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miércoles, 21 de junio de 2017

Byzantium.
















Una nueva entrevista con la historia.

En 1897, el novelista nacido en Clontarf (población cercana a Dublín - Irlanda del Norte) e interesado en las ciencias ocultas y en los relatos de terror, que le narraba su madre a los pies de su cama mientras estaba enfermo, contaba con 50 años. Y seguía comprometido con aquellas viejas historias terroríficas de hombres alimentándose de otros, en la penumbra... era Bram Stoker y su novela mundialmente famosa Drácula. Comenzaba una nueva era para un mito inmortal, que ha ido creciendo en la cultura general.

Cuando una obra literaria adquiere este reconocimiento, lo normal es que a lo largo del tiempo sea fuente de futuros artistas, y el cine no podía hacer caso omiso a la historia basada en el famoso empalador y emperador de Valaquia (Sur de Rumanía) Vlad Drăculea III o Vlad Tepes. Hijo de Vlad Dracul (demonio en rumano) y esposo de Cnaejna de Transilvania, ejerció su poder y lucha contra el Imperio otomano desde 1456 s 1462.
Diferentes directores de cine han adaptado el mito del vampiro hasta convertirse un icono de sexualidad, dominio de la mente e inmortalidad a través del consumo de la sangre de sus víctimas. Ahora, el también irlandés Neil Jordan (tras haber convivido con estos seres seductores y salvajes en Entrevista con el Vampiro) vuelve a adaptar una historia que bien podría considerarse una continuación de la vida (sangrienta de Vlad el Empalador) y cómo se convierte en una leyenda de la literatura fantástica.

Byzantium retoma todas esas conexiones culturales, mágicas e históricas, y se convierte en un film a tener en cuenta. Algunas de ellas son las siguientes:

- Desde el título, Byzantium, toma partido por una época de Europa Oriental en la que se suceden las batallas, y los combatientes se comportaban con crueldad evidente ante sus enemigos. En los últimos estertores del Imperio Bizantino, la región se conformaba con diversos territorios actuales como los Balcanes y la actual Rumanía.
Esos hombres guerreros, se transformaban en auténticos monstruos y darían lugar a famosas leyendas de la iconoclasia barroca y romántica.
La sangre y el amor eterno se derramaron en páginas en blanco del futuro.

- Emerge la figura de Vlad III y posterior edición de la novela de Bram Stoker. Un niño enfermo que recopiló aquellas leyendas y las transformó en ciencia ficción en la vieja Inglaterra, uniendo el mundo sajón victoriano con la región carpetana crearía al famoso príncipe de los Vampiros.
Se eliminan las reales referencias históricas al personaje, pero el cine se encargaría de unirlas para crear una dinastía poderosa de vampiros a lo largo del tiempo. El Empalador se convertiría en una figura sin remordimientos y salvaje contra sus enemigos, los boyardos o aristocracia real, los colonos alemanes y el invasor otomano.

- La nobleza de su país se vendió al poder económico y político, comerciando con los turcos y Vlad se nombró el salvador del pueblo formando un ejército de tinieblas y muerte desde Transilvania, como una enfermedad contagiosa se extendió su fama por la comarca. A partir de ahí, su odio contra los boyardos y sajones produjo los horribles empalamientos para aterrorizar a sus enemigos turcos, y además hizo cautivos como trabajadores para la construcción del famoso castillo de Drácula.
En el fin de su Imperio, Vlad se refugia en la fortaleza y sus oscuros muros pétreos. Y creando una leyenda respecto al suicidio de su esposa.
Todos enfrentados entre sí, musulmanes, católicos y ortodoxos. En el último acecho a su castillo, los turcos se harían con la victoria y el hermano de Vlad con el poder, siendo manejado por ellos.

- Cuenta la historia que la princesa Cnaejna, se lanzó al río Arges para evitar ser mancillada por los conquistadores, y en su vida había mezclado la sangre de jóvenes doncellas en su bañera para mantener su piel tersa, sumándose a la mítica del vampiro. Su esposo y sucesor de los Drácula sería enterrado en la isla-monasterio de Snagov. Su tumba fue cambiada por los monjes griego debido a su fama y su cadáver se perdió a causa de una riada, decapitado.

En la película de Neil Jordan, Byzantium, empezamos con la visión de unas jóvenes por fuera, en la blanca piel de Saoirse Ronan y la madame de poderoso atractivo, Gemma Arterton. Porque su verdadera edad está cercana a los 200 años, mucho antes de que naciera Bram Stoker y su criatura. Así podemos visionar la película como un lapso en el tiempo, un intermedio. Eterno.

Siendo Jordan uno de mis cineastas preferidos, el guión de Moira Buffini, es antecesor a la historia y predecesor de la creación del mito. Aquí, las referencias al personaje histórico son evidentes.
Su estética es envidiable, recuerda a sus anteriores trabajos, y siguiendo las pautas de la novela en forma de epístola se cuenta la vida de unas mujeres que son cuasi coetáneas a Stoker y su novela, completando un círculo perfecto. Aquellos hechos reales se confunden con la mitificación de un monstruo chupasangre y eterno conquistador.
Jordan le otorga el nombre de Byzantium a un viejo hotel que en gran parte crea el estilismo fotográfico, en el que se comerciará con la carne y se alimentarán con sangre.

El film mantiene algunas características propias de la obra Drácula, cambiando los géneros, pero conservando el mito intacto y con el propio estilo cinematográfico de Neil Jordan. En primer lugar, un barroquismo moderno ambientado en la época victoriana británica, uniendo igualmente Inglaterra con los Cárpatos en una serie de extraños viajes.
La ambientación de los escenarios producen la oscuridad necesaria para desarrollar una historia de terror y ejercer el magnetismo del vampiro carnalmente hablando. Como una hermandad de la sangre a través del tiempo.

En segundo término, el dato romántico de Byzantium encarnado en el amor entre la misma sangre, una conexión eterna de la madre con su vástago separados por la guerra de los hombres y sus diferencias. La guerra interviene de nuevo en la creación de monstruos, como una hoja afilada y curva cayendo sobre el cuello de la historia. La inmortal violencia de las armas.
Jordan se centra en la nueva era vampírica que comienza reflejando las diferencias sociales, por la marginación de la mujer ante sus semejantes machistas, se ve abocada al comercio sexual. Como una antigua princesa que necesitara de la sangre para mantener su estatus social y libre. Una especie de baño de sangre liberador.

La película se cuenta en dos etapas, una actual y juvenil de primeros amores. Entregada a un romanticismo más natural al Drácula de Coppola y Stoker, arropado por una especie de hastío del personaje principal por su personalidad cambiante y adecuándola a una condición de benefactora y dadora de extrema unción.
Sin embargo, 200 años antes las cosas fueron muy diferentes y una joven debió luchar por su subsistencia y el recuerdo de su hija. Para ello, necesitará vengarse de los hombres causantes de esa pérdida, con una serie de viajes a una isla escondida en la bruma y puerta a la inmortalidad del cuerpo sumada a la maldición de su alma.

Bram Stoker moriría antes de ver la inmortalidad de su obra Drácula, en su querida Irlanda. Tierra de monstruos y leyendas.
Neil Jordan sigue muy vivo con su cinematografía (recordando que nació en la localidad de Sligo en Irlanda) y esperemos que por muchos años más pueda segur contando con su estilismo, todos aquellos cuentos que nos aficionaron a la literatura fantástica y al cine de terror.

Byzantium es puro Neil Jordan (quizás con menos medios), y pudiendo perder algo de su fuerza en el último tercio. Para acabar completando el círculo de Vlad el Empalador con una coherencia de guión y estilo fuera de toda duda.

Byzantium es parte de Vlad, por tanto, es historia y leyenda. Es romanticismo barroco derivado a un modernismo feudal, de aquellas primeras ciudades que crecían al albor de la vieja Europa y su mitología. Por ello, es una película fiel al original.

Byzantium es el nombre de un cubículo de vampiros.

**** Notable ***

Anomalisa


"En esta ranura, no entran más fichas."

Aquello que sobresale del conjunto de formalidades, destaca para lo bueno o malo del resto de miradas. Sin embargo, si entona diferente de la común reverberación de voces. Eso es Anomalisa...

Anomalía:

1. Desviación o discrepancia de una regla común o uso.
2. Defecto de forma o, de funcionamiento.
3. En Astronomía. Ángulo que fija la posición de un astro en su órbita elíptica, contado a partir de su eje mayor y en sentido de su movimiento.
4. En Biología. Malformación, alteración congénita o adquirida.


Hoy voy a comenzar el comentario de cine habitual con una agradable anomalía, pues la verdad es que estoy bastante de acuerdo con el periodista David Calhoun de Time Out: “Anomalisa es lo que habría salido si Kaufman se hubiera encargado de Lost In Translation o Up In The Air”.
Por ello, significaría que una película arriesgada y con amplias dosis de realismo, puede llegar como un vuelo rutinario y convertirse en algo extraordinario. En su interior los personajes no son lo que pensábamos a priori (personalmente no conocía la producción de esta Anomalisa), pues demuestran una singular apariencia. Frente al espejo... ¿cuántas veces hemos mirado fijamente nuestro rostro irreconocible? Observamos otra singularidad como las voces que poseen una calidez diferente, podría tratarse de una hendidura de la que desprendemos nuestros miedos, la rutina en los trabajos y la sensación de pérdida de esta actualidad confusa, las relaciones familiares, el tabaco y las sustancias prohibitivas, etc... Pero también, una entrada para los ensueños (o pesadillas) que te transportan a otra realidad, al menos, por unos minutos.
Por ejemplo, las decisiones incontroladas cuando en una conversación de bar, nos fijamos en la chica menos atractiva por esa singularidad. O transformamos una anomalía en una canción que anticipe el sexo o las ilusiones de un nuevo futuro.

Y esto es Anomalisa, que partiendo de una premisa filosófica como, ¿qué significa ser humano?... se construye una película diferente para adultos y particular para el entendimiento, inteligente pero sencilla en apariencia, global a la vez que solitaria en la panorama del cine.
Si bien, en el mundo cinematográfico estos paralelismos sobre el significado de una anomalía, vienen identificados por los dos únicos personajes que manifiestan un hecho diferencial de este comportamiento alienado. Él, y otra Ella, recuerda lejanamente a la voz de aquella ´Her`.
Cuando todo el mundo se define por las mismas experiencias o los lugares comunes que frecuentamos para encajar en los parámetros de la sociedad. Como una entonación calculada y metálica, repetitiva. Una piel incrustada en nuestra careta, que disimula la expresión de conformidad con lo que nos rodea, las relaciones humanas y las apariencias sociales.

