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domingo, 15 de abril de 2018

Rogue One: A Star Wars Story.

Polvo y muerte de Estrellas.

La odisea galáctica de los personajes de Star Wars, comienza en 1977 con una impactante aventura clásica, plagada de ciencia y conexiones con las películas clásicas de héroes y villanos, tanto del Oeste como de piratas o guerreros samuráis. Con referencias a la mitología o las terribles batallas mundiales, entre imperios o Alianzas Rebeldes, que desembocaron en cruentas masacres y la extensión del Mal. Por tanto, los Jedi son una generación que se bifurca, con el advenimiento de un Emperador sin escrúpulos y sus acólitos, comandados por una doble magnitud oscura, distinguida entre el gobernador Tarkin, en bicefalia entre Guy Henry más el amado Peter Cushing, y el gutural Darth Vader.
Sin embargo, la saga estelar se construye con todo un ejército de amenazas, que giran alrededor de una arma contundente y definitiva como principal entidad estelar (nunca mejor dicho), La Estrella de la Muerte. También, se desarrolla en la actualidad, una vuelta a los orígenes antes de la entrega de planos de su construcción y la posible causa de una operativa defectuosa, instigada por el científico de la familia Erso, interpretado por el increíble danés, Mads Mikkelsen y padre de la joven heroína Jyn, desafiando al poder imperial y protegiendo a la ágil Stardush y bella actriz, Felicity Jones. Junto a la historia de un grupo de arriesgados de la Resistencia (una especie de Compañía del Anillo), encabezada por un joven capitán de la inteligencia rebelde, el mexicano Diego Luna, que unidos retarían al nuevo imperio galáctico, para capturar los planos y destruir su plateada y mortífera base.

Aquellos identifican una conocida muesca o falla en el interior del potente cañón, alimentado con los cristales de ´Jedha` extraídos de sus propias minas, que actúan como sintetizadores de la energía en las poderosas espadas láser de los Jedi. Crees, ¿qué alguien diseñaría tal arma de destrucción masiva en la realidad? Un disparo concentrado, capaz de eliminar de la faz de la Galaxia lejana, cualquier ciudad o nación del universo ideado por George Lucas y su equipo de LucasFilms, incluso un planeta completo... Evidentemente sí, sobre todo, si existen personalidades como el Emperador Palpatine, Grand Moff Tarkin o el gran protagonista en persona, aquel mismo de ayer en afonía, James Earl Jones o singular Darth Vader y su descendencia rebelde.
Pero, antes de la década de los ochenta, los seguidores de aquellos malvados y héroes, tan reconocidos por todos hoy, se vieron sorprendidos por sus evoluciones en formación de vuelo y despliegues acrobáticos de sus naves, las maquetas o la agradable comicidad que derrochaban ante la gran pantalla, sus personajes principales. Una nueva esperanza, representada en la imagen de un pequeño y multisinfónico robot llamado R2-D2 y la simpática princesa Leia, capturada e interrogada por el Lado Oscuro. Aquí entra un sincero homenaje a la actriz y escritora, tristemente desaparecida, Carrie Fisher y el recuerdo maternal de una grande como Debbie Reynolds. Todos lloramos ambas pérdidas (bajo las estrellas o la lluvia), en un momento crucial de su vida y de la propia saga Star Wars.

Bueno, el caso es que interceptaron aquella comunicación, gracias a la alianza de muchos del pasado, de un escuadrón suicida denominado Rogue One (Pícaros o granujas inconformistas) y los efectos digitales de rejuvenecimiento, que nos llega ahora de la mano del director británico Gareth Edwards (Monsters, Godzilla) y la limpieza de los guionistas Chris Weitz (Antz) o Tony Gilroy (Pactar con el Diablo, El Caso Bourne). Aunque, con ciertos pespuntes o papeles poco desarrollados dramáticamente, por ejemplo, hecho en falta más identidad en el filme y sufrimiento por parte del personaje de Mr. Mikkelsen, u otros, como el androide reprogramado K-2SO, vocalizado por el actor Alan Tudyk. El piloto desertor o un asesino rebelde bastante desdibujado, compañero de un místico y marcial protector, interpretado por Donnie Yen. Así como, la poca relevancia de un veterano desvencijado de aquellas Guerras Clon conocido como Saw Guerrera, alentado por Forest Whitaker.
El resto de la aventura y las espectaculares imágenes, tienen todos los ingredientes para satisfacer a las masas, ahora producidas por Walt Disney en los estudios ingleses de Pinewood o parajes naturales de Maldivas e Islandia, ofreciendo las mejores perspectivas de la destrucción a escala planetaria, debido a aquel turbio secreto, mantenido en el aire. El impacto de la misión, llegó a establecer las mejores coordenadas, en un Imperio que contraatacaba y dirigía una mayor potencia hacia nuevas y míticas escenas, sobre nuevos objetivos, con guion redondo de Lawrence Kasdan y dirección recordada de Irvin Kershner. Donde aquel padre desorientado, indeciso, vuelve como hijo de otra estrella de la Muerte.

Las diferentes texturas de las épocas, cambiarían la visión humana y republicana, más allá de su propia existencia en la Tierra. Uniendo sus fuerzas para desactivar campos magnéticos de protección, desintegrando antenas de comunicación y retando a otras criaturas, en una serie más "infantiloide" que algunos chistes de C3PO o la relación romántica o tira y afloja... eran otros tiempos, agradables eso sí. Hasta transformar la saga en una Fuerza imparable, que elevaría a sus protagonistas a otra dimensión cinematográfica, que toma diversos vericuetos estelares, atrás y adelante, un, dos, tres... ¡fuego! Seremos inmortales, combatiendo una y otra vez, hasta que nuestras fuerzas nos separen.
Son nueve episodios (dos por llegar próximamente), desarticulados en el tiempo, no de hecho, con pequeñas turbulencias en esta aventura extendida, vueltos a organizar en el Espacio, como explicación del pretérito Jedi y el entendimiento de las últimas generaciones de exploradores. Mezclas de textos, píxeles y detalladas maquetas, movimientos en slow-motion sobre el tablero, luces y colores estallando alrededor, razas, robots y mundos extraños, desafiando el cine en una guerra, entre energética y espiritual, con ingeniería o hechicería, ciencia... y muy negra involución bélica.

Rogue One: Una Historia de Star Wars, es una nueva guerra en 2016, cuyo género ha recordado aquellas otras manifestaciones y personajes del conflicto tecnológico de los siguientes ochenta, dentro de una estructura fatídica, y ciertamente, apocalíptica como nunca. Debido a la potencia de los generadores informáticos, cuando Gareth Edwards hace crecer la amenaza, más metálica que fantasmagórica. Una realidad fílmica en arriesgada misión de infiltración, que recuerda antiguas batallas épicas, cambiazos de identidad en las filas del Imperio, para redefinir los puntos débiles de este cañonazo en las taquillas. Más de 1000 millones en nuestro mundo, o yo que sé...
A partir de ahí, los escenarios de Star Wars palpitan y oscurecen al lado de los nuevos héroes, que deberán enfrentarse a aquellos viejos enemigos del Lado Oscuro, con nuevas obturaciones luminosas, blancos y negros, u ocres. Por un espacio profundo, a bordo de Profundidad sin garras, trasladándose a velocidades inimaginables por entonces, a arcaicos mundos o antiguos cementerios, a flotar por la materia, claro, oscura, y planear entre haces de energía, roja, amarilla, verde, azul, etc... A la construcción de cárceles con atmósferas respirables y tormentas casi nucleares, o la destrucción futura de armamento pesado capaz de aniquilar toda vida en superficie, a indagar en el pasado de una revolución y los nombres que la interpretaron. O silenciar a voces que intentarían sofocarla... En definitiva, a recordar los viejos tiempos, yendo al cine en familia, para recordar a la primera trilogía de Star Wars y predecir otros nuevos planetas, en un cuidado entramado de espionaje industrial y cacerías galácticas.

Su estrategia es meridiana, o midicloriana más concretamente, la de los valientes. Eliminar destructores infranqueables, escudos protectores y potencia máxima al acecho, evaporar en el espacio su poder lunático. Y su director, luchar contra filias o fobias, medir los detalles del ayer cinematográfico y narrativo, para alentar a las generaciones actuales y salir indemne de esta especie de colisión visual y mítica.
Y, de la compañía del ratón animado, acusada de cierta blandura y comercialidad, para generar un parque de ilusiones fantásticas y regusto a la Fuerza de una estirpe en receso numérico, hasta nuevos advenimientos. Una ampliación de sus trilogías centrales para continuar el sendero luminoso del éxito y sorprender con diversas posiciones estelares o movimientos alternativos en el universo Star Wars. Sumar personajes a nuestro espacio-tiempo, generacional y cinéfilo, desbordar aquellas reglas filmadas años atrás, generar entidades robóticas y criaturas, bailarinas o músicos, luchadores ciegos al estilo kung-fu, al biónico pulmón de Whitaker, voces y físicos hologramas, aniquilación semejante a una fuerza meteórica, algo de romanticismo, épica, guerra... como en el comienzo de Todo. De la diversión Star Wars.

La historia de las estrellas, que comenzase hace tanto tiempo atrás... ha empezado a desarrollar sus batallas paralelas... y venideras.

Tráiler Solo, de Ron Howard.


Michael Giacchino - The Imperial Suite


lunes, 2 de abril de 2018

Peaky Blinders. Seasons I-II


La Banda de la visera.

Birmingham 1919, poco después de finalizada la 1ª Guerra Mundial y la multiplicación de familias desarrapadas por toda Europa, donde los barrios más empobrecidos por el homicidio, el paro y la mala situación de la política, se plagarían de rostros ennegrecidos por el hollín de las nuevas fábricas. Los fabricantes de la metalurgia, los mecánicos y el desarrollo de la fabricación de automóviles, proponen un novedoso panorama en las ciudades, creando paralelamente, una legión de jóvenes de diversas familias, pululando sin oficio ni beneficio, por las calles poco higiénicas y luminosas de Inglaterra.
Los pandilleros juveniles comienzan a buscarse la vida mediante procedimientos ilegales y los actos violentos, que aumentaban proporcionalmente con los recursos y la adquisición de otras armas más potentes y peligrosas. Uno de aquellos grupúsculos distorsionados por la épica cinematográfica o televisiva, y caracterizado por sus orígenes en la etnia gitana, establecieron una frontera callejera durante la terminación de la era victoriana, siempre vestidos elegantemente observando a sus vecinos trabajadores.

