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miércoles, 6 de mayo de 2026

The Continental: from the World of John Wick.

 


Hace millones de lustros, la Tierra… estaba conformada por océanos únicos e inabarcables… que orillaban en una magna masa firme. Un Continente solitario que denominamos Pangea… Donde el Sol nacía y tardaba en ocultarse casi un día completo, por su lado opuesto.

Este Continente, por consiguiente… Es un lugar estructurado, dramático a veces, que no hermético… Donde las reglas no cambian las historias con demasiada frecuencia, sino a un ritmo sincronizado. Pero los efectos se circunscriben a los movimientos en sus tiempos determinados, variando sus consecuencias en las diferentes piezas.

Sobre todo, desde arriba, cuando se encendía esa luz parpadeante, colorada enviando una señal de peligro… a todos los trabajadores con doble vía, visitantes y residentes. Incluso por encima de, el director de la saga Chad Stahelski, algo disconforme con el resultado en serie.

Así, nos mostraron en 2023 – ya hace unos añitos, que no siento por los comentarios deformantes -, los cimientos de este Hotel Continental regido por Mr. Winston, y siendo manipulados significativamente por aquel alcance sorpresivo, que lograse la venganza perruna de John Wick. Por otro lado, surgido de la resurrección para la acción cinematográfica de Mr. Keanu Reeves.

Todo este mundo que vive del cómic, como del cine de acción oriental y según Mr. Stahelski de Sergio Leone… of course, de Tarantino también pudiera ser… debe su éxito a la acuñación restringida en una isla de toda esta catarsis mediática, húmeda y violenta… Pienso que revalorizándose.

Baba Yaga… y el Hotel de Cazadores.

Wick es la Mamá Yaga de los cánidos, con katana y pistola automática. En un check-in, se inicia su condición de anónimo habitual… como aquellos sospechosos, tiene su comienzo en un constante tiroteo y sus respuestas adecuada en sesiones de acrobacias medidas. Y sangre, por ende, y vísceras desentrañadas, y explosiones internas por doquier…

Y todos acaban, sus compañeros digo, no tan amigos habitualmente, sospechosamente, violentamente… en el citado The Continental, porque es una ábside de su universo. Gracias a una pieza dorada, plasmada de aquella máquina infernal que aquí es como la imprenta de la Biblia sagrada… ¡Vamos, lo divino! Y que trae pestes, plagas… y algún infierno.

Mientras todos la buscan, te puedes instalar en una de sus reservadas habitaciones, y esperar… quizá, una visita inesperada… quizá una comunicación que viene a presión. Pues la recompensa suele estar a la orden de la dificultad para abordarla, un reto caído del cielo… y entonces, el check-out, puede que ya no dependa de ti, sino de los ecos que sonarán alrededor de tu cuerpo…  ¡sin vida!

Es la era en este Nueva York de los setenta, de los cazadores, cazados. Al son de estallidos, de bombas o huesos propios, saltando a ritmo de Palomitas de Maíz, o a través de los labios infantiles de Ozzy Osbourne a lomos de sus Black Sabbath y la mítica mano de Tony Iommi a cuatro. Es sus estancias todo está cuadriculado, circulando a lo ancho, y de arriba abajo, como un cubo de Rubik que debiéramos cuadrar, porque la historia se escribe sola. Y resulta divertida, para ver cómo se acoplan todas las piezas, y se caen las máscaras.

Y en este “pacífico” espacio, exquisito, moderno en imágenes y clásico a la vez, las estrellas sangrantes, marcan los pasos de los asesinos del thriller violento norteamericano, y algún británico por ahí… Como los fucking Peaky Blinders, cuyo Inmortal Man, han dejado una huella imborrable en el panorama de las series de asesinos a sueldo y gánsteres con denominación de origen. Y cuyo círculo se ha cerrado brillantemente, en una mueca a la eternidad de sus emisiones a la pantalla grande, eso sí, entre un baile de cerdos y nazis.

Los Inquilinos… no duermen.

Mel Gibson no podía hacerlo en aquella Payback grisácea, con salsa de violencia rojiza, en su salida apocalíptica de la etapa de Mad Max. Ha significado una vuelta, un terremoto Continental a sus comienzos, bajo la línea de la flotación de los sicarios y mercenarios, pagados a tocateja.

Y en un mal entendido, sus pasos danzantes – de John Wick me refiero -, van a velocidad más rápida aún que en Matrix, viajando a través de una saga, que empieza sorprendiendo, rematando en la segunda y tercera, y con una cuarta que te va dejando agotado… y la quinta que suena por ahí… marcando el camino de una nueva forma de acción coreografiada, y tiros de todas las opciones posibles, incluida la distancia chic to chic.

