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lunes, 5 de septiembre de 2016

Hannibal.


Y del Mal... no nos libra ni el Sr. Mikkelsen

Un escritor de Jackson (Tennessee) que ya había adaptado con éxito cinco años antes, su obra Domingo Negro dirigida por John Frankenheimer, en 1981 publica el comienzo de una serie de libros cuyo protagonista principal se perfila como principal provocador de los temblores de una generación de aficionados al horror. Tras una fallida versión anterior y el litigio entre la productora Dino de Laurentis y el autor de la obra Thomas Harris (luego celebró el éxito cosechado en la gran pantalla), transformaría a Hannibal Lecter de un calculador criminal de novela, a una endiablada sorpresa cinematográfica que supondría un éxito de crítica y público, llevándose el título como primer largometraje de terror en ganar el Oscar a mejor película, una década después de la novela y de la mano de un joven director, llamado Jonathan Demme.
Hasta la fecha con esta producción televisiva titulada Hannibal se mantiene el suspense, basado en la novela de El Dragón Rojo y tras dos películas más polémicas con los mismos títulos y referentes estéticos. Pues, la aparición de Hannibal Lecter en el mundo cinematográfico o visual, fue una endiablada sorpresa para todos los fanáticos del suspense y el terror que, en 1991 observaron sus diabólicas maquinaciones con una interpretación memorable a cargo de Mr. Anthony Hopkins. Insustituible actor y disfrutable en su papel ficticio de fino comensal, experto en aspectos culturales y, ese esmerado corte, de tipo egocéntrico, maquiavélico o profundamente irrespetuoso con el victimismo sin poesía y la debilidad psicológica.

Hoy en día, en cambio, no podríamos separar el mundo ideado por Harris en las páginas y la figura de Hannibal con esta notable adaptación para televisión y su inflexible capacidad para hacer el mal, con múltiples formas, desde su protagonismo violento o la ayuda profesional en psiquiatría o medicina forense frente a su antagonista Will Graham. Su imagen y acción resolutiva, se ha incrementado en los medios con la multiplicación de este malestar, respecto al consumismo malsano de carne próxima u otras elaboradas y retorcidas recetas. Su inteligencia interpretativa, venía gratamente acompañada por la actriz Jodie Foster en el papel de agente Clarice Starling o el resolutivo Scott Glenn como director de Ciencias del Comportamiento en el FBI, sin despreciar ni olvidar a otros psicópatas asociados y caricaturizados al máximo, of course. La ejemplar dramatización y el impacto visual que produjo Mr. Hopkins con sus tics de doctor inteligente y cocinero especializado, demuestra su fantástico trabajo en la adaptación de un ente diabólico tan complicado y extremo, que le valdría el aplauso de la crítica internacional y el público a la hora de obtener su propio reconocimiento y el de sus compañeros de reparto, como los memorables enemigos como el confuso Buffalo Bill de tendencias criminales a lo Ed Gein e interpretado por Ted Levine, Mason Verger en la piel descarnada de un Gary Oldman de doble cara, o el mismo ´Hada de los Dientes` con un terrorífico Ralph Fiennes, difícilmente superado.
Esa fecha con vuelta de tuerca al Dragón Rojo, vendría a continuación mediante Hannibal en 2013 con 39 capítulos guiados por el creador Bryan Fuller, sobre la vida íntima de un individuo más voraz y depravado si cabe, desconcertante entre la ficción conocida de las películas y la literatura moderna, generada dentro de un apartado especial de terror psicológico con tintes, descaradamente, gores. Por su interés obsesivo y demencial con aquellas delicatessen más humanas y el cultismo visual, que ha producido la memoria dentro de la novela criminal o el cine negro llevado a ese extremo de masoquismo inteligente y horror.

En las páginas de aquel libro, el Dragón Rojo será recordado como encarnación terrestre del diablo y la voz teledirigida de una mente superior, que iniciaría el camino cinematográfico con aquella historia anterior con el silencio de los inocentes, hacia una estimable propuesta visual o del diseño artístico, recargado y estremecedor con diferentes mentes a la disposición de la obra y la cámara. Alucinados con sus vacíos sonoros y diálogos enrevesados, y proposiciones imaginarias que formulan los entretiempos entre matanzas o crímenes concienzudos, posteriormente elevados al rango de admiración gracias también, a unos mediáticos enemigos que comparten hazanas o consultas, abiertas a la carnosa humanidad.
En la serie Hannibal, la imagen es cada vez más turbadora y cruel, basada en una apuesta onírica y demencial de los múltiples directores, con sus visiones particulares y apariciones sangrientas sobre los estados de Virginia y Tenessee, o ciudades como Quantico, Cheasepeake, Baltimore y Memphis, hasta su aparición renacentista e intelectual por tierras europeas.

Una serie que destaca por el trabajo conceptual, las recetas propuestas visualizadas de dentro afuera, y todas las obras que se detienen en la observación de cuerpos desnudos y la composición, también, la belleza frente a la monstruosidad, la pasión por los instrumentos quirúrgicos y utensilios de corte medieval, destinados para la tortura de pacientes o víctimas menos consideradas en el sufrimiento o la cultura general. Por tanto, Hannibal posee una visualización difícil, aunque singularmente atractiva.
Para hacer más sangre frente a la lectura (prácticamente calcada en adaptaciones) y los admiradores de los filmes, se van produciendo una serie de cuestiones, casi olvidadas en el origen del tiempo cinematográfico, con tres movimientos anuales u oberturas obsesas (de diferente interpretación o visión, según sus realizadores) guiados por la mano y textos de Fuller, la producción de David Slade y director de películas atmosféricas como Hard Candy o 30 Días de Oscuridad (donde su universo tridimensional y rojo, hace de Hannibal el Caníbal, un lecho de aciertos narrativos y visuales), con atención a sus cuidadas ambientaciones, la fidelidad de los personajes e interpretaciones.
Las imágenes se fundamentan en la deformación profesional de los doctores y visionarios, el pragmatismo encubierto en la patología criminal, y diseñadas pesadillas con múltiples escenarios, pasadas por el tamiz de un terrible código deontológico, la exactitud en las representaciones o marcas, y la construcción de diversos pacientes y duelos estilísticos, frente a un intranquilo y alucinado espectador. A veces, perdido, al menos, hasta pasado un puñado de capítulos desconcertantes.

Todo funciona acorde con su onirismo macabro y esa querencia sistemática o alimentaria que relame a sus protagonistas, sobre todo en las dos primeras temporadas, más ilógicas y menos predecibles. Su gusto artístico, a colación de los refinados estudios identificados en las novelas, que iremos conociendo como pasteles rellenos de humor negro y engaño psicológico, en un entramado cultural y filosófico, aderezado con otras estratagemas más agobiantes para generar el suspense. Idóneo para la actuación teatral ante sus exquisitos pacientes o comensales, disfuncionales víctimas en desacuerdo ético e infortunados colaboradores, encabezados por notables actores como Hugh Dancy, Lawrence Fishburne, Caroline Dhavernas o Gillian Anderson, tomando las riendas de la trama troncal; todo condimentado a la perfección en Hannibal, porque mantiene su base identificativa entre ellos y los personajes extremos, que confieren esa base dramática necesaria para que funcione como un bisturí, limpio y aseado. Sin olvidarnos del cirujano en jefe, el increíble Mr. Mads... para darle de comer aparte.
En sus próximos trabajos, veremos a un inconmensurable Mads Mikkelsen como némesis del Dr. Strange dirigido por Scott Derrickson (Sinister), junto a Benedict Cumberbatch, Racher McAdams o Tilda Swinton; o el comienzo de la saga Rogue One: A Star Wars Story, del director Gareth Edwards (Monsters, Godzilla). Por otro lado, Hugh Dancy sigue como uno de los principales protagonistas en la serie The Path y participará en las próximas 50 Sombras Más Oscuras del mismo James Foley.
Mr. Fishburne no para, tras Batman v Superman, será uno de los Pasajeros en el filme de Morten Tyldum, con Jennifer Lawrence, Chris Pratt o Michael Sheen; el capítulo dos de John Wick y Last Flag Flyin del sobresaliente Richard Linklater, con dos pesos pesados como Bryan Cranston y Steve Carell. Caroline Dhavernas trabaja en la cinta francesa Chasse-Galerie de Jean-Philippe Duval y un proyecto llamado Easy Living. En cuanto a Gillian Anderson tiene la serie de culto Expediente X y el filme Sold, más varios interesantes proyectos como Official Secrets del director Justin Chadwick, junto a Harrison Ford y Anthony Hopkins, la producción británico-india Viceroy´s Hous de la directora Gurinder Chadha, con Hugh Bonneville y Michael Gambon.

Mads en la representación divina del mal, en eterna lucha de poderes, que se inclina por la simulación y el sarcasmo, para demostrar su capacidad de ser superior, conocedor de la cultura universal y la apreciación carnívora de la gastronomía internacional, como tres cursos a distancia con un profesor de origen danés, que impregna con su anatomía y habilidad quirúrgica, las pantallas de todo el mundo a través de la cadena NBC. En esta investigación criminal se dividen las tramas por categorías enfermizas, empleándose con contundencia de grafismos y otros conseguidos atributos según las variantes de un elenco perfectamente elegido, en cada temporada. Nuevos o rasgos reconocibles que complementan a los originales en la gran pantalla y a un Mikkelsen que se desenvuelve a las mil maravillas, entre la ciencia, las ilustraciones y los viajes, mentales o físicos.
Will y Hannibal, dos mundos esquizofrénicos enfrentados desde la humanización de la víctima o la condena, la creación mitológica y el culto estético del diseño y el arte. En un choque existencial cargado de dramatismo intelectual por las páginas de Dante, que conserva los ancestros del mito fantástico o religioso, y determinantes abstracciones en liza con base científica y cultural, desde la gastronomía sibarita al arte generado con las últimas tecnologías visuales al alcance del artista. Así como, la pasión por la escultura, la música, pintura, arquitectura o el estudio de otras materias menos elevadas, aunque necesarias para combatir a monstruos reales.

Primera:
La primera parte es algo confusa en la conclusión del suspense (sobre todo si no leíste las raíces de su mal), dispersa hasta el cuarto o quinto elemento, con una característica común que significa la exposición al derramamiento de sangre, el surrealismo y ciertos ambientes enfermizos, en aumento, que confirmarán un crecimiento constante hacia ese suspense traumático y el horror.
Otro punto constante de la primera entrega de Hannibal, es el psicoanálisis, la lógica o las percepciones razonadas, para discernir entre el bien y el mal, encarnado en las visiones extrasensoriales y la indefinición. Arraigada costumbre visual, con contundencia estética de las formas, volúmenes y perspectiva, como un cuadro o secuencia estudiada al milímetro, en respuesta sintomáticamente inteligente al texto directo de Thomas Harris, para rebatir el mal en cualquier forma o pensamiento, pero con cierto magnetismo por lo pretencioso y salvaje. Para ello, los personajes secundarios interpretados por buenos actores como Raúl Esparza (Almas Condenadas, Custody), Lara Jean Chorostecki (Antiviral, Renaissance), Gina Torres (Matrix 2 y 3, Serenity), Eddie Lizzard (Across the Universe, Valkiria) o Kacey Rohl (Caperucita), son imprescindibles para reconocer los territorios descritos en las novelas y una idónea elección que demuestra su verstilidad interpretativa o los descubrimientos excepcionales para próximos proyectos cinematográficos o televisados en su oficio de actor.

Otro aspecto concienzudo y fundamental para el elaborado clímax, es el conocimiento anatómico y patológico, la expresividad macabra de la mente y algunos diálogos descritos con cierta acidez o humor macabro, con una base académica y matemática de precisión, dirigida a una audiencia hambrienta con los nuevos retos y crímenes por descubrir de Hannibal u otros asesinos mediáticos, aunque su apetencia por la casquería difiera absolutamente del gusto general. También, propuestas o interacciones que sobrepasan los límites de la sana conciencia y que se desenvuelven bajo la apariencia o la percepción sensorial de carácter fantástico, con inmersiones antológicas en la paranoia y el arte conceptual de vanguardia, para representar la escena del crimen y al maligno.
Hannibal sigue siendo ese personaje mediático, un comediante del arte macabro y chef del mal gusto no descifrado en la mesa, con sus curiosas y peligrosas aptitudes gastronómicas, maceradas con años de regusto familiar, que se servirá de la experiencia profesional para establecer la base estratégica de su juego. La trilogía "diver-ticida" entre gato, queso y el ratón diseccionado en la trampa. Donde Mikkelsen, Fishburne y Dancy, se emplean de manera sofisticada y amplio dominio de los registros confusos o las tramas que persiguen el misterio, para próximas eventualidades e investigaciones policiales.

