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domingo, 12 de marzo de 2023
The Sopranos. Series
lunes, 20 de febrero de 2023
Band of Brothers.
1941 by Steven Spielberg - Soundtrack Suite John Williams
domingo, 5 de febrero de 2023
Samurái Gourmet.
La cultura japonesa, particularmente su gastronomía, tiene bastantes aspectos en común con la nuestra más cercana, la mediterránea.
Ya que algunos de sus componentes culinarios, tienen conexiones con la tierra y sus regadíos vegetales, las partes corrientes o singulares de los animales (con excepciones, como el águila u otros), y esencialmente, el sabor a Mar. A marisco, pescado y algas.
Además de una querencia, suave por lo dulce, conjuntado en amargo y el peso de la historia, que es picante; los palillos para cortar y coger la comida, es tradicionalmente lo cotidiano, el sake, la ensoñación, el té, la nostalgia y lo cercano, el café, lo reconfortante, como los caldos y sopas... son las cucharas y el aliento; lo atrevido, va más allá, la búsqueda de otra sensación, las salsas y picantes, es un punto más allá; pero quizás, lo más asombroso es que su cultura más internacional, por excelencia, se extiende por el manga, y tiene un reservado frente a la barra, junto a los chefs, para hacer un hueco a un pedacito más. El solitario samurái, comiendo y guerreando, tanto corta, corta, tanto...
No es necesario, ningún tipo de sacrificio, todo parece hecho a la vista y con gusto por lo natural. Como si fuéramos verdaderos fetichistas de la comida, como sí degustáramos el placer de la compañía, a la vez extraña... Y no es necesario convertirse en un objeto del deseo, como el cerdo amantísimo de Nicolas Cage, en el filme Pig dirigido por el debutante ante las trufas, digo cámaras, Michael Samoski. Igualmente placentera, salvo que con pequeños recorridos subterráneos hacia la fatalidad y la venganza de los recuerdos, olores y sabores. Un notable silencio del icono de otras èpocas y nuestro recuerdo ante el tocino, digo, lo cercano y emotivo. En fin, otra obra para gourmets y sibaritas del cine.
Aquí, volvamos a los trazos, que no vemos, pero, de alguna forma sentimos, como un relieve de la ciudad de Tokyo y sus viejos relatos de otras eras, deberíamos nombrar la historieta gráfica con la que abrimos el apetito atroz, aunque calmado, sin violencia ni cortes tajantes en el rostro adaptado al gran público, del autor Masayuki Kusumi de dibujante de 66 años, en dos fragmentos contiguos titulados El Gourmet Solitario y Paseos de un Gourmet Solitario.
Entre ambos títulos, con una diferencia de 6 años, un pequeño refrigerio, para volver a pisar la calle y los curiosos locales con sus olores guisados o fragancias en la plancha, junto a un hombre de mediana edad, que además de su homónima descripción del relato, comparte su afición por fantasear con otros tiempos.
Sin embargo, ahí queda la comparación con esta serie diseccionada por Netflix, porque sus guionistas Taguchi y Wada, han convertido las tribulaciones de aquel hombre mediano y desnortado, en un menos solitario, corredor de larga distancia. Con 60 años a sus espaldas, sentado en oficinas de por vida y cadenas, y una mujer con la que compartir... sus nuevos dones... o no... Vemos sus paseos indeterminados, o sus movimientos de mandíbula, colgando en la memoria. Con las necesidades justicieras, eso sí, de un tajante quijote que ensueña, a un paladín de las causas perdidas... y los gustos en continuo aprendizaje... dónde quiere, cuánto quiere... cómo quiera.
Pero, sin ser un samurái viajero, es un caminante seguro... ¿o es inseguro?
Y esto... es Japón.
También se divide, como el ramen para dos, en personalidades contrapuestas.
