Cuenta la leyenda, que antes de caer
bajo los subterráneos de la Ópera de Paris, el periodista y escritor Gaston
Leroux, a la vuelta de cubrir una erupción volcánica se dedicó al cine y a las
novelas policiacas y de terror, como sus buenos estimados Sir Arthur Conan Doyle y
Edgar Allan Poe. Hasta que en 1910 se publica la historia de un músico, basado
en un personaje real y ampliando el sombrero a lo Clousseau de George du
Maurier, a una escala romántica extrema.
El escenario barroco de la Ópera
Garnier, es el lugar donde la diva Christine Daaé es observada desde su palco,
por un celoso concertista de mirada icónica. Y piel reservada en las
penumbrosas catacumbas con su emblemática máscara y un piano negro de cola.
Como su traje y capa, sombrero y un grito de dolor en el alma, que se confunde
en la banda sonora de Fausto… posteriormente en sintonía mítica de Andrew Lloyd
Webber. Sería el asalto óptimo al Séptimo Arte, por parte del Hombre de las Mil
Caras, Mr. Lon Chaney en versión dirigida por Rupert Julian, con carrera que
acabaría drásticamente con la llegada del sonoro.
Aquella máscara se multiplicó en el
futuro, las caídas de grandes arañas de cristal, hasta ese campamento de
homónima alusión, llegando a otros intérpretes como Claude Rains retratado
fantasmalmente por Arthur Lubin – director que daría su primer contrato
cinematográfico a Clint Eastwood, que le llevaría a Revenge of the Creature y
¡Tarántula, del gran Jack Arnold! De la versión de Terence Fisher para la
Hammer con Herbert Lom, a mi querida interpretación de William Finley, bajo la
batuta de Brian de Palma y Paul Williams, balanceándose como un risueño
arácnido musical. Y una para Dario Argento más visceral, con el recordado
Julian Sands y otra para Robert Englund, sí, sin garras.
Lo de la máscara de la banda Iron
Maiden, ya es otro tipo de misticismo, metalero. Oh, yeaaah!!!
De la máscara… al coágulo.
En la historia de los enmascarados
terroríficos del cine, desde aquel Fantasma de la Ópera tan espiritual y
enamorado, caen en racimo sangriento las notas. Como la de nuestro ´buen` amigo
Leatherface, que inspirado en el
verdadero Ed Gein, corta la racha de lo romántico, y se dedica a cortar por lo
sano. Nos mostró el sadismo en la profunda Texas, que ya posiblemente no
recorreríamos igual, a través de restos unidos como un crucigrama bordado de
sus víctimas en el rostro… y el sonido de una legendaria motosierra.
Un coetáneo de Jason, a palos, con su
máscara de hockey de los Detroit Red Wing, sumando un triángulo rojizo que
indicaba el camino, y en salto casi generacional en el tiempo hasta el Viernes
13 Parte III de los 89, es la del socio fundador del slasher moderno Michael
Myers. John Carpenter busco algo, bueno, no bonito y barato, ajustado a su
minúsculo presupuesto para Halloween, y seguiría a un maquillador al que se le ocurrió
comprar la del Capitán Kirk, en una tienda de bromas y disfraces. Alguien le
quitó el pelo, se ahondaron los huecos oculares y tiñeron de blanco sin vida,
con un signo invertido parecido al de una marca… ¡¡de ahí a la posteridad de
las caretas fantasmales!!
Hay muchas más, lógicamente a
salpicones, pero se puede destacar la de Hannibal de Anthony Hopkins para El
Silencio de los Corderos y la serie homónima con otro genio como Mads Mikkelsen.
Su bozal ante mordidas, que no de ese tipo… diseñado por Ed Cubberly, basándose
en el mentón de un portero de hockey cambiando a la de Jason, con carismáticas barras verticales de metal sobre
fauces sibilantes, y con un tono pelágico parecido al victimario del costurero
de Buffalo Bill. Y la caricaturizada de Scream, que formaron de la máscara
habitual del alma en tránsito a mueca grotesca, como deformada por el grito
histérico bajo el brillo de un cuchillo. Y que es un referente, para los
seguidores modernos de esta noche… hmm, shss shss shhs, hahh, hah, haah!
Pero este año 2026, de amplia
repercusión en esquemas dramáticos, y otros criminales… nos encontramos con el
regreso del guión del recientemente fallecido Victor Miller y el retrato
sangriento de Sean S. Cunningham, en la película de 1980, que nos retrataba la
tendencia de aquellos días tremebundos. Sí, los casos más famosos y mediáticos,
de serial killers que convergen en realismo con los espeluznantes
comportamientos y la cacería de sus inocentes víctimas. Bastantes debido a una
educación deficiente y deformada, abusos y mentes destruidas, que los convertirán
en los más sádicos asesinos en serie.
