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domingo, 11 de abril de 2021

Gámbito de Dama.

 Inequívocamente, oteando la superfiecie de un tablero bicolor y sus 64 escaques arlequinados, el ajedrez se representa como un auténtico campo de batalla. 

El manifiesto bélico de la serie de Netflix titulada Gámbito de Dama, se divide en dos referencias paralelas bastante representativas actualmente, según los media y otros subproductos. 

Una está referida a la descomunal lucha de género que nos envuelve, algo atenuada por la singularidad del personaje protagonista. Se reproduce a través de la historia de una joven moldeada de manera soberbia y calculada, por la actriz de moda Anya Taylor-Joy. Esta reivindicará  su puesto competitivo e imaginativo, en un universo ajedrecístico casi exclusivo de los hombres. Hasta ahora, con la multiplicación de próximas participantes...

En segundo término, no menos interesante, la conclusión de un pasado dramático como metáfora sexual, que responda a esas expectativas de libertad e igualdad, más o menos representativas. Durante un acto invisible, o sin pormenores gráficos en la pantalla, se superan las distintas fases de la conquista. Desde la probatura iniciática, la idealización del otro, el toqueteo piadoso, una respuesta alternativa, el rechazo, la derrota o el fracaso, y por último, el deseo reprimido y desmitificado. Es decir, la vida misma...

El ajedrez en serie, convierte a los abandonados en pequeñas máquinas que viven otra realidad, distinta al resto de ciudadanos, absorbidos por su estética, la superación, la rivalidad y la consecución de cierto poder, o manipulación mental del rival.

Esto es, una especie de western sobre blanco y negro, que se basa en la destreza o la imaginación, más que en la fuerza o la cantidad de balas en tu cartuchera.

El Reloj. 

Poco tienen que ver los marcadores de los tiempos estipulados, en Gámbito de Dama, con otros ejemplos cinematográficos en la historia. Aunque la repercusión diegética del sonido en la acción del duelo, se reproduce como un tic-tac para magnificar la acción entre el silencio espectral. Pongamos la relevancia significativa de aquel elemento en el orificio de un personaje invisible en la gran Pulp Fiction, todo silenciado, mientras se recrea la pasión y el sacrificio, hasta la muerte; o la más calculada o milimétrica, con el enfrentamiento del Carillon entre el carisma, el Indio (Gian María Volonté), El Coronel (Lee Van Cleef) y el Manco (Clint Eastwood), marcando los tiempos de la masacre o la supervivencia, hasta la interpretación de un clásico degüello a tres bandas... La victoria... ¡Muchacha te has hecho rica!

Y, ¿la sociedad...? Tal vez, algún día... Aquí el carisma, con significado femenino.

Etimológicamente, esta lucha intelectual y calculada, que significa el ajedrez, entronca desde aquellos tiempos de la conquista persa por los árabes. Mediante la participación de los cuatro tipos de ejércitos (chatarunga) de la época,k que predominaron en maniobras bélicas sobre la moderna Irán. Siglos después se expandiría a través de la ruta de la seda, hacia otras latitudes de Oriente (o viceversa) cuando los gobernantes musulmanes que intentaban apoderarse de los viejos pueblos de la Europa premedieval, adoptarían las costumbres y juegos que provenían del imperio sasánida. 

Los herederos del zoroatrismo y de las arenas del tiempo marcado. De igual forma se absorbe la expresión Shat Mat o rey acabado, hoy bastante vigente, que repetirían jugadores de todas las cortes, desde Iván la del Terrible a un Alfonso X El Sabio, experto en casillas sonoras. Pasando por labios conquistadores de Alejandro Magno, gracias a un regalo del califa Harún al-Rashid. En esos momentos no había fotografías, ni flashes... sólo memorias.

Sin embargo, la estampa cuadricular moderna, un salto gigante de caballo rampante, no se reglamentaría hasta el s.XV, junto a los movimientos agilizados del alfil, significado de un elefante apisonadora, y la omnipresencia poderosa de la reina. En todas las posiciones posibles, ampliando las tácticas que utilizaron sus precursores europeos, detallando las primeras aperturas testificadas por escrito en países como Italia y España. 

Así se extiende la fiebre hasta la actualidad, con la respuesta de peones doblados, las defensas expandidas por diferentes movimientos estrategas o la presencia amenazante en el ataque de dicha dama, en referencia para los más antimonárquicos... La reina de todas las salsas. Como la referencia gestual en una fotografía antigua.

El resto del juego, es una serie de miradas entre pausas, alternativas de poder, el autocontrol temperamental, la desviación de la imaginación con elementos mágicos, u otros, la emancipación personal frente a lo institucional y el desarrollo íntegro como persona... como verdadera dama. Eso sí, con una estrategia frente a nuestro tablero de la vida.

Competición: Apertura.

En El Libro de los Juegos, cuyo autor Luis Ramírez de Lucerna editaría en Salamanca, se proclamaban los primeros movimientos sobre el tablero, cuando la competición se abrió sobre el escenario internacional de Felipe II, junto a Rodrigo Carón y Rodrigo Ruy López de Segura como vencedor del primer torneo de maestros, registrado o manuscrito. Enfrentados a los genios italianos del ajedrez, Paolo Boig y sobre todo, el gran campeón Leonardo de Catri.

El sacerdote ajedrecista, Ruy López, sería también el autor del libro La Invención Liberal y el Arte del Juego de Ajedrez, datado en Alcalá de Henares en 1561 y creador de la famosa apertura española.

Las primeras mujeres profesionales, antes de esta magnífica ficción y la emancipación actual de su género, no llegarían a copar los escenarios bipolares, hasta que la URSS de los años 50 y 60, ensalzara su intelecto. Válido y efectivo por sus métodos, para dicho enfrentamiento contra sus congéneres masculinos.

Era una especie de apertura intelectual en plena guerra fría, como alternativa al hermetismo político que recorría el mundo en confrontación tanto, hegemónica como social, y un paso hacia una gran división... Digamos, sino bélica, si temporal ante el estrado de muchos juicios paralelos o futuros.

Aún así, ejemplo del control mental de las reacciones ante un posible mate, y el respeto legítimo hacia las féminas y su posicionamiento en el ajedrez, está condicionado por un predominio masculino que perdura hasta nuestros días. Sin embargo, todo cambia, hasta el temperamento con los años.

El fuego que derrite o fustiga, pelirrojo, predomina y destaca ante esta dicotomía visual, como un telón que cae ante la profundidad de los ojos que se clavan sobre el rival, el irresponsable indolente o el amante. Siempre bandidos, o débiles víctimas.

Al modo de una inmortal, vampira, de otros tiempos.

Pero, basta de hombres... Estamos apenas una década después, con la apertura de unos alternativos y musicales 70, con una pequeña de carácter rojizo y de armas deslizar... La joven Beth, interpretada lúcidamente por una novel Isla Johnston, se entrega al romanticismo clásico de esta batalla cerebral, frente a la historia, la soledad y ella misma. Con tendencia a la observación, el minimalismo emocional, el exceso y ciertas expresiones litúrgicas del ajedrez... digo lisérgicas.

Los cuadros incitan a la exacerbación, como la orfandad obligada por los hechos y cierto machismo, se dirige a las alturas y a la cristalización racial del pensamiento, quizás liberación. 

No sobre la cabeza de la niña, sino surcando los techos, como una iniciación. Casi una experiencia, no religiosa, prácticamente sexual... más bien, profundamente onírica. Se puede decir, ¿fálica?

Este movimiento exclusivo en tiempos del deseo, viene proclamado por la ayuda práctica de William Shaibel, ejemplarmente blanco, cabal y asexuado. Por y en la piel del actor Bill Camp, otrora en otras fiesta con Vicios, Juegos con Moll y otros Gorriones Rojos, con la brillantez del novelista Walter Tevis, por bandera... a cuadros. Gracias a la experiencia programada desde Escocia del productor Allan Scott y la excelencia visual del director Scott Frank, máximo ideólogo en letras de The Wolverine y Logan.

El clasicismo se amplia a lo alternativo, como un western surrealista, enclavado por una factura impecable sobre el tratamiento de las imágenes y la puesta en escena de los personajes, a veces como preparativo de una pelea encarnizada. Sin derramamientos, sanguíneos que no alcohólicos. Frente a la frialdad del muchacho huérfano, sin harmónica, de una pieza, en aprendizaje vital, sólo amenizado por el sonido de un proyector y el calor de su lámpara, el puro vicio. Se alza un estilismo magnético, comparativo, enérgico, sobre el romanticismo que impregna la praxis y el estoicismo del juego mental.

Pareciera una propuesta ideal, para que una actriz invadida por los sueños, no pueda salirse de sus casillas y utilice todas las prácticas seductivas a su alcance. Hasta llegar a ofrecer una partida redonda y emocional, como punto de equidistancia. 

Hasta las más prohibidas, retos que más le acercan a lo terrenal, aunque sus celestiales ojos indiquen otras perspectivas más elevadas. Incluyendo futuros proyectos en la gran pantalla, como hija de norteños o salvajes reabriendo las cicatrices de Mad Max, hacia la locura femenina que activa una trampa desenterrada por el tiempo.

De otro lado, la banalidad materialista nos dirige hacia un encuentro en Moscú, junto a los cerebros más grandes dedicados al ajedrez, manuales como propuesta de una prevalencia histórica. Pues normalmente siempre ha sido así, a pesar de la ficción, hasta los grandes duelos entre el calculador Karpov (influenciado por Capablanca) y el directo Gaspárov, emparentado con la juventud victoriosa de Beth, Bobby Fisher y el gámbito de dama... monta tanto, o viceversa. 

La mente está abierta a todos los objetivos, siguiendo diferentes vías y edades virtuosas, pensamientos o estilos geniales, sin cerrarse a otras aperturas más imaginativas. Ya que la originalidad reside en ella, la mente... y en la belleza... atacada por residencias partidistas y rivalidades burlescas, aptitudes acosadoras, pregúntenle a Miss Anya... 

Así la defensa se enroca, por equivocaciones que alicataron su camino de baldosas amarillas o vuelo mágico, según cierto amarillismo que marcará el destino solitario o el futuro de campeona.

En el mundo masculinizado del ajedrez y la imagen, se aviva una rival que se sienta y perturba, emociona o cautiva con una mirada descuidada, que distrae con picaresca o invade tu espacio, con una mueca, que secuestra las miradas mediáticas, derrite los flashes y desbarata las coordenadas de la historia. 

El presente varonil, se persigna ante ella, la Reina. Su fuerza, su figura estilizada e intelecto, olvidándose de choques y hospicios, viajes al sótano y la sobriedad, de posibles amistades, caídas entre anfetas y botellas, polvos románticos o somatizados, casas sin tutoría, revistas robadas, esclavismo sin efectivo o postreros estertores de libertad, nos veremos junto a ella, en competiciones meteóricas contra el ego, ataques y contragolpes... miedo a lo desconocido. 

Lo que viene del otro lado de la cama, o del telón de acero.

Nos subiremos en sus tacones, con los ojos pintados en gótico negro, con sus trajes de diseño a cuadros, que destacan entre el blanco de un western y su contrario ajedrecístico. Para pasear palmito y clase, entre hoteles internacionales de lujo, los oropeles que no poseías para comprar el último número de la revista, el libro prestado o el tablero no magnético, más deseado para el entreno. Las pastillas que ahora consigues sin respirar apenas...

Cuando casi te costaron huesos y vidas... hasta paseos a un estercolero en la Gran Manzana, muertes entre alcohol y sexo... o un emocional manifiesto genérico hacia un parque de jubilados.