Así se constituye su pareja de directores, en formas de ver la verdad y la ficción, puede que cada cual con su tema, que diría un pastor de ovejas, a vueltas con los mercados y los precios. Arribando a hurtadillas, o como un detective casi fantasma, a los puestos en la calle y los puertos, a los guisos confeccionados con gusto e imagen frente al televisor.
Don dos trazos, como dos géneros que se entrechocan y hablan, dirigiendo los paseos con su protagonista y su curioso caminar, que a veces se aparta de la realidad y de su parejas, en dirección contraria; pero para terminar encontrándose en la misma necesidad, dejar la soledad y sobre todo, sorber con pasión, la vida. Cocinando, andando, bebiendo o relamiéndose los bigotes... postrado con la vista fija, adorando un buen vaso de cerveza. Sí, ¡cerveza, he dicho!
El Aperitivo...
Es un aviso en un prado inmenso, y salvaje, propio de otra época, de eras arcaicas como la tradición gastronómica de un anciano imperio. Y ese punto enorme, sobre la comida y las constumbres.
Uno de los lazos con la tradición del cine, es el director Michihito Fujii, curioso nombre casi volcánico, que ha adcometido otra serie llamada El Periodista y trocitos de cómic como Ghost in the Shell antes de una película yakuza, como Una Familia. Mientras que el otro palillo de márfil tallado es, Mamoru Hoshi, que se destaca por filmes entre la comedia y el romanticismo nipón.
Ambos forman una teoría sobre la personalidad de una nación, su educación, su familia, el trabajo, la movilidad, etc... Todo aderezado con sabiduría, en este plato cocinado en episodios cortos, para no atragantarnos, y que persiguen el camino económico para darse a conocer en mayor grado, o abrir las cartas de la cocina japonesa, a todos los posibles comensales en el mundo. Y curiosos...
Todo comienza un día excepcional, no por lo soleado del panorama callejero, sino, porque conocemos a este singular individuo, nada destacable, aunque de mirada limpia y afable. Por lo normalizado de la expresión y gesticulante al máximo, como personaje en sus zapatillas liberadoras de ciertos yugos del pasado... Comilón, sin embargo, delgado como su padre, seguramente... que empieza a contarnos que ha sido defenestrado por sus superiores en la empresa y, ahora sin actividad... no sabe muy bien lo que hacer... Pues nada, ¡a caminar!
¡Banzai, que decían aquellos lanzandos! Aunque pronto va a descubrir a través de las sensaciones, que hay algo más y que lo suyo, puede ser el yantar... que no el llanto de viejo... ya que un humor característico y natural, se esparce por todos sus poros, hasta la esencia del caminante y su nueva necesidad..., no tan solitario como dije, y sus recuerdos más sencillos, pero emotivos como un amigo de siempre.
Y es que, el actor Naoto Takenaka, ya cae bien desde el primer sorbo de cerveza, y ese fresco aaaah, era lo que necesitaba... con esa simpatía espumosa y la educación de los ciudadanos japoneses que deseamos para nosotros... pues no, nos conformamos con ir compartiendo su día a día, tras el abandono forzado laboral y las migajas... y lógicamente, se quedará en vuestro recuerdo, por ser natural, como la comida misma.
Su mujer también tiene lo suyo, comprensiva, aunque se pelee con el estilo tradicional de una fuerza patriarcal de siglos, amparado con la simpatía acrobática y esbelta, de la actriz Honami Suzuki. Y el otro, el malo, el tercer sorbete con fuerza, que podría ser una mezcla entre el Clint Eastwood de más alto calibre y la efigie de aquel Goemon que ya no recordamos, inmerso en katana, de la que participara hace más de una década. O del espíritu desafiante del mismísimo Akira Kurosawa, tantas veces en misiones de salvación o redención, interpretado por un disfrazado de época, Tetsuji Tamayama. Salvo que no va, mucho más allá, el jefe es otro,.. aunque más cortado que su arma cortante, el apetito.
Saltando las distancias narrativas por sus diferentes Tokyos, y la agresividad en su trono de sangre o banqueta de culo, pues la diferencia esencial está en la sangre, en las vísceras que se cocinan y ya...
