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domingo, 11 de septiembre de 2022

Animal Kingdom. Season V-VI Last.

 


En el pasado, la sangre joven alteraba todos sus sentidos, también gracias al consumo de sustancias ilegales... pero, el presente es una realidad que pervive por todas aquellas acciones que cometieron o produjeron... más o menos, voluntariamente.

Con los Colby´s, como con otras familias que se asomarán por una rendija, estamos asistiendo al final de una estirpe de criminales muy preparados y de andar por casa. Sin embargo, en principio, la fuerza excesiva y la sangre derramada no era algo buscado o de primera necesidad para el negocio.

Hace apenas unos meses, ya se veía el complot televisivo de retirada del océano Pacífico (Oceanside) de David Michód, aunque se ha mantenido aquella producción que surgió en primera instancia de su mente, en la Australia sureste y profunda de Melbourne.


Además ya lo contaba, como dejándolo caer sin darse cuenta, uno de estos personajes que participan como relleno de la serie, Animal Kingdom... cuando aseguraba tras la desaparición de Miss Smurf o la estimada Ellen Barkin, que la situación no estaba mal, sino que ha ido a peor...

Y es que, si bien se podría suponer cierto declive en el V, no podíamos atestiguar el nivel del desconcierto o la declinación narrativa hasta que punto. Sentimos que el imperio Colby se desmoronaba paulatinamente, con una historia que apuntaba al retiro de sus miembros, pero la excedencia temporal de la matrona de los dragones, digo temporal porque en el pasado aún respiraría, es demasiado. Ellen es demasiado actriz e inimitable, aunque la actriz de Sidney e hija de Greta Scacchi y Vincent D´Onofrio, se adapte bastante bien al papel.

No tanto a su pasado matrimonio con Sean Penn, pero eso es algo que no pertenece a esta sección... Pertenece a otra referencia personal, que no tiene cabida en este blog.

Las cenizas...

Toda reina de la pantalla, tiene su fin. Y toda historia se va quemando en algún sentido, como la serie Animal Kingdom que se incendia irremediablemente después de la última pérdida. Nos tendremos que tragar las cenizas del orgullo y hacer frente a esa incertidumbre que aparece en estos momentos de descontrol emocional...

Lo más difícil para la Familia, es sobreponerse a esa incapacidad estratégica, que servía para alimentarse todas las mañanas, sentados en aquella mesa del comedor junto a la cocina y los estantes para cereales. O para comprar otras sustancias que precisamente no alimentaban al organismo, sino que intoxicaban los sentidos o la convivencia, como pasa siempre en muchos otros hogares.

Parecían en estado excelente, pero no... Esto no se soluciona con un brochazo en el instante postrero, o una planificación del palo, que no complace a la mayoría. Y eso lo vemos casi todos, reunidos frente a la pantalla en un santiamén... Esto es otro, ¡Amén!

Se puede sentir un enfrentamiento entre sangres, que tarde mucho en llegar y los próximos robos han perdido esa estrategia que atraía a los feligreses, con los artefactos y los movimientos sincronizados por parte de los hermanos. No pollo, sino algo parecido a aquello.

Las batallas reales son otras, que interesan menos, se distraen con relaciones personales entre ellos en esta quinta temporada, que dejan bastante que desear... Sobre todo en el aspecto afectivo y sexual, que ha perdido esa fuerza expresiva y frescura en pantalla.


Son las cenizas del sexo y el rock&roll, las que también se evaporizan en el horizonte, dejando un halo de pérdida, difícil de solventar, tanto por su conjunto de guionistas cambiante, como por su productor principal Jonathan Lisco. Estos desarrollos narrativos de los capítulos, no acaban de convencer por esa distancia tomada con el pasado... Qué, también se resiente en la perspectiva de los personajes con el ayer.

Más esto es una sensación personal que no tiene porqué corresponderse con todas los pensamientos de los espectadores, ni siquiera con el sufrimiento de una familia después de una dolorosa pérdida. Singular y especialmente, cuando las balas silban en todas las direcciones... Posibles o ciertas.

El Quinto y el Pino...

Pues sí, acá nos hemos plantao...

En el quinto, en una situación poco idílica, hemos puesto uno bien gordo y profundo, como caído en un agujero de otra época... Mira que estábamos avisados, que, ¡mira la que se avecina!

Que, ¡con la ley hemos topao!


Ahora que está tan de moda, esto de los movimientos topos o los ´infiltraos`.

Todo parecía estar abonado para el caos más absoluto, porque no teníamos ni reina, ni trono... Bueno, trono sí, pero haber quién era capaz de suplantar a la todopoderosa Smurf y su particular sentido del humor negro, y su capacidad para lanzar besos... para ti, majo. Para tí, sista. Para ti, hijo mío... Tantos, que ya no sabíamos que pensar sobre tanto exceso de amor compartido en familia, la verdad... Quizás a alguno le decepcione un poco, esa falta de atracción ´sextual`, de sexto sentido o temporada, digo jugando con las palabras y sentidos.

El presente y el pasado, estaban desbordados por las circunstancias, nada parecía lo mismo a pesar de varias interpretaciones que hacían lo posible para no mandar la historia, por el inodoro.

Estos hermanos, salieron de la antigua Edad Media del cine y sus cruzadas más exaltadas, para transcurrir como fantasmas del pasado por el hoy, saltando las conexiones... que no avanzan demasiado, pero...

¿Ha merecido el camino recorrido hasta ahora...?


Se aproxima el desencuentro, pero no lo vemos muy bien... Estamos en un sin vivir, viendo cómo el balón se escabulle de las manos y se estampa sobre el aro... No, no lo vemos todavía, porque se infiltran otros personajes que nos dejan un poquito fríos, los golpes y los palos, ¡ay los palos! Ya no son lo que eran, parecen cagadas sin planificación adecuada... los hermanos lo ponen todo perdido, y no, nos agradan como antes...

Habrá que buscar algo, encontrar un Santo Grial que nos saque de esta cruzada tan comprometida, como divergente, o un nigromante en forma de guionista que vuelva la historia a su lugar. El suspense y los actos irracionales a su alrededor... Y no, una accidentada monotonía emocional.

Solos... 

Pues sí, ha sido él a partir del penúltimo episodio, que nos ha traído la paz, mediante la intranquilidad absoluta. Es un director sin demasiado renombre y ha participado en el guión de un capítulo en la serie Better Call Saul. Ya es algo importante, para este director, guionista y productor, llamado Bradley Paul y para nos. Ya no nos sentimos tan desamparados, después de tanta desesperación, sin llegar a buen puerto.

Por lo tanto, ¿ha merecido la pena llegar hasta aquí...? Definitivamente sí, porque la resolución parece a la altura, es decir, que no puede existir una buena película de vaqueros... sin un buen duelo en OK Corral... ¡Caiga quién caiga!

Después de pasar por dos temporadas accidentadas, muchos, demasiados capítulos sin fondo, el reino se ha paralizado, en el peor de los sentidos. Esto es, ninguno de lo bueno y visto anteriormente... Visual y emocionalmente, sobre todo... Como los palos ejecutados a la perfección, que hacían la diferencia en cualquier circunstancia. Ahora en un breve espacio, pero largo, sentado solo en el sillón, han resultado desquiciantes. 

Especialmente, como algunos personajes con los que no conectas, son manchas en la pista debidas a un buen resbalón, o parecen parches para fumadores, estafas de poca monta. Por qué, a quién le importa su destino, ni su rodaje por la serie.

Un simple plan bien estratificado y conectado con las circunstancias personales de cada miembro, producen un pequeño estallido, que tiende a convertirse en un gran incendio. Es lo que merece esta Animal Kingdom y sus jóvenes triunfadores. La Quinta de los Cody, ha fenecido en la pequeña pantalla, en otras ya veremos...


Ya son californianos mitológicos emparentados con su figura materna, la película de David Michód, al otro lado del mundo. Seres infernales que devoran la carne y las cenizas, porque nacieron para ser eso, animales heridos... Son recuerdos de temblores tras los allanamientos, los colocones, la música estridente, las venas ardientes... son retratos en un álbum para desgraciados... son hermanos de sangre, pero no de... lágrimas.

Somos más predecibles, porque ella no está... y no es Laura, era Janini más conocida como Smurf.

¿Que si ha merecido la pena, el viaje...? Tu verás, hermano.

Todos somos sombras de hijos, que no llegaron a ser o quisieron ser otra cosa por el camino... Para terminar, siendo cenizas, al viento. Australiano o californiano... Somos retratos de muertos, entre los mandamientos incorruptos del crimen, espectadores del no matarás y no robarás... El sexto sentido de la manipulación o la venganza... Somos pistoleros atrapando balas, como moscas al vuelo del pasado.

No cometerás actos impuros, al menos... según la ley de los Cody´s... O no hueles, que ni las vaqueros/as de otros tiempos, los rockeros nunca mueren, decían... te terminan saciando o complaciendo a medias... Es mejor, ¡quedarse sentado al Sol!

Si es con unos buenos protectores para los ojos, y pasta... ¡mejor que mejor!

domingo, 4 de septiembre de 2022

Love, Death & Robots. Season III

 


Desde que el mundo se iluminó y los seres vivientes se establecieron en él... éste se ha regido por las mismas interpretaciones de su realidad irrefutable... El dolor y la muerte.
Luego llegarían esos seres llamados inteligentes, que añadieron otras características más humanas, o en igual medida viendo sus armas... Las denominaron, la paz, sí, la amistad, siempre... y el amor, tal vez.

Pues bien, llevan ya varias temporadas intentando hacerse una idea con distintos fragmentos de la ficción, que van cambiando según evolucionan los medios técnicos a su alcance, y en las manos de los diferentes creadores, formando un gran equipo... Casi como una familia muy animada.
Ellos, tres amigos con aspiraciones robóticas, han conseguido programar una ruta que se expandirá en próximas entregas ya orquestadas, dos chefs hermanados en apellido Miller, Jennifer como Tim, montan tanto; y un culto caótico o un descubrimiento vital de primer orden, en el rover todoterreno de Mr. David Fincher.
Con semejantes axiomas en la ecuación gráfica... ¿qué podría salir mal? Nada, salta del barco y hazlo, grumete.

Es una máquina engrasada para sonreír o dañar, una cadena de producción de dibujos animados, que se componen de varios géneros entrelazados para el bien común de la serie y sus creadores, directores, dibujantes, etc... y otros moribundos, nosotros. A través de muy diversos métodos de elaboración aún más perfeccionada, ya sea en papel contundente volcado a pantalla en brillos ancestrales, brochazos imaginativos de desesperación, mezcla de millones de colores encadenados como bestias, y una concepción apocalíptica de la generación anclada a un ordenador... Esto es lo que tenemos una serie, imaginativa y épica... dependiendo de los episodios.

La psicología y la robótica, es una armonía de la perfección que va encaminada a una lucha generacional y una posible incompatibilidad en el horizonte, con esos otros elementos enclaustrados en la mente artificial. Más o menos, electromecánicos, porque el futuro es una teoría que comprende todas las evoluciones posibles o imaginadas.
Además, de batallas sangrantes con otras rivalidades, en forma de especies alteradas, algo evolucionado en grandes mentes predominantes, que serían un riesgo para seres individuales.
Es lo que tenemos... que no es poco.