Sin olvidarse nunca, de un sarcasmo intelectual que invade la serie y ese dominio de las diferentes materias que trata de manera reconocible y, adaptable a los diferentes registros de los que es capaz un actor tan completo, bipolar y complejo como Mads Mikkelsen. Acompañando al voraz doctor en psiquiatría y cirujano neurológico Mr. Hannibal Lecter, llama la atención un equipo de colaboradores míticos antes de la agente Sterling se apoderara de nuestros corazones y razón, como víctimas propiciatorias, desde la materia gris de Will y Crawford, a la tierna doctora baja en colesterol Alana Bloom, de la cocina ególatra del doctor Frederick Chilton, a la esencia aromática de una periodista pelirroja llamada Freddie Lounds, de la dosis necesaria en Omega3 de la doctora Bedelia Du Maurier, a la salsa agria de la familia Hobbs o el maldito ingrediente oculto de Abel Gideon. Cocineros y consumidores del mal, que demuestran los defectos o hábitos menos inteligentes, a la hora de conservar su integridad frente a sus admiradores, es decir, con todas sus tiernas partes unidas e intactas, poco a poco, desmenuzadas por un genio en la penumbra de una licencia estatal. Especialmente, Gilliam Anderson y su andar descuidado, que evoluciona y gana peso gradualmente. Argumentalmente, que no de manera efectiva, claro.

Antes de que la pérdida conceptual se haga palpable, o la comparativa con los papeles en el cine te parezca inadecuada, los siguientes capítulos empiezan a funcionar hasta una completa y recordada segunda temporada, con los elementos perfectamente aderezados para sentir el sabor y paladear toda la trascendental etapa, que no conocemos sin la lectura. Emerge en pantalla con su expresión visual entre capítulos o cortinillas, con un grafismo de impacto y una lujosa narrativa en detalles, y pronto hacen que las cosas (o los cuerpos) se coloquen en su sitio. Llamando la atención de excépticos o los nuevos seguidores a la serie, que podríamos decir, despiertan el apetito dormido con paladares más exquisitos y ese refinamiento visual que da la vida a la serie.
Una ambientación de escenarios con numerosos crímenes y efectivas creaciones digamos ´criminalmente artísticas`, recuerdos que reavivan nuestros instintos básicos o más bajos, como lectores encantados de reconocerse, en función de supuesta dispersiones patológicas, disgregaciones corporales y temporales, manteniendo el foco en las relaciones de Hannibal Lecter con Will Graham, Jack Crawford o sus colaboradores o colegas de investigación en el equipo médico. Arte visual en camino del medio cinematográfico de calidad y trasladando de la literatura en sus casos más enigmáticos, conocidos i condicionados por la imagen del cine, por su creatividad en la dirección o visión de las sensaciones gustativas entre sartenes, con la intención sagrada de aumentar y atemorizar a los espectadores de todo el mundo.

El creador y director abrió sus puertas al diablo y sus trofeos de caza, evolucionando como cuadrúpedo viscoso y negruzco, a través de los ojos alucinados del público y otros artistas como Michael Rymer (La Reina de los Condenados, Galáctica), Guillermo Navarro (director de fotografía habitual con Guillermo del Toro), Tim Hunter (con numerosos trabajo en televisión como tres capítulos en Twin Peaks), John Dahl (gran director con títulos como Red Rock West, La Última Seducción, Rounders o Nunca Juegues con Extraños), el mismo James Foley o el gran Peter Medak de El Final de la Escalera, todos de amplia experiencia y conexión cornúpeta con estas relaciones más desequilibradas emocionalmente y el maligno. Un equipo que persigue el fin de entreabrir las puertas de una cocina con elementos de alto gourmet y expresiones especializadas en otros menesteres más mundanos, o pasionales. Luego, llegarían otros no menos cualificados como David Semel (autor en Dawson Crece, Sensación de Vivir o Buffy), Adam Kane y Marc Jobst (también partícipes en capítulos de muchas series de éxito) o Neil Marshall conocido por filmes como Doomsday, Centurión o The Descent; un grupo de artistas con poso y ese gusto sádico para penetrar en segunda instancia y condimentar la escena del crimen, aconsejar sobre los métodos de los personajes invitados al banquete y completar con otras gotitas interesantes de violencia enfermiza; para establecer esas conexiones salpicadas con los miedos de nuestra infancia o el terror psicológico más adulto. Ah, y por supuesto, un buen caldo mediterráneo, con habas y otras cositas.

Segunda:
Continua la experiencia sui genéris del truculento Hannibal, tan traumática cerebralmente como llena de consecuencias sangrientas a ras de calle, buscando otras localizaciones donde llevar a cabo, mutilaciones y maceraciones, u otras perversiones sexuales antes de que Clarice y sus corderos se situaran en el mapa de Kill Bill y Hannibal. Anteriormente a que éste, se hallara en su lecho blanquecino y enclaustrado sin ventanas, solo una claraboya elevada a un ser superior. Únicamente rejas y palabras, con una abertura maestra para la evolución venenosa de sus conocimientos. El quid pro quo, o la paradoja existencial, entre cocineros no pisarse la manga... con el fin de no salir heridos.

Vamos descubriendo ese lado más tétrico y personal de Hannibal, con sus raíces y contactos, frente a unos actores, ya habituados al duro trabajo semanal y esas convulsas discrepancias que invaden su carácter entre enfermizo y el comportamiento nihilista, algo demoníacos, que se dirigen a la construcción cinéfila y ocultista de un gran dragón rojo. Quizá, su parte más física, enérgica y directamente desproporcionada (salvo percepciones mágicas o mentales), respecto a la identidad realista de las historias o novelas.
No debe ser fácil, captar la atención de tanto espectador excéntrico, deambulando entre las escenas con tendencias homicidas y el canibalismo, los cortes de precisión visual para exquisitos paladares y revelaciones desasosegantes (y sangrientas) que serían admitidas por estómagos poco delicados, exclusivamente; pero los directores elegidos para esta segunda entrega, de 12 + 1 capítulos, ofrecen elementos dramáticos y composiciones novedosas, relacionales al máximo nivel interpretativo, con personajes que mantienen la temperatura adecuada en el horno para sus pasiones o obsesiones, estén perfectamente servidas y crujientes. Personalidades de gusto exclusivo, según las querencias y empachos obsesivos de la edad, o la gastronomía tradicional de la zona televisada.
Para ello, aumenta la resistencia intelectual de unos protectores de la ley, que se devanarán los sesos contra el orden cerebral por el crimen y la fiebre ocultista creciente, que condimentan su labor profesional con dotes sabrosos en la rama de la psicología y la patología forense. Con ciertas disfunciones policiales, o acciones atípicas para un agente, experto en la incriminación de testigos, tratamiento de evidencias o la elaboración de pistas confeccionadas desde las cocinas del FBI. O, aquellos despachos en la penumbra de la conciencia y la enfermedad mental, que se adentran en la mente de doctor y paciente, en esta macabra batalla entre el bien y el mal, y todos sus alumnos en procesión y alboroto calcado o creativo, que alumbra o esconde a la conocida y perseguida bestia.

Hannibal, siempre emerge de los confusos nubarrones mentales, con su protagonismo ególatra y su aséptico sentido del humor, al menos, en los instantes de disfrute personal en solitario. Porque los condimentos necesarios para establecer su conversación metafórica, son más ruidosos o nerviosos, que los comensales invitados u otros pedazos servidos. Cada capítulo es una amarga cucharada de su sarcástico y tremebundo proceder, con la figura amenazante de Mads y el ogro Hannibal, entre cuentos.
Pero, las altas dosis de emotividad y sentido práctico de la investigación científica, se conservan y propagan sus esencias aromáticas frente a la observación cognitiva de Hugh Dancy y profesional de Mr. Fishburne, con los cerebros preparados para combatir sus tendencias al canibalismo o esa depredación que aparece de pronto, en cualquier vertiente del monstruo. Un lado oscuro del comportamiento humano, que ataca a cualquier institución privada o pública, más habitual de lo que desearíamos en la realidad, con un juego de masoquismo más sangriento que el concertado con Mr. Gray y sus sombras de andar por cama.

Sin embargo, aquel maravilloso filme original del, hoy semi-apagado, Jonathan Demme (autor de musicales como el enorme espectáculo Stop Making Sense, o filmes como Algo Salvaje y PhiladelPhia) de miedos a flor de piel ante el salvaje Bill, y aquellas dos incursiones posteriores, una regular y otra mejor, sobra la vida y obra del Dragón Rojo, son transformación constante. El despertar de la bestia, de hombre a una forma más terrible, que sigue poseyendo las condiciones artísticas necesarias para la consabida carga de surrealismo conceptual y cambio. Un onirismo, poéticamente criminal, que esta segunda entrega, se complementa con la participación de actores de calidad o sorpresas insospechadas, como Joe Anderson (Across the Universe, The Crazies, Horns). Demostrando que, no solo el mal tiene múltiples caras, sino el cine construye rostros deformados con el arte del maquillaje y la actuación visceral, encabezado por un Mikkelsen que continúa siendo un referente en esa salsa sabrosa de cada mesa o la sopa energética de nuestras pesadillas como televidentes. La némesis científica a lo sensorial, familiar y humanitario, que representa el personaje de Hugh Dancy y colaboradores, diletantes en sus respectivos papeles de anfitrión e invitado, a un ring gráfico y evolucionado, con enemigos reconocidos y nuevos aires de chef premiado en la liga mediática o la escala de sabor de Michelín, delicados paladares de este Hannibal de gracia ácida y gusto visceralmente lacerante o reprobable. El cazador cazado y la presa presionante.

Tercera:
Con el traslado de Hannibal a las tierras de Alighieri, las ínfulas italianas del Renacimiento post-medieval con sus obras míticas y leyendas negras, se abre la espita al arte clásico y la válvula de vapor a presión de una olla de consecuencias conocidas en el Séptimo Arte. Hannibal es el mismo, con la percepción y bajo la batuta de un compositor visual como el director de Detroit, Vincenzo Natali (estuvo en el departamento artístico y storyboard en filmes como Johnny Nmonic o Giger Snaps). Un experto en el terror y la consecuencia de aquellas atribulaciones pretéritas como hijo del escurridizo Monstruo de Florencia. Se llama a las puertas de Vincenzo, por su visión más calculada, de sangre latina y la conquista de terrenos cúbicos repletos de fluidos o estructuras inteligentes. Otro habitual del concepto visual en el género terrorífico y fantástico, de estimados referentes cinéfilos como Cube, Cypher, Nothing o Splice, que han creado una desconcertante legión de seguidores con sus métodos originales y perfectamente cuadriculados. Sus números e imágenes, se multiplican en una historia conocida de Hannibal, pero se sumergen en un ambiente gráfico marcado por la excelencia y caldeado con la maternidad, el mal gusto paterno y esos eslabones perdidos de la raza humana, que formaron las piezas del puzzle que es, actualmente, un Hannibal en serie.

Sus rasgos identificativos con el argumento contado en el cine, no tenía demasiadas ramificaciones aunque se vuelca en la ampliación de horizontes visuales, la perspectiva lujosa en matices o bifurcaciones del mal, y el clasicismo de grandes haciendas o palacios, dirigidos a la consagración estética y la adaptabilidad de unos actores secundarios, que ofrecen su notable trabajo y la caracterización alargada de otros rostros con más nombre. Es, otra identifación cualitativa de la serie creada por el juvenil Fuller, que se funde con tan insignes depredadores, de carne original o de moralidad creativa hacia el ´hannibalismo` mediático.
Este "hannibalismo" que se ha convertido en una nueva religión, con varios candidatos a encumbrarse con el nombre del padre y la lucha genética, del génesis y la fe ciega. Hannibal, se convierte en un lugar sin acolchamientos ni rejas, sólo cristales a fuerza de impactos o malos humos, donde los feligreses se reúnen una vez a la semana, a su alrededor, para adorar a la bestia o llamarla por teléfono. Es lo que tiene, la tecnología de la época, y la escasa repercusión estética de su hombre encargado del objetivo en esta ocasión, más previsible y sin demasiada creatividad.

