de lo corriente.

- Recuerdo una época en que bailábamos los éxitos británicos de la década ochentera y otros, como The Cult o Sisters of Mercy. Íbamos un poco de oscuros.
- Ok, entonces se encargaría de una colonización de extraterrestres en nuestro planeta, con intenciones de universalizar el pensamiento único. Nuestro protagonista un poco pasota y fanfarrón, y sus distinguidos amigos, se internarían en un retorno a épocas de fiesta, chicas y rock… y pintas.

- Yo miraría a algunas antiguas películas del scifi, sobre criaturas amenazantes del espacio exterior, replicantes de ADN humano. Si os gusta John Carpenter, aquí tenemos a La Cosa y Están Vivos. O mirando la obra de otro inglés con Alien. Pero, mucho mejor sería revisar El Enigma de otro mundo o La Invasión de los Ladrones de Cuerpos. Maravillosas e imperecederas.
- Pero, queremos meter muchas luchas con métodos actuales de efectos especiales, sobre todo, con risas.

- Tened cuidado, porque mucho ruido puede eclipsar los chistes y mucha acción es contraproducente para la salud. Y con los brebajes alucinógenos.
- Como Astérix y las 12 + 1 pruebas.

- Y las mujeres…
- Siempre podrían haber estado presentes esa noche.

- Hahaha, vaya desmadre podíais liar. A por los marcianitos que son unos mamonassos, y nosotros tenemos las birras y Moooore.
- Aah, los Sisters of Mercy… ¡Qué grandes momentos!

- Entonces, será un divertido y emocionante viaje. Somos Simon Pegg y Nick Frost, debemos andar por tu edad aproximadamente, y nos ha parecido muy deconstructiva tu charla… Volveremos al pasado sin movernos de la era actual. Sólo nos faltan los diálogos y los comentarios chistosos. Hablaremos con nuestro director, él conoce muy bien nuestro sentido del humor y ayudará con su creatividad y las nostálgicas reminiscencias de películas de antaño.
- Un placer, espero que os salga bien el protagonista. Yo iré sacando del armario apolillado, mi guarda-polvos con botas negras y las raídas camisetas de bandas de rock. Pensaros lo del alcohol, eh, que ya no tengo el estómago para esos trotes.

- No hay trato, somos british.  Muchas gracias por tu atención.
- Nos vemos en los bares… hasta llegar al próximo Fin del Mundo.

*** Interesante ***

(Postdata: Veis, os avisé que no metierais demasiada acción disparatada... Pero bueno, sólo eran unos marcianos)


Fue un largo camino recorrido, con muchos palos...


Momentos de mucha corrosión, sin conocernos...

Es el momento de cerrar este bar... para mis pocos seguidores. Mejores años por venir y felices fiestas.
Gracias por haberme leído.

sábado, 30 de noviembre de 2013

1er. Amour: Amor de vacaciones.


Entre dos mundos.

En poco tiempo, visionar dos películas de producción independiente (no con idéntico tema) pero sí muy relacionadas por su carácter intimista y relacionado con situaciones en distintas etapas emotivas de la vida. Ambas siempre con el universo de los sentimientos, tanto para el caso de comenzar un sentimiento en los protagonistas, como para dibujar el término del amor. Una hecha en lengua francesa pero en Canadá, la otra en inglés y localización en París.

En este 1er. Amour observaremos estas dos proposiciones en una historia sencilla y rodada con mucho respeto por sus personajes, a pesar de las confusiones o traiciones. Acercándose a ellos, intentando reflejar sus distintas acciones y querencias sin buscar el daño al otro sexo sin más.
Esta película sincera nos llega desde un país que no sorprende ya con sus notables producciones cinematográficas. El cine canadiense tiene una industria y unos profesionales que intentan contar las historias que quieren contar, manteniendo una calidad constante y efectiva.

En este caso, un joven director procedente del documental y de nombre Guillaume Sylvestre, es también el creador de unos diálogos cargados de naturalidad, concisos y en algunos momentos brillantes. Diríamos que no es una película al uso de unos tiempos atropellados por la prisa y el ruido, porque en el primer amor es más importante el susurro y la placidez de la proximidad. Por tanto, otro director novel con visos a seguir su devenir profesional.

Toda cambia.
Hubo una época en nuestra infancia que fue la del descubrimiento de los movimientos de los adultos, pero sin serlo todavía.
Pudo ser en un verano de un año cualquiera (cerca de los catorce) cuando esos cambios eran evidentes en algunos aspectos físicos y mentales, construíamos las bases de nuestra personalidad.
Como los jóvenes actores y protagonistas, Loïc Esteves y Marianne Fortier, en el descubrimiento de sus personajes y de un posible futuro oficio. Muy correctos los dos.

Además en el film 1er. Amour, tenemos algunas otras buenas interpretaciones como la de Macha Grenon con amplia carrera y parcipación en otros trabajos como The Pianist o Las invasiones bárbaras, como de su pareja del largometraje interpretado por Benoît Gouin (sin desentonar en la acumulación de equívocos argumentales). O curiosamente, dos jóvenes que aparecieran en el brillante film (muy recomendable) titulado C.R.A.Z.Y. del director nacido en Montreal, Jean-Marc Vallée, con los nombres de Pierre-Luc Brillant y Jean-Alexandre Létourneau.

