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sábado, 5 de agosto de 2017

Alien Covenant.



Megalomanía en AI y la mente depredadora.


Hace mucho, mucho tiempo. Bueno, bastantes lunas atrás. Esto es, espacio.
Un viaje extenso, pero aparentemente calmo, se transformó de la noche a... la noche, en pesadilla cósmica. Todo comenzaría con un sorprendente despertar más allá de los sueños, más allá de toda lógica binaria. El tiempo detenido, congelado, empezaría a contar de ahí en adelante, hacia una etapa de oscuridad, gritos y sangre.
Aunque, como expresara el profesor Albert Einstein con espacial acierto, el tiempo es relativo. Al igual que sería la naturaleza o la vida, cuando las sensaciones que te devuelve la música son particulares para cada oído, humano o sintético...


Y bien que lo sería, dependiendo del punto de vista y el desarrollo de la ciencia. Por ejemplo, para un británico hacedor de historias fantásticas llamado Ridley Scott y su grupo colaborador de hombres y mujeres, ese despertar se propagaría como un comienzo histórico. La película Alien relanzaría sus carreras, meditando sobre una odisea espacial, más bien, pesadilla evolucionista. Una propuesta diferente sobre el desarrollo y reproducción de una nueva forma de vida, con la contemplación (o parte de ella) de un elemento nervudo y óseo, de aspecto e instinto depredador.
Un ser antediluviano, resiliente, indomable... alienígena, o no, más cercano a lo que imaginábamos o deseábamos, que regresaría para recorrer el espacio profundo a bordo de la nave Nostromo, y una intención en su mirada insondable. Ir tras una tripulación de siete más el gato, rastrear su carne y esencia, como lo harían los viejos dinosaurios antes del pétreo destino llegado desde el cielo. Del lugar, donde la semilla se introdujo en aquella nave.

Claro, Alien fue ese octavo pasajero, la octava maravilla entre simios evolucionados (sin contar a sigilosas mascotas), llegaría oculto en aquel año de 1979 a las pantallas del mundo conocido. Su impenetrable imagen, impactó a una generación de aficionados al cine de ciencia ficción, recalcando que el futuro se extendía desde aquella sala a oscuras, hasta la negritud insondable del espacio en un lejano 2122, aún. O lo que es lo mismo, tiempo o espacio después de que otros cargueros espaciales cruzaran el cosmos, en busca de planetas adecuados a los que transformar para la habitabilidad de los seres humanos y la explotación de sus materias primas o riquezas naturales.
Gracias... o no tanto, a aquella archifamosa empresa Weyland y su creativo padre, interpretado por Guy Pearce, que plantea los instantes más significativos con su atmósfera neutra, metafísica y privilegiada de los minutos iniciales. En el comienzo, el argumento se presenta similar a otros grandes monopolios comerciales de la ciencia ficción... ¿imaginen cuáles? Hay un puñado de experiencias semejantes e ilegales en el pasado, que avanzan el futuro. Su mente es la encargada de manipular datos vitales, mentir y dedicar ingentes cantidades de recursos y dinero, para enviar partidas de colonos allá, a lo desconocido.
Por supuesto, sin demostrar demasiado interés por la vida, de acá... ni la de aquellos exploradores infinitesimales y sus familias.

Llegó la hora de la reentrada... durante el habitual y monótono siseo electrónico, un zumbido o gorjeo mecánico, en modo secuencial y programado, produce una indicación inesperada.
Tal y como ocurriría en diferentes etapas de nuestro futuro cinematográfico, iría despertando a la sugerente tripulación de actores y aquella historia iniciática, gobernada por un cerebro con dispersas evoluciones y sangre color de la horchata.
Madre y el grupo de siete astronautas, técnicos especializados (que no preparados para el sacrificio), se reunirían en torno a la mesa, encabezados por una valerosa teniente y piloto comercial conocida desde entonces, como Ripley. También compondría uno de los repartos más recordados en la historia del Séptimo Arte, ya que al mando decidido de aquella joven, deberían enfrentarse a un desceso infernal a las fauces más temibles y desconocidas, de éste y el otro lado del universo navegado... hasta hoy. Mañana mejor dicho, perdón.

Un espacio vacío, sin gritos o ecos profundos, encorsetado y asfixiante. Estático, para que Ridley Scott lo comprimiera con su cámara, más si cabe, soñando sus pasillos metálicos y su doble fondo, en distintos niveles de magnífico suspense y gotas de sudor frío o sulfurosas.
Las formas estarían cubiertas de brumas artificiales y chirridos, de óxido y desgarros guturales, para recrear un infierno que serviría para redefinir el terror más animal y salvaje. Un demonio oscuro, que escondía su aspecto depredador y se abría paso a través de aquel ojo con visión cristalina, hacia un horizonte temporal que deseaba aproximarse a la faceta humana, hacerla suya. La criatura que establecería los resortes de una cacería, tal como lo hicieron nuestros antepasados, y tan solo unos años antes de la aparición de un Depredador y el luchador Arnold Swarzenegger, para disputarse la adquisición de trofeos y la supervivencia. Por ende, la supremacía sobre aquellos malditos extraterrestres tecnócratas, de mandíbulas batientes y dominadores de conocimientos avanzados.


Sin embargo, este terror impactante y ultra-violento, casi hubiera pasado desapercibido a no ser por la estructura estelar que nos invadió con sorpresa y admiración. Antes de los gratos momentos de un fantástico suspense narrativo, así como por la ocultación adulta de aquella vital y terrible especie diseñada para despedazar. Luego, sabríamos que indican restos biológicos semejantes a los de la era Jurásica.
Algo cartilaginoso y excretor, recubierto de mucosidad y mucha mala baba, que continuaría creciendo en el interior de un alma caída en desgracia y que amenazara el equilibrio de los seres humanos en cualquier superficie y rincón del espacio. Si bien desconocemos su interés universal para la ciencia y sus raíces etimológicas o su origen, detenerlo por todos los medios e inteligencias artificiales. Hasta ahora, hasta la apertura de nuestra conciencia... y la mirada a un pretérito imperfecto.


Hoy, 38 después de aquel comienzo silencioso y aquella marejada visceral posterior, se abre la semilla del mal, mientras esta fecha futurible nos queda más cerca... apenas a una generación de distancia, cuando nos hallamos en pleno proceso de involución en la Tierra.
Por tanto, en un posible cambio coyuntural y tecnológico, las medidas de seguridad que los científicos actuales tendrían que plantearse, serían: establecer un posible choque con especies peligrosas e invasoras, o incluso, más avanzadas tecnológicamente. Con la misión de impedir algún tipo de contagio herético, genético y puro, o una verdadera invasión programada que atacara nuestra privacidad o realidad interior, nuestras entrañas filosóficas.
Vamos, que no te inoculen ningún gusano devorador de carne o bichejo risueño que se abriera paso a través de un estallido en tu pecho.

Sino... ¡ya puedes empezar a rezar! No servirá de mucho, pues, como te dijeron a finales de aquellos maravillosos ochenta, tus gritos no serán escuchados en el espacio. Y con un xenomorfo en camino, seguramente las creencias religiosas, las distancias políticas, la apertura de horizontes, se suplantarían por simple y pura supervivencia. Otro tipo de fe mucho más peligrosa y salvaje. Mas primero, vayamos al grano, al bicho y a la nave Covenant... a Michael Fassbender.


Alien: Covenant.


De hecho, 37 aniversarios no es nada, porque quedarían exactamente 105 años para arribar a otra superficie planetaria a la que terraformar con éxito. En cambio, encuentros con el esqueleto petrificado de un gran Jinete y la fecha de la primera incursión en el planeta LV algo, es más cercana en nuestras vidas reales. Un lugar inhóspito, pero sorprendente, con un clima y un aspecto, más o menos agradable. A pesar de las tormentas y los enormes espacios verdes para que correteen los pequeños colonizadores, incluso, fértil. Por consguiente, la vida podría evolucionar, a no ser que aquella nave alienígena se encargara de plantar los huevos accidentados de la discordia, en algún lugar húmedo y recóndito... ¡Ojo a tu espalda!
Otra vez, esas sensaciones, ese hormigueo en la espina dorsal, que echábamos de menos.

Las decisiones impersonales de Madre evidencia, con su deseo establecido y coordinado, la exploración de otras fronteras y posibles formas de vida, aunque los espectadores ya lo sabemos. La presencia de un cyborg, no pronostica un ente divisorio entre programación y conciencia, en cambio, establece unos primeros minutos de calidad biométrica. El resto de la tripulación, ya pueden ser quince, o cien, no se distingue de otras masacres fílmicas, no impacta ni se queda en nuestra retina.
Solamente avanza hacia otra misión, diseñada por el jefe de la empresa número uno en creación de nuevos mundos, fértiles y habitables. La conciencia de un explotador y sus dudas existenciales, se pierde como lágrimas en la lluvia, ante el sincretismo robótico.

Ciertamente sus ejemplos atemporales poseen un dominio comercial y despiadado, que deriva en algo inalcanzable, intangible... indivisible o no. Ambos con su batuta bicéfala, se encuentran en la nada, al mando de un grupo sorprendido (también por su inconsistencia narrativa), despiertos del descanso no eterno. Sin saber que hay, allá abajo, en el profundo averno natural e ilógico. Tan imposible de descifrar como elaborar una obra maestra, o componer una sinfonía perfecta, que te ataca y sobresalta por las noches. La idea desería estar perdido en el silencio mortecino y regresar a la vida como monstruo, como fantasma de una ópera futurista. O tal vez, una pesadilla existencial...
El caso de esos durmientes de Covenant, es caótico. No establece los códigos necesarios para abrir una puerta al escepticismo o la crítica filosófica, por que su trascendental labor deriva en simple paseo hacia la Muerte, al pecaminoso principio de Todo o el Paraíso Perdido, con su delicada posición de inferioridad ante los nuevos dioses. Sin embargo, todo sería demasiado perfecto, una obra de arte maquinada con curiosidad, un poema idílico leído ante una inteligencia autosuficiente.

A bordo, de nuevo, desciende partido al igual que su corazón pretérito, gemero y unificado en una idea replanteada, conflictiva para el devenir del valioso cargamento criogénico y ético. Y ni siquiera, todavía han aparecido.
Pero la doble personalidad, singularidad, poco emparentaría cinematográficamente hablando, con aquella notable tripulación de actores que descubrimos. Un ideal western compuesto por siete jinetes magníficos, ante la Muerte, con el gigante bonachón Yaphet Kotto, la asustadiza Veronica Cartwright, el informal Harry Dean Stanton, el paciente Tom Skerrit, el admirado John Hurt que en paz descanse, o el imprevisiblemente frío, esta vez, Ian Holm... y la auténtica jefa, Sigourney Weaver, en el papel de esa infatigable teniente Ellen Ripley, antes de ser violada, muerta y resucitada. Por tanto, a aguantarse amigos, con el equipo en cuestión, con la evolución visual y ética narrativa, la estética dentro de esta nueva entrega. Sobreponerse a esta caída a los infiernos, condicionada por la mente de Ridley Scott, sobre las maravillosas tierras de Australia y los parques naturales de Nueva Zelanda.

División, Alien 8: Nostromus vs. Alien: Convenant.

