Un Apocalipsis zombi, posee una
estructura cinematográfica, bastante lineal en las formas y los tiempos… Hasta
ahora.
Hubo pequeños matices, verdosos,
cuando se unió a las emisiones radiactivas y demás holocaustos provocados por
los hombres… también sus bocados contagiosos, aumentaron de velocidad. Pero el
cambio, promovido últimamente por los británicos, encabezados por Danny Boyle y
llevados al éxtasis por Alex Garland, ha producido una sacudida desde los pelos
de la cabeza, hasta los huesos de la pelvis. ¡Un show!
Algo también, ha tenido que ver la
televisión, a través de The Last of Us, los famosos Walkings de la tierra y de
los reinos, o este pequeño juego de los 60, en el futuro que, desde las
consolas – no jugadas -, hasta la Amazon MGM Tv, nos ha viralizado con sus
mundos científicos, en Fallout, y su look sesentero acertado.
En este sentido, algo tiene que ver
con el magnífico doctor que ha llevado a la divinidad científica, el gran Ralph
Fiennes en 28 Years Later: The Bone Temple… y una serie de episodios que van a
quedar para los anales del terror, la catarsis amistosa y la alucinación entre,
dosis planificadas, sin abusar, de violencia y rock&roll. Lo que es, muy de
celebrar, por evitarnos la desmembración en vivo y demás…
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos
médicos y la redención, que se dispondrá en defensa radical contra los diablos
malolientes, ya sin Lord Jimmy Crystal, un excelente Jack O´Donnel; y
seguramente, también con la música de Hildur Guonadóttir y la aparición
fantasma de Cillian Murphy, con escopeta pero sin gorra, ni traje, largometraje
de Peaky Blinder, en el maletero, posiblemente… Yo he venido a hablar de otra
cosa, menos bélica…
La Pipa… y la Paz.
En tiempos de guerra, se oye el
silencio… con centenares de bombillas latiendo al compás de una música de
éxito. ¡Esto sí que es la guerra! Y mira que estaban ahí, los de Sinners, pues
nada… En fin, los premios y las historias de miedo, han quedado en un segundo
peldaño, excepto, la acertada interpretación doble de Michael B. Jordan que,
para mí, tampoco era la mejor… Pero bueno, bien dado. Como esa otra de Amy
Madigan, qué muchos han celebrado, como una especie de banquete desde Calles de
Fuego, a esta plagadas de niños con halo vengativo…
Curiosamente, los premios de filmes,
con monstruos sobrehumanos estaban en todas las quinielas, y han ganado los
humanos, qué son mucho más monstruosos normalmente… y los giros dramáticos, han
tirado por la calle revolucionaria y la de, reivindicación de las madres,
frente a los padres, que abandonan o dejan tirados a hijos, como fantasmas
shakesperianos.
En este aspecto, aunque Fallout tiene
intérpretes que están a la altura, el guión nos zarandea demasiado, de tal
forma que nos perdemos en su intrincado – a veces acertado -, laberinto de
estratos temporales, escenarios distintivos y acciones monstruosas… qué,
significativamente, en ocasiones no dan la talla, en fin. Es un círculo o
espiral, que me llevaría a elogiar los momentos de acción terrorífica, marcados
por la directora Nia Dacosta en El Templo de Huesos, tras aquella espantosa The
Marvels… y aquí, hay algo que no me cuadra. Mas, felicidades.
Había muchas historias interesantes –
alguna menos…-, pero nadie se va a extrañar de que ganaran los escritores
originales de Sinners y el adaptado por Paul Thomas Anderson… Si bien, yo
prefería el de las otras cuatro, Hamnet, Bugonia, Sueños de Trenes y
Frankenstein, porque es lo que más me tira… y me lleva a la butaca. En fin.
El Atentado…
Se propaga un rumor, que no viene de
boca de Conan por cierto… en cambio, recorre la sala, cuando la verdad, es que
las invasiones extraterrestres y las zombies, no están representadas en los
Oscar´s. Por ahora… y entonces, las armas están más silenciadas de lo habitual.
Menos una, que siempre tiene el punto de mira entre ceja y ceja…
Al fin, un premio no es más que… ¡La
Victoria! Algo que se instala, e intenta guiar el futuro por la mano vencedora…
que, en ciertos pasajes, sólo sirve para alimentar los egos… En el mismo
sentido, del que los zombies se comerían los cerebros de las víctimas, pero sin
saber para qué… Pero Ian, showman del 666, Kelson, podría tener el remedio…
¡opiáceos e Iron Maiden!
En Fallout, la banda sonora se
extiende en los tiempos, y escuchamos, sobre todo al término de cada episodio –
y esa trompeta… triste e intermedia -, que nos lleva por caminos de la sonrisa
y el tic de los pies. Y eso, no todas las series lo consiguen, aunque metan con
calzador los temas musicales. Todo, incluido, el heavy metal, tiene su momento…
y el blues de Sinners, que es la joya de la corona a medianoche, con luna
rojiza y atractiva.
