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domingo, 16 de julio de 2017

Sinister.

















Ethan Hawke, una de cal y arena.

Hace casi 28 años que Ethan Hawke comenzó su profesión de actor, fue con la cinta Exploradores cuando contaba apenas la edad de doce (otra película scifi parece su predilección). Pienso además que tiene problemas con la selección de sus papeles, pues no me acaban de entusiasmar algunas de sus actuaciones.
Aunque siempre correcto en toda la película, parece por momentos, perdido. No sé si estaba muy convencido del trabajo que estaba realizando. Y menos de los propósitos del director, enfrentándose a los tópicos de los siniestro.
Pero Hawke es un profesional del cine, y tiene que poner cara de... si lo entiendo. Continuemos grabando, por favor.

Por otro lado, porqué el director estadounidense Scott Derrickson no ha podido pasar de un aprobado raspado en mis calificaciones (Hellraiser infierno, El exorcismo de Emily Rose y Ultimátum a la Tierra, esta última bastante floja)... Mi teoría es que está obcecado de un espíritu sobrenatural.
Teniendo buenas historias, se esfuerza en estropearlas con efectos bastante maniqueos, a base de bastantes capas de maquillaje que resultan excesivas. Los guiones quedan algo mutilados por conceptos mil veces visualizados, aunque incluyendo escenas de cosecha propia que intentan maquillar el resultado final con algo de acierto.
Parece que su próximo trabajo tiene como propósito acercarse a los temas bíblicos con Goliath, al más puro estilo 300. Ya me entran las dudas.

En el caso de Sinister, trata el manido asunto de los fenómenos paranormales, donde un escritor haciendo las veces de investigador de medios y asesinatos, se ve envuelto en la trama sangrienta con el propósito de escribir su nueva novela.
Visto, ¿no?.
Recordando algunas películas, evidentemente, se viene como primera opción a la memoria, al maestro Stanley y su resplandor. Aún quedando a años luz, en cuanto a su calidad, Sinister bebe de sus fuentes (más bien de la fuentes de Stephen King), sin embargo, se descabalga de la creación de un universo onírico para sumergirse en un universo paralelo de ultratumba encerrado en un celuloide. Ya no cabe lugar, a la introspección mental del protagonista, por que es atacado por un ente "más o menos" real en el film. Esto produce algunas preguntas sin respuesta a lo largo de la proyección.

Si realmente pudieran los espíritus o demonios interactuar con seres y objetos de la dimensión humana e inmiscuirse en sus vidas, para que necesitan de una película de 8 mms., pues aquí radica la única gracia del film. La atribución y resguardo de los crímenes en acetato con sus cualidades diabólicas o asesinas para los futuros inquilinos y generaciones.
Las antiguas películas grabadas es estos sistemas más añorados, como la reproducción del Super8, están de moda en los últimos tiempos.

No hace mucho que visioné el film de terror V/H/S, donde el método es la cuestión. Observamos la grabación con su grano, sus errores y defectos, todos aquellos matices que parecían perdidos con la digitalización. En cambio, sólo tiene parecido con Sinister en la edición.

Más parecido razonable tendría con el incombustible John Carpenter y su episodio para la serie Masters of Horror, El fin del Mundo en 35mm., donde la idea de una cinta con poder sobrenatural evidencia las comparaciones. Para nosotros, una interesante idea macabra con un nivel de perturbación muy superior a la susodicha Sinister.

Por tanto, lo que que podría ser una película amanerada en su guión, aunque divertida, que da paso a una sucesión de acontecimientos irrisorios (a mi juicio) con giros argumentales no muy definidos o poco creíbles. A veces muy cuestionables, en los que predominan los mini sustos, el baño de sangre con denominación de origen y las ralladuras sin venir a cuento.

Vale, la trama investigadora tiene un pase. Sinister comienza bien, pero la base predominante al final no es esa.
Sinister se descabalga con su efectismo fantasmagórico y espiritual.
Y al que suscribe, le provocó la aparición de la risa burlesca en alguna ocasión.

** Regular **


miércoles, 12 de julio de 2017

Imperium.


El Imperio de los Sin-Sentidos.

Esta película del director primerizo y coautor del guion, Daniel Ragussis, es una bala dirigida a tu sien. Trata sobre la evolución de un periodo pretérito de la historia, la edad de los Imperios, en que los individuos se organizaban en un vasto territorio dominado por un líder todopoderoso o emperador, demostrando su fuerza a través de las armas y el dinero. Estas grandes civilizaciones caerían en profundas campañas belicistas, esencialmente, por el tamaño monstruoso de las regiones que comprendían. Sus organizaciones políticas, el carácter violento de los protagonistas y las rígidas leyes que interponían aquellos miembros más relevantes del imperio a sus súbditos o lacayos del pasado, sin embargo, algunas cuestiones o fundamentos, han permanecido hasta nuestros días. Reproduciéndose o apoyándose mediáticamente.
Heredamos derechos cuestionables que se ejercen sobre el resto de la población, con enormes gastos por asuntos polémicos y, en muchos casos, produciendo auténticos desfalcos económicos. O, la creación de auténticas mafias, camufladas tras agujeros legales y silencios comprados, con hechos que dejan a los ciudadanos más humildes, no pertenecientes o no relacionados a dicha administración, siendo amenazados públicamente o avocados a la marginalidad y la pobreza invertebrada.

El caso es que esta división ideológica ha impedido el avance social generalizando una confrontación que resulta aburrida, desnortada y tortuosa para la estabilidad de muchas familias pretéritas y futuras. También es el mecanismo sobre el que se fundamentan la mayoría de guerras, disturbios y entramados arraigados en la radicalización.
En la película Imperium, se trata la acción de un hombre inteligente que posee unas características únicas y demostrativas de un combate silencioso contra las fuerzas más ocultas, pero, que debe tener cierto equilibrio mental para establecer relaciones con los miembros de sociedades secretas, o como en esta oportunidad real, una organización con ideología xenófoba y una actitud extremadamente violenta. Personas que desean la protección nacionalista de la sociedad, a costa, del desarrollo de otros colectivos que consideran una amenaza para el país. Y en medio está, precisamente, la figura heroica del infiltrado. Con el rostro dicotómico de un actor como el extrovertido Daniel Radcliffe, que ha navegado en los últimos tiempos entre personajes con caracteres desdoblados por las circunstancias, como en La Mujer de Negro, Kill Your Darlings, Horns, Victor Frankenstein o Swiss Army Man. Un cambio muy oportuno hacia los personajes contradictorios en su carrera profesional, marcada por el ´rayo` de la juventud. Mientras que el actor nacido en Fulham, interpretaría a Rosencrantz en National Theatre Live: Rosencrantz y Guildenstern Are Dead, otro protagonista infiltrado en la Jungle de Greg McLean (Rogue, Wolf Creek), una historia sobre los cárteres fronterizos, llamada Beast of Burder, o un proyecto de huida del centro carcelario Robben Island de Sudáfrica, junto a Sam Neill.

Por otro lado, el guion de Imperium, firmado por el director a la par que Michael German (escritor de antecedentes políticos y adiestrado en conspiraciones), desarrolla el filme como una máquina sanguinolenta o máquina de picar cerebros. Cuando se introduce en la mente de acosadores y vigilantes, para intentar doblegar a las instituciones mediante una acción terrorista y un espíritu proscrito, u observar las diferencias de criterio entre los investigadores del FBI. En cambio, no lo consigue en todas las escenas importantes.
Pues, existe un trama oculta en su pensamiento, que no termina de ampliarse o discernirse en totalidad, pero que exige una respuesta de la gigantesca sociedad norteamericana y sus variopintas instituciones públicas. Algo a lo que enfrentarse y que proclama la ideología supremacista, patriota de nuestros tiempos y el antiguo racismo contra los extranjeros, algo que resuena en estos momentos, como modo de defensa de muchos países frente a especulaciones interesadas y la magnitud de atentados terroristas a los que dar respuesta. Algo silencioso, que aumenta las víctimas inocentes en cualquiera de nuestras ciudades que sirven de guarida de diversos malhechores. Y algún héroe anónimo...

Todos aquellos líderes o representantes económicos de distintas culturas, que forman parte de nuestra sociedad moderna y defienden la libertad comercial o de movimientos, también conviven con individuos cerrados a cualquier tipo de apertura progresista. Esos males conviven a diario, aunque el juez sea un individuo joven que parece desubicado con el trabajo de un agente infiltrado a realizar secretamente y cuya familia es sustituida por un engendro descorazonador. Como perdidos andan algunos personajes de la película, que no resultan demasiado realistas o establecen un discurso confuso, mezclando las posiciones e ideas.
Lo que daría a entender, que ambos extremos (izquierda y derecha), predican cosas comunes en el fondo, arraigados en motivos partidarios, donde la selección o segmentación de los recursos sociales y los beneficios se reparten acorde a las necesidades de sus acólitos. Mientras, los pobres inocentes serán los que vuelvan a caer de rodillas, con una posible bala en la cabeza o reventados por las bombas. La acción de los agentes infiltrados del FBI (o cualquier otro cuerpo del mundo) representa la libertad de todos ellos, los inmersos en una crisis económica que parece ya un mal crónico y devastador. Aunque haya que cortarse un pelo...

