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domingo, 11 de marzo de 2018

Coco.


México Lindo y sonado.

Los recuerdos vienen, a veces, como sonidos de una guitarra española en altibajos sensitivos o rasguños (quejidos) del alma de una madera ancestral con el que se fabrican los sueños. De igual manera que el divertido compás del mariachi, bullicioso o profundo, dependiendo de la ocasión festiva o la festividad que decora con el guitarrón mexicano, saltando en sus cuerdas y oquedad, la procedencia de la Guadalajara de Jalisco. Es un instrumento musical que cualquiera, joven o adulto, siempre que ha sentido su estilizada forma en sus manos, su tacto inolvidable y cálido, ha deseado tocar con habilidad, aunque sus dedos se negaran a ofrecernos una adecuada sonoridad o validez rítmica.

Con el tiempo, esos recuerdos no se manifiestan con claridad, menos cuando nos atacan estas enfermedades modernas del cerebro envejecido prematuramente o, simplemente se desvanecen entre los viejos y perdidos álbumes. Por eso, nos ayudamos de esa serie de retratos fijos para traer a la memoria, aquellos momentos vividos junto a nuestros seres queridos, como muy bien sabe la productora norteamericana de animación Pixar, que lleva jugando con nuestros sentimientos, agradablemente por demás, desde su creación en 1979 por los programadores y artistas de Lucasfilm.
Hasta el gran salto de aquella Madre Lámpara que iluminaba los movimientos graciosos de su pequeño Luxo, curioso y revoltoso, con ansias de crecer artísticamente, bajo la luz de la luna artificial o natural, según se mire, porque pocos años después regresarían con sus animosos y queridos juguetes de Toy Story y el paralelismo de los condicionantes humanos que fueron depositados en ellos, para satisfacción de niños y mayores. Algunos de aquellos recién llegados a su particular universo onírico, jóvenes del mundo, han deseado alcanzar uno de sus objetivos, resplandecer como los nombres luminosos en los carteles de un gran teatro, ser verdaderas estrellas del espectáculo. Así que, Welcome to México... Bienvenidos a La Tierra de los Muertos, muy vivos. Hello Coco. That's Entertainment!

Los Sentimientos Animados.

Seres aparentemente inanimados, que nos acompañaron en los tiempos más felices de nuestras vidas, mucho antes de que empezáramos a pensar en el fin, o a sentir la pérdida de amadas compañías. Es una reflexión que nos pertenece a todos, que nos acompaña el resto de nuestros días... ese vacío incontrolable...
Desgraciadamente, en este mundo real donde existimos y desprovisto de otros efectos visuales, los pequeños fantasmas, no volverán para regalarnos ese esperado abrazo físico. Ni siquiera una deseable y justa venganza personal... Tras la oscuridad abisal del océano mediático, extraños niños de alas negras de cuervo, esos niños pez no podrán crecer más, sencillamente dejarán una estela plateada tras de sí, una mínima duda o incredulidad ante lo presenciado o sufrido... "No es lo mismo, su cadena perpetua, a aquella posible y necesaria revisión de una prisión condicionada por una revisión profesional, y tal vez, familiar". Muchos otros padres, como lo fue su abuela, lo esperan...

La vida de los niños, nos guía en el futuro, con aquellos deseos incontrolables, semejante al nervioso palpitar el día de Navidad o Reyes Magos, para encontrarnos con los ´indestructibles` juguetes, es un decir comparable con nuestras debilidades... En cambio, los sentimientos permanecen como los instrumentos afinados de nuestra existencia, unas veces dando notas agradables y coloristas, otras escondiendo lo feo con una original melodía, con una voz esplendorosa que tape o simule el dolor. Lo que Pixar viene demostrando en trabajos posteriores, desde Andy y Buzz, a los luchadores y simpáticos insectos, con su particular aprendizaje del mundo de los mayores, de este circo que ven con otros ojos... Los Monstruos que, con sus risas y chistes, vienen de otro mundo más extremo y peliagudo, de esos pececitos perdidos en la oscuridad del alma o el océano, los niños como superhéroes Increíbles que intentan sobrellevar el destino, las opiniones o sobreponerse a las acciones criminales de los mayores... Convivir con el amor profundo, desde cualquier confín apartado de nuestro alma o cosmos deontológico, como niños tirados en montañas de basura espacial. Mirando arriba, a las luces que coronan el deseo de triunfo o ser reconocido, ganando un Oscar, o dos, o tres, etc... Cantando como un niño con zapatos nuevos, mirando a su familia artesana, con su guitarra de clavijero en calavera, antes de los trastes y el alma, que trae una leyenda antigua, una especie de magia evanescente, una sonrisa en el espíritu de un viejo. También de los que se fueron, algunos sin despedirse...

De la misma forma que aquella magnífica entrada fotográfica en Up, los humanos se han convertido en protagonistas de esta familiar apuesta, sensitiva demostración de afectos desde dentro a afuera (maravillosa enseñanza o correspondencia con Inside Out), tan colorista como un océano y sus seres resplandecientes, casi mitológicos, en busca de otro amor perdido de la juventud. Coco, ha conseguido lo que deseaba, mover nuestras conciencias (duras o turbias) con un guion compartido entre la frontera más tenebrosa, manosearnos las fibras sensibles y la mente, revolvernos las cuerdas vocales, hasta hacernos soltar un grito indiscutible, convocar un río de lágrimas por el que navegan seres mitológicos, amigos ancestrales, recuerdos en otra realidad paralela, durante la fantástica Fiesta de los Muertos o la historia cultural de México.
No se conoce muy bien, como decía, la primera elaboración de la guitarra. Para su exposición actual, han tenido que modificarse bastantes y ancestrales instrumentos, que pasaron de generación en generación, de canción en canción, de mano en mano, de película en película... Hasta la llegada del pequeño Miguel de los Rivera, del pueblo de Santa Cecilia, dispuesto a convertirse en la estrella, menos fugaz que otras que se apagaron hace tiempo y, que precisamente, por su deseo irrefrenable tendrá que ir a buscar junto a la guitarra soñada. La evolucionada en las tierras de los mariachis, de las rancheras y la diversión.

Por consiguiente, todos somos aquel pequeño Coco, que jugaban entre zapatos adultos y convocaba a su espíritu ancestral, ese yo interno, que nos canta como una llamarada y nos envía a una odisea, a través del tiempo y el espacio. A una misión artesanal de nuestras emociones.
Sin embargo, en otras aventuras, la guitarra eléctrica apareció a la inversa, por necesidades técnicas para cubrir grandes espacios de conciertos y voces en directo, acompañadas por manos hábiles de músicos que se harían universales y resonancias aumentadas, requeridas para hacerse oír más allá de los ocupantes de las primeras filas, aquellos vivos y sonoros fans. Cuando otro joven músico de 1989, apodado Eric Draven por el autor James O´Barr, recorrió el camino contrario a los muertos de Coco, se inmiscuyó entre los mortales para recordarles sus malas ideas o acciones, y no como una manifestación de cariño, sino como la venganza en manos de la muerte resucitada y la lista negra de un cómic convertido en película. Con aquella siniestra sonrisa del recordado Brandon Lee, dirigido por Alex Proyas en la noche del Diablo.
Elevó su grito descarnado sobre la tierra de los vivos, propagando su deseo en la carne, devorando los recuerdos con fuego, sin artificios, ni risas, sólo dolor. Coco es lo contrario, con momentos divertidos y musicales, que traspasan los hechos contados y las pérdidas, las manifestaciones adultas sobre el porvenir laboral de sus hijos, el rechazo del diferente, las reglas inflexibles, los movimientos criminales por avaricia o codicia ante el éxito ajeno, los sermones de la fe y la sangre, los presagios de figuras tenebrosas, los muros que se levantan para separarnos, los sentimientos encofrados en el odio o la timidez frente al auditorio, y nosotros mismos. En definitiva, en esta pelea invisible de la ilusión frente a los miedos.

Normal que dos mentes maestras, de sus guionistas Adrian Molina y Matthew Aldrich, que no diferenciadas por el ruido alrededor (de políticos y demás monsergas), se hallan unido para ganar algunos premios merecidísimos, con toda una familia de artistas y diseñadores digitales en precisa y santa compaña. Solamente interpretando ese ´gusanillo` o voz interior de la imaginación, han podido elaborar un guion que nos hace disfrutar de la Fiesta de Pixar y sus, ya inolvidables personajes. Junto a la familia, esqueletos y calaveritas en altares familiares, con Dante y su paseo con fieras animadas, héroes y almas perdidas, con dulces para infantes afinados, velas conmemorativas y flores anaranjadas de cempasúchitl, que ilustran nuestros pasos hacia el éxito, pero sobre todo, guiados a la memoria y la emoción. También, gracias al ritmo enloquecido y el ambiente festivo, dispuesto por la mano de un orfebre o montador, que ya nos ilusionara con su primer largometraje como guía narrativo y espiritual en Toy Story 3, llamado Lee Unkrich, encargado de un mundo de texturas, sensaciones y fantasía, para nada residual o lúgubre. Felicidades por el fantástico recorrido de Coco y sus canciones, hacia los Oscar de la Tierra de Hollywood.

Lágrimas y efluvios de Coco.

A saltos de guitarra y decepciones vocales, sus cuerdas que nos recuerdan a otras aventuras (por cierto de no hace mucho tiempo, o sí) ancestrales, este chaval nos ha encandilado con su decisión y precisión en las notas, en un aprendizaje feliz. Un pequeño ruiseñor mexicano, que decide embarcarse en una odisea existencial, en busca de sus orígenes y la fuerza necesaria que le permitan convertirse en aquello que desea, un músico, nada más y nada menos. ¿Quién no lo ha deseado alguna vez? ¿O simplemente, artista o creativo?
Pues bien, el solitario mariachi nos enseña las vicisitudes que debemos encarar, con ese mundo depredador ahí afuera, acechándonos como tigres hambrientos. Se instala en la historia de México y sus artistas de cine, pintorescos charros, cantantes en gorros gigantescos y brillantina, instrumentistas airosos, presentadores y humoristas, artesanos y algunos diseñadores internacionales, etc... en la carne y traje blanco de Pedro Infante o Jorge Negrete. Desde Ciudad de México, a la terrible o no, Ciudad o Tierra de los Muertos, de aquellos recuerdos familiares.

El Estudio de Animación Pixar, siempre busca la originalidad, en cambio, mi frágil memoria me atrae a esa aventura fantástica en papel, que recordamos como Kubo y Las Dos Cuerdas Mágicas. Sobre los avatares de otro muchacho oriental, aproximadamente de la misma edad a Miguel, hermano del alma musical, que se embarcaba con su shamisen y sus amigos animalescos, con diferentes alebrijes multicolores en reencarnación mitológica, hacia un territorio invadido por la magia y los recuerdos sanguíneos, saltando las olas de origami por calles floreadas y enviando su entrañable música, para conquistar nuestros corazones y salvaguardar la memoria de sus progenitores. Veremos que ambos encuentran respuestas muy semejantes, aunque diversidad de expresiones coloristas o animadas.
Se distancian en lo tangible, pero fundamentalmente coinciden en la perspectiva y el deseo, se alejan de la familia viva para viajar a una Tierra infrecuente, cruzando un puente que traga a los indocumentados o no bendecidos en una floresta movediza, identificándose con ellos y con todos los principiantes de una categoría artística, que llevan esa condición diferencial o arte en las venas, o la punta de sus dedos transformados en hueso o papel. Esto es, la excelencia o inmortalidad musical.