La maldad se transforma en un motor
alimentado por el sufrimiento, y el poder que logran magnifica bajo el terror
de sus víctimas, convirtiéndose en auténticos depredadores al acecho. En ese
momento, el factor miedo se descarga mediante la rabia, la frustración y el
sometimiento extremo. Normalmente, con un proceso sistemático de la búsqueda,
consciente y metódico, solicitando un seguimiento mediático en los medios y la
policía.
Esa inferioridad física o emocional,
de las víctimas, radicaliza esa enfermedad sádica con la producción de un
terror casi paralizante. Sin embargo, en esos momentos verídicos, ya no es
necesaria una máscara… basta la obscuridad o el anonimato.
En muchas oportunidades terroríficas,
el cine y otros medios artísticos, han recogido esos casos reales de una sociedad
enferma, y los han transformado en auténticos monstruos deformados. Como la del
asesino campero y paranormal, de Crystal Lake de alias Jason en serie – que
casi me empieza a recordar textualmente al caso de El Vengador Tóxico -, y que
nos señala a un pasado bajo el calor de la bomba.
Esta serie ha conseguido perseguir
aquellos tiempos de la primavera de 1980 y el reflejo de su éxito en taquilla,
que idearon a su protagonista traumatizado y herido, por su tratamiento
infantil bajo su deformado rostro. El resto es historia… un salpicón a la
adolescencia y sus calores, un animal en una cueva, las drogas y el amor libre,
una conspiración silenciosa, el miedo de una sociedad cerrada, una corporación,
un padre idealizado, cuchilladas y médicos… que acaban en una tortura para
crear el relato. Esto es el Lago de Cristal.
La madre…
Realmente, es la verdadera
protagonista radical, a la que se emplaza en el escenario mítico de NobeBosco
sobre el estado de New Jersey. La actriz Linda Cardelini hace un tour de force,
de la cocina al vestido colorido con volantes y melódico, que con su
interpretación trata de esconder un espíritu violento, forjado a fuego en el
bisturí y la inyección. El dolor, al fin y al cabo, de una madre coraje… o no…
Este año 1957 en el que se producen
las primeras estibaciones de la futura máscara de hockey, sirven de parapeto
para una insana explicación… a muchos seguidores de la antigua película,
convencen y a otros, que no comparten el vicio por la sangre, la descomponen en
parte. Puede que, todo lo contrario… Y así interviene la imagen de la antigua protagonista,
que proviene de una amplia carrera en el cine clásico, Miss Betsy Palmer, hasta
este papel de Pamela Voorhees.
Linda se encaró entre Tyron Power y
Maureen O´Hara en Cuna de Héroes, bajo por las laderas no musicales de Escala
en Hawaii dirigida por John Ford con William Powell, James Cagney, Jack Lemmon
y Henry Fonda, vaya cuatro patas para una madre agobiada… Y un reencuentro
particular en Cazador de Forajidos guiados por el gran Anthony Mann, con el
mismo Fonda y la introducción de un Anthony Perkins, que introspectivamente, ya
indicaba su posible camino… Claro, los rasgos psicosomáticos y distorsionados
por el recuerdo de la madre, de Norman Bates.
Se comenta que Betsy Palmer acepto el
papel en Viernes 13, como método para financiar un vehículo nuevo… y se
encontró con una verdadera colisión pareceres. Hasta sufrir una transformación
en el tiempo, que cambió aquella expresión… ¡Pedazo de Basura!
Hoy es una inspiración para las
nuevas generaciones, que aman ese tipo de filmes slasher, de purulenta
consagración… o una huida sin retorno, para otros que se decantan por el terror
psicológico… Pero, sin embargo, esta serie Crystal Lake puede distorsionar,
condicionar o manipular, esta imagen pasada, y transformarla en una consecuencia
que depende de otros factores, mantenidos y unidos, por una producción efectiva
y un guión más moderno… ¿atractivo? Sin lugar a dudas, hay trucos, escenas y
conversaciones actuales, y un gore que tiene una causa bien construida. ¿Será
suficiente…? ¡Tú verás!
El Grito… y el cuchillo.
En términos de estos paradigmas del
terror visceral, se ha creado toda una cuesta abajo… pienso… que empezó con
fantásticos precursores del pavor en el ojo… en la piel de la víctima. Y ese
poder casi metafísico, del asesino impasible… Ahí destacan, el protagonista
incombustible de Psicosis del Maestro, hasta el Frenesí sofocado con nudos…
marineros, y el fotógrafo del pánico en lente de Peeping Tom, del siempre
magistral director Michael Powell. Así continuó todo un reguero… carmesí.
