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lunes, 22 de julio de 2019

Big Little Lies (Season I).

Sentado en la cima del mundo, quedóse en silencio. Mirando a un horizonte sin límites, observó hacia su interior. Nos contó sus historias con pasión, y sin él, nuestro corazón se distrajo en un valle de lágrimas... con dos letras e, éxito y emoción. Gracias por el viaje, Jean Marc #rip


Así, atravesamos una quinta parte del siglo XXI, cuando nos detenemos a contemplar (sobre todo, en el momento de una noticia terrible, que en el momento de este comentario era una pandemia...), cómo en nuestros días, los padres se mueven por la escasa responsabilidad educativa, con ciertas dudas. Muchos, buscan una protección absoluta, que mantenga el futuro de su apellido tras una burbuja infranqueable... Incluso a salvo de virus, humanos.

A veces, Una línea demasiado cara y permeable, en un mundo automatizado, fácil de atravesar por determinadas infecciones modernas u otras afecciones de siempre... pongamos el acoso. Es la presión adicional a la que se someten familias y profesores. 
Y eso nos produce un dolor tan incómodo y soterrado, interna o socialmente, como si nos arrancaran todos los dientes de cuajo... Pues la sangre amenazada, es la familia.

A la hora de educar a los hijos, mayormente amarrados a una consola,sin explicar suss instrucciones o tratando de subir el volumen del juego, que expulsa tinta de calamar. Se camufla la responsabilidad de la educación, en manos de profesores en instituciones privadas o públicas. No siempre tan acertadas, también hay que decirlo.
Esa seguridad tan hermética, de puertas para adentro, sobre pantallas luminosas, que de manera sorprendente, no son aireadas con información necesarias.  Olvidan oquedades en sus cuentas personales que se deslizan sobre las bulliciosas y peligrosas en ocasiones, tormentosas redes sociales.
 Ya está, hemos creado un mundo de irrealidad protegida, agujereada como un alma sin rumbo... 

Determinadas producciones se hacen eco de ésta, cierta displicencia, Jean Marc, lo sugiere con música, desde el principio de su carrera. Para desengrasar, con polvos de estrellas.
Algo que suscita polémica, si las cauterizamos aparentemente con derivaciones personales en un hogar apartamentado, no controlando las ranuras o enseñanzas asfixiadas, al alcance de inocentes manos e inmaduros cerebros, que combaten en un guerra generacional... Ojo, también entre ellos mismos, a ciertas edades que germinan en determinadas personalidades y odios.

Es el caso último que comprobamos, viendo las repercusiones reales de un documental (y que no tenía previsto visionar por cierta desubicación psicológica), que desarrollaba unos terribles antecedentes de la juventud actual americana, que puede residir en cualquier memoria. 
Fueron acontecimientos perpetrados entre dos niñas, de una pequeña población de USA y el seguimiento que fragmentó su destino, con la voluntad secuestrada por determinados chats o cuentos de terror. El fantasma de dejadez o falta de control, se convierte en imagen alargada y oscura, también surrealista y bastante grimmiana de Slenderman. Terrorífico es poco, como sería  acabar en Gijón con un recién nacido a cuchilladas... sigue sucediendo hoy, con habitualidad.

Como dije, hay espirales mentales que terminan en agujeros negros profundos, cuando se percibe cierta debilidad racional, ya que debemos siempre estar alerta y vigilar para no salirse de su realidad diaria, concentrada en unos pocos bits. Es decir, limitar contactos con la ultraviolencia de nuestros días (recuerda a Stanley Kubrick), ejemplo válido tanto para familias humildes como adineradas, arraigadas o desestructuradas. Donde los profesionales, asimismo, deberían tener su parte de cuota en la vigilanciam siempre que lo permitan... algunos padres... esos padres, identificados por todos. 

Especialmente con mirada documental, si sois admiradores del obstinado, inteligente y gigante Stanley K. con sus recordadas películas, tras lanzarse al frío espacio o hacia la violencia contemporánea y fálica; podéis disfrutar conociendo algo más de su vida cálida en el interior y su exhaustivo método de trabajo reflexivo, con el documento gráfico y notas manuscritas a su chófer privado, discreto colaborador y amigo íntimo, llamado Emilio D'Alessandro. En el disfrutable título Mi Amigo Kubrick (S is for Stanley, en inglés y al descriptivo italiano Trentanni dietro al volante per Stanley Kubrick), dirigido por Alex Infascelli (Almost Blue), que permite hacerte una idea del funcionamiento de la mente del genio y su sentido práctico de la amistad, la protección animal o el desarrollo creativo de una obra cinematográfica, fuera de lo común. 
Las palabras secretas quedan engrandecidas con el paso del tiempo, ¡qué historia más mágica y entrañable! Cualquiera no echa una lagrimita... no sobre la Arena, sino sobre el arcaico celuloide.

¿Mi verdad o... tus mentiras?

La guerra ha estallado. Todo parece ocultarse tras malos gestos e insultos, que se reproducen hasta el infinito, cuando alguien se interpone en nuestro camino... La mentira está a la vuelta de la esquina, de su habitación...
Es el caso ficticio que nos ocupa en esta pantalla, con un desagradable imprevisto entre jóvenes y adultos, de la serie de HBO, Big Little Lies, autoría productiva de David E. Kelley y de esencuentro dirigido por un canadiense de moda, Jean-Marc Vallée, removido en la televisión. 
Mentes gestionando esas diferencias críticas en la forma de relacionarse, entre mentores y sus ´aliados`, con tensión emocional a flor de piel, agravada por comportamientos de los diversos protagonistas reflejados en la serie. Emparejados o no, cuadriculados por diferentes muros y asintonías.
 
Cuatro formas de ver una realidad, enfrentadas por una anónima agresión de su sangre que terminará opacando otras circunstancias más amistosas, ociertas  aperturas mentales con distinta graduación sensitiva o pragmática.
Aquí comprobamos, grandes mentiras, algunos pilares confusos levantados en nuestras sociedades modernas, con deriva clasista, eso sí. Porque el reflejo violento aparece igual, sobre familias que poseen más medios económicos para ´proteger` a sus vástagos, de intrusos o criminales que chocarían frontalmente contra las relaciones personales y sus desviaciones primarias al refugio. 

Conviven las comunicaciones laborales o empresariales, las amistades próximas o recién llegadas en penumbras, las enseñanzas cautivas y, por supuesto, los lazos familiares, más que tensos.
El dinero intercede narrativa y visualmente en la serie, como factor de reproches interesados o las interpretaciones sesgadas, que deberían estar atentas a la presión o lidiar con otro tipo de agresiones que pueden causar un mal irreparable. O tal vez, el final de una condena.

Se perciba... probablemente en esos tensos instantes. Todos mentimos o nos vamos por los cerros de Úbeda, sin embargo,.existen grandes diferencias con nuestra realidad. Con la educación estatal del resto de sociedades o barrios, pues, no sería demasiado común, salvo excepciones que no conozco, la de coincidir diferentes propuestas económicas dentro del mismo estamento o institución pública.
A veces algo resuena a hueco dentro de las íntimas e interesantes conversaciones, aunque más en las expuestas al ambiente general, si nos aproximamos a una igualdad de clases que, decididamente, no es real, o cosa de formalidades aparentes en serie.
Big Little Lies, por tanto, nos subyuga con la diferencia. Sus alternativas tan alejadas de nuestra realidad, nos complacen o reivindican humildemente, viendo la degradación moral. Que no coincide con esa realidad de algunas fronteras, pero está reflejado de forma tan brillante, que nos mantenemos obnubilados en su desesperación... Nos acerca en cierto modo, al lujo y el poder de una escala social.

A otra escala, interpretativa, los personajes están bien construidos, identificados en manos de poderosos actores o actrices, que subrayan con sus miradas, el odio de los conflictos internos y las defectos egocéntricas de sus personajes. Siempre bajo la expresión gráfica de Mr. Vallée, nos convoca a una orgía continua de situaciones conflictivas, desprecios, peleas, abusos... y puede que, algún crimen o acto luctuoso en el futuro. Esto es, tú miente en el espejo, que nosotr@s, limpiamos la sangre.

BLL sería un ejemplo o instinto maternal, mortal, idealmente retratado, que incide en esas distancias insalvables durante muchas vicisitudes o instancias de la vida moderna, con altercados viciados que requieren la atención de los adultos, o maldicen su participación. Pero, señalando que la violencia real, se ejerce siempre sobre el más débil...
En este caso, la localidad crítica está  en Monterey en California, luminosa y populista, que oculta los comentarios pagados de profesionales o profesores, describiendo con palabras o la razón, las imágenes al alcance de todos. Pasadas por el tamiz del creador de la clasista y sexualizada, Alli McBeal. 

Cuando se contempla miedo o ira, se desata el lado salvaje en la supervisión inconstante de tiernas mentes, rodeando las familias por una realidad alternativa o incluso la fantasía, que monta las grandes verdades, cuestiones mediáticas y disfraza las pequeñas mentiras. Ninguna es lo que parece, ni ellas.
La distancia es imán de figuras mediáticas, preparadas por la calumnia o la culpa, hasta que comienza un baile salvaje, de caretas. Al ritmo descerebrado, de contusiones, falsedades, confusiones falacias o ideas tergiversadas para cada gusto. O disgustos... No puedo opinar si esto ocurre en realidad absoluta, con todos los medios a su alcance... ¿Debería...? No sé, tal vez. Pero no tengo dicho problema o me queda realmente lejos.

Simplemente, no te hagas preguntas... Observa y mejor... reflexiona.

Cuento del Pequeño Gran Hombre.

Érase una vez, un niño que nació con circunstancias malditas, en noche extrema y extraña. Con el tiempo, sintió no pertenecer a ninguno de esos lugares en que se desarrollaba física y psicológicamente, apartado del conjunto. Socialmente marginado o, incluso, sometido a cualquier tipo de abuso o acoso.
Hasta que una tormenta de fuego, imprevista, aciaga, le lanzaría directamente a la colisión, un posible destierro, desprotegiendo todo su ideal, de juegos y sonrisas. Padres lavándose las manos... ¡Pilato´s!

Amenazado desde su interior, revuelto por el orgullo descabezado y la fuerza de su madre, con derrumbar sueños que poseía en otro espacio a través de la voz protectora, y enviándole de vuelta, a un continuo mundo de pesadillas diarias.
Ahora ella baila a solas, desde aquel odioso día o noche de desprecio frente a la pared... aimqie no se trataba de Dustin Hoffman en la tienda de lona y la película singular de Arthur Penn, sino de otro joven blanco, fuera de lugar, fuera de su caverna en privacidad.
 Convirtióse en otro pequeño gran hombre, dentro de un sistema de pequeñas grandes mentiras, otra víctima del mal de los mayores, con sus altercados o ataques violentos, gramaticales, o en el denominado maltrato genérico que avanza como una maldición atemporal. Si bien las madres también puede ser el caos, pero esa es otra película, en realidad...

Destapada por una mala decisión, por otro lado, no discutida, que alimenta esta producción basada en el libro homónimo del escritor Liane Moriarty con sus luchas e intrigas, donde una joven madre, no se inclina por la alternativa más evidente o conveniente, en meses posteriores.
La dura y oportuna decisión, para atajar su futuro sacrificio y detener la culpa, en ambos sentidos. Uno maldecido por aquella terrible agresión sin sentido y un doloroso silencio que amenaza con consumirles, desde el interior de sus cabezas hasta el sexo descabezado; y otro, incombustible y deseable, mayoritariamente... más o menos con mayúsculas como diría en susurros, el cineasta coreano Chan-wook Park, ¡VENGANZA...!

Los lodos quedan en las suelas. Por el contrario, nada suena raro,  debido a la experiencia de su director para definir esta primera temporada amistosa de ocultaciones y diferencias familiares. Si bien todo se amontone alrededor del constante estiércol moralista de la sociedad, pues está acostumbrado a lidiar con esta inmundicia ficticia en sus filmes. Coge la violencia por los cuernos y, finalmente, directo a matar... valientemente, como siempre.

Mientras otras parejas bailan a su alrededor, produciendo contorsiones hiperrealistas y grotescas, tanto, que parecerían ramificaciones de la podredumbre, títeres de alabastro caro. Demasiado distanciadas del tema educativo, o no. Revolucionadas por sus gestos posesivos, rotundas alteraciones, bajo la propia  imagen reflexiva en el espejo. Pero en la ficción, alejada  al resto, como sentencian sus privativas carteras y posesiones. Lo dicho, son polvos de estrellas.

Lo que todo el mundo entiende, tras pedazos rotos y el rostro del monstruo desfigurado, es la representación del odio. Cotidianas derivaciones sobre el abuso y sus condenas sangrientas.

Danzas Alternativas.

Ya que son ricos, en mayoría, excepto aquella estrella solitaria, y siguen entonando canciones que suenan a rancio, a incongruencias emocionales que se agravarían con alcohol y fuego... los artistas van a desmontar sus vidas privadas. Es una batalla en la retaguardia.
 