Se llama miniserie, no porque sea pequeña, en esencia, sino por la minuciosidad de las manipulaciones de alimentos, por sus cortos trayectos en el espacio, tiempo, y las pequeñas, grandezas, que nos presenta en los platos. El vapor inundando las cavidades olfativas... Unas, puede más atractivas que otras, según los gustos y las añoranzas, los tragos que también importan, las texturas en el paladar y las frecuencias... No se puede comer tanto, sin luego tener remordimientos, aunque parezcan sanos. 60 años, son 60 años, si bien seas japonés y tus ácidos lo permitan.
Por tanto, el cómic sería el aperitivo perfecto, para ir haciendo boca, preparándose para el colorido contraste con unas diferencias formales y un comerciante ermitaño. Lo trataremos de saborear.
Un Sorbito...
Las formalidades son importantes... pero la cerveza es la cerveza, vamos a ver...
Esta serie Samurái Gourmet que empieza con un poco de agua con cebada, como si fuera una excentricidad o un acto prohibido, con el alcohol claro a destiempo... se mueve como el ramen en una sartén o bol, tocando varios palos, depende del estiramiento requerido, los recorridos a lo largo del tiempo, antes de la jubilación, a grandes pasos o, a horcajadas sobre el taburete. No acabas gateando, quizá desnivelado en ocasiones, pero firmes en su condición.
Él y su voracidad como compañera, es como una nueva forma de sentarse a contemplar, de estar vivos, a sentir placer por las pequeñas, grandes cosas... servidas al dente sobre un caldoso reclamo de esta gran ciudad, que conocemos emocionalmente... o más quisiéramos, otros.
En frente de las costumbres y el deseo cumplido, está lo tradicional, también observamos, degustamos, otras especialidades de una isla enorme y monumental, con forma de recipiente inmortal, moderna, que se acerca a otras culturas occidentales, con sus sabores intactos para combinar el placer. Económicamente, excepto alguna excentricidad no habitual del descubridor, en capítulos apetitosos que despertarán tus jugos gástricos, seguro.
La caballa y otros sabores salados del extrarradio, marineros, en excursiones de estudiantes, ¡recuerdas! No, no hay Moby Dick... Son peces más simples. Hartarse repitiendo, porque los episodios van sin espinas, sinceros y naturales, pues también tienen su propia estructura, nada de fragmentada o deconstruída, para sorprender con grandilocuencia. Cada uno es cada uno, y forman parte del menú, cada plato significa algo. Algo, esencialmente, personal. Casi como ¡las croquetas caseras! Pero, sin madre ya... o ella, es algo así. No, no lo quiere así... Él tampoco.
Cada bocado, siempre regado con un buen gesto, una excepcional mirada a los adentros, entresijos del personaje y su nueva perspectiva vital, si bien tenga que enfrentarse a una mirada esquiva de la juventud y sus egocéntricas necesidades. Siempre con un vaso de cerveza, o una jarra bien medida, para compartir con un café de la lectura, una simpática tormenta de coloridos paraguas, los precios que no nos van bien, depende de la infraestructura de los estilos y las sartenes gourmets, o esa memoria que nos viene a visitar, cuando ya no esperábamos nada, a estas alturas o canas.
Ella sí, pero prefiere ir a comer, acompañada... O sino, pega la vuelta y comer croquetas de la madre que las parió. Le dan igual los estofados y las fotos, son reliquias del hoy, y ahora es ahora.
El sorbo postrero, es una gran sorbo. Lo que nos conecta con lo correcto o no, lo que no sabemos afrontar a las primeras de cambio, lo que observamos sin darnos cuenta, lo que no nos atrevemos a pedir, o decir, ya que estábamos en 2017 y ya no está bien visto; por eso, existe ese alter ego de la historia del acero, cuando las cosas se medían de otro modo, asilvestrado como tripa de águila o ácido del alma, frente a la quijotesca lucha contra las injusticias.