Esa libertad no significa la reclamación de la tierra para sus conciudadanos, sino una tierra de oportunidades para todos. No la disgregación por dinero de la sociedad, ni dentro del seno familiar, el ambiente laboral o las relaciones personales, cada vez más distorsionadas ante la globalización y la limitación de recursos de alto coste social. Por tanto, el filme Imperium lo muestra como un fracaso general para las últimas generaciones marginales, parados de media edad y jóvenes que recaen en otras redes clientelistas perjudiciales y radicales. Tanto física como mentalmente. Al acecho, un posible ejército o revuelta social, que nacería de lo marginal, del consumo de alcohol o el tráfico de drogas que manifiesta esa falta de medios económicos o la necesidad de un dinero rápido que envenena a la sociedad, y no ven una perspectiva real para liberarse de ese terrible yugo o sentirse útiles sin condicionamientos.
Toda esta amalgama realista, es Imperium. Además de un interesante duelo entre Mr. Daniel (Próximamente en la serie Miracle Workers con el dios Steve Buscemi) y la actriz nacida en Sidney (Nueva Gales del Sur), Toni Colette, que posee numerosos proyectos próximamente tras la película de acción XXX: Reactivated. Este año, Miss Toni colaborará en numerosos trabajos, como una serie de temática policial llamada Blue Murder: Killer Cop, u otro largometraje llamado Unlocked junto a Orlando Bloom y Noomi Rapace, además el drama bélico llamado The Yellow Birds, el filme Jasper Jones junto a la joven actriz Angourie rice y Hugo Weaving, más tres actuaciones en el género de la comedia, con el título Fun Mom Dinner, Please Stand By junto a Dakota Fanning y Alice Eva, o Madame de la joven directora-guionista francesa Amanda Sthers.

La pareja ´fiel` a sus principios, enfrentados a su vez, con los diferentes actores que representan aquellas posiciones más extremistas y violentas, porque del lado del mal, destacan actores como Sam Trammell, Chris Sullivan (Morgan, Guardianes de la Galaxia vol.2), Nestor Carbonell (El Caballero Oscuro, Bates Motel) y en el rol de Dallas Wolf, el extraño personaje por el que transita el actor Tracy Letts (La Gran Apuesta, Elvis Vs. Nixon) y una de las figuras más interesantes para diseccionar. Este actuará también en los filmes, Lady Bird junto a Saoirse Ronan, The Lovers con Debra Winger y el proyecto titulado The Papers de Steven Spielberg, con Alison Brie, Bradley Whitford (Get Out), Michel Stuhlbarg (Miss Sloane), Tom Hanks y Meryl Streep.

Existen focos que no acaban por iluminarse, a pesar de las interpretaciones, pero si te interesan los procesos y tramas ocultas, con asuntos paralelos a la vida de pacíficos ciudadanos, esta película Imperium puede llenar las expectativas sobre métodos conspirativos. Ya que se alambica como una investigación enrevesada entre la policía estatal de Virginia (con imágenes rodadas en las localidades de Chesterfield, Petersburg, Hopewell, Richmons y Prince George en Virginia), y el encubrimiento del agente del FBI, Nate Foster. Miembro de un peligroso clan supremacista y representante de uno de las tareas policiales más difíciles que han existido.
Por tanto, aunque el montaje parece algo manipulado en algunas escenas y recorta las expectativas del suspense, puedes observar como funciona el tráfico siniestro de materiales radiactivos o los contactos terroristas con una banda criminal, no olvidemos, formada por estadounidenses de raza blanca. Personalmente, creo que esta lucha estereotipada permanecerá, como el miedo intrínseco, en el subconsciente bélico colectivo, alzándose sobre la desmotivación general de partes de la sociedad americana (y mundial). Una tendencia que perseguiría, como ayer, dominar voluntades, actuar contra la corrupción de la clase política o los estamentos públicos, y fomentar un caldo de cultivo peligroso contra determinados colectivos o ciertas referencias culturales. Y, ¿tú me lo preguntas? Radical eres tú...

Por consiguiente, ese reflejo o peso histórico, la terrible suela patriota que causó millones de muertes durante la Segunda Guerra Mundial u otras, generó un genocidio masivo, segregación y asesinato consentido por un pueblo. Imperium es una muestra en el cine, de nazismo embrionario. Donde este arriesgado servidor público, como muchos otros, cambia su fisonomía y desdobla la personalidad, para defender tu libertad. Daniel está fingiendo o recreando esos personajes de la ficción, cambiando sus papeles fantásticos (e incluso surrealistas como en Swiss Army Man), pero dentro de una realidad que asusta.
Delimitado por un guion con algunas inconsistencias estructurales y diálogos forzados hacia la resolución positiva, el personaje de Daniel Radcliffe se mantiene entre dos posturas incompatibles, racional y éticamente. Y salir airoso de este conglomerado interpretativo, con estas acciones de infiltración de su personaje, al límite del esfuerzo mental y postural, representa el valor de individuos secretos que están dispuestos a... llevar a seguidores radicales a la puñetera ´jail`.

Tráiler National Theatre Live: Rosencrantz & Guildenstern Are Dead, de David Leveaux.


Tráiler Madame, de Amanda Sthers.


Tráiler Jumanji: Welcome to the Jungle, de Jake Kasdan.


Tráiler Jasper Jones, de Rachel Perkins.


domingo, 9 de julio de 2017

The Void / Incarnate.

La Secta de Otro Mundo.

Desde el tiempo de los pioneros cinematográficos, el cine tendió a la transformación. De una nueva forma de expresión artística, a una maquinaria industrial con numerosos eslabones en su estructura. De tal forma que, los trabajadores inmersos en la diferentes labores y proyectos (a veces varios al año), se orientaban con su labor. Al aprendizaje y consolidación de numerosos y valiosísimos oficios que comprendían la elaboración de un guión, película o manejo de las herramientas que concurren en un rodaje profesional.
Así, hoy, deben pensar los directores que han incluido su sapiencia y determinación en esta doble sesión. En primer lugar, dentro del filme de terror The Void, con el propósito predefinido de buscar un objetivo entretenido, técnica y visualmente bien estructurado en sus variadas funciones, como aprender utilidades básicas, como los efectos especiales. Por tanto, mi recuerdo siempre se aproxima aquellos emprendedores, como el mítico Harryhausen con sus endiabladas y maravillosas maquetas en slow motion.

The Void infunde en el aficionado clásico, aquellos condicionamientos necesarios para denominarla una película de culto con aspecto de serie B moderna, adornada con elementos de la atmósfera ochentera y ciertos placeres simbólicos que recuerdan a otros directores anteriores y que engendran características propias de la literatura y psiquis infernal de H.P. Lovecraft. También con evidencias visuales manifestadas para aficionados al scifi, como la carne infecta, purulenta y deforme de las visiones del canadiense David Cronenberg, a aquella plasticidad manufacturada de efectos especiales y prótesis en el siglo pasado. Desde los recordados inicios de creadores como Sam Raimi, Stuart Gordon o el Clive Barker de Hellraiser, las extrañas y viscosas atracciones de Brian Yuzna y las curradas máscaras o complementos corporales de esos especialistas inolvidables que trabajaron para el maestro John Carpenter. Como el californiano Rob Bottin, Brian Wade o Ken Diaz, piezas clave en numerosas películas de ciencia ficción actuales, sin olvidarnos por supuesto de grandes figuras como el sorprendente Stan Winston, Nick Allder, el recordado Carlo Rambaldi, Jean Giraud, Susan Turner o el Peter Kuran de VCE, que son un emblema de los animatronics y los efectos visuales para diferentes generaciones de aficionados.

Dos creadores con aquel gusto, funcionando a la par, estrechando sus mundos en uno diabólico. Proporcionando cada uno sus habilidades e ideas, para establecer y engendrar una mezcla de géneros. Entre acosos metódicos y sectarios, que pasan de una amenaza rojiza a un establecimiento aséptico y marcha envolvente, desde un Asalto a la Comisaría 13 o una aparición terrorífica tras La Niebla, y sus derivadas tentaculares o aperturas de puertas infernales como las ya mencionadas.
Steven Kostanski realiza su tercer largometraje y colabora en el guion junto a su socio Jeremy Gillespie, que además de participar como actor en otras ocasiones, comparte la elaboración técnica de efectos especiales dentro de las anteriores colaboraciones. Además, el joven Kostanski ya se ha hecho un hueco en labores especiales de maquillaje en series como Hannibal y cintas con amplias labores protésicas como Truman Capote, Nurse 3D, La Cumbre Escarlata, Escuadrón Suicida o It. Y en The Void, igualmente dedica su tiempo a la dirección artística o la composición musical de su banda sonora, algo que ya demostrara en su ensayo Pather´s Day y, especialmente en ese loco homenaje a la estética del cine giallo italiano, llamada The Editor.

El resto de la función es una aventura terrorífica diferente, fuera de percepciones comunes y con sus protagonistas principales (junto a diferentes monstruosidades rituales) formando un mecanismo embrionario, que siempre funciona o divierte a partes iguales. Con ese enfrentamiento casi épico, entre la imaginación demoníaca o acosos del más allá, pústulas, fluidos, mucosidades y estiramientos de bajo presupuesto, más diabólicos aún. Todo el material del que se construyen las pesadillas cinematográficas, jugando sobre un triángulo de confusión, con un lado xenófobo y sectario, que fundamenta en reglas desconocidas, fuera de esta base terrestre o coronado por un ser del inframundo.
Un ejemplo de cine que demuestra la buena intención de todo el equipo para crear lo inimaginable, recogiendo las lecciones y narraciones del pasado, el arte conceptual de los renombrados maestros y ese poder de la mente para sustituir el dinero por ideas luminosas (o tenebrosas), en materia de maquillaje o los atractivos efectos especiales, acordes con la narración y la composición sonora o musical.