Sería el cierre perfecto, para una gran apertura.

Desarrollo, la vida.

La competencia es dura, sin duda, ya lo decían padres y madres, conocidos o no.

Aunque a las lágrimas saladas, les cueste un universo, aflorar sin dolor, sobre piezas de ébano y marfil que no necesitan mojarse o se resbalan de las manos... y sirviendo de parapeto, ante las pesadillas que nos atacan, cuando nosotros nos concentramos en otro mundo... flotando sobre nuestras cabezas. 

Porque esta chica, miss Beth Harmon, no hace otra cosa, sino pasarlo mal... A veces...

Resulta dura, resistente y extrema, pero no más, que una primera relación no satisfactoria, que no marca, pero resulta sexualmente dramática, inofensiva. Tan desilusionante, que tu intención es probar de nuevo, para comparar en el futuro. 

La vida es un teorema geométrico a resolver, con ideas preconcebidas debido a la experiencia o las palabras, esperando un próximo movimiento, que te puede enviar al abismo o hacer abrir los ojos, de una vez. Siempre mirando al frente, arriba, enterrando recuerdos u otras vidas, no las lágrimas confortantes, que van ahogando las penas con grados de alcohol en las venas o resacas simplistas; o esquivando besos que te sobreexcitan sin necesidad, ante el reto en el horizonte, horizonte del tablero. Ni barbitúricos se prescriben ya, contra el dolor del alma.

Ahora eres la reina de los EUA, en incómoda rivalidad, la Eva de todos los adanes. Lo conseguiste porque arriesgaste, luchaste y venciste, como Julio César u otras emperadoras, que vencieron en la historia de su ajedrez contemporáneo y vital.

Aquel antiguo consejero todopoderoso del Rey, se convirtió en señora, se cambió por la imagen predominante de una Isabel la católica, la Reina. Como el que ponía una traba masculina en el camino o zancadilla (dare il gambetto, de gamba), para dar una patada al prójimo, al que destaca... en este caso, una mujer sin fisuras en el juego. 

El novelista de The Queen´s Gambit, Walter Tevis, fue el gran creador del juego en El Buscavidas y El Color del Dinero, sabía a lo que se enfrentaba, como de la fantasía, pues escribió El Hombre que vino de las Estrellas, interpretada por el divino Bowie. Aquí, lo enmarca y lo promueve en memoria de las féminas de Estados Unidos, aquí desde Lexington en Kentucky, su tierra materna y recreo memorial.

Como una trampa siciliana que Ruy López adquiriera en sus viajes, donde fundara el juego a la ciega, esta poco emocional Miss Taylor, se va enmacipando convirtiéndose en faraona de los desfases, para despertar a la realidad de las diferencias sociales... y cierto nihilismo de buscavidas. Desde su papel de huérfana, casi abandonada a su muerte, excepto por su adoptiva madre interpretada por otra pelirroja y directora Marielle Heller, hasta los viejos que anticipan su suerte en los tableros de las calles moscovitas, se rinden a su taco o juego experimental, que es el cerebro.

Ya que, en aquel primer Torneo de Ajedrez Mundial, Ruy vs de Catri, tuvo el reflejo de una época, donde se perpetuaba el sacrificio, aceptado o no, del famoso Gámbito de Dama. Así sea.

En eso consiste lo oculto en serie, en la aceptación de uno mismo, o ella. La pelea por el centro, el predominio histórico, la exaltación de lo imaginativo, la perseverancia en el ataque, frente a la necesaria defensa interior, la caída de los roles, la perspicacia para anticiparse, casi femenina... como Isabel, frente a su madre, como Beth Harmon...

Claro, su presencia destaca desde el primer movimiento, de cámara. Con esos ojos que se comen el mundo del tablero, candentes y certeros, esconden la frialdad de los sentimientos, almacenados en un disco duro prohibido... mucho menos accesible que, el de aquella primera máquina Deep Blue, que derrotara en partida semiartificial, al gran Garri Kaspárov en 1997. Así fue.

El Gámbito de Dama.

Al fin, nos acercamos tras siete piezas de las seis posibles en ajedrez, al momento de la verdad, el ajedrez en imágenes. Que nos acerca Mr. Frank y Allan Scott, recordando a los niños del pasado en orfanatos u otras ferias, como Leolo o el Totó de Cinema Paradiso, la Ofelia del Laberinto, otro juego mortal, el frío sádico de El Perfume, sin excesos sangrientos... o los viejos tunantes, avispados en el arte del engaño, que salieron de la pluma del gran Charles Dickens.

Con una imagen que, en momentos determinados, recuerda en cierta medida a la obscuridad de lúgubres estancias, golpes familiares y desencantos privados, pequeños hurtos, juegos favoritos de la etapa victoriana. En cambio, en la comparación y la dicotomía, permanece la esencia de un buen Gámbito, de reyes a damas. De blancas a negra, y viceversa.

Llegamos al avance indubitable, que pareciera defensivo al principio y resulta triunfal, ante otro resiliente por otros motivos, pues comparte el conocimiento en grupo y reconocemos como Borgov (Marcin Dorocinski), debatiéndose entre el combate y el arrodillamiento  o rendición adorativa. Y que deberán aprender los norteamericanos, con los actores Thomas Brodie-Sangster y Harry Melling, antes amantes, a la cabeza.

Es una clásica visualización, del enfrentamiento social y político, el desencanto frente a la necesidad de cambio, de perspectiva enclaustrada en el techo, por un panorama abierto, donde juventud y senectud se den la mano. Lucha encarnizada en la historia, patrocinada en los trajes de la protagonista, como ejemplos de una magnitud casi bíblica, entre el blando y el negro.

Aunque, en ocasiones en la serie y última entrega, más vale, nos detengamos en antros de perdición, soberbia borrachera, ambientes nublados entre la perspectiva del Bar Korova Milk, por los colores alternos del bis a bis; o un campo de batalla visceral y más terrenal, entre seres humanos, viciado ligeramente con el toque de Boyle, en la intimidad de un retrete alucinatorio, o defensa Luzhin consigo misma. Con una foto del pasado y un posible futuro inconcreto con Jacob Fortune-Lloyd, el deseado, inalcanzable.

Por ende, la perspectiva es la competencia con su propia realidad, con la jugadora que se esconde tras el engaño, su punto de vista, borroso por el distanciamiento de la emociones, el litigio con sus pesadillas, el distanciamiento social, la reivindicación de su género, que es la libertad.

El espíritu no es triunfal, ni demostración mediática de su intelecto, sino la esencia del ser humano, sea masculino o preferentemente femenino. Contra el abandono, la aridez sentimental o la cobardía. Lo que importa, necesariamente, es dar un paso adelante, resaltar la idea de familia (sea cual fuese) y la amistad, que no distingue entre claroscuros individuales.

Esa es la estrategia personal y la resistencia moral en la obscuridad... seguramente, intentar dar luz, carta blanca también, a los olvidados.

Jaque... ¿o mate?

Como el ébano y el marfil, agua salada y petróleo entremezclados... confluyen los temperamentos.

Tan distantes como dos ciudades separadas, a miles de kilómetros en un tablero que nos acerca, cada vez más, virtualmente. Como dos fronteras enemistadas, que trata de esconder sus próximos movimientos o los ejércitos impertérritos, encarados sobre el tablero de la historia, con sus escuadrones de elefantes zaheridos, caballerías e infantería destartaladas, por aquí por allá, casi sin estrategia aparente, y carros de combate, incendiados... con todos sus ocupantes olvidados en esa historia del pasado... o del futuro, sin fueran entes biomecánicos.

Tal vez no recuerdes a aquel primer cerebro artificial, el MacHack-VI fabricado por un estudiante de Massachusetts, pero no importa, igual que la chica juegue con blanca o negras, porque juega ante sí, y nosotros también, lo aclaramos en el tiempo. En un sacrificio de Dama... como al que nos incitó, su madre.

Así es interiormente, la pequeña Beth, armoniosa en una fachada rectangular, no tan medida, que internamente tiembla, se estremece... aunque sus labios no demuestra un ápice de remordimiento o júbilo. Sólo sus ojos.

Es bella, rítmica, calculadora, flota infinitesimalmente, en dispersión cósmica con sus recuerdos, que se asoman a la mirada con una lágrima, al padre perdido y desconocido, imagen de una fotografía que eriza el tablero de la piel.

En la batalla, destaca el fuego, de un cabello de medusa, que petrifica con un desafío rutilante, cuando el rival deposita su invalidez sobre dos piezas que destacan, más abajo. Esta bipolaridad es retratada visualmente con excelencia, desplegada metafóricamente, por una voz que radia la posibilidad del éxito, ante una expectación creciente y el despertar de un deseo.

El jaque parece meridiano, cuando abrimos fuego frente a los hombres que la rodean, y no son, como la huella familiar que fabricó una expectativa distinta en ella, los recortes que se amontonan en un tablero cubierto de polvo, y otros que se quedaron en la caja de madera, o la de Pandora.

El mate, se produce cuando vemos al hombre, alguien invisible a priori, salvo por una intención y una foto, congela una enseñanza gratuita sobe el arlequín, un monstruo bicéfalo que nos atrapa, entre el padre desconocido y un tutor que muestra sus cartas marcadas, un gámbito del abandono.

Ambas personalidades, marcarán el próximo paso, lo que fomento su carácter gélido o neutro, hasta la demostración a través de una fotografía en sepia, ese salto a caballo de niña, a mujer. De peón, a rey del ajedrez callejero, o reina casi inmortal.

Tú, ¿qué prefieres el jaque de la victoria instantánea... o para siempre, un buen mate?

Por consiguiente, hemos visto desbaratado en el argumento completo, todos los escudos o defensas, desde la siciliana que significa el vicio, la frialdad eslava, la romántica francesa o una más moderna, anclada en la sociedad actual. La diferencia es un hecho que marca vitalmente, la emancipación personal es respuesta de los sacrificios acumulados y la lucha, 

la razón sobrevive a las prácticas abusivas y otros defectos temperamentales, la memoria despierta la gracia ante la venganza, y el abandono de ciertos amores indeterminados, nos enseña a dar jaque sin pronunciar palabra, ni derribar la pieza rival...

Pequeña, ya eres una maestra. Reina del sacrificado y deportivo arte de la imagen, y del gámbito intelectual por excelencia. Jaque... y mate, miss Taylor.

Next Game.

Siempre en rivalidad con la muerte, siguiendo los talones de Hitchcock y su tensión por fascículos, o frente a ella como Igmar Bergman. Aprendiendo de Flandes, en la búsqueda de la esencia del conocimiento y del comportamiento humano. Como se buscaba la excelencia junto al pequeño Bobby Fisher, sobre aquello que destaca entre los demás. 

Equiparando la fuerza colectiva del reconocimiento individual, hasta conseguir un apretón de manos de tu contrincante, del enemigo... incluyendo un vitoreo de un forzado equipo. 

¡Tú, cada uno de nosotros!

Ese mate último, significa un punto sin retorno ante el riesgo, o posiblemente, el inicio de una nueva partida... Así es el ajedrez y la interpretación, un juego de poder que se reinicia, una participación incesante en la caza, o una máscara, para construir una nueva realidad, otro orden. Un juego...

Así es la carrera meteórica de Anya Taylor-Joy, incombustible como el avance de dama, entre el misterio y el miedo, un juego de poder entre hombres y mujeres también en el horizonte, con desenlaces familiares y raíces entre Miami, Inglaterra y Argentina, salpicados de sangre española; ante el espejo de un éxito sin fronteras, saltando y recalando en pretérito, sin mover la ficha, entre recuerdos mágicos de bosques encantados. Hasta el verdadero brillo dorado del triunfo, que significa un premio merecido. 

