Érase una vez un espacio triste y
oscuro, en el que todos podían navegar… Sí, incluso los más jóvenes.
Pero a través del tiempo,
determinados artistas dedicados a la ciencia ficción, se dedicaron a llenarlo
de pequeños, casi infinitos, puntos luminosos. Como faros de señalización para antiguos
navegantes, los aficionados se orientaban en el mundo conocido y por conocer,
tal y como aquellos pioneros… Así, en cada luz intermitente, lejana y danzante,
una vida se definía, como la de aquel niño que nació hace una intemerata de
años.
Sus pasos serían reescritos por un
novelista fantástico conocido como Frank Herbert. En 1965 emergió en Dune de
sus sombras, en paralelismo a nombrados por escritos sagrados o arcanas
civilizaciones. Las conciencias del planeta azul, coincidían en el pensamiento
de conservación de ciertas costas y sus arenas. Y el nombre de Paul Atreides,
en referencia a una de sus Casas y la vertiente más revolucionaria en
aproximación como sugerente jefe y ratón
del desierto, dio los primeros pasos de una saga. Al igual que la Fundación que
emergió de la pluma de Isaac Asimov.
Metido en grandes batallas raciales y
otras movidas ´especiales` con el imperio de artilugios mecánicos, Mr. Lynch lo
viera a su manera. Que, sin embargo, no siempre fuese la mejor como
acostumbraba nuestro admirado David en su mundo surrealista y paranoico… Una de
las causas, los efectos visuales, aquí son religión. Y el caso es que su propio
hijo, llamado Brian Herbert, junto a Kevin J. Anderson – superviviente de Star
Wars Ep. I que será mencionado, y creador de la Trilogía de la Academia Jedi -,
se situarían en esos 10000 años antes, para introducirnos en una nueva Trilogía,
que comienza en serie. Pero, algo renqueante como gusano extraviado, Dune:
Prophecy de Max HBO.
El siguiente salto temporal… de
creyentes en letras de Mr. Herbert a la gran pantalla, por marcada versión de Denis
Villeneuve, y la próxima revelación como Mesías, en determinada forma o género…
Amén.
Dune: el Prolapso.
De una desazón, como algo que se sale
de su lugar natural, ese rincón de libros y pelis… el arquetipo de nacimiento de
otras space óperas futuras, se transforma en algo orgánico, como diría otro
personaje elegido por un tal George Lucas… ¡Yo sería, tu padre! Si hijo, hija…
Sí otras eras, los tiempos que están
cambiando como versó el Bob, y la madre que la parió, qué a gusto se quedó… Porque
la esfera dimensional fue cambiando en su nombre, de Herbert hasta la trilogía
susodicha. Que se extendió por el espacio herbertiano como una secta. Y bien
aburrido, me dejó in situ. Aquello ya no eran los padres, como dicen ahora los
jóvenes, a 10 milenios de mentes distintas y reintroducidos en la Hermandad de
las Bene Gesserit. Así en un guiño a otros cuentos de criadas y su liberación
de ciertas propiedades en el pasado, ya menos romántico, supone la evolución
del empoderamiento. Hoy visto en la realidad, en forma de lobbies como en otros
pensamientos.
Habitualmente, lo que menos me atrae
de la obra artística, es la oda sectaria y monástica. No es mi predilección en
materia novelesca o cinematográfica… las sectas me repelen. Así que me paso la
mayoría del tiempo, de bostezo en bostezo, sacándome del infinito, más o menos
p´allá, y quedando lejos de las preferencias paternales, que estudiaron a
filósofos como Jaspers, Juni y Heidegger, o fantásticamente fortalecido por Jack
Vance, R.A. Heinlein y sus Tropas del Espacio, o El Último Castillo, más
especialmente esos mundos en guerra de H.G. Wells.
Así, se refieren a brujas por
algunos/as, no acólitas, como insulto a la magia, una perversa manipulación del
poder para evitar el emparejamiento amoroso, y la meta de la procreación
genética. Qué, curiosamente… tanto difiere del mayoritario pensamiento ultra
feminista… como una especie de prostitución sistemática. Y por tanto, quedando
divididas entre Bien y el Mal… te suena, no.
