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viernes, 12 de mayo de 2017

Dr. Strange.


"Duelo marvelita: 
Cumberbatch-Mikkelsen"

En 1954, el escritor Aldous Huxley de mundos felices, publica su otra titulada Las Puertas de la Percepción, estableciendo conexiones de la mente y el mundo sensible, a través del consumo de cierto psicotrópico. Curiosamente, en 2016 se estrena la película dirigida por el angelino Scott Derrickson (Hellraiser: Infierno, Sinister) adaptando a un superhéroe diferente al resto como el Dr. Strange, donde una de las escenas presenta a su creador Stan Lee obnubilado, leyendo dicho libro y sus oníricos viajes. Pero antes, allá por 1963, se uniría al dibujante Steve Ditko para desarrollar este elemento atípico dentro del conocimiento y el universo de Marvel, con un neurocirujano transformado en Hechicero Supremo, que formaría parte de The Avengers en unos años y recorrerá mundos invisibles para enfrentarse a poderosos enemigos de la humanidad. Utiliza fuerzas ocultas o virtuales, como la telequinesis, viajes astrales y temporales gracias al Ojo de Agamotto, teletransportaciones o deformaciones de la materia, o la siempre peligrosa magia negra.
Para ello, el equipo de Marvel y Walt Disney Studios, se traslada de las islas británicas hacia algunos templos de Katmandú (Nepal), para su duro entrenamiento y un complejo entramado psíquico, con una accidentada historia elaborada entre el propio director de la película y el guionista Jon Spaihts, autor de Prometheus, Passengers o las próximas aventuras de La Momia y de Pacific Rim 2.

Una odisea vital, es un cambio drástico en nuestras irresolutas vidas. Pero, también puede proceder de un accidente, o despiste algo hiriente y dramático, cuyos efectos hacen variar muchas de las respuestas a nuestro alrededor, personas o nuevos intereses, e incluso, el propio carácter de la víctima en cuestión. Incluso, nuestros débiles comportamientos con seres queridos, haciéndoles padecer los dolores de nuestro organismo y síntomas desagradables que suceden dentro de la cabeza. En esta ocasión, con un sonrisa socarrona y una profunda espiritualidad, en el cuerpo no siempre material de Benedict Cumberbatch, impregnado con el espíritu jocoso de Vincent Price.
Por tanto, dependiendo de la personalidad u otros asuntos oscuros, no siempre, estos cambios acaban siendo igual de traumáticos, sobre todo, si estás tocado con la varita mágica del Séptimo Arte; porque el Dr. Extraño no sigue reglas reconocidas en los cómics, ni influjos que se reflejan en nuestro mundo consumista y práctico. Se desplaza más allá, a un lugar donde los sentidos te engañan constantemente, sin equilibrio, al borde del precipicio de tiempo.

Tampoco está condicionado por la forma de enfrentarse a los problemas que atemorizan a la sociedad contemporánea. Dr. Strange, es otro tipo de héroe, crítico convertido en prestidigitador carismático en la piel de Mr. Cumberbatch, asociado a la cultura tibetana a través de un ser indeterminado llamado El Ancestral, interpretado por una actriz deslumbrante como Tilda Swinton antes de infiltrarse en War Machine junto a Topher Grace y Brad Pitt, otro filme Okja de John-ho Bong (Memories of Murder, Snowpiercer), o la revisión de Suspiria con Dakota Johnson y Chloë Grace Moretz.
Tal vez, en el extraño caso de tan insigne como pretencioso neurocirujano, su existencia se vea condicionada por terribles padecimientos y su iniciación devenga en viajes exóticos al límite de la realidad, junto a rostros emblemáticos del cine actual, como este hechicero supremo cambiado de género, su confusa amante del Boston Spotlight, Rachel McAdams, Benjamin Bratt o Michael Stuhlbarg, un protector del templo Kamar-Taj con el tocayo de capa Benedict Wong de filmes como Moon, Prometheus o Marte, el ´amable` Chiwetel Ejiofor como Mordo, protagonista de 12 años de esclavitud y Marte, o su némesis espacial capturada en un Dormammu con otra voz indeterminada. Claro, sin olvidar, al gran Mads Mikkelsen (Hannibal, Rogue One) expresando gráficamente su maldad en esa profunda garganta y ojos cargados de brillantina. Antes de meterse en el mundo helado de Arctic, dirigida por Joe Penna.

Toda personalidad real, influye para bien, en los personajes de la película Dr. Strange. Gracias a un director que sabe manejar las ventajas de estos profesionales involucrados en el proyecto de Marvel, en todos los campos, desde la interpretación a otros episodios técnicos, a la captura de una redención personal del héroe y sus incomprendidos movimientos del pasado.
En aquel tiempo que, lectores más jóvenes colgaban su entendimiento entre los ojos y dedos impregnados con saliva deseosa de acción, esto es, aquellas famosas viñetas podían parecer demasiado complejas o atribuladas para la edad en su momento. Enfrentando múltiples universos posibles, con nuevas secuencias imposibles desde el ayer cinematográfico o ideadas con páginas coloridas de viejos tebeos de superhéroes y villanos, zonas interdimensionales o planetarias. Después, en alguna juventud perdida, llegó un tiempo en que las típicas historias, se quedaban empequeñecidas o difuminadas en nuestra mente, en busca de estas diferencias más arriesgadas, contra enemigos más poderosos y con aventuras conceptualmente diferentes.

Hoy, el cómic de Marvel denominado Dr. Strange, es uno de aquellos ejemplos de nuestra juventud donde los contenidos parecían más revolucionarios o avanzados para la acción desbocada, semejante a los cambiantes X-Men. El mundo buscaba estos cambios y concepciones oníricas, como la espiritualidad más exótica, puertas dimensionales que abren otras brillantes u oscuras guerras, efectos algo mareantes frente a hazañas milagrosas, magia envuelta en los dedos de ambas manos, música de las estrellas, las leyes caóticas del universo girando alrededor del ser humano, tal que una maquinaria interminable, el poder concentrado en una mente inquieta... Hasta hoy, con el concepto de la variabilidad, más extendido y divulgado científica o filosóficamente, en forma de un Multiverso.

Mientras, en el mundo tangible, muchos seguirán padeciendo dolores y otras guerras eternas, concibiendo regiones amenazadas con el apocalipsis, ético al menos, generando variados tipos de invalidez, tanto física como psicológica, aunque sin la magia del cine a sus espaldas. Nada que ver con una mágica capa, ni los rostros de sus estrellas... siquiera la imaginación del propio Stan Lee para resolver conflictos extremos y surrealistas.
En Dr. Strange, nos acercamos a un ambiente de mágicos elementos casi rayanos con la mitología de otras eras, instrumentos del bien y el mal, monstruos de proporciones tenebrosas, como los que recuerdan al infierno de Dante, pero más espacial y semejante a un Event Horizon desplegado. Mezclas de hechicería digital, con esos píxeles de videojuegos modernos (por un instante, veía el scroll del caballero templario en la pantalla); y sin embargo, no todos los brillos o texturas, movimientos espaciales ni trucos mecánicos, pueden despejar esta incógnita que desequilibra al más pintado. La distopía del héroe forzoso, ayer humano y su aceptación social, marcada por endiablados efectos de Industrial Light & Magic, o la música del compositor Michael Giacchino habituado a otras guerras espaciales, o mundos heroicos junto a Brad Bird o J.J. Abrams.

Así de cambiante es todo, como la turbulencia del cosmos o las conexiones neuronales de Stephen "Strangebatch" frente al profundo Mr. Mikkelsen Kaecilius, en lucha de egos, aunque sin las tremendas consecuencias en su médula espinal y esa mirada tenebrosa, mientras su vida adquiere nuevas ´amistades`; el primero pasará por nuevos episodios de Sherlock en Navidad, se electrificará de Thomas Edison en The Current War, y parece que volverá a Vengadores, El Libro de la Selva y el Grinch, y el actor danés se ve inmerso en Rogue One.
El todo y el tiempo, está difuminado en el universo paralelo de superhéroes marvelitas, bajo los elaborados disfraces y encuentros vengativos, los desproporcionados mareos causados por efectos binarios y tiros imposibles de cámara de programas matemáticos. Recuerdos de resortes mecánicos de la ciencia ficción y puzzles del pasado, que recuerdan fantasías distópicas como Dark City o, la más cercana extravagancia visual de Christopher Nolan en Inception u Origen. Ahora, Scott Derrickson es el mago de aciertos y bucles maquiavélicos, zambullido en el infierno de unos inocentes y débiles humanos, frente a cenobitas cósmicos, encabezados por una voz planetaria y el omnipresente Mads Mikkelsen. Otra vez, como anti-dios hambriento y voraz.

Causante de los desplazamientos por los diversos estados de nuestra conciencia, el tiempo o la materia; mientras del otro lado, en este mundo espejo del cine, se desenvuelven unos actores esenciales para hacernos olvidar el teatro real de la vida... los momentos de pérdida personal como los de aquel joven ochentero con el tebeo abierto del Dr. Strange en sus manos, y por lo tanto, ese profundo y verídico cambio generacional, que proviene de la globalización visual y esencialmente, de la personalidad de estos grandes actores, adaptándose a nuevos medios o registros.
Esta eterna apocalipsis interpretativa, entre Cumberbatch y Mikkelsen, es lo mejor del filme, persiguiéndose en la aparente eternidad cósmica, plegándose a unas reglas indeterminadas o unos movimientos reversibles como una acción de supermanes, enemistándose temporalmente en el espacio y el segundero del abismo negro, en un espectacular final de la cuenta atrás... 3, 2, 1... despegando de nuevo. O abres el cómic y despliegas tu espíritu juvenil, o cierras página a la diversión, ¡tú decides!
Hasta el infinito de nuevas aventura y más allá, cruzando el espacio de Marvel con su capa milenaria y mágica, hacia la mitología y otras batallas infinitas... dentro del interior o en infiernos imaginarios.

Vengadores: La Era de Ultron.


Antes de una nueva era: Deadpool, Dr. Strange, Logan y Guardianes de la Galaxia.

