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sábado, 8 de abril de 2017

Sufragistas.


Sufragio Universal: un caballo desbocado en las calles de Londres

El London East siempre fue un escaparate de la pobreza en siglos anteriores y un rancio exhibicionismo de la disgregada Europa, que comenzaba a enderezar sus rumbos torcidos en la antigüedad, como espejo de una sociedad cambiante y evolucionada. Un número importante de personas empezaba a cuestionar ciertos aspectos de la justicia y los anticuados e inmovilistas políticos. Nos suena... ¿verdad?
En dicha sociedad se cubrían a duras penas con necesidades básicas de una población creciente y adocenada en guetos, en descomposición de humildes familias e individuos castigados por hambre, crisis laboral o la ceguera del poder en sus púlpitos elevados. Rescoldos de una decadencia moral del pasado y sus pilas de mentiras abrasando la conciencia de sus huesos macerados y pobres.

Aquellas familias necesitadas trabajaron por un mísero jornal y presiones injustificables entre seres humanos, que las alejaba de los puestos representativos o derechos esenciales y trabajo para mantenerse a diario; otros como la educación o la sanidad, incluso eran cuestionados para los trabajadores y trabajadoras, por aquellas leyes que negaban el derecho a la igualdad de clases y géneros. Esta lucha de miles de años y sufrimiento familiar, se empezó a dirimir en las calles y cuestionar en los reticentes tribunales, para que ciudadanas europeas fueran tratadas como iguales respecto a hombres o criminales, con permisión de las autoridades.
Levantamientos justos, en busca de la defensa igualitaria y un futuro común que pudiera ser admitido por ambos lados, en libertad, asimismo con el voto olvidado (sino negado) para elegir a sus representantes en el gobierno. A partir del año 1910, las Sufragistas se envolvieron en el valor y la autoridad moral, para convertir Londres en una ciudad precursora de modernidad y justicia, con su movimiento pacífico en principio, las mujeres inglesas decidirían hacerse oír bien fuerte en la cara masculina del poder, por las malas o de forma clandestina. Buscando la repercusión mediática acorde a la necesidad heroica contra nuestra adormecida sociedad.

La película Sufragistas de la directora Sarah Gravron, nos revuelve en el asiento con la comodidad actual, ya que la historia del movimiento femenino que proclamaba una ruptura con el esclavitud y la desigualdad en la pareja, está brillantemente retratada y protagonizada con vergüenza ante el género masculino por sus valientes protagonistas reales. Menos conocidas, Violet Miller (la actriz Anne-Marie Duff), Alice Haugton (Romola Garai) o la principal de la película y magnífica en su rol, Carey Mulligan como la joven madre Maud Watts. Mientras la presencia de los primeros nombres históricos recaen en Helena Bonham Carter en un papel con reminiscencias teatrales (sin canto) de su Mrs. Lovett en Sweeney Todd, la aparición en las alturas de Meryl Streep como la líder activista Emmelline Pankhurst o la fundamental decisión de Mrs. Emily Wilding Davison, que cambiaría con su acción la perspectiva del rey Jorge V. Y de la sociedad en su ciega montura aquel significativo y dramático 4 de junio de 1913.

Después de siglos de infortunado desprecio por la paridad y estancamiento de sus valores erróneos, su unión en femenino supondría el triunfo de lo justo sobre las actividades de alimañas que se aprovechaban de su fuerza o posición machista, demostrado el valor en el alzamiento de su voz magullada bajo el sudor y lágrimas. Es decir, la victoria de unas trabajadoras que no tenían más derecho por entonces, que su propio silencio.
La vida de alguna de ellas, se muestra crudamente en la película con un guion perfecto de Abi Morgan (como aquel de la increíble Shame, The Hour o La Dama de Hierro), es una fotografía en blanco y negro, inculcado por el grisáceo de fábricas y casas desvencijadas, la frialdad de una respuesta adecuada por sus hombres, y una guerra silente que sería ganada por las chicas. Mucho antes de que se sucediera el resultado final, porque el derecho constitucional nos haría a todos iguales ante la ley.

La quejas y otras acciones de presión en las calles adoquinadas está bien reflejada por la movilidad de una incipiente fotografía para el consumo, y la incomodidad de una parte del género masculino para bajar sus pantalones a la cruda realidad. Aquello derivaría en una represalia desnuda sobre cuerpos frustrados por la economía y otros abusos fomentados o escondidos por verdaderos criminales.
Ya no volverían sus atrocidades a ser silenciadas por el miedo, o dejar sin castigo por una justicia determinada o sesgada. Considero que la misión de esta heroínas (al mismo nivel que los grandes mitos clásicos) aún no está completada del todo, pues la sociedad tendría que avanzar más, hasta que la última palabra tenga su propio derecho a ser escuchada y el eco venza a los enemigos de la igualdad en el mundo.

La directora Sarah Gavron llama a filas a su escuadra de luchadoras con esos rostros efectivos, como las manos "cockneys" del obrero East End británico que con su sacrificado esfuerzo fueron motores textiles para la economía y el crecimiento familiar. Un embrión artístico de mujeres o actrices echadas para delante, valientes que defienden su posición en el mundo del cine dirigido por el hombre, también. Con su visión necesaria y comprometida en favor de aquellas que no tienen derechos hoy, o en favor de su identidad femenina como motor de cine y altavoz especializado para combatir el olvido.
Aquellos días de inicios del siglo XX, el rey y el mundo, se bajaron de la cabalgadura de golpe tremendo. Del gusto amoldado a la comodidad de sus partes nobles, cuando la fuerza arrolladora de las Sufragistas, golpeó sus testículos con la evidencia. Entonces, aquella heroína sin nombre, sobrevoló mentes cerradas en los círculos sociales de los diarios y las leyes exclusivas se abrieron a la mediocre superioridad moral de antaño. Aunque, en nuestra era aún quedan demasiados espacios en el mundo, en que las mujeres deberían ser ayudadas y estos numerosos ´-ismos` cargados de agresividad, combatidos.

El filme Sufragistas, rodado en el centro de la City y los condados de Kent, Bershire y Hertfordshire, sería como una sincera castración y merecida de la sociedad construida en años de oscurantismo y negación de derechos a las madres, respecto con sus hijos.
Una potente y necesaria película, sobre aquellas madres queridas, que vieron desaparecer su vida y no se doblegaron al suplicio, de una nula protección jurídica. Ante esas decisiones desacreditadas e injustificadas de algunos de los padres de la época, para la consecución de una partición justa en sus derechos. Como la crianza compartida de sus pequeños... y finalmente, el alzamiento decidido de sus callados y golpeados deberes, o sueños.


En el Corazón del Mar.


El Mar de los Corazones Hundidos.

La Tierra es el planeta azul que respira en su interior con el fuego de un corazón salvaje, esto se hace visible observando las mareas y el bravo oleaje de los océanos. El cine es la visión de un equipo de personas que deberían funcionar acompasados como una orquesta al director, y el movimiento de sus fotogramas son oleadas de imaginación que perviven. En el corazón del joven de nombre Ronny, existía el deseo de convertirse en un creador de fortuna, una aventurero... ¡y vaya si lo conseguiría!
De la aparición en televisión por series míticas como Lassie, Bonanza o M.A.S.H., hasta ser llamado por el mismo George Lucas para una aventura musical titulada American Graffiti.

En el corazón de la última película del director estadounidense Ron Howard (con éxitos como Cocoon, Willow o Apollo XIII) diría que acepta los retos históricos, como aquel salto a la dirección que tomara en 1977. Un logro que se halla implícito en su trayecto imparable en este último filme, pintoresco como esos retratos o marinas al óleo que parecen sobrevivir al paso del tiempo. Es la labor física (desde la producción de estudio en Inglaterra hasta un paseo marítimo por Las Islas Canarias, entre Lanzarote y La Gomera) hasta la creación, que tiene su raíz en la herencia artística de su familia.
Cuadros de población situada al borde del mar, en la costa de una sociedad que debiera arriesgar las propias vidas de sus marineros, padres de familia, para hallar el remedio a sus debilidades, necesidades o enfermedades. En el Corazón del Mar, esa búsqueda de los recursos naturales es necesaria para mantener aquella antigua receta que se mantiene hoy, cierta estabilidad que denominamos bienestar.

Para ello, muchas veces tendrían que pasar los hombres aventureros por vicisitudes que pusieron a prueba su capacidad de supervivencia personal, y retrasar una mortalidad demasiado temprana en la sociedad de 1820.
Precisamente, justo un año después de este proceso creativo que significara adaptar la historia, se escribe una novela o narración que complementa su realidad con ficción (y viceversa), después se publicaría una novela del ilustre Herman Melville basada en la carrera de esos hombres aguerridos circunvalando el mundo de océano en océano. Una maravilla que desenreda todos los nudos en la imaginación y haría famoso a un fantasma de blanco, con su corazón enorme llamado Moby Dick.
A modo de confidente testimonial, el autor escucha de voz protagonista aquellas viejas aventuras de marinería, entre el honor de los duros hombres y la diferencia de clases sociales de sus familias.

El joven literato, en retrospectiva, neoyorquino interpretado por Ben Whishaw (Spectre, La Chica Danesa y Sufragistas) se entrevista con un hombre con recuerdos de grumete, y el actor Tom Holland (estrella en ciernes que interpretará al nuevo Peter Parker) crece en el filme hasta transformarse en el respetado actor Brendan Gleeson, para narrar en persona una historia que jamás fuera contada en público. Si en cine con John Barrymore o Gregory Peck, en la versión literaria que no real de Howard.
En esta, se narra la perspectiva épica de una época (algo olvidada en nuestras comodidades) y de aquellos hombres o mujeres que debían luchar a diario para mantener a sus familias, aunque tuvieran que enfrentarse con el mismo demonio del mar. Algunos para alimentar sus egos personales con seriedad aventurera de Chris Hemsworth (combina con éxitos comerciales como Cazafantasmas 3, El Cazador y La Reina de Hielo o Thor Ragnarok, ahora se rumorea su participación también como Doc Savage), o el buen hacer de Benjamin Walker como el Capitán Pollard, Cillian Murphy o Paul Anderson (The Revenant). La mayoría, pensando en las bocas de sus hijos o calentando motores y lámparas de una sociedad que evolucionaba hacia la aparición inevitable de nuevos avances tecnológicos.
Con la única protección de un casco de hierro forjado y maderas nobles breadas, con viento y agua salada como compañía, día y noche, conseguirían establecer un mercado habitual de combustible y otras materias apreciadas o deseadas por ciudadanos a miles de kilómetros de su sudor. Tal vez, sangre. Materiales que derretidos servían de energía, para producir luz o calor.