Cuatro habitaciones, duelos clasistas y episodios de ofuscación, revanchistas, distancias insalvables que tornan a la memoria después de años, con flashbacks más acertados que en la anterior serie comentada, Sharp Objects.
Irrespirable confianza, en privado, bramidos de machos-alfa con su función depredadora, cuerdas que se tensan bajo la provocación, relaciones egoístas y actuaciones narcisistas. Todo se va enquistando hasta una situación incontenible y explosiva. Entonces, activamos el modo de defensa, salvaje como dijimos, asistimos entre sus graznidos o rugidos, a la segregación mediática, vacío de instituciones acomplejadas o miradas poco educadas, alrededor... ¡ay, mayores!

Empezamos a sintonizar los efectos, los enganchones o desconchones, los crujidos de huesos, que atraviesan lujosas paredes de diseño, rostros que se desencajan a su ritmo, desde los sobreprotegidos techos, hasta la cama. Sentimos, enseñanzas profilácticas, de andar por casa... y, otras más caóticas. Casi oníricas, catárticas o malditas. 
Los pasos indecisos por consultas, declaraciones de testigos, como una marejada que nos atrae o nos repele, según intenciones o las propias experiencias. Mr. Vallée las visualizó, indaga en sus secretos de alcoba, gracias a su valor técnico, narrativo y visual.

Sabe como retratar ese caldo de cultivo que crece, contamina las relaciones privados, exacerbado en sus fachadas y falsas efigies, de cara al exterior. A pesar de lo alternativo, a su extravagancia social, el poder adquisitivo que distancia y esa exquisita educación, que se supone, con respecto al humilde. Elige las palabras con que se dirigen a sus cachorros, aún sin dientes ni garras al parecer... aún demasiado tiernos para entender la compleja situación en el interior de sus inseguras mentes. Pero nunca, tontos.
Resalta una serie de rostros famosos para emparejarse con sus respectivas ovejas, o elementos, cabríos celados, para reflejar el ambiente caldeado, sobrevolar la irresponsabilidad, indagar en la demagogia, la hipocresía y la condescendencia. Inspeccionar las futuras consecuencias, adentrandóse en este interesante trabajo del novelista de Liane Moriarty, con su imagen de la manipulación, el complejo y la violencia doméstica. 

Un serie que reconocemos, ante el descrédito gratuito generalizado, y la indiferencia de las autoridades educativas, porque algunos de ellos, significan ese éxito o poder social, de algún modo. El infierno económico  y adicciones destructivas, es otra cosa. Acá el sexo, es la cúspide del placer.
 Luego, la aportación de interesantes actuaciones es la base, para propagar conflictos enquistados y agravados en el silencio, que nos incitan a una guerra. No sólo genérica, sino circulando en múltiples direcciones, disparando balas como palabras, cuando se trata de defender derechos de nuestros hijos, o sus propios egos tutoriales. 

En cambio, el pequeño gran hombre y su cercana sonrisa que parece cada vez, más aislada, ya no será el mismo.Tampoco, aquellas hojas tiernas que amenazan con desprenderse definitivamente y ser pisoteadas, sino se pone remedio...
La hora de la verdad ha llegado... es la hora de las tortas. Digo reflexiones.

Infamia privada/Insidia amistosa.

Desde aquel odioso día, como comenté, todo pareció derrumbarse a pies de la opulencia y, el poder proveniente de su cartera. Cuando las radiografías familiares quedaron reveladas definitivamente, sacando a la luz, lo oculto tras la brillantez de sus fachadas laborales o la roña en sus heridas morales.
 
Se hallaban marcas demasiado profundas, por doquier, que supuraban en privado o de cara a ese mundo social superior, de despreocupación, cubierto de mentiras y otras infamias de postín, reflejadas ahora por el pasado.
A través de la mente distorsionada de aquel sexo, observamos la mugre de la serie Big Little Lies, sus rincones abyectos y especies paralelas, que no queda sólo en esa superficie lujosa, consentida y ligera de cascos. Si no que mete el dedo y remueve.
El masoquismo sobreexcita la tensión y el terror, que muerde la mano del niño dulce con un velo aparente en la mirada y su presionada situación, estigmatizado por humillantes razones, que será operada con trámites irrelevantes y académicos. Veremos si estos jóvenes actores, tienen oportunidades en el futuro, puede que así sea, si sus padres legítimos saben defender sus derechos o su arte.

Por otro lado, los misterios desvelados convenientemente, aportan apoyos y manifiestan rechazos que dividen a la opinión pública. Es lo bueno de estos casos, la referencia significativa de esta serie, que enfoca con distintos pensamientos, el problema. No cauterizado a la finalización, te guía sobre el sillón de casa.
Sensaciones que se irán desangrando o madurando, a medida que avance la narración de esta función hacia el desenlace y los rostros al motivo de las disputas paralelas, casi perpendiculares a esta violencia contemporánea, menos glamurosa.
Cada individuo, sugiere una acción determinada, sobre la sobreprotección o el cariño, que no se demostraría en su convivencia personal. La ligereza con que se abordan los graves problemas o divergentes propuestas sexuales, es una magnitud de sus pretéritos engaños y conexiones actualizadas. Y, sobre todo, un teatro a la cara, abordando los complejos al mirar al otro.
 
El valor clasista, como la propaganda cultureta que se esparce como la m..., por otros lares, reproduce  toda la insidia que amenaza con estallarles entre sus manos doradas, muestras del becerro. Sus puños y uñas, abrazando a sus hijos, golpean a los demás, sus labios son proletarios, contumaces como armas de destrucción. No masiva todavía, sino encapsulada por el dinero y la efervescencia temporal de otros atractivos contactos, cortantes como un disco de vinilo roto. O una figura de famoso, tirada por los suelos de la historia en un disfraz.

La historia se escribe con dolor, abusos, silencios y... miedo. Durante los 7 elaborados por el admirado Jean-Marc, prevalecen paralelismos en las parejas, al margen de la acusación principal, girando alrededor de estas cabezas desbocadas que luchan enérgicamente contra una injusticia. O no, para caer irremediable e ilógicamente, en redes de dicha violencia.
Falta de comunicación y desajustes generacionales, generan violencia y forman la esencia que va a contaminar esta escena del crimen, sin solución. Las pruebas macilentas convergen sobre la carne señalada de tus vástagos, para demostrar como aquel documental terrorífico, que toda la vigilancia puede ser en vano si no utilizas los ojos bajo el cerebro.

Si un enfrentamiento clásico de patio de colegio, con jefes de igual edad, se escapa de las manos y se desmontan los argumentos con cargas de profundidad personal. Mientras se genera la insidia, sobre las mentes que se creían amistosas.
Sin embargo, sobre ellas y las infamias que se revelan en secreto, saltan osamentas fracturadas, y los colmillos del depredador se erigen como representaciones diabólicas, de puro mal.
Incluso entre estos despreciables ejemplos sociales, existen momentos para la distensión, la risa o la resaca figurativa del denominado star-system. Especialmente para el fanatismo religioso, también incide en aquellos seguidores al arte moderno y la fam, que se verán reflejados en sus existencias tangenciales y antifaces para sueños más nocturnos. 

Al fin, se ha creado un clímax sensitivo y emocional, al compartir sus efigies con luces, y sombra, en el recuerdo de las Audrey´s y los Elvis del mundo.
Uno de ellos, alienado también, pues pudiera no estar demasiado contento, en comparación dramática. Allí dónde esté o se esconda del presente... Suspicious mind, the king.

La Función...

Antes de la sospecha o la locura, la irreflexión y el daño, charlemos de narrativas brillantes, de tiempos remotos sobre la cinematografía de Vallée, bailemos de gusto con sus gráciles observaciones tumorales, silencios desgarradores y sus burlescos tiempos. Miremos por la ventana... y cantemos.
Maullando como gatos acampanados, chorreras de birra y no champán dorado, macarras de ajustado pantalón... y gatas alucinadas. Excepto una, más bien vengandora y celada, ya no en celo.
Sin la atención o las respuestas necesarias, la función se desparrama sobre una sartén satírica, donde la obscenidad se desprende en esa escalinata de viejas estrellas enterradas, no en la memoria.
Esto es, no preservados al vacío, ni abandonados como inocentes niños, cuando hacemos el amor... o la guerra. ¡Un fregao de verdad! 

Las cortinas, se descorren del humo condensado, que escondía los verdaderos sentimientos, las debilidades o el pavor a la soledad. El poder desafiando a aquel acto sexual que reventó la primera etapa de reconocimiento, pasional, estrafalario y arrogante, como de vikingo o cavernícola de otra era.
Cuando la responsabilidad sale a flote del océano de ocultación y el tremebundo, incontenible, paralizante... ¡maldito miedo!
Ahí converge todo, por el momento...
Cayendo como un castillo de naipes, rodando las unas sobre las otras, relaciones... las unas sobre los otros, promesas, y viceversa.

Desmontando el tiempo de las decisiones erróneas. 
Portando disfraces que se van amontonando como pieles vividas, sobre el baúl barnizado de pátina y mentira. 
Mientras, pedazos vuelan girando como metralla de películas a su alrededor, reproduciendo canciones, puede que inimitables, dejando desnudos a los miembros de esta burguesía o nobleza norteamericana, de facto. Representados una y otra vez, sobre el escenario de la contemplación asocial o la rocambolesca vida.
Es un momento mágico. Sin preguntas, como dije. 

La trabajadora usual, no pertenece, pero está. Las categorías se han nivelado, no al ritmo de las fuerzas innatas de la naturaleza, pero casi... Los niñ@s son el cebo o la carnaza... la imagen de nosotros mismos. Las redes para pescar en ríos revueltos, el ancla para permanecer fondeados al pasado. El arpón del Capitán Ahab...
No te lo pierdas, después de las Queen-s. Al final, hay sorpresas, vistas o descritas desde aquí.

The King.

En ese instante intrigante, cuando todos íbamos a picar, el contexto nos lleva a otra travesía o una fiesta, entre reyes y reinas. Afortunados herederos que navegan en un mar en calma, de apariencias externas, mientras se preparan para repartirse las mejores ´cañas`, lanzamientos... y galas.
No me digas que no aprecias, acaso, ¿amante de la música o el cine clásico?

Las enseñanzas han quedado enterradas por el cieno del tiempo y las amarguras pasadas, por nuevas reacciones que silban como las balas en el OK Corral, en esas habitaciones a ciegas que aterrorizaban a Miss Hepburn. Con las peleas genéricas dentro de millones de coches, que se aparcan en la obscuridad, solos. Mientras los rivales en flecos y cueros ajustados, como navegantes iracundos se enfrentan en salones, a ballenas imposibles.
Exigentes cantinelas o teatros de tragedia griega, en cuatro actos... por esta trágica vez. Vamos... ¡qué se arma la marimorena! ... O querida, Audrey.

La locura con que envolvimos la inocencia, es un frasco hermético para el Rey. Con vigilantes, no educadores con resolución, se elabora una trama excéntrica de famosos, clavándosela por la espalda. Entre nuevas tergiversaciones genéricas y las descalificaciones personales, miedos alternativos a la soledad.
El concierto está lanzado con voces de desconcierto, crispando hasta la más pintada o disfrazado de reiterado rey, de forma que aquel maltrato físico, psicológico y metafísico, se reproduce ante el escenario o las escalerillas a la fama. El telón de esta función primeriza, está a punto de descolgarse... fin por ahora...
Ah, bueno... restan un par de cosas.

En primer lugar los protagonistas físicos de estas Grandes Pequeñas Mentiras, que dividen la guerra entre gatas de lengua afilada y aquellos machos encabritados, todas cabreadas y algunos poseídos de cierto carácter, digamos enfermizo.
Nos encontramos agresividad de muchas vías, con mensajes textuales accionados como trampas, manipulados por las estrellas.
Stellan Skargard el comportamiento vikingo del presente, como todos aquellos hermanos, enloquecidos o haciéndose el sueco frente a la violencia conyugal. La divina y sexual Nicole Kidman, estilizada hasta en las posiciones más incómodas. La pareja desequilibrada en verborrea de Reese Witherspoon y Adan Scott (desde su papel satírico en The Disaster Artist), el pasado sentimental que les persigue (o reabren) en el trabajo de James Tupper... triángulo poco explicado.

La expareja Oren Berg con la nueva compañía, tan agradable como Zoe Kravitz, el poderío económico e interpretativo entre la admirada Laura Dern y la volatilidad de Jeffrey Nordling. Por último el pequeño proscrito, un Ziggy de ojos tristes, Iain Armitage (joven Sheldon y próxima voz del barbilampiño Shaggy en Scoob) entre otros de otras camadas, y bajo la vigilancia reservada de la actriz Shailene Woodley, enfrentada a la imagen indecente de un pretérito maltratador. Con su pistola cargada, in memoriam. Estará cerca del director argentino Damián Szifron en la película Misanthrope, buscando con el FBI a algún terrible criminal y en la voz animada y salvadora de Arkie, co-escrita por los hermanos Jurevicius y Matt Everitt, uno de los animadores de Lego.

Una raíz violenta, elevada a la cuarta potencia de parejas, secretismo, sexualidad, educación y la revelación final. El desahogo existencial de la venganza, la libertad del futuro... de una segunda temporada en otras manos o facetas.
La otra canción, reside en la puesta en escena, con la banda sonora de Michael Kiwanuka y la entrega total a la idolatría. A la reverencia hacia las estrellas del pasado, su imagen potente y su música. La esencia de otra época, que se encuentra con ésta y resulta una pelea desigual, entre las Audrey Hepburn´s y los Elvis Presley, de nuestras entretelas... la Dama vs. el King.