Joss Whedon lo ha vuelto a hacer, el director neoyorquino se ha enfundado en su traje elástico de todo me resbala, para adaptar el cómic de The Avengers de los creadores míticos Stan Lee y Jack Kirby. Y las hechuras le sientan algo desajustadas, a pesar de tener todos los accesorios que corresponden a este tipo de películas basadas en el mundo Marvel, con acción a raudales y chorreras, es decir, chistes más o menos afortunados. Pero, el gran problema es que parece que Whedon (guionista de Toy Story) no ha crecido lo suficiente para otorgarle otra visión a la aventura, pues continúe todos los tics que ya se acumularon en la primera entrega hace tres años, y el resultado es un argumento que se percibe como déjà vu, decenas de veces.

En esta ocasión, nos encontramos con un relevo que se anticipaba más por cansancio que por necesidad, con buenos actores que empiezan a participar en estos filmes como un divertimento en el que no hace falta ofrecer otra cara de los personajes. Es cierto, que el uso de escenarios creados artificialmente puede influir en el tratamiento de sus trabajos, por lo que sería necesario una nueva mirada, a pesar del nuevo método de "motion capture" todavía no se ajustan algunas secuencias al nuevo método en el rodaje junto a elementos que pueden interferir en la interpretación. También, hecho de menos un poco más de atrevimiento y actualización de los diálogos, pues los comentarios jocosos o las explicaciones que debieran ser científicas, se pierden en un universo que empieza a hacer aguas. Debo confesarlo, por enésima vez, no me agrada el uso de la cámara como otro personaje más, que decide y gira sin cesar las escenas. Por mucho movimiento ágil y encuadres increíbles, particularmente me pierdo en la continuidad de la acción.

Por el lado, de los míticos superhéroes de Marvel se caracterizan por un dramatismo personal y los líos que mantienen entre ellos, cuando sería interesante ver la interacción con los pobres humanos, que ven como se destruyen sus ciudades y se mueven por el tablero sin dejar una huella apreciable de su paso. Mucho menos, al tratarse de una película para todos los públicos, hallarnos en la coyuntura de mostrar el daño que los monstruos y héroes producen a su alrededor.
He leído a algunos fans de la saga, pedir cuentas a determinados personajes que se derivan hacia un endiosamiento inmortal y que luego resultan un virus informático de andar por casa. Cuyos esbirros infranqueables y inoxidables se convierten en bolos de un gigantesco juego, manipulado por la mente y los excesos de otros héroes que parece que sí, pero no. Y es que, ¿qué pueden hacer los demás, si no es destruir chatarra, frente a la omnipresencia y los rabiosos músculos de Hulk?

Creo que me he extendido demasiado en las habilidades la cámara, cuando en esta ocasión debería hacer más incapié en los dos aspectos fundamentales, el argumento y los efectos especiales. Por el primero, pasan todos los defectos que me chirrían, como infantilismo, situaciones emocionales forzadas y procesos apocalípticos ya vistos demasiadas veces. Así como la repartición de cuotas entre todos los miembros del equipo, para que todos tengan su momento de gloria frente a las hordas metálicas de sus enemigos, batiburrillo de hierros y músculos de 360 grados, cuyo jefe parece más interesado en lucir un esqueleto brillante que elaborar pérfidas estrategias para conquistar el mundo.
Joss Whedon, ha copiado en exceso de otras aventuras desde pequeñeces como Virtuosity o El Cortador de Césped, hasta la emblemática Terminator, pero sin pizca de efectos dramáticos ni tensión.
En el sentido visual, por supuesto, se hacen valer los 250 millones en el presupuesto, pero los escenarios recreados entre Johannesburgo, Italia, Bangladesh y Londres, se pierden entre tanto artificio y destrucción explosiva, más interesados en crear una sucursal de Industrial Light and Magic, en la capital británica.

Al final, casi todos contentos. Los seguidores fanáticos del director de Buffy verán con creces sufragadas sus ansias de rotaciones y digitalización, ésta toma un peso mayoritario e insufrible en los filmes de acción, los actores y equipo cobrarán una interesante cantidad por sus aportaciones a la saga, Marvel y Lee crecen un poco mas tras tantos años de actividad creativa. Los que se empezaban a cansar de estos Vengadores, ahora verán como otros van llegando a la franquicia liberando a los primeros hacia otras ofertas cinematográficas, los críticos podemos despacharnos a gusto, y James Spader parece mucho más amenazador guturalmente hablando.
En cuanto a la resolución, si observas Capitán América The Winter Soldier, tiene parecidos bastante sospechosos, con lo cual los creadores de escenas de lucha, deberían empezar a preocuparse un poco.

Y a los sufridores, ánimo, pues en próximas fechas solamente tendremos algunos estrenos, pero con diferentes aspectos a lo visto anteriormente. Este es el nuevo circo marveliano: Ant-Man, DeadPool, Capitán América: Civil War, X-Men: Apocalipsis, Gámbito, Doctor Extraño, Logan, Los 6 Siniestros, y al menos, otra de las más agradables para mí por su bocanada de aire fresco, Guardianes de la Galaxia 2.
¿Podremos resistirlo, nosotros seremos... hasta la vista héroes!

martes, 9 de mayo de 2017

Eight Days a Week.


The Beatles: Cine de Garaje.


Muchos los recordarán como los cuatro chicos de Liverpool, obviamente, dadas sus raíces incrustadas en los barrios que vieron dar sus primeros pasos, a veces dubitativos. Así como, el hogar de muchas familias trabajadoras de la ciudad del condado norteño de Merseyside (en el estuario del río Mersey y su estilo beat), luchando contra los acontecimientos rudos y los golpes vitales de cualquier índole.
Otros amantes de la música, preferirán el apodo de The Fab Four. Evidentemente, Paul, John, George y Ringo, son los componentes o eslabones, que comenzaron a alimentarse gradualmente en una "cueva", prácticamente a oscuras, pasando varias veces por Hamburgo en el trayecto a la fama. Así darían la vuelta a un globo terráqueo que se les quedaba diminuto, debido al impacto mediático y artístico, a la profundidad de sus acordes combinados con extraordinario tacto, a la calidad que escondían sus letras según aumentaba su experiencia y la evolución de su propio estilo musical.

Su nombre se ha convertido en toda una referencia para las próximas generaciones, que seguirán aprendiendo de aquella banda amateur de amigos (o no, sopesando la historia) unidos al salir del colegio para transformarse en otra entidad más prefesionalizada. Una metamorfosis inversa a la inmovilidad del personaje de Kafka, que irán creciendo gracias a su voracidad ingeniosa y esa capacidad mimética para aprender o evolucionar hacia otros géneros de nivel avanzado: mezcla de clásicos, rockeros, psicodélicos, folk o country, barrocos o ligeros como el pop actual, sobre todo, para un simple e indefenso insecto que no había salido de una isla, en principio.
Tres de ellos, se identifican con niños que sufrieron la separación y las dudas familiares, tanto, que no pudieron esquivar algunas de aquellas suelas infectas, que terminarían pisoteando (o intentándolo físicamente) su imagen y su siguiente trabajo... también, su cerebro inquieto, rebelde y creativo.

Echando la vista atrás, observando las múltiples fotografías que permanecen en el ideario colectivo, y las aventuras divergentes de sus películas, todo parece tan lejano que puede transformarse en una especie de sueño intermitente e irreconocible. Pero, resistiendo a golpe de batuta, menos mal, que nos quedan sus canciones y sinceras melodías (McCartney soporta las plagas), para recordarnos que fueron como aquel hermano mayor, que nos pasaba cintas grabadas con sus temas preferidos y estimulaba nuestro oído primerizo. Igual que, aquel amigo que se ligaba a todas las chicas que se acercaban mínimamente al grupo o esos colegas no tan agraciados que conquistaban por su carisma y su "simpatía", como siempre.
De viejos tiempos, desempolvamos los discos de vinilo y soltamos alguna lagrimilla (personalmente guardo incluso, me resisto, a tirar alguna cinta de cromo) donde escuchamos sus voces por primera vez y descubrimos un universo distinto de bandas. Aquellas emocionantes que transitaban por múltiples y variados, caminos, estrellas de un firmamento anclado en el tiempo, con infinitas pistas y sinfonías de placer, teclas irreverentes y pieles permeables para dejarse influencias eléctricas, gritos de animadores en vivo y alaridos de placer, cuerdas de los que pendían los amores fortuitos, y los de siempre, cuya esencia y elementos técnicos nos ayudaron a crecer y añorar su leyenda, casi mística.

La sombra del quinto Beatle... es extensa.
Eran los primeros años sesenta, cuando la música acababa de conocer a tipos extraordinarios como Buddy Holly, el dúo The Everly Brothers, el predicante del vértigo Little Richard, el guitarrista Ry Cooder o el maestro recién fallecido, elástico de cuerdas Chuck Berry. Por no mencionar al mismísimo rey del rock, Elvis, del que Lennon era admirador y vestía con orgullo su estilismo Teddy Bear de los comienzos. Corrientes y aspiraciones que fluctúan en una marea continua de eclecticismo.
Y mientras, los cuatro jóvenes (que luego serían 6-2, +1 fantasma) contribuyen al campeonato mundial, ganando encuentros a base de pelotas y alta fidelidad, o si sumáramos al cerebro del viejo y educado George Martin, más asentado con los pies en la tierra, formarían un quinteto de muerte. Cinco notas que se multiplicarían en una gama sonora sin precedentes en la historia del Rock, para demostrar que Liverpool abriría nuevos caminos en la música contemporánea y el rock. Aquí, desde la vieja Europa (que ya no es lo que era) hacia la conquista de nuevas fronteras artísticas y todas las gargantas que hervían de juventud y LOVE. Unas mayúsculas que sumadas a The BEATles, marcarían el ritmo en las próximas de-generaciones de amantes y oyentes.

