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domingo, 12 de abril de 2026

A Knight of the Seven Kingdoms. Season I

 


A todo caballero, más si no lo es… le llega su San Martín… Y un Huevo. Todo parecía indicar que un, Gran Miembro, de aquella primera época de los Juegos de Tronos, iba a ser un grandilocuente caballero. Pero no, se erigió en un errante, silencioso, excepto por el chascar de sus nudillos en el escudero, pedorrear y esruendo del reverendo trípode. Y su deceso, al final de los torneos invisibles, se transformó en una auténtica justa a vida o muerte, que llevaría la serie a una batalla de las de vieja escuela… De cine con mayúsculas, a través de una pequeña historia de confirmación. Yo te ordeno... tal y tal.

Todos nos hemos ido acercando a sus protagonistas, de manera futiva, a la vez quijotesco y sanchista, ejempoy... Y con un montón de sonrisas, licenciosas, nos han ido salpicando antes de la sangría... Ya que la justa pensada, no es muy justa, qué digamos, sin considerar la etapa cuasi medievalesca… Quijano con su pequeño amigo y escudero, mejores rocines que aquel, servidor a casa grande, o un oval oculto, no seguidor de cuentos de caballería, sino ipso facto... Este Caballero significa, en sus raíces mundanas, paralelismo familiar a un Mandaloriano sin espacio. Con devorador de bichejos a las espaldas, hambriento de bocatas con huevos y tocino, nunca mejor dicho. 

Enseñanzas para un escudero, de otra estirpe, reconvertido en Caballero Errante de niño, con leyes de caballería y justicia, conocido como Duncan El Alto, del cedro y la estrella solitaria… No entona, volando, pero si baila, en su nueva faceta… no de rudo caballero, sino de antiguo jugador de rugby con toques de humorista. Sin llegar a ser el burlón Burt Lancaster, con su comañero ´deslenguado`.

Y encima, o bajo el lodazal, cabalgando sobfre ese mundo oscuro que caracteriza a Baratheon y losTargaryen, una vez, consumido el fuego que pareciera inmortal, del último Dragón. Él, halcón sin flecha, ha venido para salvar a la princesa, que además es titiritera, y no posadera, y menos princesa. Mas la sorpresa, con 3 caballos en arrendamiento, escudo de nuevo cuño cregalado, y espada sincronizada con un pasado indefinido, se encabalga en revelación entre lores y demás anfitriones al torneo televisado… y de algún espectador despistado. Esta pequeña lección, crece cada minuto y en un estado de erección.

La algarabía ha sido gratamente inmensa, pues, de pequeños placeres, el yantar, defecar en la natura, el reír sin sentido, ver una pequeña obra de títeres, un espectáculo con ella, emborracharse y jodienda molienda, es decir, fornicar… y otros por conocer… se sustenta la esencia de esta pequeña joya, tanto hercúlea como pelona. Y tú deber es disfrutarla… Ser.

Ya lo he pregonado, el spaceman y el Grogu, pareja de hecho… Y su  característico humor, que se ha demostrado imbatible. Indestructible.

Todo Caballero… necesita un Escudero. ¡Amigo!

Y tú pareces necesitarle, más que nadie. Aunque te valgas por ti mismo, o te tengas en estima clandestina, Ser Peter Claffey de los reinos confusos, que se mueve, entre nueve y cinco… por el c… te la h… Y él, pequeñín, ha de ser especial, con pelo o sin él… mejor sin… porque la realidad es tozuda como una mula, y tu aprendiz sabe hablar al oído de los caballos. Sí… RR, erre que erre. Como Tolkien y sus hobbits.

El caso es que tras 7 años, sobre 7 reinos casados en la exuberancia de escenarios, 7 cabezas afeitadas, 7 polvos draconianos7 batallas épicas… nos hallamos con estos dos, en mundo minúsculo, pero con mucho músculo. Se aproxima un tornero rodeado por la humildad y lo básico, el honor, con telón de fondo de un amor en la trastienda. Más trono de hierro y fuego, que sería confeccionado de sombras cosanguíneas. El mito es una fábula de bichejos, de cigarras y hormigas, liebres que quieren ganar enseguida, y pacientes tortugas que otearán la meta en el horizonte… tal que lectores de palmas de la mano. Heridas ya… pero sin meñique aún…

Esto ya es, historia de la Literatura, ahora en televisión. Esencialmente, transportando un mundo ficticio y fantástico, hacia un mundo de plataformas, con un juego lacerante y pérfido - no recordar el sir Fred de olfato adelantado, para el  Spectrum -, junto al humor desenfadado, típico de estos lances. En verdad te digo… del nuevo imperio, paciente, alargado en el tiempo, errante y beligerante, claro, entre caminos viciados y espadas… se vislumbra deslumbrante, el panorama, ya que acercara el juego a lo divino. Lo económico como trasfondo y el poder, a la humildad, ya que un noble caballero… tiene que luchar en defensa, de los inocentes.