La familia de The "fucking" Shelby´s, era una de ellas después de los llamados Sloggers (combatientes), transformados con sus trajes de chaqueta hechos a medida, calzados con sus botas de cuero negras y las gorras de felpa inglesa con visera, pero escondiendo el hierro hiriente entre los ocultos pespuntes. Eso y su carácter estratégico, guiados por hombres (o mujeres) con mayor inteligencia que el resto de sus miembros, definía a los famosos Peaky Blinders. Aquellas hojas navajeras, cosidas para encarar a sus enemigos cara a cara y cegarles de un certero tajo, señalaban y seguían el camino de otras bandas similares, como los denominados Scuttlers en la ciudad de Manchester.
Por la calle Adderley, entre las áreas portuarias de Bordesley y Small Heath, aprenderían a codearse con los elementos de la mafia internacional (italianos, judíos o irlandeses de nuevo cuño), aparecer en las portadas locales del Yorkshire Post y a negociar con otros personajes públicos, como los jefes de policía corruptos o el mismísimo Winston Churchill. Entonces un político desnaturalizado tras la campaña sangrienta durante su mando en el 6º Batallón de fusileros reales escoceses, y sobre todo, con el recuerdo de otra batalla por la que se le recordaría con el apodo de el "Carnicero de Galipoli".

Extraños contactos que establecían nuevas leyes en el barrio del West Mindlands y cuyos políticos pendencieros, buscaban apoyos en diferentes o desaconsejables amistades, en una batalla entre certezas interesadas y palabras desafiantes, cortantes o terroríficas. La vida valía muy poco, tras los recuerdos de sangrientas trincheras o pasadizos de muerte, el conservador Mr. Churchill lo sabía y sus proyectos necesitaban de ayuda en cualquier lugar de Gran Bretaña, donde el conflicto interno con Irlanda amenazaba con hacerse mayor y más terrible, mientras dos años después, en 1921 se firmará el Tratado Anglo-Irlandés, que encaminaba un largo proceso hacia el estado libre de la nación irlandesa. Algo similar, en el propio territorio, a lo sucedido en distintos paraderos lejanos como Canadá, Australia o Nueva Zelanda, y que culminaría con la salida de las últimas pertenencias coloniales.
Posteriormente, Irlanda se encontró seccionada en distintas facciones, con el control de los puertos por parte de la Armada Real, surgiendo la defensa de los partidarios del anti-Tratado con Inglaterra, y la expansión bélica de grupos como Cumann na Bman (Liga femenina) o Na Fianna Éireann, precursores de Sinn Fein o los antiguos terroristas del IRA. Todo apuntaría a aquella terrible Batalla de Dublín, durante la Guerra Civil Irlandesa de 1922 y la aparición de personajes históricos como Arthur Griffith, Michael Collins, o los protagonistas semi-ficticios, de esta serie creada para la British Broadcasting Corporation o BBC Two y la The Weinstein Company... y conocida como los Peaky Blinders.


Temporadas de Cenizas y Caballos.

Durante la primera temporada de cinco, se recrean los pasos primerizos y decididos, de un líder natural de estos Shelby´s, blancos de raza gitana y curiosas relaciones personales. Un horizonte lleno de cenizas, del pasado y actuales, que produciría una época de grandes cambios sociales por toda Europa, con significativos ejemplos como la Conferencia de Paz de París que apuntaría a la fundación de los primeros partidos comunistas del Viejo Continente y la Internacional Comunista, ajustes con aquel Tratado de Versalles y los pactos tras la guerra, también la fundación de agrupaciones fascistas que indicaban el siguiente paso sangriento en nuestra historia reciente. Se formula la Teoría de la Relatividad promulgada por Albert Einstein, cuando aún no habías llegado a la Luna, la reclamación del Derecho al Sufragio Universal para las mujeres en diferentes países y la propagación desmedida de numerosos atentados. Un panorama expectante y terrorífico, que presagiaban otros desastres.

Ante el complicado panorama político y social de Reino Unido, la familia Shelby se empieza a decantar por otros caminos sonoros dentro del crimen organizado y ciertos deseos, por parte de algún soñador, de un negocio habilitado por la justicia. Pasando de pequeñas pandillas juveniles a la elaboración detallada de un poderoso imperio económico, basado en su propio relato callejero y esa fraternidad en la lucha, hermandades dolorosas que se basaban en los trabajos más sucios y el máximo rendimiento a sus exportaciones o el tráfico ciudadano de unos productos ilegales, hasta la expansión internacional de las entregas en nuevos canales de comunicación y las apuestas en peleas clandestinas o apuestas en carreras de caballos.
Aquellos diminutos delitos o altercados con navajas afiladas, sobre el sombrío horizonte visual, serían sustituidos con rudos garrotes para romper huesos y las potentes armas de fuego, creando una inseguridad creciente y preocupante, para los vecinos o ciudadanos. La segunda hincaría el diente a otras sabrosas carnes, condimentadas con el fraude financiero y los arreglos de alto nivel, el contrabando abierto con la nueva tierra o la paradisíaca Norteamérica, con secuestros y asesinatos, un desarrollo que delataban los próximos tiempos, contactos altamente perjudiciales y poderosos en el mundo del hampa.


La Familia.

Por supuesto, la política empezaba a contar mucho en sus primeros pasos, aunque ellos no lo deseaban abiertamente en esta serie.
Durante 1919, Mr. Winston Churchill había sido nombrado como Secretario de Estado de Guerra y del Aire, comenzando una oscilante relación con un obtuso enviado de la policía de Belfast. Era un investigador entrometido que desafiaría a los poderes establecidos en la calle, hacia la resolución de un caso de desaparición del un envío con armas del ejército y hacia el desvío sospechoso hacia los pendencieros Peaky Blinders. Luego, el conocimiento de los siguientes capítulos hasta la segunda entrega, entabla la increíble relación de necesidad coronada de creciente odio, entre el cabecilla interpretado hieráticamente por la fuerza oratoria de Cillian Murphy, actor nacido en Cork (Irlanda) en su itinerario plagado de altibajos por la serie, obstinado, dubitativo o corajudo. Frente a ese inspector de difíciles relaciones coorporativas o emocionales, con su mente desafiante contra los Shelby´s y Tomma, en favor de la Corona o esencialmente de él mismo. Caracterizado por un buen actor, que denota ese pellejo falsario y vengativo necesario para enfrentarse a una situación incómoda, del neozelandés pero nacido en Irlanda del Norte, Sam Neill. El duelo está dispuesto... agujeros para los cuerpos.

Se gestiona una bifurcación antipática y plagada de engaños o promesas rotas, con ataques cambiantes y desarrollos de diverso alcance, unos más creíbles que otros, pongamos por ejemplo, la relación de amor-odio con el trasfondo del espionaje, con opuestos caminos emprendidos, entre el dinero fácil y la muerte. Durante aquellos locos años 20, se crearía un cuerpo policial (o irradiación del ejército) que sería conocido como los Guardianes de la Paz, en gaélico antiguo An Garda Siochana, que se convertiría en las futuras fuerzas armadas de la República de Irlanda, y combatirían en la guerra civil con 800 bajas sumadas en ambos bandos y retratada íntimamente por el director John Ford en su filme El Delator, adaptando la novela de Liam O´Flaherty, en la recreación de la película Michael Collins o la fuga a ninguna parte de El Viento que Agita la Cebada (protagonizada por el propio Cilliam Murphy). Todo supondría una acentuación de debilidad en las colonias, aprovechada para la separación definitiva de Sudán y Egipto, y la división del Sin Fein con el IRA.

Volviendo a los rasgos familiares y sus procesos privados, se produce un choque inevitable por el pastel del crimen instaurado en secciones o barrios, con tumultos hacia otras familias vecinas o extranjeras, aquellos asuntos iniciales entre el espionaje patrio y la polémica política o territorial, junto a los cruentos ajustes de cuentas... sólo arreglados bajo condiciones más hermanadas en la superficie.
Dicen algunos entendidos, que el protagonista principal Thomas Shelby, estaría inspirado en Billy Kimber, uno de los gángsteres más famosos de Inglaterra en dicha época dentro de los Birmingham Boys y desertor de la guerra. Dramáticamente aparece en la ficción como rival de los Shelby´s sobre territorio norte y cuyos tentáculos llegarían a la city, como ocurre en la serie.
Por otro lado, el inspector Chester Campbell se enfrenta emocionalmente a Tommy y al intrincado robo de una partida de armas de fuego, enviado desde la Policía Real Irlandesa para limpiar, además, esos nidos de víboras que utilizan cualquier método de fraude o intimidación. Junto a él, una posible candidata al corazón dividido, uno más entusiasta y vertiginoso que otro, que posee un extraño pasado y un presente como espía... quizás, también como esposa. Por tanto, estas relaciones amorosas, creíbles o no, forman una parte indispensable dentro del universo violento de los Peaky Blinders.


La mente de los Peaky Blinders.

Por supuesto, su inteligencia estaba entresacada de los oscuros callejones de Birmingham y los locales donde se consumía alcohol a raudales, luego llegarían las drogas más duras, hasta los lujosos ambientes de Londres. En la actualidad, las noticias comentan que sobre la City, han vuelto las pandillas y un aumento de los asesinatos por tráfico de drogas o esa defensa dividida de las circunscripciones dentro de la ciudad del Tames. Pareciera una vuelta retrospectiva a los movidos años 20.
En la segunda temporada de Peaky Blinders, los ambientes ahumados y los estallidos ígneos, se han visto sustituidos por un retrato (demasiado ralentizado) de una sociedad más materialista y conversaciones más plúmbeas. Aquellos pensamientos asilvestrados, dan paso a una estratégica situación para alzarse como los dominantes de los diferentes territorios, el mando de los contubernios en la capital y el intento de proteger sus negocios ilegales o convertirlos en establecimientos fiscalizados.

