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martes, 21 de mayo de 2019

Love, Death & Robots.


Con aquella aventura pionera del inventor y cineasta Georges Méliès, como lo hizo otro compatriota universal con aquellos viajes extraordinarios, el novelista de Nantes Julio Verne anticipando el vuelo de tres astronautas en aquel Apolo 8 en plena era del Programa Espacial durante el mandato de J.F. Kennedy. 66 años antes, el hombre se acercaba a otro Viaje a la Luna en 1902, de manera premonitoria con esos esfuerzos de valientes aventureros que vendrían después, y mediante la imaginación exclusivamente... También, consecuencia de los trucos del recién inventado cinematógrafo.
Un pequeño salto para el ojo del artista que era irreproducible en imágenes, todavía no éramos robots, como ahora, pero sin un enorme esfuerzo manual y la participación casi primitiv de los medios visuales. Especialmente para los denominados, y futuros emblemas dinámicos del cine, efectos especiales.

Las grandes transformaciones sociales y laborales, habían venido de la mano de la gran revolución industrial, con las primeras máquinas reptando por la tierra y rugir de los motores a vapor, que iniciaban un cambio mayúsculo en nuestras ciudades. El primer recorrido sin viento en las velas o galopes embravecidos a la grupa, quedaba en manos de las máquinas y sus caballos de potencia. Así, los hermanos Méliès se habían fijado en la visión De la Tierra a la Luna de Julio Verne y aquella otra novela científica de H. G. Wells titulada Los Primeros Hombres en la Luna, no reproduciendo los pasos, sino los ojos del futuro. Donde los sufridos seres humanos se lanzaban a un imperialismo universal, dentro de unos aparatos voladores muy básicos, inseguros y, por supuesto, desprovistos de una avanzada inteligencia artificial. Segundo gran o problemático, paso, estaremos atentos... por la cuenta que nos trae.

Los autómatas y sus calientes chips, debían esperar su turno. Personajes narrativos, compuestos por infinitos artilugios mecánicos y ruedas de precisión sincronizadas al estilo Tiempos Modernos de Charlie Chaplin con sus problemas de la nueva alienación, que comenzarían a recorrer las fábricas. Por no hablar de androides o los más animados cyborgs, que andaban en etapa prenatal sobre un universo utópico o imaginario de la literatura de ciencia ficción.
Tendría que llegar un director inquieto y magistral como Fritz Lang, después de su Mujer en la Luna, para dar a luz a The Maschinenmensch en la piel de la actriz alemana Brigitte Helm y crear esa obra monumental llamada Metrópolis. Basada en una brillante idea de la novelista bávara, Thea von Harbou y elevando el futuro del trabajo a un sórdido y revolucionario 2026.

Ahora, estamos observando los cielos, con la mente puesta en los límites de un universo u otros paralelos, reproduciendo la visión de aquellos primeros seres y fotografiando el espacio infinito, pero mirando de reojo a la temida singularidad en una imparable espiral tecnológica y microscópica a grandiosa distancia.
Las claves de dicha incertidumbre y temor de la humanidad, ya las reprodujo en 1950, el gran Isaac Asimov en sus increíbles paradojas de Yo, Robot y la enunciación de las primeras leyes fundamentales de la robótica, en su relato "El Círculo Vicioso". Introduciendo algunos factores psicológicos que engendraría la A.I. de dichas máquinas y polemizando sobre, cómo convivirían los humanos al lado de una nueva especie creada a su imagen, con exponencial inteligencia.

1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que éste sufra daño.
2- Un robot debe cumplir las órdenes dadas por seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la 1a. ley.
3- Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección, no entre en conflicto con primera o segunda ley.

Así que estamos entrando en un terreno farragoso, donde las perspectivas van cambiando a medida que nos acercamos a las historias fantásticas o películas, cuyos protagonistas se confunden en nuestra sociedad y los valores, chocan con nuestras ideas de seguridad y libertad. La serie animada Love, Death & Robots, producida por Blur Studio y distribuida por Netflix, se aproxima a las máquinas o robots avanzados, desde un punto de vista conceptual, desarrollando diferentes episodios sin nexo común, a través del terror o la comedia existencial. Sólo en busca del pensamiento crítico o la diversión... Tornillos desencadenados entre corazones sangrientos o desarrollos metafísicos.



Yo, Robot... Animado.

Aquellos hermanos franceses conocidos como Lumiére asombrarían a los ilusos espectadores, en un corto pero gran recorrido, como la haría más tarde el propio Méliés, al contrario. Esculpiendo los primeros prototipos fílmicos encapsulados en el cine mudo, sin prever las condiciones, limitaciones y los recursos del ser humano. Luego, permanecerían estos viajes orbitales con sabor a terracota y modelando ambientes en yeso, para adaptarlos a los rostros de desconocidos actores o alrededor de sus movimientos en pantalla, que tendrían que interpretar oníricamente en una especie de arcaico croma. Son los primeros efectos pictóricos o magia artística de Monsieur Georges, que grababa imágenes en los huecos de la película rodada en primer lugar, modificando su estructura o los tiempos de proyección. Concatenaciones temporales y visuales, a través de empalmes físicos y uso de fondos oscuros que camuflaban la imagen preconcebida, sin tratar. Un visionario universal de la ciencia ficción, como lo serían tantos después, creando robots, artefactos rotatorios y cerebros virtuales, verdad ¿Mr. Kubrick...? Can you hear me?

Aunque en el caso de la animación primigenia, deberíamos fijarnos en determinados cortometrajes en blanco y negro, retocados con tonos de color al estilo manufacturado de Méliès y, por supuesto, reflexionando sobre los seriales de Amazing Stories, donde la ciencia ficción crecía de forma imparable, para quedarse en nuestras vidas y corazones. Fue una explosión colorista, tras la llegada de Metrópolis en 1926, donde las publicaciones se hacían eco de esta inquietud tecnológica, con tiras basadas en los dos libros del escritor Philip Francis Nowlan y su personaje interespacial, Buck Rogers dibujado por Dick Calkins. A la espera de un salto generacional de impacto colosal, cuando Flash Gordon introduce las denominadas space opera, con el dibujante Alex Raymond y las historias de superhéroes como Superman, creado por Jerry Siegel y el dibujante canadiense Joe Shuster para Action Comics, que brindarían sus espacios rotulados o radiofónicos, a la productora de animación Fleischer Studios, en otro salto épico de aquella Metrópolis.

Aquellos primeros 17 cortos, sentarían los cimientos de los próximos años de la ciencia ficción y los comienzos de los F/X, entroncados a la primera animación tradicional o manual, y que elevaría a Ray Harryhausen al olimpo de los elegidos o maestros de los trucos. En el filme Earth vs. the Flying Saucers, se daba un impulso a dichos trabajos manuales y la imaginación, a los trucos de una serie de pioneros en las técnicas visuales que emprenderían un trayecto infinito, hasta otras precursoras de la proto-ciencia-ficción y los efectos especiales. Producciones en blanco y negro, como Destination Moon, Conquest of Space, First Man into Space,o e Thing from Another World, Invasion of the Body Snatchers, It! The Terror form Beyond Space y la radiante The Day the Earth Stood Still, más conocida por estos lares como Ultimátum a la Tierra.
Anocheceres en vela a la luz de bombillas o lámparas catódicas, junto a aquel casi desconocido Leslie Nielsen, Morbius, Robby y aquella animación gloriosa de Disney, antes del enorme salto físico del Hombre a nuevos territorios inexplorados y la magnífica perspectiva ilustrada por el gran Stanley Kubrick y su maestría focalizada en múltiples universos cinematográficos del Ser. Empezando por 2001: A Space Odyssey y la novela de Arthur C. Clarke del mismo 1968, con la que el scifi, ya no sería nunca lo mismo, ni las fronteras iguales...
Ni nuestra visión de supuestas "amigas", las máquinas. Señalada por aquella voz de Chaplin en Charabiano premonitorio, of course!

Aquella historia poliédrica y metafísica, exponía teorías disuasorias de la evolución y explicaba los problemas físicos, con aseveraciones del estilo: "Era muestra de barbarie destruir algo que no se podía comprender". En cuyas respuestas, se leía: "No construían ya naves espaciales, sino que ellos mismos, eran naves espaciales".
Hoy, los productores Jennifer Miller y directores como Tim Miller (Deadpool y fundador de la empresa Blur) o el habitual en Netflix y nuestro admirado cineasta, David Fincher (acostumbrado a los cerebros de House of Cards y Mindhunter), han invertido en una producción arriesgada en la televisión moderna. Con los 18 cortos de Love, Death & Robots, nos sumergimos en los avances tecnológicos y nuestras imaginarias memorias, a través de los cómics y aquellas aventuras gráficas de la ciencia ficción o el terror.

Entonces... escarbando en la basura y los encuentros imposibles, hallarás algún objeto de calidad o la salvación de los primeros animadores y su recuerdo, aunque pueda costar un ojo o propiciar algún que otro sobresalto. Ponte cómodo, piensa y disfruta.

Una Historieta muy animada.

Antes de los robots dibujados o los animados, la literatura encontró un resquicio sobre el metal, para proponer un mundo fantástico, sin ordenadores personales. Con historias inolvidables como el ojo premonitorio de 1984 de George Orwell, que pasaría al cine como el distópico Faherenheit 451 de Ray Bradbury, El Planeta de los Simios de Pierre Boulle o la sensual Barbarella, más curvilínea o apuesta que una mona, ambas también dentro de aquel señalado año 1968, donde se produciría un despegue de lo fantástico.
Después golpearía la década brillante de los 70, donde el universo no pararía de crecer, invitando a la animación a viajar a otros espacios imaginarios en el futuro, a través de libros especiales como Solaris de Stanislav Lem, y su posterior adaptación por el director ruso Andrei Tarkovsky, THX 1138 de un casi desconocido George Lucas, que esperaba otra idea fantástica o los simpáticos robots de Naves Misteriosas de un natural Douglas Trumbull, precursores de sus amigos mecánicos en las Star Wars en 1977. Así como aquel primer androide con conciencia asesina, tan de modo en la actualidad, en el interior del Westworld con rostro de Yul Brynner en aleación y el curioso ojo crítico de Michael Crichton.

A raíz los piratas o samuráis, de nuestra juventud, de los vaqueros y las princesas, chatarreros y mandíbulas se combinaban con droides, mundos mágicos dentro de un Imperio Galáctico. La evolución sería tan espectacular como un Encuentro en la Tercera Fase con Steven Spielberg en el cine, de la fantasía extraterrestre a los problemas de Ridley Scott con la voracidad de un depredador carnívoro y demasiado ácido para el gusto de los gatos. Hasta que llegó la maestría absoluta, en la mente mecánica de un discutible negocio temporal en la city de neón, por piezas envenenadas de nosotros... de nuestro corazón. Sí, era la distopía existencialista y romántica de la obra redonda, Blade Runner.
Así robóticos, policías cibernéticos o armados con la tecnología sentimental en sus conexiones nanotecnológicas, nos enfrentamos a nuevos desafíos programados y los sinsabores entre especies coloreadas por el cine moderno. Con nuestros protagonistas especiales, invitados a la fiesta tecnológica por esta animada pareja, Miller y especialmente un David Andrew Leo ya habituado a redes sociales, siempre interesado por esta técnica de contar historias coloristas, desde su participación en la cinta Twice Upon a Time o para Industrial Light & Magic con El Retorno del Jedi. Luego vendría su enlace piojoso con Alien 3 y algunas ideas animadas en el tintero, sabiendo sus preferencias entre otras, por aquel primigenio y revelado Alien de Ridley Scott, The Terminator de James Cameron y el Robocop del holandés Paul Verhoeven en 1987. Comenzaba una era cinematográfica de nuevas ilusiones, dramáticas, ópticas y digitales.