Moby Dick es reconocida por miles de erúditos naúticos, como gran novela de cabotaje de la Literatura Universal que indaga en la relación aguerrida de antiguas tripulaciones, tal que un capitán ballenero y padre se enfrenta a la teoría de oficiales salidos de la Academia. En otro sistema circulatorio, la ballena (o su familiar el cachalote) que desafía a quienes se adentran en su dominios oceánico con intenciones sangrientas, cerca del cabo de Hornos defendería a su familia con la inteligencia natural de su esencia protectora y salvaje, hasta llegar al punto de no olvidar su misión de darles caza.
En esta venganza individual entre especies diferenciadas por natura y evolución, más o menos cerebrales, en cambio el tamaño si que importa, cuando la envergadura total es semejante a la totalidad de eslora del buque ballenero de 27 metros, de proa a popa.
La salida del Essex de la costa de Nueva Inglaterra y sus protagonistas, transcurrió entre tareas necesarias en la navegación y el mundo físico ante el comercio de la pesca, de instantes bien recreados durante su labor cotidiana con los eufemismos propios de la aventura clásica (oficiales y piratas), cuando esos hombres se adentraban en territorios inhóspitos, la fuerza de sus manos desnudas frente a monstruos desafiantes o enfermedades, equilibrados con sus piernas en botes inestables y aferrados a unos centímetros de afilado metal. Si empuñabas con demasiada fuerza podías irte arrastrado al infierno abisal como Ahab, no es el caso de la firme labor interpretativa de un Mr. Hemsworth que sigue alimentado su carrera de títulos interesantes.

El filme de Howard refleja la recreación de enfrentamientos reales en la tripulación y supervivencia, tras el mundo de fantasía que relataran las hojas maestras de Melville; en unas circunstancias brutales que hacen crecer la historia a distintos niveles, desde el heroico al siniestro.
Por la superficie de la rivalidad, se halla el hombre con su enemigo genético, otro hombre. Donde las clases sociales divididas entre la marinería se entregan a la competencia de valores personales como la presión financiera de la industria pesquera. Competencia en faenas entre buques y arponeros, represalias en forma de tormentas y bodegas repletas (o no) de productos que proporcionarían esa tranquilidad familiar, prosperidad e irremediable lucha por la propia relevancia social y monetaria.

Una vez avistado el problema en el horizonte, aparecen problemas de rapiña y falsedad de aquellos que trataron de enriquecerse frente al valor de demacrados aventureros, verdaderos oprimidos por la responsabilidad civil ante comerciantes y leguleyos, con seguros y sus oportunidades jurídicas centradas en actividades morales tan superficiales como de calado económico. Siempre en busca de la rentabilidad de propiedades en los tribunales de justicia.
En la profundidad de la historia está la unidad, de amistad o de una familia que empieza a crecer en la costa, mientras los ojos del arponero de mirada azul lanzan su acero hacia otro gran ocelo avizor, protector como él. Un duelo de corazones en el mar, que permitiría escribir líneas de historia y de fantasía, como memorias contadas de sombras del pasado, que desaparecen de nuevo como los fantasmas en las profundidades.

Incluso, estos héroes cuando escasea el volumen necesario del interior de sus cuerpos, para sufriendo seguir adelante, tienen que nutrirse con el valor de sus caídos corazones. Aunque, en la hora de la verdad, uno queda sólo con su fuerza interior o capacidad para sobrevivir, como cada cual acepta su puesto en la pirámide alimentaria. Unos son protagonistas del sufrimiento, dolor superficial de un ego herido o muerte profunda sus almas; y algunos, todos reales, volverán a tomar las riendas de sus familias, superficialmente o en las profundidades del mar.

Pues en la soledad, y necesidad, siempre el corazón será quien domine nuestras vidas. Arriba o abajo... de esa línea roja divisoria, entre sangre humana y el azul del mar.

viernes, 7 de abril de 2017

Assasin´s Creed.



El Juego:
Es lo que supone el desconocimiento de algo, que pensé que esto de los Assassin´s Creed era diferente y más imaginativo. Vale, que ocurre en el Madrid de 2012, cómo podría haberlo sido en cualquier fecha o rincón perdido del mundo, hasta acercarnos a un patio trasero en el que se juega a mimos. Despertando en época de la Tercera Cruzada, todo bien molido y machacado en un mortero que recoge retales de un Matrix caprichoso, especias lejanas de Strange Days y sus memorias tecnológicas, o suenan algunos fragmentos futuristas de esa otra gran historia de Philip K. Dick, llevada a la gran pantalla por Steven Spielberg y Tom Cruise y conocida como Minority Report. Es una visión fantasmagórica, tan solo. Al final ocurre lo inevitable a pesar de las expectativas, que el juego cinematográfico queda hecho una pena, en mis manos o mis ojos. Incluso la sonrisa de algún productor... aún sin haberlo jugado.
Todo queda revuelto y esparcido en el horizonte imaginativo, como polvo mortecino. La unión del reparto y Fassbender (apuesta que le sale cara y rana, por los saltos digo), con un director de curiosos aciertos en su corta carrera, no me ha sugerido nada en absoluto. Pues la realidad es dura y... el pasado comparado, mucho más.

Y es que, esta moda de adaptar historias basadas en videojuegos, de amplio éxito comercial y un alto espectro de jugadores, no debería ser óbice para que un buen aficionado al cine, se sintiera atrapado en sus imágenes digitales. Sin embargo, los que manejan (el dinero y no el mando de la consola), no deberían olvidarse de las proporciones históricas, expresiones y texturas, fuera de ese contexto digital. Ya que la historia es retorcida e increíble, reproduciendo características difusas que evitan que el guion sea medianamente admisible.
En realidad, se trata de una especie de broma, cuyo argumento con reminiscencias históricas, se mezcla con la ciencia ficción y parece un sacrilegio. Vamos que sales bastante caliente con la película Assassin´s Creed, de forma que merecería arder en la hoguera, sin ser uno inquisidor, ni nada.

Nadie ha podido contenerse en este despilfarro, sin sentido (al menos, un servidor no lo encuentra por ningún rincón de esta Ex-paña), con un equipo internacional que no ha conseguido administrar o controlar aquellos datos en forma de bits, ni las diferentes y divagadoras tramas que se desarrollan en paralelo. Aquí, se podría obtener un magnífico desarrollo narrativo, acorde con las sensaciones y perspectivas creadas por los usuarios de ese primer producto jugable, y yo creo que una mayoría ha salido escaldado como guerrero bajo un baño de aceite hirviendo.
Al resto de espectadores, " o/ ", no acostumbrados a los botones que se suministran con la consola, simplemente se desconectarían a las primeras de cambio o de flotamiento espacial. Así ocurre con estos científicos modélicos y sus atribulados huéspedes, asesinos de un pasado distópico, y aburrido. La verdad que no sé, que se le pasó por la cabeza al bueno de Justin Kurzel, director de la enfermiza Snotown y las profecías históricas del Macbeth de William Shakespeare. Nunca mejor dicho, esto es otra historia...

La Adaptación:
¿Qué se necesitaría para trasladar una historia de otro medio al cine?
En primer lugar, se encuentra el problema de la fidelidad. Lo acertado sería una clara y proporcionada elaboración de ambas tramas, o al contrario, absoluta libertad para crear un desarrollo paralelo y trufado de otras ideas nuevas. En todo caso, se debe tener en cuenta los rasgos característicos de la historia e intentar no decepcionar el espíritu del autor, como los procesos que causaron la aceptación de otros espectadores, lectores o jugadores.
Para este juego Assassin´s Creed, hubiera sido imprescindible distinguir los rasgos para ambos métodos diferenciados. Las características visuales o texturas, entre perspectivas binarias y los movimientos adictivos de los personajes reales, dejan un camino libre para el adaptador tras la cámaras, que no termina de ser aprovechado. No se desenvuelve con imaginación en el tratamiento artístico ni aspectos técnicos, como esa elaboración del concepto fundamental, afectando a los personajes y a la idea central.
Por tanto, se echa en falta esa combinación de secuencias o planos, con expresiones adecuadas al medio que favorezcan la acción continua para hacer creíble esta aventura en movimiento casi real, por lo que el resultado científico-romántico, no puede ser más caótico o ingenuo. Esto es, no debemos mezclar las churras con merinas, como diría un labriego del medievo.

Para aquellos que no hemos establecido contacto con su aspecto original y, por tanto, desconocíamos las interioridades del encarcelado y renegado Callum Lynch, interpretado por un Mr. Fassbender de pesadilla (muy lejos de su personaje de Hunger); estos productos para el entretenimiento nos dejan en una encrucijada mental y física. Primero, porque la leyenda de la hermandad de los Assassins es demasiado atractiva para un lector de la Historia Antigua, y aquí se desarrolla bajo un batiburrillo tecnológico.
Después, sumado a unos saltos caprichosos en el tiempo, mediante el ADN de un ascendiente del protagonista, que transita y lucha en la España del siglo XII, hasta finales del XV. Del otro lado cinematográfico, la ambientación durante un enaltecimiento social y político de la Inquisición, para mi gusto de simple aficionado al scifi, no posee la suficiente claridad de ideas ni la calidad, sugerida por la inversión económica. Assassin´s Creed, como película mueve los cables y las conexiones con el pasado, de forma defectuosa, mecánica y artificial. Sin emoción.
Se necesitarían otros protocolos más dedicados y atractivos, es decir, complementado la acción con ese arte conceptual adecuado y un poquito más de imaginación. Algo que represente estas aventuras pretéritas entre caballeros, religiosos y criminales, sin desnaturalizar la tierra andaluza con un proceso catastrófico causado por la fotografía digital. Recrea un ambiente plomizo, aderezado con diálogos inconexos y turbios en su reflejo con el presente, mientras la luz turbulenta del filme (como un huracán o ciclón devastador), te regresa a la superficie con un Fassbender flotante e ingrávido. También, en evasión recíproca con nuestra realidad de espectador.
Almería o Sevilla, se vuelven irreconocibles y tristes. Víctimas de un apocalipsis histórico que no hallarías, aunque solicitases una oposición y te convirtieras en un mortífero templario o un asesino de conexión dinámica con el futuro.

Ese es el problema de esta adaptación, que de un plumazo o estocada, te saca del sueño o viaje... y ya no regresas a la superficie por mucho Fassbender que flote en el vacío madrileño, Marion Cotillard parpadee insinuante al futuro genético, Jeremy Irons descubra la mismísima máquina del tiempo o Charlotte Rampling aparezca como una visión fantasmal del pasado.
Pues, en este pretérito andaluz e inquisidor, se reserva el derecho de pernada para estos asesinos y científicos, sin escrúpulos o poco precavidos. Salvo osados y mendicantes de emociones catatónicas o descafeinadas, ya que el núcleo narrativo se desvanece con poses desproporcionadas y cabriolas sin parangón. Borrando de la memoria, la poderosa fuerza de nuestra imaginación...
Luego, ambas producciones (informática y cinematográfica) se caracterizan por esa huella digital exclusiva, que facilita el acceso a jugadores no exigentes, y echa atrás al curioso. Desaconsejando que husmees en su interior gráfico, por mucho que te atraiga el bagaje anterior de los actores destinados a tal fin. Significa evasión sin emoción.