La voracidad de estos "bichos" melenudos parecía incontrolable, se comerían el mundo, aleteando y saltando las distancias (algunas insalvables para la época), midiendo con sus prodigiosas antenas y palpando el horizonte, con sus tentáculos eléctricos. Capaces de otear y modificar el pensamiento, a pesar de las dificultades de todo tipo, como las tecnológicas y sus amplificadores Vox que frenarían las ganas de presentarse en vivo. El final de la plaga frente a las huestes de fieles silenciados.
Insectos que desplegaron unas alas tan brillantes como la psicodelia y sus derivaciones alucinógenas, o tan oscuras como el barroquismo clásico. Tan diferentes y fuertes que podrían soportar cualquier contratiempo, sobrevolar cualquier amenaza, acercarse a aquel tipo de aspecto hippie y su fe, conocido como "el hombre más famoso del mundo". Hasta que llegaron ellos -dijo John.
Claro, se armó la marimorena... porque sus palabras no quedaban en tinteros vacíos o partituras huecas, todas aparecían y siguen haciéndolo con tal fuerza, que cambiaban el mundo. O al menos, lo intentaron hasta que el cansancio, las mujeres, unas balas o la temible enfermedad, decidieron que con su silencio, estábamos mejor. ¡Qué hipocresía!, el destino.


Poco a poco, The Beatles irían ampliando las perspectivas musicales y sociales, más allá de una finita isla, defendiendo lo que casi nadie hace, a ese amor colectivo y abstracto, como la tangible paz. Multiplicando panes y peces, por discos inolvidables, desde una costa a otra, alimentando y divirtiendo a los jóvenes con expectativas o ´amansando` sus oídos, atronados por las bombas de la selva, relajándose con otras sustancias más oníricas y peligrosas, sin control, girándose al surrealismo en tantas ocasiones, que algunos estamos felices en observar sus locuras cinematográficas. A pesar, de algún resbalón sonoro.
Otras miradas insectívoras, se esconden y mimetizan con ellos, en esta era, gozan con sus contoneos cervicales y miran sus instantáneas invernadas, se regodean con su clase y presencia mitificada, con sus fragancias elegantes entre el pop y el rock de ida y vuelta (dependiendo de la época y el estado, de ánimo)... ellas, son las hijas y nietas de aquellos padres modernos, también insectívoros.
Aunque, sean acosados y maltratados, por mayores y crítica, rodeados por ellas, traviesas, devorados por los números incalculables mentalmente. Y físicamente, desprotegidos como estrellas que se apagan repentina y violentamente...

The Beatles se fueron perfeccionando, gustándose a sí mismos... o no, abandonando sus viejos y románticos envoltorios de quitina negra, para evolucionar a otras formas más contundentes, de piel y hueso, con formas intelectuales y oníricas. Gracias a esos acordes reconocidos por todos y las letras que han crecido hasta una adorable métrica, de sentidos metafóricos y diferentes. Más evolucionados que muchos escritos que se hayan leído, una sola vez en la vida o en libros que quedan aparcados en el interior de un polvoriento cofre, abandonado en el desván del pasado. Junto a otras cosas sangrantes, que prefiero dejar fuera de este comentario respetuoso y complaciente...
Su existencia e historia, se distingue de la vida real de los escarabajos, desposeídos de su fantasía visual y esa capacidad para soñar, contra la decadencia hermética de Gregor Samsa. Aquí reflejadas también a través de sus sorprendentes e inclasificables películas, desde la frescura de la primera en 1964, A Hard Day´s Night, solo dos años después de que el tema Love Me Do, se convirtiera en el primer romance universal o himno generacional de la banda.

Por tanto, comenzaré por el principio, no tan soterrado como el rock iniciático de The Cavern. Ni tan poco caprichoso como la sustitución de un batería llamado Pete Best y su precursor corte de pelo rockabilly (y del sustituto del estudio Andy White) que abriría un resquicio para colarse el gran Ringo, con su carisma, claro, y los flequillos evolucionados. Ni tan zurdo, que la guitarra pasara a manos del habilidoso George, desplazando a la izquierda de Paul al bajo, o las voces alzadas al vuelo con diamantes, que se irían intercalando con las cuerdas y esos acordes imaginativos. Violines en transición con guitarras eléctricas, clasicismo frente innovación, progresismo sin ira, efectos y loops, libertad, rifs grabados a fuego y feromonas, igualdad, drogas y sexo, en el Año del Amor, de la generación de los baby boomers. Dicho de otra forma, fraternidad musical...
La existencia de un virtual Sargento de la Pimienta, jefe de enamorados solitarios, y ya imagen de un todo terreno o representante llamado Brian Samuel Epstein, que confirió los trajes, sustituidos por casacas y bigotes; las corbatas y las formas de expresión, el recorte de sus vidas privadas, no de melena y patillas, y la forma de presentarse progresivamente a los medios... ¡cuánto pudo! Otro posible candidato al cinco, sin rimas, pero, esa es otra historia, que entra de refilón en el reparto de papeles, títulos de crédito en los documentales y memorias, alma del espectáculo visual y lejos de la sofisticación musical o expresiva, de otros seleccionados. Uno dentro de los mejores grupos del mundo. Señoras, señores... ¡con todos ustedes The Beatles!



















Qué Noche la de aquel Día.

Éramos tan jóvenes, que debemos desprendernos de todo el polvo del camino, y observar este collage hipnótico alrededor de un centro monocromo. Sólo en la fachada, porque dentro predominan los colores cálidos y el polvo de las maletas, que llevan acumulado todo el bagaje de cientos de desplazamientos y opiniones encontradas. Un círculo de vicios, para relajarnos con la excelsa naturalidad de The Beatles y sus canciones, de su extravagante comportamiento al inicio, como si fuera de otra galaxia o esfera intelectual, desenfadada.
Es esta primera película de carácter documental, dirigida por un experimental, Richard Lester (el de Golfus de Roma, Robiy y Marian y Superman II-III) tras flirtear con jazz y ratones de comedia y Allun Owen guionista de El Criminal; poco tiempo después de que The Beatles se convirtieran en un referente visual sin preferentes, la imagen en blanco y negro de una generación multicolor. La sombra diaria de unos auténticos mitos vivientes, que el público juvenil adoraba y el adulto comenzaba a entender, unos chicos del portuario Liverpool, que amaban la música y sus instrumentos lógicos, con los que deseaban sacudirse el ambiente apretado de una caverna. Tipos de la calle, construyendo escaleras de rock al cielo, desde la nublada Inglaterra a los multirraciales Estados Unidos o el mundo.

Fue la época de la transformación de grupos como The Quarrimen (donde emergía Mr. Lennon sin gafas) y el sonido skiffle, característico de Memphis con rasgueos de guitarra acústica y banjo, de saludos efusivos y encuentros casuales en el autobús, entre fiestas que unían a personas con las mismas inquietudes y perseverancia, amor a la música. Con ganas para morder el universo expandido y saltarse las reglas establecidas, y las que se instalarán cómodamente en el futuro o el sofá, aunque tuvieran que cambiar la seguridad de unos míticos vaqueros por un vestido negro, sin fisuras. Es el momento, de esta Noche Como La De Aquel Día, donde cambió la vida de estos compositores, cantantes y músicos, pluri-instrumentistas con capacidad para emocionar al resto de mortales, con orejas. Inteligentes.

Tras el debut televisivo y la tonalidad fresca de su reciente éxito Love Me Do, se editaría el primer sencillo que iría a los primeros puestos de las listas de ventas, Please Please Me. Se construirían los cimientos de la primera concentración de 10 temas más cuatro sencillos, grabados en un solo día para EMI, que aparecen en el filme. Aquella nitidez, claridad en las voces y coros, crearían un nuevo sonido mezclado con letras románticas de estilo británico avanzado (mucho antes de la oscuridad del Brexit), en un sucesivo crecimiento con la profundidad temática de la "new generation".
Tras la sucesión admirable en la banda sonora, hallamos aspectos interpretativos como los enfáticos y profesionales Norman Rossignton (Tobruk, El Hombre de Una Tierra Salvaje) y John Junkin (Cómo Gané la Guerra), Victor Spinetti (Help!, Empiecen la Revolución Sin Mí) y Anna Quayle (Casino Royale, Chitty Chitty Bang Bang).

From Me to You, alcanza el primer número 1, seguido de 17 sencillos triunfantes que llegarían después en Reino Unido, cambiando actuaciones de Hamburgo y batería, a su expresiva, lanzadera, condensada, atmosférica, irrespirable, The Cavern.
Todo el éxito exuberante, les llevaría a una gira por 27 ciudades en EEUU y 30 conciertos desorbitados, antes de la llegada a la Luna. Sobrepasados por la asistencia tumultuosa y ruidosa, las carreras y empujones, saltos al vacío del escenario, curiosos, estampida ávida de nuevas experiencias sonoras y referencias culturales. Tras graves episodios dramáticos, grises rostros y guerras, aunque se dieran de bruces, con la escasa calidad sonora de aquellos equipos sin potencia suficiente u otras barreras ideológicas. Fueron, más que nunca, for ever, The Beatles, quizás, un sombra de envidia en algunas mentes adultas y sociales, de esa etapa cambiante.

En esta película, observamos la diversión de los primeros viajes y emociones, la sofisticación expresiva y el sentido del humor, la indisciplina de Lennon y la finura de sus cuerpos, figurines del gusto. Algunas anécdotas que han sobrepasado la realidad y comentarios de famosos, que se establecen en la mitología beatlemaníaca; acá está comprendido este gran salto, vertiginoso y estratosférico que supuso el sonido beatle y sus variantes angulares, desprendiéndose de estereotipos, marginalidades y los avisos recurrentes de fracaso, debido al uso de guitarras eléctricas y otros elementos que serían fundamentales en su estilo.
Significaría su primera pirueta declamatoria y dotada de naturalidad sorprendente, con retratos congelados de nuestros héroes en la memoria. Como si aquel día fuera hoy y esta noche de visionado, fuera eterna, viajera, transitoria... una propia revisión de su imagen y nacimiento, como cada producto visual en su época correspondiente, se educa y crece, se desvía de obligaciones y consigue fluir en libertad, aumentando más y más. Incluso, rebotando en las calles y dando esquinazo a sus admiradoras, como Charlie Chaplin y sus huérfanos, saboteando a los periodistas y desobedeciendo los deseos de sus representantes, haciendo chistes simpáticos.