Pero antes del movimiento, los jóvenes de mundo y medio... en la carne y metal de nuestros antecesores, nos aproximamos a los penny dreadfuls. Eran cuentos vendidos en USA a 10 céntimos de dólar, que pasarían de las arcaicas historias bélicas o de cowboys, para adentrarse en la nueva era, con la estética pulp de moda o las temáticas que dispararían nuestras expectativas futuristas. Viajando hacia otros planetas en Tv con Star Treck, entre libros y cómics, con superhéroes de Dc o Marvel y mentes diferentes a las conocidas con neuronas, como el Hombre de Hojalata de El Mago de Oz. Historias encajadas en cuerpos metálicos, lentes ópticas enrojecidas de cólera y garras de adamantium, junto a los agentes destructores o shaverianos de Richardd Shaver en aquellas ilustradas Amazing Stories.
Así empezaron a recorrer nuestra debilidad, con los pies o motores sobre la ilusa Tierra, todavía sin reconocer las palabras mágicas, ciencia y ficción. Aparecerían los nombres de Theodore Sturgeon o Isaac Asimov, paralelamente a otra revista mítica, Fantastic Adventures, narrando aventuras cercanas a las "marcianadas" del escritor Edgard Rice Burroughs o los comienzos literarios de Ray Bradbury y sus Crónicas Marcianas.

Como contraste de movimiento acelerado, la primera película de animación de la que se tenga noticia y dirigida a público adulto, se trata de una joya fantástica con los primeros valientes, que se asomaron a esa pequeña ventana de la robótica más "cárnica"... si hablo de la Creación, del Monstruo de Frankenstein. Después, vendrían otros a cuentagotas, precoces, voraces o filosóficos, hasta que los dibujos animados se volcaron en la inocencia, el humor y los buenos sentimientos.
En brazos del amor romántico, la muerte pasional y los corazones reblandecidos por la humanidad, se establecen algunos de los mejores capítulos de la serie, Love, Death & Robots, aunque lo primordial, como ocurriera con Georges Méliès o Fritz Lang, serían las relaciones o las increíbles conexiones. Los retos utópicos que abrirían camino a siguientes creadores de la literatura fantástica y el cine, creando caos o destrucción, pensamientos recurrentes sobre la vida y el sexo... la muerte.
Las obras fantásticas, sentían esa necesidad de establecer niveles y abrir el universo ciego, a su mente y la nuestra como seguidores empedernidos, abriendo la curiosidad ante los retos utópicos o contra los prejuicios o tabúes. La imaginación del amor carnal frente a la obsolescencia.

En contraposición, con aquellos desgraciados diminutos seres, mortales y carnales, que nerviosos paseaban sus miedos intrínsecos a la especie y decepciones amorosas, aparecen las antologías dibujadas que dejaban el existencialismo en manos de los escritores y dibujantes. Monstruos del Scifi, dentro de Planet Stories con el primer cuento del gran Philip K. Dick o, las Weird Tales más apegada al estilo Cthulhu de H.P. Lovecraft y Conan el Bárbaro de Robert E. Howard. Además extendían el mercado al cine, con guionistas como Leigh Brackett (The Big Sleep, The Empire Strikes Back), y las Weird Fiction comenzaban a fantasear con el sexo incipiente en los cuadernos gráficos. Cuando los mecánicos empezaron a mezclarse entre ideas revolucionarias y nosotros, nos despertaron el hambre o el dolor, desesperados por el deceso frío, como ellos por la caducidad de su corazón biónico.
Intentando separarse moralmente de extraños comportamientos de sus contemporáneos humanos... o no! Ellos con sus chips neuronales en disminución temporal, ampliaron la inteligencia artificial, para incluirla en los robots articulados y guiados con mano revolucionaria. Ayudaban en tareas sacrificadas, repetitivas, o imposibles de realizar por la débil carne o los vestigios sanguíneos de un ictus regresivo. En definitiva, se harían fuertes ante nuestro envejecimiento o el insufrible Alzheimer, la trilogía del Prometeo, xDios... no, xHal.

Con la vista puesta en los dibujos y en los artefactos que convivirán previsiblemente con Nos, los antiguos habitantes y pintores en frescas cavernas con su curiosidad innata, animarían en el pasado los cortos proyectos de hoy. Segundo de Chomón para la productora Pathé, haciendo de nuestras cabezas y manivelas, verdaderos tiovivos de ética natural, primeros stop-motions, luz sensitiva y otras planificación. Una mirada programada, ante la imparable evolución hasta Pixar y el primer render 3D, que nos va encaminando hacia la visión robótica de la actualidad. Luego, los jóvenes o adultos de mi generación, se fijaban en seres animados más poderosos mediáticamente, gracias al humor y sus músculos como Popeye o los atractivos movimientos de Betty Boop, ambos cobrando vida desde el conocimiento gráfico de los hermanos Fleischer. Hasta la llegada de Mickey Mouse (u el polémico conejo Oswald) y el imperio humanista de Walt Disney antes de Tron, nacido de una cámara alquilada para ir pagando facturas y letras inmóviles en el Hollywood de los sueños... hoy muy animados, heroicos y espaciales.
Después de los famosos de Warner, los alocados Tex Avery de la Metro o Hanna-Barbera con sus lunáticos Jetsons o Supersónicos y demás picapiedras, los televisivos Thunderbirds o Guardianes del Espacio, el Flash Gordon de Alex Raymond, que anticipa el underground más setentero de Barbarella de Jean-Claude Forest. El anime de Mazinger Z de Gō Nagai. los Defensores de la Tierra de Marvel Productions, Ltd. y King Features Entertainment, comandos G y ultramanes, Ulises 31, Los Caballeros del Zodiaco y, sobre todo, las figuras maestras del dibujo. Enormes procedentes de otras latitudes como Ralph Bakshi entre fantasía gatuna o universo Tolkien, los mecánicos de El Planeta Salvaje de René Laloux, el anime de Osamu Tezuka con Astroboy, el Akira de Katsuhiro Otomo, la magia estilizada de Henry Selick y sus fantasías, por supuesto, el naturaleza incesante del viento en Hayao Miyazaki y sus héroes comunes, deidades y otros Gigantes de Hierro o soldaditos de plomo.

Especialmente, recordando a un antiguo amante de la fantasía, la animación y los cómics, Ivan Reitman produciría la cinta Heavy Metal y el estilo RanXerox de la portada underground de Frank Zappa y los dibujos de los italianos Andrea Pazienza y Tanino Liberatore, o los colores mutantes de Richard Corben y los fantásticos de Jack Kirby (ayudante en la animación del Marino y sus Espinacas). Precursores de Transformers, Ghost in the Shell de Masamune Shirow o los American Gods de Neil Gaiman, basados a su vez en la Trilogía Cósmica del escritor C. S. Lewis.

Ahora, espacio y mente, son infinitos. Con infinitas posibilidades...

las 18 diferencias robóticas.

En este nivel de creatividad, en primer lugar y tratándose de una serie de dibujos animados para adultos, los creadores van intentar conquistar nuestros corazones, con un poquito de amor, chatarras emocionales de distintos signos (positivos o negativos) y un "poquito" de derramamiento temporal de sangre. Respirando por los poros fijados, de aquellas ideas fantásticas, incluidas en los cómics que recogían las debilidades de artistas gráficos, con tendencia a la tecnología y los cuentos de horror evolucionado.

Aunque, a los relatos animados (clásicos o digitales) fue costando un poco, acostumbrarse a estas complejas relaciones que se intuían en los nuevos espacios cibernéticos, que empezarían a propagarse por las pantallas. Estrapolaciones narrativas de la novela gráfica y otras texturas visuales, que se fundían en nuestra memoria, dejando rastros imborrables de imágenes y nombres, que llevarían a una Nueva Ola de autores de ciencia ficción en la revista New Worlds y dibujantes que nos embelesarían con el cyberpunk en los años ochenta.
Por todos estos motivos y satisfacciones personales, expresar mis gratitud a aquellos audaces de décadas o siglos pretéritos, a los que tomaron relevo de las páginas de sus libros clásicos, que miraron con otros ojos (y corazón) a los tebeos o revistas dedicadas: Asimov's Science Fiction, Nueva Dimensión, Tótem, Comix, 1984 o El Víbora en España; y las pantallas del cine scifi o, en este caso audaz, mutan a la televisión del querido steampunk o el futurismo extremo de la novela gráfica más violenta. A los grandes artistas conceptuales como Enki Bilal, Nivanh Chanthara, Katsuhiro Ōtomo, Jean Giroud "Moebius" o H.R. Giger, con el pulp robótico entre el horror, la comedia satírica y la space opera de metafísica, que nos introduce en una cápsula a nuestro pasado juvenil. Bienvenidos al universo animado de diversas procedencias, entre Blur Studio y Mr. Fincher.

No me voy a extender demasiado sobre las diferentes miradas y estilos de animación, son entidades adultas que pueden respirar por sí solas, redenciones conceptuales o una antología de pequeñas maravillas, a las que nombraré con asterisco para manifestar una recomendación y simple referencia narrativa:
Sonnie´s Edge (Alita de Netflix), Three Robots (Wow, Idea! *)
Suits (Granjeros de Connecti-cut), The Witness (Muertes Paralelas *)
Sucker of Souls (Ni pega ni muerde), When the Yogurt Took Over (Cachondo surrealismo *)
Shape-Shifters (Menos Lobos), Beyond the Aquila Rift (La más Lem *)
Lucky 13 (la Halcona Milenaria), Hunting (Pura fiebre Mononoke *)
Helping Hand (Una mano a Tótem), The Dump (veneno de Víbora)
Fist Night (Pesadilla Fluorescente *), Zima Blue (Azul Reflexivo Profundo *)
Blindspot (Robot-Assault), Alternate Histories (Locura antifascio *)
Secret War (Apocalipsis Rojo), Ice Age (Distopía visual, algo gélida *)

Por estos motivos, brillantes o cojos arcanos, debemos seguir animando. Dicho en plata o de manera intelectual, a los buscadores de estas propuestas imaginativas y a aquellos, que se arriesgan más de lo recomendado en ocasiones, tender la mano abierta o las prótesis. Para adentrarse en universos paralelos, la mente y la imaginación, donde las capacidades de nuestros autores de la ciencia ficción preferidos, los guionistas y sus conversaciones plasmadas en dibujos y los selectores de gráficos programados en televisión, tanto digitales como clásicos, sean uno... o tres, ya diré porqué.
Los viejos cuentos nos acercan a esta bonita realidad de hoy. Sien envidiar a los grandes estudios de animación, ni los mundos mágicos de la producción a gran escala, temporal, técnica u operacionales. Es decir, gracias por seleccionar historias que alimenten nuestros sueños y responder con crítica más humana, a numerosos conflictos internos o contradicciones de la especie. Como la libertad, la supervivencia y... el amor carnal.

