La Física actual, ha podido comprobar
que es un hecho, que la Materia – o algo parecido a esa complejidad de átomos
-, puede coexistir en dos estados muy diferentes… Pero, en cambio, que la
inteligencia dentro de nuestro cerebro – no en el del famoso Gato de
Schrödinger -, sea capaz de multiplicarse, menos aún dividirse, en varias
realidades simultáneas.
No existe de momento, esa Caja de los
Ingenios, que engendraría un multiverso al que visitar según conveniencia… de
momento… Controvertida teoría de vacaciones disgregadas, que sugiere la
historia de esta serie, a veces denostada, nombrada como Dark Matter en la
constelación creada entre Sony y Apple TV, como los Silo, Constellation e
Invasion… Así, igualmente caprichosa sería ese momento en que nos encontrásemos
con nosotros mismos, dejando atrás la arcaica paradoja de la existencia,
creando una multitud posible de versiones. Eso sí, parece que unidas por un
pensamiento, diríamos… unipersonal.
Seres inteligentes, en distintos
mundos paralelos… unos dirigidos hacia la felicidad y el bien común, otros a la
desintegración de la realidad o el llamado apocalipsis, autoprogramado. Y
después… ¿qué?
Pues se trata de la archiconocida
historia, del viaje al infinito en el cosmos, que es el océano del tiempo…
repetido hasta la saciedad como si de una lejana Ítaca se tratara, pero
visitándonos a nosotros mismos, a nuestras familias en diversas fases, a las
amistades, o no… Y con los candidatos a quedarse con nuestro reino, y amores.
Mira que… ¡nos lo avisó Homero! O quién quiera que fuese aquel… escultor de las
letras.
Los Viajes…
Paseos arrebatados de nuestros mundos
posibles… muchos sufriendo calamidades y pérdidas de amigos, guerreros… Hasta
encontrarnos a la vuelta, con el posible
traidor… Un suplantador de lo que hubiéramos sido, o nos hubiéramos convertido
con el tiempo.
Junto al capitán, llamado Joel
Edgerton, jefe del invento disociado, para transformar dos mitades, a priori
antagónicas… en otra vuelta de tuerca, que nos aleje del suspense y el terror.
Hacia una calma, tras las múltiples marejadas, que se han vuelto algo
monótonas, según avanzábamos en la navegación, como ecos de canto de sirenas…
pero sin ellas. Es decir, sin las magníficas replicantes de Blade Runner, o las
fauces voraces de las creadas sobre el mar calmo, o Mediterráneo luminoso… Ya
veremos, no, en que lo convertirá, el bravo, en ceniciento pensamiento, Mr.
Nolan…
Sin embargo, un inciso… porque
realmente yo quería hablaros de una magna, aunque humilde producción en la que
confluyen los hechos descritos como verdaderos, con la gran leyenda de Ulises y
la increíble odisea hacia Troya. Como buen ciego, sería transcrito en la época
helenística como las grandes fábulas entre los actos de los hombres, las hazañas
de los héroes… y los sueños de los dioses. Y si, en lugar de uno… fueran
varios… ¿eh, poetas?
Pues así, nos hallamos con The
Return, en cánticos o quizás alabanzas entre Italia, Grecia y Reino Unido, para
conglomerar aquellas leyendas en acertijos posteriores, en tensiones familiares,
indisposiciones mentales, dramas románticos, tensos como tendones de arcos, y
flechas que nos parten el corazón en dos… dirigida por Umberto Pasolini,
también guionista… entre Odiseo y la fiel Penélope, entre fantásticos, Juliette
Binoche y Ralph Fiennes… E hijo, que también en trío familiar de la Materia oscura,
guiado como Telémaco al tránsito, hijo de Boardwalk Empire, Charlie Plummer,
que luego engendraría a Perséptolis, o Persépolis… Increíble curiosidad
histórica, de la actualidad…
Entonces, la auténtica esencia de la
Odisea de Homero, sin las famosas batallas de antaño y aquellos monstruos… no,
no está en ninguna Materia Oscura en serie que, los posee como balas de
repetición, sin ton ni son, sino en esta
entrañable película que es, bastante recomendable y fiel de una era, un
reencuentro, para versión inédita en cine… de una idea. El retorno de un
fabuloso viaje…
Versiones… una, otra…
Claro, invasores en ausencia, ha
habido unos cuántos y siguen arribando sin parar a esas costas… suplantándonos,
arrebatándonos la esencia, ocupando nuestros hogares… y siempre, siempre, ha
existido un monstruo de un solo ojo, un Polífemo blasfemo, y hediondo…
Para ello, ella, también es
imprescindible, como la resistencia, unas ocasiones resplandeciente como
aquella mirada, otras enfermiza, quebradiza, como una viuda no abandonada,
enamorada de una imagen… como la de aquel líder del Laberinto de Jim Henson,
uno de mis odiseicos héroes… sí, me refería al inolvidable David Bowie, el
hombre de los dos ojos distintivos… como una bandera ondeante en Marte.