Ella:
Una chica de su época. Le gusta la música de moda y divertirse.
Cuando aquel año conoce a un chico mono, se produce un acercamiento en pos de una amistad que pudiera durar para siempre. Quizás amor.
Sin embargo, una diferencia de edad de a penas unos años, puede resultar una muralla infranqueable. Es difícil conquistar esa fortaleza desde una voz cambiante con armonías disonantes o de pito, aún con el bello demasiado incipiente.
Aquellos gallos que salían de la garganta del chico, parecían insuficientes en su cabeza. Como si fueran incapaces de expresar un sentimiento tan "poderoso", más bien, el resultado de una atracción irracional por una joven sorprendente y diferente de las que había conocido en su colegio o amigas.

Anna rebosaba amor. Su carácter era la libertad, pero ésta siempre puede tener un coste a pagar.
Ese verano la joven te introduce en su mundo novedoso, te muestra la música con la que se divierte, su risa. Ella sabe que el roce de su cuerpo produce una extraña sensación en Antoine, como ya le ha ocurrido con otros más mayores. Es el mundo creado para el goce y la experimentación. Le enseñará con sus amigos, la animación con alcohol o drogas.
Demasiado atractivo como para pasarlo por alto. Es posible que ella pueda conseguir todo lo que se proponga con sus encantos ocultos.

Porque es evidente que para Anna, el sexo no es un secreto. Y mucho menos un tabú.
Los prejuicios se han dejado atrás en otros veranos anteriores. Tiene diecisiete años y está dispuesta a practicar y ofrecer amor, a todo chico que le guste y le apetezca.


Él:
Otro verano de vacaciones a la ribera del lago canadiense en Quebec, bajo la protector acompañamiento de sus padres.
Un nuevo intento por mantener a toda la familia unida, por que en el futuro los caminos se hacen andando, o pilotando una pequeña embarcación de recreo.
Los ojos limpios de Antoine, serán los nuestros es esta pequeña historia.
En Le premier amour, observaremos como se comportan los más adultos desde sus catorce. Aunque éstos, algunas veces, le miren como un niño. Es posible que en determinados comportamientos, los niños se comporten como los mayores, y a la viceversa.

Es querido y ha sido educado en los valores de la libertad.
La educación recibida puede tener el peso suficiente para redondear un nivel cultural medio-alto. Y Antoine es muy consciente de todo lo que sucede a su alrededor, incluso puede crear una opinión propia y defenderla a costa de equivocarse. Peor sería mirar hacia otro lado, y traicionar a aquellos que quiere.

El amor es tan vaporoso como una bruma cerca de la ribera (ubicación en el río Saint Lawrence que atraviesa la ciudad de Quebec siendo el segundo más largo de Canadá), o como una borrachera y sus consecuencias al día siguiente.
Por ello, cuando cruzamos a la otra orilla, nuestras miradas ya no serán las mismas. Eso suponiendo que puedan volver a cruzarse.

Le 1er. amour, es otra muestra de interesante cine independiente y más concretamente hablado en francés.
Y es también, una película consecuente con una historia sencilla y transparente, a veces, respetando los silencios con evocaciones culturales o paisajes cargados de bucolismo. La música clásica interviene para calmar las tumultuosas situaciones y atracciones, para acentuar la sensación de pérdida.

Si no te interesa, el cine con tintes intimistas sobre las relaciones humanas, no es tu historia.
Tampoco es un film que deje una huella imborrable en tu historial cinematográfico, porque estas etapas vitales, son reconocibles en nuestras propias vidas.

**** Notable ***

Tráiler del film francés de animación Ernest et Célestine, dirigido por Benjamin Renner, Stéphane Aubier y Vincent Patar.



Tráiler de Le Weekend, dirigida por Roger Michell. Reparto: Jim Broadbent, Lindsay Duncan, Jeff Goldblum y Olly Alexander.



La Vida Secreta de Walter Mitty, dirigida por Ben Stiller. Reparto: Ben Stiller, Kristen Wiig, Adam Scott, Patton Oswalt, Shirley MacLaine, Kathryn Hahn y Sean Penn. Tráiler:

Le Weekend: finde por París.


Cuando las luces se apagan en París.

No es necesario para contar la historia de toda una vida, unas vacaciones muy extensas con multitud de situaciones posibles.
Tan solo es necesario Le 8, una ciudad como París... y la habitación de un hotel de lujo. Si el presupuesto da para ello. Claro.

Ese fin de semana, de una pareja de mediana edad (con unos achaques que acercan a la barrera de la Tercera) es un aniversario, dónde reinará el sentido del humor y la crítica más corrosiva hacia la vida en común a lo largo de treinta años.
Es como si el director nacido en Suráfrica Roger Michell (Notting Hill o Hyde Park on Hudson) se hubiera propuesto tomar una historia que podría haber pasado por otras manos. Pero no importa, porque su labor es excelente.

Esa historia bien podría haber sido escrita por el mismísimo Woody Allen (Blue Jasmine), con sus múltiples diálogos cargados de sus habituales dosis de ácido y autocrítica. Sin embargo, el autor del guión Hanif Kureishi tiene su propio camino en el arte cinematográfico, ya que fue habitual abastecedor de historias de otro cineasta con renombre como Stephen Frears, firmando los diálogos de Mi Hermosa Lavandería o Sammy y Rosie se lo montan.
Roger Michell y el guionista Hanif, tienen tres participaciones conjuntas con los filmes The Mother y Venus, por lo tanto, se ha producido una pareja de hecho que esperemos tenga visos de continuación. Con Le Weekend se aproximan a unos puntos de brillantez que merecería la pena, una relación más duradera.