Estaba por entrar en las puertas del
pavor y el dramatismo sexualizado, la Hammer y el siempre obtuso, Giallo.
Significa el género hasta la excentricidad y el paradigma del recurso, sádico y
paranormal, de lo verdadero a lo complejo, de lo estereotipado a la
radicalización de las estructuras… del vicio, y el magnetismo hacia la
violencia. Nuestro ojo es el corte, los fluidos se condensan ya sin máscaras,
en el nylon… la profundidad del campo es virtual, estroboscópico… y su carmín
rojo.
Las pantallas… son nuestras casas… y
el depredador… la calle. ¡Corten!
¿Qué siguió… además de una Bahía de
Sangre? De este primerizo Mario Bava en terror sangrante, a las Navidades
Negras de Bob Clark, y por descontado, descuartizado, secuenciado en partes, pasamos
a los dientes en sierra y garfios putrefactos, de La Matanza de Texas de Tobe
Hooper. Más directos… al menos en la mente. Luego… el estallido millonario, un
giro visual ya marcado en lo macabro, y normalmente independientemente del
dinero en producciones apartadas, sobre campos de un Séptimo Arte… que empezó a
perder su nombre, en la transgresión de todas sus letras.
El cine en glóbulos rojos, la
resistencia de un feminismo, que empieza a hartarse de esos carniceros, el
grito de su Final Girl… Jennifer Connelly en Phenomena, es lanzadera para ella
y para otros nombres que vendrán en cadena de estrellas… Kevin Bacon con su aparición
en ese 1980 junto a Pamela y Jason, como la futura Lois Lane de Superman,
Margot Kidder. Fraternalmente se materializó el cuerpo de Jamie Lee Curtis, que
se dividió en La Niebla de John Carpenter, curiosamente al lado de Janet Leigh.
Y más explícitamente sangrienta, si cabe la aparición de Johnny Depp en
Pesadilla en Elm Street. Nave Campbell y Matthew Lillard, el direc de la serie
Carrie, con el fantasma de la máscara.
Formalmente, y especialmente de mi
cuerda… y afloja que mata… me inclino por los ecos pretéritos, menos virulentos
y más creativos, de Los Crímenes del Museo de Cera de Michael Curtiz, o La
Escalera de Caracol en condición sobrenatural más humana, de Robert Siodmack.
Un salto animalesco a The Leopard Man de Jacques Tourneur, o el filme House of
Was de Andre de Toth junto al admirado Vincent Price y su remake gracias igualmente
a Michael Curtiz.
De la imagen de sus resistentes
protagonistas, a veces… por minutos en pantalla, ¡eh Mr. Hitchcock! … nos
topamos con la figura de un investigador, con sombrero o sin él… en blanco y
negro, claro. Detectives con una fisonomía peculiar, de fuerte personalidad, o
acechados por una perseverancia en la defensa del inocente… con múltiples
finales. Los Doce Negritos en investigación sobre la familia de Christopher Lee
y su versión de René Clair con Barry Fitzgerald y Walter Houston. El detective
de Seis Mujeres para el Asesino de Mario Bava, John Saxon es ejemplo por
partida doble o triple (Black Christmas, Tenebrae y Pesadilla en Elm Street),
Dennis Franz por Vestida para Matar, Chris Sarandon es parte de Chucky, como
David Arquette incuestionable mueca en Scream.
Pero elementalmente, tenemos la
imagen de Basil Rathbone gracias a La Garra Escarlata y el Perro de
Baskerville… Y Enrico Maria Salerno, es un top en Giallo. E intentando no
perder la cabeza, entre la culpa y el deber, siempre recordamos a la pareja de
sabuesos, con olfato o sin él, compuesta para Seven por Brad Pitt y Morgan
Freeman. Es una evidencia del horror y el dolor con placa.
Si nos remontamos a un escenario en vivo, tendremos en Francia ese Teatro del Grand Guignol, donde salieron los más radicales enfermos… supuestamente hablando en términos mentales… que siguieron pistas como Jack el Destripador. Y que derivarían en un cine norteamericano, cortado por el patrón censor, con el Código Hays de 1930… Y algunos en un salto de milenios, donde la máquina se esconde bajo una epidermis asesina… Que terminaría en el mismo Terminator…
Alguien podría estar pensando en otros escenarios más sofocantes, unicromáticos y reiterativos... como Backrooms.... ¿y el padre...? pues podéis visualizar Exit 8, tal vez. ¡Volveré!