No todo es malo... toda obra que aspira a la perfección tiene instantes para el recuerdo. De esta manera, puede implosionar y lanzar pequeñas partículas que crecerán individualmente en consistencia. Llevamos dos entregas desde la aparición de la duda, de aquel maldito Prometeo y su novedosa teoría creacionista, proveniente de las entrañas de un Ser Superior o bestia todopoderosa. La vida de ámbito universal y científico, se abría paso, emparentada con el origen y nuestra evolución de las especies, del nacimiento de la criatura en regueros maleables, lejos de nuestra atmósfera terrestre, cerca del paraíso y el averno ígneo.
Por ello, significa la vuelta a aquellos orígenes, con un pasado plagado de sustos en recovecos o compartimientos numerados, describiendo una elipse casi cerrada. Fue otro descenso al infierno dantesco, lo que depertó al hijo de la bestia, al hito imaginativo de los ochenta, aquí y ahora, en el acontecer de ayer. Volveremos a observar esos encontronazos provocados por la sugestión de cada espectador y su capacidad para descifrar los sueños... o las pesadillas, siempre que el deseo del Creador se manifieste tarde o temprano. Como la idea de Mr. Michael Fassbender y su proyecto en la sombra, a sus espaldas. ¿O no es verdad, que un líder debe proteger a sus súbditos, o compañeros...?


Algo planificado, condicionado por otra inteligencia, que no desdibuje el destino de la raza y trate a sus 15 como carne sin ojos ni cerebro. O sí... el espejo te devuelve la imagen con todos los defectos pretéritos. Pilotando desde la cabina, al lado de un definido Mr. Scott, se siguen las indicaciones de los guionistas, Jack Paglen (Trascendence) y Ronald Shusett (Linterna Verde), más un habitual en sus filmes como el escritor de Chicago, John Logan, produciendo un desajuste en los circuitos o distorsión emocional. Esta vez, el californiano Logan y sus divergentes ideas, está acorde con otras cintas controvertidas artísticamente y aciertos, como Un Domingo Cualquiera, Gladiator, La Máquina del Tiempo, Star Treck Némesis, El Último Samurái, El Aviador o Swenney Todd. Algunas interesantes y otras, irascibles para cualquier crítico viajero del futuro.
También visualmente, confundidas en determinadas tomas y luchas frenéticas, conversaciones privadas sin demasiada relatividad o importancia y difuminadas escenas de acción en superficie. Aunque sus textos sean decididos, a establecer un nuevo signo para la Humanidad, con la posibilidad de un primer encuentro extraterrestre. Abrazarse hasta confundirse en un orgasmo ácido, tal que la sangre corrompida en el óxido metálico del espacio, pero sin H.R. Giger. Por ende, la propagación de aquellos endiablados bichos de nuestro pretérito cinéfilo, con su lenguaje no estructurado, gutural, estridente, y su ceño fruncido al estilo cretácico cárnico de la era Mesozoica, poseen mucha peor sangre, si cabe...

Para ello, deberíamos contar con el arte Séptimo, u octavo viajero resistente a la cuestión económica y la era digital. Cuando Scott establece el conjunto variable, con nuevos rostros que se pierden en la bruma y la doble personalidad robótica, algo cuestionable, pues la lucha queda incompleta ante el interés de un maestro de ceremonias, que ejercería de Doc Frankenstein en un acto glorioso y épico. Mejor concebido y expresado, un ´master of puppets` de la próxima generación de depredadores y guía de nuestros sacrificios pretéritos, que no olvida las cuerdas de la música que toca.
Sus veinte dedos, empiezan una batalla psicológica entre Nos, (no Nostromo sino Covenant), que es la odisea más indescriptible. Marcando el comienzo de la generación dormida o el nacimiento del Monstruo, como un Darwin siniestro con distinta teoría antropológica y, ciertos abcesos de dictador megalómano en su mente. Otro clonado que cambia nuestras dudas metafísicas por certezas, ya consabidas en aquel vacío y caliente futuro, con graves consecuencias o efectos mortíferos para nuestro ´body`. Cuerpo que se han de comer estos gusanos... sino que se lo pregunten al pasaje de la reciente Life.

Covenant, posee un motor potente, una carrocería brillante, digital y naturalista. Con un significado oculto, paralelo a nuestra propia naturaleza destructiva, o necesidad para expandir la simiente sagrada, describiendo ese círculo que engendraría la noción de un Dios irascible con nuestros pecados originales, en un Ser vengativo e inmisericorde. Concepciones del hombre y la naturaleza divina, la forma del creador ambivalente, entre Bien y el Mal puro.
La metafísica dio un salto mortal con Prometheus, e impactó en la superficie. Incorporar la idea de ese dios primigenio o hacedor de especies diferentes, era necesario, sufrible en estructuras incomprensibles para nuestra inteligencia y de variables perspectivas vitales, que crearon el caos. Presas y depredadores, unificados como siempre, dispuestos a una batalla ancestral. Pero guiados por una mano todopoderosa, como imagen de la amenaza más intropectiva del hombre, y sus dos caras.
Hoy esa síntesis reproductiva, se separa de la natural división celular y la evolución biológica de libre albedrío, hacia una concepción más herética y genética. Un tema sugerente, condicionado y peligroso, sobre todo, si la inteligencia artificial que pretende su expansión está comprendida entre dos mentes o concepciones tan parecidas, dios y diablo. Enfrentadas en el espejo neuronal y físico, una lucha irascible entre dos Michael Fassbender... con diferentes rasgos antropológicos, sintéticos. La idea de conservación de lo establecido y otra, la ambición acariciando ese cambio deseado o el poder de un cataclismo ideológico.

Luego, antes de llegar a esta lucha intersticia o fraticida, poco divertida fílmicamente, veremos la interpretación física de ese pasado. Es otro intervalo temporal que nos retrotrae a etapas de colonización o episodios de, esa cuestionable y cara terraformación, comenzada en mundos lejanos, apartados de nuestro sistema solar. Por supuesto, eso nos llevaría a replantearnos ciertas cuestiones en la navegación, si bien... no hay espacio ni tiempo.
Ni necesidad, de establecer diferencias con los medios acertados o no, pues la producción digital contra los menos avanzados tecnológicamente, produce un salto demasiado inestable para ser evaluado. Los procesos que se realizaron a finales de los setenta y mediados de los ochenta, con Alien y su segunda avanzadilla bélica Aliens, son mis preferidos. Aquí son más filosóficos y sintéticos, digitalizados y por tanto, menos divertidos.
En consecuencia, la angustia de aquellos largos estancamientos espaciales, explosiones en el vacío, motores y rugidos agonizantes, fue perdiendo su atmósfera asfixiante y estructura concreta, ya que el agobio físico ha ido ascendiendo a otras esferas cíclicas y prosopopéyicas, como sería la duda metafísica y el pensamiento religioso. El que define el mundo en dos planos espirituales que reflejan la perspectiva existencialista del hombre y la ética de la ciencia ficción. Hechos basados en teorías imaginativas o antiguos escritos de nuestra memoria. Como este famoso descenso a los infiernos de Dante, como en aquellas otras ocasiones filmadas del pecado original, con seres que despedazan a los condenados. Malditos xenomorfos, fieles al Satanás, Fassbender.

La Tripulación Maldita y el caldo de cultivo.

En la realidad del 2104, cerca de 75 años antes de que Ripley visitara el planeta Origae-6 y sus instalaciones deshumanizadas, la historia se repite como en 2122, dando un salto mortal hacia atrás en aquel viaje interrumpido de la Nostromo.
Trayendo noticias de un nuevo amanecer, desdibujado por las personalidades infaustas, desde el protagonismo femenino de una incierta Katherine Waterston (Puro Vicio, Animales Fantásticos) y ese mismo terror evolucionado en probetas, distorsionado por la biomecánica de los tejidos como avanzase Jeunet y los efectos de nueva generación. La inconexa relación con una inteligencia artificial revisada o actualizada, criticando su propia naturaleza con la raza humana y sus deseos expansivos. Los demás, aún más indefinidos y despedazados sin piedad.

Son espejismos en el desierto paradisíaco, podríamos enumerar su orden de aparición y nombres, pero no serviría de nada. Nada comparable a la experiencia del creador protagonista, el otro cerebro que exige las excelencias de un eterno Prometeo, más flexible, efectivo y letal. Un engendro o colonia menos inteligente que su Madre en el Regreso, formado por soldados guiados para colonizar sus huecas entrañas, con instintos primitivos y ferocidad. Son los verdaderos protagonistas preparados para la conquista de nuevos terrenos y cuerpos, menos bucólicos y románticos, que aquel ser reconstruido con desechos humanos, por un tal Víctor F.
Fassbender se convierte en la carne incorrompible ante el espejo, su otro yo, es la imagen que representa nuestro lado incierto, como especie inteligente o no. Su oda reclama ese hueco protagonista, como lo será en otras pesadillas existenciales del futuro... ¡dios mediante!
Hijo de Satán, que estableciera su base creativa en de la famosa isla del doctor Moreau y sus razas de noche, descritas por H.G. Wells, aunque sin descifrar, todavía, sus experimentos siniestros y pretenciosos. Claro está, contra la humanidad.

Padre manda un nuevo comunicado a otra tripulación, perdida en el sueño, que nos recuerda la antigua canción con otro género e intención: Soy protagonista. Recuerda a los actores en aquellas primeras misiones y sus amigos cableados, describiendo una parábola hiperbólica y sangrante, semejante a la de James Franco en Covenant. Pero, sin el significado primigenio de la sorpresa. Configuraciones biológicas interceptadas por un mero comunicado o sonido interno, para próximas visitas inesperadas, que nos recuerdan que sustancialmente, los humanos no somos nada. Sólo una mirada temerosa, una onda perdida en el vacío... tal vez energía nuclear.
La tensión transformada en realidad virutal, la del terror más gore, evidenciando que las condicones para recrear el Mal, con mayúsculas, son semejantes al estilo producido por un salvaje Event Horizon (no tan conceptual), o con la rebeldía de un replicante llevada al extremo. Fassbender nace impoluto y excelso, se esconde y acontece en una sinfonía espacial épica, elaborada por el compositor Jed Kurzel, después de visitar con sus notas, la Australia de Snowtown, los cuentos de The Babadook y la odisea formidable en Slow West.
Posee la capacidad todopoderosa de interpretar y crear crecimiento en otro planeta prohibido, en el pretérito ancestral y la historia bíblica, bajo una tormenta apocalíptica que esconde la semilla del horror. El Octavo Pasajero de un nuevo episodio que cambió nuestra percepción científica, la mente tras las hordas vivientes de muerte que, como había previsto la clásica The Thing, cultivó Orson en oleadas escritas por Wells.

Ajustado en su traje, sin la ropa interior de moda en los ochenta, otro discurso diferente se reproduce, mucho menos dramático en los círculos cercanos... la diligencia y sus ocupantes hacia un destino incierto o la muerte. Que no, en sus percepciones de creador o condicionantes destructivos, dirigiendo el esbozo de un creador de mundos pintados de rojo sangre y cultivando la simiente de nuestros terrores más ocultos. Apretando las delicadas zonas corporales (desdibujadas como dije) y dejando un reguero de episodios terroríficos en un nuevo parque jurásico de nueva generación, con efectos especiales de la empresa BOT Vfx, recordándonos su complicado trabajo tras Harry Potter y Narnia, hasta un Capitán América: Civil War o Guardianes de la Galaxia 2, pasando por revisiones dudosas: Tron, Dredd, Total Recall... y llegando a su parte más sustanciosa en Ant-Man, Animales Fantásticos y Marte.
Nos quedaríamos con las imágenes del descenso y caída natural, de estos viajeros del tiempo, similares a los capitaneados por Charlton Heston en su planeta invadido. El futuro de las razas agarrándose a sus tripas con programados bríos, curiosamente, condicionados para la destrucción de esta especie supuestamente inteligente. Completamente invasora, como la suya.