Si Miss Hepburn es el sueño con que muchos adultos de ayer y hoy, idearon o fantasearon apartados de su documental más personal y cotilla, titulado Audrey; Elvis The King, es el amargor del sueño americano. Dulce y amargo, por la historia de los USA con conflictos raciales, cambios políticos y demás asuntos sangrientos, en un salto cultural por el misticismo, la privacidad invisible de la estrella y la actualidad de nuestra alienación, golpeados por el paro, la miseria, los acordes del rock y la adicción. ¿Pastilla roja o azul, cuál eliges?

El estupendo documental de Eugene Jarecki, con el mismo título homónimo, se sube al Rolls Royce de esa historia, con el número 1969, la visión pesimista y la amargura de nuestros tiempos. Cuando el hijo de un camionero y Gladys con orígenes sajones y tatarabuela de sangre cheroqui, se verá acusado por apropiación temática. Fue la figura blanca que unió (o imitó según sus más críticos) los ritmos negros del cadencioso Rythm and Blues y la pulsión guitarrera del hillbilly, con lo que fusionaría en Rockabilly.
Además de poco bagaje culto o poético, hasta la definitiva liberación, se convirtió en cometa ascendente, con un abrir y cerrar de ojos y la manipulación comercial e interesada de un Coronel conocido como Tom Parker, después de que Sam Phillips (creador de la mítica Sun Records) le pusiera en órbita, gracias a su voz y los movimientos irrepetibles de cadera. Culto de las jóvenes de la época, por las diferentes ciudades de Norteamérica, que no el resto del mundo, como hubiera deseado The King.

Le sigo llamando así, a pesar de las críticas de algunos comentaristas, y ante la presencia de otros famosos en idolatría, junto a las voces de varios viajeros anónimos, desde su barrio en Tupelo (población mítica y obrera de Mississippi), hasta las canciones que pasaron por el Memphis tumultuoso de Tenessee y los artistas que rodearon su corona, de oro y espinas. Los ecos de RCA Records en Nashville, la enormidad de New York, donde Elvis se iría convirtiendo en un King Kong, atrapado poco después en una celda de asfalto y neones, cuando marchó a la guerra de Mambrú por Alemania y la desidia artística del amado Hollywood. Hasta descubrir los interiores de Las Vegas, su otra gran cárcel, a través del recorrido del documental por la Ruta 66 y el sarpullido en la búsqueda del Dorado Sueño pretérito. Para acabar arponeando a la mítica Moby Dick, o frustración, ya enfundado en su traje negro de cuero Acab - ar, y su tumba extensa, oceánica en la tierra de Gracia.

No sé si a Elvis Presley, le haría mucha gracia verse reflejado en un disfraz tan repulsivo, pero el Rey siempre está por encima de todo. Al menos, en aquel trono de su historia encorsetada en un documental y la voz exprimida por ese éxito meteórico, durante el ya pasado siglo XX que en paz descanse. Su ritmo estelar nos queda para mantenernos bailando en la actual cuerda floja, de nuestra particular alienación. También nos quedarán las películas de Jean Marc Vallée, un gran director que nos deja su huella indeleble.

En definitiva, dos maneras de vivir la existencia, como monstruo o arponero liberado. Finalmente ambos cazados... como todos. En blanco o negro... Aunque por el medio, siempre queda algo brillante e inolvidable, casi mítico.
Ahora, sí es el fin. Gracias amada Audrey, por las viejas fotografías y tu magnífica o divina presencia.
A kiss, be careful... y ¡viva el Rock&Roll y el blues!
\,,,/

Midnight, the Stars and You • Ray Noble Orchestra & Al Bowlly


Big Mama Thornton - Hound Dog and Down Home Shakedown.


Elvis Presley - Jailhouse Rock.


domingo, 7 de julio de 2019

Sharp Objects.


Aproximadamente, casi quince años atrás, como el amor de la canción, empecé a recorrer una vía destructiva y reconocer el camino cinematográfico emprendido por el director canadiense Jean-Marc Vallée.
Una historia hiriente que no coincidía con varios estereotipos familiares, donde se reservaba un papel especial y una banda sonora que te marcaba por su calidad o la representación en imágenes del drama. Desde su tierra natal de Montreal, se hizo gigante y decidido ante lo desconocido y el éxito profesional, observando de lo que era capaz, contando con su particular punto de vista y sus convulsas narraciones en entornos castigados y polémicos. Alcanzando a todos los miembros excéntricos que pertenecían a sus peculiares familias, en conflicto eterno.

Poco después, al visionar algunos minutos de aquella, su obra maestra C.R.A.Z.Y., advertí que era otra forma de narrar, completamente arriesgada, visualmente atrevida y de montaje sin par (si bien llevaba 5 trabajos en su currículum),y mecha para filmes futuros, como The Young Victoria, Dallas Buyers Club, Wild o Demolition; aunque incomparable en otros sentidos sociales, criminales y educativos. Rasgando la piel del espectador hasta hacerla jirones, para ir descubriendo un mundo escabroso, lacerante, pero lleno de matices y discursos abiertos, cargados de alta tensión. En el pensamiento crítico que evoluciona en nuestra mente pasados los años, hasta derivar al vacío, a una caída sobre sus actuales reflexiones y trabajos en la producción televisiva. Quizás, por eso, andaría un poco constreñido por la multiplicación de las propuestas. El trabajo es bueno y afilado, hasta cierto punto.

En la gran pantalla, aquel trabajo resultaría brillante, denso y vibrante, con una mente abierta capaz de albergar las diferentes posibilidades, la crítica y desarrollar todas aquellas vidas dolorosas. En alguna ocasión, más bien, patéticas. Percepciones que arraigan en el interior de los seres humanos y lo dan la vuelta como un calcetín, con algo de aroma a efímera esperanza. Con alguna excepción...
Hombres y mujeres, juntos o revueltos, enfrentándose a sus diversos problemas diarios, en árboles genealógicos que devoran desde las entrañas y echando un pulso particular a tan fragmentada institución... Como veríamos, incrementado por cien en posteriores interpretaciones sobre el dolor, la mentira o el celo, la sobreprotección paterna y la falta de comunicación. O por encima, el desentendimiento entre clases.

Sin embargo, ahora las palabras e insultos, crecen como una enredadera, trepando sobre el pasado en nuestro cerebro y descendiendo por la dermis de sus personajes femeninos, cambiantes, habladores y posesivos. Aquí separados en tres partes, que engañan y se enfundan en trajes adictivos, alimentándose de su energía cinética, hasta ir menguando el espíritu inicial de la serie. Descomponiendo cada tierno brote a su alrededor, comparando la infancia o juventud, comparando con la edad adulta, acabando con la inteligencia subjetiva o engañando con energía positiva a la vida real. Esto es, ideando un juego primitivo, el viejo juego de las apariencias, de disfraces cara al exterior, de tretas enemistades, entre ideas y callejuelas donde ronronean los gatos, entre otros cazadores peligrosos, acechando a los pequeños ratones. Las víctimas, ¿no lo sabías?... Normalmente, hijos. Puede ser... una maldición que sobrevive a las civilizaciones o sociedades modernas.

Desde luego, echando la vista atrás, sobre las peleas de aquella impactante película titulada Crazy, comencé a entender los entresijos ocultos de Mr. Vallée. Sus devaneos con la violencia física, el desprecio personal y el mal carácter de algunos personajes, tanto físico o verbal. Acciones que anticiparían los desaires familiares de hoy y las diversas repercusiones sociales, multiplicados hoy en sus distintas facetas, clases y formatos.
Las implicaciones morales que le gustan a este peculiar realizador canadiense, vienen marcadas por una estética particular, estilizada, envidiable y moderna, que no deja indiferente al espectador. Al igual que las referencias a sus personajes (masculinos-femeninos) que se van retratando durante esas regresiones temporales. Con vidas contadas como otra historia dentro de la siguiente, y desarrollando estéticamente esos ambientes enfermizos que los envuelven. Así como los ambiente, les hacen vulnerables, casi siempre.

Regresiones conflictivas.

El tiempo pasado, es otro personaje más, que va creciendo en regresión conflictiva con el presente de los personajes, ya de por sí, miembros caóticos en sus viajes familiares al más allá, y la violencia infinita. Dolor sometido, entre el onirismo patético y visual, la desnudez narrativa o esa asfixia mediática, que funciona silenciosamente alrededor del todo. En forma de expresión enfermiza de la realidad familiar.

Siempre luchando, con la esencia femenina en conflicto perpetuo, respecto al agrio carácter masculinizado sin compasión. En esta última ocasión, siempre mirando directamente a los ojos de los vástagos y la debilidad evocadora del proteccionismo. Sharp, son pequeñas incisiones, grandes heridas metafóricas, que recorren el pasado, explotando en el presente, para recrear una ´guerra` actual e interna que deja multitud de cadáveres o mentes traumatizadas, por sus numerosas implicaciones. Objects, serían los juguetes rotos...
Sus visiones parecen verdaderas recreaciones poéticas, salpicadas de tendencias extremas y violentas, palabras que dañan más que las heridas físicas,y que desarrollan las problemáticas de la sociedad contemporánea. Hasta reflejarse en nosotros, el público.

Extrañamente, Jean-Marc se dirige hacia el abismo, o ese lugar donde realmente se convierten en reacciones psicosomáticas y peligrosas, el terror. Ejerciendo un poder enfermizo, que ahondará en el posterior crecimiento de viejos comportamientos individuales, ya sea como seres adultos, o verdaderos monstruos.
Con el tiempo, y las ganas que nos quedan abiertas como aquellas heridas históricas y sociales, el también guionista y editor de la región de Quebec, Mr. Vallée, se ha convertido en un productor de éxito para HBO, tras sus primeras películas más desconocidas (a las que debería hincar el ´diente` en algún momento... si llegasen con cierta facilidad a mis manos). A través de dos sonadas incursiones en el mundo de la producción televisiva, en la actualidad dramática frente a la realidad. Dos producciones que convergen en aquellas duras circunstancias familiares del pasado más loco o inquisidor, y los desencuentros genéricos que lo hacen especial ahora. Son fragmentos desequilibrados enfrentamientos de tutores iracundos, con sus vástagos.

En aquel filme el enfrentamiento generacional estallaba entre los variados puntos de vista de sus personajes, respecto a otros temas polémicos como las relaciones personales, los gustos y porvenir de la especie. Desencajes enraizados en la piel y la mente de sus distintos componentes, que irían desde la atracción sexual, las preferencias sobre el deporte, la cultura o una de sus debilidades personales, la música, como grácil telón de fondo. Remarcando sus extremos en la desequilibrada balanza.
Hasta concretarse en procesos psicológicos más dañinos, e interiorizados por comportamientos extremos que pueden causar el apocalipsis familiar, Incluso el crimen.
Fugas temporales y luchas generacionales, son su campo de acción, girando alrededor de la amistad y el sexo, que marcan los pasos descontrolados de los personajes en el ring del tiempo. Cuando la campana no detiene la pelea y se convierte en un locura incontrolable, dolor máximo en las punzadas descritas en Sharp Objects... como en otras anteriores y futuras.

Allí sobre una lona resbaladiza como la mala baba. Entre las doce cuerdas,o las cuatro paredes, normalmente lujosas, el choque paterno-filial estaba casi garantizado, como un ejemplo esperpéntico, adictivo, ruidoso, catatónico y... sangriento en muchas situaciones. Produciendo un caos psicodélico dentro del seno familiar, que se tambalea y amenaza con la destrucción general, o esa parte indivisible de cada elemento, a cada golpe encajado directamente en la mandíbula.
El director es un especialista en personajes atrapados, arrinconados con el rostro desfigurado como un cerdo asustadizo, marcado con sus expresiones de dolor o pánico. Algo racial que llegaría a socavar la protección física o mental de aquellos más débiles, que se encuentran con la violencia de sopetón, debido a la inseguridad por la tierna edad o la categórica represión de los adultos. La incomprensión a cierta edades es la mecha, y la violencia es la incisión, que acaba abriendo el túnel mental y devorando todo en su interior. El verdadero agujero negro en el cine o la obra de Jean-Marc Vallée, además recordando que otro productor como Gregg Fienberg, se entregó al crimen de la mítica Twin Peaks en los años 90.

Aunque han pasado los años, el cine de M. Vallée sigue tocando los mismos palos, agitando las mismas ramas genealógicas, buscando frutos caídos o sustancias podridas. Pero, tal vez, más ennegrecidos todavía. Endurecidos o embrutecidos por la amargura, delimitados por la frustración o el miedo, hasta subdividirse en convulsiones éticas que afectan a otros miembros de la familia o comunidad, contagiándoles (tratándose de vecinos o amigos), hasta nosotros los espectadores. Todos estamos representados en estos instantes de provocación controlada, dentro de una pequeña ventana global y este nuevo impacto generado por la calidad televisiva que se ha producido durante los últimos tiempos. Twin Peaks ya lo inició hace tres décadas, a pesar de las duras historias contemporáneas, que nos invaden en la realidad.
Por eso, vamos siguiendo la argumentación caótica de los tiempos, desde sus narraciones interruptas o imágenes catárticas, las que vendrán o por las que me he dejado llevar a través de pequeñas descargas psico-eléctricas.