En definitiva, por abrir la ventana de la imaginación a la innovación visual y narrativa... y porqué no, a ventilar los arcaicos cajones, donde se guardan las frustraciones del pasado, los recuerdos juveniles y los deseos... de esta complicada vida. O las probables vicisitudes en el futuro. Con la intención sana de propagar aquellas pequeñas debilidades, trazos que nos hicieron sonreír, bocadillos de padecer o amar. Aquellos cuentos asombrosos que entraron en nuestros cerebros impacientes, con una explosión, al abrir las páginas de un tebeo y ponerlos en animado movimiento, aquí y ahora, delineando a trazos manuales o cibernéticos, nuestro mundo.
La rotoscopia conceptual ha comenzado a girar, el color se desparrama en la tele en menos de cuatro horas alternativas, calambres o impactos visuales, a través de esta serie de catastróficas desdichas o 18 desafíos totales. Con diversidad narrativa o utopía selectiva de humor, densidad atmosférica y terminación razonada, sexo encapsulado de acierto variable... es decir, algún cable pelado también.

Dibujos que pasan por diversos territorios de la ciencia ficción adulta, otorgando una oportunidad excelente a algunos, futuros maestros de la animación para enseñar su arte e iniciados en el mundo fantástico, hoy. Ejemplo televisivo arriesgado que, por mi lado o gusto, debería continuar en otros proyectos o medios. To be... continued. Life!

Excelso runner o mal replicante.

De manera, no Manara Milo que era más dérmico, que ocurriera en aquellos primeros cuadernos dibujados del cómic y sus códigos adelantados al tiempo, hacía falta desprenderse de la carga infantiloide o cortocircuitos lógicos. Lo mejor es anteponerse a la exclusividad mecánica de nuestro yo, con la alternativa de valores futuros o la distinción artística de respuestas filosóficas y conceptos proféticos. Esto es, diversificación de ideas... o sueños.
El salto al vacío, es sideral, ahora mediante algunas alegorías futuristas o con sugerentes ofertas que funcionan como islas en el espacio. Nos precipitamos a una falta de sintonía orquestal, organización de propuestas desorganizadas, que conforman un entorno tan variable, como... la falta de sexo interesante, declaraciones románticas en el vacío y dolor carnal. Como diría un cyborg W. Shakespeare confuso...
Muchas muertes... y poco amor.

Alguna se saborea despacio, u otras caen como un yogur caducado en estómago, pero se desprende aroma a creatividad sincera, inquietudes intelectuales, trabajo en equipo y esfuerzo laborioso en los componentes de la animación digital o gráfica. A veces algo disperso, conceptual o narrativamente, pero con varios aciertos narrativos o lúdicos, como productos autónomos gracias al emprendimiento, el esfuerzo técnico y esa labor imaginativa que empieza con la sustancial creación.
Las historias gráficas o visuales, ya no se plegarían a estereotipos, viejas tendencias o críticas anquilosadas, porque los que crecieron leyendo tebeos de superhéroes, robots amorosos o no, y otras batallas bélicas, estarían acostumbrados al medio y crecidos en él. Los nuevos lectores o visionadores, seguirían aceptándolos en tareas más sacrificadas, románticas y sexuales, violentas o intelectuales. Pero, ¿serían capaces de reproducirse y convertirse en la última plaga existencial...?

Se podría abrir un debate, sobre cual es el corto de más calidad o vuestro preferido, cada uno elegiría libremente o asociados a sus mejores recuerdos, así algunos permanecen en nuestra memoria por diferentes motivos o sensaciones adultas. La linterna mágica se ha encendido en nuestra tele y la mente, con esta serie experimental y atrevida, conocida como Love, Death & Robots.
Sí es verdad, algunas no llegan a alimentar a nuestra bestia, poco animada, se caracterizan por la reflexión leve o pocas expectativas creadas hacia el mundo robótico, al que no se canalizarían todos nuestros recalcitrantes deseos. Pero tampoco decepcionan del todo, ya que encuentras diversos detalles visuales, diversiones sin complejos o percepciones conceptuales, que persiguen el bonito sueño de aquellos viejos, cuentos asombrosos o mutaciones tempranas. La misión era sugerir, divertir o simplemente pasar un buen rato, manifestarse en pantalla, llamar a nuestra atención aventurera, expandir la frontera de nuestra imaginación. Vivir, pensar... o morir.

Las texturas y diálogos, provienen de varios equipos internacionales, desde Venice (California) al resto de mundos, que exponen su visión en diminutos retales de fantasía. Entre el dolor, el humor o el placer, cuando los pasados soterrados del miedo, son un presente plagado de dudas o amplifican sus consecuencias apocalípticas... el futuro es un ente distópico, como la carne, el hueso y el metal de sus protagonistas.
Nosotros somos y los observamos por dentro.
Los subterfugios raciales de nuestra civilización futura, son referentes, tendrán que moverse entre el temor a lo diferente y la duda del existencialismo, a la fuerza. Son cimientos endebles, en el mantenimiento de una sociedad que podría caer o ser inestable, por la inconsistencia mediática de sus lazos sociales o familiares, acosada por problemas que surgirían del metal andando por nuestras calles... equivalencia ¿recuerdas a Alita o los replicantes de Blade Runner?

Nuestra sociedad estigmatizada por los efectos de una productividad e inteligencia, alternativas... ¿Serían competencia alternativa o ayudarían a alcanzar nuestras metas...? La búsqueda de nuevas oportunidades, podría transformarse en una auténtica batalla, donde los mitos ya no serían importantes, sino el dramático choque de entidades diferentes y la supervivencia.
Aquí están todos esos detalles, piezas cibernéticas de inteligencia y espacios de exploración, como ocurre en la serie Altered Carbon o el filme Días Extraños, sin perder de vista la acción. Por supuesto, tampoco el pensamiento crítico y esa extraña relación, o posiblemente cercana, aún casi prehistórica, con las frías y programables máquinas. Es la inteligencia artificial que sirve de parapeto a nuestros temores o pervierte el equilibrio, cuando algunos pasos, parecen ya demasiado audaces o polémicos... veremos si con el corto número... el dos.... el tres.... etc.

Con aquel tipo semejante a Roy Batty, tan exigente en expectativas temporales y fortalecido con tendones compuestos, que tuviera la mente puesta en desarrollos animados para el Séptimo Arte y esperó su turno, ahora, el director David Fincher da rienda suelta a los nuevos John Lasseter (ya fue animador en Young Sherlock Holmes), Andrew Stanton (Wall-E), Brad Bird (The Iron Giant, The Incredibles) o Pete Docter, con sus renderizados mágicos e ilusiones para todos los públicos.
El mago del movimiento había disparado la ilusión en seguidores y despertado a sus neuronas, con atractivos proyectos que mecanizaban la labor de los dibujantes, recordando a los viejos amigos de la ciencia ficción en distintos medios, como defensores biónicos de ácidos alienígenas, enjambres depredadores, abejas o arañas controladas, u otros engendros mecánicos, casas inteligentes que se comportaban como madres protectoras para sus no-hijos, antes de que existieran ordenadores personales para capturar a un asesino resbaladizo, o diseñando juegos recreativos que serían reemplazados por el CGI y los videojuegos de alta resolución. Sin embargo, su mente sintió que la relevancia cultural del cómic y la inquietud de los seres humanos por el futuro, sería la pieza clave en sus manifestaciones, el apoyo a creadores y alimento para la memoria infantil o nuestras pupilas.

¡Hasta el infinito... y más allá! Esperando mucho más...


Futuro: la Carne y el Metal.

Heavy Metal... Alguna cualidad, empezó a crecer y apoderarse de las relaciones, cada vez más directas, engendrando unicornios en las emociones de la literatura o guiones cinematográficos, pasando de cuentos infantiles a las travesuras placenteras para mayores. De orquestas a músicas eléctricas, entre asesinatos pronosticados, guerras cibernéticas o basureros sentimentales, alternando visitas atmosféricas por otros planetas y vacaciones infernales, taxis y patrulleros voladores, reverencias a científicos locos, espacios alternativos del fanzine, viajes temporales y reencuentros sexuales de ciencia ficción...
Donde la palabra cyborg (el, simplemente autómata del pasado), iba a convertirse en protagonista universal, soldado de numerosas aventuras y ejecutor de nuestro futuro. Y el metal, sonido de imágenes fantásticas, distopías terroríficas y muerte.

Siendo capaz de mover los hilos en el interior de Netflix, con pequeñas obras para encajarlas dentro de un todo. Una especie de motor, secuencial o binario, que aspiraría a cierto movimiento continuista y uniformemente acelerado, que empezara en tiras inmóviles y cavernas oscuras, atravesadas por la luz.
Puede que siga existiendo un mercado interesado en dicho sacrificio profesional y económico, dadas las repercusiones y comentarios. Este puesto estaba vacante, al que aspirarían estos escuetos cuentos y que podrían alcanzar cierta relevancia en este mundo mágico de la animación para adultos. Gracias al atrevimiento de la causa y las distintas propuestas, amorosas o mortíferas, que viene con 18 patillas de serie y varias tonalidades, texturas, pensamientos... encajadas en el monstruo de la animación o títere binario. El que despertara en busca de calor, para encontrarse con un conjunto de seres injustos, aunque sin tornillos en la cabeza.

Programados para amar o matar, con la cabeza puesta en otras materias más elevadas, científicas, existenciales o apocalípticas, emocionales... Por ejemplo, recreando en distintas décadas de la historia gráfica, los desequilibrios intelectuales, la moral de la ciencia o el temor a la tecnología y la convivencia de creadores humanos con estos seres pluscuamperfectos, que podrían identificarse con los poderes de auténticos superhéroes, los artilugios mecánicos de Batman, el Pingüino y el Joker, o las proezas de mitológicos dioses.
Los osados Miller (próximo referente de Terminator y el cómic 143 de X-Men) y Fincher (ideando la digital guerra WWZ2), han reunido estas piezas como dije, deslabazadas o siendo eslabones independientes de un pack completo, valle de lágrimas o piscina azul, para coronarse como defensores de aquellas arcanas revistas gráficas, sus creadores ilustres y los gráficos de última generación.

En el ayer temprano, ​circularon noticias de que David Fincher y James Cameron, podrían combinarse como productores ejecutivos y dirigiendo varios segmentos proyectados para un nuevo largometraje de Heavy Metal, pero permaneció en el olvido... o una caja de resonancia metálica, cuyos ecos son esta realidad. También, se promocionaban espacios para Kevin Eastman (editor de la antigua revista y co-creador de las Tortugas Ninjas), también el amigo Tim Miller, los cineastas Zack Snyder, Gore Verbinski y Guillermo del Toro. Hasta el proyecto con el estudio Quick Drax, que quedara en el cajón de Robert Rodríguez, antes de su acierto gráfico en Alita, con el título homenaje a H.G. Wells y su conquista galáctica publicada en la revista, esto es, Guerra de los Mundos: Goliath.

Los episodios independientes de Love, Death & Robots, se generalizan por el humor a diferentes escalas, la violencia y la crítica a los comportamientos humanos, más interesados en la procedencia de las cosas o su satisfacción, que el propio mundo que están construyendo. Donde las distopías, como los trabajos numerados con robots, entran dentro de esa categoría superior, y sus protagonistas, merecedores o posibles alternativas para animaciones desarrolladas para la gran pantalla. Sí, hablo de los reyes magos o animados, Tres Robots.
Por consiguiente, a través de estos cortos variables, se observan las consecuencias de nuestros actos como especie evolucionada y la percepción de nuestra ciencia cibernética, adaptada a menesteres prácticos del día a día o grandes aventuras fuera de nuestros límites terrestres.
Efectos dramáticos, en manos de la defensa universal, los viajes intergalácticos o sugerencias alternativas, encuentros con monstruos o deidades, que son mitos referenciados entre las novelas de escritores de la ciencia ficción más filosófica, como Stanislav Lem, Isaac Assimov o el gran Philip K. Dick, abrir los libros de Dune el novelista Frank Herbert, o la conquista de los mundos desde la radio norteamericana, llegando a receptores en cualquier punto de nuestro mundo, con los elementos amenazadores, sangrantes y gigantescos de Orson Welles.