Sin embargo, el aprendizaje de aquellos muchachos no estaba en las escuelas, sino en la dura vida de las pandillas en las callejuelas, en las cárceles o comisaría, y ataviados con demasiados golpes sobre la cabeza. Sonados o no, la guerra vivida influyó cualitativamente en sus siguientes decisiones, cultivando lo experimentado en aquellas jornadas con derrame de hemoglobina, sin sol, a tientas cubiertos de gases y de los restos de sus compañeros caídos en la batalla mundial.
La violencia se barajaba entre distintos árboles genealógicos, con arranques de sacrificada o empalagosa contienda amorosa en ocasiones, donde los antiguos movimientos de la tía Molly interpretada por Helen McCrory, se llevaría la palma en esta segunda temporada. Mediante ciertas desviaciones emocionales que parecen forzadas o filiaciones no tan ocurrentes, sobre todo, tras su notable imagen del sustento familiar en los seis primeros capítulos, donde sus decisiones razonadas, emparentadas y los consejos otorgados a los más jóvenes de la familia, surtían un resultado inmediato. Quién sabe... quizás, su primordial presencia regrese en próximas temporadas.

Por ahora, el corazón abierto de par en par, manda en ese cerebro pandillero y belicista. O lo trastoca según avanza la narrativa, cuando la extrema violencia produce un efecto catártico en el ambiente y un avance del panorama revolucionario de la época. Esta es la sintonía de la serie, junto a la música que, a veces, puede sacarte de golpe de la historia con estridencia sonora y los, para mí, numerosos recursos visuales o estilizados mensajes grupales.
Esto es, la movilidad un exacerbado uso de imágenes ralentizadas y guitarras que no pertenecen a la etapa narrada, aunque sean grandes temas de rock, personalmente, agradecería alguno más folk. En este espacio eléctrico y chispeante, algunas emociones parecen estiradas para encontrarse en la trama principal, los tejemanejes de la mafia británica y otras que van apareciendo paulatinamente.

Varias desgracias amorosas son, tan repentinas que dejan un halo de irrealidad en los interiores de la serie y las alcobas, faltas de sensibilidad o más podredumbre humana. Por ejemplo, sobre los mercados de prostitución callejera, en cabinas de teléfono que deciden el futuro o las grandes mansiones de la nobleza británica. El amor tiende hacia esa venganza exclusivista, como la consecución del hito económico y la imagen social o institucional, encaminadas a cierta apología del imperio del éxito y el dinero, o marginando otras consecuencias más entrañables dentro de las parejas de la serie y sus próximas secuelas.
Aquí, noto el problema del hijo ausente de Molly, transformado en contable de un día para otro, apareciendo el tema racial de la mano (o el puño) de un amigo negro, de manera apresurada y sin lógica temporal, como la base religiosa y aquellos secuestros infantiles. Por tanto, sí existe un Reino Unido caótico y sombrío institucionalmente, donde las respuestas del estado británico o la monarquía, empiezan a vislumbrarse hacia una tercera temporada y la revolución... Mientras tanto, a recuperarse de aquel susto en el abismo de su propia tumba y el viento mortífero, Mr. Thomas Shelby.


Los caballeros malos... y Winston Churchill.

Demasiadas temporadas entre ambas temporadas (I y II), encaminándose con otros personajes que parecen residuales en la compleja trama social y el contraste político. Se muestran las tendencias ideológicas, como un velo cambiante expuesto al viento que mece la cebada, de la cerveza y el ireland o brit whisky, nada de escocés en esta situación dentro de la isla o el Reino Unido.
A través de las extremas relaciones de la actriz Sophie Rundle (Great Expectations) encariñada de un extraño comunista encarnado por el actor israelí Iddo Goldberg (The Zookeeper's Wife) y sus lastimeras consecuencias en la situación general de la familia gitana y criminal. A la que sumar, las sombras indecisas y contraproducentes, de Cilliam Murphy y sus consecutivas conquistas, con personajes encarnados por las actrices Natasha O'Keeffe, Charlotte Riley (Al Filo del Mañana, En el Corazón del Mar) o Annabelle Wallis (Annabelle y Annabelle: Creation). Tal vez, alguna arteria rota más, en el porvenir.

Los directores londinenses que convencen en la primera, son el realizador televisivo Otto Bathurst (que obtendrá su primera incursión en el cine con otra versión de Robin Hood) y Tom Harper, próximamente adentrándose en la Country Music y dirigiendo a Eddie Redmayne y Felicity Jones, en The Aeronauts. El escocés Colm McCarthy es el autor de los siguientes seis episodios (Melanie, the Girl with All the Gifts) que presenta su calidad visual en ese último e inolvidable capítulo de la segunda. El director y guionista Steven Knight (Locke) escribe los trazos de esta serie y junto a la creadora Julie Brinkman, sus películas han recreado también un camino de éxitos británicos, como Promesas del Este, los mafiosos de David Cronenberg, Aliados o Locke, y próximos proyectos como Serenety, con Diane Lane, Anne Hathaway y Matthew McConaughey, o Rio de Luca Guadagnino (Call Me by Your Name) junto a otro espectacular trío con Michelle Williams, Jake Gyllenhaal y Benedict Cumberbatch.
Aunque terrenalmente en esta isla que nos invade con sus Peaky Blinders, la maldad psicopática está centrada en el cambiante hermano interpretado por un magnífico Paul Anderson y sus impulsos decadentes o neurológicamente turbados, maltratados, asesinos. Otro gran actor inglés, que ya utilizara su fuerza explosiva en cintas interesantes como la envolvente '71, junto a los hermanos mafiosos y repetidos de Legend, siendo una pequeña parte de aquel En el corazón del mar y entre los westerns atípicos de Brinstone, Hostiles o especialmente, la oscarizada El Renacido.

La familia en este sentido sigue creciendo... con unos "hombres" o chiquillos desquiciados, que no pudieron seguir los pasos del padre interpretado por Tommy Flanagan (Braveheart) y los jóvenes con el rugiente Joe Cole y el estereotipado Finn Cole, con su personaje de hijo pródigo que se vuelve intransigente con un interruptor interior y desquiciante. Se someten a bautizos de fuego o condonaciones de penas, junto a muchos otros que componen una sinfonía violenta, aunque sin guerra oficial a sus espaldas, sobrevolando el nuevo mundo onírico, de prosperidad económica y penumbras cerebrales.
En este submundo soterrado de oscuridad y degeneración emotiva, faltan los "panaderos sacrificados" en el nombre del padre, y judío, con el inefable Tom Hardy, con otro de sus retratos característicos, enfundados en su físico y lenguaje arrollador. Más un actor australiano Noah Taylor (Shine, El Doble), nacido en Reino Unido y con esta sangre italo-gansta style. Que marcarán regueros de sangre e inocente en ocasiones, dejando viudas o madres sin sustento dentro de un hogar empobrecido o barrio obrero, hijos en siniestras tumbas y otras propinas ajenas, devueltas, no deseables para un trabajador humilde. Posiblemente, un ejemplo resistencia obrera frente al crimen organizado, que se reproducen de forma escueta para mis deseos, cambiados en segunda instancia por otros asuntos internos en casas señoriales.


Todos definen un significativo ejemplo de la crudeza en estas organizaciones marginales y mucho poder, a través del silencio, la venganza y el miedo; si bien, no puede extenderme por falta de espacio. Ellos son la parte esencial de Peaky Blinders, de los atentados perpetrados y los golpes (recordando a aquella maravilla transparente de George Roy Hill, Robert Redford y Paul Newman; hasta ahora, predecesores de un universo más político y viciado por grandes empresas que se aproximan en el horizonte, con carreras de caballos y nobleza, sus airadas costumbres frente a la fuerza de la familia unida y sangrienta. Veremos cómo deambulan las uniones entre bandas contrarias, los encargos en manos de Mr. Churchill (interpretado por Richard McCabe (Notting Hill, Master & Commander), las novias prófugas u olvidadas, el fin del cojeo remanente, los últimos asaltos de sacrílego pugilismo, la corrupción policial, los sacrificios personales y las recompensas viciadas, la suciedad y el brillo interior de algunos, la evolución del automovilismo, el ambiente portuario, las ceremonias y los salvoconductos...

El amor-odio, su humor sarcástico y bastante etílico, otro mundo desastroso dentro de ese universo caótico, las revoluciones que suenan en el aire, las canas de la familia y sus nuevos miembros, los vivos y los muertos, sus próximas lecturas III y IV...
¡los Peaky fookin Blinders y el Thomas fucking Shelby!


jueves, 29 de marzo de 2018

Altered Carbon


Carbono Alterado.

Netflix, se arriesgó a una posible Calificación R y así, ha caminado Altered Carbon, manipulando los cuerpos genéticamente y adosándoles un disco a su estructura cortical, para tenerlos censados tanto de manera virtual como temporal en sus distintas vidas. Esta relevancia tecnológica, ofrece una especie de inmortalidad a la carta, para aquellos que tienen los medios suficientes para mantener ese estatus privilegiado, y seguir "existiendo" en diferentes cápsulas orgánicas y desechables, como los discos duros quemados tras un peligrosa comparecencia por las redes y un castigo ejemplar de los diversos virus mortales.
Alterando el carbono, lo que aflora a simple vista, no gusta ni ofrece un planeta acogedor, más bien, otra terrible subdivisión más, que invita a la reflexión o la programación de otros resortes para la protección de datos privados. Al principio, navegaremos por esta emisión vírica, a través de aquella frontera invisible tan actual, la conectividad descontrolada, que separa lo mágico de lo tangible. Lo onírico de lo sensible, lo deseable de lo necesario, la organización familiar de lo puramente estamental...
¿Correcto o racional? La serie muestra esa diferencia selecta, entre la mítica transgresión o la violencia distópica. Algo que suena a revolucionario o un incremento del terror.

Lo que bien empieza...

Disquisiciones moralistas aparte, reflexiones existencialistas o metafísicas, de las que habrá tiempo para reciclar... en la mente. Mens sana in corpore sano, que decían antiguamente, en su sentido jocoso y romano.