Son modificaciones de la devastación personal y las querencias enfermizas, que siempre parecen volver.
Sin haberme percatado de algunas consecuencias temporales que intervienen, hasta ahora, verdaderas, enormes falacias, que aparecen de nuevo.
Sin ninguna condescendencia con el espectador y sus gustos generalizados (a veces reiterativos), esta penúltima producción televisiva de HBO, ha contado con esta especial y compulsiva mirada del director canadiense, para disfrazar a los lobos de corderos, y los corderos de cerdos, para crear incertidumbre irresoluble con su pasado cinematográfico.

Parece que mantuviera su primera argumentación, su primera encíclica visual del desgaste familiar. Pero separada a su vez, tras los conflictos filmados frente a otras categorías narrativas que ha revelado su obra, o esas grandes pulsiones individuales, que conviven con el carácter de sus representantes ilustrativos aferrados al miedo. Los géneros narrativos, se transforman en expresiones televisivas de sus ´pequeñ@s` y sus manadas, así podemos comprobar que hemos girado juntos, chocando, crecimos hacia el actual comportamiento esquizofrénico o terrorífico. Ojo por ojo... y dientes, no para todos los gustos...
Ciertamente nos hemos salido de corral, los corderos siguen en el matadero. Esta es la nueva incursión psicológica y atípica definición contemplativa del director Jean-Marc Vallée, que deambula hacia un interior horrendo, secreto y delicado, como pasara con aquel joven de Crazy.

Ahora adentrándose lenta y peligrosamente al matadero, por este universo de asesinos en serie y las producciones irreales de suspense psicológico, sin marcas ni hemoglobina. Donde el impacto de las agresiones a adolescentes o niñas, sigue acrecentando la polémica y las denuncias que surgen en muchos lugares del mundo. Un mundo donde los acosos psicológicos, los maltratos en el colegio, los abusos o los conflictos en círculos cercanos, no para de crecer. Como esta violencia... que agobia, paulatinamente.
¡Qué algún dios o los American Gods, nos protejan!

La Familia... Des-unida.

Decían los viejos escritos mitológicos, unidas podemos combatir a los hombres, protegernos de las huestes machistas. Muerte a los depredadores que se aprovechan o maltratan, o acosan a las inocentes almas y se alimentas de jóvenes de nuestros países o pueblos. Las hordas de maltratadores que utilizan la fuerza contra nuestras hermanas, marginadas, denigradas, violadas... asesinadas. Seamos una Famiglia, al estilo Soprano´s, piel sobre piel, ¡matemos! Diente por diente, puercos.
Hey, espera que no es el final... ¡esto es Sharp Objects!

Pero, curiosamente llega un director en auge, que avala con sus anteriores obras y visiones maduras, esta defensa mayúscula de la mujer y otras minorías proscritas. Para aturdirnos con el horror, agrietado como un techo para casa de muñecas, acercándose a lo recóndito, en una historia escrita por la guionista Gilliam Flynn.
También periodista como la protagonista y cercana a su comprensión filosófica, adictiva, mediante su extrema educación o formación académica. Autora de aquella magnífica Gone Girl, entiende del fracaso y la persecución, cuando fuera adaptada al cine por el gran David Fincher y su montaje diabólico, hermético e irrespirable. Para descubrirnos otras alternativas posibles a este revoltijo familiar, actualidad genérica, que nos acompaña en el sueño y afecta, que es tema común en pesadillas mediáticas o las preocupaciones domésticas de una escritora de Missouri.

Un lugar olvidado, donde una matanza de cerdos es una parábola o extensión, sobre aquella salvajada familiar practicada tras las compuertas metálicas de una casa tétrica y terrible en Texas, en plena tierra sagrada de los dioses norteamericanos. Eso sí, contagiada, no separada de otras mentalidades en distintos lados o expresiones diarias, pues, muy dispersa es la mirada asesina y cubierta con diferentes pelajes... Ante lo que nos hallamos algo descolocados. Diría, ¿desunid@s?
La actriz de origen italiano (Vicenza), una disciplinada Amy Adams también como productora, se desliza delicadamente sobre los aromas rancios de la familia, con un aspecto y una voluntad, ya no tan juvenil como aparenta. Le falta algo de espíritu rebelde o compulsivo, debido a esos tormentos que generaron otras perspectivas y preguntas sin respuesta, que se ramifican en varios sentidos. Incluido el feminismo respecto al trabajo o el recuerdo del trágico fallecimiento de una hermana mediana. La veremos en el filme The Woman in the Window del director Joe Wright (condecorado por Pride & Prejudice, Expiación y Darkest Hour) y Hillbilly Elegy de Ron Howard.

En primer lugar, las medidas estrictas que se encuentra esta periodista introvertida y variable, al enfrentarse con las bajezas morales de una madre que la llevó por el cautiverio mental, e interpretada meritoriamente por la excelente Patricia Clarkson (Shutter Island y de nuevo, en la siguiente película de Isabel Coixet titulada Light on Broken Glass), hasta cultivar un extraño comportamiento. Las repercusiones del tiempo aciago, el dramático paso por un maldito psiquiátrico y los efluvios mantenidos del alcohol o las drogas de diseño. Sin embargo, falta algo de carácter rebelde y drástico, contra la manipulación o el control, a mi parecer.
Algo que contrasta, con los tiempos reales que corren en nuestros callejones urbanos, en nuestras mentes globalizadas o por familias desestructuradas. Con la libertad aparente, a través de caretas que convierten a los corderos en lobos. Esa falta de seguridad que empaña nuestros sentidos individuales, transformado a la masa en un todo peligroso, empapado de estupefacientes y miradas atravesadas.


Para ello, el realizador fichado por HBO, se fija en sus pieles maltratadas y dentadura, acompañado por sus creadores de Blumhouse Productions y eOne Television, con los que se acerca al misterio oculto en esta pequeña población de Missouri llamada Wind Gap.
También a los estercoleros mentales de una familia acomodada, que se verá ampliada próximamente, con muy distintos elementos a aquellos texanos del gancho y la motosierra, y su gusto por la sangre, sobre la que actúan los silencios, demasiado cadenciosos o pesado, y demás heridas del pasado.
La periodista Camille Preaker regresa a sus antiguas estancias, labores para comprobar que algunas cosas discretas, siguen teniendo el mismo sonido, otro grito de libertad... Que hoy, intenta ahogar entre alcohol, sexo encubierto y diferentes temas del grupo de rock, que no sé bien a que se debe. Esto es, la ensoñación de ¿Led Zeppelin?, cerrando su cincuenta aniversario...

En cambio su misión delicada, apoyada por los compañeros o rescatadores del periódico, tras la noticia queda en un rincón oscuro, irá tratando de inspeccionar el terreno. De indagar entre las sobras, husmeando los violentos actos que se han cometido últimamente, sobre su tierra y sus antiguos vecinos. Una circunstancia remota que reabre nuevas apariencias, que podría ser el reflejo de antiguas heridas en la piel, de instrumento para nuevas torturas.
Es otra cara distante en el director canadiense, son los retratos de unos hombres malditos o complicados, duros estereotipos de enseñanza masculina, que aparecen en esta serie estadounidense, como en otras intercaladas.
Los hombres de Vallée, proyectan las desviadas personalidades de sus padres, egocéntricas o hipócritas, caracterizadas para el complejo de otras generaciones atrapadas. Aquí, bajo la división corpórea de dos policías, que muestran sus diferencias entre sí, y cerca de las representantes del género femenino, a las que deberían proteger... o amar. Rostros ilegibles o dignos de complejos, con los actores Matt Craven y Chris Messina (Argo, próximamente en Birds of Prey, The Fantabolous Emacipation of one Harley Queen). Cuidado con esconder la verdadera personalidad, chicos... Puedes hacer perderse al personal.

Casa de Pesadillas.

Su cine pronosticaba un sinfín de conversaciones al filo, conflictos sociales o pesadillas personales, que anticipan la tragedia con su banda sonora albergando otras posibilidades terroríficas. Se han hecho realidad ahora en la superficie, falta adentrarse en la inmundicia y revolcarse en ella.
Sharp Objects, desgraciadamente, carece de infinitas repercusiones éticas, que pudimos comprobar, en estado latente y mediático, sobre los rostros de aquellos padres y madres, tutores o profesores, de aquella primera temporada de Big Little Lies. Que, en otro orden de cosas, es otra historia futura a relatar en este blog perdido en el espacio y la contingencia social.

Con la gente sentada en sus sofás y ciudadanos vilipendiados o cortocircuitados, observamos a maridos y esposas, hij@s y demás conocidos, entre cuerpos sacrificados, convulsiones nocturnas, y otras marcas muy dañinas en la actualidad. Veremos que nos depara un futuro, posiblemente sin esperanza, frente al odio diario, la tergiversación y la gloria conquistada. Los traspiés malditos que te arrancan los incisivos en la caída, quedando marcado de por vida o son fantasmas crecientes de la vieja medicina. Colmillos apilados como señales, pesos eternizados a nuestras espaldas, abiertas en canal con incisiones pútridas, que supuran y crean otros problemas, más graves aún.
Lamentablemente, serán las heridas, más cercanas en el hogar de las pesadillas y... mentirosas.

Aquellos domicilios, cárceles inquebrantables sin vigilancia, o mirada indiscreta como dije, sirven como ensayo para las nuevas locuras u obsesiones, que nos rodean. Las interpretaciones del dolor o la angustia, confabulan y se retuercen, hasta desaparecer de la vista. Las repercusiones mediáticas, generan pérdida, en una sociedad que convive con el miedo, los efectos narcóticos y el odio generalizado... lugares escondidos, donde nos ponemos en el lugar del otro, solamente en aquellos instantes de soledad infringida sin compasión, o derrota irreversible. Que nos arrinconan en una casa de terror o pesadilla.

Solo necesitados de una posible, voz amiga, siempre puesta en tela de juicio desde la posición tras el objetivo o parada en seco, quizá porque, el Zeppelin fue un aparato que cayó calcinado, con los plomos derretidos. Un dirigible que demarque la separación eterna entre este bien y aquel mal, entre lo correcto y lo denunciable, ante instancias superiores del orden y la justicia, desintegrada en facciones, banderas o pensamientos mortales.
El fin de esta Sharp Objects, es un salto mortal, que para algunos es difícil de digerir o comprender racionalmente, porque no sigue reglas, salvo la reiteración y la confusión. Hasta caer de bruces en la reales pesadillas, tal vez impensables o no, que se representan en imágenes conductivas o insostenibles, que podrían no ser tan habituales, ni edificantes. Un mundo paralelo del canadiense, lejos de los resortes criminales que se observan en nuestra realidad y que no dejan huella, en el presente, con ninguno de sus personajes. Aunque comprendo otros gustos, por el intrascendente viaje al pasado o retorno, a la matanza.

A veces, es mejor no hacerse otra pregunta, ponerse en la disyuntiva imposible o pesadilla condicionada, que pueda dejar toda la carne semicruda en el asador. O demasiado condimentada, que produce mala digestión.
Un trago con implicaciones de otros personajes con sus giros dramáticos y sus perspectivas demenciales, que faltarían para completar las decisiones enmascaradas. Se entreven sobre la edición o montaje demasiado caprichoso o tramposo, comparadas a esas primeras alternativas, más duras y reales.
Los flashes son condicionantes exagerados, en el crecimiento de los protagonistas y dicho terror contemplativo, insostenible entre silencios y gritos alternos, que se mezclan con múltiples regresiones temporales. Creo que tendría demasiada influencia, la multiplicidad de puntos de vista de sus guionistas, cosa que no me convence en estas realizaciones.

Así como la patología encerrada entre aquellas inquietantes paredes a las que nos retrotrae Sharp Objects, para camuflar los impulsos, bajo los instantes más reservados o bucólicos, metidos con calzador por un tema musical.
Típicos sospechosos trastornados, puestos en el candelero pueblerino y punto de mira del observador extraño, calculando los gestos falsos, la mirada perdida del padrastro y sus poéticos gustos musicales, las objeciones de los cuerpos de policía, la sensibilidad de otros más delicados, el acercamiento entre amistades, la madre evidentemente... Mientras, hermanas de distintas edades se divierten, resultando algo dantesco, como la preparación de un aceite de ricino para la protección de estómagos más delicados, la indefinición de habitantes del pueblo... o la selección rockera que se queda huérfana, pero escasamente prohibida o revolucionaria.

Por último, lo más decepcionante, la correspondencia perdida con el pretérito, con las heridas abiertas que recorren su cuerpo y memoria adicta (pero, ¡no eran objetos punzantes... dolorosos!), a través de unos despóticos dientes del diablo que, en teoría perseguirían la nueva carne.
Esta viene representada por una imagen demasiado protectora y bien interpretada, aunque posea marido apolillado, algo pútrido ante los vicios adquiridos y, una medicina que sólo funciona a base de quejas, polvos rancios y palos.
Esa carta no leída, la mejor, se corresponde con Amma, hermanastra licenciosa interpretada por la joven actriz Eliza Scanlen, hasta ahora poco conocida por el público. Atrevida y angelical imagen del enjambre familiar, desafiante ante los desafíos diarios, aunque acosada de varias formas, no descritas o retratadas en ese enfoque inicial. Una chica poderosa de futuro, que disfrutaremos en grandes producciones cinematográficas como Little Women, entre hermanas como Meryl Streep, Emma Watson o Laura Dern. O de otro género en The Devil All the Times, junto a Tom Holland, Robert Pattinson, Bill Skarsgård y Sebastian Stan.