La Película:
Si estás atraído por las texturas digitales, la suavidad de scroll, focos de cámara imposibles o los efectos de última generación, encontrarás alicientes, tal que un ataque de histeria colectiva sobre los teclados del mando, contra la historia visual. Si no, dedícate a estudiar la Edad Media y sus batallas campales, o pelis en condiciones sobre el tema. Por tanto, deslízate sobre El Señor de la Guerra, sumérgete con Excalibur, revive Los Señores del Acero o investiga con Sean Connery en El Nombre de la Rosa. ¡Eso!
En el sentido fantástico, el acabado de este producto, primero de Ubisoft Motion Pictures junto a New Regency, parece predestinado a ser carne de pira inquisitorial, o de videoclub como decíamos hace un tiempo... ya no sé si añorado. Recordando que la ciencia ficción, no se confecciona con retales narrativos ni saltos mortales al vacío. Necesita unión entre equipos internacionales, a no ser que tengas una buena red para amortiguar los golpes o un buen mapa (como Cristobal Colón tras la ruta de las Américas), esto es, un buen guion.

La película se pierde en múltiples direcciones, sin compendio de técnicos remando al unísono o mentes despejadas para establecer el sendero adecuado, hasta encontrarse entre la espada y una "matrix" digital de andar por casa... por la de unos Reyes Católicos sin felpudo de bienvenida, por ejemplo.
He visto al francés Denis Ménochet (Inglourius Basterds, Dans la Maison), a otra francesa Ariane Labed, con orígenes griegos y mujer de Yorgos Lanthimos, al notable actor irlandés Brendan Gleeson (Sufragistas, En el Corazón del Mar), a la australiana y esposa del director, Essie Davis (Matrix II-III, The Babadook), al sueco Matias Varela, al español Javier Gutiérrez con la cara "tó" quemada, a Carlos Bardem, etc...; pero parecían actuar a miles de kilómetros de distancia entre sí.

Son aspectos exóticos, accesorios inconexos que intentan, sin éxito, saltar los muchos obstáculos de un objetivo principal, el entretenimiento. Para terminar todos cayendo en garras de un monstruo oculto entre las capas, de guerreros y ordenadores, el aburrimiento amortajado o Abstergo.
Su trama, fantástica en la superficie, se ruboriza de otras visitas neuronales a mundos imaginarios o eras históricas, traspasando la frontera de lo recomendable. Por primera vez y sin conocer nada de las aventuras informáticas de sus archiconocidos personajes, llamados assassins, se han columpiado y ridiculizado, por que los otros, los de la Historia Clásica con mayúsculas, parecen pegotes o migajas adosadas a las barbas... ya sabes, si las de tus vecinos ves cortar...

Insisto, desconozco las características del juego, pero creo que esta versión ha convertido la fantasía e historia en algo tosco, ingrato. No ha respetado ciertos conocimientos geográficos ni leyendas, no ha evolucionado la ciencia ficción inmersa en las secuencias, ni siquiera trata de transformar a los actores en héroes, o villanos. Sólo personajillos de andar por casa en zapatillas.
Por consiguiente, estamos a un password de entrar, en un mundo perdido e insólito. Frecuentado por sombras del pasado, que se cuelan en resquicios deformados de un presente o futuro tecnológico, con un conjunto de guionistas que no han dado en el clavo (ni el calvo de Torquemada), y se distancian inexorablemente del uso adictivo y del paso confuso de la Historia. Fin... y a otra cosa Maikel Fassbender.


Tráiler Rock & Roll, de Guillaume Canet.


Tráiler Hampstead, de Joel Hopkins.


Entrevista James McAvoy sobre Submergence, de Wim Wenders.

domingo, 2 de abril de 2017

Moonlight/Fences.

El lado "nigger" de la vida..

Sabemos, por descontado, que existen este tipo de expresiones en inglés que resultan mal sonantes o con un claro matiz despectivo. Términos excluyentes por el hecho dirigirse a una persona o colectivo de ciudadanos, que pertenecen a un estrato social maltratado socialmente o con evidentes síntomas de racismo en su historia pasada, y presente. Ese tipo de desprecio que denigra a muchos seres humanos, por el hecho de pertenecer a un determinado estrato social con escasos recursos económicos, o por una peligrosa discriminación debida a su orientación sexual o relacionada con sus rasgos físicos o el color de la piel.
Es una batalla que no termina de cicatrizar de sus heridas purulentas, debido a una serie de condicionantes que tienen que ver, con esta falta de escrúpulos generalizada o la evidente, violencia abierta en nuestros tiempos. Algo que se amplía por el temor a lo diferente, la falta de seguridad y la xenofobia, que presiden muchas de nuestras relaciones personales, como los conflictos familiares o entre generaciones. La falta de perspectivas en ciertos ámbitos de la población o una persecución sangrienta en los centros educativos y las empresas, son claramente una lacra social para resolver en las próximas décadas, o milenios...

Son rasgos de un pensamiento anticuado o una paupérrima educación, en general. Curiosamente, en estas dos películas comentadas a continuación, confluyen todos estos factores de discrepancia social y alguno más (dentro del mismo género o árbol genealógico) que engendran tanto el desprecio personal, como una excesiva violencia verbal o física. Moonlight y Fences, intentan iluminar o derribar estas vallas que nos separan, denunciando o definiendo las posturas de esta dramática realidad que asalta nuestras familias, calles y escuelas, como si se tratara de una fiel obra de teatro o una visión íntima de las relaciones humanas.
Las imágenes y textos, demuestran que estamos envuelto en un proceso involutivo que desemboca, habitualmente, en una marginalidad de difícil erradicación. Por una escasez de medios económicos o unos efectivos métodos de disuasión contra los infractores y sus palabras ofensivas, sus acosos psicológicos o acciones violentas sobre las víctimas desprotegidas, en especial, a determinadas edades tempranas. También por falta de interés generalizado, en muchas personas que nos rodean, educadores, organismos o entidades de la sociedad.

Esta escasa racionalidad subyace en determinados modelos educativos de la actualidad, donde las leyes no pueden controlar esos elementos conflictivos en los centros de enseñanza, o miembros desviados de familias cuyos problemas económicos se multiplican con determinadas aptitudes, consumos y personalidades extremas. Esclavos sociales bajo un exponente de alto desarraigo histórico, generacional o emocional.
Es una guerra cíclica y universal, que ha enfrentado a todos los seres humanos desde sus orígenes en este planeta, ciudadanos que deberían tener los mismos derechos para ejercer una profesión o trabajo digno, elegir libremente la enseñanza de sus hijos, sus relaciones privadas o gustos, sin dañar a los demás. Es decir, disfrutar de una convivencia en paz con sus semejantes, sin importar su condición o el color de su piel.
Por tanto, la solución esperanzadora, dividida en dos familias diferentes, o la clave de esta obra, social y cinematográfica, estaría en la enseñanza como el mayor punto de encuentro entre ambas historias. Una mirada clarificadora y un encuentro real, menos teatralizado. Pongámonos, entonces, manos a la obra...
















Moonlight.

Aunque no me suelen atraer demasiado los dramas sociales que indagan en la privacidad de las relaciones humanas o la orientación sexual de los individuos, siempre es interesante la exploración de otras sensibilidades. Aunque no se compartan o emocionen. También, la descripción del desarrollo personal en etapas, tras una experiencia educativa bastante decepcionante o lesiva para el joven o adolescente en cuestión. Para Chiron de 9 años, es complicado relacionarse, a no ser con un amigo que pasará de llamarle "Little" a Black, tal vez más acorde con su carácter y perspectiva física.
Desde su niñez comienza con ese aprendizaje, y el miedo consiguiente, perseguido y maltratado por su tamaño o aparente debilidad. Su forma de entender la vida y su personalidad introspectiva, se torna poco contundente o tímida, como él. Tres actores encabezados por el pequeño Alex Hibbert de mirada extraviada, soportan los condicionamientos externos y comprueban el crecimiento interior, que en su punto más interesante, va desde la frontera de la adolescencia.

A través de la mente adolescente y convulsa del actor Ashton Sanders (Straight Outta Compton) y el cuerpo de un Trevante Rhodes (Westworld y próximamente en The Predator), no demasiado transparente o incluso intelectual, respecto a ciertos deseos o inclinaciones del personaje ya en su edad madura. En el futuro, podremos ver al joven Ashton en la nueva película dirigida por Dan Gilroy (Nightcrawler), junto a dos estrellas consagradas como Denzel Washington y Colin Farrell en el filme Inner City, y la cinta de ciencia ficción Captive State, con Vera Farmiga y John Goodman.
El director Barry Jenkins se desliza con una extraña mezcla de crueldad y delicadeza, sobre el despertar sexual a edades tempranas y conflictivas, en silencio, traspasando la coacción de su entorno social y el retrato de la marginalidad en un barrio exterior de Miami, donde los chicos deben demostrar su rudeza y encarar al contrario para no ser vapuleados y convertirse en la diana de los acosadores de turno.

Este retrato sensible y algo frío, particularmente, se caracteriza por esa perspectiva embarazosa del dilema sexual y la dicotomía social, que otorga más entidad a la historia de Moonlight. Si bien con ese foco gélido que se propone con las interpretaciones y una iluminación algo lunática. Con guion del propio Jenkins, la historia va decayendo en intensidad o seguridad, según pasan los años del protagonista... y despierta a esa conciencia, por otro lado, algo distante con las circunstancia y un público, que pide experiencias más fuertes o tragicómicas.
Pero reconozco, sin inmiscuirme ni importarme las vidas privadas de los demás (me suelen resultar bastante aburridas si no traspasan los límites de nuestra realidad cotidiana), que crecí visionando filmes con tramas arriesgadas, como Sérpico, El Cowboy de Medianoche o Philadelphia, para ejemplarizar con los bajos fondos de la sexualidad, los abusos enfermizos y la discriminación.
Aquí en Moonlight, matizados con la ambientación y los diálogos suaves, curiosamente en contraposición a los temas elegidos en su banda sonora, a través de la música rap y algún tema clásico o de rock. Enseñanza en el hogar y la playa, mesas de comedor e interiores de automóviles, que enmarcan el discurso de la inseguridad, entre una amistad y la soledad. A la vez que promociona el saber escuchar, dejar pensar o los razonamientos internos del protagonista, como una descripción lejana de lo prohibido, es decir, poco contundente en relación con el sufrido pasado. Quizás de un hijo de padre desconocido, no sé.