Siempre todo comienza en lo invisible a simple vista, en aquello diminuto como una célula o intangible como una idea... Porque, los títulos de crédito de este Carbono Modificado, arrancan las caretas que poseemos los seres humanos en nuestra época y nos deja en los huesos, en aquello interno que nos hace realmente diferentes unos de otros.
En el interior neuronal se sobrepasan los límites de la mortalidad que conocemos, se desenvuelven fundas de materia muerta con un toque retro o cyberpunk, que no acaba de abastecer este mundo distópico, de los famosos ultracuerpos con los que Mr. Don Siegel en el año 56 nos aterrara, regara nuestro mundo infecto o desarrollado hacia la indiferencia o los trastornos alienados. En aquel caso alienígenas y revisados por Philip Kaufman veinte años después. Aquí, el estilo futurista es reconocible con el pasado cinematográfico de otros relatos, pero, no muestra ninguna novedad relevante, salvo algunas apreciaciones visuales derivadas a la realidad virtual, donde reconocemos sus procedencias temáticas y esas luces megalómanas de una gran metrópoli... aunque esto solamente dura un suspiro efervescente y gaseoso.

El elemento conceptual podría haber durado un poco más, unos cuantos milisegundos de acceso prioritario, mas, el cerebro tras esta serie y sus directores, consideraron que la acción podría equipararse con otras investigaciones futuristas, al estilo... no, no lo diré. Ni tampoco haré una referencia o mínimo comentario, a la segunda entrega que nos llegara, apenas, unos elementos replicados o partes del cuerpo clonadas, atrás.
Los Cuerpos, dedicados al exhibicionismo monetario o la podredumbre genérica, han conquistado ya la Tierra dividida entre verdad y post-verdad, entre realidad y virtualidad en las nuevas redes. Como si nuestro cerebro, no alcanzara a desarrollar un pretérito o un nexo de las conexiones eléctricas de unas ovejas soñando con un individual, o idolatrado Minority Report. Es decir, que los que regresan de la vida, se convierten en animales heridos o maltratados, si no poseen un nivel social determinado y en piezas de un ajedrez, donde el peón flirtea con sus majestades o auténticas divinidades. Por cierto, el neo-noir tiene otras perspectivas y sombras angulosas, además de recrear los movimientos detectivescos y las traiciones ocultas dentro de un complejo caso, de personalidades transferibles y almas inexistentes.


El Carbono de los Libros.

El novelista Jack Finney, fue el precursor de esta alienación traspasada a las pieles vegetales de aquellos extraterretres, que venían para invadir nuestra forma de vida y nuestra idea del nacimiento o la clonación física. Sin embargo, las réplicas tendrían aún grandes saltos que ofrecernos con la visita de mundos distópicos y sociedades corruptas, donde los detectives se las tenían que ver, con poderosas entidades de visión universal.
Las acusaciones futuras se borrarían en una inabarcable ´nube` con múltiples puertas de entrada y una salida, la muerte final. Ahora, parece que la nueva tendencia de Altered Carbon, es no poner una fecha fija a dicha terminación...
Mientras en nuestro mundo, incipientemente tecnológico o miniaturizado, nos aterramos con pequeñas conexiones que nos agobian y con las que deformamos la realidad, buscando la satisfacción personal o un interés económico, profesional y social. Algo te suena, ¿verdad?

En este nuevo lugar, cerca de un futuro inalcanzable en progresión, los cuerpos empiezan a no contar demasiado en nuestras sedentarias y aburridas vidas. Quitando posibles mejoras que no destruyan nuestra identidad, como estos policías o detectives (privatizados) dentro de la serie de Netflix y escrita por el novelista londinense Richard K. Morgan. Un antiguo ganador del prestigioso premio Philip K. Dick, que es lógicamente, una referencia imprescindible en el desarrollo congénito de esta historia de ciencia-ficción, donde los hombres y otros dioses novedosos, cohabitan y se estrechan las neuronas, en un espacio virtual o un espacio para poderosos.
Donde el Día de los Muertos, transforma a los fantasmas o cocos infantiles, en verdaderos navegantes del tiempo. Para quién suscribe el comentario, el salto hasta alcanzar la estructura romántica y el catálogo de personajes de relatos como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? del año 1968, quedan todavía a años luz de entidad literaria. Pero, es una pequeña acción que renueva las neuronas e impide un amplio letargo a esa oscuridad de la tecnología avanzada.

En la sociedad actual en la que vivimos, y sufrimos normalmente, la libertad parece cada vez más amenazada por esas conexiones con un exterior masificado y desconocido, una nube que atormenta la existencia de los datos privados y las relaciones humanas. Esta protección individual de información personal (entre consciencia o recuerdos) nos conforma y delimita, tanto que podría ser borrada, y quedar silenciados en todos los sentidos. Económicos, intelectuales y familiares.
Así que, la desaparición de una parte de esa información, produciría un agujero negro en nuestra existencia, alterada de igual forma que las moléculas de nuestro cuerpo. Por ello, el agente rescatado para investigar ese pequeño espacio, esos paquetes restringidos de información que son inaccesibles tras la Desaparición, tendrá que formular una respuesta para asegurarse, su propia y condicionada vida. Intentando que fuera lo más libre posible en otro futuro...
Las cantidades maleables sirven para estructurar elementos extraños, hoteles inteligentes, calles donde la publicidad se mete por los ojos y oídos, lenguas lascivas de binarios entretenimientos, juegos de cartas a otro nivel, ráfagas de advertencia y sueños húmedos, algunos demasiado sangrientos o envenenados por bocas a su alrededor.

En manos de cualquier organización interesada en la distorsión de los hechos o las ideologías, grandes hermanos incluidos, produciría hasta la provocación, el silencio o el descrédito de sus rivales. Esto es, como en nuestros ambientes laborales o la práctica en las actuales redes sociales. O incluso, hasta la comisión de algún tipo de delito... tú sabes, Mr. Cruise.
La sociedad, a la vez, tratará de defenderse de tales servicios, de sus reglas digitales y esas manipulaciones indiscriminadas, buscando los culpables, anticipándose al ser posible al problema. Semejante a aquellos crímenes del futuro que se trataban de resolver alargando las manecillas del reloj, hacia el futuro en la novela de K. Dick y su anticipada esquizofrenia delictiva, con Minority Report. Sus curiosos policías y estamentos de control, están aquí, tanto en la adaptación televisiva de Altered Carbon, como en la adaptación fílmica, dirigida por Steven Spielberg. Y más soterrada y narrativamente, sobre la materia orgánica comercializada en esa joya de la corona que conocemos como Blade Runner, o en el entretenido filme de acción futurista, Surrogates de Jonathan Mostow.

Los implantes digitales y administrados sin género, pero con números, es el equivalente dramático a nuestra cuestionable diferenciación de clases, que recuerda a otras películas como el entramado complejo de asesinos en Virtuosity, el poder imaginativo de un deficiente mental en El Cortador del Césped o especialmente, sobre los Strange Days de Kathryn Bigelow. Pero con el todo trasmutado por aquellas pequeñas fracciones del sueño o tiempo vital evanescente, que no necesitaban de una muerte real, sino del borrado material de unos minutos, segundos. Un simple y único deslizamiento Rem, con desconexión neurológica o cognitiva.
Pero los métodos utilizados para ello, chocan sobre una realidad que se transforma en vida o muerte virtual, reiterativa, donde las ideologías revolucionarias se opondrían a la dispersión de los derechos individuales (incluido, la de los asesinos más repulsivos o enfermos), para abarcar una nueva forma de conocimiento y existencia de los seres vivos. Todos los humanos vacilarían dentro de los límites insospechados de Altered Carbon, donde las almas se han transformado en mercancía lapidaria, en alternativa familiar a través de cuerpos o envoltorios sin género ni edad, que se intercambian como las pilas del dorso de una muñeca o desechados como profilácticos usados. En definitiva, la vida despilfarrada en una especie de esclavitud infinita.


La percepción terrorífica.

Aquí en el 2384, los pensamientos son superficiales y clasificados entre distintos niveles sociales, en forma de almacenaje insensible o soporte digital, que se desintegra con un deseo superior. Hasta que una causa o caso, vuelve a activar ese estado letárgico y separado de una nueva realidad temporal, demostrando que muchas ´especies` del futuro, estarán al acecho monetario y vírico, de tu pensamiento. Esta característica no sería tan gratificante o justa como deseábamos... o soñábamos algunos.
Al igual que, en la mente del autor y los cuerpos traslúcidos... de los protagonistas de esta serie fantástica. Protagonizada desde las alturas, por un James Purefoy... de unos 365 años, más o menos, que ha ido en sus trabajos saltando en el tiempo (Mansfield Park, Destino de Caballero, Resident Evil, Salomon Kane, Roma, John Carter, Churchill), manteniendo una línea irregular artísticamente, aunque su dedicación sea absoluta. Sojuzgado por una mexicana de Tabasco, como Martha Higareda (Dueños de la Calle) como conexión latina y romántica, hacia el cadalso o el Olimpo de los terrestres, y la sangre coreana de un Will Yun Lee con familia emigrante y dotes para las artes marciales (Desafío Total, Lobezno Inmortal).

Junto a actores habituales en múltiples productos televisivos, como Dichen Lachman nacida en Katmandú (Nepal) y bipolaridad en todos los poros de sus cuerpos, Kristin Lehman (esposa lasciva y hedonista) que atrae más de una mirada o Chris Conner, el gran Poe didáctico de esta novela recreativa y fugitivo digital dentro del Cuervo Motel, que podría haber dado mucho más juego. Por descontado, el actor norteamericano de origen sueco, Joel Kinnaman como el detective protagonista trasplantado y musculado, Takeshi Kovacs o Elias Ryker, otro extraño caso de doppelganger detectivesco entre épocas, también como rebelde de aquella primera liberación de la conciencia. Un descafeinado Robocop de este siglo, que repartiría obsequios con Tom Hardy en El Niño 44 y se reduciría en aquel paupérrimo Escuadrón Suicida, hasta House of Cards. Volviendo al grano o esa parte irreductible del cuerpo...
Su misión será establecer las coordenadas de un crimen, sin memoria ni testigos oculares, enfundando en la materia orgánica de un policía, que recuerda sus antiguos hábitos de anti-tecnócrata irreverente y espiritual. Oficial caído en una ciudad basada en la letanía fílmica, sobre aquella Los Ángeles de la obra maestra de Ridley Scott y, conmutado a la fuerza como unidad militar especial, después de 250 años de hibernación neurológica o conceptual.