En definitiva, algo confluye en esta producción canadiense que abarca el trabajo de Clive Baker, las telarañas de Aliens o las locuras de Carpenter bajo historias de marcado reflejo o aroma a Lovecraft. Atrayendo idénticas particularidades estéticas y sugestivas narraciones, donde todo ocurre bajo la contradictoria conciencia del ser humano y sus relaciones sectarias discurriendo en paralelo; o el lugar errático en que el viejo policía, se vería involucrado de nuevo. En una faena de aliño tan accidentada que, los monstruos estarían camuflados al principio (como humanos y otros indeterminados), envueltos en capuchas indiscretas y algo más oscuro, algo siniestro creciendo extenuante desde el interior del alma hacia el exterior, arriba, contra los atónitos refugiados.
Son criaturas de la mente lovecraftiana que se alimentan de la noche y la sangre viscosa, de visiones individuales y sueños colectivos, de la violencia y la profusión de carne infecta, además de las curiosas interpretaciones de sus protagonistas, no demasiado mediáticos en el fondo. Capitaneados por un siniestro Kenneth Welsh (Phobia, Twin Peaks), las bellas Ellen Wong (Scott Pilgrim, The Circle) y Kathleen Munroe (Eternal, Survival of the Dead) y un Aaron Poole (Captives, Forsaken), intentando luchar por sus vidas... con algunos nubarrones en el panorama, pero sin espesa neblina a la vista. Rellenando el vacío dejado por Lovecraft.

Aaron, nuestro encarnado Exterminador.

Es la otra representante fílmica de esta travesía endiablada por la serie B o las pesadillas independientes, adaptadas a nuestros días. La película Incarnate se adentra en el consabido género de las posesiones personales, como una rara avis, donde el tópico del sacerdote ofuscado, se traslada a una figura más especializada y avanzada, con propagación de otros avances tecnológicos y una conciencia más acorde a nuestro pensamiento actual.
Este Exterminador hace referencia a ese científico, el principal protagonista adulto en este filme de terror que busca una salida airosa a otras interpretaciones religiosas. Aunque realmente el título original Encarnado, podría vindicar a todos aquellos que estuvieron poseídos por entidades del más allá, física y psicológicamente ataviados con lenguas clásicas.

Como las interpretaciones del muchacho encarnado (nunca mejor dicho) por el actor David Mazouz (The Games Maker), al verse imbuido por sus extrañas visiones y extralimitadas habilidades en un universo extendido del más allá. El filme está condicionado por su máximo exponente científico, protagonizado por dos caras, el conocido actor Aaron Eckhart que pasea su elevado palmito, cubierto por una intensa melena. Junto a un reparto internacional, compuesto por la actriz holandesa Carice van Houten (la Melisandra de Juego de Tronos), la colombiana Catalina Sandino Moreno, el australiano Keir O´Donnell, más otro artista de Sidney como Matt Nable, que se integrara en las filas de Riddick, como Ra´s al Gul en Arrow o una de las almas perdidas del Hacksaw Ridge de Mel Gibson, por último, recordar a la ayudante técnica interpretada por la adorable, esta vez pelirroja, Emilie Jackson (Headless).

Esta reencarnación cinematográfica está plagada de tópicos y visitas accidentadas, en las que confluyen algunas imágenes de típicas posesiones diabólicas, configuradas y adaptadas a los últimos tiempos. De hecho la producción corre a cargo de una productora como IM Global, reconocida entre los aficionados al terror por cintas de éxito como Insidious, Sinister, Viral o más recientemente, la sugerente y novedosa, The Autopsy of Jane Doe. Además, asociada a Blumhouse Productions, firmante que suma otro buen número de películas del género como The Purgue o The Gift, y travesías demoníacas por el desierto narrativo como Paranormal Activity, Oculus, Curve, The Darkness y Ouija; más un número preferido, como las dos últimas incursiones de M. Night Shyamalan, The Visit y cierta concordancia temática con la notable Split. O especialmente una de las sorpresas del año, como Get Out, que han elevado las expectativas y el éxito de la productora creada por el estadounidense Jason Blum.
En el horizonte tienen diferentes expectativas con el advenimiento de una nueva Amytiville, y títulos como Delirium con Topher Grace y Genesis Rodríguez, o los regresos de Creep 2, Truth or Dare, la cuarta Insidiosa y de La Purga, otro Halloween más... poco original, sin contar a Stephanie, The Keeping Hours, Feliz Día de tu Muerte, Stockholm y, finalmente, esa vuelta transparente de Shyamalan en Glass.

Para retorcer el guion en el subconsciente, está Ronnie Christensen (Passengers) con demostraciones y recomendaciones psiquiátricas al director Brad Peyton (San Andrés y próximamente la vuelta en San Andreas 2... ¿eh?), que ha recopilado acciones religiosas con tecnología. Los defensores del maligno deberán hincar los codos y mutar su condición ´vomitona` en una confrontación individual a más elevado nivel, en pos de la ciencia. En este caso, El Exterminador Aaron Eckhart, entabla las conexiones psíquicas y psicológicas necesarias para enfrentarse a aquellos que, un ´mal` día, fallecieron por causas violentas o accidentales, y cuya venganza sería transferir su odio paralelo a algún desprevenido viviente. Siendo esta derivada, lo más destacable de la película, al reconocer dicha existencia fantasmal, extraerla y tratarla, como si una enfermedad neurológica se hubiera apoderado de unos traumatizados y volátiles pacientes.

Dentro de la mente se desarrolla esa batalla mediática, del Doctor Ember aducido contra las diferentes hordas y divisiones de demonios (menos violento que aquel John Constantine interpretado por Keanu Reeves) y este joven ingrávido (menos escatológico que la pequeña Regan de El Exorcista u otras posteriores), con su mirada extraviada y coronada de lentillas adecuadas al horror. El joven californiano David Mazouz, reconocido por interpretar a un muchacho llamado Bruce Wayne en la serie Gotham y participar en una de las últimas películas fallidas de la misma Blumhouse, titulada The Darkness.
Encarnado termina siendo original, a base de saltos espaciales, aunque escatimada con efectos simplistas, y unas actuaciones ponderadas con los asistentes del más acá. Más, el problema que tengo con películas de posesión, es que rara vez me atrapan con sus desvíos de fórmula: visitas inesperadas, chic@ termina subiéndose por las paredes, familia hartita llama a cura... Sacerdote necesita visto bueno de Vaticano. Padre-batallas con demonio. Uno de más, personas mueren. El fin de los tiempos. Etc...

Esa ha sido la premisa de todas las películas de posesión de los últimos años, que está Incarnate se salta y gira a la izquierda del campo, de la localidad de Sault Ste. Marie en Ontario. No se adhiere a cualquiera de los lugares comunes. Se encamina a otro espacio intermedio, donde los monstruos son parásitos de la conciencia y deambulan entre cuerpos tensados y obstaculizados mentalmente. La falta de racionalidad, es el trasfondo de todos los males, con un estudioso de los cambios físicos y efectos neurológicos. Cambia a la niña por adolescente, sin catolicismo a la vista, sin cismas religiosos o tortuosos exorcismos, ni pensamientos impuros. Sólo conciencia desviada... que libera algo, al género del estancamiento, hacia un frontera inabarcable.
Vamos que sin ser nada de otro mundo, o sí, estas dos opciones que te comento, pueden formar parte de una debatible e infernal tarde de cine. Las palomitas quemadas... corren de tu cuenta.
¡Feliz encuentro con el mal!


Tráiler Amityville: The Awakening, de Franck Khalfoun.


Teaser The Keeping Hours, de Karen Moncrieff.


Tráiler Happy Death Day, de Christopher Landon.



The Editor.


Un homenaje y canto del ´Giallo`

Fijaos como pasa el tiempo que un director de Toronto llamada Adam Brooks, ganó en 1985 un premio en el festival de Sundance por la película independiente Almost You, después dirigiría una versión musical de Caperucita Roja con Isabella Rossellini (no tengo memoria de ella) y realizó varias propuestas o incursiones dentro del género romántico y escribiendo algunos guiones como Prácticamente Magia o Bridget Jones: Sobreviviré. Pero, quizá la unión con su compañero en la dirección Matthew Kennedy en 2014 promueve un cambio radical en las perspectivas, con este nuevo trabajo titulado Editor, con olor a otros tiempos.

También ha cambiado el oficio del montador de cine, aunque sigue siendo una parte esencial en la producción de un filme, con una determinante influencia en su resultado final. Aunque el montaje ahora se realice desde una pantalla de ordenador y los cortes físicos se hayan sustituido por elementos digitales o efectos.
Además, es difícil intentar convencer a los aficionados para ver un filme de los denominados frikis y no terminar repudiado, así que es una advertencia con cierta gracia. Editor es una muestra de cine sin complejos, que trata sobre un profesional de la edición, mas sobre todo un homenaje al Giallo italiano, dentro del género de terror, policial gore o fantástico. Aquel que comenzase en los años sesenta en Europa, pero con el impulso inicial de los directores y artistas italianos, como máximos representantes Lucio Fulci, Mario Bava o Dario Argento, que influiría posteriormente en otros autores como Carpenter, Craven y De Palma.