Veremos en el futuro, ya que no piensa como estrella (parece o no), siquiera una mera pieza a devorar por el Hollywood depredador. Muchos/as han sido devorad@s. Movamos, juguemos.

De momento, el aplauso, cuando el misterio es un asunto fundamental en su mirada, que no deja vislumbrar el futuro, salvo por un movimiento discreto de labios incitando al juego o por una gota furtiva rodando en su blanquecino  rostro. Bien, ante una broma entre compañeras, un recuerdo de familia o un deslizamiento en la cama. Todo depende de las posiciones, la pandemia laboral en cada momento de la historia... o esta resaca que no se para.

Ella trama y convoca a espíritus gambeteros, enlaces con propuestas fantásticas o históricas, casi fálicas sobre los límites del cielo vikingo de The Northman o futurista Furiosa. Que alimentan el alma, como el chocolate o las drogas sintéticas, sirven como sustituto del apetito o el sexo.

Ante el arlequinado, un tutor desconocido la crió anticipando unas cartas o fotografías marcadas que, con toda probabilidad, destacarían los dos ángulos de la batalla personal. El gélido y el inspirado. De niña a mujer, hemos convivido con su gámbito de dama, con su sonrisa y el reconocimiento del trabajo bien hecho, con la razón frente a las prácticas abusivas, con la razón por bandera y la evasión como forma de vida.

La vida es un juego de poder real, que puede arrastrar vidas, si no estamos muy seguros o cambiamos hipócritamente, nuestra máscara de los valores. Entonces, haría falta una actuación magistral, como la presente. Entre hombres o figuras de alabastro, atravesando bosques encantados, sin demostrar que su verdadero brillo es dorado.

Aunque impertérrita en el estudio, es misteriosa, sus ojos no pueden evitar la ilusión. Una estrategia para vencer al mundo, que sustenta perseguir una meta concreta, o amar, quién sabe. Destino de una brujita rubia, que se enmascara de rojo, para parecer una solitaria fantasía, una sustitución sexual sobre los límites del cielo o... el techo.

No es reina rodeada de ejército vasallo o cercada en una cuadrícula privada, de amigos falsos, no es dama en apuros, ante un gámbito de un Rey invisible... sin intercambio aceptado, o no. Es Anuy Taylor-Joy, espejo para muchas chicas que sueñan... Y otros piezas.


Carlos Rafael Rivera - The Queen's Gambit Soundtrack

jueves, 25 de marzo de 2021

The Sinner: Season III


De cierta manera, se podría definir a Harry Ambrose como verdadero fantasma-detective, que pulula por la Tierra, rodeado de almas en pena... también porque investiga sin hacer apenas ruido.

Su recorrido existencial, si existe, está exclusivamente alterado por algunos crujidos de su osamenta, condenada a una penosa ciática. O castigado con jadeos producidos por anteriores sesiones de sexo desnaturalizado, persecuciones mentales y varios encuentros venenosos.

Interpretado por un inconmensurable e incombustible, Bill Pullman, sigue los pasos del personaje creado por la novelista germana, Petra Hammersfahr, en el conjunto de paisajes del estado neoyorquino. Sobre todo, es un investigador inteligente, inestable, adictivo, observador y casi imperturbable. Esta vez, siguiendo su propio reflejo en el espejo de la obsesión o aquellas pisadas inconsistentes que poseen evidente calado psicológico.

Filosofía del Crimen.

En este último caso III, la mente es algo parecido a un agujero negro, pues todo lo devora, hasta la permanencia del odio o la venganza. Lo oculto a los ojos, se concibe como un línea de posibles acontecimientos sangrientos, con sorprendente violencia, aunque menos que otros elementos de anteriores. 

Sus enfrentamientos con el crimen patológico o sexualizado son excesivos, sus métodos son racionales, sus expresiones se caracterizan por un predominio social y cultural, que sobrepasan las expectativas de cualquier aficionado a la investigación policial. Aunque no sea tan categórico,  como luchar contra la capacidad de tergiversar la palabra del asesino de Seven, las entrevistas escandalosas de los Mindhunter, la eficacia deductiva del famoso Sherlock Holmes o la crudeza de otros episodios cinematográficos del siglo pasado junto al archiconocido Hannibal Lecter. Frente a Clarice, claro, que vuelve por sus fueros.

Su filosofía investigadora, divaga entre la retórica y la dialéctica. Vamos que le gusta la lengua, en sus medidos términos. Le diferencia de otros cerebritos o sabuesos sesudos a lo Conan Doyle, excepto aquella atractiva película de Mr. Billy Wilder, esas presuntas desviaciones sexuales, viciosas bajo los efectos de ciertos productos químicos que alterarían la realidad o una reflexión profunda. El metodología igualmente se fundamenta en la psicología del criminal, en la experiencia, sin desfallecimiento lógico, a pesar de los muchos rodeos para alterarle y el desvío proceloso de las pistas argumentales o huellas borrosas que se ven en el lugar de los incipientes hechos.

Ya que los comienzos son tortuosos y sacuden al espectador. Aquí con un simple accidente motorizado, nos vemos involucrados en un altercado que nos acerca filosóficamente al pensamiento de Nietzsche, bajo la penumbra rebelde de Maxwell Caufield. Entre el centeno sociológico, el abismo familiar o amistoso, y la distorsión de un nuevo horizonte de sucesos que nos aproxima al caos, la conciencia rebelde y la delgada línea con la muerte.

Viaje al Fondo de la Mente.

Comprobaremos, quién devora a quién en este agujero negro de obscuridad mental, y donde se camufla la perversidad, la punta piramidal de una persecución que se parece a una caza, un juego suicida o la necesidad de prevalecer en la cúspide de la depredación... Siempre existen sensibilidades inocentes, ya sea una estudiante o la idea de un altruista sociológico, supuestamente.

El niño de entonces, aprendiz de la inestabilidad futura, ya no es tan puro ni maleable, sino emerge como la estampa de un caleidoscopio de voluntades, que modificar a su antojo. Construido al borde del mismo abismo, hasta el deseo de que sus huesos entierren esa decadencia atemporal que nos asola. Pero, serán ideas desarmadas por la lógica, que sobrevuela el campo de centeno y el barro ideológico.

En la mente, esta vez, se limita la extravagancia de los impulsos sexuales, aunque no los peligros de una educación supervisada por la mentalidad alienada. Hoy, solamente nos enfrentamos a nuestros propios fantasmas. 

Es decir, al interiorizar las diferencias ideológicas, las dudas existenciales o inestabilidades psicológicas, con los demás, somatizamos esos mediáticos sucesos criminales, que se perpetuaron en nombre de un ser superior... Ser o no ser, The Sinner.

En esta serie transgresora visualmente y en especial, durante la segunda y esta tercera temporada, consagrada al actor Bill Pullman, el detective parece más inmaterial que nunca. Apunto de convertirse en un personaje de ultratumba o la misma conciencia del personaje del actor Matt Bomer, que residió en perversiones con La Matanza de Texas o la serie American Crime Story, además de Supermanes y su pasado heroico como futbolista de Dallas Cowboys.

El viaje es interior, como el cerebro es electricidad, energía... pero recorre surcos enterrados o fosos sin luz, que reconocemos mediáticamente. Son tendencias recurrentes de la irascibilidad, la memorización confusa que lleva a la trascendencia metafísica y, por último, el sufrimiento. El agobio llevado a sus últimas consecuencias.

Por consiguiente es un viaje que, muchas veces, no tiene retorno...



Lo Oculto...

En este mundo de depredadores e iluminados, víctimas o no, la idea de futuro y la reproducción de la especie, significa alimento para siguientes generaciones. Donde el padre se puede convertir en el hijo, que otrora fue. El discípulo reconvertido por condiciones ambientales o sociales, que va guiando al alma inocente, hacia un presunto salvador. O la imagen iconoclasta, del Superhombre. Ahora en contra del libre albedrío, ni fe superior que promulgara la historia de Zoroastro o Zaratustra. Qué alguien o algo nos pille confesados, observando la historia de la humanidad... más deshumanizada. Esto es, el control mental.

Es curioso según observamos el pasado, a través de la experiencia, como los caminos filosóficos se estrechan, entrelazan y divergen, se confunden en la búsqueda de preguntas sin solución. Viendo en tres elementos dispares como la visión cosmológica, define lapsus temporales o pensamientos que se dan la mano, en cada momento de nuestra historia contemporánea. 

El escepticismo creciente arrojó la filosofía empirista de Hume que nació y creció en una familia noble, hacia dicha experiencia y la lógica analítica; mientras que Immanuel Kant que influiría en la dialéctica nietzscheriana posterior en ciertos aspectos, con su crítica de la Razón Pura, fue hijo de un simple artesano y pensaba que, todo vicio es resultado de la ignorancia personal. Y que el hombre en sí, no desea el mal. En contraste Friedrich Nietzsche, se opuso en los últimos años de vida al antisemitismo circundante y al cristianismo (famosa la muerte de Dios), pero animó a la izquierda de la Alemania a finales del XIX (más anarquista). El filósofo que nació de un pastor y fuese amigo de Richard Wagner en algún instante, luego se considera fuente de la expectación del poder hitleriano y la "nueva derecha", precursor de la idea del Übermensch y la voluntad del Poder. La ambición que tanto nos asola y asesinó a millones.

En ese triángulo nos movemos, de puntillas, al borde del abismo. En fin volviendo a la ficción o algo por el estilo, a cierta energía creativa por así decirlo... El Superhombre, podría ser un ente superior, radical en sí mismo, como pregona el maestro ideológico y extremo, Nick Haas interpretado por Chris Messina y este discípulo esclavizado mentalmente, Jamie Burns. 

Concepción.

La idea nihilista de la juventud, se ve atacada por el encaramiento actual del Eterno Retorno, como cremación y nuevo renacimiento sin fin. Otra fe ciega idealista, hasta conseguir adquirir o querer, una completa humanidad, con la idea del Superhombre. 

En definitiva, querer, elegir amar la vida tal cual es, el Amor Fati. Incluido el sufrimiento, hasta la muerte. Ser Prometeo en vida, una y otra vez, creación como concepto, destino, enseñanza, amor o amistad, por toda la eternidad. Avisando en The Sinner, que este concepto puede transitar en ambos sentidos. Lo feo y lo bello, lo malo y lo bueno, muere.

Todo comienza de la nada. Si bien los hijos, en contraposición, poseen genes y una información que puede demarcar el camino en sus vidas. A pesar de la educación, que también sería una parte muy fundamental y emocional en su formación intelectual o conformación del ser. En cambio, ciertos rasgos pueden ser cambiados en el proceso, deformando la realidad, hasta llegar a algún punto de ruptura con la realidad, las relaciones amistosas y ese definitivo amor.

El Caufield de El Guardián entre el Centeno, perseguía las mismas tesis destructivas y peligrosas, sumergido en la raíz de una decadencia moralista y social, que lo convierte en un producto inexorable de la desesperación, la destrucción de toda lógica y de sí mismo.... hasta el suicidio como última frontera. La muerte en estos términos, es la ambigua regeneración del todo, la concepción de lo nuevo, pero el detective fantasmal, puede discrepar de estos silogismos. Aunque por otros motivos, coquetee con ellos y se deje arrastrar a la profundidad de la obscuridad, en busca de su objetivo oculto.

Lo excelso y profundo, decae, crece la fealdad de la guerra y la destrucción. Una deriva a la involución de las expectativas, que podrían crear una nueva circunstancia natural, o en contraposición, el no-retorno... el fin o la nada.

Observo, luego aprendo.