Absurdas, o no... ¡Esto es lo que hay! Kiaaaah...
La Salsa...
Algunos, en lo más recóndito de su espíritu samurái, recordando al Vivir del gran Kurosawa, se sientan y ven la vida pasar. Perfeccionando su búsqueda personar, otros hubieran preferido algo más punzante como un sabor a erizo marino...
Tal vez, un buen corte a la altura de las tripas o más arriba, visceral, salpicando las paredes de los restaurantes característicos y sus transformados figurantes... No serían 7 y no 12, como se condimentan aquí.
Pero, tranquilos, no os hagáis los intrépidos, la cosa no va por ahí, colgando tripas del acero, sino que se reclaman estereotipos más corrientes y cercanos, no tan kamikazes, aunque hubiera podido esta bien... Son registros como los modales cotidianos, que destripamos en otros, los que se saltan los ególatras, los maleducados, exigentes, olvidadizos, apesadumbrados, contrariados con el mundo y sus gentes... inhumanos... Mas, eso también, casi siempre arrepentidos.
Gracias al que todo lo ve, recorre y consume... El samurái, este sí, solitario.
El Postre...
Por supuesto, lo dulce es muy importante, hasta en el Japón. Y el café... que no debe estar frío, excepto con hielo en verano. Ahora es reconfortante.
Casi tanto como la salsa picante, y los gritos que los incautos turistas escuchan, si cambian o modifican a su gusto, el objeto del deseo. Mecachis, insulto en un país con unas tradiciones que se empiezan a adaptar a los gustos... eso dice el samurai. Si bien lo auténtico, siempre será lo auténtico, como el típico aventurero con rencillas y los mangas.
Las casas tradicionales son la puerta y los gestos del protagonista, un sendero al placer, las palabras de apoyo de su compañera (aunque tenga sus quejas del tratamiento en las labores), una condición... las formas en que vemos arremolinarse los sabores en la cocina, abriendo nuestra insaciable apetito, es la vida... todas parecen ante la televisión, auténticas.
No es casualidad que sus cuidadas descripciones visuales y su gesticular encuadre, combinado con las calles de la ciudad y sus locales típicos, fuera de las primeras producciones grabada en 4K/HDR y sus prestaciones para fantasear con realismo gráfico. Debería ser una joya de la televisión moderna, que aumenta las ganas de salivar y soñar con viajes deseados.
Y sólo, con 12 pequeños bocados... como 11 soleados días... y uno lluvioso.
Como los cómics, aunque pudieran ser violentos o grasientos, por la sangre y las vísceras, la serie Samurái Gourment lo es también, real como la vida misma o un rodaje de una película, con sus tiempos de espera y sus momentos estelares... Hummm, ooooh, ¡delicioso!
En ese aspecto de veracidad, es directamente exquisita, en la que disfrutamos con sus servidores al público y ese expresivo agradecimiento de lo bien condimentado, por los expertos tras las cámaras y el aspecto saludable del personaje principal. Y sus aliados cálidos y afilados...
Nos recuerdan que ante la comida, no estamos solos. Todos podemos disfrutas en pareja o familia, incluso con desconocidos que expresan una opinión o comparten una atracción por el sabor o la vida.
Han pasado los años, y en esta mesa me he sentado como si fuera ayer, y he disfrutado con su frescura, fresca de los platos y los fogones. Y eso que son limitados en el tiempo... Una verdadera y sugerente característica, para hincarle el diente de nuevo, si lo hiciste ya.
Sino, pide un café y siéntate a conocer al Samurái Gourment, porque merece la pena... A no ser que seas un único cliente de comida basura... e impaciente.
Porque la serie, es templada, no hace sangre. No se entretiene en enseñar lo innecesario, es abierta a todos los públicos y comensales, con ganas de conocer más, otra lejana cultura. Pero, más cercana de lo que hubieras imaginado, su sabor es como el nuestro.