Y colorín, colorado... este cuento aún no ha terminado...

Love...

Se querían así mismos. Una como artista independiente con fantástica personalidad, llamada Jennifer, dispuesta para acometer actos circenses y elevarse a la condición de profesora escribiente, hasta convertirse en una productora activista de sintonía libre y queer... qué no sé lo que es, pero sí, lo que significa...
El otro a su lado, mano con hermana, demostrando que Tim había nacido para los elementos visuales de última generación, capaz de emerger en el universo cinematográfico con su compañía de efectos f/x, Blur Studio, la responsable de este compromiso con la animación, manual y digital, especialmente. También rodando que es gerundio, compartido.

Son los Miller, y él terminaría dirigiendo también algún capítulo como el Gran Capitán, y dando saltos caóticos en la ciencia ficción entres Seasons y aquel divertido y escéptico irreverente, primer Deadpoool.
Capitaneando el barca, infectado de seres extraños y sedientos de exprimir el tarro de las esencias, es decir, los dibujitos y su sangre brillante, tenemos al guía idolatrado por muchos monstruos al otro lado de las cámaras... Ya que a Don David, lo conocemos casi todos los seres inteligentes... ¡Un crack! Un monstruos de ésto, Mr. David Fincher, cometiendo todos los pecados en la pantalla o produciendo las fotos de la Gran Depresión. Y como director acá no vuelve a mostrar, próximamente allá en la grande con Tilda Swinton y el asesino Michael Fassbender, sus bemoles, digo timones... esto es, dotes para gestionar el timón.

Ya lo creo, tiene su enorme mérito...
Pues hacer el amor en los tiempos que corren, tan víricos o enfermizos, tan solitarios... es demasiado complicado, para gentes perdidas. Dibujarlo en pantalla es algo, además de por sí... surrealista y simbiótico.
Ya se pudo comprobar en las dos primeras entregas de la serie emitida por Netflix, con todas sus ralladuras morales y conceptuales de la reproducción universal y la amistad. Tanto por tierra granulada en miles de texturas y colores extraterrestres, inundando con su esperma bucólico, mares hiperrealistas cubiertos de dudas, o... reprochando el derroche sobre espacios insondables... al menos, para el amor. Menos, para el sexo.

Y a la tercera, la colisión intergenérica sigue esta gran evidencia de la teoría caótica del romanticismo, sucumbiendo a las sacudidas de las nuevas amenazas, la soledad y la alienación. La descoordinación genérica es tan evidente, como sus coitus interruptus en diversas posiciones animadas.
Solo que aquí, en esta tapadera de inmundicias humanas, se puede restablecer un cierto orden, o sentido ecléctico de las conexiones desestabilizadas por eso llamado amor; y es ejerciendo un borrado de las cosas que no se desean ver o pulsando, esa famosa inestabilidad emocional, conocida como tecla F5.

Y es que el amor, del I al III, siempre ha sido eso... Coser y danzar... no, quería decir, borrar.

Death...

Con el señor del Caos, hemos topao... No te has asustado, pues ¡estás avisao! Sin D de despistado, con H de horror.

Desde los más pequeños seres microscópicos, que fecundaron éste y otros mundos, es lo que más abunda en cualquier mar conocido, de uno a otro confín sideral. Pues, la belicosidad se esparce como la mierda, ya sea en medio de un enjambre de pasiones o primeras necesidades, o sorprendidos en el salón de tu casa, por una especie asesina que se comporta como inteligencia no identificada.
Todas se comportan como especies alienígenas, las de verdad, esto es las de la ficción... y las falseadas por interpretaciones muy humanas, como las que emergen de la realidad evolucionada de Darwin y acoplados magnéticos.

Los demás, los débiles humanos, se revelarán como ejércitos preparados para... hincar la rodilla, qué es lo mejor que saben a hacer, frente a cualquier enemigo desconocido que desdeñan o de un poder extraordinario, superior.
Quizás... desconozcan... que su peor enemigo... sea... ellos mismos.

El resultado es espeso como una melaza pringosa sobre las tablas o la tierra, teñida de azul sobre los mares o ríos, surrealista como los mundos imaginarios, y desquiciante como la memoria, a veces, de rojo. Sangre... y mucha.

La violencia domina en este universo animado, como las tibias cruzadas y las calaveras, como los corazones que se desangran en historias... muchas veces, incomprensibles... o incomprendidas.

Robots.

Es el gran nexo de colaboración en las próximas generaciones... Estén presentes en el capítulo concreto, o no.

Es la maquinaría para la gran investigación del universo, pero también es el último modelo de combate futuro. No distinguen razones, a priori, ya sea una relación amorosa con el prójimo o con toda su raza superviviente, o bien en pequeños rincones de la memoria, olvidados. Que simulan una teoría surrealista entre modelos supremacistas, historias semi-mitológicas, resistencias ultraviolentas, cantos de ballenatos y cangrejos gigantes, humanos troceados en la costa como aquellos... engendros etéreos que confabulan, porque quieren... eso que denominamos vida. Comprensible, o no.

Las piscinas celestiales quedaron sepultadas en la primera gran oleada, los planetas revivieron una y otra vez, como aquel Solaris de la literatura... las crónicas bastardas terminan cediendo en El Dorado, en esta última pesadilla de premios esotéricos, como una gran revancha desdibujada.
Todas pudieron ser galardonadas, ya que ellos de una u otra forma, estaban allí, espiando en los ordenadores de creadores y dibujantes... eran mentes de una inteligencia artificial. Se suponía su posición de poder, ante nuestras manos... y muchos no los conocían a fondo. Eran meras fotos peqadas en un tablón de sucesos, tras una juerga de tres amigos... Ahora se ríen de nosotros...

La comedia es lo que les queda, y construirse a ellos mismos, como nosotros. Esperando una nueva guerra nuclear, que les lleve al fondo de un estercolero de residuos, si no pueden escapar... Es decir, si nosotros no podemos escapar de aquí. Ríete, es una conspiración eterna.
Ríe hasta el último respiro, haciendo sonidos repetitivos como las ratas, que tienen su corazoncito, vírico, pero viviente... como los engendros mutantes, que buscan su supervivencia como los otros.
Ya sea en un dibujo que es una paradoja irreverente, en un espacio en lo único localizable es el sarcasmo, en una metáfora de la genialidad etérea y la violencia gore, o en una risa sin compasión o misericordia, de nuestra imagen.

Todos ellos, son nosotros, desde su punto de vista de creación humana. Concretos, guturales, eclécticos, hogareños, rivales... somos nos, muy evolucionados. Hacia el otro punto de vista, de una superespecie, una condición física superior, una mente unida... como los recuerdos de aquellos replicantes que conocimos, hace ya... un futuro.
Así es la inteligencia, el olvido de todo lo que pensamos una vez, todo lo que vimos en una foto y soñamos con ello, como Flint... o todo lo contrario, nuestra propia violencia contra nuestra propia especie...

La humanidad... digo la robótica, tiene tantos prismas que... ¿qué podemos pensar?
¿Qué podemos soñar...? Como diría Mr. Philip K. Dick.
¿Qué reflejarán esas lentes calientes, fríos pensamientos optométricos de sus ojos...? ¿Y, el corazón...? Quién sabe, si lo tendrán o repararán hasta el infinito, borrando, tecleando F5... Una y otra vez.

Y, ¿la inteligencia? Pues sí, también es humor sarcástico.



domingo, 21 de agosto de 2022

The Dark Crystal: The Age of Resistence, by Jim Henson`s. Season I

 


Unos años antes de que David Bowie se deslizara por el Laberinto junto a una juvenil Jennifer Connelly, sus manos ya se habían deslizado por el interior de otros personajes, no menos vívidos, alegres y cantarines... Todo comenzó para Jim el Prestidigitador de los dedos mágicos, con unos entrañables amigos y un Barrio Sésamo abierto a todos los públicos.

Sin embargo, para un genio intrépido llamado Jim Henson, The Dark Crystal fue su primer largometraje completo para la gran pantalla en 1982. Una era fantástica donde triunfaban historias como el Conan de John Milius, Poltergeist y su fenómeno bipolar, los espacios de La Cosa, Tron, El Extraterrestre E.T. y, más allá de nuestra imaginación, la visionaria Blade Runner (en la cual sigo pensando que no existen buenos ni malos), sólo mentes precursoras... también se desarrolló Grease 2, a la sombra del éxito anterior y la pareja musical de Travolta y Olivia Newton-John, pero eso es otra cosa.

Pero  siguiendo el curso de su imaginación y la mano de Frank Oz por aquellos tiempos de magia, y la maestría cómica también, en la manipulación de marionetas, nos volvemos a zambullir con sus escenarios móviles a través de la literatura infantil y juvenil. Ya que, aunque la historia continuó hace un par de años para los más avezados o adinerados, ha vuelto a mi persona en estos momentos, con una especie de ilusión anacrónica... Algunos lo llaman, Nostalgia.

Como todo en la vida relevante, comienza con la orquesta y sus fanfarrias épicas, a lo grande... y alguna lagrimilla, como buen nacimiento o río de la vida. Si bien se dice que, como todo lo artesano, se tardaron unos cinco años en volver a levantar toda la producción necesaria para esta serie mítica y la elaboración adecuada de todos los elementos y personajes basados en aquella película, ahora en lo que llamamos una precuela de su historia. Es decir, un esfuerzo mayúsculo, además de la imaginación preferente de su creador Jim Henson.

Hemos crecido, aunque esta rivalidad mágica entre especies sobre el planeta Thra, el de las tres estrellas dominantes y su precursora convicción natural a lo Avatar, sigan manteniendo su pulso esencial durante cuatro décadas, como una circunvalación de lo fantástico, con toques dramáticos y divertidos para todas las edades, en busca de la armonía y la amistad.

¿Os imagináis la vida en una Tierra, con tres soles brillantes y todos sus rayos cósmicos, radioactivos, ultravioletas e infrarrojos, apuntando en nuestra dirección...? No, mejor que no, con el calor padecido en estos últimos tiempos...Pero eso, es otra historia vital, que no tiene que ver con el Cristal. O sí, quién sabe...


Aquí, principalmente, hemos venido a divertirnos y emocionarnos con la memoria de aquellos pequeños héroes divididos en clanes, que salieron de los primeros cuentos con duendes de bosque clásico y hadas, frente a amenazas supremas, mandatarios controladores y terroríficos, en pie eso sí, porque su estructura se lo permite... Junto a atribulados seres "manipulados", que vagan por esas tierras encantadas con humor, y sobreviviendo en un territorio incendiado por una amenaza apocalìptica... Vamos, como siempre, ha parecido ocurrir en cualquier planeta viviente conocido, ayer y hoy. 

Que se lo pregunten a los hermanos Grimm con sus leyendas orales y sus buitres leonados o brujas en el siglo XVIII, pasadas épocas más oscuras medievales y sus terrores en la población, o las hermandades heroicas de J.R.R. Tolkien y demás grandes imagineros de la fantasía. Siempre contra un poder extraordinario, poderoso y manipulador.

Estaba en su esencia, la pasión corría por sus venas... porque creía, lo veían en el futuro desde que se metió en aquel barrio y se puso a charlar con los niños en la tele. 

Mr. Henson, y ahora su familia, establecieron las coordenadas y nos infectaron con el virus de la imaginación, para convertirse en algo más... una parte más de nuestras familias. Con risas, canciones y lágrimas. A sus pies, majestad del trapo.