Y la mujer o Anomalisa del director y, sobre todo guionista Charlie Kaufman unido en visión con Duke Johnson, sirve de resorte crítico o medio de expresión anómala, para extraer su diferencia escrita. Ya que utiliza la animación para adultos con sentido crítico que no es habitual en el mundo cinematográfico. Esta animación de Paramount significa una corriente de aire nueva que, si bien, tiene poco que ver con las magníficas aventuras del gran Jim Henson o la irreverencia de Spitting Image (animaciones que comparten el mismo gusto creativo) ni tampoco la extravagancia en la acción sucia de Team América... o siquiera el paralelismo con el mundo animal y divertido de Fantástico Mr. Fox de Wes Anderson; es una lúcida creación personal. Más bien, una manera exclusiva de expresar sentimientos y escenas cotidianas que se enfrenta al cálculo matemático de resultados financieros o la habitual corriente artística que pertenece a este tipo de producciones.
También a costumbres de seres humanos, respecto a ese magnetismo animal que se desprende de aquello que ´llamábamos` amor. Sin duda, Anomalisa ha tenido la mala fortuna (o lo contrario quizás) de tener una competidora más modulada y fácil de entender como Del Revés. Aunque la metafísica de conocimientos de ésta posea unas cargas de profundidad tan sustanciales como el guion que remarca la anomalía argumental del filme de Kaufman, su obra narrativa. Recordar que fue el ganador a mejor guión por Eternal Sunshine of the Spotless Mind y Bafta además por las increíbles historias de Being John Malkovich o Adaptation. Sus letras pululan entre la agradable realidad de sentimientos y la fábula cercana a la experiencia depresiva.

Igual de desacostumbrado es, esa escasez de personajes encerrados en un habitáculo para una cinta animada, resultado de la inversión por sufragio voluntario y anónimo, que reproduce la libertad creativa para retratar con plausible veracidad, las asombrosas relaciones personales e íntimas de sus protagonistas principales. No por sus avatares complicados en el retrato, sino por una apuesta magnética y arriesgada.
Hombre y mujer, diferenciados por el ruido o expresiones acostumbradas de este tipo de cine, de formalidades clásicas y conversaciones alejadas de las emociones humanas, a cambio de la estética (que sin duda Anomalisa posee), pero las marionetas de Él y Ella se reconocen, provocando reacciones en el espectador que se reflejan en pantalla como si se tratara de personajes reales de carne y hueso. Y lo son...

Sólo que en este caso, la animación stop-motion viene acompañada por la banda sonora introspectiva de Carter Burwell y un enorme esfuerzo fotográfico, de la hábil mano de un grupo de titiriteros auténticos en Starburn Industries. Algo verdaderamente digno de ser contado, creado con impresión 3D, porque cuando la tecnología se aúna a la magia con esta necesaria capacidad intelectual, sirve de acicate para abrir la mente al público.
Incluso la diferencia aparece, en una forma de contar y expresar, destacando entre esas voces interesadas o apropiadas para oídos del sistema cansino, pues todas las palabras vibran alrededor de las imágenes en miniatura, en las canciones a capella en la habitación repetida. Es un bis a bis de arriba a abajo, sobre el conformismo y la vuelta a la realidad después de reacciones químicas desaprovechadas... sobre un ruido de fondo que tiene como protagonista la anomalía de un actor llamado Tom Noonan, poniendo su monotonía ejemplar a la sistemática expresión del reparto de títeres en el filme. Y que anteriormente había trabajado con el director en el filme Synecdoque, New York.

Mientras en el otro lado de la cama, animada, se comprueba el detalle minucioso de los escenarios y luces, de reflejos y silencios, de la aventura habitual frente a la familia estereotipada, en busca de una voz contra la envolvente soledad.
Él, es fumador de mediana edad, inteligente pero apagado por una tormenta de sensaciones, también perdido en un mundo que pareciera un teatro para marionetas teledirigidas por grupos de expresión. Es resolutivo y decidido, excepto cuando la realidad se abre paso a horcajadas sobre un colchón furtivo y se siente el abismo de la rutina que te ahoga. Él, posee la voz exigente y crítica de un cínico, otro actor escondido tras la máscara como David Thewlis, reconocido en últimas producciones como la película Regression de Alejandro Amenábar.
Ella es Anomalisa, parte de una anomalía aún mayor que la expresión, ya que aparece como una chica divertida con numerosos deseos y diversos miedos hacia su apertura sexual y sentimental... quizás se haya llevado alguna que otra desilusión en la vida. Por eso, le gusta beber y divertirse como una mujer joven más, compadecerse de una soledad sumida hace tiempo en el ostracismo, mientras se deja llevar por una melodía del pasado.
Ella es una anomalía surgida de la insoportable levedad del ser, que aparece por calidez cuando ambos necesitaban una voz amiga o un cuerpo caliente con el que compartir un hecho más real que sintomático, como si un muñeco de madera pudiera llegar a alcanzar ese parámetro imaginado, sin tratarse del infantil Pinocho). Pero Jennifer Jason Leigh igualmente es un desayuno dual y mecánico, compartido al día siguiente, por lo que podría haber sido nominada también en esta cápsula envolvente de animada realidad.

Ella vuelve a ser parte de la formalidad con sus gestos habituados, a través de la repetición de coletillas que creíamos desbancadas o superadas, aunque el vocablo anterior a su nombre Lisa, signifiquen algo tan hermoso como el universo mismo. Todo lo que tiene de sensual, infantil, indeciso, mágico o frustrado, este personaje, se lo debe al director neoyorquino más subjetivo y lo construye una Leigh capacitada para enfrentamientos entre amor y odio.
Toda la magia realista, se expresa con esta parábola onírica, que significaría un cambio casi una pesadilla existencial. Una historia que se esconde bajo la piel y la rutina del equipo. Una sorpresa cinematográfica que viene a saciar la necesidad de una conversación reveladora y diversa, como una muñeca matrioska que pertenece a otro mundo y se cuela en el mundo de niños caprichosos y repelentes, tal que una eyaculación creativa sin motivaciones sociales o económicas.

Anomalisa es cine intimista y revelador de capacidad artística, exponencialmente lanzadera nuevas fronteras en la animación para adultos (ojala), para ahondar en el espíritu desengañado o necesitado de otras experiencias vitales, o guiadas por un ´master of puppets` con fundamentos clásicos en el romanticismo y algunas gotas de ciencia ficción, para mentes inquietas.

Anomalisa es la mujer fantástica que vino de las estrellas, pero al tocar la Tierra se expandió como el polvo recurrente e infinito. Esto es, una difícil aunque... maravillosa e increíble anomalía.

Tráiler Anomalisa:


Anomalisa Soundtrack, None Of Them Are You by Carter Burwell.



Top 5000
Charlie Kaufman escribirá el guion de Chaos Walking, una trilogía de libros del autor Patrick Ness (Un Monstruo viene a verme):


Get Out.


Cuando los blancos... no la saben meter. Sal

¿Pareces ciego e impotente? ¡No te das cuenta que te estás metiendo en un enorme marronazo, bro!
Que estamos en una sociedad hipócrita, que proclama una lucha contra el calentamiento global, mientras se instalan potentes acondicionadores en casa para estar fresquitos... Todo son caretas que esconden la verdadera dimensión trágica de la actualidad, ocultándose los extraños comportamientos tras una careta o mueca... ¿de dolor o risa?
Cualquiera diría que el rostro de aquel estudiante negro, interesado por la comedia y convertido después en actor, dibujaría una expresión de satisfacción total. Su nombre es Jordan Peele, que se ha convertido en la gran revelación en el mundo del cine en 2017. El hijo de una pareja multirracial, que interpretara a uno de aquellos agentes incapacitados del FBI en la primera temporada de Fargo y, que por último, se proclamaba en espléndido y animoso director de cine con las ideas bastante claras. El ejemplo sobre la historia fascinante, que va a contar en su primera película Get Out...

No te das cuenta que tras la cámara, bro, te vas a quedar en los huesos. Con tanto trajín de aquí para allá y quebraderos de cabeza en busca de financiación. En una sociedad con el pensamiento conservador de un presidente blanco y millonario, con más edad que su antecesor Barack Obama, protagonistas de algunas frases del filme (aunque uno esté silenciado). Pero, no importa, porque has llegado con un auténtico obsequio (semejante a aquel regalo con que el Doctor Frankenstein obsequiara a la criatura solitaria...), novia hermosa e ideal, de piel blancuzca y vestida para matar. Ahora Mr. Jordan, te has apoderado de las mentes de muchos aficionados al suspense con indudable calidad y estilo, por ejemplo el de Franklin J. Schaffner, director nacido en Tokio y sus niños del Brasil. Elaborando un plan perfecto y terrible, con el cual desnaturalizar a la sociedad actual.
Con una encerrona psicológica y misteriosa, como no podía ser de otra forma, pensando en tantos científicos y médicos inhumanos que quisieron apoderarse de las voluntades de nuevas generaciones de críticos o infantes bien formados. En la bebida surrealista de Déjame Salir, has agitado esa coctelera mortal, con raza y soniquete, hasta formar un combinado perfecto de posturas radicales en el seno familiar, sexo oculto como las ideas orgánicas, tazas de té y miedos intrínsecos. Para denominar a esta construcción elaborada, Get Out, sin tener nada que ver (exclusivamente la emoción y otras sensaciones cinematográficas) con aquella blancura sueca y pálida, ávida de sangre... que pregonaba arañando en el cristal ¡Déjame Entrar!