Sus grandes protagonistas, nosotros... alcanzan edades centanarias también su Mar y su cocina saludable, como los viejos habitantes del Mare Nostrum.
Vitaminas a raudales, pasta, aceite y vegetales, algún buen sorbo... de café, que nos viene de lejos y se quedó en el recuerdo... y muchos de caldo... de Cebada. Salud, y fuerza a golpe de katana. Digo de palillo...
¡Ah, y para ser justos... con los profesionales...
la mayoría de ellos... que todo hay en la viña del señor!
¡Gracias por la comida! Sayonara, beibis.
domingo, 22 de enero de 2023
Wednesday. Season I (and Lovecraft Country)
Tim Burton, se puede considerar ya un clásico genio, contador de cuentos góticos y otras fantasías familiares.
También, puede que sea siniestramente incomprendido por algunos críticos (inadaptados al género)... pero acaso, no lo estaría en su época, Polidori, Bram Stoker o un tal Edgar Allan Poe.
Wednesday no es su obra, porque nació del pensamiento tragicómico (sobre todo éste último) de su creador y caricaturista de New Yorker, Charles Addams, que sería ´perpetrado`, digo rescatado en los años sesenta con dinero de la televisión en blanco y negro. Antes enterrados frente al televisor de que sus posteriores adaptaciones fantasmales al cine, mostraran a Christina Ricci como Miércoles... ya que de Lisa Liring más infantil, ya pocos se acuerdan.
Espectacularmente en la gran pantalla, negra, surge de las tinieblas, la gran Angelica Houston como Morticia... no hace falta decir nada más que John H... y sus numerosos trabajos en películas excelentes.
Tan inolvidable e icónica, como aquella primera versión ´descompuesta` a causa del tiempo cadavérico, por la recordada actriz Carolyn Jones (de Amarillo-Texas, ahí estuve yo en una ocasión), conocida por sus interpretaciones inolvidables como reina Hippolyta en la serie WonderWoman acompañando al ícono Lynda Carter o un papel en la Batman de los bocadillos en la tele. También una parte característicamente cómica de pelis de Elvis, valor en la mítica El Último Tren de Gun Hill en trío con Anthony Queen y Kirk Douglas, y troceada en clásicos del terror como House of Wax, con ese monstruo todopoderoso conocido como Vincent Price.
Sin embargo, esta serie homónima con el personaje juvenil y caricatura, criatura oscura con algunos años más, hasta la edad universitaria de primera necesidad emocional y sexual, tiene las idealizaciones básicas del material gráfico y narrativo. Esto es, lo habitual en Mr. Burton y sus digamos, heroínas, con una serie de homenajes estilizados que empiezan por el nivel literario del maestro londinense, Mr. Poe con su laudano y sus sufrimientos sentimentales, totalmente presentes acá.
Pasando por la representación femenina de Mary Shelley que construyera al auténtico monstruo prometeico por antonomasia para nuestra decencia, o ciencia, no sé...; para acabar haciendo una comparación personal con aquella escritora, investigadora y superdotada intelectual, conocida como Jessica Fletcher en la serie Se Ha Escrito Un Crimen, rindiendo agradecimiento a la mítica y recientemente desaparecida y añorada, Angela Lansbury. D.e.p.
Hay sentados frente a la máquina de tipos, estaban el productor Richard Levinson, y el guionista Pete S. Fischer que ya trabajara para agentes como los míticos Baretta, el chupachups de Kojak y ambo para el gabán raído de Colombo.
En fin, es la nostalgia, de la que Wednesday está bien servida, con sirenas encantadoras, vampiros y licántropos de nueva estirpe al estilo s. XXI y sus querencias actuales, como la directa referencia al Dr. Jeckyll y Mr. Hide, escrita por Robert Louis Stevenson, casi nada, la Flecha Negra, Ballantrae o El Tesoro con mayúsculas de aventuras.