En los confienes del espacio, una nave se aproxima al destino, con inteligencia diabólica y una serie de armas diseñadas para descubrir constantes vitales en la superficie lejana, que comenzarían una guerra o caza nada piadosa. Hijos de un Dios Menor que no paran de sorprender, en busca de espectadores, huéspedes de otro mundo a los que explotar o colonizar, como aquel pequeño estallido se convirtió en una inmensa fuente iniciática. Para descubrir que dientes o garras, puden sentenciarnos en el próximo y último juicio.
Se vuelven a aferrar a las pesadillas a través de nuestra energía, con transformaciones sin suspense, o fuerzas que podríamos encontrar en los planetas más recónditos e insondables, mañana. De la fría perspectiva del dolor y el fin de los días, hasta los últimos momentos de la película Alien: Covenant, donde la idea de un Mr. Fassbinder poliédrico, transparente, se erige en horizonte infernal. Parecido a un dictador con ínfulas megalíticas y esas maneras de megalómano indescifrable. Pero, con un dedo acusador que apunta desde los confines del universo a nuestra residencia. Donde Covenant significa.... miedo al futuro.

Su camino en esta nueva tierra, se encuentra con estructuras reconocibles de pesadillas, para describir una parábola cósmica de la creación y el mecanismo infinito de auto-destrucción. Sus coordenadas ovíparas establecen otra vuelta de tuerca, donde los hombres son perseguidos por los simios (nada inteligentes a priori) o perros adiestrados por la mano de dios. Cuya simiente permanece adormecida, continuadora de unos terrores intrínsecos, que amenazan con terminar nuestra especie a bocados. Como los dinosaurios frente a sus vegetarianos vecinos, acosaban la carne de especies menos armadas para el choque directo con el músculo y los dientes, una máquina diseñada para nutrirse y multiplicarse exponencialmente. Mientras, las víctimas descubrían tardíamente, que aquel mensaje de auxilio se transformaba en una cacería de proporciones antropológicas y el caos de la razón.
En el futuro pasado, más palabras se perderán en el vacío, más instinto animal se alzará con el control genético y otro cerebro con la apreciación de un dios vengativo. Manteniendo las cámaras hiperbáricas y sus incomprensibles errores de cierre.

Más vidas evolucionadas verán la claridad criogénica y las tormentas épicas que oscurecieron la Nostromo, con aquella violencia intrínseca en las entrañas. Preservando al preciado cargamento del lúgubre destino, que solicitará más almas, más alimento, más sufrimiento. O no serán los nuevos hijos malditos, de un ente superior, caótico y robótico.
En aquel barco navegando a través de las estrellas, las distancias retornarán impensables, en un salto imposible, con nuestra generación a bordo. Recuerda que próximas aventuras hibernadas, tendrán que revisar sus condiciones para la resistencia, que las mentes se abrirán meticulosamente a posibles peligros o pisarán el terreno desconocido con más inteligencia y control. Quizás, como aquellos 7 tripulantes y aquella mascota maulladora cazando a salvo en la Tierra, que no tuvieron más remedio que abrirse, de par en par, a una invasión impresionante y sorprendente. Con un metabolismo preparado para nutrirse y reproducirse, escondiendo un devastador ecosistema con forma de gran colmena y a su reina.

Protegida por Padre, y quizás Madre, las dos caras de un Fassbender que no logra la altura deseada, a través de su obra... por ahora.

Tráiler Blade Runner 2049, de Denis Villeneuve.




Tráiler Phoenix Forgotten, de Justin Barber.


martes, 25 de julio de 2017

George Romero, generación Zombie.

George A. Romero: Independencia Zombie.

Hace medio siglo, que nuestras pesadillas más tenebrosas, se levantaron con ansia devoradora. Un novedoso director daría un nuevo empuje al cine independiente y el riesgo en las producciones cinematográficas, incubando su historia demencial (por entonces) desde el interior infernal de la Tierra. Aunque realmente, el equipo y él mismo, desconocieran las repercusiones infinitas que producirían aquellas imágenes, como tampoco diseñaron las causas exactas de ese proceso involucionista que despertaba de un largo sueño. Es decir, una sorpresa incalculable dentro de un infierno o pesadilla, que no predijo la procedencia de aquel virus destructivo y el vuelco al género de terror.
Gracias al visionario, desde ese otro lado del espejo que todos visitaremos, nos trajo con valentía toda esta locura de la muerte en vida, o la aventura de seguir la estela arriesgada de los pioneros en este nuevo medio. Un arrojo que tantas alegrías y terrores nos ha ido procurando desde la llamada era post-psycho y las evoluciones fílmicas de otro echado para adelante, como las historias del maestro Roger Corman y sus primeros títulos que avecinaban nuevas distopías (como El Día del Fin del Mundo o The Undead) o el respeto a los clásicos y sus coqueteos literarios entre la vida y la muerte. George A. Romero poseía ese espíritu, descanse en paz.

Desde luego, cómo pasa el tiempo... y todavía, apenas nos hemos sentado para el desayuno.
Como aquella pareja en la cama, despertados por unos pasos dirigidos desde la habitación vecina y una jadeante respiración en la penumbra de la puerta. Carne de nuestra carne, abriendo sus ojos a un nuevo Amanecer de los Muertos, recolección de ideas de Mr. George Romero, en la película dirigida por Zack Snyder que mantenía la tensión y seguía sus pasos dubitativos, en procesiones de difuntos y encuentros fortuitos por unos grandes almacenes. Algo desoxidante, porque incluía una cierta dosis de humor consumista en la masacre de borregos sin rumbo, que siempre parece venir bien para desengrasar ante toda la estupidez humana o tensión acumulada entre mordisco y mordisco. En la definitiva involución o juicio final, el gag entre pústulas mal olientes, alaridos de dolor y voladuras de sesos por doquier, se apoderaba del gore más insano. Era otra muestra del cambio dramático, por supuesto, ahora no concibo tanta violencia sin esos instantes de risión incontenible.
La película de Romero, Night of the Living Dead, sería rechazada por todos los estudios importantes. Pero finalmente le llegó el contagio al expositor Walter Reade Teatros con Continental, que osó distribuir y proyectar esta terrible historia en blanco y negro. Repartiendo ganancias con los teatros o salas de exhibición, como ya había arriesgado anteriormente, al rescatar películas europeas como Mon Oncle, Room at the Top y Lord of the Flies. El resultado fue todo un negocio colectivo para ellos, que abriría las puertas independientes a otros valerosos directores como Dennis Hopper y su Easy Ryder, Rush Meyer y John Waters, el genial Cassavetes, o sus propios siguientes proyectos con The Crazies y la estimable Martin.

La Resistencia de los Muertos, sería la suya propia, al mantener su origen sin saber el real significado de la palabra zombi, y apostar por el cine independiente cuando ya había alcanzado cierta gloria y beneficios. El camino zombie tiene estas cosas sorprendentes y viscerales, que transcurren en zig-zag, tambaleándose y acercándose al precipicio del fin sin pensarlo porque, tarde o temprano, se acabarán las viandas.
Desde una productora de nueva creación llamada Image Ten, Romero comenzaría a dar sus primeros balbuceos profesionales con la cámara, algo indecisos por la envergadura del relato y el significado de las imágenes, infundiendo ese novedoso terror en los espectadores de EEUU de la década de los sesenta. Aquel rodaje prácticamente entre colegas de estudios, derribaba las verjas robustas de un cementerio de grandes compañías, se incorporaba a un inaudito camposanto al margen, que marcaría la tendencia del género en el futuro. Con aquel joven director neoyorquino, sin proponérselo apenas, rodando algunas de las secuencias que sugestionarían a varias generaciones de seguidores del terror y cuyo impacto visual ha trascendido a las conciencias de la sociedad norteamericana y el resto del mundo, para siempre.
Convirtiendo una aventura fílmica en una viaje interminable hacia el apocalipsis de la humanidad y el nacimiento del cine independiente moderno, tal como lo conocemos ahora.

Con los pies desollados sobre la Tierra...

Un filme grisáceo como la piel de un cadáver que, mediante una paciencia incesante y numerosas pausas narrativas, trataba el tema de la enfermedad epidemiológica desde un punto de vista nunca visto. Sin hacer referencia a su incubación o su propósito entre nosotros, simplemente, un método metafísico de acción-reacción. El primer episodio de muchos, se llenaría con voracidad biológica y un miedo más ancestral en nuestro interior, pues aquellos seres grises parecían vampiros saliendo de sus tumbas... y no agentes patógenos. Mucho lirismo barroco, a pesar de lo novedoso.
Esos sujetos extraños no tenían nombre, eran mucho menos agresivos que los próximos en aparecer sobre la tela blanca, ya definidos con todo su colorido y frescas texturas abiertas en canal, como muertos vivientes o zombies.
Paseantes que no parecían contaminar aún, el blanco y negro para relajo visual y nuestro deseo de suspense. Sólo parecían una especie de castigo corporal y mental por nuestros pecados pretéritos y detestables errores que se aproximan en nuestra convivencia. Sus almas se sumergieron en las tinieblas de nuestro pensamiento, cada vez más, en un proceso de deshumanización progresivo (aunque no tan prolongado como en el caso de una tal Maggie) y ese deseo incesante por alimentarse, que luego conoceríamos íntegro en su violencia. El esfuerzo de un equipo, en favor de la energía neuronal o el contacto con la saliva, las relaciones sexuales, el aire... ¡qué sabían entonces! Desprendiendo sus fluidos corporales por ahí, podía ser cualquier cosa...

Luego vendría David Cronenberg, erigiéndose como maestro absoluto de la carne y las infecciones biológicas. Ya que, poco tiempo después, una oleada de nuevas patologías sucedían temáticamente y estaban a punto de desenterrar el hacha de guerra entre individuos inteligentes del planeta y aquellos dementes hambrientos. El contagio asesino sería imparable, una enfermedad transmitida que desproveía al afectado individuo (de individual, no de ser humano) de cualquier tipo de pensamiento racional o identidad reconocible. Incluso un mero y ligero sueño, gracias a un soñador. Nuestro Romero, de nuestras pesadillas más inconfesables.
En aquella profundidad terrible, simultáneamente, Down of the Dead en 1978 y especialmente, Day of the Dead en 1985, establecían nuevas reglas en este juego de involución incesante, uniendo al horror, cierto grado de comedia irreverente y un gore indolente. Que, poco a poco, fue acrecentando las salidas de tono con chistes desproporcionados y escenas surrealistas. Comenzarían a llegar historias de Stuart Gordon y su alucinante Re-animator en verde fosforito, las comidas de tarro de Peter Jackson con su Mal Gusto de otro mundo, con Braindead o Mi Madre se ha Comido a tu Perro, que utilizaba el chiste escatológico para olvidar la sangría propuesta por el Zombie italiano de Lucio Fulci. Los primeros giallos estaban dispuestos para la pelea, real o imaginativa, hasta mutaciones de Demonios dentro de la Familia Bava, que sentían los mismos gustos de los muertos vivientes, que no sus movimientos. Por ahora...