Y mucho suspense antes que una evidencia visual. Echando la vista atrás, a aquellos doctores sacrílegos, el terrible Mengele interpretado por Gregory Peck, el profiláctico deambular de Los Sin Nombre, un científico como John Hurt viajando al Fondo de la Mente, el deseo regenerador de aquel hombre rehabilitado físicamente en Mosca, el monstruoso Dieter Laser de The Human Centipede o la mirada cristalina Stuart Gordon y la veta fluorescente de Jeffrey Combs en Re-animator. Son algunas sombras que provienen del frío invierno en Escandinavia, las que se inoculan aquí, pero con un argumento ligeramente fantástico. O mucho, depende de vuestra cabeza.
Apenas nos dimos cuenta que, para todos han pasado ya... casi 10 años. Cuando aquel director Tomas Alfredson y su película Let Me In, basada en novela de John Ajvide Lindqvist, nos introdujo en la piel pálida de un chico desenvuelto, no tan risueño como este Chris, pero con problemas personales en la convivencia con el mal. Algo así como la dulce Rosemary con sus vecinos alborotados con su carga, carga al estilo Polanski y de tenso ardor escénico o su ofuscación meditativa. Otra joya de la naturaleza reproductiva.

Y en su defensa, a vida o muerte, el joven se arrimaba al filo de los colmillos y la inteligencia, contra extorsionadores de su colegio, que formaban otra pandilla temible y clasista. Cualquiera de aquellos acosadores de su/nuestra infancia, podría haber formado una familia en la actualidad. No sé, si bien avenida, a pesar de apariencias joviales y semejanzas opresoras que subyacen en el denso ambiente; ya que existen códigos internos que solo conocen ellos, como los huéspedes de Get Out y su ´distinguido` árbol genealógico. Así, en cualquiera de sus reuniones privadas o bingos familiares, te pueden convertir en postre que endulzara sus tristes vidas, un pastelito para el ácido de sus bocas, con el otro cosido a tu trasero.
Sobre todo, teniendo en cuenta que estás saliendo con una de sus angelicales y bellas hijas... antes de su radical cambio de peinado.
Terrible cosa, por otro lado, esta discapacidad mental arrastrada socialmente con el nombre de "bulling" o la denunciable superioridad moral de sus acosadores. Ahora el perseguido es de raza negra, asustado ante una representación idílica (excepto en su cabeza inquieta u otra) y que, tras la fachada impoluta, se enturbia con un destino incierto. Maquiavélico e incitador como poco.

Encarar la falsedad conlleva tratamientos desaconsejables por parte de la manada, gesticulaciones mecánicas, sorteos de miradas lascivas, mejor dicho, reproductivas, que encajaría con el dinamismo potenciador de este comentario... te convertirás en espejo de El Invitado perfecto, la anomalía que se reproduce en el interior de unas vainas con ultracuerpos o se deshace acosado como mantequilla en La Cosa. El condimento de las salsas del doctor Hannibal y sus recetas, el dominado ante ojos de niños gélidos y albinos, que vinieron del interior lejano y no tan frío, como la tecnología replicante de Tyrell o el ingenio biomolecular de J.F. Sebastian en Blade Runner.
También el hombre con dos cerebros, uno para el miedo y otro para el humor inteligente, que también lo hay por otras líneas paralelas a la trama. Malditos doctores aficionados al terror, científicos locos que inculcan sus métodos insanos e interés desbordado por el funcionamiento interno de la mente o el comportamiento humano.

Algún impedimento aparentemente insustancial, casi surrealista, va creciendo como una bola de nieve alrededor de su piel (nunca mejor entonado), produciendo una tensión acumulada en nuestra placentera experiencia de voyeurs. Y que, a lo largo del filme, va haciendo otra bola más áspera en la garganta al protagonista, avisado amistosamente por una posible viada junto a su querida novia. Pasando al martirio psicológico con el simpático actor Daniel Kaluuya (próximamente en Black Panther o la próxima película del director Steve McQueen) y agradable sorpresa de una actuación plagada de matices. Reconocido por series como Doctor Who o Babylon, y ese interesante papel en Sicario, notable filme del omnipresente Denis Villeneuve.
Muchacho del norte, o sur más bien, conoce a esa chica con poderoso don de atracción y ciertos poderes sobrenaturales para la convicción, casi herencia extra-sensorial y oratoria de su sangre. Aquí su futura rosa interpretada por una atractiva y modificable Allison Williams, un brazo que podría servirle de ayuda, ante la extraña y solitaria situación. Recuerdos de una pareja ideal, joven, comunicativa y contrastada (rememorando aquel primer beso labial de la serie Star Trek a finales de los 60) y elogiosas interpretaciones de ambos actores. A pesar de un encuentro, que no vio nada claro. Casi como el tono de su... voz, frente a todos esos agradables invitados...

Alabama es el lugar para orientar el futuro de su relación privada, donde poseen la felicidad y comunicación mental, con cierta pasión romántica al estilo el monstruo y su novia. Dos actores que retratan a la perfección la candidez, la compenetración y el desasosiego posterior, por un viaje interior que comienza en la cuneta de una carretera. Mas, con un argumento nada tirado... sino, irónicamente descabezado.
La casa del 6892 de Heathcroft Lane, Fairhope, es escenario señorial y fantástico en las afueras ajardinadas de la mente. La jaula de los que se alimentan con la fuerza del cautivo. Una exclusiva parcela privada para "olvidarse del exterior", calma y vigilada... Bueno, a lo mejor no tanto, ya que aparecen conductores de aspecto amenazante que te pueden dar un buen susto, deportistas hercúleos que te podrían derribar, si paseas a deshoras y despistado. Sino, que se lo cuenten a algún visitante precedente.
En el pasado, aquellas reticencias de una vamp, daban origen al título del filme y aviva el recuerdo vengativo en esta viceversa saliente. La solicitud de amistad, quizá sexo tántrico de adolescentes o juego de depredadores, sugiere una petición de apertura hacia el conocimiento de ambos, frente a la realidad oculta... sus vicisitudes en privado o crónicas virtuales tras el insomnio, ahora con una idealización de diferentes tonalidades. Frente a esta realidad oculta y olvidadiza, casi parapsicológica, las ganas se disuelven ante una taza cerámica y una cucharilla metálica.

Tanto entrando como saliendo del agujero metafísico, removidos en el interior, sus historias son una sorpresa en este ´corto` lapsus de tiempo, a pesar de una decana cinematografía como la sueca y sus obsesiones circunstanciales; demostrando que el gran guion del mismo Jordan Peele, es perfecto. Con un productor Jason Blum, acostumbrado a este tipo de experiencias críticas y una filmación capaz de desfigurar la realidad con escenas intrigantes, atrevidas situaciones y expresiones tragicómicas, para dejar al espectador amarrado a la butaca con esa mueca risueña entre la pérdida y el reencuentro. En ese estado emocional, que reconocemos en el desconsolado huésped, sentado como voyeur tensado al extremo, más bien como esos otros amarrados críticos del maestro Hitchcock. Esto es, sin decantarse certeramente por el camino gore más chabacano o extremo.
Eres la rubia acosada, narración copulativa sin evidencias de fuerza física ni restos biológicos, la mujer delicada caracterizada por un tratamiento íntimo de los personajes en la oscuridad. Solo que creciendo en tu interior ese espíritu vengativo ante otra historia envolvente que no dejará títere con cabeza con ritmo acompasado. Que entronca con algunas opciones metafísicas del cine fantástico y de terror, aunque en Déjame Salir se apueste firmemente por este estimable juego de misterio clásico. Pero, mentalidad e intensidad moderna.

Get Out es una nueva excursión hacia el terror psicológico, que tan buenos resultados ofrece en la actualidad cinematográfica. El espectador escapa a ese barrio diferente cruzando el océano truculento del ser humano y se encuentra un recibimiento conservador de más cabezas delirantes que castrantes, donde un miedo ancestral se revela, y rebela en la personalidad de un afroamericano, acercándose más de lo debido para encontrar una respuesta, que ninguno esperábamos. Salvo el cómico LilRel Howery al otro lado de esta línea, que se comunica con gags desengrasantes y algunos consejos alucinantes frente a la pandilla de monstruos o familia Armitage. Dos contra un mundo de disimulados comportamientos y hechos dominantes, no de niños rubios ni moscas o marcianos, si bien sus juegos vitales de alto nivel estratégico pertenecen a esa categoría, de intereses generacionales y renovación juvenil. Con adocenados sirvientes del mal y amistades peligrosas, no aptas para desaprensivos. O timoratos relacionales con reticencias raciales. Pero, visto lo visto... En Get Out, las cosas aparentan lo que parecen, flotando en el vacío como aquel ser que oteaba el mundo nauseabundo desde el interior de un profundo y psicopático retrete. Se intuye la siguiente pesadilla surrealista a distancia, dirigida al centro neurálgico.

Al igual que Mr. Peele, te puso en estado de alerta, al incluir una primera escena que trastoca la normalidad en amenaza, la conclusión es ajustada y siniestra. Como un pasamontañas, le queda el papel a Caleb Landry Jones (Antiviral, Byzantium) que, además de en Twin Peaks, le veremos en una banda punk en Viena & The Fantomes, junto a Tom Cruise en Barry Seal: El Traficante, o Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, junto a Abbie Cornish, Sam Rockwell, Frances McDormand, Woody Harrelson y Peter Dinklage. En la cresta va este muchacho desquiciado que, habitualmente, se alimenta del miedo y escruta con su tendencia enfermiza habitual a unos padres interpretados por un genial e incómodo Bradley Whitford (The Cabin in the Woods y Saving Mr. Banks, próximamente en Three Christs junto a Richard Gere y Pete Dinklage o Unicorn Store dirigida por Brie Larson) o la sorprendente, siempre, Catherine Keener.

