La vida es como un campo de batalla,
donde tarde o temprano, todos salimos heridos. Así, desde milenios, los
primeros pacientes atendidos en camas de urgencias, fueron los que terminaron
heridos en las diversas guerras, como ocurrió con los cirujanos que debían
hacer frente a aquellas campañas sangrientas… y con los medios existentes.
Dominique-Jean Larrey organizó las incipientes ambulancias volantes y fue el
primer cirujano, en proceso administrativo, que aplicó el sistema de triaje…
Todo por un nivel de sufrimiento según la gravedad del caso.
Pero, mucho más antiguo es el código
hipocrático, como su propio nombre indica… clasifica un reconocimiento a través
de juramento gracias a un médico griego de nombre Hipócrates, que durante el s.
V a.C., recapacitaba sobre el comportamiento ético de los profesionales de la
medicina. Esta regla jurada ha permanecido hasta la actualidad.
Un compromiso de labor y estudio,
hacia el lado correcto de dicha profesión ejemplar, siempre encaminada a la
atención del paciente y la confidencialidad de sus datos personales. Igualmente
a la no utilización de sustancias letales en la administración farmacéutica y el
no uso de conductas abusivas o lascivas, respecto a esos mismos clientes. Nos…
La base ancestral de ese compromiso, jurado o escrito, giraba alrededor de sus
dioses, como cultura helenística, que rendía culto a los primeros entendidos en
la materia. La cúspide de Apolo y derivados del maestro como Escolapio, Higia o
Panacea…
Hipócrates, el sabio expresaba “Qué
tu alimento sea tu medicina, y tu medicina sea tu alimento…”. Eso debió
escuchar en algún momento, el serial Dr. Robinavitch, quizá uno de los grandes
personajes de origen judío, que es aceptado en cualquier planta y situación…
¡menudo crack! Hacia el Corpus hipocraticum de dos hojas, me dirijo con sus
personajes en la serie The Pitt, de fantástica gloria realista, para indicar en
su principio: “Juro por Apolo médico, Escolapio, Higia y Panacea, (esto es por
todos los dioses y diosas), tomándolos como testigos según mi leal saber, y
entender, este juramento y compromiso… Venerar como a mi padre, a quién me
enseñó este arte…etc”.
Los creadores, sin duda, han debido
estudiar a la perfección, milimétricamente cosida al tejido visual, lo que allí
se perfeccionaba en el sentido moral, como se mantendría en la escuela de pitagóricos
o Galeno a continuación… otro que ofrece su nombre a la cuestión. Pues se
someten a las acciones universales de la ciencia terapéutica, con dedicación,
velar y respetar, comprometidos con la vida humana. No permitir clasificaciones,
o descalificación por edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico,
sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social…
u otros factores cualquiera que se
Es parte del credo hipocrático a
seguir, guardar y respetar, ejercer, promover conocimiento y técnica, otorgar a
mis maestros, colegas y estudiantes, el respeto y la gratitud que merecen… así
mismo, compartir conocimientos y cuidar de mi propia salud y capacidades. Con
la no violación de derechos humanos… ¡Hago esta promesa! En 15 horas,
¡sudor!... sin lágrimas… o sí… y sangre.
En un lugar… de la Mancha.
El propio padre de Miguel de
Cervantes Saavedra, era un cirujano-sangrador, y su abuelo materno era médico,
por lo que aprendió de primera mano, los muchos términos clínicos que incluye en
su obra monumental El Quijote. Terapias tradicionales, sangrías y lavativas,
todo muy escatológico visto a través de las letras… humores diversos, plantas
curativas y el papel de aquellos, barberos que operaban mulas, aplicaban
sanguijuelas y otras lindezas, de andar por clínica incierta.
Sin embargo, hay algo que prevalecía
siempre, levitando alrededor del protagonista universal de la obra, y que
tendría que ver con los antecedentes de determinados personajes, aquí
descritos, por granjas, ciudades y tramontanas sociales… Serían los trastornos
mentales, en forma de conducta diagnosticada de monomanía, o cuadro delirante
crónico, provocado por el exceso… En aquel caso, de lectura obsesiva y
compulsiva, sobre los libros de caballería. Hablando de hidalgos… o damas… O
por defectos con la tecnología, actualmente.