Y ella, era Jennifer Connelly
(Snowpiercer, el otro viaje televisivo), podéis comprobarlo… siempre estuvo
allí, danzando con él, en su inalterable ficción fantástica, como también lo ha
estado normalmente, en su dilatada carrera ya, entre esos desvíos o
confluencias entre la realidad y la fantasía… y recuerdos de muchos entonces,
desde sus heroicidades junto a The Rocketeer o Hulk, hasta sus pesadillas antropológicas,
con el Robert de Niro de Érase una vez en América, o mucho más oscuras, como en
Dark City, Phenomena o Requiem for a Dream… lo dicho, un sueño de cine.
La pequeña versión del engendro, esto
es el hijo… posee su corazoncito en la piel de Oakes Fegley, y va a estar
catalizado por los humores en el film de Steven Spielberg, The Fabelmans, hasta
pilotar por el espacio próximo en, When the Moon was Twice as Big. Mientras
que, el verdadero Telémaco en la película de Odiseo, Charlie Plummer, estará
como hijo de la gángster-a Angelina Jolie…
Vamos a ver, todavía me queda en
recorrer un camino, mirando a las estrellas… así como Odiseo nunca terminó su
viaje del todo – al menos mentalmente hablando, después de tensar aquel arco…
interpretativo de Ralph… fiel Fiennes -, y acercándonos a otros viajes
fantásticos del futuro, como entradilla cinematográfica… y las vías posibles
fueron infinitas como las venas de los héroes, las falacias de… los monstruos.
Hasta que, uno atacó al Ulises desde
debajo de la cama, y en ese caso… a su hija, para Atrapando a un monstruo,
llamado Mads Mikkelsen, que en el juego, tantas veces fue monstruo también… a
las manos del director Bryan Fuller (Hannibal, American Gods). Por otro lado de
este viaje cinéfilo, algunas penumbras me ha dejado ese viaje, hacia las
pesadillas entre los infantes y los adultos, que no acabo de despejar en la
mente. Al igual que, me ha quedado alguna huella, es ese otro camino
polvoriento, del Hijo del Carpintero, con un monstruo/heroico, conocido como
Nicolas Cage, que dejando la extraña historia a un lado, entre obscuridad,
claridad, enfermedad… y adicciones venenosas… lo mejor es encontrarnos con los
jóvenes Noah Jupe, que nos versionará The Death of Robin Hood, junto a Bill
Skarsgärd y Hugh Jackman, y a Isla Johnston (que disfrutamos en Invasion y
Gámbito de Dama), para extraviarnos con ella, en una visión, diferente de Juana
de Arco… seguramente, Baz Luhrmann mediante… o doliente, depende.
Todo en orden, gracias al emperador
del cine Ralph Fiennes… en el único orden posible… el camino correcto, del
Actor, con mayúsculas.