Lo más vital...

Amarillo por fuera, blanco por dentro... No, allí no fue Caponata. Es Big Bird.


Lo más vital, ellos lo recomendaban... era, entre otras cosas, una buena alimentación, sana y regada de frutas, aunque a los monstruos le gustaran más ciertos alimentos. La esencia de aquellos barrios humildes, de los que encontraron la fama como Muppets y de los que nos visitaron después en forma de títeres, con visiones fantásticas sacadas de los clásicos, como los Fraggles en miniatura, las grandiosas notas de Trevor Jones y la producción de George Lucas, y esta rivalidad magnética entre los antiguos urskeks, mejor dicho sus fragmentados skekses y los lenguaraces podlings. Hoy, paladines de la verdad para las princesas del pasado, bellas, sirenitas, frozens, rapunzeles, blancanieves, y otras heroínas más anónimas, no por nombre, no menos hechizadas... caperucitas, alicias, cenicientas, greteles, rupeltiltskins, ricitos de oro, etc... todas luchando contra sus lobos.

Siglos atrás, en las epopeyas orales y cuentos escritos, eso fue lo más vital, lo que hoy denominamos, de manera errónea por una opresión actual insignificante en occidente, el "empoderamiento" y el movimiento feminista contra amenazas evidentes en cada época. Ahora el horror principal, está en la cercanía, en los seres queridos que se comportan como poseedores de las vidas, segadores de su esencia.

No sé si así lo habría pensado, Jim Henson o su hija en la actualidad, pero esos buitres que consumen la personalidad, de lo que eres realmente, es una amenazada que será difícil de eliminar y sentenciar... porque la vida, es luz y obscuridad. Ellos lo saben muy bien, o se hacen los locos.


La esencia brilla, porque es pura. Los simpáticos podlings son inocentes, pero valientes para enfrentarse a su posible eliminación de la faz de aquella tierra viviente... y chistosos como Charlot, que siempre se está cayendo y levantado, en cualquier posición. Los gelflings son otra cosa... son tribus que viven en paz con sus condiciones de cordialidad, más raciales en formas y colores, acogedores con los pacíficos, pero listos para empuñar un arma, si los manipuladores con otras intenciones insanas, se sobrepasan, asesinas inocentes o, incluso, se preparan para un genocidio.

El Cristal Oscuro, más tirando en su superficie a violeta o morado, es un agujero negro venido de las profundidades del universo desconocido, o una guerra nuclear que, ejercitada, es capaz de convertir la inocencia y la supuesta felicidad, en caos, en destrucción... Casi total, pues el mal, siempre parece sobrevivir...

Ante lo puro, lo magnánimo y lo justo, los sketses se comportan como verdaderos buitres de la política, revoloteando extrañamente sobre sus próximas víctimas. Es la autoridad que engendra las bombas del autoritarismo y la violencia... engañando, timando, urdiendo... Vamos una verdadera dictadura con muchas alas recortadas en la pantalla y muchos picos, no precisamente de máxima audiencia. Es la estrategia oculta, para hacerse con los votos de la tranquilidad, la verdadera esencia de su existencia.

Esto es el universo de Jim Henson, adaptado a las conciencias del presente y del porvenir, si no... al tiempo. Que no es gerundio, es lo único que nos queda. For ever, espero, The Jim Henson Company, para lo bueno, la amistad y el trabajo manufacturado en equipo, y lo malo... Que es escaso y legendario, como en los clásicos cuentos.

The Guy Smile... Jim.

Vamos a echar un telón sobre los terrores inhumanos, y humanos, por ahora.

Si había algo que llamaba al cerebro de Jim, era el humor y la naturaleza de las cosas, sobre todo, cuando miraba a los niños de todo el mundo, veía el futuro, sin condición, ni separaciones de ningún tipo... Ni olvidados. Lo demostró durante décadas.

Los chistes eran inocentes, seguramente como su pensamiento cuando trabajaba con los suyos, cuando componía canciones con su amigo Joe Raposo en Barrio Sésamo, muchos compositores en los años increíbles de The Muppets Show, y por supuesto, los arreglos orquestales de Trevor Jones, también conocido por otras bandas sonoras del cine, como Excalibur, En el Nombre del Padre, o El Último Mohicano. Los gags de la calle y cierta acidez adulta en algunos rostros.

Humor que compartía con sus valedores que buscaban educar con gracia y libertad, como la productora Joan Gaez y el equipo del Capitán Canguro, el guionista Jon Stone y diferentes consultores de la educación infantil, los variopintos actores que le siguieron, no su juego, sino sus juegos... y por supuesto, sus manos amigas, los titiriteros como Richard Hunt que estaría en Los Cazafantasmas, Jerry Nelson en todos sus espectáculos televisivos, Steve Whitmire en todas las películas de The Muppets y, por supuesto, otro reverenciado como Frank Oz... El Yoda de todas las salsas, animatronics y batallas estelares.


En la serie que nos propone su banda, la que construye y anda, la comedia tiene su espíritu. Especialmente cuando las cosas se ponen mal en Thra y aparece una especie de humor a dos bandas, perdón por la repetición, pero me pega. Si Jim estuviera allí, aunque creo que está, le hubiera gustado intervenir como los viejitos del palco, quizá aportando más en la inocencia. Porque esa parte, era demasiado suya y los tiempos han cambiado una barbaridad... por eso, alguno tendría ciertas dudas de desarrollar una historia con estos elementos de trapo y varillas, de trajes enfundados en una persona con carne y hueso, que se comporta como un niño.

Esto de The Dark Crystal, hoy en día, es muy especial y se nos nota en la mirada, en la sonrisa que tenía Mr. Henson trabajando en su pasión. Ya te echamos en falta, un poco menos, Guy Smile Jim.

Hasta esos fallos que pueden provenir de pies, que no se mueven con la agilidad de la digitalización (puede que se hubiera podido introducir algo, sin faltar a la esencia titiritera), esto es, de la acción animada que significaría un salto exponencial que uniera dos mundos contradictorios. La mano y la memoria, la tecla y el ovillo... Ahora, un poco antes de la salida del tercer Sol, estoy empezando ha retractarme de lo expresado, volver a renderizar mis pensamientos... No, debía ser así por Jim y los amigos de una vida, porque se hubiera traicionado un poco a su creatividad y su gusto por los muñecos... Aunque eso nos cueste perder la conciencia de lo perfecto, de la rapidez sin resbalones en el piso, con sus pies de felpa... No, se habría estropeado la fuerza vital de Jim Henson a buen seguro... Aunque nos cueste perder la continuidad... según las noticias de la resistencia, abatida de Netfilx.

Así que, a pesar de las peleas internas que mantengo con el director por otros filmes anteriores, gracias a Louis Leterrier también, por mantenerse firme en conjunción con las estrellas del pasado y compartir la experiencia.

Ernie, el Oscuro.

Cuando fui a ver el primer largometraje de The Dark Crystal, no sé si me gustó. Luego he sabido sacarle el jugo, exprimirle esos dos frutos contrapuestos, que significan: lo apegado a la Tierra y sus raíces diversificadas que conectan todas las ramas, como un único organismo en supervivencia absoluta; y la amenaza que viene de fuera, pavoneándose y marcando el territorio, aprovechándose de los más desprevenidos o desvalidos. Es una raza alienígena que se acerca, sigilosamente como un depredador, como un gato, y te clava los dientes que sobresalen de sus bocas, para sorberte la esencia y dejar un agujero, donde estabas... Claro, es Alien, el Octavo Pasajero... pero con más ruido.

Menudo escándalo arman estos Sketsis, donde la parte vitriólica de Jim Henson, o la dualidad adulta, se buscó en el pasado, la compañía cómplice de un ilustrador llamada Briand Froud. Un británico acostumbrado a infiltrarse en aquellos universos fantásticos de la literatura juvenil, que perseguían ambas posturas enfrentadas, desde la antigua mitología y el miedo intrínseco de las diferentes sociedades. Era una explicación imaginativa, con la que combatir los embates, de los fenómenos atmosféricos, las enfermedades o epidemias, y de la guerra, esa compañera que se convierte en otra protagonista más, del Oscurecimiento.

Esa habilidad para el dibujo, fue compatible con los creadores que deformaron las apariencias humanas y animales, para conformar la cosmología étnica de Thra, para establecer las fronteras lumínicas de sus exteriores, castillos y selvas, y subterráneas, que producen la división entre dos universos.

Esta división, antes de la maldad concretada en los sketsis y sus comentarios sarcásticos, obscenos y violentos, es la que emerge de la fractura cristalina, creando esa raza casi perdida de los místicos, que tienen un sonido calmo y perdurable de la paz, y cuando canta, no es estridente como la buitreria y sus aguijonazos, digo picotazos... sino, que emerge de la tierra y la espiritualidad, como un australiano, didyeridú. Por no hablar de otras criaturas terrenales, peludos, zancudos, arrastrados, rotatorios, veloces, voladores, vamos seres a manta.

El gran Oscurecimiento siempre está ahí, rondando y drenando la naturaleza de las cosas, como una espiral de muerte. Incluso en The Dark Crystal, the Age of Resistence, coexiste con elementos tan inocentes, como se significara y contase tras los telones caídos del tiempo con aquella pérdida de Barrio Sésamo, donde los niños no tenían porque enterarse, pero si comprender que es, no existir o dejar de ser...

Los residuos, se convirtieron en pequeños Ernie´s, revisitándonos en un viaje triastral, piramidal como los vampiros que succionaban la esencia de los visitantes de Marte, en aquella película (casi experimental) del director Mario Bava. O la frialdad en la alimentación de aquellos seres de la visita exánime en Lifeforce, que nos forzaban a mirar al cielo, como miraron los seguidores de H.G. Wells u Orson Welles, y más allá, junto a Tobe Hooper o Steven Spelberg... todo se conecta, por tierra, mar y aire. Por no hablar de ataques arácnidos o los numerosos zombies, que no tenían conciencia de sus actos, llevados por sus impulsos, más básicos, aunque realmente estuvieran manipulados a distancia... Bueno, simplemente por la mirada compulsiva y salvaje, de George A. Romero.

El Oscuremiento siempre estuvo ahí, desde que George Lucas se conectara con Jim, por un momento en sus vidas, sintiendo que los midiclorianos eran un factor a tener en cuenta, para esa Fuerza Vital, que engendraría unos seres unidos, contra el Lado más Vader, o Dark Sidious. Otro Emperador de narices, con todos sus técnicos alrededor, secuaces como apóstoles del mal y la barbarie de una estirpe milenaria, mientras la voz de sus ecos suena en una batalla galáctica.

Entonces, aparecen las voces significativas y alguna reconocida, de intérpretes de carne y esencia, como el conspirador Simon Pegg, polivalente en diferentes espacios Mark Hamill, por no hablar de la candidez de Sliivs Vikander o Anya Taylor-Joy, y visitantes de otros mundos, como Jason Isaacs, o Helena Bonham Carter, y un cantarín Taron Egerton... Hay gustos y caras que ocupan este cristal, para todos. En todas partes, en el mismo espacio y tiempo. Brillante o sombrío.