El terror campó en ese momento, por truculencia estética y sexo degenerado, como una trampa mortal que establecía la lucha eterna del mal con una investigación policial, con diferentes derroteros que iban desde el influjo divertido o sarcástico de la brutalidad, mal llamado también bizarro.
Estas primeras películas del giallo, en blanco y negro, bebían de fuentes del expresionismo, tanto literario como pictórico, y fueron transmutando en las siguientes décadas. Indagando en respuestas oníricas como el surrealismo o la estética naif, donde predominaba misterio y suspense. En cambio por la bella Italia, el terror degeneró en una vía cada vez más exhibicionista, manipulando los tiempos y conceptos clásicos, hacia la diversión pura y dura. También dando relevancia fotográfica a los crímenes, en definitiva, esas historias se vieron inducidas a la visión de una nueva industria hemoglobínica. El giallo italiano, identificaba al mundo real con investigaciones enfrentadas a depredadores sexuales o psicópatas existenciales, con amplia carga disociativa goteando en sus cuchillos.

Criminales se hallan a sus anchas en pantalla, abriendo conocidos desconocidos hacia el surrealismo, entre lo paranormal y las viejas leyendas de "monstruos" fantásticos, serial killers, fantasmas y muertos vivientes, que resurgirían con una capa colorista, musical y alucinógena.
Luego en esta película titulada The Editor, se cumplen todos esos factores habituales del género y decantan por el humor irreverente que homenajea a aquellas ´giallo` punteras del policíaco extremo. Donde la mayoría de sus protagonistas son americanos formando un conjunto extraño de interpretaciones alocadas, encabezadas por los propios directores, y Paz de la Huerta (Enter The Void, Nurse 3D), otro rostro que empieza a ser reconocible en el horror extravagante como Laurence R. Harvey, y ramificaciones a protagonistas clásicos como Jerry Wasserman (Watchmen) hasta llegar a Udo Kier (Suspiria) como representante de aquella época sangrienta.

Pero, la rareza de aquellas raíces latinas o europeas, no se desprende solamente por el exceso y la manipulación de la realidad, sino que el guion de ambos (junto al actor Conor Sweeney) envuelve a Editor en un caos frecuentado por caricaturas, de personajes dispuestos a ser masacrados o ridiculizados por el humor disparatado y mortal.
La disección del giallo clásico, su fotografía, perspectivas imposibles, colores y tramas criminales o policiales, hacen que nada sea lo que parece... ni lo que será al final es lo que fue en otros tiempos.
Pero, sí guarda respeto y reverencia a esos profesionales del mundo cinematográfico, que se adentraron en thriller morboso desde la Europa de los 70 y 80, como productores, actores y guionistas, a técnicos con dotes manuales como los montadores. El principal protagonista, cuenta acontecimientos tras su objetivo particular, desde el punto de vista apartado o solitario, para ir modificando situaciones y complejas relaciones en un equipo dispar, convirtiendo el oficio en leitmotiv o al profesional en sospechoso según convenga para el desenlace.

¡The Editor is madness! ... se enrosca alrededor de cuello y miembros, o se te enrolla como los fotogramas de una película de acetato, y sangra con el rostro oculto en un salto temporal y toda la pigmentación del giallo.
Desmadrada a la vez que sincera, respeta esas macabras realizaciones del pasado que se bañaron, de forma placentera y sugestiva, en sangre ocultada bajo la apariencia del maestro Hitchcock y luego activada por George A. Romero; o distorsionada por ocurrencias variopintas que mueven a la risa del espectador con ese aroma característico de una serie B.
Hasta convertirse en un episodio que rinde cuentas a sus creadores y recuerda a representantes de una nueva generación más truculenta como Deodato, Soavi o Lamberto Bava.

Por tanto, The Editor posee la estética e imaginación, reconocible por todos los aficionados al horror, que influiría en el cine de décadas siguientes, tal que una revolución salvaje con secuencias que resaltaban ese criterio estilístico, o la acción a ritmo de música ambiental o heavy metal, aquí con compositores de la talla de Claudio Somonetti o Jeremy Gillespie. Un cambio que se asemeja a lo sucedido con el spaguetti western, ya que el cine siempre estará dispuesto a buscar el reflejo de unos ojos en perspectiva al filo real de un cuchillo, mientras sus pupilas se dilatan por el terror... y las nuestras, creo que se lo pasaron bien rodando este homenaje. También, por nuestra sonrisa que recuerda los viejos tiempos.

Tráiler The Editor.


Tráiler Inside, de Miguel Ángel Vivas.


Tráiler Abracadabra, de Pablo Berger.

sábado, 8 de julio de 2017

Ant-Man.


Una hormiga de poderes... muy familiares.

Imagino que la mayoría sabe que las hormigas son insectos que se han esparcido por todos los continentes de este planeta, adaptándose a todos los tipos de ecosistemas (excepto en las regiones polares), con una arquitectura fuera de lo común... Ya quisiéramos los seres humanos.
Ahora, de la mano del director Peyton Reed (filmando actualmente Ant-Man y la Avispa, con Laurence Fishburn y Michelle Pfeiffer) podremos ver algunos de sus extraños comportamientos y otras habilidades concentradas por Stan Lee en sus creaciones.
El director de Carolina, se ha ido acostumbrado a producciones más ligeras, y amorosas, también en el mundo cinematográfico, tras sus comienzos televisivos. Aunque nada que ver con trabajos como Microcosmos: La gente de la hierba, esta hormiguita tiene dotes especiales y más potenciados, como el humor y un nuevo conocimiento para salvar la humanidad.

Muchos han creído ver paralelismos entre Guardianes de la Galaxia y El Hombre Hormiga, pero observamos una cierta distancia en los diálogos y la calidad estética, en favor de los primeros. Por otro lado, los veremos unidos a la Capitana Marvel interpretada por Brie Larson, en la película sobre los Vengadores en su Guerra Infinita. A los que se unirían Pantera Negra en la piel del actor Chadwick Boseman, Samuel L. Jackson como Nick Fury y el singular Ant-Man, que como vemos se expande en el universo de Marvel.
Claro, Ant-Man es un superhéroe de este universo colorista, que se convierte gracias a un traje tecnológico, en uno de los organismos más resistentes del planeta. Capaz de levantar cincuenta veces su propio peso y establecer comunicaciones sensoriales (avanzadas en evolución con los tiempos de los superhéroes) o con otros miembros de diferentes especies. Así, la funcionalidad de sus dotes artísticas es ´casi` invencible, debido a la transformación.
Aunque el hombre tenga debilidades y quebraderos de cabeza, que no instigan o participan sólo en beneficio de la comunidad, sino que tienen preferencia por la satisfacción personal. O el bien familiar que, en primera instancia, sería comprometido con sus acciones interesadas y cambios de humor.

Es en este sentido, donde aparece la figura del director de Raleigh, Peyton Reed, un habitual a las comedias románticas anteriormente, que ha mutado en la actualidad, a la acción del cómic Marvel continuando el año próximo con Ant-Man and the Wasp, y este mismo elenco en los papeles principales.
Fue entonces, en los sentimientos empequeñecidos de 1962 tras la recuperación bélica, cuando el increíble Stan Lee y, el nunca olvidado dibujante de cómics, James Kirby, quienes eligieron como protagonista a este superhéroe inaudito. Entre las más de 12000 especies de la Tierra, las hormigas son las grandes dominadoras (incluso algunos entomólogos creen que fueron precursoras de las Avispas) y ahora en 2015, se amontonan para llenar las pantallas del mundo.
El actor Paul Rudd acostumbrado a las sonrisas desde su aparición en Crueless, ha sido elegido para adaptar esos poderes y aspectos fisiológicos al tamaño de un hombre. Bueno, no siempre. Porque, también adoptará el papel de Cactus Bill en el nuevo filme de Duncan Jones, titulado Mute, o el jugador de béisbol Moe Berg con su doble función para el ejército. Además, de una comedia de Andrew Fleming (The Craft) con el nombre de Ideal Home.

Así, el diminuto ser conocido como Ant-Man, en ocasiones establece un mundo diferente para el espectador, algo paralelo a la perspectiva humana, como ya ocurriera en otras famosas películas en disminución constante. Como El Increíble Hombre Menguante del fantástico Jack Arnold o Viaje Alucinante de Richard Fleischer; sin olvidar, por supuesto, propuestas más infantiles desde el libro Los Viajes de Gulliver del escritor Jonathan Swift y sus diferentes pasos por el cine, hasta la divertida parodia de Fleischer, El Chip Prodigioso, o Cariño, he encogido a los niños.
Jugando con la cámara, las perspectivas, los tamaños y efectos, ahora digitales, se concentran en el juego visual con texturas, formas e ilusiones gráficas.
No obstante, existen otros aspectos destacables en Ant-Man cuando se utiliza el humor como método para introducir los personajes. Desde compañeros hasta los miembros de sus diferentes familias, a archi-enemigos, como la típica mente desvariada que intenta dominar el mundo económico con sus evoluciones de YellowJacket, en la piel del actor Corey Stoll (Midnight in Paris, Black Mass). La hormiga chistosa elige los frecuentes cambios de tamaño para luchar e interactuar de forma escalada con elementos vivos o fijos, buenos o malvados.

Por otro lado, tenemos el amor junto a una belleza atlética como la canadiense Evangeline Lilly (En Tierra Hostil, El Hobbit) que se transforma en The Wasp y su padre menos insectívoro, en plena forma para golpear de nuevo, el actor Michael Douglas, de lo cual me congratulo. Y por último destacar, definitivamente, a un grupo de ayudantes cinemáticos y combatientes. No me refiero a Halcones ni Vengadores, claro. Realmente, lo que diferencia a Ant-Man a otras producciones del universo Marvel, es una entrada diferente, de amplia personalidad cómica (que Marvel parece seguir explotando con acierto) y una estructura que varía de los argumentos anteriores.
Seguramente, gracias a la participación en el guion de dos directores como Edgar Wright (ya con Baby Driver) y sus numerosos éxitos desde aquel Shaun of the Dead, más Joe Cornish, otro londinense detrás de Tintín o aquella sorpresa titulada Attack the Block.