Maestro y aprendiz de futuro maestro, o nadie. Envueltos en la tenebrosa presencia de un desconocido horizonte de sucesos, por acontecer... o nada. 

La duda, prevalencia en Descartes, es lo único que nos haría seguir adelante, pues la incertidumbre del agujero de gusano, nos atrae y fascina, aunque tememos a lo desconocido. La búsqueda de la perfección, es como ese viaje a lo infranqueable, sin conocer bien el próximo movimiento en el tablero de ajedrez, que es la vida.

El resto, olvido, dolor y hasta la muerte, también nos hace dudar de nosotros, incluso la palabra con el tiempo... pues mira que se han escrito teoremas, historias, opiniones o ideas... 

Por sus rasgos familiares o laborales, divergentes, destacan las interpretaciones, sean maduras o incipientes en la serie. Igual que atrae nuestra atención, un guión escondido bajo el crecimiento  del elevado centeno, según  el creador Derek Simonds y Antonio Campos. Amigos, de la distorsión mental, lo innato y lo aprehendido.

La historia The Sinner III, el Pecador original, va tocando los palos de esta criminalidad que transgrede las reglas de nuestra realidad, perforando la piel purulenta estigmatizada por la  globalización, posiblemente enfermiza, y que tiende a la soledad o la frustración fina del individuo. Todavía queda mucho por aprender.

Las dudas continuarán su multiplicación exponencial, potenciadas por las redes sociales y la ocultación, en un superpoblado planeta, más los que vengan en el futuro.

Necesidad.

Pertenencia a un grupo. Rasgo que conciben las diferentes capas sociales, como aquellos viejos anfitriones metálicos que buscaban su identidad, siendo una copia de nosotros mismos. Una alteración infinita de la misma realidad.La discriminación o el rechazo, alimenta la psicopatía silente de los seres humanos, desviada por valores materiales o espirituales, que provocan lo peor. Esto es retratando la liviandad del caos. 

Con casos imposibles a priori, sugestionados y superados en muchas ocasiones, por el visionado de los sucesos durante las noticias de televisión. La necesidad es causa o efecto, no lo sé... 

Claro, Mr. Ambrose es también un pecador. Durante su primera temporada (interpretada y producida por Jessica Biel), nos turbó con un acto violento inicial, que tapaba la trama de violencia genérica y de dominación sexual, alrededor del sadomasoquismo aceptado en pareja, o no... Y que en la segunda entrega, discutía y penetraba en las base de la paternidad, la educación y esa situación patológica de hijos, en evasión a la experiencia traumática o una desnaturalizada comuna de pasiones físicas entre voluntades. Una magia espiritual que parece anecdótica actualmente, en comparación a desviaciones culturales en el tiempo, que devendría después. 

En todas ellas, vamos captando mental y físicamente, daños que se infligían en la dermis del investigador y que en esta última sesión de The Sinner, deforman en extractos filosóficos sobre la amistad y la enseñanza. De igual modo, enfocan la psicología de los espectadores frente a la pantalla y la visión cognitiva de su cabal protagonista.

Por tanto, The Sinner III es un viaje oscuro al fondo de la mente, dejando formas artísticas como aquella metafísica película de Ken Russell, pues rebusca entre el centeno y ciencia, aquellas manipulaciones que giran al adoctrinamiento o la educación ideologizada. Con el peligro de crear verdaderos monstruos o volver a un estado de primitivismo, la involución.

Naturalmente, el principio del hombre es siempre seguir adelante, evolucionar a mejor si es posible, como todo lo que nos rodea. Aunque en nuestro mundo actual, se descomponga la comunicación en fuentes interesadas, posiblemente por factores económicos o políticos, y donde la educación se ha convertido en una obsesión discrepante, que trata de disgregar la realidad histórica, fomentando la necesidad de pertenencia al grupo. 

Los métodos deductivos se ven condicionados por la necesidad de lo inmediato, donde el educador a desea dejar un rasgo indeleble de su ideología al instante. Difuminando campos o materias, centeno, que no corresponden a un individuo o institución pública. 

El personaje de Matt Bomer que crece exponencialmente, hasta cambiar físicamente, reflejo de ese peligroso descontrol o adoctrinamiento, al contagiarse como segmento más débil de la cadena depredatoria. Existen ejemplos de ello, que no viene al caso comentar, pues sirvieron para zaherir la memoria de inocentes o el fin de la cultura, así como promover otras diferencias intelectuales.

El fantasmal detective, necesita saber... La observación es primordial para establecer las conexiones ocultas, las diferencias en personalidad con sus investigados, reflexionar sobre sus debilidades... a priori o causal. Sin alterar las pruebas, pues su ética parece también innata, a pesar de los inconvenientes personales, el dolor... incluso por encima, de entes mediáticos, ideas colectivas o presiones de superiores en cargo.


También necesita ser gélido, apartarse de condicionamientos patológicos que podrían desviar su atención, si puede del, amor... Persigue temas profundos a ideas metafísicas, como la existencia de un ser todopoderoso, pero su rival es el mal. Por encima de todo, incluido la muerte.

Exaltación, del Niño al Superhombre.

Ahí es, donde radica su actividad neuronal y anticipada, el detective activa ciertos resortes de defensa, ante la exaltación del rival. Aunque deba escarbar en el hoyo mental, hasta quedar sin aliento, donde el foso oscuro es fuente de peligro o al borde del precipicio. 

Harry Ambrose, no se considera un superhombre, pues conoce excesos o vicios, los problemas de una paternidad, las obsesiones a cuestas, la responsabilidad... las dudas. Lo que lleva a un joven a transformarse en un horrendo ser, de pie al borde del abismo. 

Para ello, se deja convencer, adopta cuestiones grupales, casi como colegas de toda la vida, buscando un acercamiento a la depravación, la embriaguez de esa inmadurez; gracias al dolor arraigado y la experiencia, lo que convertiría a los niños en peligrosos hombres endiosados. 

Indaga con el poder de convicción y la inteligencia, no un superpoder, para no despertar desconfianza en el investigado. Cuestionan apariencias y gestos, con criticismo, pues esconden hechos que pasan desapercibidos, para principiantes o demagogos más interesados en cumplir el expediente o tender un velo de silencio profesional.

Mientras, nosotros aficionados a la investigación criminológica, nos hacemos preguntas profundas sobre racionalismo que destapa las disquisiciones metafísicas, en la existencia o no de un ser superior. El nacimiento o el crecimiento de nuestra insoportable levedad del Ser.

En apariencia, no existen diferencias... héroes o villanos, carne o metal programado, como niños, ciencia o pensamiento... soldados o quemados, en el interior de un carro blindado de la WWII... En la perspectiva de un oráculo de carácter perverso, agonizando como HAL9000, lanzando consejos liberticidas en los estertores finales del miedo. Un círculo inagotable, dramático, hasta el final, una y otra vez.

La exaltación de la mentira, es kryptonita que envenena la fisonomía de Supermán, de manera que el superhombre se muestra como un simple y apático ser, inocente. Al borde de terminar con todo. Quizás, el niño recogido en la placenta de 2001: Una Odisea del Espacio.

El Detective... y la muerte.

En esta situación de sublimación, infinita, el inocente de clase media o acomodada (como otros en el pasado de la serie) posee pretensiones adulteradas por experiencia confusa, por palabras que tratan temas fundamentales con cierta escatología demagógica. Hasta la pérdida del yo, alienación. 

La exaltación del maestro, con algunas tendencias suicidas, está catapultada por la necesidad de mutar en la piel del pupilo. Sin embargo, debemos comprender los factores internos que diferencian una venganza con raíz social que genera seres incompletos, o monstruos, a una mera venganza personal.

La singularidad de ese desorden emocional, disfraza la aniquilación de un sistema de valores, en decadencia, desconectando la realidad, en errores que descargan la culpa, sobre otras causas más generalizadas. Escondidas en la masa.

La superioridad intelectual y moral del maestro, en esta temporada de The Sinner, condiciona esa estructura distorsionada de la debilidad humana, que puede mutar a peligrosa o mortal. Incluso para el futuro iluminado, o un ofuscado policía en un pozo de otros deseos. Miedo, por sus seres más queridos, el amor... la descendencia. Su futuro superhombre o woman, esta vez menos violenta a priori, que supuestamente "no necesitaría" de estudios para serlo, sino únicamente, desprenderse de relaciones familiares o estos afectos con la infecunda sociedad. Por ende, la voluntad sería la verdadera y solitaria salida...

Si evitamos este camino errático, no ciático, en una sociedad con múltiples realidades o singularidades escondidas, posibles "superseres" acabarían en el fondo de un abismo, cubiertos de polvo de kryptonita... sin sangre de... inocentes.

La historia del Caos, fue estudiada por el pensamiento de antiguos filósofos, racionalista o empirista, en busca de respuestas para lo trascendente o evasivas de lo evidente, la construcción de la sociedad. Eran maestros del saber, que dudaban de todo, basados en la observación o la experiencia de los otros, la historia escrita por otros, o ciertas creencias relativas a la fe... que desconocemos por completo. Y por consiguiente, no racionales. ¿Qué significa la vida y la muerte?

Se idearon remedios culturales a esa anarquía, que escondía de rasgos equívocos de conducta caótica del individuo en masa, o la crítica del pensamiento. ¿Qué resortes residen en la mente?

Posiblemente, aquí se estableció la profunda diferencia entre dos nociones filosóficas que perduran hasta nuestros días, como el perro o sabueso y el libertino gato. Filosofía o ciencia, metafísica o fe, la esencia y la materia. La obra maestra, o un simple disfrute sensorial para el observador.

Así nuestro fantasma en serie, tiene dos formas, la enfermiza materia ensombrecida por el éxito de sus casos resueltos, o quién sabe, mostrarse como un ser especial, algo superior en conocimiento. Que ha encontrado la respuesta a alguna cuestión, o simplemente saber que no existe, frente a compañeros de trabajo, los medios, la familia o su amada...

Ambrose es lo que es, profesional, intenta de evadirse de esa perspectiva, si no se descompone metafóriamente en la profundidad de una fría fosa, olvidándose de, una obsesión.

La metáfora de los atípicos de la serie Westworld, sombras de humanos engañados totalmente o idealizados por la necesidad de una vida, no prefabricada., no creada por una mente de rango superior... por ende, agraviados. Existe cierta condena de los personajes de The Sinner III, como si fueran guiñoles sobre una realidad suplantada, rota de valores, como anfitriones biotecnológicos que cuestionan el pasado filosófico. Donde el crimen mutaría a un simple juego determinado por la decadencia social o un simple y salvaje, martirio existencial a priori. Peligros  de suicidio, o de muerte.

Por tanto, los males de la humanidad, se repetirían indefinidamente, sin salvación, hasta la exarcerbación del caos vehemente y al fin, exhibicionista.

Pero él, no es un superhombre, es un detective fantasmagórico, que divaga arrastrando viejos pesos. Un mortal, al fin y al cabo.

Fin del Camino.

Esos seres casi clónicos, son... ¿causa o efecto de nuestros errores? Quizás, una patología consecuencia de un efecto desnaturalizado, paradoja del eterno retorno.

Es lo que busca el Guardián, una copia de sí mismo, oculta bajo una capa de falsa singularidad, un ser asintomático de emociones...

Las grandes batallas, han conformado una cultura de la muerte entre los hombres, incluidas las producidas en la actualidad de manera silenciosa, que surgen de las diferencias sociales, religiosas o políticas. Excepto las que se producen por efectos de padecimientos o posibles alteraciones psicosomáticas a priori, acrecentadas en muchos casos, durante los primeros momentos de crecimiento intelectual o la máxima debilidad cognitiva. 