Esta práctica universal de la música, se convierte en un divertido musical retrospectivo del folclore mexicano y sus brillantes tradiciones, arraigadas en el pasado y el recuerdo de sus difuntos cercanos, dejando a parte otras circunstancias más personales. Más concretamente, en la curiosa festividad del Día de Difuntos, cuando las bandas salen a tocar en memoria de aquellos, a través de un baile de guirnaldas floreadas, máscaras que esconden las posibles frustraciones, como el miedo y el olvido, huesitos de santos que pertenecen a un lugar desconocido, el destierro a algún lugar indeterminado, lejos de los que recuerdan en tierra, a su vez, dividida como la nuestra, la humana. Quizás, porque en algún instante de su existencia, entre tragos y canciones amargas, también lo fueron o sintieron, los colocaron en un altar con fotografías, recordando una melodía o una imagen borrosa, unas palabras de amistad invariable, un abrazo cálido o una voz entrecortada, un gemido inaudible, casi de bebé recién nacido, antes del llanto incontenible.
Por supuesto, las fotos bendecidas de abuelos, que entrañablemente nos enseñaron a movernos, jugar y cantar las canciones de otra época, incluso, alguno recibiría la sangre de alguno que tocaba la guitarra u otras cuerdas sensibles. Para proporcionar a Coco, una atmósfera alegre, con una pizca de emoción final que nos saca de la odisea fronteriza, la utópica marginalidad y la inteligencia metafísica entre dos mundos.

Por tanto, este punto temático y crítico, de las emociones (como suele suceder con estos muñecos con alma propia) no naufragan en viajes en globos insustanciales, ni siquiera en la representación de la fractura anímica de un pueblo vecino, sino que se desbordan con el recuerdo imperecedero, mientras exista esa chispa de vida en los ojos de un niño o niña. De todos aquellos, que se desviven en la búsqueda de otra forma de vida, y no de muerte... cruzando aduanas con fotografías de lo dejado atrás, por caminos cubiertos de pétalos amargos y olvido, que se tragarían al menos "pintado" o pinturero, de vigilados que envían recados dramáticos o falsarios, en sentido contrario. Trampas familiares que hunden nuestro pies perdidos, en el momento de mayor debilidad o inseguridad.
Nuestro mundo, empequeñecido como un barrio, se asoma a una ventana, cada vez, más apartada y quebrada por la diferencias y los costes, infranqueables barreras que dividen la buena tierra y la de los malditos "muertos de hambre". Up, o arriba, arriba iré.
El chaval de las cuerdas, es un extranjero que reaparece en el instante adecuado, para reivindicar a todos los perdedores o los que se quedarán atrasado en la memoria de alguien. Por tanto, es otro Kubo que destapa las vergüenzas y los miedos intrínsecos al ser humano, la persecución de esos sueños inalcanzables a priori y el desparpajo para encontrar un padre o cantar de ... madre.

Son lágrimas agridulces, como los pasteles típicos de ese día, cuando los ramos frescos de flores se van marchitando sin encontrar respuesta (o sí, depende de vuestras diferentes conciencias o creencias respetables), pero, en esta película inolvidable en busca de una realidad más cercana y tangible. Además de la consecución de ese deseo singular, para el que el niño pareciera capacitado, guiado por un hilo invisible o guiado de la mano arrugada de una antigua y profunda amnesia. Una viejita canción, tierna y muy achuchable...

Sonrisas y tonos fantamas.

Algo, poco, tiene que ver con el oficio de Tim Burton y su maestro Henry Selick, cuando transforman sus mundos inanimados en verdaderas piñatas emocionales o confetis para el recreo de aficionados a la animación gráfica. Aunque, sean con técnicas diferenciadas o potenciadas por un esfuerzo hercúleo, que muestran el sentido trágico de la vida y, por tanto, también el humor.
Esta sería, la segunda gran parada de este festival, compuesto por letras en descomposición ficticia o fantasmal, y comedia mortecina a base de gags prófugos y rebeldes. Una explosión de fuegos iridiscentes, que no artificiales, porque rebuscan en el interior de los seres humanos y sus diversas condiciones sociales o familiares. Como los olvidados, dispersos por un mundo oscuro, que necesitan de una mano amiga o una guitarra consoladora.

Por otro lado, esta la envidia ante el éxito, que acompaña a los deshonrados por la fagocitación de su trabajo, robados en el concepto artístico de la expresión, mutilados o envenenados por entes frustrados, embellecidos ante un público anónimo y extraño. Ambos estilos están bien diferenciados por el trabajo impecable de los diseñadores gráficos y digitales, los dibujantes y creadores de texturas, con mirar a la atracción de los más pequeños de la familia, pero sin olvidar los intereses secundarios (o no) de sus tutores y acompañantes adultos. Las voces que dan vida, más o menos estimulante, a una colección de personajes que pertenecen a los sueños o el misterio de la muerte, contemplado como una canción mitigada del dolor. Unas palabras apenas audibles, en su memoria coronada por la ternura y las canas.
La música compuesta por Michael Giacchino (Ratatouile o Up) en guitarra nacarada y la canción Recuérdame premiada por la Academia y acondicionada en equipo, se manifiestan como ejemplos vivientes de éste, orquestado a la perfección, a pesar de disonancias o quejas de espectadores, determinadas secuencias de acción al estilo de los videojuegos u otras interrogantes para ser despejadas en vivo y en directo. Como algunas acusaciones comerciales que no interesan, a vivos o muertos, sólo las expresiones artísticas, no enmascaradas.

La animación es, por tanto, exquisita y variada, en proporción a los rincones del alma visitados, disfrazando mascotas que acompañan a nuestros héroes reivindicativos, justos y luchadores, pasando de uno a otro confín, semejantes a aprendices de piratas y sus loros, buscadores de la verdad o protagonistas de antiguos filmes, con pasión mexicana.
Estos animales simpáticos, se visten con disfraces camaleónicos dentro de la ciudad, pululan o vuelan por un castillo u orfeón televisado del famoseo, en la balanza de nuestras propias miserias, para combatir los crímenes junto a la voz cantante. Rodeados de casas rústicas y puentes aéreos que unen o demoran, plazas repletas de bailarines (moviendo sus esqueletos), remarcando y considerando a los habitantes del otro barrio marginal, sin luces pero con sombras que hacen palpitar. Todo un colofón de materiales pirotécnicos digitales y texturas sobrenaturales, para condecorar con merecimiento a este muchacho, "guache maltito", cuervo brillante con la guitarra a cuestas.
Diría cantando, todo es fantástico aquí al otro lado, namaste. Coco palpita y desborda emoción, como siempre Pixar, para sacarnos de cualquier trance casi hipnótico y del trago amargo, con otra obra que añadir a su gesta inigualable.

Las fotos rotas no se olvidaron, las frentes marchitas no se borraron, se rebajan y cierran ante la frugalidad del triunfo o la envidia que carcome los huesos. Notas con el cuerpo de una mujer, que puede ser la madre de cualquiera... siempre persiguiendo lo intangible, intocable en su sillón como una letra robada. Recordad, a todos aquellos que siempre están, incluso, cuando no te escuchan o entienden la canción... Distorsiones de la realidad trágica, natural, anciana.
Mientras, el Sol ilumina a los perdidos, los que no logran sus sueños, prohibidas estrellas del pasado, se refugian en un silencio eterno, la paz de un abrazo, allá en la Land de los Muertos.

Coco, el Kubo o cuervo de la venganza que facilita los caminos muertos, ni siquiera es un fruto tropical de una isla misteriosa y luminosa, rodeada de playas paradisíacas y música en oleadas... ¡Coco, eres tú! La mente simple de otro fantasma, un poco loco. Coco, en definitiva, es un fantasma para los niños o una máscara para nosotros, los vivos.
Postdata: Como pensaba al principio, este mundo no es perfecto, ni mucho menos es propicio para los inocentes. Tal vez el futuro, nos depare otra forma de sentir y relacionarnos, de hacer justicia. Lo veremos, podría ser como una distopía en Altered Carbon, apenas sin muertes... Esto no es, lo que había soñado.


domingo, 4 de marzo de 2018

The Florida Project / Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

El Monstruo y la Niñez.

Hablando de monstruos clásicos de la Literatura Universal o el Séptimo Arte, normalmente comprobamos, que nos han enseñado en sus relatos, su lado más crítico y humano, unas muestras indelebles de particular inocencia. Esa cualidad que constataría la íntima relación con los creadores, tal vez.
La monstruosidad artística, contrasta con ese comportamiento más brutal o salvaje, propio del instinto innato de consecuencias devastadoras en la jungla de asfalto y cemento. También compartirían la frustración del intelecto, frente a ese resorte recóndito dentro de las conexiones del cerebro avanzado. Por consiguiente, el alma sería una ´posible` condición paralela, que aprende de la experiencia y los fracasos (o debiera), para intentar dominar aquellas acciones desproporcionadas, encaradas hacia la supervivencia personal o la protección en el interior de la manada, la observación del entorno y el brillo de unos colmillos cercanos y dolorosos socialmente, del depredador en potencia; frente a la parte imaginativa o esa condición artística, que relegue la violencia gratuita al ostracismo. Es decir, que los sueños ejerzan una relevancia positiva en nuestras vidas y no, la expansión del dolor o el terror.

Todo ser vivo, en sus primeros paso de existencia, estarán definiendo su futuro como ser inteligente y educado, a través del aprendizaje igualitario, y en el caso de los "cachorros de hombre", con un sistema educativo que funcione y unas relaciones sociales que proporcionen seguridad y libertad, a la vez. Un asunto complicado que será el objetivo de los siguientes ejemplos cinematográficos, como investigación sociológica de los procesos diferenciales y nuestros derechos como ciudadanos libres e inteligentes. Diferencias fundamentales con nuestros amigos, los animales y magnética frente aquellas bestias elaboradas con la imaginación o retratos de nosotros mismos.
Si no, el procedimiento errático, generará frustración y los inocentes aprendices absorberán todo lo sufrido a su alrededor, terminando pareciéndose a sus torpes maestros o cometiendo los mismos errores y desestructuradas vidas. Porque, al final, siempre los monstruos de la película, acabaremos siendo nosotros.

Estas son dos muestras maravillosas, dentro de un año cinematográfico que no parecía deparar sorpresas, ni respuestas eficaces. Son retratos veraces o distópicos, son ambientes abiertos en mentes desquiciadas, son observaciones artísticas poderosas y críticas, con la sociedad y los comportamientos enfermizos o violentos. Con actos salvajes en estructuras muy básicas y familiarmente cerradas, a pesar de los espacios y las lecturas que emprendemos, que emocionan por igual y expresan el paso del tiempo, cuando no nos fijamos en él, cuando una observación o denuncia sobresaliente, puede estar a dos pasos de aquella monstruosa definición de "Obra Maestra del Cine", lo comprobaremos y Uds. deberían ver obligatoriamente, poniéndose a la altura de los diferentes elementos... y razonen juntos, por favor. Gracias,celebremos.