El resultado previsible, es la insensibilización de la historia con la realidad (más cruel si cabe), siendo atraídos por unos personajes que se han convertido en una familia ilegítima, pero perdida en situaciones dantescas, desordenadas y esotéricas, de nuevo. Del vitalista Natali, a un ... convaleciente, que la televisión va a conservar en el formol del olvido (porque parece que Hannibal se para en seco), lejos de su presentación en sociedad. Del novedoso prisma y colaboración de mentes, a la obsesiva previsibilidad, con la diversión y el efecto como dos caras de una cruel moneda, o el sístole y diástole de un corazón envenenado con ese carácter más diabólico.
Son las dos historias más conocidas por sus guiones cinematográficos, firmados por Ted Tally con la supervisión en la dirección de Brett Ratner y el equipo de guionistas compuesto por David Mamet y Steven Zaillian en la película Hannibal, aunque personalmente me quedo con la primera, pese a evidentes parecidos, fluctuaciones semánticas y calcos aromáticos. Aquí, con el dragón gruñendo, se pueden observar las maquinaciones del autor Harris, con buenas actuaciones y observaciones estéticas de ambos directores, ya digo, mayor peso en la balanza del italiano y su primera etapa en Florencia, donde convergen las escenas más impactantes y el genio visual de un artista todoterreno, frente a las divagaciones internas de los personajes más monótonos o aburridos del serial en El Dragón Rojo y las tramas captadas con anterioridad en el cercano 2002, por el objetivo más sensacionalista de Ridley Scott, en el filme Hannibal.

En esta última fase del proceso de tranformación o liberación del capullo, en una futura mariposa, como dragón de Kafka en cueros y bajo la luz de la luna, aullante o símil del vampiro, está condicionado por la espléndida interpretación de Ralph Fiennes y algo inferior de (el personaje no visualizado en Manhunter) o el creado por Richard Armitage en la serie. Una especie de calco de la obra cinematográfica con pinceladas de la acuarela del poeta y pintor William Blake y sus reminiscencias posesas a lo Fiennes, un simulacro del largometraje de Ratner. Observando los mismos perfiles y la constancia del nuevo reparto con Edward Norton, Harvey Keitel o la ceguera de Emily Watson. Limitados en la libertad interpretativa y guiados por aquella entrega de marcado carácter infernal.
Si bien, la serie se mantiene con la base nuclear de sus cinco personajes esenciales, que aportan la seguridad continuista e interpretaciones ancladas a personajes tan reconocidos mundialmente y con ciertos caprichos de sibaritismo exponencial, descartables en la gran pantalla por falta de espacio o intereses más directos o menos teatrales.

Aún así, la parte final de Hannibal, plasma esa fidelidad por ellos o fiabilidad en lo insano u oculto, sobre la historia más pretenciosa y oscura del escritor, dentro de un gran enfrentamiento metafísico entre hombre, dios o demonio. Dual, como el maestro y la imitación, el culto y el ocultismo, el concepto larvario, que pasa de la fase embrionaria al todo. En un clímax agónico hacia el final sorprendente del vacío.
El resto es una comida de tarro, sin parangón e imaginación, que va encauzando sus pasos hacia la cuarta degeneración (ya descartada por la producción), ya no habrá más ambientes nauseabundos ni biopsias descriptivas, porque la clínica del encierro termina, casi en estado terminal. Y cierta sensación de hambre, armado con sus dientes arcaicos de origen oriental, piel tatuada y hueso quebrado.

Claro que ha sido un gustazo, complicado al inicio, donde todos los actores han buscado la perfección y la estructura funciona como un guante, semejante a un plato de diseño con ingredientes cualitativos de máximo valor y sabor.
Igual que ambos actores, Mr. Hopkins y Mr. Mikkelsen, han dado un recital artístico y sinsabores metafísicos, enseñando sin ambages su magnífica disposición al oficio de actor, y su pasmosa concentración para ser creíbles o interpretar tan contundente a tan complejo ser. Hannibal, el dual caníbal, y tan exclusivo como las ostras en salsa de blanca trufa. Un regalo para el cinéfilo convertible y comestible, en sillón de andar por casa, complementado por Dancy, Fishburne, Davhernas o Anderson, en personalidades divergentes que se debaten entre el odio por la bestia y la atracción por hombre e inteligente cocinero... como los románticos candidatos a un banquete intergeneracional con Thomas Harris. Todos en Hannibal, serán reconocidos aquí, en la serie, como miembros de honor de este club gastronómico y psiquiátrico.

Tendría que decir que a la cuarta va la vencida, este es mi diseño...
pero el refranero español, es sabio. Y sabroso, tse-tse-tse!

Hannibal Soundtrack Vol. 1



domingo, 4 de septiembre de 2016

Experimenter.


"Una ventana a las neuronas espejo: Milgram"

En una producción de la BBC, tratar un tema como el mundo de la psicología o psiquiatría en el cine, no es tarea fácil de realizar ni elevar a la atención del gran público. Debido principalmente a los complicados procesos de la mente u otros procesos polémicos de investigación con repercusión para los ciudadanos.
En ellos, prevalece que un filme como Experimenter transgrede la realidad con el engaño a diferentes niveles, cuando el estudio médico del cerebro-memoria y el comportamiento humano se aproxima a niveles limítrofes con la resistencia individual al fracaso o un juego colectivo de la sociedad. (Memoria que aquí pudiera ser correspondida con sueño ´de elefantes`, familiares y vigilantes).
Laas escuchas y juegos para conseguir una muestra válida de participantes, sobre la corresponsalía violenta del grupo en favor de la ciencia, sería sin consentimiento total ni ajustado a ningún tipo de juicio cognitivo o jurídico. Esta historia comienza sigilosamente tras una guerra mundial catastrófica con millones de muertos sobre el terreno, y el ejército nazi acabando con los últimos resortes de raciocinio y humanidad, en su xenófobo intento por borrar determinadas identidades y, por tanto, todo rastro de singularidad.

El protagonista de Experimenter es un científico del raciocinio de la Universidad de Yale, nacido en Nueva York en 1993 condujo experimentos sobre un mundo pequeño e interrelacionado (concepto de seis grados de separación) y el Experimento Milgram sobre la obediencia a la autoridad. De familia hebrea, padre húngaro y madre rumana, sus estudios con ciudadanos libres comenzaron en 1961, tres meses después de que un fugado a Argentina, Adolf Eichmann fuese juzgado y sentenciado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la humanidad, a pesar de que en su defensa descargará la responsabilidad en sus superiores.
Milgram ideó estos experimentos respondiendo a una pregunta: ¿Podría ser que Eichmann (responsable de la solución final y otro millón de cómplices en el Holocausto, sólo estuvieran siguiendo órdenes? ¿Se podría nominar a todos ellos, como cómplices?

Comenzaba una carrera hacia la comprensión de la mente, si la moderna ciencia de 1961 podía subrayar este complejo mecanismo de pertenencia al grupo y la irracionalidad más sanguinaria. Psicólogo y profesor, Stanley Milgram interpretado con seguridad y personalidad por Peter Sarsgaard (uno de los nuevos Siete Magníficos de Antoine Fuqua o el JFK junto a la Jackie que interpretará Natalie Portman), en este filme será el protagonista del estudio sobre el carácter violento emergido de aquella terrible matanza fundamentada en la grupal aceptación de odio. La crueldad de la ultraviolencia en los ojos del espectador, se convierte en una naranja mecánica que utilizaran ciertos resortes mal llamados científicos del nazismo (más bien terroríficos), para demoler cualquier rastro de humanidad en manos de los poderosos. Algo que deberíamos tener muy en cuenta, pues en la actualidad se olvidan muchos de aquellos crímenes y la razón ciega autodirigida por una pertenencia social.
Poder y mandos, que ejecutaban con sus órdenes sin piedad y eran obedecidas por otros muchos acólitos multiplicando el horror por un contagioso odio a judíos u otras etnias de la población, o incluso, sus pensamientos.
Después de la discriminación y la muerte, un puñado de esos dirigentes serían juzgados por crímenes contra la Humanidad durante los juicios de Nuremberg en 1945, que durarían un año aproximadamente y surgiría la ocultación de algunos protagonistas del crimen, o desapego hacia esos actos cometidos de propio salvajismo contra la Humanidad.

Experimenter narra parte de su vida, enfocada principalmente en entrevistas y las reacciones de las personas analizadas bajo las cámaras, que se transformaron en una interesante perspectiva psicológica, en sintonía racional con la película. Con propio guión del director Michael Almereyda (próximo trabajo la cinta de ciencia ficción de título Marjorie Prime con Jon Hamm, Geena Davis y Tim Robins), visualmente la película propone una experiencia al interior de la mente (como Ken Russell en su filme Altered States, aunque la ficción sólo representada en sueños) aquí más concretadas en las perspectivas reales de investigadores y sorprendidas de los estudiados.
El experto e inteligente profesor se devanará los sesos y estudiará la conciencia de prójimos, mediante grandes intérpretes que forman su equipo de colaboradores, a uno u otro lado del cristal de estas prácticas. Respetables profesionales en la interpretación como reparto curioso formado por Taryn Manning, Kellan Lutz (el último Hércules que trabaja en Extinción con Bruce Willis), Lori Singer (aquella pizpireta y flexible Ariel de Footloose), Josh Hamilton (Margaret, J. Edgar), Dennis Haysbert, Jim Gaffigan (en el reparto del biopic sobre el boxeador Chuck Wepner, interpretado por Liev Schreiber, Ron Perlman y Naomi Watts), Vondie Curtis-Hall y John Legizamo (ambos en Cymbeline anterior película de este director) o Anton Yelchin (Solo los Amantes Sobreviven, que ya no volverá al espacio de Star Trek desgraciadamente). Y en especial, el papel interpretado por una cándida y curiosa Winona Ryder como pareja en la vida real del científico, en un regreso a la gran pantalla con cuentagotas entre El Cisne Negro y Beetlejuice 2.

La historia de Experimenter, mezcla realidad con confusión en algunos tramos, e indaga en los procesos aleatorios con voluntarios más o menos, comunicados. Y la psicología como reflejo de la posición, la moralidad social y los usos de la costumbre, intentado demostrar esa relación intrínseca entre nuestros comportamientos y reacciones violentas, aunque todos los métodos en estudio sean cuestionables.
Así, observaremos el proceso de los mecanismos que describen males históricos de la Humanidad, capaces de ser repetidos hasta la saciedad (como vemos en estos momentos) y su intento de modificar o alterar valores personales por esos otros viciados, incluso sociales o patrióticos.
Midiendo la inteligencia empática del individuo con sus semejantes con placebos experimentales, cuando la presión y las ordenanzas superiores convergen en aquella mente acorralada por "el que dirán"... o no, decisiones sin miramientos que escudan la responsabilidad personal en una derivación maquillada por la comunidad y el anonimato. Ese momento de locura generalizada, donde el miedo se convierte en el principio fundamental de las acciones, como las supuestas consecuencias que se producirían con una ´vergonzante` desobediencia al poder.

Ética imaginaria y biografía real se examinan en Experimenter, desplegando capas ocultas en nuestra memoria reciente, que significan la base del comportamiento irracional y una crítica personal de esta obra cinematográfica. Como el estudio denominado Efecto Kuleshov, que con el montaje de imágenes provoca las reacciones del espectador o sus miedos frente a la debilidad de nuestro pensamiento aprehendido en experiencias.
Pero, a la vez vemos en progresión la relación fraguada del matrimonio y su unión acrecentada por la enfermedad de la última etapa, entre cierta genialidad e imaginación desbordada, y el pragmatismo vital antes de enfrentarse a la inevitable muerte. Porque la decisión del director de Kansas, es que los personajes se expresen directamente con el cerebro a nuestra atónita atención, teniendo que demandar ciertas explicaciones por la maleabilidad de nuestras conexiones neuronales a su interpretación del estudio, como el perro de Pavlov ante su reflejo condicional frente a estímulos externos. En cambio, la respuesta siempre estuvo dentro de nosotros mismos y nuestra propia realidad histórica.