Más madera y acción, en un Nueva York Bajo el Terror de los Zombies, que sigue tu leyenda, hoy que marchaste. Diste entrada española a la zombificación de Jorge Grau con la impactante No Profanéis el Sueño de los Muertos, al clasicismo épico de El Último Hombre Vivo o algunas aventuras basadas en el cómic, como Creepshow o El Cementerio Viviente. Al terror familiar de Aquella Casa al Lado del Cementerio o la Life Force extraterrestre, y claro, Fantasmas variantes, alguna Posesión Infernal que otra, caminando en paralelo a nuestros queridos zombies de toda la vida... o muerte mejor dicho. Todo, con un cerebro divertido y muy ochentero.
Otra vuelta de tuerca a la narrativa clásica y el tratamiento del vudú ancestral, se marcaría en La Serpiente y el Arco Iris, de otro recién caído con las botas puestas, Wes Craven. Se arrastraban nuevos aires al decaimiento antropológico o filosófico que, tras la pausa, se abandona a la comedia irreverente, apoderándose de nuevo de las principales pandemias humanas, con gestos de un El Ejército de las Tinieblas, el humor de Terroríficamente muertos y, más recientemente, notables filmes directamente manipulados hacia esa risa de toque brit, a lo Shaun of the Dead. El caso australiano de la interesante Fido, la llegada recreativa de Zombieland de Ruben Fleischer, la variable Memorias de Un Zombie Adolescente, con los extraños episodios de Piratas del Caribe o la cubana Juan de los Muertos. Existen más, pero ya les llegará su turno en el más allá.

Sin embargo, el estallido exacto se alimentaría en esa caja tonta de hacer ´nuevos zombies´. En la televisión se producen los procesos personales sobre invasiones de difuntos vecinos babeantes, igual o más de hambrientos que Homer Simpson. Cuna de una involución embrionaria sobre las infecciones sangrantes que se propagaron a las pantallas de videojuegos en Resident Evil y una serie interminable, que no inagotable.
Aparecen los 28 Días Después y más, de Danny Boyle y Juan Carlos Fresnadillo, el ansia oriental de Versus de Ryoher Kitamura o la reciente Train to Busan. Otra mirada española de éxito internacional, con Rec de J. Balagueró o La Horda más francesa, el comienzo de la contaminación histórica de Soy Leyenda y el seguimiento hollywoodiense con diferentes películas con aspecto a serie B: Truco o Trato, Planet Terror de Robert Rodríguez, La Cabaña en el Bosque, la autodidacta Contracted I y II, o las revisiones ya mencionadas de una nueva Posesión Infernal y El Amanecer de los Muertos de Zack Snyder. Incluso animaciones, como La Novia Cadáver y ParaNorman, incluso podríamos sumar a Jack Skellington o los padres de Coraline.

Cambio de Mentes.

Tu pensamiento Mr. Romero, definía las vías infinitas de la muerte viviente y el futuro filmado del próximo texto de terror. Pues, hasta la llegada de sus muertos vivientes, quiero decir... aquellas apariencias fantasmales o enfermos reumáticos, deficientes en sus capacidades motoras y cargados de instintos viscerales, las condiciones físicas han variado exponencialmente a los tipos de virus. Por ahora, habían atravesado las líneas del océano y las venas, navegando entre la literatura vampírica y ancestral, hacia una entrada al nuevo mundo y al Séptimo Arte. Aquella delimitada procedencia surgida en el temor arraigado en los centro-europeos, y las llagas de la esclavitud o el sincretismo isleño, dejó el ambiente religioso y se centró en algo superior y elevado, el pensamiento y el olor a comida de nuestro energético cerebro. El culto alrededor de la fe se acercó a los fetiches visuales y sanguinarios del alma putrefacta, con comportamientos realmente inaceptables y deseos poco edificantes. Por supuesto, serían el alimento preferido de los nuevos dioses del celuloide horripilante, que no se detienen ante nada, y un cambio de las aptitudes paganas por el dominio mental o las balas dirigidas al hueso occipital.
Empieza a hablarse de una especie de suero de Fierabrás, con aspecto de droga química que inyecta el remedio a los males... pero, ¿se podría curar o devolver a la vida a un trozo de carne apestosa? Es prácticamente imposible con los medios y la investigación médica actual, sólo realizable en las novelas donde el creador resucitaba a los cadáveres convirtiéndoles en monstruos. Esto es, la transformación del hombre en alimaña o bestia, sin ningún tipo de sentimiento reconocible, remordimiento o duda.
Así mismo, se traslada al fotograma la conciencia grupas, cuando comienzan a levantarse nuestras pesadillas existenciales y la muerte impactante camina por la gran pantalla, con demasiada naturalidad para la integridad de la civilización humana. Y todo, gracias a la aparición en 1968 de la cinta de culto por excelencia, Night of the Living Dead y aquel interés metafísico o apocalíptico del director del Bronx, hoy homenajeado en todos los foros cinéfilos. Descanse en paz, George A. Romero.

Había comenzado la siguiente degeneración, degenerativa, la matanza de tu "Texas" particular. Cuando tú, veías dificultades para financiar tus próximas e imaginativas pesadillas existenciales y bromas de mal/buen gusto.
Sí, tan solo cincuenta años de la llegada de los muertos vivientes de George Romero, quiero decir... aquellas apariencias fantasmales o enfermos reumáticos, deficientes en sus capacidades motoras y cargados de instintos viscerales, habían atravesado las líneas del océano, flanqueando el tiempo de los textos literarios clásicos, en una entrada al nuevo mundo del Séptimo Arte. Sólo soñaba con Paradas de Monstruos y meditaba: "... estoy creando un nuevo tipo de monstruo, los vecinos. Los vecinos que vuelven a por ti, cuando ya no quede sitio en el infierno. Esos muertos volverán caminando".

Pero, su delimitada procedencia surgida en las raíces temerosas de los centroeuropeos, del esclavismo y otras comidas de tarro temporal o fanático, ha sido vinculada forzosamente con el ambiente religioso del Caribe o la progresión del sincretismo isleño. Daba lugar a otro culto sanguinario alrededor de la religión y los fetiches del alma, con el vudú practicado en tierras caribeñas (habitualmente Haiti u otras cercanas), que confería un dominio mental absoluto. Frente a aptitudes paganas, sin detenerse ante nada, y ejecutados por ciertos jefes sociales o hechiceros ancestrales que, en sus rituales mágicos de control, utilizan a la población más humilde y manipulable frente a la fe y el miedo. Anteponiendo los hechos misteriosos, drogas externas y las deidades, a la racionalidad, esto es, la transformación del hombre en alimaña o bestia. Sin sentimientos, padecimientos ni dudas.
Así mismo, se traslada al fotograma y comienzan a levantarse y caminar por la gran pantalla, mucho antes de la aparición en 1968 de la cinta de culto por excelencia, y aquel interés metafísico o apocalíptico del director del Bronx, hoy homenajeado en todos los foros cinéfilos.
Aquel violento y barroco cementerio sería el drástico comienzo, con el permiso de una figura de la talla de Bela Lugosi, invasiones de ladrones de cuerpos con Don Siegel son espejo, y aquellos irascibles vampiros, semejantes a un silencioso Anthony Perkins, secuestrado por el alambicado Norman Bates. Hombres que se levantaban de sus tumbas o vidas, al olor convulso de la sangre humana.

Fueron los precursores del miedo contemporáneo y del muerto viviente, también de los trastornos espirituales o físicos, que compartieron otras escenas clásicas con Pájaros sobre la cabeza de Hitchcock. Aunque bajo la filmografía de un pionero como el director Victor Halperin, surgiera el filme White Zombie y, sobre todo, cuando la actriz Frances Dee se preguntara en aquella fantástica película dirigida en 1943 por Jacques Tourneur, sobre las plantaciones azucareras de Las Antillas y sus recolectores de almas... que, I Walked whit a Zombie.
Casi nada, un nuevo género estaba a punto de revolucionarse, décadas más tarde, con los mismos cimientos en blanco y negro, que indicarían el camino de nuestra percepción, al desasosiego colectivo y la distopía de una humanidad sacrificada. Claro, años después, por culpa de nuestras propias afrentas o errores. Es decir, la susodicha involución. La Noche de los Muertos Vivientes, sus primeros pasos, constató que, a pesar de su lentitud de movimientos y una fotografía plagada de magníficas sombras, algo que camuflaba el dulzor del jarabe de chocolate utilizado en aquellas heridas falsas, el terror se elevaba como un ciprés, rugiendo al viento decadente. En busca de una creciente falta de sensibilidad en las imágenes, que se apoderaría de las cerebros menos formados y... más sabrosos. ¡Ñam!

Antes de aquel 1968, con viajes espaciales como telón de fondo del viaje, los zombies se adentraron en el cine como seres legendarios basados en la novela de Richard Matheson y sus vampiros mutantes. Precursores o depuradores de nuestra conciencia bélica o nuclear, sus orígenes se hallaban en las raíces remotas y creencias religiosas de la cultura haitiana; ya que habían sido hasta entonces, esencialmente, muertos reanimados mediante la utilización de rituales de vudú y sacrificios animales. Tal concepción aparece en películas de terror de los años 30 y 40 que situaban su acción en distintos países dentro de exóticas o misteriosas plantaciones y, con actores de raza negra encarnando a los estilizados posesos. Casi visualizados, únicamente, por sus ojos en la noche. Después nuestro miedo, comenzó a girar abruptamente hacia invasiones extraterrestres y monstruos engendrados desde la literatura (como en el pasado), hasta la aparición de la enfermedad mental y episodios psicóticos reales, o no.
Así que, la idea se recreó de manera plausible, en Duane Jones como protagonista negro de una película de terror. Fue un impacto para el público no acostumbrado a tales sorpresas y Romero declaró que, simplemente, era el mejor actor de todos sus amigos. Pero, no alcanzó a evaluar el alcance de la noticia, hasta que emprendió un viaje en coche a Nueva York, encendió la radio y en las noticias, una voz proclamó el asesinato de Martin Luther King, a manos de un grupo de ´descerebrados`... Por tanto, fue como abrir las puertas del Séptimo Arte a la misma muerte en directo y ese odio visceral o racial que te devora las entrañas. En esto, algo hemos evolucionado afortunadamente, aunque la población haya doblado el número de almas sobre el planeta y lo seguirá haciendo paulatinamente. Lentamente, tal que los muertos-vivos primigenios y nuestras confusas relaciones sociales.

Debido a su distribución polémica y sus características abiertas a la muerte, los miembros del gobierno de EE.UU. y la Asociación Cinematográfica, tendrían que empezar a restringir el acceso del público infantil a las salas de exhibición (no ocurría hasta entonces), señalando determinados contenidos que pudieran causar una honda impresión por su contexto adulto o violencia explícita. La no existencia de calificaciones o restricción por edades en el cine, hace imaginar las caras convulsas de los asistentes, familias con niños pequeños que comenzaron a vislumbrar como, tras un comienzo plomizo y una estética de pesadumbre sobre esa carretera comarcal, unos pies arrastrados pesadamente sobre un atardecer bucólico, se aproximaban a una pareja por el césped salvaje y grisáceo. Lo siguiente, una figura con síntomas de ebriedad significativa, tambaleante y balbuciente, se abalanzaba sobre ellos, y cuesta abajo emprendía un acoso, algo genérico, buscando la forma de llevarse algo a su grotesca dentadura y apariencia irascible.
Las primeras escenas de George Romero, muestran a Barbara y su hermano en un aislado y solitario cementerio de Evans City, mientras que el asalto masivo se produciría en una granja, a expensas de una demolición, por lo que el propietario dio libertad al equipo de producción, para hacer con ella lo necesario. Y se rompieron, algunas ventanas, tablones y... moldes.
George y su guionista John A. Russo, se fijaron libremente en la novela, Soy Legenda, sin imaginar que aquel ser diabólico persiguiendo a una muchacha despeinada, cambiaría la percepción de la serie B de terror.