Esto es ya mismo… sea a través del cosmos o la tierra casi media, un Juego de sires y amigo príncipe inexperto, al nivel, de una historia verdadera a lo Fargo, o autenticidad por horas de The Pitt. Te lo aviso… Mira y disfruta.

Lo inmortal… Excalibur.

Si lo televisivo habitualmente, nos hunde en el abismo de lo efímero, a veces nos quedamos mudos, como limitados por un Proyecto inacabado y cegado, del Lázaro, esto es Lazarillo de altos vuelos; otras las mejores, es bocanada de aire fresco, que se inhala, exhala, a través de un casco pulido, untado con pan con queso, cubierto de barro y otros pegajosos fluidos, o sea, fulgores con ínfimas estrellas fugaces en parrilla… que no en el tiempo capitular, serán para  recordar. Pues eso, amigo Sancho, es inmortal… y queda grabado, como los torneos luminosos y coloridos de Ivanhoe y Star Wars, o como aquel final en Excalibur de John Boorman, para siempre. Más abajo está su banda sonora, y dime qué no...

Así esta propuesta, desenfadada – y desconocida para bastantes caballeros errados… movidos por ritmos actuales-, significa una vuelta a la niñez. O a la juventud que descubrió cómo se fornicaba con armaduras pesadas, metálicas y brillantes… sin cinturones de castidad, ni nada de las atrocidades mentales de otras edades. Así, El Caballero de los Siete Reinos sigue teniendo esa parte animal, tal que caballo desbocado, fogosa como aliento de Dragón, voraz como Lobo Solitario… de esa parte salvaje y bestial. A la muerte inesperada, en cada revuelta.

Oscura como traje de Cuervo, radiante como amanecer en el campo, rojiza enlazando el asesinato de padre a manos del hijo, o viceversa… que sería una justa, justa, en aquel caso redondo y mitológico… Sin embargo, este Egg tiene algo más, oculto en el alma, y el novel actor Dexter Sol Ansell, mantiene un espíritu libre, transgresor, alegre, disparatado, perspicaz, audaz, lazarillo, hambrón, ágil, trasnochador, espía, destronado, san sagaz y aventurado, aventurero, justo… Teatral acaso, ser vinculante al Sir, de espíritu y visión, algo irlandesa.

Allí es donde se acercaron a rodar la serie, efectivamente, naturalmente… y sociológicamente, hablando. Un amigo reverenciado, ya, sin más, uno de los nuestros, desde esa Edad Media cenicienta, hasta hoy, por los siglos de los siglos. Y verduzca… groguera.

Nada de tecnologías F/X.

Aquí, en el campo y las fojas de los herreros, todo es manufactura, en pequeños recintos de artes y tabernas de los pueblos, sin ellos, los efectos cgi, pues no es necesario, escatimar en esfuerzos, que sí, en los gastos por esos especiales. Todo es más directo, tanto, qué te llega al corazón. O al tuétano… zaherido. Cuando no mutilado, en una empresa a espadas pesadas.

En este asunto, de conjuras a caballo, y a mano, aunque de efectos salvados como se debe, nos recuerda a leyendas de fantasía medieval y seres extraordinarios. Que, si bien aparecían con prótesis y mucha imaginación, se apreciaba esa sana intención artística, como salvamos así, a la película DeathStalker, que sigue las andanzas sangrientas de un ladrón, entre seres de la muerte, risueños, más que risibles… No, obra magna para mitificar, nos mantendrá ese sacrificio de viejos héroes, con los esfuerzos por sacar a flote un filme de bajo presupuesto, y canadiense… algo de olorcillo a pasión por el cine de aventuras, y color de obras llamadas de culto. Sin más, eh… En cambio, El Caballero es mucho más qué eso.

Posee unos personajes alrededor, que se recordarán, como los nobles sin apellidos conocidos, los otros aún por conocer más. La servidumbre, granjeros y el público de alta cuña, tirapedos, los oficiales de guardia real u otros de oficios sudorosos, los duelistas de diferentes orígenes, las grietas en la famila, hermanos tocados y pasotas, los que cambian de coraza por unas tierrras, héroes imaginarios, cobardes reales, los borrachos y las putas. En estas, justas y prebendas… nos señala y envía a enfrentamientos sexuales no grabados, vagos de amor declarado, más de otras épocas y reinos, de desfogue… Sólo, aquí falta la magia, ni Merlines ni Morganas.