Esta dramática realidad significa que el individuo se aferrará indiscriminadamente, casi siempre al anonimato y la marginalidad, frente a hechos humillantes cometidos por esa decisión grupal aupada por el poder, que se burla del inocente; nuestro voyeurismo innato, atraerá los conflictos o accidentes a diseccionar, como motivo de nuestra incansable curiosidad, o terriblemente, aceptaremos nuestra participación en los hechos sin complejos ni culpa.
Sin plantearnos que nuestro estado mental está confabulado con el espejo social cuando pertenecemos al grupo contrario a los perseguidos con acciones criminales, o cuando nuestra motivación viene sugestionada por presiones o un equipo de líderes sin moralidad. Si eres de los que alzan la voz o cuestionan decisiones mantenidas por la manada, esta película de título experimental, puede abrir una ventana de lucidez a tu mente.
Y mucha reflexión para hoy en día.

Tráiler Experimenter:

Tráiler 2 Doctor Strange:

lunes, 29 de agosto de 2016

Fargo.



¿Qué significa Fargo?


Esta palabra es una especie de milagro para millones de espectadores.
Para ello, se tuvieron que establecer en el pasado, las fatídicas coordenadas donde un grupo de ´entrañables` personajes y caricaturizados sospechosos, iban a desarrollar una historia sobre la maldad y las miserias humanas que aparecen tras un contacto nada habitual y así, continuar con una carrera cinematográfica plagada de misticismo coeniano.
Los rostros de aquellos viejos ejemplares vitales, ya prácticamente amigos, han cambiado desde su rodaje en 1996 y algunas de las situaciones contadas, se ven derivadas hacia el borde de un ataque de nervios, el oficio de agente del orden, el despecho y la venganza que involucra a cada personaje, cuando se extiende el reinado de terror sobre la población de Bemidji en Minnesota. A través de la ficción o realidad costumbrista, sus escenas icónicas tienen una fuerte carga sensitiva y despiertan a una profunda reflexión. No sólo en Fargo, ¿por qué ocurre esto?


Todo se recordaba de manera diferente. Aquella sensación de fatalidad de entonces, hoy parece un retrato obsesivo y una cadena de terribles encuentros con un derramamiento de sangre denso y alguno inesperado. Caras con sabañones que han crecido a la sombra del gran William H. Macy (Magnolia, La Habitación) y su espíritu relajado en cualquier tensa situación, controlando actitudes nerviosas y reflejando el carácter en el frío ambiente de una oficina y su odio acumulado. El paso del tiempo en el interior de una región más gélida todavía, pero desprendiendo enormes llamaradas de furor y ácida crítica. La confusión llegaría tras el contrato sin objeciones precisas, cuando el violento Peter Stormare (Asesinato en 8mm., Bailar en la Oscuridad) o un parlanchín y directo diletante cinematográfico, siempre grande Steve Buscemi, deciden cambiar un poco las reglas del juego y se embarcan en un violento viaje a lo desconocido. Nada bueno hacía presagiar sus movimientos sobre la nieve de Fargo para hacer desaparecer las pruebas o esquivar las balas, como ahora ha ocurrido en una fecha indeterminada de 2006 en el horizonte congelado de Dakota del Norte y proximidades. Un inciso en el comentario, para indicar algunos proyectos de Mr. Buscemi, como un suspense político junto a Richard Gere y Michael Sheen en Norman, el filme titulado Lean on Pete y voz en la animación de Dreamworks The Boss Baby o el biopic The Death of Stalin.
Un simple aunque feo, negocio sentimental que acaba convirtiéndose con el tiempo, en una telenovela de pasiones y un ejemplo de creatividad en 10 maravillosos pasos, hacia ese infierno particularmente humano y sus vanidades universales. El hecho paralelo que reportó a los miembros de filmación, en pretérito y ajustado presupuesto, un merecido reconocimiento internacional desde los principales festivales y premios de cine, debido a una idea brillante que evoluciona y crece. En la construcción de un mundo arrasador, original de sus guionistas y directores, los Hermanos Coen y mantenido en el buen trabajo realizado por técnicos o mentes amigas, y un grupo de actores ideales que hicieron de Fargo (y continúan en otro formato), una experiencia única.

Todo comenzaba bajo la batuta legendaria de Carter Burwell y esa mágica sintonía adaptada con toques de cascabeles y rasgueo de cuerdas. El resto ha sido pleno disfrute personal de la memoria, hasta su vuelta veinte años después. De una sencillez aparente, para un asunto complicado que deambula en la cuerda floja con cada movimiento, a punto de romperse en cualquier nudo o ante la tensión acumulada. Sino, que se lo pregunten a los agentes de la ley encargados o forzados, más bien embarazados con tanta algarabía criminal y deseos ocultos, desatados en sus tranquilos parajes y calles, tanto que pareciera escapárseles de las manos a cada segundo, o tras algún que otro tiroteo. Ella fue la magnética y pacífica Frances McDormand (Moonrise Kingdom, ¡Ave Caesar!), dando el relevo a una tierna compañera, de oficio, de calidad humana y similar volumen maternal.
Pues, desde que el agente comercial Jerry Lundegaard mantuviera una confusa postura con la familia y polémica decisión sobre ese aspecto económico, determinante en su matrimonio y, por ende, el futuro en pareja, mucho han cambiado las cosas en Minessota, sobre los recuerdos y pequeños rincones cinematográficos, tan memorables. Esa población norteamericana donde los Coen se sintieron como en casa, son oriundos de la tierra y la sangre, a pesar de encontrarse con unas temperaturas más cálidas para la historia invernal de la zona, y que filmarían con nieve creada artificialmente o desplazando el equipo de rodaje a la vecina Dakota del Norte en el condado de Grand Forks, sobre las surrealistas tribulaciones de una singular pareja de delincuentes entre los vecinos del verdadero estado que les vio crecer. Ayer entre Bismarck y Brainerd, hoy sobre Bemidji, para quebradero de cabeza de sus presentes, oficiales representativos.

Durante el invierno de 1987, perpetraron un crimen que va en aumento como la barriga de la jefa de policía de Brainerd. De una parada inoportuna a otra susurrada y misteriosa, en conversación sobre una sala de hospital con la función de sanar aquellas heridas familiares y desprenderse del polvo acumulado en el camino. Welcome to Brainerd decía el cartel, ancestral tierra de colonos y duros leñadores, escenario de un nuevo crimen y gélido negocio traspasado de la venta de vehículos a los seguros de vida y accidentes, con pequeñas dosis de comedia ´coeniana` habitual y sus diálogos disparatados de alta complejidad filosófica. Si le deseas, y no tanta acción o efectismo, claro está, pregonando... ¡Puto silencio!
Criminal, aunque maravilloso paraje. Fargo está enclavada en una región rodeada de agua y malos humos de una industria creciente de manufacturas. Colinda con la Minnesota coeniana y los bosques del condado de Beltrami (en honor al explorador italiano), sobre la ruta del Mississippi en dirección a esta ciudad de Bemidji, cerca del lago Superior y el escudo montañoso canadiense que delimita las Grandes Llanuras... es decir, Fargo es el simple comienzo de todo, tanto las cosas naturales como los encuentros más artificiosos, en despachos, bares, lagos, interrogatorios, las vías de comunicación, exteriores, interior de vehículos, etc... Todo funciona en la narración desestructurada y una caótica composición, aparentemente.


La idiosincrasia particular de sus habitantes en una época más moderna, tiene que ver con el aspecto de su paisaje nevado y sus costumbres ancestrales, las fiestas comarcales que promueven el consumo de productos de la tierra como la caza y la pesca, con concursos característicos y la extraña frecuencia de actos desagradables e inciertos en sus entrañas silvestres. Nada que ver ciertas actividades criminales, referentes a la industria maderera o los afilados (o romos) utensilios que se guardan en sus garajes o se usan en sus campos a la intemperie de los elementos.
El panorama truculento, en estos últimos diez años, ha ido cambiando ligeramente sin apenas darnos cuenta. Ni los nuevos personajes con la historia del viejo Fargo son una muestra de discreción y seriedad, con peso específico en quilates fílmicos, o tal vez un hecho milagroso por fortuna para, sólo algunos supervivientes, gracias a Coen. El texto fue escrito por Ehtan y Joel (ahora en silencio), basándose en unos supuestos hechos, tan verídicos que nunca fueron confirmados en el territorio (siquiera discutidos por algún experto en criminología); porque da igual. Hoy esos acontecimientos narrados mantienen la comedia corrosiva y la calidad a paletadas, pero han dado un giro glaciar y físico, gracias al creador de esta serie para televisión, que desarrolla ciertos resortes anclados en el cine clásico, el cine negro u otros renovados móviles del terror y el suspense, con nuestra desaconsejable identidad, intacta, e incluso su nombre suspendido en otras coordenadas próximas.
El rodaje es veinte años después de aquella aventura atávica, y por tanto, son recuerdos emocionales para los cinéfilos que se guardan en gotas de esencia suprema, de unos admirables y queridos personajes, salpicados de una extraña o fría emotividad, que soporta su truculenta circunstancia, rodeados de toneladas de hielo y esa fina capa de humor negro que conserva la escena del crimen, a ambos márgenes de sus intrincadas y adyacentes carreteras.

Claro que es un asunto milagroso, que una producción de calidad excepcional como esta Fargo, aparezca de pronto en nuestra tele, casi de puntillas y sin hacer ruido, pues posee un tesoro enterrado en su gélido aliento (como insignes directores del pasado dejaron su profunda huella cultural y desbocada imaginación); una mente especial, director de uno de los capítulos, creador o guionista de éxito como Noah Hawley (Bones y próximamente Legion), que llamara la atención de la industria televisiva.
El resto es la historia del cine y de la televisión con mayúsculas. Sólo nos queda pensar que se ha obrado ese milagro, en nuestro salón de estar, como el cine es capaz de ofrecer y no la caja, salvo excepciones, llamada tonta. Ya que la serie sustentada por su base cinematográfica y esos ramalazos de humor muy negro, pervierte la diversión desglosada en diez capítulos casi místicos, para visionarlos reclinados y los ojos humedecidos. Esa mezcla de irreverencia emocional o intelectual, de sus genuinos discursos entrelazados, como los mandamientos de una obra colosal. En efecto sangrienta, pero culturalmente evolucionada del género policíaco, un entramado metafísico sobre la condición humana, que filmaron y narraron los hermanos Coen en 1996, con la modificación de aspectos esenciales para buscar la diferencia, y hallarla en una agradable y sensacional extravagancia de gran creador. Como la búsqueda incesante de nuevos y peligrosos aspectos que varíen sus comportamientos individuales, de unos personajes que calaron tan profundo en los espectadores, como el frío acero atravesando la mano desnuda o fluidos espesándose sobre el piso de hormigón.
Y descubrir otros modelos humanos sobre la región de Los 10000 Lagos, para ampliar el catálogo de excepcionales personajes y actuaciones, tanto que sus palabras expresadas y, especialmente sus silencios, te trasladan al nuevo Fargo, sin estar allí, o nos sumergen en una experiencia extrasensorial fuera del lugar y del tiempo transcurrido. Fargo es ladinamente emotiva tratando de jugar con tus recuerdos, sí, es el mismo Fargo con una nueva capa de excelencia inédita y excepcionales puntos de vista en comparación.

Claro, apenas nos damos cuenta de que han transcurrido 20 años y las tramas modernas varían, pero aquí sin retroceder un ápice en la estética y la esencia detectivesca. Así que la productora Metro Goldwyn Mayer y un canal como FX Networks, la rama adulta de la cadena Fox, contactaron con Hawley y reconocidos directores del medio televisivo, como Adam Bernstein (Ed, Californication), Randall Einhorn (The Office, The Muppets), Colin Bucksey (Breaking Bad, Revenge), Scott Winant, Michael Uppendahl (Mad Men, American Horror Story) o Matt Shakman (Colgados en Filadelfia, The Good Wife), con el fin de intentar ofrecer un producto de máximas garantías y nada superficial... algo así como un seguro de vida para todos los involucrados en el proyecto.
Parecían obligados, casi, a perseguir aquel sueño hecho realidad por los Coen y lograr el éxito que han alabado los medios y críticos especializados en televisión o cine. Una vez logrado su propósito o increíble sorpresa, lavando la cara a un ejemplar y sincero largometraje, esto ha provocado una segunda entrega (si bien reconozco mi retraso, mental o televisivo con la segunda temporada) y estudian una tercera a desplegar al viento invernal de nuevo, por lo que no tardaré demasiado a pesar de críticas negativas de la continuación. Llama a nuestra puerta, esa incógnita, tras nuevas caras y dramáticas evasiones fundadas en el humor inteligente y el carácter retorcido, tal como pediría la ejecución meditada de un crimen profesional, o sino, directo al cerebro como un certero martillazo.
