Al terrible suceso racial tras diversas quejas de la crítica especializada y las salas amortajadas por la imágenes, aquel joven director del Bronx con ascendencia cubana y lituana, añadiría: "No creo que los niños más pequeños supieran realmente que fue... la contundencia que los golpeó. Porque estaban acostumbrados a ir al cine, sin problemas y probablemente, ya habían visto algunas películas de terror. ¡Seguro! Aunque aquella historia, llevaba implícito algo más, algo a lo que sus padres, tampoco, estaban acostumbrados, definitivamente". (Una de sus últimas entrevistas, concedida al periodista Eric Kohn).
Desde su domicilio de Canadá, en las páginas de la publicación IndieWire, se hacen reflejo de las palabras que George Romero dedicaba al desarrollo de nuevos proyectos cinematográficos, admitiendo que ningún productor se haría cargo de financiar su próxima película sobre zombies y que, por supuesto, una producción como "La Noche de los Muertos Vivientes" sería imposible de realizar en los tiempos actuales. Cuando se editaba una restauración en 4K, presentada en el Museo de Arte Moderno, de aquel mito que cambiaría la percepción del terror en los aficionados. Siguiendo el paso mortecino y deslumbrante de otros compañeros y maestros del suspense psicótico con sus amenazas más neuronales, que los renqueantes no-muertos.

La sorpresa del fallecimiento, cuando llevaba ocho años desde su última aventura económica y varios proyectos en mente tras intentos infructuosos, otorga peso a la siguiente pregunta ¿cómo resuena el eco de aquello, 48 años después?
"Pensé que estábamos hablando de falta de comunicación - personas que, se enfrentan a situaciones imposibles e improbables, y todavía discuten sobre las cosas pequeñas en lugar de enfrentar el problema". Era la base que aún se mantiene, entonces de repente, accidentalmente se convirtió en una película de carácter racial, si bien no existe nada en diálogos que acerque la película a la polémica racial, pero eso es lo que hace que se convierta en importante, supongo".
En cierto sentido, La noche de los muertos vivientes, estaba sobre el alambre, así que "Amanecer de los muertos” sería un pastel en la cara de los consumidores y la gente vio una especie de lucha contra el consumismo en ella. La única forma en que podría hacer una película como esta es ocultar el mensaje - a menos que sea una idea actualmente aceptable. Ahora, no se puede lanzar de la manera que lo hice".
Para muchos, me incluyo, El Día de los Muertos sería la más redonda y divertida... Luego. Hice “Tierra de los Muertos”, que fue la mayor película de zombies que había hecho nunca. Ese dinero fue en gran parte a un horno de fundición y el presupuesto de puros de Dennis Hopper, que costaría más que toda la producción de “La noche de los muertos vivientes.” Hoy, debido a la “Guerra Mundial Z” y “The Walking Dead”, no puedo lanzar una pequeña película modesta o socio-política... Ahora, no se puede. En el momento que se menciona la palabra “zombi”, tiene que ser: “Hey, Brad Pitt pagó 400 millones de dólares para hacer eso.”

Con Zombies, no se pueden hacer planes de futuro...

Durante casi 50 años, un impertérrito George Romero ha revivido con su legado zombi, fresco e imaginativo por muchos años más. En 1968, dirigió con presupuesto escueto y hoy la resonancia de la película es innegable: los muertos vivientes son el mayor motivo de la moderna generación del terror género y millones de aficionados tienen a Romero en un pedestal por su inteligencia u osadía.
Aún así, Romero puede estar tranquilo sobre el impacto cultural de su primera película de muertos vivientes, que sigue recibiendo apoyo institucional. A pesar de que nunca enterró su éxito debutante, los medios le convirtieron en un director irregular, capaz de combinar secuencias brillantes con paseos sangrantes, e incluso ciertamente mediocres en diferentes secuencias de una misma película.

En 2007, tras “Diario de los Muertos”, uno de los productores comentó: “Vamos a hacer otra rápida.”
"Pero, no sabía sobre qué más, podía hablar, una vez tocados los medios. Yo no tengo nada más que hablar. Así que decidí volver a la premisa original de la incomprensión y gente que no es capaz de ver el punto de vista del otro. Quizá un western y la siguiente un noir. Entonces, de repente, vino “The Walking Dead” y era una historia de zombies con zombies causando estragos. Eso no es lo que estoy a punto de producir en Road to the Dead".

La primera película se hizo de forma económica, ¿por qué no preguntas a los fans por apoyo para hacer otra película?
Oh chico. No lo sé. Mi hijo ha estado tratando de recaudar dinero para una precuela de “Muerto vivo”, ya que “la noche de los muertos vivientes” está en el dominio público. Pero él nunca fue a mis socios, Russ Streiner y Jack Russo, para obtener su visto bueno... Soy un tipo antiguo que se ha quedado atascado con la tradición y si personas tradicionales no quieren darme dinero para hacerla, entonces tal vez hay una razón para ello".

¿Se mantiene al día con las nuevas versiones?
Yo no. Soy un chico de películas Turner Classic. Prefiero sentarme aquí y ver algo viejo que cualquier cosa nueva. Voto en la Academia y obtengo todos los screeners, pero tan a menudo, estoy decepcionado con todo el material y los beneficios comerciales, que preferiría no votar por el ganador".

¿Cuándo revisa La noche de los muertos vivos”, la siente como una película política en retrospectiva?
No. Simplemente es, lo que parecía. No parece de esa manera en este momento para mí. Tal vez sea, porque no puedo borrar las cosas que estaban en nuestra mente cuando estábamos haciendo el filme. Olvídese de la carrera... se trataba de personas atrapadas en una situación en la que el mundo está cambiando exteriormente. Sí hubo una modificación de fondo pasando el tiempo, pero estos chicos todavía están discutiendo acerca de ir, arriba, abajo, bla, bla, bla... Eso es todo lo que veo en ella".

También se abordan nociones preconcebidas sobre la vida doméstica.
Fue la idea de unidad familiar. Todo se está cayendo a pedazos en aquel entonces, en 1968 todo era sospechoso: familia, el gobierno y, obviamente, la unidad familiar que, en la “Noche de los muertos vivos” colapsa completamente. El mensaje es: “Oye, ¿es qué no podemos llevarnos bien? Si ellos se juntaran, estarían bien. Es exactamente lo que está sucediendo ahora en los Estados Unidos, dividido en dos. Si usted es un republicano, no puede votar de esta manera, y si demócrata no puede votar de esta otra. Es basura, sólo basura".


Creó la nulidad de voluntades humanas, pero poseía una inteligencia altamente contagiosa. Se echará de menos su visión clarividente del futuro... Ahora veremos otros procesos degenerativos (o regenerativos, según se mire) de estas dos jóvenes divergentes, Maggie & Melanie, en las diferentes manos de dos directores que empiezan sus carreras con el frío de la muerte, enfrentada a la juventud. Antes de la llegada de Road to the Dead.

Tráiler Night of the Living Dead (1968) - Director George A. Romero



Tráiler Game of Thrones Season 7

lunes, 24 de julio de 2017

The Girl with All the Gifts / Maggie.

La Muerte de un Cerebro... George Romero.

Antes de comentar algo sobre una nueva historia relacionada con muertos vivientes, llamada The Girl With All The Gifts, voy a rendir un pequeño homenaje al director George A. Romero. Un visionario que engendró las primeras películas de este género para definir la forma de aterrorizarnos y cambiar nuestra forma de percibir el horror en el futuro. Imagino que la muerte, es un pozo tan oscuro como aquellos sótanos que al director del Bronx, le gustaba fotografiar con garras intentando destrozarte en la oscuridad.
Por desgracia, Mr. Romero ya no podrá ver acabado el filme que proponía en su último guion, Road to the Dead. Un proyecto que parece dirigirá su colega Matt Birman y continuará la saga más prolífica en la historia del cine de terror. Además, como buen creador y guionista, ha dejado escritas otras narraciones sobre temas diferentes, que no estarían contemplados bajo la mirada de ese próximo desastre producido por nausebundos contagios o jugando con nuestro ´cerebro` hasta el final de los días de nuestra especie.

George Romero tenía 77 años y ha dejado un preferente lugar en el género, tras esta nueva era marcada por las críticas al comportamiento civilizado ¿? de los seres humanos, que deriva en una fiebre zombie que observamos en las pantallas. La carne putrefacta ha invadido nuestro hogares, sólo con pulsar el botón de encendido de los televisores, en la actualidad (con filmes como la versión de Amanecer de los Muertos por Zack Snyder, la franquicia de Resident Evil o la serie de mayor éxito en los últimos tiempos, The Walking Dead), pero, que habría comenzado con aquella visita inesperada a un cementerio apartado, sinuoso y empinado, en tétrico blanco y negro en las afueras de Pennsylvania.
Curiosamente, la película tuvo el mismo impacto que produjo Psicosis años antes, y que con sus estertores de muerte, cambiaría los orígenes de aquellas historias caribeñas pretéritas. Leyendas sobre la vuelta a la vida a través de los rituales de vudú, como ocurriera con las invasiones extraterrestres, o la sustitución de los monstruos clásicos por la amenaza psicológica más real y terrorífica, de los serial killers. Un cambio criminal que sugiere la involución continua de la inteligencia y nuestros valores como sociedad avanzada.

La Noche de los Muertos Vivientes de 1968, imagino, seguía los pasos provocadores de El Carnaval de las Almas de 1962 y, de hecho, sentó como un puñetazo en las entrañas, todavía intactas de muchos espectadores de la época. Un recuerdo cinematográfico con la imagen del maestro del horror, ahora que está a punto de cumplir medio siglo de existencia, como una visita irrespirable que acompaña nuestros temores más profundos, y que sobrevuela el ambiente alrededor de un próximo apocalipsis de la humanidad. Por supuesto, descanse en paz, si le dejan... el maestro del terror moderno y la resurrección de la carne, ya no podrá respirar esta atmósfera purulenta, aunque seguirá siendo recordado, más allá de ese territorio inhóspito... el Bronx radical de los años cuarenta o cincuenta, y posteriores invasiones de drogadictos, sobre las calles donde creció un muchacho llamado George Andrew Romero.

Pero antes de hincarle el diente a la historia zombie, ahora estudiaremos algunos casos representativos de la degeneración (o algún proceso regenerativo, según se mire), con las historias sufridas de estas dos jóvenes divergentes. Bajo el prisma visual y las manos de dos creadores con miradas diferentes, como el diseñador gráfico y novel director Henry Hobson de Maggie, y un evolucionado Colm McCarthy surgido de las entrañas de la televisión y sus productos en serie. Vayamos por partes, como dijo Jack el Zombie:

THE GIRL WITH ALL THE GIFTS
Melanie: La Chica surgida del frío.