Es vuestro tiempo, soñadores...

This emission is out

El otro amigo de Netflix y el director de.... nacimiento, también avala esta serie animada con referencias a aquellos viejos cuadernos de la juventud, que sorprendían por su fuerza creativa y referencias metafísicas. Aderezando el hueco televisivo actual, con salpicaduras imaginativas y dinero necesario para esas historias que nos transportaban a otros mundos paralelos, envueltos con olor a celulosa y tinta. Algo diferente, que abríamos con ojos deseosos, ante el colorido y los temas exóticos, refrescando nuestras neuronas cinematográficas, del ambiente sobrecargado para la animación cinematográfica, entre seres inanimados que cobran vida, animales deslenguados y otras acrobacias dirigidas al circo de "enanos". Son nuevas experiencias distribuidas por distintas capas del multiverso gráfico, aunque sólo, una pequeña muestra sería válida para una gran historia amorosa con el largometraje.

Todos los trabajos se mueven en dichos márgenes computacionales, que nos recuerdan a retos universales del pensamiento filosófico, cuando las experiencias adquiridas, formarían parte de un espacio profundo, suplantando nuestra superioridad intelectual o la emocional inteligencia. De tal forma que, los resultados son diversos y cambiantes, tanto como los humanos y sus guerras particulares, en busca de la salvación entre los elegidos o la destrucción total de la llamada, civilización. Ética vs. poder, humanidad frente a nuevas razas inteligentes, y por tanto, el control de las ideas para la seguridad, como pronosticara el Gran Hermano de 1984 y .... El amor ha sido más complicado encontrarlo, excepto en exiguas dosis.... son diminutos y exquisitos bocados de una realidad humana, que no está tan evolucionada en las historias de Love, Death & Robots.

Por último antes de la desconexión, la serie LDR consiste en un ramillete de cables, o proposiciones cerebrales que buscarían no dejar indiferentes a los admiradores de los dibujos. Voracidad visual entre el manga japonés y las animaciones que proceden del fanzine occidental, la cultura underground o las viejas historias, leídas para no dormir. Según diversos estilos, exigencias argumentales y episodios laboriosos, diseñados para contar la irrealidad del subconsciente o el sacrificio sobrehumano... O alrededor de cierto surrealismo cósmico que nos haría despegar, de momento, la cabeza de nuestra Tierra, en busca de la deseada velocidad de la luz.
La AI o Inteligencia Artificial, es la frontera que nos acerca a la frialdad de las máquinas, cuando introducimos en ellas, aquellas cualidades que nos corresponden como especie inteligente y, donde inculcamos el libre albedrío, o no, para recalcular atómicamente, los procesos matemáticos o exponenciales de crecimiento autónomo. Es decir, la procreación o reproducción.

Sin embargo, ciertas expresiones sentimentales o las emociones, se encontrarían almacenadas como diamantes por pulir, en ocasiones, entre el dichoso amor y la gélida muerte. Abstenerse los que esperen una gran película de vasos comunicantes o hilos subordinados, simplemente, son muestras de animación o pequeños bocaditos de irrealidad. Falta música, claro, seguiremos esperando... conectados.

Dos piezas, o tres casi maestras (dentro del mundo de los cortos animados), es suficiente para aconsejar su visualizado, poco exigente por otro lado o entregado a la causa. Donde la innovación visual es referente, con dibujos alargados hasta el infinito o texturas que se acercan a la perfección digital, se deben al experto trabajo o inspiración de sus equipos de trabajo animado, apareciendo junto a estas buenas ideas de sus guionistas o creadores intelectuales.

miércoles, 24 de abril de 2019

True Detective (Season III).

Tres Tiempos... entre Detectives.

El tiempo en la poesía es una figura retórica, el tiempo científico es una cuestión cambiante, el tiempo en la serie True Detective es redundante verdad, o no... Pero, y en la vida... ¿qué es el tiempo?

El tiempo es una línea en la palma de la mano, que trata de explicar su sentido con las palabras. Una frase subrayada, pero difusa, en la página de un viejo libro. Un grito ahogado arrancado al recuerdo. La voz de un individuo solitario que navega contra la corriente, interfiriendo por los demás condenados, buscando pistas juiciosas y huellas profundas, como marcas oscuras del alma o tonos en la piel.
Un soldado dolorido, arrastrándose por el lodo de una sociedad que parece una jungla, al igual que aquel joven introspectivo que se adentraba en la misma, con su sudado fusil ahogando las líneas del futuro y sus ojos puestos en el horizonte, sin vislumbrar la verdad. Solamente descubriendo en cada momento, que se alargaba un poco más... su tiempo.
Hasta que un día, el calor húmedo se concentra junto al sudor nocturno, abres los ojos y estás de vuelta. Pero ya no perteneces a otro lugar, porque ya no conoces otro espacio y otro tiempo.

Hasta que te ves involucrado por tu oficio y habilidad, vuelves a husmear, alzando tu cabeza al viento o tirado sobre la tierra, con el rostro compungido por un gran actor y la profesionalidad de aquel agente. Gracias al poderío interpretativo y rocoso de Mahershala Ali, con su doblete dorado. Un hombre con las raíces insertadas en lo profundo de su alma incendiada, problemas familiares y personales en mil y una batallas, que profundizan en su mentalidad artística y crítica. Como su personaje en tres fases vitales, el detective Wayne Hays, que podría expresar algunas verdades del actor y confirmación de sus reservas o referencias sociales, así: “Solo vives tranquilo siendo negro cuando eres famoso”; y nos confirma una parte privada y la desconexión social o familiar : "Mi abuelo era policía".
Ahora lo disfrutamos secuencialmente, como Vector en Alita: Ángel de Combate y lo veremos en un capítulo de la serie Invincible como Titán en episodio animado, junto a las voces de superhéroes del cine como J.K. Simmons, Seth Rogen y Mark Hamill. Además de un proyecto de ciencia ficción, titulado Sovereign, que le sumergirá de nuevo en los espacios de la fantasía. Una de cal y otra de arena, dentro de un reloj acristalado frente al realismo... con sus recuerdos en la maleta vital.

Por supuesto, es la más alta o máxima estrella actual, dentro de la tercera temporada de True Detective, con su personaje de contrastes en viaje temporal, introspectivo y físico. Aunque posee más tonalidades, algunas silenciosas, misteriosas o encarnizadas con la memoria, que atacan como un asesino silencioso.
Sin olvidar a su pareja de largas y escuetas conversaciones, el agente "Rolando Oeste", vaquero indulgente interpretado por un Stephen Dorff de lo más genuino. Convincente, carismático y empático, se revitaliza muscularmente con las miradas a su alrededor, antes de engendrar a un militar en la II Guerra Mundial con el filme Music, War and Love, de la directora Martha Coolidge.
A lo mejor, porque sean dos elementos parecidos, próximos a la acción y condicionados por los estereotipos de diversas épocas, conectan y comienzan un viaje juntos, necesitados de una voz amiga, que no revueltos ni dulcificados. Aparentemente preclaros, resueltos y seguros, si bien los visualizamos con vaivenes en la investigación con que se topan y con distintos ´tiempos` pisándoles los talones.

El suspense de Hitchcock tocando las fibras narrativas, desde aquella primera aparición con Nic Pizzolatto y el notable director Cary Fukunaga, en inversión corporal en la serie. Ambos se convierten en transcriptores románticos de aquellos viejos detectives del pasado y los casos rodeados de acertijos o situaciones tensas, para un relevo generacional y contundente, basado en la práctica policial o la circunstancial intriga del maestro. Dos versiones divergentes, emocional e inteligente, que mezclan bien como aquellos sorprendentes comparecientes, ilustres siluetas de detectives diferentes en la primera entrega de la justicia y el orden.
Los nuevos ya forma parte esencial, de la magistral True Detective, que no abandona un caso o deja cabos sueltos... o sí. Porque aquellos revolucionarios, filósofo y ejecutor, se topan con las dificultades externas y las situaciones sociales, que apenas cinco años atrás, un par de muchachos reconocían en las estrellas, maravillando con sus personajes. Para ahora, verse transformados en motores ocultos y titánicos de la narración y de esta gran True Detective, que nos deleita con su calidad e interpretaciones. Claro, en 2014, hablábamos todos de... con Woody Harrelson y Matthew McConaughey.
A algunos les atrae la traducción del título, como Detectives Verdaderos. Personalmente prefiero el ambiguo concepto de Detective de la Verdad, pudiendo ser incluso, encerrado o terminado con una interrogación, en contraposición a su causa.

El tiempo se encargará de poner las cosas en su sitio, eso decían en la escuela o academia de policía... menos los recuerdos. Que se amontonan sobre las imágenes borrosas y los juegos infantiles, que se van empañando como la respiración entrecortada hace marcas sobre el cristal de una mansión lujosa. Las ideas se diluyen en las hojas de un escritor mediocre, matando al mensajero o aquel sonido entrecortado, de los radios de una bicicleta con sus ruidosos adornos, abandonando la aparente seguridad o los gritos en el parque de un soleado atardecer.
Sin embargo, todo es más oscuro, tras unos minutos. El tiempo crea círculos completos, silencia las voces y emborrona verdaderos tirabuzones de realidad, cuando la raíz ancestral de la naturaleza, es llamada a filas detectivescas, en la sombra de un hombre antiguamente encargado de la producción de ciertos episodios actualizados en The New Alfred Hitchcock Presents y de formalizar la pareja famosa en Miami Vice, llamado Daniel Sackheim y director de cuatro capítulos en esta ágil, pero currada, tercera investigación.

En todos los sentidos, el tiempo es una incógnita... O un enorme acertijo, que tendrás que ir descifrando con huellas envenenadas, revelando poco a poco, que se nos va de las manos. Disfrutando los encuentros o sufriendo las pérdidas, que nos encuentran, las personales emociones o las relativas a otros cercanos. A todo aquello que nos perteneció, el valor o la inocencia, o de lo que estamos construidos mentalmente, para construirnos con poderosos cimientos o débilmente.
Sin duda, nada parece lo mismo, los granos de arena caen pesadamente, y cuando te das cuenta, ya no estás en una playa desierta, sino en la misma jungla. En el momento en que comienza el hecho o el caso delictivo, cuando conocemos el amor o nos acercamos al final de un trayecto, cuando nos refrescamos en las últimas fuentes del conocimiento, para una definitiva resolución... de los problemas. Salvo los sentimientos, que permanecen colgados de un hilo entrecortado con el pasado o la página no leída de una vida... siempre.

Retrato de un Crimen.