The Florida Project.

Pequeñas criaturas de la Tierra, seremos como el reflejo de nuestro aprendizaje o educación monitorizada, una imagen de nuestros maestros y observados por la sociedad, en nuestra cápsula del tiempo. Aunque, en el estado más débil o el pensamiento inocente, los juegos se erijan como una forma de conocer nuestro entorno y el contacto con los semejantes, hombres y mujeres. Un juego que sirva para instruir en la igualdad y su objeto sea dominar las incipientes emociones, tan alterables como necesarias, sobre todo, en un territorio hostil o asfixiante.
A pesar de las continuas zancadillas vitales que salpican nuestro camino hacia la madurez, esos adultos con ciertos rasgos de monstruosidad galopante o emergente en un instante indeterminado, peligros que actúan como tutores o protectores con nuestros miedos e inseguridades propias. Los niños de The Florida Project, con guion a la par de Chris Bergoch junto a su director Sean Baker y principal valedor, conforman un complejo laberinto de pasiones en ebullición, condicionadas por un verano fuera del control de las clases habituales y los gritos recurrentes a su alrededor. También, los gestos imperceptibles de la resignación o la frustración, marcan una dirección deslumbrante de este osado artista y monstruo independiente, con trabajos que afianzan la línea de denuncia social, como Starlet y Tangerine. Los pequeños son los verdaderos sufridores de una sociedad enferma o alienada, con madres diagnosticadas con el mismo mal, la falla educativa o frontera social insalvable, a posteriori, y la falta de respeto generalizada.

Aprendices de seis años aproximadamente, que participan en la actualidad, de todas las situaciones comprometidas en nuestras vidas adultas, aunque sus barrios no sean ni parecidos a los de este lado o las princesas se expresan de otras maneras. Incluidas las sofisticadas secuencias, o naturales en el montaje eléctrico, con travellings inolvidables, picados existenciales y primeros planos, que te dejarán con un dolor inabordable o esa frustración antes mencionada; más concretamente, las espectaculares escenas que indagan en los sentimientos, tanto en el exterior como en la deformada estabilidad de una habitación en penumbra y extremadamente irrespirable, en los pensamientos que no se dicen, pero se ven en los ojos, de pequeños actores nombrados en alguna ocasión, como incorregibles productos en la búsqueda de la excelencia cinematográfica. Decía el viejo y estimado maestro, Alfred Hitchcock, aquella manida y repetida máxima: “Nunca se te ocurra hacer una película con animales, ni con niños, ni con Charles Laughton“, y nuestros pequeños de The Florida Project y su jungla vertical, se han encaramado a la realidad natural de ciudades dormitorio, por barandillas y escaleras, grandes avenidas de centros comerciales. Por berrinches y respuestas deslenguadas, aceras visualmente ejemplares, encaramados a peldaños rotos de la psiquis adulta y jardines no tan infantiles como debieran; por las risas y sonidos del fracaso, del odio y la envidia, demostrando (imagino con la meticulosa observación de sus creadores tras la cámara) que, no siempre, lo que suponemos o escuchamos de otras voces, tiene que transformarse en absoluta veracidad. Aunque, le comprendamos y autoricemos para hacernos sonreír y aconsejar, Mr. Suspense.

El director Sean Baker, nos coloca a la altura de sus ojos y juegos, nos convierte en los oídos convidados de esta fiesta veraniega y los desajustes que se producen en la intimidad, de manera que el suspense narrativo y visual, lo vamos notando a cada expresión o nota de la banda sonora de sus vidas en proceso de absorción y digestión de la realidad. Cuando, esos ojos llorosos, solamente piensan en pasárselo bien, aprender y acariciar los sueños con sus dedos... los que, también, hacen travesuras, o las lenguas proporcionadas o desproporcionadas, por sus educadores en la familia. The Florida Project, no es una crítica solamente, es un aviso de las condiciones de algunas de aquellas típicas familias que, ahora, pueden estar desestructuradas o peligrosamente marginales, debido a la falta de reglas y la ruptura de la convivencia pacífica.
O viceversa, una denuncia de las condiciones no rescatadas a tiempo por las instituciones públicas, adentrándose en un bloque inhóspito que resalta las recepciones sensoriales y los cambios drásticos en la conducta, sin que nadie se atreva a intervenir o cuidar adecuadamente, ni adelantarse a los síntomas de la enfermedad actual, que condicionan los peligros futuros o las posibles amenazas invisibles. Gracias al montaje sin trucajes y un guion arrollador, meditado hasta en sus momentos alegres por el mismo director neoyorquino, una autor valiente a descubrir dentro del mundo independiente del cine USA.

Qué se puede comentar sobre las increíbles interpretaciones, simplemente, que nos convertimos en uno más de los protagonistas, actuando libremente como ellos, comiendo de sus helados o cogiendo los juguetes desechados en una partida. Los pequeños, en especial, la princesa principal del cuento distópico y excepcional fuente de naturalidad, Brooklynn Prince en sus primeros pasos en el oficio de la interpretación profesional, son ejemplos vívidos de una realidad subyugante o mágica, depende de la mirada y de las observaciones de los actores magníficos, que comparten su escenario, que no, sus juegos y secretos... por ahora. Realmente todos los elementos jóvenes y de intenciones rebeldes, elaboran a la perfección sus roles en esta hábil película.
En frente, el increíble papel de una madre bipolar, encarnada por la actriz novel Bria Vinaite, igualmente excelente como todos sus naturales vecinos, aunque no amigos del alma. Ya que, ésta, es sorda y aparece profundamente corrompida por el odio.

Porque, la otra parte de esta historia reveladora y compleja, la otra representación o universo paralelo a la infancia de aquellos, está reflejada en un dios de la interpretación como Willem Dafoe (el hombre pasional o tranquilo, nacido en la ciudad de Appleton (en el norteño estado de Wisconsin) y sus maravillosos gestos, en este laberinto de pasiones refrenadas y mucha acción, no belicosa. En sus manos y la labor de un gerente que se preocupa por los habitantes golpeados por una educación deficitaria, la visión de un hombre que realiza trabajos con los ojos en la inocente, o no, fractura del estamento familiar, que fuerza o relaja sus músculos, sin apenas darnos cuenta, que está señalando la culpabilidad de todos. Del silencio frente a las condiciones o las descalificaciones personales, la comprensión ante la dificultad de ese dominio del lado salvaje, de protegernos con la decisión de un majestuoso vigilante ante los peligros en la sombra. Éste y el siguiente protagonista (como otros que comentaré a continuación), tendrán que observar cómo un premio no puede dividirse... y es, decididamente injusto. Pero, es el juego del actor y del fantástico cine.

The Florida Project instiga a los próximos movimientos, sin decantarse, haciendo reflexionar internamente, sobre esa etapa de la inocencia que empieza con el mecanismo educativo y termina en las diferentes edades del ser adulto. Como debieron aprender, aquellos muchachos de las riberas del Mississippi en los textos de Mark Twain y sus aventureras o peligrosas canículas, como nosotros observamos con emoción y recuerdos de la niñez, aunque no se aproximen a los ejemplos retratados. Conocieron antes de tiempo la amargura, la incomprensión dentro de una celda que recuerda lejanamente a un castillo, donde el Magic Castle Motel se convierte en otro protagonista principal y observador inmóvil de las vidas que contiene o condena la marginalidad, contraste entre la magia de Orlando y las afueras en la ciudad de Kissimmee en Florida State, trastocando sus juegos, las vacaciones soñadas y limitando aquellos buscados sueños. Un duro y armado de miserias, golpe de realidad.
Aquí, sus problemas son fruto de la inexperiencia y la irresponsabilidad que visualiza en silencio, enfrentándose a esos colmillos venenosos dispuestos a clavarse en la yugular de la inocencia o cuellos desprevenidos y la singularidad de una sociedad anclada en sus privilegios, castillos costosos que funcionan con otras reglas de convivencia y educativas.

A esta altura de la película, sólo cabe abrir los ojos y emocionarse con un rostro, recapacitando sobre la esencia oculta tras el cemento y el escaparate de exabruptos, a la vez que, disfrutamos un montaje dinámico situado frente a la estatura de sus protagonistas y su esfuerzo interpretativo. Cruzar las barreras y la soledad, conociendo las escaleras que funcionan como separadores o distintos niveles de este infierno familiar o castillo nada mágico (hotel de princesas desencantadas), los peldaños insalvables de la comunicación frustrada por la violencia, los hogares incendiarios frente a aceras dulces de algodón, las luces rancias del interior y los exteriores luminosos de la humanidad, en momentos de alegría... de verdaderos castillos de los sueños.
Por tanto, la falta severa de educación y la marginación, son lugares dónde acampan los monstruitos (no tan inocentes en algunos momentos) hambrientos de caprichos y los verdaderos monstruos, gigantescos muros que soportan la imagen reflejada en el mismo espejo, separado del onirismo con un difícil y ampuloso camino vital... y no de baldosas amarillas como suponíamos, entonces. Reflexiona...

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (Tres Anuncios en las Afueras)

Es ficción, pero, en algunos instantes impagables, no lo parece. Aunque la exageración de determinadas conductas, nos pueda llegar a confundir, si no enfocamos bien los caminos a recorrer en esta salvaje propuesta o los rigurosos parajes de la emotiva población de Ebbing. Que tampoco es Fargo, si bien tiene interesantes y lúcidas coincidencias. Cosas peligrosas que nos pueden golpear a todos, cuando las cosas se extralimitan y aparece el temido instinto depredador o de supervivencia, la maldad u odio inusitado, que tiene también su reflejo terrorífico con la notable película Get Out y sus escalofriantes escalafones de genética racial.

Tres Anuncios en las Afueras, de Ebbing Missouri fue triunfadora en los Baftas de este año, porque es un prodigio de emociones extralimitadas, que se convierten en una madeja a desentrañar por el público, cuidadosamente. Desmenuzando el pasado y colocando cada agrio momento o desesperada situación en un contexto actual, decadente o salvaje, donde los mismos monstruos humanos aparecen y condicionan las vidas de sus habitantes de manera estrecha e interrelacionada. Debido al mensaje, o el grito necesario, de una mujer o madre silenciada, castigada por la incertidumbre y obligada a enfrentarse al olvido, con el incondicional ánimo personal de la fantástica protagonista, la actriz Frances McDormand, en incombustible y mayestática madurez. Aquí, expresaré mi pena en la próxima gala de los Oscar´s, al tener que ver como una de ellas (la otra sería Margot Robbie por su increíble papel en I, Tonya), se quedará "no" plantada y sin novio dorado... me ofrezco voluntario o/.
El guion y la dirección, que abusa y no sacude con violencia, con un difícil y complejo sentido del humor, no negro, sino oscuro como un pozo infernal de odio y frustración, es de un amigo londinense que ya nos sorprendiera gratamente con películas como Escondidos en Brujas (sin doble sentido nacional) o Siete Psicópatas, por lo tanto, ya sabe lo que manipulaba entre manos y ejecutaba en su mente de guionista también. El director Martin McDonagh, hacia un viaje sorprendente al fondo de la mente humana y las emociones, cuando una mujer se convierte en foco mediático no deseado, pero necesario, que reclama la atención subida a una ardiente valla, de miseria y violencia extrema.