Esta etapa de la vida, en la que la crisis económica y de valores se ha apoderado de todas las otras cosas importantes, se intenta solucionar por la vía del recuerdo. Rememorando viejos tiempos en unas mini vacaciones que se pueden convertir en una declaración de intenciones, con un sentido del humor acechando disimulado con cargas de profundidad.

¡Qué lejos quedan aquellas vacaciones!, con las relaciones pasionales y el encuentro con el primer amor.
Aquellos juramentos de fidelidad que, quizás, hubiese sido preferible nunca haber mencionado, y menos jurado. Los deseos de compartir toda una vida, hasta el final, es un filo de sonrisas y reproches corrosivos. El amor convertido en una guerra divertida a veces, otras no.
Ahora que el tiempo ha pasado (antes que el Amour ´hanekiano´ con letras mayúsculas, se apodere de nuestra brillante conciencia hasta hoy) y los achaques o deficiencias físicas nos hacen reírnos de nosotros mismos, sería un buen momento para reflexionar sobre los hijos, la decadencia y la disminución gradual del Amor.

Pero, será la ciudad de la luz, París, la imagen que puede distorsionar toda esta crítica. Por supuesto, sí.
Es tan fotogénica que se apodera de la pantalla, como otro protagonista importante más. Sus cafés y restaurantes, sus adoquinadas calles o monumentales avenidas están presentes en cualquier esquina de la película.
Pero lo que profiere otro nivel al film, es la excelencia de los diálogos y el trabajo magnífico cargado de escepticismo de los dos protagonistas.
Un excepcional Jim Broadbent que, yo le incluiría en una terna de nominados para mejor interpretación masculina y no menos maravillosa, Lindsay Duncan, produciendo un puente entre ambos que pareciera en algunas ocasiones un afable frontón. Gracias al guión repleto de momentos íntimos se establece una conexión también con los espectadores de ciertas edades que produce un efecto de mimetización u osmosis.

Todos quedan empapados de esta, especie de empatía por los personajes.
Solamente un poco distanciado por el encuentro de la pareja con otros personajes, no tan importantes ni necesarios. Pero que, ayudan al avance de este fin de semana, desde Birmingham a la capital francesa, con unos habitantes distantes a lo que transcurre tras la puerta de la habitación y al resultado en sus vidas... y sus carteras.

París bien vale un esfuerzo, o una trifulca. ¡C´est posible!
¿Te acuerdas?
Éramos jóvenes e idealistas, si no nos comíamos el mundo era porque estábamos obsesionados con la diversión propia. Ya habría tiempo de cambiar el mundo, sino nos cambiaba él a nosotros.
Creo que esto último, ha acabado sucediendo.
Ahora, casi ya no lo hacemos. Ni cambiar el ritmo de vida ni el sexo, por descontado. Y entre risas, provocación.
No sé si pagas tú, o pago yo. Al final la vida tiene un coste para ambos.

En Birmingham lo rutinario, lo es de verdad. Aquí en París, todo parece pasado por un filtro ilusorio de fantasía, hasta que nuestros labios se junten de nuevo, para demostrarnos la fidelidad prometida hasta el final de los días. Sufrir y besar.
Roger Michell ha cogido a esos jóvenes del centro de la isla inglesa, y ha construido un melodrama que indaga sobre las relaciones y sus efluvios de humor negro, regado con un chorrito de Champagne en silencio y imágenes de cine en blanco y negro en la televisión de un hotel. Toda una experiencia con banda sonora y aquel ritmillo dicharachero y bailado con chulería.

Con pocos recursos y bailando para olvidar. Así nos encontramos hoy, ¿verdad querida?
Cuando éramos jóvenes quisimos comernos el mundo, ahora él, nos devora a nosotros. Pero, con las gotitas de limón pasaremos el trago mucho mejor. Hasta conseguir olvidar Le Weekend de París, o reírnos del reencuentro con la ciudad luminosa.

Él:
Su mundo masculino se desmorona, la edad es un obstáculo pero lo es más el cambio de pensamiento. Esto puede ser devastador.
La pareja se ha convertido en un refugio para no hacer frente a los problemas, y el fracaso profesional te puede convertir en un inválido. La sociedad devora a aquellos que no están preparados para los nuevos escenarios, del enchufismo y el paro.

Por eso, es importante mantener como el personaje de Jim Broadbent un resquicio de aquella persona que fuiste una vez. Para mantenerte vivo y alerta ante los peligros de la traición y el desánimo económico.
Por mí el actor nacido en Lincoln (Inglaterra) podría acercarse a la consecución de algún premio con su medida y relajante interpretación. Descargando en pantalla una naturalidad y fuerza que mantiene un pulso de lucha de sexos, actual y divertida.

Ella:
La maravillosa actriz, Lindsay Duncan no debería conformarse (como su personaje en Le Weekend) con lo acontecido hasta estos momentos, pues en cuestiones de fuerza, también despliega sus poderes ante el "rival" masculino.
Sus trabajos en la televisión pueden estar bien, pero la gran pantalla llama a sus puertas. Y como una excursión por París, aumentar sus papeles con la misma decisión y amplitud de miras. Como cuando salió de su ciudad Edimburgo para labrarse un futuro emergente como su carrera como actriz de cine.