Es una notable comedia entre notas de rock&roll clásico y aventuras al estilo onírico de The Beatles, al cómic y los dibujos animados. Más que un aviso, de lo que vendría a continuación... Su imagen, hoy, es monumental, mitificada, de otro planeta... el planeta Música.
Comprender todo lo que suponen The Beatles, las ensoñaciones de cuatro jóvenes hambrientos y simpáticos, irreverentes o azarosos, comprende una vida distinta e intrascendente, la de cualquiera de nosotros en nuestros diminutos habitáculos y aburridas existencias. Los besos dados y las palabras nunca dirigidas, los sentimientos que bailan en sus notas, del blanco y negro a un pensamiento multicolor, donde el cuarteto y sus vecinos animados, viajan en submarinos amarillos y letras surrealistas.
De repente, como una invasión de insaciables insectos, su imagen se reprodujo hasta la saciedad, en múltiples formatos, entre ellos, el cine de Richard Lester explicando un día cualquiera de sus enfatizadas vidas, algunas relaciones y escenas más reconocidas, o relacionadas con su trabajo visto desde diferentes emplazamientos, privados y públicos. Desde el matiz de diferentes voces que prueban su innovación sonora e imagen icónica, la experimentación con los recursos y la tecnología precursora, la personalidad de John Lennon, en un papel aún no tan indisciplinado y combativo como años después, el contrapunto estilista y arrolladora de Paul McCartney, conquistador y getleman, la sencillez y corrección de un George Harrison más joven y discreto, algo precavido, o la gracia innata, despierta y silenciosa como un felino, gracioso mimo, y padre acústico a la batería del pop/rock, Ringo Starr. ¡Welcome, un gusto!










Help!

I need somebody... será un presagio u otro tren perdido.

Es un grito. El éxito es tan fulgurante, que hoy nadie recuerda lo que costó hallarlo en ese principio, ni los esfuerzos acumulados y el desgaste que va adosándose al cuerpo como una rémora etílica o un viaje con Lucy. Quizás, por eso, The Beatles no pudieron controlar como ellos querían, su siguiente propuesta cinematográfica, Ayuda o Socorro (depende del rescate), acompañada de un argumento burdo y poco entretenido de Charles Wood y Marc Behm (Charada, increíble la diferencia), salvo las actuaciones tratadas como videoclips.
Se dice que falsificación o caricatura de las películas de espías a lo James Bond, no tiene sentido ni práctico ni estilístico, aunque los primeros minutos de los títulos de crédito se propaguen en nuestra cabeza, presagiando algo fantástico. Como la potencia de sus rostros, interpretando la canción principal de la película con un formato más programado, y Eleanor Bron (Al Diablo con el Diablo, Dos en la Carretera) haciendo de las suyas, a lo loco. Ah, además ahora en este fabuloso Eastmancolor, pero sería un espejismo tan solo.

Efectivamente, nadie dijo que esto fuera a ser fácil... aún restaban dos años para que el representante y guía Mr. Epstein falleciera por causa de un extraño cóctel de anfetaminas, dejando las relaciones personales en punto muerto. Continuaba el contrato con United Artist y la idea de esta película, resultaría un confuso panorama con críticas negativas, comprensiblemente.
Tras numerosas canciones que fluctuaban sobre el estado de enamoramiento recurrente, las baladas se apoderaron de la banda sonora, tan imprevisible como perdurable. Este pop con acento clásico, iba dirigido a sus nuevos seguidores, antes de su tercera gira a los EEUU, sus invasiones multitudinarias y el próximo episodio psicodélico. Personalmente, el estilo que los haría grandes (sin fronteras intelectuales ni barreras temáticas), excepto insultos de mentes cerradas y excomulgaciones de todo tipo. Incluida la separación de composiciones entre Lennon y McCartney, que concedían una encrucijada de choques reiterados. Posiblemente, esto se denote ligeramente en la película Help!

Mientras, Ringo seguía con su famoso traqueteo simpático y digital (dedo) por las Bahamas, con la nueva guitarra Rikenbacker 360 de 12 cuerdas, de Harrison y su tendencia hacia el hinduismo. Además será recordado como el Beatle que hizo que la banda fuera expulsada de Alemania por quemar preservativos y utilizarlos como luces de emergencia en el hotel. En ese momento, George Martin comenzaba a ver ciertos juegos como chiquilladas, que se reafirmarían al acudir a Haight-Ashbury y relacionar la música con un lugar de chiquillos consumiendo drogas. Ellos ya habían conocido a Bob Dylan y su interés por el cannabis. Daba comienzo una etapa más alucinógena y creativa.
Un compendio de formas adyacentes, que llevaría al grupo a dejar las giras por estadios y su música en vivo, excepto alguna azotea determinada (aquí me apetece recordar la escena final de la notable Across The Universe de Julie Taymor). Víctimas de un cansancio que se desprende en algunos instantes furtivos y descafeinados de esta película Help!, desprovista de frescura y con gags que no funcionaban ni se recuerdan, en general.

De todas formas, aceptando los errores y confabulaciones en la producción, argumento e interpretación, siempre es atractivo acercarse a este cuarteto de genios, capacitados para elaborar las armonías orquestales más reconfortantes y un estilo que propició otra apertura de mentes, tanto en la cultura de finales de los sesenta como sirviendo de referencia del rock progresivo, hasta nuestros días. Además, lo mejor estaba todavía por arrivar a buen puerto... a pesar de parecer estrellas invitadas en esta película.


















El Submarino Amarillo.

Sargent Peppers... sería una inspiración, convertida en realidad. En 1967 con Magical Mistery Tour nos adentraríamos en su etapa más surrealista visualmente y la anticipación del proto-metal que vendría con Helter Skelter, incluida en el vital 68 en su famoso Álbum Blanco.
Pero, antes se sumergirían con los admiradores en otro vehículo de transporte irreal, del que guardamos un poderoso recuerdo gráfico y onírico. The Yellow Submarine se convierte en un divertido biopic de viajes exóticos y un universo apocalíptico de azules (Blue Meanies eternamente circunspectos), que odian la música y rebajar el sentido multicolor de Peperland. Para ellos, los cuatro más uno, se convertirán en héroes románticos con sus uniformes de gala de esta simpática banda militar, cantando y floreciendo con sus temas más vanguardistas, plenos de sensibilidad artística y metafórica. Defensores de la diferencia y la convivencia, de la naturaleza y el arte, de una estilo armónico con continuas disonancias y repeticiones, efectos especiales para el mayor juego musical de la historia.

La película Yellow Submarine de 1968, fue dirigida por el animador canadiense de cortos para los estudios de TVC en Londres, con George Dunning basándose en la canción del dúo compositor y extendida libremente por el escritor Lee Minoff. Junto a los productores Al Brodax-Jack Mendelsohn (Krazy Kat, Beetle Bailey) y el guionista de Love Story, Erich Segal. El resultado fue magnífico y brillantemente colorista. Por otro lado, The Beatles poseían su propia serie de televisión animada, con ellos mismos como héroes protagonistas, sin guerreras ni barbas.
Ya conocían a Elvis Presley en su mansión de Bel-Air, y se disponían a ejecutar su último concierto en vivo, en la quinta gira estadounidense, sobre el Candlestick Park de San Francisco, abiertos al estilo hippie y la evolución de su pensamiento social y político. All You Need Is Love, abandera la causa de todos aquellos que se levantaron contra le guerra de Vietnam y en favor de la paz mundial, cerca del vodevil surrealista y la composición más ecléctica de estilos y efectos visuales, de Brian Begun actual compositor gráfico de Digital Domain (Piratas del Caribe, TRON y otros éxitos actuales) y efectos visuales de Chris Caunter, también el The Wall de Pink Floyd.

Posiblemente, esta agradable experiencia condujo a George Harrison hacia Monty Phyton y su amistad con Eric Idle, que le llevaría a producir filmes como Life of Brian o Time Bandits. También a mantener con alegría, la amistad de Eric Clapton a pesar de ciertos problemas de faldas o formar un nuevo grupo con el mismo Dylan, Tom Petty y Roy Orbison, y guiaría los pasos de sus miembros, hacia otras inquietudes o conciencias recaudatorias con los damnificados del desastre natural en la India y aquel concierto de Bangladesh... el dinero no lo era todo, en sus cuatro fulgurantes vidas y sus próximas inquietudes por separado. Su excepcional vida, inquietudes personales y calidad como guitarrista, quedaría reflejada en el documental de 2011, dirigido por el gran Martin Scorsese y titulado George Harrison: Living in the Material World.

Debe quedar claro, visto desde el exterior, que Scorsese es genial y hace un monumento histórico, entrando en detalles no tan rimbombantes al estilo de su película 'No Direction Home' sobre Bob Dylan. Agrupa a un enorme elenco de personajes, Paul y Ringo, Eric Clapton, Tom Petty y Astrid Kirchherr, al hijo de Harrison Dhani y la mexicana Olivia Trinidad Arias (viuda de George), que también produce y refleja el cariño de todos los participantes en el documental. Pues, quién no se emocionaría con la intensidad de aquellos días, los recuerdos y expresiones más simples, y la creatividad fluctuando en el estudio. Incluso en el tema de su infidelidad, Olivia expresa libremente, como cualquiera de las bromas de su esposo: "- ¿Cuál es el secreto de un matrimonio largo? - ¡No se divorcie!"

Sargent Peppers y Yellow Submarine, es aquella etapa dorada y azulada de The Beatles, en la que muchos nos quedaríamos a vivir, meditar y disfrutar. Entonces, llegó la muerte de Epstein, escándalos sexuales aparte, la aparición en estudio de Yoko Ono y los últimos suspiros de los seguidores tras un retiro espiritual.

Backbeat (1994)/Nowhere Boy

En este apartado, además de la consabida Across the Universe y sus elaboradas escenas, con un estímulo vocal de todos los presentes a la proyección, a coro claro, recordamos otras dos películas que ahondan en las vidas de algunos protagonistas. Backbeat abre la caja privada de aquel escocés llamado Stuart Sutcliffe, con su infortunio interpretado por Stephen Dorff, su relación inmediata con John Lennon (el actor Ian Hart) para formar Long John and the Silver Beatles, y la novia alemana del primero, cuyo papel interpreta Sheryl Lee. El primer bajista de la banda en que sugiriera la metamórfica nomenclatura, en homenaje a Buddy Holly y The Crickets (o grillos), en complacencia colepóptera o guiño animalesco, no era ningún virtuoso .
Dirigida por el londinense Iain Softley (K-Pax, La Llave del Mal) muestra sus problemas internos y las escaramuzas, las difíciles relaciones con sus compañeros, dado su personalidad convulsa y cierto carácter contemplativo o esquivo, respecto a las necesidades musicales del resto y la imagen pública. Tampoco se desprende de las imágenes, un comportamiento demasiado arisco, pero sí las secuelas de un enfrentamiento rival con aquel duro pateo de la cabeza, que afectaría gravemente a su salud.