El protagonista no muestra debilidad ante sus anfitriones, pero sí desasosiego y desconfianza. Aún más acechantes y calculadores, los hechos delatan registros invasores que, por otro lado, verán como un agente externo, divertido y lenguaraz junto a otros acompañantes anónimos, sirve de desatascador a toda la tensión acumulada. Una conexión más "cerebral" y realista de la vida, con humor de incredulidad cercana y un punto de vista transparente, casi como la piel albina de un esclavo desnaturalizado, muerto viviente o ser interceptado por algún ritual de voodoo. O viceversa, otro posible marrón sexual de considerables dimensiones...
Desde el asfalto, comienza la estrategia de la trama y los encuadres de un conjunto de descuadrados raciales, en distintos niveles de conciencia. El caso es no recrearse con la visceralidad visual, sino centrarse en objetivos más desafiantes para nuestras inquietas neuronas, como la preparación de avisos silenciosos sobre cerebros vacíos o tensas conversaciones psicológicas. Y la atención sobre los tintineos de una cucharilla, que nos introduce en ese universo especulativo y surrealista, un torbellino de apariencias de tal forma que observamos lo real como una extensión de nosotros, de nuestras dudas y miedos frente a la vejez o la muerte.
El director neoyorquino irá demostrando que el suspense es la mejor forma de llegar al corazón del público y a la zombificación de las mentes. Sin dejarse acomplejar por otros referentes terroríficos, como el maestro Alfred Hitchcock y sus personajes atrapados en ambientes obsesivos o dramáticos. Se ayuda de un reparto plagado de rostros inquietantes e actuaciones ´descerebradas`, con ojos huidizos que se apoderan de la escena y nuestra respiración, como Stephen Root, Lakeith Stanfield (Short Term 12, Selma), Betty Gabriel (Experimenter, Election) y Marcus Henderson (Djiango Desencadenado, Whiplash) que sirven y se desdoblan con los hospitalarios anfitriones.

La próxima epifanía hereditaria, sería el agravante de un convite de postín transformado en elegía vengativa, algo inesperada para feligreses y "acogedores" propietarios de lo ajeno, con comportamientos impredecibles que nos aconsejarían hacer las maletas y tomar las llaves de nuestro coche, para salir de allí a toda velocidad sin mirar atrás. Sin arrepentimiento ninguno, a pesar del amor consejero que nos haría mirar la situación con mayor tranquilidad... "frente una taza de té o negro café, eso sí".
En este momento, cuando los acosadores de Déjame Entrar se convertían en un peligro directo (no menos inquietante que, aquellas invasiones de ladrones de cuerpos, el ansia de prosperidad de vainas y otras Cosas vegetales del mundo exterior), comienzan a percibir la Tierra como un hogar de éxito personal o familiar. Aunque los vecinos terminen como el rosario de la aurora en La Invitación o las amenazas provengan de la división epidérmica, uniendo sus ´boutades` genéticas con los niños del Brasil o unos músicos retenidos a la fuerza en La habitación Verde... una xenofobia latente dentro de la actual sociedad convulsa. Cuando en Déjame Salir, estalla esa violencia contenida durante su primera parte, no necesita aproximarse demasiado a la sangre ni acercarse a la escenificación del dolor, sino que el verdadero trauma reside en la cabeza. Una ramificación contemporánea de todas aquellas películas, que nos atraparon frente a una pantalla con la idea del control de las masas o voluntades debilitadas. Pero, con su determinación y propia personalidad.

Recordáis aquel cerebro retirado por invalidez mental, que tirado al suelo el sano, se instala en un cuerpo monstruoso. Desde el retrete oscuro, sus ojos asustados miran por la ventana, a una niña desconocida y sus variaciones familiares, con cierta condescendencia al prejuicio y la supremacía. Observa al auténtico enfermo que se ríe de tu soledad en la alturas, como un dios todopoderoso, a sus vaciados empleados (peor que esclavos) que no sienten ni ven tu estado ingrávido, el del próximo monstruo de Frankenstein. Clin, clin... clinc.


Get Out movie Main Theme ~ Sikiliza Kwa Wahenga


Teaser The Florida Project, de Sean Baker.


Tráiler Black Panther, de Ryan Coogler.


Teaser A Happening of Monumental Proportions, de Judy Greer.


Tráiler We Don't Belong Here, de Peer Pedersen. Con Catherine Keener y Anton Yelchin.

viernes, 16 de junio de 2017

The Divide.

El cristal y la división.



Hoy podría ser un día como cualquier otro, se decía en su interior la joven asomada en la ventana. Sin embargo, algo raro ocurría en la calle. Todo parecía pasado por un filtro rojizo como presagio de algo peligroso.



En el interior del edificio situado en un rincón de Nueva York, el rostro de la muchacha se acerca más al cristal para poder observar mejor la situación. De repente, algo desencadena una tragedia. Explosiones en distintas posiciones de la ciudad. La actriz Lauren German, retrocede pavorosa con el estruendo en sus oídos y sus ojos reflejan el horror resplandeciente del fuego provocado...

Alrededor de ella, todos corren buscando un lugar en que cobijarse. Un hombre intenta cerrar una puerta, y otro, agarra a la chica... Corre.



- El Refugio: El ideólogo de un búnker, lo encarna un viejo conocido, curtido en mil batallas Michael Biehn (superviviente de aliens y terminators) ... Así, posee los galones cinematográficos suficientes como para ser la cabeza rectora de la situación.

Este habitáculo nos resulta ajeno y algo frío al principio. Medio subterráneo, medio oculto. Extraño.

El personaje de Biehn sabía que tendría que hacer uso de él, un buen día. O malo. Lo preparó con la suficiente capacidad para salvar una contingencia de emergencia. Lo conoce, aunque sus compañeros "invasores" no se percaten totalmente de ello.



Necesidades básicas cubiertas, para un líder del pequeño submundo que tiene vida propia. Es decir, varía en función de sus inesperados habitantes. Nada es lo que parece, ni nadie terminará esta aventura igual a cuando entró.



- El dominio de la situación: Vale, vale. De acuerdo, tenemos una invasión de películas de gente en problemas graves. Encerrados o enterrados.

Sin eambargo, en The Divide existen diferencias sustanciales. Aquí, el director francés Xavier Gens (dudoso en principio por ser el autor de la aburrida Hitman y Frontiéres) .... toma el control de la situación.

Sabe bien los terrenos que pisa en el terror. Claramente, se hace con el mando de la historia. Nos echa un pulso a los espectadores de aguante mental y moral.

Si él no desfallece, un aficionado al scifi y al terror no tirará la toalla.



Tras unos minutos dubitativos, te introduces sin fisuras en este búnker cauterizado, pero enfermo por dentro y por fuera. Además, Xavier Gens se rodea de un reparto peculiar. Los ya nombrados Michael Biehn y la bella Lauren German que se convierte en la pieza maestra de todo el diabólico desbarajuste, unimos a una decadente y magnífica Rosanna Arquette. Y otro habitual del cine sangriento Milo Ventimiglia.



- Una convivencia enferma: Si en un principio, el espectador se está habituando a la división de los personajes con el mundo exterior, lo realmente poderoso está por venir.

Y cuando ello sucede, ya no podrás abandonar la película. Te podrás cabrear e incluso enfermar, pero difícilmente abandonarás.

El guión está estructurado de tal forma que, el choque entre las cabezas pensantes y enjauladas, deparará una vuelta a aquella obra genial de William Golding, escritor y premio Nobel de El Señor de las Moscas. Sólo que en esta isla-refugio, los niños ya no lo son tanto. Son jóvenes adultos y con sabiduría suficiente para hacer bien las cosas.



Todo desembocará en lo contrario, como en la colosal joya de Golding, la enfermedad está a punto de llegar. Y lo enfermo, trae lo peor del ser humano.

Un animal interior.



Nota-inciso: Recomiendo vivamente la lectura de esta joya de la literatura. Y de las dos versiones que conozco en el cine, sobre todo el visionado de la cinta homónima Lord of the flies (1963), del director Peter Brook.



- El depredador: Un cerebro y sus conexiones neuronales preparadas para el raciocinio y la justicia, puede convertirse en un arma mortífera en cuando le sometes a una presión social, a la falta de las necesidades básicas y a la falta de las perspectivas futuras.

El cerebro puede causar malas pasadas. Deja de ejercer su verdadera función equilibrada de la percepción real de las cosas. Y en ese momento, el individuo se transforma en otro ser, el animal más irracional. El hombre en pleno proceso de locura, ya no reconocerá a sus semenjantes como a sí mismo. El cerebro con falta de alimento y libertad, buscará la salida a esa situación desesperada y tratará de cubrir las necesidades a cualquier coste.



Las prioridades del depredador serán el dominio, la comida y el sexo.



- El cristal: Al final de todo esto, otra cabeza, esta vez perpetrada para la evasión saldrá a la superficie.

De nuevo, unos ojos en una elipse (como las que me gustan en el cine) se enfrenta a la realidad externa. Ya no recapacita sobre el infierno sufrido durante su largo encierro, sino que contempla el futuro.



La división es evidente. Tu estás dentro y el futuro fuera. Y recuerdas, otras películas que surgieron de un holocausto...

Como los ojos contemplativos del coronel George Taylor en la cinta de Schaffner. Donde los humanos son los animales.



*** Notable ***

La ciencia ficción con mundos en convulsión, vuelve a la gran pantalla con los siguientes estrenos:

domingo, 11 de junio de 2017

The Woman.

















La mujer en la sombra.

Hace millones de años, nuestros antepasados debatían sus diferencias y posiblemente la propiedad territorial al borde de una charca. Hasta ese momento se habían dedicado a buscar refugio y alimentarse por los medios naturales, es decir, con sus propias manos y a base de mordisquear con sus dientes la dura carne que se le interpone.

Según el Mito de la Caverna (incluido en su libro la República por el filósofo griego Platón), un hombre encadenado sin posibilidad de moverse en el fondo de una cueva y mirando las sombras que produce una hoguera, creerá que la realidad es la producida en aquella pantalla espectral. Si lo giramos cambiaría su raciocinio al ver la nueva realidad y así sucesivamente si sale al exterior y se encuentra con la naturaleza y otros parientes. Por lo tanto, si quedasen algunos compañeros en el interior y ese hombre regresara para convencerles de la realidad externa, aquellos se reirían de él.
En el caso de la película The Woman, se produce un hecho parecido pero al contrario.

La protagonista es una mujer interpretada por Pollyanna McIntosh que vive con libertad en el exterior de manera silvestre y salvaje. Para ella, esa forma de vivir es la realidad fuera de los límites racionales y protegidos de la caverna o civilización. Aunque no será tan sencilla la supervivencia.
El séptimo arte siempre ha sentido una atracción por la alegoría platoniana y la parte más animal del hombre (o la mujer). François Truffautt con su largometraje El Pequeño Salvaje o Werner Herzog con El Enigma de Gaspar Hauser son referentes de los cambios que se producen en un ser humano, cuando se ve desprovisto del contacto real con la civilización y sus semejantes racionales.