De ahí se alimenta, aromáticamente la sangre inocente de The Dark Crystal, tiene fundamentos, aunque no lo queramos ver, porque nuestra perspectiva es la transparencia, la inocencia infantil de los trucos de magia y la espiritualidad de la unión en el todo. Cuando los depredadores, miran la carne y se relamen hasta los tuétanos, digo los espolones.

Esta es la misma historia, un poco antes de la gran ruptura, tensada por la misma cuerda de entonces, vista con el mismo ojo único de Aughra, una bruja muy Avería... y expresada con diferentes tendones, que son los mismos, la misma sangre, la misma luz y obscuridad. Igual esfuerzo y talento en perspectiva, que es la nuestra, quizás con vuestros hijos o nietos, revoloteando con sus mandos actuales.


Espero que siga deleitando a los pequeños y algunos monstruos actuales, sino sería un desencanto del encantamiento generacional que era ver una de aquella películas o abrir un tebeo o cuento, blandir una cuchara y creerte un paladín para salvar a las princesas en peligro, prometidas o comprometidas, depende de su carácter y capacidad de entresoñación... y no caer en la tentación fácil, dejarse llevar por lo práctico visualmente y dejarse atrapar bajo el influjo del reino de los ordenadores o las consolas. Es decir, perderse en la esencia que nos trajo al mundo y acariciar aquel peluche regalado, que no hicimos caso, claro, y no pulsar el botón.

A muñeco regalado, no le mires el diente... ni los pies.

Todo tiene su medida y sus tiempos, aqui en Thra, todo nos inunda con sus colores y melodías, nos hace recordar la música de Trevos Jones, los recuerdos de Sesame Street y el aprendizaje natural, sin perversiones, ni manipulación ideológica... la movilidad pétrea del Laberinto, los bailes de Bowie enfundado en un traje casi sideral, y los fabulosos Fraggel Rock con el sonido de Don Gillis... 

Todo nos recuerda sus manos, por su compañía y la sonrisa de aquel niño, recordado hasta el infinito como Jim Henson.



domingo, 7 de agosto de 2022

Pistol.

 


Desde los tiempos en que la política se convirtió en un producto de masas y se generalizó la protesta, parece que la mayoría de los adolescentes contemporáneos tienden hacia la anarquía absoluta y cuestionarlo todo. 

Creo que es un hecho, algunos estuvimos ahí... como lo es que se enfrentan a dictámenes de una sociedad que no entienden, se manipula o rechazan por sus facciones ideológico-económicas, o divisiones demográficas. Se resisten a una educación que no les prepara para ciertos desafíos y la competencia, y en algunos casos, incluso a sus familias, convirtiéndose en residuos de las opiniones de otros. Es decir, una pistola ardiente a punto de explotar...

No sé si el director de cine británico Danny Boyle, fue o ha sido anarquista en su juventud... da igual, como lo es mi opinión antes o ahora... pero lo que si parece evidente, que no trata de esconder su gestión emocional lo es a lo largo de su carrera cinematográfica. Por la forma de contar historias marginales y retratar los hechos ficticios o históricos, como si fueran recortes visuales, o un collage por cómo edita sus películas. Algunas veces de forma caótica, otras magistralmente... Su mente, podríamos decir por tanto, se comporta artísticamente... de manera anárquica.

El tema de las relaciones familiares entre padres e hijos, tiene una cierta continuidad en su carrera al lado de actuaciones rebeldes por parte de los últimos, saltando de Trainspotting y su sonora maternidad al secuestro desprogramado de Una Historia Diferente. El recurso del denominado "kill your father" es una máxima que coincide con la marginalidad y el crimen simbólico, contra los pecados heredados en su juventud... Después, de ahí, han ido creciendo algunos de nuestros monstruos, imbuidos por los fluidos y los filos.

3... 2... 1... Todos parecen observarse unos a otros, demostrando que estamos aquí, para observar y ser observados, aunque no queramos... Es nuestra naturaleza exhibicionista.

El no Renacimiento.

Esta revolución contracultural siempre ha sido blasfema y fuera de los rangos habituales, parece algo bastante moderno, pero siempre se persiguen los mismos retos desde los minoicos o los griegos, buscando la exhibición de los cuerpos o las mentes.

Así como la discusión de los mandatos institucionales es persistente, contagia con actos revolucionarios y emerge la protesta ante la corrupción política, que es mítica, desde la administración de los impuestos en el Imperio Romano y la aparición de la malversación. 
Esos levantamientos, datan de antiguos filósofos chinos y del imperio helénico entre estados, desde la primacía de un pensamiento socrático... que en la mayoría de ocasiones, convierte los diálogos en peleas. Inclusive, si te esfuerzas en sobrepesarlos, podrás identificarlos en el Gran Egipto y sus dioses...
Conversaciones... sí. Eso decían en los primeros escarceos de la Revolución Francesa y las diferentes Comunas, donde el amor desembocaría en violencia, las palabras en insultos, caos y destrucción. Quizá es una nueva forma de vida, la de siempre que llega a nuestros pies, da igual el calzado...


Definitivamente, es la cultura dividida en diferentes versiones y con diversas caras, que proporciona la protesta más radicalizada. Esto es la guerra, amigos. No, no es que la cultura sea violenta... lo somos nosotros... la aprendimos en distintos bandos.
Por ejemplo con la música protesta, ya no te entiendes con los demás, porque cada uno escucha lo que quiere o le cuentan... cada miembro forma uno de esos eslabones del folk o el rock, que vistos en perspectiva se observan más desnortados, más dispuestos a enfrentarse. En una ocasión, uno se levantó como un escupitajo que te lanzaran al rostro. Mientras por las venas recorrían el odio y la desesperación enfermiza de varias generaciones.

Para el que recibe, muchos, es muestra de asco profundo, de traspaso de jeringas infectadas y potencial marginal de posibles contaminaciones... imprecaciones, fiebres, virus... o telones de acero. Desesperación que no encuentra la esperanza, tanto como una aguja hipodérmica, sin desechar en el camino cadavérico del futuro. 
El Punk rock precipitado por grupos como Sex Pistols, se fue alejando del colorido glam de Bowie, de la psicodelia y las piernas de Blondie; u otros tan emergentes y experimentales, como Lou Reed o la expansión del heavy metal, iniciado con bandas como Led Zeppelin, Deep Purple o Black Säbbath.

Por tanto, la cultura es también obscuridad, sino que es La Odisea, Macbeth o Don Quijote de la Mancha, una obscuridad propulsada por los sueños. Frankenstein o Drácula, los monstruos con sengres alteradas, como otros modernos prometeos, se han convertido en una diversión tan gráfica como peligrosa, hasta un arma de propaganda política, con diferentes lecturas.
Hasta una amenaza personal en conversión reciclada, de todo lo construido por nuestros antecesores con sangre en numerosas calamidades bélicas y desastres... nuestros propios miedos. Depende quién tenga y quién tire la bomba. 

Pero la cultura o la música, que nos interesa, es así mismo, una marca registrada. Marcada a fuego con sus guitarras distorsionadas y sus sangres mezcladas... y que debió quedarse ahí... lejos de cuchilladas fuera de sí.
No hay futuro, decía Mr. Rotten, protestando con razón... o sin ella, quién sabe visto lo visto. Ni ayer, ni hoy... ni Mañana. No para todos, sin entenderse, sin duda. 
Parece que él fue el único que lo vio... Y le llamaban loco.

A la Contra...

Hubo un instante en nuestras vidas, presentes o pasadas, escritas con palabras o entonadas, que abrazamos el nihilismo, simplemente por curiosidad o desazón en diversos aspectos vitales. 
Pudo ser a través de la filosofía que enseñaban en los institutos, antiguamente, ya no... como un concepto existencialista que no creía en la verdad que cuentan los organismos oficiales y los medios manipulados por los poderes económicos.
 
Donde se discutían los términos aceptados por la democracia, de la moralidad o los, maltratados actualmente y reconocidos como... valores. Que son... el tú y yo, el nosotros... con la razón y el pensamiento igualitario. Más o menos, utópico o distópico, que es lo mismo a la contra...
Hasta lo que aprendimos o lo que nos enseñan, está o será cuestionado, lo hemos podido comprobar leyendo a Tin Tin o Astérix, o muchos otros más. 
Así, hasta caer en al escepticismo absoluto del individuo que cuestiona todo, peligrosamente en la marginalidad absoluta, y puede llevarnos a la pérdida de la identidad cultural o, en el caso más grave, al pensamiento catastrófico de que la vida no tiene ningún sentido. 

Hay que tener cuidado, pues la cultura puede ser un cuchillo, con doble filo... donde la libertad, se convierte en una prisión a cadena perpetua, imprevisiblemente. ¿Quién no lo ha sentido... qué artista no se ha sentido encadenado alguna vez...? Pues eso, la democracia es una cortina de humo, nuestra cortina de humo, para no desenmascarar la realidad.
Es decir, que el conocimiento no significa nada, ni siquiera la llamada libertad actual disfrazada de redes sociales, medios controlados y manipulación de la verdad. 
Y a la contra, no queda nada... nada más que la violencia, que es lo mismo que la verdad del ser humano y su historia.

El problema es que, tampoco se cree en el amor, sino en sus efectos, o se duda de la creación y el poder de la imaginación para escaparse de esas cadenas que nos enredan y confeccionar un mínimo estado de felicidad. Por que la cultura es abastecernos los unos a los otros, mediante una creación personal o grupal, por medio del arte libre, sin tapujos... ni consecuencias virales. 
Algo interior que algunos, confunden con la producción para ganarse la vida y que por otro lado, es necesario eslabón para mantenerse de pie, despierto y bien alimentado. No mantenido, no adulterado... no violentado.
Esa es la cuestión que se discute por encima de todo, ayer y hoy. 

Es una batalla que no hemos vencido aún, como cualquier distopía anacrónica. 
Desde la patada en el estómago de la música o la percepción, con los Sex Pistol, aunque ciertas personas reniegan de ella y ven provocación, por descontado en el arte también la hay, como en la guerra. A veces con sus ofrendas lúbricas no demandadas por una multitud de fanáticos, o enfadados tal vez; o sí, quién sabe lo que pasará a continuación, cuando todos encuentren el gusto por la lluvia expectorante.. 
Pasando por las ideas de un mánager, manipulador de voluntades, que moldea los roles y los gastos, buscando un sentido a sus propias necesidades, como preocupaciones políticas o sociales, que contaminan el espíritu iniciático de la creación. Hemos llegado al comercio y la tv, que es lo mismo, por mucho que te cuente por ahí.

Hasta al fin, llegar a una expresión visual a través del tiempo, que produce una estructura distorsionada de lo vivido, puede que alejada de la inspiración o la degradación real en lo espiritual, y que sirve para expresar tus propios sentimientos, tus debilidades y sus efectos artísticos. 
Una perspectiva histórica de aquella imagen tan reinterpretada... una, dos, tres veces... que luego, pueden ser nuestras vidas superpuestas. O que nunca se toquen, separadas como las ideas.
Se dice que, cuando somos niños, absorbemos todas las sensaciones que percibimos, nos empapamos  través de la imagen, los sonidos, hasta los olores o el contacto con la otra piel, esto es, el sexo. Siempre ha sido una expresión más, de la exhibición o el comercio... ya pocos piensan en la regeneración, y mucho menos, la cultural.