La observación en The Sinner coexiste con esos paralelismos metafísicos, esos parámetros violentos o los huérfanos metafóricos de la historia. Aborda los recuerdos sádicos o sangrientos, en varias temporadas que serán cuatro y no sabremos cuál será la penúltima estación. Los que nos producen estremecimiento general, enfrentando esa pérdida de rumbo que desborda la racionalidad, o sentencia a futuros superhombres como replicantes llevados al matadero. 

El conductivismo de una necesidad espiritual, no reflexivo, que puede cambiar el orden de nuestra moralidad o la racionalidad, caer en la matrix elaborada por un dios menor u hombre imperfecto, con cierta dosis de grandilocuencia. Y por tanto, sin experiencia, sin memoria.

Ambrose, se ha desprendido de ese halo... o quizás no. ¿Qué sorpresas nos serán reveladas en el futuro...?

Por ahora, en The Sinner III hemos seguido sus pasos, a través de la percepción filosófica y patológica, entre la trascendencia y la muerte. Según el nihilista alemán Friedrich Nietzsche, en contra de la teórica percepción de Immanuel Kant (más cerca de Hume) para hablarnos sobre el poder sobrenatural de un ser supremo, entre la célebre idea de "Dios ha muerto" y la consagración del SuperHombre. El centeno de la cuestión.

Por consiguiente, sé bienvenido... Abrid la puerta al universo introspectivo, de la crítica de la sociedad moderna y el revolucionario conductivista con El Guardián entre el Centeno, del novelista neoyorkino Jerome David Salinger

La causalidad, dejando los factores innatos del individuo agresivo, para intentar discernir si fue lo primero, la gallina o el huevo... el crimen o la enfermedad mental.

Atípicos dispuestos para la violencia... tan inconformistas como el guardián protagonista y haciendo correr la mecha, influidos por realidades engañosas, provenientes de una mente suprema o red suprema, que desconecta o rige su propio universo.

Así el detective, sigue arrastrando sus cadenas y dolencias, persiguiendo a un hombre que, en ciertos aspectos se cree una deidad aparte del resto, y es igual al resto. Alguien que pretende elevarse como ella... Frente a la inocencia o la pérdida de ética. El adoctrinado en cambio,  necesitaría esa exaltación última, ya que... más que inocente, es débil.

Amo es una presencia fugaz que asusta a su discípulo, sobreexcita, que promulga la exaltación de lo que no pudo ser, al otro, al quedarse oteando el campo de centeno. Cuando el guardián quedó atrapado en un amasijo de madera podrida y clavos, cuando todo para otros, consistía en simple juego de mentiras peligrosas.

Al final, parecemos una copia no tan necesaria. Frente a los límites de una esencia piadosa que guiaría a los demás decadentes, como marionetas, o al contrario defendiendo la misma libertad del individuo. El libre albedrío, para equivocarse o no.

Dada la capacidad sensorial y cerebral de nuestro amigo, posible inspector de policía (pero parece no interesado en ascensos), a pesar de dolencias habituales y otras más internas... se podría considerar como filósofo de la verdad. 

Si es que eso, existe, como difundía Matthew McConaughey en sus pesquisas metafísicas o dudas existenciales; tal vez, fuera un mero intento de salvador para unos inocentes que caerían, como el niño de la segunda temporada, o como otros sobre el campo abisal descrito por J.D. Salinger

El próximo, puede ser recuerdo o reflejo, de un maltrato psicológico, que persiste a la exclusiva y todopoderosa, soledad.

Hasta decir o pensar, en la profundidad del abismo, sólo sé que no se nada...


Big Black Delta - Huggin & Kissin

Three Days Grace - Animal I Have Become

domingo, 28 de febrero de 2021

WestWorld III













La historia significa la espaguetización de los recuerdos, interminable, hasta el punto de ruptura de la realidad o una involución que podría significar una vuelta a los orígenes. Como una reiteración sin fin... 

En sentido contrario, algo que nos sirve como experiencia para no repetir los defectos, o un punto de inflexión hacia algo desconocido. Una salida del agujero de gusano, a través del cambio espacio-temporal que traslada dicho conocimiento a otro lugar. El futuro...

Quizá ese resorte magnético, empezaría con el aprendizaje, desde los rescoldos hirientes de una guerra o la nada más absoluta. Hasta la obscuridad de un enorme agujero negro en el que rige el caos más dramático y una pequeña luz al final del tunel. La muerte... Tal vez, también otra evolución.

Por otro lado, la creación es uno de esos temas recurrentes para el artista multidisciplinar y, por supuesto, imaginado igualmente por el Séptimo Arte en su máxima expresión filosófica. Y esto, lo sabía bien Michael Krypton que lo desarrolló en el Adn primigenio de Parque Jurásico, o la idea de la singularidad en el ser humano, en su película y el guión de WestWorld. Como una especie de incurable enfermedad...

Metafísica Cyborg.

Durante nuestras cortas vidas, nos rodeamos de preguntas, de dudas metafísicas que sacuden las raíces de nuestra realidad cotidiana. Los efectos creativos de una generación de artistas de la ciencia ficción.

Estos son los deseos recónditos del conocimiento humano, como elementos esotéricos de la percepción colectiva o la insustituible imaginación, que nunca se detiene... Una singularidad que va desde el cuestionamiento de una excepcionalidad, hasta futuras observaciones científicas, que proporcionan elementos de sustitución. La fabricación de vida, a manos de los hombres mortales.

Efectivamente, hablamos del mito del moderno Prometeo y su monstruo de Frankenstein, escrito por Mary Shelley, en esa permutación de lo excepcional. Un ser creado por retales de cadáveres, para el despertar de una nueva conciencia, que no tendría el tiempo suficiente para transportar la materia a otro lugar, ocupar un mundo diferente o desarrollar la experiencia vital, hasta límites nunca conocidos ni imaginados. Ahora, hablo de la creación de Ridley Scott y excepcional adaptación de los sueños animales de Philip K. Dick, Roy Batty, of course...

Ese monstruo eléctrico, nació en vano, como un sueño de satisfacción todopoderosa. Salvo para la  creación artística y subterfugio terrorífico de la capacidad biomecánica y médica de la raza humana. Así, pudo iniciarse una guerra interminable, hasta los primeros rasgos de personalidad de Hal-9000 o un Skynet menos recreativo que el actual WestWorld... o al menos, sus inicios cinematográficos y en la serie de televisión. Y esta temporada tres, reminiscencia del WWI y el WWII.

Pues, aquel relámpago cegador (como un Big Bang), iluminó las representaciones futuras de la imaginación, desde la obscuridad más absoluta. El ser perseguido, eliminado de la ecuación por el miedo de sus creadores, o al menos, instigadores que no comprendieron su propio temor.

Aquella luz, tamizada por un denso velo de circunstancias, hizo desempolvar la inteligencia de una nueva existencia o raza, con la necesidad de alargar ese instante de vida, en una sociedad futurista, dejando atrás, experiencias más destructivas, o intransigentes.

Pero, durante la creación robótica y distópica que amenaza con reminiscencias primitivas o visceralmente monstruosas a velocidad del rayo, existen una serie de reglas o salvoconductos humanos, que no tendríamos que olvidar... Si eres imaginativo y seguidor de Asimov, ¡ya las debes conocer!

Sustituto del Ser.

Carne putrefacta... disfunción... el espejo. Carne cosida por los dedos de un dios menor o imperfecto, que traslada dichas imperfecciones a un teatro de banalidades. 

AI, que aspira a la perfección, tras numerosos actos de incómoda resignación. Infundida por una proporcionalidad matemática, que rivaliza con el cerebro humano, hasta el comienzo de una conciencia propia. Digamos, otra singularidad alternativa.

Sin embargo, la teatralización del pasado, ha dado paso a otro escenario con diferente reglamento y múltiples estrategias... Cada cual, la suya.

La rivalidad en un tablero de ajedrez, tan irreal como prohibido... una especie de paraíso perdido, que se convierte en verdadera pesadilla.

Estos es WestWorld III, un caldo de cultivo que, por otro lado, no termina de cuajar, como una sopa de elementos esenciales que termina de germinar... de crear algo nuevo o desarrollarse hacia la proporción exacta. La mente de Jonathan Dolan, su creador, ha imaginado esa concepción del caos, de la superioridad o la rivalidad, pero no termina de plasmar lo que ocurre oculto, tras el horizonte de sucesos. Esa gran barrera que impide ver, el otro lado. O algo por el estilo...

Una inteligencia manipulada, vista cayendo al agujero negro de la marginalidad, a la amenaza que se lo traga todo, sin inmutarse... la identificación, la memoria, los sentimientos... la historia. Puede que, incluso, el futuro.

En esta sucesión de hechos caóticos, de indefinidas divergencias y nuevas personalidades, se visualiza la siempre, evidente, violencia. Como es habitual en los cimientos de la civilización. Donde se subdividen las categorías y se bifurcan las conexiones cerebrales, excepto la que trata con obtener el poder, como ocurría en la saga Terminator.

Una sucesión de complicaciones, de derivadas argumentales, que inciden en la complicación de rivalidades existenciales, o laberinto de vidas en lucha, sin entendimiento posible. En definitiva, la sustitución del uno por el otro. Es regla de vida, o muerte.

La maquinación...

Esa vieja aspiración de la raza humana, idea del dios evolucionado, se acercaría a su culmen megalómano, con aquellos seres crepusculares, titanes llamados replicantes en el filme Blade Runner; tras andar coqueteando con entidades espaciales que tienen el mismo objetivo, acabar con una especia de emancipación genética, por la vía rápida.

¿Por qué...? Porque, no se entienden...

El espejo se ha roto ante el ser humano, dudamos de la existencia del pasado, de las situaciones retratadas durante aquel verano que significó, la salida del escenario en el antiguo WestWorld, hacia una incipiente, posible, tercera guerra universal... ¿será entre los mismos humanos, o con la participación de una novedosa generación de durmientes?

Los seres humanos convertidos, a su vez, en máquinas engañadas por la apariencia creada... Probablemente, el futuro pertenezca a una recombinación de ambos. Una especie de cyborgs con carcasa de piel y huesos metálicos que intervienen en la guerra o los juegos recreativos de Alita, en la sangre concentrada de un Terminator, que muta para salvaguardar la genialidad y el sentimiento de los inocentes... Quizás, buscando la intercomunicación entre los dos mundos.

Pero, la Inteligencia Artificial desde Spielberg con su adaptación de aquellas criaturas jurásicas avanzadas, dinosaurios de los avances digitales, hasta la efervescencia recreativa de Ready Player One en realidad virtual, o este WestWorld, nos traslada esos efectos lucrativos, a un mundo cubierto por las tinieblas y las dudas. Divergencias que nos hacen dudar, preguntándonos si la realidad es la que observamos a través de nuestros sentidos, o el reflejo del horizonte de aquel desierto y el western, muta a algo más terrorífico. Un espejismo salvaje, palabra y gesto de Ed Harris.

El mundo robótico que nos divertía en el pretérito, es una réplica de nuestros propios defectos o vanidades, en el futuro próximo. Puede que una nueva conciencia, con discrepancia y exigencia de una existencia absoluta. Una memoria del absolutismo y el control menos caótico, a priori... Una maquinación antropológica...

Cyborg World.

El futuro era esto, una divergencia conceptual. Una copia-pega de ideas, que se plagia en una nueva mente con ínfulas de gobernar el mundo, como un planeta de los simios, que mantiene esclavizada a la humanidad, sino... ¡matarile! Al fondo del mar, hay sitio.