Conocemos el caso, igualmente, de Ray Mckinnon, un rostro que ha tenido vaivenes y viajes con los mitos, en Oh Brother!, se las vio al lado del Mud, segunda versión con Mr. McConaughey – ya sabe el caso de su increíble serie con Woody, y los True Detective… se rumorea que podrían volver un día de estos, ojalá… -, y que al final, llega a esta otra etapa televisiva, que comparte con la magistral Dopesick.

Mas, ya han transcurrido 4 más casi 14 años, y una Bailarina con acento hispano, De Armas de tomar – y por ende, igualmente, me ha agotado en su danza-, aunque se reconoce que el cambio de sexo le da otra dimensión o línea, y también tiene ese componente sorpresa, que es… el uno para todas. Y en The Continental, haberlas, hay por diversas y contundentes, maneras, hermanas siniestras, policías con un pasado, heroínas orientales a lo Vietcom, jefas desfiguradas, sistas del kung-fú… y enamoradas del retiro vacacional o botánico. Y de esa Ballerina, me recuerdo de la joven aprendiz, de León El Profesional, y otras que vinieron después…

Estos clientes, siempre con el ojo abierto, por si las mosquitas… que zumban como una ensalada de tiros por aquí… En la Thunder Road de David Leith, se criaron hasta la llegada de Lionsgate, que hizo aumentar su volumen recaudatorio y las recompensas, que otros se lo gastarían en burdeles… y de los cortes sanguinolentos, que es otra firma de la serie. Como lo es significativamente, el duelo entre el bien representado por Colin Woodell y la maldad total de Mr. Gibson, perteneciente a aquellos dominantes en el cine, para la preparación de asaltos imposibles, payasos y atracadores de bancos. ¿O no… crees?

Pensabas que era todo… Mobland!



Esto no significa el fin de todo, debajo de la Mesa hay algo más, más viciado y maligno, si cabe, sí. Otro equipo acompasado con el poder, pero más mediático por supuesto, porque se dedica a los grandes negocios que vimos en series como la gran Sucesión. También marcada, en su lado más oculto, por todos esos mercenarios, que viven a espaldas de sus propias vidas, esto es, familias.

Si Don Giovanni decía que los nombres propios sirven para diferentes maestros, pero qué “a cada cual le llegará tarde o temprano, su San Martín, y no por su maestría supuesta, sino por los méritos acumulados en su currículum…”. Y en la serie Mobland, hay un montón… como partes amontonadas de cuerpos…

Los Hitman, denominan en otros lares, son los que apuntan con el dedo de los jefes que les pagan, como el del director sepultado de aquella From Hell, que no mencionará ahora, pues estoy del lado de Guy Ritchie – otro que tal baila… con la muerte -, en Tierra de Mafiosos.

Hemos pasado de ultraviolencia, a la mala baba, creada por Ronan Bennet (The Day of the Jackal, Public Enemies), con el imperturbable siempre Tom Hardy, y un desconocido casi Pierce Brosnan tras aquellos agentes del pretérito. Y Paddy Considine de la casa, más cercano a los códigos de lealtad clásicos y que vino del lado del Niño 44 hasta los fucking Peaky Blinders, y su hijo viciosos, Anson Boon de los típicos brittish con Pistol… rematados todos, con la mismísima Helen Mirren. En el oremus, del cinismo, mítica.

Bueno, vamos a ver y a sopesar, tranquilamente, pues Mr. Hardy ya tiene una edad y un impacto, en Bikeriders, los fucking PB, como Capone, en la serie espléndida Taboo, por doble partida en Legend, la otra cara de Mel en Mad Max, ese Niño 44 como en Locke, fue Bane, conio… palabra que muta el fuck, aquí por doquier… coño por aquí y por allá… Sin ley, Warrior, Origen y El Topo, casi ná. Y por algo estuvo en RockandRolla, y una parte aún, poco conocida en Black Hawk Down y Band of Brothers. Su carrera, como su trabajo con ojo avizor en Mobland, es así de movida, y amenaza con volver al infierno seco de Mad Max, oleremos.

Bueno, este es un típico ejemplo de guerra entre familias enfrentadas, por quítame de ahí esos despojos… qué no, qué es mi hijo, conio, hijo de p… mientras el hombre tranquilo, parece uno de aquellos inmortales, que no cae de ninguna de las maneras, porque conoce el percal. Pues mira, que él estuvo con el Joker a las cachas y por tanto de los tebeos, con ese deje a lo Winston, para conocer lo que se cuece. Aunque aquí, la primera bailarina es la Helen, que está ahí, hurgando en el ojo. Y echando, luego vinagre, para que escueza más. Genial!