Unos hechos visionarios:

La película en sí, ya era una pequeña joya cuyo guion tenía como fuente, acentos, expresiones escuchadas durante la juventud, o leídas con monosílabos en el libro How to talk Minnesotan (original de los productores ejecutivos Ethan y Joel), merecía un responso consecuente a la imaginación desplegada por ambos, fieles a los suyos, a su equipo en alabanza suprema con la fotografía de su fiel amigo Roger Deakins o el montaje ocultado bajo el alias "Roderick Jaynes", más la ayuda de la esposa de Ethan y montadora Tricia Cooke, y actores destacados por una singularidad desatada, en pequeños platós fabricados o los sensacionales parajes naturales, recogiendo el acento norteño de esa región de bosques caducifolios y temperaturas boreales. En Minnesota (proviene de la palabra dakota), la madera es fuente de riqueza con el consecuente procesamiento de papel en fábricas y las antiguas minas de hierro, quizás, otorgan ese carácter fuerte a sus habitantes.
Si se tratara de una historia real, con muertes en directo y pasiones controladas en el puro descontrol, no supondría ninguna diferencia técnica o estructural en la concepción de la serie, excepto la posición ejemplar del objetivo y las perspectivas, ya que la particular imaginación de los Coen y los directores elegidos frente a Noah Hawley, ejercen con brillantez en ambas obras y mantienen sus puntos diferenciales al respecto. Esto es, un trabajo creativo que afianza su calidad técnica y la labor en edición, tanto en la construcción de los personajes como su ambientación artística, en la zona de Grandes Llanuras frontera con Canadá, para un idóneo pulso y respiración, salvajemente pausada.

Pues lo verdaderamente importante radica en la elaboración de aquellos caracteres esenciales, tics o pequeñas observaciones que conforman su fauna asilvestrada, la manipulación constante de unos hechos dramáticos entregados a domicilio con pólvora y mala leche, y en las increíbles vueltas que puede dar nuestra vida, según los encuentros, casualidades o necesidades del momento. O la de los involucrados en el proyecto, desde el equipo técnico y pensante de FX, hasta los actores que han creado esta mágica vuelta de tuerca, al origen o esencia cinéfila, con una atmósfera intransferible, la estética genuina y diálogos tan trabajados que merecen un punto y aparte. En los dos Fargos, coexiste una relación emocional entre sí, a reconocer como un embarazo y nacimiento aplazado, mediante millones de seguidores en todo el mundo admirando el trabajo comedido y escasamente efectista, que supone una declaración de principios por la belleza de las secuencias y la admiración por este denominado Séptimo Arte. Ahora en luminosa y silenciosa pantalla de plasma.
Igualmente, con esa gratitud obtenida tras un temporal de sensaciones y una dedicación así de determinante, los premios no iban a tardar en llegar justamente. De veinte en veinte... y tiro por que me lleva la gélida corriente infectada de cocodrilos, a Fargo.

El encargo de la serie comienza como episodio piloto hace varias décadas, para llamar la atención con anteriores trabajos de cine y televisión, después del Gran Salto y antes de "El Nota". Para demostrar que tras las hermosas palabras y supuestos actos "verídicos" o ideados, manos en la masa encefálica de la ficción, también es meritorio, la forma de trasladarlas a la televisión de entonces o la pantalla en pleno siglo XXI, apostando por el sosiego del rodaje, la tranquilidad del montaje o la pausa narrativa sincronizada con la acción. Un uso esmerado de la cámara y los encuadres, conforman un universo único con el magnífico guion y matices ocultos en los numerosos papeles, que encierran un regalo de magnitudes coenianas y agradables sinsabores. Una sensación reveladora tan continua, pacífica en lo visual y placentera para el público, que las imágenes magistrales permanecen en la retina al cabo de los días, desmenuzando sus movimientos o redondas escenas, y cuyos instantes narrativos perdurarán en nuestra memoria para siempre.
Es decir, una lección de buen cine con formato televisivo y ciertas reglas que se marcaron en los folletines de suspense de ayer, editados por tipos tan geniales y fascinantes como Alfred Hitchcock, postergando el suspense con giros inesperados y magnéticos silencios. E iniciados con el "cliffhanger" en episodios derivados de los seriales radiofónicos para mantener la tensión y la atención del espectador, o continuados por ilustres creadores como el mismo Steven Spielberg.

En esta visualización admirada y atrasada que he llevado a cabo, pensaba que podría encontrarme con una obra exquisita sobre el poder frente a la humildad, y algo más, una crítica de ciertos valores despedazados por los seres humanos, en general. Sin embargo, me he hallado en otra dimensión desconocida, libre como en casa, reconociendo rasgos universales en individuos normales, rudimentarios o humanitarios, que subyacen en una misteriosa y tremebunda fantasía, de aspecto real. Asimismo, reencuentro con el mal en toda su amplitud de registros, que siempre se abre paso a través de esa verdad aparente, tras las paredes familiares, y frente a la justicia que se muestra heroica, como un vecino salvando la vida a un despistado transeúnte o un sospechoso habitual testificando aunque protegiendo su propia vida frente a los malvados. La serie Fargo propone curiosas aptitudes que son sinónimo de intriga y asombrosa dualidad, por una extraña admiración con los delincuentes, por parte de los telespectadores. Gracias a su fuerza visual, el contenido textual e interpretaciones de unos enormes actores.
Una leyenda que, en Fargo, une a un astuto hombre con una col, un conejillo y un zorro, alrededor de una barcaza y una estratagema nada clara, para propia su supervivencia, que el público estudia en diez pasos, intentando desentrañar las rutas o caminos de esos personajes atrapados por una decisión impredecible. Caminantes por carreteras fantasmales y pasillos distorsionados, sótanos y oficinas, hasta vías nobles manejadas con los hilos de la ética, entre tachuelas y fotos clavadas en un corcho en la pared. El porqué de sus actitudes al límite y otras maniobras en la niebla, es mérito de un equipo y de los numerosos obreros o técnicos, de un reparto que funciona como un reloj, un contrato firmado o una lavadora tecnológicamente avanzada, frente a esas costumbres y defectos enclavados en la tierra de Minnesota y Dakota del Norte, las extremas circunstancias que envuelven a Fargo y producen visiones increíbles o escenas delimitadas en silencio musical, oyendo la respiración jadeante y los acordes de su reconocida banda sonora compuesta por Jeff Russo (Sream 2, Rumores que Matan) como un atmosférico recuerdo y lejano tiroteo sin balas ni cuerpos. Es decir, única sensación de expresión musical como metáfora elevada entre la violencia actual y el arte.











(Entrevista con Noah Hawley para SlashFilm):
Creo que se dijo que ´la película Fargo fue una mala idea`, ¿verdad?
Literalmente, todos oímos que aquella o la serie Fargo se contemplaban como: "Esta es una idea terrible." Pero, también una especie de liberación al mismo tiempo, porque una mala idea que no podríamos convertir en terrible. La segunda idea mala, obviamente, tras intentar lo correcto, tirar todo y empezar de nuevo. Psicológicamente la forma de trabajo "Esto se siente bien y esto no parece tanto", es una prueba y entonces el proyecto se vuelve más ambicioso a nivel de un cuento. Bueno, era Fargo, pero esto también es Fargo.
Noah: No buscamos deliberadamente ese arquetipo. Lo más importante para mí era, ¿cómo devolvemos lo que fuera una lucha interna de dos hombres en la película? Pues la relación nueva de una primera temporada. Una relación dinámica y, obviamente los dos tienen que trabajar juntos, aunque a veces están tirando en direcciones diferentes.

Cómo se piensa que deberían salir del paso y cómo la ciudad piensa que deberían salir de ella, son diferentes. La región, en la película de los hermanos Coen, es un lugar donde la gente pasa por momentos de comunicación difíciles, con información básica entre sí. La comunicación se hace más fría.
Noah: (Risas) No, demasiado. De hecho fue un año mucho más caliente este año. Además, nos fuimos en primavera porque sólo las primeras tres horas de rodaje o así, fueron con verdadera nieve, y entonces se convierte en un sitio marrón, mucho más, pero me gustaba. Me gusta la idea de, si uno mira en una fotografía del primer año y una del segundo año, no te confundes. Se ven totalmente diferentes. Son claramente distintas películas.

De aquellos cuatro personajes embarcados en una trama devoradora y cainita, cabe destacar que sus armas interpretativas vienen auguradas por años de trabajo y duradera confección de telares rústicos. Dejados en perspectiva a nuevas y destacadas presencias, remando para llegar a la orilla del éxito en una recreación actual y cercana a un cuento atemporal pasado oralmente de generación en generación. Así, las cosas del cuento:








La Col: Es un vegetal que simplemente toma prestado del ambiente, aquello que necesita para sentirse cómodo y respetado, sin causar demasiados problemas adrede. Solamente respira y se contagia de las cosas que le parecen oportunas y observando otras cualidades ajenas, como una solemne tontería de rasgos nada aconsejables o edificantes para la especie humana y los habitantes norteños. Hasta que el Jefe vegetativo, algo estúpido y lento en la superficie, con un trasfondo de verdad que profundiza en sus raíces policiales y le llevaron a cierto descontento personal o manifiesto respeto por los héroes. Un jefe que expresa con enorme sinceridad que, lo suyo fue una guiada costumbre al abismo (quizá un impulso familiar) sensibilidad afectada o acomodada posición, sin prestar atención al servicio protector que necesita su comunidad y los vecinos involucrados en los terribles hechos. Su palabra ahonda en la tristeza, pero el actor Bob Odenkirk (Breaking Bad, Better Call Saul) nos complace y convence con su verborrea y presencia, de su calidad humanista, en pos de convertirse a mi parecer, en uno de los eslabones principales de esta serie, y uno de mis personajes preferidos pululando en una Fargo revolucionaria para su medio.
La declaración de intenciones, meridianamente realista o efectista, es uno de los mayores hallazgos de esta magnífica proposición televisiva. Puede ser un pretencioso, con este comportamiento de vegetal sin sentimientos ni culpa, pero su convencimiento final produce un escalofrío que condiciona al espectador y va dando las claves oportunas, acomodadas para contrarrestar la corrección de unos parámetros bien estudiados por el creador, en esa labor profesional que su compañera lleva a cabo de manera sufrida y ejemplar, como la negación de ciertas desgracias que acontecen al resto de los personajes en liza. Un jefe apartado, con todas las de la ley en su contra.









El Conejo: Ya no es necesario reconocer el valor como actor del gran Martin Freeman, demostrado con ejemplos sobrados de su manifiesta calidad interpretativa y la capacidad para viajar de un extremo a otro del comportamiento, de John Watson mediático a la complejidad de registros en la condición humana. Desde el conejo asustadizo que corre para salvar su propia vida, a la inteligencia emocional para acomodarse detrás de una careta de lascivia u oportunismo, que le puede conferir el aspecto de un auténtico depredador acomodado en la sombra. Si puede se comerá la col, con su automático mecanismo en inseguridad complaciente, intentará engañar al zorro y a todos. Según estudia, todas aquellas tiernas piezas que le rodean, al alcance de sus ensalivadas fauces o apariencia maquillada con lágrimas de cocodrilo. ¡Hambriento animalito!
Siempre al borde de la catástrofe, en simulacro existencial, pero se crece cada vez que las oportunidades le son favorables como buen británico, destacando y corriendo más y más... hasta conseguir transformarse en una atractivo representante de roedor, que se abre paso a dentelladas con siniestras intenciones y voracidad, poco carnívoras por otro lado. Al final, es un conejo algo cabrito, que se precipita hacia la oscuridad en su sombreado agujero o escena del crimen, obcecado con aptitudes impropias para su limitada existencia depredadora. Solamente, se precipitó a ella, motivado por un creciente y recalcitrante odio, o cansancio nada aconsejable para la raza del vendedor sin escrúpulos. En cambio, en la interpretación todo lo hace bien, este monumental actor llamado Mr. Martin "rabbit" Freeman, es un creativo agente de seguros, zigzagueante esposo y amante, o entrañable como asesino silencioso. Un patoso consciente de su nula capacidad para la empatía con las víctimas, sean suyas o de otro auténtico... hombre lobo.
En su mano y carácter patoso, se halla la evidencia de su actuación contrastada y ensangrentada conciencia. Todo un placer visual e intelectual, para nosotros... los admiradores de Lester Nygaard. Su camino tendrá continuidad junto a Harrison Ford y Gillian Anderson en la película del director Justin Chadwick, Official Secrets, en Funny Cow y un trabajo apocalíptico titulado Cargo, y un drama parapsicológico con el nombre de Ghost Stories, además de Sherlock, of course.