En este mundo de pesadilla, sin héroes, aún tendremos que averiguar lo que se esconde tras el telón final o rendija de lo desaconsejable, drástico e irreparable, en estos días aciagos. Terminar sin salvación, fatalmente de cara al futuro, ya que la serie podría fracasar antes de cambiar los dientes de leche... a pesar de alguna críticas favorables y mera comparaciones con la gran True Detective. Pues bien, sin objetar con otras conclusiones, aquí nos hallamos, con las heridas abiertas, con señales contradictorias detrás de la incipiente línea aconsejada, que desentonan en la silenciosa reflexión. Oculta bajo sobre la piel pálida o agudas maniobras usadas para disfrazar este peculiar matadero, que algunos sopesan... esperan.
Aunque hemos hallado, livianamente, estos gustos visuales del cine de Jean-Marc en Sharp Objects, de características familiares traumáticas para varias generaciones. Sus próximos objetos, serán más afilados, carcomidos por la rabia, concisos como un puñetazo en los dientes.
Posiblemente hasta la locura, o no, puedes seguir intentándolo, hasta lograr el ´crimen perfecto` u observando en familia, ¿unida?, a través de otra ventana indiscreta.

Sharp Objects es algo superficial, un mero rasguño en la historia de la tele moderna, un flash que nos ciega constante y caprichosamente, más de una vez. Un profundo desconocimiento de la realidad o un acierto imposible que no termina cuajando, reposado en una cama en la que se representa el Mal. Un engaño sobre un pueblo mortecino y sombrío, que posee grandes intrigas tradicionales, y patéticas composiciones temporales con un descubrimiento. Un rostro que no dejará ninguna puerta abierta, casa por ventilar, suelo por levantar... Mira hacia otro lado... hacia el lugar del dolor, ¡silencio!
Oyes los gritos, no procede de hombres ni corderos, ni siquiera perros... son cerdos.

Caprichosas imágenes en retrospectiva, de una educación fracasada, que nos deja colgados de una psicopatía congénita, temática que marcará con futuras relaciones materno-filiales, sólo tal vez... En ocultación de pruebas, demasiado cadenciosa, como las tiranteces sexuales de tres figuras desamparadas en género, emparentadas en extrañeza, dolor, enfermedad... muerte, pero... ¿Y salvación?
Posiblemente en descrédito, tras la próxima línea oculta o... pequeña, gran mentira.

Led Zeppelin, Black Dog.


The Woman in the Window, by Fritz Lang.

lunes, 24 de junio de 2019

American Gods (Season 2)


Ser un Dios, verdadero, nunca ha sido demasiado sencillo. Necesitar uno, una constante echando nuestra mirada atrás... pero, no con demasiadas respuestas.
Sobre todo si sus poderes descomunales, quedan encapsulados entre los ángulos obtusos de una televisión. la voz se alza de manera surrealista y violenta, si bien, no se capta o se confunde entre el ruido de fondo, entre los gritos de los seres imperfectos. O entre las aristas venenosas e interesadas, de ciertos Media actuales que tratan de dominar nuestras mentes... almas.

Para Neil Gaiman, saliendo de la oscuridad y disfrazando a sus deidades de héroes infiltrados, American Gods entre nuestra desidia, incapacidad o temor, reproduce su propuesta diacrónica en forma de segunda temporada. Según opinan los entendidos en su obra, bastante equidistante y desvinculada a algunasas acciones de ciertos personajes en su novela.
Aquí en la forma cuadrangular de un aparato plasmático, el concepto de los poderosos protagonistas y familias en los clásicos cómics, triunfaron en el pasado con fábulas (como ahora en el cine) y suenan con dialécticas escuetas y buenas profecías del cuento o la leyenda. Que sin duda, es nuestra historia, americana, europea y mundial. Durante anteriores décadas o milenios ya, como pasa el tiempo... nos identificamos o no, con aquellos elementos más representativos en cada etapa: gigantes y semidioses, criaturas mitológicas varias, faraones, reyes, exploradores, guerreros, santos o vírgenes, escritores, artistas, deportistas... humanos. Superhéroes, que Stan Lee dotaba de rasgos y poderes característicos.

Para los lectores ávidos, se asemejaba a una especie de ritual... De su acción, resta el efectismo y el suspense científico, apocalipsis recurrentes producidos desde cualquier cuerda o hilo argumental. Especialmente, la crisis personal o la deriva de la especie con nuestros errores, que vienen y van, desde arriba o en las conductas procedentes de la bajeza moral.
Así recurrimos a estos viejos factores y datos, para explicar nuestra propia pérdida o bagaje de la especie, que fue la misma representación, desde la creación de los estados o religiones que nos conforman, quedando emparentada esta alienación actual o el miedo, con estos ancianos recuerdos sobre el mito arqueológico y la función creativa de sus estudiosos.

Los eternos o American Gods de Mr. Gaiman, surgen como otra interpretación artística más, de aquellas preocupaciones existenciales, sufrimientos humanos o presentaciones actualizadas, que surgieron y crecieron en tierra como aquellos nuevos dioses americanos en aprendizaje. El cambio fue sangrante, sin embargo, como parecieron serlo en múltiples ocasiones recogidas en la historia pretérita.
En esta segunda temporada, el texto de Gaiman, ha sufrido mutaciones o se encuentra con desavenencias trasladadas al medio y sus variaciones gráficas, hasta cambiar de manos en su producción y conmutar a varios integrantes, tanto delante como detrás de las cámaras. El salto nos vaticina, una proeza épica o una simple bala perdida... observaremos como buenos mortales.

En la búsqueda de esta iluminación o vuelta al pasado del mito, a nuestra historia o ilusiones fantásticas, nos hallamos con experiencias distintas que condicionan el pensamiento actual de Norteamérica y alrededores. Procedencias camufladas por siglos y siglos, de aciertos y condenas escondidas en el terreno, de estratagemas todopoderosas y demás tendencias por venir, creando un choque cultural y la distensión de entre algunos que se suceden a ambas inclinaciones... ¡las veremos en próximos tiempos y experiencias futuras!
Registros televisivos, opuestos. que están delimitados a su vez, por la misma modernidad que vivimos y las raíces de los actuales habitantes. Globalidad que combaten o es producto de la histeria colectiva, por conseguir más voces u opiniones fervorosas, condicionados por la fascinación tecnológica. También como muestra efectista, coordinando la traslación de la novela al medio televisivo e intensificando sus inmensas conexiones en el planeta, con la crítica actualizada. Por tanto, tratando de cumplir con el reto de un concepto demasiado extendido para la mentalidad humana, donde los personajes pueden ser representativos de cada facción o grupo ideológico, como salvadores o fuerzas retrógradas. Aunque igualmente, como humanos aparentes, pueden ser considerados como islas exóticas, versos libres o verdaderas víctimas de la incomprensión generalizada.

Luego, la dependencia mitológica es cuestión de gustos. Estos nuevos American Gods, deberán luchar como superhéroes, para hacerse con un pedazo del pastel y el Nuevo Credo, crédito. Pero, luchando contra el racionado presupuesto y modificaciones narrativas, para no enmadejar los hilos de una producción que parece algo conflictiva y las frustraciones de sus fieles lectores. O fans de Naiman.
Algunos podrían empezar a preguntarse si todo el esfuerzo conceptual e interpretativo, está valiendo la pena... Simplemente, no es asunto de pequeños y frágiles humanos. Quizá, de ´roboces`...? O esos intangibles bots que se instalan en la conciencia y las memorias artificiales, para invadir nuevas formas de comunicación o control... Dioses mediante.

La tradición de la épica y el olvido.

Muchos conceptos han tomado distintos caminos, o el olvido. Las estrategias de un dios de la muerte como Ibis y sus propiedades ficticias en el Cairo, costuras y embalsamamientos que ocuparían infinitos osarios en el horizonte, como mortajas del futuro. La búsqueda de una buena forja, para armas de reyes y héroes legendarios, con que aumentar su trabajo sobre la camilla metálica... Espadas mágicas, lanzas o hachas, que alojan su filo sobre el pecho y la espalda del recuerdo, entre deidades y humanos escondidos tras las galas o harapos infringidos por el poder absoluto. Los ojos de Argus que ya no sirven para ver la podredumbre o el éxito revelado, con dinero y Cadillacs, un juego eterno para recorrer la tierra sacrificada, salpicada con su sangre, la nuestra y de todos los que pisaron su relieve. A los pies de Dante, entre el altísimo caracterizado de Odín, y el fuego eterno, representado por el Otro. Entre avisos mortales de Banshees, la homosexualidad, la pobreza extrema, el racismo, la magia negra, los Magos Grises del cuento, la muerte de otro rey o duende maldito, la imagen femenina, el empoderamiento, la moneda que avive el latido de un amor perdido... la Muerte.

Los viejos Eternos de Mr. Gaiman, en el mundo del cómic desde 1996, que hallamos paralelamente en su obra The Sandman; son referencias precedentes del sueño de Morfeo en Richie Whittle y su personaje Shadow Moon. El solitario de negro que vaga añorando un cambio de registro... o de mujer zombie, pues son los sueños que parecen, a veces, como pesadillas del pasado. Quizás demasiado reales hoy, enfrentándose a ciertas amenazas que son poderosas imágenes, ante el gran bisonte resollando, el águila calva de América o aquel Chacal, como representación del Dios Anubis y sus cambios de humor. U otros procedentes de otras latitudes, deidades o conciencias filosóficas y religiosas, que crean las dos opciones místicas. Sin embargo, en esta serie divergente, las creencias no están vigentes, ya que se desarticulan a base de golpes, tiroteos o mazazos perpetuos, comunicaciones ancestrales entre padres e hijos. Pongamos a un Odín en la búsqueda de su Gungnir y un Thor asiendo aquel martillo irrompible, que se enfrentan a su propia concepción mítica, tal que la ruptura de otras cadenas generacionales.

La narración actualizada es complicada, dados los artilugios y las dilucidaciones demasiado ostentóreas en varias escenas comprometidas, en el cambio climático de la práxis metódica o información. Y olvidando esas otras viejas raíces que no están de moda o son marginadas entre la imaginación o la instalación de un poderoso Norte, que campa a sus... nuevas, anchas.
En este presente se sigue adoptando un mundo de interacción, entre humanos y entes superiores, pónganse dónde se pongan; que luchan y sufren, con todas sus contraindicaciones desde la moral y la táctica ideológica, desde los credos que van alterándose con extrañas diatribas y expresiones conceptuales.
La imagen trata de ser brillante, recordando el lustre del cómic, que en movimiento no es tan reconocible, para dejar huella imborrable en la memoria. Se toma de ejemplo, estos entes famosos en esquijama de colores, ahora adaptados al cuero acorazado de Marvel o Dc, tal vez, para ocultar zonas comprometidas. Malditos dibujitos y sus oquedades básicas... cuando la idea promordial se plasma en televisión, con expresiones repetidas o palabras huecas.

Los malvados son más escurridizos o intocables, que ayer, pues van creciendo a ritmos cadenciosos o sensaciones metafóricas con la mitología y la actualidad. Ya que pertenecen a una parte oscura reciente, que aún no conocemos, hacia adónde se dirige. Un lugar en el que predominan otras cuestiones, alabanzas y funciones, que se esconden en bits fraudulentos y sepultan viejas identidades. Mediante reproches, insultos gratuitos, audios calculados y selphies al borde del abismo, dichosos nuevos dioses. Parece un mortaja confusa para curiosos, usuarios de los medios y posteriores tendenciosas opiniones, frágiles rediles del fanatismo, mentes abiertas en canal, dirigidas para el control de una superior y globalizada. El Gran Hermano de George Orwell, con la cara del sarcasmo intelectual y avanzado.
Sin embargo, efigie vacua, como los pespuntes de un cadáver que no cuenta nada, o un iniciado al rito ancestral que vaga entre el tránsito histórico de la muerte y la vida eterna, como lucha entre un odín en gabardina y un Thor disgregado en el universo... mientras el cadencioso, futuro dominador, sonríe.

Las historias que triunfaban en el pasado, son páginas con espíritu heroico y épica ventosa, de truenos y rayos, en eras que transmitían otros episodios bélicos y derramamientos, que elevaban rostros heroicos, pero olvidaban a infinitos caídos. Hombres, mujeres y niños, mutilados con el horror en serie y rezando a una imagen idealizada del dios; que eran ofrecidos en sacrificios salvajes, desmembrados por sus ideas, bocas o rasgos familiares, vendidos como esclavos, hacinados como basura, lanzados al sueño errante o el vagar real de nuestra historia pretérita.
Por diferentes épocas, culturales y sociales, los sentimos, replicaban las necesidades próximas de los ciudadanos y sus derechos civiles. Especialmente también, compartimos sus terrores. Sueños desde Europa, Asia o África, envueltos en sangre (no sólo del norte), que presagiaban modificaciones espectaculares, dirigidos por los ojos de la Red, huesos esparcidos por esos otros lugares del planeta. Son los mártires invisibles...