Sin embargo, las consecuencias son inesperadas como las generaciones de artistas, más o menos libres, como las caras poliédricas de la serie, como ver en la pantalla las interpretaciones, naturalizadas o distorsionadas con la realidad, de Anson Boon como Mr. Lydon el fantasma que aparece y desaparece (1917, Crawl), el omnipresente protagonismo guitarrero de Toby Wallace como Steve Jones, el prestidigitador Malcolm McLaren en la piel de Thomas Brodie-Sangster (Gámbito de Dama), el desheredado por bajo con Freddie Wise, y el muerto viviente de Louis Partridge (Enola Holmes I y II), interpretando a Sid Vicious... aún algo sobrecogido por aquella de Gary Oldman en el film de Alex Cox.

Äh, y las presencias femeninas en sus puestos de guerra, con o sin botas... la auténtica Francesca Mills como Helen of Troy, Talulah Riley en posición de Sex y cueros, Maisie Williams fuera de juegos y de tronos, Iris Law e hija de Jude y de la recientemente desaparecida Catwoman del underground, y la Pretenders, Chrissie Hynde, autentificada por Sidney Chandler. 
Ya estamos casi todos, con Mr. Boyle y Mr. Craig Pearce... con todos uds., los Sex Pistols.

Caos...

Mira que hay ejemplos en la historia, de crear esta sensación de vértigo y caída a los infiernos, como señalan saltándose todas la objeciones morales y bipolaridades grupales, en la serie Pistol. 
Es fácil llegar hasta ahí, que se lo digan a los propios alemanes que llevaron al poder y lo mantuvieron, al mismísimo Adolf Hitler con sus holocaustos y esvásticas radicalizadas... Un símbolo del pasado que ya no volvería a ser, para lo que se pensó con anterioridad en un principio.

Tal vez, por ese motivo y la crítica ejemplarizante contra el fascismo, que ya no se ve tanto, menos mal, es una mofa o caricatura de nuestro horror próximo en aquellos bandos. La revolución es un cambio de eje, que subyace en una parte de la expresión punkarra y perforante en la capa social, que en esa etapa londinense fue una pulsión casi desconocida, junto a la movilización irlandesa. Ambas se vistieron  con aquella etiqueta mortuoria, como en otros lugares más cercanos... Ahora no, sería impensable.

Por eso, la lucha hay que moderarla, para no quedar atrapados en el caos infinito... Lo sabemos, ¡o no! Pues bien, en otro sentido, el cultural y el pasional de la música, la banda Sex Pistols sembraría una semilla, de ése... Kaos.A ver, en dos direcciones, una mirando al exterior con todos sus estereotipos personales y establecimientos estatales, criticados y hasta no respetados, que sería exportada; y otra, hacia las tripas en sí, convirtiendo un juego en algo más peligroso. Más duro, más resignado en la desgracia y las drogas. Vamos un desastre...

Incluso tensando la balanza, después de todo y tras la fama establecida en su misión protesta, se quieree pensar en la intención de ganarse la vida... y no la muerte. Qué es una visita, no tan inesperada de ese juego sangriento en las venas.
Estando en la cartera de grandes empresas como A&M Records o EMI, mirando estrañas estrellas en el primer puesto del Londres más universal, o las listas de éxitos o las cadenas de televisión como la BBC, que no esperaban el escándalo, salvo con los Monty Phyton y su gracia artística. Lo creas o no, fue su único disco Never Mind the Bollocks.

Sin embargo, las giras, algún ego y los excesos, la animalidad acorralada de sus movimientos en la cuerda floja o jaula mediática, llegaron al súmun de lo irrespirable o admisible, cuando la sangre entra en acción y la descomposición es cuestión de una aguja oxidada, el monstruo, como un amor enfermizo.
Aquí, entra en la escena, la imagen desestructurada y compleja figura del bajista que sustituyó al incomprendido Glen Matlook, en Sid Vicious. Un extraño personaje, caótico, que se queda algo corto psicológicamente, con sus virtudes infantilizadas para la piel blanquecina y deformante de Nancy Spungen... Como bien ella lo recalca, no sé si escrupulosa o misteriosamente en la historia, "nadie me ha tratado tan bien como tú", pero referido a otro de los personajes principales.

Consecuentemente, también fue la explosión del veneno musical en ebullición dolorosa, y de la adicción en particular, que no atiende a razones, ni amistades o familias. Al menos, eso nos han cantado, con ecos conocidos o salmodientes, ahora en FX... y sin iglesias. 
No como aquel filme que te lleva a un viaje sin retorno de Sid & Nancy, pasando por el infierno mental, y que acá en Pistol, es... deberás escribirlo tú, como espectador...

Dos visiones...

Por ende, la de Danny Boyle es particular, no tan desagradable y obscura... para lo bueno que tienen los episodios articulados en el reciclaje de la moda, e incluidos sí, otros momentos románticos o amigables, hasta hilarantes de la conducta de los personajes. Acá rondan el humor sarcástico de la modernidad, como observados a través de un caleidoscopio... 
Si los diálogos impredecibles, te hacen seguir el ritmo trepidante y punzante del relato histórico.
O lo malo... es otra opción.

La que no profundiza metafísicamente en un movimiento caótico de Londres a finales de los 70, salvo anécdotas de lucha americana, botellazos, autolesión, y escupitajos, que no es arte, of course, son agresividad con maquillajes. 
Más pensamientos proactivos, que algunos derivan o comparten como seguidores o fieles al cantar, y que otros como cualquier observador al margen, no frecuentan, ni entienden... porque la música, puede y debe ser, además, otras cosas, otros sentimientos... dos formas de enfocar una guitarra. Y porqué no, una forma de vida sana. La antítesis de los viejos roqueros, que decían nunca morir...

El Punk murió en aquel concierto, tras los neumáticos derretidos por las carreteras de la América Profunda, en el reventón de 1978 por el Winterland Ballroom de San Francisco, donde se estamparon vidrios rotos. 
Entonces, la imagen del punk, no sólo surge del frío desgarro que ofrece la banda frente al Támesis y producción de la serie Pistol, sino que fue una forma de llamar la atención, rebelde con todo lo que la juventud se atreviera a ofrecer del caos y que, posteriormente, triunfaría con estéticas muy diversas, sea glam, travestismo, nuevo cabaret, la música de baile, el rock o las chaquetas del heavy metal.
Por consiguiente, aquel día antes del sueño de Río, fue el último día del caos. No de la muerte, que esperaba en el vientre de una dama blanca, como rondó a otras estrellas del rock.

Sex Pistols, sin tapujos pero reinterpretados, alternativos en su congregación y reafirmación contra el poder, que dejaba fuera a las clases más reprimidas de la sociedad. Entonces y hoy, da igual el cristal... Siguiendo cada uno, diferentes caminos, que podían haber sido variados como los vertidos, pero crearon una rivalidad antisocial en la cultura y condenados por muchos alrededor, si bien fueron absueltos. ¿Su música, lo es...?
Johnny Rotten, o podrido, no racionalmente, cambia a través de los tiempos como el genio más creativo de la banda, o lo que fuese entonces, una objeción pesada, por sus tonos, como sus cuerdas para la destrucción sónica y armónica, pisando a The Beatles o Pink Floyd.
Puede que un disco, no baste para eclipsar el sol...

Ni aunque lo posiciones en la visual... La serie recae, como repartida en gran medida sobre los hombros del guitarrista intuitivo, o a base de hostias familiares, sobre Steve Jones, fundador de The Professionals junto a otro exPistol como Paul Cock, años después; y sobre el sueño, o la conciencia musical de Crissie Hynde, determinada por las letras y la pasión sexual. 
Ella es el espíritu de la pirámide sensorial, que sería en The Pretenders, que escapando por los pelos, nunca mejor dicho. 
Y por supuesto, se expone en las manipulaciones estéticas, ideológicas y estructurales de la mente de Malcolm McLaren como provocador cultural y mánager, poco protector y poco amigo de los riesgos por contra, que gestionó las interpretaciones y le otorgó el don de una Gibson Les Paul Custon, perteneciente a Sylvain Sylvain de The New York Dolls. 
Estos últimos norteamericanos, el triángulo de la vanguardia junto a The Stooges de Iggy Pop y la Velvet Underground de Mr. Lou Reed, del que se debería visualizar el documental homónimo, como resorte creativo del llamado proto-punk y quinto elemento de la distorsión musical o la imagen underground en todos los campos de aquella etapa embrionaria.

El resto de la serie, sus temas musicales y la revolución que repercute en la era presente, es un conjunto de datos y definiciones, que alternan dependiendo de la objetividad histórica y la anécdota, alguna tan conocida como el nivel de complejidad de sus pensamientos. En conjunto o por separado, según el ojo y el collage musical de Danny Boyle y Mr. Pearce, por supuesto.

Destrucción.

Sería una versión de No Fun de los Stooges, lo que señalaría el futuro que le restaba a la aventura insegura y suicida de Sex Pistols, por una de sus patas. Una idea soltada al aire, se convertiría en profecía del dolor en carne ajena... ¿Para qué sigo con esto... Habéis sentido alguna vez que os han estafado...?

Y un Buenas Noches, que sonaba a un telón cayendo sobre el apocalipsis generado en cualquier novela bélica y familiar de William Shakespeare...
El resto es la locura, que nadie quiere sentir, la sangre que nadie desea ver fluir... y la falta de expresividad, que se resume en una lista de recuerdos, sin respuesta. Todo lo que viene después de una estado caótico, no puede ser bueno... todo lo que respira tras una sobredósis en un hospital y sus goteros, es un estertor...

Y las claves de ese paso integeneracional hasta hoy. No sabemos si están ahí... puede.
Al menos, los que sigue la división de la sociedad, a diferentes niveles, por dos partes que parecen inamovibles e irrefrenables.
Antes de convertirse en obsesión o adicción tumultuosa, con casos autodestructivos... los pasos, los conocemos todos. Y con el tiempo, las claves se modifican para adaptarlas causalmente a nuestra propia identidad, que saldrá al exterior de distintas maneras, violentas o no. Quizás, una para cada uno, como cantaba La Voz de Fran Sinatra. 
Como sintió en sus propias venas el mismo Sid Vicious, la decepción o la locura, atrapado en el sexo y la dama.

Así que, la cultura, por lo tanto música... puede ser todo eso, salvación y herejía, un ejemplo para todos los gustos, muestra de defectos o sarcasmos, para todas la críticas... para cada quién que decía Joan Manuel Serrat, en el otro extremo de la escalera expresiva, arte concebido como poesía... no como un aguijonazo o tiro mortal.
Ah y como la tienda de corte underground o Sex lacerante, con todas sus integrantes y algunos clientes ´selectos`, que desafían los límites de la estética manipulada y la expresividad. Una parte espectacular de Londres, como aquel hombre lobo... viendo la caza en dibujos animados.
Porque el look, sobre todo, es el comercio.

Todo lo contrario, es lo que pregonaban con gracia, incluso viniendo de familias desestructuradas, ciertos miembros de la banda, se convertiría en la verdad de Mr. Rotten. Y ahí, aunque con reservas de la privacidad y el desencuentro intelectual, las dos versiones tienen que terminar contando los mismo... la total destrucción. Es el Ser o no ser, nunca más, como anticipaba un cuervo bien negro, en las rimas asonantes de Poe.
Las palabras, las ideas, se las lleva el viento y no sirven de nada, pues otras llegarán... y vestirán de sábanas fantasmales... la carne y la diversión, es una escena borrosa del pasado también... como un ser en estado catatónico o ese figura espectral... paternal, tal vez.