Ahora, nos abduce con tres primeros capítulos (Retorno al Pasado, ¿Ángel o diablo?, y En un Lugar Solitario), provocando nuestra sonrisa cómplice, que será contratado por aquellos a los que deseaba derrocar, otrora. Los loados y relamidos semidioses de la tecnología informática, o un rico aristócrata consentido, Laureas Bancroft por encima del bien y no del mal. Que negocia una investigación al estilo de los Diez Negritos de Agata Christie o el juego de La Huella de Joseph L. Mankiewicz, con este ejemplar alterado al estilo Chinatown, elaborando la praxis de un asesinato sin pistas, o tal vez, ¿suicidio interesado...?
Sin embargo, adaptado a un mundo donde las lupas se han sustituido por ficheros digitales de una red que inunda el espacio vital, evolucionando con los "seres humanos" o vainas pensantes de desecho, demuestra su alternativa con alteraciones sin carbono. Donde otro universo, se visiona por medio de revolucionarios avances nanotecnológicos, que aparecerán con inteligencia artificial en crecimiento y sentimientos recortados. O quizás, la propia madre controladora o matrix, abriéndose camino entre la elección de una píldora o droga con elección de colores, intercediendo de manera metafísica en nuestra realidad. Aquel futuro de diseño, mortalmente desestructurado (y física también), pero condicionado con créditos repulsivos o dudosos pagarés al mejor postor. El Neonoir algo apolillado y la involución recreativa del cliente/jugador.


Marcha Fúnebre... o Narrativa.

No alcanzamos las expectativas levantadas, ni el sexo se reproduce a un ritmo adecuado, ni las conversaciones nos hacen tranquilizar, en esta o mil vidas más. Las ideologías intervienen en esta producción de cuerpos, asincrónicos, como ocurría en aquella fantástica WestWorld, aunque a la inversa, es decir, las mentes o conexiones inteligentes de nueva generación, se incorporan a cuerpos inertes, recuperados tras su defunción material en el mundo real, pero sin ningún tipo de mejora en el rendimiento (salvo algún mecanismo mecánico a prueba) o algún milagro que permitiera una mínima traza de fuerza, casi prometeica o coronada por la deseada inmortalidad.

Así en los siguientes pasos manejados, entre curiosidades virtuales, esta alteración consciente de nuestra imagen pública, nos permite seguir viviendo, independientemente del receptáculo adquirido, la familia integrada o la experiencia acumulada, encapsulada en nuestras neuronas... con los sentimientos, algo no muy demostrable aún. Durante la guerra o el sexo, se transfieren con una imagen falseada o desquiciada, que nos haría iguales a todos, parecidos a monstruos de feria a los que ser vejados o maltratados, tanto psicológica como orgánicamente.
Netflix y sus diferentes directores, empiezan a patinar con objetivas diferencias sobre la autoría de los diferentes capítulos... recrean este mundo distópico, que aburre en muchas ocasiones o disfraza la verdadera intención de la narración detectivesca.
Pasan lentamente, y solo suceden diálogos intrascendentes, sobre familias en mundo adyacentes y privados, que nunca se tocarían... salvo en la muerte. Hasta que se derivan a la exhibición del músculo y las artes marciales, con incremento o derroche de balas de última generación. Personalmente, sobran un poquito.

De igual forma, perdemos un tiempo precioso para conocer más al detalle, algunos espacios virtuales con otras reglas y condicionados por la imposibilidad de entendimiento con la inteligencia orgánica, nuestra naturaleza y su deseo financiero para adquirir el dispositivo vital o una perpetuación de la saga. Que pone como barrera mitológica, una división entre seres corrientes y una especie de deidades digitales o económicas, tras aquel comienzo libertario que se va enrevesando de forma indisciplinada, con algunos rasgos emocionales contrarios a la naturaleza de la raza humana... con la inclusión de clones o inteligencias superiores que aportarían automatismo y dicha esclavitud.
Dios o el ser humano mismo, que se mueve con cierta soberbia creadora y divulgación del castigo, algo disfrazado de una especie de pensamiento fascista, contra los propios de su especie. Mas, no se trata de especismo zoológico, sino simple supervivencia, o ilimitada capacidad de hacer el bien y el mal, sin atisbo de humanidad o permisividad que mantenga un avance sofisticado de nuestra conciencia. Algún día, podría hablar o escribir más, acerca de esto... tal vez.

Las productoras Skydance Television y su socio Mythology Entertainment, apuestan por una guionista, Loreta Kalogridis de Florida y mujer de guionista también, consagrada con algunas utopías asintomáticas y disfuncionales, alteraciones cerebrales que se conservan en una tapadera carbonatada o barrera psicológica, sobre los rescoldos de una sociedad enferma (Shutter Island de Martin Scorsese) e volcada hacia el morbo especulativo (con la pesadilla de Night Watch). Empieza la frustración y los actos sacrificados, en definitiva las acciones extremadamente violentas, que juegan sobre la red de una calificación R, coercitiva o privativa. Debido a su tendencia a la desmesura y la tortura.
Para ello, se rodea de un efectivo Miguel Sapochnik (antes de dirigir a Tom Hanks en una película que se titularía Bios, nunca mejor llevado con el tema actual), que se relacionó con agentes en True Detective II y otros amantes de las artes marciales en Iron Fist. La serie bien rodada en algunos momentos, se ahoga en otros más mundanos y fuerzas especiales del Mal, con capítulos decepcionantes, casi el 3, 4, 5, 6, 7 y parte del 8... donde el mundo natural se estrecha en esa red gráfica que todo lo abarca y modifica, hasta nuestro interés por el camino emprendido en la serie.

Algo que empieza a tomar vida en sus propias cadenas binarias y atención metafísica, para dirigir el futuro de otro tipo de humanidad, más carnal o familiar. Quizá, como esclavos de nuestra tecnología... Hasta el 9, que empezamos a remontar el vuelo, con clonación, elementos diabólicos y la vuelta a los orígenes, a la rebelión o los asuntos de un duro detective en gabardina, sacado de los tiempos más negros del Séptimo Arte. ¡Qué recuerdos!


Cordero alterado... al sacrificio.

Entonces, ¿aueñan los androides con ovejas eléctricas? ¿O nos presentamos como corderos humanos?
La respuesta es compleja, con este mundo socializado digitalmente y la confusión entremezclada en los pensamientos procesados. Esos alterados por diferentes posiciones morales y compuestos, como drogas diseñadas para la distensión del dolor o la propagación de vicios inconfesables. Diríamos que depende del color de la píldora que tomaremos o de las nuevas estratagemas en la comunicación y la esclavitud en nuestras conexiones globalizadas...

La incontinencia que puede llevar a una denigrante asociación con el robo, la violación y el asesinato, es lo oculto tras el aparente fulgor de estas relaciones sociales. Las diferencias económicas y raciales, seguirían siendo los mismos y principales problemas de este futuro (al igual que lo fueron de nuestro pretérito), identificando todas las desviaciones posibles en la convivencia humana con las máquinas. Con elementos manipulados genéticamente y la configuración de un nuevo Panteón Grecolatino.
Deidades sobrevolando sobre nuestras conciencias y cabezas voladoras, como diría David Lynch, otro experto en universos surrealistas o codificados.

Sin embargo, esos momentos vívidos pueden ser lo mejor... escasamente extendidos en el horizonte colectivo, debido posiblemente a algún tope financiero que trataría la AI de manera superficial, recreativa y licenciosamente arbitraria. Diseñada por una especie de senado sensacionalista compuesto por jugadores burlones o dioses de los naipes, que anularían al espectador con prisiones virtuales para el sometimiento psíquico, el miedo martirizado o el borrado de cualquier otro atisbo de humanidad.
A la vez que en el medio fílmico, se comparten asociaciones temporales, en restaurantes callejeros de estilo victoriano y carteles fluorescentes, vidrieras destrozadas tras impactos corporales y vehículos voladores por magnetismo terrestre, sobre una ciudad vertical donde aquella sucia llovizna del futuro, oculta todos los problemas que nos caen desde las alturas.

Mientras los virus informáticos, se comportarían como nosotros, o no. Especies invasoras diseñadas y dispuestas a hacerse con una mayor parte del pastel o de los organismos indefensos, sacrificados en los juegos del poder. Semejante a una transmutación con las células mitocondriales o esas pequeñas moléculas de carbono, que forman parte del todo, en homenaje al científico Stephen Hawking.
Por tanto, en Altered Carbon, las relaciones humanas y los acercamientos emocionales van perdiendo fuerza, a medida que aumenta el sacrificio. Los ataques virales, o divinos, aparecen con la intención de producir elementos distorsionados que profundicen en la división social, sus condiciones vitales o esas raíces estructurales de una sociedad en capa caída. Es decir, condicionando los diferentes estilos de vida y los rasgos emotivos, por una igualdad genérica, que causa la confusión. Tanto entre las capas que dirigen el nuevo mundo, a finales de un siglo XXIV sin fronteras (no XXV como leí en algún artículo), o al contrario, las que van absorbiendo todas las taras posibles y muertes sensacionalistas sin importancia. Porque la muerte es un comercio...

Y contemplando la familia, esa convaleciente prosperidad de especie en peligro, nos transforma desde los cimientos. Somos los rebeldes robóticos de un WestWorld de andar por casa y protegidas por oficinas policiales de control frente a otras fuerzas desproporcionadas e invisibles, los fantasmas de un paraíso digital. Deformados como el pensamiento omnipotente de un dios o creador más terrenal.
Portentosamente, sus dioses tienen también los mismos problemas. Todo gira en torno al dinero, el sexo y el poder, por tanto, las envidias se multiplican frente a la idea filosófica, a pesar de su larga y próspera instancia celeste. Su dominio sobre los pobres mortales, allá abajo, reproduce sus vicios que son, más asquerosamente inconfesables, trastornos asociados al vicio indecente u otras afecciones más graves, como el asesinato, la humillación... el dolor y la mutilación, sin limitaciones éticas ni edades. Esto es, el horror de un Apocalipsis Tomorrow.
Un ojo controlando la debilidad de hombres y mujeres, desmembrando su aparente inteligencia en pedazos inconsistentes del yo, despreciando los cuerpos como envases que contienen moho, infestación o podredumbre; cuando el hedor se ha impregnado ya en su propia esencia, ahora no tan reluciente como el resplandor de su corona.