Sobre tierras de viejos sacrificios, los habitantes habituales se encaramaban a una batalla diaria, empuñando las armas que blandieron sus antepasados y peleando de nuevo... por su nombre, nosotros o Us, como replicarían en alguna distopía actual del cine. Ahora, replicados según Mr. Naiman y sus elocuentes Gods conceptuales, pérfidos o violentos, dicharacheros o introspectivos, donde todo sigue contaminado dentro de una densa capa de irrealidad que percibe la tele, los Media o las nuevas fuentes de datos, de verborrea rancia, mezclada con suciedad, prepotencia y desafío constante. Es decir, frente a este desafío de lo nuevo.
Abriendo frecuentes heridas, nos los encontramos en la memoria, efectivamente, no hay más que observar las noticias que se inician en nuestros barrios y como se propagan las diferencias y credos. Se comentan las batallas y masacres, por todo el mundo, una y otra vez. Con balas silbando alrededor de nuestras cabezas, inclinadas sobre la pantalla, sobre la intransigencia con el otro. Inmisericordes que dirían... esos otros.

Los poderosos o Eternos, en apariencia, se ríen de nuestra indolencia o inseguridad. Por contra, están creados a nuestra semejanza, acrecentando algunos de nuestros problemas o dudas en creencias olvidadas, con tendencia a la mitología que abarcaría la sangre y el terror. Ahora, encarando a la ciencia computacional, la de los desencuentros infinitos o desagravios crecientes, como en aquellos cuentos de terror o ciencia ficción, que marcaron a diferentes generaciones y representan un gran salto generacional. Cuando entonces, no existía tan siquiera. la fácil intromisión de la televisión.
Por consiguiente, esta segunda temporada de AG´s, es una experiencia contradictoria. Se asoma con ciertos complejos a dichas festividades, herencias o estigmas, disfrazándose para la ocasión, silenciando el pasado común, cambiándolo o mirando de soslayo a reverenciados cultos, que bailan otra banda sonora en la novela gráfica o guión original. En cambio, se consulta a la misma cabeza que está detrás.

Qué dicen otras sentencias o provocaciones, recuerdos de la historia y las convulsiones catárticas en los EEUU, en sus tribus básicas... que generan desvinculación con el argumento y frialdad con la emisión actual, con el big data, descomponiéndose visualmente. Los humanos malolientes, los genios pecadores, los duendes traicionados, los esclavos o los nuevos parias diseccionados por el poder absoluto, condicionados socialmente por aquella idea, tan reconocible... el dulce o efímero, "sueño americano".

Es curioso que, cuando los superhéroes se denominan dioses, ya no son tan interesantes para las nuevas generaciones. Que se lo pregunten a Supermán o la modificada, Carol Susan Jane Danvers, o Ms. Marvel.

La difusión y la Intervención.

Se trataría de una etapa importante de nuestras vidas, no recogida por los libros, salvo en aquella excepción llamada Iluminación. Normalmente entre episodios sufridos, como una serie que no acaba de trascender o provocar, que se queda colgada de aquel árbol majestuoso y tétrico, por las culpas de los hombres y una lanza clavada en el costado. Jesus, ¿estás ahí? No, sigue en la piscina.

Con las nuevas tecnologías, los entes superiores se multiplican a una velocidad de vértigo, zarandeados en la soga de la vanidades y la discriminación silenciosa. La información constituye una fuente total de poder, que disgrega, aísla, corrompe o descompone, reniega creando grupos aislados, estratégicos y disconformes, ante una masa invisible en el exterior, votante, displicente y absorta en reality shows. Pero, estos American Gods, no lo contemplan, se han vuelto hacia sus propios designios y guerras...

La difusión de las imágenes se ha convertido en una poderosa herramienta, para impactar, cambiar la opinión general o causar el mal, mediante la intervención mediática, o dejando una gruesa capa de informalidad frustrada. En las escenas, reales o imaginarias, nada se revela interesante, incluso esta impermeabilidad ante el sufrimiento o el dolor ajeno. Tal vez, se ya demasiado tarde para un cambio, como soñaría Shadow o la nueva batuta de un tal Alexander, Jesse para amigos y dioses, más diversos guionistas, que crean la discordia con infructuosas intervenciones divinas.
Los corazones se desgarran con los abusos y se recomponen, en ocasiones quedan encapsulados en un envoltorio atrayente, mágico o irreal, pero no arrollador, ni mucho menos. Todo se eleva gracias a la estética, a los triunfos individuales o interpretaciones, a cierto éxito mediático o la búsqueda del éxito o el dinero. Estos enigmas mitológicos, se cobijan tras ellos y se confunden entre los documentos o ideas, que narraban sus acciones o profecías, sin identificarse demasiado en este presente, pues pertenecen o buscarían otra incipiente guerra.

Es verdadera batalla, de una humanidad cambiante o tragando polvo por los caminos de los USA, deslomada o sintonizada en un canal sin seguidores. Alrededor de unos personajes que se muestran algo difusos, heridos o hirientes, dependiendo de las armas y las obra, como siempre fueron sus egos altísimos.
Seres que parecen normales, confundidos entre la carne y la mortalidad, la incipiente globalización ideológica de los valores, los veloces cambios sociales y la debilidad del conocimiento moderno, sustentado en otras materias contrarias a la inteligencia o la emociones.
Se ven invadidos, casi desplazados eternamente, con los datos críticos de nuestra historia universal y el pensamiento pretérito que asoma, entre la desnudez del rey y el servilismo de los lacayos. Es difícil y extraordinario, ser un dios moderno, llamar la atención del personal y mandar un mensaje conciso que pueda calar en la multitud y su pensamiento ético, sin condicionar a las minorías. Llenas de milenios de incertidumbre, de expectativas vacías y miedo a la inutilidad, como ejercería la infección de una especie de virus informático.

Sin duda, lo están intentando, tanteando el terreno digital y la difusión radical, en los cerebros de los enfermos por bytes contratados y viciados, cambiando las estructuras a alta velocidad, moldeando las conexiones neuronales y las otras, las físicas... en busca del ser perfecto. Modificando los escenarios, conexión con otras eras oscuras, de escenas que están por llegar en próximas aventuras, presencias desventuradas con el mal y tiroteos eternos.
En capitulaciones anteriores, todo había parecido una locura extraordinaria, otra más, tras una época de oscurantismo inicial o vueltas a las referencias históricas. Después, una bendición surrealista, a colación de infortunios sufridos por aquellos antiguos moradores de la tierra, de oportunidades y festejos coloristas, reflejados en pensamientos o fechas, creencias o referencias culturales y viajes desde Islandia a Nueva Orleans, pasando por la nueva ruta 666 de la Casa en la Roca (Wisconsin), entre otros Thot o Anubis del nuevo Cairo, Vulcanos de fuego, Jesus Prime articulados, modernos programadores y técnicos de sonido, que taparían a Easter al Western de la Pascua, si dios quiere o el público.

Dioses o monstruos.

En esta Season 2, los credos andan tan alterados que producen una división temporal del pensamiento y las opciones de la novela de Neil Gaiman, recalculando la historia a cada centavo lanzado al aire de la primera American Gods, dividiendo el sentido entre dioses o monstruos.
Los seres humanos se han vuelto invisibles. Mera carne para comerciar, si no se pudre antes...

Nuestros verdaderos protagonistas y su imagen poco tergiversada con la humanidad, nos representa en correspondencia con los ancestros o conexiones con el más allá, mirando con temeridad, el futuro y las conexiones posibles. Los viajes sombríos en el tiempo, casi astrales o imaginarios, marchando hacia atrás y mirando de soslayo la metafísica en nuestros actos, que nos lleva a la crítica profunda del ser. De manera rotunda o flácida, según los movimientos de cámara, vemos un pensamiento crítico o realidad mediática, que alimenten la observación, esta penitencia surrealista y una reflexión... puede que no y solamente produzcan sombras en la vieja cueva.

Los otros, se han despojado de los viejos atuendos que pertenecían a personajes exóticos de DC o Marvel, para señalar con el dedo a las tinieblas de épocas pasadas, o el Sol que nos devore. Aunque para desarrollar esta diversión, se reúnan a la mesa de las vanidades, algunos elementos efectistas o recuerdos asíncronos, con que indicarnos la irracionalidad de algunos gestos presentes, la superficialidad de muchos movimientos o el inicio de luchas contraproducentes. Unión, no existe, de momento.
No podemos olvidar que tanto los antiguos héroes, como los modernos semidioses, serían los alienados humanos, mitad hombre, mitad máquinas, llenos de alarmas o amenazas eternas. Con conocimientos sellados en novedosas cavernas digitales, sin pinturas o textos marginados, sólo oscurantismo avanzado. en estancias arquitectónicas soterradas e ideas condenadas al enfrentamiento generacional. Para hacerse realidad o no, en los márgenes desvalidos del tiempo, ahora que todo se trastoca y construye pilares revueltos de nuestra civilización o memoria.

Sin hacer demasiado ruido, salvo en sonadas barbaridades, llegaron junto a este Odín y sus colegas de ayer, vikingos con pesadillas o enfrentamientos que se postulan ante nuestras indecisiones alienadas o esas miradas perdidas y corazones heridos. Polemizando entre sí, retándose en su eternidad conflictiva frente a las expectativas de reinos, de creencias nativas y nuevas generaciones del poder. El contrario disfruta de alta velocidad de regeneración o multiplicación sin precedentes, dinero a raudales corre en la Matrix de las tendencias o inquietudes paralelas. Venían los nuevos tiempos y, ni siquiera Ragnar Lodbrok podía esperar tal sacrificio... digo poder.
Un colapso global semejante a las diferencias entre padres e hijos, a lo usado y lo nuevo, esto es, entre la experiencia de diferentes civilizaciones enterradas y la impaciencia de la juventud.

Estos amiguetes de rayos y truenos catódicos, golpean con bala, espadas o martillos, retando con su idealización poco pragmática, a rivales invisibles. Así, van uniendo fuerzas o deslomándose a ultrajes, infringiendo derrotas que cierran etapas y eras, baleándose a cascoporro, hasta quedar rendidos en un mar de sangre que separó América de Europa o demás. Envueltos en historias trágicas, increíbles o no, que condicionan su paso en la pantalla, en contra de una clave tecnológica y la estrategia conceptual. Esto es, Tecnócratas Unidos S.A. versus La Fe, sociedad limitada y desvencijada.
Hacia un temor irracional, incluso para los muy ´técnicos`, final que nos atosiga, que se ha abalanzado sin previo aviso y conquistado nuestro hogar, dejándonos sin habla... sin moneda o sin cerebro.

Los bandos, lanzándose dardos envenenados como ráfagas infectas, que se clavan en la memoria, se llaman dioses y se comportan como monstruos, quizá en el recuerdo fuera así, o dentro de los ciudadanos temerosos con nuestra propia incapacidad. Han intentando crear un ejército de adláteres, ínclitos fanáticos de sus ideas o deudores de sus conflictos internos. En realidad, intereses de seres inseguros y perdidos, que balarían buscando la protección de un cálido refugio o el tic-tac de un corazón... que costaría un riñón u otra cruz juguetona al aire.
La batalla cognitiva persiste en una idealización de la humanidad, como verdaderos dioses-monstruos, que dura ya, varios milenios, desde que las arenas cubrieron pirámides, enterraron estatuas de salitre entre vapores sagrados del medievo y grandes acontecimientos climáticos de la antigüedad. Observación meticulosa entre algodones de sangre, producto de la sublimación social o cultural, y diluvios a bordo de barcos liberados por un enjambre de cadenas rotas. Aquellas que iniciaron el terremoto racial dentro de los desencuentros actuales o movimientos ´vulcánicos` que funden el metal en barras y estrellas.

La espectacularidad visual se basa en factores reconocibles de la cultura moderna y varias ráfagas sensoriales. Sobre todo, en inflexiones de voz, gestos expresivos o ligeras representaciones de deidades y sus acólitos monstruosos. En plena vorágine de pensamiento nuclear y la intervención ideológica que se expande, que lo envuelve todo, cautivos frente al desparrame de información y su instalación actualizada por los rincones del saber (y la wikipedia), a cada minuto. Esta serie se persigna ante héroes, los actores y actrices y concepción gráfica.
Con esta perspectiva donde los datos, coloristas otrora, se vuelven tenebrosos, venenosos u oscuros, fraccionados entre ayer y hoy, cultivados en serie entre ideas tendenciosas y humores malignos. Enunciados por almas en pena que discurren entre la vida y la mente crítica, en alguna autopistas surrealistas de la historia americana.
Sin embargo, pecados, los nuestros, siguen siendo los mismos.

El resultado pudiera ser esa alienación o pérdida de referentes, según los diferentes ritmos de modernización, en un calendario que sigue arrancando sus páginas anuales, sin mencionar chismes apocalípticos o profecías tecnológicas. Si llega la hora, imagino, que ya la conoceremos con antelación, al menos... de unos pocos minutos.

Mito-Logia.