El Zorro: Hablando de admiración, restan dos candidatos al podio (que bien podría ser un octógono, o dodecaedro) de la interpretación en Fargo.
Sus ojos aguantan la mirada de los más recalcitrantes, de Dexter a sus comienzos en Bonanza o Kung Fu, con su sapiencia, espíritu pacífico y saber estar en esta parte de Minnesota (incluso, aguantaría la mirada del mismísimo gordo que se enfrentara al buscavidas Paul Newman), porque es un zorro avezado en cientos de aventuras como una película que me fascina llamada Los Duelistas de Ridley Scott, su voz afinada para Nashville de Robert Altman o siguientes crímenes como Forajidos de Leyenda, Choose Me o La Presa. Keith Carradine al acecho de intrusos, en otra época pretérita fue miembro destacado a ambos márgenes, la sofisticación con Alan Rudolph en Los Modernos, Inquietudes o La Sra. Parker y el Círculo Vicioso, o sus duros o tiernos cowboys. Seres cercanos a sus habituales sospechas frente al ínclito mal que se cierne sobre tranquilos pueblos, que se siente y disfruta su majestuosa presencia como gentleman de la escena contemporánea y pretérita, desde Heredarás la Tierra a la Texas de Elvis & Anabelle.
Como buen mamífero, familiar, siempre es protector con sus crías y daría su vida por el mantenimiento de su bienestar, tras las cortinas de un confortable hogar frente a la chimenea y un buen almuerzo con huevos y bacon para comenzar el día. Ahora, es abuelo y regenta una de esas magníficas cafeterías de los Estados Unidos que te mantienen con vigor en la carretera y elabora sus opíparos desayunos o cenas, sirviéndose de la experiencia adocenada para no meterse en problemas. Es capaz de ofrecer una mano amiga a aquellos que quieren ser aconsejados, por otro buen amigo experimentado, en definitiva, es astuto porque conoce bien al hombre. Lo respeta o teme sus distintas variantes, dependiendo de aspectos que, sólo reconoce un agente retirado y curtido en mil batallas... o la sigilosa interpretación de su ojo avizor. Keith es un jovial e inteligente actor, que proviene de una peculiar y enorme familia de Carradine´s, auténticos comediantes o maestros de la farándula, unos enormes zorros del cine. El próximo año volverá con Alan Rudolph tras 14 años de descanso del director californiano, en Ray Meets Helen. Maravilloso.







El Hombre: Al igual que todo ser bípido e inteligente, este hombre tranquilo o Lorne Malvo, siempre interpreta las cosas con dos enfoques, dos maneras contradictorias como su propia existencia. En su inconfundible presencia, asistimos a un baile de cadáveres o a un monólogo, con humor de un acertijo o historia chistosa que sobrepasa la expectativa creada. Posee la típica crueldad del asesino en su afilada lengua y las poderosas manos, pues la labia sarcástica de Billy Bob Thornton se funde con el ambiente musical de Fargo, en una revuelta de aptitudes peligrosas y glamurosos rostros. En sus notas (y botas), reside la vida y la muerte.
Malvo es un papel hecho a su medida, ya que se favorece del aspecto físico agradable para frecuentar esas otras presencias amenazantes, menos respetadas moralmente o francamente poco aconsejables, sobre las calles resbaladizas de una pequeña población norteña y cerrada. Para un ser escurridizo, que desea ser protagonista cruzando todos los límites aceptables, y alguna que otra resistencia pertinaz de locales o diferentes visitantes invitados al chantaje emocional, es una bendición de papel. Pasando de un lado a otro de la charca sangrienta, entre bien y mal.
Si es hombre con rasgos dominantes, como un macho alfa, individual y discreto, una tentación dentro de este milagro. Con altos conocimientos sobre todas las materias que emprende, siempre viaja hacia el monstruo que desconoce la piedad o interpreta convincente a un entretenido conversador, sin necesidad de conocer su pasado. Ni importa su motivación personal o secreto, para hacernos una idea completa de su espléndido trabajo en la serie u otras producciones anteriores, porque pertenece a ese raza de actores y personajes que, ante su sola presencia, nos sentimos rendidos al encanto y ofrece un catálogo variado de innumerables cualidades como gran actor, dotado para la conquista y la seducción. También para hacernos reír con una ocurrencia asíncrona o, congelarnos la expresión en una mueca absoluta de terror.
Vamos que si pudiera, se zamparía a todos los presentes a esta fiesta sangrienta, con una fuerza descomunal y sigilo propio de depredadores en libertad de movimientos, aunque tenga el aspecto de un sencillo turista de vacaciones, un cura o comerciante de todo tipo de armas y propósitos, o un dentista humorista que disfruta con su sádico trabajo, como el magistral Jack Nicholson o el penitente Steve Martin de La Pequeña Tienda de los Horrores, pero en Fargo. El de Arkansas es un prodigio de técnica vocal e interpretativa, o elemento esencial sobre el que giran todas las tramas y personajes alrededor, un monstruoso hombre, lobo y actor que se anticipa a cualquier situación comprometida con su mirada calma o salvaje. Un Mortadelo en cambios físicos con sus gracietas por chistera, da igual si se considera hombre o bestia, nunca lobo, pues estos no atacan sin la necesidad de alimento. Aquel genio que sorprendiera en filmes como Dead Man, U Turn, Fuera de Control; hasta un Hunter Killer submarino o un Bad Santa 2. Luego, las apariciones de Thornton en pantalla y en esta primera temporada de Fargo, se cuentan por el olor de su rastro y los litros de sangre por los que navega o pasea sus garras. Y el gran mérito es, que sus hazañas no se muestran tan lustrosas respecto a la hemoglobina, en la gran mayoría de sus secuencias. Simplemente, es hombre con todos sus defectos y actor con todas sus virtudes.

Además, en este recorrido por las historias con calado misterioso que parecen una fábula con mensaje implícito, existen muchos recovecos que vienen sugeridos por el perfecto reparto y los prodigiosos personajes que ahondan en la trama principal. Destacando una serie de parejas (siempre en problemas, excepto la principal curiosamente) conformadas por actores de carácter como un hermano involucrado en la piel de un alucinado Joshua Close y el omnipresente Oliver Platt (con sus ojos temerarios puestos en Cut Bank) demostrando sus múltiples facetas, o hermanos de sangre como Russell Harvard y Adam Goldberg, los malotes de cómic, con tintes chapuceros en recordatorio de Stormare y Buscemi al margen de la ley, o dentro de un FBI con la baja guardia o algo desarchivado para las nuevas tácticas en seguimiento policial, con Keegan-Michael Key y Jordan Peele. También, las chicas de Freeman con sus dotes variadas para cautivarnos como Susan Park, Julie Ann Emery, Rachel Blanchard, Kate Walsh... hasta el último y sombreado cadáver.


Sin embargo, en una tierra de contrastes tan radicales, los agentes de la ley son primordiales en la investigación y respetados vecinos en el servicio de la protección del ciudadano, con su propagación de ideas y costumbres detectivescas, su acción indispensable para confeccionar una o moraleja de fábula. Son los verdaderos héroes de esta aventura o fantasía, ya que ellos ofrecen la cara amable frente a sus familias y amigos, hombres y mujeres de bien. Rostros familiares en defensa de los inocentes o la limpieza en el currículum de falsos culpables, bienaventurados salvo excepciones en el cuerpo, curiosos observadores y profesionales ante las heridas y los cadáveres que encuentran una bala perdida, atravesando cualquier situación o aptitud sospechosa. Ella es entrañable, admirable y abrazable como un blandito peluche, deshilachado por nuestra niñez en la piel de Allison Tolman de Sugarland (Texas), pero con una fe ciega en sus ideales, su estirpe y dispuesta para la resolución de un caso que afectó algunos seres queridos. Pasará con facilidad de la oscuridad en El Regalo, Krampus o La Barracuda, a la cómica The House.
Como un escudero, algo tímido y torpe en la discreción, se convierte en la ideal pareja asíncrona, fagocitado en la historia de un crimen en serie. Dubitativo y pensante, da muestras de comprensión con diferentes registros que van hacia la heroica oportunidad, rasgos propios de una familia de comediantes con Mr. Tom Hanks y Samantha Lewes, y elaborados con perfección sistemática por el actor Colin Hanks, en una serendipia argumental que enderezará sus pasos o le postergará en una cama convaleciente. La ´Quijote` exhaustiva y crítica, con el Sancho Panza plácido y directo, llamado a las huestes de Elvis & Nixon. Igualmente, conforman una pareja ideal y aire fresco para nuestras perspectivas cinéfilas. A Band Aid...


Pero, en esta leyenda rústica sobre el instinto de la depredación y las desafortunadas presas (son muchas para este comentario), todo cambia cuando un obstáculo aparece en tu trayecto. Una mancha grisácea viviente, recortada en la nieve con la visión de un lobo vigilante, oteando las distancias y otras posibles aptitudes. En sus puntiagudas orejas hallamos los ecos del lado animal, dirigidas al horizonte para mantenerse alerta frente a cualquier peligro o eventual aparición. Esa clave, puede ser una amenaza o simplemente advertencia, se advierte en el contrario como una presencia acechante, oculta en la penumbra y con la temible osadía de un hombre de ciudad. Bueno, tal vez no un hombre y punto, sino una alimaña que mata por placer o dinero, y se complace en recalcar la maldad en sus entrañas o hacerla presente como una explosión nuclear, hasta la revancha incontrolada de su frustrada vida o esa lacerante realidad de la sangre en casa. La propia y de sus próximas víctimas.
No, no... mejor dicho, muta a monstruo de sonrisa sincera que oculta afilados colmillos y unas manos hábiles, para manejar una situaciones peculiares o manifestar su oposición a ciertas reglas establecidas, y contratos apalabrados. Con su peculiar humor o más bien sarcasmo, frío como un fantasma o fallecido, por consiguiente, hace muchos años mentalmente, en las garras de sus tutores. Lo complejo de esta evolución personal y profesional, es encajar a la perfección en el reparto coral y el debate sobre la condición humana, porque Malvo es capaz de una acción bidireccional para crear el mal en cualquier latitud o temperatura ambiente. En Fargo, se convierte en imagen o autorretrato de nuestra propia estupidez (hoy diríamos selfie como mantiene Hawley en su tercer y siguiente fragmento), un ogro que todo el mundo teme y admira por sus métodos drásticos, no recapacita en sus propios horrores. Unos desean encerrarle en una jaula o acabar con él de una vez por todas, y otros fanáticos con su estampa alargada de depredador humano y las ´idílicas` relaciones que tiene en cada segundo de emisión.
La duda permanece con él en el aire, después de su determinante posicionamiento con lo artístico y el suspense, como muestra de un orgullo que admira el género negro o la risa hueca que sale ostentosa de sus pulmones tras su apariencia enfermiza... ¿es monstruo u hombre?
Simplemente, las dos caras complementarias de una moneda. Significa un motor para una gran serie u obra maestra, que une realidad y ficción en diez mandamientos a seguir, y que se esconde en el interior de nuestro ser, animal y humano.

Fargo es un lugar insospechado, íntimo y salvaje, donde el hombre puede traspasar todos los obstáculos que se interpongan. Capaz de comerse a un zorro relleno con la carne de un tierno conejo, que fuera aderezado de una simple col, sin otras verduleras obsesiones. Más bien reflejos de nuestra propia imagen en múltiples direcciones, pues... Qué importan los trayectos, ni aquellas vías secundarias o puentes que cruzaríamos para ser odiados hasta la agónica realidad, si en la ficción nos hacemos respetar por la mayoría y el desprecio a la vida ajena, como vecinos ocasionales, voyeurs y ciegos seguidores de Fargo.
A esta parte del congelado río o receptor clásico, seccionados. ¡Grande y universal Fargo!

