Por tanto, Wednesday es atractiva como un novela de suspense, estilizada como un pintura de espiritual de Dorian Gray, ambivalente como una droga, aquí con un sugerente chelo y sus dos estilos contrapuestos, y condimentada con laúdano y otras especias, como una pizca de insistente belladona. Así es ella, la nueva... Detective Fantasma. O de fantasmas... según el color con que se mire. Blanco y negro, seguramente, si el tono de grises se lo permite. O la sangre de Cosa, no se interpone... Las lágrimas no tiene color, pero si sabor. Entre salado, tragicómico... amargo.
Por supuesto, hay mucho color, como buen Burton. No creando un circo, aunque pareciera, sino escuela visual. Ya que uno de sus mayores éxitos es la recopilación de casas y castillos, además de precursor de atractivos repartos. Con traje de rayas va encabezando por el actor Luis Guzmán, un fiel de Paul Thomas Anderson y el cine de mafiosos como aquel Carlisto´s Way, un relevo monstruoso de los inolvidables Raúl Juliá y Tim Curry.
Más la matrona de la familia siniestra con una rescatada Katherine Zeta Jones, para sugestionarnos con otras de su estilo y especie de Monsters. Hay más personajes y sorpresas jóvenes... o cadáveres, pero es más fascinante, ir descubriéndolas... o sacándolas a la superficie con pico y pala. ¡Hala a excavar!
Por tanto, con algún capítulo en la dirección, esencialmente los más representativos, manifestando ese rádar casi visionario para las sombras, y su labor de producción elaborada en sus cuentos estilizados, Tim Burton puede ser clasificado como p... genio... y adaptado a las nuevas composiciones de los clásicos. Para lo bueno y lo decadentemente, malo. Más bien, malvado. ¡Y un achuchón colorido! Qué, de todo hay en la viña de Allan Poe.
Pero, esencialmente, en cuerpo o alma, depende del fantasma... ella es X. La estrella emergente Jenna Ortega...
De Scream... mejor no me acuerdo... hasta un rincón salpicado de este 23.
Del Blanco al Negro.
Antes de ponerse ante la máquina y el blanco, papel, para golpear con las falanges hay que ser un buen cuentista o detective... sino, ¡estás muerto!
Pero hay que estar confiante de uno mismo, y tratar de volver, aunque sea tras volar en las cachas de un reivindicativo elefante y tener la vista plantada en el futuro y las abejas zumbadoras de MGM. Ah, qué es un león...
Es una serie Wednesday que desafía la reglas, las propuestas de los héroes juveniles al estilo Harry Potter, y tiene un don especial con su grafismo representativo y sus guiones a la par, como agua y aceite de ricino, por Alfred Gough y Miles Miller, viajando a horcajadas entre La Momia o Spiderman 2, hasta Smallville y Hannah Montana. Menos mal que se han esmerado, de ahí hasta el miércoles.
Me pregunto se si habrán fijado en el alma del gran Arthur Conan Doyle, con ese intelectual del crimen que es el incorruptible Sherlock Holmes... infinitamente resucitado. Es una conexión mental y parapsicológica que me ronda en la cabeza, como el sabueso de Baskerville o el cuervo que la sobrevuela, avisando del temporal de fuego. ¡Elemental, querida Enid!
Wednesday es un relato juvenil de terror, entre gusto y muerte, seccionado por capítulos con un mismo estilo y diferentes manos, y que no había sido común en un tipo ´serio` como Tim Burton. Bueno la tele es serie, ¿o no?
Es una vuelta de tuerca a los inicios de su carrera y sus monstruos, reconocibles como un tornillo en el cuello o una danza macabra en un jardín romántico. Ahora reunidos, como los juegos olímpicos u otros más novelescos, con nombres terriblemente reconocibles, apellidos como Never More.