Sin embargo, no hace falta volver a la Prehistoria o a las cavernas, para contemplar esta regresión animalesca de las facultades humanas. Ya que lo podemos observar cualquier día, en los diarios de noticias.
En un ensayo sobre la ceguera como cuestionaba José Saramago, se comprueba que los sentidos pueden engañarnos, creyendo que lo salvaje se sitúa fuera de nuestro universo conocido. Cuando es más que posible que la contaminación salvaje esté dentro de nuestras propias cuatro paredes.
El hombre es un verdadero depredador, sin garras o grandes colmillos. Hasta ahora.

El director californiano Edward Lucky McKee (conocido sobre todo por su film May) ha dado en The Woman una vuelta de tuerca, en una sociedad en que las mujeres pisan fuerte fuera de la oscuridad pretérita. La caverna más o menos salvaje, se convierte en bestial y sangrienta, amplia su visión hacia lugares inhóspitos. Su misión es aterrorizar al plácido y "civilizado" espectador en la piel de una fémina superviviente y de gustos culinarios específicos.
Pero, no se queda ahí. También intentará golpear las conciencias con uno de los males de nuestra era: un lobo con piel de cordero.

Así se disfraza la posesión más terrorífica en nuestras civilizadas sociedades, con la apariencia tranquila de un hombre dominador y con intenciones de salvar a la joven salvaje. Por contra todo cambiará cuando la mujer demuestre que no es tan manejable como se pensaba, y saca a relucir su indómita naturaleza y sus dientes vengadores.
Toda esta carnalidad (en el más amplio sentido de la palabra) funciona como eje vertebrador de la corrupción del alma y el maltrato de puertas para adentro, más concretamente, en el interior de la familia. Dónde se produce una contaminación del cabeza de familia, a través de los métodos educativos más abusivos, para sangrar a sus componentes y manipular las conciencias.

Además de la mente retorcida del propio McKee, se une el escritor Jack Ketchum como propietario de la novela. Ambos escriben este guión con reflejos de un terror depredador y hambriento. En una especie de canibalismo holocaústico que maquilla el principio natural de la supervivencia. La supuesta debilidad femenina hará frente a la desdicha, a la posesión sexual y al desprecio a su género, con el rostro más sangrante de su verdadero ser.
Nuevamente se verá en los medios, una nueva noticia de sucesos provocados por el machismo más rancio. Mas los términos en esta ocasión serán muy diferentes a la realidad.

En este festival de depredación, se unen los actores Sean Bridgers en el papel de lobo. La propia Angela Bettis con un protagonismo muy diferente al prestado en su anterior film ya antes mencionado. Y su peculiar y maltratada familia con los nombres de Lauren Ashley Carter, Zach Rand y la pequeña aprendiz Shyla Molhusen.
Como es habitual en este tipos de fiestas siempre hay un "Ratón" invitado al banquete, en este caso en la carne y hermosa piel de la actriz Carlee Baker, que se encuentra a gusto en estos menesteres terroríficos.

Tanto en una buena cabaña texana o cueva que se precie en una bucólica población en el campo, si quieres demostrar decadencia y terror, lo mejor es un espeso barniz de suciedad y podredumbre. Un aspecto áspero que no oculte la apariencia de la antiguas matanzas (en esta película en Massachusetts) maquillando la realidad de unas familias desprotegidas y, en algunos casos, taradas.
Sólo hay que abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor. Ovejas disfrazadas y mujeres encadenadas por el miedo.

El plato para gourmets del género está servido. Siéntense en esta mesa dónde nada es lo que parece aunque cuidado con los valores culturales y cívicos, pueden esconder al verdadero depredador de nuestros días.
Así que compórtense de cara a los demás comensales, con modales exquisitos.
Por supuestos, no coman con los dedos.

Esto no sería bien visto, por la habitante de esta cueva.

*** Interesante ***


A la protagonista de la cinta la podemos ver en esta producción irlandesa del director novel Brendan Muldowny, llamada Love Eternal. Reparto: Robert de Hoog, Pollyanna McIntosh, Amanda Ryan.


Tráiler Jug Face, de otro nuevo director Chad Crawford Kinkle. Reparto: Lauren Ashley Carter, Sean Bridgers, Sean Young, Larry Fessenden y Daniel Manche.


Esta es la última ocurrencia de Lucky McKee, All Cheerleaders Die. Reparto: Caitlin Stasey, Sianoa Smit-McPhee, Brooke Butler, Amanda Grace Cooper, Reanin Johannink, Tom Williamson.


Angela Bettis tendrá un papel en la nueva película de Terrence Mallick, con un reparto espectacular compuesto por Ryan Gosling, Christian Bale, Cate Blanchett, Michael Fassbender, Rooney Mara, Natalie Portman, Benicio del Toro, Val Kilmer, Holly Hunter, Bérénice Marlohe, Haley Bennett, Clifton Collins Jr. y Tom Sturridge.

Antiviral.


Festival de Toronto (TIFF): Mejor ópera prima canadiense (ex-aequo).

Festival de Sitges: Mejor primera película.


El ADN de la enfermedad.

Fue por 1969-1970 cuando un canadiense nacido en Toronto cumplía 26 años, y con su cuerpo aún sano y joven se disponía a establecer las bases de lo que se llamó el cine de la "nueva carne", dedicado al pánico que ejercen sobre los seres humanos las enfermedades degenerativas y contagiosas, más las múltiples variantes sexuales o mentales. Las réplicas de las cadenas de ADN y las transmutaciones de los cromosomas hereditarios o contagiosos, están de nuevo recorriendo por su sangre renovada. Era David Cronenberg.

Ahora han pasado casi 35 años y su hijo toma el relevo de aquellos comienzos tortuosos para los jóvenes espectadores que hemos crecido con el cine de su padre, llega Brandon Cronenberg algo más maduro 33 años (aunque realmente aparecía como técnico de F/x en la película Existenz con tan sólo 19) y una compleja y atractiva carrera cinematográfica por delante.
A través de la joven productora Rhombus Media y distribuida por Alliance Films se ponen a rodar en Hamilton (Ontario) este enfermizo film llamado Antiviral con claras reminiscencias a la cinematografía de David, pero si cabe una vuelta de tuerca aún más adulta.

Si dejamos de un lado las cuestiones metafísicas (sobre individuos consumiendo terrenalmente la carne de los dioses) y prácticas oscurantistas en salas de blanquecina y resplandeciente pulcritud, una asepsia que produce inquietantes manifestaciones en nuestras mentes de espectador sorprendido. Las imágenes están cargadas del universo visual particular de Brandon aunque mantiene todo el onirismo "cronenbergiano" de sus hospitalarias ambientaciones.
La enfermedad es dominante en la argumentación y la repulsión a las transmutaciones de la "new flesh Canadian", con celebración de los rituales sanguinolentos y eccemas supurantes.
Nos encontramos en Antiviral, con las cuestiones vitales de la cinematografía primeriza de ambos, padre e hijo.

Su ADN patológico, bebe las mismas referencias, ambas son dos apariciones sorprendentes y fantasmagóricas en el panorama actual, fagocitado por los efectos digitalizados (aquí nos encontramos con cine de aroma a antiguo acetato ochentero), pero siempre con un punto de vista más actualizado con los temas más modernos.
Por otro lado, no es la única aparición radiante la del joven director.
Todo ello nos configura un futuro muy interesante lleno de gratificantes expectativas para los espectadores fans del género scifi, que no deambulan por los terrenos más fáciles del trillado género terrorífico.

Si en primer lugar tenemos esta omnipresente figura, en la esencia del filme Antiviral en la carne de los Cronenberg, dónde el hijo pródigo es reencarnación del cine esquizoide y sofocante del padre. La estética se impregna de la capacidad visual de anteriores experiencias paternales haciéndose cargo también del desquiciante, por momentos, guión de la película. No sé, hasta que punto pudo estar orientado por su mentor.
Esta capacidad de escritura argumental no es mala, si consigue pulir en próximos trabajos, algunas cuestiones farragosas de su discurso más metafísico. Un poco de simplificación a la hora de visualizar el terror. Pero, sin duda, continuar por la misma senda, le traerá beneficios personales y más fieles a su causa.

El consumo de la carne hecha morbo antropofágico de caras famosas, es una extravagancia de tal calibre que resulta una experiencia fascinante en sí misma. Así como la propagación de las enfermedades a través de una maquinaría comercial, como un maná caído del cielo a los hambrientos seguidores de tierras prometidas en forma de celebridad.
Se mezcla con un thriller algo más confuso y no resuelto con la brillantez necesaria. Donde el dinero se convierte en parte esencial de la subtrama, por encima de la vida de las personas, sólo por el hecho de tener en su propio cuerpo la esencia de una masa social elevada a los altares del misticismo televisivo.

No todo acaba aquí.
Un rostro impresionante en su fría y entrañable opacidad, se consagra como nuevo y fresco ADN de una figura emergente del scifi. Caleb Landry Jones, que ya apareciera en la cinta de los hermanos Coen, No es País para Viejos, con un escueto papel. Tendría en 2010 y 2011 sus momentos de relanzamiento participando en El último exorcismo, The Social Network, y sobre todo más ampliamente en X-Men primera generación y Contraband.
Pero, es en Antiviral su primer protagónico dónde su rostro austero e inquietante, emerge para apoderarse de toda la película. Una interpretación medida y controlada en gestos, le hace futuro referente de trabajos igual de importantes o más.
Su fascinante dibujo del vendedor de productos altamente obsesivos con las figuras celebérrimas, posee la textura blanquecina y enferma de los contagios cinematográficos con el público a primera vista.

Caleb al igual que su alter ego femenino, en la bella piel de la canadiense Sarah Gadon, proporcionan una visión desnuda y descarnada de la obsesión emocional llevada al límite; además de una desagradable empatía con los papeles que interpretan en el filme de Brandon Cronenberg. Ambos han abierto las puertas del contagio de par en par, y seguro que no van a dejar de trabajar de aquí en adelante. De hecho ya tienen importantes proyectos en su agenda.