Por tanto, ante tanta representación de egos, algunos escondidos en redes en silencio como dioses... los ojos de Argus, ya no sirven para ver nada. Hasta los viejos vikingos tuvieron que innovar para navegar, para transformarse en otros argonautas perdidos en su época. No vieron acercamientos ni futuros desencuentros, que definieron los pilares de esta tierra o distorsionarán nuestra realidad paralela. La tormenta perfecta entre el mitos y el logos.
Mientras tanto, los viajes binarios o rutas infernales al viejo mito, se entrecruzan en esta maraña atípica, que desenvuelve una efigie de actor carismático y se desentrama como una sola voz. Gutural, profunda y teletransportada sin esfuerzo por la amenaza silenciosa, entre efluvios digitales que contagian todo a su alrededor. Los mitos son ecos plagiados del pasado, frente a la estética unívoca de la rápida percepción.

Conocemos los mitos, los hemos leído sobre escritos clásicos y en referencias artísticas de diversas épocas, a través de cuadros o representaciones gráficas. Gracias a estos viajes por la historia y la arqueología, hemos recompuesto algunos de sus recónditos puzzles, contrastando pruebas en excavaciones o por nula presencia, siempre colisionando con la verdad. La ciencia avanzada y los descubrimientos tecnológicos, han invadido la memoria, estudiados con inteligencia artificial y la infinitesimal mirada, por el alcance sin par de las comunicaciones y la capacidad de guardar la información. Es lo que tiene meterse con la tecnología, que al final, controla cualquier método de clasificación y reproducción... que somete o adivina, hasta la existencia de aquellos viejos héroes o acrecienta las sombras del pasado.

El método encapsularía con paquetes inconstantes, las ideas defenestradas y los rostros, deseos increíbles y las creencias más insospechadas, ramificaciones temporales de lo inexplicable y mortajas embalsamadas para un viaje épico al pasado. Luego, taras grabadas a fuego en la piel de Norteamérica y resto del mundo, que se aproximaron en océanos de sangre, conformando las casillas blancas y negras, con un duelo entre recuerdo u olvido. En contraposición a las estancias habituales, dadas por las costumbres y las reglas del juego, desgajando pequeñas etapas viajeras a ras de tierra, y enmascarando las desigualdades adoptadas o valores.
Magia de enemigos ancestrales, produciendo esclavos de nuevo cuño, con sus todopoderosas necesidades, sentencias y fríos cálculos. Cuando se demuestra que, dicha alienación, ataca a todos los estratos de la sociedad... incluidos los todopoderosos.
Así, los protagonistas ricos y pobres, se dividen en especies protegidas y porvenires, de sentidos ubicuas, amenazantes o fabulosos, esto es, relativas a la fábula, la creación y el control de dicho poder.

Con la intención de crear una personalidad más cercana al mito, se adaptan a sus calculadas personalidades o manías humanas, que son objetivos preferentes del entramado estratificado y la contradicción. Con muchas referencias a la cultura arcaica, de existencias de personajes o figuras, más o menos desconocidos o reales, según dicten los Media. Todo parece vano, porque ellos son el futuro imparable...

Arrodillados o lacerados, monstruos o héroes, hallamos a distintos personajes a través de las ondas, agujereados como aquel hijo del mito o ciclo arturiano y obra paterna de Mr. Scott arrancada a Excalibur. Cuando Mr. Wednesday carismático, turbio y malicioso, con el rostro de un gran Ian Mcshane se decide por dar una estocada salvaje a la globalización de la memoria, y atraviesa al viejo rey Duende de las monedas, con el recuerdo de saltos generacionales y un nuevo hijo. Thor el Negro, Morfeo de sueños eternos. Ian estará próximamente con el vilipendiando y reverenciado John Wick III y en el biopic del primer rey de New Orleans, el cornetista Buddy Bolden.
Las voces procedentes de la mítica y Anciana Edad Media, se mezclan con los estímulos regios, hasta quedar extralimitados por el viejo espejismo del poder y la gloria. ¡Muertos de hambre, todos!

Por consiguiente, estos personajes de Naiman están muy alterados, cambian de familia y estado, de lugar, hasta ser considerados sombras de dudosa o caprichosa existencia, casi genios recalcitrantes, perseguidos por sus querencias, o directores de la muerte, que se arremolinan en dos universos. Ayer y hoy, repeliéndose sucesivamente, tras cada gran colisión o anuncio de un baile infernal, de derramamientos o producto de la magia negra. Quizás por eso, nos disgregamos al otro lado de la pantalla, con la acción condicionada por la irrealidad pasajera, separando más aún, el mundo de las creencias y nuestra presencia corpórea en el sofá. Claro es un mundo salpicado por la locura y el salvajismo, el odio intrínseco entre deidades muy humanas o reyes alimentados con el miedo existencial.
En definitiva entre dioses omnipresentes, de vieja y nueva estirpe, que juegan con tiernos corazones y sus taras, de esencia humanoide frente a otros de esencia metálica.

En cambio, no todo es dolor, también existen las bromas, las chanzas de los jugadores del tablero o los chistes verdes entre mafiosos, como aquellas familias de la serie Los Soprano, donde una amenaza puede estar servida con vino, cacerolas y unos dardos peligrosos. Por consiguiente, convergerían en el campo de batalla, modernidad cuadriculada y viejos cimientos de mitología envidiosa o rastrera. Por contra, la serie American Gods, poco tiene que ver con la gran calidad narrativa de aquella mítica presencia de la televisión norteamericana.
Las esquivas profesiones que se procesaban en las alturas, son el reflejo del poder absoluto, frente a otras que demandarán más territorio o gestionarán la nueva conquista o expansión supersónica. Todos aquellos aspectos comunes, o no, que se conforman alrededor las dudas humanas, producto de esa conversión drástica y global, cambia rápidamente y refleja su escaso valor etimológico. Cuando una sociedad en los albores de la nanotecnología, se puede precipitar a su destrucción masiva, como en el filme australiano I Am Mother (gracias Terminator); justo en plena implementación del Big Data, la memoria digital y esa inteligencia artificial en los albores. Actualizada con elementos o miembros de altas prestaciones, como el sarcástico Chico Técnico o la Nueva Media de Kahyum Kim más alocada, que declamara su darwinismo religioso con el "adaptarse y sobrevivir".

Pero la monstruosidad realmente, viene dada por sus prestaciones sibilinas y silbantes, las diferentes ramificaciones de Media´s en la red y otras, enormes amenazas debido al carácter sibilino y etéreo de Crispin Glover... Verdad, Mr. World?

Futuro Incierto... Delete.

American Gods, indicaría el cambio de dirección de los gustos o doctrinas, cuando las deidades podrían dudar del resultado de todo ello y modificar drásticamente nuestro futuro. Porque ese todo, parece disfrazado y servido al estilo de aquellos amigos, superhéroes de cómics mezclados en la urbe, a golpe onomatopéyico con un desfile de ¡Boooms, plofs, bangs, Ay!

Gaiman mirando hacia atrás, ha escudriñado el presente de ciertos X-Men contemporáneos e invisibles, de unos protagonistas que adoptan la forma de villanos y secuaces. A la vez tan irreales y camuflados que, sin embargo, existen.
Más allá de los conflictos individuales y la imaginación, persisten en su intente de alistarse en alguno de los bandos de un conflicto inmemorial, tan viejo como el hombre y alguna mujer... o diosa zombificada en la actualidad. Con muestras de violencia, intransigencia e infidelidad, emocional o grupal, sacan sus garras y pelean entre los más recalcitrantes y bruscos en el trato.

El futuro entre las facciones, es incierto, como en las relaciones personales, que nos retrotraen a otros recuerdos que parecían superados. Sus acciones no determinan el presupuesto de esta producción ni otras zarandajas épicas en manos de sus directores por capítulo, sino que enmascaran, despistan, la verdad de un mínimo y la desaparición sonada de Gilliam Anderson, que puede ocasionar el desasosiego del espectador y su continuación en el futuro.
Sin mirar más atrás, la producción se caracteriza por la propagación de extraños personajes o mutaciones, que se postulan en esta guerra conceptual. Igualmente la caracterización de rostros en las diferentes épocas y la instalación de sugerentes escenarios, son un pequeño atractivo o entrada, entre balazos o desmembramientos del pasado, que forjan la idealización numantina o enemistad eterna.

Por ejemplo, faltan más elementos mágicos o fantásticos, la desinhibición germana de Ostara u Oester, que no llevaba a una florida Kristin Chenoweth, u otros personajes casi residuales o anecdóticos, que propulsan al abismo del recuerdo. Son identidades interesantes en la historia, como Vulcano vs. Buffer, Anubis y Low Key, los variopintos Jesus, los animalescos anclados al terruño como El Coyote, Bisonte o Águila, el Leprechaum o Mad Sweeney (rey Eorann y Moria) de Pablo Schereiber, próximamente en serie Halo. Las Zorya´s de la Mañana, Medianoche y Noche, el inconmesurable eslavo Czemobog en la piel de Peter Stormare con su juego de hermano negro y blanco en el tablero de damas... más pérdidas.
Otras representaciones mitológicas aparecen como el Barón Samedi y el vudú alternativo de Maman Brigitte, la teatral Columbia y su pareja Donar el Grande, antes de la llegada de Miss Liberty. Miss Bast y Mr. Jacquel como perro y el gato, reverendos y sacerdotisas sagradas, o el exotismo de Mama-Ji en la piel restaurada de la actriz Sakina Jaffrey, los árabes Salim y El Genio Ifrist, Ame-No Uzume y el cherokee Nun ´Yumu` Wi como monstruo de piel dura, Sam BlackCrow, la Reina de Saba o mantis copulativa Bilquis interpretada por Yetide Badaki, Mr. Ibis o el Dios Thot de Demore Barnes (Hannibal, 12 Monos) y, por último, con Bird y Tiger, Mr. Nancy o el rutilante parlanchín, cuenta-cuentos, Orlando Jones.

El ambiente entre aquellos Old Gods y los nuevos capitaneados por Mr. World o la Red de Redes (dioses o monstruos) se va enrareciendo, hasta sopesar la pérdida de identidad o interés. Remarco, sólo mantenida por algunas interpretaciones o el concepto visual. En la próxima guerra, quizá tomen partido por el poder incalculable de la Red, junto a su fiel Technical Boy por un zigzagueante y sintético, Bruce Langley, la colorida Nuevos Media, The Spooks y The Children, los Mr. Road, Mr. Town, Mr. Stone o Mr. Wood, como los nuevos Mr. Smith´s de esta Matriz. Bacchus, Dvalin y Sindri, los diversos dioses/as hindúes, la representación del Money o The Bookkeeper, The Caretaker del actor Eric Petersen, el faro apagado de Argus de Christian Lloyd y el iluminado The Son interpretado por el actor de origen coreano André Dae Kim. Si te suena de algo, esto es un popurrí... de American Gods.

En los actuales protagonistas de la serie, chispea el aire sobrecargado del pasado y se va calentando entre los vapores de un confrontación sangrienta y binaria, que nubla más de lo normal, nuestra vista al otro lado. La división crepita en los cables, se nos pelan en algún trayecto, atrás y adelante de la historia, alterando su estructura molecular o su existencia en la mente extendida, globalizada.
Sus futilidades o graves acusaciones, nos tocan diversas ´fibras` ópticas, dependiendo del origen de nuestras creencias o la futura de la misión encomendada. La lucha épica, veremos si tanto en la tercera o será un fracaso... son dos seres que divergen más allá del contacto físico, que se erigen en líderes de dos formas de disuadir la existencia o representar la desaparición final.

La esencia se separa, disgregando el sentido único, aumentando la distancia entre carne y el saber, entre nacidos y resurgidos, mediante la participación de numerosos elementos de cada especie, entes mágicos, súplicas, conexiones superlativas o dispositivos sensitivos... cada vez más insensibles. Sus dos presencias, bifurcan el camino de los humanos, viejos habitantes de los U.S.A. y el resto de la Tierra, mutando la odisea pasada de aquella "supuesta" Humanidad y nuestro porvenir como especie inteligente, o nueva masacre.
La fe ciega en un proyecto, puede venirse abajo como castillo de naipes, juego en lucha con una conectividad de andar por casa, mirando el presupuesto en efectos especiales y los viajes temporales. Los extremos de ambas tendencias episódicas y hasta filosóficas, son las que nos mantienen con vida, las tendencias teológicas, no referentes en el espectáculo visual, no llegar a mojarse y, los avances tecnológicos, van tomando más peso en la serie y nuestras vidas. Sinceramente, faltarían nuevas facetas o caras... ¡Delete!

Las diversas escenas, poco asépticas, mayoritariamente son muestra catártica de aquellos ancestrales seres, barajados por la diosa fortuna, capricho de los actuales guionistas y showrunners... y la mano experimentada de Gaiman como sibila profética.

La Tercera Guerra... Inmortal.

Todo empezó como suelen hacerlo las leyendas, con obscuridad, o la salida de una caverna. Historias de guerreros al estilo Gaiman, con sus repercusiones en el presente. Nos topamos con terribles consecuencias en errores pretéritos, ante la eternidad de la fama y la rápida implantación de lo nuevo, con su caducidad vertiginosa... se podrán reparar a sí mismos?