Cuando ella aparece, todo flota a su alrededor y se quema con la fuerza de su actuación, fuera de toda regla académica o de cualquier tema, que pudiera ser demasiado polémico para el espectador, o de las distintas instituciones a los que reserva sus dados sacrificados. Sin embargo, las relaciones son el mecanismo sobre el que funciona este sorprendente filme, que optaría a siete estatuillas de Hollywood, con las conexiones con otros actores, que me parecen personalmente de lo mejor en la actualidad cinematográfica.
Por tanto, es un ejercicio coral de responsabilidades y decepciones familiares o sociales, que giran bruscamente de los cauces de lágrimas a las irreverentes sonrisas, plagadas de un ácido sentido del humor, que actúa como incorregible desatascante, de las duras expresiones, los tensos diálogos y los actos de represión o insostenible violencia social. Acompañados de la estupenda banda sonora, que remarca sus estados de ánimo y el nuestro, compuesta por un Carter Burwell en estado de perfecta y acompasada armonía, también coeniana. Un gusto sonoro que, quizás, no aprecies en toda su capacidad emotiva, al estar tan ensimismado con las magníficas actuaciones de los protagonistas y el refugio de sus sus lacerantes o salvadoras palabras.

Evidentemente, con este cartel es casi imposible, caer en la imperfección, simplemente porque todos están geniales, empezando por el incombustible Woody Harrelson, que nos consuela con algunos de los momentos más humanos y emotivos que recuerdo, en toda su carrera cinematográfica como detective o representante de la justicia, y son muchos, incluido alguno memorable en televisión (esto es, de la primera temporada de aquellos Detectives de la Verdad), aquí más remarcada y real; más los inestimables trabajos del extremo Sam Rockwell y su trastorno afectivo, bipolaridad acusada con un deseo de agradar que condiciona su frustración emocional. Puede ser difícil de entender, pero, explicable con silenciosa energía y magnetismo en una escena, o hilo telefónico, que separa la curación interna con la muerte. Otros condicionantes de los diversos agravios que recorren sus calles, la carretera de los anuncios que causan malestar o admiración, dependiendo del lugar y la raíz que sostiene la enfermedad, son una esposa y amante avocada al desastre con Abbie Cornish o su alter ego Dusk. Con el hijo y hermano convalenciente de Lucas Hedges, la inopinada ayuda de Peter Dinklage, el compañero introspectivo de Zeljko Ivanek, el ágil Darrell Britt-Gibson, una padre en apuros encarnado por John Hawkes, el jefe y salvador frustrado Clarke Peters y demás personajes en esta encerrona natural y emotiva, interpretados por una racial Amanda Warren, la simpática Kerry Condon y la bella australina Samara Weaving, de familia actoral. Y esta decidida conexión de un actor que da muestras incontables de talento y, ahora, de diversidad en los registros como Caleb Landry Jones, que asombra de nuevo con su capacidad de mutación artística. Todos, y cada uno, merecerían un pequeño trocito de los sueños.

Si el guion y las interpretaciones, no te han dejado asombrado y extasiado, la fe golpe con un puño de hierro sobre los diferentes afluyentes sin destino, de este revuelto río donde todos intentan pescar y salen escaldados. Hasta la exhibición cruda de un golpe maestro que te salpica la cara, con la fuerza y la voluntad de tapar los agujeros médicos e investigaciones sobre una enfermedad, que deja un reguero de sufrimiento infranqueable y la dureza de un deterioro que no se detiene, ni te deja interpretar sin dolor o penitencia. Estos cauces son tan inquietantes, las palabras y acciones son tan dolorosas, que sólo te queda responder con el silencio y comprobar un trabajo que emana de emociones y no trata de saldar cuentas, con nadie, salvo con los monstruos. O la dificultad para encontrarlos en la penumbra de nuestra sociedad...
Los tres anuncios, nos delatan a nosotros y nuestras condenas, unas permanentes y otras que pueden transformarse en transitorias, si ponemos un poco de atención o empatía declarada, un aliento de humanidad en forma de zumo y una pajita de plástico, enfrentándose a los nuevo retos de un actor. O un rasguño, en las páginas violentas de nuestra historia como seres humanos, y supuestamente, aprendices que saben distinguir lo bueno de lo nauseabundo. Joviales complejos, que absorben la suciedad y la enfermedad mental, representada en una madre alcohólica y profundamente racista, las ideologías intransigentes o posturas heréticas, los sometimientos y la falta de libertad, los reproches familiares y la búsqueda de soluciones erróneas, los insultos o desplantes hechos desde el exterior físico, en definitiva, las muestras de salvajismo asincrónico en la época moderna o evolucionada. Todos representados por este interesante director y esta desafiante energía en el montaje, o crítica oscilante en la lente (que pudiera ser objeto de inconformidad), pero que te abre otro camino distinto de reflexión o participación... depende de nosotros.

Un ritmo clásico, que se componen de imágenes de una magnitud mediática, fuera de lo común y de las grandes ciudades, repletas de callejones sucios y esquinas en penumbras, imparable en su suspense emocional y exhibiendo una sociedad preocupante, repleta de males difíciles de sofocar, ni siquiera calmar los llantos con sentido vital o sarcasmo cómico.
Por tanto, "no es Fargo", ni tampoco lo intenta. Es todo lo que esconde la sociedad, la porquería que deberíamos barrer de las mentes y los hogares, lo más fácil de plantear filosóficamente, aunque casi imposible de realizar en la realidad. Una marea invisible que choca contra la ley institucional o pragmática, cuando únicamente existe una ley, la racionalidad. La ley del director de esta complicada joya, a desentrañar internamente, una y otra vez, la ley de Frances y Woody, como actores no dispuestos a ser manejados o tratados, como marionetas o enfermos sin ninguna posibilidad de salvación. Una distopía demasiado real, si observas las noticias y desapariciones que desajustan o deterioran nuestra forma de vida. Una forma de silencio luminoso, que reprocha a los medios de comunicación y su periodismo amarillento, las garrapatas que se sujetan a nuestra situación personal y se alimentan con tu sangre o el sabor del odio, una última mirada a la maternidad reprobable o insufrible. El amor que se pierde y nunca regresa, de la misma forma... o condición. La libertad de expresión, silenciada, de un auténtico peliculón, en mi equivocada opinión...

El problema de la educación de calidad y su traslado a la familia, será el mayor problema a solucionar en los próximos tiempos, cuando la enfermedad mortal nos alcance y ya, no haya más para sacarle los colores a los monstruos, a los juicios mediáticos y las diferencias ideológicas.
Por último, una reflexión cinéfila, imagino que alguien habrá pensado en ello... Coger la cámara y colocarla a la altura de los jóvenes intérpretes en una escalofriante y monstruosa, película de terror con su estatura... To be or not to be, small.

The Florida Project - Theme 'Celebrate' by Lorne Balfe.


Three Billboards Outside Ebbing, Missouri Soundtrack

viernes, 2 de marzo de 2018

The Shape of Water / The Disaster Artist.

Ella,... y la mar de Monstruos.

Y de las profundidades emergió la criatura, con su figura grotesca caracterizada para la odisea y la frustración, un paseo entre cariacontecidos mortales. Con desesperación huyó, alejándose de la multitud y peleando por un amor imposible, hasta ser reconocido como más humano que ellos mismos... pero, aquel día no arrojaría la flor al caudal y arrastrada a su amargo silencio, sino que la estrujó contra aquellas partes muertas e inalcanzables de su Ser. Un baile a través del tiempo, surcando la delgada línea de la oscuridad, entre la vida y la muerte.

Y los seres llamados humanos, cauterizaron las costuras y envolvieron su corazón con las palabras escritas por el deseo de su creador... literario. Vuelve a respirar, ¿ya no eres monstruoso?

The Shape of Water (La Forma del Agua).

Ella ya no necesita ser princesa, ni excesivamente bella, sino concisa y juguetona, frente al espejo del amor. Entonces junto a su interés silente, los monstruos del sur se asoman a la ventana, como una barrera infranqueable, y otean su rostro imperfecto. Impreciso como sus balbuceantes sonidos, sus quejas dolientes o reproches por el castigo.
Ambos, se rebelan y trastocan la esencia del ego humano con las emociones, casi de otro mundo, combinan el orgullo y los miedos, ante la prohibición u ocultación de la verdad, la producción científica y la investigación genética, que desarrollaría, quizás de nuevos fármacos que prolonguen la vida, u otra suplantación de elementos mortíferos. Condicionan los pasos en un tablero victoriano y mágico, que parece inamovible e inflexible, debido a sus diferencias y posiciones, a la forma de respirar. Cauterizando las heridas con sales acondicionadas para la ocasión y metros de película que marcan un estilo de ver la ciencia ficción romántica. O tal vez, una micción incontrolada y deseo de atemorizar al prójimo, porque cada monstruo marca su territorio, como lo harían los depredadores al acecho de inocentes víctimas.

El rostro del mal, engendrado por la educación competitiva y la falta de valores en sus adultos, enraiza con las facciones ampulosas de un caricaturizado, mas desafiante hasta el paroxismo, Mr. Michael Shannon. El mexicano Guillermo del Toro (Guadalajara, Jalisco), escoge un registro tosco del actor rebelde de Kentucky, para retar a una bestia con agallas feministas, a su "abuela" del mar laboral interpretada por una simpática Octavia Spencer y una bella criatura cubierta de escamas luminosas, casi extraterrestres, que recuerda cintas como Cocoon o ET. Aunque, esencialmente otros relatos tienen prioridad en este asunto de tintes amorosos, con acercamientos casi imposibles entre especies, metafísicamente.
En consecuencia, todo parte de los cuentos y no la ciencia ficción más contemporánea o universal, que está presente en La Forma del Agua, ya que el halo de humanidad se mezcla con la fantasía clásica y los miedos ancestrales del ser humano, como moléculas de hidrógeno y oxígeno.

La historia escrita por Del Toro y Vanessa Taylor (Game of Thrones), enraiza con esos relatos que coqueteaban en la oscuridad, entre la paz espiritual y los usos malvados, del nosotros. Fluyendo como la poesía atrapara a los personajes de un extraño paraíso, solitario y húmedo, cubierto de fragmentos del pasado y sonidos, de olores y recuerdos de los cuentos y el cine, como aquella mítica imagen de aquel increíble Paul Newman devorando su centenar de huevos duros; escuchando viejas canciones de jazz o blues en tocadiscos de aguja de diamante, salpicando de emoción ante una visita esporádica y sumergido de nuevo, frente la amenaza de esa supuesta belleza, o el caos representado de negro. Presagiando el mal ideológico o económico que les rodea y acosa, que con extrema violencia o falsa superioridad moral, arrinconará cualquier tipo de inteligencia y muestra de amor.
El director ama el cine y la literatura fantástica, no cabe duda (acabo de leer que prepara un documental sobre el gran Michael Mann, una revisión del clásico Pinocho y un remake del cine negro de los cuarenta) y reflexiona sobre la condición del ser prototípico o Prometeo diferencial o acuático, una especie de hijo de un dios submarino, Frankenstein o King-Kong, para encaramarse a una envolvente atmósfera (casi de juego digitalizado) con numerosa recreación en los detalles y las texturas, y demarcado por un propio guion con recuerdos a cintas épicas del romanticismo monstruoso.