Ya no hay monstruos…
Como aquel creado por Mary Shelley,
sino que más bien, luchamos con los mitos, realidades unipersonales, males de
ojo solitario… mirándonos, por encima del hombro… como si fuera una repetición
infinita de la misma historia, hartante, como la multiplicación de los números…
Peces, y… puertas… gili… que nos
llevan a la destrucción de la nueva Ítaca, que siempre resistió mil embates,
menos un… parto. De caballo… y ya no hay talón de Aquiles que lo resista… ni
posible versión de cantos y hundimientos anunciados… ni ningún Ulises/Prometeo,
siendo devorado de nuevo, hepáticamente por un hambriento águila. Ya que, en el
exceso, bastantes veces, no reside la excelencia… eh, Dark Matter… pues el
recorrido de los capítulos se condensa, se pierde la naturaleza de la materia,
física… y la caja se estrecha a nuestro alrededor, hasta asfixiarnos, y
dejarnos aislados… de lo que prometía el inicio del viaje.
Mary Shelley – en el fondo
igualmente, Guillermo del Toro -, también sabían que los creadores, o
científicos absortos en sus deseos, absorbidos más bien… se envuelven en sus
propias penumbras… y sino, que recuerden versiones alternas de ellos, Albert
Einstein o Robert Oppenheimer… y los monstruos que nos amenazan, ahora.
No, resta casi nada…
Esas vidas, como rumbos alternativos,
unas veces a un lado, la luz; otras a otro, darkness… es lo que hallamos en el
Carpintero con Mr. Cage, muy disparatado en versículos… y en Tron: Ares, que si
bien se remonta a los recuerdos ochenteros, es plagiado por el mismo Disney,
hasta componer un monstruo con distintas partes… En la que, resalta por encima
de todas, y es omnipresente como dios… la música de Nine Inch Nails…
invadiéndolo todo, devorando todas las representaciones, los músculos en
trajes, los colores, y la multiplicidad de esos mundos fantásticos… y Atticus
Ross y Trent Reznor, mutaron en héroes odiseicos, for ever.
Indivisiblemente, o sí… sólo me resta
hablar – que es mucho…- de Mr. Robert de Niro… Sí, aunque no coincidamos en
algunos trayectos, viajes, retornos… Porque, algunos le han puesto de vuelta, tras
lo de la multiplicidad de Alto Knighs, y no… a mí me ha parecido una gran
disgregación de su materia, como lo ha sido, el reencuentro con estos
Caballeros del Séptimo Arte, extremos… junto al incombustible y eficacísimo,
Barry Levinson. Vamos a ver… quién no está deseando que llegue su trabajo
dirigiendo una serie llamada The Jury Room, marcialmente… o en otra versión del
asesinato más famoso, la trío compuesto por tres monstruos, como Brendan
Fraser, Bryan Cranston y Al Pacino… Pues eso…
Como ya no hay caballeros,
probablemente sólo resten monstruosidades humanas… en el nuevo panorama de la
creación… no tan brillantes como para alumbrar estrellas… sino, con más o
menos, luces. O no fue Miss Shelley, la única capaz de crear uno de los más
resplandecientes, fulgurantes, eléctricos… y James Whale, estuvo a su altura, entre
la pesadilla y la necesidad, de una Elsa Lanchester…
… y ya, sólo quedan los hijos… o de… que
apenas comienzan a caminar, comprender y aprender, poco a poco… no, a ser
carpinteros… ni músicos siquiera… casi todo es conglomerado… falsete… ¡Esa es
la senda! ¡This is the Way… que dijo el otro! Deseando de verte, creación… de
la mente.
Creación irreal, o no… entre el Mal y
el Bien. Ocasión para el dolor del hígado, hasta el tuétano, del talón de
Aquiles, hasta el corazón del monstruo… Entre la multiplicidad de serpientes,
nidos con entradas reiterativas, víctimas propicias como Nicolas o Robert´s…
hijos del Tron, no del dios del Trueno, sino de los plasmas electromagnéticos
de la materia informática… nosotros, los arcanos, de la realidad paralela,
hermanos de sangre de los ochenta… hijos del rock&roll.
Bienvenidos, los defectuosos… las
miércoles de sesenta años, que no la de Tim Burton… los primeros chicos de las
temporadas de los Things… el primer Snowpiercer, Dark City y la adicción de los
sueños… El Laberinto del Toro, hoy… la sangre en los pies. La ayuda en un Kubo... Hola Minotauro,
adiós Polifemo… ¡Eres feo, por dentro!
Ah, próximamente… toca hablar de esos
monstruitos… Música, maestro