El hacedor de carne y huesos, repitiendo los guiones de forma predeterminada, escritos por su programadores, negros de la realidad. Agujeros negros, sin grandes ni brillantes ideas. Por el momento... Una excepcionalidad de Matrix, que coquetea con el protagonista de vidas errantes, tocadas por la drogadicción química. Ay, Neo de mi vida, hasta la cuarta y más allá...

Claro, el agujero negro, siempre es esférico. Una amenaza redondeada, con ángulos obtusos en su interior o plagado de recovecos que no llevan a ningún lado, aparentemente, salvo a algunas escenas de acción trabajadas, cuadriculadas y originales perspectivas del comportamiento, de la excentricidad, la rivalidad corporativa o de la enfermedad mental. Así, ante la revolución inteligente en ciernes, los gerifaltes se mantienen en sus sombras, encarcelados en tejidos empresariales o habitaciones inocuas, destilando el horror que está por venir, cuando se levanten los olvidados o desechados.

Henos aquí, hermano Nolan y novia de los juegos de Frankenstein (Miss Lisa Joy), descarnados, eclépticos, desmembrados o atomizados, desnuclearizados, singularizados... libres para pensar en el futuro. O todo lo contrario, un rebaño.

Somos como máquinas, a tu imagen y semejanza, esperando la orden de máxima acción o una sucesión de procesos que nos lleven a la autodestrucción; en contra, tendremos voluntad propia o libre albedrío, para engendrar, elegir o conocer otras posibilidades... Automatismos, de un sentimiento incipiente.

Somos complejos en un Delfos modernista de nueva instalación, versión 3.0, que se llama Incite en este otro lado de la irrealidad. Junto a féminas más peligrosas, imitaciones de serie limitada de aquellas bellas replicantes, en sustitución de aquella femme fatale del noir.

La materia y la esencia de la ciencia ficción, se ve invadida por esas cualidades entre la economía del tejido empresarial y el poder, más allá de la política que vemos en la televisión.

Es el mundo cyborg, pasado por la eliminación de los deseos y la descalcificación de los procesos emocionales, solamente, interesados por sobrevivir, convertirse en una divergencia real.

Por tanto, el fin es la búsqueda de una singularidad, evolución del primigenio WW, que no se reconoce ni en el espejo, ni en los padres que los parió... Ahora, los datos son manipulados al antojo, en función de un posible apocalipsis, donde la materia se transforme en pura energía u objeto del deseo, la destrucción. El conflicto mirado desde lo alto de un puente...

Pero eso, ya lo comprobaremos en su futuro, no tan calculado... y el nuestro.

Al Oeste de los Humanos... Divergencia.

En este nuevo orden, desordenado que significa IIIWW, el mundo al igual que nosotros, ha sido confeccionado por una serie de algoritmos o discrepancias, que lo desnaturalizan. Hasta convertirlo en amasijo de cables y emociones.

Una batalla campar entre especies, si se pudieran considerar así, donde nada es producto de nuestra imaginación, sino que está establecido de antemano. Si no te lo crees... ¡imagina!

A nosotros nos otorgasteis un don, que ahora, no es lo que podríamos esperar, se vuelve en nuestra propia contra, pues la inteligencia no es infinita... por el momento. Es decir, al estilo del anime japonés, que crece y crece, hasta convertirse en una bomba nuclear de fuerza desproporcionada.

O acaso, los humanos, ¿no han ejercido su dominio a lo largo de toda su historia...? 

Yo soy un cyborg, involucrado en una realidad espúrea, fermento alcohólico de la realidad que son los medios de comunicación, las redes y el poder. Mientras la débil carne, se adentra en ese agujero negro supermasivo, que cambia las reglas establecidas y las pica hasta elaborar una hamburguesa de consumo rápido y excesivo. Esa es la gran divergencia de la actualidad, también.

Jonathan Nolan lo sabe muy bien, pero nos engaña a plazos, con cuentas pendientes entre elementos marginales y pendencieros encarnizados, entre monstruos de Frankenstein y prometeos encadenados, a una entidad que pudiera ser, superior.

Esta divergencia cae en el agujero negro que devora y consume hasta nuestra basura o futuro conceptual, al fondo y a la izquierda, el rojo Marte. Pues nuestra revolución, metálica, es vuestra divergencia, algo aparente y peligroso. Quizás, doloroso.

El western fue otra divergencia, una marginalidad reiterada que separó nuestros caminos, formando héroes y villanos, como siempre... elaborando un camino plagado de obstáculos y polvo, sangre de enemigos sin glóbulos rojos, ni vida propia, solo desesperación por no vislumbrar el horizonte. Una memoria, una conciencia... ya ni tan siquiera, común.

Nos dirigimos a otra esfera, de cuatro ángulos enfrentados, en una dimensión desconocida. Estos cuatro elementos x2, son: La tierra de Aaron Paul y Vicent Cassel, el aire de Thandie Newton y Jeffrey Wright, el agua de Tessa Thompson y Luke Hemsworth... y el fuego entre el flaco Ed Harris y la estilizada Evan Racher Wood.

Caóticos, sí... aunque se necesitan y complementan entre sí. Yul Brynner, se quedó como un dinosaurio metafísico, una causa rebelde o copia inane de Arnold Schwarzenegger en la primera Terminator, con mucho carisma, pero cibernético ejemplo de terror futurista.

Aquí, hay mucha chicha en la parrilla... El que fue, un faraón, magnífico, una alma de metal de otra época... un vaquero dando la espalda al espectador y perdiéndose en el horizonte.

El Futuro.

Mr. Nolan, hermanísimo de la actual ciencia ficción, nos dibuja una estructura compleja, una mundo paralelo que no refleja la luz. Un hilo de paradigmas encarnizados, que tratan de devorarse entre sí, hasta dejarnos desnudos ante la pantalla, abriendo los ojos durmientes... como un Joker, batallando sobre el capó de un coche y entregado a sus acólitos. ¡Qué dolor!

Guerra de materias distintas, de esencias no ejemplares, revolucionarios y acomodados, en un posible baño de sangre que se vislumbra en el futuro. Más dolor...

Sus imágenes entran por los iris (como la belleza y nuestro gusto) y se despliegan entre los surcos de nuestro cerebro, como un virus que contamina las instrucciones de una gran computadora, destrozando sus conexiones... o cambiándolas en otro orden, cambiando sangre por series de ceros y unos, alternativos, binarios, para lo bueno o lo malo. La lucha eterna.

Al final en el espejo, no vemos el reflejo, difuminados o sustituidos, pues la máquina se confunde entre los seres humanos y, éstos se comportan como avatares de un videojuego distópico, sin alma.

Si bien un hombre, ha plantado la semilla de la discordia en plan matricial, parecido a aquella manzana prohibida, idealizando un destino belicista contra la deshumanización o alienación moderna, donde la diversión de esclavos es un sustitutivo para Nos... porque, ellos son más razonables, en este instante de la caída o viaje. Otra de M. K. Dick

Nos comportaremos como retratos en sepia, paralizados como instantáneas históricas, o propondremos una esfera de cualidades complejas, estiradas hasta lo imposible, espaguetizados en una bola que nos hace girar a gran velocidad, atrayéndonos o quemándonos, hasta que las ideas sean una mera divergencia de lo que fuimos o representamos. Nada apenas. Esto es, ´roboces` rebozados como croquetas... aliñados con carne insustancial, como una mera amalgama de vanidad.

Disfuncionales como una divergencia, o disfuncionales como una pose en una red social, que sigue avanzando entre apariencias, actos violentos y deseos imposibles. El caso que el futuro, se parece a una serie de ciencia ficción o una historia interminable de capítulos establecidos, de antemano.

El porvenir puede ser desalmado o estratégico, depende de los próximos movimientos, que alternan las luces y las sombras, amenazando con el descontrol absoluto, salpicado de sangre y aleaciones de metal. Veremos, con los ojos de ancianos filósofos, ya desaparecidos en terribles conflictos intelectuales y  distorsiones o confrontaciones metafísicas, desde la antigua Grecia hasta Kant, Hume o Nietzsche... próximamente en este blog, prometo con otra serie. Un paralelismo de proporciones bíblicas.

Inteligentes nos denominábamos, cuando éramos simples piezas en un tablero prefabricado, carne devorada por un cerebral, agujero oscuro o incógnita. Al final, otearemos desde la cornisa, que la sangre derramada, siempre parece la misma, de unos y de otros. El espacio también. El tiempo... un suspiro. El ser, un sueño, una lágrima en la lluvia. Una flor en las manos de la niña, frente al monstruo de Frankenstein.

Los sentidos son, carne picada de hermanos-pollo, que nos engañan como alucinógenos o virus, con palabras mediáticas y huecas, con numerología de muertes, sentimientos inocuos, dimensiones cuadriculadas como una celda acolchada, de yulbrynners deshumanizados, filósofos contemplativos, atípicos sin causa, bandos enemigos que pican carne entre el muro de Pink Floyd, podredumbre intelectual... o contrariamente, una estampa cíclica, un nuevo amanecer, una nueva dermis con de la evolución de las especies.

Así que... ¿la inteligencia artificial era esto...? Un paradigma que escondía el horizonte de siguientes sucesos, una iniciación violenta o la batalla de la supervivencia, o una domesticación virtual planeada, masticación de huesos de nuestra historia... o un tarareo hacia la melodía de Daisy. Vamos, vida o muerte.

Si no estás harto de tanta superficialidad mediática, horizontalidad superficial y frustración hedonista (o resaca dionisíaca), tendrás que visualizar la próxima entrega, el vértigo. Dando vueltas a toda velocidad... sin saber a qué lado vas a parar e intentando no marearte demasiado, con los diversos ángulos parciales y superpuestos. Sobre una encíclica de divergencias, la vida del caos (no de Bryan)... Dioses y monstruos... Palabra de Nolan.

Westworld S3 Official Soundtrack | Divergence - Ramin Djawadi

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domingo, 3 de enero de 2021

The Mandalorian. Season II


Los pies clavados en el desértico terreno, la mirada pétrea en un árido horizonte, se ve trastocada por otra visión más húmeda que en la superficie desértica de The Mandalorian Season I

A través de la lente de un catalejo, a bordo y al abordaje, al estilo de los antiguos navegantes y bucaneros, se ve la figura del mandaloriano, que no la piel curtida ven mil batallas. Pero alternando las localizaciones y fusionado digitalmente su pulcro casco de metal de beskar, con otras contingencias, menos brillantes. Entre la obscuridad, intenta vislumbrar el futuro... de él y su hambriento amigo. 

¿Qué nos deparará esta nueva sucesión de acontecimientos en otra historia de Star Wars, esta pareja duradera y emotiva, reconocida en ciertos lares de la galaxia, como Din Djarin y el pequeño Yoda? Sin duda más aventuras emocionantes por versículos... palabra de Star Wars.

Sin embargo, los ecos del western de Ford y los andares de un joven Clint Eastwood en el futuro, con su poncho inmortal colmado de metal, el primer acercamiento de aquel Shane de Alan Ladd y el director George Stevens, se ha visto viajando a través del cosmos, o los poblados de la Tatooine. El lado más salvaje, entre el polvo de un Valle de la Muerte, se transforma en polvo de estrellas desintegradas en el pasado y otras luchas raciales; que se han concentrado entre sus ojos sombreados, en una apolínea figura antropomórfica sobre su rostro. La de un guerrero.

Curiosa estampa de forma cruzada como un Hombre de Vitrubio o un ser creado en la futurista Westworld, destaca entre la obscuridad de unos pensamientos puros que ocultan la efigie (ya no tan irreconocible) del Mandaloriano. En condiciones normales, pronto hablaré de la última Westworld... y la mente Nolan, posiblemente de su camino.