La otra Bailarina, se desangra un poco hacia el final, ya por el cansancio de tanto trote y tantos movimientos acompasados… Sin embargo, en los pocos capítulos de su serie en el Continental, se divierte uno, a cada paso y con ese final enloquecido a ritmos de rock, y palomitas. O en esta serie Mobland de Paramount + para la MTV Enterteiment, con otras músicas más pandilleras y limítrofes, mueve a los Harrigan a una trasmisión por capítulos, del que el espectador no sabe a qué atenerse, pues todo está en la cuerda floja, y los personajes son, como el fentanilo, qué imagino, los convertiría en un jinetes de un tío vivo, imparable.

Y eso que, Toby Jones, tarde en aparecer un poco, pero capital en la lucha de las cloacas… cuando Geoff Bell de los Stevenson, se dibuja como un rostro, incomparable e incólume, dando la cara de la otra moneda… es este caso, dorada, tirando a marrón oscuro. Muy, pero que muy oscuro, negro diría yo. Y venganza, rojo sierra… tejana.

Negocios… comunes, no.

Hay algo que rodea, a todo esto de lo que hemos contado… las grandes extensiones, por la campiña londinense, los bajos fondos que emparentan a las familias, en tramas que se embrollan al ritmo de viejas canciones, y nuevos tonos más violentos… el aire de los irlandeses típicos, con sus gorras o sus comportamientos, lenguaraces, los muelles de los Blinders, siniestros como los lujosos salones de otras casas, las guerras que acompañan, ya sea contra aquellos alemanes, o los que salieron del otro lado del Pacífico, los desechos y las balas… claro.

Así, habitualmente, hay recados y conseguidores de lo imposible, unos los mandan y otros, los certifican… y las balas hacen desaparecer hombres que parecían inmortalizados, en el horizonte, como fotos borradas por el tiempo, cuando no había redes… y sin decir esta bala es mía… aunque cada uno llevaba impreso el suyo, su nombre, en la vaina. Tras los locales de moda, las venganzas intercontinentales, y el cieno maloliente de las haciendas o los puertos bajeros. Y luego, Cilliam Murphy, que es como el suspiro de Tom Hardy.

Vivieron historias cínicas y violentas, desde el mundo apocalíptico de Danny Boyle en la magnífica visión zómbica de The Bone Temple, y de Trainspotting que fue un shock social y visual, y que ya veremos adonde nos lleva próximamente… Igual que Mr. Ritchie, se ha movido en el submundo del  Young Sherlock, pendiente, y nos indica In the Grey, claro, con Henry Cavill y Jake Gyllenhaal. Viva la Madness y Wife and Dog con Cumberbath y Anthony Hopkins, y en ambas junto a Rosamund Pike de protagonista. Y es que este Guy, hizo Lock&Stock, anduvo entre Cerdos y Diamantes… vio a Sherlock más movido y mayor… y ha iniciado el universo de U.N.C.L.E. y la estirpe de The Gentleman… Queda todo, conio, en la Gran Bretaña…

En los 70 era la incipiente digitalización, enseñada como en las viejas películas de James Bond o Supermán, en The Continental, fósforo verde incluido… y la utilización habitual de los medios y los móviles en cada momento de la vida de los Harrison, etc… ya son como un apéndice de todos nosotros, digo los aparatitos, coño. NO la violencia… bueno, también… pues cada vez corre más sangre por nuestros barrios.

Y ya puestos, en un último giro del guión… indicaremos que Colin Woodell hará Pig Village de Lee Sang-yong, con el actor de Fuerza Bruta y El Gangster, el Policía y el Diablo, inconfundible rostro de Ma Dong-seok. Un hermano en serie, Ben Robson – inolvidable en la saga televisiva de la original australiana Animal Kingdom -,  se ha detenido en los negocios de la interpretación un poco… Y Peter Green, agraciado por Tarantino en su Pulp Fiction y, desgraciado por accidente, con una bala siniestra en un hotel de Manhattan, bajo del cielo continental.

De los hermanos raritos… casi nada se supo, solamente, una anécdota de ella, funcionando como a actriz movible en Malango, recuerdas, verdad. Eso es todo por ahora, ya vendrán periodos entre guerras, e inmortales personajes, DD´s y Dooms, monstruos, castigadores y linternas… para enfocar a esos de los móviles… en el cine. Síiiiii, joer.

Cinemomio: Thank you

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