Mientras, en paralelo, hallamos dos buenas interpretaciones, que generan una polémica muy actual, a través del consumo y la venta de sustancias duras e ilegales, ¡crímenes que destrozan vidas! Gracias a la madre interpretada por una desquiciada, por momentos, Naomie Harris (Un Traidor como los Nuestros, Belleza Oculta) en arrepentimiento posterior y dos, el cretino que se lucra... eso sí, con el carácter y el gran poder de atracción del rocoso Mahershala Ali (Figuras Ocultas, y como próximo Vector del cómic Alita dirigido por Robert Rodríguez).
En la película Moonlight, la oscuridad mental está siempre por debajo de cualquier brillo individual, porque el desarrollo cognitivo establece un ámbito demasiado real, que puede deslumbrar por su aspecto visual, pero no me acaba de transmitir.
Ningún convencimiento sobre los problemas sexuales de un personaje tan perdido o dubitativo, e interpretado por actores dispares, no reconocibles en mi opinión. Con esa desorientación generalizada en las distintas etapas, que crece según se muestra su personalidad más segura (aparentemente) o adulta.

Por encima de todo, se han escapado fugazmente, las relaciones con las drogas y la prostitución, el comercio en las calles y la violencia de bandas, los malos tratos y la amenaza a la homosexualidad, la elección entre televisión basura o lectura, el fracaso en los estudios y el abuso escolar. Exceptuando algunas instantáneas bien fotografiadas, que describen el panorama de una parte de la juventud negra en Florida o los Estados Unidos, con esta iluminación demarcada por la visión algo pálida de la exclusión y carente de emoción.
Así, observamos una concatenación de personajes perdidos, que no traspasan los límites de esa desubicación o que su vida, fuera de interpretaciones o consideraciones sexuales de cualquier índole o condición, parece aburrida. Como las miradas perdidas de algunos protagonistas, bastante decepcionante a mi parecer, ante todo, con las aclamaciones de la crítica especializada y premios... que vienen y van, tal que las olas o las eyaculaciones mediáticas.

En fin, una película demasiado lineal, sin concepto claro o confusa en cuanto a las emociones. Por encima de un bello paradigma o paradoja, que significa vivir en un barrio llamado Liberty City. Atrapado en los tabús, las mentiras y la personalidad neutra.
Ya te lo decía tu madre... ¡me gustaría que leyerás algo!

Fences.

La crítica no se pone de acuerdo, en preferir una interpretación sobre otra en el filme Fences dirigido por Denzel Washington, su tercer largometraje tras las interesantes Antowne Fisher y El Gran Debate, aquí doblando de nuevo en su labor en la cámara. Simplemente, porque los protagonistas realizan un trabajo excelente, demarcado por intensidad y la pasión de los personajes. También, esa particular pasión por las obras de teatro.

The Pittsburgh Cycle o Century Cycle, consiste en una serie de diez obras ambientadas, en general, en un barrio afroamericano del Hill Disctrict (Pittsburgh), durante diferentes décadas o generaciones. Donde el escritor August Wilson describe la sociedad y la vida de sus vecinos con una clara vocación teatral y el lenguaje un barrio afroamericano que adquiere un significado mítico literario como el Wessex de Thomas Hardy o el Yoknapatawpha County de William Faulkner. Cada una de las obras transcurre en una década diferente e intenta mostrar la vida cotidiana de los afroamericanos en el siglo XX, además de "aumentar la conciencia hacia el teatro" y evocar "la poesía en el lenguaje de la población negra de los Estados Unidos.
cotidiano de la población negra en los Estados Unidos". Con un rasgo característico y relacional, que los hijos de los personajes de las primeras aparecen en las siguientes y cuyos textos poéticos, adquieren también un carácter profético con un personaje recurrente. En Fences, llamado Gabriel obviamente.

Personalmente, prefiero esta propuesta a la anterior, en parte, porque me gusta la obra teatral y los diálogos enfrentados entre sí. Algo coincida con la temática personal, basada de igual forma en el sistema educativo o esa lucha sorda contra la discriminación laboral por motivos de raza e, imprescindible, los problemas generacionales. Esta vez, llevados hasta las últimas consecuencias.
Aquí, el realismo secuencial, el futuro de los hijos y la relación sentimental, se convierten en el bastión fundamental de la trama, otra vez contenido (o poco) dentro del marco de una humilde familia afroamericana, de cuya manutención corre a cargo un sufrido operario de recogida de basuras, con esperanzas a la solitaria y desesperante conducción. Hoy curiosamente, pertenecería al grupo de la clase media, con recursos suficientes para mantenerse dignamente... Claro, él es Mr. Washington que ya lo interpretó en Broadway, y ella, la sufrida pero victoriosa Viola Davis.

Por fortuna, existen otros motivos esenciales y variados, por los que esta película rezuma pasión por el cine y donde sus elementos se saborean con verdadera fruición... por ejemplo, demostrando que esa privacidad en las relaciones personales, también puede ser atractiva, con interpretaciones meritorias, o magia a través de un vehículo narrativo deslumbrante.
La primera cualidad para destacar en este comentario, es el desarrollo de un barrio obrero cualquiera, con sus matices raciales y sus curiosos personajes. Que deambulan por aceras y asfalto, lugares comunes como los pequeños jardines privados frente al hogar y sus vallas ideológicas. Detalles del interior del alma y quebraderos de cabeza, de puertas para adentro. Cuyos miembros familiares, se hallarán atrapados por circunstancias vitales, como el hijo interpretado por Jovan Adepo (The Leftlovers, próximamente en un nuevo filme de Darren Aronofsky titulado Mother!), qué casualidades semánticas... contra ocasiones perdidas, dudas prosaicas y excesos existenciales, con esfuerzo, fe... es la humildad de la sangre de dos generaciones sucesivas y aquellas heridas abiertas en ese espacio de tiempo. Con varios conflictos bélicos, afuera y adentro.

Rasgos externos que van a influir en las personalidades, forjadas a golpes y gritos, entre educadores e hijos, así como en el destino escrito, teatralmente, por sus propias sentencias, elaboradas en privado y en público. De una generación primera, que nació en los tiempos duros de la crisis económica y la revolución industrial en marcha, propagando un nuevo concepto del trabajo y de la familia, dentro de unas grandes ciudades en crecimiento exponencial. Era de sueños improbables, frustraciones individuales y enfrentamientos sociales (especialmente los raciales o igualitarios de la mujer, a mediados del siglo XX), representado en Fences por una magnífica madre coraje.
Parece, echando la vista atrás, que esos hechos favorecerían una extraña mezcla de deseo de apertura de una parte de la sociedad y la vida sexual, extrañamente en contraposición con el pensamiento conservador o machista... que se observa y siente en la película... como si fuera hoy. ¡Vamos, que diría que no hemos cambiado tanto en estos más de 50 años!

Por el camino, quedarían mentes destrozadas, o no, individuos trastornados o heridos gravemente, desarrapados, artistas, deportistas lesionados y vagabundos, seres vacíos en apariencia, como el compañero confidente interpretado por Stephen Henderson, el filial músico guiado por un amistoso Russell Hornsby o el tío Gabe encarnado eficazmente por Mykelti Williamson (el inolvidable Bubba de Forrest Gump).
Otros terminarían cultivando ese carácter rudo que caracteriza su raza golpeada, desconfiada y desafiante. Capaz de mirar a la cara a la muerte, sin pestañear... esperando respuestas.
Aquí, crece un Denzel Washington, más aficionado al béisbol y charlatán que nunca, perfecto en su papel de superviviente y representante de los que, muchas veces, acabarían ninguneados o sencillamente atropellados por la injusticia, o ella... la pasión. Existe, esa otra generación de jóvenes silenciados durante una cruda educación, que alzaría su puño contra todo, incluso, ante la mano que les da de comer. Para no ser pisoteados como aquellos antepasados, si bien, algunos pudieran convertirse en un malsano apéndice, el mismo puño levantado en el pasado. Atrapados en una violencia generacional que no parece terminar, salvo entregándose a la paz de un oscuro regazo... si bien Washington cambia la oscuridad y la iluminación de la luna, por la luz del atardecer.

Padres e hijos, familia "unida" con iguales temores, flanqueados por la autoridad, el respeto y la "fidelidad", sobre un espacio reducido que se volvería irrespirable en cuestión de minutos. Pues, este partido cinematográfico, se juega en cancha rival, a cara de perro o, sobre las "cuerdas" de una obra de teatro. Dividida en tres actos reincidentes, y coincidentes en tres enfrentamientos puros. Bateados por la pobreza, el orgullo y la ira.
Una trama generacional, que toca la fibra a cualquiera, por la rebeldía ante esa autoridad paterna y las obligaciones. Cuyas peleas se mezclan con sonidos de la calle, componiendo un ring natural de dureza extrema y real como la propia existencia, o una escuela de la vida cuyo aprendizaje, se fija en valores inculcados o aceptados por distintas causas, durante épocas opacas. Contagiados por reproches, aturdidos por explosiones del pasado, y el presente... confundidos por necesidad, quejidos aullados al atardecer, con expresiones sangrantes, cara a cara. Esto es, la aceptación del destino o todo lo contrario. Encarándose y ocultándose, de él, de ella...

El inicial estigma, es un simple aviso.
Sin embargo, llevará a todos, a un tenebroso agujero o foso séptico. Repleto de emoción incontrolable y objeciones, a distintos puntos de vista, tan ligeros como hundidos por el propio peso de la conciencia. El siguiente, será un pequeño toque en el hombro, o más allá... en el horizonte. De alguien que intenta hacerse valer, a costa de desestimar los intereses o aptitudes de los demás, contrario a su propia identidad o reflejo. Una fotocopia que no se doblega a la presión... esa misma que cortó las alas de la libertad.
El golpe frente al posicionamiento inmóvil (otros lo llamarían amor), la inocencia que escuchaba con confianza la voz razonable o recuerda la crianza materna de un bebé recién nacido. La niña sin tus ojos, llora pidiendo atención... El último tiro, podría salir por la culata o estrellado contra una valla del jardín, pues es un atolondrado golpe de realidad, que destapará la caja de los truenos. Como aquella vez que se hicieron preguntas, mirando al cielo, y éste, oscuro como el pensamiento de una Dama de Negro, responde... uno, dos y tres, ¡brooom! Ya escuché tus terribles alaridos y demandas -dijo. Al cuarto estruendo, aceptaría su reto con un fogonazo.

En cambio, todavía restaba una entrada o último episodio, otro prefacio... ladino como los sentimientos primerizos u ocultos. Cuando la obra se eleva como un "home run"... mandando las perspectivas e ilusiones, fuera del estadio. El momento, cuando Miss Golden Davis golpea las pelotas con más fuerza que ningún hombre (a pesar de la superioridad manifiesta de Denzel), llorando todas las frustraciones y las deudas del tiempo, en un día. Ese que debería abrir sus ojos, a otra inocencia, pureza y fragilidad en manos inexpertas, hasta saltar de un banquillo que negó sus propias valías y te escondió del mundo, al otro lado de la valla... ¡durante, taaanto tiempo! Recuerdas: "¿Traté ser todo lo que una esposa debe ser?"
No olvidemos que estos tres actos, relámpagos o bateos, son el preludio de una muerte anunciada como diría el imaginativo Gabo y su otro crimen virginal... historia dentro de la historia, de una familia que perdió la esperanza y fe. Mirando al techo celeste, no entre montaña y mar, como en Macondo... para descubrir al fin, su propia libertad, con una sonrisa. Un toque inesperado al viento, una luz... un foco en el escenario de la vida. ¡Corten! ... y que sigan escribiendo buenos textos.