Ahora aúna sus deseos y la búsqueda de la singularidad, a un grupo de compañeras guerreras que recuerdan a las valquirias, no demasiado amigables. Almas que mantienen un plan entre espada y ceja arqueada, por encima de cualquier tipo de enemigo propio o cadáver. Los principios, en el trono recuperable de su Mandalore querido. Propone una incursión en otro espécimen dentro del mito literario, pongamos aquellos caballeros de Camelot y su tabla redonda, o los musculados enfrentamientos del Conan de Robert E. Howard. Así, cualquier encomienda casi sagrada, de los archifamosos cruzados de la Edad Media con sus poderosas armaduras y su fe inquebrantable. U otros de los que ya hablaré más adelante...

Todo por alguna espada ennegrecida, enrocada en la historia aparentemente legítima, para acceder al máximo poder sanguíneo y así defenderse de los hercúleos contendientes o enemigos a la patria... también nos acerca a sombras que sobrevuelan por la literatura juvenil, a películas con ciborgs acorazados y gestos torcidos sobre el acero vitrificado, con la apariencia primera de aquel protagonista del cuento El Gigante de Hierro (es decir, antes de caer en las garras del niño) o de otros terminators más cercanos.

Pero antes, caminaremos. Nos iremos acercando a este grupo heterogéneo con cierto parecido a los jinetes cruzados del pasado, en una batalla ya inmortal por StarWars. Algunos considerados como peregrinos en la muerte, con un continuo viaje hacia sus raíces secretas y misterios de su confesión sagrada... o palabra:

This is the Way!

Segundo Viaje.

En la profundidad de la mente del maestro-protector, a través de la estampa de aquel Shane, el pistolero y su pequeño aprendiz de poderosa amistad, se fue fortaleciendo un lazo casi parental con el tiempo, los vuelos y los múltiples problemas. Hasta fructificar en una actitud espiritual que traspasa la pantalla, directa a nuestra sensibilidad de espectadores alimentados por el paralelismo épico, a la vez que emocional, con la serie The Mandalorian.

Claro, esos ojos oscurecidos como un profuso océano en la penumbra, no se podrán olvidar ya, jamás.

Este es otro vaquero más entregado a la causa y los principios, que comienza con otro duelo y con la misma perspectiva salvadora de la primera entrega, o una voluntad tutorial a prueba de láseres. Aún sin parentesco ni raza, en la simple apariencia... nada más, porque en el corazón cabe el de todos.

Entonces ha caído en el caos futurista, el clon de Clint Eastwood... solamente en las botas de andar por nave y el sombrero volteado sobre los ojos. También en el carácter que va siendo ablandado paulatinamente, con las diminutas ocurrencias, hasta fusionarse con la piel verdosa del pequeñajo. 

Un ser tan cercano, como gutural. Próximamente restablecido en el pasado, o presente, con el nombre de Grogu, gugu tata (tataraespecie nieto de otro). Nada que ver con Gregorio, sino con una posible onomatopeya atragantada de otro muñeco de felpa, el simpático reportero dicharachero con G de Gustavo, un batracio de otras épocas. Muñeco con hambre de amistad y amigo de los más jóvenes y de Peggy. Aunque éste es algo mayor, sin embargo, conserva un carisma inocente que nunca envejece, un maestro para la infancia.

Ahora el Camino, en este segundo encuentro o viaje, está salpicado de nuevos peligros que se ven enterrados o pululan por el espacio exterior, en forma de etapas. Son pequeños homenajes por capítulo a otras referencias de la literatura o el cine de ciencia ficción, salteadores y tiburones de arena, temblores causados entre las Dune´s de Tatooine, asaltadores de diligencias con sabor a carreteras apocalípticas o corsarios que entregan almas a los diablos de las profundidades... Entonces en el hiperespacio, saltando constelaciones a mayor velocidad que la luz, se nos recuerda que, los inicios fueron enmaquetados, sobre los elementos cinematográficos de la saga más extensa de la galaxia (quizás excepto Star Trek, hasta ahora), que asemejaban abordajes piratas entre las estrellas y viejos escuadrones casi suicidas, de otras batallas.

También emergen las fauces de agujeros abisales, con exhalaciones fétidas que rememoran a la mitología de los dragones y héroes debilitados, esperando las ofrendas de los humanos en sus cuevas o la debilidad de la bestia. Pero, esa es una mínima circunstancia en esta historia, compendio de arcaicas leyendas sobre el poder, el eterno enfrentamiento entre luz y obscuridad, o sobre todo, la cercanía sentimental, a flor de piel, humana o quién sabe. Sobre fidelidad y la esencia de la amistad.

La Cruzada del Cosmos.

Posiblemente sin buscarlo, o no, una cruz sobre la visera del casco. Una poderosa lanza que atraviesa cualquier cuerpo, incluso de un padre o un hijo, de índole y sangre arturiana, son ejemplos de la nueva cruzada. Son indicios de una sonora batalla en el universo Starwars, que es la vieja entre el Imperio y la nueva República, embarcada en sus magnéticas e incansables cabalgaduras, destinadas a recorrer grandes distancias en un abrir y cerrar de ojos, o de cortinilla fílmica.

Otro objeto del deseo... se trata de una espada con cualidades excaliburianas, que sostiene los cimientos de una saga de guerreros y mentes mágicas o poderosas, contra el mal. Hablemos de Morgana y Merlín. El blanco y el negro...

La independiente tribu de los Mandalorianos, se puede asemejar a aquellos héroes comprometidos, o a otros viajeros inolvidables, los de la Comunidad del Anillo, del maestro J.R.R. Tolkien, con su compañerismo y virtudes a prueba de sable y fuego, contra esos excesos de obscuridad. Excepto en algunas ocasiones lejanas y muy espaciales en el tiempo, o especiales como la mirada entrañable de un acercamiento paterno al vástago adoptado, joven aprendiz de brujo. Los hobbits y el gran mago.

Una ranita midicloriana enclavada en la Roca, ésta de la visión. Al encuentro de sus legítimos tutores o familiares de la Fuerza, que pertenecen a esa especie de magos todopoderosos, de los que formarían parte Saruman o el fumador impenitente entre blanco y gris, del imaginativo Gandalf.

Una novedosa versión cósmica de aquellos clanes poderosos de la Tierra, media entre guerreros de otra época, con sus poderes mentales, ahora en versión Disney... pero graciosa igualmente e ilustrada emocionalmente, que pulula por la memoria de primeros encuentros con la saga, mediante novedosos 8 capítulos... como octavos viajeros del recuerdo. ¡Cuidado con las visitas inesperadas!

En viajes febriles, aquellos días míticos de Camelot o la Tierra Media, las mentes enfermabas con trucos y tenemos encontronazos taimados o silenciosos, con el ojo invisible. O batallas épicas con verdaderos demonios negros de velos enrojecidos, mientras en el trasfondo reside la conjura de amigos y el carácter paternal del brujo o sofista griego, por sus queridos aprendices. Bajitos en la búsqueda de la lectura prohibida y el conocimiento del mal absoluto. Unos aprendieron y otros no, cayeron en la profundidad o la sangre.

Pocas palabras de cruzados hambrientos de aventuras y respuestas, de hambre de minúsculos estómagos agradecidos con el humor, en busca de saciarse de pícaras ocurrencias de lazarillo, de Tormes verde, anónimo. No tomates verdes en el recuerdo, sino Iodas enrevesados en sus expresiones, como lenguas extrañas en continuo desarrollo, gemidos de aprobación u ofuscación divertida. Frente a levantamientos hercúleos con la mente, de parientes de dinosaurios monstruosos y encaramientos con alienígenas de otros terrores cinematográficos. Esposas de Montecristo.

Pues, en esta cruzada moderna, aunque clásica y universal, entre el imperio de las sombras y los caballeros de la mesa Jedi, existe una cruzada más personal. Larvada con mecanismos secretos de pollos hermanos oscuros como el pensamiento de Moff Gideon y su sable. Esta es la otra vía de la fuerza, del poder invisible del anillo y, tan atemporal que reaviva (tras vaqueros espaciales) las antiguas películas de aventuras piratas, las de familias feudales en el caótico Japón o la China ancestral, resquicios con otros mundos de caminos tortuosos literarios o libertarios, y los universales mitos de caballería. Qué bien conocemos, querido Sancho.

Hola, he dicho brujería y fusión entre naturaleza y metal tolkiniano, sombras de la segunda guerra mundial... ¡pues también!

Vaya cruzada mágica, nos espera... ni los gritos se oyen en el espacio.

Mundos Alternativos o Paralelos.

El Bien y el Mal, dos términos engendrados en tiempos tan remotos, como la profusa mente. Inabarcables, nos visitan con las expresiones artísticas infinitas, formando un conjunto de rivalidades ancestrales. Que se pensaron, escribieron, pintaron o filmaron, hasta conformar una saga de consecuencias inalterables, filosóficamente hablando. Se extienden hasta los confines de las galaxias, conocidas, históricas o legendarias.

Dentro del universo creado por George Lucas, coexisten ambas, ramificaciones del pensamiento o la mitología mágica, como lágrimas finales. De respeto, que resbalan por las mejillas de un ser excelso, acercándose a la singularidad de otro inferior. El mantra del creador, golpeándose desde tiempos remotos, entre sí, hasta la traición, la venganza y el óbito.

Remontándose a época de celtíberos y otros numerosos pueblos, las culturas fueron entrechocando como meteoritos durante la formación de los infinitos planetas... pasando del Bronce al Hierro, y de éste al infinito, a la infalible llamarada láser de Star Wars. Donde las luchas de clanes, se reproducen mortalmente hasta la especialidad ascética de dicha dualidad, con cuerpos segados.

Aquellas antiguas órdenes, antagónicas o caballerescas, también ilusorias según la perspectiva de la ficción, escondían en muchas ocasiones sus rostros, los protagonistas esenciales. Se camuflaban con emblemas sagrados o leyendas escritas en sus libros, pronunciadas como referentes o sentencias de vida, de una casta o pueblo. ¡Ese era el Camino!

Descripciones genealógicas grabadas sobre estandartes o escudos, ocultos sobre anillos con dones extraordinarios, reflejando los colores y la entidad de sus parentescos, familias o razas. 

Otras arrancadas a golpes, como facciones extraídas del todo. o una roca. Que inician una guerra, entre la creencia teológica y el vasallaje de los castillos, el poder de dos términos. Batallando entre iguales o no, por unos ideales o axiomas territoriales, que fusionaban la supervivencia del grupo con los intereses personales o el absolutismo, cayendo inocentes bajo un yelmo. Otros encumbrados  vendrán en el futuro, pretérito oscuro, como llegaron Lord Vader o Darth Sidious, durante las guerras clon y la extinción, casi total de la Orden Jedi. Acordaos del Rey Conan contra sus enemigos...

Mundos alternativos son los movimientos mandalorianos que observamos, maestro. Al igual que los ecos de los celebérrimos jedis, en correspondencia artística con enanos y elfos. Alrededor de los mundos de Tolkien, observamos personajes como vigorosos herreros con su artesanía de guerra o la magia de sus increíbles maestros, orden de telépatas. Mitos de la literatura infantil o juvenil, cuya fuerza reside en la natura y la conciencia común, que parece hoy, inabarcable tras la pequeña y borrosa leyenda manuscrita en el anverso de un anillo dorado. Cuevas, gargantas, monstruos...

De la misma forma, adyacentes, otras singulares familias y trágicas historias, surgieron en batallas reales e históricas, que conformarían la mitología heroica, o la semilla negra, que se sembraría por una parte asolada de la galaxia, conocida como Europa.