Recordar la procedencia televisiva de Sarah Gadon, y esencialmente de los filmes de David Cronenberg (Un método peligroso y Cosmópolis, además de salir de Detrás de las Paredes), por otro lado Antiviral cuenta con la aparición siempre placentera del mismísimo Malcolm McDowell, un adictivo personaje de consumición de lo esencial. Variados atractivos de este curioso y extraño filme, agravado por la tonalidad sonora y la luminosidad exterior. Porque su interior es conflictivo...
Antiviral posee el atractivo de la obsesión enfermiza por la esencia de los cuerpos y por la belleza de su joven protagonista femenina.

Este mercadeo de la carne, a niveles del contrabando mundial y la réplica de antígenos para inoculación de seres vacíos, tiene un paralelismo real con la invasión de las mentes más débiles con las redes contagiosas de la televisión (la invasión de ultracuerpos, sin deformidad), de los alimentos transgénicos y de las sustancias adictivas.
Unas cuestiones metafísicas sobre la carne y la enfermedad contagiosa, no de fácil consumo.
Cuidado con las posibles indigestiones causadas por su ingesta.
Pueden ser contraproducentes para individuos poco habituados con estos temas tan revolucionarios y complicados.
Consulte con su médico o crítico de cabecera.
¡Buen provecho!... o no.

*** Interesante ***

Antiviral Deleted Scenes.


Counting Crows called "Colorblind." Antiviral | Obsessive Infatuation Soundtrack.

Antiviral Soundtrack - E.C. Woodley.

Crudo.


Las Chicas son... Caníbales

En los últimos tiempos, la presión nos ha vuelto caníbales.
Esta voracidad de película (como pirañas hambrientas) se ha interpuesto entre las especies que conviven juntas, que componen nuestro ecosistema global, especialmente, en el caso de contrarios familiarizados, que se lían a salvajes dentelladas unos con otros. En esta depredación sin fronteras ni perdón, son característicos los individuos que pertenecen al mundo de la política y periodistas (mejor comentaristas), rebañando los tuétanos del rival en la orilla de una pequeña charca embarrada.
Sin embargo, existe otra clase más especializada en la comida basura, los críticos de todo, que se propagan en las redes sociales y son reconocidos a la legua. Por su definido carácter irreductible y salvaje, su nula capacidad para comunicarse (sino es a través de los gruñidos e insultos) o por su nivel de usuario erudito que sabe de todo, pues... conoce el sabor de los desechos bélicos, de los fluidos vitales y la carne en descomposición, del caldo hecho de huesos pasados, del orgullo de la raza o el género, del instinto familiar y la genética. A este tipo de personajes últimos, pertenecen los definidos en la película franco-belga, Crudo, pero con chicas sin escrúpulos.
¡Ay, qué te como!

Al principio, todos demuestran un tratamiento incólume, pero inflexible con los errores de los demás y apetito vegano estricto. Algo grave en el habla y famélico, desaprobando cualquier conducta que se separe de la aceptación de sus propias reglas o condenando la voracidad carnívora que demuestran los otros, extraños portadores de una especie de miseria o debilidad humana. Así la familia permanece unida, hasta que sus dos miembros más jóvenes (y futuras hembras carnívoras) se separan de la protección de la camada, para encontrarse en la universidad como maestra de la carne y alumna desorientada, con tendencia a la epistaxis incontrolada. Claro que, el instinto crudo y dormido se desperezará con cierta ingesta renal y este universo nuevo de tentaciones o depravaciones culturales que las rodean, especialmente, a la pequeña..... Un curso crítico, de enseñanzas casi maternales y toma de decisiones, algo instintivas, castigos colectivos alrededor del abuso consentido y el sexo elaborado, representado a través de una definida estética juvenil, donde la música intergeneracional, el alcohol y las drogas, alimentan el ego etílico de sus protagonistas.
O contactos que sirven para hacer crecer su apetito en todos los sentidos, incluso, el que no procede del aprendizaje de sus clases de veterinaria. Algo así como determinadas cuentas privadas, aquellas que esconden su verdadero rostro, que se corresponde con un auténtico depredador dentro de una red social. Mejor dicho, una encerrona caústica y ´cronenbergiana` que hará despertar su lado más salvaje o húmedo, macabro y endiabladamente crítico.

Nos dieron las doce... no tenía nada a mano para picar. El gusanillo interno hizo acercarme a la nevera una última vez, pero, no me gusta nada de lo que veo... poca contundencia en el aparato. Sin proteínas ni vitaminas, siquiera una mísera pizza grasienta, goteante, que sirviera para fortalecer este cuerpo enclenque y alma depravada. Cierro la nevera.
Pongo una película franco-belga, sobre la que escuché cierta expectación entre mareos, en la última edición del Festival de Cannes. Pero antes, dejando de lado algunos asuntos perdidos en la butaca y desmayos no acostumbrados a la gratificación de un holocausto caníbal, mi sentido crítico me dice que se trata de algo diferente, una excursión por los sentidos de una nueva generación de féminas, devoradoras autótrofas inclusive, representadas por la ´lobezna` mayor Ella Rumpf y la pequeña olisqueadora Garance Marillier.

Todo parece como una broma sin sentido, que se dirige como una broma despiadada hacia la familia clásica, en las manos de una directora llamada Julia Ducournau, ávida por ampliar su instinto homicida en la ciencia ficción, después de adentrarse en un territorio juvenil y ramificado de un cortometraje y una producción televisiva con idénticos especímenes interpretativos. Ambas protagonizan lo mejor de esta inusual cinta. Sin medidas sanitarias excepcionales, a pesar del rugido de mi estómago a prueba de bombas (bueno, no tanto en el sentido alimenticio), acostumbrado a ese tipo de descargas adrenalínicas y sabores agridulces, bocados traicioneros... el conjunto irreal comienza a tomar una dirección, la del fantástico francés actual, para más inri...

Sí, sobre una instancia cruda en femenino, la directora novel nos introduce en ciertas carencias afectivas, que van a provocar el síndrome voraz de este personaje insólito y el desasosiego de los espectadores con determinadas secuencias. Aunque de trasfondo, se persigue esa fortaleza indómita del feminismo y la libertad fuera del ámbito familiar, en contraposición a su apariencia frágil, con una actriz Miss Marillier haciendo un trabajo fino y bien condimentado. Transitando del rostro circunspecto a una ternura en la cama o endiablada criatura con voraz inaudita, que empieza a reconocer el furor en su sangre.
Junto a su guía ´veterinaria` del vampirismo o el sentido cánido, más práctica que espiritual, conocerá el olfato sanguinario de su hermana mayor que le enseña el camino del ´buen` gusto. Es decir, que la familia que se alimenta unida, permanecerá unida... a pesar de algún miembro perdido... en la lucha diaria. Pelillos y dátiles a la mar.

Por ende, si bien no contemplaba una cinta de terror de esta nacionalidad hace algún tiempo, con estas características tan crujientes y sabrosas, desde las "entretenidas" jornadas gástricas de Alexandre Aja, las Mártires de Pascal Laugier, de fuera Al Interior de un embarazoso final, en que se te revolvieron las tripas. Con ciertas dosis de gore salpicado por Frontiers de Xavier Gens, que en sus escenas más crueles y feroces siguen el ritual de las cintas de cárnicas de Gaspar Noé, Michael Haneke, o más allá, hacia el costumbrismo terrorífico de Polanski y su ardor malévolo, la picada Delicatessen de Monsieur Jeunet o el mismísimo gusto exquisito de un gourmet como el Marqués de Sade, etc... Todas esas pesadillas que provocaron la convulsión con escalofriantes imágenes y poderosas escenas, en Crudo se decanta finalmente hacia un terror o-culto más fantástico.

Con espectadores abiertos en canal, ante la extraña repulsión que puede derivar en terror, a veces, el cine se hereda de la introspección primitiva y el pasado de nuestros comportamientos enfermizos, como los protagonizados por Yolande Moreau y su particular sentido del humor desde el universo fantástico de Amelie al peligroso juego en Dans La Maison o el canibalismo explícito de La Meute. La crítica ácida a lo obsoleto, a lo tradicional, se extiende crudamente para estos "nuevos representantes del Galo" (al terror me refiero), mostrando de frente la toma repulsiva, lejos de ascos ni empachos personales; ya que su objeto es hacer sentir al público, todo un derroche terrorífico de dolor y voraz apetito.
Se adentran en nuestra mente, en forma de pesadillas que desmembran los mecanismos derivados del fantástico y cercenan el carácter de seres habituales, escondidos tras el monstruo. De carne y hueso, como Justine y Alexia alimentándose de nuestros sueños o aquellos deseos más embriagadores y peligrosos.

Escrupulosamente hablando, el filme Grave o Crudo, nos revela la desproporción entre esa imagen pública y perfecta, con una postura más privada que se vincula con fenómenos extremos, dentro de una familia bastante peculiar, por otro lado. Por tanto, el filme transita estas dos zonas bien definidas y relacionadas con sus personajes principales, como un enfrentamiento generacional a bocados.
La delicada directora parisina, proporciona alguno de esos instantes irreproducibles, que se quedan grabados en nuestra conciencia, una costra provocativa que desemboca en la voracidad de un cerebro más abstracto e irreverente, al tocar materias psicológicas y familiares. Tal que el aprendizaje de pautas sociales o la radicalidad en forma de canibalismo.

Aunque, enseñanzas expresadas con un sensacionalismo cinematográfico que va en aumento y gira hacia el lado más endeble y facilón del conjunto o la manada. Siendo lo más interesante, además del trabajo específico e incipiente de sus protagonistas más jóvenes, esa deriva hacia el fantástico y los cambios radicales de sus personalidades, frente a cuestiones como la entidad familiar o el sentido de la amistad, la vocación profesional y el sexo. Igual que el guion de Julia Ducournau, destila ese ambiente opresivo con imágenes oníricas y el instinto ancestral e irracional que nos convierte en depredadores.
Crudo es una muestra de nuevo sufrimiento, del cine de terror vecino, que proporciona minutos de angustia con cosquilleos sarnosos, degluciones traumáticas y radicales diferencias de género, dentro de la familia del fantástico francés.