El pasado debe recordarse para no repetir los errores, pero convertirse en una obsesión es peligroso. Necesita retos que le ayuden a avanzar hacia un futuro incierto y con carencias. Es la vida... la lucha diaria.
Aunque para ello, haya que saltarse las reglas a costa de llevar tus huesos en una fría prisión francesa.
Jajaja, no es broma.
También podría ser una buena apostilla, una nominación.
Notable película de Michell que ha contado una historia de amor, que ha ido apagándose en pasión y aumentado en acidez.

En fin, un viaje de días que termina como comienza con un chasquido de dedos y un baile de estilo francés.
Retales de un amor menguado, diluidos con besos olvidados.
Un pequeño e íntimo viaje a recordar...

**** Notable ****

La nueva y esperada película del londinense Steve McQueen (Shame) acompañado de nuevo por Michael Fassbender, además de Chiwetel Ejiofor, Benedict Cumberbatch, Paul Dano (Prisoners), Paul Giamatti, Lupita Nyong’o, Sarah Paulson, Brad Pitt, Alfre Woodard, y la pequeña Quvenzhané Wallis (Beasts of the Southern Wild). 

Tailer del film inglés interpretado por Lindsay Duncan y dirigido por Omid Nooshin, Last Passenger. Reparto: Dougray Scott, Kara Tointon, y David Schofield. (v.o. inglés).



Paddington Bear es un film del británico Paul King. Reparto (voces): Colin Firth, Nicole Kidman, Hugh Bonneville, Sally Hawkins, Peter Capaldi, Julie Walters, Jim Broadbent. Basado en el personaje creado por Michael Bond.






martes, 19 de noviembre de 2013

Una Familia de Tokio: Una visita por el tiempo.


Japón y el Tiempo.

En 1953, Japón se encontraba en la crítica etapa de recuperación tras su intervención bélica en la Segunda Guerra Mundial. La crudeza del término de las acciones con el estallido de la bomba atómica, produjo además de la capitulación, un silencioso y resignado proceso de profundización en el estado emocional de la sociedad a nivel global y en las familias en particular. Muchas de ellas, comenzaron de nuevo sus vidas tras haber perdido en la guerra a hijos, hermanos o padres.
El cine no podía mirar hacia otro lado, sin reflejar los estados de ánimo de la población en aquellos dramáticos días.

Yasumiro Ozu el director nacido en la ciudad de Tokio (capital de prefectura y enraizada en la bahía de Osaka en la desembocadura del río Yodo), impregno su cine y en particular su obra maestra Los Cuentos de Tokio, de esa recapacitación poética e interior de la cultura nipona. Y el dibujo del respeto a las tradiciones dentro de las familias castigadas por el horror, las dificultades económicas y la pérdida. Tanto individual como colectiva.

Tokio se estaba convirtiendo ya en la megalópolis de la actualidad.
Las comunicaciones y las distancias entre los diferentes puntos de la ciudad crecían en proporción al número de habitantes. Sin duda para una sencilla y escasamente viajera pareja de ancianos procedentes de una humilde población situada en una isla del Pacífico y dedicada mayoritariamente a la pesca, sería un enjambre de proporciones mayúsculas. El sentimiento de pérdida y soledad se agrandaba en aquella gran ciudad. Resumido en una frase de la anciana: "Si nos perdiéramos aquí... podríamos no encontrarnos nunca más".

Esa amarga estancia (comenzada simplemente como una visita familiar) es la que nos cuenta Ozu en su intimista obra, dónde dos de los actores de su preferencia, el carismático Chishû Ryû y el papel de esposa de Chieko Higashiyama, bordan el papel de padres sufridos. El director padecería las consecuencias del conflicto bélico, estando destinado en China y teniendo que abandonar su carrera en el cine. Cuando terminó la contienda fue hecho prisionero en Singapur, no volviendo a su actividad profesional hasta seis años antes de realizar Cuentos de Tokio.

En su recuerdo quedan las imágenes de la catástrofe del Gran Terremoto de Tokio en 1923 (endurecidas por un tifón), año de sus comienzos en el mundo cinematográfico con la destrucción y un número considerable de víctimas entre muertos y desaparecidos.
Pues bien, noventa años después de aquella catastrófica jornada y sesenta de la presentación del filme del maestro Ozu, un director nacido en Osaka (otra ciudad con presencia en la película) Yoji Yamada (The Twilight Samurai, The Hidden Blade) hace una visita a los lugares y la historia original colocándola en un Tokio actual, golpeado por la crisis moderna y la próxima desgracia del tsunami y posterior accidente nuclear de Fukushima (11 de marzo de 2011). Muchos de aquellos ciudadanos más viejos que vivieron anteriores situaciones con dramáticas consecuencias, recordaron imágenes en sus retinas y corazones.

Por tanto, más que un remake Una Familia de Tokio es un homenaje a aquellos hombres, encabezados por Ozu, que supieron crear arte de un hecho tan penoso. La fuerza para seguir adelante ante las desgracias y la naturalidad ante la muerte.
Centrados en el inquietante guion del propio Ozu junto a Kôgo Noda, narra la historia de una familia separada por los avatares sociales y la búsqueda de futuro en la gran ciudad, y la postrera visita de unos padres-abuelos a las diferentes casas de sus hijos. Se produce un choque cruel entre modernidad y las costumbres ancestrales, así como la devaluación de las relaciones personales con el paso del tiempo.
El film confluye en la época, con otra historia de senectud creada un año antes por el maestro Akira Kurosawa con el título de Ikiru. Y es otra obra maestra, con calado social y reclamación de interés por nuestros ancianos. Y denuncia de la injusticia por parte del cine japonés.