Arquetipos del terror clásico, efigies protésicas de los grandes representados por un Doug Jones que respira por la piel y las pupilas, aunque se enfrente al amor con un precipicio físico y cultural, asomándose a la boca del auténtico miedo. La pérdida y la muerte. Aquellos nacieron en los cuentos ancestrales, como seres condicionados por los comportamientos humanos (o defectuosos), arrinconados por extrañas maldiciones que los hacían incompletos frente a la belleza externa y sometían su propia naturaleza, la ejemplar y nuestra. Con un toque de modernidad, al enfrentarse con la sapiencia del científico, encargado de examinar su fuerza y someter la aparente inocencia de su estirpe, lejos de los humanos.
La Bella y la Bestia, como la famosa Sirenita de Andersen, indagaban en las imposibles relaciones y la intransigencia a lo diferente, como la simiente romántica entre lobo y ser alado.

Buceaban en los entresijos privados de su amor infecundo, o no ¿quién sabe?, en forma de semihumanos fraccionados o bestias de corazón separado en dos, ejemplos de fieras atrapadas en un alma caballerosa o un órgano que repartía amabilidad desde su interior grotesco. Criaturas maldecidas, ante la exigencia de la mente, el pensamiento mortal ante lo extraño y la drástica oposición a la fealdad, por encima de cualquier otra consideración.
Guillermo del Toro, evoca a estas poéticas referencias (sin demasiada naturalidad en el montaje) con las expresiones físicas de los protagonistas, ejemplares eso sí, y la perfección visual de un cuento clásico. Traduciéndolo con un pequeño toque o lenguaje gótico, su expresionismo terrorífico o fantasmal de siempre, con pequeñas pinceladas de metafísica sentimental. Aunque, desgraciadamente me incluyo, no consigue arrebatarnos con su historia romántica, quizás, debido a un profundo perfeccionismo que invade a la cinta. Cuya banda sonora compuesta por Alexandre Desplat (nominado por muchos trabajos y ganador por The Grand Budapest Hotel), parece presagiar los siguientes movimientos o saltos en la narrativa, fuera de aquella maravillosa y magnética gramola. Esto es, un exceso de redonda ejecución, circular que no maestra. A mi pesar...

The Shape of Water, es una forma demasiado enclaustrada en el estilo conceptual, una cápsula atemporal que se estrella en los acantilados del dramatismo mitológico y una resurrección al estilo Disney. Incluso, captura algunos intentos de recrear los musicales o ballets oníricos, secuestrando la fantasía de una sirenita o Joven del Agua, convertida en heroína o mutada genéricamente, o los terrores clásicos de cintas como la Creature from the Black Lagoon dirigida por Jack Arnold en 1954, la obra inmortal de Mary Shelley o la cambiante historia adaptada por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont.
Ella, la limpiadora de almas es la actriz Sally Hawkins (ganadora del Oscar a mejor intérprete de reparto en Blue Jazmín) y debe enfrentarse a la belleza con fingido enamoramiento (idealizado por la sexualización) y una serie de intervenciones que acrecientan la simpleza de sus líneas paralelas, encabezadas por los fantásticos Richard Jenkins, la oscarizada y mencionada Octavia Spencer y Michael Stuhlbarg, que ofrecen salidas al espectador fatigado, más o menos agradecidas, de aquellos encorsetados encuentros con ritmo milimétrico, encaminado hacia la acción tópica.

Por tanto, el efecto buscado consigue esconder, los exigentes y recordados registros anteriores de Doug Jones deshumanizado, manteniendo todo el interés en la historia de ellos, se pierde por algunos vericuetos internacionales (que creo no vienen a cuento) y se entrega a un enamoramiento en busca de la excelencia clásica, con unas gotitas de rebeldía y una voz apagada, que podría presagiar el inicio de aquella anciana estirpe de las profundidades marítimas o seres de otro mundo. Eso sí, resaltado el acabado visual de una forma tan, tan perfeccionista y sincronizado en los tiempos, que acaba cuestionando el mensaje de la parábola... la belleza está en el interior narrativo, pero, también en un acabado demasiado técnico.
Además, en este bonito cuento con sabor a romanticismo añejo... la Bruja del Mar, puede estar escondida en otras profundidades.

The Disaster Artist.

¡Qué tipos estos maravillosos monstruos! No desperdician la oportunidad de llamar la atención a toda costa, con sus gafas de diseño y distanciados por sus diferencias en el peinado, aunque su pensamiento se centre en otros motivos mayores o más artísticos.
Son diferentes al resto, te enseñan a entonar una frase shakesperiana en un momento de público relajado, freaky´s o frikis, los denominaban despectivamente... ahora, son los elegidos para narrar vicisitudes que rompen los esquemas de nuestras vidas, atrevidos y en muchos casos, los mejoran con su simpatía arrolladora, su mirada existencialista o ese carácter excéntrico o fuera de lo común. Algunos, lo llaman extraña y bendita genialidad.

Este es el caso indiscutible de The Disaster Artist y sus míticos personajes, pululando por una, a veces festiva y otras surrealista Los Ángeles de forma impulsiva, como el adaptado (e inadaptado por otros motivos) trabajo de Tommy Wiseau y el admirable esfuerzo de su director y principal protagonista James Franco, como estrella que evoluciona hasta la ovación y la carcajada. Acompañado de un grupo muy familiar, encabezado por su hermano y alma gemela en el filme Dave Franco, excelente y comprensible, la compañera sentimental de éste, real y fantástica reaparición en la gran pantalla, una actriz en crecimiento como Allison Brie (Mad Men, Los Archivos del Pentágono) con una actitud observadora y entusiasta, y la cuidada presentación de un genial amigo, controlado y medido en una comedia atípica, Seth Rogen, que ya ha demostrado seguridad anteriormente en otras irreverencias junto a Judd Apatow, en Hazme reír o This Is the End, y sobre todo en películas como Take This Waltz, 50/50 o Steve Jobs.
Pero, si hay que señalar o quedarse perplejo frente a alguna identidad determinada en el filme, este es James Franco y el personaje que representa, por completo, pues, ha conseguido que la historia de la cinematografía internacional, se fije en un individuo, excéntrico, caótico e indescifrable, repleto de genialidad alocada o desfasada, no enfermiza. Que no tiene prácticamente parangón en este mundo real, sino en los altares gobernados por el onirismo artístico o los sueños personales.

En la cinematografía han convivido historias reales, con estos personajes que también lo son y no lo parecen, indagando en las actividades surrealistas tras las cámaras o en su propio mundo de fantasía o necesidad de atención. Donde un actor se puede convertir en la referencia de las miradas, o en la esencia constructiva (o destructiva económica y misteriosamente hablando) de todas las escenas relevantes que suceden con una naturalidad aplastante. Con la película The Disaster Artist, distribuida por A24 como segunda y escasa opción, seleccionada en los Oscar´s, James Franco actúa y dirige con un desparpajo increíble, absorbiendo la atmósfera a su alrededor y acaparando todas las miradas, de un público dispuesto a aplaudir y emocionarse con su idiosincrasia y rareza emocional. Merece un aplauso por ello, a pesar de algunas críticas retrógradas o mal gestionadas.
Es cierto, que pudiera extralimitarse en cuestiones repetitivas, sarcásticas o infantiles, pero acaso, ¿los niños no pertenecen también a ese mundo incomprensible de los sueños? El resultado real, de aquella película conocida como "The Room" me es desconocido por completo, ni tampoco, me importa demasiado en estos momentos, sólo reconozco una muestra de cine amateur, independiente o incongruentemente de culto, hecho dentro de esta verdad del cine actual.

Muchos espectadores, no reconocerán el trabajo de Mr. Franco, tras las cámaras, al no ser muy reconocido mediáticamente junto a Michael Shannon o en filmes de una carga social e histórica, casi documental, antes de acercarnos al modo independiente de títulos como Pretenders o Long Home, la ciencia ficción sin altos presupuestos en Future World y otro acercamiento al mundo de Hollywood o sus excesos, con Zeroville. Algo que entroncaría con su reciente trabajo en la aclamada serie The Deuce.
Por otro lado, en la actuación se complementa de forma maravillosamente inadaptada y desproporcionada, a su pareja sentimental, que va más allá de los valores ocultos del artista, a desentrañar por el "pequeño" público, con una banda sonora brillante y la cómica adaptación sobre el libro homónimo de aquel rodaje distorsionado, escrito por Greg Sestero y Tom Bissell.
Dirección impecable, transformación antológica y un montaje dinámico en recordadas secuencias, señalan como gran sorpresa del año, a esta monstruosa The Disaster Artist, gobernada por un hombre con mil rostros y pensamientos. Porque los diálogos pueden producir sonrojo en algunos, inadaptados de la comedia, a los que es difícil hacer reír o secuestrar por un par de horas, del dramatismo mediático.

Aquel rodaje y este making-off caótico (emparentado con dos Efes mayúsculas), significa además, la historia de una amistad fuera de lo común, sobrepasada por la ausencia de una búsqueda de la excelencia y el éxito. Su dinamismo interpretativo, produce un alud de ocurrencias y gestos inexplicables, a los que acercarse con cariño y no con devastadora crítica al personaje, ante la envergadura del disparate y la ´desastrosa` personalidad del artista en cuestión, Mr. Wiseau, un monstruo descatalogado de la interpretación. Una pareja representada por unos indefinibles, el soñador Lemmon y el racional Matthau, que ocultan tras las deficiencias y el desatino artístico, una amistad y convencimiento a prueba de representaciones o silencios multitudinarios, al estilo del viejo Alfred Hitchcock con aquella magistral Psicosis. Con los que comparte el deseo, que no la prueba artística de otro filme encumbrado a un culto extravagante, y ya mitificado en esta película de James Franco.
Para acrecentar el disparate, el director se coloca frente al propio espejo y su hermano, identificándose con aquel viejo impulso onírico, del individuo que quiere lograr un propósito inalcanzable. El hecho de rodar cine, independientemente de la calidad, que no de los medios en este insólito caso; y que la gente la reconozca precisamente por eso, por la indómita cualidad del deseo, riéndose a carcajadas sobre lo representado en la pantalla de los sueños.