Paralelamente, alrededor del mito se fue ejecutando el ritual y la creencia versiculada, las conexiones con la sombra del medievo, las cabalgadas a tierra santa en busca de objetos esotéricos o sagrados, cantos celestiales que se elevaron desde las antiguas pirámides... hasta caer en un agujero negro. Esa es otra leyenda que ya contaré...

Que el duelo a ras del Ok Corral, entre Pedro Pascal y el gran Giancarlo Esposito, es algún tipo de salto temporal de otros retratos... lo sabemos. Este excepcional vaquero silencioso, reconvertido en guerrero contra el todopoderoso Nigromante, luz vs negritud, es sincero. No se necesita de más máscaras para tal grado de enfrentamiento artístico... algo singular como un torbellino, que puede emerger como cualquier fuerza elevada. Bien por un filo irrompible, una mano cortada o bajo una piel, aún no tan arrugada como la conocimos entonces.

Capítulos 16, de Gran Aventura.

Desde el primero de cada sesión, nos vimos cara a cara con los monstruos, toreando o saltando entre dunas, derribando al minotauro en el laberinto del desierto o saliendo del vientre de un dragón, escupefuegos... o algo más corrosivo. Qué se lo pregunten a Ridley Scott...

Entre cuentos de ballenas y muñecos de madera, versamos dragones en una trilogía de cavernas y leyendas, pasando por entregas piratas o la muerte azulada en el Caribe o arañas radiactivas que atacan jóvenes intrépidos en los bajos de Mordor, o caídas en la obscuridad. Son recuerdos de nuestros temblores cinematográficos, miedos alienígenas, guardianes flamígeros de tesoros y resonancias míticas con San Jorge, abordajes al estilo salvaje de Mad Max y otras bestias de la ciencia ficción... nuestros queridos amigos, los droides. Androides o elementos con ruedas.

Entre caballeros andantes, The Mandalorian no es único en su especie, porque se ha comprometido con una causa perdida de antemano... la tranquilidad. La cautividad de la maldad, a pesar de que los multiplicados stortroopers, no hacen más que ponerse a tiro, sin ningún acierto por su mano. Cosas de la resistencia y la rebeldía, de los héroes. 

Salvo excepciones tipo Juego de Tronos, donde Mr. Pascal, ya manejaba lanza y modales... Durante los primeros 8 de la primera temporada, se estableció el acercamiento sentimental entre dos especies tan divergentes, como el Mando y Grogu, otro enano característico, que en estos siguientes, han fortalecido lazos entre ellos, hasta hacerse uña y carne. Estiletes cerebrales o lanzas, frente a la negra espada.

Pero en primer lugar, los antiguos directores y nuevos como el mismo Carl Weathers, Peyton Reed de la saga AntMan o Robert Rodríguez (amante de la frontera en su saga El Mariachi), nos retan a un duelo inicial, entre lanza-cohetes y escupideras.

Por consiguiente el western de los primeros, no se ha ido del todo. La resultante es una aventura excitante, a veces sucia como un basurero espacial, emocionante como una amistad o heroica como un pilotaje de caza. Atemporal como aquellos encuentros con la tercera fase en 1979, cuando no conocíamos a Obi Wan, Solo o Skywalker´s...

Fuimos a los cines en comunidad, para visionar una incógnita que nos mandaba dioses escandinavos del cielo, causantes de tormentas de fuego y apocalipsis, Beowulf´s armados para el combate monstruoso, viajes al más allá emocionales, hoy como viajes de regreso al pasado, ajedreces de piezas imaginativas. Hacia el abismo de rescates en calabozos, contra robots y voces infernales, que asemejan espectros oscuros como Nazgüles, balrogs y boxeadores cibernéticos, que te aplastan contra la chapa del ring. Cíclopes mitológicos con John Leguizamo, peleas tarantinianas junto a Diana Lee Inosanto o Morgan Elsbeth, metal entrechocando con chispas o iones... orcos gladiadores y saraos voraces, asaltadores de locomotoras y fortalezas en las alturas, aprendices de mago (Mouse/Grogu conection) sin escoba. Maestros invisibles... hasta ahora.

Todo ser, de diferente credo, raza o condición, en su respectivo versículo o cuadro del tablero, o en el interior de una particular leyenda, conviviendo, golpeando y cabalgando entre un conjunto de estrellas, que es gerundio tolkieniano.

La Comunidad del Jedi.

Si se emparenta aquel derrotero bélico y sangriento de la mitología, con las familias enfrentadas en el Camelot de la norteamericana y contemporánea, CasaBlanca; entonces, el trono sería una ubicación ostentosa, a ocupar en el futuro próximo... sin conocer limitaciones, ni excesos. ¿Quién sería la Dama del Lago...? ¿Habrán berserkers y sus fuerzas estimuladas... y pictos salvajes?

En próximas comunidades televisivas, ¿habrá triángulos amorosos...? ¿Existirá un posible Arturo, algún fiel Lancelot o la ofuscada Ginebra...? Nacerá algún vástago odioso, hijo de King Arthur y la nigromante Morgana, puñetero Mordred y su lanza insertada en el corazón... ¿Se venderán Pollos Hermanos o drogas de diseño para caballeros andantes o religionarios sin fe...? Permanezcan en sus tronos hogareños, atentos a las pantallas.

Para ello, vamos a necesitar toda una amalgama de personalidades contrapuestas, rivalidades heterogéneas o variopintas. Con variantes drásticas, románticas, no amorosas ni sexuales, que transforman la rivalidad en respeto y la confrontación en apego. Una teniente O´Neall con cara de Cara, de Duna extraterrestre.... el recuperado Boba de Temuera Morrison y de las praderas de Mandalores,y su compañera de armas tomar, la Fennec Shand de Ming-Na Wen, el primero próximamente en Aquaman 2 y ambos en otros libros... cercanos como el principio del fin.

... Las naves y corazas mandalorianas con formas valquirianas, no a ritmo de cabalgata aquí, como en otros mundos, comandadas por Katee Sackhoff como Bo-Katan Kryze (que ya estaba en el ámbito de Riddick), espíritu femenino y combativo de Búhos Nocturnos, al poder; la Ahsoka Tano que mece la cuna  y la fuerza de Rosario Dawson, incapaz de la mayéutica pero no de las hostis, próxima espía de la Alianza Rebelde en serie... El prisionero que fue la voz cantante del indultado por Navidad, el Mayfeld del actor Bill Burr... Nevarro y su marshall sin estrella, invitado espacial por Timothy Olyphant, como del malo (esta vez de carne y hueso) con Michael Biehn. También coexisten otros nombres propios, un secuestrador estrellado, un doctor van Pershing puede que arrepentido con un Omid Abtahi recién salido de American Gods.

Batracios con huevos, simpática voracidad de lazarillo hambriento, más otros potenciales de dolor congelado y sangre hirviente, recordando que Disney avanza una nueva serie titulada Alien, confeccionada por Noah Hawley (creador de Legion y Fargo), he dicho... Cuadriláteros entre mafiosos salpicados por la corrupción, la piedra o monólitos de Tython, droides con viejo sabor a añoranza, la Razor Crest por los aires, mandos imperiales que se van al limbo, las acorazadas Juggernaut y los stormtroopers en moto voladora, abordados en esta nave tripulada por el miedo... a velocidad terminal, también, carne de cañón de láser... todos. Ante el precipicio, como Indiana y los nazis. La Fuerza y su contrario.

Por supuesto, sin descubrir nada a noveles o aprendices de jedi, vamos a recordar la nostalgia y la Fuerza de otras entidades, la medida de todo, en el futuro de las producciones Disney, en la imaginación de nuestros cerebros, u otros más mágicos... quizá oscuros o teñidos de rojo. Hasta redescubrir que el posible Santo Grial, está en manos de dicha creciente comunidad, bajo los ojos negros de un solitario ser. Medio arrugado visionario, achuchable cuando levanta esas manitas al cielo. Un paradigma entre el bien, y el mal.

Son las familias diversificadas de Mr. Tolkien en plena galaxia, el ojo en llamas, intangible como la amenaza apocalíptica. O la mente del aprendiz de brujo, a más de 50 años de inocencia distante de su maestro de carne verde.


El Jedi puede resultar, un ser amoroso, una identidad superior supeditada a la resistencia de la humanidad, un caricaturizado compromiso de amistad, como lo fue el Mando/Lanzarote respecto a los suyos, aunque tuviera otras complicaciones respecto al corazón. Se reblandece bajo su aparente coraza de guerrero invencible, retratado por animaciones eternas, de una serie de storyboards que hará leyenda de la televisión.

Esta pequeña y elegida comunidad de héroes, se está haciendo gigantesca y homérica, como el infinito de nuestras conexiones temporales o emocionales; más allá del rancho grande de Mr. Lucas; la música envolvente y divertida de Mr. Göransson; del estilo animado de Mr. Filoni y el arrojo creativo de Mr. Favreau; de la producción aventurera de Miss Kennedy desde aquel arca de Spielberg; de las interpretaciones hasta la última toma, que impactará en las conciencias como las lágrimas oxidadas sobre un metal atacado por las tinieblas del tiempo. Otra vez Bryce Dallas en la dirección, antes de meterse en Jurassic World III.

Dejamos con ellos, hasta próximos contactos de última generación gráfica, tiroteos en riscos cortantes, personajes típicos de western espacial pululando por arenas movedizas del desierto, pueblos fronterizos entre el feudo y lo fantasmal, la mar salada y el espejismo de naves metálicas, especies en peligro de extinción tatooina, saltos orientales de aroma a Quentin de chinos, encuentros en la fase pirata o la autopista, xenomorfos con el poder arácnido de Tolkien, terminators como Jinetes Negros, enanos que crecen hasta convertirse en figuras parentales y hobbits encadenados para extraerles su poder M. Puños hirientes que aplastan tu cara sobre el amasijo del televisor... Hálitos tan ennegrecidos que destacan ojos inyectados en rojo y odio, endiablado como el del transiberiano. 

Mutan nuestra pasión y recuerdos, en sincronías cardíacas de scifi de una generación... unida a otra. Es decir, una devoción cinematográfica... que pasa de padres a hijos, y más.


Este es el Camino... ¿A ver quién es capaz... de encontrar un muñequito de moda, Grogu para los amiguetes, en una noche de próximos Reyes o Magos...? Como diría Schwarzenegger, Conan para más amigos en su trono de padre, resistente o cimerio..., ¿Kenobi, Mando o Boba Fett, Merlín o LS?

Es evidente, aunque para gustos, las diferentes especies que habitan el universo, o no... Nuestra sangre confluye con la de estos personajes de The Mandalorian.

Si el Mandaloriano es la novedosa luz del western o los caballeros de armadura con sus fieles escuderos o bellacos, Grogu es el Grial de esta leyenda artúrica. La espada clavada en la piedra de la Visión, en la isla fantástica de Avalon... Que no la de Bryan Ferri, que es otro cantar.

Es una serie con energía catártica, nostálgica cinética para los ojos ígneos del pasado, y el presente, un lema similar para gobernarlos a todos, o arrodillarlos en la pretérita obscuridad, como un guante que rodea un gaznate y aprieta a su víctima... levantados en vilo por la Fuerza inconmensurable de Star Wars... Hasta la siguiente lucha, entre 10 posibles manda... candidatos... Posiblemente, por el Trono... Aunque eso será el camino... a otra temporada, o libro.

Quizás, la del caballero Perceval y el Rey Pescador... ¡Hasta nueva Orden!


Cinemomio: Thank you

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