Se ha configurado tras una llamada Yihad
Butleriana… Hoy en rigurosa singularidad distópica, o no…
De la Madre al hijo…
En la Escuela Madre, la supervivencia
difiere de aquella I Am Mother o los pequeños lobeznos producidos por Ridley
Scott, sino al prolapso más definitivo, que nos deja completamente aturdidos, con
tantos cromosomas duplicados, hacia la
consecución del poder. Casi pareciera la reconversión científica de aquel
moderno Prometeo o Frankenstein, en monstruas de política… y un toque Terminator,
servido en píldoras.
La primera Profecía de Dune, se aleja
emocionalmente de las máquinas, de El Manantial de la Doncella de Ingmar
Bergman o el Rashômon de Akira Kurosawa, donde la violación era acusación. De
igual manera, aquella Lady Snowblood que inspiró a Kill Bill, el Ford de El Sargento
Negro en suspense leguleyo, o el dogmatismo femenino de Lady Vengeance hacia el
estilismo de La Doncella, de Park Chan-wook. Ni
siquiera aproximación a la Hija del General.
Tampoco es manifestación romántica de
la Hija de Brian o la delicadeza del Pasaje a la India… ni acerca a la dureza
de Rompiendo las Olas, en otro universo sexualizado, alejado a esta caricatura
de la misma Emily Wastson. Todo este relato, para hablar de la herencia
hitchcockniana de BlackMail, comienzo de superación, defensa propia y el fetichismo
que vendría después… Pues quería recomendar la desorbitada iniciación, del
documental, Becoming Hitchcock, con su rotunda sombra y firma, como diría mi
padre, el tío Alfredo. Dios suspensivo… ¡Qué aprendan otros…!
En Dune, ellas conducen su propia
existencia… ¿del porvenir?
Skeleton Crew… una historia de SW.
Mientras otra historia de Disney+,
nos sumerge en odiseas pretéritas… Basta observar Navegantes en Islas del
Tesoro, exploradores o Héroes del Tiempo, y nuevas versiones de los pirateos de
Elisabeth, la Virgen I… hoy vistos en versión espía de Estado Eléctrico. Una
guerra robótica…
Los machotes ágiles como Errol Flynn
y Burt Lancaster… son fantasmas. Ocultos como tesoro en The Goonies, donde los
temibles Fratellis y el desdoblamiento de la visión materialista de Willie el
Tuerto con la inocencia del gigante de sonrisa sincera, el Sloth de John
Matuszak, eran constatación hecha carne y único ojo polifémico… ¡Piratas!, en
papel metálico y gruñón. Momento ochentero, capturado por a Columbus, Chris y
los copilotos don Spielberg y Mr. Richard Donner.
Nos retraerían a odiseas, de la mano
amistosa-belicosa de J.R.R. Tolkien, en huella fílmica, una secuela más
gamberra y poderosa Cuenta Conmigo, y algún Oscar tardío más actual. Además de
niños perdidos, mágicos o fantasiosos… quedan otras cosas por venir… tal vez…
En este regreso a casa de mini marineros espaciales, si existen máquinas
pensantes… de pata de acero.
Pero definitivamente, una nos
descoloca dentro del universo creado por Mr. Lucas… que no recuerdo de nunca.
Es una robotilla, prima en su género, más cercana a Alita que a los cyborgs
humanoides de la obra generacional e inspiradoramente sangrante y distópica,
Blade Runner. U otros con la función de esclavizar o destruir nuestra raza, ¿humana…?
Ya estaba escrito en las arenas, bajo
páginas anaranjadas de Dune… “No, se construirá máquina semejante, a la mente
humana”. Como aviso y base pluscuamperfecta de la sociedad planetaria… En fin.
Me resta nombrar a The Goonies II y
Gremlins III (con Columbus, productor de Nosferatu), parecen un hecho y
derecho, de generaciones, con el futuro televisivo de Las Grandes Escuelas de
Dune de Brian Herbert, sobre esta trilogía Sisterhood (La Hermandad de Dune),
Mentats (o Máquinas Pensantes), y Navegantes. Con Olivia Williams – pasando del
Sexto Sentido de elegido, a Una Educación y el Maps to Stars, y aparición
familiarmente fantástica como Queen of Andor en La Rueda del Tiempo…-, a Mark
Strong (Nine Perfect Strangers, Cristal Oscuro y Pingüino, hacia el Everest
2025, y finalmente, Travis Fimmel de Vikingos, Raised by Wolves a la 2a de
Black Snow, próximamente…
Y del otro lado de la galaxia, con Jude
Law, qué tantas victorias nos diera desde Gattaca, informática avanzada de
ExistenZ o A.I. y otras guerras con Garfios, a este corsario de Tripulación
Perdida. Pasa al Edén de otro ochentero famoso, Ron Howard, y suena como Putin,
joerrrr. Pero primero suena para caer en el agujero de Black Rabbit, otra
historia de N.Y. De juventudes Star Wars, tal vez hablaremos... o estudiaremos
en otra ocasión. Ron, ron…
Dijeron… Saldremos Mejores.