Yamada al igual que Ozu, remarca con sensibilidad las diferencias generacionales entre silencios. Contemplamos la amargura y frialdad de algunos de ellos, con respecto a aquellos que siempre lucharon por mantenerles a flote en una pequeña isla. Ahora, el tiempo es olvidadizo.
Para ello, ambos directores utilizan el diálogo cubierto de silencios y cadencia sensitiva, con profusión de encuadres teatrales y decorados que mezclan modernidad con la raigambre de las costumbres ancestrales. Si bien Yamada no se centra en el paisajismo y la naturaleza hasta la parte final de Una Familia de Tokio, prefiere acercarse a la falta de perspectivas y al sacrificio en el trabajo diario. Y a la frialdad ante la experiencia y la comprensibilidad de los mayores, sin éstos pedir nada a cambio.
Tan sólo cariño.
Aquellos entrañables abuelos, ahora son interpretados por Isao Hashizume y Kazuko Yoshiyuki reflejando el espíritu y sobriedad de los actores de la cinta originaria. La sensación de molestia presencia en la casa de sus hijos, se dibuja en sus rostros silenciosos. Sabiendo en cada palabra que ya no les pertenecen como sus pequeños, y que pudiera ser la última vez que se hablasen. Siempre contando con la sólida complicidad del espectador.

Como las buenas historias de la literatura y del cine no deben ser olvidadas (al igual que nuestros mayores), aquellos viejos cuentos en magnífica fotografía en blanco y negro se barnizan en la época actual para recordar una antigua forma de hacer películas. Y el respeto de su verdadero espíritu.
Los tiempos han cambiado y las grandes ciudades se han convertido en fábricas de soledades, la velocidad demandada desentona con las relaciones sociales y “los sin techo” deambulan por nuestras calles y vidas.

Este día, yendo hacia el cine para visualizar una colorista película japonesa, en el interior de un vagón de metro, una pareja de abuelos miraban a un pequeño rubicundo jugar en su carrito y hacer sus cucamonas. Coexistían tres generaciones distintas en pequeño habitáculo, y a pesar del ruido pude escuchar su conversación.
Una cara arrugada pero cuidada con la barba canosa, decía sonriéndose “mira qué feliz, jugando sin ninguna preocupación”. El otro sonrió embelesado, y ambos de miraron por un instante con la misma despreocupación, sugiriendo una infancia oculta y no olvidada.
Ya no tengo abuelos con los que dialogar, algunos apenas los conocí. Pero, siento en lo más profundo que nunca deberíamos olvidar a aquellos que lucharon por nuestra supervivencia, y que nunca dejemos de lado al niño que fuimos… en un instante.

Las preguntas que nos hacemos, son las mismas que se hacían nuestros abuelos.
El Tokyo monogatari no se diferencia mucho en lo sustancial al Tokyo kazoku.
Cada nieto, hijo y padre, es un individuo distinto. El carácter nos hace conformarnos en lo que somos.
La experiencia es un grado. Ozu y Yamada, son cineastas con sobrada experiencia y calidad, y un cuidado escénico de las interpretaciones.

Al finalizar, los personajes quedarán deslavazados. Una familia es como un pequeño archipiélago.
No tanto como la de Ozu, que remarca la frialdad de los hijos con más grandilocuencia.
Pero en la pequeña isla de Onomichi (en la prefectura de Hiroshima), nos quedaremos anclados como islas.
En soledad...
Al menos, hasta que los más jóvenes se lancen a la aventura, emigrar a la gran ciudad y descubrir que también están solos.

A veces encontrar una historia intimista, sobre las relaciones universales humanas, no hay más que coger el metro de tu gran ciudad. E ir en busca de ellas, hasta una pequeña isla.
¿Es necesaria una vuelta a las raíces?

¡Qué grande es el cine!

**** Notable ****

Tráiler del film japonés De Tal Padre, Tal Hijo. Dirección de Hirokazu Kore-eda. Reparto: Masaharu Fukuyama, Yôko Maki, Jun Kunimura, Machiko Ono, Lily Franky.


martes, 12 de noviembre de 2013

Blue Jasmine: Vuelve la flor de Allen.



Cate 'van' Allen.

No tiene nada que ver el título (del comentario y de la película) con el rock and roll, pero sí con una canción. No es casualidad que par su próximo título haya escogido el siguiente, Magic in the Moonlight.
Woody Allen es un romántico indomable e irreverente. También un hacedor y dador de grandes papeles.

Cate Blanchett, no puedo decir que interprete como el alter ego de Mr. Allen. Seguramente podría reflejar sin problemas, un retrato del propio director neoyorkino sin ninguna dificultad, ya que incluso se ha podido poner en los pantalones de otro genio y vecino de la Gran Manzana, el mismísimo Bob Dylan. Por descontado que no es necesario, pues su papel está más destinado al lucimiento de sus dotes femeninas de alta dama de la gran pantalla que a un cómico psicoanalizado y de origen judío. No sé si pensó el maestro y director, en ella como destinataria de su próximo regalo interpretativo y flor con dotes regenerativas.
Y la verdad, es que lo borda.
Porqué por la noche todas las gatas, son jazmines azules.