Luego la aparición de corporaciones militares estratégicas y descubrimientos científicos robados, hacen más ultrasecreta, la típica historia de un traje que cambiará definitivamente la percepción de las cosas y penetrará en el pasado.
Para ello, se cuenta con Double Negative y Gentle Giant Studios, creadores y relanzadores de muchas de las composiciones digitales en los últimos éxitos por la gran pantalla. Adaptando volúmenes y secuencias introducidas en ambos mundos, en real y el microscópico, el de la humanidad y los superhéroes. Si bien en algunos momentos pierdes la continuidad, con tanto baile de estaturas a gran velocidad, buscando la acción por encima de todo. Es decir, Cinemática como compañera del viaje alucinante al mundo de Marvel Studios.

Con Ant-Man, tendremos diversión insectívora a mayor escala, moralina básica en la familia casi unida, y un Stan Lee... que sigue aumentando su leyenda en el cine. Ajusta bien tu antena con nuevos miembros célebres y su espionaje microeléctrico, de esta otra familia de diminutos héroes y su orquesta.

Soundtrack Ant Man, by Christophe Beck.


Avance Avengers: Infinity War, de Anthony y Joe Russo.


sábado, 1 de julio de 2017

Personal Shopper.


De Compras por el ciberespacio-plasmático.

Muchos aficionados al cine, se preguntan como un director parisino, hijo del guionista y director francés Raymond Assayas conocido como Jacques Rémy, pudo conectar con una actriz esbelta y escasamente emocional, como Kristen Stewart... La respuesta quizá esté en el origen, cuando el director David Fincher contó con esa muchacha de apenas 12 años, para un papel interesante de su última película titulada La Habitación del Pánico. Entonces, esta actriz desconocida mantuvo sin estridencias, la tensión que pronosticaba la historia, interpretando a la hija de Jodie Foster y corriendo una especie de encerrona que pudiera tener su reflejo en la protagonista de esta cinta de suspense... o no, deambulando circunspecta entre las paredes de una habitación-ropero.

Observada en la distancia, sobre la nube de los premios y un velo polémica, supone un riesgo para el director Oliver Assayas volver a contar tras su primera colaboración juntos en Clouds of Sils Maria, con una bella fisonomía y de refilón, una esbelta presencia algo oscura. Singular e irremediablemente unida a uno de los filmes más "querido-ODIADOS" por los jóvenes cinéfilos y el resto del mundo, sí me refiero a aquel desatino interminablemente neutro, llamado Crepúsculo.

Cuando el rostro impenetrablemente angulado de Kristen Stewart (parezco poseído circunstancialmente por los abverbios), hubiera llamado la atención del aficionado con su prometedor trabajo en la aventura infantil y espacial llamada Zathura y luego, lo volviese al género de terror en la película The Messengers; su frialdad abriría las puertas de un cielo congelado internacionalmente. Gracias a dos nuevas y notables películas, Adventureland y, sobre todo, su pequeña y marcada aparición en Hacia Rutas Salvajes o Into the Wild, harían que la reconvertida actriz se encontrase con, esa llamada que trastocaría su vida cinematográfica. Tal vez a peor, según algunos que no perdonan errores e interpretaciones lacónicas. Y a partir de ahí, la joven fue intercalando carantoñas, pérdidas de sangre e interpretaciones secas en la pantalla, con otros títulos incoherentes con su anterior imagen juvenil, hasta toparse (casi asombrosamente) con el gran Woody Allen y el tutor presente en este comentario, o Monsieur Assayas.

La moda tiene esas dos caras inseparables, la fama y el éxito efímero por su lado más glamuroso. Mientras que subyace un mundo siniestro en la trastienda, que el buen Olivier ha intentado actualizar con un propio guion algo desequilibrado y considero que, repleto de puntadas zigzagueantes o fantasmas, en esta visión de una Personal Shopper. Sin embargo, este parisino, hijo del guionista y director francés Raymond Assayas,judío de origen italo-húngaro, también conocido como Jacques Rémy. Su padre fue un refugiado en América del Sur durante la Segunda Guerra Mundial, del cual heredaría ese valor o lucha, por hacerse un hueco representativo en el Séptimo Arte, a partir de la escritura de guiones y varios artículos para la revista Cahiers du Cinéma. Donde sería influenciado por la generación de mayo del 68 y la literatura de George Orwell.
Hoy divorciado de la actriz hongkonesa Maggie Cheung (que participaría en uno de sus primeros éxitos, Irma Vep) contraer segundas nupcias con la actriz y directora Mia Hansen-Love (autora de El Porvenir) y denota en sus dos participaciones con la joven norteamericana, sus principales influencias con el cine francés o el asiático. Así como sus dialogadas reflexiones acerca del éxito y la soledad, la vida pública y la privada, las percepciones fuera de la norma o la realidad, casi extrasensoriales, como acontece aquí, que le llevan a ganar un premio en el último Festival de Cannes. Más intangible que la turgencia y los cambios de apariencia que Kristen Stewart en el filme.

Todas estos cambios ambientales y esas variaciones temperamentales, o no, intentan construir un drama fantástico poco reconocible, donde se trata de compaginar un enredo de espíritus con la vida intercambiada, de manera irreversible, por sus protagonistas desde la pantalla a la vida personal y su imagen pública. Aunque de manera tan difusa y mortecina, que resulta en su conjunto, una historia anodina de ver.
Es el estereotipo de una visitante foránea en París y sus contactos telefónicos con un novio (alguien más efímero en escena), que deriva su interés al centro de una vorágine parapsicológica y unos personajes que describen círculos irresolutos alrededor de la confusa trama principal. Los dos personajes se enzarzan en la distancia comercial, en un panorama estilista y elitista, donde en la vida de la Personal Shopper y una estrella con un estilo de vida inconstante, se cuelan unos nubarrones difusos. Una mezcla de crítica existencialista, con un trabajo clasista u odiado que dicta una médium de piernas alargadas sobre la alta costura y que se distrae con mensajes desde los suburbios de las redes sociales. Una temática moderna a la que se le notan y retuercen costuras repetitivas en otras obras actuales, a excepción de algunas películas inolvidables como la maravilla introspectiva de Her, los biopics de desarrolladores o esas notas siniestras o poco tranquilizadoras de las serie Black Mirror.

La actriz estadounidense se encargará de las tribulaciones de una compradora compulsiva, aunque se preocupe más por aquellas facultades indefinidas, sus pensamientos recurrentes y presencias farragosas, con escusa de unos extraños mensajes que recibe en su móvil. Demostrando que la moda puede ser estéril, insustancial y aburrida, como su interpretación mejorable por monótona. Al menos, Miss Kristen ahonda en sus últimos papeles conmovidos por cierta amargura, si bien la gesticulación debería atender a un estilo más arriesgado que, por otro lado, no sabremos si le otorgará beneficios en próximos proyectos. De momento, ha ampliado el abanico de posibilidades interpretativas y no las gestuales, manteniendo su forma no metódica de actuar.
Otros artistas que no permutan demasiado el resultado final de esta historia, pasando con más pena de difuntos que gloria (a pesar de nominaciones, premios y el fantasma de Victor Hugo), son el actor alemán Lars Eidinger (Clouds of Sils Maria), el noruego Anders Danielsen Lie (Approaching the Unknown) o el francés Benjamin Biolay (La Meute, La dame dans l'auto avec des lunettes et un fusil).

Desde aquel año 2007, en que Kristen dejase de ser la novia de un vampiro espurio, ha ido flirteando con distintas parejas (de ambos sexos) y estúpidos mensajes sin ninguna localización GSM, buscando su lado menos romántico e intentando profundizar en una rebeldía latente. Sin apenas explotar o sugerir, más que un leve pestañeo femenino y una mínima muestra de sensibilidad al acecho, de busto y gusto petrificado, apuntando a miles de kilómetros de distancia de su figura mediática. Quizá por ello, se haya establecido últimamente como una asistente disidente, entre estrellas variopintas, desde una extraña paz y tensa amistad con Juliette Binoche, a compañera de armas de Jesse Eisenberg en la cinta American Ultra. De pareja genética y uniforme en Equals, a esta querencia indefinida por una jefa top model o alter ego con sus trapitos de lujo, interpretada por la actriz Nora von Waldstätten (La Condesa, Clouds of Sils Maria).
Mientras su mente se disipa en esa Nube espiritual y la indefinición biunívoca entre enfermedad y sexualidad, el director francés comparte uno de sus guiones llamado D´après Une Histoire Vraie, que ha rodado Roman Polanski, con protagonismo de Dominique Pinon, Vincent Perez, Emmanuelle Seigner y Eva Green. A ella, la veremos liberándose de corsés estereotipados de modas y vicios de las estrellas de Hollywood en Lizzie, sobre los asesinatos de la familia Borden, también un suspense sísmico llamado Underwater dirigido por William Eubank y un proyecto de trasfondo literario, titulado JT Leroy junto a Diane Kruger, Jim Sturges y Laura Dern.

Esperemos que su estática belleza, encuentre su sitio en el más acá, tras un camino de cadáveres revividos al Sol, un carrusel de sensaciones y juegos al límite, pero sin establecimientos de llamada ni márgenes abusivos, más bien, un viaje onírico sobre grandes plataformas y nuevas pieles, que la descongelen del distanciamiento de esta Personal Shopper con contactos de otro mundo.
Vamos... ¡qué espabiles Miss Stewart! Y nos ofrezcas tus miedos o tu sonrisa más sincera, de oreja a oreja a ser posible...
¿No sé si me entiendes? O.=

Presentación D'après une histoire vraie, de Roman Polanski.