Las obras correspondientes a cada década, desarrollados por el dramaturgo August Wilson, son:
Década de 1900 - Gem of the Ocean (2003)
Década de 1910 - Joe Turner's Come and Gone (1988)
Década de 1920 - Ma Rainey's Black Bottom (1984) - ambientada en Chicago
Década de 1930 - The Piano Lesson (1990) - Premio Pulitzer6
Década de 1940 - Seven Guitars (1995)
Década de 1950 - Fences (1987) - Premio Pulitzer6
Década de 1960 - Two Trains Running (1991)
Década de 1970 - Jitney (1982)
Década de 1980 - King Hedley II (1999)
Década de 1990 - Radio Golf (2005)

miércoles, 29 de marzo de 2017

Loving/Mujeres Ocultas

Mientras el Hombre se las ingeniaba, con una batalladora y siempre estimable ayuda femenina, para facilitar la convivencia. A la vez se construía un nuevo espacio, con el que encaramarse al futuro e ir descubriendo otras perspectivas desde las alturas. Sin embargo, otros ciudadanos más terrenales, se debían enfrentar a profundas injusticias que asolaban el desarrollo de su labor o condición social, principalmente, en el caso de mujeres de raza negra.
Debido a un profundo racismo o idea de superioridad, aquellos y aquellas, serían observados y medidos en su trabajo, con un miserable interés o cobardía, ya que su mente reflejaba la xenofobia que llega hasta nuestros días. Much@s serían tratad@s como fieras peligrosas a las que tener vigiladas o enjauladas, sin derecho a crecer laboral o jurídicamente, incluso, a existir o amar como el resto de seres humanos. Ellos y como dije en este comentario, en especial ellas, lucharían por sus derechos, contra la violencia y los complejos ocasionados, a través de dos elementos fundamentales que confluyen en la mayoría de ciudadanos... o debería. Corazón y cerebro.

Esta es la historia oculta de aquellas personas, fijándose en los aspectos femeninos de su lucha, para la posibilidad de crear una familia en libertad, con iguales oportunidades y sin intervención de un estado controlador y nada pragmático. Para ello, necesitaremos la imaginación romántica y el humor, bajo el prisma y el objetivo particular de dos directores actuales de cine. Los cineastas permiten una labor importante en nuestra memoria, rescatada de cierto olvido enfermizo, que reconocerá su valía más allá de aquellos problemas que frenaron sus carreras o desprotegieron sus vidas y la de sus hijos.
Unos empezarían mirando esas raíces negadas, sobre la tierra que los viera nacer, y aquellas otras al extenso horizonte que se abriría, utilizando su inteligencia para observar las estrellas más de cerca. Pero, todos palpitando al unísono para lanzarse a esta nueva etapa, en busca del reconocimiento personal o colectivo, muy contrario a algunas mentes huecas o vacías de la época. A finales de los 50 y comienzos de los representativos 60.

Loving dirigada por Jeff Nichols, funciona en la corta distancia, acercándose a las miradas y la sensibilidad. Cuando la intimidad se entrecruza con las manos y la piel de los dos protagonistas, amantes no tan diferentes en el fondo. Un matrimonio interracial, compuesto por un Richard y Mildred Loving, que no cejarían en conseguir la tranquilidad para las nuevas generaciones de parejas que se constituirían y esa mezcolanza fantástica del amor.
La otra, es como una sombra alargada y vislumbrada por la lente de Theodore Melfi (St. Vincent), mucho más coral. Un filme que hace brillar con inteligencia, la oscuridad de aquellos años y las posturas más obcecadas, a favor de las Figuras Ocultas que emprenderían un viaje hacia la autoestima y una excelencia más diversa, en su nueva labor espacial. Al lado, simpático y proactivo, de una incansable trabajadora negra llamada Dorothy Vaughan, interpretada por la actriz Octavia Spencer, junto a unas concienzudas (y divertidas) científicas, llamadas Katherine G. Johnson y Mary Jackson. Quienes ejercerían su derecho, silenciado y proscrito, con la misión de ser reconocidas, de la misma forma que el resto del equipo de trabajadores de la Nasa y la oportunidad de ascenso según sus méritos personales.

Ambas ofrecen un resultado positivo que lanzaría a la posteridad a los protagonistas, y despejaría un nuevo amanecer para su sufridora y vilipendiada raza.
En aquella época de miserias y violencia, los derechos sociales y obligaciones adquiridas de aquellas familias humildes, eran vulnerados con frialdad. Teniendo que ser obtenidos con mucho esfuerzo y paciencia, incluso, sangre en episodios lamentables de la denominada, humanidad. Para ello, tendrían que salir (o intentarlo a costa de su seguridad) de la invisibilidad o la persecución acuciante, de otras miradas acusadoras e insultos de compañeros o condenas de la propia justicia. Haciendo caso omiso de sus propias leyes igualitarias y la constitución norteamericana.
Entre amor y risas, estas películas tratan de aliviar su maltratado destino, no nuestra culpa, retratando la pura maldad o ese pensamiento acomodado que les rodea, de aquellos más afortunados o reconocidos por la sociedad a todos los niveles... solamente, diferenciados por el color de la piel. Categóricamente, más difícil si ésta, iba acompañada de otras tonalidades intelectuales o sentimentales, más brillantes que la suya. Loving y Hidden Figures, se enfrentan a esas mentes opacas que erizaban su piel, infundiendo el terror, con una sola mirada o el peligroso conjunto de ellas.

Parece tan lejano, verdad... pero, todos sabemos que no lo es.
En la actualidad, permanecen ese tipo de exclusiones contra la igualdad de género, de raza o condición, ya que siguen creciendo las ideas excluyentes a nuestro alrededor, las persecuciones por el color o el pensamiento, similares a aquellos fraudulentos comportamientos del pasado. Sobre demasiadas localizaciones del globo y personas.
Un aumento de caciquismos o caudillismos que intentan, seamos tratados de maneras diferentes, según la proporción de ese color en la dermis, la elección libre de fe o la cultura de sus raíces ancestrales. Desgraciadamente, no hemos dejado atrás esta mediocridad que silencia o asesina... no hemos logrado todavía la deseada o soñada igualdad. Ni hemos alcanzado, la altura de miras suficiente para dejar, nuestro miedo lejos de los latidos o la pasión... por ella, la Luna.


Problema demasiado... poco Amoroso.

Comenzaría en la oscuridad de un hogar, a punto de quebrar.
Todo parecía predestinado, desde la raíz de su propia apellido Loving. Cuando un obrero esforzado y callado, pobre padre primerizo, debería ofrecer con el sudor de su frente, todo su trabajo a un empresario afroamericano para sacar adelante a su familia. Su estirpe que sería perseguida por la maldad inherente o los caprichosos de irreverentes jueces, terribles infundios de guardas y compañeros. Aquel día, en penumbras como en una película de terror, comenzaría con una afirmación a sus propios familiares de raza mestiza, con sangre de indios rappahannock. Una mujer comenta un evento, que en principio debería ser de enorme felicidad... ¡estoy embarazada!
Uno y otra, embarazados de felicidad, sin embargo, poseían y era perseguidos por sus orígenes humildes. Delimitados en común, por la perspectiva radical o violenta de algunos ciudadanos, sus propios vecinos y esa viciada costumbre o ceguera, como la denominan en el filme, Ley de Dios. Al lado de la de hombres injustos, que condenaban con insultos o la cárcel, a aquellos amantes de tan distintas y empobrecidas familias. Loving es su propiedad exclusiva y real de su pareja protagonista, bajo la lente intimista y cálida, del director Jeff Nichols.

Dos unidos como en el pasado veronés, con nobleza pero sin guita.
No es raro que, en ese triángulo de las Bermudas, formado entre el estado corrompidos de Virginia, con la irrealidad legal entre Columbia y Carolina, se firma un contrato sobre Washintong DC, que no tendría validez en su Central Point, cerca de la capital Richmond... ¿Lo has entendido? ... Ellos tampoco.
Entonces, la segunda pregunta que se hicieran, mirándose a los ojos en la intimidad familiar fuera, ¿para qué sirve el matrimonio?

La respuesta flotaba en el aire, en los atardeceres bajo el porche de la casa campestre, junto a los padres y hermanos, tíos, primos... mientras oían discutir a sus vecinos, tras una dura jornada en la construcción de edificios, que se elevaría en plantas en la gran ciudad. Eso no es lo que quería ella, elaboración de otras tareas y nuevas amistades, quizás. Hasta que una fotografía pudo cambiar el panorama, si el periodista encargado fuera Michael Shannon, antes de encarar a un bigfoot en Pottersville, el enfrentamiento entre Westinghouse y un Edison con cara de Cumberbatch o el rumor de Cable para Deadpool 2.
En ese momento, sentados viendo un programa cómico en el sofá de su salón y acariciándose ante un silencioso obturador, sería el retrato oportuno de su ciego amor, y el camino abierto a la seguridad familiar que buscaban, sin tener que vigilar sus propias y ´malditas` espaldas. Aunque, él no las tuviera consigo. Ella lo deseaba...

El interesante director, autor de la asombrosa Take Shelter y la intrigante Mud, se vincula a la causa, entregado a una relación interracial que no estuviera proscrita por la justicia, un rincón segregador de la memoria y aquellos jueces adiestrados bajo el sucio idealismo supremacista. Todo en pleno mandato de JFK y sus soñadoras opciones de un cambio social.
Así, buceando en la historia del derecho y los pasos emprendidos con valor, dejarían atrás multas económicas, cárcel y exilio, hacia el ala protectora del águila, abogados de ACLU (Unión Americana por los Derechos o Libertades Civiles), encabezados por el actor Nick Kroll dejando las voces animadas en La Fiesta de las Salchichas, Canta o Captain Underpants. Una alegre y sonora victoria que llegaría hasta nuestros días, y un empuje para los que creen aún en la humanidad. Otros pensarían un paso en nuestro horizonte más profundo.