Creo que, un creador de la serie The
Pitt ganadora de premios de televisión, como R. Scott Gemmill, ha echado un
vistazo, a algunas condiciones universales médicas, a los terribles dolores de
cabeza en una sociedad polifacética y social o mentalmente inestable. Ver cómo
afecta a los instructores sanitarios, residentes o no, en el día a día de su
profesión, como un profiláctico esencial, que atraiga a los fans de la serie, a
mantener el ritmo frenético de la productora Warner Bros Tv y en la plataforma
HBO Max…
Sigue siendo muy grande, el papel que
cumple y el entretenimiento – a pesar del lenguaje técnico en determinadas ocasiones-,
que The Pitt tras la masacre de la primera temporada del PittFest y el postrero
cervecismo clínico en el parque… ha mantenido el día de la mayor festividad de
USA… Un 4 de Julio, con fuegos artificiales, abandonos, sol, alcohol, bocados
indigestos, desplazamientos en vehiculares o arteriales, vistas a las
vacaciones terapéuticas… o no, según las amistades… y todo sin perder el
sentido artístico y visual, dramático, humorístico, social, estructural,
científico, laboral… e interpretativo.
Tal vez, personalmente, tendría
algunas cosas que contar, lo prometo… I promiss for Hipócrates… Pues las
manchas están ahí, y en esta segunda temporada, han ido a mucho más, con
urgencia y dedicación.
Organismo… ese ser escatológico…
Vale… funciones orgánicas de nuestro
cuerpo humano. Nos ofrecen un catálogo completo, como el de aquellos animales
que aprenden por las sensaciones innatas, lo que sienta bien o mal… Y ese
comportamiento, que en ciertas circunstancias médicas y sociales, rebasan lo
establecido socialmente en los procedimientos naturales.
Definido por la emisión de ruidos
extraños, blasfemas y fluidos… en distintas intensidades, tonos y texturas. Por
eso, más presentes que nunca, son prueba de realismo en esta segunda temporada
de The Pitt, con imágenes superrealistas… No voy a hacer un listado de ellos,
ni describirlos mínimamente, pues hay que disfrutarlos… como verías una buena
prótesis construida por manos hábiles… y porque todos los conocemos, cuando
afloran los momentos de debilidad física o emocional. Y sin embargo, no
producen rechazo concreto, creo.
Ningún espectador, se siente atacado,
pues son observados como esa parte circunstancial de la Medicina, las
sustancias corporales, anomalías y secreciones. A los que se deben acostumbrar…
más o menos… los profesionales de la sanidad. Y no sólo, médicos o cirujanos, sino
también los guardas, asistentes, estudiantes, celadores, enfermeras, y el resto
de los pacientes en distintos estados asistenciales.
Así, esta temporada II, empieza con un
catálogo imprevisible, durante otro esforzado rendimiento… para describir
nuevos casos paradigmáticos, en el interior de las urgencias de un hospital. Ya
sea en un supuesto Pittsburgh, como beneficiarios o defraudadores, usuarios todos
en la estimulación de los ganglios y la cartera. Un prurito entre lo privado y
lo público, con singularidades corporativas y nacionales, que sirven como
referencia en cualquier rincón verídico del planeta. Sea cual sea, su sanidad y
su gobierno.
Ejemplarmente, este Te Pitt caustico
y emocional, dedicado fundamentalmente, a la formación de los llamados novatos,
o futuros médicos salidos de las clases universitarias, constituirán las
siguientes generaciones de galenos, atrevidos, vilipendiados, abstraídos,
siempre sufridos... En sus capítulos dan cabida, a lágrimas y humores… datos, curiosidades,
rivalidades, métodos, experiencias
vitales y luchas desaforadas, a través de obsesiones o defectos congénitos.
Es la derivada del paradigma entre
funciones vitales, adicciones, reglas, personalidades, entregas, discursos, pensamientos
imperfectos, efectos especiales, y aquel juramento. Claro, y tú… y yo. Nos.
Entre Bioética… la receta.
El público… Observadores de una
especialidad, tan necesaria, como miembros patéticos, clientes sufridos, alguna
vez… tras el dolor, la impaciencia y el temor. O la valentía, como en un caso
del jodido tumor que es el cáncer…
Este acercamiento en serie, puede
producir un estallido de emociones, pasar del rechazo a la satisfacción,
sacarte un sarpullido en la dermis, o una sonrisa, radical o delicada. En
definitiva, un cúmulo de sensaciones… que se agolpan como recetas del día a día,
ante nuestros propios comportamientos… y los extraños.
El prospectos debería indicar, que la
idiotez puede provocar contraindicaciones o efectos secundarios, mutismo con esas
relaciones retransmitidas en directo, espectáculos deplorables, o todo lo
contrario… y ese reconocimiento que, nos hace a todos, un poco más humanos. Algo
que, no solamente se consigue con la muestra de los variopintos y
extraordinarios casos – que enfrentamos encantados como seguidores de The Pitt
-, sino, además gracias a la magnífica selección de personalidades,
representadas con excelencia por los actores.
Firmantes, especializados, a uno u otro
lado, de cada departamento, cama o bata. Cerrada por delante, o abierta por
detrás… si la informática lo permite, y los ciberterroristas. A la cárcel… si
atacan los medios que nos protegen, y más necesitamos, todos.