Para ello, define un menú de degustación, no tan depravado a lo esperado en un primer mordisco, pudiendo despertar en el espectador sensible, algún tipo de urticaria o rechazo. En sentido contrario a aquel, de los que buscan experiencias más extremas en contacto con la fresca carne, digamos al estilo canadiense de Cronenberg. De manera que salgan a relucir instintos propios de una saga milenaria, o quizá, una simple alteración de la que poseemos, o necesitamos, menos información.
Para abstraernos con su complicada relación o el proceso sucesivo de sus identidades, en principio, contrapuestas, desposeídas de racionalidad y respeto hacia otros ´tiernos` compañeros.

¡Qué dura es la vida del estudiante! El futuro veterinario, habituado a extracciones sanguíneas y disecciones de tejidos animales; mientras la fuerza hace crecer el origen de las raíces familiares, pasando por distintas fases que irán, desde el gore light o escabrosa degustación, hasta ese miedo dirigido a terrenos inexplicables de la ciencia ficción. Son los platos más llamativos en la carta, gustos exóticos de una narración sensitiva, que se extralimita hacia la pérdida irreflexiva de los acontecimientos.
El sabor del terror, es un plato frío y carnívoro, servido con guarnición de vegetales radicalizados, regados con esencia vital y propiedades vigorizantes para el animal que llevamos escondido. Pues, en un supuesto apocalíptico, no dudaríamos sobre una vuelta a los ancestros de la antropología y las dentelladas... ya ha sucedido, con terribles aislamientos accidentales o guerras inhumanas, tocando a las puertas de nuestro vacío frigorífico.

Escatológicamente hablando, Crudo es el panorama donde se acelera toda esa irracionalidad... prueba del hambre olvidada y muestra de un premio Fipresci. Que provoca a la percepción consumista, ante el despiadado valor de la propia supervivencia. Por lo que cabría preguntarse...
¿a qué punto del surrealismo, habría que haber conducido esta historia? ¿Qué sería de estas hermanas, de caer en las mandíbulas de un maestro de la carne como David and Antiviral Son, Cronenberg Brandon, o tal vez, una mente más ofuscada como la de Ingmar Bergman?

Crudo Soundtrack - Rain, by Jim Williams.


Tráiler I Am Not A Serial Killer, de Billy O'Brien (con Christopher Lloyd):


Tráiler Pet, de Carles Torrens.

Captain America: Civil War / Fantastic Four.


La Conciencia del Superhéroe.

Desde luego, que está de moda el enfrentamiento y la división, parece que el ser humano vuelve a las medidas drásticas para perseguir un propósito o conseguir la atención de los adversarios de cualquier tipo, esto es, una giro conceptual a las raíces del hombre con un vínculo reptiliano, oculto en nuestro pasado como especie y que forma parte de su conciencia primitiva. Lo que parece una novedad en ciertos ámbitos, ha ocurrido en tantas ocasiones en nuestra historia que, indiscutiblemente, se ha visto reflejado una y otra vez en obras de ficción, como por ejemplo en los cómics y el cine actual de superhéroes.
Por allí de 2006, el universo creado por Stan Lee se adentraba en la mente dividida de sus hijos, creaciones que fueron revisadas por dibujantes y escritores, como el escocés Mark Millar. Un guionistas gráfico que provenía de DC cómics (La Cosa del Pantano, Superman-Flash, La Liga de la Justicia) y atravesó la frontera del lado oscuro, desarrollando historias para la Vampirella de Harris Cómics, hasta adentrase en las filas fraternales de Marvel con Ultimate X-Men. Después de configurar la batalla presente del Capitán América, ha seguido trabajando en distintas series, desde Chosen para Dark Horse o Wanted de Top Cow, hasta su personal visión del héroe callejero con Kick-Ass dibujado por John Romita Jr.

En el término mundano que pertenece a Steve Rogers y su relación con la agencia de espionaje S.H.I.E.L.D., la guerra estalla debido a las peligrosas evoluciones que perpetraban por las ciudades repletas de transeúntes o, inocentes sufriendo las consecuencias de un trabajo tan mal remunerado como incomprendido. Vamos, casi gratuito a no ser por la herencia millonaria de alguno de sus honorables miembros y el enfrentamiento con una sombra llamada Hydra y una élite militar comandada por El Soldado de Invierno. Así, su nombre cinematográfico más correcto debería ser Los Vengadores: Civil War, ya que varios de sus miembros, se debaten en una ancestral lucha (aunque no encarnizada) que se desprende de sus hormonas saltarinas y rebeldes, como una fotocopia de dos chavales en una pelea de patio de colegio, por saber quién es más popular en la clase y porqué posee más seguidores fieles de ambos sexos. Claro, hablo en género masculino, pues la infinita mayoría de individuos con cromosomas Y que se ven reflejado en las páginas y en las próximas generaciones X-Men de la gran pantalla... cabezas de dos bandos de curtidos y fraternos superhéroes.

Pero, una batalla de alto contenido violento, como una guerra civil, requiere de un aumento significativo en el tamaño de sus gónadas, recuerdas: ¿cuándo éramos jóvenes como disputábamos, jugando? Luego, abríamos un tebeo y disfrutábamos de aquellos hombres y mujeres articulados en trajes imposibles, bueno que mutaban a endiablados, viendo el resultado de sus acciones hercúleas dentro o fuera de esta ley de Marvel, la dictada por su universal cartero...
¡Qué bonito y ejemplar parecía todo su mundo!, claro que dibujado en papel parecía más cercano a una ciencia ficción más imaginativa, entonces, y en estos momentos de nanotecnología y posibles replicaciones genéticas, se asemeja a un documental de nuestro propio futuro. Pero dejemos esto para otra ocasión... personal y sinceramente, cada vez se me hace más difícil dar una opinión sobre filmes basados en el color orgánico de Marvel, que pueda resultar algo más variada o diferente a la media u ofrezca un atisbo de claridad en el caos digital. Sobre todo, con unos guiones planos que carecen de convicciones y demuestran un gran abanico de trucos y subterfugios que no van a ningún lado, sólo nuevos episodios de una saga mayúscula en la pantalla.

Sus Vengadores conseguirán mantener el efecto deseado por los autores de películas y establecer nuevos récords en su recaudación por las taquillas del mundo, sin embargo, demuestran también una serie de debilidades que se están convirtiendo en virales. Uno tiene la sensación de estar describiendo círculos sin sentido en el aire, perdido indefinidamente en su colorida atmósfera y arrogancias del espíritu de los personajes Marvel, plagada de petulantes posiciones sobre el poder y la legalidad, y salpicado de chistes ´infantiloides` y ninguna repercusión privada en sus relaciones, que pueden dañar el conjunto de unos diálogos arbitrarios, sin inteligencia o vacíos de contenido descriptivo. Vamos, que la guerra civil se presenta como una riña y evoluciones grotescas, que se alejan de aquella idiosincrasia heroica mantenida en nuestros recuerdos, hacia una humanización ejemplar y más actual, quizás muestra, de nuestro comportamiento frío y una opción divergente sobre el argumento principal o macguffin de esta bélica entrega, Capitán América de sobrenombre Guerra Civil.

En sus fotogramas (segmentos de un póster binario colgado en la habitación), la pareja Rogers (Chris Evans) y Bucky (Sebastian Stan) se enfrentan al omnipresente Robert Downey Jr. (Tony de los Stark cibernéticos), en una demostración de la evolución en los efectos digitales y la diversión en las posibles posiciones de la cámara para adentrarse en sus pensamientos y trajes. Eso sí, aquí con una mayor suavidad a sus predecesoras vengativas, a la hora de manejar la cámara sin tanto aspaviento ni movimento circular mareante y, como consecuencia, se normaliza una acción más aposentada en sus distintos niveles gráficos. Posicionamiento que enseña las cualidades atléticas de los protagonistas o las de sus agentes dobles en movimientos peligrosos para su seguridad física, que evitarían un daño irreversible en un listado tan extenso de estrellas. He de reconocer que los f/x y los escenarios de rotomation, parecen más fluidos en la animación 3D de las múltiples empresas digitales afiliadas a Marvel Studios y el rodaje con nuevas cámaras IMAX 2D una nueva exhibición del poder CGI. Labor tan repartida como un escuadrón de programadores confluyendo en la misma red de tecnológica e ideas más retorcidas o evolucionadas cada vez, que se hacen realidad a golpe de programas de diseño, paleta y ratón.
El guion de Christopher Markus y Stephen McFeely (basado en el libreto, simplemente llamado Civil War de Mark Millar), se centra en en un momento de reflexión interna dentro de la historieta con el grupo de Vengadores separados, por esas cuestiones nimias de la responsabilidad civil y los accidentes provocados por sus participantes trajeados o alados, que acometen en el interior de ciudades o edificios públicos (como ya ocurría, otro enfrentamiento en repetición cinematográfica este año, con Batman v Superman de Zack Snyder); pero aquí multiplicada por la variedad de facultades extra-físicas y las divergentes personalidades de sus poderosos miembros, ya sea por recombinación o potenciación de fuerzas genéticas y las posibilidades económicas o científicas de estos nuevos gladiadores, imaginarios de la arena marvelita.

Sin duda, sus miembros parecen más enfrentados por bacile de sus poderes y lenguas jocosas que, por una verdadera y cruenta guerra civil, ideológicamente a las antípodas de esta realidad paralela. Es decir, semejante a una tópica refriega de conciencias y egos, que haría temblar los cimientos de cualquier construcción aeroportuaria que se pusiera a tiro (aunque sin trabajadores o visitantes molestos, eso sí) o un acto de demolición exhibicionista como nos tienen acostumbrados los superhéroes en su protección, no tan modélica, de los ciudadanos.
Pero alejados de estas minucias argumentales, la última Civil War se observa más coreografiada en sus secuencias en movimiento y menos movimientos antinaturales, excepto alguna evolución de la acción escasamente edificante o varios gags desatinados en momentos concretos. Sino, má bien, la cámara evoluciona con los personajes y sus acrobacias en lucha, cuerpo a cuerpo o en el aire, recreada digitalmente. En este nuevo mundo cinematográfico de Marvel, se van sincronizando las diversas series y escenarios paralelos, confeccionando una tela de araña en el tiempo que produce un baile de rostros familiares con otros desconocidos hasta ahora... como la incorporación del divertido Ant-Man de Paul Rudd o la visión de un Paul Bettany más protagonista, más el hijo del rey de Wakanda, posteriormente Pantera Negra interpretado por Chadwick Boseman, que tendrá su propia película en apenas año y medio. Ah, claro y un joven actor, Tom Holland como un cómico Peter Parker con las hormonas revolucionadas o, Frank Grillo enfundado como Croosbones y Daniel Brühl como daño colateral de Sokovia o el reconocido como Helmut Zemo.