En el cielo se desarrolla una sociedad paralela, que NO avanza con las últimas revelaciones del director Peter Hoar hacia ese suspense tardío que esperábamos en los albores de la serie (un realizador también conocido por las series Da Vinci´s Demons y Daredevil, entre otras), cuando el detective digital se verá alienado y acosado por entidades más interesadas en el estado nihilista, la mentira política y nuestra llamada ´envidia` universal.
Allí, los enviados se entregan al placer doloroso, a la tortura mental y corporal, como los primogénitos al olvido o el destierro mental, o a una especie de muerte traumática y transgresora con nuestros valores o virtudes humanas. Como dirían en Coco, el ganador dorado de la película de Pixar, nuestro único miedo sería a no ser recordados, tirados como un saco en un basurero emocional o sobre una institución desconocida, más allá de la Tierra de los Muertos. Es decir, para neófitos hispanos y chicanos, la verdadera muerte. Siempre que tras la mente y el cuerpo, existiera ese aura invisible o alma que nos abandonara definitivamente.


El Cuerpo del Delito.

Ya no seremos carne de tu carne, sino todas a la vez. O ninguna, según los bolsillos.
Invariablemente, sobre este Altered Carbon teatral, tanteamos el sentido distópico de la actualidad antropológica y enfermiza de las redes sociales y avances tecnológicos. Los seres humanos están programados virtualmente para acabar en esta nueva y aparente Tierra de falsedades de todo tipo.
En división teogónica, procediendo a distintos niveles metafísicos o sustratos culturales, que alimentar con la violencia. A través del almacenaje de almas perdidas o caídas desde una tortura superior, instaurando descargas establecidas por el poder económico y el miedo a envejecer, a fallecer para siempre... Es decir, ocultado a la vista mortal, esas plataformas de control que nos dirigen, orientan o mortifican hasta el derrumbe.
Es complicado desenredar este crimen y tarda muchísimo. Un caso donde los estereotipos nos engañan o se difuminan como corrientes electromagnéticas en el aire, programados secuencialmente para cumplir una función o papel minúsculo sobre el bonito escenario o la división utópica de la existencia. Esclavizados a una pelea rutinaria, fraternal y sangrantemente eterna, relacionados fríamente por deformidad o configurados nuclearmente para olvidar lo que fuimos, sentimos o vivimos. O no... esta era según mi memoria, la idea primordial. Creo que, éste, ha sido el gran delito.


Por el contrario, el último suspiro nos trae cierta reconciliación, tras navegar por capítulos con rumbo desconocido, sin exhibiciones de producción tecnológica, salvo algunos saltos no tan inmaculados de los genes, con una hija tan alterada que desconocemos prácticamente su significado, exclusivamente la venganza, y una cargante relación familiar de la mujer detective. Sobrevolamos sin atisbar diferencias referenciales o creencias religiosas, más bien un sincretismo silencioso, con puertas a un martirio como arma falsaria o forzosa de una revolución cultural. El protagonista, lo compara sonoramente con el acceso a la sanidad pública en USA. Quizás lo mejor.
Aquí todo el ambiente generado, no es tan luminoso y agradable como mostrara la Literatura. La violencia visual forma parte indivisible de esta nueva sociedad sofisticada y desnaturalizada, tanto que se convierte en una de las principales vertientes a recorrer (o también, puede ser causa de rechazos visuales o narrativos, según el cliente) para adentrarse en la profundidad metafísica de esta serie de Netflix.

Sus escenas de acción, especialmente en el tramo medio, son repetitivas y algo cargantes, desproporcionadas por las múltiples ráfagas que nos acribillan o martirizan, y olvidando que tras la realidad virtual se esconde un universo que, tan solo atisbamos. Se podría haber hablado m´s de la depresión en la población, las drogas de diseño, la sexualidad libre y esa otra violencia transferida al juego prohibido de la economía o los dioses de nuestras carteras. Más que mostrarnos como funda, pudimos ser contemplados como un reciclaje profundo de las mentes. Trastornos superficiales del yo, que empiezan a inclinarse por una manifestación estética que no cumple con las expectativas generadas en aquellos dos primeros capítulos iniciales.
Por tanto, el anfitrión principal es la violencia, así de crudo y estético. La fuerza para lograr un estatus social determinado, entre parejas intercambiables en su sexualidad, la incontrolable violación de los derechos de los menores, indefenso ante el salvajismo o el no castigo. Porque, ellos renacerían con el color del oro, y no olvidaríamos el concepto artístico de la serie, la gastronomía y otros asuntos menores, igualmente interesantes para un aficionado al scifi.

Así, tendremos que avanzar pesadamente, con esta desproporción en algunas escenas de acción, con participaciones que nos desvían del argumento o beneficios artísticos, trasladándose a otros escenarios familiares que se alejan del argumento esencial, la división metafísica, el crimen oculto y su investigación.
Así mismo, sufrimos esta sucesión familiar interminable, identificada por el aburrimiento y un falso existencialismo, nada poético. Cediendo todos los bienes a las debilidades físicas y no al suspense fantástico y policíaco. Son los vicios que deberemos de pagar en Altered Carbon, en paquetes de información genética que no necesitan de una confesión, para hacerse virales. Asistimos al final, a una familia de neuróticos nihilistas o demenciales, simplemente, pequeños monstruos divinos... o acaso los antiguos dioses helenos, no nacían del cosmos y sus leyes universales, de ese mismo caos que representa la serie y sus peones adulterados, sus formas retorcidas, desconocidos... Pues, a veces, sería difícil diferenciar lo de arriba con lo de abajo, y viceversa.

Death.

¿Qué es el Cyberpunk?
Empieza a cargar este año 2384, pasando capítulos con pena pero sin gloria. Tras sufrimientos indecibles, conversaciones inservibles y prostíbulos diseñados por un asesino en serie de barrio obrero. Algunos diálogos infiltrados, que no producen ninguna reacción ni sentimiento, con esos personajes borrosos, semejante a una descarga que no termina de producirse ni ensamblarse correctamente. Con disquisiciones del pasado que tardan en materializarse y otras del futuro, que producen cansancio visual.
Hay que tener fuerza de voluntad para llegar a los dos últimos, donde las cosas y los clones empiezan a emerger de manera ordenada tras nuestra consciencia crítica, secuencialmente argumentada y donde el suspense se empieza a desenredar tras los numerosos nexos innecesarios o desvirtualizados. Pero, el cyberpunk está presente y funciona como motor de la serie o la fuerza de un brazo biónico.

En busca de aquello olvidado, nos prestamos a cualquier acto revolucionario o exaltación de esos valores de igualdad, que no llegan a doblar la esquina de nuestra existencia. Volvemos a lo que vinimos o nos acercamos en el principio de la historia, la alienación sensorial contra la contemplación emocional de la individualidad, o, a esa conexión intelectual dentro de un universo sin leyes o deformado por una inteligencia superior y sacrílega. Algo más cercano a George Orwell o al mismo Philip K. Dick y sus divagaciones restrictivas dentro de una red disociativa o culturalmente violenta, que funcionaría como una cárcel mortal para los protagonistas.
La profundidad metafísica es un simple mito, queda relegada a sus obras universales, o una distanciada imagen de aquella monstruosa, elevada y gigantesca Blade Runner, que evoluciona día tras día... como la sombra de un unicornio.
Las extrañas misiones paralelas, adolecen de la espectacularidad de otro relato de K. Dick llevado al cine, tal que el cerebro espía de Total Recall (la primera claro, dirigida por el holandés errante Paul Verhoeven) y sus imposibles vacaciones en Marte, cada vez más cercanas... el mundo de los compuestos químicos recreativos y las alteraciones de la consciencia en A Scanner Darkly del siempre especial Richard Linklater, que nos retrotraen a otras realidades o personalidades autótrofas... el borrado de la memoria de los próximos investigadores del futuro en otro violento Paycheck y su vuelta a la perspectiva real de John Woo... o los miembros alienados de otra historia corta en Impostor o Infiltrado, dirigida por Gary Fleder (Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto). Todas esas grandes historias, girando en ese mundo distópico y alternativo, que el maestro de Chicago y de la Literatura desarrolló durante la mayoría de su carrera como escritor de ciencia ficción. Por desgracia, tempranamente desaparecido.

Por último, quizás algún día (no muy cercano), hable sobre la continuación ejecutada por el guionista Hampton Fancher y dirigida por Denis Villeneuve, pero, en estos momentos intrascendentes de mi vida, no veo la necesidad de alterar el pasado, ni ofrecer una visión radicalmente distinta del futuro... una pista mutante o variante, sería que las cosas no son siempre igual, ni ciertos cambios necesitan de una explicación coherente o atractiva. Habrá que seguir soñando... hasta el 2049 o la segunda parte de este 2384.
Y, ¿por qué digo en letanía? Pues realmente, porque hay que alejarse de aquellos valores cinematográficos, para introducirse en estos capítulos inservibles, a los que soportar en somnolencia secuencial, que hacen por momentos, estirada y relamida a esta Altered Carbon. Una película o mini-serie de cuatro episodios, hubieran sido lo más práctico... y justo para el espectador.


domingo, 18 de marzo de 2018

Phantom Thread / The Greatest Showman.


Phantom Thread (El Hilo Invisible)

Sí... supuestamente, una película con un hilo fantasma, establecería un candente universo de ocultación, o misterio inaccesible a simple vista. Un lugar donde residen las emociones, los secretos y los miedos.
Donde lo que somos o aquello que deseábamos ser, estaría conectado de manera austera, por ese halo o hecho invisible. Pudiendo ser algo oscuro y fabuloso.