Una historia policíaca, parece incompleta en estos tiempos, si la historia no está a la altura de un gran actor (a algunos pareciera ser una realidad, para un presente no), pues la escena del crimen regresa con pie firme a la página de sucesos de True Detective. Como el insaciable hambre de Mr. Alí, la incontinencia de lengua y obra de Mr. Dorff, o la placentera presencia de una dama, con la que encararse a una trama menos científica, por los tiempos arcaicos de una ciencia policial, llena de turbulencias y desencuentros fatídicos, de golpes mediáticos o impulsados, por... no sé sabe o se puede decir...
La curiosa distorsión viene encabezada y encamada, junto a Carmen Ejogo, que significa el punto de inflexión dentro de una vida dura de detective, del protagonista y sus raíces enfermas. Otro foco algo divergente con su trabajo y sacrificada labor con los demás, las voces silenciadas por la fuerza, aunque ejerza también, como protectora de esos ojos, educadora emotiva de esa cabeza y confesora privada de sus labios, que emiten planes ocultos o misterios sin resolver. Debiste callar ahora... O como diría la pomposa actriz de vuelta, Angela Lansbury, sin Mary Poppins, sino cerca de su Jessica Fletcher en Se ha Escrito un Crimen, que era otra solitaria, fémina brillante e investigadora secreta de las palabras y las muertes violentas. Pero, con menos rastros sangrientos... Sí, se escribió el crimen, pero... ¿y la firma?

Creo que todas estas mimbres, enfoques narrativos, despistes y enigmas físicos o metafísicos en su corta historia, elevan ya a True Detective como una de las mejores series policiales de todos los tiempos. Esperemos con vistas a más casos en el futuro, (si nuestra memoria lo permite o la fuente fluye), aunque en contra, ciertos críticos golpearan sin escrúpulos una segunda resolución, que si bien es cierto, no podía alcanzar los niveles intelectuales de la primera, personalmente parece que fuera bastante respetable o aceptable, para gustos, colores, sexos o tonos de piel.
Vale, no todo lo que reluce es oro o piedra preciosa de la mayor tasación, y por tanto, se queda navegando entre dos batallas completas, pero posee su propia luz y hay que respetarla. Siendo una bala distinta, que sobrevuela un mar de calma trayectoria y chicha responsabilidad, pues lo cierto es que la inteligencia, ha ido llegando de de dos en dos.

El baile de parejas, ha aparecido a una cita que parecía inasequible, que la mayoría de admiradores a este entramado de sensaciones, divagaciones personales y apariencias, apremiaban o necesitaban, hacia una nueva cúspide de suspense. Con diferentes efigies y a través de sus razonadas personalidades. Y, ¡vaya! si lo han alcanzado. junto a esta pareja de zapatos desgastados por el uso, ¡Mr. Ali y Mr. Dorff! en armonía disuasoria. Una especie ramificada de Jeckyll y Mr. Hyde, no diré quién es quién, ni en qué instante... os toca llegar a ese conclusión o ejercicio mental, sino... ¡qué sería de don Alfred!

El caso, desde que comenzaran su par de actores de éxito y hoy convertidos en productores, es que descubrimos que no estábamos solamente de investigaciones de campo, en brazos de escurridizos asesinos. Sino que se trataba, de escudriñarse la sesera, de una forma sorprendente y admirable, que nos llevaba por el camino de la actual alienación de la sociedad.
Su imagen como policías, casi sin fortuna, forma parte de la frustración, las presiones y las conexiones emocionales, que distorsionan la verdad, la esconden en lo profundo de una cueva, en busca de una respuesta o la redención. Esa cualidad que nos facilite un respiro en la búsqueda de la verdad, una salida, principalmente, para encontrarse con ellos mismos.
Nos topamos con pruebas, que conducen o desvían la atención del espectador. Nos adentramos en sus pensamientos y los rocosos recuerdos (por ahora), en esta ocasión divididos en tres etapas vitales, que reflejan los cambios acaecidos en las vidas de los protagonistas y el esfuerzo sobrehumano y mental, para ofrecer una alternativa al silencio. Disfrutar de los diferentes niveles, encerrado en tan arriesgada y magnífica estructura temporal.

True Detective III, es otra aventura por la vida privada de los agentes y sus pensamientos condicionados, elaborada con buena arquitectura criminal, lapsus coordinados para facilitar la narración y mucha paciencia personal. Como la que mantienen frente a las víctimas, inocentes de la coacción dentro de un desestructurado crimen, muy cercano por otra parte, a un corredor de fondo o actor de pretéritos complicados. A otros se les complica el presente, en cambio, o se les niega patéticamente el futuro, aún peor.
Por consiguiente, además de interpretaciones y el guión, hay que destacar como ese notable, elegante y pulido ´rolls`, de color negro hacia el cadalso, a los principales causantes del grácil y destacado montaje, o viaje a las letras de una investigación caústica para todos los implicados. A una enfermedad casi desconocida, demasiado actual y denigrante, como fatídica cadena perpetua de nuestros días, en episodio no apto para viajeros poco avezados o con lagunas de memoria, gracias al trabajo de consabidos actores, directores/guionistas y la fundamental labor de montadores, sobre una línea de tiempo difusa y complicada. También a la banda sonora que acompaña sus horas, elaborada por Keefus Ciancia y T Bone Burnett(Walk the Line).

Recordando para estos despistados en pareja o, los iniciados al contacto filosófico frente al crimen, a sus particulares personalidades empezando por, los que prosiguieron con el proyecto y el esfuerzo siguiente, véase Matt Mac y Woody H., como los inolvidables Rust Cohle y Marty Hart, tanto miran, piensan tanto..., se sigue persiguiendo el crimen, observando el nuevo mercado de casos truculentos.
Los que viraron el punto de vista, algo indiscreto, es decir, los maltratados y golpeados Rachel McAdams y Colin Farrell, frente a un enemigo reconocible desde los minutos iniciales, y mutando los hábitos en pareja, de género singular en su 50 por ciento. Me río, porque hay que hacerlo de frente y fuerte, de aquellas críticas (algunas sin firma) que no saben diferenciar, poner a su altura correspondiente los trabajos y esfuerzos, que dirigen a esta ejemplar tercera entrega. Con fabuloso Mahershala Ali, arraigado a su piel morena y sacrificada, que acababa de recoger su segundo Oscar entre líneas (por la atractiva película Green Book) y, un Stephen Dorff que despliega su carisma, tanto como sus abultadas obsesiones, curvas y querencias. Todo cuestión de tiempo.

Los episodios criminales y dúos detectivescos, esta vez, en tres fases diferenciadas y cohesionadas... son, han sido y serán, ejemplo visual para las distintas producciones cinematográficas, desde que el cine se convirtiera en el Séptimo Arte y octava maravilla del mundo actual. O carne de cañón de las generaciones, acostumbradas a la facilidad de una narración lineal, las tomas imposibles tiempo atrás y efectos digitales por medio.
True Detective se ha mostrado, evidenciado en sus casos sui géneris, como una de las joyas de la corona de HBO y clave para la carrera como guionista y productor del nacido en la musical Nueva Orleans, Nic Pizzolato. Debido a su gran calidad narrativa y la realidad ilógica de sus montajes espaciados, con cierto toque surrealistas.
Condicionados a diversas alternativas o esos poderosos enfrentamientos, colmados de cambios físicos y objeciones cerebrales. Y de su primer y notable director y productor, Cary Fukunaga, últimamente volcado en la dirección de la serie Maniac, interpretada por Emma Stone, Jonah Hill, Justin Theroux, Sonoya Mizuno, Gabriel Byrne y Sally Field; además tentado con el ritmo y la vida del músico Leonard Bernstein en The American, o su visión del Bond24, James...

Ël cine policíaco, se dice empezó con un título que ya se intuía en todas las comisarías, Histoire d'un crime y otros más cercanos, como los universales Shelock Holmes y Dr. John Watson, creados por Arthur Conan Doyle, y esperando nuevas o intemporales aventuras. Aunque se atribuye al gran Edgar Allen Poe, la primera historia de detectives, publicada con el título Los asesinatos en la Rue Morgue, en la revista de Graham's Lady's and Gentleman's Magazine, como un cuento pavoroso de investigación criminal.
En televisión se produciría la primera serie de policías, conocida como The Cases of Eddie Drake, hasta que llegaran rostros famosos y buenas historias de intriga de éxito, con The Lone Wolf, y sobre todo, The Mask con Paul Newman y el Perry Mason de 1957 con Raymond Burr y sus compañeros judiciales. Fin de la comunicación, este mensaje se autodestruirá... tras un penúltimo trago de alcohol.

Fuimos tan jóvenes... e impetuosos.

Lo más destacado en esta trilogía detectivesca de proyectos mentales, es que la serie siempre ha mantenido el nivel de excelencia o entretenimiento, la atmósfera de intriga y unas notables actuaciones, independientemente de los rostros elegidos para cada desenlace delictivo, o de los ojos que se situaran tras los guiones o las cámaras, el propio Pizzolato en su primera labor en la dirección, Jeremy Saulnier (Green Room, Hold the Dark) y Daniel Sackheim, un director habitual en trabajos para la televisión. Siempre garantizando el interés de los siguientes sucesos mediáticos y futuros dilemas morales, discusiones sociales o repercusiones familiares.
No hacen falta relevantes adversarios físicos (ni siquiera grandes mentes criminales), porque la máxima atracción de los casos y los comportamientos malignos de sus oponentes invisibles, se traslada a una anónima y profunda reflexión que permite al espectador, seguir cuestionando aspectos mediáticos de los casos reflejados en la sociedad y cierta crítica institucional. O aquellos ángulos abiertos hacia una crítica universal del comportamiento humano.

Las interpretaciones y la polémica, filosófica o moral, son algunas de las principales bazas entre pensamientos de sus personajes y el gran público. Pero, cabe destacar las arrugas físicas reflejadas ante la cámara, los aspectos visuales y la ambientación en las localizaciones temporales, las posiciones y movimientos adecuados de la acción, para cerrar un círculo perfecto contra las injusticias sociales o la maldad en general. Esas características expresiones de personajes al límite, encerrados en sus diatribas, complican subjetivamente la estructura de sus vidas privadas, los embates profesionales entre la espada y la amistad, el compañerismo en instituciones o la falta de él y por ende, aquellas fracturas emocionales que emergen de cada resquicio u oquedad asfixiante, inserciones emocionales que se observan en el transcurso de las investigaciones. Ah, y la inteligencia, que conforma el ser, que respira en cada poro de los protagonistas selectos, exquisitos exponentes de la ley y sus sesudas contradicciones.

El tiempo funciona es esta oportunidad, como un ancla contra el oleaje que rompe alrededor, que exalta las personalidades y frena la búsqueda de la excelencia profesional e inteligencia humana. Asfixia la consecución de los retos, sociales y personales, invitando a las drogas en el ámbito privado o familiar, donde el sexo funciona como un reloj de baratillo y colecciona una ristra de engaños, ocultaciones de hechos, secretismo en pareja, celos o libros cerrados. La vida se escapa en el calendario rústico de Arkansas, con fotografías nostálgicas del ayer y naturaleza perdida, pedregosa y escarpada, como la condición religiosa en la actualidad, que pregonan la negación clásica, la dejadez y una extremada rectitud, sin demasiada ética.
Para el periodismo de investigación (aquí circunstancialmente provocado o alcanzado), se consigna como engranaje perfecto de las manipulaciones y tergiversaciones entre pareja, con el fin de encontrar el lugar, frente a obstáculos machistas u otras amenazas. Disfunciones que provienen de un curioso reparto, encabezado por un desquiciado Scoot McNairy, invitado en Once Upon a Time in Hollywood de Quentin Tarantino, el carácter extremo de Mamie Gummer, próxima Electra en la serie Gods & Heroes, la separación filial representada por Ray Fisher, Cyborg en La Liga de la Justicia y la admirable presencia de la actriz canadiense Sarah Gadon. Granito a granito, la arena llega a buen puerto...