Por tanto, siempre hay un tablero en la cabeza, como aquel puzzle de mr. Levinson, donde las piezas se deslizan como los dedos sobre una ruleta de acceso a la caja de caudales, donde se guardan las claves del misterio. Es una recopilación de una detective Fantasma, con la mueca escondida de Miss Jenna, sobrevolándolo todo, como un verdadero cuervo. O tal vez, paloma... Al fin y al cabo, un paradigma, un fetiche de lo paranormal ya.
Pero, desataron una polémica, no sé de dónde... si querían hacer sangre, podían haberse referido a una versión caritativa de las pesadillas recurrentes de H.P. Lovecraft, donde habría esencia maligna para desparramar definitivamente. Desgraciadamente la historia no se puede cambiar, ni las novelas clásicas se pueden reinterpretar, pues serían otra obra.
Si bien dejando al margen esa dislocación temporal de los términos correctos, o no, existe una tribulación narrativa de viejos asesinatos, vistos con el prisma piramidalmente invertido de la actualización, a través de la conversión clásica de los géneros y antiguas razas de noche.
Esa es la gran apreciación que sentimos por la serie emitida en Netflix, con un buena representación de esas criaturas y la elaboración de buenos decorados, siempre con esa tensión de aventura peligrosa y venganzas; con antecedentes ambientados en la Bucarest de la Rumanía más vampirizada, magnificadas con bailes cinematográficos a lo Tarantino y de vídeoclip a lo Sioxsie Sioux o Adam & the Ants, casi mejor, o su música icónica y reinterpretada por su, de Burton, el maestro Danny Elfman.
Como se ve... claramente, o más turbio depende del cuerpo... todo parece coser... saturar y cantar.
Para servidor, esta Wednesday es como el reverso de El Hombre que Ríe o su alter ego tras el telón que fue Conrad Veidt, sin risa forzada, sí. La doble hoja que plasmó con más rigor, eso sí, pero con ese humor perturbador, más transgresor y cínico, el mismo Paul Leni de la novela de Víctor Hugo.
Pero es cuestión de pareceres, gustos y otros tipos de juegos con Joker. Mis Bufones tristes.
Esto no es... Lovecraft.
Aunque lo parece... Porque es un auténtico viaje con los monstruos del tiempo y el espacio, una línea que caracteriza los relatos y la fisionomía viscosa del autor de los Cthulhu que padecimos, como enfermedades contagiosas imprimidas sobre el alma.
Me estoy refiriendo a la serie Lovecraft Country, donde si reside esa trasgresión de la realidad y una polémica sobre los estereotipos que ofuscaron a una generación... y algunos intentan revivir una y otra vez, con muy mala cara mirando al horizonte.
Tiene algunos puntos de humor para desengrasar, pero son episodios anecdóticos que no transforman el dramatismo de lo que se cuenta en la época, sino que son chispas que reavivan el fuego en los ojos. Sin embargo, los capítulos son irregulares en lo gráfico, que no en lo reivindicativo que es el verdadero leitmotiv, pues esta adaptación de la obra Lovecraft Country de Matt Ruff, también actor neoyorkino, es un pequeño desliz temporal del maestro original, hacia el ciberpunk y las cabinas temporales. Un inciso oscuro.
A esta ventanilla vienen todas las reclamaciones, la sangre, el sudor y otras esencias corpóreas... más pegajosas, hasta extracorpóreas, que convierten el viaje en un reencuentro sobrenatural con el rock y el blues, y esta familia atípica (casi a lo Morticia Addams, trans) que viaja por el túnel del Green Book dirigido por Peter Farrelly.
Sexo de todos los colores y fluídos, también los hay, como las meigas que cambian de dermis.
Aquí está la referencia a lo negro y lo blanco, como antagonistas del terror, donde uno siempre tiene que ser, parece... el malo de la película o asesino en serie. En Lovecraft Country, existen monstruos viscosos, pero somos nosotros también. Protagonistas entre el blanco y negro que representa ese pasado gris, pues esta representación del universo lovecraftiano se debate en unos convulsos años 50, donde la monstruosidad andaba por los autobuses y las calles.