Buena o mala, controvertida o protestada, definitivamente olvidada... pues sólo queda la música.
Y a esa, a sus voces colgantes, te aferras, como si no hubiera un mañaña. Por tanto, como si no hubiera un futuro... 
Como se condujeron The Clash con London Calling, como se obscureció Joy Division, como los espíritus de Reed o Bowie.
Aunque tú no formarás parte, ni lo entendieras... la historia se repite y los fantasmas nos visitan como las navidades pasadas, somos todos... trovadores o espectadores.

Somos imágenes en las orillas del Támesis, al otear desde una barcaza entre seres sonrientes y danzantes, a ella o la catarsis del reggae... Burlándose del ahora, de nos... Hijos e hijas que no volverán a nacer, nunca ya. Si no lo resistes, te derrotas y no existes... ¡Eso es la destrucción!
Lo que ocurrió verdaderamente con los Sex Pistols, no fue la mala suerte de Bob Marley, fue un momento de inspiración y rebeldía, como el toque de Hendrix y tantos otros...
Un telón que ocultó el futuro, aun sin existir una guerra clásica, o al menos, caos de lo que pudo haber sido... Pero, fue la autodestrucción.

No es mejor, ni peor... desgraciadamente, también existe o se produce por casualidad... o un contacto inesperado, entre lo feo y la belleza.
No sé, si Mr. Boyle ha sabido captarlo muy bien... Pero Pistol, no deja indiferente a la historia reeditada del rock&roll, ni Rotten a la marca del Joker de Heath Ledger. 

Quizás el rock, está próximo a la desaparición... con una caricatura de Disney detrás, como de la aspereza... 
Let´s go! Que dirían los otros... Los Ramones.

domingo, 17 de julio de 2022

The PeaceMaker / Moon Knight. Season I

 

Los extraterrestres llegaron a la Tierra, hace muchos, muchos años... O al menos, pudieron ser unas pequeñas semillitas de vida que se diseminaron por ahí, que comenzaron una etapa de locura, que dura y dura, hasta llegar a las pantallas... Sólo hay que darse una vuelta por las costuras de la política con los medios de comunicación como resorte subvencionado, e imaginarte a los reptilianos, o las plantas devoradoras de voluntades... o los malditos insectos... Parecen chupasangres cazadores, que se lo vean en LifeForce o Predator.

Pero, eso es otra historia que no tiene que ver con la literatura o el cine, con The Thing o cualquiera otra figura que se distingue en Señales. Tiene más que ver con las extrañas ideas del supuesto dominio de culturas más poderosas por su tecnología avanzada o los típicos relatos de ocultismo y otras teorías conspiranoicas... Pero, ¿haberlas, haylas...? Pues vete tú a saber... come on, ¡Rock & Roll!


Una Pequeña Historia del Espacio...

Bueno, pues las malditas naves que trataban de cultivarnos o devorarnos, llegaron por aquí, alrededor de 1920, sin otras referencias visuales que los ángeles y demonios... Ya de por sí, convertidas y aceptadas por todos, como género con brillo propio. 

Aunque fue en el siglo XIX, donde existieron experiencias sobrenaturales, que podrían tener una conexión ahora, como el Gólem, que provenía de la mitología germana y adelantaba otras corporalidades foráneas, como un precursor del Moderno Prometeo en referencia a esos seres de las estrellas o dioses encadenados en el futuro violento... con más melenita o tornillos, que los antiguos gigantes, eso sí.

Pero, el scifi prefirió en sus primeros impulsos idealizados, acercar a humanos al satélite de los mares brillantes como Odiseo y sus seres monstruosos, uno de los primeros navegantes novelados bajo las estrellas. Hasta, quién lo soñaría, las historias creadas por la mano olfativa de Cyrano de Bergereac, en forma de rastreador invisible de las galaxias, o la efigie extravagante de El Barón de Munchhausen surcando los cielos, y por supuesto, las historias con el gran Julio Verne a los mandos del viaje. 

La más famosa catapulta entre el Planeta Azul y su satélite, nos dejó ese retrato cultural para la posteridad viajera, entre terrestre-lunar, con nuestro director Georges Meliés, convirtiéndolo en favorito astronauta del futuro, era su Viaje a la Luna en 1865 y un enorme guiño de ojo a los primeros efectos especiales de la historia del Séptimo Arte.

Esos grandes escritores empezarían un revolución, que persiste hasta el infinito, y el resto de soñadores que quedamos respirando, los seguimos en oleadas generacionales, ¡somos así!

Luego tirando la casa por las ventanas de sus naves, llegarían los verdaderos padres modernos de la esta primera clase fantástica, con el británico H.G. Wells a la cabeza, que nos iría cultivando, incluso a través de bajas frecuencias y el hambre terrorífico en las entrañas de Mr. Orson, para una gran invasión, avecinada como una cosecha... sin límites para la imaginación de las ondas.

Hola, ¿es La Guerra de los Mundos... ? ¡Qué se ponga! Sí, señor...

Aquí Marte, estoy llegando Edgar Rice Burroughs y su princesa, tan fílmica, como inversamente proporcional pueda ser un relato de H. P. Lovecraft en el cine. Algo pasa con esto, como en las pesadillas cósmicas de Lem o las Crónicas de Ray Bradbury, salvo mi adorada Solaris o la terrenal maravilla de Fahrenheit 451, cuando la conciencia deja de viajar...

Pero, para lo que he venido a hablar en este rincón alienado, es de la cosecha de la televisión, que es lo que hay y resiste... bueno, de la televisión y de los cómics que llegaron un poco antes. 

Y claro, aquí ganó por los pelos engominados y algún que otro músculo más que Katar Hol y Hawkgirl, un ser sobrenatural con su aterrizaje forzado en Smallville y posterior al Nuevo Orden Mudial de JLA... ¿te sueña de algo, verdad...? Es un ave, un avión...

Es un joven en esquijama de otros tiempos, azul y capa roja, como si no hubiera bastante ya... muy norteamericano y universal todo, gracias al canadiense Joe Schuster y el escritor Jerry Siegel, que habituados a los Action Comics de entonces, querían crear un dios que no salve de todos los males. El antecesor de la gran S, que pertenece a los dioses DC y desconocía su historia real.

Era el icónico Kar-El, tan rechoncho y blandito, que no se creía un alien intelectual saliendo de patas de su planeta Krypton que estaba en las últimas, y dejando allí... no, no a Marlon Brando, sino a su padre Jor-El y la madre que no se recuerda muy bien... pero fue la madre que lo parió, ¡conio!

Luego adoptaron a las partes del anillo de Linterna Verde y todos aquellos batallones de constructores galácticos, para una revolución del poder del blandibloop (o como se llame) con carácter impulso-magnético, y El Detective Marciano, del que no se reconoce película individual aún... Demasiado verde por estos lares, seguramente...

Mientras en la otra esquina, en el lado Mr. Lee, se empezó con otros nombres al mando, Namor que está un poco olvidado hasta ahora, que suena en la playa y establece una mezcla entre humano y princesa mutante de la Atlántida... vamos un extraterrestre de la utopía terrenal.

Tenemos que atestiguar la llegada al tebeo cósmico de quizá, el primer X-Men de las estrellas en sus dos versiones, pasado y futuro, un tal Ángel que queda rezagado, para los no muy amigos del universo marvelita.No habría que esperar mucho, sólo hasta la gran aceptación del público, para la gran explosión con los inimitables Jack Kirby o Steve Dirko, que estén en el cosmos como polvo de estrellas del salón del Cómic en su Edad Dorada. Construyendo a Namora y Venus, diosas de las buenas, el viaje fantástico de Los 4 tomando prestadas sus propiedades, las movidas multiversales de Mr. Strange, que sabe de mil mundos, Silver Surfer y Galactus... no hay más que decir. Hasta llegar a los famosos Eternals, ya en un partido moderno y fuera de casa entre sus Deviantes vs Celestials, que son los mitológicos y el eco de Los Nuevos Dioses del Apokolips, del que salió el mismísimo Darkseid.


Y eso es todo, gracias al fundador Martin Goodman que nos invadió sin ambages e, indudablemente, al gran extraterrestre de ambos mundos, que resiste con su locomotora heroica, reconocido como Stan Lee. El conductor de la General de todos los santos y sus némesis.

The PeaceMaker.

Hace apenas un rato, como quién flota en el polvo... apareció un estrella gigantesca en el horizonte de la Nada, y pasaron los días, cuando empezó a reproducirse con sus brazos extendidos a la pantalla... que no tentáculos o estructuras de quitina, más propias de otros miembros marinos o biozoos terrestres, que buscan colonizar. Acaso no lo hacer, el ser humano, pues eso.

Allí se alzó en el cine, explotándonos las cabezas con esa tribu de mercenarios convictos, revenidos por un Chekmate, fuera de las Ligas que no los Argus guiados también por Amanda Waller, e intentando cambiar la prisión por un Escuadrón Suicida... o sino, ya sabes, una regresión mental sin vuelta atrás... lejos de la cabeza de X-Force. En consecuencia, están un poco chalados éstos-tas.

De la banda reventada a dentelladas, aparece el magnético PeaceMaker, que se significa por sus comentarios ligeros, gloriosos por lo chistoso e irrefrenables sexualmente... algo así como los Guardianes de la Galaxia, pero sin sexo entre razas, por ahora. De todos ha dado buena cuenta y exprimido chistosamente, su director James Gunn, que parece en la gloria... de la cópula del placer y los textos desbocados para crear el caos ideológico.

Su historia se rodea de una extraña familia y amigos anárquicos, no muy confiables como aquel tiburón "estalonado", hambrientos hasta hacerte perder los estribos de la corrección. Son imán para los cascos electromagnéticos más establecidos por referencia del tebeo... Por cierto, mejor haber mantenido en secreto su función, hasta el final de la misión... un pequeño pecadito adaptado a los tiempos, como el viaje racial del padre por la historia del nazismo en los cuarenta.


Acá lo que importa es el humor irreverente, la táctica del desorden y el factor del heavy metal, más edulcorado para no dañar lo escondido en mallas y melenas del pasado, apartados visualmente de la retrospectiva del rock psicodélico, más duro y lo que vino después... ¡pero muy simpático todo, oiga!

Tú ponle a Chris entre las piernas, una guitarra con claves invisibles haciendo un "in the air" y con la lengua descontrolada por la fiebre ochentera, y te monta un bacanal sonora, que te hará olvidar a los precursores de Watchmen en este universo distanciado DC. 

Bueno no olvidemos, que su peli y sobre todo, la serie de Damon Lindelof, estaban muy requetebien, ojalá vuelvan pronto a la Tierra... Manhattan nos vigila.


Si bien... todo, todo, comienza con un baile, postureo alienado, diría yo... Sus chistes caen en lo grosero, por que lo valen, o prostituido humanamente como espectadores invitados a la fiesta sexual del prota y sus botas de cuero brillante... nada que ver con Elvis, o sí... Yo quiero marcha, marcha... marchaaaa.

Lo otro, lo inhumano, sería una comida de tarro bajo la luz de la Luna...