En aquellos momentos mágicos, el amor y la amistad, creaba postales para el recuerdo, cartas y textos esperando ser releídos, sí te atreves a ver la verdad escondida... Parecían ser motores de nuestras vidas, porque no pensamos que el tiempo, se encargaría de desnudar a la juventud y la franqueza directa. Simples sensaciones, colgadas de un verso, que podían hacernos olvidar por un instante, que tras aquellos ojos se esconderían fotografías, frases e ideas, y no lo pensamos, encerrados en nuestro egoísmo o deber.
Al igual que olvidamos la desgracia temporal y el sufrimiento, en un mundo empequeñecido por segundos embargados de calidez, montones de recuerdos en cajones dorados, cuando la pérdida es la única compañera y el dolor profundo, se resuelve como mera ilusión temporal en nuestra cabeza. ¿Cómo está...? Tan perdida como las pistas que tratábamos de recopilar y encajar en el puzzle, el propio de nuestros miedos y necesidades, con las capacidades desmejoradas que atesorábamos para descifrar el misterio. Todo eso representa, la efigie sincera de Mahershala Ali y el trabajo de sus compañeros de reparto.

En eso consiste la esencia vital, en verdades o mentiras, querencias u odios... presente y no futuro. Mirar las manecillas, cuando la vida depende de un hilo, demasiado difuso.
Aquellos niños que montaban en sus bicicletas, parecían tan inocentes y plácidos, que nadie vio el peligro y que la vida depende, a veces, de un juego sin risas. Un juego de pareceres y decisiones erróneas, que da paso a otro más huidizo y peligroso, el del gato y el ratón. El gato es el detective, pero se convierte a su vez en ratón, cuando la memoria empieza a juguetear con sus "siete" vidas, revolviéndolas y adulterando las pruebas. Camuflando la realidad de apariencias, limitaciones y frustraciones procedentes de otros intereses (ahora parecen ocultos, ahora no), enfrentándote a tu sombra, que posee la silueta de un amigo, sepultando cabos sueltos o intentando deshacer aquellos nudos gordianos de la narración, entuertos en que nos vimos comprometidos en la vida, señalando con dedo acusador a estrategas, mentirosos y conspiradores poderosos... pero, ¿y tú, agente? Pues, apuntando al margen de un libro biográfico, todas las cosas que no nos atrevimos a decir, dificultades con expresiones críticas del pasado, comentadas sin arrepentirnos después. Dejando un dolor imborrable que tarda en desaparecer, toda una vida, o al menos, toda una memoria.

Los últimos minutos de claridad caen, turbios y peligrosos tiempos para un policía, o una pareja olvidada, distanciando lo que más queríamos a nuestro lado. En horas se perdieron de vista los radios de aquellas bicis, para el verano de Arkansas con la mente puesta en Oz, aunque fueran observados por decenas de ojos, en un segundo. Años estancados que piden progresos, o no... y que abras tu frío corazón, en un instante, de paciente rastreador en mil batallas, a reflexivo analizador, o el aniquilador entre el fuego de la jungla y la realidad del asfalto, en aquella época de protestas y humillación.
Sin lugar a dudas, los matrimonios profesionales, conforman estas conjunciones detectivescas y personalidades comparadas, que nos ha llevado de la mano de sus grandes protagonistas, desde aquellos primeros clásicos solitarios de Raymond Chandler y Dashiell Hammett, que nos dejaron boquiabiertos con sus diálogos concisos y ciertos axiomas metafísicos. Para luego, en segunda temporada, acercarnos a una realidad criminal más próxima a la tierra y sus congéneres podridos, entre diferencias de género y enseñanzas que condujeron a un dramático desenlace, de manipulación mental y catarsis violenta. La tercera es la congelación del tiempo, configurado en los ángulos de un rostro lleno de arrugas... ¿dudas?

Tan separadas y diferentes, una de otra, como las palabras en un escrito. Emborronadas en nuestra limitación pretérita o realidad humana, frente al resto de procesos del universo, majestuosos, incalculables o lejanos, enfermizos. Dentro de los parámetros de la distancia y el tiempo... si es que éste, existe. Éramos tan jóvenes...
Gajes del oficio, seguramente...

El Desgaste del Tiempo...

Si en la primera temporada, el paso del tiempo era lineal y de efectos trascendentes, la siguiente se anclaba al terreno y al día a día de un agente (y no, no diré agenta), valiente y esforzada para resolver asuntos más paganos, donde la familia tenía más peso en la trama. La diferencia narrativa (y también visual) podría significar el retroceso o la involución de cada componente y su peculiar perspectiva en la serie True Detective. Mas, este último advenimiento, es un giro copernicano a las manecillas o una revolución albertiana "de Einstein", que recalcula las necesidades en cada conversación o estrategia, separando o reuniendo según las perspectivas, la idea de una prostitución contraproducente, como la pensamiento religioso extralimitado, frente a aquella inocencia mancillada o secuestrada.
De la misma forma, que condiciona el miedo ante la falta de seguridad de los suyos, condena a la memoria por la ausencia, trastorna la transformación física e invade la convivencia. Pequeños momentos de felicidad, con el roce de lo cotidiano, ante el amor idealizado o poético, en fantásticas elipsis; frente a la paradoja del tiempo y su memoria... frente al encuentro con un mal de altura (¿verdad Mr. Dolor?), el poder desmedido, el alcohol y la psicopatía.

El encuentro fortuito da paso a un proyecto inacabado de vida, que se despliega ante ti, y se oculta de pronto, como cortes desgastados de una película de la que ya no conocemos el título, ni los intérpretes... Acaso, de la perspectiva de nuestra mente con el futuro de nuestros hijos. Desciframos algunos problemas familiares, que se apagan a la semana siguiente o tal vez, el segundo, olvidando cual había sido el motor de la discrepancia inicial, sin justificación. O las personas alrededor, que estaban involucradas en tan tensa situación. El indescifrable cerebro tiene estas desmemoriadas contradicciones, con la singularidad del corazón, que nos hace olvidar las situaciones más importantes en nuestras vidas y esconde el deseo, en un agujero oscuro y profundo. Y todo forma parte del caso, ¡detective!
El recuerdo de rostros de las personas que necesitábamos o las que nos quisieron, sin pedirnos nada a cambio, profundizan en la alienación, en la desorientación de la sociedad y los medios, la afectación en nuestro trabajo o debe, indecencias de trepas y busconas, nos alejan del verdadero relato. Sólo unos besos o abrazos... aunque también, aquella terrible conversación... nos devolverá a la lucidez por un instante.

Este tercer asunto policíaco, la primera línea del tiempo nos lleva de viaje a la marginalidad, montados en cadenas solitarias, saliendo de los domicilios de un barrio humilde y desgraciado, donde los aciagos protagonistas serán sus ocupantes despreocupados o patéticos retratos. Desgraciadamente, la escasa edad y falta de ataduras docentes o vigilancia paterna, aparentemente, agravan su suerte y retrasan las ganas de soñar, a través de otros juegos más indecentes. Porque, efectivamente, estos policías dedicados no estaban allí, para echarles una mano, no oyeron lo que contaban las paredes de los hogares propios o adyacentes, ni las miradas de los vecinos o conocidos, que les vieron atravesar a pedaleo rítmico, los confines de un barrio, hoy silenciado. Cerca de... dios o el diablo, repasando el reparto, observamos su nombre.

Después, supimos que los agentes, intervendrán en este caso de juventud, que se enquista progresivamente, hasta convertirse en una especie de enfermedad de la maldita edad. Que los podría acabar devorando por dentro. En las afueras del intelecto, van a comprobar que la verdad, tiene caminos insondables e inimaginables.
¿Es un señuelo para engañar o una situación marginal, que acaba en inesperada desaparición? Pudiera tratarse de un caso esperpéntico y aciago, una trama mayúscula o un crimen ideado, cuyas ramificaciones parecieran no tener ningún tipo de freno, ni ganas de desenterrarlo... Excepto ellos, los olvidados del otro lado, que deberán dar varios saltos mortales hacia adelante, con la memoria atrás, y esta edición creativa de la narrativa, gracias al encargado de su brillante montaje Leo Trombetta, que ya demostrara su habilidad en series como Mad Men o Narcos. Definitivamente, el tiempo deberá poner las cosas en su lugar correspondiente, pero y la mente traicionera, ¿recordará todos los detalles?

Los años pasan a través de descubrimientos sorprendentes y enigmas mayúsculos, dirigiéndonos hacia la afectación familiar y la privacidad de un segundo eterno, para hacernos ver claridad, ante un lado oscuro de la sociedad. El viejo espíritu de la resiliencia, sobre las entrañas y piel de unos discretos policías de la verdad.
Profesionales que no darán su brazo a torcer, aunque los hechos dudosos y las consultas familiares, los aparten de la visión concisa, ya que no quieren confundirse de rostros o inmiscuir a seres queridos, en una terrible guerra de sugerencias y apariencias externas. Los efectos del caso, serán dramáticos para unos y otro, durante este último tramo de realidad, saltaremos en ambas direcciones, solamente con el apoyo del compañero, hasta ahora.
El amor y la amistad, se confabulan para desentramar la conspiración, sin que la imagen de la inocencia se borre de sus mentes, si no lo evita la tercera etapa avanzada, en edad y achaques severos del corazón. Pero, una cosa está meridianamente presta, desde aquel principio de los años 70, y es que nunca se rendirán. No abandonarán jamás a ninguna pequeña víctima, por abandonada que parezca o anónima que sea.

Como la guerra de Vietnam, el tiempo marca un fracaso. El caso va marcando, dejando rastros indelebles, comportándose como un parásito que se alimenta de lo cercano y real, hasta que mella en esa resistencia y la montaña de arena se desmorona. Especialmente, cuando se acerca la verdadera muerte.
El cerebro de los niños, no conoce de estos asuntos de mayores, no pedalea hacia sus problemas sociales o psicológicos, ni se fija en la mala suerte, aunque esté ahí, agazapada en drogas y alcohol, falta de cariño u obsesiones enfermizas. Apenas, se advierte o conoce, que este mundo está repleto de desviaciones obscenas, cursos abominables y máxima corrupción, en cualquier situación extrema.
Después de dos décadas, con mil y una vicisitudes erráticas, investigaciones de vías muertas, el cansancio por el ruido externo y los saltos temporales se hace visible, aunque no la causa. Denotamos los cambios físicos de los protagonistas y los residuos emocionales de sus relaciones profesionales o familiares, profundizando en el recuerdo de aquellos inocentes y la opinión del espectador.
Junto a las horribles consecuencias de aquello, el nexo romántico que mantiene al inspirado Mr. Ali, con la literatura y el éxito, abre las puertas polémicas de su hogar, con mirada pausada y firme, dispuesto a descubrir lo que dificultó la resolución adecuada. Una mirada que no pudo ver, en realidad.

Tiempo, nos falta. A corazón abierto y con la mente cerrada, no entendimos de razones, nuevas pistas o confesiones, espúreas u obligadas. Escritas entre los propios reglones torcidos de su vida... la poesía perdida.