Este jazmín deja un penetrante y fino aroma al concepto de éxito en la vida por cualquier medio. Aunque conlleve unas consecuencias dramáticas, y Cate Blanchett (Little Fish, El curioso caso de Benjamin Baton o la trilogía de L.O.T.R. I, II y III, El Hobbit) ha presentado su candidatura firme a ser seleccionada para la conquista (más que probable) de algún premio importante durante alguna noche lunática en Hollywood.
¿Veremos al gran Woody Allen cogiendo un avión a Hollywood (Los Ángeles, California) este año?.
Solamente si él lo desea, por supuesto. Pero, pienso que sería bonito que el público, en general, se rindiera a los pies del genio de Brooklyn.

No será por viajar en primera clase, pues se lo tiene bien merecido con su esfuerzo como escritor y cineasta. Además, la buena forma mental y las ganas de recorrer distintos países del mundo, recordemos que ha viajado para rodar en Inglaterra, Francia, España, la hermosa San Petersburgo (Rusia) e Italia, le otorgan una categoría de viajero especial.
Esto tan sencillo de trabajar en otros lugares, es un motivo extra de satisfacción para sus seguidores al poderle observar más cercano. Aunque, sea acusado de bajar su calidad cinematográfica en algunos films.

Pues bien, con Blue Jasmine vuelve a volar alto.
Para ello, todas aquellas direcciones en líneas aéreas se han confabulado en una bidireccional entre Nueva York y San Francisco (California), y claro con tanto viaje y su espléndida clarividencia ha tenido tiempo en pensar en sus historias favoritas. Entre costa y costa, Mr. Woody se ha inspirado para escribir un guion de categoría de suprema actualidad.
Todos sus seguidores y fans nos congratulamos y comprobamos con placer que cumplir años no siempre es reflejo de un desgaste intelectual.

Aprovechando su pasión por la vieja Europa, de sus costumbres y gentes, ha olfateado e inspirado para trasladar su historia a la ciudad más europea de USA, la cinematográfica San Francisco. Además, en sus viajes recientes ha sacado su radar de contador de historias para hurgar en la crisis, adentrándose con el guion de Blue Jasmine en las tensiones internas de las familias. Con una particularidad, mezclar las vidas corrientes con las de alto rango social.
Parece que se divirtiera sacando las miserias de personajes presuntuosos, en este caso, sin burla pero con un grado de madurez y tono agrio que demuestra sus dotes para la comedia dramática.
Al contar la vida de individuos con éxito social y sus contubernios de pareja y familiares, se ha vuelto a ganar con sus definitivos golpes salvajes, el gusto desplazado del público más displicente.

Este 2013 puede ser el año Woody Allen, lo seguro es que es el año del jazmín azul. De los comentarios allenianos cargados de sarcasmo y brillantez. De la disección de un personaje por todas sus etapas vitales y sociales. Del aroma a mar. De sus viejos discos con excelentes ritmos jazzísticos. De rincones espectaculares de la ciudad de San Francisco. De un ramillete de personajes con vidas propias. Y sobre todo, de un escritor con preferencia por unos diálogos excepcionalmente acertados.
La edad para Allen es sinónimo de flexibilidad y resistencia mental, capaz de compaginar con excelencia distintas actividades y dejarnos boquiabiertos.
Quizás por ello inspira sus letras en los rostros de grandes actores (altamente agradecidos por colaborar con su trabajo) y lograr mantenerse con una carrera cinematográfica envidiable, en plena forma.

El amor puede comenzar por una canción disfrutada a dueto, que significa el inicio de una relación con sus pasiones y sus tensiones. A través de la conocida Blue Moon, nos desplazamos de su Nueva York con tonalidades entre el neón de los carteles de clubes y fiestas al grisáceo de sus secuencias más representativas. Como un recuerdo constante.
Ya apenas recordamos su letra... porque no es lo importante. Woody Allen se centra en la parte más oculta del desastre.
Y Cate Blanchett interpreta la partitura escrita por él, con una profesionalidad fuera de toda duda, intentando reinventarse en las diferentes situaciones, cambiando sus costumbres y habilidades cuando los renglones de su personaje se escriben torcidos.
Cambiar de nombre no garantiza un nuevo comienzo y el éxito.

Por lo que nos decantamos como seguidores del director neoyorkino, sin duda, es por la magnífica facultad de desarrollar sus guiones con personajes que no se detienen, siempre avanzan hacia la excelencia argumental. Las conversaciones que mantienen dentro de la película, tienen el alcance de los grandes narradores. Por tanto, sus diálogos no son un pretexto para filmar unas imágenes, si no que son la fuente por la que emergen las grandes decisiones narrativas ayudando a un montaje moderno y dinámico.
Me quito el sombrero, ante tal capacidad. De la cual, los aspirantes a escritor, deberíamos observar con envidia en cualquier noche de luna azulada ante la cuartilla en blanco.
Mis felicitaciones por su dominio de la escena dialogada y sus giros léxicos atemporales.

Así, me congratulo por la vuelta de Woody Allen a la comedia más dramática, de características sociológicas y la lucha de sexos más actual y verdadera, y acortando las distancias entre las distintas clases sociales. Revelándose la triste flor escondida entre tanta apariencia y poder económico.
Sus personajes se pueden reconocer al instante en las primeras páginas de los diarios.
Mr. Allen otorga el protagonismo de su creación en Blue Jasmine a la gran Mentira. Cuando esta faceta contamina todas las actitudes de la vida, tanto las que están a la vista como las ocultas, aunque estén encerradas en cuatro paredes desconocidas y opresoras.