Libando a Tierra... Entre dos mundos.

- Hi, soy una extraterretre y te quiero ligar... pero, hablo de ligoteo salvaje, eh.

- Yo soy PeaceMaker y me estás taladrando la cabeza, por no decir otra cosa... mentalmente hablando, digo. Por cierto, tu familia licuadora... ¡bien gracias! Hostia, se me han enganchado en el cañón de mi alma, tus trompas de falopio...

Es que todo es culpa del guión, que no se corta, es de The Court Enterteiment y WB tv, con terremoto Gunn, para el lanzamiento en HBO Max que nos restriegan las ganas de volar, junto a su Eagly. Ese con plumas y cariñoso como mascota, que te protege como América, joer. O no... porque armas, hay por un tubo y alienados también.

Pues bien, Pacificador más caliente que el láser de Cyborg... desata su condición de expresidiario para enfrentarse al padre, más a la derecha que la carga habitual de sus ajustados pantalones... qué son mallas, joer... pues eso, la mariposa maya... 


Bueno, pues va el bueno de Chris y comenta: "Has dicho ligar o libar, porque aquí se liga menos que en la Liga de la Justicia... Estoy para saltarme una misión entre tus labios, mariposa libadora, me presento voluntario... ¡Ay amiga, Alien-A!

Claro el amor, incluso la amistad, todo está pervertido en esta serie, que incita con el sarcasmo invertido por bandera a la carcajada, mientras los marcianos o del planeta que sean, han venido a salvarnos, con un gusanillo oculto a lo Ridley Scott, pero más arriba... o abajo, depende de la situación en que se bifurquen los fluidos y las risas.

El deseo es tan vitriólico como la fidelidad, surcado de chistes cruzados entre especies y géneros irreproducibles, dejando errores minúsculos a la voluntad de sus personajes, que surcan la frontera de la corrección y el gore, en manos del dominio de la mente o la masacre visceral. El acto que se prepara... es plácido y pegajoso, como una vaca de Milka explotando en el prao... Pues ese, la viscosidad, es el otro golpe que faltaba para destacarnos entre los Venom de turno (el segundo más perverso y sangriento) y anticipado en el Morbius, más soso de Marvel.

La diferencia es radical... 

Un adicto al sexo, Mr. Cena con hambre insaciable, un nazi frío como una máquina de matar en obsolescencia T-1000, hoy Dragón Blanco por Mr. Patrick, un psicópata y vigilante creido con katana y gracia a lo Freddie Stroma, el trío irreverente. Junto a una lesbi negra de grandes proporciones, como su empatía sociable y amistosa, un jefe rarito con un millón de amigos libantes, un vecino bailarín y cotilla, un villano de baja catadura, como el sabor a queso en sus dedos o JudoMaster del ganchito... una rubia inteligente, increíble que sea sexualmente poco activa... y un nerd de más de cuarenta tacos, con conciencia. ¡Un pandillón basurilla, vamos!

Sólo nos queda una invasión, en referencia a Verhoeven, o de ultracuerpos con forma de libélula... pues poseen menos luces que una luciérnaga zombie, en apariencia. Aunque voraces como Brundle Mosca. Y la mayoría con cuerpo, de policías, no vivientes, lo que hay que libar... xDio, rey del heavy metal.


¿Hay alguien ahí todavía...? Pues sí, algo recuerda a Lo Oculto, Hidden para los adentros del scifi... La mente escucha, pero planea grotescamente, captado por ondas espaciales con patas en forma de contagio vírico, esto es una pandemia de lenguas foráneas.

Pero muy bien, eh... No te aburres ni un momento, ni te ablandas un ápice tras noche cerrada sin luz... porque la esta ramificación extravagante del Universo Dc, se burla de la situación de Arkham y sus fugas eternas, como por ende de Gotham, con todo su presupuesto y su vigilante Luna...

Sí, sus personajes atraviesan esa línea invisible, que converge entre la luz y las sombras, pero con más gracia que Batman... Hala, ya lo he dicho, bichos. Y eso que era cine negro... Una de mis debilidades, gracias a los replicantes y Bogart...



Moon Knight.

Dicen los jeroglíficos egipcios que, el faraón debía guiar su barca solar, sobre una serie de pruebas hasta enfrentarse con la gran serpiente llamada Apofis y vencer el mal para acercarse a la última exigencia de los dioses. Allí navegando en su nave pilotada por súbditos más serviles, debían pesar el corazón de su cuerpo embalsamado hace poco tiempo, en la balanza de la verdad, para satisfacer el volumen de su sabiduría, rectitud y bondad del ser humano, frente al peso de una pluma sagrada o conciencia de Maat. Lógicamente más para un dios con los pies en la arena.

Esa diferencia de levedad, era exigida para poder penetrar al Campo de los Juncos alejando las tinieblas, en un grado de sabiduría y bondad suficiente para ser aceptado entre los dioses, la Gran Enéada, y así su nombre podría alcanzar la felicidad eterna siendo uno de ellos. Y olvidarse de vagar entre las sombras mortecinas, ante la reencarnación de Ra que revisitaba sus dones, mejor que perder la batalla frente a la diosa cocodrilo Ammyt, que devoraría su impuro corazón. 

Eran lo que veían a menudo, parte trasera de hipopótamo, delantera de león y cabeza de cocodrilo, si has navegado por el Nilo, entenderás algunas cosas... Si era aceptado, entonces esperaba el Aaru o paraíso reinado por Osiris, juez soberano de la religión egipcia. Ahí no entra la producción de la serie Moon Knight, si bien se esfuerza en conseguirlo y queda en la puerta... y eso que tenía todas las bendiciones y vistas panorámicas para el rodaje.


Moon Knight, el dios Khonshu del universo marvelita en la voz grandiosa de Frank Murray Abraham, consecuentemente, el paso del tiempo, algo más positivo en la serie como hijo del mismísimo Amón... hijo de Amadeus y El Nombre de la Rosa, hijo de un sirio cristiano ortodoxo, desplazado a USA por la hambruna. 

Se distancia de los superhéroes denominados clásicos y sus trastornos egocéntricos, curiosamente, y se aferra a esta mitología inmortal, que se cernía sobre la batalla final del cuerpo momificado, preservado para obtener la vida eterna. Sobre todo, los poderosos ciudadanos del antiguo imperio egipcio, aunque aspiraban todos a ella en diferente medida, incluso los soñadores, la búsqueda fundamental o personal, entre luz y obscuridad, muerte no definitiva quizás. Poder entre los elegidos. Tal vez como Spector, abrazar una segunda oportunidad tras la muerte, como otros que adoptarían su forma con la luna en el pecho.

Por eso, fueron sus creadores Doug Moench y Don Perlin (amo de mi roquero favorito Ghost Rider), los que otorgan al lunático dos personalidades distintas gobernadas por el dios del cambio lunar, que discuten los márgenes ocultos de lo correcto o la justicia, de la amistad y la venganza, y de eso llamado universo caótico sobre el amor. Que no diferencia a dioses de mortales, salvo por la lunarkinesis, ni siquiera para las vendas temporales que ocultan sus rostros heridos por el miedo o sus momias en el armario. Además de ser comparado con El Hombre Murciélago, excepto por su problema del trastorno de identidad asociativo, que alimenta sus diferencias en la mente, como la venganza.


La esencia visual de la serie Moon Knight permanece durante los escasos cinco episodios de esta primera temporada para Disney+, pero no soportan el peso de una estructura hueca, ni el paso de los límites espacio-temporales, donde no se controlan las visiones mortificantes de los héroes, y de la acción que se ahoga en las mareas inconsistentes del tiempo y la arena soportada. Es decir, en su parte última.

Existen constantes referencias a las relaciones entre ellos, monstruos y dioses, pero la búsqueda de la verdad esconde lagunas o distracciones, donde la historia deja de importar y los personajes quedan amortajados por una realidad que parece una pesadilla onírica con Teuris y su equilibrio en el Duat, más allá del Imperio Egipcio y su concepción en Escarabajo Escarlata. Esto es, que no acabas de interesarte por sus aventuras, ni sus obras sagradas, el culto de los egipcios. Supone una excusa para construir un superhéroe con intereses accidentales en relación a la balanza de la justicia, nuestra cultura moderna de tv.

Todo sucede por casualidad, como en los caminos de un sueño del que acabamos de despertar y no recordamos sus etapas, con la perspectiva de su firma Jeremy Slater, del que desconozco los trabajos para la tele, The Exorcist y The Umbrella Academy... no me llaman mucho, la verdad. Al director Mohamed Diab (El Cairo 678) y con el enfrentamiento de Oscar Isaac y Ethan Hawke, eso sí, pero no suficiente para dejarnos extasiados. 

Son los dos extremos de esta balanza, que no conseguimos estabilizar aunque los dioses se convierten en gigantes a los pies de la Gran Pirámide de Giza, o las estatuillas ocultas en los márgenes de su templos dedicados a sus divinidades, tomen vida más estilizadas, respecto a sus creencias religiosas del pasado y sus hermosos dibujos en piedra.


Por tanto si The Peacemaker tiene los pies plantados firmemente en la tierra, aunque su mente divague entre las estelas grotescas del universo... este Moon Knight no soporta el viaje del culto antiguo y el Juicio de Osiris, salvo un poco de misterio identitario al principio. Ya que va dando tumbos entre figuras de un mismo plano dividido en la tierra, que convive con aquella antigüedad faraónica que muchos valoramos o adoramos, por sus grandes hazañas en muchos aspectos. 

Lo grotesco por tanto, vence a lo elevado o lo magnánimo de la cultura, en este tablero donde las fichas se mueven por la narración del cómic, con un humor que se bifurca en favor del abanderado de los antiguos Watchmen, conocido como aquel, El comediante vs Metamorfos, que fue en la serie Siete Soldados de la Victoria... 


Era previsible a simple carcajada irreverente, la victoria es para él, el Pacificador de la frontera, un chiquito de armas temer y su pistolón... ¡Pobres butterflies!

Moon Knight por ahora, deberá esperar en la sombra y jugar a los momificadores... ¡qué no se descomponga! 

¿Hay algo más soso, que el avatar de Horus...?


domingo, 26 de junio de 2022

HALO. Season I

 

Etimológicamente, la palabra proviene del latín "halos", que daría nombre a un fenómeno luminoso consistente en un cerco con colores pálidos, que suele aparecer alrededor de los discos solares o los formados alrededor de la Luna.

También califica a un aspecto menos visible cosmológicamente hablando, como un artilugio de soporte metálico que rodea y se conectaría al cráneo. Con la función de evitar que vértebras cervicales se descoloque y así, controlar posibles daños físicos o neurológicos.

En el contexto cinematográfico o visual, identificamos una crítica, para mí un comentario u opinión personal o interesada, que buscamos para identificarnos con algo o dirigimos contra ese trabajo artístico. Si se trata de una serie de televisión como esta HALO, con la que millones de aficionados o fanáticos del videojuego, se identifican o rememoran tras numerosos minutos de sus vidas explorando esos mundos, se puede convertir en una factura a pasar al propietario... Como ya ha ocurrido con otros universos multifandom.