Por consiguiente, no lo recuerdo bien, a todos se nos empiezan a notar los síntomas del transcurso del tiempo y las trampas de los años, recreando o escondiendo, las posibles afrentas con seres queridos y otros marginales. Rellenando huecos vacíos con los monstruos y sus víctimas, devoradas por un apetito feroz... (verdad, Mr. Rooker)... con los gestos que no se hicieron y las sombras. Porque en el silencio, ya nada importa. Ni siquiera el recuerdo del sufrimiento. Solamente la voz de los que te acompañan... ya como un eco.
Sin embargo, la imagen de la guerra, no se borrará jamás, ni los inocentes. Lo sabemos muy bien...

Aquel agente de la verdad, dejó por el camino, su capacidad innata, una amistad inquebrantable, una parte de la educación de sus hijos... y una posible lectura.

Las Apariencias engañan...

Turbios y peligrosos tiempos para el oficio de policía... o una pareja. El agente Cohle decía en una de sus encíclicas detectivescas: "Hagamos del coche un lugar de reflexión silenciosa", y quedó tan simpático, como ancho. Le han hecho caso, a la tercera...
Pérdidas silenciosas, como las palabras en un escrito. Como nuestra limitación o realidad humana, frente al resto de procesos del universo, majestuosos, que no suenan en nuestros oídos. Incalculables y lejanos, dentro de los parámetros de nuestra distancia y el tiempo... si es que éste, existe.

Gajes del oficio, seguramente...
Detective Rust Cohle, expresó: “La vida es lo suficientemente larga como para que seas, realmente bueno en una sola cosa. Así que ten cuidado... en qué eres bueno”.



domingo, 31 de marzo de 2019

The Punisher. Season II


Chulo, el que castiga 2.

En una entrevista al guionista y creador de superhumanos u otros menos agraciados personajes, Mr. Stan Lee... ¡Qué Doc Strange lo tenga en su universo paralelo...! pues bien, en este mundo de personalidades alteradas, aseveraba que:
"El único poder es la suerte".

Quizás por esta categórica verdad, la mayoría de sus creaciones en el cómic, deambulaban alrededor de ese peligroso precipicio del infortunio, o caída a los infiernos personales y la disociación del carácter, ambos manejados por los álter egos más criminales o desquiciados mentalmente.
Definitivamente, los héroes (muchas veces a su pesar) poseían serios problemas en varios aspectos cruciales, su vida familiar y las relaciones privadas, donde continuamente eran golpeados por las equidistantes consecuencias de sus acciones y su memoria. Cabreados con los fundamentalismos de cualquier tipo, que se dedicaban a hacer el mal y no comparecerse con las víctimas inocentes.
También, el castigador Stan se hacía eco de sus diferencias emocionales con amistades, desplantes románticos o idealizaciones, desamores de juventud, problemas de la infancia, socio-laborales y, por supuesto, la fatalidad de una mano oculta en las sombras.

Todos al final debemos mirarnos, tarde o temprano, en algún espejo que refleje nuestra realidad... o la deforme definitivamente de una forma catastrófica e hiriente.
"Lo nuestro no es buscar una razón, Frank. Lo nuestro es matar o morir". Las decisiones de rostros ensangrentados y enfrentados en un duelo de pistoleros.

Por eso, en los sueños más profundos, las cosas cambian y las mentes enferman, los fantasmas regresan con sus caretas infernales... Numerosas pérdidas personales que sufrían ciertos personajes heroicos de Mr. Stan, provenían de batallas encarnizadas, contra esos poderosos enemigos que se dedicaban a desafiarles constantemente, a mofarse de su personalidad y trasplantar los sueños por trágicas pesadillas recurrentes. Sus héroes o menos, hormonados casuales, coexistieron con aquellos asesinos y sus cachivaches mortíferos, las malas conciencias de la sociedad y las bandas sin prejuicios. Todos dedicados a asuntos turbios, con pelotones de muerte, sicarios armados hasta los dientes, que reconocemos en los noticieros con distintos nombres y una única dirección, la muerte.

Semejantes salvajadas materiales y sus presencias psicopáticas, setenciaban con ritos macabros dentro del mundo del crimen y el hampa, que un Punisher sin remordimientos, debería conocer muy bien e intentar combatir con todas sus armas.
De tal forma que, las condiciones sicológicas de ambos púgiles, se endurecían o resquebrajaban en la postración obligada, viajando lejos del infortunio, sacando a la luz, complejos, culpas y dudas. Aspectos que conferían un carácter más humano, a los héroes, aunque inversamente peligroso para aquellos allegados más próximos y débiles. Aquellos hombres y mujeres con superpoderes, tan imaginativos dentro del Universos MarvelLee, en innumerables ocasiones denotaban frustración y fuerza de voluntad. U otros sin ellos, los superpoderes digo, se veían a sí mismos, convertidos en antihéroes que desconfiaban con las máximas acusatorias o las estrategias oscuras de sus rivales, cuestionándose su libérrima o aparente virtud.

Existían superhumanos u otros, viéndose acosados constantemente por las deliberaciones de una sociedad que, por otro lado, mutaba con cada época... Entonces, surgía del horizonte, el hombre tranquilo y agujereado, sangrando internamente, se asomaba a las páginas blancas del cómic o las pantallas de una nueva generación visual... mientras Mr. Lee sentenciaba con un sonrisa: "Si eres afortunado, nada puede salir mal".
Para bien o para mal... ¡Qué la fiesta continúe!

Érase una vez... El Espejo.

Mas... ¿quién es el afortunado en estos tiempos?. Dime espejito...

Coexisten en el tiempo, dos líneas de narración que coinciden con la acción desarrollada en The Punisher durante la primera temporada y sus propia personalidad, tan acentuada en la sociedad errática contemporánea y su estética macarra, a la fuerza. Pero que, paralelamente sufre convulsiones internas, disgregaciones del pasado o aptitudes desincronizadas para un ambiente enfermizo y crónico. Padecen dentro del conjunto de conflictos de esta serie televisiva, como si fueran parte de la misma persona, cuando son imágenes desdobladas de la misma realidad.

Sin embargo, lo dejaremos reposar en la cama, para evitar cualquier deslumbramiento o fatalidad, por los añicos clavados de un maldito espejo colocado a traición, que te desgarra la piel, y ya no vuelves a ser el mismo. Así, dejamos al oscuro ex-marine Frank Castle, de cara a la máxima violencia y sus tiros certeros, casi desnudo en otra situación compleja o con las nalgas al aire. Aunque otros quedaron mucho peor, entre polvo y polvo de cristal. Aparentemente enamorados, quizá de sí mismos, en una especie de rompecabezas dramático, con ambas efigies desafiándose en el silencio, tras la masacre colorida y brillante de aquel espejo, colocado para la diversión de los más pequeños y frágiles.

Reflejos ampulosos del cómic que, para las cicatrices de Russo (interpretado por Ben Barnes), significan grandes alteraciones físicas y psicológicas, un desorden en su memoria. Nada tiene que ver con los soldados de John Huston en aquella peli titulada Reflejos de un Ojo Dorado y sus fragmentaciones emocionales, al tratarse de otro tipo de relación o atracción más mortífera, en el sentido insidioso de la expresión. Por tanto, el odio sobre la cama, de sábanas no tan limpias, donde se desgarran las antiguas relaciones, se adultera la verdad, encubierta tras una máscara y se confecciona una nueva oda a la disociación enfermiza de la personalidad.
Con esta nueva motivación, el todavía no denominado Jigsaw, reclutaría otra procesión de malditos eufóricos por las adicciones y la pasta, tan malditos, que en un futuro próximo, se podrían ver empararentados por semejante desgraciada. Digo, fortuna ;)

Este es el novedoso carrusel de diferencias, que empieza a dar vueltas en la segunda temporada, retales perdidos de vidrios rotos, que quedan clavados en la memoria, o borrados sus reflejos... ¿indefinidamente?
Mr. Castle, combativo como siempre, exige una nueva identidad. Gracias a un distinto corte de pelo y un look más roquero, comienza alternando, aunque sus reflexiones internas suenen a repetitivas y las exclamaciones no sean tan lúcidas como antes. Hace apenas, unos cuantos capítulos.
En el cruce de caminos, entre esas caretas de diseño macabro y calaveras de sangre sobre el pecho, la ultraviolencia sigue funcionando a buen ritmo, con más baile de sexos, tiros desafortunados o perdidos, donde los heridos rostros, confabulan en diferentes sentidos, mientras se enfrentaban a su propio destino o una despedida en autobús.

Tal vez, buscando una nueva carnicería, un último combate, una definitiva caída, un billete a los infiernos... en fin, ese último tiro de gracia.
Siempre dando tumbos, como Alicia transfigurada tras el espejo, en un mundo ilegible, alienados hasta encontrar la reina de corazones, el desencuentro fortuito en la barra del bar o, aquella tumba en el desierto belicista que esconda sus restos. Ay, la tranquilidad de un suspiro...
Al otro lado de la calle, se planta el pistolero solitario, sin familia.

Observamos a través de sus botas y pasado, oscuras y bélico, como un tipo desproporcionado, algo descoordinado léxicamente y cadavérico cerca del corazón, se ve obligado a actuar de nuevo. Tal que una especie de redentor o verdadero John Wayne moderno, defensor de inocentes o muchachas con mochilas a sus espaldas. Recuerdas el desierto...

Las dos calaveras... de una moneda.

¿Y tú? Recuerdas cuando jugabas de niño a los vaqueros, o veías en familia, esas películas del Oeste en sesión de tarde, viendo a los rivales retarse para comprobar su certera puntería y lanzando una moneda al aire... Pues bien, en este western que comienza con música de garito y sintonía a estilo country evolucionado, la moneda con dos calaveras, tiene un agujero que traspasa su centro de gravedad. Pronto habrá otra agujereada, sobre el frío piso o el pecho con chaleco, de un marginado institucional.

The Punisher, podría ser aquel pistolero, litografiado puerilmente en una hoja de busca y captura permanente, que remata a sus contrincantes a sangre fría (tal y como lo harían ellos), mirando a los ojos para no olvidar el desafío, la tormenta que le condujo a esta situación proscrita. Ahora, casi anónima y con el pasado revuelto en su cabeza, del hombre solitario y su sombra del pasado, sin tapujos y sin palabras certeras, apenas. Solamente las necesarias para expresar su condición altruista con la sangre y una redención que no encuentra, como buen vagabundo sin norte o cabalgador del infierno. El desbaratador de entuertos impropios, que pudieran acabar con su carne en el caldero, como desea internamente. Allways, como diría aquel condenado.

Los primeros pasos, son lentos y serenos, descubriéndose de nuevo y dosificando aquel aroma intenso del amor de cafetería, sintiéndose otra persona, colgada a sus propios fueros internos y la condena perpetua, que siempre acompaña. Luego, sintiendo que nada puede cambiar por dentro, a pesar de bonitos encuentros y sinceras palabra, más o menos. Advirtiendo personalidades juveniles que podrían haber sido su propia hija asesinada, a traición por la pasta, que nos indican del nuevo peligro a la vuelta de la cama.
Que pareciera volver a sentirse como una carga, en la carne acomodada y rosada, interpretada por la actriz Giorgia Whigham y sus secretos narrativos.
Lejos de vidas tranquilas, su vida siempre ha sido, un campo de tiro... sin demasiadas reglas. Sólo conciencia basada en la carne y la pesadilla familiar de una calavera sangrienta, que le seguirá por lo que queda de ella. Tú eres el Castigador y este es un país para muertos...