Por que en esas habitaciones, calles o lugares de trabajo, se abre todo un ramillete de personajes secundarios a la altura de su "partenair" principal, con brillo propio y matices de otros colores que complementan el desarrollo del argumento esencial.
Desde sus parejas de baile en esta canción de letra olvidada, como su marido más delgado y siempre convincente Alec Baldwin o su hermana, una sencilla y simplemente natural e inolvidable Sally Hawkins.
Sin olvidar a las tensas relaciones con los personajes interpretados por un resolutivo Peter Sarsgaard, el arrepentido novio de su hermana por Bobby Cannavale, el papel de hijo por Charlie Tahan, Andrew Dice Clay, el doctor o jefe interpretado por Michael Stuhlbarg o los pequeños bárbaros usado como paño de lágrimas, los jóvenes Daniel Jenks y Max Rutherford.

Elegir el nombre de una flor que renace en la noche, no convierte la vida en un camino de rosas.
Ni siquiera de jazmines azules.
Congratulations to Cate Blanchett, por adelantado. Y por sus numerosos proyectos a la vista.

La personalidad del neyorkino es tan descomunal y su labor tan personal, que podría participar igualmente en cualquier competición de europeo o independiente. Así de genial es Woody. Hasta el infinito...
Felicidades Sr. Woody Allen por los éxitos y premios que... conseguirá.

**** Sobresaliente *****

Cate Blanchett, está en la nueva película dirigida por George Clooney titulada The Monuments Men. Reparto de categoría suprema con: George Clooney, Matt Damon, Bill Murray, John Goodman, Bob Balaban, Jean Dujardin, Hugh Bonneville.


Tráiler The Turning, de Tim Winton.



domingo, 3 de noviembre de 2013

Stand Up Guys: Al, Christopher y Arkin. Tres balas perdidas.

















Gangsta trío


Cómo decían los Panchos (que por cierto también eran trío) en su famoso bolero, Pasarán más de mil años, todos los amores de cualquier tipo, siempre dejarán en la boca o en la retina recuerdos de tiempos buenos o malos.
En el caso de estos tres delincuentes, Don Al Pacino, Don Christopher Walken y Don Alan Arkin, es un hecho que muchos de sus trabajos pasados dieron esplendor al séptimo arte y nos dejaron a los aficionados momentos para recordar como el vino añejo.

En estos días después de la celebración del día de difuntos, es un placer para todos que continúen ejerciendo ese magnetismo que ejercen estos rostros con la huella de la experiencia. Estos viejos conocidos que tienen como lema, perpetrar nuevas escaramuzas con la cabeza bien alta.
El director Fisher Stevens (nacido en Chicago - Illinois) es algo más conocido por su faceta de actor que por sus trabajos al otro lado de la cámara. Como en su papel de doctor en la cinta Awake, protagoniza un nuevo amanecer de su extensa carrera después de haber conocido cierto éxito en los 80, con un papel en las películas de Cortocircuito.

En la actualidad, todos se reparten los roles de la película Stand Up Guys (con un título en español de Tipos Legales que no hace justicia a estos grandes de la pantalla), conformando un interesante retrato de unos gángsters en el ocaso de sus carreras delictivas, y que sirve como homenaje (no final por supuesto) a los grandes de su generación en la interpretación.
En los comienzos de la década de los 70, los tres tuvieron sus películas dónde demostraron ser actores de carácter y coquetearon con el mundo del hampa.

En sus caras se reflejan el paso de los años y del saber hacer en este bonito oficio. En sus ojos se reflejan las secuencias que determinaron nuestras propias vidas como aficionados y sus manos firmes marcaron el territorio de los tipos duros con un arma en la mano. Ya fueran como policías, soldados u otros profesionales fuera de la ley. Sin duda los papeles más marcados en sus carreras.
Fueron y serán por derecho propio, individuos peligrosos pero con un código amparado por cierta "legalidad" y lealtad ante sus amigos y enemigos.

En Stand Up Guys, observamos como ese código deontológico sigue vigente en la actualidad.
Se ofrecen tal como son, y los queremos en sus papeles por ello. Aunque dentro de tanta nostalgia, también se combinen los chistes o chascarrillos propios a su lado más humorístico y sarcástico (si bien es posible que esto baje algo el ritmo y efectividad de las imágenes bien engrasadas). Cada uno hace gala de sus aptitudes más apreciables, aunque el guión de un debutante en el largometraje Noah Haidle tenga alguna preferencia por el manierismo en el sexo y la simplicidad de su atrevimiento.

La cinta se jacta de ser costumbrista y una ligera alegoría a las penurias y forma de pensar de la vieja delincuencia en nuestros días y su choque con la mente más salvaje de la venganza. Un choque que tendrá consecuencias en sus vidas por un ajuste de cuentas que no ha prescrito y la extorsión.
Ante tantas obviedades, lo que mantiene con interés la historia es el deambular de los protagonistas que demuestran su pasión por el trabajo bien hecho y terminado.

La combinación de esta tres armas (cada una con su propia visión del oficio) en las calles de un salvaje y oscuro Hollywood, funcionan a veces a la perfección y sus pistolas vuelven a sonar con los ecos del tiempo. Aunque en algunas ocasiones, los cañones se encasquillen y deban hacer uso de otras artimañas más artificiales.
Al, Christopher y Alan, son y serán siempre unos roba-planos. Con todo el cariño de tan significante acepción.