Presentación con Denis Lavant, La nuit a dévoré le monde:



domingo, 25 de junio de 2017

Life.


Ameba del Diablo.

Nadie dijo que esto iba a ser fácil... Cuando pensamos en dejar la Tierra en busca de un posible nuevo hogar para la raza humana, también tuvimos que lidiar con la posibilidad de encontrar otra forma de vida diferente, más allá de nuestra percepción biológica y el deseo de comunicación. Los primeros alienígenas, o Alien como se pondría en pocos años de moda, nos visitarían directamente bajo la atmósfera terrestre, con la misma intención de expandirse que nosotros mismos, aunque repitiendo viejos vicios humanos. A raíz de los últimos descubrimientos espaciales y el convencimiento de un tiempo limitado en nuestras ´cómodas` vidas sobre el planeta Tierra, aquella invasión pronosticada por las mentes más creativas, pudiera surgir en el horizonte.
Sin embargo, aquellos visitantes arcaicos de la televisión o el cine en blanco y negro, poseían ciertos rasgos comunes que caracterizan a cualquier conquistador, esto es, alimentarse de los recursos naturales y la riqueza de materiales que les ofrecen las nuevas tierras exploradas o su variedad climática u orgánica, una alimentación basada en cualquier forma energética que se les presente como una oportunidad a aprovechar y, por último, algunos organismos idóneos para plantar la semilla a esparcir y así, controlar el medio con la próxima generación.

Suena pretencioso, pero, también bastante familiar para los débiles y curiosos seres humanos. Este choque de civilizaciones desconocidas, como aquella idea de una diseminación desde el exterior con diminutos organismos autótrofos o semillas esparcidas en el terreno, podría ser un riesgo para la convivencia de ambas especies, al desarrollar habilidades que desconocemos en toda su amplitud y convertirse en un hermano mayor con ´mala baba` o evolucionado heterótrofo con ganas de hincar el diente a una tierna vianda andante. Estos individuos pudieran resultar una grave amenaza para nuestra estructura molecular y vital, o incluso, como demostraron algunas aventuras pasadas en nuestra imaginación, la posible conquista de esta estructura cerebral y el control del pensamiento comunitario.
Algo característico de cualquier elemento fagocitario u organismo carnívoro que se precie y que pudiera albergar ese instinto de supervivencia tan característico de cualquier ser vivo limítrofe en nuestro hogar. Una forma de vida con predilección por nuestro fluidos, que se multiplicaría rápidamente y de forma exponencial, de no sacarnos algún truco del bolsillo o encontrar algún método anticonceptivo o batalla espacial con garantías de éxito, en favor de la permanencia de la humanidad, claro está. Estos viajes espaciales deben considerarse toda una necesidad ineludible, a pesar de esporas, bacterias y demás microorganismos extremófilos.

Aquellos seres agresivos, nos visitaron cinematográfica o literariamente, de forma individualizada o selectiva, a través de un cuento de Voltaire llamado Micromegas, con un ser procedente de la estrella Sirio y otro de Saturno. Hasta que coincidiéramos en encuentros fortuitos por el espacio profundo, junto a Edgar Rice Burroughs, su John Carter y Una Princesa de Marte. O sufriésemos peligrosas oleadas extraterrestres, con criaturas al mando de naves avanzadas tecnológicamente y prácticamente indestructibles y, por tanto, no muy buenas intenciones en su ácido ribonucleico. Química programada para la reproducción y las comilonas viscerales a destiempo, con el control mental de tiernas víctimas inseminadas o eliminación radical de cualquier mínima resistencia por parte de los seres humanos. Hasta la exterminación, o más allá...
Pero, quedándonos más cerca (en el espacio que no en el tiempo), desde la obra prohibida de Leon Tolstoi conocida como Aelita: Reina de Marte, cuya aventura sería adaptada a la gran pantalla por Yákov Protazánov en 1924, a los pequeños relatos o numerosas historias de ciencia ficción de algunas mentes inquietas, desarrolladas en las historietas de los periódicos o los primeros cómics como Flash Gordon del dibujante Alex Raymond, o el mismo Hombre de Hierro conocido como Supermán de Krypton, creado por el escritor Jerry Siegel y el artista canadiense Joe Shuster, sus rasgos físicos y poderes genéticos, han ido variando o adaptándose a los nuevos tiempos. A ese hambre tecnológico o la concepción imaginativa que el autor deseara esparcir sobre el pensamiento colectivo de cada época visitada por determinados cerebros. Sino, que se lo cuenten a los espectadores de aquella emisión radiofónica de la Guerra de los Mundos basada en la novela homónima del británico, Herbert George Wells a finales del siglo XIX, dirigida, ideada y contada por el gran Orson Welles.

Sería una temible invasión marciana con aquellos trípodes colosales que percutieron sobre la vida cotidiana de los oyentes, enormes seres terroríficos y chirriantes, tripulados por criaturas sedientas de sangre. Así, el escritor H.G. Wells se convertiría en uno de los principales precursores de la corriente cosmológica y la vida exterior, que ya había tentado a la suerte o la odisea, anteriormente, con su obra La Máquina del Tiempo, donde los ´humanos` se trasladaban al futuro, como las próximas especies dominadoras sobre la cambiada superficie terrestre. ¡Qué cosa más mona, os suena ¿verdad?Luego, en siguientes visitas llegarían los selenitas, seres sublunares que recibieron a Los Primeros Hombres en la Luna (no Armstrong y sus muchachos, of course), siendo monstruos imaginados, algunos tuvieron su recompensa visual en aquel fenómeno de masas llamado cine, hoy en proceso de involución. Entonces, se evidenciaría la sospecha y se reproducirían las expectativas de una escalada cósmica en masa. Era el aviso de otras por venir, que por muy pequeñas que fueran, seguirían creciendo y aterrorizando como una gigantesca masa devoradora, al mismísimo Steve McQueen. Pero, esa es otra historia que entronca con el objetivo orgánico de este comentario.

El caso, o la ciencia avanzada, es que se fue apareciendo como un caso real, con la visita de los primeros astronautas terrícolas sobre la faz visible de la Luna y produjera una apertura a otras probabilidades vitales que ya habían anticipado, personajes del nivel de Julio Verne y aquel primer Le Voyage dans la Lune que recordaría Georges Méliès, con asombrosa técnica visual y premonitoria.
La Vida, aquella forma, se abriría paso a base de inseminaciones esclavizadas y aumentos de tamaño, disparos certeros de láseres incipientes y, como no podría ser de otra forma, al viejo y rudimentario estilo de dirigir salvajes dentelladas a la carne con patas y ojos de estos lares. A los cerebros de aquellos astronautas de Stanislaw Lem, cuya primera obra de ficción espacial, se basaría en un caso real como el del meteorito o bólido de Tunguska y un fantástico accidente aeroespacial. Que, posteriormente, derivaría en una magnífica epopeya mental, estableciendo la mirada reversible de nuestra ´conquista` al borde de la metafísica, con sus novelas Edén y, espacial o divinamente, Solaris. Así, por el nuevo milenio, se fueron intercalando los avistamientos cinematográficos y otros desplazamientos humanos con apariciones en las más diversas perspectivas planetarias, desde La Guerra de los Mundos más esclavista, a la superioridad conceptual de 2001: Una odisea del Espacio.

El director sueco Daniel Espinosa se trasladó a Halong Bay en Vietnam, preocupado por ambientes opresores como el de El Niño 44 o su evolución foránea en The Emigrants, así como otro proyecto junto a Mr. Gyllenhaall llamado The Anarchists vs. Isis, probablemente fijándose en el exotismo de aquellos maravillosos visitantes en blanco y negro del pasado. Como nosotros, se identificaría fiel seguidor de esas películas fantásticas con visitantes cósmicos, como The Thing from Another World de Christian Nyby y Howard Hawks, The Invasion of the Body Snatchers de Don Siegel, It! The Terror from Beyond Space de Edward L. Cahn, The Day the Earth Stood Still o Ultimátum a la Tierra de Robert Wise, al fantástico EastmanColor de Fred M. Wilcox y Forbbiden Planet con su monstruosidad energética creada por Disney; todas estas desventuras protagonizadas por alienígenas tendrían las mismas intenciones que sus predecesores narrativos más espectaculares. Historias que girarían alrededor de comunas con voraces xenomorfos en el filme Alien El Octavo Pasajero, a los descendientes esclavizados por otra especie en El Planeta de los Simios, las colonizaciones de Star Wars o District 9, entre comunicaciones con Encuentros en la Tercera Fase a Señales o la cercana The Arrival, puertas a las estrellas con Avatares de la historia antigua y ejemplos de sanación en Cocoon o el ET de Spielberg. Pasando por bestias Predadoras o insectos masivos, cambiantes Hidden en Esferas o bajo el Abyss marino, se sucede el terror con ataques de Risa a lo Mars de Tim Burton y Guardianes de la Galaxia, hasta la fiebre Gravity o Interstellar de hoy, también bifurcada en Marte pululando de The Martian a esta nueva Life. Parece que siempre han estado allí... frente a nuestras pantallas.