E incorporaciones sonadas más que reales, como Martin Freeman, Marisa Tomei o un William Hurt que viene de una serie de producciones de televisión en su haber (no visionadas como Humans o Beowulf) y en cine, con otros títulos como El Héroe de Berlín o el western The Duel. Si bien todos intentan mantener el tipo, unos salen más reforzados (o con más seguidores juveniles) bajo la lluvia de golpes efectistas y estrellas erosionadas por chistes, ultrajados, como el traje de un fogoso Spiderman en efervescente y complicada adolescencia.
Su director, se divide o multiplica en dos mentes hermanas, Anthony y Joe Russo conocidos por la serie Arrested Developmente, Bienvenidos a Collinwood (que continuarán tras ésta y The Winter Soldier, con su mirada puesta en Avengers: Infinity War I-II) y repiten algunos registros de éxito en otras cintas anteriores, sugiriendo leves variaciones sobre el grueso de la linea argumental y habitual. Cuyo tema principal, la guerra fraccionada en capítulos o división de la amistad, no puede dar de sí para debatir durante muchas más horas, debido a las frágiles motivaciones de los personajes y el exhibicionismo de sus facultades, tanto físicas como intelectuales. Por lo que el guion se resiente en una serie de conversaciones estereotipadas o recalca sus debilidades expresivas tras la máscara, sin profundizar en las causas de esa fracturación bélica y realmente olvidadas en un cartel marvelita más que civil.
Probablemente, los síntomas se agravan con el establecimiento contractual o la fragmentación de minutos en escena, con los que cada protagonista tiene que hacer gala de sus ´debili-habilidades` motoras, o la vana locuacidad, tal que un cronometrado reportaje comercial sobre el universo de la mercadotecnia de tan fabulosos héroes, o propaganda de sus artilugios tecnológicos avanzados, que igualarán a hombres con esa especie de dioses de vuelta a la Tierra, o rebeldía de extravagantes mutantes. Puedes ver lo siguiente, para creer:
James Hobson, conocido como The Hacksmith, es un experto en electromagnetismo y construye artilugios como un escudo de Capitán.

Captain Amercia: Civil War, es por tanto, una excusa para reunir los distintos poderes en un fotograma digital continuo, un baile sucesivo de coreografías, más o menos espectaculares, y ejercicios sobre el terreno o el aire, de funambulismo y desequilibrios semánticos durante el combate. Cambios constantes de peluquines y cuerpos, sobre copias en llamativos trajes ajustados, donde mi reflexión interesada sería: "lástima que en el lado de las féminas, resulte un tanto anodino. Únicamente dos representantes en cada bando y se evitan ágilmente las poses, que marcarían el destino de miradas calenturientas, tanto adultas como acompañadas por erupciones de acné juvenil".
Pero dejemos de lado, esta gracia desafortunada con tendencia a la masculinidad, ahora mucho más del gusto femenino con tantos rostros velludos o medio afeitados. En fin, que esta nueva entrega derivada a The Avengers, funciona como un capítulo más en la franquicia comercial, que difícilmente puede conjuntar más acólitos de los que abarca, si no modifican algunas preferencias o su narración previsible. Aunque amplien sus fronteras, desde Atlanta a Berlín, Puerto Rico o, incluso, la espectacular y glaciar Islandia.

En definitiva, en la trilogía del escudo estrellado en Bramantyum, el capitán se ha vuelto algo menos democrático. Luego, tras este comentario (entre lo convencional y lo burlesco) se observa una posible doble lectura de un vengador acérrimo del suero de S.H.I.E.L.D y sus convicciones. Tanto que puedo verme reducido a insecto o un mísero corpúsculo molesto, aplastado dentro del actual panorama de la crítica cinematográfica (bueno, sin afinidad periodística, realmente ya era una tirita apenas) y en consecuencia, mi caladero en determinados mares se va agotando, hasta que terminen por extinguirse los rastros o ecos de cualquier tipo de enfrentamiento civilizado, o no tanto.
Tal que, una guerra simulada como un choque de gags, más o menos acertados, entre unos individuos egocéntricos vestidos para esta gala extravagante o baile de disfraces, arrimando... La tercera entrega es otro espectáculo comercial, lujoso y caro, eso por descontado. Nos vemos en el infierno o frente al espejo... de un Apocalipsis.

¿Cuatro Fantásticos o el club de los Cinco?...

La Cosa es que el pasado es tan elástico que puede transformar cualquier perspectiva icónica, un sueño de juventud en energía renovable o un poder fantástico en conocimiento real de nuestras debilidades, como una llamarada pasional que vuelve a conquistar nuestra memoria con calentura. Esta premisa renovadora, con base en estudios científicos y la física o química de las relaciones personales, se pone en manos del director Josh Trank con su segundo largometraje tras la exitosa Chronicle, que ya avanzara una primera historia donde la personalidad de un joven puede cambiar si algunas fuerzas externas actúan en su vida.
En la nueva película se irá indagando en las huellas fundacionales que crearon Stan Lee y Jack Kirby, cuando unos estudiantes se convirtieron en superhéroes con el nombre de Fantastic Four, afortunados (o no) entre millones de adolescentes y mayores con sueños efímeros de volverse casi invencibles, dentro de aquel mundo generado en las páginas de Marvel que arrastraban a las multitudes a imaginar.

Desde su nacimiento en 1961, en plena guerra fría y carrera por conquistar el espacio (algunos temían la conquista de Marte por la antigua Unión Soviética), algunas de aquellas realidades han cambiado tanto que la historia debía contemplar diferencias en los métodos y apariciones, por ejemplo el hecho de que la Antorcha Humana cambie sus rasgos hereditarios con el actor Michael B. Jordan o el padre interpretado por Reg E. Cathey (Tank Girl, Seven) tenga una nueva identidad fuera del alcoholismo y la ruina económica de su predecesor en papel y tinta. Tanto como que los poderes que atravesaron la piel de esos cuatro viajeros intergalácticos con rayos cósmicos, ahora proceden de un territorio que no tiene que ver con una nave espacial experimental, sino un artefacto con conexión a otro reino modificado por el mal a través de los viajes temporales.
Todo cambia con diferentes perspectivas, para bien o mal, pues el tiempo de los tebeos y de las generaciones anteriores, actualmente se mide con imágenes y una nueva manera de comunicar a los aficionados al scifi.

Apenas unas décadas después del cómic Los Cuatro Fantastic Fantásticos, aquellas aventuras que parecían imposibles de realizar en una pantalla de cine, hoy son revisadas por otras miradas como el propio y joven Trank o el guionista londinense Simon Kinberg (habitual del género de acción), donde los avances tecnológicos y una nueva estructura de la información, se ha apoderado de la fantasía con cambios drásticos. Los efectos especiales son una realidad digital, casi cuántica, y nuestra energía para imaginar, se aprovecha en equipos de informáticos y los programadores transforman la nueva realidad binaria en el cine.
Parece habitual, cuando los comportamientos y formas de captar la atención de las nuevas generaciones de espectadores se adecuan a estas circunstancias globales. Otro dato, hoy sería inconcebible una recreación pretérita llevada a la actualidad, sin la aparición de los teléfonos móviles en poder de sus protagonistas y su relevancia capital en las relaciones personales, sean ardientes o frías maquinaciones de nuestros pensamientos. Así como, que los cambios sean aceptados tan rápidamente por los miembros fantásticos sin esconder su identidad que afecta a su aspecto físico o, aunque sus actividades puedan abrir un vacío que devore al planeta y sus habitantes.

En el filme Fantastic Four, se recoge su primera etapa con aciertos argumentales y licencias para generar la tensión. Para ello, la producción de Fox y Marvel, cuenta con los rostros de Miles Teller (simpático y musical protagonista de la notable película Whiplash), Kate Mara (The Martian) cuyos inicios en la interpretación vienen avalados entre Sidney Pollack y Harrison Ford en Caprichos del Destino, Jamie Bell transformado de bailarín a experto en ninfomanías antes de llegar a la hora de las tortas. También un Victor von Doom con la piel modificada del actor todo-terreno Toby Kebbell, que tras su aparición oscura como la muerte se dirige a los brazos de una selva dorada junto a Bryce Dallas Howard y Matthew McConaughey, se seguirá hablando de él posiblemente triunfando como Messala en la nueva Ben-Hur o su participación en la adaptación Warcraft de Duncan Jones, más su trabajo en el filme de Juan Antonio Bayona en Un Monstruo viene a verme, o otra visita a la isla de la calavera y al gran King Kong.

Sin ser la acción nada fuera de otro mundo, más bien un fiasco, Josh Frank ha apostado por construir una base humana a tan especiales amigos juveniles, como un club de los Cinco en aventuras interdimensionales. Sin embargo, tras la entrada siniestra del Doctor Doom que presagiaba una tempestad en la gran pantalla, toda la buena voluntad anterior se va desdibujando hasta convertirse en otra película más de superhéroes atribulados contra su némesis. Los efectos generados en ordenador parecen vistos mil veces y la acción se conforma como un residuo radiactivo que, algunos tacharon como Chronicle2 y no dejará ningún recuerdo más allá de la estética o las buenas intenciones primarias del director.
Entonces, creo que Fantastic Four fracasa, por no ser decidida a la hora de entregarse a los nuevos tiempos en totalidad (sobre todo en f/x) y desistir del pasado, encarnado por Dr. Doom en los montes de Latveria y su fatal relación con Reed Richards y Ben Grimm, al errar en un mecanismo que atraería a los muertos a su tiempo y se plasmaría en su rostro deformado tras la famosa máscara metálica.

Desmitificar hasta estrellarse con una muro de piedra. Y, es que Victor von Doom o Muerte, fue todo un icono de la estética de los villanos con su capa y vacía mirada, también aquí modificada hasta desdibujar su imagen esencial.
¡Ha llegado el tiempo de las tretas... ´marveleras`!


Spider-Man: Homecoming, de Jon Watts.

Cinemomio: Thank you

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