A principios de los sesenta, sobre los campos y bajo la luz de la luna, apreciamos la intimidad de los Sres. Loving soportando todo tipo de miradas de condena, exiliados con sus leyes antimestizaje o a luz y sombra, nunca mejor dicho. Tras tres hijos y diez años de un encarcelamiento hogareño, las imágenes mantienen un tono cercano y plagado de sensibilidad, también gracias a la excelente actuación de un sobrio Joel Edgerton, introvertido y poco hablador como buen obrero de la construcción. Pero categóricamente decidido, al menos respecto a ella y sus sentimientos. Un gran actor con grandes trabajos anteriores, como Animal Kingdom, Warrior o Zero Dark Thirty, y futuros proyectos junto al director David Ayer (Escuadrón Suicida), Francis Lawrence (Soy Leyenda, Los Juegos del Hambre) o su propio hermano Nash Edgerton.
Ella, es la parte que tendría que huir de sus raíces. En busca de esa licencia con la que asegurar el futuro de la descendencia y certificar sus derechos como pareja, igual que el resto. La angustia y la resistencia que acompaña a conversaciones privadas, el insomnio y los gestos de ánimo, el silencio de los vacíos, cuando no se tiene sustento o se puede decir lo que piensas en realidad... o el terror, antes de la pena, recaen en esta actriz nacida en Addis Ababa (Etiopía), llamada Ruth Negga (Desayuno en Plutón, Warcraft), ejerciendo de madre coraje y notable luchadora amorosa. Una precursora de los derechos de su raza, hasta el fin, y claro, justamente nominada como mejor actriz a los Globos de Oro y en estos últimos Oscar´s de 2017.

Un sufrimiento que vendría expresado por una licenciosa frase, otra de compañeros o supuestos amigos, simplemente... "no deberías haberte casado con ella". Mestiza exótica, afroamericana y sangre de indios rappahannock.
Tú, que eres un blanco que se ha criado entre negros. Nadie entiende que quieras ser como nosotros.
Acompañados de un banda sonora que muestra su esperanza, compuesta por un David Wingo que decidió no incluir canción oficial y románticamente mediática, porque ambos Richard y Mildred, eran gente muy tímida, reservada, pero de sutil gracia y belleza.
Con Loving, el cine actual de Hollywood vuelve a abrir sus puertas a esta tendencia oportuna, de combatir el odio. Con ciudadanos de raza negra, protagonistas de nuestra vergüenza, no cerrados a todas las relaciones personales y la inteligencia.

Curiosamente, muchas parejas de ciudadanos afroamericanos apoyarían al Trump más cuestionado, votando en las últimas elecciones, a este nuevo ideal de familia norteamericana. Tal vez, una demostración de que el origen de los disturbios está en las actuales y tremendas diferencias socio-económicas. Por tanto, viva el amor... cuando las pieles se tocan, no importa dinero o color.


La Cara Femenina de la Luna

En la otra cara de esta lucha, en busca del mar de la Tranquilidad... algún antepasado nuestro, descubriría el fuego por un golpe de fortuna o la propia actividad de la naturaleza. Un ser inteligente, tallaría la rueda, hombre o mujer, en algún momento indeterminado de nuestra memoria. Así, los seres humanos han ido avanzando, con ese impulso o movimiento uniforme y circular, asaltados por contratiempos también en esta aventura o viaje. Esta es la historia de unas Figuras Ocultas inquebrantables, que reclaman su posición como trabajadoras inteligentes, hábiles, investigadoras... mujeres.
Cerebros privilegiados de una Humanidad sin género y color, más guiadas por la imaginación y algunos cálculos cuánticos. Por el prestigio y la excelencia, en este novedoso camino a las estrellas, decididas a alcanzar sus propios sueños. Sin desfallecer, eso sí.

Mujeres puestas en ocultación por otros, se sacrificaban y pugnaban, por dar el siguiente gran paso hacia el futuro. El reconocimiento de un intelecto superior, en ellas, tuvo que saltar barreras y zancadillas hasta entonces ´legalizadas` o soportadas, en silencio, como sufriría sobre la taza de un váter repleto de xenofobia. Una posición incómoda e injustificables, hasta criminal diríamos hoy en día.
Estas chicas tuvieron que aguantar hechos violentos, insultos individuales y desprecios colectivos, hasta que lograrán propagar un cambio. Una disposición para el entendimiento o unión de distintos conocimientos, que sumaría y superaría una década de violaciones o agresiones, de nombres ocultos de nuestra historia... hacia la cara femenina de esta, nuestra Luna oculta.

Damas interpretadas por divertidas damas, del cine, como Taraji P. Henson , Janelle Monáe y Octavia Spencer, con su propio retrato, desde su graduación en Artes Liberales por la Universidad de Auburn, a llegar a ganar el Oscar por su entrañable trabajo en The Help y esta nueva nominación por el fogoso trabajo en Figuras Ocultas. Reclamando su lugar, como una mancha sobre nuestro pasado, nada lunar, sobre la superficie de nuestra tranquilidad caucásica... y un gran salto para la historia del derecho, directo a la igualdad social de los trabajadores.
El director Theodore Melfi, cuenta con un escenario perfectamente ambientado (localizaciones sobre el estado de Georgia) y un guion adaptado a la historia de estas féminas por Allison Schroeder y él mismo, convertidas en importantes científicas de la NASA. Basándose en un libro de Margot Lee Shetterly que enfoca en su cerebro femenino, aquella carrera, elevándose y compitiendo con el Sputnik de la Unión Soviética, un nuevo encargo del desafortunado Kennedy en la década, movida, de los sesenta.

Su delicado puesto, estaría en la nueva sección de computación de una creciente IBM, con enormes dinosaurios informáticos, a ser domados por estas libertarias. Además, el guion trata de identificar esas sombras de la sociedad moderna, con un toque de ligera comedia y superficialidad, a veces ácida, que se veían difuminadas bajo una capa de suciedad mental o negligencia metodológica. Una nueva vista atrás, sobre la leyenda que lograría el cambio en la mayoría de conciencias, tras años combativos contra el racismo social, o intelectual.
Hidden Figures, refleja su época de estudiantes, que sacarían a relucir habilidades, destacadas sobre sus pieles morenas, es decir, destacar su sabiduría con cerebros de igual tonalidad, aunque de diferente intensidad o valor. Dispuestas a crecer y callar bocas de aquellos que, no asimilaban sus conocimientos o despreciaban su trabajo; recalcar sus dotes de mando o capacidad para trabajos actualizados; bailando y riendo; ayudadas por mentes preclaras como la del jefe Al Harrison. Otro intelectual válido, interpretado por Kevin Kostner de manera brillante, y junto al romanticismo colaborador de Mahershala Ali (Moonlight), o rivalizando con ciertas aptitudes y personalidades ineptas a su alrededor. Aquí con el rostro del actor Jim Parsons (Sheldon Cooper de The Big Bang Theory) y una curiosa o extraña imagen de mi reconocida, Kirsten Dunst.

Muchas mentes, planificaron el éxito de unos pocos elegidos o héroes del futuro. Ya que la inteligencia (y algunas aptitudes biológicas tomadas con discreción, o comicidad agria) sería lo necesario para abrir los ojos de la mayoría y esconder su miseria. Cambiar el destino de nuestra especie y orbitar la Tierra a bordo de una nave construida por el hombre, y mujer. Tripulada por el astronauta norteamericano John Glenn (héroe recientemente fallecido, d.e.p.). Otro "pequeño" paso, femenino, desde su hogar en White Shulpur Springs (North Virginia) al Centro de Investigación Langley de la NASA en 1961, transformado en insuperable, hasta hoy.
Inteligencia a favor de esta odisea del ser humano que empezaba, así como el reconocimiento por estas mujeres luchadoras en favor de los derechos de los negros. Su intelecto y determinación, Damas de la Historia, unió manos para cambiar aspectos materiales y mentes para intentar erradicar los modos. Se escaparon del olvido académico, mostrándose como representantes del futuro, hoy, como defensoras de la ciencia y la administración adecuada de los recursos... para, así no tirar el trabajo colectivo por un retrete.

Calcularon distancias y tiempos, para llegar a su puesto actual. Adecuaron propulsores con el fin de superar un fiasco, de nuevo, avivaron la ilusión de los participantes en el proyecto, con su nota de color, vivacidad y esfuerzo. Ayudaron a gobernantes y sus familias, para determinar el avance de una generación. Siempre, sin desear el mal a nadie, ni silenciar a colaboradores injustos, para el éxito conjunto de la misión Mercury, hasta que su propio nombre tuviera dicho reconocimiento laboral, intelectual y mediático.
Se dice que el tiempo pone las cosas en su sitio, pero también que, éste es caprichoso. La vida de aquellas figuras, ocultadas, tienen su espacio en los libros ahora, con diferentes puntos de vista. Para algunos, con acciones desafiantes o traumáticas, que las persiguieron y resultan trasnochadas o bochornosas en el presente; para otros como ejemplos cinematográficos, que recuerdan sus hazañas y personalidades, sus miedos en este enfrentamiento por la igualdad, tan desequilibrado. Un canto a la libertad de voces silenciadas, figuras evolucionadas en una era de descubrimientos tecnológicos, protagonistas ´invisibles` del esfuerzo, frente a los que tuvieron más oportunidades, o facilidad para lograr esa función principal o, simplemente, una asequible carrera académica.

Hidden Figures, es un canto a la inteligencia, a través de ritmos norteafricanos de sus protagonistas, como el cantante Pharrell Williams y la banda sonora de Hans Zimmer, sobria como es habitual. Recalca el recuerdo, de lo que realmente somos y nos hace distintos al resto, esto es, el valor de la razón que determinará el lugar que ocupamos en las páginas de nuestra propia existencia, sintiéndose reconocidos en la vida o válidos para la sociedad. Gracias a esa labor oculta de much@s, con el rédito futuro de nuestras ideas.
Cuando algunos... hombres, debido a su creciente soberbia o esa nula capacidad para empatizar, son capaces de desviar al resto de los objetivos, mirando su propio bolsillo para controlar y rentabilizar las ideas de otros. Se centran en procesos triviales que alimentan su vanidad o hacen ascender su ego hasta el infinito, limitan el acceso a una educación de calidad o niegan los verdaderos valores, por motivos de religión, raza o condición.
Una desgracia que el director neoyorquino, ha desarrollado eficazmente con una pizca de alegría visual, tal vez, cuestionable (para algunos) o algo de superficialidad, que linda con un cercano, sentido del humor.
Empieza la comedia.... Esto demuestra que en equipo, los deseos se pueden hacer una bonita realidad y, así, ensamblar las piezas necesarias o hacer visibles las mentes de aquellos más capacitados, a pesar de caminatas o miradas furtivas. Animadas contra elementos externos y algún que otro compañero, o un contratiempo interno... con la propulsión a chorro o micción.
Porque en la película, ellas también son héroes. Técnicas o inventoras, que consiguieron hacerse visibles cerca de la luna y defender una inteligencia inicialmente desaprovechada, no sólo en favor del color de su dermis o género, sino también como resultado de una capacidad y trabajo eficiente. Visto hoy en día, parece una dolorosa anécdota que merecía ser contada, pero en el fondo, puede seguir existiendo.