Ahora, Pacino se debate en la combinación de su faceta interpretativa con la dirección, pronto le veremos dirigir una nueva película y meterse en la piel de cabeza de familia en la saga de los Gotti, archifamosa familia de gángsters. Y podría ser Salvador Dalí, en un esperado y curioso biopic.
Por su parte, Walken se pone en disposición de dar guerra por los mismos territorios, en la nueva película dirigida por Clint Eastwood, un musical cuyo protagonista Christopher es un músico que coqueteó con los negocios mafiosos. Y junto a Jason Statham, Mickey Rourke y Javier Bardem, también con el telón de fondo del hampa, pero que no tiene todavía una determinación aclarada por ser el proyecto que tendría que haber enfrentado el fallecido lamentablemente Tony Scott.

Arkin está algo más reservado, pues tiene pendiente el estreno del film Grudge Match. Otro título para celebrar el recuerdo ochentero, con dos púgiles que tras años de combates deciden enfrentarse en el ocaso. Ambos en la piel de Robert De Niro y Sylvester Stallone, en un cara a cara entre Joe La Motta y Rocky que combinarán los guantes con el humor.

Por lo tanto, no es que Stand Up Guys sea una película altamente recomendable, ni de una calidad envidiable. Pero siempre es un gustazo ver al trío de nuestra juventud cinéfila, ejerciendo lo que mejor saben. Creo que todavía tienen mecha para hacernos de disfrutar de su estimable y fantástica presencia.
Los avatares mafiosos.
La interpretación.
Y... los viejos tiempos.

*** Interesante ***

Películas recomendadas con ... Pacino, Walken y Arkin.

Mr. Pacino:
The Godfather (F.F. Coppola, Sobresaliente)
Serpico (Sidney Lumet, Notable)
The Godfather: Part II (Francis Ford Coppola, Obra Maestra)
Dog Day Afternoon (Sidney Lumet, Notable)
Across the Universe (Julie Taymor, Notable)
Cruising (William Friedkin, Buena)
Scarface (Brian De Palma, Buena)
Sea of Love (Harold Becker, Notable)
The Godfather: Part III (F.F. Coppola, Buena)
Glengarry Glen Ross (James Foley, Notable)
Carlito's Way (Brian De Palma, Notable)
Heat (Michael Mann, Notable)
Donnie Brasco (Mike Newell, Notable)
Insomnia (Christopher Nolan, Interesante)
Rediscovering John Cazale (Richard Shepard)

Mr. Walken:
Annie Hall (Woody Allen, Sobresaliente)
The Deer Hunter (Michael Cimino, Obra Maestra)
Last Embrace (Jonathan Demme, Buena)
Heaven's Gate (Michael Cimino, Buena)
Pennies From Heaven (Herbert Ross, Notable)
The Dead Zone (David Cronenberg, Notable)
The Milagro Beanfield War (Robert Redford, Interesante)
King of New York (Abel Ferrara, Notable)
Batman Returns (Tim Burton, Notable)
True Romance (Tony Scott, Buena)
Pulp Fiction (Quentin Tarantino, Obra Maestra)
The Addiction (Abel Ferrara, Notable)
Things to Do in Denver When You're Dead (Gary Fleder, Notable)
The Funeral (Abel Ferrara, Muy Buena)
Sleepy Hollow (Tim Burton, Notable)
Catch Me If You Can (Steven Spielberg, Buena)

Mr. Arkin:
The Russians are Coming (Norman Jewison, Interesante)
Wait Until Dark (Terence Young, Notable)
Little Murders (Alan Arkin, Buena)
Freebie and the Bean (Richard Rush)
The Seven-Per-Cent Solution (Herbert Ross)
Big Trouble (John Cassavetes)
Escapada Final (Jack Gold, Interesante)
Havana (Sydney Pollack, Buena)
Edward Scissorhands (Tim Burton, Notable)
Glengarry Glen Ross (James Foley, Notable)
Mother Night (Keith Gordon)
Cuatro días de Septiembre (Bruno Barreto)
Gattaca (Andrew Niccol, Notable)
Eros (Wong Kar-Wai, Soderbergh, Antonioni, Interesante)
Little Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, Muy Buena)
The Muppets (James Bobin, Notable)
Argo (Ben Affleck, Notable)

Un enfrentamiento pugilístico de kilates, en Grudge Match de Peter Segal. Reparto: Robert De Niro, Sylvester Stallone, Kevin Hart, Alan Arkin, Kim Basinger, Jon Bernthal, Judd Lormand, Han Soto, Nicole Andrews y LL Cool J.

Hasta las nuevas y esperadas noticias de Al Pacino, os dejo este tráiler producido para la tv por la HBO. Sobre una etapa de la vida del conocido músico y productor de grupos como Beach Boys o The Beatles, Phil Spector. Dirigido por otro mítico David Mamet. Reparto: Al Pacino, Helen Mirren, Jeffrey Tambor, Rebecca Pidgeon, Chiwetel Ejiofor. Tráiler en inglés.


Hasta sus atractivos proyectos en 2014, Walken en su salsa y en plena forma, en The Power of Few. Cinco historias cruzadas dirigidas por Leone Marucci. Reparto: Christopher Walken, Christian Slater, Q’orianka Kilcher, Anthony Anderson, Jesse Bradford.


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