Este drama apocalíptico de horror, dirigido por el escocés Colm McCarthy (tras su primer filme Outcast y algunos episodios de importantes series como Los Tudor, Doctor Who o la aclamada Sherlok), este filme distópico de horror y supervivencia, ha definido una nueva mirada de contemplar las epidemias mortecinas, haciendo crecer y desarrollarse, aquella semilla que plantase Romero en la imaginería colectiva, con nuevos y evolucionados bríos.
Escondido en la profundidad de la tierra, tras un título bastante desorientativo, oculta bajo la vegetación invasiva y regeneradora de la campiña británica, Melanie: La Chica con Todos los Dones, proclama a gritos con inteligencia, algunas de las ideas narrativas, conceptos y aspectos visuales, más interesantes generados en los últimos tiempos, alrededor del género de zombie. Sobre todo, considerando a un espectador, que no ha sido imbuido por el espíritu carnívoro de Frank Darabont y sus muertos vivientes televisivos, paseando sobre las tierras contaminadas del estado de Georgia... las mismas que tras una contienda cruenta y cadáveres por doquier bajo el horizonte enrojecido de Tara, Olivia de Havilland gritara en la piel de una Scarlett O´Hara furiosa y vengativa, pregonando las palabras de la escritora Margaret Mitchell, al viento: "Juro, por Dios (... o el diablo) que jamás en mi vida, volveré a pasar hambre",
... y en esas estamos, con bocas hincándole el diente a cualquier ser vivo que se cruce en su ciego camino.

Pero volviendo al filme, en él convergen las inquietudes vitales y ganas de mantener su libertad y vidas, tres generaciones. Condicionadas por tres mujeres marcadas por los acontecimientos exteriores, con sus diferencias en cuanto a su perspectiva racional y genética, con distintas respuestas que dar a unos hechos tremebundos. Cuando, en el interior de un refugio gubernamental, una instalación experimental, se erige como residencia para jóvenes con determinadas características mentales y una posible bocanada de aire fresco. Si el hambre voraz lo permite... la solución puede estar en el medio salvaje, incubando para detener la infección en superficie. Seres que tras la contaminación, corriendo por el interior de sus venas, aún no tan pútridas, son vapuleados, estudiados y confinados, a salvo de esos seres hambrientos que invaden el exterior en una guerra infinita. ¡Ojalá fuera todo tan sencillo!
Los siguientes minutos, se pueden convertir en una pesadilla distópica para nuestras futuras posibilidades como especie, perseguidos por muertos descerebrados y, quizás, novedosas variantes mutantes que crecen por ahí. La aparente calma y seguridad, está interpretada por la joven actriz Sennia Nanua, con su gesto de chica despierta y valiente, que se quitará la máscara propia de la intransigencia y arrancará la venda de los ojos de otros perdidos como ella, para intentar defenderse del terrible final que amenaza a la sociedad, llamémosle semi-inteligente.
Este aviso natural, me recuerda a los postreros instantes del astronauta George Taylor, caminando sobre la playa de un presente-futuro, Planeta de los Simios, ideado por el novelista Pierre Boulle y dirigido por Franklin J. Schaffner. ¿Qué hicimos...? Y yo que sé, Charlton Heston.

Ahora aquel sorprendido, es una Gemma Arterton que intenta escapar y se convierte en protectora de la muchacha, aunque se cuide de algunos procedimientos para nutrirse fuera de las instalaciones, en un exterior invadido por garras y fauces. Cuando no corren, intentarán propagar sus valías y poderes heredados, contra esas presencias malignas, se dice alimañas, que persiguen dominar el planeta sin cerebro, te suena ¿no?... Por supuesto, veremos las proximidades de un Londres devastado que, curiosamente, fuera del rodaje por ciertas localizaciones en la Isla invadida, una Inglaterra desde las West Midlands y la urbanita Birmingham, se decanta por entrelazarse con territorios alejados. Otro mensaje tal vez, cuando los escenarios se adentran en los terrenos conflictivos de una Ucrania post-apocalíptica y su Chernobyl particular.
Por tanto, frente a esta imparable infección carnívora y su curiosa forma de reproducirse, esporádicamente, la salvación dudosa se manifiesta como una forma de regeneración en la devastada superficie terrestre. Considerando una novedosa y eficaz derivada, hasta ahora no hallada en los registros cinematográficos que recuerde, pues manejaría la propagación como una diáspora de muerte vegetativa; mutando la consiguiente carnicería zombie y los reflejos bélicos de comportamientos introvertidos o genéticos, ciegos por llamarlo de alguna forma, que significa el abandono de las buenas costumbres como humanos. O malas, según se vea o... sepa la presa. Aquí, el segundo punto que me recuerda la obra insigne y asilvestrada de William Golding.

La bella Miss Arterton será la encargada de dirigir estos pasos dubitativos, entre figuras amenazantes y sibilinas, golpeando sus cabalgaduras acorazadas. Parecen tontos de remate... como mezclas cuánticas dentro del cuerpo de una modificada superviviente y acosada por voracidad cárnica. Se formará un grupo, casi casual, que se tendrá que enfrentar con tacto, y algunas balas dirigidas a la cabeza, mostrando un gore calculado, a aquellas fieras multiplicadas. Entonces, entra la tercera pata que se identifica con una idea sacrificada e incomprensible (aunque no tan descabellada como parece a priori), ya que parte de la premisa médica de la investigación. Con la doctora interpretada por una estupenda Glen Close, que anuncia un regreso con fuerzas renovadas, mas convaleciente y ofuscada por los hechos ocultados tras aquellas paredes, que cayeron bajo el sonido de las trompetas.
Por lo tanto, se completa la conjunción astral, triangular, que establece las pautas de una odisea cinematográfica en busca de interesantes respuestas a las dudas... e inolvidables silencios.

La invasión, tras la masacre... la redención tras la caída. Establece la actuación estelar de un grupo dirigido por aquel Señor de las Moscas, que pregona las posibilidades de un nuevo amanecer... lejos de aquellos muertos recreados por el revolucionario George Romero.
En este futuro, podríamos encontrarnos a cualquiera, a la vuelta de la esquina, como giro de la evolución a los orígenes. Aquí, en las desvirtuadas ciudades, la vida se detiene, en una especie de cambio natural y genético, contra la contaminación y el ruido, como si otros nuevos simios nos invadiesen y silenciasen, donde los militares juegan con sus armas a ráfagas, y su pensamiento bélico se estrellaría en la multitud de rostros y dientes. A pesar de los esfuerzos titánicos y las estrategias raciales, de una avanzadilla formada por los actores, Fisayo Akinade, Dominique Tipper (Fantastic Beasts and Where to Find Them), Anthony Welsh (Starred Up), un fantasmal Daniel Eghan en plena expasión profesional (The Hatton Garden Job, Justice League) y comandados por el actor Paddy Considine, director de la magnífica Tyrannosaur y a la espera de su nueva creación Journeyman. Este tipo es grande y se merece un final, a la medida de su cerebro...

La inteligencia es una de las bazas ganadoras, disuelta sobre este futuro cercano y maléfico, donde la sociedad ha fracasado en su intento por controlar el propio destino y sus posibilidades para mejorar las capacidades médicas de una posible cura. Donde una profesora, lista como el hambre, se puede erigir en la protagonista de la nueva versión del libro de las especies, si se lo permiten otras bocas ansiosas... por aprender. Y cuyo director, Mr. McCarthy, podría confirmarse frente a los seguidores del género, después de filmar la serie Peaky Blinders y ser el autor material de un piloto sobre el viejo Krypton de DC Enterteiment. Veremos, u olfatearemos, su futuro.
Porque, en The Girl with All the Gifts, logra dar unas explicaciones convincentes y precursoras de otra concepción del tema. Mejoras en el desarrollo de las escenas de acción, con multitudes no falseadas por códigos binarios, y apostando por la narración creativa o la agilidad de movimientos de cámara por los variados escenarios. Por tanto, una cinta que proclama el deseado suspense. Esta escapada de la pequeña Melanie, enfrentándose a los miedos futuros, con pausa e inteligencia, tiene momentos placenteros entre los clásicos. También, secretos respecto a episodios intermedios o paralelos con la volátil infección, que transforman los paisajes naturales en campos de batalla y los edificios de la ciudad en verdaderas trampas, para ratones con almas. Y sin necesidad de camuflarse con sombras. Es decir, el filme posee una claridad de ideas, no tan habitual hoy, junto con nuevas perspectivas para la sugestión del público y la presencia de unos podridos con buenas hechuras, o texturas de un maquillaje afectado y logrado. Tampoco guiados por un exceso de CGI.

Además, mantiene buenas interpretaciones por parte de los protagonistas, vivos y no tanto, que indican tratamientos que renuevan el panorama de este género, tan depauperado o denostado a veces. En definitiva, este caso apocalíptico de La Chica con Todos los Dones, se resolvería mediante la unión de generaciones de mujeres frente a la muerte heterogénea, con la posibilidad de una nueva forma de vida. Un don más allá de la memoria. Donde la clave, apenas tiene 14 años de edad y es ganadora ya, de un premio en el Festival de Sitges, gracias también a las pautas del best-seller escrito por el novelista Mike Carey. Una historia deudora de Romero, con sus interesantes códigos genéticos y sus pausas atentas, verdes y zombificadas. Más una estética perfectamente conseguida y plagada de ritmo o cadencias reflexivas.
Algunos críticos la comparan con otra cinta reciente, Maggie, interpretada por Abigail Breslin y Arnold Schwarzenegger, pero, si bien existen ciertas similitudes que veremos a continuación, en la narración, Melanie es mucho más activa, aunque igualmente sigilosa. Ya que esta Melanie, se alza a la atmósfera y descubre sus capacidades contagiosas, como una agradable sorpresa.

Una viaje confuso y vacilante, justo en el preciso momento que, un servidor, pensaba que los durmientes estaban dando sus últimos coletazos sobre la faz de la Tierra y el cine. Con derroteros desiguales, tras apuestas comerciales y baldíos episodios cámara en mano, cercenados por ciertos giros en primera persona de Romero y episodios cómicos. Con todo el respeto a su figura, discutida la trilogía Land, Diary y Survival... of the Dead. En este lugar del relato, se despiertan las antiguas sensaciones que marcaron la Noche, Melanie se levanta sin indulgencia y contraataca, revela impresiones que apuestan por la construcción de la intriga cinematográfica, la amenaza escondida, la sugerencia hasta las últimas consecuencias de la antigua existencia y la propagación de savia nueva.
En consecuencia, la película posee algunas aportaciones gráficas que cambian la efigie de aquel miedo recalcitrante, que sorprendiera a las salas de cine, con una invasión mortífera sin alma. Producida por BFI con buenos efectos especiales de Automatik VFX (La Autopsia de Jane Doe) y que valió cuatro nominaciones a los British Independent y otra a los BAFTA británicos. Destaca y sorprende en varios aspectos narrativos también.

Sin duda, una destacable herencia para la ingenuidad voraz de aquel Romero recalcitrante, en el tiempo, que garantiza cierta capacidad de regeneración para próximas fechas e ideas, a las puertas del 50 aniversario del estreno (prácticamente inmortalizado y restaurado) de aquella clásica cinta y el mito zombie. Hoy casi romántica, Night of the Livind Dead, tiene buena sucesora en Melanie y su entretenido juego. Vamos que si te gusta el terror, deberías obligarte a visualizarla, respirar y abrir tu mente dormida... no dejar a la amigdala tan relajada y abierta en canal, que no pueda ser reanimada. Of course!

MAGGIE.
"La hija zombie de Terminator"

Ciertamente, he sufrido una desconexión con el género de muertos vivientes, que he tardado un tiempo en recuperar. Primero, a través de las dos películas tituladas Contracted que señalaban los episodios sucesivos de una contaminación viral, dentro de los domicilios particulares de los afectados. Esto es, una especie de Fido, pero con un sentido más realista de lo que sería una infección de este tipo, con la voracidad corriendo por nuestras desprotegidas calles.
Por eso, he reaccionado con estos comentarios actuales, y la visualización del filme Maggie, dirigido por el director principiante Henry Hobson y el guionista John Scott III, e interpretada en el papel de zombie por Abigail Breslin, aquella simpática Miss Sunshine que devoraba la cámara, girando a continuación a un lado más oscuro, hasta que el apetito insaciable se apoderara de ella, como héroe juvenil en Zombieland. Aquí, mucho más limitada en sus movimientos, introspectiva y sigilosa, hasta que papi Arnold se lo permita...