Ah, se me olvidaba... existen hombres y mujeres algo ciegos. Un número indeterminado y opaco de mentes, que se dedican a colgar etiquetas a los demás y crean trabas a los proyectos, traumatizan al diferente, apartándole en el ostracismo. Los zancadillean ante una tormentosa labor, con injusticias que intentan la desmoralización por odio; envenenan ideas por complejo u obcecación, impidiendo el acceso al trabajo de los capaces y así, colgarse títulos que no les corresponden, adornados con letras doradas.
Y esta buena película, sobrevuela el engreimiento colectivo de la masa, abre una escotillas a aires renovados, eliminando la discriminación por cuestiones raciales, devuelve sus nombres resplandecientes sobre libros anónimos, o no tan conocidos de la historia. Gracias a los rostros visibles de este viaje al pasado, Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson.

Por último, gracias a estas películas que identifican a esas personas valiosas, primeramente silenciadas. Promueven la ciencia, con la calidad incolora de vuestra mente, que empieza por el "amarillo" de un chorreo histórico y acaba como realidad sonrojante. Y respetan el tono de la igualdad, en la diferencia. Ese mismo agujero en el cual, todos mean o trabajan por igual, pues, siempre si se realizan bien los cálculos, el esfuerzo acierta en la diana, el váter... o el deseo romántico.
No obstante, sabemos que una gran mayoría de manos, no tocarán las estrellas con sus dedos, ni saltarán charcos embarrados con odio... serán borrones en textos mancillados, manchas humanas de un ´café` peligroso o ejemplos de la codicia ajena... pero alguna cara aparecerá en el lado oscuro. Una mente ganará esa carrera, cuando sus lamentos sean oídos bajo una tormenta de lágrimas. Una capaz de desarrollar tecnología y enviar al primer hombre... o MUJER al próximo destino.

domingo, 19 de marzo de 2017

La La Land.


El Color de Los Ángeles.

Mucho antes de la era de los grandes musicales de Hollywood y aquellos románticos visionados en el cine, antes de la llegada del maravilloso Cinemascope con toda la ampulosidad de los números de baile, todo comenzó con una prueba de sonido. Cuando en 1927, El Cantor de Jazz, demostró que el canto se había instalado en el acetato y las emulsiones metálicas, para quedarse definitivamente en nuestro corazones. El salto de Nueva York a Los Ángeles, y viceversa, estaba garantizado para retratar los lugares pintorescos de costa a costa, estableciendo los sincronizados pasos que deberían dar los jóvenes americanos (o de otras latitudes) para alcanzar un destino cerca de las estrellas.
Pero, no siempre fue todo tan bonito ni brillante, a pesar del color y los deseos, sino que el camino de baldosas amarillas (como el traje de su protagonista) era menos sinuoso que aquel emprendido por Dorothy, más parecido a un atasco rutinario al mediodía, entre las colinas, las calles y los bares de Hollywood. Al menos, hasta llegar a escuchar las bellas melodías de su interior y alcanzar la cima de aquella montaña con sus atractivas y endulzadas letras. Los Ángeles, esa ciudad dónde las canciones que oímos y las películas que vimos de niño, sirven de base a toda nuestra historia cinematográfica y se convierten en el primer atractivo de los futuros soñadores y su magnífica leyenda, más allá de su estructura lineal o los rincones donde se fugaron ilusiones y esperanzas.
Al menos nos quedan sus parejas míticas y un piano tocando Jazz...

Aquel Primer Sonido de La...

La profundidad o la alegría de la música, es lo que nos hace mirar al cielo o el horizonte, cambiando el paso, viviendo el día a día, pero echando pequeñas miradas al futuro, a hurtadillas. Cualquier mañana rutinaria, el camino clásico varía y se transforma bajo nuestros pies, de caliente asfalto a una pista de aterrizaje para grandes vuelos o sueños, o el preludio de una odisea personal.

En la Tierra de los Sueños, esta vida se desenrolla en una espiral de emociones. Cuando nuestra realidad cambia en cada parada que hacemos en el camino, o cada nota. Parejas que se desgastan en plena crisis, como la huella de los neumáticos en un caluroso día de verano, los contrastes desvían rayos de un sol radiante sobre el parabrisas y sus rostros, los encuentros son sorpresas vitales o un portazo en los hocicos, esperando ayuda de otros conductores, desesperados y sintonizando el dial a su espera... así, un hombre y una mujer, o cualquier otra posibilidad, pueden aguantar toda la vida, circulando por avenidas sin fin, cuestas imposibles y callejones oscuros. O sin encontrarse nunca.
Pero, hoy en L.A., ha amanecido radiante como un número musical del pasado. La realidad es un La sostenido sobre la ciudad, espectacular y esperanzador, para las siguientes paradas en nuestra odisea o camino al triunfo y la felicidad. Con muchos matices o colores, en contraposición a la cara pintada de aquel cantor de jazz, el teclado del piano y su fe puesta en entredicho.

Después, la identificación de unos personajes, entre una coincidencia física y la rigurosa actuación, con la triunfadora Emma Stone y el resistente Ryan Gosling, cada uno a su manera. Respirando en distintos mundos con iguales deseos, en busca de su oportunidad, hallando una coincidencia diferente al resto de los días, meses, estaciones... Sin embargo, seguimos avanzando al ritmo que nos tocan, yendo a nuestros trabajos o centros de estudio, escuchando la banda sonora que escogemos en la emisora y no para, cada quién con ese estremecimiento que condiciona su propia vida.
La entradilla clara y perfectamente sintonizada, nos adentró en esta tierra de comparaciones artísticas, del ayer y el hoy, entre el Sol y las reiteradas estrellas. Con cierta insistencia a las casualidades, gráciles y reservadas para individuos ensimismados, cerca del encontronazo y la rebeldía, como aquel joven James Dean y su película proyectada en el Rialto, dibujados a ambos lados de un pentagrama (más que la cama del símil madrileño), cantando bajo la luz de una farola, en la ventana de Casablanca o el fabuloso The Lighthouse Cafe. Recuerdos insistentes, los llaman o cantan...

Sí, todo discurre al mismo son, entre una multitud cotidiana de ciegos, o sus dos pares de ojos. Luego, se construye con voces no habituales y letras comunes, al compositor Justin Hurwitz el director de la "sangrienta" y metódica Whiplash, además del director nacido en Providencia, Damien Chazelle. Machos pasos, rodeados de profundos silencios, callados en post-producción, eligiendo y recortando ¿qué?, veremos las dos caras de una vida en la Tierra de los Sueños, al compás de varias ensoñaciones, danzando en La Tierra del Cine. ¡Oh, lá lá, no es Francia! ... sino americanos en L.A., soñando con París.
Su batuta aproxima dos mundos paralelos, cine + música, con colorida fotografía y estructuras gramaticales, que derivan la casualidad e inducen al recuerdo de todos. Una invitación a una fiesta, extendida en las calles, colinas nocturnas, planetarios repetitivos, estrellas y faroles de mentira, focos apagados en platós históricos, escenarios de night club, cerca de dedos ágiles y labios declamatorios, rostros de pianistas y princesas con encajes del pasado. Flotando sobre estados vaporosos de un corazón "partío" y rimando vías panorámicas al estilo del clasicismo musical. Elipsis mágicas, no de Camelot o un West Side Story triunfal, sino otra película con el mismo castillo y diferente canción.

Esto es La la Land, es Chazelle convidándote a un espectáculo visual, de siempre. Con altos y bajos emocionales sobre un iris cromático, mirando la nota entonada al sueño y su propio guion, donde ellos son los únicos protagonistas, porque es su historia. Una tierra de color y estilizada estética de cuerpos, y rostros modernos dejando fluir la nostalgia a través de ellos, de magia romántica en recuerdos de otras épocas o hechos de hoy. Su primer La, tiene la ambientación de un cuadro de Warhol, un número estilo pop, escenografía en una mirada... una ventana semiabierta. Pues, en esta Tierra de los Sentidos, todo posee uno. Aunque con dos direcciones. Ella le siente, él la toca...
Sus protagonistas no son ejemplares, viajan entre congestiones de hora punta, improvisaciones o desvíos, sueño y pesadilla, experiencia y prisas por aprender, dolor, seguridad, ausencia, pérdida... bailan del lado de la insistencia hacia la desidia, de sintonía al eco repetitivo, de música susurrada al oído a su letanía, del deseo a la separación... tralalá, sin contarse mentiras. ¿De qué serviría? Más dolor, más memoria, más diferencia. O indiferencia...

Cada uno es dueño de sus sueños. Al igual que cada crítico es libre de aceptar esta invitación, o señalar la parte buena de las bambalinas o tramoyas, separando la mala paja, estructurando una trama de diferencias. Unos disfrutarán de la luz, otros se perderán en sus sombras, de nuevo, a su manera... buscando estilos tradicionales sin encontrarlos, o personalidades envolventes sin verlas. Convergiendo con otros espectadores o bifurcando sus caminos, para caer en otros brazos o destinos soñados.
En la Tierra del amor, el éxito es derrota y la victoria se enfrenta con aquella fama elíptica, ya que el universo Land LaLa, se abre en tríptica mirada, entre danza, noche y despedida.
En la Tierra del Jazz, él es la escala en blanco y negro del teclado, marrón ´glacé` de un grupo genuino o pastiche de remezcla fecal. La tonalidad azulada del alma, de jazz, alrededor de un foco solitario y central, la verde esperanza en billetes, la amarilla bilis y brillo de metal en trompeta, la gris materia y el cerebro materializado, la rojez en pupilas somnolientas (ya, un Cotton Club sin humos) o la carmesí pasión de la música en vivo... mágica y viva como ella.
Así, en un ´whiplash`... ella es el blanco de sus miradas y su piel. La desafortunada mancha de café o la triste hojarasca en otoño, la azul mirada en un punto de proyección, masculinizado, la hierba verduzca bajo sus pies danzarines, la alegría de un verano de correrías, el gris tono de una lente empañada o techo repetido, la rojez un tímido roce, el orgullo de su procedencia humilde y la vergüenza... ante los labios puestos sobre Oscar.

La tierra de serendipia, es coincidente con sonidos de moraleja y la fantasía de un cuento mágico, también de timbres ocultos que vibran, desde la insistencia, la comedia ligera y amarga, hasta quedar resonando en el vacío de una vía, muerta. La verdad que te sonríe con un plano en tinieblas.
En la Tierra de la Elipsis, la vida parece una ensoñación con vistas al pasado. La errata de un futuro incierto (tal que una película no premiada), cuando las cosas que suceden, nos sorprenden en otras vidas. Cuando aquel ticket a la felicidad, que nos vendieron, acompaña de un paraguas apto para cantar bajo la lluvia o las lágrimas. Si estar con esa persona amada, significa un retrato en sepia o de tonos pastel, algo amargo. Un café edulcorado con invisibilidad y frustración.
Lo mejor de un piano que abrió su alma al deseo, personal y musical, a la excelencia adyacente a la duda, cerca de la despedida. Un actor que vendió la suya al etéreo vacío, y se quedó del lado de la tranquilidad, cerca al mar de la Luna solitaria. Al fuego que consume su danza, quemando las últimas horas de aquel encuentro fortuito, como una película iluminada por la resignación, como el Sol abrasa su piel o la ternura vital. Hasta que sanen las quemaduras; la sala sea desalojada y críticos o amantes, abandonen esta fiesta... y Oscar va a la, la, Land, wow! La, ... la madre Tierra que nos parió!