The Disaster Artist, es una relación sanguínea, de todos aquellos que acometieron alguna vez una obra artística y consiguieron amigos inesperados. Posee el carácter utópico de sus protagonistas, nosotros, a través de una naturalidad exagerada, secuencias coloristas, una pizca de amargura y una colección de escenas que trascienden a aquel principal objetivo, elevándose hoy como puro cine cómico. Una pena que no haya conseguido la nominación, o un error más de Hollywood.
¡Ah! se me olvidaba, apariciones monstruosas de algunos convidados a la fiesta del cine, como Sharon Stone, Bryan Cranston, Kristen Bell, J.J. Abrams, Kevin Smith, Melanie Griffith, Judd Apatow, Josh Hutcherson (The Hanger Games, Escobar), Zac Efron (PaperBoy, The Greatest Showman), Jacki Weaver (Animal Kingdom, Stoker), Kristen Bell (Fanboys, Veronica Mars), Adam Scott (The Secret Life of Walter Mitty, Black Mass), Christopher Mintz-Plasse (Kick-ass, Pith Perfect), Zoey Deutch (Rebel in the Rye), Lizzy caplan (Hot Tub Time Machine, Allied), Bob Odenkirk (Fargo, The post), y otros muchos como Greg Sestero o el propio Tommy Siseau. Los monstruos del cine, también lloran, James "Wiseau" Franco... pero, al fin, tras sufrimientos y vaciar sus bolsillos, ríen, aplauden, viven sin postureos... fracasan. ¿Ganarán el premio a mejor guion adaptado? Espero.

You'll Never Know (B.s.o The Shape of Water) ft. Renée Fleming.


Ace Marino - Communication (B.s.o. The Disaster Artist).

domingo, 25 de febrero de 2018

Darkest Hour / The Post.


Churchill: intimidad en guerra.

Estuve buscando una palabra que identificara la trama de esta película, o describiera al universal personaje que respira (menos que fuma) tras el guion de Anthony McCarten (The Theory of Everything, Bohemian Rhapsody) y sin duda, ésta sería casera o entrañable. Nada más comenzar y presentar esta época señalada de la historia de las islas británicas y el mundo en general, un rescoldo incandescente esconde en la penumbra a Sir Winston Churchill, tendido sobre su cama esperando el desayuno, antes de leer la prensa internacional, enseñarnos sus vergüenzas y someternos a la dureza de su clase dirigente, respecto de su joven nueva secretaria interpretada por una silenciosa y observadora, Lily James (Downton Abbey, Baby Driver).
Sin embargo, no conozco en profundidad la personalidad de tan distinguido miembro del gobierno y respetado orador, ni mucho menos, las relaciones del mismo en la intimidad, por lo que tendré que atender a ciertos comentarios de los historiadores o los reflejos que el director Joe Wright nacido en Londres convertida en protagonista de la acción, elabora a su alrededor y sobre aquellos cimientos históricos. Escaparate de su último filme Darkest Hour, o ese instante más oscuro de su vida, de la de todos finalmente. A excepción de otros momentos más personales, como la imagen de joven oficial en aquella derrota de Galípoli, bajo esa penumbra con el reflejo de una luz roja sobre sus ojos y mente desesperada. Help, como los cinco de Liverpool... gritaba... al auricular y el mundo.

Durante 1940, las cosas en Europa se distinguían por las explosiones y macarradas genéticas, de un tal Adolfo Hitler y sus compinches dictatoriales, por ejemplo aquel perrito faldero llamado Duce esperando una capitulación del mundo; arrodillándose por una bota fatídica y llevando a todo Occidente continental a las cadenas represivas, del hambre, la violencia y el yugo fascista. O más recalcitrante y espantoso aún, a la muerte de una mayoría de la población, la eliminación de una diferente perspectiva o raza, sin concesiones ni compasión. Aquí escuchamos o leemos, como fueron cayendo las distintas naciones como cenizas de un cigarro tortuoso, bajo el humo que los nazis observaban con su mirilla metálica, arrasando cualquier resistencia en su contra y, acaparando las riquezas que se les antojaban a su paso, hasta dejar a una gran parte del ejército británico, exhausto, expuesto y acorralado sobre aquellas atiborradas playas de Dunkerque. Otra que tal baila, en los Oscar´s.
Desde luego, el ideal europeo pasaría por algunos de los momentos más oscuros de su historia, cuando el Congreso del anciano Imperio Británico, se acercó a ese hombre enjuto adosado a un puro, que tomaba... uno de sus candentes baños, farfullando entre dientes y alcohol de calidad: "No me quisisteis escuchar y ya os avisé, tarde o temprano, esto iba a suceder". Y desgraciadamente, así fue. Indiana Churchill, menos atractivo, en busca de la redención de clases.

Aquel hombre, tuvo que caminar por sus propias cenizas y enfrentarse a un micrófono, recalcar la necesidad de un nuevo amanecer, sin las caretas del Mal, ni aquella lluvia de bombas que amenazaban con destruir el futuro de Gran Bretaña y de Europa, es decir, de la libertad en el mundo. Mirando la actualidad... cómo ha cambiado la perspectiva de esta unión... cerrando con un portazo histórico.
En El instante más Oscuro, existen ciertas dudas y teorías, animadas por la propagación técnica y la obnubilación luminosa, sobre algunas determinadas escenas y las respuestas de sus personajes, al lado de los habitantes comunes u otros más "reales", así como la imagen patriota que desprenden ciertos discursos salvadores y la defensa de la guerra como solución. Pero, la realidad es, que sus palabras combatieron una fatídica invasión y cerrazón de mentes, aunque posteriormente, se opusiera al señalado Desembarco de Normandía y el comienzo del fin nazi, que buscaba al gato asustado bajo la cama.

En aquellas semanas, la política naufragaba en sus contradictorias direcciones o ideologías (como siempre), disfrazando la verdad con divagaciones pacíficas ante la guarida del Lobo y su doblegación ante el poder bélico de incesante salvajismo y crueldad. En el ambiente se respiraba que, en cualquier instante, el peligro caería desde las alturas... una y otra vez, como una pesadilla que no cesa... eliminando cualquier intento de oposición o supervivencia, castigando a sus futuros habitantes con la represión ideológica, la violencia, el racismo y la deshumanización. Los miembros del Parlamento, discutían aciagamente, ante el humor británico y hogareño de Sir W. Churchill, de sus consejos imposibles o locuras destartaladas como su paso. Los reyes pensaban en esconderse, como el animal herido en su discreto refugio, ante la fuerza arrolladora de Hitler y sus armas de destrucción masiva, y el caballero del imperio, peleaba en secreto, envuelto en sus llamas sarcásticas y el fuego de sus labios, en aquella habitación medio iluminada, junto a sus dos principales contrincantes, mirándoles a los ojos. A la vez, que sonaba la banda sonora del compositor Dario Marianelli (el magnífico autor de la banda sonora en Kubo and the Two Strings), como una cuenta atrás que amenazara con explotarles frente a sus rostros y nuestro destino. El sonido del peso de la responsabilidad, ante su patria y las vidas de sus vecinos o ciudadanos.

En la intimidad familiar, en soledad sistémica, junto a la esposa interpretada de forma aseada y estilizada, por Kristin Scott Thomas de regreso tras el anuncio de retiro y sus hijos en la sombra, estudiamos sus singulares movimientos y miradas, descubriendo tras las prótesis, los ojos carismáticos de un gran actor que aspiraba con meterse en su piel y rotunda fisonomía, incluso en su desnudez, tras aquel baño de realidad social.
Darle un sentido más entrañable y amistoso, generoso a pesar de aquellos arranques de dureza académica y militar, porque el humano Gary Oldman no se disfraza, pasea su carisma por las localizaciones de la capital inglesa, intercambia frases inolvidables y gestos con el espectador. Su verborrea sobrepasa las líneas representativas de la historia, para confundirse superficialmente con los pequeños relatos y las bromas jocosas, aquellas que entendería hasta un simple mecanógrafa. Las reacciones con la realeza y las sombras de enemigos estirados, los escondites sagrados de la ideología y confrontación política, la corta y algo fría distancia de un rey encarnado por un Ben Mendelsohn siempre destacable en sus trabajos (Slow West, Rogue One), la cuestionada dirección en el subterráneo y las tomas digitales que caen como losas sobre sus cabezas. Algunos críticos, pensamos que demasiado repetidas, hubiera bastado una de ida y vuelta...
El actor, otro con un pie natal en Londres, creció tras Sid y Rosencrantz, Batman o Drácula, tendrá que enfrentarse con los propios miedos e inquietudes del personaje, ante cierto y controlado abuso clasista, ante las vidas de sus muchachos en calles o costas, o conciudadanos esperando respuestas. De su nombre potenciado frente a la imagen de un conde de Halifax salido del expresionismo, con sus colmillos afilados en el terror y su capa obsesiva de salvación recortada u semioscuridad. Al final, sobresaldrá la figura recortada más emocionante y dramática, del héroe o patriota... en la cama, en el metro, en el baño... en la Corte. Por tanto, algo que desencanta a aquellos que defienden su propia parcialidad demagógica y nacionalista, que es prácticamente idéntica.

Un relato contado hasta el infinito, pero, que personalmente viene acompañado por mis visiones del hombre en escasos documentales o escritos, en la idea subjetiva que poseían otros sobre el personaje en cuestión, y nunca, en la intimidad. Un solitario que conseguiría, por encima de las súplicas, encontrar la concordancia de mundos separados, acercar sus barcos a la costa francesa y luchar con todas las fuerzas aliadas, contra el monstruo del racismo y la violencia. O morir en el intento...
Sobreponerse al pasado, con el orgullo del antiguo imperio, defendiéndose con esas palabras pronunciadas por Roosevelt, de combatir hasta el final, sin nada más que ofrecer, que: "Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor". Todo aquello y el resto, es parte de nuestra historia.
Los londinenses respiran, con el esfuerzo de sus compatriotas y las diferentes versiones del personaje, que se suman en el dibujo de una etapa de inseguridad generalizada. Joe Wright, el compositor de grandes escenas en películas de época, como Orgullo y Prejuicio o Expiación, mueve la cámara entre detalles de su vida y tomas verticales, se enfrenta con pasión y gracia contenida a las expresiones graves, la brillante dialéctica y el miedo, olvida la profundidad divulgativa frente a la representación visual, y se concede una paz casi espiritual, antes de rodar su personal "campaña", junto a otra pareja de campanillas como Casey Affleck y Tommy Lee Jones.

En el espejo mimético de la vida, comprobamos que Mr. Oldman se hace mayor (que no derrotado), pero conserva la frescura de una mente despierta y su envolvente entonación, la explosión de su sentido del humor y la fuerza que le transformaría hoy, en el sucesor de aquel Marlon Brando maduro impactante con sus conflictos oscuros en la mente y belicosos frente al estado. Sin refugios tenebrosos en la voz, ni disfraces en el alma. Próximamente enfrentándose a submarinos en busca de un presidente ruso en Hunter Killer, al terror en una cinta titulada Mary con otro barco íntimo a la deriva, y una segunda película como director llamada, Flying Horse. Suerte maestro.
El yugo cayó, como volaron los papeles en aquel histórico sitio, concentración humana con un grito unánime que prometía salir de las antiguas sombras que se propagaban por Europa...
Y su figura creció, convirtiéndose en un gigante que empujaba las puertas cerradas de la libertad... como un ser mesiánico o Titán. Su eco resuena todavía, mientras otros ingleses actuales, como el director Joe Wright y el actor Gary Oldman, esperaban la última palabra junto a sus tropas, aliadas, de una gloria dorada...
"Victoria... o el Oscar".