Ah, sin olvidarnos a mentes imaginativas, como John Carpenter y sus películas Starman, Están Vivos o sus macarras y feroces Fantasmas de Marte. Si me dejo alguno en el tintero, seguramente sea un escurridizo calamar o especie tentacular sin importancia metafísica.
Pero, si queremos destacar la ferocidad de una raza y, lógicamente, una comparación narrativa en la ciencia ficción de los últimos tiempos, tendremos que observar de manera escrupulosa y sangrienta, a los alienígenas de Ridley Scott, con su salvaje apariencia y capacidad reproductiva, protegida en sus ácidas raíces primarias. Igual, a la cara abstracta y opresiva del Mal que surgió en el mando del Event Horizon, coqueteando con Lawrence Fishburne y un dicotómico habitual, como Sam Neill. ¿Le recuerdas saliendo de los agujeros más oscuros y horripilantes, en filmes como Omen III, Dead Calm, In the Mouth of Madness, Daybreakers o Parque Jurásico III?.
Si bien con diferentes argumentos, el actor irlandés tiene cierto parecido interpretativo y semejanza en los papeles primerizos con aquel joven de Donnie Darko llamado Jake Gyllenhaal, hoy reconocido intérprete que tiene por estrenar la cinta Okja del director coreano Bong Joon Ho (Memories of Murder, Snowpiercer) y será futuro protagonista de The Sisters Brothers del director Jacques Audiard, junto a Joaquin Phoenix veremos Stronger sobre el atentado de la maratón de Boston y de la película Rio con Benedict Cumberbatch. Además, numerosos proyectos entre los que destaca el primer filme dirigido por Paul Dano con el título Wildlife. Así, de Life a Vida Salvaje cerramos este redondo círculo de Jake.

Pues bien, llegados al punto terminal e infernal, con el origen de esta Vida en el comentario y la inseminación de nuevas especies (antes de la reproducción de otros famosos Aliens ya conocidos), nos desplazaremos a las nuevas coordenadas de esa concepción primitiva, que empieza a entrar en calor.
Life no es un bluf o The Blob en toda regla, aunque cerca ha estado de serlo... pues, esta forma ha mutado de pequeño Groot elástico, a organismo pluricelular de aviesas intenciones y una expresión facial que indica la llegada de un verdadero demonio espacial. Un ser que cambió el interior de una roca marciana, por el centro de mando de la Estación Espacial Internacional, y evoluciona gracias a una condenada tripulación de científicos, sin demasiadas condiciones de seguridad. Alimento cárnico venido de diferentes latitudes y encabezados por expertos en el sufrimiento, como la actriz rusa Olga Dihovichnaya, el británico Ariyon Bakare (Rogue One), el japonés Hiroyuki Sanada (Sunshine, Mr. Holmes), Ryan Reynolds (The Captive, Deadpool) y la actriz de origen sueco, Rebecca Ferguson (La Chica del Tren); bajo la tensa partitura ejecutada por Jon Ekstrand, con base semejante a viejos trípodes recolectores.

El resto de la invasión bajo el Sol, será un tipo de avistamiento futuro sobre nuestras costas, con una masa informe de apetito fabuloso. Acercándose por detrás a cualquier bañista desprevenido en su colchoneta inflable y arráncandole su esencia grasienta del grandilocuente y florido bermudas. ¡Qué cosas... estas de la terraformación y los voraces marcianos!

Jon Ekstrand - "The Long Way Back" - Life Soundtrack.


Tráiler Okja, de Joon-ho Bong.


Tráiler Stronger, de David Gordon Green.



Tráiler War for the Planet of the Apes, de Matt Reeves.

Child 44.


"El Asesino Múltiple y la Bestia".

Decir que Tom Hardy es uno de los actores más atrevidos, fornidos y versátiles del panorama actual, ya no sorprende a nadie. Porque este británico se ha convertido en una super estrella y va camino de forjar una carrera interpretativa de alto nivel. No es raro que Hardy demuestre una portentosa capacidad para su oficio de actor, pues sus raíces vienen del mundo artístico. Nacido en el sitio roquero de Hammersmith, su madre era artista y pintora, y su padre escritor de comedias. Y en ese segundo aspecto, también el dramático, ha dado muestras de desarrollar su talento innato.

La última película visionada de él, Child 44, es un filme de suspense situado después de la segunda guerra mundial, cuando el personaje que interpreta es nombrado como representante de la Rusia de Stalin tras la caída y toma de Berlín por parte del ejército soviético, y encumbrado como héroe de la nación. Es una película con una factura impecable, pero con altibajos argumentales, oscura por momentos y entretenida dentro de un marco imaginario basado en la novela de Tom Rob Smith, con el mismo título. Lo que no cabe duda es que Tom Hardy exhibe todas las facultades por las que, el actor inglés está siendo reconocido. En esta ocasión sin ningún atisbo de humor característico.

Por supuesto, podría hablar sobre las características técnicas o argumentales, con sus aciertos y errores, pero lo importante en este momento para mi comentario es centrarme en la personalidad y el trabajo del actor protagonista. Ofrece un papel de marido, no muy habitual en él, junto a Noomi Rapace su mujer sufrida en el filme, un carácter revolucionario con Jason Clarke el nuevo John Connors de Terminator 5, compañero policial de Gary Oldman en una aparición marcial y comprimida, cazador de asesino frente Paddy Considine haciendo un rol que no corresponde a su apariencia, perseguido por Joek Kinnaman es un actor que puede seguir creciendo, y enfrentado a la burocracia con Vincent Cassel algo desdibujado.

Pero, todo recae sobre los poderosos hombros de Tom Hardy, luchando en tres frentes en esta historia. Primero en el marco de la persecución de un asesino en serie de niños viajando entre trenes (en escenarios cambiados de la República Checa), luego haciendo cara a un remilgado y vengativo compañero que no acepta su papel de sombra del detective o agente del MGB. Y por último, la perspectiva histórica del comunismo, que intenta borrar las huellas de un caso que no pertenece al paraíso que ellos pretendían, algo así, como un ajuste de cuentas con la historia.
Pero, prefiero comentar la calidad interpretativa, remitiéndome a otros trabajos del actor, sobre todo, habiendo visionado una película sorprendente hace pocas fechas.

Se trata de una película en la que Tom Hardy realiza un recital de diferentes posiciones, el título de Bronson (una de las que me faltaban por visionar) que demuestra su capacidad de histrión, desde la comedia al lado más oscuro del ser humano, y exhibe su fuerza bestial como ocurriese en su papel en WAZ o Batman. El lado dramático que ha emprendido en algunas actuaciones como Tinker Tailor Soldier Spy, Locke o Warrior, que mezclado con su físico y cualidades para las escenas de acción le hace ser un actor inusual por su calidad interpretiva. Una muestra pequeña de ello es su debut en el año 2001 con Black Hawk Derribado, luego confirmado con las anteriores nombradas, más Star Trek, Inception, Lawless o Mad Max: Fury Road. Aunque tampoco me olvido de su registro musical, ligero en Sweeney Tood y con un peso, además, sugerente y enfermizo en la notable, extraña y recomendable, Bronson dirigida por un director particular, en auge como Nicolas Winding Refn.

Bronson en definitiva es un espectáculo teatral donde enseña muchas de sus cualidades, para dejar al espectador boquiabierto frente a esta fuerza de la naturaleza.
Pero, volviendo a El Niño 44, del director bregado en el cine danés y sueco, con nombre español Daniel Espinosa (El Invitado). Ejerce una labor interesante, marcado por las etapas y los flecos de una región pocas veces retratada de la historia, de atrevimiento estilístico y con ciertas lagunas en la acción, la película se muestra interesante e irregular. Aunque demostrando que puede embarcarse en proyectos de mayor enjundia. El guion adaptado de una novela, sobre la que no puedo opinar pues desconozco si refleja la trama real del verdadero asesino en serie en otra época bastante posterior a la acción. El guionista Richard Price, mezcla una imagen truculenta de la URSS durante finales de los setenta y la década de los ochenta cuando el matarife perturbado Andrei Chikatilo hacía de las suyas, y esta época retratada antes de la existencia de una policía profesionalizada en la capital Moscú.

Child44 se muestra como eficaz, pero Tom Hardy está llamado a empresas mucho mayores y creativas, esperemos que se haga realidad con sus próximos y esperadísimos trabajos, a la altura de este gran actor.
Creo que lo veremos también en otro futuro estreno de producción inglesa, y con vinculaciones al musical misterioso, titulado London Road ,The Drop (no vista) junto al añorado James Gandolfini, y las esperadas Legend del guionista (L.A. Confidential, Mystic River) y director Brian Helgeland. Pero sobre todo, la magnífica factura visual de la nueva película del ganador de tres Oscars, Alejandro González Iñárritu, y junto a Leonardo DiCaprio, la esperada The Ravenant.
Hasta ese esperado reencuentro, pueden aprovechar a ver algunas de las películas en las que intervenga, este fabuloso Tom Hardy.

The Martian.


La vida es una tómbola... de luz y de color rojo.

Hace un puñado de años, parecía imposible un viaje a los planetas más cercanos a la Tierra, hoy pensamos en mandar una nave tripulada por humanos a Marte, mientras el cine y la productora 20th Century Fox presenta la nueva película de Ridley Scott en el Festival de Cine de Nueva York, con el título The Martian.
Para ello, se entrega a un argumento basado en los avances científicos y la calidad visual, transformando el desierto de Wadi Rum o Valle de la Luna en Jordania, en un mundo marciano castigado por terribles tormentas, y los estudios Korda y alrededores húngaros en las salas avanzadas de la NASA.
Así comentaba Scott (desde su primer y magnífico largometraje Los Duelistas, todo evolucionó como dijo don Hilarión: Los tiempos cambian que es una barbaridad), su trabajo al lado de especialistas de la agencia espacial para preparar los datos reales, respectos al clima marciano o la resistencia de los organismos: "Cuando intentas grabar imágenes 'sin gravedad' es como si estuvieses en El Circo del Sol. Moviendo la cámara de aquí para allá... puede volverte loco. Y a los actores también".
Ridley Scott sabía "hace meses, pero demasiado tarde" que la NASA había encontrado agua en Marte.