El estilo Merseybeat...

En un triste día de 1962, llegó la triste noticia desde Alemania, ya que el verdadero hacedor de la melena beatle y desafortunado, Stuart Sutcliffe había fallecido repentinamente por una hemorragia cerebral, con lo cual la banda tendrá que sustituirle (un cambio determinante para su futuro) para la grabación de una prueba en Padaphone (hermana pequeña de EMI en Londres) y edición de 4 temas compuestos por la pareja Lennon-McCartney. Tal vez, una de las más prolíficas y conflictivas de la historia del rock. Por cierto, las cintas garantizadas de aquel registro histórico, fueron destruidas como ocurría normalmente para una sesión de prueba, pero serían recuperadas dos grabaciones monoaurales como un recuerdo inusualmente desclasificado, especialmente, tratándose de los mediáticos Beatles.

En Nowhere Boy, la directora Sam Taylor-Johnson, se acerca a la intimidad de los primeros años de un Lennon y su creciente admiración por El Rey y aquellos primeros contactos con la música, la adquisición de los primeros instrumentos y amistades. Interpretado por su exitoso hijo Aaron Taylor-Johnson (Kick-Ass, Animales Nocturnos) y su tía, Kristin Scott Thomas, a cargo de su educación, tras la separación traumática de sus padres y una dura elección personal. El resultado es una mirada entretenida de su biografía, y un ejemplo de aquel sonido renovador.


















Eight Days A Week.

El Escarabajo... curioso insecto de la familia de los coleópteros (significa estuches o cofres con alas, como la forma y funda de una rotunda guitarra) y miembro sagrado en la civilización del Antiguo Egipto que perpetuaba la buena suerte, la fuerza y el poder religioso. Así como fuente de la eterna juventud, alcanzada a través de la resurrección. Significaba su concentración energética, en un pequeño animal que simbolizaba la fuerza renovadora del Sol y se esparce por todos los territorios o ecosistemas del planeta. Más o menos, como sus congéneres musicales y su diversión radiante.
Su estirpe se perpetúa en el tiempo, como su trabajo, poseyendo más variedades diferentes (hasta 375000) que ninguna otra especie animal. Incluidos, por supuesto, los seres humanos con traje y corbatín.

Y en las relaciones, sin embargo, al verse involucrados con nuestra propia existencia o vida inteligente, han desarrollado facultades fuera de lo común. De movimientos armónicos, para protección de sus familias, y poderosos escudos con forma de élitros acorazados; recogiendo y reciclando, para dar un cobijo a sus nuevas generaciones; levantando masas superiores al peso de sus cuerpos o propagando su éxito espécimen a otros miembros (lo siento, no puedo aceptar miembras) del sexo opuesto, con dedicadas y atractivas feromonas o también, emisión de sonidos característicos. Mutando en el tiempo y pudiendo volar a cualquier confín de la Tierra, sin apenas sentir fatiga o desánimo. Algo espectacular para una pequeña criatura, de oscuro impermeable y brillante exoesqueleto.
De igual forma, se ha desarrollado este grupo de éxito por la naturaleza del cine, siendo capaz de transformarse en una especie única en su género, díscolo, evolucionado y protegido por un caparazón casi indestructible.

The Beatles trataron de protegerse de las críticas e imprecaciones externas, como un insecto de sus depredadores, con su movimiento incesable y sus modos de esquivar los peligros. Además de un deleite para los oídos, con ese ritmo indescriptible y motor para nuestros pies. Se inician en el frío interior de una caverna, como sus pequeños amigos invertebrados, en una larvada forma o pupa, redirigiendo su vibrante sonido a Liverpool y sus vecinos, en una progresiva metamorfosis. Hasta abarcar largas distancias, desde esas raíces juveniles con querencia por los clásicos y el rythm&blues, la experimentación sonora antes de otras aventuras más eléctricas.
Por consiguiente, irían expandiendo su música a todos los niveles y medios, su influencia más allá de la isla fue avanzando con el ímpetu creativo de sus genes y la creatividad artística, el dominio de todos aquellos resortes roqueros de moda y posibles derivadas. Su imagen surcaría los cielos en cualquier disposición o ubicación conocida, como lo haría su impactante estilo y las evoluciones ideológicas o personales de cada miembro. Hombres-insecto pertenecientes a una de las bandas más influyentes de la historia.

El skiffle se hizo extremadamente popular en el Reino Unido a finales de los '50. Lonnie Donegan se dio a conocer internacionalmente con la canción "Rock Island Line", junto a otros grupos conocidos del Reino Unido son The Gin Mill Skiffle Group y The Quarrymen... los que más tarde se convertirían en The Beatles, en una larga evolución hacia el rock&roll y la psicodelia.
Precisamente, apuntando a este puesto crucial dentro del romántico universo de la música y su historia, planea con impulso imparable (entre diversos vaivenes o situaciones), la permanencia del legado beatlemaníaco a varias generaciones. En la actualidad, bajo la forma de una nueva película documental, curioso pero algo destartalado, no tanto cronológico como estructuralmente, los cuatro de Liverpool son protagonistas de su propio encuentro musical y la situación mediática. No podría ser de otro modo, a través de esa perspectiva histórica o mirada social que sorprende a unos jóvenes triunfadores, inmersos en un desarrollo personal y transformación musical.

Eight Days a Week (The Touring Years), sobrepasa ese aspecto visual de los archivos, para acercarse al individuo. Aunque de forma más escueta que en otras antologías anteriores, mediante la fuerte resistencia del exterior que desprendían algunas de sus opiniones fuera del mundo discográfico. A medida que su carrera avanzaba, los extremos entraban en conflicto, al igual que ciertos intereses particulares, dividiendo la posición de la banda frente a poderosos enemigos y reflejando dudas respecto a su independencia o intimidad. Sin embargo, el documental mantiene la esencia de los comienzos, y su imagen tras el espejo, secuestrada su juventud por la industria musical que giraba a su alrededor. Un trabajo de incalculable valor, según nuestro cariño o admiración, bajo la nostálgica mirada.
El filme, de algo más de dos horas y cuarto, bucea en las relaciones privadas de aquellos inicios y sus arrolladoras giras hacia el éxito. Del blanco y negro al color, del blues a la psicodelia. Su comportamiento burlesco con los profesionales, representantes y los medios; la puesta en escena, medida o espontánea, con aquel público juvenil de afluencia masiva, para dejarse la voz y las ganas. Aquellos maravillosos años...

Otras hostilidades, o heridas, mezclan imágenes asombrosas dirigidas por el director de Oklahoma, Ron Howard. Ahora enfrascado en producción de Zelda (sobre la esposa del escritor F. Scott Fitzgerald) o una historia espacial titulada Seveneves. Recopila imágenes definitorias de una sociedad cambiante,y un guion neutro de Mark Monroe, recreado en la historia de P.G. Morgan (autor del texto documental de Roman Polanski: Wanted and Desired).
En su interior reside la polémica también, con distintos estadios que van, desde la creatividad artística a la falta de medios técnicos; así como navegar distancias inabarcables por entonces. Pensamientos insalvables especialmente para la sociedad norteamericana y sus cambios fundacionales, sufriendo la crítica más recalcitrante de aquellos, enemigos del avance cultural. Extrapola su postura al lado, de la imparable visión de una mayoría juvenil y su conciencia frente a los abusos o la corrupción (esa, de que Elvis se empalagaría, según refleja Nixon vs. Elvis). En definitiva, una juventud ávida de profundos cambios, en favor de la igualdad y libertad sexual, que permitiría esa expansión imparable del baby boom y su crecimiento en las siguientes décadas.

Sus cuatro rostros, cuadriculados en las portadas, abarcan estas diversas etapas. Desde 1962 y el primer disco, sus primeros números 1, hasta el fin de los conciertos multitudinarios en 1966, con aquella última aparición en el escenario de San Francisco. Luego, la salida inconmensurable de su Sargent Peppers and Lonely Hearts Band... con aquella florida e histórica portada diseñada por Peter Blake, que nos hace soñar y sorprendernos aún.
En el filme, observamos de nuevo, aquellas oportunidades y tensiones, sus famosos flequillos móviles y apariencia elegante, que no pasa desapercibida, las ganas de divertirse y empezar a formular mensajes de todo tipo. El sentido que definía sus diferencias, o colores sonoros, frente a la gris existencia de la niñez de algún componente y la repentina muerte, del que funcionaba como pegamento. También, los muertos de la guerra, por supuesto.
El rock que triunfó con movimiento de pelvis, lujurioso para algunos, se identifica con estos ritmos divertidos y se dirige hacia una mirada más evolucionada, moderna y eléctrica. Identificando a una generación con otra siguiente, uniéndoles con directas letras hacia la protesta y el amor, individual o colectivo. Diseccionando musicalmente, las relaciones privadas o emocionales entre chicos y chicas, sus apasionados conciertos en la grada y, sobre todo, mucho baile. Pues todo el mundo cimbreaba sus caderas o movía sus crecientes melenas al viento, cuando poco a poco, el aire fresco conduciría sus pasos a una verdadera comunión y total transformación de su existencia... más universal. Y la nuestra, con ellos y su extraordinaria música.

Vemos el proceso endiabladamente veloz, del triunfo, con excelentes secuencias propias o retratos de anónimos espectadores en éxtasis libidinoso y sonoro. Famosos exaltando y gritando sus frustraciones o amores, sensaciones con ellos. Detallado en cada surco de piel o sus discos, a través de sus impertérritas y LP´s históricos, para evolucionar con sus mentes y apurar el crecimiento individual de cada miembro de la banda. Comprobamos el desarrollo de su amistad (anterior a aquel fatídico 31 de Diciembre de 1970, de su definitiva separación sobre un tejado acústico) y la exaltación pública de su influencia en nuevos grupos.Incluidos los más grandes compositores clásicos como Beethoven, Mozart... o músicos como aquel destronado, temporalmente, pues su rock&roll es inmortal, Mr. Elvis Presley.
Su aroma se detiene en cada disco y se exhala en cada parada de una gran ciudad, aireando las personalidades de los 4 de Liverpool durante aquel cambio colectivo y generacional, también rítmico e ideológico.
Se denota en el documental, la forma de ver el mundo a su alrededor, constriñendo las distancias aún más (hasta la actual globalización) y difundiendo sus estados de ánimo a un público fiel e inteligente. Como un coro de gritos desesperados de ayuda, help I need somebody... ante los alaridos de admiración y el crecimiento imparable del fenómeno. Hoy reconocido como "Fan".