En la receta, la bioética, que Escolapio
como dios de la Medicina, precursor funcional de dicha especialidad, y que se
enseña en las universidades. También se debería enseñar… en las calles.
Un tal, centauro Quirón… no digo más,
por si los cascos igualmente mediáticos o monstruosos… se especializó
apolíneamente, tras los trasfondos sexuales de sus padres… en un reconocido
animal de las artes médica, y los jóvenes… teniendo en su protección a héroes,
como Acteón, Jasón y su hijo Medo, Patroclo y hasta, el Aquiles sin Pitt.
Pero bueno… hablando de la bioética,
vamos a contar algo de la enfermería… Florence Nightingale, nombrada en la serie,
fue fundadora de la enfermería moderna. Próspero en las estadísticas sanitarias
durante su labor de cuidar vidas y mitigar estigmas patológicos o estímulos
dolorosos o psicológicos. Y aquí, en la serie, existen varias grandes heroínas,
más cercanas… sinceras y sarcásticas.
Otro sentido, donde se comprueba la
variabilidad de sus componentes, junto a este equipo profesional entre realidad,
y la ficción. Muestras extendidas de Mary Mahoney, enfermera afroamericana y
luchadora por la igualdad profesional o los derechos de trabajadoras sanitarias,
sin discriminación por motivos raciales… Por tanto, una parte esencial de la
diversidad que representa la serie The Pitt. La bio moral, de todos los
miembros que establecen una participación internacional, con estudios
universitarios, nóminas, o… seguros.
Te espero… Robby en la III, guerra.
A través de su creador R. Scott
Gemmill, nos encontramos con los grandes aciertos en los nombres por turnos…
todos esenciales… como el director John Wells entre otros, o el genial Hatosy…
inolvidable amigo de los cacos introspectivos, en la genial Animal Kingdom. Así
como el mismo, omnipresente, dios de la medicina en la tele, Noah Wyle, que
hizo sus pinitos en la serie creada por Michael Crichton – sí el de los
dinosaurios de Spielberg -, recordada como Urgencias… y E/R, donde casi nacería
con George Clooney.
Por eso, se agarra a una manta… para
sentirse cobijado, seguro y positivo… ¡tomaremos nota!
Sin duda, a su lado, no sé si se
sentirá segura… ha crecido y nos reencontramos con la actriz Sepideh Moafi, que
ya se las tuvo socialmente en las calles de The Deuce y en Encerrado con el
Diablo… y se mantienen con sus entregados seguidores, el Doc Langdon,
interpretado cuestionando el juramento aquel, por Patrick Ball, como
equilibrista cervical. Fiona Dourif, hija de gran corazón y tino con las
técnicas punzantes, con las emociones privadas con Taylor Dearden, o Katherine
LaNasa, más reivindicativa que Aquiles en rubio.
Los jóvenes del herbático Quirón,
siguen en la brecha y aciertan con sus rectas interpretativas, la música en
karaokes con Isa Briones, y Gerran Howell, que le da al funky de toda la vida…
lejos de la muerte. Donde otros, otras, se quedan más consternados… Shabana
Azeez, la Javadi junior, Supriya Ganesh, indecisa ante las resoluciones
dramáticas… y dos nuevas caras, Irene Choi y Lucas Iverson.
Además de los geniales episodios, por
horas veraces y enloquecidas, iba a comentar otros casos graves, como si fueran
pacientes más convalecientes y delicados… Evil Dead Burn, que dirigida por
Sébastian Vanicek (Vermin, La Plaga), nos transforma la saga en una locura de
andar por casa, es decir, de posesión familiar. Por otro lado, con Good Luck,
Have Fun, Don´t Die, nos enfrentamos con otro tipo de tratamientos asistencial,
a base de pildoras indoloras, pero muy locas, de Sam Rockwell y Juno Temple
(esperando 3a Ted Lasso), porque estado tras cámara Gore Verbinski, todo puede
pasar… y tiempo.
Y hablando de tiempo enfermizo,
poseso, tenemos The Mummy de apellido Lee Cronin, otro sacado de las entrañas
infernales… que, en su visión del clásico, sin parecidos… se acerca,
psicológica y espiritualmente, a las derivaciones de aquel capítulo, del Libro
de los Muertos y sus fantasmas… Porque, me está costando terminarla y sacar una
conclusión… En definitiva, no sé si lanzarme al vacío, en un Head-Smashed in
Buffalo Jump… o acudir a un exorcista, o qué…
Hala matayonkis… no, sanos, no, a
base de afeitado y corte… a cuidarse, subsistir a los antecedentes clínicos,
defenderse de uno mismo y las sombras… y no entorpecer la labor… Más de lo
necesario, of course, descerebrados, en cualquier proceso. ¡Siempre nos quedará
Pittsburg, para enloquecer… opositar u objetar!