Los Archivos del Pentágono.

Han transcurrido treinta años y muchos otros conflictos en el mundo...
Desde aquella misteriosa y oculta comunicación, que emprendiera Winston Churchill también llamado el bulldog británico, desde un pequeño locutorio mal iluminado (o visualmente exagerado por la cámara y la iluminación, quién sabe) hacia sus colaterales lingüísticos de Norteamérica, para la consecución de una ayuda militar que complicara las cosas a Hitler y emprendiera el rescate de su ejército varado en las playas francesas de Dunkirk, a la vez segunda parte bélica seleccionada a mejor película. Los sudores corrieron por su frente, cuando el presidente americano concluyó que "no podían rebelarse contra las leyes internacionales" y, por tanto, no podían enviar ninguna embarcación de guerra que desestabilizar el conflicto. Algo que, con el tiempo y miles de muertos sobre el campo de batalla europeo, tuvieron que olvidar para derrotar a las tropas alemanas y el Holocausto.

Pues bien, otras guerras frías llegaron por la ineptitud de los políticos, como la mentira y los consejos desafortunados para demostrar una imagen de fuerza frente al comunismo o esta división ideológica, que en 2018 recoge el director Steven Spielberg, para concretar las redes secretas que intervendrían en el advenimiento de la Guerra de Vietnam y la entrada de USA en un conflicto armado sobre un país dividido. En 1965 se autorizaría la Operación Rolling Thunder que, en total doblaría las toneladas de bombas lanzadas en la contienda mundial, además del uso del temido Agente Naranja y las ya usadas, incendiarias compuestas por el peligroso napalm. De la misma forma, imágenes inolvidables que han grabado los directores de cine, en películas que se han convertido en un referente contra las acciones bélicas y el terror de la barbarie o el caos psicológico.
Una intervención militar de 2,5 millones de estadounidenses y alrededor de 700 mil vietnamitas del Sur, frente a 1 millón de tropas del norte apoyadas por otros gobiernos, que concluirían en pérdidas humanas por un total de 58 mil estadounidenses y más de un millón de habitantes de Indochina. A las que sumar pérdida multimillonarias, la degradación de la imagen política a través de tres presidentes distintos y la campesina de la zona, que en muchos casos, sería obligada a luchar en un enfrentamiento salvaje y desigual.

Su filme The Post (aquí, traducido sin vergüenza como Los Archivos del Pentágono), maneja un guion biográfico de Liz Hannah y Josh Singer, autor de escritos para la televisión como El Ala Oeste de la Casa Blanca o el cine con la oscarizada y superior Spotlight, que traspasa las palabras usadas por Lyndon B. Johnson, el crudo relato en tiempos de JFK y el término bélico con el caso Nixon. Pero, sobretodo, la labor de espionaje que lanzaría a The New York Times a un conflicto público de intereses y ocultación de la información, donde tomaría el relevo, un Washington Post dirigido por la familia Graham de rancio abolengo periodístico y su lideresa interpretada por una resistente y flemática Meryl Streep, como primera mujer editora y jefa en un periódico.
Un relato informativo que abarca la transición cinematográfica de Mr. Spielberg, desde su éxito en aquella mítica Duel o El Diablo sobre Ruedas, curiosamente rodada también en 1971, pasando por otros momentos históricos que comenzaran con la oscilante y divertida 1941, las involucraciones fantásticas en un medio hostil de Indiana Jones, la cruda realidad de El Imperio del Sol o las notables La Lista de Schindler, Salvar al Soldado Ryan, Munich y El Puente de los Espías, y terminan con la ñoñería de War Horse y una espesura judicial o gráfica de Lincoln.

Una vez cogido el gusto por la Historia, y arrebatado por la participaciones de los EEUU y sus figuras icónicas, comprobamos esas otras conexiones que se conducen en la cinta The Post, trasladándonos a una etapa anterior a la terminación bélica, una vez el presidente Kennedy tuvo su triste final y la población reclamaba una justa explicación, al lado de la prensa. Spielberg utiliza recursos documentados y la fotografía de su colega Janusz Kaminski, atrapa la atmósfera que se respira en una redacción asustada por las presiones exteriores y la confusión de una información clasificada y robada, que haría cambiar los pensamientos decisivos de una nación. Así como, una estrategia que indica el camino periodístico, con la orquesta de su amigo John Williams, un reparto coral encabezado por la Streep, un cabal Tom Hanks profundizando en su estilo clásico y un extenso número de profesionales que demuestran sus dotes interpretativas, en pos de una tensión acumulada y la apertura de una vía compleja hacia el trabajo de un carismático y recordado director Alan J. Pakula. Sin embargo, algunos echamos en falta algo más de frescura o actualización de los conflictos subyacentes, como los problemas individuales y las expresiones del pueblo norteamericano en dicha época.

En este doble comentario, entramos en la historia con mayúsculas de dos naciones unidas por los agravios o intereses, Gran Bretaña y USA, que no uniformes en sus pensamientos. De la mano de su grandeza y sus miserias, sobre las opiniones de artistas que emprenden un reflejo de la sociedad, con sus revisiones ambiguas y polarizadas por conflictos armados que supusieron la destrucción de numerosas familias, por casos muy diferentes. Que tuvieron enfrentamientos millonarios en busca del beneficio social, político y económico... o la paz, por supuesto, también como representantes principales del llamado mundo libre. Y que han sido reflejados oportunamente por los mejores directores, en un acto de investigación de los diversos factores y de estudio de los personajes que intervinieron en ambas épocas decisivas de su historia. Claro en la política, los espectadores tendrán sus propias respuestas sobre los actos, o rebatirán dependiendo del ángulo de la historia y los complejos procesos ideológicos, que los definen como siempre.
Pero cinematográficamente para la carrera de Spielberg, aunque no se trate de su película más rotunda o las dudas provengan de algunas actuaciones o miradas soslayadas, si que demuestra un control práctico del oficio de director y una mano hábil para unir las sensaciones de los cinéfilos.

The Post referente al periódico y su historia mitificada ya, ha venido dispuesta a implementar en nuestra conciencia o juicio crítico, aquellos aspectos que podrían fracturar la "verdad" de los hechos acontecidos y conocidos universalmente, además de significar algunos de los rostros que fueron protagonistas... o no, porque quizá el más interesante es el que nos oculta y no proporciona otras alternativas al argumento, que este ambiente de alta política o periodístico, con sus diferentes capas en la distribución de las noticias. Otros casos personales son casi irrelevantes, transformando el estado social en un panorama judicial, donde nuestras salas se convierten en un juzgado o salón donde enjuiciamos la historia. Donde existe una crítica sojuzgada a la vez, por una opinión pública que no vemos contra las miserias del estado presidencialista y sus múltiples asesores.
Un trabajo bien hecho, con todas sus contraindicaciones, reservas y profundas grietas, que hubieran perforado los cimientos de la libertad de prensa y los ecos retrospectivos de aquellos viejos mitos del cine, todos los hombres que rodean al presidente. Datos que vapulean los derechos ciudadanos, que manifiestan los lobby´s ocultos al poder, las presiones que conlleva la política y sus mentiras, las difamaciones públicas y represalias, el ambiente de una etapa social de revueltas por las bajas de un conflicto armado en un país extranjero, y los documentos que reflejan, que la historia depende de la época en que se cuente una realidad o se expresen las críticas.

Por tanto, Spielberg vuelve a remarcar la necesidad de un cuarto poder que reproduzca los agravios y denuncie las consecuencias en determinados movimientos políticos y financieros, dejando la guerra en una segunda capa. A pesar de aquella represión budista y la imagen impactante del monje quemándose a lo bonzo, que desataría otras acciones aún más salvajes y violentas, la caída de un gobierno en la antigua Saigón por el movimiento comunista y el Viet Cong, las protestas hippies por la paz y la formación de un nuevo estilo de guerra de guerrillas, que venimos soportando los ciudadanos de un mundo dividido ideológica y comercialmente, con una terrible carga de miseria y pérdidas humanas de inocentes, también. Identifica la mentira de un gobierno y un presidente, que enlazaría con el Whatergate, en otro caso sobre la interpretación o tergiversación dada al pueblo que te mantiene, supuestamente.

El 1 de julio de 1965 los marines emprendieron la Operación Starlight, que comenzaría la expansión del conflicto por Indochina, hacia los países de Laos y Camboya, en la conocida ruta Ho Chi Minh. Mientras que, The Post trataba de salir al mercado con las máximas garantías, caracterizado por sus anónimos hombres y mujeres, periodistas de raza que alcanzaron la condición de luchadores o héroes. Encargados públicos de responder con los datos a sus representantes judiciales y poderosos contrincantes, a esa maquinaría estatal que podría hacer desaparecer un periódico por completo... y por ende, cualquiera de aquellos pequeños, grandes protagonistas.
En el ámbito más humano de la política, destacar la singular comparecencia de los gobernantes ante sus conciudadanos, para pulsar la opinión de la sociedad civil sobre una posible maniobra estratégica o defensiva de la nación, que logre la máxima convergencia de la acciones bélicas o inmiscuirse en los conflictos que deberán enfrentarse en el futuro. Quizás, la población norteamericana ha sufrido en el pasado, algunas deficiencias en la comunicación, y por ello, tuvieron que verse atacados en Pearl Harbor por el ejército japonés, para cambiar su estado de involucración en el conflicto. Algo a lo que los ingleses estarían obligados desde el principio, debido a la amenaza constante dentro de su territorio y esa diferencia fundamental en la información, de involucrarse en aquella terrible Guerra Mundial para no perder su libertad.

Sin embargo, tarde o temprano, ambos países debieron unir sus fuerzas (junto a otras potencias aliadas) para derrotar una forma de vida que acabaría con la igualdad y la fraternidad entre los pueblos. Mientras que, la guerra de Vietnam fue otra cosa, algo que no debiera volver a repertirse... o sí, para ir aprendiendo de nuestros errores históricos. Quién sabe...
Interesante película, que veremos si es capaz de adquirir mayor grandeza que la labor periodística retratada, ya que la adjudicación (en esta oportunidad) de los premios tendrá que competir contra otros grandes rivales, que intentaré ir descubriendo en próximos comentarios. De aquí a otros hilos, nombres, formas, anuncios o... pájaros. !Viva la libertad de prensa!, y el cine.

The Post B.s.o.


Tráiler Mamma Mia! Una y otra vez, de Ol Parker.


Tráiler Toy Story 4, de Josh Cooley.

domingo, 18 de febrero de 2018

I, Tonya.


Humor sin resbalón...