(Entrevista con Joel y Ethan Coen, para Cinephilia & Beyond)
JOEL COEN: En su estructura general, la película se basa en un hecho real, aparentemente, pero los detalles de la historia y de sus personajes son ficticios. No estábamos interesados en hacer una película documental, y no hemos hecho ninguna investigación sobre la naturaleza de los crímenes o los eventos conectados a ellos. Pero al advertir a los espectadores que, habíamos encontrado nuestra inspiración en una historia real, se preparan para no ver la película, como un filme de suspenso ordinario.
JC: Hay similitudes con nuestra películas anteriores, pero también diferencias importantes. Las tres son producciones a pequeña escala, de temas principales relacionados con la criminalidad, o el secuestro, y también muy específicos en referencia a su localización geográfica. Por otra parte, Frances McDormand juega un papel esencial en Fargo y Sangre Fácil. Pero siempre pensamos que Blood Simple, pertenece a la tradición del melodrama extravagante, como se expresa en las novelas de James M. Cain, además de alguna influencia de película de terror. En Fargo, probamos un enfoque estilístico muy diferente, introduciendo el tema de una manera bastante seca. Nuestra intención era también que, la cámara debía contar la historia como un observador más. Cuando la escribimos, tuvimos que imaginar el mundo donde se desarrolla la historia. La diferencia es que hasta este punto, en las anteriores, estos universos eran pura ficción, mientras que en el caso de Fargo había un aire de autenticidad que debíamos comunicar. Dado que venimos de la zona natal, que nos ayudó a tomar en cuenta el carácter particular del lugar.
JC: Estábamos intrigados desde el primer momento en que empezamos a rodar, por la noción de interacción entre ellos y por la expresión impasible de John Carroll Lynch, que parecía satisfacer el tono de la filmación perfectamente.
Él es la encarnación idónea de la personalidad poco demostrativa, de las personas de esa región. Las relaciones entre marido y mujer se basan en lo que no se dice, y tienen éxito. Sin embargo, la comunicación, falla en otro sentido. Cómo acaba sucediendo en Fargo.

Fargo (TV series Season 1) OST - Bemidji, MN
 


domingo, 21 de agosto de 2016

The Finest Hours.


Héroes Accidentales.

Desde aquellas películas que inmortalizaron escenas marítimas en superficie y las profundidades abisales, o los grandes héroes de la literatura sobre marejadas de páginas de espuma y ciencia ficción como las 20000 Leguas de Viaje Submarino, Simbad o Moby Dick, he surcado los siete mares del blanco y negro al technicolor, fundiéndome con cril marino y la sal de la vida. Siempre anclado a una butaca de cine frente a los clásicos. Hasta problemas de cabotaje con distinta naturaleza, como el error humano o un desastre inesperado, el mar inundó las perspectivas cinematográficas en grandes transatlánticos Titanics, Poseidones, o pequeñas embarcaciones entre Mandíbulas y Capitanes Intrépidos de cualquier pelaje, porque la aventura ha formado parte de este viaje. Bello, heroico, peligroso, poético o bélico... el mar ha virado por mis venas con la marea de una máquina a 24 segundos, desde aquellas pequeñas odiseas sobre la pantalla a la aventura narrativa con mayúsculas.
Aunque, el caso que nos trae a esta latitud actual, sea mucho más gélido debido a la profusión de imágenes digitales de nueva generación, la película The Finest Hours es la escusa perfecta como una tormenta, para comentar a continuación otras catástrofes imprevistas.
Gracias a la automatización de ciertos efectos, accidentes atmosféricos e ilusiones ópticas, todo este dramatismo nos traslada a los rincones más inverosímiles o multitudinarios, para contarnos una situación al límite de la población o grupo de marineros, y claro está, como héroes obligados por las colosales circunstancias a la lucha sin respiro.
Si bien, el siniestros trasladados al cine, no adquieren la misma consideración o relevancia cultural, dependiendo de los derroteros que tomen los personajes o las fuerzas que se desaten frente a la costa. Pondré algunos ejemplos de dicha inestabilidad, para soportar o disfrutar de esta dura travesía veraniega.

Pero primero... voy a aprovechar el viento en las velas, para comentar otras desastrosas consecuencias de un aumento del agua.
¿Vaya movida se ha desatado, eh Carla?
Un sinvivir Dwayne... like a Rock in the Ocean. Let´s go!

San Andres... Una falla grave y descomunal.
De 25 a 30 mm. de desplazamiento de roca al año, que continuará hasta que California se desgaje del continente y se convierta en una gran isla.
Durante el abril del año 1906, significó una crisis pavorosa para los ciudadanos de San Francisco, donde la tierra tembló bajo sus pies sin misericordia, para pequeños seres en tamaño comparada a tal masa bajo la superficie, en la conocida falla de San Andreas. Un nuevo cataclismo para los ciudadanos y las edificaciones o infraestructuras de cualquier tipo.

La placa del Pacífico barrunta, se retuerce o remueve en las profundidades, como otro ser vivo herido. Debido a un profeso natural de inmensas proporciones y universal, como ha ocurrido recientemente en otras localizaciones como Nepal, Chile, Indonesia y Sumatra, Haití, China o Japón, afectando a miles de habitantes, y humildes territorios edificados sobre esta terrible bisagra, que desgaja el planeta y en el Noroeste termina en la nomenclatura hispana de San Andrés, bajo una región soleada por los sueños. Aunque gratamente, esta acción dramática se pospone en el tiempo y modifica las coordenadas, hasta esa acción esperada y a la vez inesperada, que arrasase parte del continente americano, desde el Sur andino hasta la hermosa ciudad de San Francisco, como propone la película histérica de Brad Peyton.
Pero, en el mundo cinematográfico, de la norteamericana San Andrés a La Ola noruega, estos movimientos tanto telúricos como económicos o sociales, son objeto de especulación por productores que buscan el efectismo. Menos acciones acordes con la realidad y enormes cantidades de bits moviéndose de manera abrupta, o más o menos sincronizados por una fría y polvorienta pantalla digital.mEfectos grandilocuentes como un texto o golpe bíblico, con la capacidad de destruir la Tierra debido a esas mismas fuerzas que la moldearon y continúan haciéndolo cada segundo, minutos del resto de nuestra existencia...

Otra cosa, es la imaginación desaforada que crea aventuras de ficción, tal que una segunda entrega de devastación producida por una raza alienígena de calamares acorazados. Los bichos y las olas, nos invaden y destruyen casi por méritos propios, ante esa desesperante carga de profundidad intelectual que desprenden los protagonistas al baile, una y otra vez. Sí... es posible que la raza humana actuara de forma semejante a los marcianos conquistadores (propio de pueblos de cualquier tiempo y latitud cósmica) tal que un Independence Day 2 espacial, y especialmente en caso de una destrucción masiva con el fin de perpetuar a la humanidad y su supervivencia. Pero, ¡váyase usted a hacer gárgaras, gran jefe rostro pálido! ¡Qué cantidad de incongruencias y salidas de olla intergaláctica, xD!
Luego, volviendo al dato terrenal de este comentario... lo temerario y realmente estúpido del comportamiento humano, se refleja en hechos fílmicos que impulsaron diversas producciones con motivos oceánicos y desastres de aspecto colosal o asesinos naturales que producen fuerzas ciclópeas en el cine. De los proyectos con desastroso devenir para su raza, diseñados por la mano y fuerzas binarias o imaginación humana, desbocada y sacrificada, en espectáculo incierto de entidad científica, hasta un multitudinario escenario de muerte y devastación cuántica, que pareciera deseada por una minoría, en algún momento.

Esas obras actuales de carácter apocalíptico e informático, esconden dramáticas consecuencias artísticas y muchas debilidades narrativas, con interpretaciones heroicas de sus protagonistas y un montaje dinámico del suspense que subraya la exhibición hercúlea de efectos especiales. En un derroche de proposiciones diabólicas y sugestionados ciudadanos, intentando sobreponerse a magnitudes tan enormes como una ola de diez pisos, pudieran ser, exposiciones culturales algo exageradas. Pues, en el lado humano se precipitan los actores a un vacío existencial (y situaciones cursis), capaces de inicializar sus actividades o vidas, después de una catástrofe o la masiva pérdida de seres queridos. Es decir, poco detenimiento en la psicología destructiva y sí, en una emotividad más teatral o falsa, salvo esas excepciones en el pasado, con terremotos, aterrizajes forzosos, vuelcos o hundimientos de grandes navíos, y actividad volcánica frenética y devastadora.
Aquellas historias, verídicas o inventadas, poseían una fuerte carga humanista e interpretadas por grandes estrellas de Hollywood. Actores reparados para una incursión en nuestros miedos intrínsecos y una evolución sentimental de los héroes encargados de salvar vidas. Repartos plagados de rostros conocidos, desde el Titanic o Poseidón, pasando por Colosos en Llamas, Aeropuertos de variedades trágicas, impactantes erupciones del pico Vesubio u otras más dantescas, o estos terremotos con múltiples escenarios y elementos destructores de volumen descomunal. El sentido de la nueva ola, actual, es muy diferente al pretérito, con efectos digitales de calidad minuciosas y fantástica, pero esa falla enorme en la narrativa emocional de los personajes. Como es el caso de esta San Andreas o The Wave europea. Un director Brad Peyton en su tercer largometraje hasta la fecha, antes de inmiscuirse con otros demonios en Incarnate o el aviso de un próximo terremoto, si queda algo por derribar.
Porque hoy, el suspense se encuentra absorbido y diluido, sin esencia, con una prosopopeya científica que entra en oposición al carácter interesado con las habituales desviaciones monetarias o políticas, vacua plasmación de sentimientos y la fuerza de equipo, con distintas mentes puestas en la supervivencia, o épica del héroe solitario, enfrentándose al desastre alrededor y las posiciones individualistas o egoístas.

San Andrés y La Ola, entran en la categoría de imposibles humanos, frente a la potencia de tales fuerzas de la creación, y esa destructiva actividad uniformemente acelerada hasta el temido día final o apocalipsis bíblica. Ya que el sonado y ya lejano, diciembre de 2012 y la deformada interpretación arcaica de datos a través de una mitología, sobre el futuro de las civilizaciones, ha vuelto a precipitar un desenfrenado interés por las producciones catastróficas, tan frecuentes en devastación como idílica la supervivencia de algo dentro del caos. Porque San Adres, percute con intensidad en la costa del Pacífico, de California al centro de Chile, amenazando en la realidad con reaparecer algún día futuro, y hoy en el cine con un reparto encabezado por una pareja irreal con Dwayne Jonhson y Carla Gugino, abrazados de manera sobrehumana y ofreciendo los comportamientos más sensibleros hasta una agonía del espectador o el mareo visual colectivo. Igual ocurre, en otro nivel presupuestario, con la película Bolgen o La Ola, extremo filme noruego y dirigido por Roar Uthaug, entre rostros europeos menos ´archiconocidos` en el universo cinematográfico o internacional, y parecido desconcierto con el H2O. En comparativa, las mismas exageraciones en el devenir de los personajes y errores demasiado fantasioso o realismo fracturado. Es decir, da igual que la ola se aproxime a una costa Norteamérica (el resto del Sur no importa tanto) en dirección al puente de San Francisco, o la noruega en el fiordo azul de Geiranger... en una montaña de Trollstigen, cubierta de cascadas y cortantes acantilados, alejada de las estrellas y el ambiente de Los Ángeles.