El linaje es un cableado sin fin, que nos rodea entre sedentarismo y el nuevo entretenimiento. Cuando el gran Odín, tensa la cuerda de la memoria y la sonoridad de Mr. Wold, se produce un choque temporal entre civilizaciones antiguas y sus ideas y el humor vitriólico sobre los Media, tan serios y eléctricos. No, ellos no necesitan resurrección, existen y se quedan sin más. No existe el suicidio, sino la interesada desconexión de alguna de sus partes... o del Todo.
Cuando los nuevos dioses asesinan al viejo Wednesday, Shadow obedece sus antiguas órdenes cumpliendo su vigilia encarnizada, imitando el acto de Odín de colgarse durante nueve días del Árbol del Mundo atravesado por una lanza y convirtiéndose al rito. Shadow muere y vuelve a la vida, para sorprender con su linaje divino y establece que Norte América es pésimo lugar para dioses, ahora frente a su hermano Loki... Hijo de resentido y renacida, mientras Anansi se entrega a la labia y los juegos, la diosa se entrega al futuro adoctrinamiento de seguidores. Vamos, como una red social, que combatieran... los unos contra los otros.

Así, estos arcanos de egolatría infinita y otros menos ilustres, se mezclan en Starz, celestial o caprichosamente, cambiando perspectivas de invitados a su fiesta televisiva. Al percibir próximos encontronazos, eternos Nativos versus inalcanzables Modernos, sin saber los efectos de ese Todo... o Nada. Aquí se van escondiendo las claves, llaves de puertas a un cielo, o infierno no eterno, sino digitalizado. que empezamos a compartir.
Fuego gélido frente a las ambiguas lecturas de la historia, tan calientes como la crucifixión u otras. Egipcias masacres, horrores escandinavos, invasiones no civilizada, excursiones sangrientas por el mar, llamas ardientes que abrasan la carne de los hijos, esclavitud de infinitas formas. Rayos y truenos, esto no es lo que esperábamos, Mr. Wednesday, como el sometimiento natural, la muerte. La prueba está relacionada, con Shadow Moon y su ex-mujer, media naranja desvitaminada, Laura interpretada por una mortecina y pálida Luna, Emily Browning, buscando nuevos alicientes laborales y mágicos.

El mito ancestral y aparentemente viciado, en contra la razón binaria, más contaminada todavía. Buena, bonita y veloz, globalizada, en datos conformados por ceros y unos, son púgiles eternos que debaten sus diferencias históricas, en un enfrentamiento que pertenece a los dioses y los caídos en la lucha. A aquellos seres derrotados por la experiencia o los encumbrados por nuestros temores o dudas. Esto es, una guerra de textos antiguos y logaritmos, en estrategia complicada que inventa o trata de dilucidar una entrada ilógica a un mundo exclusivo de muertos y muy vivos.
Para muchos otros, videntes o pensantes llenos de incredulidad, este trabajo "serializado" de Neil Gaiman y sus Eternos, recorre un camino diluido en experiencias inconexas o superficiales entramados mitológicos, constreñidos por los espacios vitales o imaginarios. Especialmente tan catárticos como efímeros, pues fallan determinadas conexiones o explicaciones coordinadas, que favorezcan el desarrollo de sus acciones e historias paralelas.

Difícil de remediar, a no ser con ayuda del humor negro. Necesitaríamos varias vidas en adelante, o no, para dejarnos cautivar profundamente por estos amiguetes en busca de un rebaño, mientras las ovejas humanas andan descarriadas, al frente del espectáculo televisivo o detrás de la muerte.
A veces se prima el espectáculo visual y los efectos de cámara, otras se visita el pasado, mirando con imaginación a ese ombligo histórico y legendario, retratando a los seres humanos y esos otros caprichosos individuos, que combaten el tedio con chistosos comentarios y violencia desatada, ante una guerra inminente de dos bandos, prácticamente incompatibles.
La sucesión distópica está servida, como el propio desencuentro histórico entre nuestras mentalidades opuestas, que se han encontrado en una red de alta velocidad, sin preparación ni entendimiento. Una especie de torre de Babel, que sería la entrada al novedoso conocimiento y el poder sin medida, de trágicas consecuencias que aún permanecen escondidas en el tablero vital.

Porque lucha anunciada, tanto como encarnizada, se hace esperar. Incluso sobre la duración de cada temporada que se completa con esos 8 episodios esquivos, para diez anunciados, y múltiples sensaciones cuando todo presagia un desenlace conflictivo. Con cada discusión o enfoque acalorado, se prescinde de grandes movimientos de masas y efectos espectaculares, quedando en una ligera tormenta, neblina de diseño, propagada ácidamente por nuestras arterias oxidadas. Que ahora, se convierten en comunicaciones horteras y desprotegidas, quiero decir, las vacuas relaciones perpetradas por redes sociales y... que tramarían el control exclusivo de nuestra vida... o almas.
A uno u otro lado del mundo o del árbol de la vida moderna, Yggdrasil de reproducciones, con Mr. Odín y Mr. World, se confabularon las mismas constantes trágicas. Si bien las referencias sociales y culturales, inciden prácticamente en una entidad. No un Dios, sino la real idea, basta existencia, de emociones resueltas en duelos en Ok Corral, de la sangrante propaganda y verdad rocosa, llamada Norteamérica.

El odio se ha ido cultivando de igual forma que el hambre, incesante y paralelo a lazos fraternos entre civilizaciones, con el miedo instalado sobre campos de rancio abolengo, y diferentes créditos. Múltiples capas o generaciones, amontonadas como osarios, de diversas texturas y colores, por edades. Pronosticando un nuevo misterio de plástico fluorescente en la superficie, la actualidad visual que infecta todos los rincones. A través de mares de conexiones informativas y océanos de cobre, nos meteríamos de lleno en otra realidad alternativa, frecuencia sonora o ritmo cardíaco, bum-bum, que nos engloba a todos, como el amor o el dolor. Tal vez, aún más trascendente e inmenso.
Un himno de modernidad eléctrica se está componiendo, con notas siseantes y crepitantes, venganza, odio, horror... noticias bastante desquiciadas, en busca del control de aquel Todo, que los dioses propagaron. A imagen de nosotros o Us, tal como diría un ser dorado con su pesadilla institucional, al que ese todo, le habría costado el doble o... casi la vida, entonces.

Historia de América, borrosa a simple vista, por ahora. En los límites de la naturaleza y con nuestras huellas difusas en el horizonte, transitando viajes físicos sobre carreteras de la actualidad, más profunda u olvidada; donde la condición consagrada es mero recuerdo y este espíritu romántico de cuerpos macilentos, viene condimentado de chistes, de diversos gustos interpretativos e incómodas declaraciones sexuales.
Otras sensaciones personales, como estampas monumentales u olímpicas, recuerdan a héroes de antaño, historietas de cómics o fábulas de gladiadores, con sus batallas míticas. Y demás seres mitológicos, difundiendo la manipulación implícita al ser humano, que llevada a la información y los nuevos medios de comunicación... es visualizada como un nuevo tipo de esclavitud. Dos concepciones del mundo.

Es decir, American Gods o el tipo de complejos superhéroes con poderes místicos, sobrenaturales, llaman nuestra atención, porque se mantienen intrincados, conceptual y culturalmente. Se muestran sigilosos entre la multitud, cutres o peligrosos, despiadados, mentirosos, enamorados o no, tramposos, descatalogados... o infinitos... En busca de fans sobre la parrilla mediática, ante una posible negociación.
La imagen de deidades honradas o poco bendecidas, a veces, parece fortuita o hueca, también. Debido a muchas revisiones del guión e ideas pululando sobre cableados esquemáticos de televisión moderna, basados en frialdad ambiental de automatización, la lucha infecta de especies visuales y esta subordinación sibilina a entidades poco concretas. Veremos dónde nos llevan próximamente sus exigencias, gracias divinas o exabruptos. Tal vez, a la decepción, el insulto y abandono por algunos televidentes, cansados de tanta palabrería y sarcasmo indefinido, tanta desilusión o exuberancia visual o componenda abstracta, tantas religiones o alianzas en curso... Sea moneda que debemos pagar... por ese particular, gran conocimiento.

Tal vez, al contrario... ¡reverencias y a otra cosa!
Una reunión entre Shadow Moon y Muerta, en la Luna. Hasta el fondo, a la tercera temporada.

American Gods Soundtrack, by Brian Reitzell


Vikings Soundtrack, by Trevor Morris.


Avengers Endgame, by Alan Silvestri.

viernes, 24 de mayo de 2019

Del Revés (Inside Out)


El Color del Sentimiento.

Pete Docter es el director de la nueva obra maestra, Inside Out, natural de una población de Minnesota de igual manera que la simpática familia protagonista de la película, mirando la singularidad de una de sus hijas, ha dibujado con su crecimiento real, la psicología y las pautas racionales con que la pequeña de 11 años, concibe la realidad y la fantasía, o más bien, establece su universo interior en su incipiente paso a la pubertad. Dentro de su cabeza, el intelecto funciona como un juego, un parque interactivo o un plató cinematográfico, donde el desarrollo cognitivo es común a la mayoría de pequeños humanos, diferenciados del resto de especies por el tamaño de sus cerebros.
Dentro de su cabeza de aprendices, se aprehenden ciertos rasgos o experiencias que marcarán su personalidad y los contactos externos con el mundo, individuos o canciones machaconas al ritmo de su corazón, familiares o amigos. El trato, la aceptación o la negación, y el dominio de las emociones está en juego por derecho en el filme Del Revés. Esto es, la forma de su pensamiento para expresar sus sentimientos y decidir la toma de decisiones que proporcionarán color a sus vidas y recuerdos.

Pete Docter, también escritor de guiones emocionantes como los dos primeros Toy Story o Wall-E, sugestiona con una de las voces a sus personajes, al igual que los nombres como Amy Poehler, Bill Hader, Diane Lane o Kyle Maclahan o el inimitable Frank Oz, y se dirige con mente colosal, procaz, una historia común a todos los espectadores con una imaginación de otro planeta, el de los más jóvenes (hombres y mujeres viajan a sus pasados), una memoria que pretende igualmente conquistar los corazones de los más mayores, someter al público boquiabierto con el poder imaginativo de su mente. Él, conjuntado de amarillo por dentro, con la Alegría que ejercita desde 19... cuando diera vida a los juguetes con sonrisas y esa parte esencial del divertimento a edades tempranas, el de un mundo inmóvil, abstracto, con la acción animada de nuestros recuerdos de niños y la fantasía durmiente de todos, somos los protagonistas de sus guiones. Como hoy, de nuevo, ejercen un papel esencial y surrealista en esta fantástica película, al fondo de la psicología, intensa-mente.

En cambio, Docter ha ido captando el interés mediante la representación adulta y metafórica, enseñando la mirada melancólica, y hasta la tristeza, primordiales para la toma de decisiones en el futuro. Ya, hace algunos años entre el frío metal o la vejez de altos vuelos, planea un Wall-E más limpio, Up (arriba), con intervención estelar de las lágrimas por su interior azul. El contrario necesario en nuestras vidas pone un contrapunto al humor que resalte la alegría y la coloree de ese otro sentido especial que emerge de la ternura. En su vida y en las nuestras, todo se estructura de forma inteligente, tan pensado que funciona como un reloj biológico con el que se forman y estimulan las zonas esenciales de nuestro cerebro. Su misión es evidente captar las emociones y dotarlas de vida.
Claro está, Del Revés no podría alcanzar esas cuotas de inteligencia necesarias sin un equipo de compañeros que crean una escuela de profesionales en la animación norteamericana, así como el resto de colaboradores del mundo digital, en un laboratorio de buenas ideas llamado Pixar, en trayecto a California de los sueños. Retumban esas voces interiores que expresan lo que ellos piensan y elaboran con los cinco sentidos.

Y, hablando de ellos, no se puede diseñar una estructura inteligente tan complicada como la mente humana, sin atender a estos colores que, de manera intermitente, se apoderan del descontrol de nuestras acciones (del conocimiento inexperto a la experiencia), como el rojo apasionado circulante del amor incipiente a la ira, o del verde que desencadena la repulsa y el asco, también del asustadizo que intenta prevenirnos del riesgo innecesario o el peligro. Todos los personajes son sensaciones que forman nuestros recuerdos, a corto y largo plazo, desde el misterio en un viaje invisible al fondo de la mente, a los lugares y rostros olvidados en precipicio del tiempo. Los fundamentos que perseveran en la evolución de nuestra especie, diferenciada de mascotas graciosas como perros y gatos.
Mientras, con añoranza nos desprendemos de amigos imaginarios que ayudaron a combatir la soledad, y pasamos por etapas en el crecimiento cerebral que desarrollan las habilidades, con deseos o añoranzas, y una imaginación inagotable que nos lanza a los límites de la realidad, tan necesaria en la industria del cine actual.

Gracias por las hábiles mentes, salve a Pixar y coronen a Pete Docter como creador personal e intransferible de nuestra fantasía y sueños por construir, mediante la ternura y la inteligencia necesaria de una fábrica de monstruos S.A. y juguetes inolvidables. Gracias, amigos "animados" por colorear nuestra vidas grises, con personajes celebrados y cerebrales. Y la batuta sabia de Docter.

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