Intervendría en favor de una historia que busca, esencialmente, el entretenimiento, manteniendo en vilo al espectador tras de personajes irreconocibles. Aunque manifestándose a través de alguno, indescriptible en el pasado confuso o polarizado al extremo, otra especie de monstruo que se devora a sí mismo, empezando por la mente.
Por ejemplo, cuando el envoltorio de una ficción cinematográfica, se esconde tras una terrible guerra y la salida a la luz de una sociedad taimada, el lujo se convierte en una medida estereotipada de los deseos y el comportamiento excéntrico. El mundo del puro vicio, actual, es una sombra en aquella especie de encorsetada sociedad.

El resultado de El Hilo Invisible, de Pual Thomas Anderson (There Will Be Blood, Inherent Vice), resulta tan divino como escrupuloso, tan suntuoso como si las hebras estuvieran cosidas por un modista experto en grandes y febriles encargos (digamos un rey de la alta costura visual o narrativa) y cuyos escenarios se retratan excelsos o majestuosos, recargados ante los atónitos espectadores... la mayoría de andar por la calle. Entonces, asomados entre los pulcros telares, se entreverían sus rostros taciturnos ante la soberbia o sobrepasados por el exceso. Tal vez, hasta fatigados.
Cualquier nexo o similitud con anteriores trabajos del director californiano y sus primeras y mejores películas, es tan invisible que, este último Phantom Thread, parece una isla contemplativa en su excitante panorama narrativo. Que no visual, donde los planos destacan por su amplia cobertura dramática y la luz se convierte en el punto de cruz del tejido cinematográfico.

Pero, también las escenas destacan por su contemplación admirativa, esa amplia dilatación en los tiempos de exposición de los distintos personajes, centrándose en las disquisiciones interiores de un notable Daniel Day Lewis, en sus últimas confecciones interpretativas, desmejorado ejemplar de un monstruo inquisitivo o fantasma enfermizo. Semejante a la contemplación de una perfección imperfecta, desmesuradas entre la insignificancia o la relatividad personal, algunos podrían suponer (sin saberlo a ciencia cierta) que las imágenes congeladas, olorosas o aromáticas, estarían rodadas tras el ojo maestro de un tal Sergio Leone, y no, pues parecen reflexiones estiradas, desprovistas de acción. Salvo un duelo interpretativo, prohibido, fuera de lugar y de tiempo.
En cambio, si estudiamos su variopinta cinematografía, comprobaríamos que el ojo de Mr. Anderson, es obtuso en más de una ocasión. Que su mente se entretiene en la excesiva planificación y acercamiento, casi espiando los pensamientos, y que las costuras narrativas, a veces, se dilatan ocasionando pérdida más que desasosiego...

Además, el actor británico Daniel Day Lewis en el interior de sus películas, parece una figura perfeccionada hasta la caricaturización, aunque divague o improvise en ocasiones, se exprese con gran elocuencia o pierda en retóricas elucubraciones privadas y muy personales. Es decir, que aquel hilo invisible, le convierta en un fantasmal personaje, elevado pero, no demasiado convincente. Intentando respirar ante la insinuante y desafiante cámara del realizador. Así que, exuberancia visual, que está claro me desafía, pues el último filme de Mr. Anderson & Mr. Lewis, ha puesto a prueba mis nervios de nuevo, con mi reticencia hacia el mundo de la moda.
Esa resistencia casi metafísica, también, hacia un desarrollo demasiado basado en el psicoanálisis de los escasos personajes, que flotan alrededor de un relato, por otro lado, poco interesante para un servidor. Seguramente, este tema que sirve de motor gráfico y onírico, es el retrato de un creador en las costuras de alto abolengo, que ni entiendo moralmente ni me atrae suficientemente, en el aspecto argumental de sus excentricidades.

El relato, basado en un lejano Balenciaga unido al Reino y no al diseñador español en París o sus fiestas luminosas, no me emociona lo más mínimo; porque me siento desconectado absolutamente con su problemática y el negocio. Si bien, a todos nos guste lo bello y lo perfectamente elaborado o cuidadoso.
En otro orden de cosas, e hilos fantasmales de postín, existe un cierto caos en las manifestaciones de dolor o cariño, de frustración ante la muerte de su protectora, que me descontrolan o me distraen dentro del guion original de Paul Thomas Anderson, estableciendo una conexión poco creíble sobre el complejo de Edipo en edades maduras y reflexivas. Desarrollando a un perfeccionista maniático, desequilibrado emocionalmente, obsesionado con esas medidas en busca de la virtud, sibarita matemático, pensador autodidacta, sadomasoquista ´light`, engreído progresivo, iracundo observador, asexualizado gastrónomo... acosado por un incontrolado recuerdo, adosado a su pecho... esto es, fagocitado personalmente por el recuerdo de una madre. Eso sí, entre retales, más que pañales.

Phantom Thread es brillante, pero pomposa y sibilina, tratando de embaucarte con un tema conflictivo, resaltando la debilidad intelectual ante la belleza supuesta, en la piel de la actriz Vicky Krieps (nacida en Luxemburgo), que haría las veces de cuidadora venenosa y enfermera plañidera. Esta es la decadencia de un artista en pos de esa atracción materna, en una rival femenina e inteligente, que significaría la depravación romántica del dolor y la sexualidad.
Por contra, la hermana es el bastión que mantiene su imperio, hasta que queda eclipsada por esa humildad o frescura, y descubre la esencia de la mujer reivindicativa o libre. Así, se produce el encuentro de la costura con la psicología, plasmadas ambas en los rostros y que significaría una parte de la ciencia neurológica, que tampoco me pone ni excita en demasía. Eso sí, rematada por dos figuras femeninas unidas, protectoras del lazo más visible y personal, hasta que se encaminan hacia la dramatización excesiva y la indulgencia física.

Phantom Thread luce espléndida en pantalla, condicionada por su métrica y la banda sonora de su habitual Jonny Greenwood (Radiohead), condicionada al detalle por esas lujosas habitaciones y confeccionadas imágenes, que esconden aquella enfermedad venenosa. Con una falsedad envolvente que no palpita, sino que acontece sin emoción, deambula estilizada ante un público adormitado o/, distante y resolviendo el misterio de su moralina, sobre la cuidada ambientación y representación del amor enfermizo... desquiciado por su pasado. Por tanto, según el patrón melodramático, el director Anderson ha vuelto a elaborar una de esas historias introspectivas, extenuantes, ralentizadas y, si se me permite, algo pedante, que te hacen sentir sus costuras en algún lugar incómodo de la fisionomía. Aquello incómodo que denota el primer agitamiento sobre la butaca, en exasperación silente, lo definirían.
Bueno, quizás es algo exagerado este comentario y bastante adornado en sus fragmentos críticos; mas, el presente solamente admite que se aburrió de manera soberana y prosopopéyica. Casi manipulado por las delicadas interpretaciones y los movimientos sugerentes de cámara.

Solicito ante los primeros planos y la entereza de sus actrices, algo incómodas en sus papeles, por las expresiones enfáticas y las elipses demagógicas. Por esta subordinación al restablecimiento dedicado del mal, que si bien, está presente en forma de sexualidad, es de una manera espiritual o diríamos fantasmal. Ciertamente incomprensible como un complejo visceral o la sangre envenenada.
Es notorio que el filme, reproduce esa peculiar y genuina idea (lo mejor sin duda), que manifestaría los deseos o miedos del protagonista, escondidos bajo la tela, como su magia con las agujas, el ojo con las medidas o la manifestación de sus emociones.
Todos pasean su palmito de forma palpable ante tal exhibición visual, en un desfile de egos que no me apasiona retóricamente, ni me siento representado formalmente, por tanto, mi mente se distancia del cosmos distante, dictatorial y enormemente frío. Tampoco diría que decepcionante, porque no se aproxima a mi perspectiva narrativa o mis preferencias cinematográficas. En conclusión, El Hilo Invisible es un tejido interesante, que viene con extraños pespuntes de psicología casi suicida, con máscaras resaltadas de tragedia griega y silencios rotundos, solamente alterados por los ataques repentinos de ira y frustración del protagonista.

No me acabo de creer su romanticismo lírico y la atracción entre la pareja protagonista, ni la fatalidad de esta parafernalia descrita dentro de un masoquismo elitista. Me resulta incómodo y semejante a un prêt-á-porter de andar por casa. Vamos que me interesa más, aquel hilo fantasma que la base pasión-odio-familia, aunque los atractivos mensajes ocultos, a alguien leí la influencia en su cine del Hongo de la Muerte, se desvirtualicen en realidad, o no se juegue con ellos para fomentar el suspense y un lado manipulador o depresivo. Por tanto, otro de esos bellos trabajos de Paul Thomas Anderson, que no estarán en la lista de mis destacados, considerando un condimento envenenado por el lujo excesivo y ese perdón maternal con final feliz. Por tanto, fueron felices, y comieron per... tortilla de espárragos! Colorín colorado este cuento se ha descosido... mejor un bocata de jamón y un buen tiroteo al estilo Leone. The End.

The Greatest Showman.

Entre aquel monstruo, y estos tan simpático y cantarines... existe una eternidad.
Por supuesto, The Greatest Showman y sus seres deformes, casi diría folclóricos y cercanos, está en las antípodas de aquel otro hilo anterior, enclaustrado en la soberbia y condicionado en la mente de un hombre-monstruo.

Y no sólo por que en esta adaptación de Broadway colorista y rítmica, esté protagonizada e interpretada por el actor australiano Hugh Jackman, divertido y eufórico en su entonación a la platea, sino por su ambientación y oficio. También, porque está dirigida por Michael Gracey en su primera producción y sueño cinematográfico, y se dirige a la búsqueda del éxito o la perfección, desde la igualdad y la humanidad colectiva, que se hallaría bajo los hilos rematados de una gran carpa circense, alejada del tufillo del lujo clasista y aquella moda más elitista.
Desde los focos de la marginalidad, nos balanceamos por la practicidad narrativa y las deslumbrantes focos de la amistad, en un gran teatro que vuelve a la vida, o más bien renace, tras aquellos míticos musicales de Broadway.