Curiosamente en algunas producciones de otras décadas, siempre existía un cura, enteradillo y se mencionaba la existencia protectora de un Ser omnipresente, sin embargo, ambos directores rechazan la ayuda divina y aquellos ruegos, para transitar por caminos similares, de informaciones silenciadas por el miedo mediático, las exageraciones dramáticas con base semi-científica y otras labores imposibles para el ser humano, por muy Rock que uno puede llegar a ser. Al otro lado calculado, esta la calidad de las muestras (esencial en el modelo de Hollywood) y definición de los objetos o construcciones derribadas por la bravura acuática, con fracturas enormes que resquebrajan el terreno y anticipan la enormidad del desastre que, al parecer, no tendría demasiadas consecuencias en pérdida de vidas humanas. Principalmente, escombros y situaciones ampulosas, como el advenimiento del día del juicio final, pero sin cebarse en el terror colectivo. Un abandono a su suerte de la respiración, o la mortandad esquiva en las grandes ciudades. Todos los eventos retratados y el detalle de texturas o colores, son visualmente estilizados por los píxeles de las cámaras modernas y procesadores matemáticos, para un acabado tan realista que produce escalofrío, sentado a otro nivel de plagio o poder de destrucción que acabaría con parte de nuestra especie. Lo dicho... su alcance en la población civil, es variable de costa a coste.
De acuerdo, que los norteamericanos conocen muy bien lo que hablan (y los europeos, la fuerza descomunal de sus volcanes o subsuelo sumergido), con serios avisos y pistas calcadas en la morfología histórica de la Tierra, así ahondar en el reconocimiento de la amenaza sísmica. Desde San Andrés y todo el Pacífico, hasta Norte y Sur del continente europeo, no existe ninguna duda, que volverá a ocurrir y debemos estar preparados, ya que estas ofertas cinematográficas sirven como desgraciada advertencia del devenir futuro, terrenos conflictivos y posibles evacuaciones en sus poblaciones milenarias. Si bien, en ocasiones, se asemeje más a cierta realidad aumentada e ilusoria.

La mente se ha puesto manos a la obra, una vez más, trasladando el éxito ante un desastre de semejante tamaño en ambas orillas, a una reparación confusa de lo sentimental, antes de la conmoción generalizada o una señal de emergencia cinéfila al cielo de nuestras grandes urbes. Opciones desviadas e irreales, con ridículas individualidades y desproporcionadas estratagemas, navegando entre basura y la destrucción masiva de ideas.

The Finest Hours.

Un apocalipsis mundial, no es lo mismo que un duro accidente provocado por las circunstancias ambientales y aquellas decisiones erróneas que comenten los seres humanos o dejan al azar. En La Hora Decisiva, algo cambia.

Esto es, la humanidad se empeña en luchar y derrotarse a sí misma, una y otro vez en la historia, repitiendo parecidas situaciones o hurgando en la herida de la incapacidad. O lo contrario, si observamos a un joven enfrascado con los temporales marinos agarrado al timón.
La realidad propone otras cuestiones más edificantes, un peldaño humano más en el desarrollo de los acontecimientos contados y el interés común de una sociedad. Pues, el universo se rige por una serie de reglas no modificables en cualquier confín de dicha realidad, pero una infatigable lucha contra la corrupción o el desánimo general. Para ello, los efectos de su funcionamiento interno sobrepasa las fuentes del valor, que pueden modificar el comportamiento de los seres humanos y que se identifiquen con colosos o débiles insectos alados. Unos crecen y los otros podrían ser aplastados con un mínimo movimiento del clima y las fuerzas de la naturaleza. Con un mínimo vaivén a su alrededor, intercediendo su camino, los extremos se cambian y las estructuras de convivencia se iluminan en el horizonte, con la misma fuerza interior que forjaría este planeta, nuestra residencia habitual y cambiante.

Por no hablar, del impacto de otras amenazadas gigantescas procedentes del espacio exterior, como ya ocurriese en el pasado menos reciente a una escala planetaria, o la indefendible escalada del belicismo entre vecinos de Tierra.
Aún así, luchar con todas nuestras fuerzas por la supervivencia ha sido el objetivo, e intentar mantener la cabeza lo más fría posible, hasta que amaine esa terrorífica tempestad que nos envía a un averno subacuático. Bajo este premisa sumergida y reiterativa, una compañía como Walt Disney (tan demonizada por algunas voces críticas en diferentes países) se zambulle en una odisea épica sobre el hombre y el mar. Asiendo una brújula perdida que apunta a diferentes direcciones de nuestro gélido tiempo, desde aventuras cinematográficas olvidables como varios Piratas del Caribe, a Robinsones en los Mares del Sur, La Isla del Tesoro o 20000 Leguas de Viaje Submarino. E historias épicas en un mar de nieve, para un público más adulto como Alive (Viven), océanos de bits en Tron, surrealistas bajo una Life Aquatic o divertidas como Mi Amigo el Fantasma y Un, Dos Tres... Splash, mirando con nostalgia al horizonte de unos valientes hombres que intentarían alcanzar la orilla de algún corazón, con el propósito esencial de entretener y edificar una epopeya clásica en la gran pantalla, siguiendo con la vida. La próxima tierra a la vista, viene firmada por Derek Cianfrance con La Luz entre los Océanos, interpretada por Michael Fassbender, Alicia Vikander y Rachel Weisz en la costa australiana de Tasmania y Nueva Zelanda.

Aquel día, de un febrero invernal de 1952, la épica se dio de bruces con la realidad, cuando un guía de una pequeña población costera, forzado por las circunstancias y las voces críticas, se vería empujado a una marcha fúnebre como capitán de un navío de guardacostas. Una odisea en busca de la luz que lograra salvar a su pequeña tripulación y a aquellos náufragos sentenciados (u olvidados por la historia internacional) que se enfrentaron a unas condiciones horribles debido a un clima de mil demonios y la acumulación de errores, o falta de previsión.

El buque petrolero SS Pedleton, se deshizo como un azucarillo sobre una tormenta oscura, mientras otro bailaba como una peonza. Aproximadamente a unas millas naúticas de distancia con la costa este de Nueva Inglaterra, cercana al cabo de Cod. Pues, aquel día apacible se convirtió en una marejada de fuerza mayor con vidas pendientes de una mirada y una manera de narrar una relación romántica a base de empellones con las olas, el corazón contra el diminuto casco de una lancha motora.
La diferencia esencial con anteriores producciones más especulativas sobre el terreno o el agua, radica en desviar la premonitoria advertencia de un desastre incontrolables y la perseverancia del orgullo ante un apocalipsis o infierno acuático. Hacia un eco más eficaz y práctico, displicente de unos ojos femeninos ante una ´batalla` naval épica, en la que no importa el porqué ni el futuro, sino el presente que vivieron hace más de sesenta años, aquellos habitantes y marineros con sus virtudes o defectos, con el fin de realizar un viaje salvador entre la lluvia, la espuma y la arena.

En la película The Finest Hours, podremos detenernos en unos hechos dramáticos bien recreados, con la espectacularidad de unas imágenes rigurosas generadas por ordenador y recreando el océano con efectivo estilo. En sus diferentes condiciones ambientales, o relativizar los movimientos de una tripulación asustada en manos de un verdadero líder con interesantes actores, que dan más amplitud en estas producciones a las palabras, con distintos aires a aquellos protagonistas que deambulaban sin precaución aconsejable ni destino definido por el croma. Una mayúscula tarea encomendada por un superior al cargo llamado Craig Gillespie (Lars y una chica de verdad, Noche de Miedo) a un reparto capitaneado por Chris Pine y Casey Affleck, guiados por una falsedad alimentada entre las fauces del egoísmo presupuestario o la maldad intrínseca en el ser humano.
Ante el reto de magnitudes colosales como el tamaño de un buque ingobernable, zarandeados por un mar tenebroso y salvaje, se defiende el guion de tres autores (con libretos como 8 Millas y The Fighter) basado en la novela homónima de Cashey Sherman y Michael J. Tougias, que se decanta por recrear las relaciones personales y las dudosas manifestaciones de las diferentes personalidades en boga. Aspectos humanos como el miedo a lo desconocido o la angustia por la falta de noticias, la pérdida de valores o la ayuda de la comunidad y, por encima de las mayúsculas olas, el orgullo flotando a través de otras podredumbres humanas (hoy, habituados tristemente a este tipo de cuestiones humanitarias, por desgracia).

El joven marino interpretado por Chris Pine y sus compañeros de fatigas o golpes, el avispado Kyle Gallner (Welcome to Happiness, El Francotirador), un profesional John Magaro (Carol, La Gran Apuesta) o el inteligente Ben Foster (Pandórum, Warcraft), se enfrentarían primero con una horrible decisión que les enviaría a una especie de hazaña mortífera y gris, propagada por una gran mentira. Dolorosa realidad de nuestra cruel especie y los bulos lanzados a los siete mares. Cuatro hombres guiados al desfiladero submarino como un grupo salvaje, peleando por su vida y el oficio que les mantiene orgullosamente de pie, hacia la inmensidad con un diminuto foco que desgaje la negra espesura y mucho valor. Esta Hora Decisiva les llevaría a un instante esencial de su existencia, para olvidarse de otros pequeños problemas y decisiones de mayor calado, que permanecen anclado a la orilla por una epopeya increíble, y aventura a la fuerza. Abandonados a priori, claro.
Mientras, al otro lado del horizonte grisáceo y húmedo, medio apagado en apariencia y tranquilo, otro hombre se erigía en líder de un cuerpo de técnicos, ayudantes y marineros, gente trabajadora. Bien curtidos, frente a la sencilla debilidad de un comportamiento silencioso y medido, con brotes sublimes de inteligencia. Cuando el director Gillespie y su director de casting para la productora Whitaker Entertainment y Walt Disney, eligieron a un actor como Casey Affleck, creo que estaban seguros de que daría el empuje necesario al personaje, un hombre atrapado por las circunstancias y palabras degradantes o denigrantes.... enfrentándose a su personal y duros contrincantes, marineros sin la apariencia glamurosa de Eric Bana en otro territorio, eso sí. Son los actores John Ortiz (Silver Linings Playbook, Steve Jobs), Graham McTavish (El Hobbit, Creed) o Michael Raymond-James (Blake Snake Moan, Jack Reacher).

Aquella llamada daría seguridad al equipo enrolado, ante las frustraciones de una catástrofe. Haría olvidar todas las reticencias, los insultos y el desgaste del pasado, en relaciones incompletas, como todo rastro de problemática emocional o duda intuitiva que convive con nosotros a diario, tal y como presiones laborales o codazos de compañeros interesados, traumáticas decisiones de pareja o familiares, falsas amistades que se alimentan de los rumores o la maldad de un rostro rutinario y olvidable. Un Don Nadie como cualquiera, objeto de un simple apagón que lo borra de la historia.
La estampa marinera y violenta, deja a una pequeña población sin electricidad tras una tormenta de emociones (muchos críticos la consideran amanerada por la actriz protagonista) la inglesa Holliday Granger (Jane Eyre, Anna Karenina o Grandes Esperanzas) pero, personalmente, me place su apariencia inicial de Betty-Boop de la época, que deviene a un papel más trascendental y alejado de aquella frescura. El problema es de una aventura contada con altibajos (desaliñada o emocionalmente cursi, a ratos) que se debate en nuestro tiempo con su aspecto clásico, históricamente dramático y real, aunque de menos calidad que la reciente In The Heart of the Sea.

En este apocalipsis mediático, más bien regional, todo viene amenizado con las notas del compositor Curtis Barwell de nuevo, y la fotografía del español Javier Aguirresarobe que se desmarca de la ampulosidad de las situaciones en un trabajo bien realizado. Se hecha de menos, una acción más continuada y rítmica que, a veces, hace que del espectador una boya ciega, como un mero testigo de la serie de catastróficas desdichas que acontecen, con un corazón dolorido esperando en la orilla ante los necios, oídos sordos del ego y el sufrimiento coral, habitual en estas latitudes cinematográficas, por un héroe solitario al timón indeciso de sus sentimientos.
Entre la química del cuerpo y la física que rige su flotabilidad o, el hundimiento presentido por unos detractores, en general, se deja navegar y entretiene como estas superproducciones que elevan a sus protagonistas reales al rango de héroes desconocidos. Además, hoy, en una sociedad que cree suficiente en ellos.

No dejará una huella imperecedera y alguna interpretación parecerá endeble, mas tiene todas las características de una aventura clásica sobre el universo marítimo y sus endurecidos hombres (o mujeres), donde confluyen todas las percepciones del individuo solitario ante un desastre mayúsculo con posible pérdida de vidas humanas. Y que con orgullo, se gana, el respeto que transforma a los muchachos intrépidos, capitanes sin mandolina, en verdaderos héroes... de leyenda.

Kodaline - Haul Away Joe (The Finest Hours Soundtrack)

Cinemomio: Thank you

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