Profusas irrealidades, propias visiones... una gama inmensa de colores en contraposición: industria, opiniones generalizadas, sustancias desmaterializadas y otros humos clarificadores... apatía, miedo, experiencias, espiritualidad. Otra distancia más.
Todo aquello sucedió, año tras año, ocho intensos, sin apenas darse cuenta. Trastocó su existencia y el proceso de aprendizaje, desvirtuó su conexión con el público y estructuró otras partituras más acordes con su personalidad, para olvidarse de angustiosas o tumultuosas representaciones. Más teatrales y visualmente mediáticas, que atractivas por la claridad sonora.
Este inicio del movimiento fanático, pudo costar caro. Las multitudinarias actuaciones, sensacionales como documento gráfico, también significarían una transformación de la forma de escuchar en directo. Algo nunca visto hasta entonces, con estadios y masas sincronizadas, como una marea vocal. Algunas declaraciones de los jóvenes en su época y anécdotas difuminadas por el tiempo o matizadas por los cambios sociales de la actualidad. Todo eso fue, ocho días en una semana, en compañía de seguidores, giras anuales y focos del estrellato o la prensa. Fotos infinitas, sesiones mágicas, grabaciones, vídeos y películas. Cine para amigos de los insectos y el british beat, tras numerosos vuelos y sorprendentes situaciones laborales.

Joh, Paul, George y Ringo... delante de la cámara (hoy de Howard) se manifestaron mejor con su música, para edificar su leyenda. Cuando a la aventura personal y locura colectiva, se suma otro prisma de mentalidades menos retrógradas... al ritmo cálido de una nueva guitarra ... o la batería. La mítica de The Beatles, siempre estará ahí, para nuevas generaciones e inquietudes, para el deleite de futuros oídos.
God Save to Sargent Peppers and Lonely Hearts Club Band. Es decir, a los escarabajos más cinematográficos... o brothers.




Eight Days A Week - The Beatles.

lunes, 1 de mayo de 2017

De Gigantes y Monstruos: The BFG / A Monster Calls.

En los tiempos convulsos que nos toca vivir, como en otros de nuestro pasado, entre amenazas gigantescas y toda una colección de monstruos... los verdaderos héroes, son los niños. Y ellos, los artistas, escritores y los directores de cine, también lo fueron.
Per, seguro que los enormes seres y los antiguos monstruos, hoy en día, se corresponderían con la belleza y la bondad, vistas las barbaridades de que son capaces los seres "más humanos".
















"Spielberg y su majestuosa realidad"


Para empezar a hablar del impulso de las historias de ciencia ficción durante la década de los ochenta y su adaptación al cine, tendríamos que nombrar a ciertos artistas que creían en la aventura clásica como forma de diversión para toda la familia. Desde los más pequeños a aquellos que se sumergen en la fantasía para olvidar otras desgracias o frustraciones de la vida adulta, como el joven de Cincinatti y sus trabajos en 8mm. Steven Spielberg, uno de esos directores que pondría su máxima atención en aquellas narraciones vigorosas y fantásticas. Aunque tuvieran una base realista.
Como algunas narraciones de un escritor, cuyo nombre homenajeaba al explorador noruego Admunsen y su conquista del Polo, recopilando a estos personajes legendarios o mitológicos, tan apreciados por creadores como Nicolas Roeg, Henry Selick, Danny deVito o Tim Burton.

Sería aquel joven Steven y su placer por la aventura, el que dirigía sus incursiones con la serie de Indiana Jones, sugestionado por todas esas historias fantásticas de nuestras lecturas de siempre, sus científicos alocados o duendes preparados para intervenir misteriosamente (como gremlins) inspirados por la pluma de Dahl, o los viajes a mundos fantásticos o huidas imaginativas de una guerra catastrófica. Así como, el posterior contacto con el humor negro de entes y extraterrestres llegados a la Tierra en son de paz. Porque, aquellos encuentros y el E.T. extraterrestre de 1982, han intimado con una nueva colaboración de la guionista Melissa Mathison con Mr. Spielberg, frente a los libros británicos de origen y de cierta concienciación nórdica de Roald Dahl en su último filme conjunto, titulado BFG o Mi Amigo el Gigante.
Steven lo ha vuelto a repetir tras décadas, el cazador de sueños, en este último viaje por lo misterioso o divulgativo, como antaño. Encaramado a lomos de ese espíritu infantil pretérito y producir películas divertidas para sus propios hijos y el resto de niños del planeta, con la sensibilidad y visión fantástica de un aventurero clásico. Para ello, se ayuda de los personajes y las ilusiones mágicas de Dahl, creador de Matilda, Charlie y la Fábrica de Chocolate, James y el Melocotón Gigante, u otras historias que llegarían hasta el mismo Alfred Hitchcock. También guiones para el cine, del tamaño de James Bond, Chitty Chitty Bang Bang y Fantastic Mr. Fox. Capaz de adaptar una historia donde cada cual, podría convertirse en víctima de pesadillas que nos acosan a diario (como la violencia sobre los inocentes) o el protagonista de sus sueños mágicos.

Por aquí, el gusto por lo fantástico, establecería contacto con la guionista Mathison (enlazada sentimentalmente a Harrison Ford por aquellos maravillosos años) para recalar en la increíble historia de un niño y el descubrimiento de la inteligencia interplanetaria, un ser con tendencia a apuntar con el dedo al cielo. El éxito convertiría a Spielberg en rey dorado para siempre y desarrollaría un carrera increíble que le trae actualmente, a compaginar las dramatizaciones históricas con estas películas juveniles que, como BFG en esencia, invierten en el puro entretenimiento familiar.
Todo ello se adivina tras este nuevo trabajo de Dreamworks Animation y su fábrica de emociones de Amblin, basado en grandes textos de cuentos y las imágenes digitales, que se desenvuelven a grandes zancadas por un universo nuevo y onírico. Esta propagación de fantasía y buen comportamiento ético, hoy pasado por la crisis y la violencia, es protagonista de la tecnología contemporánea y los efectos visuales de nueva generación. Ya que, en el filme se conjugan esas leyendas de la antigüedad de seres diminutos y figuras colosales, o talque seres amenazantes y siniestros que, sin embargo, guardan los comportamientos más edulcorados en el fondo, recorriendo furtivamente las calles de un Londres casi barroco o victoriano. En Mi Amigo el Gigante, han destapado el tarro de las esencias y la unión como equipo, en una metáfora existencial que viaja a nuestros días adultos, con atención desviada a los más pequeños de la casa y la diversión sin edad. Tal que, aquella aventura tradicional que conocemos con el nombre de Jack y Las Judías Mágicas, pasando por una tierra irreal donde los gamberros gremlins, se transforman en gigantes hambrientos.

Para su magnífica ambientación, trata el movimiento de la cámara y la diversidad de proporciones, escondiendo los intereses ocultos de sus personajes. Lo grande y lo pequeño se dan la mano, lo joven y viejo, la amistad entre claroscuros tamaños de sus diferentes pensamientos o necesidades. Frente a la realidad, edulcorada con rostros pacíficos y la necesidad de entendimiento. Cabe destacar a la joven protagonista Ruby Barnhill, que demuestra una vez más que el ojo de Spielberg es experto en encontrar y trabajar con nuevos niños actores, o sacar de su esfuerzo, la mejor recompensa visual.
Tanto ella como el adulto de corazón gigantesco, el británico y académico Mark Rylance (trabaja con Steven en El Puente de los Espías y repetirá con un nuevo proyecto utópico y virtual con el título de Ready Player One), promueven una relación clásica de mutua confianza en progresión; adaptando su aspecto y voz a la captura de movimientos y el CGI (con una inversión de 140 millones) y una hiperrealidad en el detalle que puede alejarte de los personajes principales y resta ternura o calidez visual al relato. Pues, a pesar de estar bien entrelazados los diálogos y la impresionante composición de escenarios, algunos personajes se difuminan a diferentes alturas en la película. Existe una sensación extraña o poco natural a la hora de interactuar en el mismo contexto físico o imaginario, igual que ocurriera con otras producciones multimillonarias como la reciente trilogía de El Hobbit de Peter Jackson, donde el exceso de CGI se llega a hacer molesto o trasgrede las leyes de la interpretación. Es decir, se pierde el ritmo en comparación con otras formas más artesanales de realizar los efectos especiales.

En este país de Gigantes, de sombras y recobecos perdidos, todo parece gobernado por un carácter indómito y salvaje, con el foco puesto en una mente más sabia. Enfrentada a 9 o 10 seres del tamaño de edificios de cuatro plantas, su supervivencia es cuestión de suerte o se supedita al hambre voraz de aquellos. La gula por los bacaditos de dos patas o "frijolitos" pertenecientes a nuestra denominada culturalmente "human bean", bien rellenitos de tiernos y crujientes huesos, que convierte la historia en una macabra y gastronómica posibilidad. Ella es una chica intrépida y el sabroso objetivo...
Soñadora y resuelta heroína, que abandona la guerrera roja del pasado, pertenece a otro personaje más actual que visitara irreversiblemente aquella época casi victoriana. Por consiguiente, BFG ha adaptado su vestuario a los nuevos tiempos que nos ha tocado vivir y actualizado la lucha de las heroínas, contra aquellas amenazas que intentan devorarnos de un enorme bocado, tal que una pequeña "Sancho Panza" acompañando al estilizado Quijote. Una ayuda agradecida para luchar contra gigantes, en nombre de la esperanza y la paz. En el fondo contextualizado, lidiar con la realidad fuera de estereotipos condicionados por el miedo y estas decisiones polémicas que debería adoptar la sociedad respecto a los deseos malignos que nos rodean, contra los enemigos de los niños necesitados u olvidados inocentes, en favor de nuestra propia libertad y humanidad.
Es la princesa en la gran corte de los gigantes, en busca de un vuelo de la imaginación hacia los buenos sentimientos, algo tan difícil de conseguir hoy que, sinceramente, me parece un imposible y bonito sueño. Así, Mr. Spielberg nos enrola en un barco mitológico (como aquel de Hook hacia un País de Nunca Jamás ilocalizable a priori), recorriendo distancias a grandes trancos sobre el regazo de este BFG, con la misión de encontrar la bondad en un corazón camuflado entre las intenciones innatas de la tribu. Deformaciones de los monstruos del armario o figuras tras el visillo del balcón, oteándonos.