¿Qué ha ocurrido en estos dos años? Pues que la coproducción de Lionsgate (entre Suiza y USA), se ha decantado por la introspección y el desbordamiento sensible de las familias afectadas. De tal forma que, el interés se centra en la cantidad de lágrimas que pueden componer la receta a todos los males intrínsecos en la cinta, vamos, que la infección es más caprichosa que un hijo tonto.
Realmente, con esta Maggie pululando por columpios y disecciones, nadie sabe a ciencia cierta cuando se produjo el primer brote, pero sí, que el caso se ha distendido en exceso, llegando a una evolución sucesiva de seis meses. Donde daría tiempo a dialogar entre los susodichos y establecer el remedio justo en el momento en que los ojos se vuelve vacíos y la amigdala te pide papeo... Personalmente, creo que la temporalidad más reducida tendría su reflejo en la proposición de la película Contracted, más aproximada con aquellas reglas contagiosas que se establecieron hace tiempo y que todo aficionado al género acepta, sin discusión.

El caso es que las alteraciones en el comportamiento, del infectado y sus familiares directos, afectan directamente a la convivencia familiar y a las conversaciones en la oscuridad, reflejando las dudas que derivarían de tener a una zombie hambrienta correteando (bueno, tambaleándose) por nuestro jardín y visitando nuestra habitación a media noche. Viendo como te vas degradando, hasta que te coman los gusanos por dentro, llorando por una comida de nada, proponiendo a tus hermanitos para la cena, olisqueando tu cabello sin lavar en varias semanas, yendo a fiestas con tus amigos no-muertos, antes de ser internados para siempre, o nunca. Con la policía pisando los talones a tus padres, y los vecinos acercándose para proponerte una fiesta de despedida, donde tú, puedes ser el principal ingrediente. Y, ¿los estudios de la joven qué...? Nada, quién va a querer continuar alimentando su cerebro, cuando el tuyo es más sustancioso...

Por tanto, en seis meses, te daría tiempo a cortarle las uñas al zombie, tres o cuatro veces. Notaría como el Licor del Polo va perdiendo su efecto y la comida en la nevera empieza a pudrirse, porque la niña ya no quiere esas minucias. Además, las lágrimas derramadas entre todos los miembros de la familia, llenarían una bañera, o incluso una piscina nueva en el jardín, al lado de los columpios asesinos... ¡En seis meses!, tu mujer acabaría harta con tu flexibilidad a sus caprichos carnívoros, tanto que, dejaría el cuchillo escondido bajo la almohada y se iría a vivir con sus padres, que son los tuyos políticos. Y la poli, ahí, llamando cada dos por tres a tu puerta, diciendo: "Arnold entiende la situación, escucha los consejos de los médicos... y si aún no es tiempo, lávala un poquito. Que ya apesta paseando por los alrededores...

En la epidermis pútrida de estas familias y sus relaciones privadas, subyace la cura a una enfermedad temible, que te devora por dentro, comenzando por tu grasa superflua. Que va minando tus fuerzas, observando la degradación y la voracidad que se come a tus mascotas, mientras la medicina moderna se ve incapaz para conseguir una cura infalible, sólo un lento camino e inhumano, a la desmoralización. La historia de sus vidas y sus tiempos muertos, crece y crece sin parar, notas el hormigueo corriendo por los dedos de tus pies y bostezas, porque, salvo algún susto infrecuente, te ves envuelto en otra conversación interminable sobre el futuro, cuando tu familia se cae a pedazos, tronco.
Arnold Schwarzenegger ha vuelto al género, tras el Terminator más brutal, los Depredadores más despiadados y El Fin de los Días, para demostrar que el tiempo es relativo, cuando no se trata de una película intimista sobre zombies. Cuando cada cambio, se lo come la enferma a solas, cagánd... acordándose de tus muertos. Mientras, tu mujer, interpretada por la inolvidable Joely Richardson (hija del recordado Tony y la increíble Vanessa Redgrave) nos recuerda que ella lidió ya, con el más allá, en la angustiosa Event Horizon, y vio cosas que dejan a Maggie, en una mera aficionada a la carne.

Tu hija, Arnold se trasforma en una alimaña, no te das cuen... qué te va a comer el finstro duodenaaalll! No puedo, no puedo, aarl, noool!
Tan ralentizado va el proceso, que los seis meses parecen convertirse en años, la irracionalidad pasa por más fases que una carrera de maratón y, en consecuencia, el sufrimiento se estira como un chicle que llevara masticado horas, meses, lustros... contaminando toda la casa y adyacentes, besándonos con la lengua llena de llagas, goteando como un tubo de escape contaminante, hasta límites insospechados de sensiblería. Alterando todas las reglas básicas de las correrías de muertos vivientes, aunque tiene algún punto práctico de interés. Proceso indoloro o por la vía sanguíneo rápida...

De manera que la infección se propaga, mientras haces tus necesidades o sueñas con los angelitos, si puedes. Los segundos que pasan, se vuelven tan pesados y abultados que una erección podría llamar la atención por exceso de concentración de sangre y carne... y la película nos introduce en la intimidad hogareña y nos riega con sus pesares o decisiones futuras, contaminados a ratos, dividiendo la integridad familiar y los miembros (o miembras, como se diga), estirando un miedo intrínseco que podría llegar a las próximas navidades, vaya regalo.
Ese mayúsculo dolor se retroalimenta, con el amor de padre, con la indiferencia de madre, con el policía que no te entiende, con el amigo que te aconseja la vía rápida, con el médico y sus ocurrencias, supuestamente graciosas, con el novio que se cae a pedazos, los amigos y su típicas fogatas o diálogos sobre la muerte, la extradición a marchas forzadas... el irresistible sabor a la sangre.

Sin marcha atrás, ya tienes que terminarla.
Hay que tener sumo cuidado con los toqueteos u olisqueos cercanos, no vaya a ser que le guste tu sabor a tutor. La incubación de un virus, fuera del hospital y los cuidados intensivos, puede dar resultados poco apetecibles. O mucho, depende del sujeto. Y, toda esa responsabilidad en las manos de los familiares, es tan excesiva como comprometida con los vecinos, con los compañeros del cole o invitados a una cena, con los animales del bosque y los patos del parque, con la vendedora de cupones o el charcutero... aunque, se garantice cinematográficamente, una complejidad en sus drásticas relaciones privadas... y el riegos a algún pequeño chupetón, o mordisco más bien. ¡Qué aproveche!, gracias Romero.

Tráiler THEIR FINEST, de Lone Scherfig.


Tráiler THE HATTON GARDEN JOB, de Ronnie Thompson.



lunes, 17 de julio de 2017

Wonder Woman.


The Wonder Gal Gadot.

La imagen mitológica de las Amazonas, es una figura retórica, que emerge de una latitud desconocida y, en muchas ocasiones, con un pecho amputado para el uso infalible de su arco. En libros como La Iliada, o escritores como Heródoto, Esquilo y, medievales como Plinio el Viejo, Bocaccio o en los relatos de Cristóbal Colón, se hace referencia a mujeres que se enfrentan con las armas a poderosos enemigos de género masculino, para evitar la conquista de sus inhóspitos territorios, nada que ver con latitudes ilocalizables de otras etapas históricas. Relatos que las describían de heroínas que luchaban con fiereza, defendiéndose de reyes y emperadores de grandes civilizaciones que buscaban su conquista y garantizando el relevo eterno de su propia sangre. La reproducción se garantizaba mediante visitas a otros pueblos vecinos, que guiaban a los neonatos de género masculino al abandono o el sacrificio. También, los antiguos narradores, hablan de la gran belleza por que se distinguían, su habilidad y la liviandad de sus vestidos.

Nos hallamos con la aparición de una de las primeras superheroínas, Wonder Woman en el cine con sus atributos basados en la bondad y el amor, la igualdad y la tolerancia; como relevante es la labor de la modelo-bailarina y actriz israelí en el nuevo filme de Warner Bros junto a DC Comics. Igualmente, así de mediática y sugerente, es su biografía personal y su fulgurante evolución profesional, porque esta película es, enteramente, Gal Gadot.
Antes de ser descubierta en Hollywood (realizó un casting para convertirse en chica James Bond y llamaría la atención), ya era toda una amazona de armas tomar, atenta con los débiles y de gran corazón... como su "Diana Gadot" o Prince. Si bien parece ahora bastante más musculada. Preparada para diferentes tipos de eventualidades, mental y físicamente, Gal pasó del ejército a ser coronada como la mujer más bella de su país y transformarse en una encantada "sirenita" con tarjeta de presentación en pasarelas del mundo y un nombre que suena a ola marina.
Y sin necesidad del Lazo de la Verdad, se propondría defender el feminismo frente a posiciones machistas (de las páginas de tebeos y en la realidad de la segunda guerra mundial), ni mezclar trabajo con otras calamidades políticas. Crímenes por los que pasarían sus abuelos supervivientes del Holocausto en Europa, sangre judía (corre por sus venas, mujer... maravilla), para demostrar que todo aquel horror, con sus poderes o actuales clases de artes marciales y la monta de caballos a pelo, la transformarían en guerrera o la actriz internacional de moda.

Tan idealista es Diana, que Miss Gadot describe el descubrimiento de la actriz Lynda Carter (a la que no conocía personalmente) como el tipo de mujer a la que admirar, por su determinismo al frente del movimiento feminista en la ONU y el empoderamiento de mujeres y niñas en todo el planeta. También, en varios momentos sobre la costa italiana amalfitana, describe el panorama idílico del set, con las féminas trabajando en el rodaje, mientras los hombres paseaban a los bebés en su cochecito. Je,je, típica broma de aquella heroína favorita de la televisión, de la cual se echan en falta algunas libertades o cierta comicidad implícita en esta Wonder Woman de campanillas.
Por otra parte, se reivindica el papel femenino, con uno de los equipos cinematográficos con más mujeres en sus filas, incluyendo su entidad bicéfala, con el pensamiento de la directora Patty Jenkins (haría ganadora del Oscar a otra diosa de la gran pantalla, Charlize Theron... con otro rostro menos fácil de ver, eso sí) y los cambios históricos realizados sobre la historia creada por la pareja de psicólogos estadounidenses, Elizabeth y William Marston, para el nacimiento de Wonder Woman en el universo DC Comics.

Esta chica maravilla, en principio no interesada en premios de belleza ni trabajos de cine, se ha ido ´dotando` de una amplia e irresistible gama de poderes, con flexibles habilidades superhumanas, aptas para el combate cuerpo a cuerpo, gracias a dones obtenidos de los dioses, su ADN y su deportivo entrenamiento. Ella, princesa de Themyscira y adoradora de Artemisa, es poseedora de un gran arsenal de armas, entre las principales el lazo de la verdad, un par de brazaletes mágicos indestructibles, su tiara-boomerang, y en algunos relatos, en la edad de oro de la historieta, pilotando un avión invisible.
De aquí, de los relatos mitológicos auspiciados por el gran Zeus, un salto monumental al desarrollo gráfico y cinematográfico, con su aparición en la Segunda Gran Guerra, hasta filtrarse y saltar en el tiempo a la primera, donde aparece esta despampanante amazona llamada Diana Prince (lanzadora de dardos envenenados o amorosos), que ira alejándose de aquel culto imaginario del pasado. Lugar al que volverá y al que estaban designadas sus oraciones pacíficas, guiado con firmeza por su madre Hipólita en la pantalla (en el mito, se dice de la reina de las Amazonas que posee un cinturón mágico, regalo de su padre Ares) y su maestra Antipe (en Grecia se nombra a Antiope como su hermana asesinadas por Heracles en sus famosas 12 pruebas o trabajos) , interpretadas por Connie Nielsen y Robin Wright, respectivamente. Aquel culto que encumbra, como unos de sus enemigos divinos, al sibilino y brutal Ares, ahora más parecido al supervillano marvelita, que a una deidad servidora del bélico comportamiento humano, en la figura del actor Danny Huston (The Congress, Big Eyes), hermano de Angelica e hijo del magnífico John Huston.