Los que nos visitaron a través de la gran pantalla del cine, desde aquellas representaciones infantiles de los primeros tiempos como My Fair Lady, Annie o Sonrisas y Lágrimas, hasta las magníficas representaciones visuales y narrativas, que nos ofrecieron en los setenta Hair, Jesucristo Superstar y Chicago; pero primordialmente, los increíbles mundos que retrataron al ritmo de la música obras imprescindibles hoy, como Grease, y mis esenciales All That Jazz o Cabaret. Aquellas con un maestro de ceremonias espectacular, majestuoso, brillante y sincronizado al unísono con su cuerpo de baile y compañeros de escena, desmenuzando las canciones y la banda sonora, dentro del relato, originario de un espectáculo teatral. Aquí elaboradas por el dúo Benj Pasek y Justin Paul, compositores y letristas también del musical La La Land y próximos artículos con acción real de Disney, como un Aladdin y una Blancanieves y los Siete Enanitos.
Los encargados de esta entretenida adaptación a la gran pantalla son su autora Jenny Bicks y el también director Bill Condon (DreamGirls, Mr. Holmes), a los que se acusa de reiterativos en el resultado final y poco creativos, algo ya manifiesto (por otro lado) en el último trabajo La Bella y La Bestia... Pero, como yo no conocía la obra original homónima, pues me da lo mismo la crítica, al no tener acceso material a dicho trabajo.
Ahora, tan sólo recordar que el neoyorquino Bill Condon tiene en pensamiento, nueva versión de La Novia de Frankenstein, junto a Javier Bardem... Palabras mayores y muy delicado territorio, ojo.

De The Greatest Showman, me ha gustado más su irresistible paso de baile, ecléptico en sonidos de jazz, blues y rock, y cargado de color, que el show montado alrededor de la figura del mítico P. T. Barnum y familia. Mucho más que la resabiada expresión del primer hilo fantasma del comentario, y menos que aquellos momentos iniciales de emprendimiento circense. Al lado de ese teatro fijo llamado Barnum & Bailey Circus, de representaciones vivas y coleando, que terminaría con parte de las ilusiones de sus habitantes, pero no con la derrota de las almas de los rescatados por el minucioso emprendedor. Ellos son los triunfadores de esta obra, sus ´distinguidos` afectados.
Acusado de idéntico libreto y la película, este supuesto plagio completo de la obra de Broadway... sin embargo, a pesar de lo evidente, mantiene una historia de crecimiento personal, muy del gusto general, porque representa la eficiencia de una labor determinante y además, el rescate de aquellos individuos que resultan maltratados por la sociedad y silenciados por sus familias... Como los verdaderos hombres y mujeres elefantes.

Nos retrotrae a esas historias imborrables de la Literatura, tratadas a golpe de batuta castigadora o otros relatos de personajes imprescindibles de la Humanidad, por su carácter resiliente y filantrópico, tan dedicados a su crecimiento individual o familiar, como al rescate de los desfavorecidos o despreciados por su aspecto físico. Que diría Mr. Beast, de esta gran coalición humanitaria, ya representada por el australiano Gastón, mirando realmente al interior... Todos somos humanos en apariencia, salvo en determinados rincones oscuros de nuestro cerebro.
Además, The Greatest Showman nos cuenta la vida del creador universal, el Barnum mitológico de ese Mayor Espectáculo del Mundo, que pregonase Charlton Heston y James Stewart, en las botas y fusta de Cecil B. DeMille. Un pista de pasiones del recuerdo, ahora animado por otros magníficos números (alguno determinado, demasiado nervioso, eso sí), junto a las expresiones pacíficas, del igualitarismo a coro, las opiniones personales de una especie de mago visual del entretenimiento familiar en el siglo XIX, ¡qué lejano ya! Sus dudas y miedos, las voluntades manipuladas, la concordia alcohólica y utópica, o la devastación de la crítica y los debilitados corrientes, intelectual o emocionalmente. Los que no ven más allá de sus puños y la violencia intrínseca.

El director novel, que parece preparar una adaptación cinematográfica de la serie japonesa de animación Naruto y un curioso biopic sobre Elton John titulado previsiblemente "Rocketman" como su mítica canción, ha demostrado que una adaptación cinematográfica sobre un musical, no tiene fronteras, ni tiene porqué resultar cansina o anodina a la fuerza. A pesar que, reconozco y respeto a algunas personas a mi alrededor a los que no les causa ninguna gracia, estas obras cargadas de ritmo, o se aburren ante luminosas coreografías y canciones... Vamos que, definitivamente, prefiero el carácter alegre y la diversión de este tipo de Shows o espectáculos en vivo, a las cerradas o psicológicas interpretaciones de la personalidad, introspectivas y recalcitrantes. Para gustos los colores, nunca mejor anunciado y presentado en este ámbito profesional...
¡Damas y Caballeros, bienvenidos al apasionante mundo del Circo! Antes de ser reconocido universalmente, como el Ringling Brothers and Barnum & Bailey Circus. ¡Entren y vean! Si no, Ustedes se lo perderán... y no disfrutarán.
The Greatest Showman, representa a aquel hombre brillante que convirtió un Museo de Ciencias Naturales, casi muertas, en un cálido hogar. Que deseó alcanzar las estrellas mediante un trapecio (de Charity) y el amor en los rizos dorados encarnados por la actriz Michelle Williams. Esperando en convertirse en la bestia, musical, Janis Joplin.

Tocar el sueño luminoso a cualquier coste, demasiado al parecer, pero que tendría que volver a sus orígenes para gritarlo al frente y perseguirlo sin desfallecimiento, uniendo los suyos (sueños) a las sonrisas de los espectadores y sus queridos niños, en una nueva era del entretenimiento para todos los públicos. Para ello, rescató del anonimato y la negación, a aquellos "seres", humanos diferentes al resto en el aspecto y nombrados como frikis... o miserablemente monstruos, por los supuestos inteligentes, apuestos, apolíneos, fuertes o completos en la fachada, en sus cuentas bancarias o las penumbras podridas de su corazón.
Mr. Barnum, creador de ilusiones, debió ofrecer lo mejor de sí mismo (y de sus amigos), encabezados por Zac Efron y Rebecca Ferguson (La Chica del Tren, Life), más un grupo de ágiles estrellas, interpretadas por Zendaya, Sam Humphrey y la humana barbuda Keala Settle. Fuerzas de la naturaleza, no solamente para ayudar a alcanzar el éxito personal y económico, sino para olvidar un falso nombre, un amor ficticio. Y ese nexo injusto, entre alta sociedad de la ciudad de New York en la segunda mitad del XIX y los nuevos ciudadanos modernos.

Algo diferencial de ambos universos, lo vemos en la cuidada ambientación de la época y las calles reflejadas, más que sobre los números representados con demasiada repetición de enfoques o la exageración de algunos movimientos coreografiados. Enfáticos y espectaculares, sin duda.
Lo mejor, por descontado, la música entonada por los propios protagonistas y su esfuerzo vocal, y el saberse rodear de esta gran familia.
Cada uno encaja a la perfección, tanto en el hogar como en su oficio, al sobreponerse a la distancia, a los insultos y actos violentos, a debilidades y frustraciones amorosas... siempre con ese espíritu emprendedor que abandona los momentos más oscuros, para abrirnos de par en par, el telón de los sueños ejemplares, con una sonrisa de niño. ¿Recuerdas cuándo acudías al circo, con tus hermanos y padres de la mano...? Pues, eso.

Transformarse en el Gran Showman de cara al público, es un reencuentro con el dulce educador de puertas para adentro, divertido y dinámico bailarín, peculiar parlanchín bebedor, guía y voz de los miserables, de pingüinos relegados, arrojado héroe de los singulares hombres y mujeres X, en definitiva, apuesto entre los distintos, volviendo de las cenizas y los cánceres más destructores de la sociedad. Es el actor sobre la tarima de los sueños, la figura primordial del espectáculo, The Great Showman es un presentador multipistas, padre de familia, en el recuerdo de los norteamericanos más ancianos y las fieras olvidadas, retirado y mirando un pequeño ballet. Dramáticamente alegre como un principiante enamorado, rotundo como un lobo estepario contra la marginalidad social, Mr. Barnum formará parte de este Mr. Jackman maravilloso, lleno de ritmo, amistad y la fuerza de su timbre, que compagina envidiablemente con escenas románticas y la fuerza de aquellos hombres de acción cinematográfica más devastadores, al estilo Logan.
En su debe, que la película prácticamente olvida las vidas paralelas, de sus protagonistas diferenciales... una pena.

Ambas historias contemplan diferencias enormes, tan radicalmente opuestas como un producto dirigido a estudiosos de lo enfermizo y los seguidores del mundo de la moda... esnobs emigrados contra emigrantes hechos a sí mismos, en una historia de superación, amor y recuperación de los valores olvidados por una sociedad que da la espalda y vulcaniza el mundo de Oz, el lugar de los sueños imposibles. Sin fronteras, ni pespuntes interesados.
Tú puedes creerlo, o no. Tú puedes acercarte a la luz de los focos y las bambalinas, a la efigie tras la barba impúdica que desprende este obra musical original de Broadway, o quedar con la amargura venenosa de una relación enferma y opresora... Algunos nos diferenciamos y emergemos con fuerza, nos quedamos con esos primeros luchadores antes de la fama y el dinero, con las costuras de una carpa y los vestidos de brillos o lentejuelas baratas, con las letras de sus canciones que llegan al corazón de las fieras, las coreografías acrobáticas y desafiantes, reiterativas y movidas en exceso tal vez, pero vistosas al mando de su batuta Mr. Hugh Jackman. Grandes bailes y sonrisas, inundan la compañía de este Greatest Showman y sus entrañables "criaturas".

Seres humanos con las mismas dotes, o mejores, iguales exigencias de vida que cualquier otro, por muy estirado, envidiable y complicado que fuera, de costuras para adentro, simpares y desnudas ilusiones... frente al escenario de los sueños.
Y sino, que se lo pregunten a aquella entrañable y divertida criatura, que llamaron El Jovencito Frankenstein... y sus divertidos monstruos, Mel Gibson y el recordado Gene Wilder, a la criatura de Peter Boyle, a Teri Garr y Madeline Kahn, a los diferentes Cloris Leachman y Marty Feldman, y al siempre admirado Gene Hackman.
... Recordando que, sin diferencia, no existiríamos.

Hugh Jackman, singing...


Tráiler Tourism Australia: Dundee - The Son of a Legend Returns Home, de Steve Rogers.



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