Ahora los pobres reprimidos, podemos ser cualquiera y los olvidados, los acosados en el colegio... cualquier niño o Wednesday, diferente al resto. Según los ojos.
Por consiguiente, es normal tratándose de una revisión de aquellos mitos de Lovecraft y sus monstruos internos, regidos por la enfermedad psíquica y el dolor, contrastados por tipos activos con aquella represión injusta como J.J. Abrams y especialmente, el aquí productor también Jordan Peele. Es la respuesta al terror humano, y sobrenatural, de Bad Robot, Warner Televisión y HBO.
Mas, con un resultado final, algo tenebroso en aquella USA, reinterpretada bajo el prisma revisionista de la guionista Misha Green, que de sus colores entiende y la protesta también.
Queda enlazado ese Lovecrfat con el racismo social en este Territorio, pero sin referencia clara, no encaja en su mundo onírico de pesadilla a la perfecta e idílica relación con su gato, tal vez negro, con el despertar de una lucha encarnizada de razas y la libertad, que nos quieren arrebatar... ¡No sé quién!
Para finalizar, antes de continuar con la Familia, posee la serie una personalidad esquiva, como oculta bajo capas de piel falsa, fría como fantasía y la enfermedad térmica que poseía Lovecraft, un poco como la misma Miércoles, con su pensamiento obtuso y lacerante.
La Detective de Fantasmas.
Han habido tantos y con tantas caras, que hacer una lista sería una temeridad que solamente estaría en la Mano de Dashiell Hammett o tipos con gabardina así, como Raymond Chandler... o guardapolvos negros que sería la prenda más ajustada a tiempos modernos.
Y para elaborar un buen elenco con estos elementos negros como Fritz Lang, Roger Corman o Terence Fisher a otro nivel, se podría aseverar que Tim Burton está a la altura de grandes como Barry Levinson, Martin Scorsese o Francis F. Coppolla, para llevar al estrellato posible de las pantallas y la investigación, ahora de televisión, a nuevos nombres de la escena. Luego el trabajo personal hará el resto en sus carreras, y la suerte, pues las bolas de cristal no existen, efectivamente hablando.
Tod Browning, para mí, es el creador esencial de los olvidados y diferentes, excluídos los llaman o freaks que le gustaba a él. En definitiva, los monstruos más humanos.
Wednesday es el Harry Potter en femenino, adaptado a los tiempos, pero con menos gracia... digo con más, que hay que entender los dobles sentidos, como un nueva joven Shelock-a en la hermandad de los oscurantistas de hoy... Por cierto, ¿qué fue de Nicholas Rowe, perdimos la pista hace algún tiempo?
Aquí en esta serie Netflix a diferencia de la anterior para HBO, existe aroma a moderno, a humor inteligente y cínico, a cultura real de los mitos, sobre todo, literarios. A los héroes y villanos de nuestras lecturas de juventud, a fiestas y bailes estudiantiles, a defensa de los amigos y destapar las traiciones... como verdadero detectives, o jóvenes atrapados en barriles ante la isla de los piratas. Los monstruos los pone nuestra imaginación, la de Mr. Addams y la de Mr. Burton, of course. El gótico clásico, los maestros de la literatura y el suspense.
El porvenir, en una segunda temporada, que promete manos unidas y sustos familiares... los pelos en la lengua, las tramas, los diálogos. la referencia estética a Eduardo Manostijeras conexión The Crow, y algunos lobos que aullarán a nuevas historias nocturnas.
Los extraterrestres o fuerzas cósmicas, se los dejaremos a Peele y H.P. Lovecraft, es una idea. Y... ¿quién es élll? ¿A qué dedica su fétido libreeee.? Como un Horizonte Final, que puede ser... ¿lo habéis visto? Hmmmmm...
Y ese poder sin explicación... la cara bonita, es Jenna, que es un ángel con trenzas... sin fin.
O es, ¿una monstruito? Ya lo sentiremos... dos, crack, crack!
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domingo, 8 de enero de 2023
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