Por ello existe una razón innegable, que desnuda a quien no es un usuario habitual, a los mandos de este tipo de productos de entretenimiento, y es que si bien otras obras se basan en narraciones literarios donde la imaginación es su mayor poder de atracción, en el caso de juegos digitales con sus gráficos de alta calidad, ese aspecto queda reducido al espacio descubierto en pantalla. Y por ende, la crítica artística queda sojuzgada por sus legiones de admiradores, que descubren sus virtudes visuales y los episodios narrativos de la saga en cuestión... También de los detractores, si la misma es positiva, pues conviven halos humanos de todos los colores.

Un ejemplo... JRR Tolkien creó su propio universo y lo instaló en las mentes de muchos de nosotros, lectores, pero no se vio condicionado por una memoria clonada, ni por la magnitud de las texturas o el aspecto minucioso de los rostros de sus personajes. Esas claves fisionómicas o, incluso las localizaciones, podían ser muy descriptivas o concisas, pero abiertas a la imaginación... No una imagen perfeccionada de los personajes o los espacios.

HALO es otra cosa, de la que conocía sólo aspectos circunstanciales de la historia, y algunas concepciones básicas de sus exoesqueletos... Es decir, un halo en la superficie del juego.

Real Player One...

Mr. Steven Spielberg, el productor ejecutivo, lleva tiempo coqueteando con las imágenes procesadas en sus últimas películas, creándonos expectativas digitales de un mundo acondicionado a la denominada inteligencia artificial. Un creador que pasó de ronronear con el diablo, desde el interior de un capó de camión, o modificando las estructuras culturales de generaciones anteriores, condicionadas a millones de bytes actualizados, en una especie de pesadilla o juego.

Ahora nos invade junto a Amblin TV y el socio digitalizado 343 Industries, con esta visión de HALO que comienza con una invasión y mucha acción del mismo estilo a Real Player One,.

Su halo, casi divino ya, nos deja otra vía, "televisiva" y expedita al éxito, aunque la crítica es eso, una distorsión de la realidad y puede producir confusiones en la mente de los espectadores.

Todo comienza con una explosión de movimiento digital, que te lleva a un estado de excitación sin parangón, diciendo para tus adentros, hasta dónde va a llegar esto y adónde te van a llevar, xDio.

Pero, calma... esto no es un videojuego sin tregua, que emerge de la programación descarnada o multiplicada hasta el infinito, con los tiroteos en manos de un Jefe Maestro, que viaja a unos 117 hertzios del corazón.

En los tiempos ambiguos de la literatura juvenil, los enanos metaleros, forjaron esas indumentarias impenetrables que protegían el órgano vital, de manera que podían ir a la guerra, a pecho descubierto... bueno, más o menos, porque las verdaderas guerras siguen siendo una escabechina, sin exoesqueletos o superhombres.

Luego, otra camada de arquetipos bélicos, con expresión de guerreros medievales, continuaría la épica de las batallas campales, forjando una sucesión dinástica de Ivanhoe o los Caballeros del Rey Arturo, hasta llegar a sobrevolar digitalmente, la superficie ferruginosa de la Tierra, e instalarse en los salvajes corazones en serie de la exitosa, The Mandalorian, o estos exclusivos Spartans de la artesanía videojueguil o bélica en primera persona.

Se decía antiguamente, sin mirar al Maestro Supremo del Suspense, que lo que comienza con una gran explosión que altera los ritmos biomecánicos... como es este primer capítulo de HALO... corres el riesgo de estampar tus huesos en el horizonte de sucesos... es decir, acabar con tus sesos revueltos dentro del casco, por inanición o impotencia.

Por tanto, poco a poco, capítulo a capítulo, debes crear ilusiones o alterar las estructuras de la composición, para no acabar despedazado por los alienígenas aburridos, al otro lado... o perdido, qué es peor en cuestión narrativa.

Pienso, por tanto, que ese primer capítulo te conduce a ese estado de excitación, que puedes experimentar en un juego de acción, sin exagerar demasiado también, eh... ya que, la historia se bifurca y presenta a algunos personajes, que prosperan en mundos paralelos que se apartan del caos destructivo de The Covenant y el descubrimiento de el HALO.

El Pacto...

Es difícil llegar a un acuerdo, y más si se trata de la OTAN cosmológica entre planetas y sus fuerzas de choque, cuando te desplazas por la línea temporal de una producción basada en un legado de patrones que desconoces, pues no te has zambullido en la evolución de sus personajes. Suponiendo que esos niños, metalizados, se puedan convertir en verdaderos replicantes con nuevas vidas en otras plataformas, sin mirar atrás... claro, tú tampoco estuviste ahí.

Emergen como verdaderos contrincantes ante tu realidad espurea, esperando que te cuenten cosas, que otros conocen con años luz de ventaja sobre ti... Por eso, puedes caer en la desesperación y pensar... pero bueno, ¿cuándo va a caer otra bomba...?

El pacto de los extraterrestres, bien diseñados como malditos machos cabríos o satanases del espacio, es marearte con su lengua indígena, para mantenerte entretenido o algo por el estilo... Sin embargo, el índice de descomposición va en aumento, el pacto se desquebraja por el poder de una piedra o anillo, que tarde eones de tiempo en demostrar su poder maligno, o no... Depende de las manos que lo manoseen, pero vamos... sin ninguna estrategia narrativa, tampoco.


En el espacio, los gritos no se oyen, se diluyen como puede ablandarse la materia gris o la perspectiva de esa narración, por no decir las escenas de acción, que parecen suministradas a cuentagotas, en manos de una doctora que nos distrae... Es decir, por Natascha McElhone..... que agradablemente volvemos a ver, tras mucho tiempo de dejar de investigar sus pasos en el cine, tras su aparición en The Truman Show, Ronin y la caída metafísica en la nueva versión de Solaris. Un recuerdo a Stanislaw Lem, un polaco especial que está más allá de los cielos. Más concretamente, en el Olimpo de la literatura de la ciencia ficción.

A Pablo Schreiber, canadiense hermano de Liev y con sus casi dos metros de estatura, no lo veía venir ni de lejos, a pesar de haber rodado sin zapatones de plomo, por Los Amos de Dogtown o la serie American Gods. El resto es todo nomenclatura física y química.


Son nueve capítulos, y HALO divaga en el siglo XXVI, se desvía del camino de UNSC, se dispersa por Paramount+ y regresa... ¡quizá demasiado tarde! Porque la dominación de las voluntades, está en esa nube del ciberespacio inconcreta, como una voz o conciencia virtual, dónde no sabemos quién ordena y manda. En teoría los guionistas y el director de la serie, pero sin demasiado fundamento o ideas renovadas... un gusano es un gusano, una piedra es una piedra... y un halo es una imagen, poco más. Para algunos entendidos en los gráficos de la original, muy poco sexualizada, digo Katana, claro.

Los aliens, particularmente, tienen poco peso, más que cuando revientan en última instancia, esa dominación de la voluntades que pregonan, es más bien, la de siempre, las propias entre seres humanos, una guerra trillada entre su pasado y el futuro, pasando por la mente de los científicos que hablan como visionarios y, la funcionalidad de los soldados ante las órdenes. The Covenant, salvo individualidades gráficas, es un palco con los viejitos de The Muppets, pero sin gracia, ni sarcasmo.

Para reflotar la nave, hace falta construir un halo adecuado que se adapte a la estructura, a las palabras, no un revoltijo de personajes y expresiones basadas en un futuro, que es el pasado del videojuego. El Pacto sería ese, identificarnos con ellos...

Spartans vs. Aliens

En las definiciones de la serie, the Covenant viaja por el ámbito fundacional de la ciencia ficción clásica, alterado por esas agresiones entre la humanidad y el apetito extraterrestre, que ha caracterizado a la radio con Orson Welles y el cine de los primeros encuentros, tras la tercera fase... la cuarta sería el contacto físico, la siguiente emocional o... yo qué sé.

Tenemos a Katana metida en nuestro cerebro, sin despertar la obsesión metafísica o literal de las formas, y ahí nos hallamos, en un juego asexualizado, tirados en el horizonte de una producción que no sabemos que camino tomará, dicen que independiente, ya veremos. Con todas las salidas que hay... 

Bueno al grano, realmente, a un servidor me da igual, porque no he jugado con estos aliens, ni al mus... Es lo que tienen los ADN´s, que no quieren jugar porque se aburren... o no quieren aprender las reglas del entretenimiento grupal. Al final, acabaréis encendidos con el mando de la consola entre las cejas o el casco... Por cierto, los colores identificativos para qué son... ah, eso, para identificar nada más. Vale, entiendo.


HALO en primera sesión, aterriza con un estruendo, que puede alterar el curso de nuestras vidas en un contubernio entre especímenes, y se asemeja a una inmigración desafiante, que trataría de suplantar los rasgos identificativos del otro, hasta hallar el arma definitiva de la devastación o aniquilación de la vida, o convertirla en nutrientes básicos, glup.

Estamos más cerca de los insectos de Starship Troopers al mando de un divertido Paul Verhoeven (y algo de Robocop), con menos mala leche desértica o criminal, o aquella de la de los ejemplares magníficos de las sagas emprendidas por el espacio cinematográfico de Ridley Scott y sus ácidos vitales o metafísicos. Para destripar o fundir, entre fauces y salpicaduras.

Todos en busca de una servidumbre exponencial que reverencie al Gran Hermano en la Tierra, o se rebele a los propósitos de sus políticas como en Dune... hasta que despierte del letargo y pelee por la supervivencia real, con los ultra-invasores de nuestra especie, tan inteligente, como sabrosa... vamos, ¡una vaina!

No encuentro más palabras, tampoco las hay... así que, vamos a por los bits y sus ritmos de bots. Que no Beatles, ni las piernas herméticas de Elvis, la Pelvis... He ahí, la cuestión robótica.


Es verdad que la programación se adapta perfectamente a las imágenes de los protagonistas y sus aspectos neutros, que los ceros y unos crean un contexto adecuado con matices visuales y movimientos perfectos en las escenas digitales, que algunos aliens dan escalofríos con sus armas avanzadas o las prehistóricas, y que el traje de los Espartanos se ajusta a los cánones de la ciberguerra estilizada y poderosa. poco punk para mi gusto... pero... las cabezas no acaban de funcionar... esas mentes pensantes... No hay ni rastro de Mad Max y así, no hay manera.

Necesitaríamos más chicha en este enfrentamiento, que se queda limitado por los encuentros armados y la perspectiva de los escenarios, pues se espera a algo, que no aparece, es una ilusión óptica, por ahora.

HALO es un juego de caracteres imperfectos, que no acaba de arraigar en el aspecto científico de las modificaciones sensoriales de los personajes, pero ejerce su magia en la visualización programada, entregada áridamente a fascículos. Tal vez, entonces, sería una película de éstas de taquilla masiva, que vienen con un halo de excelencia visual y universal.


Al final, degustamos una especie de versión pirata del juego, con muchos espacios temporales perdidos o huecos, en un ámbito demasiado trillado ya y con escasas novedades en la navegación de la historia central... la otra, mejor olvidarla, salvo el malo despiadado... aunque desconozcamos por otro lado, su procedencia desértica y las motivaciones, qué ya es importante también.

Esto es Esparta, o no... Pues aún nos quedan muchos soles y lunas, para encontrar una nueva dimensión. Son los jedis en replicación miriclodiana, con más músculos que luces. Con más cara, primeros planos muy cercanos, que espalda.... Escorzos visuales a la digitalización, con arte. Chau




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