El gigante de cabello blanco, puede confundir su inmensidad en los rincones oscuros como un pensamiento en las tinieblas de nuestra mente, y desarrollará una habilidad especial para acercarse a ese cerebro infantil alternando con humor, poco apropiado para según que circunstancias. Esa es la parte argumental más débil en una estructura colosal repleta de sentimientos y bellas palabras, cuando la distinguida voz del actor Mark Rylance se aleja del núcleo onírico y la búsqueda de una estrella a la izquierda, para adentrarnos en un mundo de excentricidades y secuencias que desentonan en el conjunto. Bueno, una gracia sin demasiado sentido, más que el de hacer sonreír o intentarlo al menos.
De ese aspecto vulgar y bajo la apariencia tenebrosa, la locuacidad elegante del gigante de Dahl y Spielberg es lo mejor de la cinta. Acaba confundiéndose entre la muchedumbre adulta para abrirnos las puertas de una opulencia que indaga en el carácter británico, frente a la guarida acogedora que combina la fantasía con sentimientos individuales o la ética colectiva en peligro. Cuando los inocentes sin familia pueden acabar en terribles manos, Rylance se acerca con locuaz glosa y pone el acento para el entendimiento o comprensión de lo diferente. Su enorme apariencia se vuelve de una debilidad aparente, con el rostro de un Peter Cushing en su especie de laboratorio secreto, o la confusión de unos gestos fisionómicos o tics semejantes a los de Sean Penn, sin pertenecerle el personaje en absoluto. Si bien, en el fondo de sus enigmáticos rincones mentales y descubrimientos secretos, su corpulencia (difiere de miembros más jóvenes y su raza exigente con el aspecto culinario) se corona con canas de sabiduría y paciencia, como los grandes magos de la literatura juvenil frente al aprendiz, desde el Merlín de Disney al combativo Gandalf, hasta soñar con un sincero homenaje a actores de carácter en esos personajes que interpretara el gran e inolvidable Walter Brennan. El viejo maltratado, lidiando con el ímpetu corporal del enemigo, el mal humor o escasa inteligencia del jefe, con rostro y músculos de un pelirrojo baluarte (¿se me parece a Kirk Douglas o estoy ciertamente embrujado?) dirigiendo a una cuadrilla de vikingos salvajes y juguetones.

De igual forma, el BFG conserva la figura paternal de Hollywood Clásico y esa fragilidad del protector herido, en la mediación y dación de consejos. Otro abuelo que interpretaría un James Stewart canoso y su tono afable, buscando la seguridad y el mejor sueño con que acompañar a su ´nieta` en el futuro. Olvidar su existencia triste y arrebatada al parecer de la prensa escrita, de la cama de un frío orfanato. Es el otro lado de la realidad, que pertenece a una joven protagonista iniciando sus pasos de aventurera, tal que la pequeña Alicia cambiaba de tamaño y mentalidad, hacia un lugar maravilloso plagado de fauces y gracias de dudosa aportación cualitativa, drástica con los monstruos de la imaginación o reales, atravesando el espejo invertido que la transportase a ese otro universo onírico, con las luces neón guiando la consecución de objetivos. Su futuro, es el de la pequeña actriz de rostro iluminado, Ruby Barnhill, envuelta en el ambiente clásico de sensaciones alucinatorias, acústicas y visuales, como una ´principito` o principesa de Saint D´Exupery observando que lo esencial es invisible a los ojos. En su viaje a ´esta` Tierra, ejercerá una influencia en el Gigante (casi niño) y los increíbles acontecimientos, con un sentido práctico a la hora de interpretar los sueños, y manteniendo la humanidad a salvo o el silencio de su mundo protegido en una habitación secreta.
Toda imagen se deja llevar o acariciar, simultáneamente, por compases clásicos de una banda sonora compuesta por su amigo John Williams, como siempre. En cambio, con su tono épico grabado a caballo entre Inglaterra, Escocia, Canadá y los estudios Walt Disney, y a pesar de unos hechos técnicos que rozan la perfección (incluso la calmada actitud de la cámara fluyendo al ritmo que los personajes necesitan en cada secuencia), la acción se diluye en chistes y movimientos programados. La película se contonea o pavonea en su tramo final, realmente, ante una presencia de sangre azul que nos saca de la historia de amistad, o la manifestación gratuita de unos efluvios guiados a un público infantil menos exigente y una risa más facilona, en general. Pero divertida, sin prescindir del todo, de esa mirada adulta asociada a los recuerdos y lecturas de cuentos que formaron parte de nuestro crecimiento intelectual, la conmovedora existencia de un amigo imaginario en nuestra infancia, como parte que subyace en el interior del niño que dejamos abandonado en una isla desierta... en similitud textual con aquellos huérfanos inolvidables, surgidos de la mente del gran Charles Dickens.

Por último, también recordar el reconocimiento del trabajo tras la cámara y la profesión poco sugerente a veces, del escritor. Esta serie de personas desconocidas para el gran público, que apuestan por la creación y la imaginación, enfrentados a los resultados de esta industria de los sueños. Bajo las condiciones de trabajo o necesidades técnicas de autores y estrellas contratadas, ponen a disposición su imaginación con un bello objetivo, el esfuerzo de elaborar una película y continuar este espectáculo del Séptimo Arte. Gracias a Melissa Mathison d.e.p., a Steven Spielberg haciendo felices a padres e hijos sentados juntos en el cine y a otros muchos más, durante dos horas.

La Infancia y el monstruoso cáncer.

Érase una vez, un anciano y frondoso tilo, que se levantaba a unos 60 pies de un terreno cambiante, cercano a la convaleciente residencia de la familia O´Malley y al albor de la tristeza del pequeño Conor. Sus raíces se adentraban en la profundidad de unos sueños infantiles, disfrazados de pesadillas que se elaboraban en la propia fábrica de sus hojas voladoras y caducas. Semejante a una infusión de alas, que relajara toda aquella intranquilidad mental almacenada durante años de malestar, espera y dolor, en busca del definitivo despegue de la tierra. Ya tan húmeda por sus lágrimas. La forma verdosa de sus cabellos y los tallos crecientes en sus miembros, tomaron una vida sombría, que contrastaba con el amarillo de sus flores aromáticas y frutos aceitosos, más delicados y sugerentes. Tanto que parecía que cualquier impulso o llanto, lo haría saltar lejos de allí. Salir volando tras un recio vendaval de reproches o unas palabras sin alma o ánimo.
Pero, su espíritu es firme y dispuesto para la gran lucha que se avecina, ya que en su interior juvenil, late el corazón partido de un muchacho, indómito como la fuerza rebelde de un gigante e intimidante tal que un guerrero airado. Son ambos, un devorador de vidas ajenas, amansado por la imagen o contacto con la juventud y la inocencia, y el poseedor de una experiencia benefactora que expulsara cualquier mal, cambiándolo por un recuerdo inolvidable.
Por enquistado que estuviera el problema... Cuando alzaba su voz, todo se ablandaba alrededor, resonando salvaje en el vacío de una habitación, mas sutil y apaciguadora. de igual forma que un intérprete de la escena, dominaría un crucial discurso. De acento pretencioso a la par que experimentado, cruel en apariencia y arraigado en la memoria. En su savia incluía recetas casi milagrosas, que serían usadas por ancianos curanderos en miles de batallas, reyes y brujas, enemigos asesinos; u otras posibles o soñadas, destinadas a alcanzar un remedio eficaz a todo el sufrimiento humano. Ese fluido vital que dibujara la realidad en tonos ocres y grises, con efectos luminosos y paciencia, una resina capaz de unir lo que se fragmenta en el interior de un órgano hermético, o una vía que orienta a lo verdaderamente recalcable en la existencia de un ser vivo. La simbiosis necesaria para crecer y alimentar todas los segmentos de los que se compone la familia, de estas arcanas malváceas, maestras de lo imposible e iluminadoras en nuestros rincones más sombríos.
El tilo, exclamaba al viento con orgullo su naturaleza salvaje o manera de existir, su pensamiento humanístico, profundizando en todo lo que legitima su integridad y ofreciendo la sabiduría que desprendía su raza arbórea, sanadora, sin esperar nada a cambio. Tal vez, respeto a su estirpe milenaria, la serenidad de casi 800 años observando en silencio a los humanos. Además, era el equilibrio que sostenía el porvenir de aquellos extraviados en la confusión, de monstruos que vienen a devorarnos, un poco más allá de la medianoche... y además, era un excelente divulgador, gran aficionado a los cuentos.

Junto a su dual presencia, se desarrolla en paralelo un reflejo clásico del abismo en el viejo mundo, a través de una producción española de ojos monstruosos y encolerizados sobre terreno inglés (rodaje en el Colegio Colne Valley de Huddersfield, West Yorkshire... antes del Brexit), ante la desafiante insistencia de una posibilidad de cura. Una especie de bálsamo de Fierabrás, que indicase la salida del laberinto de pasiones y temores donde se encuentran los protagonistas, o una visión onírica de la soledad, ante la injusticia más oscura y amarga. Un consejo básico sobre aquello lejano e incomprensible que afecta a los más débiles, tal que una mortífera enfermedad llega antes del tiempo marcado.
A Monster Calls o Un Monstruo Viene a Verme, podría ser esa visita inoportuna a cualquiera de nosotros, un encuentro entre el valor y la expiación, incluso para sus principales y arriesgados creadores (o narradores como el actor Liam Neeson), sirviendo como obsequio o antesala de otros premios. Por su valor, el de la escritora anglo-irlandesa Siobhán Down, invocando a la lucha contra el racismo, el abuso infantil o el cáncer, con letras adornadas para niños; o de su extensión adaptada para el cine por el escritor Patrick Ness y soñada ahora por el director barcelonés, Juan Antonio Bayona, con el fin de despertar las conciencias y anticiparse a nuestros miedos más recónditos. A esa calma que sucede tras una tormenta, o tsunami...