Tanto ha cambiado el panorama espacial, que el astronauta Mark Watney interpretado por Matt Damon, se ha ido infiltrando en los últimos tiempos en el género de ciencia ficción, con resultados casi legendarios para algunos. Por tanto, también ha cambiado sustancialmente su vida como actor, desde que en 1988 participara en aquella Mystic Pizza. De hecho si el anuncio de la existencia de agua en Marte hubiera sido un poco antes, Matt se hubiera dado de bruces con algún tipo de glaciar y su mundo reducido en el invernadero habría mutado científica y biológicamente hablando.

Matt Damon se ha convertido, con su estilo simpático y templado, en un héroe por diferentes terrenos de la acción, enfundándose en trajes espaciales con voluntad férrea de mostrar que, es válido para aventuras más elevadas (de momento, volverá con Bourne, la construcción de la Muralla China o un trabajo más terrenal y esperado de la mano del gran Alexander Payne). Mientras, Ridley Scott intenta devanar los sesos para lograr de nuevo encandilar a los antiguos seguidores de primeras fantásticas películas, siempre interesado en el cosmos e historias de supervivencia personal (aviso de nueva trilogía de Alien, sin la teniente Ripley suponemos). Scott desde 1979 dirigió su mirada a la navegación por otros mundos alejados, con resultados destacados en el recuerdo del aficionado scifi.
Pero el secreto o logro de suscitar en los espectadores, el suspense tiene sus pautas y no tienen que ver, tan sólo, con la calidad fotográfica y visión artística. Para ello ha contado con un guionista en ascenso Drew Goddard, director de La Cabaña en el Bosque que adapta en Marte, el libro de Andy Weir.

Además, Scott confiere a sus personajes, una perspectiva épica para sobrevivir a las diversas amenazas, casualidades catastróficas, por factores sofisticados de seres, más o menos, evolucionados. La supervivencia tiene dos pilares fundamentales, dominio del medio y el abastecimiento de agua o alimentos, necesarios para transformar a sus protagonistas en luchadores, sustitutos del hombre o depredadores. Sin embargo, en 2015 (33 años después de la obra maestra Blade Runner) el director británico aprovecha ese empuje inercial de contemporáneos viajes intergalácticos, para ofrecer en The Martian, efectos probables de una dramática evolución en territorio inhóspito, con procesos biológicos forzosos en un ambiente tan agresivo como el planeta rojo.
Materia que queda apartada en otras vicisitudes de héroes del cine actual, pues se busca la efectividad de la acción o la imaginación; con algunas excepciones, como sucede en filmes como Naves Misteriosas o la reciente Gravity, abordando la complejidad de los viajes espaciales y el riesgo de pérdida de exploradores en el gélido vacío.
Así con la conocida misión del Apollo XIII, el público comprobó que esos problemas (debidos al escaso margen de error en medio hostil) o términos como distancia o tiempo, eran un objetivo tan alejado de nuestras posibilidades futuras, como el mismo Marte. En cambio, el hombre tras la cámara (como viajero tras la visera de su escafandra) se convence de que el abandono significa inanición o defunción, porque la necesidad de experimentación siempre intenta sobrepasar nuestros límites, de resistencia o del conocimiento. Sencillamente, la elección de decisiones futuras en caso de un peligro vital, y real.

Ridley Scott se entrega a la recreación de mundos en territorios salvajes, intentando hacer comprensible a una mayoría de público con conocimientos básicos, la tecnología, biología o botánica y la navegación cosmológica o uso de materiales. Si bien, mantener su interés de interés durante más de dos horas y cuarto, y desarrollar un argumento que fluctúe adecuadamente, debe transpirar suspense sin excesos. Es decir, que las casualidades no se apoderen de una aventura de supervivencia tecnológica. No siempre se consigue.
Para este viaje, harán falta este tipo de hombres y mujeres dispuestos, resolutivos como la pareja Damon y Jessica Chastain, más científicos que persigan un sueño de la humanidad para colonizar nuevas fronteras fuera de la atmósfera terrestre, como héroes de la mente, Scott se rodea de actores de peso y convicción como Jeff Daniels, Sean Bean, Kristen Wiig, Kate Mara, Michael Peña, y un convincente Chiwetel Ejiofor, cada vez más presente en grandes producciones (Triple9 de John Hillcoat o Doctor Extraño de Scott Derrickson).

Para mí, uno de los principales problemas es llegar a aceptar a Matt como científico del máximo nivel, esa capacidad de convicción para separar el recuerdo de otros personajes de acción habituales. Pero, a pesar de determinadas elecciones en rodajes de esta categoría, entre aciertos y dudas, el objetivo de la cámara siempre se dirige a la recreación de ambientes, en juego del espacio y la ciencia, como unos ojos femeninos y masculinos que se reencuentran a miles de kilómetros del hogar, con un baile del que dependen sus vidas e ilusiones. Mientras en ese sepulcral silencio, el latido acelerado de sus corazones (o último aliento) irá destinado a la solidaridad y el compañerismo:

- Este es el comiendo de una bella amistad.
- Pero, sólo eso Jessica, que los gustos musicales nos convierten en mundos alejados.
- Sí, siempre nos quedará Marte para recordar. O no...

miércoles, 21 de junio de 2017

The Cabin in the Woods.

















The Cabin in the Woods: Entre cabañas del bosque y “lobos”.


Érase una vez, una chicha de cabellos dorados que cantaba y se prometía ser muy feliz adentrándose en el bosque. Entonces, llega un lobo que se acercó a ella y le dijo: Qué lengua más larga tienes. La chica ingenuamente miró a los lascivos de aquel majestuoso animal y le introdujo... ¡Vaya, como ha cambiado el cuento!

Lo común en estas películas es que la rubia se reúne con un grupo de jóvenes y se dirigen a una cabaña con unos parámetros altamente electrificados. La naturaleza les rodea, así como la idea de un Dios que todo lo controla desde su sala de mandos.
Aquella chica como tantas otras de las pelis de terror actual, comienza una juerga con todos los ingredientes comunes, para terminar pidiendo la misericordia por sus pecados. Ya que la mano y el ojo orwelliano de este dios, golpea a los que no pertenecen a su escuadrón tecnológico y terrorífico.

Después de unos minutos pensando en que esto podría ser infumable. Aparece en pantalla la salvación, con dos maduritos y maestros de ceremonia al estilo 1984, con ideas ocurrentes, humor macabro y otra serie de monstruosidades.
Esta dicharachera pareja formada por los sorprendentes Richard Jenkins y Bradley Whitford, se convierten en los grandes hermanos del Mal y en el alma de esta borrachera de sangre. Se me asemejaron a los críticos viejitos en el balcón del teatro de los Muppets. Pero, caídos de patas en el mismo infierno.

Esta dicharachera y profesional pareja son la presencia humana de un concurso dirigido por un Ser castigador.
A una fiesta de monstruosidades que los jóvenes protagonistas han sido invitados, sin saber muy bien cómo ni porqué. Son los grandes hermanos del terror desconocido.

Richard Jenkins parece reviviendo una nueva etapa interpretativa. Habitual de cintas scifi y recordado por aquel thriller dirigido por Harold Becker (me gustó mucho en su momento), Melodía de Seducción. Después de este rodaje encaró multitud de proyectos de lo cual me regocijo, por el bien de los buenos y maduros actores de Hollywood. Últimamente con la interesante Mátalos Suavemente y The Company You Keep.
Su compañero de cabina Bradley participó en Esencia de Mujer y Un Mundo Perfecto. Garantía de su buen trabajo, aunque esté más centrado en la televisión ahora mismo.

Resumiendo la aparición de éstos dos magníficos profesionales, es un soplo refrescante entre la actuación de tanto joven enfebrecido. Gracias a la selección del director Drew Goddard (nacido en Los Álamos-Nuevo México) y salido de la fábrica J.J. Abrams. Además de la aportación argumental del guionista Joss Whedon, también director de cine y Tv). Suya es la historia de Toy Story.

Caperucita iba encauzando su paso con ritmo vivaz y brillante (tras típicas escenas de sexo y drogas) cuando llegaron los monstruos en CGI, como un gran cubo de Rubik. Así el terror emerge a estilo de Vincenzo Natali. Aunque me sigo quedando con su Cube, mucho más enigmática y elaborada que esta Cabina. Debo estar muy anticuado.

Yo prefería los f/x de antaño con hábiles profesionales de la maquetación, decorados y maquillaje, y mucha imaginación en sus monstruos. El pulso del frame afecta a la interpretación del actor pendiente de plasmas a su espalda. Sí definitivo, anticuado.
Después de un largo camino en la distribución llega, por fin, a la gran pantalla con Good Films esta Caperucita de tintes diabólicos, sin lobo físico.

La lucha eterna del Bien y el Mal.
Dioses o Demonios. Gran Hermano confabulador.
Monstruos del averno en CGI.
La mano acusadora y sangrante de un Ser o seres superiores.
Notas infladas en páginas de cine.
Me quedo con esa curiosa simulación al palco de los Muppets, y sus dos simpáticos viejecitos.

** Pasable ***

Cinemomio: Thank you

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