El terror, la bomba radiactiva, como
un vampiro se querría apoderar de nuestra esencia vital, sustraernos el yo, ya
seas Frankenstein, Emma Thompson o William Shakespeare… se ha quedado en la
pirotecnia, y determinados olvidos que, son para determinadas invasiones u
otras reivindicaciones. Ahora, era el momento de las madres, y los machos
alfas, no de hermanas voraces… de sed y poder.
Ni los monstruos solitarios, aún han
encontrado pareja, con eso lo digo todo… a pesar de míster y Miss Gillenhall,
totalmente desaparecidos, como los cabellos teñidos de Sean Penn. Así que, la
suerte de los bellos y bellas, los feos la desean, y Ella Purnell, no es una de
ellas, por cierto. En la serie Fallout, tenemos un poco de todo esto, la reivindicación
femenina en el poder, el vaquero solitario, los monstruos enormes, las
cucarachas asesinas, niños mutilados y explotados, padres enloquecidos y
apasionados con su trabajo, los chistes deformes, un desierto de pesadillas…
claro, con búnqueres que, son como recuerdos de emisiones pasadas, la ciencia
micro sensorial y guerras nuclearas… Sólo quedaban unas gotitas de rock y…
Ella.
¿The Future…?
Y yo qué sé… anda y mira al
horizonte, que para eso tienes una misión por delante. En un apocalipsis de
premios, y zombies sentados entre guerras, lo mejor es ver la cura. El sentirse
más humano… no un siervo vampirizado, no una hermana llamada por la estética, y
desnuda por dentro… no seres que se nutren con la carne, de los demás, como los
buitres… Quizás el porvenir, esté al otro lado, de aquel devastado desierto,
quizás, no la hay… ¡Otro condenado virus…!
Sí es cierto, que algunas series se
han convertido en ellos, los virus, pues cada temporada te amenaza con volver,
y luego, acabas algo enfermo. Pues, las expectativas creadas, no son más que un
dolor de cabeza, o quedar aletargados en nuestros sillones. ¡Hay qué despertar,
amigo!
Lo mejor es ir redondeando, y no
calzarnos una epidemia que nos haga estar enclaustrados una larga temporada,
sin sentido ni bien común. Es como quedar en un condenado, silencio… En el
juego de Fallout, que no me inoculé en su momento, existe esa división
ideológica, y de poderes, que… nos lleva a esta incivilizada guerra ideológica.
Cuando no la otra. El futuro está negro… y no lo digo con segundas. ¡Estamos
condenados!
Únicamente, los avezados, los
poseedores del conocimiento, conocen al médico de los huesos y el programa que intenta
una globalización mental, teniendo qué elegir… Bueno no, ya la AI ha llegado
para – no quedarse… sino reinar en el mundo -, y nos oculta lo más importante,
a través de manos vehementes, interesadas o poco ilustradas, es decir, la
verdad. Y esa es la raíz, del cine de terror y ciencia ficción…
Por lo tanto, en esquelas
polvorientas… veremos los carteles de neón de un imperio caído, sus
infecciones, el western, la supervivencia o la fe en la humanidad, perdida, los
estereotipos, las legiones enfrentadas, el rechazo tan común, el miedo a lo
monstruoso, las diferencias familiares, la ciencia armamentística, el control
mental, la escasez de agua y alimentos esenciales, la basura que viene, tras el
rock&roll, la guerra ya sin amenazas, y el valor… o el horror. Eso es Fallout
y 28 years later.
Pero… pero, no está todo perdido.
Ante esos patrones reiterados, como las invasiones de virus antiguos, existen
remedios, o no… Sino, aún puedes abrir la ventana, a ese futuro… y una nueva
mirada, al horizonte.
En este último instante, respiro o
bocanada, te voy a decir, que mejor es olvidarse de Long Walk, que no llevan
muy lejos, de los últimos ritos del conjuro que no se acercan a esos primeros,
a los postreros avatares de James Cameron, qué
aburren más que un atraco de colores al vuelo, el retorno a Silent Hill,
qué es un dolor de muelas, sin anestesia, ni nada, malo, malo… y me queda Cold
Storage, qué es una parodia y está divertida en su loca contaminación, con un
Stranger Things.
Vamos que, si bien no es mi trama
favorita en el terror… los Zombies nos han salvado por ahora, de este atasco
anual 26… como decía aquel, Seth. Y un vampiro clásico, con un alto grado de
patetismo y belicoso, The Vourdalak, qué recomiendo para degustar en francés, a
quién no le haya catado todavía… Por ende, premio bien otorgado al Valor
Sentimental.