El director Juan A. Bayona se dirige, por tercera vez, a un mundo real de fantasía. Dispuesto a combatir la soledad, discrepancias generacionales y de pareja, o el abandono o desarraigo, la inocencia encarada a posturas dañinas de ciertos dominadores o fanáticos del dolor ajeno. Retratando la esperanza, en el rostro sufrido del actor Lewis MacDougall y su madre interpretada por Felicity Jones (Rogue One) más franca e intimista, pero igual de sacrificada que en su papel de hija de Erso, a la búsqueda o recuperación del amor familiar. La unión frente a una verdad más dura e hiriente, estableciendo consejos contra la monstruosidad o la pérdida de personalidad... ¡contra la propia ira!
J.A. Bayona, vuelve a sentir atracción por esos pequeños héroes en grandes catástrofes, obstinado en combatir el sufrimiento con esperanza y retazos artísticos, buenos efectos digitales, aderezados con pequeñas pinceladas de magia y fantasía literaria, pero anclados en la psicología y la cruda realidad, en las consecuencias de desastres naturales y posteriores desarrollos mentales de sus personajes. Pesadillas recurrentes que se adaptan a cualquier edad, desde los habitantes de un orfanato visitado por la muerte o ese desarraigo en una etapa accidentada, a su paralelismo dramático dentro de los cuentos clásicos. Pues, un Monstruo Viene a Verme, destila la esencia de la naturaleza en una aventura fantástica, vitalidad con base dramática y conceptos abstractos, frente a una devastadora enfermedad (marejada de sensaciones), que estalla con la presencia de este monstruo, trazado hábilmente en tonos grises y ojos encendidos, dibujos de la cólera ante la culpa o, esa debilidad que nos abate desde el corazón. En ellos, observamos la estrecha relación sentimental, una condena personal con la imaginación por bandera y la visión confusa, aparentemente, del hijo o la inocencia, a la hora de enfrentar sus propios demonios o monstruos. Aunque, vengan de la sabia entonación irlandesa de aquel caballero trágico y experimentado hoy, el ochentero Neeson en Excalibur.

El filme siempre transita por una línea difusa, metafórica y existencialista, en la que Bayona se siente bastante cómodo, como es la percepción de estos asuntos graves de los adultos en manos (o mejor dicho, en la cabeza) de los niños, con insistencia en el concepto del amor familiar o esa especial atención por el contacto materno-filial, por supuesto, frente a la flagelación del sentimiento de culpa. En realidad, es una profunda pesadilla que muere de día y respira de noche, o viceversa, que intenta respirar cuando la noche le da oxígeno y esperanzas, una comprensión o responsabilidad fuera del dolor físico y la necesidad de aire renovado.
Sigourney Weaver, Geraldine Chaplin y Toby Kebell (protagonista en dramas fantásticos de Marvel, Planetas de Simios o adaptaciones de videojuegos como Príncipe de Persia o Warcraft), son partes de otras perspectivas o realidades adyacentes, entre la experiencia o la separación. A favor de la subjetividad en ciertas edades adultas, pero igualmente presionadas por los hechos. Son puntas de un lápiz de colores, dibujando sobre un espacio en blanco del crecimiento, tan visual como un cuento narrado en propia voz y puño. Tan sangrante que, sería capaz de derribar nuestro diminuto mundo, de juegos y sueños, hasta convertirse en una lección de vida que marcará para siempre. Como la música de un ganador del Oscar, el compositor y violonchelista, Fernando Velázquez... autor de una íntima, vorágine sonora.

Se dice "creer para ver", similar a entender los acontecimientos inevitables y nuestro futuro, con fe (no religiosa), cuando el monstruo te llama en la oscuridad y gritas de agonía. Identificado con la metafórica desconfianza del ser humano frente a lo desconocido, de la racionalidad frente a lo imprevisible de nuestras acciones o pensamientos. Por tanto, la película es un trazo artístico contra el dolor de una separación, la percepción fraudulenta de la ilusión, la realidad de un cuento, esa invisibilidad o crueldad infantil y, cierto complejo de Edipo, tras el traumático proceso dentro del seno familiar. Una respuesta calmada, después de un ataque de ira incontenible (o puede ser pánico), que se alza de sus raíces y comienza una viaje al interior de la mente y el corazón. Un cuaderno que colorea cosas imposibles y nuevas esperanzas, como el peso de una culpa monstruosa frente al abismo del tiempo, que nos visitará una y otra vez... hasta que dicho monstruo interior, cierre sus ojos. Aquellos que revelan o comprenden, los instantes más necesarios e importantes de nuestras relaciones vitales. Luego, A Monster Calls es una historia sensible y notable, dentro del cine español de calidad... por ende, en próximos premios nacionales e internacionales: ¡Mucha Mierda, al equipo Monster! :)


Ex-Maquina.

La Vigía que surgió del frío.

Cuando James Cameron estrenó Terminator en 1984 lo hizo para revitalizar un género, la ciencia ficción, que dos años antes había comenzado un cambio en los patrones de la ciencia y el cine robótico en el futuro. Desde allí, el director canadiense se ha convertido en un representante de la tecnología cinematográfica dirigida al espectáculo y la comercialidad más garantista.
Hoy, treinta años después, otro londinense llamado Alex Garland ha decidido que además de ser un reputado escritor alineado junto al director Danny Boyle con títulos como La Playa, 28 Días después o Sunshine, continuará la sorpresa que supuso la aparición y el concepto artístico de aquel Terminator de bajo presupuesto. Sigue el mismo paso cualitativo del guion de su notable Nunca Me Abandones y, ahora se suma a la dirección con una propia y magnífica historia sobre androides (mejor dicho ginoides) titulada Ex-Machina. Pienso que también lo ha hecho para quedarse, pues ya tiene proyecto desarrollando el guion basado en el videojuego Halo y posiblemente otra película scifi titulada Annihilation junto a la actriz Natalie Portman.

Cyborg (palabra compuesta por los términos Cyb- de cibernético y -org de organismo). Una criatura compuesta o creada por elementos orgánicos y dispositivos tecnológicos dispuestos por el hombre para mejorar las capacidades limitadas de nuestro propio cuerpo.
Sin embargo, en Ex-Machina prácticamente no existen células o material genético, porque la criatura se basa en la capacidad intelectual intervenida por registros informáticos de nuestra especie en la red social y adaptados en un cerebro dispuesto a romper los esquemas hasta hoy conocidos en las máquinas confeccionadas por el hombre. Desde que el escritor francés Jean de la Hire o el propio Edgar Allan Poe, se dedicaran a completar los cuerpos completados con prótesis mecánicas y crear los primeros superhéroes en el mundo de la fantasía literaria.

Ava como si fuera un felino enjaulado, deambula de un rincón a otro por un "presente" distópico, una figura atractiva y una mente con los suficientes arrestos, calculados, para intentar encontrar una salida de esta prisión a la que se ha visto sometida por su creador. El hombre-Dios.
En este sugerente filme, durante 7 sesiones de evaluación, se entregará a Caleb... bueno algo más que eso, se cuestionará junto a su engañado protector o se preguntará por los factores que evolucionan su comportamiento. El de ella y el de él, interpretados con verosimilitud gestual y ligereza de movimientos, por la atractiva actriz sueca Alicia Vikander y el irlandés en crecimiento constante Domhnall Gleeson, una pareja que se convertirá en ejemplo de culto entre los aficionados a la ciencia ficción.


Ex-Maquina cuestiona los temas esenciales que significan la existencia, se extiende por rasgos metafísicos que rodean las relaciones personales entre humanos y las entidades que vendrán próximamente a compartir sus estereotipadas existencias. Todo a través de un argumento estudiado y con un suspense in crescendo hasta la resolución dramática. El encuentro, ya no parece tan alejado y mecánico como nos parecía hace apenas diez años, mientras ella se empaña en tomarlo como un sueño de replicantes en busca de la libertad añorada.
Ambos serán observados por Nathan, el fabuloso Oscar Isaac creador de todo este mundo en la sombra, dividido entre la electrónica de última generación y la informática más comprometida con la evolución. Hasta conformar una especie de Trinidad, compuesta por Dios, su hija y un Espíritu Santo bondadoso, fuera de cualquier teoría teológica.

Sin embargo, existe en el filme un personaje que respira y toma sus decisiones, prácticamente aparece en todas las secuencias y tiene un alma que gira con los protagonistas principales. Se trata de una casa moderna y solitaria, semejante a una habitación del pánico que impide la invasión desde el exterior, aunque igualmente evita la huida de sus variables inquilinos.
Este lugar de ensueño (o pesadilla) se presenta ante la cámara con una personalidad mediante los colores (azul y rojo en contraposición), guiada por los silencios de un venganza binaria, pirateada por una sexualidad latente escogida por el hacedor, el sexo que todo lo impregna secuencialmente.
Aquí, estarás a salvo de cualquier mirada de pájaros metálicos, pues funciona como barrera natural y cárcel para experimentos.

Genial guion, por tanto, dónde se esconden trampas y palabras encadenadas para acrecentar el suspense, inteligencia artificial con síntomas de falsa personalidad y apariencia inquisitoria, entre el amor y la amenaza velada. Pero, el padre cienciólogo deberá lidiar con el control ante tanta mentira, mirarse al espejo dónde se muestran los Tyrell del pasado futuro y las pruebas de Turing dan positivo en el pensamiento plasmático de ella. Sus deseos ocultos de libertad y sexo.
Curiosamente, otro de los valores de Ex-Machina es que a pesar de toda la evolución cibernética, la comunicación (móviles incluidos) está prohibida para no difundir lo que ocurre al espectador, antes de sus propias elucubraciones. Excepto, las confesiones de la pareja puesta a prueba ante la cámara, desnuda o vestida, con piel o conexiones oníricas; mientras Prometeo observa el comportamiento sin saber quién será el dueño de su propio destino. Seguramente, una encrucijada de alcohol, navajas, relatividad y muerte.

Ex-Machina es arte conceptual brillante y la singularidad romántica de una nueva especie que llega para apoderarse del corazón de los seguidores de la fantasía utópica.

Cinemomio: Thank you

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