Curiosamente, este Ares es idéntico arquetipo al singular Marte del Imperio Romano, un modelo guerrero distinguido por un casco, lanza y una representación sobre su égida con la cabeza cortada de Medusa. Pero, sería otro de tipo de leyenda que merecería ser desarrollada en otra odisea cinéfila (pongamos de nuevo, A Clash of the Titans), con su maquiavélico o bífido castigo al ser violada por Poseidón. Sin duda, ambas, titana y musa, se erigen en iconos representativos del actual movimiento y poder feminista, preparándose para dar un golpe mediático en la Liga de la Justicia, junto a Superman, Batman, Aquaman, Barry Allen y Hal Jordan (Flash y Linterna Verde) o el Detective Marciano.
Otra característica según las Argonáuticas, los pájaros del terrible Ares (Ornithes Areioi) se erigían como una bandada que apuntaba al tiempo, pues sus plumas podían ser lanzadas como dardos y servían de protectores en el altar que, las amazonas, dedicaron al dios de la guerra en una isla del mar Negro. Sin embargo, cuando la aguerrida amazona se convierte en Wonder Woman, gracias a DC Comics, y a través de las líneas sobre el campo de batalla de Londres en 1918, la figura de Ares se revela como el infernal enemigo. Un eterno rival sin escrúpulos y deseoso de una nueva, infernal o química, Guerra de Troya, pero en un periodo o era contemporánea con sus colegas de poderes increíbles, los superhéroes de los cómics.

Nadie puede dudar que, la película de la directora Patty Jenkins (apartada de la dirección cinematográfica desde su anterior Monster en 2003), entronca visualmente con esas leyendas de la antigüedad helénica y el esoterismo malvado, la ciencia camuflada en la ideología nazi y otra amenaza, con el rostro "partío" de la española Elena Anaya. Cambios sobre la mitología de los acontecimientos históricos y los héroes reales, mas posiblemente, debido a la mirada complacida de Warner Bros Pictures y, sobre todo, la producción desnaturalizada en movimientos, de Zack Snyder (podréis jugar a identificarle en pantalla), que no ocultan los hechos isleños del mito con ciertos elementos históricos. Aunque sus protagonistas comiqueros empiecen con fidelidad, y vayan aproximándose o girando (quizá demasiado explícita y conceptualmente) hacia la acción esencial y el entretenimiento visual de escenas digitales más comerciales. Que vienen siendo alimentadas por su gran rival, Marvel Studios.
Esta es una de las críticas exacerbadas, con la que atacaríamos los espectadores más inmovilistas a esta estructura dividida de la narración y el guion de Allan Heinberg, marcada por los efectos CGI, pero demasiado dosificada con imágenes sencillas de la vida cotidiana y la sugerida comedia a cuenta gotas. Es decir, eludiendo la comicidad necesaria de nuestra heroína favorita, siempre con el esfuerzo y atractivo acento de una Gal Gadot espectacular, similar en naturalidad a la simpática Miss Carter, guiadas por las estrellas de sus trajes ajustados y sus morenos rizos de diferentes ascendencias, judía alemana, checa, austriaca y polaca, o irlandesa y mexicana de Lynda. ¡Exóticos combinados! ... ¿O no?

Mientras todo rezuma el aroma de Gal y suena a Gadot, convive el otro género con corrección, en papeles románticos o bélicos, de Chris Pine, David Thewlis, Ewen Bremner, Saïd Taghmaoui, Eugene Brave Rock o el actor alemán, Wolf Kahler; lanzando sus diatribas o amenazas bajo la épica música de Rupert Gregson-Williams.
¿Qué me resta comentar? Ah, sí. Pues, que el espíritu marcial puede enseñarte muchas cosas en la vida, pero, sin duda, es más divertido hacer una película; como la directora Patty Jenkins, hija de piloto y nacida en una base de la Fuerza Aérea.
Que de aquellas mujeres arrojadas que se quedaron en ciudades de la Segunda Guerra Mundial (acá la Primera) y sin algunos derechos aún, nace esta super-heroína, para reivindicar el papel de la mujer libre, mientras sus hombres se destrozaban en el campo de batalla... Que un piloto norteamericano, podía ser un espía del gobierno británico, en aquellos tiempos y un dios ser inteligente. Que un tebeo, hoy, son capas superpuestas de efectos. Que, por el contrario, con un beso inesperado y romántico, te teletransportas a otro mundo y siguen saltando estrellitas alrededor... Que la liviandad es de chicas y la testosterona es de tíos, normal, a veces. Que Linda Carter se transformaba en WW dando unas equilibradas vueltecitas y GG WW2... y a veremos.

Y que... Gal Gadot será Wonder Woman para los restos, con espada o sin ella, y enamorará a infinidad de cinéfilos y defensores de las falditas frente a los shorts, de aquí hasta en el Monte Olimpo. Lo demás, fuegos artificiales... ¡He dicho!



Wonder Woman Soundtrack - by Tina Guo


Tráiler Justice League Extended.

domingo, 16 de julio de 2017

Insidious 3.


A la tercera... te vas a hacer daño.

Insidia (def.):
1. Asechanza para hacer daño a otro.
2. Dicho o actuación malintencionada.

Un día, un joven director nacido en Kuching (Malasia) y nacionalidad australiana llamado James Wan, quiso jugar al gato y al ratón.
Tuvo una idea para asustar al personal, y lo consiguió con cierto entretenimiento, creando un corto que luego ampliaría en el film Saw. Con ambición, se exprimió la idea en una saga interminable y cada vez más infumable.
Posteriormente rodó la entretenida película "Dead Silence" y otra fallida "Death Sentence". Y ahora se ve inmerso en la siguiente saga de la que llevamos tres títulos insidiosos, porque la sorpresa que tenía buena intención (hasta las visitas in situ a pasillos de ultratumba) se ha transformado en un cachondeo. Ciertamente, pues pude causar un daño malintencionado en el bolsillo de los que deciden pagar por otra tanda de sustos, a la 1, a la 2 y a la de 3.

La premisa de la primera película quedaba claramente meridiana, cuando apostaba por una pareja de actores de solvencia y una trama que resucitaba a los muertos con cierto empaque y misterio, basado en los sonidos escalofriantes y los suspiros detrás de cualquier estancia de esta casa encantada.
Sin embargo, el tiempo pasa como un escalofrío por la médula espinal y lo que era válido para aquel año 2010, tras otro entremés que nada definía ni entretenía, este episodio titulado Insidious 3 se concentra en dramatizar unos hechos pasados que nos importan un pimiento de padrón. Es decir, que la trilogía tiene momentos que pican y otros no.

Aquella tensión narrativa creada por James Wan se encaminaba a mera formalidad para revitalizar un género fantasmagórico dominado por el terror oriental, con imágenes que calcan aciertos y errores maniqueos llenas de iconos fantasmales de nuevo cuño. Echando toda la carne muerta en el asador de los sonidos envolventes y gritos que rompen los tímpanos. Donde las casas plagadas de entidades ectoplasmáticas se centran en las posesiones infantiles como recuerdo ochentero a los éxitos de la película Poltergeist, o El Ente y similares. Igualmente los laureles que cosecharan cinco años antes cintas como las míticas La Profecía dirigida por Richard Donner o El Exorcista de William Friedkin. No hay comparación posible.

Recapitulando toda aquella historia de la joven pareja acosada por el demonio de la máscara roja, se revelaba como una entretenida vuelta de tuerca a las puertas interdimensionales y seres visitando nuevos territorios como habitaciones en la noche, armarios y buhardillas polvorientas, goznes que presagian la inminente elevación de la escala musical. En fin, trastornos diabólicos que son habituales en toda aparición recalcitrante que se precie.
Pero, el primer filme también nos avisaba en su tramo final. Mira que todo lo cosechado anteriormente se puede ir al infierno, con otras escenas cargadas de efectismo puro y duro o excesos en la propagación de imágenes planificadas como un escaparate. La sonoridad de unos ecos que todavía resuena en las siguientes entregas.

Si bien la segunda repetía protagonistas, la intensidad sonora se multiplicaba y los efectos visuales daban paso a un entramado de escenas empeñadas en desviar la atención del espectador, de un guion que hacía aguas acentuando la sensación de pérdida.
Así, las cosas se van poniendo de mal en peor, cuando la retorcida historia del guionista australiano Leigh Whannell vuelve a un pasado que nos retrotrae a los comienzos paranormales de la médium interpretada por Lin Shaye, una nueva musa del género de terror que apareciera ya en la recordada serie Con Ocho Basta (un recuerdo al fallecido recientemente Dick Van Patten) y que pasea tanto por escenarios de miedo y gags humorísticos su profesionalidad.

Porque en eso consiste Insidious 3 en difuminar los estados de excitación y morbo con toques melodramáticos y gotitas de un humor que se pelea con las pretensiones reales (o no), es decir, buscar nuevos acólitos a la saga o los resultados de taquilla, por medio de la caricatura. James Wan ha debajo su puesto en la dirección (pienso que tiene capacidades para aumentar el terror) y ahora se convierte en productor y magnate, antes de presentar The Conjuring 2 y veremos si emprende el rodaje de Aquaman o se ahoga definitivamente.
Insidious 3 ha dado otro paso hacia los daños colaterales en oídos y cerebro, con la única relevancia de la mágica presencia de Lin y una joven Stefanie Scott que aparecerá en la nueva versión de It. Ambas son el inicio de las nuevas actividades extrasensoriales.

Por tanto, el terror se ha diluido (puede que intencionadamente) con la disminución de amenazas provenientes de una casa fantasmal, alejándose de aquellas posesiones que marcaron una época. Hoy, están de moda los programas especializados en fenómenos sin explicación y los equipos pseudo-científicos dedicados a la pirotecnia oculta, prestando atención a los estridentes chirridos, susurros, suspiros, gargantas profundas, y pasillos insidiosos a la luz de una candela de blanquecina, no hospitalaria sino de hospital. Vamos repetida como el gazpacho de verano.

Por cierto, el creador es el mismo guionista, actor y amigo de Wan que comienza su nueva andadura tras la cámara, esperemos que con más acierto. Así, entre penumbras y risas escayoladas, se adivina la presencia de Lin Shaye por la que caminan los nuevos tiempos en filmes de posesión, tiempos que suenan a un pasado demasiado trillado.
Todavía no se ve un panorama excitante con nuevos mitos doblegando presencias metafísicas ante el público de este siglo, sin necesidades de máscaras ni localizaciones extravagantes en el más allá. Ni gritos, aaaaah, pues el terror también te puede dejar mudo.
Insidous 3 nada tiene que ver con el terror y el humor más terrenales... se esfuma entre los dedos.

Cinemomio: Thank you

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