No son Ivanhoe con Elizabeth Taylor, al King Arthur de Lanzarote, por la Ginebra, o el último duelo por capítulos, entre Sir Driver, Sir Damon, para la pasión de Jodie Comer. Rosáceo, con todo el olor acre, a incienso y azufre, a lodo y excrementos… a la muerte, de Robin Hood, como si fuera una lucha en uno de aquellos rings o rines, de orines, tirándose de todos los pelos, habidos o por teñir… de krull´s a Paladines italianos pasando por un Conan de Cuenca. Ay, el amor… haberlo, había.

Una Edad de Samuráis.

Las espadas, son una pasión, desde la época de Hood, Tell, temibles burlones, Scaramouche, vikingos, caballeros negros, verdes, rojos, nibelungos, highlanders y otros cazadores de cabezas… tal vez hasta próximos habitantes de Eternia… hasta los sucesores de Mifune y Kurosawa, que terminaran al este de la muerte, según la locura, o de ese Lone Samurái del que se pueden destacar la batalla a estocadas, cara a cara, en horizontes salvajes y cautivadores de islas salvajes, como si fuera Dersu Uzala, de corazón bañado de sangre indígena o caníbal. Alejado de la poesía épica de los Duelistas, o de Ran se multiplicado a espacios coloridos y desbordantes.

En Tierra, de estandartes marciales, nada de inteligencias artificiales aquí, requetefalsas. Sino verdadera chicha, fugaz y candente, gracias a una pluma en el paraíso de los argumentos vivaces, tras desaparición de Aziza. Nos queda el propio George R.R. Martin, creador en serie con Ira Parker y la visión trásfuga de Owen Harris, que pasó del humor de Monty Python´s y la transgresión de palabra a lo Dark Mirror, a esa parte indefinida del The Twilight Zone, que provenía del increíble fin de los 50 y el inicio de un mito recordado en Rod Serling. Ahora mismo no recuerdo ninguna con espadas, pero en ello estoy, visitando el pasado… sí, cohetes espaciales, extrañas visitas y demás viajes.

Para prescindir de toda tecnología, trucos digitales, artefactos mecánicos, es necesaria una aventura a ese pretérito, al reencuentro con cabalgadas, y lentes manchadas de salpicaduras, de materias untosas y gentes de acción. Subirse a horcajadas de una cámara como si de una caballería se tratara… ese es su mérito, el de HBO robándonos la memoria, con los Cuentos de Dunk y Egg, xDio y sus canciones mágicas, todo un caballero del metal. Con mucho alma arcaico...

Nos guarda un salado acorazado, versando antigüedad y humor, con pareja ambigua y amistosa, descerebrada y natural… para volver a combatir el sopor cotidiano de nuestras vidas, con el honor de la espada… o esa gloria, legendaria. De los elegidos… Frecuentar caminos… comer, reír y llorar. Dar el postrero aliento al pobre, hasta morir de amor… Siempre, siempre… existieron dos mundos en colisión, colapso del medievo en el fondo, camino a la perdición o la supervivencia, del más fuerte… No, no os debo hablar de Thor, el Dios del Trueno, porque es cosa pequeña, pero grandísima bobada, que no merece la pena.

El de los cazadores y el de sus presas, al margen de predators… De esta serie, emergen también esos enfrentamientos, esos encuentros casuales, esas raíces amistosas o fraternales, infernales, cegados por el odio, comprando en mercados rurales, con sagradas justas, de rivales animados por el poder, frente a  revolucionarios, que desean otros valores… Por eso, El Caballero, desprende sabor a autenticidad, frente a la siniestra, que se juega a los Tronos, con esa inteligencia, que posiblemente recree un nuevo mito de la modernidad.

Tanto monta Dunk como Egg, Mr. Walter Matthau con John Lemmon, entrañas de  parejas, extraños protagonismos, innatos, de las que se guardan en la memoria; pues dos estrellas en ascenso, rampante y errante, como los inmortales de Juan Sánchez Villalobos, con el brillo que desprenden los fogonazos, o aquellas salidas de Star Wars a sablazos, y mentes adyacentes en efervescencia climáticas… caballeros solitarios, con socios casuales, defendieron a muerte, a Centauros en el Desierto. Así que, es más que un Caballero y un chico de armas, tomar… es una pareja de ases para HBO. Y un gozo... para el resto.

Un reino de cabezas plagadas de inteligencia igualmente, esos diálogos servidos en bandeja de plata, pertenecen al bien hablar y sentir, a la luz de la luna y las fogatas, y al vincularse, entre lenguas fronterizas, bien del padre, o viceversa del hijo… a Él , que es una fuerza caballeresca de la naturaleza, ya sin balón ovalado, con un par de huevos sagrados… y el muchacho, el chaval, más que bruñido… es el símil de Sancho, sin alforjas, pero ansioso por vivir aventuras… Sin capacidad fantástica de Grogu, eso sí.

Nos seremos fieles, a ellos... por don Alonso.



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