El segundo La... desafinado.

La profundidad de la noche, es un pozo de música oscura. Rotundo en grises y separado del azulado techo o cielo donde vieron sus estrellas gemelas. Sobreviene tras huidas y las miradas de aceptación, igual que las calificaciones de seguidores y sus aplausos posteriores, se exhibe desde la relajación de los caminantes o amantes, en silencio.
La pasión de la música negra que estableció nuevas vías sobre esta tierra de las maravillas, cambiando el brillante musical por aquel ritmo introspectivo y salvaje, libre. A punto de desaparecer...

En su tierra onírica, no todo brilla como antes.
Porque Chazelle ha cambiado el rigor y la fuerza, por la superficie pulida de un cuerpo de piano y manos suaves, esforzadas pero sin sangre. Una tierra de perspectivas narrativas y confusiones, sin ángulos ni triángulos amorosos, hasta la nota final.
Sólo la llegada a una estación fría, marcará el pretérito de aquellos sueños, cuando decimos adiós a dicho tren. Tierra de sueños, despiertos ayer, que guarda una relación con el pasado. De pianista de un grupo de jazz, a creador de las imágenes de un profesor estricto, difuminado ahora, en la figura fantasmal de J.K. Simmons y su carácter parcialmente desplegado. Se cambió el bermellón de la sangre por la pasión.
Esta tierra del Sonido, que significa el swing. Un abanico de tonos y frustraciones aumentando con el paso del tiempo, tanto en la estructura de la narración y los pasos de cada personaje, como en la plasmación objetiva de sus conocimientos musicales o cinematográficos.
Ya que la tierra de Chazelle (antes de emprender viaje a esas remotas e históricas estrellas de los sesenta) se vislumbra desde el fracaso personal, el desgaste y la frialdad en la mirada. A veces, sus personajes, en lugar de corretear por colinas de éxito, se frustran y pelean en las tinieblas de su alma improvisada. Profunda como el corazón desangrado por sus propias limitaciones o rigores emocionales, borrada del recuerdo, como el arte de calidad. En la tierra de las audiciones, no todo suena tan bien.

Existen ecos repetitivos y secuencias panorámicas que se pierden o cortan el horizonte, atendiendo a caprichos o decisiones cuestionables, gestos dubitativos, pero plagados de realismo y decisión, por parte de todos los protagonistas. Esto es, la tierra de claroscuros. De notas grises, envueltas en coloridas presencias.
Tras la emoción de los primeros minutos, antes de encontrarse, nos topamos con ciertos muros que distorsionan la percepción real de las cosas. Despistan los caminos efímeros de algunos, perdidos o escondidos, mediante el brillo de una pareja central, casi exclusiva. Normalmente, cuestionada por aquellos detractores (no siempre, los femeninos contra ella y viceversa), también críticos con un reparto que parece un coro invisible, más que gospel. Y hallamos paisajes calculados o escenarios milimétricos (salvo en la autopista), encajonados y desprendidos de toda intensidad emocional. Así, en este ring de interpretaciones, creo que pierde Mr. Gosling y la muestra del macho rústico con orejeras y ciego. Un actor con pie en la Luna, la de Armstrong o el Officer K de un Blade Runner 2049. En la tierra de la evasión y la odisea, varios huyen de sus propias limitaciones, muy coloridas, eso sí.

Por ejemplo la tierra de Sueños, del segundo La, pasa de su estado onírico o romántico, a uno pragmático, donde la cámara recorre determinadas secuencias, que no deberían condicionar los movimientos o pasos de baile, el conjunto. Ni olvidarse de la estructura narrativa de un guion tapado con agujeros visuales, personalmente hubiera apostado de mayor surrealismo en determinadas escenas, añorando el musical mítico o desplegando la comedia hilarante, con soluciones filmadas desde el punto subjetivo del espectador. Por supuesto, un creador y su objetivo, sirven de causa y efecto para sus propias divagaciones o posicionamientos personales, donde cualquier duda, por ejemplo en la edición, repercute en el resultado o la brillantez de una historia. Alaba esa labor real sobre aspectos imaginativos, sobre todo, al tratar de musicales y un público exigente, que no se conforma con ocurrencias.
En la tierra de los encuentros, la casualidad no existe.
La... de premuras buscando el producto exclusivo, no excelente. Es la tierra prohibida de un cineasta y su equipo de filmación o post-producción, la medida exacta entre una entrada espectacular y el punto de fuga. Si lo que empieza con una explosiva escena musical, no mantiene un nivel de proporcionalidad y entonación, más bien una sucesión de números primos, o deslavazados, buscando la perfección clásica. Tampoco la partitura redonda, que se eleve paulatinamente, sin desmerecer el esfuerzo de ambos protagonistas, aunque echamos de menos el concepto de la idea contenida en su relación. El ritmo en descomposición visual, hasta finiquitar con un nuevo estallido de conjunciones astrales.

En la tierra del Cine, o La de Los Ángeles inmortales, precisamente, el primer La, no es lo que cuenta. Idolatrado con colores precisos y encuadrados con gusto, fotografiados para expresar lo invisible (pasión o deseo), y enfocados a una perspectiva egoísta. El sentido elíptico será lo importante.
Sobre la tierra de los Sentidos, predomina la vista, sobre el sonido y el gusto (referido al que paladeamos al salir de la sala y queda en el recuerdo), sí, La La Land es un universo plano e ilógico, como fiesta a la que estamos invitados de entrada, pero nos pone impedimentos en la puerta. De manera que la vestimenta parece más fundamental de lo esperado o deseable, prendas narrativas poco recomendables basadas en flashback o saltos erráticos de los protagonistas. Invadidos por una humareda textual, desde el punto de vista del anfitrión tras la cámara y el espectador más allá.
Después de todo este Sol o la dulce medida del amor, cegadora, puede empacharnos y hacernos olvidar posiciones confusas o ambientes que sólo, son válidos desde la oscuridad del jazz.

Por otro lado, en la tierra de los ritmos, éstos se confunden en ocasiones, o empalagan, demostrando que la música tiene sus tiempos. Pierde, si no manifiesta los sentimientos correctos, si se disfraza con imágenes que no le pertenecen, si desdibujan el estilo o son demasiado evidentes. Digamos postales técnicas para un directo facilón, sin recovecos. Mejor la menguante, improvisación.
Él y ella, chico y chica, se compenetran físicamente y poseen peculiaridades que los hacen atractivos o resultones al primer La. Si bien sus pasos no son tan gráciles, sí realistas. Se ajustan en cuerpos de baile o complementan sin salidas de tono, prescindiendo del excedente espectacularidad, y aceptando la propia entonación. Entonces... ¿falla algo? Posiblemente, lo que no se ve, sino deberíamos sentir en cada poro de la piel del artista, llamado bohemio.
Son más artistas comprometidos con la causa del éxito, regidos por la casualidad y dirigidos a un fin, demostrar que la necesidad íntima no está restringida por aquellos deseos universales de gloria. Sueños que pertenecen a la mayoría, produciendo una capa de efímera felicidad, algo descolorida, y suplantando lo verdaderamente importante... la tierra sobre la que pisamos y los compañeros de este viaje.

En la tierra del baile, las deficiencias no provienen de la naturalidad ni de la coreografía, sino del onirismo rácano con el estilo de los grandes estudios o el surrealismo de autor. Donde el éxito es la victoria sobre la empatía, y la estrella se transforma en algo desconocido, alejado del resto, entre la cuenta corriente, la noche y una sonrisa de complicidad, vaga. En tierra estrellada, él es un blanco para apuntar y un negro en el alma, marrón de zapatos desgastados buscando un lugar, el azul de sus pupilas acuosas y el verdoso desnaturalizado, un amarillo descendente cuando se retira el Sol del atardecer y aparecen los grisáceos presentimientos, la roja vergüenza ante su pérdida.
Mientras, ella firma nuevos cheques y reflexiones en la piel. Los posos del café de ayer, el cartel de su última película y unas vacaciones en familia en la Costa Azul, la dudosa esperanza del que ya nada espera ni danza, el amarillo desteñido de un traje colgado en el armario del pasado, los grises remolinos de sus cabellos al envejecer, sin telescopios ni estrellas del cielo, la roja sangre que hierve en su interior y el reflejo de un rubor visualizado ante él, casi olvidado.

Queda la reminiscencia del movimiento elíptico, más atrevido si cabe. De simples entregas de lo que pudo ser y se quedó flotando alrededor de aquellas estrellas, otro mundo cruel y violento. Un resbalón del guion al descubierto, abierto quizá soñado, que crecería si la posición de los personajes hubiera sido más decidida, a mi gusto, o abandonada a la odisea onírica por completo. Abandonando la interpretación y el gesto, y entregándose al espectáculo como aquel número final, o despedida del gran Roy Scheider en All That Jazz. Insuperable, por siempre.
En la tierra del Jazz, con mayúsculas, se echa de menos el aroma, la rebeldía, el tacto y el sudor, ya irrecuperables, pienso. Estamos en otra época, y se habla de aquella... sobre unas atmósferas que no acaban de llenar al espectador, el exigente y extraviado como otros del reparto, ante la inevitable levedad, incomprendidos, fuera de cuadro... donde ella y él, son el foco de atención. Y nada más.

Ah, sí... el melodrama parece siempre una elipsis o metáfora de la realidad, que regresa indefinidamente. Pasando del color al blanco y negro, del positivismo a lo negativo, y vuelta a empezar. Una lucha entre la parte buena y la mala del deseo, aderezadas con verdades difusas y sueños no monocromáticos, ya que depende de la luz bajo las retinas, de ella y él. Una perspectiva negra que impacta sobre el blanco, rodeados de oscuridad, o viceversa. Con todas las sombras marcadas sobre el corazón... pues el segundo La, el de la experiencia y la infelicidad, es la vida.
Y ella, puede salir bien o mal, depende... del color.

Próxima Song to Song, de Terrence Malick. Con Ryan Gosling, Rooney Mara, Michael Fassbender, Natalie Portman, Cate Blanchett, Holly Hunter, Val Kilmer.


Steve Carell y Emma Stone, en Battle of the Sexes.


Tráiler Renegades, de Steven Quale.


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