Todo el equipo se traslada, con la bestia y el creador Steve Lightfoot, a Bellmore del condado de Nassau y Albany (ambas en el estado de Nueva York), para proseguir con las cicatrices del tiempo y la conjunción del futuro, en manos de una pareja de intransigentes sociales y una biblia forrada de cruces, gamadas, en fatídica redención.
También pudiera ser que, este John Rambo de los cómics de Marvel, no quisiera volver a ver su cara de nuevo, por eso se mueve sin rumbo, observando las huellas, siempre rodando de aquí para allá, a lugares menos pintorescos o salvajes que una selva o tupido bosque, a priori.
A primeras de cambio, desenfunda de cintura para abajo, dejando la endiablada jungla de asfalto y los juicios turbios de antaño, cambiando los movimientos anárquicos entre los tejados de Nueva York, por la natural metafísica de la compasión emocional, la protección y el sexo. Desgajado de una fatídica visión, una lucha tabernaria, que demuestra la agilidad en las escenas de acción, con antiguos directores de la primera como Antonio Campos (The Sinner) y otros, como Jamie M. Dagg (Sweet Virginia), García López (Luke Cage, Daredevil), Salli Richardson-Whitfield (Luke Cage, American Gods), Iain B. MacDonald (Shameless) o Meera Menon (Equity); junto a las rencillas escritas por Gerry Conway y los creadores Ross Andru y John Romita Sr. del cómic, que han sido adaptadas (o inventadas) por guionistas, hasta ahora, menos experimentados.

Ya desde los créditos de la serie de Netflix, y su estética oscura que repite en esta segunda temporada (algo menos a pesar de esfuerzos y algunas apariciones), podemos interiorizar esa tendencia al uso de las armas de fuego, siempre mítica en los USA y sus dioses esotéricos del pasado. Aunque desgraciadamente, es redundante con la realidad y la querencia dramática por las balas de parte de su población más joven y su propia constitución, que proclama el derecho a esa defensa privada. O condenada a la perdición...
Una incidencia que nos recuerda, con otras perspectivas evolucionadas y trágicas, a lejana epifanía del viejo western o su infierno de héroes y cobardes, donde los pendencieros, los justos y veloces pistoleros podían acabar de dos formas... solitarios esqueletos furibundos del seco desierto, o valientes, igualmente con los pies por delante... Gracias a los compases de la banda sonora, tiznados con pólvora y metal, con deje ranchero compuesto por el guitarrista Tyler Bates, que intercambia notas con Marilyn Manson o la música de filmes como Guardianes de la Galaxia, John Wyck u otros de Rob Zombie y Zack Snyder.

Tonos de negro y blanco, dibujado en el pecho, que presagian los estertores de un vendetta, tan íntima como las relaciones con un psicóloga, no muy afortunada narrativa y estratégicamente, o el sexo de una figura pública o política.
Cuidadito con las lenguas, que son muy traicioneras...


Presagio de Muerte.

El ser convulso antes llamado Frank Castiglioni, y el Guapo antes afiliado al número 176 de The Amazing Spider-Man (con más vidas que un gato), ha cambiado el traje de caqui o camuflado de los marciales marines estadounidenses, por vaqueros semi-desgastados, unas cervezas compartidas y un aquí te pillo, aquí te mato. A base de chupitos de amargo bourbon, se desangrarán, hasta que por medio, se atraviesa la mafia política, con sus malas caras, y la intromisión de una niña descarriada... ¡Ay, aquella niña de la mochila! A cuadros, me he quedado... es decir, no me cuadran sus conversaciones en principio, tan cautivas como pueriles.
Pero claro, en otros episodios de Marvel, el hombre de negro "fuerte, feo y formal", de deberá enfrentar a la peor calaña y la nueva composición televisiva entre Disney/ABC Domestic Televisión, en un futuro incierto textual y gráficamente. En el otro sentido, combatiendo con sus múltiples ráfagas para mayores, a un grupo compuesto por criminales aciagos, sin compasión ninguna, mentes desquiciadas e ideas extremistas, mafias de traficantes y embaucadores de niños, asesinos en serie y violadores grupales... y mientras, Mr. Castle anda en su deriva sentimental y alejado de todo pronóstico. El hoy, acude habitualmente por las noches, como una horca perpetua y escurridiza en su cuello.

Tan despacio van las cosas, con ella, que descubrimos a duras penas, los tatuajes escondidos en el alma de un padre ofuscado, interpretado por un notable Josh Stewart, al que veremos en The Mustang de la directora francesa y actriz Laure de Clermont-Tonnerre o compartiendo los papeles de actor y director en su segunda película titulada Back Fork. A primeras de cambio, no demuestra que va a dar gran juego, con el personaje interpretado por un frío y contundente asesino, John Pilgrim. La mejor "tortura" de esta temporada de la serie The Punisher.
También las estratagemas de los poderosos, para cubrirse las espaldas ante cualquier contratiempo o una actividad poco recomendable en ciertas eventualidades de la política. Por tanto, da tiempo a quejarse de condescendencias amorosas y sus confesiones de alcoba, de la escuálida estratagema para definir la confabulación en una bolsa, de las entradas del convaleciente "guaperas" en el parnaso, la agente Dinah Madani (menos agraciada esta temporada), la psicóloga maldita interpretada por Floriana Lima y algunos elementos multiplicados en un divertido baile de tortas, sobre el escenario o un cuarto de baño. En el que se produce un hecho sorprendente, que converge con los nuevos tiempos...

Todo termina estallando una vez más, para observar que la nueva violencia. Hecho que vendrá engendrada desde cualquiera de los dos géneros, o músculos que se han puesto al mismo nivel, en lo concerniente a parámetros cinematográficos o televisivos. Tal vez, la vida o la muerte. Algo que no rige en los viejos testamentos, y eso lo saben hasta los pistoleros y sus armas.
Por eso, el denominado antihéroe, lo comenta como un peso insalvable en su alma de guerrero, finiquitador indómito, no el participante en las guerras institucionales. Cuando los cruentos golpes que caracterizan a la serie y el personaje, al encarar la fuerza de última hornada, no comprende de fronteras genéticas, ni rivales (jocosamente, no diré rivalas porque sería una distorsión inadmisible), ya que las palizas van a ejecutarse, indubitablemente, en cualquiera de los sentidos y salpicarán a todas las clases sociales y las habituales instancias públicas.
A partir de ahí, en las diversas escapadas a ninguna parte, la serie entra en un bucle determinado por dos hilos que no consiguen la máxima atención, más bien, a los seguidores de la serie y el personaje azorado de The Punisher, llevan por el camino del estupor o la falta de conexión, con prácticas y diálogos repetitivos o algo cargantes.

Al igual que ocurre entre las mentes, aparentemente concordantes de dos corazones torturados, pero profundamente aburridos entre la psicología patológica. Nos hallamos otra vez, con el desafío de aquella moneda lanzada al aire, un condicionado polvo de Jigsaw.
Las dos líneas de narración, paralelas y convalecientes a la acción violenta, no encajan o terminan por convencerme, en su equidistancia con las bases del cómic y la temporada pasada en la tele. Una exposición concierne a la joven con la trama criminal oculta y las expresiones infantiles que tratamos de asimilar estratégicamente, sin conseguirlo por su carácter forzado. A excepción de alguna costura desnuda y devuelta con un ticket amistoso. La segunda discrepancia es ese hilo abierto entre las dos féminas confrontadas, más forzada aún, en combate psicológico sobre la redención romántica o la culpabilidad de un proscritos social, sin paliativos. Aburridas sin más dilación.

En otro lado, la violencia extrema, pasando por diferentes etapas y numerosos conflictos sociales del cómic, es algo que no se observaba habitualmente en las antiguas historietas del Universo Marvel, esto es, que no leímos gratuitamente en sus páginas. En detalle de precisión o ensañamiento en la ejecución de movimientos y las catas, con sabor femenino singular, excepto en los nuevos tiempos.
Por consiguiente, el sexo casual ya no es lo que era. Sino frustración agujereada por el recuerdo, ya que alternar no rima bien con una encrucijada de tiros, ayer y hoy. Habitual en cambio, para Punisher´s de la vida y la muerte, que se las tuvo que ver, o volverá, con aquella máscara que surgiera del frío... reflejo. Aquí estamos, amigos míos, reunidos, esperando el abrazo mortal y a nuestro hermano o reverendo irredento, acudiendo al club de carretera con música en directo, huyendo al horizonte de una nueva cama.

La primera temporada terminó con una brutal escena, en la que se colocaban los cimientos de este gen solitario de Marvel, ahora es otra cosa. Un marginado que se entrega a la defensa sacrificada de víctimas (no tan inocentes) y fundamenta en la personalidad prototípica, del hombre típico de acción y divagador de pensamientos críticos. Parco en palabras, si bien emisor de exclamaciones onomatopéyicas, que se extiende con expresiones, que dejan un poso de condescendencia con el personaje y su ciega creencia en la ultraviolencia. Ahora abrazando la amistad y un final que arregla ciertos inconvenientes o hilos poco interesantes. Por supuesto, aunque cierres los ojos en la oscuridad, y no se oigan tus pasos de nuevo en la escena televisiva de Marvel, tus oídos siempre escucharán aquel último suspiro y los lamentos ahogados por el odio.
Por consiguiente, el vaquero vapuleado, no es superhéroe, ni siquiera el maestro de ceremonias típico en los filmes del oeste, sino, un eterno conflicto dibujado en su pellejo. Una calavera que emerge, al tanto de las pesadillas más oscuras, unidas a su nombre como uña a la carne. O los pequeños a su fracasado padre, en cada astilla de aquel cristal fragmentado... y que, no fue rematado. Lejos de los pensamientos concretos y sin tapujos de The Punisher, coincide con su enemigo casual, el Mennonite.
En el otro lado, al final de la calle, nos encontramos al rival convaleciente, enfrascado en sus propios pensamientos que fueron cortados de cuajo, hasta el punto de que algunos olvidaron su segundo apodo, con el Puzzle instalado en su cara. Para siempre, o no, que Disney disponga.

Lo más relevante como dije, junto a un final que te reconcilia un poco. Uno, contra los amos de turbias empresas o grandes terratenientes, sacudidos por una deshonra familiar, con todas las cartas abiertas sobre la mesa y alguna bala perdida.
Dos, el padre o reverendo del olvido, que ajusta sus propias faltas a las consecuencias del pago de un tributo, que le tienen encadenado a la cartera y los huesos del cráneo de The Punisher.
Tres, la chica acosada, que tantas veces defendiera el viejo Duque, frente a las hordas salvajes y la falta de confesiones... se vuelve más madura y te reconcilias con ella, por su afición y el abrazo.
Cuatro, la sociedad que se degenera a grandes trancos, poniendo adjetivos calificativos, convirtiendo la política en miseria humana, y los sueños en un pequeño viaje en autobús.


Estos han sido los primeros pasos (y puede que últimos) de The Punisher en la tele... Stan Lee será eterno.
Él dijo con una sonrisa: "Me hubiera gustado ser Iron Man, pues es rico, las mujeres lo aman, es divertido y debe ser impresionante poder volar con una armadura de hierro"... "También me hubiera gustado ser Odín, el rey de los dioses y padre de Thor/Loki, pero pensé que sería demasiado viejo para el papel... ahora lo encarna uno de los mejores actores del mundo: Anthony Hopkins".

Cinemomio: Thank you

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