Mira que Skeleton empieza bien,
rememorando otros viajes y esqueletos enterrados… aunque, muy vivos. Suspiros
de sagas, remontando el prefacio ochentero, como los recuerdos memorables de vaqueros
bajo soles, ya no tan solitarios. De los samuráis que salvaban princesas, o las
perseguían y enterraban en el machismo secularizado, y especialmente, junto a
aromas oceánicos de corsarios o piratas.
Y aquí, jo jo jo, estamos, alienados… con la cofradía
infantil, por control del transporte por el hiperespacio, a la intención de
trazar una ruta de vuelta a casa como diminutos odiseos… Hoy tan de moda. No
necesitados de melange para romantizar amistad, liderazgo o, lo más importante,
la imaginación. Eso sí, dentro de esos cánones, ya tan surcados en eras del
ayer. Lo malo, quizá, no el pillaje…
Sino, esa banda sin demasiado
relumbrón, de escualos… y la batalla final que no es de Corrin, en planeta
oculto que asemeja más a persecuciones suertudas entre bosques de Ewoks-wokes,
que a una verdadera amenaza de despiadados asaltadores de bancos… Y eso, nooo…
La Biblia de Star Wars no menciona
tontunas… salvo alguna en aquella Amenaza Fantasma… que ya nos avisaba en su
título, con Infante, pedante, incluido. La última trilogía nos retroalimentaba en la estima, y narraba a las nuevas olas de jedis, que cualquiera podría serlo... levantando un poco la vista y mirando las estrellas. Y después de tanta pandemia, decían "tranquilos, saldremos mejores...". Sí seguro, ya estamos cogiendo los láseres para la batallla... ejem.
Aún me queda algo que señalar en los
planos… lideresas como Chloe Lea, ya introducida en la Fundación en serie, y la
nueva tropa con trompa, que queda como un chiste al final. Y es el cálculo de
los públicos jóvenes actuales con la dual violencia, no se puede disparar al
aire. No se debe, porque ya no se engaña, a casi nadie… ¡observando las
políticas!
Omnius no son Barbanegra en el siglo
XVII – ojo no acabado en m qué es peor -, ni el Titán Barbarroja en milenio X
a.C., gracias a un error del Titán Jerjes, se expande como virus respiratorio
por el universo… son replicantes. Así que el ser humano es irracional y poco
eficiente, deberá ser exterminado… masculinamente hablando. Y los planetas
sincronizados por la mente regente, serán wokes para más inri, catalizados,
comprados… sin tesoro. Robado por las manos de piratas verdaderos.
El heredero, muerto a manos del robot
independiente Erasmus, no de Rotterdam, sino de oriente, significa la
revolución nombrada y la esclavitud para los humanos libres, hasta entonces. Y
en cada planeta, gobernará una robotisa… Entonces, se acelera el proceso de los
viajes interespaciales por desdoblamiento del cosmos, y en pocos minutos los militares
Harkonnen y Atreides, en ellos perderían un 10 % de la flota, hasta esa última
contra Omnius en el O.K. Corrin galáctico.
Y se cerró el Banco… con la
fabricación de moneda a espuerta, fin. Haber estudiado… como Steven, George,
Ridley o Denis, Jonathan y Christopher… si no, quedarás expuesto a la
contaminación de una serie Z, como en el bicho femenino de Blood & Snow.
Una cagada ártica, canadiense, sin dinero ni aranceles a lo troche y woke… Sin
duda, me hacen más gracia, los piratillas cantores… y estilo juvenil. O Hermandad
del Acero de Fallout… o agente naranja radical de Yellowjackets III.
¡Ay, Cosita! sin-pa… peles. Qué,
repeles, por falta de imaginación. Y esta historia, se acabóoo… ¡O no! Ahora
prefiero a las mujeres reales de The Pitt y… Te aviso ya que el futuro, se
verá… Severance!