A veces, es indescifrable el contenido oculto de nuestro pensamiento, donde adquirimos unas preferencias determinadas en los estudios y nuestra carrera profesional o, definitivamente, vamos arrinconando otras cualidades y habilidades, hasta quedar convertidas en una caricatura de lo que somos o aquello que deseamos en algún momento de nuestras vidas. Suena una voz en la conciencia, que te va relatando las acciones, cuando ya las neuronas han tapado parte de su realidad o recuerdo.
Cuando somos niños o adolescentes, vemos pasar las cosas como un puro divertimento o distracción que se compatibiliza con nuestros juegos, pero, la visión de adultos es completamente diferente, es una voz en off, que nos trae su verdad. Por eso es tan difícil ser padres (o madres), porque nos vemos reflejados en sus problemas o decisiones, en aquellos aspectos que no conseguimos o a los que dedicamos un esfuerzo infructuoso y, por tanto, no querríamos que las críticas, las dudas u objeciones de otros, se cebaran con el futuro de los "amados" hijos, uña y carne... y sangre. También, existe la posibilidad de tomarse la vida de otra forma, agria sin duda, mas con una perspicacia innata o sentido único que, bien pudiera tratarse, de un trágico sentido del humor. Como ocurre con Tonya, la película sobre la vida de la joven patinadora estadounidense Tonya Harding, a pesar de ser consentido y desdramatizado, se convierte en un verdadero monstruo, un biopic extravagante, divertido y original.

Se dice que, aquello que acontece en la infancia, nos marca en el futuro y siempre nos acompaña como una condena que deberemos sobrellevar de la mejor forma posible. Incluso, pasando de puntillas sobre los hechos actualizados o patinando sobre los recuerdos, pero siempre, con tus ojitos intentando ganarse a los espectadores y logrando no caerse en las evoluciones de un triple axel vital. Esto queda aclarado, secuencial y fotográficamente como si se tratara de un documental (en sepia o una antigua cinta VHS de tus primeros pasos), en la precocidad de la pequeña patinadora Miss Harding y su boca maldita. Al colocarse unos patines sobre el nielo y lanzarse a cuchilladas con el recuerdo de su madre, enemiga mía, una señora exigente que no acepta una disculpa cualquiera o una escena de debilidad en su hija. Tan antipática, como memorable.
En el filo de la cultura cinematográfica y el deporte profesional, existe una brecha que convulsiona las decisiones de una y otra decisión, esa insoportable levedad del éxito, que describe piruetas de pasión, dolor y burla... o necesariamente, humor. Todos ellos aspectos esenciales o lúdicos, en el lado narrativo e histórico, de esta notable y divertida película. Dirigida con agilidad mental y diálogos incuestionables, por el australiano Craig Gillespie (Lars y Una Chica de Verdad, La Hora Decisiva), que marca, la diferencia entre la educación, la empatía social y los buenos modales. Entre las diferencias posturales en las clases sociales o las claves elitistas, que inciden en la exigencia y la extravagante presión que someten los adultos a los futuros triunfadores del deporte, jugadores mentales o acosados por la memoria. Aunque, lo mejor del carácter ajado por los años, los consejos forzosos (o forzados) y el esfuerzo, sea la dedicación a una labor bien hecha o ejecutada con precisión matemática, y ese tono de comedia que no deja títere sobre cabeza, micción en el lugar idóneo, o patinadora sobre la pista olímpica.

Debo apreciar, mi desconocimiento completo de la existencia de un libro dedicado al increíble caso mediático o de las notas de prensa de aquella época, con comentarios de todo tipo, imagino. Aquella historia que comenzaría a finales de los ochenta en las pistas de patinaje y cuyo desenlace, acabaría con la primera mujer en conseguir un triple sobre el hielo y con su vida colgada de un clavo, que sería un poderoso reclamo para la prensa rosa, negra o amarilla, dependiendo del color con que se mire. Si el vestido es confeccionado para un festival del humor o las perspectivas dramáticas, de una rivalidad llevada al límite de lo permitido o correcto, con terribles o desgraciadas consecuencias.
Por tanto, desconozco de igual modo, si el guionista Steven Rogers hizo un volcado tan ácido y humorístico de los acontecimientos en la prensa, o surgió de su mente en forma de extravagante divertimento, dado que sus anteriores escritos para el cine, contemplaban relaciones más serias como la desarrollada en Siempre Queda el Amor (Hope Floats) y la angustiosa Quédate a mi Lado (Stepmom), o romances oníricos como Kate & Leopold y simples en Postdata: Te Quiero. Por el contrario, I Tonya no tiene ninguna relación, si un matrimonio que no funciona, elevando el enfrentamiento físico o moral, a un cuadrilátero entre lo mortal y lo patético, entre lo desproporcinadamente trágico y lo risible, en todos las direcciones o giros endiablados.

Para ello, hay que proveerse de unas buenas cuchillas y lanzarse a la pista (si te dejan), donde los principales contrincantes y actores protagonistas en estado de gracia, graciosos prototipos de ser humano, por descontado... demuestran unas facultades, casi innatas, para la comedia y la falta de uniformidad en las interpretaciones. Margot Robbie como una resbaladiza Tonya, muestra su mejor cara (si no bastara ya con su excelencia y belleza) para moverse por la comicidad, la irascibilidad y los aspectos oscuros de la mente, frente a su genial madre interpretada por la actriz Allison Janney (The Help, Margaret, Miss Peregrine) que lleva las relaciones personales, a las pantallas de toda Norteamérica y el resto del mundo... o más allá incluso, a los mismos televisores del ala oeste de la CasaBlanca. Dónde ambas, serían merecidísimas ganadoras del próximo Oscar de Hollywood, con el permiso del resto y mi falta de visionados de otras películas competidoras.
La otra banda de este ring del humor, viene con la cara furiosa y poder zalamero, bajo el bigote del actor Sebastian Stan, próximamente junto al gran J.K. Simmons en I´m Not Here, de la directora Michelle Schumacher, y por supuesto, como Soldado de Invierno en Avengers: Infinity War. Dejando claro que, puede mover ambos palos, el bien y el mal, las caricias húmedas del amor y las afiladas consecuencias de un maltratador, siempre con sentido del humor. Por último, la rival menos promocionada, la patinadora académica Nancy Kerrigan (Caitlin Carver) que está fuera del foco, que no de la polémica histórica, en este biopic que transita entre la fiebre y el hielo.

Llega el instante cumbre, con millones de ojos posándose sobre tu vida privada, tus rizos dorados y pequeños pies, embotados o deslizantes, si bien, no tanto como tu cabeza voladora y los continuos repasos a los movimientos atléticos o artísticos para la clasificación. Tu mente fraccionada en segundos, lacerada por la responsabilidad y la presión de la pista o cuadrilátero redondeado y helado, con muchas aristas, al igual que los golpes proporcionados, del pasado y el presente, aún así ganaste. Apartadas de cualquier contacto desde aquel estadio Cobo Arena, aparecen los Juegos Olímpicos de 1994 en Lillehammer (Noruega), pero no estás, en tu radiante melena y figura musculosa, mejor, dónde va a para con Margot ´Harding`. Ni tu fiel protectora y entrenadora (Julianne Nicholson) observando tus acciones y salto comprometidos, condescendiente, como si no estuviera ni lo sintiera, aunque sí en su alma de profesora; y una sucesión de interpretaciones de lujo y tratos extraños, conocidos o no por el gran público, por las autoridades deportivas y judiciales, con geniales conversaciones y buenas recreaciones de patinaje en CGI, o indefinibles estupideces (risiones muy bien acondicionadas por el guion), te llevarán a un resultado desastroso deportivamente, que no fílmico.
Ninguna ganó por méritos... Todo machado y desarticulado, la rodilla o articulación de una competición limpia, la justicia en el candelero, el respeto y la severidad en los entrenamientos, los años de carrera deportiva, la discreción, inexistente por otro lado, la visceralidad, el romanticismo, y el recuerdo de un individuo desfasado que reclama su protagonismo. El patético ejecutor, desmemoriado, encarnado por un actor de Grand Rapids (Michigan) llamado Paul Walter Hauser o el raro Shawn de estilo fracasado y voladizo. Lo mejor, cuanto todo parecía finiquitado es... que la historia continúa, sobre otro ring, en aquel futuro o el presente.

Un duelo, casi a muerte en OK Corral, entre la rígida madre incombustible (como su cigarro) y su hija asfixiada por el humo tóxico, por la frialdad amorosa, narrado con una brillantez absoluta, repleta de resortes caústicos entre las bandas y elementos cómicos, muy bien contrastados o matizados, incluso, exagerados en la búsqueda del espectáculo cinematográfico. Caricaturas de una era, que revolucionó el patinaje internacional a un nivel caricaturizado en los medios, señalado por la controversia, los deslices familiares y la dureza de una caída profesional, también por las extrovertidas interpretaciones de los actores, hoy, en algarabía retrospectiva y divertimento histórico o social.
Fuera del foco y de aquellos inmaculados vestuarios, la blancura se tiñe de hemoglobina y de lenguas viperinas, con una herida deportiva que se muestra en las oscuras habitaciones privadas, en los agrios y emocionantes encuentros, en los juzgados y el boxeo, en el ágil montaje que no se derrumba nunca. A través de una banda sonora que trae aromas de otra época, con supergrupos como Dire Straits, Heart, Fleetwood Mac, Bad Company o Supertramp, y el tema de Mark Batson y la composición de Peter Nashel. Demostrando que un retrato histórico o una recreación atlética, también pude ser un espectáculo o entretenimiento sin igual, con dotes macabros y surrealistas.

En conclusión, si no te gusta el patinaje, por que te parece un deporte descafeinado y demasiado artístico o clásico, esta película I, Tonya, es todo lo contrario, atrevida y desenfadada. Indaga en la mente del deportista de élite, en el peso de la responsabilidad y el orgullo herido, en los entrenamientos inacabables y los dolores familiares, como el amor descontrolado, las dobles vidas y su hilaridad, la desproporción resbaladiza en el lado oculto de los cantos encerados. Además, no debes conocer mucho el mundo del hielo y sus sincronizadas acrobacias, pues la dificultad que enfrenta a los patines, es una barbaridad, con adicciones y caídas que pueden llegar a ser muy dolorosas... incisivas.
Así que, dales una oportunidad a los atletas de invierno, acredita tu capacidad de asombro, relájate y disfruta de sus evoluciones al filo, embelésate con su belleza, endurécete con sus golpes y sonríe con sus gags irreverentes, sus prácticas desafortunadas y su rivalidad, desde la cuna. Comprueba que el director crece proporcionalmente y que los actores o actrices, demuestran una excelencia que puede hacerles ganar, más de un premio... ya lo han conseguido, para mi gusto, casi al borde del 10. Tanto monta, monta tanto... Janney como Robbie, Margot como Allison...

El deseo y la exigencia, la estrella de los patines contra la estrellada. Que el humo, no borre las lágrimas ni las sonrisas, que el orgullo se aferre a tus dedos como la nicotina, que el dorado amplia tu carrera... sangre, sudor y lágrimas. & Pis, please.

VFX Producer Juliet Tierney and VFX Supervisor Jean-Marc Demmer of Eight VFX.
Tráiler Sun Dogs, de Jennifer Morrison.


Aquí, deberá ir un comentario sobre la peli Los archivos del Pentágono...

Cinemomio: Thank you

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